Chapter 34

X

Más pálida que el mármol de la fuenteDonde apoya su brazo nacarino,Más triste que la voz con que dolienteGime en la costa el pájaro marinoCuando cercano el temporal presiente,En la ancha pila del jardín vecinoContemplaba Moraima silenciosaLa triste imagen de su faz llorosa.Suelto el cabello, que á merced del vientoPor los desnudos hombros ondulaba,En el agua, al reflejo amarillentoDe una lámpara de oro, se miraba.Su cuerpo sin acción, sin movimientoSus enclavados ojos, semejabaSu blanca y melancólica figuraAñadida á la fuente una escultura.Á la luz que su lámpara destella,Su rostro con asombro contemplaronAixa y Kaleb, y con callada huellaÁ la infeliz Moraima se acercaronSolícitos: mas ¡ay! inmóvil ella,Ni les vió ni sintió cuando llegaron:«Duerme, dijo Aixa que tenaz la mira:—No duerme, dijo el Árabe: delira.»Delirando, Moraima el ojo atentoDe la taza de mármol no quitaba,La imagen de su rostro macilentoContemplando que el agua reflejaba;Y al fin, con un suspiro y con acentoCuya tristeza el alma traspasaba,Con el mirar en ella siempre fijo,Así á su imagen transparente dijo:«¿Quién eres tú que pálida me miras»Debajo de la trémula corriente?»¿Quién eres tú que como yo suspiras»Con triste faz y en ademán doliente?»¿Eres algún espíritu que giras»Por los senos del agua transparente,»En pos del bien á quien perdido lloras,»Y en el lugar en que se oculta ignoras?»¡Ay! no le busques, sombra enamorada:»No te fatigues más, alma perdida.»Vete, sombra: ya amor no hay en Granada:»Alma, vete: en Granada ya no hay vida.»Mira: yo estoy también abandonada»Como tú, y en el alma estoy herida:»¡Ay! yo busco también á los que adoro»Y el sitio en donde están como tú ignoro.»Mas ¿por ventura buscas á tu esposo?»¿Á tu padre tal vez? Los dos se han ido.»El Cielo estaba obscuro y tempestuoso,»Rugía el huracán cuando han partido.»Iban á pelear: era forzoso:»La tempestad allá les ha cogido...»¿Padres y esposos buscas? ¡insensata!»Míralos... el Genil les arrebata.»Vete, pues: aún no han vuelto de Lucena.»Mas ¿por qué así me miras, sombra vana?»No me mires así: me causas pena.»¿Quién eres?... mas ¿te ríes? ¡Ah villana!»¡Tú eres alguna esclava nazarena!»Sí, sí: ¡Tú eres la pérfida cristiana!»Que me le hechiza el corazón ahora»¡Con su infernal amor!... toma, traidora.»Dijo y tiró la lámpara á la fuente:Con hueco són al sumergirse en ella,El agua helada salpicó su frente.Quedó en tinieblas el jardín: la bellaY enamorada aparición dolienteSe disipó, sintiéndose su huellaPrimero del jardín entre las flores,Y luego en los sombríos corredores.

Más pálida que el mármol de la fuenteDonde apoya su brazo nacarino,Más triste que la voz con que dolienteGime en la costa el pájaro marinoCuando cercano el temporal presiente,En la ancha pila del jardín vecinoContemplaba Moraima silenciosaLa triste imagen de su faz llorosa.Suelto el cabello, que á merced del vientoPor los desnudos hombros ondulaba,En el agua, al reflejo amarillentoDe una lámpara de oro, se miraba.Su cuerpo sin acción, sin movimientoSus enclavados ojos, semejabaSu blanca y melancólica figuraAñadida á la fuente una escultura.Á la luz que su lámpara destella,Su rostro con asombro contemplaronAixa y Kaleb, y con callada huellaÁ la infeliz Moraima se acercaronSolícitos: mas ¡ay! inmóvil ella,Ni les vió ni sintió cuando llegaron:«Duerme, dijo Aixa que tenaz la mira:—No duerme, dijo el Árabe: delira.»Delirando, Moraima el ojo atentoDe la taza de mármol no quitaba,La imagen de su rostro macilentoContemplando que el agua reflejaba;Y al fin, con un suspiro y con acentoCuya tristeza el alma traspasaba,Con el mirar en ella siempre fijo,Así á su imagen transparente dijo:«¿Quién eres tú que pálida me miras»Debajo de la trémula corriente?»¿Quién eres tú que como yo suspiras»Con triste faz y en ademán doliente?»¿Eres algún espíritu que giras»Por los senos del agua transparente,»En pos del bien á quien perdido lloras,»Y en el lugar en que se oculta ignoras?»¡Ay! no le busques, sombra enamorada:»No te fatigues más, alma perdida.»Vete, sombra: ya amor no hay en Granada:»Alma, vete: en Granada ya no hay vida.»Mira: yo estoy también abandonada»Como tú, y en el alma estoy herida:»¡Ay! yo busco también á los que adoro»Y el sitio en donde están como tú ignoro.»Mas ¿por ventura buscas á tu esposo?»¿Á tu padre tal vez? Los dos se han ido.»El Cielo estaba obscuro y tempestuoso,»Rugía el huracán cuando han partido.»Iban á pelear: era forzoso:»La tempestad allá les ha cogido...»¿Padres y esposos buscas? ¡insensata!»Míralos... el Genil les arrebata.»Vete, pues: aún no han vuelto de Lucena.»Mas ¿por qué así me miras, sombra vana?»No me mires así: me causas pena.»¿Quién eres?... mas ¿te ríes? ¡Ah villana!»¡Tú eres alguna esclava nazarena!»Sí, sí: ¡Tú eres la pérfida cristiana!»Que me le hechiza el corazón ahora»¡Con su infernal amor!... toma, traidora.»Dijo y tiró la lámpara á la fuente:Con hueco són al sumergirse en ella,El agua helada salpicó su frente.Quedó en tinieblas el jardín: la bellaY enamorada aparición dolienteSe disipó, sintiéndose su huellaPrimero del jardín entre las flores,Y luego en los sombríos corredores.

Más pálida que el mármol de la fuenteDonde apoya su brazo nacarino,Más triste que la voz con que dolienteGime en la costa el pájaro marinoCuando cercano el temporal presiente,En la ancha pila del jardín vecinoContemplaba Moraima silenciosaLa triste imagen de su faz llorosa.

Más pálida que el mármol de la fuente

Donde apoya su brazo nacarino,

Más triste que la voz con que doliente

Gime en la costa el pájaro marino

Cuando cercano el temporal presiente,

En la ancha pila del jardín vecino

Contemplaba Moraima silenciosa

La triste imagen de su faz llorosa.

Suelto el cabello, que á merced del vientoPor los desnudos hombros ondulaba,En el agua, al reflejo amarillentoDe una lámpara de oro, se miraba.Su cuerpo sin acción, sin movimientoSus enclavados ojos, semejabaSu blanca y melancólica figuraAñadida á la fuente una escultura.

Suelto el cabello, que á merced del viento

Por los desnudos hombros ondulaba,

En el agua, al reflejo amarillento

De una lámpara de oro, se miraba.

Su cuerpo sin acción, sin movimiento

Sus enclavados ojos, semejaba

Su blanca y melancólica figura

Añadida á la fuente una escultura.

Á la luz que su lámpara destella,Su rostro con asombro contemplaronAixa y Kaleb, y con callada huellaÁ la infeliz Moraima se acercaronSolícitos: mas ¡ay! inmóvil ella,Ni les vió ni sintió cuando llegaron:«Duerme, dijo Aixa que tenaz la mira:—No duerme, dijo el Árabe: delira.»

Á la luz que su lámpara destella,

Su rostro con asombro contemplaron

Aixa y Kaleb, y con callada huella

Á la infeliz Moraima se acercaron

Solícitos: mas ¡ay! inmóvil ella,

Ni les vió ni sintió cuando llegaron:

«Duerme, dijo Aixa que tenaz la mira:

—No duerme, dijo el Árabe: delira.»

Delirando, Moraima el ojo atentoDe la taza de mármol no quitaba,La imagen de su rostro macilentoContemplando que el agua reflejaba;Y al fin, con un suspiro y con acentoCuya tristeza el alma traspasaba,Con el mirar en ella siempre fijo,Así á su imagen transparente dijo:

Delirando, Moraima el ojo atento

De la taza de mármol no quitaba,

La imagen de su rostro macilento

Contemplando que el agua reflejaba;

Y al fin, con un suspiro y con acento

Cuya tristeza el alma traspasaba,

Con el mirar en ella siempre fijo,

Así á su imagen transparente dijo:

«¿Quién eres tú que pálida me miras»Debajo de la trémula corriente?»¿Quién eres tú que como yo suspiras»Con triste faz y en ademán doliente?»¿Eres algún espíritu que giras»Por los senos del agua transparente,»En pos del bien á quien perdido lloras,»Y en el lugar en que se oculta ignoras?

«¿Quién eres tú que pálida me miras

»Debajo de la trémula corriente?

»¿Quién eres tú que como yo suspiras

»Con triste faz y en ademán doliente?

»¿Eres algún espíritu que giras

»Por los senos del agua transparente,

»En pos del bien á quien perdido lloras,

»Y en el lugar en que se oculta ignoras?

»¡Ay! no le busques, sombra enamorada:»No te fatigues más, alma perdida.»Vete, sombra: ya amor no hay en Granada:»Alma, vete: en Granada ya no hay vida.»Mira: yo estoy también abandonada»Como tú, y en el alma estoy herida:»¡Ay! yo busco también á los que adoro»Y el sitio en donde están como tú ignoro.

»¡Ay! no le busques, sombra enamorada:

»No te fatigues más, alma perdida.

»Vete, sombra: ya amor no hay en Granada:

»Alma, vete: en Granada ya no hay vida.

»Mira: yo estoy también abandonada

»Como tú, y en el alma estoy herida:

»¡Ay! yo busco también á los que adoro

»Y el sitio en donde están como tú ignoro.

»Mas ¿por ventura buscas á tu esposo?»¿Á tu padre tal vez? Los dos se han ido.»El Cielo estaba obscuro y tempestuoso,»Rugía el huracán cuando han partido.»Iban á pelear: era forzoso:»La tempestad allá les ha cogido...»¿Padres y esposos buscas? ¡insensata!»Míralos... el Genil les arrebata.

»Mas ¿por ventura buscas á tu esposo?

»¿Á tu padre tal vez? Los dos se han ido.

»El Cielo estaba obscuro y tempestuoso,

»Rugía el huracán cuando han partido.

»Iban á pelear: era forzoso:

»La tempestad allá les ha cogido...

»¿Padres y esposos buscas? ¡insensata!

»Míralos... el Genil les arrebata.

»Vete, pues: aún no han vuelto de Lucena.»Mas ¿por qué así me miras, sombra vana?»No me mires así: me causas pena.»¿Quién eres?... mas ¿te ríes? ¡Ah villana!»¡Tú eres alguna esclava nazarena!»Sí, sí: ¡Tú eres la pérfida cristiana!»Que me le hechiza el corazón ahora»¡Con su infernal amor!... toma, traidora.»

»Vete, pues: aún no han vuelto de Lucena.

»Mas ¿por qué así me miras, sombra vana?

»No me mires así: me causas pena.

»¿Quién eres?... mas ¿te ríes? ¡Ah villana!

»¡Tú eres alguna esclava nazarena!

»Sí, sí: ¡Tú eres la pérfida cristiana!

»Que me le hechiza el corazón ahora

»¡Con su infernal amor!... toma, traidora.»

Dijo y tiró la lámpara á la fuente:Con hueco són al sumergirse en ella,El agua helada salpicó su frente.Quedó en tinieblas el jardín: la bellaY enamorada aparición dolienteSe disipó, sintiéndose su huellaPrimero del jardín entre las flores,Y luego en los sombríos corredores.

Dijo y tiró la lámpara á la fuente:

Con hueco són al sumergirse en ella,

El agua helada salpicó su frente.

Quedó en tinieblas el jardín: la bella

Y enamorada aparición doliente

Se disipó, sintiéndose su huella

Primero del jardín entre las flores,

Y luego en los sombríos corredores.


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