XIII.Funcion religiosa.
Tiempo es ya de que nos ocupemos de la verdadera fiesta del Patron; de lo que en todas épocas ha considerado el Ayuntamiento como un deber ineludible, puesto que es el representante de un pueblo católico, que sabe conservar y dar cada dia mayor realce á sus gloriosas tradiciones y bien cimentadas creencias; y de lo que sin duda dió orígen á las fiestas y regocijos que, de tiempo inmemorial, viene celebrando anualmente esta ciudad. Refiérome á la fiesta religiosa de San Juan.
Ya han visto los lectores que, á mediados del siglo pasado, el Ayuntamiento hacia rendir guardia de honor al Santo Patron en el tabernáculo que al efecto se levantaba en la Santa Iglesia Catedral y en los dias 24 y 25 de Junio se llevaban á sus piés las llaves de la ciudad, en reconocimiento á su soberana proteccion. Estos actos, de un homenage tan tierno como respetuoso, han desaparecido con los años, porque no afectando al dogma murieron junto con lascostumbres que les habian dado vida; y hoy que los actos religiosos se verifican, con muy raras excepciones, únicamente dentro de los templos, se ha suprimido tambien la procesion que en otros tiempos se efectuaba. Así pues la fiesta religiosa se reduce al decenario, salve, misa y panegírico del Santo Precursor.
El Ayuntamiento, no pudiendo ni alterar ni aumentar nada á estas funciones y deseando sin embargo que, al cumplir con el sagrado deber que le han legado sus antecesores, se comprendiese que no podia haberse olvidado de él y antes por el contrario lo habia visto con la predileccion que exijen las venerandas prácticas de nuestra sacrosanta religion, acordó dar á dichos actos toda la pompa y solemnidad que fuera posible y al efecto hizo adornar el altar del Santo con flores y luces; la orquesta de capilla tocó completa en todo el decenario y para la misa se aumentaron hasta cincuenta instrumentos entre los que se contaban casi todos nuestros principales profesores y doce voces; habiendo pronunciado el panegírico del Patron uno de nuestros mejores oradores sagrados.
De mas está decir que la concurrencia á todos los actos religiosos fué cual era de esperarse en un pueblo que tanto gusta de todas las prácticas de la religion y mucho mas tratándose de San Juan Bautista, á quien se venera como el especial protector é intercesor en favor de la Isla; y sobre todo cuando el sentimiento religioso excitado por el temor que en todos los ánimos habian producido los pasados conflictos, llevaba á todos los corazones á buscar el consuelo inagotable y puro que solo se encuentra á los piés de aquel que con su palabra crió el universo y lo sostiene por su sola voluntad. En especial para la misa el templo se vió lleno como pocas veces sucede; y no fué esta circunstancia la que menos contribuyó á que la fiesta quedara tan solemne como se lo habia prometido el Ayuntamiento y lo deseaba la poblacion que mitigaba así sus penas todavia no pasadas del todo.
El lector me permitirá que me ocupe por un momento de la música de la misa; el arte, como antes he tenido ocasion de decirlo, goza del raro privilegio de herir el alma en sus mas delicadas fibras; y por eso no es extraño que la religion haga uso de la música que con sus brillantes armonías nos arrebata á veces entusiasmada y rápidamente hasta las alturas celestiales en que nuestra fé nos hace contemplar los coros de alados ángeles y querubines postrados ante el acatamiento del Altísimo; ó nos conduce dulce y misteriosamente con tiernas melodías hasta las profundidades mas recónditas de nuestra propia alma para que derramemos en ella el llanto regenerador del arrepentimiento.
Los ecos melodiosos de la música son un misterioso amuleto, á cuyo contacto brotan en nuestra alma las ideas de lo bueno, tal vezporque lo bueno y lo bello son hermanos é hijos de la verdad que nunca nos hiere con mas fuerza y esplendidez que cuando, en alas de fervorosa oracion, levantamos el corazon, contrito y humillado, hasta donde se halla Aquel que es la verdad misma.
La misa ejecutada, por segunda vez, en la festividad de San Juan, es obra de mi apreciado amigo el Maestro de Capilla D. Felipe Gutierrez que la escribió en 1861 dedicándola al que era y es todavia dignísimo Obispo de esta Diócesis, el Excmo. é Illmo. Sr. D. Fr. Benigno Carrion de Málaga.
El Sr. Gutierrez es demasiado conocido como Músico en la Isla y aun fuera de ella; pero eso no me excusa de tener la grata complacencia de reconocerle y proclamarle como un hijo distinguido del arte. Rico de sentimiento, fecundo en la concepcion y conocedor profundo de los secretos de la armonía, sus obras brillan con toda la riqueza de una fantasía ardiente y segura en su vuelo.
La misa de San Juan es sin duda una de sus mejores composiciones y por esta razon como por el objeto con que fué escrita, que es el mismo que tiene este libro, he creido deber ocuparme de ella con algun detenimiento; esperando de mi amigo Gutierrez lo que antes he esperado de mi amigo Oller, que, en obsequio á mis rectas intenciones, sabrá disimular á un profano en el arte el que pretenda, no hacer un juicio crítico, pues no alcanza á tantomi pretension, sino emitir una opinion que, aun cuando basada en el buen sentido y en la aficion decidida por todas las bellas artes, no puede apoyarse en los sólidos conocimientos que le serian necesarios para no errar tan frecuentemente.
Los kiries de la misa de que me ocupo están basados en un himno que oimos entonar en la Iglesia en canto llano, y tienen por solo este motivo esa solemnidad, esa elevacion, esa pureza que distingue á todos los himnos religiosos, que no por contar muchos años y aun siglos de existencia han llegado á envejecer; pues, por el contrario, siempre se oyen con el mismo gusto que la vez primera y como si fuesen cantos nuevos.
La Gloria es brillante, siendo de sentirse únicamente que no se hagan desaparecer los primeros compases delandantecon que empieza, porque hay en ellos cierta lasitud que se aviene muy mal con la viveza del resto de la composicion, que podria dar principio sin inconveniente alguno por elallegroque sigue inmediatamente. Tanto este aire, como los demás que continuan hasta llegar alQuoniam, revelan el buen gusto y la fecundidad del compositor, pues abundan los trozos de melodías originales y del mas exquisito sentimiento. El aria de tenor que comprende elQuoniamse resiente bastante de falta de novedad; pero, tal vez temiéndolo, el autor ha estado muy acertado embelleciendo todo este trozo con una preciosa glosa del primer violin, en que nos da á conocer su ingenio, á la vez que el perfecto conocimiento que tiene de la instrumentacion y del valor y partido que puede sacarse de cada uno de los instrumentos.
La Gloria termina con unmoderato maestosode cantos dulces y expresivos, en que se revela el alma del poeta, poniendo de manifiesto sus gustos puros y modestos. Hay en esos cantos un eco ternísimo que despierta en el corazon de los que conocemos al autor el recuerdo de sus estimables virtudes, al mismo tiempo que la sencillez que distingue todos sus actos. Mi amigo Gutierrez además, que tan asíduamente estudia los grandes maestros músicos, sabe perfectamente que esa sencillez es la que hace que tanto gusten las obras religiosas de Miné, como gustan por igual razon en pintura las obras de Velazquez; y conoce muy bien el partido que debe sacar de tan distinguida cualidad.
Da fin la pieza con un presto final, para elIn gloria Dei patris.Amen, del género fugado tan propio de la música de Iglesia; y en el que demuestra Gutierrez sus extensos y seguros conocimientos como compositor, haciendo gala de su rica imaginacion así en losmotivos, como en laesposiciony losepisodios; cuya variedad y buen gusto cierran dignamente tan brillante composicion.
ElCredoes de un género muy superior algloria, en términos de que, en mi humildejuicio, se rompe la unidad de mérito que debiera reinar en el conjunto de la misa; pero probablemente el autor se ha visto arrastrado á ello por la abundancia de sentimientos que dominan en el primero, de tan distinto carácter entre sí y de tanta grandeza todos ellos. El Credo, que contiene los principales misterios de nuestra Santa Religion, no ha podido menos de conmover profundamente el alma sensible del músico; y de aquí que su obra haya salido riquísima de contrastes de grande efecto y de armonías muy variadas, que la hacen elevar, en mi sentir, al género de música clásica. Sobre todo brilla en ese sentido el trozo que comprende elIncarnatusy que lleno de magestad y firmeza produce sin duda en el corazon de los oyentes la profunda veneracion que tan elevado misterio exige.
ElallegrodelResurrexitcorresponde perfectamente á la alegría de la Iglesia y de los fieles por la resurreccion del Salvador, que envolvia en sí la regeneracion del mundo; y es sorprendente por la novedad del canto con que concluye, en el que parece se alejan los sonidos hasta terminar por no percibirse; siguiendo inmediatamente otro canto que imita, como á igual distancia de aquel, el eco lejano de un órgano de Iglesia: la primera vez lo ejecutan los instrumentos de metal; y la segunda, mas cercano al sitio de donde aquellos parten, lo repiten las voces y todos los instrumentos. El efecto en ambas veces es prodigioso; y todaesta parte de la obra es de un carácter tan verdaderamente religioso que al oirla se llena el alma de ese recogimiento místico que lo acerca á uno á la Divinidad.
La música toda de la misa está llena de muchas y variadas glosas y de solos de instrumentos que contribuyen á embellecerla: pero, aunque profano, me atrevo á aconsejar á mi amigo Gutierrez que no prodigue tanto las unas y los otros, ni prolongue tanto los últimos como lo ha hecho con el solo de fiscorno que antecede alBenedictus, porque esto no da mas resultado que el distraer á los fieles del verdadero objeto que los lleva al templo, sobre todo cuando, como esta vez, son ejecutados por un buen Maestro; y son recursos que no necesita su rica imaginacion.
La misa es una obra completa y suficiente para formar un juicio favorable de su autor, quien sin duda alguna está llamado á esperar la gloria pura y esplendente que guarda el arte para los que saben gustarlo con la delicadeza de sentimiento que distingue á mi amigo Gutierrez. Hoy sin embargo que nos ha hecho conocer con otra obra distinguida, del género dramático, que se ha dado al estudio de la música clásica alemana, me atrevo no á aconsejarle, pues no me considero facultado para tanto, sino simplemente á indicarle que tenga especial cuidado en el estudio de la música alemana moderna porque en medio de su originalidad y de las infinitas bellezas en que abunda, sobre todo en armonía, se resiente algun tanto de ese mal que por desgracia se ha apoderado de todos los conocimientos humanos y que en literatura se conoce con el nombre de realismo. El buen criterio de mi amigo Gutierrez y el conocimiento que tiene de los grandes maestros músicos alemanes del siglo pasado y principios del presente, le deben servir de guia en sus estudios, y evitarle el que caiga en el defecto que he indicado.
Por mas que no me lo permita el objeto de este capítulo de mi reseña, me veo forzado á no terminarlo sin expresar el sentimiento que me domina al ver que no hay una academia de música en nuestra Ciudad, apesar de la aficion que en ella se nota por tan bello arte; y gracias á que la existencia de la orquesta de capilla dé motivo, de tiempo en tiempo, para que el público se ocupe de alguna obra religiosa que lo merezca. En lo profano hay sin embargo tambien mucho bueno que estudiar y que admirar.