GEOGRAFIA MORAL

GEOGRAFIA MORAL

Había pintado el plan iconográfico de la viabilidad de los Estados Unidos, que si no es la base de la prosperidad de aquel país, es su instrumento, como los dedos del hombre son los fieles ejecutores de su pensamiento. Hay, también, una geografía moral en aquel país, cuyas facciones principales necesito señalar. Conocido el suelo, verá usted las corrientes civilizadoras que llevan a todos los extremos de la Unión la mejora, la luz y el progreso moral.

Conoce usted la historia y la colocación de los trece Estados primitivos de la Unión americana. Dos siglos habían depositado allí las grandes ideas políticas y religiosas que la Inglaterra había arrojado sucesivamente de su seno. Bancroft ha hecho el inventario de esas ideas, colocándolas cada una en la localidad que ocuparon desde su establecimiento, con los peregrinos en la Nueva Inglaterra, con los cuáqueros en la Pensilvania, con los católicos en el Maryland. Aquella colonización fué menos de hombres que se trasladaban de un paísa otro, que de ideas políticas y religiosas que pedían aire y espacio para explayarse. Sus frutos han sido la república americana, frutos muy anteriores a la revolución francesa. La declaración de los derechos del hombre hecha por el Congreso de los Estados Unidos en 1776, es la primera página de la historia del mundo moderno, y todas las revoluciones políticas que se seguirán en la tierra, un comentario de aquellos simples dogmas del sentido común.

La declaración de la independencia fué como aquel creced y multiplicaos de Dios a los hebreos. Desde entonces las ideas y los hombres se pusieron en marcha hacia el interior; la república empezó a parirterritoriosque se convertían luego enEstados, como un pólipo que echa al costado de su tronco nuevas ramas. Observe el movimiento de las repúblicas sudamericanas desde su independencia adelante, y verá cuán notable es la diferencia. Chile subdivide sus antiguas provincias, pero sin aumentar ni el territorio poblado, ni el número de sus ciudades. Las antiguas Provincias Unidas del Río de la Plata ven desmembrarse su territorio, y de sus fragmentos constituirse estados raquíticos y absurdos, mientras que las provincias que aún quedan llevando el nombre argentino, se despueblan de día en día, extinguiéndose sus antiguos planteles de ciudades como luces que se apagan. Maine tenía, por ejemplo, en 1790, 96.000 habitantes; 151.000 en 1800; 228.705 en 1810; 400.000 en 1830; 501.793 en 1840. Nueva York tenía 340.120 en 1790; 586.766 en 1800; 959.949 en 1810; 1.372.812 en 1820; 1.918.608 en 1830; 2.428.921 en 1840.

Pero a este movimiento de concentración se añade otro de dilatación. Mississipi aparece en 1800 con 8.850 habitantes; en 1840, contaba ya 375.651. Arkansas no suena hasta 1820, en que presenta una población de 14.273 habitantes; en 1840 tiene cerca de cien mil. Indiana contaba en 1810, 4.762; treinta años después, 685.866. Ultimamente Ohio, que en 1800 registró una población de 40.365, contaba en 1840 un acrecentamiento de más de millón y medio. Asómbrese usted de estediluvio de hombres que los primeros colonos en un desierto ven llegar y establecerse en los alrededores. Me han mostrado un hombre que no era viejo, el cual había visto nacer, desenvolverse y crecer uno de aquellos grandes estados. ¿De dónde salen estos hombres, desde que ya no hay Deucaliones que los produzcan tirando piedras hacia atrás? La inmigración europea figura en segundo plano en estas sucesivas inmigraciones, por más que aparentemente sea su número muy considerable. Los Estados viejos o adultos engendran a los que van apareciendo. Elindian hater, odiador del indio, va adelante, esparciendo los miembros de esta singular secta instintiva, que tiene por único dogma perseguir al salvaje, por único apetito el exterminio de las razas indígenas. Nadie lo ha mandado; él va solo al bosque con su rifle y sus perros a dar caza a los salvajes, ahuyentarlos y hacerles abandonar las cacerías de sus padres. Detrás vienen lossquatters, misántropos que buscan la soledad por morada, el peligro por emociones, y el trabajo de desmontar por solaz. Siguen a distancia lospioneersabriendo las selvas, sembrando la tierra y diseminándose en una grande esfera. Vienen en seguida los empresarios capitalistas con emigrantes por peones, y fundando ciudades y aldeas según que los accidentes del terreno lo aconsejan. Sobre estos cuadros viene en seguida a colocarse la inmigración propietaria, mecánica, industrial, joven, que se desprende de los Estados antiguos a buscar y crear la fortuna.

En esta expansión de la población norteamericana se muestran grados de civilización muy marcados, desapareciendo casi del todo en los extremos, al oeste por la diseminación de los habitantes y la rudeza de las ocupaciones campestres, al sur por la presencia de los esclavos, y por las tradiciones españolas o francesas. Medio siglo bastaría para que la barbarie incurable de nuestras campañas argentinas se mostrase en las extremidades de la Unión, si los elementos vivos de regeneración que encierra aquel país no constituyesen un flujo y reflujoque tiene en actividad toda la masa, y evita que las partes lejanas o aisladas se estagnen y degeneren.

¡La inmigración europea es allí un elemento de barbarie, quién lo creyera! El europeo, irlandés o alemán, francés o español, salvo las excepciones naturales, sale de las clases menesterosas de Europa, ignorante de ordinario, y siempre no avezado a las prácticas republicanas de la tierra. ¿Cómo hacer que el inmigrante comprenda de un golpe aquel complicado mecanismo de instituciones municipales, provinciales y nacionales, y más que todo, que se apasione como el yankee por cada una de ellas, y las crea ligadas con su existencia y como parte de su ser, de tal manera que si descuidara ocuparse de ellas y de los intereses a que se ligan, temería que su vida y su conciencia estaban a un tiempo en peligro? ¿Cómo habituarlo almeetinga que a cada instante recurre el pueblo para expresarhis sentiment;y una vez expresado, una vez votados una serie deand to be further resolved, sentir aquel desahogo y como descargo de un peso que experimenta el norteamericano, como si hubiera producido un hecho, o desvanecido la opinión que combate? Así es que los extranjeros son en los Estados Unidos la piedra de escándalo, y la levadura de corrupción que se introduce anualmente en la masa de la sangre de aquella nación tan antiguamente educada en las prácticas de la libertad. El partidowhig, que es la parte más racional de la nación, ha intentado muchas veces poner trabas a la inmigración, y sobre todo prolongar por muchos años el aprendizaje, que requiere el uso de los derechos políticos. El partido nativista, hoy extinto, trató de crear una especie de fanatismo nacional, parecido, aunque por motivos contrarios, a nuestroamericanismo; pero disiparon luego el interés de cada Estado naciente los primeros nubarrones de preocupación que empezaban a levantarse. Los Estados antiguos podían prescindir de los extranjeros, pues que ya estaban densamente poblados y ofrecen poco aliciente a los advenedizos. No así los estados del oeste, que pusieron desde entonces en pública subastala ciudadanía, bajando a porfía los años de residencia y excusando requisitos para obtenerla.

Contra esta relajación de la disciplina de los mayores y la más sensible que trae la diseminación de la población de las campañas, la organización social de aquel país tiene medios eficacísimos y que ya hubieran producido sus resultados, si no fuese una obra interminable mientras continúen llegandoi barbaride Europa por centenas de miles, y hayan acres de bosques por descuajar por millares de millones. Estas fuerzas de atracción, depuración y pulimento, son tan importantes que me permitirá usted irlas enumerando.

La posta diaria es la que más sensiblemente obra. La posta sonará a las puertas de cada aldea lejana y depositará en ella, en algún papel público, un tópico de conversación, y una noticia de las novedades de la Unión. Usted concibe que es imposible barbarizarse donde la posta, como una gotera diaria, está disolviendo toda indiferencia nacida del aislamiento. No olvide que esta posta recorre 134.000 millas, y que en partes tiene por auxiliar el telégrafo.

Paso por alto la influencia civilizadora e irritante de la prensa periódica.

El juicio por jurados llama a los hombres de las campañas a cada instante a reunirse, para juzgar causas criminales, y el payo juez oye la acusación y la defensa, pesa las razones, compulsa leyes, se habitúa a su mecanismo y juzga con toda seguridad de conciencia. El hábito del jurado ha creado el crimen civil, impune, horrible, que se llama laLey de Lynch. Como Jesús decía: “Donde quiera que estaréis reunidos tres en mi nombre, yo estaré con vosotros”, laLynch’s lawha dicho al yankee de los bosques: “Donde quiera que os reunáis siete en nombre de la voluntad del pueblo, la justicia será con vosotros”. Guárdese usted en el Far-West o en los Estados de esclavos de encontrarse con siete hombres reunidos y provocar sus pasiones. Será usted colgado por aquellos jueces, más terribles y más arbitrarios que los jueces invisibles de los tribunalessecretos de la Alemania antigua. La ley lo permite, y aquellas conciencias torvas quedan exentas de todo remordimiento, ni más ni menos que el inquisidor español que veía arder la víctima que con sus ardides había llevado a la hoguera; así la religión y la democracia caen en el crimen cuando se exageran sus principios y sus objetos.

No ejerce menor influencia civilizadora la elección de presidente. El norteamericano hace cincuenta elecciones al año. Derrotado en el consejo de instrucción pública, se echa con el mismo ardor en la de sacristán de su capilla; si pierde allí, espera con redoblado encarnizamiento la deattorney, la de diputados para su Estado o la de gobernador. No lo exalta menos la que requiere la renovación de las cámaras, e incuba un año entero su ojeriza contra un candidato para la presidencia y su amor por otro. Entonces la Unión se agita por sus cimientos; lossquatterssalen de los bosques como sombras evocadas por un conjuro. La suerte de cada uno de aquellos galápagos, está comprometida en el éxito; amenaza no sobrevivir al triunfo del candidatowhig, cual si dijéramos retrógrado; y si el escrutinio deja burladas sus esperanzas, aprieta los puños se alejan en dirección a su morada, jurando desquitarse en la elección de pastor de su doctrina.

La elección de presidente es, pues, el único vínculo que une entre sí a todos los extremos de la Unión, la preocupación nacional única que conmueve a un tiempo a todos los hombres y a todos los Estados. La lucha electoral, es, por tanto, un despertador, una escuela y un estimulante que hace revivir la vida adormecida por las distancias y la rudeza del trabajo.

Pero el mayor de todos los reactivos constitúyelo el sentimiento religioso. Pasma, sin duda, a un católico tibio que llega de nuestros países ver la escala extensa y elevada en que la religión obra, en medio de aquella extrema libertad. Desde luego la Biblia está en toda la Unión, desde elloghousedel bosque hasta los hoteles de las grandes ciudades, obrando en bien y en mal, los efectos de su lectura diaria. Digo en mal,porque el apego a la letra del texto produce consecuencias desastrosas en los ánimos estrechos. Sábese que en la nueva Inglaterra rigieron por mucho tiempo las leyes de Moisés; tal era y es aún la idea de la perfección inmaculada de cada frase y de cada versículo de la Biblia. A bordo de un buque se hablaba de las maravillas del cloroformo. Un médico aseguraba que podía aplicarse sin peligro a los alumbramientos.—¿Y usted lo aplicará a su mujer? preguntaba un puritano presente.—¿Por qué no?—Pues yo no lo haría, replicó seriamente el interlocutor.—Eso depende del grado de confianza de cada uno en su eficacia.—No, señor; el Génesis dice: parirá la mujer con dolores; y usted contraría la voluntad de Dios. Como se ve, la cuestión del cloroformo era mirada por el lado de la conciencia, y medida su bondad en el cartabón de la Biblia.

El acento nasal de los yanquis, más pronunciado en el interior, viéneles de la lectura cotidiana de la Biblia; pero en despecho de estos pequeños inconvenientes, produce, por otra parte, resultados inmensos. La historia aunque trunca, los preceptos de la moral, las frases evangélicas, se pegan a la mente del lector; y la plática del pastor se refiere cual comentario a aquellos puntos que el oyente conoce y sobre cuya significación su ruda mente pedía esclarecimientos. La lluvia de la palabra cae entonces sobre terreno abierto y sediente, y no como la de nuestros predicadores ordinarios, que la arrojan al viento en las plazas públicas, condimentándolas no pocas veces con groserías para que sirvan éstas de mordiente al caer sobre las naturalezas brutas del pueblo. La polémica de las sectas da más animación y actualidad a estas lecturas, y la vida entera de un hombre no basta para penetrar en los misterios que encierra en inmenso catálogo su libro sagrado. Sesenta y siete colegios de teología difunden por toda la Unión la ciencia religiosa, mientras que alcanzan apenas a diez los consagrados a las leyes, produciendo, sin embargo, un número de más de veinte mil abogados. El número de obras originales sobre aquel punto es tres veces mayor en los Estados Unidos que el de otras consagradasa investigaciones de la ciencia. Esta peculiaridad nacional hará de aquel pueblo una entidad aparte en el mundo moderno.

Para mantener el fuego sagrado, hay en viaje permanente por las campañas remotas, millares de pastores viajeros, que pasan toda su vida en misión; hombres rudos y enérgicos que llevan a todas partes la agitación, despiertan los ánimos, excitándolos a la contemplación de las verdades eternas. Son éstos verdaderos ejercicios espirituales, como los de los católicos; más espirituales aún, pues, sin amedrentarlos con las penas del infierno, el pastor o los pastores reunidos en un mitin religioso, al aire libre o en algún galpón improvisado, sacuden las embotadas inteligencias de los campesinos, les presentan la imagen de Dios en formas grandiosas, inconcebibles; y cuando el estimulante ha producido su efecto, envían a las mujeres al bosque de un lado y a los hombres del otro, para que mediten a sus solas, se encuentren en presencia de sí mismos viendo su nada, su desamparo y sus defectos morales.

Los resultados de esta curación moral son extraños e inexplicables. Las mujeres entran en delirio, se tuercen y revuelcan por el suelo, echando espumarajos; lloran los hombres y aprietan los puños, hasta que, al fin, un himno religioso, entonado en coro, empieza, lentamente, a dulcificar aquellas santas amarguras; la razón recobra su imperio, la conciencia se aquieta y tranquiliza, y una profunda melancolía se pinta en los semblantes, mezclada de síntomas de bondad moral, como si hubiese robustecídose el sentimiento de lo justo con aquel vomitivo aplicado al espíritu. Los profanos que han presenciado estas escenas en las campañas, atribuyen aquellos efectos singulares de la palabra a la excitación que producen sobre el cerebro las ideas elevadas, en personas que por la monotonía de la vida aislada que llevan, pasan meses enteros sin experimentar emoción alguna de placer ni de dolor. Es aquel un drama entre Dios y la criatura, cuyas peripecias tienen despierto alauditorio que es la parte más activa de la representación. Acaso el cerebro tiene movimientos y revoluciones como otros órganos del cuerpo humano también. Pero en todo caso el habitante del Far West en nada se parece al bárbaro pastor o al labrador de nuestras campañas, pues que está abundantemente preparado para oir la palabra divina por la lectura de la Biblia y por los comentarios teológicos de los divinistas. Pero lo que de todo esto importa para mi objeto, es que mediante los ejercicios religiosos, las disidencias teológicas y los pastores ambulantes, aquella grande masa humana vive toda en fermentación, y la inteligencia de los más apartados habitantes de los centros se conserva despierta, activa, y con sus poros abiertos para recibir toda clase de cultura. A semejanza de una cuba, que no importa la calidad del líquido que encierre, se mantiene ajustada y apta para servir; mientras que si se le deja vacía, las duelas se tuercen, los arcos se aflojan y queda con la acción del tiempo y las fluctuaciones de la intemperie, inutilizada para siempre.

Pero abraVd.paso, todavía para un elemento civilizador, el más activo que mantiene la vida en aquellos pueblos, religioso, político, industrial, lleno del espíritu antiguo de las colonias, como, asimismo, accesible a todos los progresos de la inteligencia moderna, el descendiente de los viejos peregrinos, el heredero de sus tradiciones de resignación y de endurecimiento al trabajo manual, el elaborador de las grandes ideas sociales y morales que constituyen la nacionalidad norteamericana, el habitante, en fin, de los Estados de la Nueva Inglaterra, Maine, New Hampshire, Massachusetts, etc. He aquí la raza bramínica de los Estados Unidos. Como los bramanes descendiendo de las montañas del Himalaya, los habitantes de aquellos antiguos Estados, se diseminan hacia el Oeste de la Unión, educando con su ejemplo y sus prácticas a los pueblos nuevos que surgen sin pericia y sin ciencia sobre la faz de la tierra apenas desmontada. RecuerdaVd.que los peregrinoseran ciento cincuenta sabios, pensadores, fanáticos, entusiastas, políticos, emigrados y probados por todas las calamidades que pueden caer sobre los hombres; recuerdaVd., sin duda, que no quisieron que con ellos se embarcase un sirviente al alejarse de las costas de la Europa, resueltos como estaban a labrar la tierra con sus propias manos y no reconocer desigualdades sociales en la nueva patria que iban a buscar en la América: recuerdaVd., que se sentaron todos debajo de una encina de donde hoy está Boston, y después de dar gracias al Dios de Israel por su feliz arribo, discutieron las leyes que se darían para gloria de Jehová y su libertad personal; recuerdaVd., por fin, que esos hombres en aquella época establecieron escuelas públicas, obligando a cada padre, tutor o patrón de niños, a darles educación elemental para el espíritu y un oficio manual para el sustento del cuerpo. Pues bien, los hijos de aquella escogida porción de la especie humana, son aun hoy los mentores y los directores de las nuevas generaciones. Créese que más de un millón de familias descienden, en toda la Unión de aquella noble estirpe. Ellos han impreso en la fisonomía del yankee aquella plácida bondad que se nota en la clase más educada. Ellos llevan a toda la Unión la aptitud manual que hace de un norteamericano una maestranza ambulante; la energía férrea para luchar con las dificultades y vencerlas; y la aptitud moral e intelectual que lo pone al nivel, si no en la línea superior, a lo mejor de la especie humana. Estos emigrantes del Norte disciplinan las poblaciones nuevas, les inyectan su espíritu en los mítines que presiden y provocan; en las escuelas, en los libros, en las elecciones y en la práctica de todas las instituciones norteamericanas. Las grandes empresas de colonización y ferrocarriles, los bancos y las sociedades, ellos las inician y llevan a cabo. Así es que la barbarie producida por el aislamiento de los bosques, y la relajación de las prácticas republicanas, introducidas por los emigrantes, encuentran en los descendientes de los puritanos y peregrinos un dique y un astringente.Hay, pues, flujo y reflujo, entre estas dos fuerzas contrarias; y por más que fuera rápida la dilatación de la Unión y la mezcla y yuxtaposición de los pueblos, ellos acabarían, al fin, por dar homogeneidad al todo y conservarle el tipo original y nuevo, tradicional y progresivo que distingue a aquel pueblo. ¿Sucede cosa igual en el resto del mundo en formas tan perceptibles y constantes?

Acaso, creeráVd.que aquellos instrumentos de pulimento y purificación nacional, a fuer de herederos de las antiguas creencias de los peregrinos, mantienen la inmovilidad de las ideas y constituyen una secta aparte. Bajo el aspecto religioso, los Estados Unidos presentan el mismo espectáculo que las costumbres, y que la superficie de la tierra. En ninguna parte del mundo puede decirse con más propiedad que Dios está hecho a imagen y semejanza de los hombres. Los norteamericanos tienen de Dios las ideas elevadas que de su esencia nos han transmitido los hebreos por medio del cristianismo; pero las sectas religiosas y las prácticas se adaptan allí a la inteligencia popular, descienden a una especie que llamaría fetichismo si tuviese por símbolos ídolos o manitúes; y se eleva hasta la filosofía pura, el deísmo, sin perder su carácter profundamente religioso, y aun sin salir de las grandes fórmulas morales del cristianismo. Como en todos los pueblos eminentemente religiosos, hay hoy en este momento en los Estados Unidos, santos, profetas, enviados de Dios, descensión y ascensión visible del Espíritu Santo, y comunión entre el cielo y la tierra. Hay religiones nuevas, que están naciendo y prometiendo absorber toda la tierra; los mormones, son de ayer, y sus inspirados y pontífices hacen milagros; testigo de ello que durante mi residencia en los Estados Unidos, un profano descubrió que la luz pálida que arrojaba el semblante del santo varón, procedía de una fricción que se había dado con fósforo. El venerable pontífice no se dió por vencido, diciendo que todos los milagros habían sido preparados así, ni sufrió en lomenor la fe y fervor de los creyentes, que hoy ascienden a más de ciento cincuenta mil.

Hay religiones danzantes, y los fieles, después de haber oído la oración del pastor, se lanzan a bailar hasta que el numen del baile se despierta, y el cuerpo se lanza a hacer cabriolas frenéticas, e indescriptibles. Entonces créese iluminado el paciente, que cae al fin extenuado y demente. Como he visto en el baile Mabille, de París, a la Reina Pomaré, la Rigolette, y otras celebridades hacer diabluras, no me dejo atrapar fácilmente por estas manifestaciones del Espíritu Santo. Sobre estas capas inferiores del culto en los Estados Unidos descuellan disidencias cristianas más respetables, tales como baptistas, metodistas, presbiterianos, congregacionalistas, cristianos, episcopalistas, luteranos, alemanes reformados, católicos romanos, amigos, universalistas, unitarios y otras sectas, entre las cuales yo incluiría los deístas puros; pues, tal es el espíritu religioso y tolerante de aquel país, que la negación de toda religión, lo que nosotros llamamos la impiedad, forma una secta aparte contra la cual nadie levanta la voz. Como una muestra de las proporciones que guardan estas divisiones, apuntaré que los baptistas tienen 1.130 iglesias y 4.907 pastores; los episcopalistas 950 iglesias, servidas por 849 pastores; los católicos 912 iglesias con 545 sacerdotes; los unitarios 200 iglesias con 174 pastores, guardando todos los demás una proporción descendente, según su colocación.

He dicho tolerante en el sentido genuíno que los americanos dan a esta palabra. Las sectas religiosas, forman en los Estados Unidos verdaderas cofradías y naciones religiosas, no obstante estar entremezcladas en las ciudades y en los campos. El médico, el escribano, el proveedor de carne, el boticario de la casa, y aun el botero, han de ser de la misma creencia de quien lo ocupa. Hay guerra sorda, proselitismo, en este sentido. Pero la tolerancia se muestra en la impasibilidad con que un metodista oiría contradecir sus dogmas por un católico y viceversa;porque en los Estados Unidos los católicos que profesan por dogma la intolerancia religiosa, son como aquellos tigres sin uñas ni dientes que solemos criar en las casas. No se ha oído hasta ahora que un católico haya mordido a nadie en Estados Unidos, donde hallan muy buena la libertad religiosa de que disfrutan a sus anchas, no sin salvar almas todos los años de los engaños falaces del tentador.

Este caos religioso, aquellas cien verdades contradictorias están, a su vez, sufriendo una elaboración, lenta, es verdad, pero segura, ascendente. Mientras la barbarie mormónica hace sus progresos la filosofía religiosa de los descendientes de los peregrinos viene de alto abajo descendiendo hasta las profundidades de la sociedad, acercando las distancias que separan todas las disidencias, echando entre ellas blandas ligaduras que concluyen por estrecharlas, y que terminarán al fin en absorberlas en el unitarismo, secta nueva, panteísta, en cuanto admite todas las disidencias y respeta todos los bautismos, por cuyo intermedio se ha transmitido la gracia, y elevándose a regiones más encumbradas, desprendiéndose de toda interpretación religiosa, concluye por reunir en un sólo abrazo a judíos, mahometanos y cristianos, prescindiendo de milagros y ministerios, como cosas que no cuadran con la forma orgánica que Dios ha dado al espíritu humano, y clasificándolos en el número de las figuras de la retórica. La moral del cristianismo como expresión y regla de la vida humana, como punto de reunión asequible y aceptable por todas las naciones, he aquí el único dogma que admiten, como la virtud y la humanidad el único culto y la única práctica que prescriben a los creyentes.

Esta filosofía religiosa se extiende con rapidez en los seis Estados de Nueva Inglaterra, tiene su centro en Boston, la Atenas norteamericana, y como propagadores a los hombres más sabios de los Estados.

ComoVd.ve, el espíritu puritano ha estado en actividad durante dos siglos, y marcha a darse conclusiones pacíficas,conciliadoras, obrando siempre el progreso sin romper en guerra con los hechos existentes, trabajándolos sin destruirlos violentamente, como lo emprendió la filosofía nacida del catolicismo en el siglo XVIII, y que tan poco camino ha hecho. Si recuerda el espíritu religioso que campea en los escritos de Franklin, notará que estas manifestaciones tienen antecedentes en la filosofía de buen sentido que inició aquel grande hombre práctico.

Concluyo de todo esto, mi buen amigo, en una cosa que hará pararse los pelos de horror a los buenos yanquis, y es que marchan derecho a la unidad de creencias y que un día no muy remoto la Unión presentará al mundo el espectáculo de un pueblo católico devoto, sin forma religiosa aparente, filósofo sin abjurar el cristianismo, exactamente como los chinos han concluído por tener una religión sin culto, cuyo grande apóstol es Confucio, el moralista que con el auxilio de su razón dió con el axioma: No hagas lo que no quieras que te hagan a ti mismo, añadiéndole este sublime corolario: y “sacrifícate por la masa”.

Si tal sucediera, y debe suceder, cuán grande y fecundo habrá de ser para la humanidad el experimento hecho en aquella porción que dará por resultado la dignificación del hombre por la igualdad de derechos, la elevación moral por la desaparición de las sectas religiosas que ahora lo subdividen, enérgico por las facultades físicas, y eminentemente civilizado por la apropiación a su existencia y bienestar de todos los progresos de la inteligencia humana. Norteamericano es el principio de la tolerancia religiosa que está inscripto en todas las constituciones y pasado ya a axioma vulgar; en Norte América fué por primera vez pronunciada esta palabra que debía restañar la sangre que la humanidad ha derramado a torrentes, y venido destilando hasta nosotros desde los primeros tiempos del mundo. Católicos, cuáqueros, calvinistas, todas estas variantes de una misma fe, venían a las colonias norteamericanas, a yuxtaponerse, sin mezclarse, prevaleciendolos odios que había engendrado la lucha en la Europa. Los padres peregrinos eran los más celosos exclusivistas, porque habían atravesado el mundo, dice Bancroft, para gozar el privilegio de vivir por sí mismos. La guerra religiosa, la persecución había ya estallado entre aquellos miserables restos de un naufragio común, despedazándose entre sí, en lugar de prestarse mutuo auxilio y amparo para resistir a la desgracia. Perseguían en Europa los anglicanos a los disidentes; los católicos a los herejes; quemaban a porfía la Inquisición y Calvino, papas y reyes, mahometanos y cristianos, de manera que usted no sabía adónde darse vuelta sin riesgo de que lo hiciesenbiftec. En Febrero de 1631, llegó a América un joven maestro lleno del espíritu de Dios, y dotado de preciosos dones. Llamábase Rogerio Williams. Tenía entonces poco más de treinta años; pero su alma había madurado ya una doctrina que le aseguró la inmortalidad, al mismo tiempo que su aplicación ha dado paz religiosa al mundo americano. Era puritano y venía huyendo de la persecución de la Inglaterra; pero sus agravios personales no habían sido parte a obscurecer su clara inteligencia. La profundidad de su espíritu le había descubierto la naturaleza de la intolerancia, y él, sólo él, llegó al principio que es su único remedio efectivo. Anunció su principio bajo la simple proposición de santidad de conciencia. El magistrado civil podía reprimir el crimen, pero jamás dar reglas a la opinión; castigar los delitos, pero nunca violar la libertad del alma. Esta nueva contenía en sí misma una reforma completa de la jurisprudencia teológica, borrando del código de las leyes el delito de felonía por no conformidad; extinguiendo las hogueras que por tanto tiempo había tenido encendidas la persecución; derogando toda ley que hiciese obligatoria la observancia religiosa; aboliendo los diezmos y toda contribución forzosa para el sostén de la iglesia; dando igual protección a toda forma de fe religiosa, sin permitir que la autoridad del gobierno civil se alistase contra la mezquita del musulmán, contra elaltar del adorador del fuego, la sinagoga judía, o la catedral romana.

Los principios de Roger Williams lo pusieron en perpetua lucha con el clero y gobierno de Massachussetts. Williams no pactaba con la intolerancia, porque decía: la doctrina de la persecución por causas de conciencia es evidente y lamentablemente contraria a la doctrina de Cristo Jesús.

Los magistrados insistían en exigir la presencia de todo hombre en el oficio divino, Williams reprobaba la ley, mirando como una abierta violación de los derechos de un hombre compelerlo a unirse con aquellos de creencia diversa; arrastrar al templo a los incrédulos o mal querientes, era santificar la hipocresía. Una alma incrédula, añadía, está muerta en pecado, y forzar al indiferente en una creencia a entrar en otra, es como mudar de mortajas a un cadáver. Nadie debe ser obligado a adorar, por mantener una creencia, sin su propio consentimiento.

Qué, le contestaban los puritanos, ¿el trabajador no merece su salario?—Que se lo pague el que lo ocupa, replicaba el heresiarca de la tolerancia. Su perspicacia le hizo desde entonces prever la influencia de sus principios en el gobierno de las sociedades. En los últimos días de su vida confirmó sus primeras ideas diciendo: “será un acto de misericordia y de justicia para las naciones esclavizadas romper el yugo de la opresión del alma, como es de fuerza obligatoria, hacer que todos y cada interés y conciencia preserven la libertad y la paz comunes”[4].

¡Y la luz fué! Desde Williams acá unos más pronto, otros más de mala gana y refunfuñando, han tenido que apagar sus tizoncitos y dejarse de esa bufonada de mal género que consiste en quemar hombres para mayor honra y gloria de Dios.

No tengo con qué acabar cuando yo entro en el campode la teología; me vuelvo yankee como usted ve, y hasta gangoso me pongo al leer estos razonamientos. Pero mal que le pese, tengo aún que apuntar una de las fuerzas de regeneración, propaganda y auxilio al moroso que tienen en movimiento la inteligencia en Norte América y fuerzan a marchar adelante a los rezagados. Su origen y su forma es religiosa, si bien sus efectos se hacen sentir en todos los aspectos sociales. Hablo del espíritu de asociación religiosa y filantrópica, que pone en actividad millares de voluntades para la consecución de un fin laudable y consagra caudales gigantescos a la prosecución de su obra. En este punto el norteamericano se ha creado necesidades espirituales tan dispendiosas e imprescindibles como las del cuerpo mismo, y esta provisión de necesidades del ánimo, aquel tiempo, trabajo y dinero empleado en dejar satisfecho un deseo, una preocupación, muestra cuán activa es la vida moral de aquel pueblo. ¿Quién pudiera ser más infatigable propagandista que el católico exclusivo para quien no hay salvación fuera de la iglesia, y está en posesión de una verdad, de que ve a tantos millares de sus semejantes extraviados? Preguntadle al clero más intolerante cuánto dinero gasta de su bolsillo para proseguir la reducción de los infieles, la moralización de las masas. Poquísimo, por desgracia, y ese poco no es debido al sentimiento religioso que lo anima, sino a las cualidades personales y a las predisposiciones de ánimo del que se consagra a las obras de propaganda y filantropía. ¿A quién le ha ocurrido en la América española intentar una cruzada contra la borrachera? En Estados Unidos se cuentan ya por millares los propagandistas celosos de la templanza, y por cientos de miles los que han subscripto la obligación de no probar licores, hasta que la raza humana se cure de esta enfermedad que desbarata toda economía y destruye toda moralidad.

El norteamericano satisface deberes, y llena necesidades de su corazón y de su espíritu con su dinero; y si hubiera de formar su presupuesto anual de gastos diría 100 en comery vestir, 20 en propagar las buenas ideas religiosas, 10 para obras de filantropía, 50 para fines políticos, 20 para civilización de los bárbaros. Así distribuída la inversión del fruto del trabajo, se permite la libertad de mostrarse egoísta, duro e interesado.

La Sociedad americana de templanzadata desde 1826 y ya en 1835 había en el país ocho mil sociedades, con millón y medio de miembros. La caridad por los borrachos no se limita a buenos ejemplos. Cuatro mil destiladores de aguardientes desmontaron sus alambiques, ocho mil comerciantes se abstuvieron de vender licores, y mil doscientos buques se hicieron a la vela sin provisión de aguardiente. La legislatura de Massachusetts prohibió la venta de líquidos alcohólicos por menos de 15 galones.The tract society, que tiene por objeto moralizar las clases ambulantes, como los marineros y otros, publicó en 1835 cincuenta y tres millones de páginas.La Sociedad americana de escuelas dominicales, formada en 1824, recolectaba diez años después 136.855 pesos en un año, había hecho 600 publicaciones diversas, y estaba en contacto con 16.000 escuelas, 115.000 maestros, cerca de 800.000 discípulos.

LaSociedad bíblica americanaha recibido desde su fundación hasta ahora poco, dos millones y medio de pesos, y abandonado a la circulación cerca de cuatro millones de ejemplares de la Biblia. Omito hablar aVd.de las misiones en el Occidente, en cuyos países una sola de ellas mantiene 308 misioneros, 478 escuelas, 17 imprentas, 4 fundiciones de tipos para imprimir libros en idiomas ignorados aun de nombre en Europa. Los resultados de las misiones americanas en Sandwich los conocemos todos para que haya de detenerme sobre ellos, pues mi ánimo al recordar todas estas sociedades es sólo hacer sensible una de las muchas fuerzas civilizadoras que están en continua acción para mejorar moral, religiosa y políticamente la condición del pueblo. No es raro ver un banquero como Girard, que deja millón y medio de durospara que se funde un colegio en que se eduquen jóvenes bajo ciertas condiciones por él prescriptas, y otros filántropos que, como Franklin, dejen un fondo para que dentro de dos siglos se disponga de los intereses capitalizados. En todo este enorme y complicado trabajo nacional, veráVd.predominar una grande idea, la igualdad; un sentimiento, el religioso, depurado de las formas exteriores; un medio, la asociación, que es el alma y la base de toda la existencia nacional e individual de aquel pueblo.

[4]History of the United States,by George Bancroft.


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