II
Era en verdad así: que en tal momento,De la fortuna y la existencia moraEn la esfera inmortal del firmamentoÍbase á señalar la última hora:Y el arcángel que rige el movimientoDe la aguja fatal, niveladoraDe los tiempos, el fin del reino moroIba á marcar en su cuadrante de oro.No en vano entre los cielos y GranadaUn velo de nublados se extendía:Con la luz á sus ámbitos negadaOtra región feliz resplandecía.Su cresta secular Sierra NevadaCon una aureola de fulgor ceñía,Y el misterio que Dios obra en la SierraPermitido sondar no es á la tierra.En el seno glacial de aquellas cumbresCuya paz no turbó la voz mundana,Lloraba celestiales pesadumbresSer de divina estirpe soberana.Lanzado de las cólicas techumbresSiglos hacía á la región humana,Para su habitación labró en la nieveDe su helado cristal palacio leve.Lejos de su alma patria luminosaFué condenado, expiación de un yerro,Su forma pura, celestial y hermosaÁ sepultar en terrenal encierro,Dando cima á tarea misteriosaPor Dios impuesta en su mortal destierro;Mas ya á su fin la expiación tocabaY su tarea al concluir estaba.Treinta afanosas décadas habíaEn preparar el ángel empleadoSu difícil labor, y ya veíaSu éxito misterioso asegurado:Y, para darla fin, en este díaIba por Jehováh purificadoÁ recobrar su blanca sobreveste,Su sér divino y su poder celeste.Tal es, en suma, el celestial portentoQue va el Señor á obrar sobre la Sierra,Y cuya vista vela en tal momentoEl nublado á los ojos de la tierra.La tempestad que entolda el firmamentoEs un crespón que sus espacios cierra:Y tras aquellas fulgurantes nubesCantan un himno santo los Querubes.Sobre sus alas con rumor sonoroLas cohortes angélicas descienden,Y al dulce són de su celeste coroTroncos y rocas de placer se hienden.Los serafines en mecheros de oroDe la divina fe la luz encienden,Sobre el alcázar místico de hieloRasgado el seno cóncavo del cielo.Del zenit en el punto culminante,En medio de una luz deslumbradora,Del sumo Dios apareció el semblanteY tronó la palabra creadora.Al eco inmenso de su voz giganteLa celestial cohorte voladora,Con las alas cubriéndose los ojos,Para escuchar se prosternó de hinojos.«¡Azäel!»—dijo Dios, al sér divinoDesterrado en la tierra interpelando,Y al umbral de su alcázar cristalinoEl ángel bello pareció temblando;Y el eco gigantesco y montesinoDe las cóncavas peñas, despertandoAl acento de Dios, volvió medrosoEl nombre del espíritu glorioso.«¡Azäel!—repitió el Omnipotente;—»Torna á tu antiguo sér y poderío,»Cobra tu vestidura refulgente»Y obra sobre la tierra en nombre mío.»Toda á tu voluntad está obediente:»Sus destinos gobierne tu albedrío:»Completa mis designios soberanos:»Yo bendigo la obra de tus manos.»Dijo el Señor. El ángel desterrado,Recobrando su gracia primitiva,Levantóse á su voz transfigurado,Revestido de gloria y de luz viva.Orna su cuerpo ceñidor alado,Ciñe su sien inmarcesible oliva,Y de la fe la luminosa teaEn su diestra purísima flamea.Un séquito de espíritus potente,Que deja sometidos á sus santasOrdenes el Altísimo, obedienteY á su voz pronto se ordenó á sus plantas;Ante el Señor el ángel reverenteSe prosternó tres veces, y otras tantasEl eco del hosanna y los salteriosConmovió con su són los hemisferios.Tornó Dios á sumirse en su santuario:Tornaron los arcángeles el vueloÁ tender, el vacío solitarioTransponiendo y los límites del cielo:Y de la eternidad en el horarioBrillando el fatal número, hacia el sueloMoro, dijo, la mano nacaradaExtendiendo Azäel: «¡Ay de Granada!»¡Ay! repitió en el cóncavo y profundoSeno del monte aterrador el eco;¡Ay! repitió siniestro el vagabundoViento que rueda en el vacío hueco;¡Ay! repitió el nublado, en tremebundoTrueno rompiendo desgarrado y seco;¡Ay! repitió la voz desesperadaQue gemía fatídica en Granada.Á este medroso universal lamento,De la voz del Señor eco en la tierra,Desgarró con estrépito violentoSus entrañas marmóreas la sierra,Y abrióse el misterioso monumentoQue su cimiento colosal encierra;Fábrica de materia indestructible,Á los humanos ojos invisible.Es el alcázar de Azäel: divinoPalacio transparente y encantado,De nácar y de hielo cristalinoEntre nieves eternas fabricado.En él oculta el ángel peregrinoUn sér, aunque mortal, predestinadoÁ que con él su porvenir dividaEn la terrena y la celeste vida.En este alcázar níveo, modeloDe la oriental Alhambra granadina,Bajo la eterna bóveda de hieloQue corona la cumbre al sol vecina,Envuelta yace en encantado veloLa regia sombra de Alhamar divina,Á quien letargo místico y profundoEncadena á este límite del mundo.No tienen á este sér bajo su imperioLa vida ni la muerte: su existenciaFantástica protege hondo misterioQue sondea no más la omnipotencia.Su sér no pertenece á este hemisferio,Y, ni celeste ni mortal, su esenciaTiene el poder del ángel defendidaDel poder de la muerte y de la vida.Misterio incomprensible para el hombre,Á toda humana explicación resisteY á la ciencia mortal fuerza es que asombre;Obra sabia de Dios, por Dios existe:No tiene historia, explicación, ni nombre,Ni mi pluma en buscárselos insiste:La inspiración divina del poetaNo está á mortal explicación sujeta.Yace bajo el poder de tal encantoDe Alhamar la fantástica existencia,De aquel alcázar luminoso y santoDebajo de la nítida apariencia.Todavía le cubre el regio manto,Humean todavía en su presenciaPebetes de ámbar, y su real personaCircunda el esplendor de la corona.En medio de un salón prolijamenteDecorado con cúficas labores,Á estilo de los reyes del Oriente,Sobre un tapiz de espléndidos coloresY en trono de marfil, radia su frenteBajo un dosel de plumas y de flores:Y, símbolo del mando soberano,El cetro abarca aún su augusta mano.Su vista, empero, inmóvil, que no mira,Su insensibilidad, que no percibeLo que en su rededor resuena ó gira,Le delatan por sombra que no vive.Un aura triste en su redor suspira;Una aureola eléctrica describeCírculos mil sobre su real cabeza,Y aún ostenta su faz torva belleza.Azäel, de sus ángeles cercado,Llegando ante el Monarca Nazarita,Sobre su pecho de calor privadoLa antorcha puso de la fe bendita;Al reflejo viviente derramadoPor esta llama que sobre él se agita,Deshecho el hielo que su esencia pasma yMovimiento á cobrar volvió el fantasma.Giraron en las órbitas sus ojos,Llenó el aire su pecho, su gargantaPaso á un suspiro dió, y, otra vez rojosSus labios, sonrió é irguió la planta:Mas juzgando tal vez del sueño antojosDe aquellos seres la presencia santaY del encanto aún preso en los lazos,Tendió entre él y los ángeles sus brazos.Entonces Azäel «torna á la vida»Dijo: «del Cielo la sentencia sabes:»Tu existencia mortal interrumpida»En década inmortal fuerza es que acabes.»Alma sin cuerpo, espectro sin guarida,»Ve de tu Alhambra á recoger las llaves.»¡En el nombre de Dios, he aquí tu hora!»Prevén la tumba de la raza mora.»Al mandato del ángel obediente,El sér de los fantasmas adquiriendo,Incoloro, impalpable, transparente,Su esencia de la tierra desprendiendoElevóse Alhamar en el ambiente:Y, cual vapor que en él se va meciendo,Á través de la atmósfera nubladaSe dirigió siniestro hacia Granada.
Era en verdad así: que en tal momento,De la fortuna y la existencia moraEn la esfera inmortal del firmamentoÍbase á señalar la última hora:Y el arcángel que rige el movimientoDe la aguja fatal, niveladoraDe los tiempos, el fin del reino moroIba á marcar en su cuadrante de oro.No en vano entre los cielos y GranadaUn velo de nublados se extendía:Con la luz á sus ámbitos negadaOtra región feliz resplandecía.Su cresta secular Sierra NevadaCon una aureola de fulgor ceñía,Y el misterio que Dios obra en la SierraPermitido sondar no es á la tierra.En el seno glacial de aquellas cumbresCuya paz no turbó la voz mundana,Lloraba celestiales pesadumbresSer de divina estirpe soberana.Lanzado de las cólicas techumbresSiglos hacía á la región humana,Para su habitación labró en la nieveDe su helado cristal palacio leve.Lejos de su alma patria luminosaFué condenado, expiación de un yerro,Su forma pura, celestial y hermosaÁ sepultar en terrenal encierro,Dando cima á tarea misteriosaPor Dios impuesta en su mortal destierro;Mas ya á su fin la expiación tocabaY su tarea al concluir estaba.Treinta afanosas décadas habíaEn preparar el ángel empleadoSu difícil labor, y ya veíaSu éxito misterioso asegurado:Y, para darla fin, en este díaIba por Jehováh purificadoÁ recobrar su blanca sobreveste,Su sér divino y su poder celeste.Tal es, en suma, el celestial portentoQue va el Señor á obrar sobre la Sierra,Y cuya vista vela en tal momentoEl nublado á los ojos de la tierra.La tempestad que entolda el firmamentoEs un crespón que sus espacios cierra:Y tras aquellas fulgurantes nubesCantan un himno santo los Querubes.Sobre sus alas con rumor sonoroLas cohortes angélicas descienden,Y al dulce són de su celeste coroTroncos y rocas de placer se hienden.Los serafines en mecheros de oroDe la divina fe la luz encienden,Sobre el alcázar místico de hieloRasgado el seno cóncavo del cielo.Del zenit en el punto culminante,En medio de una luz deslumbradora,Del sumo Dios apareció el semblanteY tronó la palabra creadora.Al eco inmenso de su voz giganteLa celestial cohorte voladora,Con las alas cubriéndose los ojos,Para escuchar se prosternó de hinojos.«¡Azäel!»—dijo Dios, al sér divinoDesterrado en la tierra interpelando,Y al umbral de su alcázar cristalinoEl ángel bello pareció temblando;Y el eco gigantesco y montesinoDe las cóncavas peñas, despertandoAl acento de Dios, volvió medrosoEl nombre del espíritu glorioso.«¡Azäel!—repitió el Omnipotente;—»Torna á tu antiguo sér y poderío,»Cobra tu vestidura refulgente»Y obra sobre la tierra en nombre mío.»Toda á tu voluntad está obediente:»Sus destinos gobierne tu albedrío:»Completa mis designios soberanos:»Yo bendigo la obra de tus manos.»Dijo el Señor. El ángel desterrado,Recobrando su gracia primitiva,Levantóse á su voz transfigurado,Revestido de gloria y de luz viva.Orna su cuerpo ceñidor alado,Ciñe su sien inmarcesible oliva,Y de la fe la luminosa teaEn su diestra purísima flamea.Un séquito de espíritus potente,Que deja sometidos á sus santasOrdenes el Altísimo, obedienteY á su voz pronto se ordenó á sus plantas;Ante el Señor el ángel reverenteSe prosternó tres veces, y otras tantasEl eco del hosanna y los salteriosConmovió con su són los hemisferios.Tornó Dios á sumirse en su santuario:Tornaron los arcángeles el vueloÁ tender, el vacío solitarioTransponiendo y los límites del cielo:Y de la eternidad en el horarioBrillando el fatal número, hacia el sueloMoro, dijo, la mano nacaradaExtendiendo Azäel: «¡Ay de Granada!»¡Ay! repitió en el cóncavo y profundoSeno del monte aterrador el eco;¡Ay! repitió siniestro el vagabundoViento que rueda en el vacío hueco;¡Ay! repitió el nublado, en tremebundoTrueno rompiendo desgarrado y seco;¡Ay! repitió la voz desesperadaQue gemía fatídica en Granada.Á este medroso universal lamento,De la voz del Señor eco en la tierra,Desgarró con estrépito violentoSus entrañas marmóreas la sierra,Y abrióse el misterioso monumentoQue su cimiento colosal encierra;Fábrica de materia indestructible,Á los humanos ojos invisible.Es el alcázar de Azäel: divinoPalacio transparente y encantado,De nácar y de hielo cristalinoEntre nieves eternas fabricado.En él oculta el ángel peregrinoUn sér, aunque mortal, predestinadoÁ que con él su porvenir dividaEn la terrena y la celeste vida.En este alcázar níveo, modeloDe la oriental Alhambra granadina,Bajo la eterna bóveda de hieloQue corona la cumbre al sol vecina,Envuelta yace en encantado veloLa regia sombra de Alhamar divina,Á quien letargo místico y profundoEncadena á este límite del mundo.No tienen á este sér bajo su imperioLa vida ni la muerte: su existenciaFantástica protege hondo misterioQue sondea no más la omnipotencia.Su sér no pertenece á este hemisferio,Y, ni celeste ni mortal, su esenciaTiene el poder del ángel defendidaDel poder de la muerte y de la vida.Misterio incomprensible para el hombre,Á toda humana explicación resisteY á la ciencia mortal fuerza es que asombre;Obra sabia de Dios, por Dios existe:No tiene historia, explicación, ni nombre,Ni mi pluma en buscárselos insiste:La inspiración divina del poetaNo está á mortal explicación sujeta.Yace bajo el poder de tal encantoDe Alhamar la fantástica existencia,De aquel alcázar luminoso y santoDebajo de la nítida apariencia.Todavía le cubre el regio manto,Humean todavía en su presenciaPebetes de ámbar, y su real personaCircunda el esplendor de la corona.En medio de un salón prolijamenteDecorado con cúficas labores,Á estilo de los reyes del Oriente,Sobre un tapiz de espléndidos coloresY en trono de marfil, radia su frenteBajo un dosel de plumas y de flores:Y, símbolo del mando soberano,El cetro abarca aún su augusta mano.Su vista, empero, inmóvil, que no mira,Su insensibilidad, que no percibeLo que en su rededor resuena ó gira,Le delatan por sombra que no vive.Un aura triste en su redor suspira;Una aureola eléctrica describeCírculos mil sobre su real cabeza,Y aún ostenta su faz torva belleza.Azäel, de sus ángeles cercado,Llegando ante el Monarca Nazarita,Sobre su pecho de calor privadoLa antorcha puso de la fe bendita;Al reflejo viviente derramadoPor esta llama que sobre él se agita,Deshecho el hielo que su esencia pasma yMovimiento á cobrar volvió el fantasma.Giraron en las órbitas sus ojos,Llenó el aire su pecho, su gargantaPaso á un suspiro dió, y, otra vez rojosSus labios, sonrió é irguió la planta:Mas juzgando tal vez del sueño antojosDe aquellos seres la presencia santaY del encanto aún preso en los lazos,Tendió entre él y los ángeles sus brazos.Entonces Azäel «torna á la vida»Dijo: «del Cielo la sentencia sabes:»Tu existencia mortal interrumpida»En década inmortal fuerza es que acabes.»Alma sin cuerpo, espectro sin guarida,»Ve de tu Alhambra á recoger las llaves.»¡En el nombre de Dios, he aquí tu hora!»Prevén la tumba de la raza mora.»Al mandato del ángel obediente,El sér de los fantasmas adquiriendo,Incoloro, impalpable, transparente,Su esencia de la tierra desprendiendoElevóse Alhamar en el ambiente:Y, cual vapor que en él se va meciendo,Á través de la atmósfera nubladaSe dirigió siniestro hacia Granada.
Era en verdad así: que en tal momento,De la fortuna y la existencia moraEn la esfera inmortal del firmamentoÍbase á señalar la última hora:Y el arcángel que rige el movimientoDe la aguja fatal, niveladoraDe los tiempos, el fin del reino moroIba á marcar en su cuadrante de oro.
Era en verdad así: que en tal momento,
De la fortuna y la existencia mora
En la esfera inmortal del firmamento
Íbase á señalar la última hora:
Y el arcángel que rige el movimiento
De la aguja fatal, niveladora
De los tiempos, el fin del reino moro
Iba á marcar en su cuadrante de oro.
No en vano entre los cielos y GranadaUn velo de nublados se extendía:Con la luz á sus ámbitos negadaOtra región feliz resplandecía.Su cresta secular Sierra NevadaCon una aureola de fulgor ceñía,Y el misterio que Dios obra en la SierraPermitido sondar no es á la tierra.
No en vano entre los cielos y Granada
Un velo de nublados se extendía:
Con la luz á sus ámbitos negada
Otra región feliz resplandecía.
Su cresta secular Sierra Nevada
Con una aureola de fulgor ceñía,
Y el misterio que Dios obra en la Sierra
Permitido sondar no es á la tierra.
En el seno glacial de aquellas cumbresCuya paz no turbó la voz mundana,Lloraba celestiales pesadumbresSer de divina estirpe soberana.Lanzado de las cólicas techumbresSiglos hacía á la región humana,Para su habitación labró en la nieveDe su helado cristal palacio leve.
En el seno glacial de aquellas cumbres
Cuya paz no turbó la voz mundana,
Lloraba celestiales pesadumbres
Ser de divina estirpe soberana.
Lanzado de las cólicas techumbres
Siglos hacía á la región humana,
Para su habitación labró en la nieve
De su helado cristal palacio leve.
Lejos de su alma patria luminosaFué condenado, expiación de un yerro,Su forma pura, celestial y hermosaÁ sepultar en terrenal encierro,Dando cima á tarea misteriosaPor Dios impuesta en su mortal destierro;Mas ya á su fin la expiación tocabaY su tarea al concluir estaba.
Lejos de su alma patria luminosa
Fué condenado, expiación de un yerro,
Su forma pura, celestial y hermosa
Á sepultar en terrenal encierro,
Dando cima á tarea misteriosa
Por Dios impuesta en su mortal destierro;
Mas ya á su fin la expiación tocaba
Y su tarea al concluir estaba.
Treinta afanosas décadas habíaEn preparar el ángel empleadoSu difícil labor, y ya veíaSu éxito misterioso asegurado:Y, para darla fin, en este díaIba por Jehováh purificadoÁ recobrar su blanca sobreveste,Su sér divino y su poder celeste.
Treinta afanosas décadas había
En preparar el ángel empleado
Su difícil labor, y ya veía
Su éxito misterioso asegurado:
Y, para darla fin, en este día
Iba por Jehováh purificado
Á recobrar su blanca sobreveste,
Su sér divino y su poder celeste.
Tal es, en suma, el celestial portentoQue va el Señor á obrar sobre la Sierra,Y cuya vista vela en tal momentoEl nublado á los ojos de la tierra.La tempestad que entolda el firmamentoEs un crespón que sus espacios cierra:Y tras aquellas fulgurantes nubesCantan un himno santo los Querubes.
Tal es, en suma, el celestial portento
Que va el Señor á obrar sobre la Sierra,
Y cuya vista vela en tal momento
El nublado á los ojos de la tierra.
La tempestad que entolda el firmamento
Es un crespón que sus espacios cierra:
Y tras aquellas fulgurantes nubes
Cantan un himno santo los Querubes.
Sobre sus alas con rumor sonoroLas cohortes angélicas descienden,Y al dulce són de su celeste coroTroncos y rocas de placer se hienden.Los serafines en mecheros de oroDe la divina fe la luz encienden,Sobre el alcázar místico de hieloRasgado el seno cóncavo del cielo.
Sobre sus alas con rumor sonoro
Las cohortes angélicas descienden,
Y al dulce són de su celeste coro
Troncos y rocas de placer se hienden.
Los serafines en mecheros de oro
De la divina fe la luz encienden,
Sobre el alcázar místico de hielo
Rasgado el seno cóncavo del cielo.
Del zenit en el punto culminante,En medio de una luz deslumbradora,Del sumo Dios apareció el semblanteY tronó la palabra creadora.Al eco inmenso de su voz giganteLa celestial cohorte voladora,Con las alas cubriéndose los ojos,Para escuchar se prosternó de hinojos.
Del zenit en el punto culminante,
En medio de una luz deslumbradora,
Del sumo Dios apareció el semblante
Y tronó la palabra creadora.
Al eco inmenso de su voz gigante
La celestial cohorte voladora,
Con las alas cubriéndose los ojos,
Para escuchar se prosternó de hinojos.
«¡Azäel!»—dijo Dios, al sér divinoDesterrado en la tierra interpelando,Y al umbral de su alcázar cristalinoEl ángel bello pareció temblando;Y el eco gigantesco y montesinoDe las cóncavas peñas, despertandoAl acento de Dios, volvió medrosoEl nombre del espíritu glorioso.
«¡Azäel!»—dijo Dios, al sér divino
Desterrado en la tierra interpelando,
Y al umbral de su alcázar cristalino
El ángel bello pareció temblando;
Y el eco gigantesco y montesino
De las cóncavas peñas, despertando
Al acento de Dios, volvió medroso
El nombre del espíritu glorioso.
«¡Azäel!—repitió el Omnipotente;—»Torna á tu antiguo sér y poderío,»Cobra tu vestidura refulgente»Y obra sobre la tierra en nombre mío.»Toda á tu voluntad está obediente:»Sus destinos gobierne tu albedrío:»Completa mis designios soberanos:»Yo bendigo la obra de tus manos.»
«¡Azäel!—repitió el Omnipotente;—
»Torna á tu antiguo sér y poderío,
»Cobra tu vestidura refulgente
»Y obra sobre la tierra en nombre mío.
»Toda á tu voluntad está obediente:
»Sus destinos gobierne tu albedrío:
»Completa mis designios soberanos:
»Yo bendigo la obra de tus manos.»
Dijo el Señor. El ángel desterrado,Recobrando su gracia primitiva,Levantóse á su voz transfigurado,Revestido de gloria y de luz viva.Orna su cuerpo ceñidor alado,Ciñe su sien inmarcesible oliva,Y de la fe la luminosa teaEn su diestra purísima flamea.
Dijo el Señor. El ángel desterrado,
Recobrando su gracia primitiva,
Levantóse á su voz transfigurado,
Revestido de gloria y de luz viva.
Orna su cuerpo ceñidor alado,
Ciñe su sien inmarcesible oliva,
Y de la fe la luminosa tea
En su diestra purísima flamea.
Un séquito de espíritus potente,Que deja sometidos á sus santasOrdenes el Altísimo, obedienteY á su voz pronto se ordenó á sus plantas;Ante el Señor el ángel reverenteSe prosternó tres veces, y otras tantasEl eco del hosanna y los salteriosConmovió con su són los hemisferios.
Un séquito de espíritus potente,
Que deja sometidos á sus santas
Ordenes el Altísimo, obediente
Y á su voz pronto se ordenó á sus plantas;
Ante el Señor el ángel reverente
Se prosternó tres veces, y otras tantas
El eco del hosanna y los salterios
Conmovió con su són los hemisferios.
Tornó Dios á sumirse en su santuario:Tornaron los arcángeles el vueloÁ tender, el vacío solitarioTransponiendo y los límites del cielo:Y de la eternidad en el horarioBrillando el fatal número, hacia el sueloMoro, dijo, la mano nacaradaExtendiendo Azäel: «¡Ay de Granada!»
Tornó Dios á sumirse en su santuario:
Tornaron los arcángeles el vuelo
Á tender, el vacío solitario
Transponiendo y los límites del cielo:
Y de la eternidad en el horario
Brillando el fatal número, hacia el suelo
Moro, dijo, la mano nacarada
Extendiendo Azäel: «¡Ay de Granada!»
¡Ay! repitió en el cóncavo y profundoSeno del monte aterrador el eco;¡Ay! repitió siniestro el vagabundoViento que rueda en el vacío hueco;¡Ay! repitió el nublado, en tremebundoTrueno rompiendo desgarrado y seco;¡Ay! repitió la voz desesperadaQue gemía fatídica en Granada.
¡Ay! repitió en el cóncavo y profundo
Seno del monte aterrador el eco;
¡Ay! repitió siniestro el vagabundo
Viento que rueda en el vacío hueco;
¡Ay! repitió el nublado, en tremebundo
Trueno rompiendo desgarrado y seco;
¡Ay! repitió la voz desesperada
Que gemía fatídica en Granada.
Á este medroso universal lamento,De la voz del Señor eco en la tierra,Desgarró con estrépito violentoSus entrañas marmóreas la sierra,Y abrióse el misterioso monumentoQue su cimiento colosal encierra;Fábrica de materia indestructible,Á los humanos ojos invisible.
Á este medroso universal lamento,
De la voz del Señor eco en la tierra,
Desgarró con estrépito violento
Sus entrañas marmóreas la sierra,
Y abrióse el misterioso monumento
Que su cimiento colosal encierra;
Fábrica de materia indestructible,
Á los humanos ojos invisible.
Es el alcázar de Azäel: divinoPalacio transparente y encantado,De nácar y de hielo cristalinoEntre nieves eternas fabricado.En él oculta el ángel peregrinoUn sér, aunque mortal, predestinadoÁ que con él su porvenir dividaEn la terrena y la celeste vida.
Es el alcázar de Azäel: divino
Palacio transparente y encantado,
De nácar y de hielo cristalino
Entre nieves eternas fabricado.
En él oculta el ángel peregrino
Un sér, aunque mortal, predestinado
Á que con él su porvenir divida
En la terrena y la celeste vida.
En este alcázar níveo, modeloDe la oriental Alhambra granadina,Bajo la eterna bóveda de hieloQue corona la cumbre al sol vecina,Envuelta yace en encantado veloLa regia sombra de Alhamar divina,Á quien letargo místico y profundoEncadena á este límite del mundo.
En este alcázar níveo, modelo
De la oriental Alhambra granadina,
Bajo la eterna bóveda de hielo
Que corona la cumbre al sol vecina,
Envuelta yace en encantado velo
La regia sombra de Alhamar divina,
Á quien letargo místico y profundo
Encadena á este límite del mundo.
No tienen á este sér bajo su imperioLa vida ni la muerte: su existenciaFantástica protege hondo misterioQue sondea no más la omnipotencia.Su sér no pertenece á este hemisferio,Y, ni celeste ni mortal, su esenciaTiene el poder del ángel defendidaDel poder de la muerte y de la vida.
No tienen á este sér bajo su imperio
La vida ni la muerte: su existencia
Fantástica protege hondo misterio
Que sondea no más la omnipotencia.
Su sér no pertenece á este hemisferio,
Y, ni celeste ni mortal, su esencia
Tiene el poder del ángel defendida
Del poder de la muerte y de la vida.
Misterio incomprensible para el hombre,Á toda humana explicación resisteY á la ciencia mortal fuerza es que asombre;Obra sabia de Dios, por Dios existe:No tiene historia, explicación, ni nombre,Ni mi pluma en buscárselos insiste:La inspiración divina del poetaNo está á mortal explicación sujeta.
Misterio incomprensible para el hombre,
Á toda humana explicación resiste
Y á la ciencia mortal fuerza es que asombre;
Obra sabia de Dios, por Dios existe:
No tiene historia, explicación, ni nombre,
Ni mi pluma en buscárselos insiste:
La inspiración divina del poeta
No está á mortal explicación sujeta.
Yace bajo el poder de tal encantoDe Alhamar la fantástica existencia,De aquel alcázar luminoso y santoDebajo de la nítida apariencia.Todavía le cubre el regio manto,Humean todavía en su presenciaPebetes de ámbar, y su real personaCircunda el esplendor de la corona.
Yace bajo el poder de tal encanto
De Alhamar la fantástica existencia,
De aquel alcázar luminoso y santo
Debajo de la nítida apariencia.
Todavía le cubre el regio manto,
Humean todavía en su presencia
Pebetes de ámbar, y su real persona
Circunda el esplendor de la corona.
En medio de un salón prolijamenteDecorado con cúficas labores,Á estilo de los reyes del Oriente,Sobre un tapiz de espléndidos coloresY en trono de marfil, radia su frenteBajo un dosel de plumas y de flores:Y, símbolo del mando soberano,El cetro abarca aún su augusta mano.
En medio de un salón prolijamente
Decorado con cúficas labores,
Á estilo de los reyes del Oriente,
Sobre un tapiz de espléndidos colores
Y en trono de marfil, radia su frente
Bajo un dosel de plumas y de flores:
Y, símbolo del mando soberano,
El cetro abarca aún su augusta mano.
Su vista, empero, inmóvil, que no mira,Su insensibilidad, que no percibeLo que en su rededor resuena ó gira,Le delatan por sombra que no vive.Un aura triste en su redor suspira;Una aureola eléctrica describeCírculos mil sobre su real cabeza,Y aún ostenta su faz torva belleza.
Su vista, empero, inmóvil, que no mira,
Su insensibilidad, que no percibe
Lo que en su rededor resuena ó gira,
Le delatan por sombra que no vive.
Un aura triste en su redor suspira;
Una aureola eléctrica describe
Círculos mil sobre su real cabeza,
Y aún ostenta su faz torva belleza.
Azäel, de sus ángeles cercado,Llegando ante el Monarca Nazarita,Sobre su pecho de calor privadoLa antorcha puso de la fe bendita;Al reflejo viviente derramadoPor esta llama que sobre él se agita,Deshecho el hielo que su esencia pasma yMovimiento á cobrar volvió el fantasma.
Azäel, de sus ángeles cercado,
Llegando ante el Monarca Nazarita,
Sobre su pecho de calor privado
La antorcha puso de la fe bendita;
Al reflejo viviente derramado
Por esta llama que sobre él se agita,
Deshecho el hielo que su esencia pasma y
Movimiento á cobrar volvió el fantasma.
Giraron en las órbitas sus ojos,Llenó el aire su pecho, su gargantaPaso á un suspiro dió, y, otra vez rojosSus labios, sonrió é irguió la planta:Mas juzgando tal vez del sueño antojosDe aquellos seres la presencia santaY del encanto aún preso en los lazos,Tendió entre él y los ángeles sus brazos.
Giraron en las órbitas sus ojos,
Llenó el aire su pecho, su garganta
Paso á un suspiro dió, y, otra vez rojos
Sus labios, sonrió é irguió la planta:
Mas juzgando tal vez del sueño antojos
De aquellos seres la presencia santa
Y del encanto aún preso en los lazos,
Tendió entre él y los ángeles sus brazos.
Entonces Azäel «torna á la vida»Dijo: «del Cielo la sentencia sabes:»Tu existencia mortal interrumpida»En década inmortal fuerza es que acabes.»Alma sin cuerpo, espectro sin guarida,»Ve de tu Alhambra á recoger las llaves.»¡En el nombre de Dios, he aquí tu hora!»Prevén la tumba de la raza mora.»
Entonces Azäel «torna á la vida»
Dijo: «del Cielo la sentencia sabes:
»Tu existencia mortal interrumpida
»En década inmortal fuerza es que acabes.
»Alma sin cuerpo, espectro sin guarida,
»Ve de tu Alhambra á recoger las llaves.
»¡En el nombre de Dios, he aquí tu hora!
»Prevén la tumba de la raza mora.»
Al mandato del ángel obediente,El sér de los fantasmas adquiriendo,Incoloro, impalpable, transparente,Su esencia de la tierra desprendiendoElevóse Alhamar en el ambiente:Y, cual vapor que en él se va meciendo,Á través de la atmósfera nubladaSe dirigió siniestro hacia Granada.
Al mandato del ángel obediente,
El sér de los fantasmas adquiriendo,
Incoloro, impalpable, transparente,
Su esencia de la tierra desprendiendo
Elevóse Alhamar en el ambiente:
Y, cual vapor que en él se va meciendo,
Á través de la atmósfera nublada
Se dirigió siniestro hacia Granada.