VIII
Es alta noche ya: muda y desiertaYace en tinieblas la oriental Alhambra;Ni una luz en sus altos ajimeces,Ni un paso, ni una voz en sus murallas.Granada está á sus pies, como ella obscura,Muda como ella, triste y solitaria:Ni una voz en el fondo de sus calles,Ni una luz en sus lóbregas ventanas.El peso del dolor y de la afrentaY el ambiente letal de la desgraciaLa tienen, más que en sueño sumergida,En profundo sopor aletargada.El duelo universal que la circundaLos lamentos inútiles apaga,Y se oyen los gemidos solamenteEn la profunda soledad del alma.Todo es silencio la morisca Corte:Mas ¿quién no vierte en el silencio lágrimas?Allí llora la madre por el hijo,Por el hermano allí gime la hermana:La esposa llora su perdido esposo,Su cautivo galán llora la dama,El amigo la suerte del amigo...¡Noche horrenda y fatal para Granada!Todos conocen la sangrienta historia,Y á su vez la magnánima SultanaAixa, después de lamentarla, quisoCon pormenores amplios escucharla.La Madre de Abú-Abdil es una altivaMatrona, digna de la edad romana,Que en el momento de sentir las penasReflexiona que debe dominarlas.Entregada á un dolor íntimo y mudo,Todo el día pasó sola en su estancia;Pero se dijo al fin: «Si está cautivo,Pensar debemos en que libre salga.»Y avisado Kaleb por un esclavo,Subió de noche al silencioso alcázar,Donde de oir la desastrosa historiaLe esperaba impaciente la Sultana.«Habla, Kaleb, le dijo cuando á solasSe hallaron: cuenta la fatal jornada:Todo quiero saberlo en esta noche,Y Aláh, Kaleb, me alumbrará mañana.»Y he aquí que en el silencio de la noche,Relatando Kaleb y oyendo Aixa,En un salón del patio de LeonesEn este punto de la historia estaban.
Es alta noche ya: muda y desiertaYace en tinieblas la oriental Alhambra;Ni una luz en sus altos ajimeces,Ni un paso, ni una voz en sus murallas.Granada está á sus pies, como ella obscura,Muda como ella, triste y solitaria:Ni una voz en el fondo de sus calles,Ni una luz en sus lóbregas ventanas.El peso del dolor y de la afrentaY el ambiente letal de la desgraciaLa tienen, más que en sueño sumergida,En profundo sopor aletargada.El duelo universal que la circundaLos lamentos inútiles apaga,Y se oyen los gemidos solamenteEn la profunda soledad del alma.Todo es silencio la morisca Corte:Mas ¿quién no vierte en el silencio lágrimas?Allí llora la madre por el hijo,Por el hermano allí gime la hermana:La esposa llora su perdido esposo,Su cautivo galán llora la dama,El amigo la suerte del amigo...¡Noche horrenda y fatal para Granada!Todos conocen la sangrienta historia,Y á su vez la magnánima SultanaAixa, después de lamentarla, quisoCon pormenores amplios escucharla.La Madre de Abú-Abdil es una altivaMatrona, digna de la edad romana,Que en el momento de sentir las penasReflexiona que debe dominarlas.Entregada á un dolor íntimo y mudo,Todo el día pasó sola en su estancia;Pero se dijo al fin: «Si está cautivo,Pensar debemos en que libre salga.»Y avisado Kaleb por un esclavo,Subió de noche al silencioso alcázar,Donde de oir la desastrosa historiaLe esperaba impaciente la Sultana.«Habla, Kaleb, le dijo cuando á solasSe hallaron: cuenta la fatal jornada:Todo quiero saberlo en esta noche,Y Aláh, Kaleb, me alumbrará mañana.»Y he aquí que en el silencio de la noche,Relatando Kaleb y oyendo Aixa,En un salón del patio de LeonesEn este punto de la historia estaban.
Es alta noche ya: muda y desiertaYace en tinieblas la oriental Alhambra;Ni una luz en sus altos ajimeces,Ni un paso, ni una voz en sus murallas.Granada está á sus pies, como ella obscura,Muda como ella, triste y solitaria:Ni una voz en el fondo de sus calles,Ni una luz en sus lóbregas ventanas.El peso del dolor y de la afrentaY el ambiente letal de la desgraciaLa tienen, más que en sueño sumergida,En profundo sopor aletargada.El duelo universal que la circundaLos lamentos inútiles apaga,Y se oyen los gemidos solamenteEn la profunda soledad del alma.Todo es silencio la morisca Corte:Mas ¿quién no vierte en el silencio lágrimas?Allí llora la madre por el hijo,Por el hermano allí gime la hermana:La esposa llora su perdido esposo,Su cautivo galán llora la dama,El amigo la suerte del amigo...¡Noche horrenda y fatal para Granada!Todos conocen la sangrienta historia,Y á su vez la magnánima SultanaAixa, después de lamentarla, quisoCon pormenores amplios escucharla.La Madre de Abú-Abdil es una altivaMatrona, digna de la edad romana,Que en el momento de sentir las penasReflexiona que debe dominarlas.Entregada á un dolor íntimo y mudo,Todo el día pasó sola en su estancia;Pero se dijo al fin: «Si está cautivo,Pensar debemos en que libre salga.»Y avisado Kaleb por un esclavo,Subió de noche al silencioso alcázar,Donde de oir la desastrosa historiaLe esperaba impaciente la Sultana.«Habla, Kaleb, le dijo cuando á solasSe hallaron: cuenta la fatal jornada:Todo quiero saberlo en esta noche,Y Aláh, Kaleb, me alumbrará mañana.»Y he aquí que en el silencio de la noche,Relatando Kaleb y oyendo Aixa,En un salón del patio de LeonesEn este punto de la historia estaban.
Es alta noche ya: muda y desierta
Yace en tinieblas la oriental Alhambra;
Ni una luz en sus altos ajimeces,
Ni un paso, ni una voz en sus murallas.
Granada está á sus pies, como ella obscura,
Muda como ella, triste y solitaria:
Ni una voz en el fondo de sus calles,
Ni una luz en sus lóbregas ventanas.
El peso del dolor y de la afrenta
Y el ambiente letal de la desgracia
La tienen, más que en sueño sumergida,
En profundo sopor aletargada.
El duelo universal que la circunda
Los lamentos inútiles apaga,
Y se oyen los gemidos solamente
En la profunda soledad del alma.
Todo es silencio la morisca Corte:
Mas ¿quién no vierte en el silencio lágrimas?
Allí llora la madre por el hijo,
Por el hermano allí gime la hermana:
La esposa llora su perdido esposo,
Su cautivo galán llora la dama,
El amigo la suerte del amigo...
¡Noche horrenda y fatal para Granada!
Todos conocen la sangrienta historia,
Y á su vez la magnánima Sultana
Aixa, después de lamentarla, quiso
Con pormenores amplios escucharla.
La Madre de Abú-Abdil es una altiva
Matrona, digna de la edad romana,
Que en el momento de sentir las penas
Reflexiona que debe dominarlas.
Entregada á un dolor íntimo y mudo,
Todo el día pasó sola en su estancia;
Pero se dijo al fin: «Si está cautivo,
Pensar debemos en que libre salga.»
Y avisado Kaleb por un esclavo,
Subió de noche al silencioso alcázar,
Donde de oir la desastrosa historia
Le esperaba impaciente la Sultana.
«Habla, Kaleb, le dijo cuando á solas
Se hallaron: cuenta la fatal jornada:
Todo quiero saberlo en esta noche,
Y Aláh, Kaleb, me alumbrará mañana.»
Y he aquí que en el silencio de la noche,
Relatando Kaleb y oyendo Aixa,
En un salón del patio de Leones
En este punto de la historia estaban.