[Nota a: Murat.de la Filos. Mor. c. 6. p. 70.]
[71] Para evitar todos estos errores se ha de saber, que la imaginacion solamente los ocasiona, y caemos en ellos, porquelibrementedexamos que el juicio se gobierne por la imaginacion. De suerte, que quando decimos en esta obrilla, que la fantasíaarrastra, pervierte, corrompeal juicio, entendemos solamente la grande influencia que tiene la imaginativa en nuestras operaciones; bien que siempre suponemos, como varias veces hemos dicho, que el juiciolibrementeasiente, ó disiente á las cosas que se presentan á los sentidos, ó se imprimen en la imaginacion. Será bien, pues, que cada qual exercite el juicio, y que se haga á distinguir lo que toca á la fantasía, y lo que pertenece á la razon; y para fortalecer el juicio será conveniente pensar, que nada ha de gobernarle sino lo bueno, lo verdadero, y lo util, y que moderando las pasiones, y refrenando el vigor de la fantasía, tiene lugar el juicio para exâminar mejor las cosas. La Filosofía Moral aprovecha mucho para lo que toca á las pasiones. Quisiera yo que todos tuvieran presente la famosa máxîma de Epícteto, célebre Estoico:Sustine, & abstine, es á saber,sufreyabstente. Y por lo que toca á las Artes y Ciencias, quisiera tambien que se tuvieran presentes los errores que se notan en este breve escrito, para que conociéndolos, sea mas facil evitarlos.
De los errores que ocasionan el ingenio y memoria.
[72] Ya hemos explicado en el primer libro, que hay en el hombre una potencia de combinar las nociones simples y compuestas, á la qual hemos llamadoingenio, y de quien es propio combinar las cosas de mil maneras diferentes. Ahora mostrarémos de quántas maneras caemos en el error por ser ingeniosos. El ingenio de dos modos suele ocasionar el error, es á saber, ó por muy grande, ó por pequeño. Quando el entendimiento percibe las cosas sin penetrar las circunstancias que las acompañan, ó sus maneras de ser, ó sus propiedades inseparables; ó por decirlo en una palabra, no penetra mas que la corteza de las cosas, sin alcanzar el fondo, se siguen mil errores y engaños, porque el juicio no puede ser atinado con tan poca noticia como subministra el ingenio; y por eso los que son naturalmente de poca comprehension sin hacer combinaciones copiosas, y los que no aguzan el ingenio, ó con la buena crianza, ó con el trato civil, ó con el exercicio de las Artes y Ciencias, son rudos y desatinados, porque juzgan de las cosas sin haber penetrado en todos los senos de ellas. Por esto la gente vulgar en sus juicios no suele pasar de la superficie de las cosas. Los grandes ingenios si no los acompaña un buen juicio, suelen caer en errores de mayor consideracion que los pequeños. Algunos Hereges han sido muy ingeniosos, pero la falta de juicio los ha hecho errar neciamente. Y de ordinario quando un herege tiene ingenio penetrante, es mas obstinado, y sus errores son mas disimulados, porque el ingenio con la abundancia de combinaciones los encubre, los adorna, y los representa con otros colores que los que les corresponden. Por esta razon tanto mayor ha de ser la cautela con que se han de leer los libros de los Hereges, quanto estos son mas ingeniosos.
[73] A veces los errores que ocasiona el ingenio son solamente filosóficos. CARTESIO tuvo un ingenio singular, y el juicio no fué igual al ingenio. Quando dexaba correr libremente el ingenio, solia escribir cosas, que mas parecian sueños que realidades, porque era fecundísimo en combinar: tales son muchísimas de las que propone en losprincipios filosóficos. De CARAMUEL dice MURATORI, que mostró un ingenio grande en las cosas pequeñas, y pequeño en las grandes. RAYMUNDO LULIO tuvo buen ingenio, y muy poco juicio. Su Filosofía no es á propósito sino para exercitar la charlatanería, y con ella ninguno sabrá mas que ciertas razones generales, sin descender jamas al caso particular. Todo su estudio consistia en reducir las cosas, qualesquiera que sean, á lugares comunes, á sugetos y predicados generales, que puedan convenirles, y de este modo habla un Lulista eternamente, y sin hallar fin; pero con una frialdad, y con razones tan vagas, que apenas llegan á la superficie, y á lo mas comun de las cosas. En efecto un Lulista podrá amplificar un asunto mientras le pareciere; pero despues de haber hablado una hora, nada util ha dicho. Redúcese, pues, á ingenio todo el arte de Lulio; pero el juicio no halla de que poderse aprovechar. Este mismo concepto hacen de Lulio muy grandes Escritores, y en especial GASENDO, y MURATORI; pero si á alguno de mis Lectores le parece áspera la censura, ruego que vea las Obras de Lulio, y que medite sobre lo que llevo dicho, que creo se convencerá.
[74] En las escuelas se tratan muchas qüestiones en que se aguza el ingenio, y no se perficiona el juicio. La gran qüestion de latranscendencia del ente, la delente de razon, la delobjeto formal de la Lógica, la de ladistincion escótica, y otras semejantes, son puramente ingeniosas, interminables y vanísimas. El juicio nada tiene que hacer en ellas, porque no hay esperanza de hallar la verdad, y una vez hallada, aprovecharia muy poco. Yo nunca alabaré que se haga perder el tiempo á la juventud, entreteniéndola en tales averiguaciones, que aunque son ingeniosas, pero son inútiles. Convengo yo en que alguna vez á los jóvenes se han de proponer qüestiones con que exerciten el ingenio; pero si esto puede hacerse de modo que se aguce el ingenio, y se perficione el juicio, será mucho mejor; y no hay duda que puede entretenerse la juventud en algunas disputas en que se consigan ambas cosas. El P. MABILLON fué varon docto y juicioso, y en susEstudios Monásticosaconseja, que se eviten semejantes qüestiones, porque no solamente son inútiles, sino que obscurecen la verdad. Y es de notar, que el habituar los jóvenes á estas qüestiones suele ocasionar algun daño: porque los hace demasiadamente especulativos, y á veces tan tercos, que el hábito que contrahen en ellas, le conservan en otros asuntos; y como el amor propio no cesa de incitarlos á su elevacion, por eso nunca se rinden, antes estas qüestiones especulativas los hacen vanos y porfiados. Demas de esto siempre he juzgado que el tiempo es alhaja muy preciosa, y que siendo tanto lo que sólidamente puede aprenderse, es cosa ridícula emplearlo en cosas vanas, en que resplandece el ingenio, y no el provecho[a], ni la enseñanza. Algunos suelen celebrar con alabanzas extraordinarias la carroza de marfil que hizo Mirmecidas con quatro caballos y el gobernador de ellos, tan pequeña, que la cubrian las alas de una mosca; las hormigas de Calicrates, cuyos miembros no distinguian sino, los de perspicacísima vista, y otras cosas maravillosas por su pequeñez[b]. Mas yo acostumbro medir las alabanzas de estas cosas por el provecho que puede sacarse de ellas; y así me parece muy fundado en razon lo que dice ELIANO hablando de esto, es á saber, que ningun hombre sabio puede alabar tales obras, porque no aprovechan para otra cosa, que para hacer perder vanamente el tiempo[c]. Es verdad que en ellas resplandece la destreza, y ingenio del Artífice; pero yo nunca alabo solamente á un hombre por su ingenio, por grande que sea, sino por su juicio.
[Nota a:Nisi utile est quod facimus, stulta est gloria. Phedr.lib. 3 fabul. 17.]
[Nota b: Feyjoót. 7. disc. I. p. 1. 2. &c.]
[Nota c:Non aliud reverà sunt, quàm vana temporis jactura.Aelian.lib. I. Var. hist. cap. 17.]
[75] Por lo general ninguno hace mayor ostentacion del ingenio, y con menos provecho que los Poetas, en especial los de estos tiempos. CICERON observó muy bien, que no hay ningun Poeta á quien no parezcan sus poesías mejores que qualesquiera otras; y si hubiera vivido en nuestros tiempos, hubiera confirmado con la experiencia la verdad de su observacion. A los Poetas se les debe la gloria de haber sido los primeros que trataron las Ciencias con método. Pero ya en lo antiguo sucedia lo mismo que ahora, pues en aquel tiempo habia muy pocos Poetas buenos[a], y muchos malísimos. Piensan algunos, que para ser buen Poeta no es menester mas que hacer versos, y darles cadencia; y la mayor parte de los que juzgan, solamente se contentan del sonido y tal qual agudeza de ingenio. Y se ha de tener por cierto, que para ser buen Poeta es menester ser buen Filósofo. No entiendo por Filósofo al que sabe la Filosofía en el modo que se enseña en las Escuelas, sino al que sabe razonar con fundamento en todos los asuntos que pueden tocar á la Filosofía. Así será necesario que el Poeta sepa bien la Filosofía Moral, y sin ella nada puede hacer que sea loable, porque no habrá excitar los afectos, ni animar las pasiones, que es una de las cosas principales de la Poesía. Muchos de nuestros Poetas, y algunos de los antiguos supieron muy bien excitar al amor profano; pero en esto mostraron su poco juicio, porque nunca puede ser juicioso el Poeta que excite los afectos para seguir el vicio, antes debe ser su instituto animar á la virtud; y no hay que dudar, que si los Poetas supieran hacerlo, tal vez lo conseguirian mejor que algunos Oradores, porque los hombres se inclinan mas á lo bueno, si se les propone con deleyte, y esto hace la Poesía halagando el oido. Ha de saber el Poeta la Política, la Económica, la Historia sagrada y profana. Ha de saber evitar la frialdad en las agudezas: ha de ser entendido en las lenguas: ha de saber las reglas de la Fábula y de la invencion. Ha de conocer la fuerza de las Figuras, y en especial de las Traslaciones. Ha de hablar con pureza y sin afectacion: y en fin ha de tener presentes las máxîmas que propone ARISTÓTELES en suPoética, y saber poner en práctica los preceptos que han usado los mejores Poetas. Pero hoy vemos que todo el arte se reduce á equívocos frios, á frases, afectadas, á pensamientos ingeniosos, sin enseñanza ni doctrina; y aun hay Poetas celebrados, que no observan ninguna de las reglas que propone HORACIO en suArte Poética, y no adquieren el nombre sino por la poca advertencia de los que lo juzgan, y porque ellos mismos dicen que son excelentes Poetas[b]. Descendiera en esto mas á lo particular, si no temiera conciliarme la enemistad de muchos alabadores de los Poetas recientes.
[Nota a:Verè mihi hoc videor esse dicturus, ex omnibus iis, qui in harum artium studiis liberalissimis sint doctrinisque versati, minimam copiam Poetarum egregiorum extitisse.Cic.de Orat. lib. I. pag. 255.]
[Nota b:Nunc satis est dixisse: Ego mira poemata pango. Hor.Art.Poet. v. 416.]
[76] Siendo, pues, cierto, que el juicio ha de gobernar al ingenio para que este aproveche, será necesario saber, que los que profesan las Artes y Ciencias no deben tener otro fin, que aprender, ó enseñar la verdad y el bien, y que toda la fuerza del ingenio ha de ponerse en descubrir estas cosas, y esclarecerlas para evitar el error y la ignorancia. Bien puede el ingenio buscar á veces lo deleytable, pero ha de ser con las reglas que prescribe el juicio, y haciéndolo servir solamente para que con mayor facilidad se alcance lo verdadero, y se abrace lo bueno. Segun estos principios, han de desecharse todas las obras de ingenio que deleytan y no enseñan, y que ponen toda su fuerza en agudeza superficial, que no dura sino el tiempo que se leen, ú oyen[a].
[Nota a:Nihil est infelicius, quàm in eo in quo minimum proficias, plurimum laborare. Menk.Charl. p. 224.]
[77] La memoria si no está junta con buen juicio es de poca estimacion, porque importa poco saber muchas cosas si no se sabe hacer buen uso de ellas. El vulgo está engañadísimo creyendo que son grandes hombres los que tienen gran memoria: y de ordinario para significar la excelente sabiduría de alguno, dice que tiene una memoria felicísima. A la verdad quando á un juicio recto se junta una memoria grande, puede ser muy util, y creo yo que necesita el juicio del socorro de la memoria para valerse de las especies que tiene reservadas; pero no hay que dudar, que por sí sola merece poca estimacion. Admirablemente dixo SAAVEDRA en su República Literaria:Muchos buscaban el eléboro, y la nacardina para hacerse memoriosos, con evidente peligro del juicio; poco me pareció que tenian los que le aventuraban por la memoria, porque si bien es depósito de las Ciencias, tambien lo es de los males; y fuera felíz el hombre, si como está en su mano el acordarse, estuviera tambien el olvidarse[a]. La memoria deposita las noticias y retiene las imágenes de los objetos; así se hallan en ella todas las cosas indiferentemente, y es necesario el juicio recto para colocarlas en sus lugares. Es la memoria como una feria donde están expuestas mercancías de todos géneros, unas buenas, otras malas; unas enteras, otras podridas; pero el juicio es el comprador, que escoge solamente las que merecen estimacion, y hace de ellas el uso que corresponde, y desecha las demas. Es verdad que si no hay abundancia y riqueza, poco tendrá que escoger. Algunos leen buenos libros, estudian mucho, y no pueden hablar quando se ofrece, porque la memoria no les presenta con prontitud las nociones de las cosas. Estos por lo ordinario se explican mejor por escrito, que de palabra. Muchos han inventado diversas Artes para facilitar la memoria, y se aprovechan de ciertas señales, para que excitándose en la fantasía, se renueven los vestigios de otras con quien tienen conexîon. Pero la experiencia ha mostrado el poco fruto de semejantes invenciones; y sabemos ciertamente, que nada aumenta tanto la memoria como el estudio continuado; y es natural, porque la continua aplicacion á las letras la exercita, con lo que contrae hábito y facilidad de retener las nociones, que es su propia incumbencia. Lo que algunos dicen de la anacardina es fábula y hablilla que se ha quedado de los Árabes, gente crédula y supersticiosa.
[Nota a:Rep. Lit. p. 3. edic. de Alcalá 1670.]
[78] Resta ahora explicar los desórdenes que acompañan á una gran memoria quando está junta con poco juicio, y mostrar quán poco estimables son los Autores en quien resplandece solamente aquella potencia. Cleóbulo está continuamente leyendo, en todo el dia hace otra cosa, tiene una memoria admirable. ¿Quién no pensará con estas buenas circunstancias, que Cleóbulo ha de dar al público alguna obra estimable? Luego vemos que nos sale con una Floresta, ó Jardin, ó Ramillete de varias flores, y acercándose, y mirándole de cerca, no hay en su jardin sino adelfa y vedegambre. Hay algunos que no están contentos si no hacen participantes á los demas de lo que ellos saben, y como todo su estudio ha sido de memoria, no se halla en sus escritos sino un amontonamiento de noticias vulgares, ó falsas; y si bien se repara, en semejantes libros no hay mas que molestas repeticiones de una misma cosa. Yo confieso, que apenas hay Autor que no se aproveche de lo que otro ha escrito; pero los que son buenos añaden de lo suyo, ó á lo menos dan novedad, y método á lo ageno[a]; mas esto no saben hacerlo sino aquellos que á la memoria añaden buen juicio[b]. Otros quieren parecer sabios, teniendo en la memoria buena copia de Autores, y los nombran y citan para mostrar su estudio. Pero el haber visto muchos libros no hace mas sabios á los hombres, sino haberlos leido con método, y tener juicio para conocer y discernir lo bueno que hay en ellos, de lo malo. No saben estos mas, que los niños, á quien se hace aprender de memoria una serie de cosas, que la dicen sin saber lo que contiene, ni para qué aprovecha. No hay cosa mas facil que citar una docena de Autores sobre qualquier asunto, porque para esto están á mano las Polianteas, los Diccionarios, las Miscelaneas, los Teatros, y otros semejantes libros, en que está acinada la erudicion sin arte, sin método, y sin juicio. Dixo muy bien el P. FEYJOÓ, que el Teatro de la vida humana, y las Polianteas son fuentes donde pueden beber la erudicion, no solo los racionales, sino las bestias[c]. Bien pudieran entrar en este número muchos Diccionarios y Bibliotecas. Con todo, este es el siglo de los Diccionarios, y muchos de los que hoy se llaman sabios no estudian otra cosa que lo que leen en los innumerables Diccionarios, de que estamos inundados. La mejor parte de tales libros, aunque son de la moda, se escriben sin exâctitud, y todos sin los principios fundamentales de lo que tratan. Por esto, los que solo saben por ellos, son entendimientos que se satisfacen de la memoria, sin exercitar el ingenio ni el juicio; siendo cierto, que semejantes libros solo pueden aprovechar en tal qual ocasion á los hombres de mucha letura y de atinado juicio, ó para tener á mano una especie, ó para volver á la memoria alguna cosa que se habia olvidado.
[Nota a:Res ardua, vetustis novitatem dare, novis auctoritatem, obsoletis nitorem, obscuris lucem, fastiditis gratiam, dubiis fidem, omnibus verò naturam, & naturae suae omnia. Plin.Hist Nat. lib. 1. p. 3. n. 25. tom. 1.]
[Nota b:Mandare quemquam literis cogitationes suas, qui eas nec disponere, nec illustrare sciat, nec delectatione aliqua allicere lectorem, hominis est intemperanter abutentis, & otio, & literis.Cic.Q. Tusc. lib. 1. cap. 5.]
[Nota c: FeyjoóTheat. Crit. disc. 8. §. 7. n. 31. p. 192. tom. 2.]
[79] En la Medicina son infinitos los libros de erudicion desaliñada, y solo á propósito para cargar la memoria. No hay Autor que haya recogido mas noticias, ni cite con mayor freqüencia que ETMULLERO; pero es Escritor de pequeño juicio, porque entre tanta barahunda de noticias, opiniones, y Autores, de ordinario sigue lo peor. Sus observaciones especiales son vanísimas, y lo he conocido por propia experiencia. Si trata de curar las enfermedades, usa de infinitos medicamentos Chímicos, con perjudicial ponderacion de sus falsas virtudes. FORESTO es exâcto en sus observaciones, y sus curaciones no son despreciables; pero sus preámbulos largos para cosas pequeñas, y sus repeticiones de cosas que nada importan, hacen enfadosa su letura. No obstante le tengo por mas util que á SENERTO, y puede aprovechar en manos de un Médico juicioso. JUAN DOLEO hizo una Enciclopedia, en que comprehendió los pareceres de muchos Autores, especialmente modernos, sobre cada enfermedad, señalando distintamente el dictamen de cada uno. No puede haber cosa mas á propósito para facilitar la memoria de los Médicos, ni mas propia para corromperles el juicio. Porque este Escritor en el decir es fantástico, lleno de frases poéticas, yrimbombantes. Introduce términos obscurísimos con gran perjuicio de los letores, porque ya la Medicina necesitaba de hacerse mas comprehensible, familiarizando infinito número de voces Griegas, que ni se han hecho Latinas, ni Españolas, lo que ocasiona embarazo y confusion. Y despues de todo esto nos viene DOLEO conMicrocosmetor, Cardimelech, Gasteranax, yBitnimalca, repitiéndolos á cada linea, y no significan otra cosa que el celebro, corazon, estómago, y útero, ó los espíritus especiales de estas partes y que sirven para sus funciones. Demas de esto no hay en sus curaciones aquel nervio de observacion que se halló en los Griegos; ni sus remedios son otra cosa que medicamentos comunes vanamente ponderados. HOFFMAN es tambien Autor de varia leccion, su juicio mediano; pero su imaginacion fecunda, y la memoria grande: su estilo es asiático y poco nervioso, dice y repite las cosas sin medida, y cita mas de lo que sabe. No obstante es Autor que puede aprovechar mucho si se sabe hacer buen uso de sus noticias, y se separa de ellas lo sistemático, que se lleva las dos partes de sus obras. Finalmente para hallar locucion breve y clara, método, enseñanza, y buen juicio, es necesario leer á HIPPÓCRATES, ARETEO, CELSO, y á sus seguidores MARCIANO, DURETO, LOMIO, y los dos PISONES, y algunos otros de quien hemos hecho crítica en otra parte.
[80] No sé si entre los Teólogos y Letrados reyna este defecto como entre los Médicos. Sé muy bien que en ambas ciencias hay Profesores de erudicion exquisita, y de atinado juicio. Pero como salen á luz tantos tratados de Teología sin añadir novedad ninguna unos á otros, tantos Autores de Poliánteas, de Sermones, de Miscelaneas, he sospechado que tal vez se hallarán algunos que no habrán tratado estos asuntos con la perfeccion necesaria. En efecto CANO, el P. MABILLON, y mucho antes LUIS VIVES, han hallado en algunos Teólogos muchas superfluidades. Tal vez dirá alguno que esto es meter la hoz en mies agena, pero la Lógica da reglas generales para gobernar al juicio, y es necesaria para dirigirle con rectitud y hacer buen uso de él en todas las ciencias. Por eso un buen Lógico puede conocer los defectos que por falta de cultura, y rectitud de juicio cometen los Autores que tratan la Teología. Lo mismo ha de entenderse de la Jurisprudencia, en cuya ciencia son muchos los Autores que ponen toda su enseñanza en amontonar citas y lugares comunes, y creo yo que no consultan los Autores originales, sino que unos sacan las citas de otros, y estos de otros mas antiguos, y todos estos son plagiarios, y compiladores[a]. Por lo menos en estas que llaman Alegaciones es cierto, que muchos muestran falta de Lógica y de cultura en el juicio, porque reyna en ellas, erudicion desaliñada y vulgar, y se pone mayor cuidado en amontonar citas, que razones sólidas y concluyentes. SAAVEDRA en laRepública Literaria, ya se quexa del poco juicio de algunos Autores de Jurisprudencia.Acerqueme á un Censor, dice,y ví que recibia los libros de Jurisprudencia, y que enfadado con tantas cargas de leturas, tratados, decisiones y consejos exclamaba: ¡O Júpiter!, si cuidas de las cosas inferiores, ¿por qué no das al mundo de cien en cien años un Emperador Justiniano, ú derramas exércitos de Godos que remedien esta universal inundacion de libros? Y sin abrir algunos caxones los entregaba para que en las Hosterías sirviesen losciviles_ de encender el fuego, y loscriminalesde freír pescado y cubrir los lardos_[b]. CICERON se quexaba tambien de la poca cultura de los Juristas de su tiempo[c], y en varias partes los reprehende, en especial en la Oracion que hizo por MURENA, digna de ser leida, porque trata este asunto con extension[d]. Ninguna Arte, entiendo yo, necesita mas de la buena Lógica que la Jurisprudencia, porque el conocimiento de lo recto y de lo justo pertenece al juicio. Si este no solo necesita de sus propios principios, sino de otras verdades fundamentales por el encadenamiento que hay entre ellas, ¿cómo ha de ser buen Jurisconsulto el que no sea buen Filósofo? No extraño que GENARO, que conocia por dentro lo que anda en esto, haya empleado tan vivas y tan continuas sátiras contra los Letrados.
[Nota a:Omnes omnium Jurisconsultorum libros evolvendos sibi putant, totaque citatorum quae vocant plaustra colligunt, quibus suas dissertatiunculas, responsa, decreta, non tàm ornant, quàm onerant.Menk.Charl. p. 267.]
[Nota b:pag. 31.]
[Nota c:Sed Jureconsulti, sivè erroris objiciendi causa quo plura, & difficiliora scire videantur, sivè, quod similius veri est, ignoratione docendi, nam non solam scire aliquid artis est, sed quaedam ars etiam docendi, saepè, quod positum est in una cognitione, in infinita dispartiuntur._ Cicer.de Leg. 2. cap. 45.]
[Nota d:Itaque si mihi homini vehementer occupato stomachum moveritis, vel triduo me Jurisconsultum esse profitebor.Cic.pro Muraen. c. 13. p. 272. t. 5.]
De los errores que ocasiona el amor propio.
[81] Entiendo por amor propio aquella inclinacion natural que tenemos á nuestra conservacion y nuestro bien. Todo aquello que pensamos ser á propósito para nuestra conservacion, y todo lo que nos parece que ha de hacernos bien, lo apetecemos llevados de la naturaleza misma; y hemos de considerar que el amor propio es un adulador que continuamente nos lisonjea y nos engaña. Porque si nosotros regulasemos esta innata inclinacion que tenemos ácia nuestro bien y provecho, segun las reglas que prescribe el juicio, y le conformasemos con las máxîmas que enseña la doctrina de Jesu-Christo, no apeteciéramos sino lo que es verdaderamente bueno, y lo que en realidad puede conducir á nuestra conservacion; pero el caso es que estudiamos poco para moderarlo, y su desenfrenamiento nos ocasiona mil males. Para describir los malos efectos que causa en las costumbres el desordenado amor propio, es menester recurrir á la Filosofía moral, porque segun yo pienso, la inclinacion que los hombres tienen á la grandeza, á la independencia, y á los placeres no son mas que el amor propio disimulado, ó lo que es lo mismo, todas aquellas inclinaciones no son otra cosa, que el apetito que tienen los hombres de su conservacion y de su bien, pareciéndoles que le han de saciar con la grandeza, con los placeres, y con la independencia: apetito que si no se regula, como he dicho, ocasiona grandes daños. Mas yo solo intento aquí descubrir algunos artificios con que el amor propio nos engaña en el exercicio de las Artes y Ciencias; y si no atendemos con cuidado, nos vuelve necios, haciéndonos creer que somos sabios. Ya hemos mostrado quantos determinados errores nos ocasionan las pasiones con que acompañamos nuestros conocimientos. A la verdad todos estos nacen del amor propio, que es la fuente de todas las pasiones y apetitos; mas aquí queremos en general mostrar los varios caminos con que este oculto enemigo nos engaña en el exercicio de las Artes y Ciencias.
[82] Si alaban á nuestro contrario en nuestra presencia, allá interiormente lo sentimos, aunque las alabanzas sean justas, porque el amor propio hace mirar aquellas alabanzas como cosa que engrandece al enemigo; y como el engrandecerse el enemigo ha de estorbar nuestra grandeza, ó ha de ser motivo de privarnos de algun bien, por esto no gustamos de semejantes alabanzas. No se forman sylogismos para esto, porque basta nuestra inclinacion poderosa ácia lo que concebimos como bien; pero si quisiéramos exâminarlo un poco, facil sería reducir á sylogismos las razones que nos mueven.Si mi enemigo se engrandece, tiene mayores fuerzas que yo; si tiene mayores fuerzas, me ha de vencer: luego mi enemigo me ha de vencer.Así hace argüir el amor propio, ó de esta manera:Yo no quiero á mi enemigo: los demas dicen que él es justo, piadoso y bueno: luego yo no amo á lo que es bueno y justo: luego pierdo de mi estimacion para con los demas.O de esta forma:Lo bueno y justo es estimable: luego si los demas tienen á mi enemigo por bueno y justo, le estiman; si le estiman, no me aman, &c.Esto pasa dentro de nosotros á veces sin repararlo, y por eso quando oimos á alguno que alaba á nuestro contrario, pareciéndonos por las razones propuestas, que quanto el contrario es mas digno de alabanza, tanto menos lo somos nosotros, intentamos con artificio rechazar las alabanzas, ó ponerlas en duda, ó culparle en otras cosas, que puedan obscurecer las alabanzas, y no sosegamos hasta que estamos satisfechos, que ya los demas nos han creido. Todo esto lo ocasiona el amor propio, haciéndonos creer que quedamos privados de un gran bien, quando le tiene nuestro contrario, ó que el creer los demas que nuestro contrario es bueno y justo, se opone á nuestra utilidad y conservacion. De esto nacen tantas injurias y falsedades, que se atribuyen recíprocamente los Escritores, que son de pareceres opuestos. Los hombres muy satíricos de ordinario tienen desordenadísimo amor propio, y continuamente exercitan la sátira, porque quieren ajar á los demas, y hacerse superiores á todos. Por esta razon han de considerar los que escriben sátiras, que para ser buenas han de hacer impresion en el entendimiento, y no han de herir al corazon, porque como el satirizado tiene tambien amor propio, se moverá á abatir en el modo que pueda al Autor de la sátira, y estas luchas pocas veces se hermanan bien con la humanidad. Esto no suele suceder así quando se reprehenden defectos en general, porque entonces no se excita el amor propio de ningun particular.
[83] El amor propio hace que un hombre se alabe á sí mismo; y el amor propio es la causa por que no podemos sufrir que otro se alabe en nuestra presencia. El que se alaba á sí mismo, se engrandece, porque se propone como sugeto lleno de cosas que dan estimacion. Si lo hace delante de otros, se supone poseedor de cosas buenas, que los demas no tienen, ó que él las tiene con preeminencia; ó á lo menos lo hace para que los demas dén el justo valor á su mérito. El amor propio de los demas no consiente esto, y así no pueden tolerar que otro se haga mayor, ni pueden sufrir que otro sea superior en cosas buenas, porque si lo fuera, sería mayor y digno de mayores bienes; y como nunca queremos ser inferiores á los demas, ni sufrimos que otros nos excedan, ni que sean mas dignos de los bienes que nosotros, por eso nos parecen mal las alabanzas. Si otro dice estos elogios del mismo sugeto, no solemos sentirlo tanto, y entonces solo los admitimos, ó rechazamos, segun la pasion que nos domina; pero si uno mismo se alaba en nuestra presencia, siempre lo sentimos, porque nunca podemos sufrir que venga alguno, que á nuestra vista quiera hacerse mejor que nosotros. Por esto el alabarse á sí mismo es gradísima necedad, porque como cada uno se estima tanto, creen los demas que se alaba por amor propio, y por la estimacion que se tiene, y no con justicia; y como el que se alaba irrita al amor propio de los demas, él mismo hace que los que escuchan las alabanzas, las miren con tedio, como opuestas á su grandeza, y así estan menos dispuestos á creerlas. Con que es necio, porque no consigue el fin de la publicacion de sus alabanzas, es á saber, que los demas le crean; y lo es tambien, porque está tan poseido del amor propio, que le hace creer, que es un modelo de perfeccion, y no le dexa conocer su flaqueza. No obstante es cosa comunísima alabarse á sí mismos los Escritores de los libros. Si un Autor ha pensado una cosa nueva, cada instante nos advierte,que esto lo ha inventado él solo, y que hasta entonces nadie lo ha dicho.Es bueno que los lectores conozcan esto; pero parece muy mal que el mismo Autor lo diga. Los títulos de los libros muestran el amor propio de sus Autores, porque poner títulos grandes, pomposos, magníficos, y llenos de términos ruidosos, prueba que su Autor ha hecho de sí mismo y de sus escritos un concepto grande é hinchado. Por esto alabaré siempre la modestia en los títulos. Las coplas, decimas, sonetos, y otras superfluidades, que vemos al principio de algunos libros, significan dos cosas, es á saber, que hay grande abundancia de malos Poetas, y que el Autor gusta que los ignorantes le alaben, lo qual es efecto de desordenado amor propio. Las aprobaciones comunes son indicio del amor propio de los Escritores, y de sus Aprobantes. El Autor de un libro precisamente ha de conseguir que le alaben sus amigos, si los busca de propósito para este efecto. Los Aprobantes tienen el estilo de quedarse admirados á la primera linea, pasmados á la segunda, y atónitos antes de acabar la cláusula. De suerte, que este es el lenguage comun de los Aprobantes, que sean buenos los libros, que sean malos, y es porque no gobierna al juicio en las alabanzas la justicia, sino el amor propio. Por esto vemos que los Aprobantes no dexan de manifestar su erudicion, aunque sea comun, y citan Autores raros para hacerse admirar (exceptuando á CASIODORO, que se cita en las aprobaciones por moda y estilo), y todas estas cosas las hace el Aprobante por mostrar su saber, con la ocasion, ó pretexto de hacer juicio del escrito.
[84] Las satisfacciones impertinentes que dan los Autores en los Prólogos, son efectos del amor propio. El Prólogo se hace para advertir algunas cosas, sin cuyo conocimiento no se penetraria tal vez el designio de la obra; ó para dar á los lectores una descripcion general de ella, para que se muevan con mayor aficion á leerla. Pero no poner en los Prólogos sino escusas, ponderaciones de su trabajo, y dexar á los lectores para que juzguen si ha cumplido, ó no con la empresa, son exâgraciones que ocasiona el amor propio. ¿Pues qué dirémos de losperdonesque piden? Pocas veces piden perdón á los lectores por humildad, y casi siempre le piden por amor propio, porque creen con estas prevenciones hallar mejor acogida en ellos. Despues nos dicen, que los amigos, ó alguna grande persona los ha obligado á imprimir el libro, y no se olvidan de hacer poner en la primera hoja su retrato, para que todos conozcan tan grande Escritor. Cuenta el P. MALLEBRANCHE[a], que cierto Escritor de grande reputacion hizo un libro sobre las ocho primeras proposiciones de EUCLIDES, declarando al principio, que su intencion era solo explicar las difiniciones, peticiones, sentencias comunes, y las ocho primeras proposiciones de Euclidessi las fuerzas y la salud se lo permitian;y que al fin del libro dice, que ya con la asistencia de Dios ha cumplido lo que ofreció, y que ha explicado las peticiones y difiniciones, y ocho primeras proposiciones de Euclides, y exclama:Pero ya cansado con los años dexo mis tareas; tal vez me sucederán en esto otros de mayor robustez, y de mas vivo ingenio.
[Nota a: Mallebranch.Recherch. de la verit. tom. I. liv. 2. chap. 6. pag. 417.]
[85] Quién no creyera, que este hombre con tantos aparatos, y deseando salud y fuerzas, habia de hallar la quadratura del círculo, ó la duplicacion del cubo? Pues no hizo otra cosa, que explicar las ocho primeras proposiciones de la Geometría de Euclides, con las peticiones y difiniciones; lo qual puede aprender qualquiera hombre de mediana capacidad en una hora y sin maestro ninguno, porque son muy faciles, y no necesitan de explicacion. No obstante habla este Autor como si trabajara la cosa de mayor importancia y dificultad, y teme que le han de faltar las fuerzas y dexa para sus sucesores lo que él no ha podido executar. Este Autor estaba enamorado de sí mismo, y sus inepcias las proponia como cosas grandes, porque el amor propio le obscurecia al juicio. Y aunque qualquiera conocerá, que detenerse en semejantes ponderaciones es cosa estultisíma, no obstante la fuerza con que se aman los Autores hace que en los Prólogos no se lean sino estas excusas, ú otras del mismo género[a]. Antes que el P. MALLEBRANCHE satirizó estos y otros defectos de los Prólogos, con mucha gracia y agudeza, nuestro CERVANTES en el admirable Prólogo de su D. Quixote.
[Nota a:Sed quid ego plura? Nam longiore praefatione, vel excusare, vel commendare ineptias, ineptisimum est.Plin. Jun.lib. 4. epist. 14.]
[86] Una de las cosas mas importantes para adelantar las letras es comentar, explicar, y aclarar los Autores originales fundadores de ellas; de modo, que si los comentos son buenos, dan mucha luz á los que se quieren instruir en las Ciencias. Mas aunque esto sea así, el amor propio ocasiona mil extravíos en los Comentadores. Uno de ellos es la erudicion que emplean en explicar un lugar claro y facil del Autor principal, lo que hacen por mostrar que saben mucho, y por dar á entender que son hombres capaces de comentar, é ilustrar las cosas mas difíciles. Si encuentran en VIRGILIO el nombre de un rio, nos derrama el Comentador el principio, el fin, y la carrera de aquel rio: nos dice quantas cosas ha hallado en los Autores sobre el asunto; y por decirlo de una vez, hace un comento largo para explicar una palabra facil de entender; y no hace otra cosa que llenar el celebro de los lectores de noticias comunes, y tal vez falsas. Si el Poeta nombra á un Filósofo de la Grecia, se le presenta la ocasion oportuna de explicar la vida, los hechos, y sentencias del Filósofo, y nos da un compendio de LAERCIO, de PLUTARCO, y de todos los antiguos que han tratado del asunto. Así se ve claramente, que esto no lo hacen por esclarecer los Autores, ni por hallar la verdad, sino por adquirir fama de hombres eruditos. Dirá alguno, que los Comentadores no piensan en estas cosas quando emprenden el comento; pero si me fuera lícito decirlo así, yo diría que el amor propio lo piensa por ellos. Este es un enemigo que obra secretamente y con grande artificio, y si los Comentadores hacen reflexîon conocerán, que no tanto los obliga á hacer los comentos el querer ilustrar á un Autor, como querer acreditarse ellos mismos.
[87] El amor propio engaña tambien á los sabios aparentes, haciéndoles creer que son sabios verdaderos, y que les importa que los demas lo conozcan. Sus artificios se hallan explicados con gracia y agudeza en laCharlatanería de los Eruditosde MENKENIO; pero aquí advertiré solamente algunas particularidades para que los conozcan mejor, y los traten segun su mérito. Una de las cosas que mas comunmente hacen los falsos sabios es hinchar la cabeza con lugares comunes de CICERON, de ARISTÓTELES, de PLINIO, y de otros Autores recomendables de la antigüedad. Despues de esto cuidan mucho en tener en la memoria un catálogo copioso de Autores: y si se hallan en una conversacion, vierten noticias comunísimas, y dicen que ya Ciceron lo conoció, que ya se halla en Aristóteles, y luego añaden, que entre los modernos lo trata bien CARTESIO, y mejor que todos NEWTON. Si tienen la desgracia de encontrar con uno, que esté bien fundado en las Ciencias, y haya leido estos Autores, y les replica, mudan de conversacion, y así siempre mantienen la fama entre los que no lo entienden. Lo mismo hacen en los libros, citan mil Autores para probar lo que no ignora una vieja. Y una vez ví uno de estos, que en una cláusula de cinco lineas citó á LIEBRE, y á BURDANIO para probar una friolera. Es tanta la inclinacion que tienen los poco sabios á citar Autores, y mostrarse eruditos, que uno de ellos en cierta ocasion hablaba de la batalla de Farsalia, que no la habia leido sino de paso en alguno de los libros que no tratan de propósito de la historia de Roma, y se le habia hinchado la cabeza de manera, que decia:Grande hombre era Farsalia, y Farsalia no fué hombre grande, ni pequeño, sino un campo, ó lugar donde se dió la batalla entre CESAR, y POMPEYO. Semejantes desórdenes ocasiona el querer parecer sabios; y es cosa certísima, que por lo comun es mejor la disposicion de entendimiento de los ignorantes, que la de los sabios aparentes, porque estos son incorregibles, y aquellos suelen sujetarse al dictamen de los entendidos.
[88] Ninguno ha descubierto mejor las artes, y mañas artificiosas de los falsos sabios que el P. FEYJOÓ en un discurso, que intitula:Sabiduría aparente[a]. Al mismo tiempo ninguno, sin pensar en ello, ha criado mas sabios aparentes que este Escritor. Como trata tantos y tan varios asuntos, y los adorna con mucha erudicion, estos semisabios vierten sus noticias en las conversaciones, en los escritos, y donde quiera que se les ofrece. El perjuicio que de esto se sigue es, que se creen sabios solo con leer á este Autor. Si los asuntos que trata Feyjoó son científicos (estos en toda la extension de sus obras son pocos), no se pueden entender sin los fundamentos de las Ciencias á que pertenecen; y no teniéndolos muchos de los que le leen, quando se les ofrecerá hablar de ellos, lo harán como falsos sabios. Si son asuntos vulgares, que es el instituto de la obra, la materia es de poca consideracion, y solo los adornos la hacen recomendable. Los puntos históricos, filosóficos, y críticos, de que están adornados los discursos, piden verse en las fuentes para usar de ellos con fundamento, ya porque alguna vez no son del todo exâctos, ya tambien porque desquiciados de su lugar y trasladados á otro, no pueden hacer buena composicion sino con el orden, método, y fines con que los propusieron sus primitivos Autores. Al fin de su discurso dice el P. Feyjoó, como hemos ya insinuado, y conviene repetirlo:El Teatro de la vida humana, las Polyanteas(bien pudiera añadirse el infinito número de Diccionarios de que estamos inundados),y otros muchos libros, donde la erudicion está acinada, y dispuesta con orden alfabético, ú apuntada con copiosos índices, son fuentes públicas, de donde pueden beber, no solo los hombres, mas tambien las bestias. El mal uso de las obras de este Escritor puede producir el mismo efecto.
[Nota a: FeyjoóTeatr. Crític. tom. 2. pág. 179. y sig.]
De los errores del juicio.
[89] Todos los errores del entendimiento humano, hablando con propiedad, pertenecen solamente al juicio, porque este es el que asiente, ó disiente á lo que se le propone. Los sentidos, la imaginacion, las inclinaciones, el temperamento, la edad, y otras cosas semejantes no son mas que ocasiones, ó motivos por los quales yerra el juicio. Pero se ha de advertir, que hay dos caminos muy comunes, por los quales se anda ácia el error, es á saber, lapreocupacion, y laprecipitacion del juicio, porque quantas veces cae este en el error, casi siempre sucede, ó porque está preocupado, ó porque se precipita. La preocupacion es aquella anticipada opinion, y creencia que uno tiene de ciertas cosas, sin haberlas exâminado, ni conocido bastantemente para juzgar de ellas. Por exemplo. Han dicho á un hombre codicioso y crédulo, que es facil hacer oro del cobre, ó del hierro. Por la credulidad facilmente se convence: por la codicia lo cree con eficacia, porque ya hemos probado, que qualquiera nocion si va junta con alguna fuerte inclinacion del ánimo, se imprime con mayor fuerza. Si este hombre oye despues á otro que prueba con razones concluyentes, que no es posible convertir el cobre, ni el hierro, ni ningun otro metal en oro, lo oye con desconfianza, y las razones evidentes no se proporcionan á su juicio, porque está preocupado, esto es, porque anticipadamente ha creido lo contrario, y esta creencia ha echado raices en el entendimiento.
[90] No intento tratar aquí de toda suerte de preocupaciones, ya porque fuera imposible comprehenderlas todas, ya porque muchas han sido explicadas en los capítulos antecedentes: propondré solamente algunas muy notables, que nos hacen caer en muchos errores. Quando somos niños creemos todo quanto nos dicen los padres, los Maestros, y nuestros mismos compañeros. El entendimiento entonces se va llenando de preocupaciones, y si no cuidamos exâminarlas, siendo adultos, toda la vida mantenemos el error. El amor que tenemos á la patria, y á los parientes, y amigos nos preocupa fuertemente[a]. Las nociones de estas cosas las tenemos continuas, y las impresiones se van haciendo de cada dia mas profundas; por esto nos hacemos á juzgar conformando nuestros juicios con ellas, y muchas veces son errados. Despues cada qual alaba su Patria, y la prefiere á qualquiera otra. Su Patria es la mas antigua del mundo, porque ha oido contar á sus paysanos, que se fundó en tal, y tal tiempo muy antiguo, y que se fundó casi por milagro. Esta preocupacion arrebata á veces hasta hacer decir á algunos, que nada hay bueno sino en su País; y en los demas todo es malo. Apenas hay Historiador, que en ponderar las antigüedades de los Pueblos no cometa mil absurdos y falsedades, por gobernarse, en lugar de buenos documentos, por una vanísima credulidad y preocupacion. Yo oigo con mucha desconfianza á estos preocupados alabadores de sus Patrias. Es noticia harto vulgar, que los Griegos tenian por bárbaros á todos los que no eran Griegos; y habiendo sido los principales establecedores de las Ciencias, no pudieron librarse de tan vana preocupacion.
[Nota a:Sunt enim ingeniis nostris semina innata virtutum, quae si adolescere liceret ipsa nos ad beatam vitam natura perduceret; nunc autem simul, atque editi in lucem, & suscepti sumus, in omni continuò pravitate, & in summa opinionum perversitate versamur, ut penè cum lacte nutricis errorem suxisse videamur. Cum verò parentibus redditi, magistris traditi sumus, tum ita variis imbuimur erroribus, ut vanitati veritas, & opinioni confirmatae natura ipsa cedat. Accedunt etiam Poetae, qui cum magnam speciem doctrinae, sapientiaeque prae se tulerunt, audiuntur, leguntur, ediscuntur, & inhaerescunt penitus in mentibus. Cum verò accedit eodem quasi maximus quidem magister populus, atque omnis undique ad vitia consentiens multitudo, tum planè inficimur opinionum pravitate, à naturaque ipsa desciscimus.Cicer.Q. Tusc. lib. 3. c. 2.]
[91] Entre nosotros reynan hoy dos partidos igualmente preocupados. Unos gritan contra nuestra nacion en favor de las extrañas, ponderando que en estas florecen mucho las Artes, las Ciencias, la policía, la ilustracion del entendimiento: por donde van con ansia tras de los libros extrangeros, todo lo hallan bueno en ellos, los celebran como venidos del Cielo. Otros aborrecen todo lo que viene de afuera, y solo por ser extraño lo desechan. La preocupacion es igual en ambos, partidos; pero en el número, actividad, y potencia prevalece el primero al segundo. La verdad es, que en todas las Provincias del Mundo hay vulgo, en el qual se comprehenden tambien muchos entendimientos de escalera arriba (frase con que se explica el P. FEYJOÓ)[a], y todas las naciones cultivadas pueden mútuamente ayudarse unas á otras con sus luces con la consideracion que unas exceden en unas cosas y otras en otras, y cada una ha de tornar lo que le falta. Se puede demostrar con libros Españoles exîstentes, que muchísimas cosas con que hoy lucen las naciones extrangeras en las Artes y Ciencias, las han podido tomar de nosotros. Los excesos y poca solidez de la Filosofía de las Escuelas han sido conocidos y vituperados de los Españoles, antes que de otra nacion alguna, porque LUIS VIVES, PEDRO JUAN NUÑEZ, GASPAR CARDILLO VILLALPANDO, el Maestro CANO, los han descubierto é impugnado mucho antes que VERULAMIO, CARTESIO, y GASENDO. El método de enseñar la lengua Latina de PORT-ROYAL tan celebrado en todas partes, fué mucho antes enseñado con toda claridad, y extension por FRANCISCO SANCHEZ DE LAS BROZAS. ¿Quién duda que antes de LINACRO en Inglaterra, y de COMENIO en Francia, echó en España los cimientos de la verdadera lengua Latina el Maestro ANTONIO DE NEBRIJA? Aun en la Física el famoso sistema del fuego que BOHERAAVE ha ilustrado en su Chímica, está con bastante claridad propuesto, y explicado por nuestro VALLES en su Filosofía Sagrada. El sistema delsuco nerveode los Ingleses tuvo origen en España por Doña OLIVA DE SABUCO. La inteligencia de las enfermedades intermitentes peligrosas, que han ilustrado MORTON en Inglaterra, y TORTI en Italia, ha tenido su origen en España por LUIS MERCADO, Médico de Felipe Segundo, á quien por esto debe el género humano inmortal agradecimiento, pues que con sus luces ha dado la vida á millares de gentes. Tambien ha nacido en España la nueva observacion de lospulsosde SOLANO DE LUQUE, que despues han ilustrado algunos Ingleses y Franceses.
[Nota a:Teat. Crit. disc. 10. núm. 15. y 16.]
[92] A este modo otras muchas cosas importantes se han tomado de nosotros, como lo harémos patente en otra obra, así como en algunas materias confesamos que nos sirven las luces de los Extrangeros. Este punto le tocó de paso el P. Feyjoó, hablandodel amor de la patria y pasion nacional; bien que inclinó mas á los extraños que á los nuestros; y aquí, aunque de paso, advertiré que tratando de esto pone estas palabras: "Tambien puede ser que algunos se arrojasen á la muerte, no tanto por el logro de la fama, quanto por la loca vanidad de verse admirados, y aplaudidos unos pocos instantes de vida: de que nos da LUCIANO un ilustre exemplo en la voluntaria muerte del Filósofo PEREGRINO[a]". Luciano en la muerte del Peregrino que escribió á CRONIO Epicurista amigo suyo, tomó el empeño de vituperar á los Christianos de su tiempo, que padecian martirio por defender la Fé de Jesu-Christo; y es conjetura de hombres muy doctos, que el Peregrino de quien habla Luciano fué S. POLYCARPO, discípulo de S. JUAN EVANGELISTA, cuyo martirio atribuía Luciano á vanidad y á locura. Como quiera que fuese, este escrito de Luciano está lleno de burlas, y blasfemias contra el nombre Christiano, digno por eso de igualarse con FILOSTRATO, CELSO, JULIANO, y otros impugnadores de la Religion Christiana. Si en los puntos históricos, tantos como toca Feyjoó en sus escritos, hubiera consultado los originales, hubiera evitado muchas equivocaciones, que descubren los inteligentes.
[Nota a:Teat. Crit. disc. 10. §. 1. n. 3. p. 213. tom. 3.]
[93] Otra suerte de preocupados perniciosos son los viageros que andan á correr las Cortes, quando se restituyen á sus patrias. No vituperamos el que se hagan viages á Paises extraños para instruir el entendimiento, porque sabemos que en todos tiempos se ha usado esto con el fin de ver las varias costumbres, inclinaciones, leyes, policía, gobierno, Ciencias, y Artes de varios Pueblos, para tomar lo util, y honesto que falta en el propio Pais, y trasladarlo á él. Debiendo, pues, hacerse estos viages para mejorarse en el saber, y en las costumbres el viagero, y á la vuelta ilustrar á su Patria, es cosa clara que para lograr estos fines es menester que el viage se haga en edad competente con instruccion para conocer lo honesto y util, y distinguirlo de lo aparente y superfluo: conviene tambien la sagacidad necesaria para conocer á los hombres, y las varias maneras que estos tienen de engañar á los viandantes. Con estas prevenciones, y con un conocimiento suficiente de las Artes y Ciencias puede hacerse el viage con provecho, deteniéndose en los lugares, donde pueda instruirse el tiempo necesario para enterarse de las cosas importantes de cada Pais. Pero como hoy se usa ir aprisa, volver presto, sin estudios, sin lógica, sin la moral, sin filosofía, en edad tierna, poco proporcionada para la instruccion, es ir á embelesar los sentidos, hinchar la imaginacion, llenar el ingenio de combinaciones superficiales, y preocupar el juicio con los errores de estas otras potencias. Así traen á su Pais la moda, la cortesía afectada, el ayre libre, y el ánimo inclinado á vituperar en su propia Patria todo lo que no sea conforme á lo que han visto en la agena. Dos célebres Escritores[a], el uno Frances, llamado MIGUEL DE MONTAGNA; el otro Ingles, llamado LOCK, bien conocidos en el orbe literario, explican muy bien los defectos de estos viages, y las bagatelas de que vuelven muy satisfechos los viageros. Para evitar estos inconvenientes aconsejan que estas peregrinaciones se hagan hasta los quince años, con un buen Maestro que dirija al joven viandante, como lo hacia MENTOR con TELEMACO. A la verdad esta especie de viage en edad tan tierna podrá servir para instruirse en las lenguas, en lo demas nada.
[Nota a: MontagneEsais lib. I. capítulo 25.LockEducacion des enfans, tom. 2. §. CCXIX. pág. 266. y sig.]
[94] El P. LEGIPONT, de la Orden de S. Benito, ha publicado poco ha un itinerario para hacer con utilidad los viages á Cortes extrangeras. Le ha traducido en Español el Dr. JOAQUIN MARIN, docto Abogado Valenciano. En esta obrita se hallan las reglas prudentes para viajar con utilidad; y el que lea la censura que á ella ha puesto el Dr. AGUSTIN SALES, Presbítero en Valencia, no le pesará de su trabajo, por ser digna de leerse, y estar escrita por uno de los eruditos principales de nuestra España. Feyjoó conoció ya algunos defectos de los viandantes de estos tiempos, y los explicó con estas palabras: "Aun despues que el Mundo empezó á peregrinarse con alguna libertad, y no hubo tanta para mentir, nos han traido de lo último del Oriente fábulas de inmenso vulto, que se han autorizado en innumerables libros, como son las dos populosísimas Ciudades Quinzai y Cambalii: gigantes entre todos los Pueblos del Orbe: el opulentísimo Reyno del Catay al Norte de la China: los Carbunclos de la India: los Gigantes del Estrecho de Magallanes; y otras cosas de que poco ha nos hemos desengañado[a]".
[Nota a: FeyjoóTeat. Crit. tom. 5. disc. I. §. 3. n. 10.]
[95] Suele preocuparse el juicio freqüentemente en las cosas de piedad y Religion. Ha creido uno quando era niño, que el Santuario de su tierra es un seminario de milagros, que un Peregrino formó la Imagen que en él se venera, y que no puede disputársele, ó la prerrogativa de tocarse por sí misma la campana, ó de aparecer tal dia florecillas, ú otras cosas maravillosas, con que Dios le distingue entre muchos otros. Algunos dexan correr estas relaciones, porque dicen son piadosas, aunque en parte sean falsas. Mas yo quisiera que se descartaran quando no están bien averiguadas, porque nuestra santísima Religion es la misma verdad, y no necesita de falsas preocupaciones para autorizar su creencia. De esto hablarémos mas adelante. Lo que toca ahora á nuestro propósito es, que estas cosas creidas con anticipacion ocasionan despues mil guerras, y discordias entre los Escritores, que quieren, ó defenderlas, ó impugnarlas.
[96] La letura de algun Autor suele causar fuertes preocupaciones[a]. Hay uno que en su juventud ha leido continuamente á SENECA, y despues no hay perfeccion que no halle en este Filósofo, y todos los demas no han hecho cosa notable; ni ya se oirá de su boca otra cosa que lugares de Séneca, máxîmas morales sueltas y descadenadas. En este asunto tengo por cierta especie de felicidad preocuparse de un Autor bueno, porque aunque no lo sea tan universalmente como le hace creer la preocupacion, por lo menos ya en algunas cosas no le ocasiona error. Por esto ha de cuidarse, y es punto esencial de la buena crianza, en no dexar leer á los muchachos sino libros buenos, y que puedan instruir su entendimiento, y perficionarles el juicio; y me lastimo de ver, que apenas se les entregan otros libros que los de Novelas, ó Comedias, ó de Fábulas, con que se habitúan á todo aquello que les hincha la imaginacion, y corrompe el juicio. No solamente se preocupan muchos de algun Autor, sino tambien de la autoridad de ciertas personas. Cree Fabio anticipadamente, que Ariston es un hombre consumado en todas Ciencias, y prescindo ahora si lo cree con justicia, ó erradamente. Trátese despues qualquiera materia, y Fabio no dice mas, sino que ha oido decir á Ariston, que la cosa era de esta manera, y no de otra. Si se le replica diciéndole, que lo exâmine por sí mismo, y que no se fie de semejante autoridad, se enfurece, y con ademanes mantiene su opinion, porque está enteramente preocupado[b].
[Nota a:Refert certè in quacumque arte plurimum unum in illa excellentem Auctorem legere, cui potissimum te addicas. Nullus tamen quamlibet eruditus sentiendi tibi, ac dissentiendi Auctor futurus est. Nemo enim fuit omnium, qui non ut homo interdum halucinaretur.Canode Loc. lib. 10. c. 5.]
[Nota b:Nec verò probare soleo id quod de Pythagoricis accepimus, quos ferunt, si quid affirmarent in disputando, cùm ex iis quaereretur quare ita esset, respondere solitos: Ipse dixit.Ipse autem erat Pythagoras, tantum opinio praejudicata poterat, ut etiam sine ratione valeret auctoritas.. Cicer.de Nat. Deor. lib. I. cap. 8. pág. 198.]
[97] Pudiera poner muchos exemplos de esto en el trato civil: de suerte, que si bien lo reparamos, gran parte de los juicios humanos en el comercio de la vida se fundan en preocupacion, y no en realidad[a]. Esto mismo es lo que sucede á aquellos, que en las letras no aprecian sino la antigüedad. No dudo que en ella se halla un tesoro muy precioso, y que qualquiera ha de consultar los Autores antiguos para perficionar el juicio, y para aprender y enseñar las Ciencias humanas, conformándose con las reglas del buen gusto, pues hubo entre ellos muchos que fueron exâctísimos, y tuvieron un juicio muy recto en lo que toca á las Artes y Ciencias profanas; mas esto no es bastante para preocuparse de forma, que no se haya de celebrar sino lo que sea antiguo, porque no se agotó en aquellos siglos la naturaleza, ni se estancaron las buenas Artes, de suerte, que no pueda beberse la doctrina sino en aquellas fuentes. Yo he reparado, que los Romanos veneraron mucho á los Griegos, y se aprovecharon de su doctrina en muchísimas cosas; pero tambien en otras los dexaron, buscando nuevos caminos para alcanzar la verdad, y alguna vez se gloriaron de ser iguales, ó superiores á los Griegos[b]. GALENO en el comento del primer aforismo de HIPPÓCRATES dice, que los antiguos hallaron las Ciencias, pero no pudieron perficionarlas, y que los que les han sucedido las han aumentado y perficionado. CICERON afirma, que en su tiempo habia en Roma Oradores tan grandes, que en nada eran inferiores á los Griegos[c]. ¿Pues por qué nosotros hemos de creer, que nada bueno puede hallarse en nuestros dias? ¿Y por qué no podrémos decir de los Romanos, lo que estos dixeron de los Griegos[d]; y de los Griegos, lo que ellos dixeron de otros mas antiguos? La razon dicta, que la verdad ha de buscarse en los antiguos y en los modernos, y ha de abrazarse donde quiera que se halle.
[Nota a:Extant & quidem non pauci, qui Doctorem unum ita prae caeteris diligunt, ejusque dicta adeò religiosè, ne dicam superstitiosé, amplectuntur, ut non gloriae solùm, verum etiam piaculum ducant ab illius verbis, ne latum quidem unguem discedere. Nihil propterea quàm Pythagoricum illud:Ipse dixit,frequentius ipsis est…. tantum quippe apud eos potest praejudicata quaevis opinio Magistri, in cujus verba jurant, ut non secus ac de Pythagorae discipulis olim praeclarè scripserat Tullius, etiam sine ulla prorsus ratione illius quaevis vel mínima apud eos valeat auctoritas.Brix.Logic. pág. 164.]
[Nota b:Sed meum judicium semper fuit omnia nostros aut invenisse per se sapientius quàm Graecos, aut accepta ab illis fecisse meliora. Cicer.Q. Tusc. lib. I. cap. 2.]
[Nota c: Cicer.Q. Tusc. lib, I. cap. 4.]
[Nota d:Brutus quidem noster, excellens omni genere laudis, sicPhilosophiam Latinis literis persequitur, nihil ut eisdem de rebus àGraecis desideres.Cicer.Acad. q. lib. 2. cap. 9.]
[98] Los antiguos tienen la ventaja de haber sido los primeros, y por esto los imaginamos como mas venerables, porque de ordinario formamos concepto mas grande de los hombres famosos quando están distantes de nosotros, que quando están á nuestra vista, pues entonces hallamos que son hombres como los demas, y sujetos á las mismas inclinaciones y engaños que nosotros mismos, y por esto solemos apreciar mas lo que tenemos distante, que lo que está cercano. Pero si nos libramos de toda preocupacion, hallarémos entre los antiguos, hombres de grande ingenio y juicio, de mucha erudicion y doctrina, y tambien entre los modernos; y entre estos hallamos Sofistas, y no faltaron entre aquellos. Esto es lo que dicta la buena Lógica; pero hoy los literatos inclinan á lo moderno con conocida preocupacion, la qual hace que se hable de los antiguos con desprecio, sin haberlos leido. El juicio dicta, que tomemos de la antigüedad los fundamentos de las Artes y Ciencias, pues que ellos las establecieron, y procuremos instruirnos en lo que los modernos hayan añadido con solidez á lo que ellos fundaron.
[99] La precipitacion del juicio se observa freqüentemente en el trato civil, porque es muy comun juzgar de las cosas sin haberlas averiguado. Uno disputa y se descompone por defender la Filosofía, que no ha visto. Otro afirma que tal Autor lo dice, sin haberle leido. Qual apenas ha oido una palabrita á otro, ya forma mil juicios. Qual por un acaecimiento imprevisto, forma mil presagios. En efecto los juicios temerarios casi siempre se hacen con precipitacion, porque se hacen sin atender las circunstancias necesarias para juzgar; y si bien se repara, en el trato civil se hallará, que son infinitos los juicios precipitados. En los libros son tambien freqüentísimos, y cada dia vemos contender los Autores recíprocamente sobre si es cierta la narracion, ó falsa la cita, y las mas de estas contiendas proceden de la precipitacion del juicio. De la misma nacen á veces las alabanzas vanísimas y los vituperios de los Autores; porque toma uno un libro en la mano, y luego que empieza á leerle, encuentra una cosa que no le satisface, y sin pasar mas adelante dice, que el libro no vale nada, que es una friolera quanto el Autor escribe, y otras cosas semejantes. Por el contrario, si halla en el libro un estilo proporcionado á su genio, ú otras cosas que á los principios le contentan, dice que el libro es bueno, y es lo mejor que se ha escrito. De este modo se hacen muchas críticas, y las hacen hoy sugetos de buena recomendacion; pero fuera facil mostrar que se hacen con manifiesta precipitacion de juicio. A veces la precipitacion del juicio es muy peligrosa, porque ocasiona errores enormes. Oimos una palabrita á un hombre que miramos con odio, y luego la interpretamos y echamos en mala parte, y el otro tal vez la ha dicho con sana intencion. En el juicio que algunos hacen de los libros sucede lo mismo, porque tal proposicion, que por sí sola puede parecer mala, acompañada con toda la serie de principios y razonamientos con que está conexâ, es sanísima. De otro modo precipitamos el juicio, haciendo de un hecho particular una razon universal. Así vemos que Ariston ha faltado en una cosa, ó no se ha desempeñado bien en un asunto, y luego le tenemos por un hombre inútil para todos los negocios.
[100] Nunca precipitamos mas el juicio, que quando nos dexamos dominar de alguna pasion, y esto se observa en casi todas las disputas, en que no se tiene por fin el descubrimiento de la verdad, sino la vanagloria. Quando uno se calienta mucho en una disputa, de ordinario se arrebata, y su imaginacion tiene imágenes muy arraigadas de lo que intenta persuadir: de esto se sigue, que no atiende á lo que dice el contrario, y si oye algo, lo acomoda á lo que domina en su fantasía, porque esta no admite sino muy ligeramente las impresiones distintas de aquel objeto que la ocupa. De aquí nace, que muchas veces están disputando dos hombres serios con grande estrépito, y diciendo ambos una misma cosa; y es cierto que luego feneciera la contienda, si no hubiera precipitacion de juicio de los contendores. De esto tengo yo bastante experiencia, como tambien de muchas sospechas que resultan despues de semejantes disputas, y nacen las mas veces de no haber puesto la atencion necesaria en lo que se dice, y de juzgar con precipitacion. En fin reflecte cada qual un poco, y hallará que muchísimos juicios en el trato civil se hacen por el miedo, odio, amor, esperanza, ó segun la pasion que reyna en el que juzga[a].
[Nota a:Plura enim multò homines judicant odio, aut amore, aut cupiditate, aut iracundia, aut dolore, aut laetitia, aut spe, aut timore, aut errore, aut aliqua permotione mentis, quam veritate, aut praescripto, aut juris norma aliqua, aut judicii formula, aut legibus.Cic.de Orat. lib. 2. p. 370.]
[101] Resta ahora proponer el remedio para estos males del juicio. Ante todas cosas se ha de tener presente lo que hemos dicho en los capítulos pasados, porque las preocupaciones, y precipitaciones del juicio por la mayor parte proceden de la fuerza de las pasiones, de la imaginacion, del ingenio, de los sentidos, y demas cosas que hemos explicado. Demas de esto será bien acordarse de lo que ya hemos dicho, es á saber, que el hombre sabe las cosas, ó por la ciencia, ó por la opinion. No puede el hombre errar quando tiene evidencia de las cosas que ha de juzgar, con que solamente el juicio ha de tener reglas para no preocuparse en las cosas que se alcanzan por opinion. Para gobernarse en estas con acierto, será importante ver lo que hemos dicho hablando de la extension de las opiniones; y ahora puede añadirse, que nada es mas á propósito para evitar la preocupacion, que el saber dudar y suspender el juicio con prudencia[a]. Hágome cargo, que no puede el entendimiento mantenerse siempre en la duda, como hacian los Pirrhonistas; pero á lo menos es argumento de buen juicio saber dudar quando conviene, y no dar asenso sino á lo que consta por la certeza de los primeros principios.
[Nota a:Epicharmi illud teneto nervos, atque artus esse sapientiae non temerè credere.Ciceronde Petit. Consul.]
[102] El entendimiento ayudado de las reglas de la Lógica, ha de exâminar las cosas, y si las halla conformes á las primeras verdades, ó los fundamentos principales de la razon humana, que tantas veces hemos propuesto, entonces se resuelve, y pasa de la duda á la creencia. Pero si en semejantes averiguaciones descubre poca conformidad de las cosas con la razon, y los principios de ella, ó disiente, ó suspende de nuevo el juicio, hasta que averiguándolo mejor, se le presente claramente la verdad. Por esta razon han de exâminarse con cuidado las opiniones que recibimos en la niñez, y muchas otras que se enseñan en las Escuelas, y las que se adquieren en la conversacion y trato, y no han de creerse ciegamente, sino solo despues de bien exâminadas. Débese aquí advertir, que en las ciencias prácticas basta á veces la verosimilitud, porque en muchísimas cosas si hubiera el entendimiento de hacer exámenes para alcanzar la evidencia, se pasaría la ocasion de obrar, y esta no suele volver siempre que queremos. De este modo gobernamos la práctica de la Medicina en muchos casos, y lo mismo acontece algunas veces en lo moral. Mas aun en tales lances conviene siempre seguir lo que se acerca mas á las primeras verdades, porque esto es lo mas conforme á la buena razon. Por esto creo yo, que si en las Escuelas se llega á enseñar la buena Lógica, con esto solo se acabarán las ruidosas contiendas sobre elprobabilismo, porque conocerán todos, que lo menos racional no debe seguirse á vista de lo mas razonable.
[103] Para no precipitar el juicio se han de tener presentes las mismas reglas que hemos propuesto para evitar las preocupaciones. Pero en especial conduce poner la atencion necesaria en las cosas antes de juzgar, y exâminarlas de suerte que no se determine el juicio sino despues del exámen necesario. Las cosas suelen combinarse de muchas maneras; y si el entendimiento no atiende á todas las circunstancias, facilmente caerá en el error, porque solo juzgará por la vista de una, y debiera hacerlo despues de atender á todas. El exámen es tambien necesario, porque de otra forma lo que es incógnito se tendrá por sabido, lo falso se tendrá como cierto, y lo dudoso como ciertamente verdadero[a]. Esto se hace mas comprehensible con exemplos, y lo ilustrarémos mas en los capítulos siguientes.
[Nota a:Ne incognita pro cognitis habeamus, hisque temerè assentiamus. Quod vitium effugere qui volet (omnes autem velle debebunt) adhibebit ad consderandas res, & tempus, & diligentiam.Cicer.de Offic. lib. I. cap. 29.]
De los Sofismas.
[104] Antiguamente llamaron Sofistas á los Sabios: y viendo SÓCRATES que en su tiempo habia muchos que no tenian mas que una sabiduría aparente, y que procuraban engañar á los ignorantes con argumentillos caprichosos y con sofisterías, empezó á dar á los falsos sabios el nombre de Sofistas. Lo mismo hicieron PLATON, y ARISTÓTELES, y ambos los rechazaron con eficacia, porque Platon describió los engaños de los Sofistas, y Aristóteles manifestó admirablemente todos los caminos de que se aprovechaban para formar sus sofismas; de suerte, que este Filósofo trató con perfeccion este asunto. Oxalá le leyesen los que se precian de Sectarios suyos.
[105] Los Romanos á imitacion de los Griegos llamaron Sofistas á los que se aprovechaban de argucias, ó vanos argumentos. Es, pues, el sofisma un raciocinio que nada concluye, y tiene apariencia superficial de concluir. Hay algunos sofismas tan claros y tan fáciles de conocer, que el mas rudo los desecha por engañosos. La sola Lógica natural basta para conocerlos, y qualquiera en oyéndolos, comprehende que el tal razonamiento no concluye, aunque no sepa la razon. Por eso los omitiré, proponiendo solamente aquellas fuentes generales de donde nacen muchos sofismas que cada dia observamos, así en las disputas, como en los libros, amonestando á los jóvenes que vean en Aristóteles sus trece fuentes de los argumentos sofisticos, que ciertamente les servirá mucho para la cumplida inteligencia de este asunto. En primer lugar puede colocarse aquel sofisma con que se prueba otra cosa de lo que se disputa. Llamóle Aristótelesignoratio Elenchi. Elencho es el sylogismo con que se intenta probar lo contrario de lo que se ha establecido, como hacen en las Escuelas los que impugnan las conclusiones que otro defiende. Si el elencho se forma con manifiesto engaño, ya consista este en las voces, ya en las cosas, es elencho sofistico; y todos los sofismas los reduce Aristóteles á este, porque todos consisten en la mala formacion del sylogismo; pues en todos sucede que haya apariencia de raciocinio, no habiéndolo en la realidad. Por eso el que entienda bien las reglas que hemos propuesto, tratando de la formacion de los sylogismos, sabrá los fundamentos con que ha de desenredar todos los sofismas, mayormente si descendiendo á lo particular advierte las varias maneras capciosas, y engañadoras que hay de sylogizar, ya por el mal uso de las palabras, ya por la mala inteligencia, y aplicacion de las cosas. No solo en las Escuelas domina mucho el uso de los sofismas en los actos literarios, por el dolo, mala fe, y poco amor á la verdad, sino tambien en las conversaciones y discursos Académicos, quando los dicta el interés y la pasion de algun sistema. Tambien se usa este sofisma en el trato comun.
[106] Unas veces disputa Ticio con mucho calor, y hace mil exâgeraciones para probar lo que no se le niega, y es que por tener acalorada la fantasía, no atiende lo que su contrario dice. Otras veces con malicia, y de intento dexa de probar lo que le toca, ya porque no se halla con bastantes razones, ó porque se ha introducido en una qüestion, que no sabe, y no quiere confesar su ignorancia. Aquí es de advertir, que hay algunos que con mala fe atribuyen en las disputas á su contrario ciertas cosas, que este ni las ha imaginado; y otras veces le atribuyen ciertas proposiciones, que piensan deducirse de la doctrina que el contrario enseña, aunque en la realidad este las niega, y no ha tenido él ánimo jamas de admitirlas; y esto lo hacen para triunfar del enemigo entre la gente ruda, que no alcanza estos artificios. En los impugnadores de los libros es comunísimo este modo de sofisticar, y cada dia vemos atribuirse á un Autor lo que no ha dicho, y otras mil cosas, que no son de la disputa. Así lo hizo JUAN CLERICO en muchas impugnaciones que hace de los Santos Padres, y señaladamente en la Disertacionde argumento theologico ab invidia ducto, puesta al fin de su Lógica en el tomo primero de sus obras filosóficas de la edicion de Amsterdam de 1722.
[107] Su intento es mostrar las falacias, y sofismas que usan los hombres para volver odioso á su contrario, para que siendo mirado con odio, nadie reciba su doctrina. Pone diez y seis lugares, ó modos con que puede uno hacer odioso á otro, y en cada uno de ellos toma por objeto á S. GERÓNIMO, queriendo mostrar que lo que este Santo Doctor escribió contra los hereges, especialmente contra Vigilancio, no tenia solidez ninguna, sino solo artificios, depravada fe, y malas artes para volver odioso á Vigilancio. Estoy admirado, que siendo tan públicos hoy estos libros, nuestros Teólogos embebecidos con las disputas con que se impugnan unos á otros, siendo todos Católicos, dexen sin respuesta á este y otros Escritores audaces, que sin respeto ninguno á los varones mas santos y mas doctos tiran á volverlos despreciables y desautorizados, mayormente extendiendo CLERICO esta calumnia en el principio de su Disertacion á todos los Teólogos. Es verdad, que AMORT[a] en su Filosofía Polingana resiste á Clerico, pero es de paso, y convenia que se hiciese en mas forma. Lo cierto es, que los diez y seis lugares con que quiere Clerico infamar á S. GERÓNIMO, pretendiendo que este se valió de ellos para volver odioso á VIGILANCIO, con grande arte los pone en obra para hacer odioso á este Santo Doctor. Sabemos muy bien que S. Gerónimo era activo y ardiente quando impugnaba á los hereges; pero el zelo, no el dolo, era el que encendia su fuego, como lo ha mostrado muy bien DUPIN en su obrade Veritate.
[Nota a: AmortPhilosoph. Pelling. pág. 577. edic. de Auxgbourg. año 1730.]
[108] El que sepa los motivos de la contienda entre S. Gerónimo y Vigilancio, y lea la Disertacion de Clerico, verá que este crítico moderno no entra en ella, ni pone argumentos para probar que Vigilancio tuviese razon, y no S. Gerónimo: lo que hace es entresacar las palabras ardientes Con que el Santo Doctor, zelosísimo por la doctrina de la Iglesia, rechazaba los errores de Vigilancio, y interpretar estas palabras maliciosamente, como que tiraban á volver odioso á Vigilancio. Si Clerico pudiera tener argumentos sólidos para mostrar insuficiencia y poca solidez en los argumentos de S. Gerónimo, tuviera mas disculpa de interpretar entonces las expresiones fuertes á deseo de oprimir al contrario, haciéndole odioso; pero sí Clerico esto no lo ha hecho ni lo pudo hacer, ¿no es claro que son artes suyas para desautorizar al Santo Doctor todo quanto dice contra él? No solo con S. Gerónimo hizo esto, sino tambien con S. AGUSTIN, á quien impugnó disfrazándose con el nombre de PHEREPONO, y hablando de este santísimo y sapientísimo Doctor, y de su alto y profundo saber, como pudiera hablar de un niño que va á la Escuela. Quando la obra de MURATORIde Ingeniorum moderatione in Religionis negotio, que hemos citado otras veces, no tuviese otro mérito, que haberse escrito de propósito para vindicar á S. Agustin de las calumnias y falsedades con que le trata el fingido PHEREPONO, era digna con eso solo de que la leyesen todos los eruditos. Clerico no era Teólogo: todo su estudio le puso en la Filosofía, porque como herege Sociniano decia, que no ha de haber otra Teología que la que dicta la razon, que es el error dominante de estos sectarios; y como defendía los mismos errores de Vigilancio, por favorecerse á sí mismo, con capa de Vigilancio maltrató á S. Gerónimo. Estas artes de los sectarios no son nuevas: son tan antiguas como sus errores, y se hallan bien descubiertas y explicadas en el erudito libro:el Soldado Católicode FR. GERÓNIMO GRACIAN.
[109] En segundo lugar puede colocarse aquel sofisma, que llamó Aristótelespeticion de principio, y se comete quando se trae por prueba lo mismo que se disputa. Ya se ve que la prueba de una cosa debe ser mas clara que la misma cosa; con que es contra la buena razon intentar persuadir un asunto, aprovechándose del asunto mismo para probarlo. Los círculos viciosos se reducen á este sofisma de peticion de principio; como si uno dixera, que Dios existe porque hay una causa que lo gobierna todo con providencia, y añadiese, que hay una causa que gobierna las cosas con providencia, porque hay Dios, este cometería sofisma de peticion de principio y círculo vicioso. A la misma especie de sofisma pueden reducirse todos los argumentos que prueban una cosa obscura por otra obscurísima.
[110] El Autor delArte de pensaren la explicacion de este sofisma dice: que GALILEO culpa á Aristóteles con razon por haber caído en esta falacia, queriendo probar que la tierra está en el centro del mundo con este argumento:las cosas pesadas van al centro del mundo, y las ligeras se apartan: luego el centro de la tierra es el mismo que el centro del mundo[a]. La peticion de principio consiste en que, concediendo estos Autores que las cosas pesadas caen al centro de la tierra, no podia Aristóteles saber que caen al centro del mundo, sino suponiendo que el centro del mundo es el de la tierra, y esto es la qüestion. Mas en Aristóteles no hay tal argumento, sino en sus Comentadores. Queriendo probar Aristóteles, que hay un medio, ó centro del mundo, y que á él van las cosas pesadas, y de él se apartan las ligeras, usa de varios argumentos sacados de la constitucion del universo: de la situacion de los astros, y á estos añade los movimientos de los cuerpos graves y leves, como que unos se acercan, y otros se apartan de aquel centro, añadiendo que los cuerpos graves van al centro de la tierra por accidente, porque coincide este centro con el del universo, al qual caminan por su propia naturaleza[b]. Tratando en otra parte de la gravedad y levedad de los cuerpos, prueba el medio, ó centro que hemos dicho, y despues pone estas palabras:Si es que caen al medio de la tierra, ó del universo, siendo uno mismo el de los dos, pide otra averiguacion[c]. Todavía extendió mas esta duda en el libro II. deCoelo, donde trata lo mismo; y por estos lugares se echa de ver, que no intentó probar Aristóteles que los cuerpos graves caían al centro del mundo, porque cayesen al centro de la tierra, sino por otros argumentos, con lo qual no cometia peticion de principio. ANTONIO VERNEI, sin hacer aquí otra cosa que copiar las palabras delArte de pensar, culpa á Aristóteles del mismo modo, y con los mismos fundamentos. Así lo hace este Escritor muchas veces sin consultar los originales[d].