[22] Por otro camino yerran tambien muchísimos. Oyen á un Predicador, que habla con frases compuestas y adornadas: sus voces son exquisitas, sus cláusulas tienen cadencia, su ayre en el decir es primoroso, sus movimientos muy prontos, y sin otro exámen dicen:¡O! este es un Predicador sin segundo.Este juicio es de los mas comunes, y mas errados que oigo en el trato civil. Con todas aquellas prendas no tiene el Predicador otra habilidad, que la de embelesar á necios, porque todas no hacen mas que hinchar la fantasía, y halagar los sentidos con bellas apariencias. Tan acertado es aquel juicio, como el que hiciera un hombre si viese á una mona con manillas, perlas, afeytes, y otros adornos externos, y la tuviera por hermosa. La regla fixa[a] que qualquiera hombre cuerdo ha de tener para distinguir estas vanas apariencias de la realidad de las cosas, es considerar la solidez de las máxîmas que el Predicador propone, y ver si en ellas resplandece lo verdadero y lo bueno, y si hay orden, y conexîon entre las pruebas del asunto, y si estas son eficaces para hacer que el auditorio convencido, se mueva á amar lo bueno que se propone, y seguir la verdad que se persuade; pero en oyendo á un Predicador que empieza con antitesis freqüentes, con vanos preámbulos, con frases muy estudiadas, y con cadencias poéticas, será bien desconfiar un poco, porque es cosa comunísima que semejantes artificios anden juntos, no con verdades sólidas, sino con fruslerías y puerilidades. En efecto estas artes son para encantar los sentidos con la armonía de aquella música con que el Orador canta mejor que predica, y no hemos de dexarnos llevar de sombras, sino de realidades.
[Nota a:Nos autem, qui rerum magis quam verborum amatores, utilia potius quam plausibilia sectamur, non id quaerimus, ut in nobis inania saeculorum, ornamenta, sed ut salubria rerum emolumenta laudentur.Salvian.de Judic. & Provid. Dei in Prooemio, pág. 28. Bibl. Vet. PP. tom. 8.]
[23] Cada vez que veo esto entre los Christianos, me lastimo de la falta de Lógica de muchos oyentes, porque si estos supieran despreciar como merecen tales adornos, tal vez no los usarian los Predicadores. Y es cierto que no los necesitan los que predican la palabra de Dios, porque esta por sí es eficacísima, y propuesta con claridad y dulzura, halla facil acogida en el corazon humano, donde están estampadas las señales de la luz del rostro del Señor. Las máxîmas del Evangelio de Jesu-Christo llevan consigo tanta claridad y resplandor, que no necesitan para ser estimadas de vanos adornos, y mucho menos de las superfluidades con que á veces las vemos vestidas; y es cosa comunísima que los que predican valiéndose de semejantes artificios hagan muy poco fruto, porque los hombres son muy sensibles, y escuchan con mayor gusto los atractivos de los sentidos, que el peso de la razon; y si debaxo de aquellos aparatos hay algunas verdades sólidas, no las considera el entendimiento, porque le ofusca la aparente dulzura de los sentidos[a].
[Nota a:Ne à me quaeras pueriles declamationes, sententiarum flosculos, verborum lenocinia, & per fines capitulorum singulorum acuta quaedam, breviterque conclusa quae plausus, & clamores excitant audientium.Sanct. Hieron.ad Nepotian. Epist. 52. p. 256. t. 1. edic. de Verona de 1734.]
[24] No es esto decir que se hayan de trabajar todas las Oraciones sin ningun adorno, porque no sigo el dictamen de los que dicen, que laeloqüencia es naturaleza, y no arte. El P. FEYJOÓ estampó esta máxîma en el segundo tomo de sus Cartas, y me parece que solo se halla en el título de la Carta, y no en el cuerpo de ella; porque lo que el P. Feyjoó prueba es, que sin arte hay quien es eloqüente, y que por mas arte que haya, nunca puede ser uno eloqüente sin la naturaleza, esto es, si no tiene un gran fondo de natural eloqüencia. Esto es verdad, y es falso el título, porque en él se da á entender, que el estudio de la Retórica para nada sirve, y así lo afirma este Escritor famoso. Ya QUINTILIANO[a] trató de propósito este asunto; y habiendo rechazado á los que tenian la Retórica por inutil, afirma que sin el arte, ninguno puede ser Orador consumado, aunque sea tambien necesaria para esto la naturaleza; y siendo así que este Escritor es el mas entendido, y mas cumplido en esta materia, es de extrañar que el P. Feyjoó no le viese antes de estampar tantas extravagancias, como puso en la citada Carta. Con mejores fundamentos admitió, y probó la necesidad del arte el P.FR. LUIS DE GRANADA en su Retórica Christiana. Volviendo á nuestro asunto de la predicacion, es cierto que algunos modernos pretenden se debe desterrar de los púlpitos la Retórica[b]. La mayor parte de los eruditos no aprueban tan universal dictamen, y quantas invectivas emplearon los antiguos y modernos contra este Arte, fué solo por desterrar el abuso que se observa en algunos, que únicamente se aprovechan de él para hacerse habladores hinchados. S. AGUSTIN[c], y muchísimos Escritores que han exâminado bien esta materia, juzgan, que en algunas ocasiones es utilísimo el Arte de la eloqüencia, si se sabe hacer de él buen uso. Como quiera que sea, sin introducirme en semejante qüestion, me parece que no puede ser acertado el dictamen del P. M. Feyjoó, porque debiera haber antes estudiado de propósito la Retórica; haber visto el uso artificioso con que se han aprovechado loablemente de ella los Griegos, y Latinos; haber mirado de intento, no la Retórica pueril que suele enseñarse á los muchachos, sino aquel arte racional de animar los pensamientos, de mover los afectos, de excitar las pasiones, y de hacer mas clara la verdad, lo qual no lo ha hecho, segun él mismo confiesa[d]; pues ¿cómo ha de ser justo el dictamen sobre una materia no estudiada?
[Nota a:Sin ex pari coeant(habla de la naturaleza, y del arte)in mediocribus quidem utrisque majus adhuc naturae credam esse momentum, consummatos autem plus doctrinae debere quam naturae putabo, sicut terrae nullam fertilitatem habenti nihil optimus agricola profuerit, è terra uberi utile aliquid etiam nullo colente nascetur. At in solo foecundo plus cultor, quam ipsa per se bonitas soli efficiet.Quintil.Instit. orat. lib. II. cap. 19.]
[Nota b: V.P. LamiOrdin. S. Bened. in libr. de Cognit. sui ipsius, & alii apud Dupinde Verit. págin. 315.]
[Nota c: S. Augustin.lib. 4. de Doctr. Christ. cap. 2. num. 3. 6. 8.]
[Nota d: P. M. FeyjoóCart. erud. tom. 2. pag. 55. num 23.]
[25] Digo, pues, que pueden trabajarse las oraciones con estudio, y á veces es necesario valerse del arte para hacerlas perfectas; porque el fin principal del Orador es persuadir, y para esto algunas veces es menester excitar los afectos, y animar las pasiones de los oyentes, lo qual con el arte se hace maravillosamente. Demas de esto hay algunas verdades que son intolerables á los hombres, y el Orador ha de hacerlas suaves y acomodarlas á ser bien recibidas; por lo que en algunas ocasiones es bien hacer un poco deleytable la Oracion; porque la verdad que parecería inadmitible por sí sola, es bien recibida por lo dulce y agradable que la acompaña[a], que; al fin, bueno es usar de algun arte para hacer comprehender á los hombres la verdad, quando se considera que no ha dé lograrse esto de otra manera. Pero siempre ha de llevar el Orador la mira de poner el fundamento de su oracion en las verdades ciertas, en las máxîmas sólidas, y en introducir en los oyentes el amor á lo bueno y á la virtud, y solo para hacer ver claramente estas cosas le será lícito usar de adornos; pero nunca será bien colocar todo el trabajo en hablar mucho, y decir nada. Si el P. Feyjoó dixera, que él arte ha de ser en las oraciones muy disimulado, y tanto, que se confunda con la naturaleza; que la fuerza de la eloqüencia verdadera ha de consistir en el vigor de las máxîmas y en lo sólido de las sentencias, y no en la pompa de las palabras, sin negar que para persuadirlas ayude mucho el arte, hubiera dicho una verdad admitida de todos los Sabios.
[Nota a:Nom veluti pueris absinthia tetra medentes Cum dare conantur, prius oras pocula circum Contingunt mellis dulci, flavoque liquore; Sic ego nunc, quoniam haec ratio plerumque videtur Tristior esse quibus non est tractata, retroque Vulgus abhorret ab hac: volui tibi suaviloquenti Carmine Pierio rationem exponere nostram.Lucret. de Rer. natur. lib. 4. verso II.]
[26] ¡O! dirá alguno, que eso es rigor de los Críticos, porque no hay Sermon donde no se propongan muchos textos de la Sagrada Escritura, y estos contienen grandes verdades. Es así; pero tambien es certísimo que los mas de aquellos textos no los entiende el Pueblo en el modo que suelen proponerse, y me consta esto por experiencia; y si se comprehende lo que contienen, nada persuaden por la mala aplicacion, porque el entendimiento humano es de tal naturaleza, que busca el orden y conexîon entre sus nociones, porque en esto consiste la fuerza de raciocinar; y como no suele hallar esta conexîon muchísimas veces entre los lugares de la Escritura que se explican, y el asunto á que se traen, por eso no queda convencido. En medio de la decadencia grande de la legítima predicacion, que experimentamos, y de que nos dolemos, sirve de consuelo el ver, que algunos Prelados Eclesiásticos de gran zelo y singular doctrina han publicado en nuestros dias dos Pastorales, para reformar cada uno en su respectiva Diócesis los abusos del Púlpito, y reformar la oratoria christiana; y cierto que la necesidad que de ello hay, es muy grande, porque vemos hoy cumplido lo que se dice en la vida del V. Juan de Avila, llamado Apostol de Andalucía; es á saber, que una de las mayores persecuciones de la Iglesia es la de los malos Predicadores[a]. Estamos esperanzados, que al exemplo de estos dos Prelados, los demas procurarán enmendar la predicacion, y reducirla al punto que pide el espíritu de la Santa Iglesia.
[Nota a: Muñozcap. 6. pag. 9.]
[27] ¡Válgame Dios, dice Ariston, qué primoroso, y sabido es Adonis! Tiene una hora de conversacion, y en toda ella habla chistes y cosas agudas, que es un pasmo; ¡qué equivocos usa! Naturalmente habla en verso, y con suma facilidad deleyta. Vanísimo es el juicio que hace Ariston de su Adonis, y es porque no tiene Lógica, ni trabaja en exercitar la razon; porque eso mismo que tanto alaba, hace intolerable á los sabios la conversacion de su Adonis. Qualquiera puede notar, que estos tales ordinariamente se escuchan, y hablan tan afectadamente, que toda su agudeza, y toda su poesía no es mas que una vanísima afectacion, y se conoce facilmente atendiendo, que en todo un año, despues de haber tenido todos los dias una hora de semejantes conversaciones, en todo el año, digo, no ha dicho una sola verdad nueva, ni nada que hayan tenido los concurrentes que aprender; lo que ha dicho son cosas vulgarísimas con frases pomposas, que es lo mismo que si hubiera engastado en plata un pedazo de corcho. No obstante á Ariston le gusta este su Adonis, porque le hincha los sentidos, y le alhaga con algun deleyte superficial. Si Ariston estudia la buena Lógica, sabrá que nada ha de satisfacer al entendimiento, sino losólidoy lo útil, y estas cosas no se hallan sino en lo verdadero y en lo bueno[a]. Por esta razon han de despreciarse tantas poesías, que cada dia nos vienen á las manos, y nada mas hay en ellas que la cadencia; y solo las pueden aprobar los hombres que tienen el entendimiento en los oidos. Los que se contentan con las apariencias sensibles, celebran mucho algunos poemas, que ni tienen substancia, ni tienen solidez, ni contienen mas que pensamientos superficiales, y en fin que son mas frios que el mismo yelo. No obstante se aplauden, y se celebran como venidos del Cielo; y estos vanos aplausos nos acarrean despues una lluvia de Poetas que nos oprimen, y la poesía se hace estudio de moda; de suerte, que es tenido por grande hombre un vanísimo Poeta. Por esto son tan comunes las malas poesías, y tan abundantes, que tan facil es tropezar con los malos Poetas, como con langostas: vicio que ya reprehendió con agudeza el ingenioso D. FRANCISCO DE QUEVEDO, y no hay esperanza de que se corrija si no se estudia muy de propósito la verdadera Lógica, y se hacen los hombres á no fiarse de las apariencias de los sentidos, y á consultar siempre la razon.
[Nota a:Non qui multa, sed qui utilia novit, sapiens est.Stob.serm. 3. t. 1. p. 35.]
[28] Entre las apariencias de los sentidos ninguna es mas engañosa que la que lleva el caracter debello, y dehermoso, Todavía no estan conformes los Filósofos en difinir en qué consiste lo que llamamos hermosura y belleza, así en las cosas animadas, como inanimadas. Yo pienso, que lo que llamamos hermosura en las cosas sensibles es cierto orden y proporcion que tienen entre sí las partes que las componen. Este orden es relativo á nuestros sentidos, porque á unos parece hermoso lo que á otros feo: y tanta variedad como se encuentra en estas cosas, nace de la impresion diversa que un mismo objeto ocasiona en distintos hombres, y del diferente modo con que excita los sentidos en cada uno. Sucede, pues, en esto lo mismo que en todas las otras percepciones de los sentidos, que solo nos ofrecen las cosas con proporcion á nuestro cuerpo; y así se ve, que si se muda con el tiempo, ó de otro qualquier modo el orden de partes en el objeto, ó en los órganos de los sentidos, se pierde, ó se muda la hermosura.
[29] Síguese de esto, que la hermosura de estas cosas sensibles es una apariencia, que solo puede arrastrar á los hombres que dexan llevarse de las exterioridades que se ofrecen á los sentidos sin exercitar la razon. El ver, pues, cómo inconsideradamente buscan muchos estas apariencias, y van con inquietudes continuas ácia estos vanísimos atractivos de los sentidos, hace ver el poco uso que hacen los hombres de la razon, y lo poco que reflectan para distinguir lo aparente de lo verdadero. La verdad tiene una hermosura, que puede satisfacer al entendimiento; la bondad lleva consigo una belleza capaz de atraer á la voluntad. Si yo dixera, que el entendimiento recibe un gran contento quando descubre la verdad[a], y que la voluntad le recibe tambien quando ama lo bueno, diría una cosa certísima, y digna de que la escuchasen y meditasen seriamente todos los hombres; pero son tan sensibles por lo comun, que les parecerá esto digno solo de contarlo á los habitadores de los espacios imaginarios.
[Nota a:Indagatio ipsa rerum tum maximarum, tum etiam occultissimarum habet oblectationem. Si verò aliquid occurret, quod verisimile videatur, humanissima completur animus voluptate.Cicer.Quaest. Acad. l. 2. c. 118.]
[30] Los hombres, que solo hacen uso de sus sentidos, miran este orden de la hermosura, y siguen los desordenados afectos que ocasiona.¡Qué voz tiene Lucinda tan suave! ¡qué ayre tan magestuoso! ¡Es una maravilla como canta, como anda, como habla! Todo es un encanto.Y es verdad que es un encanto para los que se paran solamente en las apariencias sensibles. Ni hay que dudar, que el tono de la voz, el ayre del semblante, la risa natural, el trato amable, y á veces las lagrimillas de las mugeres, son un dulce veneno que ocasiona mil estragos en los poco advertidos, que no conocen que aquellas cosas en sí mismas son de muy poco valor, y solo son estimables quando van acompañadas de la virtud y de la razon. Para conocer mejor la vanidad de estas apariencias, se puede considerar la hermosura, y belleza de las cosas como un orden físico, ó como orden moral. En el primer modo admira la hermosura á los sabios, porque consideran en ella un orden de partes maravillosamente fabricado por el Criador, y porque se descubre aquel número, peso, y medida con que ha hecho todas las cosas materiales y sensibles. La consideracion de lo hermoso, y de lo bello en este sentido es inocente, y tal vez loable, porque excita el conocimiento de la divina Omnipotencia. Con orden moral se consideran estas cosas como pertenecientes á las costumbres, ó como objetos de las acciones morales de los hombres. En este modo no puede el hombre, ni debe amar, ni abrazar semejantes objetos, sino conformándose con la Ley divina, y con sus sacrosantos Mandamientos y preceptos; y esto es lo que dicta la razon, porque con ella alcanzamos, que de todas las cosas sensibles no podemos debidamente hacer otro uso, que atendiendo al fin que el Criador se ha propuesto, y con respecto ácia la eterna felicidad de los hombres.
[31] En el amor á lo bello sensible erramos tambien de otra manera. Quando se nos presenta un objeto hermoso á la vista, no solo tenemos la percepcion que viene de los sentidos, sino que juntamos á esta percepcion la nocion del bien, y la voluntad es llevada á amarle. Pero, como ya hemos dicho, todas las apariencias, y objetos de los sentidos no ofrecen sino falsos bienes, ó aparentes, y ácia ellos nos arrastran la concupiscencia, y el desorden de los apetitos. El hombre que usa de la razon no hace caso de estos aparentes bienes, y dexa de juntar la nocion del bien con semejantes objetos; antes algunas veces junta la nocion del mal, la de lo aparente, la de lo engañoso, la de lo falso, y de este modo aparta de la voluntad el amor desordenado de las cosas bellas sensibles.
[32] Esta facilidad de detenerse los hombres en las cosas sensibles nace, como ya hemos dicho, de que estas dexan en el cuerpo impresiones que duran mucho, y con dificultad se borran; y como el alma corresponde con ciertas representaciones, de ahí procede que le hagan mayor fuerza las cosas que entran por los sentidos, que las que por sí misma alcanza. Este es el motivo de muchísimos errores, y en especial de que hacemos mucho caso de lo que tenemos presente, y despreciamos lo venidero. Todos los Christianos, y todo hombre que hace uso de la razon conoce la eternidad, y sabe que no somos criados para este mundo, sino para el Cielo; no obstante estamos tan atados con aquel, que muy pocas veces pensamos en este, y es porque el mundo le tenemos presente, y obra continuamente sobre nuestros sentidos, y la eternidad la miramos de lejos; ó, lo que es lo mismo, conocemos este mundo por los sentidos, y al Cielo con la razon.
[33] Todas estas consideraciones tiran á fortalecer la razon contra las apariencias de los sentidos, y á avisar á los hombres, que sus sentidos son tal vez su mayor enemigo, que no deben facilmente dexarse llevar de sus representaciones, y que no juzguen precipitadamente por solo su informe sin consultar la razon. Hanse de mirar como instrumentos dados por el Criador para la conservacion del cuerpo humano; y se ha de advertir, que siendo los únicos medios por donde el alma empieza á alcanzar las cosas, son tambien el principal origen de sus errores, y de sus males. Si pudiéramos lograr que los Materialistas, y Deistas de estos tiempos se parasen á contemplar estas verdades, que son muy ciertas y muy claras, acaso volverían en sí, y dexarían su torpe halucinacion, pues no conocen que toda su vida son como los niños, que nunca piensan mas que en lo que tienen presente, porque son solo sensibles, y no exercitan la razon, ni son capaces de la buena Lógica.
De los errores que ocasiona la imaginacion.
[34] No es posible comprehender en corto volumen los errores que ocasiona la imaginacion; pero propondré los mas notables, y facilmente podrá el que fuese atento conocer de quántas maneras nos engañamos por las representaciones de esta potencia. Hase de tener presente lo que ya hemos mostrado que nosotros formamos imágenes de todas las cosas que percibimos, no solo de las sensibles, sino tambien de las espirituales; y si las considerásemos atentamente, hallaríamos dentro de nosotros un mundo espiritual mucho mayor que este que habitamos, y reducido á cortísimo espacio: es decir, hallaríamos en nosotros mismos las imágenes que corresponden á los objetos que componen este mundo visible, y á los espirituales, é incorporeos que no son de su esfera, y lo que es mas todas reducidas á cortísimos límites. Considerémos quantos objetos se presentan á nuestros sentidos en el discurso de una larga vida, y hallarémos que las imágenes de todos se hallan en la mente. Considerémos tambien de quántas maneras combinamos, ó separamos tantos objetos, y las imágenes que tenemos de estas combinaciones. Pensemos despues quántas veces percibimos las cosas espirituales, de quántas maneras abstrahemos la naturaleza de las cosas, y en fin la muchedumbre copiosa de intelecciones que hacemos en el uso de las ciencias abstractas, y hallarémos que todas las contiene el alma, y de todas quedan vestigios, que con la memoria se renuevan. Si meditamos un poco sobre esto, podrémos decir, que este es un Reyno, ó mundo interior reducido á pequeño espacio, pero capaz de contener mayor número de cosas que el mundo material que habitamos; y si levantamos debidamente la consideracion, habrémos de reconocer la infinita sabiduría que ha fabricado tan maravillosa obra, y confesar que no puede un mundo material tan extendido contenerse en la materia reducida á un espacio infinitamente pequeño, como es el que encierra tantas nociones; por donde es preciso reconocer un Ser espiritual, cuya esfera es por su indivisibilidad único receptáculo de tantos conocimientos. Esto con alguna mas extension lo he manifestado contra los Materialistas en miDiscurso sobre el Mechânismo.
[35] La impresion de los objetos sensibles hace variar las imaginaciones. Si la fantasía es capaz de recibir muchas imágenes, hace una imaginacion fecunda; si recibe las imágenes, y se hacen permanentes, será la imaginacion fuerte; si con facilidad recibe las representaciones, es la imaginacion blanda; si una vez recibidas con tenacidad las retiene, es vehemente; si facilmente las recibe, y con la misma facilidad se borran, es torpe; si con dificultad se imprimen, y tenazmente se retienen, es violenta; y á este modo pueden ser infinitas las combinaciones que nacen de la diversidad de pintarse las imágenes en la fantasía. Lo que principalmente se ha de notar es, que toda suerte de imaginacion nos puede ocasionar el error, porque puede engañar al juicio; de modo, que si bien lo consideramos, no hay error en la imaginacion, sino en el juicio, á la manera que sucede con las percepciones de los sentidos. Débese, pues, poner el cuidado posible en gobernar bien el juicio, y en no dexarse llevar de las apariencias de la imaginacion. Aprovechará mucho para conseguir esto el conocimiento de que las pasiones casi siempre acompañan á la imaginacion, como ya hemos explicado antes.
[36] Con estas advertencias será facil descubrir muchos errores que ocasiona la imaginacion, y manifestar el modo de evitarlos; y para disponerlos con orden los distribuirémos en los que pertenecen á la Religion, y al trato civil donde comprehenderémos los que atrasan los progresos de las Artes y Ciencias. Gran parte de las heregías que en todos los tiempos han infestado la Iglesia, han nacido de imaginaciones fuertes, y fecundas. Pongamos en la antigüedad á MONTANO, que imagina vivamente, que el Espíritu Santo ha dado á él sus dones, y no á los Apóstoles, imprimiéndose profundamente en su imaginacion esta especie y otras semejantes, las quales hallando la razon flaca, y el juicio poco sólido, los pervirtieron, ocasionando graves errores. Fuéle facil á Montano hacer creer como verdaderos los falsos entusiasmos de su imaginacion á Prisca y Maxímilla, que por el sexo, y falta de instruccion, lograban una imaginacion fuerte, y la razon flaca. Tuvo Tertuliano la imaginacion muy fuerte y vehemente, y no la acompañaba un juicio de los mas sólidos; y recibiendo en su fantasía los errores de Prisca, no supo enmendarlos. Pero en Tertuliano no era solo fuerte la imaginacion, sino vehemente, pues se le imprimian tan fuertemente las cosas, que arrastraban al juicio, y por la vehemencia las persuadia facilmente á los demas. No obstante esto, es preciso confesar, que suApologíapor la Religion es ciertamente obra util y de juicio, aunque resplandecen mucho en ella las fuerzas de la imaginacion vehemente; pero acabó de mostrarlas en el libro dePallio, donde emplea la eficacia mayor, y toda la vehemencia que es decible en persuadir cosas inútiles, y de ningun momento.
[37] Algunos colocan á Séneca entre los Escritores de imaginacion fuerte y de poco juicio[a]. No puede negarse, que Séneca tuvo la imaginacion fuertísima, y muy vehemente. Conócese en que igual eficacia emplea en las cosas improbables, que en las ciertas, lo que es propio de los que tienen imaginacion indómita. Su descripcion delSabio, no solamente es vana, sino ridícula; y como era su imaginacion fecunda, la hermoseó con tanta variedad de pensamientos y sentencias, que ha embelesado á muchísimos lectores, ó tan imaginativos como él era, ó de grande imaginacion y pequeño juicio. No obstante se ha de advertir, que no fué Séneca de los Autores menos juiciosos, aunque creo que fué mayor su imaginacion que el juicio. Fué Estoico, ó quiso parecerlo, y se hallan en sus escritos sentencias, y máxîmas admirables para animar á seguir la virtud. Esto obligó á S. Gerónimo á contarle entre los Escritores Eclesiásticos, y á tener por verdaderas las cartas de S. Pablo á Séneca; mas los Críticos modernos no dudan que son apócrifas. Como quiera que sea, tuvo Séneca eficacia loable en persuadir el camino de la virtud, como el único medio para conseguir la felicidad humana; y ojalá que sus sentencias tuvieran mayor trabazon, que así serían mas estimables: de suerte, que ya en lo antiguo por esta falta fué llamado justamente el estilo de Sénecaarena sin cal. He visto muchos libros modernos que tratan, ó de máxîmas morales, ó políticas, y justamente puede atribuírseles la misma censura; y quizá su lectura fuera mas provechosa, si el entendimiento hallara conexîon entre las verdades que contienen.
[Nota a: MallebrancheRecherche de la verité, tom. 1. part. 3. chap. 4.]
[38] En nuestros tiempos tenemos hartos ejemplares de los errores que ocasiona la imaginacion vehemente, y fuerte quando está acompañada de poco juicio. Tanto número de Sectarios, como vemos en nuestros dias, tienen corrompida la imaginacion, y pasa el contagio á corromper el juicio. Imaginan una cosa, y esta hace tan hondas impresiones, que excita continuamente pasiones desmedidas. El juicio entonces dexalibrementellevarse de la fuerza de aquellas imaginaciones, y las tiene por verdaderas, y así ocasionan el error. MR. JURIEU, LUTHERO, ZUINGLIO, y otros Hereges se imaginaban mil desórdenes en la Iglesia Católica, y, el juicio asentia á que realmente los habia, estando solo en su imaginacion. En estos acompañaba á sus depravadas imaginaciones alguna pasion, porque como ya diximos, y conviene siempre tenerlo presente, siempre que el alma percibe algun objeto, y tiene la imagen que se pinta en la fantasía, suele excitarse alguna pasion, ó de esperanza si puede lograrse el objeto, y se considera útil, ó del miedo si se considera dañoso y cercano, y así de otras mil maneras. En las expresiones, pues, de semejantes hereges se manifiesta, que á su descompuesta imaginacion acompañaban pasiones desenfrenadas, ya de odio ácia la Iglesia, ya de esperanza de ser por ese camino memorables y afamados, ya el deseo inmoderado de la singularidad, y en fin un amor propio extremado que los hacia parecer á ellos mismos únicos en razonar, y los solos en conocer, y distinguir lo verdadero de lo falso. La fuerza de tan vehementes imaginaciones junta con el desorden de pasiones tan extravagantes, arrastraban al juicio, y los hacia caer en feísimos errores.
[39] No se ha acabado la raza de estos Escritores, que por la depravada imaginacion, y pasiones vehementes que la acompañan, publican enormes extravagancias. MR. DE AROVET (llamóse despuesVoltaire, y así le nombrarémos) da hoy un evidente testimonio de esto. He visto de espacio sus principales escritos en la famosa edicion del año 1757, que se supone correcta por su Autor, y algunas obrillas junto con el Diccionario Filosófico posteriores á esta edicion. Son dignos de verse los Escritores Franceses que le han impugnado, porque algunos lo han hecho con grandísimo acierto. Como yo veo que se celebra la sabiduría que no tiene este Poeta, que desprecia la Religion Christiana, que alaba los vicios mas abominables, protege el materialismo, desautoriza lo mas sagrado, así Secular como Eclesiástico, y que habla de todo, como si todo lo supiese: diré sin reparo lo que á mí puede tocarme, que es el defecto de lógica, que generalmente reyna en sus obras, para que se miren, como lo merecen, casi siempre opuestas á la razon. Quien quiera que haya leido á Mr. Voltaire conocerá un hombre de imaginacion grande, vehemente, fecunda: de un ingenio vivo, despejado, agudo, pronto: de una letura vaga de libros modernos, limitada, y muy superficial de los antiguos originales: una instruccion vasta de las cosas presentes, sin ahondar en las Ciencias, ni en sus principios, ni fundamentos: en conclusion un talento que los Franceses llamanbel sprit. Si á estas calidades añadiese un juicio sólido, una instruccion maciza profunda, una erudicion original, y un estudio continuo bien fundado de las Artes y Ciencias, ciertamente se podria llamar nobel sprit, sinobon sprit, habiendo mucha diferencia entre estos dos atributos.
[40] Si como á las bellas representaciones de su fantasía, y combinaciones vastas de su ingenio han acompañado siempre las pasiones de desafecto á la Religion Christiana, de deseo de gloria y de singularidad, de independencia, de satisfaccion propia, y otras de este jaez, hubiera tenido inclinacion á la piedad, subordinacion á los sabios, desconfianza de sí mismo, mas deseos de ser util que aplaudido, mas contenido, menos licencioso, menos propension á las apariencias atractivas de lo sensible, y, por decirlo de una vez, menos amor propio, hubiera podido ser util al género humano, empleando en su favor los talentos. Si en lugar de un estilo florido correspondiente á su imaginacion, lleno de expresiones chocantes y agudas, de sales penetrantes y malignas, de un ayre y tono libre y desenvuelto, hubiera usado (á lo menos en la prosa) de un lenguage propio, expresivo, moderado, y tal que conociesen todos que tiraba á enseñar y no á ofender, sería mas aceptable entre los que prefieren lo sólido á lo brillante, gobernándose por el juicio, no por la imaginacion. Muéstrase defensor de la humanidad, pero al hombre para mantenerle solo le procura lo que le destruye. Mírale por la parte de lo sensible, y por este lado le levanta, dándole licencia para quanto le sugiere el apetito y el gusto: no le mira por la parte de la razon, ni del juicio, y por eso se abstiene de darle buenas máxîmas. En los grandes hombres solo nota las faltas, calla las virtudes, y si las nombra las envuelve en sátiras; y siendo así que mientras haya hombres ha de haber vicios y defectos, asido de estos pinta al género humano de peor condicion que las bestias, gobernándose por lo que vulgarmente es, sin enseñarle lo que debe ser. En todas sus obras no hay un discurso filosófico seguido. En la historia no se citan monumentos que hagan fé. Si BALUZIO, LAUNOI, Y VALESIO, sus paysanos, sacasen la cabeza, y viesen lo que este Historiador asegura siempre sobre su palabra, y ageno de documentos, se admirarían que hubiese celebradores de tales escritos. Habla de todas las cosas sin estudio fundado de ellas, y está á la vista, que rara vez trae pruebas de lo que afirma. El Diccionario Filosófico suyo, donde todo se dice al ayre sin probarse nada, es un testimonio calificado de esto, pues en él ha reducido á compendio toda la impiedad, y cúmulo de errores esparcidos en los demas libros. El Parlamento de París le ha mandado quemar por mano del Verdugo. De la Araucana de Alonso de Ercilla, despues de una alabanza de un solo pasage, habla de lo demas con gran desprecio. ¿Qué dirán nuestros Críticos que á Ercilla le llaman Lucano Español? ¿Trae algunas pruebas para este desprecio? Nada menos. Sobre su palabra va todo, como acostumbra.
[41] Por el estudio de la Historia Eclesiástica mas limada se echa de ver, que quantas blasfemias, y sátiras trae contra la Religion Christiana, son antiguos errores combatidos de los Padres, y olvidados de los fieles. JULIANO el Apóstata, CELSO el Filósofo, FILOSTRATO, y otros impugnadores antiguos de la Religion de Jesu-Christo, junto con los desvaríos de los Filósofos Gentiles le hacen el gasto: con añadir las sátiras; invectivas, chistes satíricos de los incrédulos modernos, en lo que está bien instruido, tiene materiales para constituirse enemigo de la verdad, y de la buena Lógica. ¿Qué capacidad, ni talento es menester para renovar errores viejos, vistiéndolos con nuevos adornos de estilo, agudeza y ayre agradable á los oidos incautos, para que sean bien admitidos? Si las máxîmas de Voltaire se publicasen desnudas de adornos, y viniesen, como solemos decir, á cara descubierta, dudo que hubiese hombre sensato que las adoptase; mas viniendo vestidas con quanto puede halagar los sentidos y hinchar la imaginacion, no es de extrañar se hayan impresionado en el entendimiento de los que son mas sensibles que racionales.
[42] Ya que nuestros jóvenes no puedan leer facilmente las impugnaciones sólidas, que los Franceses han hecho á Voltaire, á lo menos conviene que vean la que en lengua Castellana se ha publicado con el título:Oráculo de los nuevos Filósofos, donde hallarán por menor descubiertos y rechazados sus errores. Lo que yo puedo asegurar es, que en un libro suyo intituladoCacomonadecomete un plagío enorme, copiando á la letra del célebre ASTRUC quanto allí pone sobre el mal gálico, y solo añade Voltaire lo que no se puede referir sin faltar á la modestia. Sobre NEWTON no hace mas que extractar la Óptica de este Ingles, añadiendo algunas voluntariedades suyas, como se ve á cada paso en lo que atribuye á los antiguos, en el desprecio que hace de los Griegos, y en lo que celebra, segun su pasion sin consultar los originales, en algunos modernos. Dicen que Voltaire es buen Poeta; lo que yo aseguro es, que ni es Lógico, ni verdadero Filósofo.
[43] Por otro camino yerran otros, y los precipita su imaginacion. Como todos sentimos, é imaginamos las cosas en la niñez, y entonces no razonamos, hacemos un hábito de imaginar de tal suerte, que despues quando exercitamos la razon nos vemos obligados á imaginar los objetos sobre que razonamos, y no podemos percibir la cosa si no formamos imagen sensible de ella en la imaginacion. Esta es la razon por que con solo el estudio teórico hacemos pocos progresos en las Ciencias prácticas, porque la sola teórica no ofrece nociones tan sensibles de las cosas como la práctica, que las vuelve mas perceptibles; sucede por esto, que algunos niegan todo aquello que no pueden imaginar. CALVINO nunca pudo comprehender con su imaginacion, que el Cuerpo de Jesu-Christo pudiera estar en la Eucaristía y en el Cielo á un mismo tiempo, porque la imaginacion no puede percibir á un cuerpo en dos lugares distintos á un tiempo; de aquí concluyó, que la presencia del Cuerpo de Jesu-Christo en la Eucaristía no era real y verdadera, sino mística. Erró torpemente este Heresiarca, así en esto, como en muchas otras cosas, por la fuerza de su imaginacion, y por dar á la imaginativa mayor extension de lo que le corresponde. No puede la imaginacion concebir á un cuerpo en dos lugares distintos á un mismo tiempo, porque el entendimiento entonces junta la representacion de aquel cuerpo con la del lugar; y como las imágenes de los lugares son distintas, hace distintas las del cuerpo, ó no sabe hacer á esta una sola. En este asunto erró tambien JUAN CLERICO[a], y muchos Lógicos entre los modernos. Pero para desengañarse no es menester mas que ver lo que toca á la imaginacion y ver lo que pertenece á la razon. Esta dicta, que Dios puede infinitamente mas de lo que podemos los hombres imaginar, y que por consiguiente aunque la imaginacion no comprehenda una cosa, debemos creerla si la Fe divina la enseña. Estos sectarios admiten por ciertas muchas cosas, que no puede alcanzar su imaginacion. La eternidad no la podemos imaginar, y la tenemos por cierta. Tampoco podemos imaginar al infinito, y no obstante le tenemos por exîstente. ¿Por qué, pues, se ha de dar tanto valor á la imaginacion en unas cosas, y no en otras? Yo creo que es, porque estos tales de puro imaginar no hacen otro exercicio que el de esta potencia, y á ella temerariamente sujetan la razon, el juicio, y aun el soberano, é infalible dictamen de la Iglesia.
[Nota a: Cleric.Pneumatol. cap. 8. sect. 3.]
[44] Pasemos ahora á otros errores que ocasiona la imaginacion, y son muy freqüentes, aunque por lo comun no tan peligrosos. Lusinda tiene la fantasía blanda y dispuesta á recibir varias representaciones con viveza, y á retenerlas: dedícase á leer libros de piedad y devoción, ó empieza á meditar y pensar en las cosas divinas. Con la meditacion y la letura se va llenando de imágines la fantasía de Lusinda, de suerte, que apenas se excitan en su imaginativa otras representaciones, que las que ha impreso la continua letura y meditacion. En este estado se le excita la pasion, ó el deseo de lograr lo que lee, ó sabe haber logrado otras personas piadosas, es á saber,hablar con Dios; y continuando Lusinda en meditar las mismas cosas, la pasion va creciendo al paso que crecen las imágenes que hay en la imaginativa. La fuerza y continuacion en imaginar calientan la fantasía, y juntando las representaciones antes separadas, la vehemente pasion empieza á dominar al juicio, y luego piensa Lusinda que ve á Dios en esta, ó la otra forma, que le habla en esta, ó la otra manera, que le representa su pasion y muerte, y otras mil cosas que le vienen á la fantasía; de suerte, que como su imaginacion es capaz de recibir muchas imágenes, y el juicio no sabe ya entenderlas, facilmente las cree en el modo mismo que las imagina. Entonces dice Lusinda, que son revelaciones divinas lo que no es mas que entusiasmo de su imaginacion blanda y acalorada. Y si encuentra con un Director, que tenga la misma blandura en la fantasía, y no tiene aquella prudente sagacidad que se requiere para estas cosas, facilmente tiene por revelaciones todo lo que Lusinda cuenta, y las estampa despues en los libros como venidas del Cielo.
[45] Bien se yo que hay en la realidad revelaciones especiales, ó privadas, y que Dios habla á los varones santos, y les comunica algunas cosas para su utilidad y consuelo; pero sé tambien que es muy dificultoso distinguir las verdaderas de las falsas, y que es muy facil que la fantasía vehemente y acalorada haga parecer verdaderas revelaciones las que solo son apariencias de la imaginacion. El diablo suele transformarse á veces en Angel de luz, y para engañar á las criaturas se aprovecha de esta flaqueza de la fantasía en que tiene especial influencia. Por esto la Iglesia Católica procede con gran cautela en el exámen de semejantes revelaciones, y á su exemplo suelen exâminarlas con mucho cuidado los varones santos y juiciosos, que no quieren ser engañados. En efecto Priscila, y Maxîmila tuvieron por revelaciones divinas los errores del Herege Montano, y creian que les hablaba el Espíritu Santo, y les fué facil comunicar el contagio de su depravada fantasía á un varon tan ilustre como Tertuliano, porque hallaron en él una imaginacion fecunda, y superior al juicio. En nuestros tiempos tenemos otros exemplares recientes de muchos Hereges, que quieren hacer pasar los delirios de su imaginacion por revelaciones especiales, y harto se han gloriado de esto Lutero, y Mr. Jurieu, pero con risa y desprecio de todos los sabios.
[46] Hay otras mugeres que hablan de revelaciones especiales, y su error está en la fantasía, aunque se hace de otra manera. Gelarda, muger sumamente devota y piadosa, está enferma de afecto histérico, y no lo conoce. Es este un mal que de ordinario gasta la imaginativa, porque tiene su asiento en aquellos nervios, que extendidos hasta el diafragma y el celebro, sirven para propagar las impresiones de los objetos externos. Introdúcese poco á poco en el celebro de Gelarda aquella enfermedad, que se llamamelancolía, y suele acompañar al afecto histérico. Desordenadas ya las partes sobredichas, que influyen poderosamente en la imaginativa, se descompone el orden de las impresiones en que continuamente exercita Gelarda la fantasía, por donde es muy natural que en la enfermedad se le exciten las imágenes de cosas devotas, al modo de uno que delira, pues habla de las mismas cosas que en la salud mas pensaba, bien que desordenadamente por el vicio de su celebro. Ocupada ya Gelarda de la melancolía, empieza á delirar, y dice que ve á Jesu-Christo en el Huerto sudando sangre, ú vé á la Virgen Santísima, que se le aparece en su gloriosa Asuncion, y le dice estas, ú las otras cosas; y si la fantasía está muy caliente, tal vez dice que le da coplas y redondillas para que las cante. Si la enfermedad no es muy fuerte, queda en este estado el delirio de Gelarda, y no es conocido sino de aquellos que en estas cosas saben la fuerza de la fantasía, y no se dexan engañar. Un caso muy semejante á este me ha sucedido, y conocí el delirio, y lo previne, y con el tiempo se acabó de confirmar evidentemente mi pensamiento. LUIS ANTONIO MURATORI[a] cuenta que en Milan habia una Religiosa, que decia que cada noche hablaba familiarmente con Jesu-Christo, y así lo creía la mayor parte de aquel gran pueblo. El Arzobispo, que era entonces Federico Borromeo, varon de gran juicio y singular discernimiento, quiso asegurarse por sí mismo, y dixo á la Religiosa, que se hallaba con una alhaja muy estimable y de gran valor, pero que para saber lo que debia hacer de ella lo preguntase á Jesu-Christo, y con eso sabria que no podia errar. Tuvo la Religiosa sus imaginadas habladurías, y dió de respuesta, que vendiese la alhaja y la repartiese entre los pobres. El caso fué, que la alhaja de que hablaba el Arzobispo era su alma, y si Jesu-Christo hubiera hablado con la Monja, no le hubiera dicho que la diese á los pobres. Otra Religiosa decia, que Dios todos los dias la subia hasta el Sol, y la hacia ver la hermosura de aquel Planeta. Preguntóla el mismo Prelado quán grande era aquel Astro, y respondió que como un Cesto. Conoció claramente este insigne Varon, que no eran otra cosa semejantes revelaciones, que entusiasmos de imaginaciones valientes, y pervertidas. Para que esto no cause dificultad, no hay mas que considerar la viveza con que la imaginativa representa una cosa en los sueños. No parece sino que la tenemos presente, y que en la realidad nos sucede lo que soñamos. Entonces no obra el juicio ni la razon, y por eso no corregimos lo que se nos presenta. Sucede, pues, en la vigilia, que la imaginacion representa algunas cosas con la misma fuerza y tal vez mayor que en los sueños: sucede tambien que el juicio no corrige á la fantasía, ó porque es pequeño, ó por estar impedido de alguna enfermedad, y así ocasiona la imaginacion mil errores.
[Nota a:Philosoph. Moral, cap. 6.]
[47] No pretendo con esto introducir la terquedad y obstinacion en no creer estas cosas que pertenecen á revelaciones especiales, como hacen algunos: intento solo descubrir la verdad, y deseo que se hagan los hombres á exercitar la razon; y siempre tendré por prudencia desconfiar de las relaciones de muchas personas devotas concernientes á este asunto; y exâminarlas con toda la diligencia posible para evitar el error; porque algunas de estas revelaciones, ó mejor imaginaciones, son á la verdad inocentes, esto es, no incluyen cosa opuesta á los sagrados dogmas, ni disciplina de la Iglesia; pero hay otras llenas de peligro, y no fuera difícil mostrarlas en algunos libros donde se hallan impresas. Por esta razon quisiera yo que algunos de los que trabajan vidas de personas Venerables por su santidad y virtud, tuviesen mejor gusto, y las escribiesen con mejor Lógica. Alabo el zelo de semejantes Escritores, pero no el juicio. El escribir la vida de una persona virtuosa es instituto muy loable, porque es ofrecer á los lectores un exemplo de virtud para imitarle y aspirar á la misma perfeccion. Pero he visto muchos libros, que no muestran el fondo de virtud de sus héroes, ni manifiestan el modo con que exercitaban la humildad, la paciencia, la caridad, la mortificacion, la honestidad, y demas virtudes, antes se trata esto de paso; y muy de propósito se ponderan las revelaciones inmensas, las apariciones sinnúmero, que tuvo la persona Venerable; y casi se intenta probar la gran santidad de un Varon por el copioso número de revelaciones, y no por la prueba real y verdadera de sus eminentes virtudes. Lo peor es, que despues de haber llenado un libro de revelaciones, no se halla en todo él ni una sola prueba, de si fueron, ó no verdaderas, y es, porque los Escritores no lo dudan. Ya se queja de estos descuidos Benedicto XIV. en su Obra de la Canonizacion de los Bienaventurados, donde de propósito trata este mismo asunto. Y pocos dias hace que se publicó el tratado deRevelacionesdel famoso Crítico Eusebio Amort, merecedor de que le lean los que han de exâminar semejantes revelaciones, porque se trata este asunto con buena Lógica y justa Crítica.
[48] Podráse decir contra esto, que algunas personas santas y virtuosas dicen de sí mismas haber tenido visiones y apariciones, por donde es forzoso, ó creerlas, ó tener á tales personas por no veraces. Es así que hay muchas visiones y apariciones de Varones santos; y al mismo tiempo es cierto que hay muchas apócrifas, ó fingidas por otros que se las atribuyen con ánimo deliberado de captar al Pueblo. Harto comunes son en los libros los exemplos de entrambas. De las fingidas no hay necesidad de hablar, sino, en sabiendo que lo son, desecharlas. De las personas venerables por su virtud y santidad se ha de creer, que dicen lo que sienten con veracidad; pero aun de este modo han de ser exâminadas sus visiones, porque cabe que sin faltar á la verdad, las apariciones no sean aceptables. A dos clases se han de reducir las visiones y apariciones: unas son sensibles, quando las cosas que no existen, pero existieron, ó han de exîstir, se presentan á los sentidos como actuales: otras son mentales, quando la imaginacion tiene tan vivas las imágenes y representaciones de los objetos que fueron, ó han de ser, pero no son, que el entendimiento los mira como presentes. Las primeras nunca suceden sin un verdadero milagro; y aunque es cierto que Dios hace milagros, pero tambien lo es que no son tantos como el vulgo literario presume: de manera que siendo preciso exâminar la operacion milagrosa con mucha diligencia para asegurarnos, el mismo cuidado se ha de poner en averiguar las apariciones sensibles antes de creerlas. Las mentales unas son naturales, como se ve en los melancólicos muy imaginativos, á quienes se ofrecen las cosas pasadas y futuras, como presentes, con una viveza extraordinaria: en los maniacos y frenéticos, que por la enfermedad dicen que ven los muertos, y mil cosas que no hay, y lo aseguran, y gritan si se les contradice: en los sueños, donde cada dia hay motivo de experimentarlo: otras son sobrenaturales, como las que se conoce claramente que no caben en la esfera de la naturaleza.
[49] El modo de distinguirlas se toma de lo que representan y las circunstancias que las acompañan. Si la persona, aunque sea virtuosa, es crédula, de imaginacion fuerte, muy melancólica, enferma, ya sea de todo el cuerpo, ya de la cabeza, pensativa, metida en sí, y nos dice que ha tenido visiones y apariciones, es menester suspender el juicio hasta exâminarlas, porque tales personas naturalmente son visionarias: si lo que dicen de su vision es inverosimil, extravagante, erroneo, de ningun momento, y contradictorio, se han de tener por naturales, de acaloramiento de la cabeza, y falsas: si la doctrina que encierran es opuesta á los dogmas, ó disciplina de la Iglesia, ó en ellas se encierra interes, daño del próximo, ú qualesquiera fines particulares distintos de la gloria de Dios, y instruccion de los Fieles, se han de mirar como entusiasmos de una fantasía inflamada. Las sobrenaturales se conocen por caractéres opuestos á los sobredichos, y de ellas hay exemplos en las divinas Letras, que han de recibirse con toda sumision. Lo cierto es que en Roma, donde se exâminan estas cosas con gran exâctitud y juicio, de millares de visiones de las personas virtuosas apenas se aprueba una, y á veces se reprueban todas. Esta materia, ademas de los Autores citados, la ha tratado con solidez el ABAD LANGLET; y antes que todos los propuestos ha abierto el camino con admirables advertencias para no desviarse nuestro insigne Español el P. JUAN DE AVILA en suAudifilia[a].
[Nota a:Capítulo 50, 51, y 52. tom. 3. pág. 279, y sig.]
[50] Para no caer, pues, en errores en este asunto, será bien exercitarse en distinguir lo que es propio de la imaginacion, y lo que toca al juicio. Se ha de saber, que la imaginacion no hace otra cosa, que representar al vivo las imágenes de los objetos; pero al juicio toca hallar la verdad de las cosas que ofrece la fantasía; y como desde niños nos hacemos á imaginar mas que juzgar, será bien exercitar continuamente la razon, y sobre todo saber dudar quando convenga, y no juntar con precipitada facilidad el juicio con la imaginacion. Si se trata de conocer lo que sucede en otra persona, ademas de lo dicho será conveniente exâminar si la gobierna alguna secreta pasion, y muchas veces se hallará, que el deseo que tiene una muger de parecer santa, ó el apetito de fama de virtuosa, ó la ambicion y deseo de mandar, ó tal vez el despecho por no venirle las cosas como desea, han corrompido su fantasía; y de aquí nace que juzgue por revelaciones sus delirios. Acaso la malicia es el mobil de estas fingidas apariciones: tal vez alguna oculta enfermedad, que no es conocida, porque no se manifiesta por defuera, ó la ignorancia, que es general fomento de estas creencias. En fin la razon dicta, que quando se ofrecen semejantes revelaciones, empiecen los hombres sabios á exâminarlas dudando, averiguando las pasiones, la eficacia de la imaginacion, la verosimilitud, y la conformidad que tienen con los dogmas y disciplina de la Iglesia, y poniendo en obra todas las reglas de la buena crítica.
Continúase la explicacion de los errores que la imaginacion ocasiona.
[51] Hemos propuesto en el capítulo antecedente algunos errores que ocasiona la imaginacion en asuntos de Religion y de piedad; en este manifestarémos los que principalmente ocasiona en el trato civil, y en el exercicio de las Artes y Ciencias, y para hacerlos mas comprehensibles, los dividirémos en varias clases, segun las varias influencias que suele tener en ellos la fantasía.
[52] En primer lugar suelen ocasionar el error lasimaginaciones pequeñas: entiendo por pequeñas imaginaciones las que se llenan y satisfacen de cosas de ningun momento, y suelen hacer que el juicio las tenga por grandes, y se ocupe en ellas. Esto suele observarse en los niños y mugeres, y por eso las vemos casi siempre ocupadas en cosas pequeñísimas, mirándolas como grandes, y dignas de su aplicacion. La moda, la cortesía, el adorno, y la conversacion de estas mismas cosas es el atractivo de su juicio, como en los niños los juegos, las bagatelas, y las diversiones. De ordinario las imaginaciones pequeñas son blandas, esto es, son dispuestas á recibir facilmente las representaciones: son asimismo acompañadas de afectos de dulzura y de gusto; y siendo poco, ó nada instruido el juicio de los niños y de las mugeres, se ocupa todo de los objetos de la fantasía. En vista de esto se ha de procurar, ya con la enseñanza, ya con el exemplo, el instruir temprano la juventud en máxîmas fundamentales de la razon, formando su juicio segun permite su capacidad. De este modo se ha visto un niño que á la edad de siete años ha defendido públicamente las principales Ciencias con acierto[a], y mugeres que han excedido á los hombres en el juicio. Muchos exemplos pueden verse de uno, y otro en los Autores, en especial en Plutarco[b], y entre los modernos en Mr. Baillet[c].
[Nota a: Murator.Filosof. Moral. capit. 10.]
[Nota b: Plutarc.de Clar. Mulier.]
[Nota c: Baillet.Jugemens de Savans, t. 5.]
[53] No faltan hombres afeminados de imaginacion bien pequeña. Algunos usan mas adornos que las mugeres, otros continuamente exâltan cosas de poco momento: unos exâgeran las cosas de ninguna importancia; otros se hacen entremetidos, dando á entender que son grandes hombres, y solo lo son en frioleras. Cleóbulo se altera de lo que no debe, se admira de bagatelas, y no sabe hablar de otra cosa que de su dolor de cabeza, de lo que ha trabajado, de lo cansado que se halla, y en esto emplea toda una tarde, y tal vez todo el dia. Evaristo se halla en una conversacion, y no hace otra cosa que ponderar la desigualdad del tiempo, las niñerías de sus hijos y sus gracias: y despues, por hacer demostracion de su saber, se pone á hablar de los vestidos de los Macedonios, del orden de batalla de las Amazonas; y si se le ocurre, no omite tal qual lugar de Quinto Curcio. Este vicio es el que llaman los Modernospedantería, que consiste en entretenerse solo el entendimiento en cosas de ninguna substancia, mas propias de niños que de adultos, proporcionadas á la pequeñez de su fantasía, y objetos dignos de su corto juicio. Estos tales no suelen hacer otro daño con estos errores, que causar enfado á todo el mundo, y en especial á los hombres que hacen uso de la razon.
[54] Si la pedantería quedase solo en las conversaciones, fuera tolerable; el caso es que se halla en infinitos libros de todas facultades, y sus Autores nos hacen perder el tiempo y el dinero en inútiles niñerías. MENKENIO desprecia con donayre algunos Gramáticos que disputaron mucho tiempo sobre sola una voz[a], y cerca de nuestros tiempos hemos visto empeñados dos hombres famosos en averiguar si ha de escribirse Virgilio, ó Vergilio. ¿Y qué cosa mas comun y mas inútil, que exâminar aquello que despues de averiguado para nada aprovecha? Todo el año emplea ARISTON en averiguar si Ciceron estudiaba sentado, ó paseando, si los vestidos que usaba eran varios, ó uniformes. CLEÓBULO, está afanado para saber qué figura tenian las hebillas de los Romanos, y hace un tomo entero para probar que no usaban espuelas, y trata con mucha extension de los anillos, de los juegos, y otros divertimientos de aquellos tiempos, con tanta satisfaccion, que tiene por ignorantes, é irracionales á los que no emplean, como él, todo el tiempo en inútiles averiguaciones. PEDRO BURMANO, BENTLEIO, y otros semejantes son dignos de estimacion por el trabajo con que nos dan buenas ediciones de Autores Latinos, y por el zelo con que promueven las letras humanas; pero no son de alabar los cuidados que en sus notas ponen, deteniéndose lo mas del tiempo en corregir la palabra del Autor original, gobernados por sus propias reglas, y en impugnar á otros, porque no lo han hecho, sin cuidar de las sentencias, que es el punto principal en que se debieran detener.Han llegado á tal punto estos Correctores(dice MENKENIO),que con verdad se puede decir ahora lo que en otro tiempo se dixo de los exemplares, de Homero; es á saber, que se han de tener por mejores y mas correctos los Autores que no se han corregido.[b].
[Nota a: Menken.Charlat. Eruditor. pag. 155.]
[Nota b:Cbarlataner, pag. 164.]
[55] Alguna vez puede esto ser un poco útil; pero si se considera el estrépito con que algunos han tratado estas materias, bien se podrán comparar á la mosca, que andando sobre la rueda de un carro, decia: ¡Quánto polvo levanto! Otros emplean gruesos volúmenes en explicar una sola voz de algun Escritor antiguo. Yo siempre he tenido por hombres de imaginacion pequeña á los que se detienen en una palabrilla, en un acento, en si se ha de entender esta voz en este, ú en otro significado: aunque esto importe poco, y sin llegar á conocer lo útil de las cosas, solo se contentan de lo superficial. Parécense estos á los cazadores, que no llegando á saber cazar las aves y bestias útiles para el mantenimiento del hombre, se emplean en cazar ratones, ó tal vez se hacen cazadores de moscas. Lo mismo debe decirse de aquellos que se tienen por grandes hombres, porque saben hacer un verso, ó una redondilla.¡O! Narciso es mozo de grandes esperanzas, porque hace un Epigrama, y forma versos que es una maravilla. Exâminando bien las cosas, se halla que Narciso es hombre de pequeña imaginacion y de poco juicio, porque sabe hacer versos que nada mas tienen que el sonido, el metro, y la cadencia, cosas propias de la imaginacion; pero no incluyen sentencias graves, ni instructivas, en que resplandezca el juicio. ¿De qué puede servir hacer versos con letras forzadas, y anagramas obscurísimos, sino de atraer aquellos que admiran todo lo que no entienden, y celebran lo que no alcanzan[a]? Bien pueden estos compararse á los niños, á quien el color del oropel hace creer que es oro lo que es plomo, y tal vez madera podrida.
[Nota a:Omnia enim stolidi magis admirantur, amantque,Inversis quae sub verbis latitantia cernunt,Veraque constituunt, quae bellè tangere possuntAureis, & lepida quae sunt fucata sonore.
Lucret.de Rer. natur. lib. I. verso 638.]
[56] En segundo lugar coloco yo las imaginaciones hinchadas, y llamo así aquellas que se llenan de muchas imágenes, ó ya se adquieran y recojan con la aplicacion, ó ya naturalmente sea dispuesta la fantasía á formarlas. Es menester confesar, que si á las imaginaciones llenas se junta buen juicio, son muy estimables, y solo de ellas han de esperarse grandes ventajas en el descubrimiento de la verdad, y en el exercicio de las Artes, y Ciencias; pero si á una imaginacion muy llena no acompaña un juicio atinado, suele ser causa de muchos errores.¡O! Fulano es muy lleno! ¡Qué de noticias tiene! ¡Qué de cosas sabe! De qualquiera asunto que se hable, en todo entiende.Este es el lenguage del vulgo en la calificacion de los sugetos. Si el juicio no coloca en el debido lugar las noticias, si á la muchedumbre de ellas no acompaña un gran discernimiento de lo verdadero y de lo bueno, y un conocimiento de lo útil y superfluo, de lo bello y de lo rústico, nada mas serán todas aquellas noticias que un monton de trigo, cebada, heno, paja y polvo, donde hay algo de bueno, pero mezclado con muchísimo sucio, malo y abominable. En efecto la llenura de la imaginacion es como la del cuerpo, que siendo gobernada por la naturaleza es sana y loable, y en siendo desordenada causa la enfermedad y la cacoquimia.
[57] Esta enfermedad, ó disposicion cacoquímica de la imaginacion es comun en las oraciones y en los escritos. Llena CLEÓBULO su celebro de noticias vulgares, de lugares comunes, porque las Poliantheas son sus delicias, y en los Diccionarios hace su mayor estudio. En un sermon, en la conversacion, ó Discurso Académico vacia quanto ha leido en estas fuentes de vulgar erudicion y doctrina, y no hay Autor que no cite, ni noticia que no partícipe á su auditorio. La desgracia es, que le acompaña poco juicio, y no coloca las cosas en el lugar que les corresponde, ni las aplica en el modo necesario para instruir, ni añade verdad alguna que penetre en el corazon de los oyentes. Los que tienen la imaginacion muy llena son intolerables en las conversaciones. Háblese de lo que se quiera, luego salen vertiendo noticias fuera del lugar y tiempo, y estas á veces tan mal digeridas, que no parecen sino un aborto, ó una de aquellas insufribles evacuaciones, que por descargarse excita la naturaleza.
[58] No es posible tratar aquí individualmente de todos los Escritores, que siendo de imaginacion hinchada, muestran tener poco juicio, porque son innumerables, y hoy mas que nunca reyna la moda de querer los hombres parecer sabios, amontonando citas y noticias, aunque sean inútiles y vulgares. Propondré dos solamente, y así se podrá formar juicio de los demas. En la Medicina está muy celebrado MIGUEL ETMULLERO, y no puede negarse que es Autor llenísimo, pero de poco provecho, porque no acompaña gran juicio, ni aun mediano, á tanta baraunda de cosas vulgares, poco fundadas, é inútiles como propone. Este Autor es aquel que estudian muchos que no profesan la Medicina, para hablar de ella en sus discursos, y mostrar que la entienden radicalmente; y á la verdad hallan en él un fondo inagotable de noticias para embelesar á los que se contentan de la abundancia de la imaginacion; pero nunca agradarán á los que solo se gobiernan por el juicio. De este, y de LUCAS TOZZI se valió FEYJOÓ las mas veces para escribir de la Medicina. ¡Pero qué Maestros! Así han salido los discursos. ¡O quántos libros llenan los estantes, sin haber en ellos mas que amontonamiento de noticias falsas, vulgares, ó inciertas, pero regladas de modo, que puedan hacer impresion en la fantasía!
[59] En tercer lugar pueden colocarse las imaginaciones profundas, y llamo así aquellas en que las representaciones se arraigan mucho. De tres maneras se hace profunda la imaginacion, ó por temperamento, ó á fuerza de meditar, ó por enfermedad. Los que tienen el temperamento melancólico, de ordinario son de imaginacion profunda. La imaginacion naturalmente profunda, junta con buen juicio, suele aprovechar mucho, porque suele causar mucha constancia en las cosas que emprende, y esta constancia nace de la duracion de las imágenes; por eso los que tienen así la imaginacion son tenaces en su propósito, y no dexan la cosa hasta que la apuran del todo. Aquellos que han tenido buen juicio, junto con semejante imaginacion, han hecho progresos en las empresas loables y difíciles. Por el contrario, si la imaginacion es profunda, y el juicio es corto, se siguen muchos errores y lo que es peor los acompaña una tenacidad invencible. Suele ser muy comun á los que tienen la imaginacion profunda, andar pensativos, y no reparar en las cosas triviales, mayormente si ocupan el juicio en cosas de importancia. Ariston va por la calle tan profundo, que no repara en los que encuentra, ni saluda á sus amigos, ni se entretiene con la hermosura de los balcones y ventanas. Crisias lo mira todo, de todo se divierte, ni en una mosca que vaya volando dexa de reparar. De estos dos Ariston tiene la imaginacion profunda, Crisias pequeña. El hombre mientras está velando, ó no duerme, siempre piensa, y siempre se presentan á sus sentidos objetos que los impresionan; pero hay la diferencia, que los objetos de poca substancia no ocupan la imaginacion de Ariston, y llenan la de Crisias. Quando van estos por la calle, los dos piensa, pero se distinguen, en que Crisias piensa en las ventanas, en los balcones, en las rejas, y otros objetos que se presentan á sus ojos, y son bastantes para entretener su fantasía. Ariston tiene presentes los mismos objetos; pero como por la rectitud del juicio no le admiran, y por la profundidad de la imaginacion tiene presentes dentro de sí otros objetos tal vez mas dignos de su aplicacion, ó á lo menos mas profundamente arraigados, por eso piensa mas en estos, y apenas se ocupa de aquellos. Bien creo yo que tambien es menester justa medida en la profundidad de imaginacion de Ariston, porque de otra forma se volverá inútil, é intratable, y en esto es menester que el juicio tenga presentene quid nimis.
[60] A fuerza de meditar se hace profunda la imaginacion. La razon es, porque meditando mucho, se hace hábito, con el qual se adquiere la facil repeticion de las representaciones. CARTESIO tuvo profunda la imaginacion, meditó mucho; y si hubiera tenido el juicio tan profundo como la fantasía, hubiera logrado para siempre el renombre de Filósofo. Sucede en esto lo mismo que en el exercicio del cuerpo, cuyos miembros con el continuo trabajo se habitúan á aquel movimiento en que mas se exercitan.
[61] Por enfermedad suele hacerse tan profunda la imaginacion, que ocasiona muchísimos errores. Es de advertir, que algunas veces la enfermedad que daña la imaginacion, dexa al juicio sano y este corrige los errores y desórdenes de aquella. Otras veces la enfermedad del celebro daña la imaginacion y al juicio, y los que así padecen, yerran neciamente. De uno y otro he visto exemplares en mi práctica de la Medicina, y de ambas cosas habló muy concertadamente GALENO, y despues otros Autores. Aquí se ha de notar, que á veces es tan poderosa la fuerza de la fantasía, que el juicio por mas que quiera apartar de ella algunos objetos, no puede conseguirlo, y esto sucede en aquellos que por enfermedad tienen viciada la parte del celebro donde reside la imaginacion. El remedio cierto que hay para no errar en este caso, es despreciar las representaciones de la fantasía, y fortalecer el juicio para que la domine: y sé yo que haciendo buen uso de la razon, y acostumbrándose á vencer y moderar la fuerza de la imaginativa, se consigue el alivio. De esta enfermedad de la imaginacion deben tener noticia y procurar conocerla los directores espirituales de las almas, porque de ella nacen casi siempre las conciencias escrupulosas, corrompiendo poco á poco en ellas la imaginacion al juicio. Quando la enfermedad del celebro de tal suerte vicia la imaginacion que comunique el daño al juicio, se sigue la locura, ó bien melancólica, ó maniática. En estos hay algunos, que solo deliran sobre una cosa, y están sanos en lo demas. Qual dice que es Rey, qual Papa, qual que es Leon, qual que es hormiga. La impresion de estos objetos ha echado raices tan hondas en su imaginativa, que es difícil borrarlas, y por la enfermedad no puede el juicio corregir este error. De esto puede el Lector tener larga noticia viendo algunos autores de Medicina, y en especial á PAULO ZAQUIAS en las Qüestiones Médico-Legales.
[62] Síguense las imaginacionescontagiosas, y llamo así aquellas, que con facilidad comunican sus impresiones á otras, y las arrastran. De esto hay infinitos exemplares en el trato civil, y nada es mas comun que dexarnos llevar los hombres por la fuerza de la imaginacion de aquellos con quien mas familiarmente tratamos. Es bien sabido que la vista de un objeto asqueroso nos provoca á vómito, y la tristeza de un amigo nos entristece:Si vis me flere, decia HORACIO[a],dolendum est primum ipsi tibi. Estas cosas suceden por contagio de la imaginacion, porque la vista de estos objetos excita en nuestra fantasía las mismas impresiones y movimientos que en aquellos donde se hallan, y por eso nos excitan las mismas pasiones.
[Nota a: Horat.Art. Poet. vers. 102.]
[63] Nada es mas comun, que imitar nosotros aquellos con quien tenemos familiar comunicacion. Si nuestro amigo viste de moda, vestimos nosotros; si habla con algun tonecillo, insensiblemente le vamos adquiriendo; si tiene algun vicioso estrivillo, tal vez le tomamos sin poderlo evitar. Esto sucede, porque nos vamos habituando con el trato á aquel modo que observamos continuamente en otro. Por esto es bien buscar para el trato familiar aquellos sugetos en quien resplandezcan las virtudes y el juicio, porque al fin teniendo en nuestras operaciones tanta parte la fantasía, es muy conveniente hacerla á recibir imágenes de lo bueno y razonable.
[64] La imaginacion de los hombres de autoridad es muy contagiosa. Ya la grandeza, ya la ostentacion, y las dignidades suelen ocupar la fantasía de los súbditos, é inferiores, porque estos consideran en aquellas cosas una suma felicidad. La sujecion en el inferior por otra parte dispone el ánimo á recibir las impresiones del Superior. De aquí nace, que poco á poco se va haciendo la fantasía de los domésticos y sujetando á las mismas manejas de los dueños, y la de estos por cierto modo de contagio arrastra la de aquellos. Por esta razon es importantísimo, que los que se hallan en grandes dignidades y empleos no exerciten sino obras de virtud, procurando enseñar á los demas con el exemplo; y no hay que dudar que puede ocasionar gran daño en la imaginacion de los súbditos el desorden del superior, por el contagio de la imaginacion. Esto se vé prácticamente en la crianza de los hijos. En vano serán los castigos, en vano las amenazas, y en vano qualquiera diligencia de los padres, si estos no procuran poner el fundamento de la educacion en el buen exemplo. Los niños no exercitan otras operaciones que las de los sentidos, é imaginacion, y aun quando ya empiezan á razonar, no tienen otros principios sobre que exercitar y fundar la razon, que aquellas cosas que se les comunican con el trato, porque vienen al mundo como un lienzo raido, como ya hemos dicho. Como por sí mismos en este estado alcanzan poco, miran á sus padres como únicos Maestros; y como están sujetos á ellos, les sujetan tambien el entendimiento, porque en esto tiene gran parte la autoridad. Reciben, pues, como regla infalible lo que los padres les dicen, y muchísimo mas lo que les ven hacer; porque dice muy bien HORACIO, que mayor y mas pronta impresion hacen las cosas que se presentan á los ojos, que las que excitan al oido[a]. Por otra parte se ha de considerar, que los niños no son capaces de distinguir con toda claridad si lo que los padres les amonestan es bueno, ó malo, y así lo siguen ciegamente por la autoridad y respeto con que los miran.
[Nota a:Segnius irritant animos demissa per aures,Quàm quae sunt oculis subjecta fidelibus.
Horat.Art. Poet. v. 108.]
[65] Por todas estas razones han de cuidar con suma solicitud los padres que quieren educar bien á sus hijos, no hacer delante de ellos cosa que no sea buena y capaz de producir loables impresiones en la imaginacion de ellos, y por otra parte han de empezar muy temprano á enseñarles los principios y máxîmas de la Religion Christiana, junto con lo que pueda, segun es su capacidad, ilustrar la razon. Este punto es importantísimo al público, y yerran muchísimos padres en la crianza de los hijos, porque no consideran que su imaginacion es contagiosa, y que los hijos la reciben y se forman á su modelo. PLUTARCO escribió un Tratadode la educacion de los hijos, y en nuestros tiempos vemos muchos libros que tratan christianamente tan importante asunto, y creo yo que el poco fruto que se saca de tales escritos, nace de que los padres no consideran que la principal leccion para educar bien sus hijos, consiste en obrar ellos mismos loablemente, en hablar delante de los hijos con modestia, en mostrarlos con su exemplo lo que es feo y lo que es abominable, lo que deben seguir y evitar, y de este modo la imaginacion de los niños se va llenando de imágenes y de señales, que en llegando al uso de la razon, le sirven de fundamento para razonar con juicio. Lo mismo que hemos dicho de los padres ha de entenderse de todos los que se hallan al rededor de los niños; y es bien cierto, que los padres que no pondrán cuidado en la familia, y en el buen exemplo de sus domésticos, nunca lograrán buena crianza en sus hijos.
[66] Tambien es contagiosa la imaginacion de los Maestros respecto de los discípulos, porque la atencion con que estos los miran, y la autoridad que los Maestros tienen sobre ellos, dispone su imaginacion á recibir qualesquiera impresiones, y sucede que los discípulos suelen tomar los mismos modelos de los Maestros. Por esta razon es necesario, que los que han de enseñar públicamente sean hombres de buen exemplo y conocida literatura, porque suelen las letras y costumbres de los Maestros pegarse, digamoslo así, á los discípulos. En efecto lo que hemos dicho de los padres respecto de los hijos, puede decirse de los Maestros respecto de los discípulos, con sola la diferencia, que los niños son mas dispuestos á recibir qualesquiera impresiones, que los adultos.
[67] Ya se ve que muchos errores nacen de este contagio de la imaginacion, y son de mayor, ó menor entidad, segun su objeto. ¡Quántos infelizmente han bebido la heregía y la han sostenido hasta la muerte, por habérseles comunicado de los padres, ó de los Maestros! No hay mas que leer las historias de nuestros tiempos para tener de esto muchos lastimosos exemplares. Aun en otros asuntos es tan dañoso el contagio de la imaginacion, que suele atrasar mucho los buenos progresos de las Artes y Ciencias. Bien ve Ariston que algunas cosas nuevas de la Filosofía son mas comprehensibles que las que ha aprendido en las Escuelas; pero no se atreve á abandonar las máxîmas de sus Maestros.O!dice Crisias,yo oí á mi padre, que lo contaba muchas veces, que en casa salia un Duende, y así no hay duda que ha habido Duendes.Cleóbulo dice:Esto es cierto, yo se lo he oido contar muchas veces á mi abuela, y á fe que era una señora bien racional, que una noche voló una bruja, y paso el mar, y se fué á Nápoles, y luego volvió, &c.A estos tales es difícil desengañarlos, porque se les pegó quando eran niños la errada imaginacion de sus padres, y abuelos.
[68] En último lugar coloco yo las imaginacionesapasionadas, y llamo así aquellas que van acompañadas de alguna vehemente, ó desordenada pasion. A la verdad nunca imagina el hombre cosa alguna, sin que alguna pasion acompañe sus percepciones, como ya hemos dicho muchas veces; pero suele en algunas ocasiones ser tan vehemente la pasion que acompaña á la fantasía en la percepcion de algun objeto, que juntas arrastran al juicio y ocasionan graves errores. A un niño se le amenaza con el Duende, ó porque no llore, ó por imprudente conducta de los que le educan. Excítasele la pasion del miedo, y se le imprime tan vivamente aquella especie, ó imagen, que despues nadie es capaz de desengañarle. Si ha de ir de noche á algun lugar, y se le ha dicho que sale una fantasma, cada sombra, cada ruido, cada mata le parece que lo es, y que ha de tragarle, cosa que dura aun en los adultos, si no regulan el juicio, y con él moderan la pasion del miedo: las visiones y apariciones de Almas, de Duendes y Fantasmas no son otra cosa que apariencias de la fantasía alterada con la pasion del miedo, del espanto, ú otras pasiones, á quienes se junta las mas veces la enfermedad, y siempre la ignorancia. Si semejantes cosas se presentaran por sí solas al alma, no harian grande impresion; pero como van juntas con el miedo, con dificultad se borran; porque se ha de saber, que el miedo no es otra cosa que un movimiento que se excita en el hombre, con el qual se aparta de algun objeto que considera como dañoso, como que puede causarle algun gran mal. A los niños se les hace creer que la fantasma ha de tragarlos, ó que ha de hacerles algun otro daño, y por esto en presentándoseles semejante objeto, temen, esto es, se excita un movimiento para apartarle. Todo esto dexa raices y impresiones muy hondas: de suerte que muchas veces suele el juicio dexarse llevar de ellas, y cae en el error.
[69] Lo mismo sucede quando á la fantasía se allega alguna otra pasion. Ama Narciso extraordinariamente á Lucinda, y tiene la imagen de esta tan viva en la imaginacion, que en ninguna otra cosa piensa. Como el amor es aquel movimiento con que queremos un objeto, que, ó realmente es, ó á lo menos nos parece bueno y agradable; por esto no hay perfeccion, ni bondad que no tenga Lucinda, segun el juicio de Narciso. De suerte, que en siendo semejante pasion desordenada, suele pervertir de mil maneras al juicio; y nada es mas comun en las historias, que exemplos de hombres perdidos por el amor. Aun el cariño y aficion con que tratamos á los hijos, á los amigos y bienhechores, hace tal impresion en nosotros, que de ordinario suele el juicio gobernarse mas por la pasion, que por la verdad[a].
[Nota a:Omnes quorum in alterius manu vita posita est saepè illud cogitant, quid possit is, cujus in ditione ac potestate sunt quam quid debeat facere.Cicerpro P. Quinct.]
[70] El deseo de una cosa de tal suerte muda la fantasía, y altera al juicio, que si es muy vehemente nos hace errar. Cuenta MURATORI[a], que conoció á un Religioso venerable por su virtud y literatura, el qual deseaba con sumo ardor el Capelo. Este deseo le gastó la fantasía de manera, que ninguna otra cosa imaginaba con mayor vehemencia. La imaginacion de este objeto, junta con el deseo de poseerle, de tal modo trastrocaron al juicio, que llegó á creer que era Cardenal, y se enfadaba de que no se le diese el tratamiento correspondiente á esta dignidad. En todo lo demas hablaba racionalmente; pero en esto nunca, ni hubo fuerzas para apartarle de su error. No hay cosa mas facil que conocer lo que puede la fantasía dominada de alguna vehemente pasion, y pudiera poner exemplos innumerables, discurriendo sobre cada una de las pasiones, porque el teatro del mundo ofrece cada dia con abundancia; pero no lo permite la brevedad de este escrito, y con los exemplos propuestos pueden los lectores atentos conocer semejantes cosas.