DE NOCHE

DE NOCHE

En un aposento gótico, estrecho, con elevada bóveda,FAUSTOintranquilo sentado a su pupitre.

Fausto

Filosofía, ¡ay, Dios!, Jurisprudencia,Medicina además, y Teología,por desgracia también, lo estudié todo,todo lo escudriñé con ansia viva,y hoy, ¡pobre loco!, tras afanes tantos,¿qué es lo que sé? Lo mismo que sabía.Doctor me llamo, dígome maestro,y hace diez años ya que abajo, arriba,acá y allá, y a diestra y a siniestra,a rastras llevo la escolar traílla.¡Solo pude aprender que no sé nada,y el alma en la contienda está rendida!Bachiller o doctor, seglar o preste,nadie su ciencia iguala con la mía;ni escrúpulo ni duda me atormentan;ni demonio ni infierno me intimidan;y así, de sombras y de espantos libre,huyó todo el encanto de mi vida.Al hombre inútil, para el bien estéril,nada puedo enseñar que de algo sirva,y sin caudal, ni crédito, ni honores,vida arrastro que un can despreciaría.Doyme a la Magia, pues. ¡Oh, si pudierael vigor del Espíritu, que animaal Verbo humano, la secreta claverevelarme de todos los enigmas!No con pálido afán sudara sangrepara hacer comprender lo que mi mismarazón no comprendió; y en las entrañaspenetrando del mundo, encontraríadel eterno Poder vivificante,allí dentro, las fuentes escondidas,y no hiciera, en insulsas peroratas,tráfago insustancial de charla ambigua.A mi angustioso afán, ¡oh luna llena!,da por última vez tu luz amiga:¡cuántas, a media noche, tus destellosbebí ansioso, postrado en esta silla,cuando aquí, entre volúmenes y folios,tristes y misteriosos descendían!¡Fuérame dado en tu viviente lumbrefeliz vagar sobre las altas cimas;en los antros seguir los vagarososespíritus; flotar con tu indecisamuriente claridad en las praderas,y olvidando las ásperas vigiliasdel inútil saber, en tu rocíobañar feliz la sien enardecida!¿Hasta cuándo será mi calabozoeste tugurio, madriguera indigna,en donde hasta la pura luz del cielola pintada vidriera nubla y filtra?Cíñeme en torno cúmulo de libros,que el polvo ensucia y muerde la polilla;papelotes y viejos pergaminossuben al techo en apretadas pilas.Cóncavos vidrios, botes y redomas,extraños instrumentos hechos trizas–¡única y triste herencia de mis padres!–,¡mi vida llenan, si mi vida es vida!Y pregunto: ¿por qué, medroso y débil,mi desmayado corazón palpita?Y pregunto: ¿por qué mortal angustiamis flacas pulsaciones paraliza?Lo pregunto, y sin ti, Naturaleza,en cuyo seno Dios nos forma y cría,en el polvo, en el humo y la carcoma,vivo enterrado entre osamentas frías.¡Fuera de aquí! ¡Luz! ¡Aire! ¡Campo abierto!Este libro me da segura guía:por la mano del docto Nostradamusfueron todas sus páginas escritas.El curso aprenderé de las estrellas,y de nueva virtud mi alma provista,sabré cómo el Espíritu invocadoal invocante Espíritu adoctrina.Con las áridas reglas, nuestra mentelos signos misteriosos no descifra;pues que vagáis, Espíritus, en torno,oíd, y contestad a la voz mía.

Filosofía, ¡ay, Dios!, Jurisprudencia,Medicina además, y Teología,por desgracia también, lo estudié todo,todo lo escudriñé con ansia viva,y hoy, ¡pobre loco!, tras afanes tantos,¿qué es lo que sé? Lo mismo que sabía.Doctor me llamo, dígome maestro,y hace diez años ya que abajo, arriba,acá y allá, y a diestra y a siniestra,a rastras llevo la escolar traílla.¡Solo pude aprender que no sé nada,y el alma en la contienda está rendida!Bachiller o doctor, seglar o preste,nadie su ciencia iguala con la mía;ni escrúpulo ni duda me atormentan;ni demonio ni infierno me intimidan;y así, de sombras y de espantos libre,huyó todo el encanto de mi vida.Al hombre inútil, para el bien estéril,nada puedo enseñar que de algo sirva,y sin caudal, ni crédito, ni honores,vida arrastro que un can despreciaría.Doyme a la Magia, pues. ¡Oh, si pudierael vigor del Espíritu, que animaal Verbo humano, la secreta claverevelarme de todos los enigmas!No con pálido afán sudara sangrepara hacer comprender lo que mi mismarazón no comprendió; y en las entrañaspenetrando del mundo, encontraríadel eterno Poder vivificante,allí dentro, las fuentes escondidas,y no hiciera, en insulsas peroratas,tráfago insustancial de charla ambigua.A mi angustioso afán, ¡oh luna llena!,da por última vez tu luz amiga:¡cuántas, a media noche, tus destellosbebí ansioso, postrado en esta silla,cuando aquí, entre volúmenes y folios,tristes y misteriosos descendían!¡Fuérame dado en tu viviente lumbrefeliz vagar sobre las altas cimas;en los antros seguir los vagarososespíritus; flotar con tu indecisamuriente claridad en las praderas,y olvidando las ásperas vigiliasdel inútil saber, en tu rocíobañar feliz la sien enardecida!¿Hasta cuándo será mi calabozoeste tugurio, madriguera indigna,en donde hasta la pura luz del cielola pintada vidriera nubla y filtra?Cíñeme en torno cúmulo de libros,que el polvo ensucia y muerde la polilla;papelotes y viejos pergaminossuben al techo en apretadas pilas.Cóncavos vidrios, botes y redomas,extraños instrumentos hechos trizas–¡única y triste herencia de mis padres!–,¡mi vida llenan, si mi vida es vida!Y pregunto: ¿por qué, medroso y débil,mi desmayado corazón palpita?Y pregunto: ¿por qué mortal angustiamis flacas pulsaciones paraliza?Lo pregunto, y sin ti, Naturaleza,en cuyo seno Dios nos forma y cría,en el polvo, en el humo y la carcoma,vivo enterrado entre osamentas frías.¡Fuera de aquí! ¡Luz! ¡Aire! ¡Campo abierto!Este libro me da segura guía:por la mano del docto Nostradamusfueron todas sus páginas escritas.El curso aprenderé de las estrellas,y de nueva virtud mi alma provista,sabré cómo el Espíritu invocadoal invocante Espíritu adoctrina.Con las áridas reglas, nuestra mentelos signos misteriosos no descifra;pues que vagáis, Espíritus, en torno,oíd, y contestad a la voz mía.

Filosofía, ¡ay, Dios!, Jurisprudencia,

Medicina además, y Teología,

por desgracia también, lo estudié todo,

todo lo escudriñé con ansia viva,

y hoy, ¡pobre loco!, tras afanes tantos,

¿qué es lo que sé? Lo mismo que sabía.

Doctor me llamo, dígome maestro,

y hace diez años ya que abajo, arriba,

acá y allá, y a diestra y a siniestra,

a rastras llevo la escolar traílla.

¡Solo pude aprender que no sé nada,

y el alma en la contienda está rendida!

Bachiller o doctor, seglar o preste,

nadie su ciencia iguala con la mía;

ni escrúpulo ni duda me atormentan;

ni demonio ni infierno me intimidan;

y así, de sombras y de espantos libre,

huyó todo el encanto de mi vida.

Al hombre inútil, para el bien estéril,

nada puedo enseñar que de algo sirva,

y sin caudal, ni crédito, ni honores,

vida arrastro que un can despreciaría.

Doyme a la Magia, pues. ¡Oh, si pudiera

el vigor del Espíritu, que anima

al Verbo humano, la secreta clave

revelarme de todos los enigmas!

No con pálido afán sudara sangre

para hacer comprender lo que mi misma

razón no comprendió; y en las entrañas

penetrando del mundo, encontraría

del eterno Poder vivificante,

allí dentro, las fuentes escondidas,

y no hiciera, en insulsas peroratas,

tráfago insustancial de charla ambigua.

A mi angustioso afán, ¡oh luna llena!,

da por última vez tu luz amiga:

¡cuántas, a media noche, tus destellos

bebí ansioso, postrado en esta silla,

cuando aquí, entre volúmenes y folios,

tristes y misteriosos descendían!

¡Fuérame dado en tu viviente lumbre

feliz vagar sobre las altas cimas;

en los antros seguir los vagarosos

espíritus; flotar con tu indecisa

muriente claridad en las praderas,

y olvidando las ásperas vigilias

del inútil saber, en tu rocío

bañar feliz la sien enardecida!

¿Hasta cuándo será mi calabozo

este tugurio, madriguera indigna,

en donde hasta la pura luz del cielo

la pintada vidriera nubla y filtra?

Cíñeme en torno cúmulo de libros,

que el polvo ensucia y muerde la polilla;

papelotes y viejos pergaminos

suben al techo en apretadas pilas.

Cóncavos vidrios, botes y redomas,

extraños instrumentos hechos trizas

–¡única y triste herencia de mis padres!–,

¡mi vida llenan, si mi vida es vida!

Y pregunto: ¿por qué, medroso y débil,

mi desmayado corazón palpita?

Y pregunto: ¿por qué mortal angustia

mis flacas pulsaciones paraliza?

Lo pregunto, y sin ti, Naturaleza,

en cuyo seno Dios nos forma y cría,

en el polvo, en el humo y la carcoma,

vivo enterrado entre osamentas frías.

¡Fuera de aquí! ¡Luz! ¡Aire! ¡Campo abierto!

Este libro me da segura guía:

por la mano del docto Nostradamus

fueron todas sus páginas escritas.

El curso aprenderé de las estrellas,

y de nueva virtud mi alma provista,

sabré cómo el Espíritu invocado

al invocante Espíritu adoctrina.

Con las áridas reglas, nuestra mente

los signos misteriosos no descifra;

pues que vagáis, Espíritus, en torno,

oíd, y contestad a la voz mía.

(Abre el libro y se presenta el signo del Macrocosmos.)

¡Cuán sabrosa fruición, ante esa imagen,mi ser inunda y mi sentido anima!Por mis arterias y mis nervios correel santo hervor de renaciente vida.¿Fue un Dios acaso quien trazó este signo,que el hondo afán del corazón mitiga,al Espíritu presta nuevas alasy a la Naturaleza el velo quita?¿Un Dios yo mismo soy? Todo a mis ojosaparece distinto: en esas líneasvi a la Naturaleza productora,que al alma está patente y sometida.El Sabio dijo bien –hoy lo comprendo–: «Barreraimpenetrable no limitael mundo del Espíritu: ¿está muertotu pobre corazón, tu alma rendida?¡Álzate, pues, y tu terrena frentebaña en el rosicler del nuevo día!»

¡Cuán sabrosa fruición, ante esa imagen,mi ser inunda y mi sentido anima!Por mis arterias y mis nervios correel santo hervor de renaciente vida.¿Fue un Dios acaso quien trazó este signo,que el hondo afán del corazón mitiga,al Espíritu presta nuevas alasy a la Naturaleza el velo quita?¿Un Dios yo mismo soy? Todo a mis ojosaparece distinto: en esas líneasvi a la Naturaleza productora,que al alma está patente y sometida.El Sabio dijo bien –hoy lo comprendo–: «Barreraimpenetrable no limitael mundo del Espíritu: ¿está muertotu pobre corazón, tu alma rendida?¡Álzate, pues, y tu terrena frentebaña en el rosicler del nuevo día!»

¡Cuán sabrosa fruición, ante esa imagen,

mi ser inunda y mi sentido anima!

Por mis arterias y mis nervios corre

el santo hervor de renaciente vida.

¿Fue un Dios acaso quien trazó este signo,

que el hondo afán del corazón mitiga,

al Espíritu presta nuevas alas

y a la Naturaleza el velo quita?

¿Un Dios yo mismo soy? Todo a mis ojos

aparece distinto: en esas líneas

vi a la Naturaleza productora,

que al alma está patente y sometida.

El Sabio dijo bien –hoy lo comprendo–: «Barrera

impenetrable no limita

el mundo del Espíritu: ¿está muerto

tu pobre corazón, tu alma rendida?

¡Álzate, pues, y tu terrena frente

baña en el rosicler del nuevo día!»

(Contempla el signo.)

Todo se mueve, completando el todo,y cada parte enlázase distinta;los celestes Espíritus, que asciendeny descienden al par en dobles filas,pasan de mano en mano el áureo sello;y en el éter batiendo alas benditas,van de la tierra al cielo, cielo y tierrallenando de inefables armonías.¡Bella visión, pero visión al cabo!¡Cómo asir y estrechar a la infinitaNaturaleza, y exprimir sus pechos!Manantial ellos son de toda vida;de ellos penden los cielos y la tierra;su fecundo raudal todo lo anima,y en vano pide mi sediento labiouna gota, no más, de esa ambrosía.

Todo se mueve, completando el todo,y cada parte enlázase distinta;los celestes Espíritus, que asciendeny descienden al par en dobles filas,pasan de mano en mano el áureo sello;y en el éter batiendo alas benditas,van de la tierra al cielo, cielo y tierrallenando de inefables armonías.¡Bella visión, pero visión al cabo!¡Cómo asir y estrechar a la infinitaNaturaleza, y exprimir sus pechos!Manantial ellos son de toda vida;de ellos penden los cielos y la tierra;su fecundo raudal todo lo anima,y en vano pide mi sediento labiouna gota, no más, de esa ambrosía.

Todo se mueve, completando el todo,

y cada parte enlázase distinta;

los celestes Espíritus, que ascienden

y descienden al par en dobles filas,

pasan de mano en mano el áureo sello;

y en el éter batiendo alas benditas,

van de la tierra al cielo, cielo y tierra

llenando de inefables armonías.

¡Bella visión, pero visión al cabo!

¡Cómo asir y estrechar a la infinita

Naturaleza, y exprimir sus pechos!

Manantial ellos son de toda vida;

de ellos penden los cielos y la tierra;

su fecundo raudal todo lo anima,

y en vano pide mi sediento labio

una gota, no más, de esa ambrosía.

(Vuelve la hoja involuntariamente y ve el signo del Espíritu de la Tierra.)

¡Cuánto es diversa, Genio de la Tierra,tu acción! Estás más cerca, y a tu vistacrecen mis bríos, cual si rojo mostoinundara mi ser: con frente erguidaquiero lanzarme al mundo; afrontar quierosus infortunios, afrontar sus dichas;provocar la tormenta, y sin espantover la nave a mis pies rota y hundida.

¡Cuánto es diversa, Genio de la Tierra,tu acción! Estás más cerca, y a tu vistacrecen mis bríos, cual si rojo mostoinundara mi ser: con frente erguidaquiero lanzarme al mundo; afrontar quierosus infortunios, afrontar sus dichas;provocar la tormenta, y sin espantover la nave a mis pies rota y hundida.

¡Cuánto es diversa, Genio de la Tierra,

tu acción! Estás más cerca, y a tu vista

crecen mis bríos, cual si rojo mosto

inundara mi ser: con frente erguida

quiero lanzarme al mundo; afrontar quiero

sus infortunios, afrontar sus dichas;

provocar la tormenta, y sin espanto

ver la nave a mis pies rota y hundida.

Pero nublose el cielo;la luna en él se eclipsa;mi lámpara se apaga,y ráfagas rojizasdescienden y circundanmi sien descolorida.Vertiginoso anhelodentro de mí palpita,y siento que el Espíritusiniestro se aproxima.¡Rasga el velo! ¡Aparece!¡Cuál sufre el alma mía!Por abrir nuevo caucemis sentimientos lidian,y hacia ti, fatal Genio,todos se precipitan.¡Preséntate, aunque fuereal precio de mi vida!

Pero nublose el cielo;la luna en él se eclipsa;mi lámpara se apaga,y ráfagas rojizasdescienden y circundanmi sien descolorida.Vertiginoso anhelodentro de mí palpita,y siento que el Espíritusiniestro se aproxima.¡Rasga el velo! ¡Aparece!¡Cuál sufre el alma mía!Por abrir nuevo caucemis sentimientos lidian,y hacia ti, fatal Genio,todos se precipitan.¡Preséntate, aunque fuereal precio de mi vida!

Pero nublose el cielo;

la luna en él se eclipsa;

mi lámpara se apaga,

y ráfagas rojizas

descienden y circundan

mi sien descolorida.

Vertiginoso anhelo

dentro de mí palpita,

y siento que el Espíritu

siniestro se aproxima.

¡Rasga el velo! ¡Aparece!

¡Cuál sufre el alma mía!

Por abrir nuevo cauce

mis sentimientos lidian,

y hacia ti, fatal Genio,

todos se precipitan.

¡Preséntate, aunque fuere

al precio de mi vida!

(Toma el libro y pronuncia misteriosamente el nombre del Espíritu. Enciéndese una luz rojiza y trémula. El Espíritu aparece en ella.)

El Espíritu

¿Quién me llama?

¿Quién me llama?

¿Quién me llama?

Fausto

¡Visión espantadora!

¡Visión espantadora!

¡Visión espantadora!

El Espíritu

Audaz me evocas y a venir me obligas,y ahora...

Audaz me evocas y a venir me obligas,y ahora...

Audaz me evocas y a venir me obligas,

y ahora...

Fausto

Me aterra tu presencia. Aparta...

Me aterra tu presencia. Aparta...

Me aterra tu presencia. Aparta...

Grabado

El Espíritu

Con largo afán llamábasme, y queríasver mi semblante y escuchar mi acento;cedo a tu voz, preséntome a tu vista:¿qué cobarde congoja rinde y postratu valor sobrehumano? ¿Quién tu altivaaspiración rindió? ¿Por qué desmayael corazón soberbio, que en sus vivaspalpitaciones engendraba un mundo,y con su propia savia lo nutría?¿Cómo sucumbes, si tender el vueloal par de los Espíritus querías?¡Y eres tú Fausto, el Fausto que me invoca!¡Eres tú Fausto, y, ¡despreciable hormiga!,al soplo solo de mi voz, heladastemblaron tus entrañas conmovidas!

Con largo afán llamábasme, y queríasver mi semblante y escuchar mi acento;cedo a tu voz, preséntome a tu vista:¿qué cobarde congoja rinde y postratu valor sobrehumano? ¿Quién tu altivaaspiración rindió? ¿Por qué desmayael corazón soberbio, que en sus vivaspalpitaciones engendraba un mundo,y con su propia savia lo nutría?¿Cómo sucumbes, si tender el vueloal par de los Espíritus querías?¡Y eres tú Fausto, el Fausto que me invoca!¡Eres tú Fausto, y, ¡despreciable hormiga!,al soplo solo de mi voz, heladastemblaron tus entrañas conmovidas!

Con largo afán llamábasme, y querías

ver mi semblante y escuchar mi acento;

cedo a tu voz, preséntome a tu vista:

¿qué cobarde congoja rinde y postra

tu valor sobrehumano? ¿Quién tu altiva

aspiración rindió? ¿Por qué desmaya

el corazón soberbio, que en sus vivas

palpitaciones engendraba un mundo,

y con su propia savia lo nutría?

¿Cómo sucumbes, si tender el vuelo

al par de los Espíritus querías?

¡Y eres tú Fausto, el Fausto que me invoca!

¡Eres tú Fausto, y, ¡despreciable hormiga!,

al soplo solo de mi voz, heladas

temblaron tus entrañas conmovidas!

Fausto

¡Oh, no, roja visión, hijo del fuego!Soy Fausto, soy tu igual; no me intimidas.

¡Oh, no, roja visión, hijo del fuego!Soy Fausto, soy tu igual; no me intimidas.

¡Oh, no, roja visión, hijo del fuego!

Soy Fausto, soy tu igual; no me intimidas.

El Espíritu

En la incesante ráfagade actividad continua,vuelo de arriba abajo,vuelo de abajo arriba;y en ese veloz torno,que el Tiempo mueve y gira,mis dedos impalpableslas tenues hebras hilande la vida y la muerte,de la muerte y la vida,tejiendo a Dios, en el telar eterno,la que viste inmortal túnica viva.

En la incesante ráfagade actividad continua,vuelo de arriba abajo,vuelo de abajo arriba;y en ese veloz torno,que el Tiempo mueve y gira,mis dedos impalpableslas tenues hebras hilande la vida y la muerte,de la muerte y la vida,tejiendo a Dios, en el telar eterno,la que viste inmortal túnica viva.

En la incesante ráfaga

de actividad continua,

vuelo de arriba abajo,

vuelo de abajo arriba;

y en ese veloz torno,

que el Tiempo mueve y gira,

mis dedos impalpables

las tenues hebras hilan

de la vida y la muerte,

de la muerte y la vida,

tejiendo a Dios, en el telar eterno,

la que viste inmortal túnica viva.

Fausto

¡Cómo sintiendo voy que a ti me acerco,Espíritu que flotas y te agitassobre el mundo!

¡Cómo sintiendo voy que a ti me acerco,Espíritu que flotas y te agitassobre el mundo!

¡Cómo sintiendo voy que a ti me acerco,

Espíritu que flotas y te agitas

sobre el mundo!

El Espíritu

Al Espíritu que sueñasy tu mente concibe, te aproximas,no a mí.

Al Espíritu que sueñasy tu mente concibe, te aproximas,no a mí.

Al Espíritu que sueñas

y tu mente concibe, te aproximas,

no a mí.

Fausto(aterrado)

¿No a ti? Pues dime: ¿a quién? ¿Imagensoy de Dios, y ni a ti llegar podría?

¿No a ti? Pues dime: ¿a quién? ¿Imagensoy de Dios, y ni a ti llegar podría?

¿No a ti? Pues dime: ¿a quién? ¿Imagen

soy de Dios, y ni a ti llegar podría?

(Llaman.)

¡Oh! ¡Mal haya!... Es mi fámulo. Destruyemi ventura y los éxtasis disipa.En el pleno esplendor de mis visiones,¿para qué, impertinente, tu visita?

¡Oh! ¡Mal haya!... Es mi fámulo. Destruyemi ventura y los éxtasis disipa.En el pleno esplendor de mis visiones,¿para qué, impertinente, tu visita?

¡Oh! ¡Mal haya!... Es mi fámulo. Destruye

mi ventura y los éxtasis disipa.

En el pleno esplendor de mis visiones,

¿para qué, impertinente, tu visita?

(EntraWagnercon bata y gorro de dormir.Faustole vuelve la espalda malhumorado.)

Wagner

¡Perdón! Tu voz, que a mí llega,es la que me trajo aquí:que recitabas creíalguna tragedia griega.Y hubiera, a fe, gran placeren saberlas declamar,que hoy ese arte, a no dudar,utilísimo ha de ser;pues alguien dijo, señor,recuérdolo en este instante,que dar puede un comediantelección a un predicador.

¡Perdón! Tu voz, que a mí llega,es la que me trajo aquí:que recitabas creíalguna tragedia griega.Y hubiera, a fe, gran placeren saberlas declamar,que hoy ese arte, a no dudar,utilísimo ha de ser;pues alguien dijo, señor,recuérdolo en este instante,que dar puede un comediantelección a un predicador.

¡Perdón! Tu voz, que a mí llega,

es la que me trajo aquí:

que recitabas creí

alguna tragedia griega.

Y hubiera, a fe, gran placer

en saberlas declamar,

que hoy ese arte, a no dudar,

utilísimo ha de ser;

pues alguien dijo, señor,

recuérdolo en este instante,

que dar puede un comediante

lección a un predicador.

Fausto

Dársela podrá muy bien,si es el cura, por acaso,otro comediante, casoque ocurrir suele también.

Dársela podrá muy bien,si es el cura, por acaso,otro comediante, casoque ocurrir suele también.

Dársela podrá muy bien,

si es el cura, por acaso,

otro comediante, caso

que ocurrir suele también.

Wagner

Quien en su estancia sombríavive en retiro profundo,y sale no más al mundoen algún solemne día;quien, si llega a percibirlo,es por angosto agujero,mal puede, a lo que yo infiero,conmoverlo y dirigirlo.

Quien en su estancia sombríavive en retiro profundo,y sale no más al mundoen algún solemne día;quien, si llega a percibirlo,es por angosto agujero,mal puede, a lo que yo infiero,conmoverlo y dirigirlo.

Quien en su estancia sombría

vive en retiro profundo,

y sale no más al mundo

en algún solemne día;

quien, si llega a percibirlo,

es por angosto agujero,

mal puede, a lo que yo infiero,

conmoverlo y dirigirlo.

Fausto

No ha de lograrlo jamásquien en su pecho no sientaarder la llama violentacon que abrase a los demás.Pasa aquí todos tus ratosestudiando: mata el hambrecon esta merienda fiambrede las sobras de otros platos;y acumulando a montoneslos textos, que has hecho trizas,sopla sobre sus cenizascon enérgicos pulmones.Brotará menguada llama,y es posible que a ese precioel niño, el simple y el neciotu nombre den a la fama;mas, si fuere tu ambiciónlos corazones mover,ha de brotar tu saberde tu propio corazón.

No ha de lograrlo jamásquien en su pecho no sientaarder la llama violentacon que abrase a los demás.Pasa aquí todos tus ratosestudiando: mata el hambrecon esta merienda fiambrede las sobras de otros platos;y acumulando a montoneslos textos, que has hecho trizas,sopla sobre sus cenizascon enérgicos pulmones.Brotará menguada llama,y es posible que a ese precioel niño, el simple y el neciotu nombre den a la fama;mas, si fuere tu ambiciónlos corazones mover,ha de brotar tu saberde tu propio corazón.

No ha de lograrlo jamás

quien en su pecho no sienta

arder la llama violenta

con que abrase a los demás.

Pasa aquí todos tus ratos

estudiando: mata el hambre

con esta merienda fiambre

de las sobras de otros platos;

y acumulando a montones

los textos, que has hecho trizas,

sopla sobre sus cenizas

con enérgicos pulmones.

Brotará menguada llama,

y es posible que a ese precio

el niño, el simple y el necio

tu nombre den a la fama;

mas, si fuere tu ambición

los corazones mover,

ha de brotar tu saber

de tu propio corazón.

Wagner

Lo que al vulgo halaga máses la pomposa elocuencia,y en esa difícil cienciaaún me encuentro muy atrás.

Lo que al vulgo halaga máses la pomposa elocuencia,y en esa difícil cienciaaún me encuentro muy atrás.

Lo que al vulgo halaga más

es la pomposa elocuencia,

y en esa difícil ciencia

aún me encuentro muy atrás.

Fausto

Busca más dignos laurelesy adelanta poco a poco...¿quieres hacer como el locoque agita los cascabeles?Afeite de todas claseses a la verdad ajeno;si has de decir algo bueno,no vayas cazando frases;pues son las palabras huecas,que brillante oropel cubre,ráfaga estéril de octubreque mueve las hojas secas.

Busca más dignos laurelesy adelanta poco a poco...¿quieres hacer como el locoque agita los cascabeles?Afeite de todas claseses a la verdad ajeno;si has de decir algo bueno,no vayas cazando frases;pues son las palabras huecas,que brillante oropel cubre,ráfaga estéril de octubreque mueve las hojas secas.

Busca más dignos laureles

y adelanta poco a poco...

¿quieres hacer como el loco

que agita los cascabeles?

Afeite de todas clases

es a la verdad ajeno;

si has de decir algo bueno,

no vayas cazando frases;

pues son las palabras huecas,

que brillante oropel cubre,

ráfaga estéril de octubre

que mueve las hojas secas.

Wagner

Incierta y breve es la vida,largo el arte, y en tan altaempresa a veces nos faltala razón desvanecida.Quien llegar al fin intentaafán sufre luengo y rudo,y en el camino, a menudoel pobre diablo revienta.

Incierta y breve es la vida,largo el arte, y en tan altaempresa a veces nos faltala razón desvanecida.Quien llegar al fin intentaafán sufre luengo y rudo,y en el camino, a menudoel pobre diablo revienta.

Incierta y breve es la vida,

largo el arte, y en tan alta

empresa a veces nos falta

la razón desvanecida.

Quien llegar al fin intenta

afán sufre luengo y rudo,

y en el camino, a menudo

el pobre diablo revienta.

Fausto

La sed del alma no calmaun árido pergamino:ese manantial divinolo lleva en su fondo el alma.

La sed del alma no calmaun árido pergamino:ese manantial divinolo lleva en su fondo el alma.

La sed del alma no calma

un árido pergamino:

ese manantial divino

lo lleva en su fondo el alma.

Wagner

También la imaginacióngoza cuando el vuelo tiende,y el espíritu comprendede otra edad y otra región.De antigua ciencia los rastrosdescubre, y disfruta viendocómo el hombre va subiendoy subiendo...

También la imaginacióngoza cuando el vuelo tiende,y el espíritu comprendede otra edad y otra región.De antigua ciencia los rastrosdescubre, y disfruta viendocómo el hombre va subiendoy subiendo...

También la imaginación

goza cuando el vuelo tiende,

y el espíritu comprende

de otra edad y otra región.

De antigua ciencia los rastros

descubre, y disfruta viendo

cómo el hombre va subiendo

y subiendo...

Fausto

¡Hasta los astros!¿Qué es el pasado, en verdad?Un libro sellado: sombrasy dudas. ¿Qué es lo que nombrasespíritu de otra edad?La doctrina, nueva o vieja,de aqueste o aquel autor,que su propio resplandorsobre el pasado refleja.Si bien lo miras, ¡qué enojos!su luz es sombra no más;y de ella separarásdesencantado los ojos;pues su genio, que de lejosbrilla con rayos propicios,es costal de desperdicios,almacén de trastos viejos,y escenario, en conclusión,donde inconscientes se agitany bellas frases recitanmonigotes de cartón.

¡Hasta los astros!¿Qué es el pasado, en verdad?Un libro sellado: sombrasy dudas. ¿Qué es lo que nombrasespíritu de otra edad?La doctrina, nueva o vieja,de aqueste o aquel autor,que su propio resplandorsobre el pasado refleja.Si bien lo miras, ¡qué enojos!su luz es sombra no más;y de ella separarásdesencantado los ojos;pues su genio, que de lejosbrilla con rayos propicios,es costal de desperdicios,almacén de trastos viejos,y escenario, en conclusión,donde inconscientes se agitany bellas frases recitanmonigotes de cartón.

¡Hasta los astros!

¿Qué es el pasado, en verdad?

Un libro sellado: sombras

y dudas. ¿Qué es lo que nombras

espíritu de otra edad?

La doctrina, nueva o vieja,

de aqueste o aquel autor,

que su propio resplandor

sobre el pasado refleja.

Si bien lo miras, ¡qué enojos!

su luz es sombra no más;

y de ella separarás

desencantado los ojos;

pues su genio, que de lejos

brilla con rayos propicios,

es costal de desperdicios,

almacén de trastos viejos,

y escenario, en conclusión,

donde inconscientes se agitan

y bellas frases recitan

monigotes de cartón.

Wagner

¿Y el universo? ¿Y el hombre?¿Saber su esencia no cabe?

¿Y el universo? ¿Y el hombre?¿Saber su esencia no cabe?

¿Y el universo? ¿Y el hombre?

¿Saber su esencia no cabe?

Fausto

¿Saber? ¡Pensar que se sabe!¿Quién dar puede el propio nombrea las cosas? Si en la tierraalguien descubre esa ocultaciencia, y en sí no sepultalos arcanos que ella encierra,al derramar esa luz,que al hombre obcecado hiere,víctima infelice, muereen la hoguera o en la cruz.Pero, adiós: la noche vuela;ya es tarde; basta por hoy.

¿Saber? ¡Pensar que se sabe!¿Quién dar puede el propio nombrea las cosas? Si en la tierraalguien descubre esa ocultaciencia, y en sí no sepultalos arcanos que ella encierra,al derramar esa luz,que al hombre obcecado hiere,víctima infelice, muereen la hoguera o en la cruz.Pero, adiós: la noche vuela;ya es tarde; basta por hoy.

¿Saber? ¡Pensar que se sabe!

¿Quién dar puede el propio nombre

a las cosas? Si en la tierra

alguien descubre esa oculta

ciencia, y en sí no sepulta

los arcanos que ella encierra,

al derramar esa luz,

que al hombre obcecado hiere,

víctima infelice, muere

en la hoguera o en la cruz.

Pero, adiós: la noche vuela;

ya es tarde; basta por hoy.

Wagner

Oyéndote, como estoy,pasara la noche en vela.Pero mañana son Pascuas,y, si molestarte no es,dos preguntas te haré, o tres,que me tienen ahora en ascuas.Amo el saber de tal modo,que incesante por él lucho:a tu lado aprendí mucho;mas saberlo quiero todo.

Oyéndote, como estoy,pasara la noche en vela.Pero mañana son Pascuas,y, si molestarte no es,dos preguntas te haré, o tres,que me tienen ahora en ascuas.Amo el saber de tal modo,que incesante por él lucho:a tu lado aprendí mucho;mas saberlo quiero todo.

Oyéndote, como estoy,

pasara la noche en vela.

Pero mañana son Pascuas,

y, si molestarte no es,

dos preguntas te haré, o tres,

que me tienen ahora en ascuas.

Amo el saber de tal modo,

que incesante por él lucho:

a tu lado aprendí mucho;

mas saberlo quiero todo.

(Sale.)

Fausto(solo)

Nunca abandona la esperanza al locosoñador de quimeras; áurea minabusca en la tierra ansioso: ¡qué fortuna,si al cabo da con una sabandija!Y en el propio lugar donde la excelsalegión de los Espíritus me hostiga,la voz sonó de tan pueril querella.¡No importa! Tu presencia intempestiva,hijo vulgar de la ralea humana,no habrá sido enojosa ni perdida,pues me arrancó el afán desesperadoque ya todo mi ser estremecía.Fue la visión tan colosal, que hallemepigmeo ante ella, y desmayé a su vista.Hijo de Dios, al misterioso espejode la eterna verdad llegar quería,y los terrenos lazos desatando,aspiraba feliz la luz divina.Superior al querub, en el regazodel mundo derramé mi propia vida,y mezclando mi sangre con su savia,audaz soñé la Creación ya mía.¡Estéril presunción! Una palabrarayo fue que fulgura y me aniquila.Medir no puedo mi poder contigo:mis tristes voces a venir te obligan;pero no te aprisionan. A tu lado,¡cuán grande y cuán pequeño me sentía!Pero a la suerte incierta de la tristehumanidad arrójanme tus iras.¿Quién marcará mi norte y mi sendero?¿Seguiré los impulsos que me guían?Nuestras protestas, nuestros mismos actosno detienen la marcha de la vida.La más sublime aspiración del almasiempre grosera escoria impurifica,y al conquistar los bienes de la tierra,juzgamos ilusión, sueño y mentirael bien mayor. Si generoso arranqueal noble corazón da fuego y vida,vertiginoso el torbellino humanoese sagrado afán seca y marchita.La eternidad a su ambición no bastacuando rompe a volar la fantasía,y el rincón más angosto es suficientepara encerrar, al cabo, nuestras dichas.La ingratitud el corazón taladra,robándonos la paz y la alegría,y el secreto pesar en él engendra.La zozobra, con máscaras distintas,se disfraza, y sin tregua nos persigue,casa o corte, mujer, hijos, familia,agua, fuego, puñal o bebedizo.Y así el mortal, en ansiedad continua,teme el peligro cuando no le amaga,o llora el bien que disfrutar podría.¿Semejante yo a Dios? ¡Vana quimera!Semejante al gusano, que se abrigaen el polvo, y de polvo alimentado,muerte le da y sepulcro quien lo pisa.¿Polvo no son los viejos cachivachesque llenan esa negra estantería,y cuyo sucio fárrago en un mundode podredumbre y aridez me abisma?¿Daranme lo que anhelo? Devorandovolumen tras volumen, ¿qué hallaría?Que si algún hombre se creyó dichoso,a sí mismos los más se martirizan.¿Y tú, por qué, burlona calavera,por esas huecas órbitas me miras?¿Para decirme que, cual lucho y sufro,tu espíritu pugnaba y padecía,y sediento de luz, por senda erradafue a sumergirse en las tinieblas frías?¿Qué me decís, retortas y alambiques?Mofa callada en la pared sombríahacéis quizás a mi insensato duelo,ruedas y tubos, frascos y vasijas.A la puerta llegué: la vi cerrada;la llave me faltaba, os la pedía;y aún aquí, pavorosos instrumentos,me tenéis a la puerta sin abrirla.Naturaleza sus secretos guardamisteriosa, velada en pleno día,y no abrirán palancas ni ganzúaslo que cerró implacable a nuestra vista.¡Armatostes inútiles! ¡Legadode mi padre y sus pálidas vigilias!Pended ociosos del siniestro muroque la lámpara ahumó, siempre encendida.Más me valiera mi caudal escasogastar, que conservarlo con fatiga.¿Para qué quieres la paterna herencia,si no la gozas? Al presente aplicalas riquezas: es carga agobiadorael oro, cuando no lo necesitas.Mas ¿por qué allí claváronse mis ojos?¿Es aquel frasco imán de mis pupilas?¿Por qué me halagas, como en selva oscuraluna apacible que de pronto brilla?Yo te saludo, mágica redoma,y llego a ti con mano estremecida,reverenciando en tu licor preciosodel humano saber las maravillas.Esencia de los jugos que adormecen,mezcla de las ponzoñas que asesinan,muestra a tu dueño tu virtud suprema.Al mirarte, mi afán se tranquiliza;al asirte, mi angustia se modera,y la interior tormenta se apacigua.En alta mar mi espíritu navega;su brillante cristal el aura riza,y me llama el fulgor de nueva auroraa nuevo puerto en encantada orilla.Carro de fuego, que veloces alasconducen por los aires, se aproxima:nuevo camino me abrirá en los cielosde donde mana la perpetua vida.¿Podré gozar, gusano de la tierra,el bien excelso, la inmortal delicia?¡Podré, sí! ¿Qué me falta? Las espaldasvolver al sol que aquí nos ilumina;abrir audaz la puerta misteriosa,cuyo umbral nuestro pie temblando pisa.Hora es ya de probar que emular puedecon la ensalzada majestad divinala humana condición. No más espantosal borde de esa inescrutable sima,do la imaginación tiembla azoradacon los espectros que forjó ella misma,y en cuya boca ante nosotros ardenlas llamas del infierno maldecidas.Voy a tentar el salto pavoroso,aunque la oscura nada me reciba.Sal otra vez del protector estuche,sal, olvidada copa cristalina,que un tiempo, en el festín de mis abuelos,serenabas las frentes pensativas.De mano en mano sin cesar pasabas,y al pasar, cada cual, por ley antigua,agotaba de un sorbo el hondo seno,y las viejas historias esculpidasen tu metal precioso relataba.¡Cuántas veladas, al placer propicias,de mi dichosa edad, tú me recuerdas!Hoy no puedo ofrecerte, copa amiga,a feliz comensal, ni en tu alabanzaaguzaré el ingenio, cual solía.Pócima embriagadora el cáliz llena,preparada por mí, por mí escogida.¡Última libación, con toda el almate consagro a la aurora, al nuevo día!

Nunca abandona la esperanza al locosoñador de quimeras; áurea minabusca en la tierra ansioso: ¡qué fortuna,si al cabo da con una sabandija!Y en el propio lugar donde la excelsalegión de los Espíritus me hostiga,la voz sonó de tan pueril querella.¡No importa! Tu presencia intempestiva,hijo vulgar de la ralea humana,no habrá sido enojosa ni perdida,pues me arrancó el afán desesperadoque ya todo mi ser estremecía.Fue la visión tan colosal, que hallemepigmeo ante ella, y desmayé a su vista.Hijo de Dios, al misterioso espejode la eterna verdad llegar quería,y los terrenos lazos desatando,aspiraba feliz la luz divina.Superior al querub, en el regazodel mundo derramé mi propia vida,y mezclando mi sangre con su savia,audaz soñé la Creación ya mía.¡Estéril presunción! Una palabrarayo fue que fulgura y me aniquila.Medir no puedo mi poder contigo:mis tristes voces a venir te obligan;pero no te aprisionan. A tu lado,¡cuán grande y cuán pequeño me sentía!Pero a la suerte incierta de la tristehumanidad arrójanme tus iras.¿Quién marcará mi norte y mi sendero?¿Seguiré los impulsos que me guían?Nuestras protestas, nuestros mismos actosno detienen la marcha de la vida.La más sublime aspiración del almasiempre grosera escoria impurifica,y al conquistar los bienes de la tierra,juzgamos ilusión, sueño y mentirael bien mayor. Si generoso arranqueal noble corazón da fuego y vida,vertiginoso el torbellino humanoese sagrado afán seca y marchita.La eternidad a su ambición no bastacuando rompe a volar la fantasía,y el rincón más angosto es suficientepara encerrar, al cabo, nuestras dichas.La ingratitud el corazón taladra,robándonos la paz y la alegría,y el secreto pesar en él engendra.La zozobra, con máscaras distintas,se disfraza, y sin tregua nos persigue,casa o corte, mujer, hijos, familia,agua, fuego, puñal o bebedizo.Y así el mortal, en ansiedad continua,teme el peligro cuando no le amaga,o llora el bien que disfrutar podría.¿Semejante yo a Dios? ¡Vana quimera!Semejante al gusano, que se abrigaen el polvo, y de polvo alimentado,muerte le da y sepulcro quien lo pisa.¿Polvo no son los viejos cachivachesque llenan esa negra estantería,y cuyo sucio fárrago en un mundode podredumbre y aridez me abisma?¿Daranme lo que anhelo? Devorandovolumen tras volumen, ¿qué hallaría?Que si algún hombre se creyó dichoso,a sí mismos los más se martirizan.¿Y tú, por qué, burlona calavera,por esas huecas órbitas me miras?¿Para decirme que, cual lucho y sufro,tu espíritu pugnaba y padecía,y sediento de luz, por senda erradafue a sumergirse en las tinieblas frías?¿Qué me decís, retortas y alambiques?Mofa callada en la pared sombríahacéis quizás a mi insensato duelo,ruedas y tubos, frascos y vasijas.A la puerta llegué: la vi cerrada;la llave me faltaba, os la pedía;y aún aquí, pavorosos instrumentos,me tenéis a la puerta sin abrirla.Naturaleza sus secretos guardamisteriosa, velada en pleno día,y no abrirán palancas ni ganzúaslo que cerró implacable a nuestra vista.¡Armatostes inútiles! ¡Legadode mi padre y sus pálidas vigilias!Pended ociosos del siniestro muroque la lámpara ahumó, siempre encendida.Más me valiera mi caudal escasogastar, que conservarlo con fatiga.¿Para qué quieres la paterna herencia,si no la gozas? Al presente aplicalas riquezas: es carga agobiadorael oro, cuando no lo necesitas.Mas ¿por qué allí claváronse mis ojos?¿Es aquel frasco imán de mis pupilas?¿Por qué me halagas, como en selva oscuraluna apacible que de pronto brilla?Yo te saludo, mágica redoma,y llego a ti con mano estremecida,reverenciando en tu licor preciosodel humano saber las maravillas.Esencia de los jugos que adormecen,mezcla de las ponzoñas que asesinan,muestra a tu dueño tu virtud suprema.Al mirarte, mi afán se tranquiliza;al asirte, mi angustia se modera,y la interior tormenta se apacigua.En alta mar mi espíritu navega;su brillante cristal el aura riza,y me llama el fulgor de nueva auroraa nuevo puerto en encantada orilla.Carro de fuego, que veloces alasconducen por los aires, se aproxima:nuevo camino me abrirá en los cielosde donde mana la perpetua vida.¿Podré gozar, gusano de la tierra,el bien excelso, la inmortal delicia?¡Podré, sí! ¿Qué me falta? Las espaldasvolver al sol que aquí nos ilumina;abrir audaz la puerta misteriosa,cuyo umbral nuestro pie temblando pisa.Hora es ya de probar que emular puedecon la ensalzada majestad divinala humana condición. No más espantosal borde de esa inescrutable sima,do la imaginación tiembla azoradacon los espectros que forjó ella misma,y en cuya boca ante nosotros ardenlas llamas del infierno maldecidas.Voy a tentar el salto pavoroso,aunque la oscura nada me reciba.Sal otra vez del protector estuche,sal, olvidada copa cristalina,que un tiempo, en el festín de mis abuelos,serenabas las frentes pensativas.De mano en mano sin cesar pasabas,y al pasar, cada cual, por ley antigua,agotaba de un sorbo el hondo seno,y las viejas historias esculpidasen tu metal precioso relataba.¡Cuántas veladas, al placer propicias,de mi dichosa edad, tú me recuerdas!Hoy no puedo ofrecerte, copa amiga,a feliz comensal, ni en tu alabanzaaguzaré el ingenio, cual solía.Pócima embriagadora el cáliz llena,preparada por mí, por mí escogida.¡Última libación, con toda el almate consagro a la aurora, al nuevo día!

Nunca abandona la esperanza al loco

soñador de quimeras; áurea mina

busca en la tierra ansioso: ¡qué fortuna,

si al cabo da con una sabandija!

Y en el propio lugar donde la excelsa

legión de los Espíritus me hostiga,

la voz sonó de tan pueril querella.

¡No importa! Tu presencia intempestiva,

hijo vulgar de la ralea humana,

no habrá sido enojosa ni perdida,

pues me arrancó el afán desesperado

que ya todo mi ser estremecía.

Fue la visión tan colosal, que halleme

pigmeo ante ella, y desmayé a su vista.

Hijo de Dios, al misterioso espejo

de la eterna verdad llegar quería,

y los terrenos lazos desatando,

aspiraba feliz la luz divina.

Superior al querub, en el regazo

del mundo derramé mi propia vida,

y mezclando mi sangre con su savia,

audaz soñé la Creación ya mía.

¡Estéril presunción! Una palabra

rayo fue que fulgura y me aniquila.

Medir no puedo mi poder contigo:

mis tristes voces a venir te obligan;

pero no te aprisionan. A tu lado,

¡cuán grande y cuán pequeño me sentía!

Pero a la suerte incierta de la triste

humanidad arrójanme tus iras.

¿Quién marcará mi norte y mi sendero?

¿Seguiré los impulsos que me guían?

Nuestras protestas, nuestros mismos actos

no detienen la marcha de la vida.

La más sublime aspiración del alma

siempre grosera escoria impurifica,

y al conquistar los bienes de la tierra,

juzgamos ilusión, sueño y mentira

el bien mayor. Si generoso arranque

al noble corazón da fuego y vida,

vertiginoso el torbellino humano

ese sagrado afán seca y marchita.

La eternidad a su ambición no basta

cuando rompe a volar la fantasía,

y el rincón más angosto es suficiente

para encerrar, al cabo, nuestras dichas.

La ingratitud el corazón taladra,

robándonos la paz y la alegría,

y el secreto pesar en él engendra.

La zozobra, con máscaras distintas,

se disfraza, y sin tregua nos persigue,

casa o corte, mujer, hijos, familia,

agua, fuego, puñal o bebedizo.

Y así el mortal, en ansiedad continua,

teme el peligro cuando no le amaga,

o llora el bien que disfrutar podría.

¿Semejante yo a Dios? ¡Vana quimera!

Semejante al gusano, que se abriga

en el polvo, y de polvo alimentado,

muerte le da y sepulcro quien lo pisa.

¿Polvo no son los viejos cachivaches

que llenan esa negra estantería,

y cuyo sucio fárrago en un mundo

de podredumbre y aridez me abisma?

¿Daranme lo que anhelo? Devorando

volumen tras volumen, ¿qué hallaría?

Que si algún hombre se creyó dichoso,

a sí mismos los más se martirizan.

¿Y tú, por qué, burlona calavera,

por esas huecas órbitas me miras?

¿Para decirme que, cual lucho y sufro,

tu espíritu pugnaba y padecía,

y sediento de luz, por senda errada

fue a sumergirse en las tinieblas frías?

¿Qué me decís, retortas y alambiques?

Mofa callada en la pared sombría

hacéis quizás a mi insensato duelo,

ruedas y tubos, frascos y vasijas.

A la puerta llegué: la vi cerrada;

la llave me faltaba, os la pedía;

y aún aquí, pavorosos instrumentos,

me tenéis a la puerta sin abrirla.

Naturaleza sus secretos guarda

misteriosa, velada en pleno día,

y no abrirán palancas ni ganzúas

lo que cerró implacable a nuestra vista.

¡Armatostes inútiles! ¡Legado

de mi padre y sus pálidas vigilias!

Pended ociosos del siniestro muro

que la lámpara ahumó, siempre encendida.

Más me valiera mi caudal escaso

gastar, que conservarlo con fatiga.

¿Para qué quieres la paterna herencia,

si no la gozas? Al presente aplica

las riquezas: es carga agobiadora

el oro, cuando no lo necesitas.

Mas ¿por qué allí claváronse mis ojos?

¿Es aquel frasco imán de mis pupilas?

¿Por qué me halagas, como en selva oscura

luna apacible que de pronto brilla?

Yo te saludo, mágica redoma,

y llego a ti con mano estremecida,

reverenciando en tu licor precioso

del humano saber las maravillas.

Esencia de los jugos que adormecen,

mezcla de las ponzoñas que asesinan,

muestra a tu dueño tu virtud suprema.

Al mirarte, mi afán se tranquiliza;

al asirte, mi angustia se modera,

y la interior tormenta se apacigua.

En alta mar mi espíritu navega;

su brillante cristal el aura riza,

y me llama el fulgor de nueva aurora

a nuevo puerto en encantada orilla.

Carro de fuego, que veloces alas

conducen por los aires, se aproxima:

nuevo camino me abrirá en los cielos

de donde mana la perpetua vida.

¿Podré gozar, gusano de la tierra,

el bien excelso, la inmortal delicia?

¡Podré, sí! ¿Qué me falta? Las espaldas

volver al sol que aquí nos ilumina;

abrir audaz la puerta misteriosa,

cuyo umbral nuestro pie temblando pisa.

Hora es ya de probar que emular puede

con la ensalzada majestad divina

la humana condición. No más espantos

al borde de esa inescrutable sima,

do la imaginación tiembla azorada

con los espectros que forjó ella misma,

y en cuya boca ante nosotros arden

las llamas del infierno maldecidas.

Voy a tentar el salto pavoroso,

aunque la oscura nada me reciba.

Sal otra vez del protector estuche,

sal, olvidada copa cristalina,

que un tiempo, en el festín de mis abuelos,

serenabas las frentes pensativas.

De mano en mano sin cesar pasabas,

y al pasar, cada cual, por ley antigua,

agotaba de un sorbo el hondo seno,

y las viejas historias esculpidas

en tu metal precioso relataba.

¡Cuántas veladas, al placer propicias,

de mi dichosa edad, tú me recuerdas!

Hoy no puedo ofrecerte, copa amiga,

a feliz comensal, ni en tu alabanza

aguzaré el ingenio, cual solía.

Pócima embriagadora el cáliz llena,

preparada por mí, por mí escogida.

¡Última libación, con toda el alma

te consagro a la aurora, al nuevo día!

(Lleva la copa a los labios.)


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