Chapter 12

III

—«Mira, escucha y comprende lo que pasaEn torno tuyo ¡oh Rey!—¿Ves esas sombrasQue como en alas de los vientos cruzanEsos llanos y montes con que sueñas,De esa obscura ciudad saliendo todas?Los corredores son, que el Rey cristianoEnvía á sus alcaides fronterizos.Esa ciudad de donde parten, cuyoMudo recinto en las tinieblas yaceAl parecer pacífico y tranquilo,Es Medina del Campo. Desde aquellasTorres los Reyes de Castilla miranHacia Granada, el pensamiento fijoEn su desolación y la memoriaEn el fatal horóscopo, que anunciaÁ Abú-Abdil como el postrer monarcaQue reinará en la Alhambra; sus jinetesPor eso envían en secreto, y sóloCaminando de noche, á sus mejoresAdalides. ¿Y sabes el mensajeQue les llevan, Muley? Que pues rompisteLas treguas tú, cayendo sobre Zahara,Den por abierto el campo de la guerraY metan por tus tierras sus pendones,Talando sin piedad y destruyendoMieses, viñedos, torres y ciudades.Vuelve ahora la vista hacia este lado:¿Ves ese cerro sobre el cual blanqueanLas almenadas torres y los murosDe una morisca villa? Son las torresY las murallas de Guadix. ¿Ves esePendón que en ellas vagarosa agitaEl aura de la noche? No es ya el tuyo:Es el de Abú-Abdil. ¿Ves esos hombresQue, envueltos en sus blancos alquicelesY jaiques africanos, uno á unoEntran en la segura fortalezaDo se hospeda tu alcaide? Todos esosSon los parciales de Abdilá, que acudenÁ ofrecerle su brazo y sus tesorosContra su mismo padre: y son los mismosQue tus inicuas leyes desterraronDe Granada; los hijos y los nietosDe aquella ilustre raza degolladaPor el infame padre del que ahoraEs tu primer Wazir, tu consejero,Del tirano tal vez que por ti reina:De Abú'l-Kasín Ben-Egas, hijo dignoDel renegado vil á quien llamaronMoros y Castellanos con desprecioElTornadizo: y todos alimentanSed de venganza contra él, y el odioHierve en su corazón contra la impuraCristiana á quien adoras, y detestanToda la estirpe vil de renegadosQue te cerca, Muley, y al pueblo impulsanHacia la rebelión, que ya fermentaHasta en tu misma corte, y cuyo fuegoPuede atajar tal vez Dios solamente,¡Alahú-akbar! así está escrito. VuelveLa vista hacia ese valle: es el de Dona.¿Ves esa multitud de gente armadaQue por él atraviesa? Son CristianosQue á Alhama van. Á Alhama, donde tienesTus más ricos tesoros: donde acudenCon tus anuales rentas tus alcaides:Donde almacenas los inmensos víveresÁ tus tropas fronteras necesarios.Á Alhama van: la llave de Granada,Como los Granadinos la apellidan:Á Alhama van. Repara cómo trepanPor los peñascos en que está fundada,Como astutos reptiles, los CristianosEscaladores; mira cómo lleganDe los muros al pie sin ser sentidos:Mira cómo aproximan las escalas:Mira cómo en silencio en las almenasAseguran las manos, cómo tiendenLos cautelosos ojos al recintoDel muro y del adarve abandonados:Mira cómo el primero salta dentroY sesenta tras él. Ese malditoEs Ortega del Prado, ese famosoEscalador cuyas sorpresas tienenEn vela eterna á los Alcaides todosDe tus castillos fronterizos. MiraCómo asesina al centinela y correÁ sorprender la guardia de las puertas:Mira cómo un enjambre de CristianosPor las murallas entra. ¡Ay de tu Alhama!¡Ay de los que no ven que están cercadosDe lobos Nazarenos! Mira, mira.Aquel jinete, que á su frente vieneÁ emboscarse traidor junto al postigo,Es Ponce de León, Marqués de Cádiz,Maldecido de Aláh y azote nuestro.Aquel otro de arnés empavonado,Es el rico Asistente de SevillaDiego de Merlo: aquel que con el hachaEl barreado rastrillo hace pedazosCon fuerzas de Titán, es Juan de Robles,Alcaide de Jerez, que mató un toroDándole en el testuz un puñetazo.Y no creas que es gente allegadiza,Poco diestra en la lid y mal armada;No, Muley, son guerreros avezadosÁ pelear: ilustres por sus hechosY por su sangre generosa: todoCuanto encierra mejor AndalucíaDe Castellanos capitanes. Mira:¿Ves aquel joven cuyo bozo apenasSobre su labio superior apunta?Bien puedes con el alba que esclareceDivisarle, jinete en un morcilloQue piafa de impaciencia: ese es un hijoDe aquel Conde de Cabra cuyo brazoTeme no más Aly-Athár de Loja;Es su hijo Don Martín, prez de la razaDe Fernández de Córdova. Aquel otroQue monta un potro negro y que tremolaUn pendoncillo cárdeno en la lanza,Don Pedro Enríquez es, AdelantadoMayor de Andalucía. Toda enteraLa tienes ya sobre tu reino: todaTiene la voz de alarma y se disponePara vengar á Zahara. ¡Ay de tu Alhama,Que tienen ya por suya! ¡Oh! mira, mira:Aquel que gana el caracol estrechoDel torreón y baja á dar entradaÁ los que aguardan del postigo fuera,Es el Comendador Martín Galindo,Que ha jurado inmolar treinta MuslimesÁ la implacable sombra de un hermanoMuerto á sus pies por el Zegrí de Vélez.Mira cómo ayudado de EstremeraSu escudero, y de Pedro de Valdivia,Alcaide de Archidona, desatrancaLos pesados barrotes de la puertaY sube las cadenas del rastrillo.Ya logró levantarle: ya una hojaFranqueó del postigo: apresuradosMira cómo por él se lanzan todosSedientos de oro y sangre ¡Aláh clemente,Compadece á los Árabes! Escucha.¿No oyes el repentino clamoreoQue ensordece la villa? ¡Desdichada!Su gente anoche se acostó tranquila,Y en brazos de la muerte se despierta.Mira aquel que en la torre de homenajeDe la alta ciudadela ha enarboladoLa bandera cristiana; oye cuál grita,Agitando frenético los brazos,¡Alhama por Castilla!... ya la tienen.Mas no: mira los tuyos cómo acudenÁ la pelea: todavía es suyaLa villa, y el castillo solamenteDe los Cristianos es. ¡Aláh bendito!Mira cómo coronan las murallas,Una nube de flechas arrojandoSobre los siervos de Jesús. ¡Cuál caenEntre los muros de ambos fuertes! Cejan,Se encierran otra vez en el castilloLa tierra con su sangre enrojeciendo.¡Ah, leales Muslimes, degolladosPrimeros que rendidos! Viejos, niños,Mujeres, cuantos ciñen el turbanteAfricano, pelean por su patria.Mira, van á intentar una salida:Ya están acorralados los CristianosEn el castillo, y á su vez ahoraVan á ser los sitiados. No hay tronera,Ni lucerna, ni almena, ni resquicioPor donde asome un ojo castellano,Que cubierto de dardos no se veaEn el instante mismo. Ya los tuyosComienzan á salir: mas ¡Cielo santo!En tumulto, sin orden y sin jefe,Como muchachos de una escuela salen.¡Oh! van á ser pasados á cuchilloSi los Cristianos dan en ellos. ¡ProntoDesdichados! ¡atrás! ¡atrás! Es tarde.Un lienzo de muralla derribandoLos Cristianos se lanzan de repenteSobre su ciega multitud, y en ellosCorno en ganados en redil se ceban.Huyen: la puerta los de dentro quierenCerrar: mas se aproximan unos y otrosEn confuso tropel: todo es en vano:Todos al par se precipitan dentro.Oye cómo á la avara soldadescaAutorizan los jefes al saqueo,Para animar sus bárbaros instintos.¡Ira de Dios! La muerte por las calles,Por las plazas, las casas y mezquitas,Corre hambrienta de víctimas humanasY se harta de cadáveres. En vanoUnos pocos valientes, prefiriendoLa muerte al cautiverio, se resistenComo leones del desierto. En vanoEn tu regiomirabencastillándose,Ante el ara sagrada del ProfetaForman una muralla con sus pechos.Un impío Cristiano, una embreadaTea aplicando á la dorada puerta,Sopla la llama arrodillado, en tantoQue otros con sus escudos le protegenDe los árabes tiros. Ya la llamaPrendió en la puerta cincelada: el humoEn espirales pardas culebreaPor cima de los cascos: ya las chispasSaltan á impulso del seguro soploDe la adarga de cuero con que aventanEl incendio naciente, y ya rechinaLa primorosa ensambladura hendiéndose.Mira cómo abrasada se desplomaLa mezquita y sepulta á los Muslimes:Mira cómo el incendio se propagaPor sus bazares y almacenes: miraLas lagunas de sangre, en cuyo fondoLa voz de todo un pueblo degolladoAl justiciero Aláh contra ti clama:Mira cómo el incendio, porque veasMejor, extiende en derredor su llamaEncendiendo á tu honor mortuorias teas:Mira la cruz sobre el peñón de Alhama!....Desventurado Rey, ¡maldito seas!....»Dijo y calló la voz del nigromante;De la frase final lúgubre el ecoEn pavoroso són zumbó un instanteBajo morisco artesonado hueco.Un momento después la luz brillanteSe extinguió de las lámparas: un pasoLento, más firme gravitó en la alfombra:Sintióse en los tapices un escasoRumor.... y todo fué silencio y sombra.

—«Mira, escucha y comprende lo que pasaEn torno tuyo ¡oh Rey!—¿Ves esas sombrasQue como en alas de los vientos cruzanEsos llanos y montes con que sueñas,De esa obscura ciudad saliendo todas?Los corredores son, que el Rey cristianoEnvía á sus alcaides fronterizos.Esa ciudad de donde parten, cuyoMudo recinto en las tinieblas yaceAl parecer pacífico y tranquilo,Es Medina del Campo. Desde aquellasTorres los Reyes de Castilla miranHacia Granada, el pensamiento fijoEn su desolación y la memoriaEn el fatal horóscopo, que anunciaÁ Abú-Abdil como el postrer monarcaQue reinará en la Alhambra; sus jinetesPor eso envían en secreto, y sóloCaminando de noche, á sus mejoresAdalides. ¿Y sabes el mensajeQue les llevan, Muley? Que pues rompisteLas treguas tú, cayendo sobre Zahara,Den por abierto el campo de la guerraY metan por tus tierras sus pendones,Talando sin piedad y destruyendoMieses, viñedos, torres y ciudades.Vuelve ahora la vista hacia este lado:¿Ves ese cerro sobre el cual blanqueanLas almenadas torres y los murosDe una morisca villa? Son las torresY las murallas de Guadix. ¿Ves esePendón que en ellas vagarosa agitaEl aura de la noche? No es ya el tuyo:Es el de Abú-Abdil. ¿Ves esos hombresQue, envueltos en sus blancos alquicelesY jaiques africanos, uno á unoEntran en la segura fortalezaDo se hospeda tu alcaide? Todos esosSon los parciales de Abdilá, que acudenÁ ofrecerle su brazo y sus tesorosContra su mismo padre: y son los mismosQue tus inicuas leyes desterraronDe Granada; los hijos y los nietosDe aquella ilustre raza degolladaPor el infame padre del que ahoraEs tu primer Wazir, tu consejero,Del tirano tal vez que por ti reina:De Abú'l-Kasín Ben-Egas, hijo dignoDel renegado vil á quien llamaronMoros y Castellanos con desprecioElTornadizo: y todos alimentanSed de venganza contra él, y el odioHierve en su corazón contra la impuraCristiana á quien adoras, y detestanToda la estirpe vil de renegadosQue te cerca, Muley, y al pueblo impulsanHacia la rebelión, que ya fermentaHasta en tu misma corte, y cuyo fuegoPuede atajar tal vez Dios solamente,¡Alahú-akbar! así está escrito. VuelveLa vista hacia ese valle: es el de Dona.¿Ves esa multitud de gente armadaQue por él atraviesa? Son CristianosQue á Alhama van. Á Alhama, donde tienesTus más ricos tesoros: donde acudenCon tus anuales rentas tus alcaides:Donde almacenas los inmensos víveresÁ tus tropas fronteras necesarios.Á Alhama van: la llave de Granada,Como los Granadinos la apellidan:Á Alhama van. Repara cómo trepanPor los peñascos en que está fundada,Como astutos reptiles, los CristianosEscaladores; mira cómo lleganDe los muros al pie sin ser sentidos:Mira cómo aproximan las escalas:Mira cómo en silencio en las almenasAseguran las manos, cómo tiendenLos cautelosos ojos al recintoDel muro y del adarve abandonados:Mira cómo el primero salta dentroY sesenta tras él. Ese malditoEs Ortega del Prado, ese famosoEscalador cuyas sorpresas tienenEn vela eterna á los Alcaides todosDe tus castillos fronterizos. MiraCómo asesina al centinela y correÁ sorprender la guardia de las puertas:Mira cómo un enjambre de CristianosPor las murallas entra. ¡Ay de tu Alhama!¡Ay de los que no ven que están cercadosDe lobos Nazarenos! Mira, mira.Aquel jinete, que á su frente vieneÁ emboscarse traidor junto al postigo,Es Ponce de León, Marqués de Cádiz,Maldecido de Aláh y azote nuestro.Aquel otro de arnés empavonado,Es el rico Asistente de SevillaDiego de Merlo: aquel que con el hachaEl barreado rastrillo hace pedazosCon fuerzas de Titán, es Juan de Robles,Alcaide de Jerez, que mató un toroDándole en el testuz un puñetazo.Y no creas que es gente allegadiza,Poco diestra en la lid y mal armada;No, Muley, son guerreros avezadosÁ pelear: ilustres por sus hechosY por su sangre generosa: todoCuanto encierra mejor AndalucíaDe Castellanos capitanes. Mira:¿Ves aquel joven cuyo bozo apenasSobre su labio superior apunta?Bien puedes con el alba que esclareceDivisarle, jinete en un morcilloQue piafa de impaciencia: ese es un hijoDe aquel Conde de Cabra cuyo brazoTeme no más Aly-Athár de Loja;Es su hijo Don Martín, prez de la razaDe Fernández de Córdova. Aquel otroQue monta un potro negro y que tremolaUn pendoncillo cárdeno en la lanza,Don Pedro Enríquez es, AdelantadoMayor de Andalucía. Toda enteraLa tienes ya sobre tu reino: todaTiene la voz de alarma y se disponePara vengar á Zahara. ¡Ay de tu Alhama,Que tienen ya por suya! ¡Oh! mira, mira:Aquel que gana el caracol estrechoDel torreón y baja á dar entradaÁ los que aguardan del postigo fuera,Es el Comendador Martín Galindo,Que ha jurado inmolar treinta MuslimesÁ la implacable sombra de un hermanoMuerto á sus pies por el Zegrí de Vélez.Mira cómo ayudado de EstremeraSu escudero, y de Pedro de Valdivia,Alcaide de Archidona, desatrancaLos pesados barrotes de la puertaY sube las cadenas del rastrillo.Ya logró levantarle: ya una hojaFranqueó del postigo: apresuradosMira cómo por él se lanzan todosSedientos de oro y sangre ¡Aláh clemente,Compadece á los Árabes! Escucha.¿No oyes el repentino clamoreoQue ensordece la villa? ¡Desdichada!Su gente anoche se acostó tranquila,Y en brazos de la muerte se despierta.Mira aquel que en la torre de homenajeDe la alta ciudadela ha enarboladoLa bandera cristiana; oye cuál grita,Agitando frenético los brazos,¡Alhama por Castilla!... ya la tienen.Mas no: mira los tuyos cómo acudenÁ la pelea: todavía es suyaLa villa, y el castillo solamenteDe los Cristianos es. ¡Aláh bendito!Mira cómo coronan las murallas,Una nube de flechas arrojandoSobre los siervos de Jesús. ¡Cuál caenEntre los muros de ambos fuertes! Cejan,Se encierran otra vez en el castilloLa tierra con su sangre enrojeciendo.¡Ah, leales Muslimes, degolladosPrimeros que rendidos! Viejos, niños,Mujeres, cuantos ciñen el turbanteAfricano, pelean por su patria.Mira, van á intentar una salida:Ya están acorralados los CristianosEn el castillo, y á su vez ahoraVan á ser los sitiados. No hay tronera,Ni lucerna, ni almena, ni resquicioPor donde asome un ojo castellano,Que cubierto de dardos no se veaEn el instante mismo. Ya los tuyosComienzan á salir: mas ¡Cielo santo!En tumulto, sin orden y sin jefe,Como muchachos de una escuela salen.¡Oh! van á ser pasados á cuchilloSi los Cristianos dan en ellos. ¡ProntoDesdichados! ¡atrás! ¡atrás! Es tarde.Un lienzo de muralla derribandoLos Cristianos se lanzan de repenteSobre su ciega multitud, y en ellosCorno en ganados en redil se ceban.Huyen: la puerta los de dentro quierenCerrar: mas se aproximan unos y otrosEn confuso tropel: todo es en vano:Todos al par se precipitan dentro.Oye cómo á la avara soldadescaAutorizan los jefes al saqueo,Para animar sus bárbaros instintos.¡Ira de Dios! La muerte por las calles,Por las plazas, las casas y mezquitas,Corre hambrienta de víctimas humanasY se harta de cadáveres. En vanoUnos pocos valientes, prefiriendoLa muerte al cautiverio, se resistenComo leones del desierto. En vanoEn tu regiomirabencastillándose,Ante el ara sagrada del ProfetaForman una muralla con sus pechos.Un impío Cristiano, una embreadaTea aplicando á la dorada puerta,Sopla la llama arrodillado, en tantoQue otros con sus escudos le protegenDe los árabes tiros. Ya la llamaPrendió en la puerta cincelada: el humoEn espirales pardas culebreaPor cima de los cascos: ya las chispasSaltan á impulso del seguro soploDe la adarga de cuero con que aventanEl incendio naciente, y ya rechinaLa primorosa ensambladura hendiéndose.Mira cómo abrasada se desplomaLa mezquita y sepulta á los Muslimes:Mira cómo el incendio se propagaPor sus bazares y almacenes: miraLas lagunas de sangre, en cuyo fondoLa voz de todo un pueblo degolladoAl justiciero Aláh contra ti clama:Mira cómo el incendio, porque veasMejor, extiende en derredor su llamaEncendiendo á tu honor mortuorias teas:Mira la cruz sobre el peñón de Alhama!....Desventurado Rey, ¡maldito seas!....»Dijo y calló la voz del nigromante;De la frase final lúgubre el ecoEn pavoroso són zumbó un instanteBajo morisco artesonado hueco.Un momento después la luz brillanteSe extinguió de las lámparas: un pasoLento, más firme gravitó en la alfombra:Sintióse en los tapices un escasoRumor.... y todo fué silencio y sombra.

—«Mira, escucha y comprende lo que pasaEn torno tuyo ¡oh Rey!—¿Ves esas sombrasQue como en alas de los vientos cruzanEsos llanos y montes con que sueñas,De esa obscura ciudad saliendo todas?Los corredores son, que el Rey cristianoEnvía á sus alcaides fronterizos.Esa ciudad de donde parten, cuyoMudo recinto en las tinieblas yaceAl parecer pacífico y tranquilo,Es Medina del Campo. Desde aquellasTorres los Reyes de Castilla miranHacia Granada, el pensamiento fijoEn su desolación y la memoriaEn el fatal horóscopo, que anunciaÁ Abú-Abdil como el postrer monarcaQue reinará en la Alhambra; sus jinetesPor eso envían en secreto, y sóloCaminando de noche, á sus mejoresAdalides. ¿Y sabes el mensajeQue les llevan, Muley? Que pues rompisteLas treguas tú, cayendo sobre Zahara,Den por abierto el campo de la guerraY metan por tus tierras sus pendones,Talando sin piedad y destruyendoMieses, viñedos, torres y ciudades.Vuelve ahora la vista hacia este lado:¿Ves ese cerro sobre el cual blanqueanLas almenadas torres y los murosDe una morisca villa? Son las torresY las murallas de Guadix. ¿Ves esePendón que en ellas vagarosa agitaEl aura de la noche? No es ya el tuyo:Es el de Abú-Abdil. ¿Ves esos hombresQue, envueltos en sus blancos alquicelesY jaiques africanos, uno á unoEntran en la segura fortalezaDo se hospeda tu alcaide? Todos esosSon los parciales de Abdilá, que acudenÁ ofrecerle su brazo y sus tesorosContra su mismo padre: y son los mismosQue tus inicuas leyes desterraronDe Granada; los hijos y los nietosDe aquella ilustre raza degolladaPor el infame padre del que ahoraEs tu primer Wazir, tu consejero,Del tirano tal vez que por ti reina:De Abú'l-Kasín Ben-Egas, hijo dignoDel renegado vil á quien llamaronMoros y Castellanos con desprecioElTornadizo: y todos alimentanSed de venganza contra él, y el odioHierve en su corazón contra la impuraCristiana á quien adoras, y detestanToda la estirpe vil de renegadosQue te cerca, Muley, y al pueblo impulsanHacia la rebelión, que ya fermentaHasta en tu misma corte, y cuyo fuegoPuede atajar tal vez Dios solamente,¡Alahú-akbar! así está escrito. VuelveLa vista hacia ese valle: es el de Dona.¿Ves esa multitud de gente armadaQue por él atraviesa? Son CristianosQue á Alhama van. Á Alhama, donde tienesTus más ricos tesoros: donde acudenCon tus anuales rentas tus alcaides:Donde almacenas los inmensos víveresÁ tus tropas fronteras necesarios.Á Alhama van: la llave de Granada,Como los Granadinos la apellidan:Á Alhama van. Repara cómo trepanPor los peñascos en que está fundada,Como astutos reptiles, los CristianosEscaladores; mira cómo lleganDe los muros al pie sin ser sentidos:Mira cómo aproximan las escalas:Mira cómo en silencio en las almenasAseguran las manos, cómo tiendenLos cautelosos ojos al recintoDel muro y del adarve abandonados:Mira cómo el primero salta dentroY sesenta tras él. Ese malditoEs Ortega del Prado, ese famosoEscalador cuyas sorpresas tienenEn vela eterna á los Alcaides todosDe tus castillos fronterizos. MiraCómo asesina al centinela y correÁ sorprender la guardia de las puertas:Mira cómo un enjambre de CristianosPor las murallas entra. ¡Ay de tu Alhama!¡Ay de los que no ven que están cercadosDe lobos Nazarenos! Mira, mira.Aquel jinete, que á su frente vieneÁ emboscarse traidor junto al postigo,Es Ponce de León, Marqués de Cádiz,Maldecido de Aláh y azote nuestro.Aquel otro de arnés empavonado,Es el rico Asistente de SevillaDiego de Merlo: aquel que con el hachaEl barreado rastrillo hace pedazosCon fuerzas de Titán, es Juan de Robles,Alcaide de Jerez, que mató un toroDándole en el testuz un puñetazo.Y no creas que es gente allegadiza,Poco diestra en la lid y mal armada;No, Muley, son guerreros avezadosÁ pelear: ilustres por sus hechosY por su sangre generosa: todoCuanto encierra mejor AndalucíaDe Castellanos capitanes. Mira:¿Ves aquel joven cuyo bozo apenasSobre su labio superior apunta?Bien puedes con el alba que esclareceDivisarle, jinete en un morcilloQue piafa de impaciencia: ese es un hijoDe aquel Conde de Cabra cuyo brazoTeme no más Aly-Athár de Loja;Es su hijo Don Martín, prez de la razaDe Fernández de Córdova. Aquel otroQue monta un potro negro y que tremolaUn pendoncillo cárdeno en la lanza,Don Pedro Enríquez es, AdelantadoMayor de Andalucía. Toda enteraLa tienes ya sobre tu reino: todaTiene la voz de alarma y se disponePara vengar á Zahara. ¡Ay de tu Alhama,Que tienen ya por suya! ¡Oh! mira, mira:Aquel que gana el caracol estrechoDel torreón y baja á dar entradaÁ los que aguardan del postigo fuera,Es el Comendador Martín Galindo,Que ha jurado inmolar treinta MuslimesÁ la implacable sombra de un hermanoMuerto á sus pies por el Zegrí de Vélez.Mira cómo ayudado de EstremeraSu escudero, y de Pedro de Valdivia,Alcaide de Archidona, desatrancaLos pesados barrotes de la puertaY sube las cadenas del rastrillo.Ya logró levantarle: ya una hojaFranqueó del postigo: apresuradosMira cómo por él se lanzan todosSedientos de oro y sangre ¡Aláh clemente,Compadece á los Árabes! Escucha.¿No oyes el repentino clamoreoQue ensordece la villa? ¡Desdichada!Su gente anoche se acostó tranquila,Y en brazos de la muerte se despierta.Mira aquel que en la torre de homenajeDe la alta ciudadela ha enarboladoLa bandera cristiana; oye cuál grita,Agitando frenético los brazos,¡Alhama por Castilla!... ya la tienen.Mas no: mira los tuyos cómo acudenÁ la pelea: todavía es suyaLa villa, y el castillo solamenteDe los Cristianos es. ¡Aláh bendito!Mira cómo coronan las murallas,Una nube de flechas arrojandoSobre los siervos de Jesús. ¡Cuál caenEntre los muros de ambos fuertes! Cejan,Se encierran otra vez en el castilloLa tierra con su sangre enrojeciendo.¡Ah, leales Muslimes, degolladosPrimeros que rendidos! Viejos, niños,Mujeres, cuantos ciñen el turbanteAfricano, pelean por su patria.Mira, van á intentar una salida:Ya están acorralados los CristianosEn el castillo, y á su vez ahoraVan á ser los sitiados. No hay tronera,Ni lucerna, ni almena, ni resquicioPor donde asome un ojo castellano,Que cubierto de dardos no se veaEn el instante mismo. Ya los tuyosComienzan á salir: mas ¡Cielo santo!En tumulto, sin orden y sin jefe,Como muchachos de una escuela salen.¡Oh! van á ser pasados á cuchilloSi los Cristianos dan en ellos. ¡ProntoDesdichados! ¡atrás! ¡atrás! Es tarde.Un lienzo de muralla derribandoLos Cristianos se lanzan de repenteSobre su ciega multitud, y en ellosCorno en ganados en redil se ceban.Huyen: la puerta los de dentro quierenCerrar: mas se aproximan unos y otrosEn confuso tropel: todo es en vano:Todos al par se precipitan dentro.Oye cómo á la avara soldadescaAutorizan los jefes al saqueo,Para animar sus bárbaros instintos.¡Ira de Dios! La muerte por las calles,Por las plazas, las casas y mezquitas,Corre hambrienta de víctimas humanasY se harta de cadáveres. En vanoUnos pocos valientes, prefiriendoLa muerte al cautiverio, se resistenComo leones del desierto. En vanoEn tu regiomirabencastillándose,Ante el ara sagrada del ProfetaForman una muralla con sus pechos.Un impío Cristiano, una embreadaTea aplicando á la dorada puerta,Sopla la llama arrodillado, en tantoQue otros con sus escudos le protegenDe los árabes tiros. Ya la llamaPrendió en la puerta cincelada: el humoEn espirales pardas culebreaPor cima de los cascos: ya las chispasSaltan á impulso del seguro soploDe la adarga de cuero con que aventanEl incendio naciente, y ya rechinaLa primorosa ensambladura hendiéndose.Mira cómo abrasada se desplomaLa mezquita y sepulta á los Muslimes:Mira cómo el incendio se propagaPor sus bazares y almacenes: miraLas lagunas de sangre, en cuyo fondoLa voz de todo un pueblo degolladoAl justiciero Aláh contra ti clama:Mira cómo el incendio, porque veasMejor, extiende en derredor su llamaEncendiendo á tu honor mortuorias teas:Mira la cruz sobre el peñón de Alhama!....Desventurado Rey, ¡maldito seas!....»

—«Mira, escucha y comprende lo que pasa

En torno tuyo ¡oh Rey!—¿Ves esas sombras

Que como en alas de los vientos cruzan

Esos llanos y montes con que sueñas,

De esa obscura ciudad saliendo todas?

Los corredores son, que el Rey cristiano

Envía á sus alcaides fronterizos.

Esa ciudad de donde parten, cuyo

Mudo recinto en las tinieblas yace

Al parecer pacífico y tranquilo,

Es Medina del Campo. Desde aquellas

Torres los Reyes de Castilla miran

Hacia Granada, el pensamiento fijo

En su desolación y la memoria

En el fatal horóscopo, que anuncia

Á Abú-Abdil como el postrer monarca

Que reinará en la Alhambra; sus jinetes

Por eso envían en secreto, y sólo

Caminando de noche, á sus mejores

Adalides. ¿Y sabes el mensaje

Que les llevan, Muley? Que pues rompiste

Las treguas tú, cayendo sobre Zahara,

Den por abierto el campo de la guerra

Y metan por tus tierras sus pendones,

Talando sin piedad y destruyendo

Mieses, viñedos, torres y ciudades.

Vuelve ahora la vista hacia este lado:

¿Ves ese cerro sobre el cual blanquean

Las almenadas torres y los muros

De una morisca villa? Son las torres

Y las murallas de Guadix. ¿Ves ese

Pendón que en ellas vagarosa agita

El aura de la noche? No es ya el tuyo:

Es el de Abú-Abdil. ¿Ves esos hombres

Que, envueltos en sus blancos alquiceles

Y jaiques africanos, uno á uno

Entran en la segura fortaleza

Do se hospeda tu alcaide? Todos esos

Son los parciales de Abdilá, que acuden

Á ofrecerle su brazo y sus tesoros

Contra su mismo padre: y son los mismos

Que tus inicuas leyes desterraron

De Granada; los hijos y los nietos

De aquella ilustre raza degollada

Por el infame padre del que ahora

Es tu primer Wazir, tu consejero,

Del tirano tal vez que por ti reina:

De Abú'l-Kasín Ben-Egas, hijo digno

Del renegado vil á quien llamaron

Moros y Castellanos con desprecio

ElTornadizo: y todos alimentan

Sed de venganza contra él, y el odio

Hierve en su corazón contra la impura

Cristiana á quien adoras, y detestan

Toda la estirpe vil de renegados

Que te cerca, Muley, y al pueblo impulsan

Hacia la rebelión, que ya fermenta

Hasta en tu misma corte, y cuyo fuego

Puede atajar tal vez Dios solamente,

¡Alahú-akbar! así está escrito. Vuelve

La vista hacia ese valle: es el de Dona.

¿Ves esa multitud de gente armada

Que por él atraviesa? Son Cristianos

Que á Alhama van. Á Alhama, donde tienes

Tus más ricos tesoros: donde acuden

Con tus anuales rentas tus alcaides:

Donde almacenas los inmensos víveres

Á tus tropas fronteras necesarios.

Á Alhama van: la llave de Granada,

Como los Granadinos la apellidan:

Á Alhama van. Repara cómo trepan

Por los peñascos en que está fundada,

Como astutos reptiles, los Cristianos

Escaladores; mira cómo llegan

De los muros al pie sin ser sentidos:

Mira cómo aproximan las escalas:

Mira cómo en silencio en las almenas

Aseguran las manos, cómo tienden

Los cautelosos ojos al recinto

Del muro y del adarve abandonados:

Mira cómo el primero salta dentro

Y sesenta tras él. Ese maldito

Es Ortega del Prado, ese famoso

Escalador cuyas sorpresas tienen

En vela eterna á los Alcaides todos

De tus castillos fronterizos. Mira

Cómo asesina al centinela y corre

Á sorprender la guardia de las puertas:

Mira cómo un enjambre de Cristianos

Por las murallas entra. ¡Ay de tu Alhama!

¡Ay de los que no ven que están cercados

De lobos Nazarenos! Mira, mira.

Aquel jinete, que á su frente viene

Á emboscarse traidor junto al postigo,

Es Ponce de León, Marqués de Cádiz,

Maldecido de Aláh y azote nuestro.

Aquel otro de arnés empavonado,

Es el rico Asistente de Sevilla

Diego de Merlo: aquel que con el hacha

El barreado rastrillo hace pedazos

Con fuerzas de Titán, es Juan de Robles,

Alcaide de Jerez, que mató un toro

Dándole en el testuz un puñetazo.

Y no creas que es gente allegadiza,

Poco diestra en la lid y mal armada;

No, Muley, son guerreros avezados

Á pelear: ilustres por sus hechos

Y por su sangre generosa: todo

Cuanto encierra mejor Andalucía

De Castellanos capitanes. Mira:

¿Ves aquel joven cuyo bozo apenas

Sobre su labio superior apunta?

Bien puedes con el alba que esclarece

Divisarle, jinete en un morcillo

Que piafa de impaciencia: ese es un hijo

De aquel Conde de Cabra cuyo brazo

Teme no más Aly-Athár de Loja;

Es su hijo Don Martín, prez de la raza

De Fernández de Córdova. Aquel otro

Que monta un potro negro y que tremola

Un pendoncillo cárdeno en la lanza,

Don Pedro Enríquez es, Adelantado

Mayor de Andalucía. Toda entera

La tienes ya sobre tu reino: toda

Tiene la voz de alarma y se dispone

Para vengar á Zahara. ¡Ay de tu Alhama,

Que tienen ya por suya! ¡Oh! mira, mira:

Aquel que gana el caracol estrecho

Del torreón y baja á dar entrada

Á los que aguardan del postigo fuera,

Es el Comendador Martín Galindo,

Que ha jurado inmolar treinta Muslimes

Á la implacable sombra de un hermano

Muerto á sus pies por el Zegrí de Vélez.

Mira cómo ayudado de Estremera

Su escudero, y de Pedro de Valdivia,

Alcaide de Archidona, desatranca

Los pesados barrotes de la puerta

Y sube las cadenas del rastrillo.

Ya logró levantarle: ya una hoja

Franqueó del postigo: apresurados

Mira cómo por él se lanzan todos

Sedientos de oro y sangre ¡Aláh clemente,

Compadece á los Árabes! Escucha.

¿No oyes el repentino clamoreo

Que ensordece la villa? ¡Desdichada!

Su gente anoche se acostó tranquila,

Y en brazos de la muerte se despierta.

Mira aquel que en la torre de homenaje

De la alta ciudadela ha enarbolado

La bandera cristiana; oye cuál grita,

Agitando frenético los brazos,

¡Alhama por Castilla!... ya la tienen.

Mas no: mira los tuyos cómo acuden

Á la pelea: todavía es suya

La villa, y el castillo solamente

De los Cristianos es. ¡Aláh bendito!

Mira cómo coronan las murallas,

Una nube de flechas arrojando

Sobre los siervos de Jesús. ¡Cuál caen

Entre los muros de ambos fuertes! Cejan,

Se encierran otra vez en el castillo

La tierra con su sangre enrojeciendo.

¡Ah, leales Muslimes, degollados

Primeros que rendidos! Viejos, niños,

Mujeres, cuantos ciñen el turbante

Africano, pelean por su patria.

Mira, van á intentar una salida:

Ya están acorralados los Cristianos

En el castillo, y á su vez ahora

Van á ser los sitiados. No hay tronera,

Ni lucerna, ni almena, ni resquicio

Por donde asome un ojo castellano,

Que cubierto de dardos no se vea

En el instante mismo. Ya los tuyos

Comienzan á salir: mas ¡Cielo santo!

En tumulto, sin orden y sin jefe,

Como muchachos de una escuela salen.

¡Oh! van á ser pasados á cuchillo

Si los Cristianos dan en ellos. ¡Pronto

Desdichados! ¡atrás! ¡atrás! Es tarde.

Un lienzo de muralla derribando

Los Cristianos se lanzan de repente

Sobre su ciega multitud, y en ellos

Corno en ganados en redil se ceban.

Huyen: la puerta los de dentro quieren

Cerrar: mas se aproximan unos y otros

En confuso tropel: todo es en vano:

Todos al par se precipitan dentro.

Oye cómo á la avara soldadesca

Autorizan los jefes al saqueo,

Para animar sus bárbaros instintos.

¡Ira de Dios! La muerte por las calles,

Por las plazas, las casas y mezquitas,

Corre hambrienta de víctimas humanas

Y se harta de cadáveres. En vano

Unos pocos valientes, prefiriendo

La muerte al cautiverio, se resisten

Como leones del desierto. En vano

En tu regiomirabencastillándose,

Ante el ara sagrada del Profeta

Forman una muralla con sus pechos.

Un impío Cristiano, una embreada

Tea aplicando á la dorada puerta,

Sopla la llama arrodillado, en tanto

Que otros con sus escudos le protegen

De los árabes tiros. Ya la llama

Prendió en la puerta cincelada: el humo

En espirales pardas culebrea

Por cima de los cascos: ya las chispas

Saltan á impulso del seguro soplo

De la adarga de cuero con que aventan

El incendio naciente, y ya rechina

La primorosa ensambladura hendiéndose.

Mira cómo abrasada se desploma

La mezquita y sepulta á los Muslimes:

Mira cómo el incendio se propaga

Por sus bazares y almacenes: mira

Las lagunas de sangre, en cuyo fondo

La voz de todo un pueblo degollado

Al justiciero Aláh contra ti clama:

Mira cómo el incendio, porque veas

Mejor, extiende en derredor su llama

Encendiendo á tu honor mortuorias teas:

Mira la cruz sobre el peñón de Alhama!....

Desventurado Rey, ¡maldito seas!....»

Dijo y calló la voz del nigromante;De la frase final lúgubre el ecoEn pavoroso són zumbó un instanteBajo morisco artesonado hueco.Un momento después la luz brillanteSe extinguió de las lámparas: un pasoLento, más firme gravitó en la alfombra:Sintióse en los tapices un escasoRumor.... y todo fué silencio y sombra.

Dijo y calló la voz del nigromante;

De la frase final lúgubre el eco

En pavoroso són zumbó un instante

Bajo morisco artesonado hueco.

Un momento después la luz brillante

Se extinguió de las lámparas: un paso

Lento, más firme gravitó en la alfombra:

Sintióse en los tapices un escaso

Rumor.... y todo fué silencio y sombra.


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