INTRODUCCION.

INTRODUCCION.

Cosa sabida es por todo el mundo que los pueblos, como los individuos, tienen su infancia, su juventud, su edad viril y su vejez; y que en cada una de estas épocas, lo mismo que el hombre, cambian de faz, aunque conservando siempre ciertos caracteres que constituyen la fisonomía especial de cada uno, y tambien el carácter moral que les es propio.

El hombre tranquilo y circunspecto, que ocupa un lugar distinguido en sociedad por su juicioso proceder, no deja de ser el mismo niño jugueton y travieso que en otro tiempo era el disgusto de sus padres; pero la edad le ha hecho variar de condiciones y sus usos y costumbres han cambiado, si bien conservan siempre cierto sello particular que distingue su individualidad. Es el mismo hombre que fué desde que nació, pero no tiene ya ni la vivacidad de la niñez, ni la impetuosidad de la juventud: sus impulsos violentos se han calmado, sus mismas pasiones se han apaciguado algun tanto.Su genio, por mas que un adagio vulgar diga que

genio y figurahasta la sepultura,

genio y figurahasta la sepultura,

genio y figurahasta la sepultura,

genio y figura

hasta la sepultura,

su genio, repito, ha decaido mucho; sin que por todo eso, deje de reconocerse constantemente el mismo hombre.

Tal es la obra lenta pero segura del tiempo, que todo lo muda y lo trastorna todo sin permitir, por lo comun, que ni aun nos apercibamos de ello. Y esa obra se realiza sin intermision, no solo en el hombre, sino tambien en todo lo que le rodea; desde la tierra que cambia de naturaleza, sin cambiar de lugar ni de fisonomía, digámoslo así, y el mineral que acrece y muda de faz sin mudar de naturaleza; hasta el árbol que tiene en su vida las mismas épocas que el hombre en la suya y el animal que se aproxima mas á este; y el mar inmenso que rodea la tierra y que muda sin cesar de aspecto siendo no obstante el mismo en todos tiempos; y el cielo hermoso que nos cubre y que aparece frecuentemente á nuestra vista con distintas faces, por mas que sea siempre el espacio infinito en que se pierde la razon del sábio.

Los pueblos se hallan tambien sugetos á esta ley; y por eso los vemos cambiar de faz á medida que pasan años; y mudar de condiciones segun van recorriendo las diferentes épocas de su vida, mucho mas largas por cierto que las de la vida del hombre. Este pueblo, sencilloy frugal en otro tiempo, apenas conserva algunos restos de su pasada sobriedad; aquel otro de carácter alegre y bullicioso, rie todavia y se regocija, pero con cierta compostura que le era antes desconocida; este otro casi no conserva nada del carácter melancólico que distinguia á sus hijos, en medio del estruendo de los negocios que hoy le ocupan; pero en medio de todos estos cambios y mudanzas, que ya desde la época del célebre orador romano hacian exclamar á los viejos¡O tempora! ¡O mores!y que continuan todavia, apesar de los diez y nueve siglos transcurridos, haciéndoles exclamar¡Qué tiempos aquellos!refiriendose á los de su juventud; esos cambios y mudanzas, vuelvo á decir, se llevan á cabo sin que los pueblos dejen de ser los que son y sin que dejen de conservar siempre algo que distingue á cada cual de ellos de todos los demás que cubren la superficie de la tierra.

Ese algo, que forma la distincion, lo constituyen los usos y costumbres, así como tambien las tradiciones.

La tradicion es para un pueblo lo que la memoria para el hombre.

Si la memoria es infiel, el hombre no sabe dar cuenta de los hechos que ha visto sucederse.

Si la tradicion no es verídica se pierde la memoria de los acontecimientos que la historia no ha sabido, ó no ha querido, ó no ha podido conservar; y como que, en tratándose de lavida de un pueblo, los hechos cambian á medida que la edad de aquel varia, de aquí el que, á la vuelta de los años que componen la vida de dos ó tres generaciones, se pierda la memoria de sucesos muy vulgares; ó cambie de tal modo su recuerdo que ni remotamente pueda nadie darse cuenta de lo que fueron los hechos en su orígen.

Esto es lo que mas generalmente acontece con los usos y costumbres populares; porque llamados unos y otras á variar constantemente, en proporcion de las variaciones que sufre el estado de adelanto ó de atraso del pueblo á que pertenecen, llegan á alejarse á veces tanto de lo que fueron en su principio que difícilmente se reconoce su modo primitivo de existencia.

Por eso yo creo que mientras mas varien los usos y costumbres de un pueblo, mas empeño debe este poner en conservar incólumes las tradiciones que á ellos se refieren; y procurar que, á traves de las alteraciones que esperimentan con el tiempo, se trasluzca siempre con toda claridad el punto donde nacieron y la forma que tuvieron al comenzar.

Quizas parecerá á mis lectores que no merecen la pena de que se les consagre una atencion tan especial los usos y costumbres; pero, si así pensaran, bastaria para convencerles de lo contrario, recordarles que por solo las variaciones de los usos y costumbres se puede conocer la historia entera de un pueblo; y que el carácter y las condiciones de cualquier pueblo se hallan retratados en sus usos y costumbres.

Ciceron escribió un libro sobre las costumbres en que dejó pintado el pueblo romano; y Voltaire nos ha dejado un "Ensayo sobre las costumbres" en que trata de reseñar las diferencias que separan entre sí á todos los pueblos de la tierra y los puntos de contacto en que se unen.

Yo voy pues á reseñar algunos usos y costumbres de este hermoso país, que tan desconocido es hasta para muchos de los mismos que lo habitan; y no solo reseñaré algunos de los mas culminantes, sino que lo haré comparándolos en diversas épocas de la vida de este pueblo, para que pueda formarse juicio de sus progresos ó retrogadaciones; y se conciba la marcha que ha traido de algunas décadas á esta parte.

Este trabajo, pues, que no me atrevo á llamar libro, no será simplemente una crónica, por mas que no tenga pretensiones de ser historia; será sí la tradicion escrita, tal cual la hemos oido de nuestros padres, segun se la refirieron nuestros abuelos; y segun consta de algunos documentos incoherentes que la casualidad ha puesto en mis manos cuando la necesidad ó la ociosidad me han obligado á revolver algunos archivos.

Empero, para que la tradicion, que he tratado de tomar desde su orígen, pueda ser continuada sin interrupcion, no solo me concretaré á la parte histórica de lasFiestas de San Juan, sino que trataré de describir, lo mejor que me sea posible, las que se celebren en este año.

ElSan Juan, como vulgarmente hemos dicho siempre, ha sido en todos tiempos, una fiesta tan popular en esta ciudad, tan peculiar de esta poblacion, y ha ofrecido una fisonomía tan especial, que examinándola con algun detenimiento podriamos concluir por conocer esta localidad.

Así como los juegos olímpicos de la antigua Grecia demostraban la necesidad que aquel pueblo esperimentaba de tener hombres fuertes y ágiles para la guerra; las carreras de San Juan ponen de manifiesto la necesidad que este pueblo ha esperimentado siempre de poseer buenos caballos que no se arredren ante los frecuentes obstáculos de su erizado suelo.

Así como los Israelitas y los Romanos y los Normandos y los Francos celebraban con júbilo y alegría la conmemoracion de hechos de grande importancia en su vida, así tambien los Puerto-riqueños ven con júbilo lasalboradasque les recuerdan hechos no menos gratos que eran el consuelo de esta poblacion en épocas tristes y azarosas; como tendrán ocasion de verlo los lectores mas adelante.

Y aun la suprimidavelatuvo tambien su razon de ser, y hubiera podido quedar justificada, á no habérsela hecho degenerar en demostraciones poco dignas de un pueblo que con razon se precia de culto y de avanzado.

Por lo visto, el lector comprenderá que me prometo hacerle conocerlas fiestas de San Juan, tales como han sido en otros tiempos y cuales son en los presentes. Fáltame solo que mis fuerzas correspondan á mis prometimientos; que no por ser el asunto alegre y al parecer ligero, deja siempre de ser difícil en extremo el llenar cumplidamente el papel de cronista verdadero y no cansado.

Espero que mas que mi poca disposicion, contribuirá á ello en mucha parte el entusiasmo que por todas partes se nota y que comunicará á mi tosca pluma la vida y la animacion de que de otro modo careciera.


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