De la Crítica.
[52] Entre los Filósofos antiguos hubo algunos que dixeron que el entendimiento humano no alcanza verdad alguna, y que en todas las cosas no ve mas que apariencias, y sombras, por donde dudaban de todo y no se daban por seguros de nada. Llamáronse Scépticos de la voz griega [Griego:Skephis]scepsis, que quiere decirconsideracion, como que toda su Filosofía se empleaba en considerar y atender las cosas, sin afirmar, ni negar nada de ellas. Por el presente basta esta noticia, porque el tratar los varios grados y nombres que tenian los Filósofos con el modo de considerar y dudar de las cosas, pertenece á la Historia Filosófica. En la antigüedad SEXTO EMPIRICO, Escritor Griego, trató y explicó la Filosofía de los Scépticos con mucha extension. Esta Obra debe ser leida para saber muchas cosas de los Filósofos Griegos, que no se hallan facilmente en otra parte; pero conviene saber, que los argumentos con que quiere Sexto Empírico patrocinar el Scepticismo universal, demas de la nimia prolixidad, son muy superficiales y de poco momento, como lo conocerá quien quiera que le lea con atencion. En nuestros tiempos, en que con título deinventosno se hace otra cosa que renovar las opiniones antiguas, ha vuelto á renacer una secta de Scépticos de peor condicion que los antiguos, porque llevan la duda mas allá que estos, y la extienden á las cosas de Religion. Bien comun es el pernicioso libro, que se publicó en Francia no ha muchos años con el título:De la flaqueza del entendimiento humano, donde el scepticismo se defiende con mas rigor que en la escuela de Pyrrhon. Atribúyese al insigne PEDRO DANIEL HUECIO, Obispo de Avranches, y hay muchos que así lo creen; pero MURATORI, que impugnó este libro con otro que compuso de propósito con opuesto título, ha puesto en duda que fuese de este docto Prelado[a]. Aquí no pertenece rechazar á estos Sectarios, ni de ello hay necesidad, porque lo que llevamos escrito, y lo que cada uno sabe que le sucede, meditando en sí mismo, es un testimonio calificado contra tales Filósofos; y entiendo que todo el género humano, gobernándose por sus nociones y verdades originales, es un testigo firme y un impugnador perpetuo de sus errores. Los demas Filósofos, creyendo que se alcanzan algunas verdades, trataban del modo de adquirirlas, y á este exámen llamaron [Griego:Kriterion]Criterion, y al juicio que resultaba [Griego:Krisis]Crisis. Ahora con voz harto introducida entre los literatos lo llamamosCrítica. Incluye, pues, la crítica el exámen y averiguacion de la verdad junto con el juicio que resulta de este exámen. Quando las cosas constan por los primeros principios, por las demostraciones y sylogismos bien ordenados, precediendo las difiniciones, divisiones, signos, causas, y quanto hasta aquí llevamos propuesto, como medios de alcanzar la verdad, hecho todo con exâctitud, no estan sujetas á la crítica, porque nos constan con toda evidencia; pero quando nuestras inquisiciones paran en opinion, verosimilitud, y probabilidad, ya sea en cosas de hecho, ya de doctrina, la crítica es necesaria para asegurarnos, quanto sea posible, de la verdad; y la falta de crítica es causa de innumerables errores: de modo, que los que la vituperan, quando es como debe ser, son enemigos declarados de la Lógica sensata, y de la buena razon. Las reglas de crítica son todas las de una buena Lógica: algunos ponen en orden ciertas máxîmas, y las extienden mucho; mas yo teniendo por fundamentos de crítica lo que hasta aquí he escrito, no propondré mas que unas pocas reglas generales, que, teniéndose á la mano quando se ofrezcan, sean suficientes para poder juzgar con acierto de lo que se trata; y será preciso en la explicacion de ellas, ademas de la Lógica, valernos de algunos principios de otras Ciencias, pues que así lo pide el asunto, y el necesario encadenamiento de las verdades que busca el entendimiento humano. Fuera de que la Lógica solo prescribe reglas comunes, las quales no pueden aplicarse bien sin la noticia, é inteligencia de las Artes y Ciencias á que se arriman, pues la verdad que se intenta averiguar pertenece en particular á cada una de ellas. Con esto nadie se ha de tener por crítico con sola la Lógica, ni tampoco será buen crítico en ninguna Ciencia, ó profesion sin ella.
[Nota a: En la prefacion á su Obra:De la fuerza del entendimiento.]
[53] Regla primera:Si una cosa envuelve dos contradictorias, no ha de creerse. Proposiciones contradictorias son aquellas que afirman y niegan á un tiempo mismo una cosa de otra, comoPedro es blanco, yPedro no es blanco; y es claro que qualquiera nocion que envuelva proposiciones semejantes es falsa, porque no es posible ser las dos contradictorias verdaderas, segun aquel principio de luz natural:Es imposible que una cosa sea, y no sea. Aunque estas contradictorias no se hallen en la substancia de la cosa, sino en algunas de sus principales circunstancias, la hacen increible, porque el entendimiento no puede creer un hecho que va acompañado necesariamente de circunstancias imposibles.
[54] Regla segunda:Si una cosa contingente se propone solo como posible, no ha de creerse. Porque en las cosas que pueden exîstir, y dexar de exîstir, la posibilidad sola no muestra la existencia: así, que Ticio pueda ser Sacerdote, no es prueba de que lo sea. En las Escuelas está recibido, que de la potencia de una cosa á su actual existencia no se arguye bien.
[55] Regla tercera:Qualquiera cosa no solo ha de ser posible, y ha de proponerse como exîstente, sino que su existencia con las circunstancias con que se presenta, ha de ser verosimil. Quando el hombre ve la verdad con evidencia, ó con certidumbre, no necesita de reglas para asentir á ella; pero quando no puede lograr la certidumbre, ni la evidencia, desea á lo menos la verosimilitud. Para entender esto mejor se ha de saber, que siempre que el hombre ha de asentir á una cosa, ve antes si es conforme ó no con los primeros principios, con la experiencia, ó con aquellas verdades que tiene recogidas, y depositadas para que le sirvan de fundamentos. Si aquello que se propone es claramente conforme con estos principios, es evidentemente verdadero; si la conformidad de la cosa con los principios no es clara, entonces considera si se acerca, ó no á ellos, y tiene por mas verosimil aquello, que nota tener mayor conformidad con tales principios. Sea exemplo: Dice EUCLIDES, que todas las lineas que en un círculo van desde la circunferencia al centro son iguales, y que en todo triángulo los tres ángulos equivalen á dos rectos: el entendimiento halla tanta conformidad entre estas cosas, y los primeros principios, que con un poco de atencion facilmente asiente á ellas. Dice COPERNICO, y antes de él algunos antiguos, que la tierra da cada dia una vuelta entera sobre su exe, y que en un año la da al rededor del Sol, que supone estar en el centro del mundo; y considerando el entendimiento, que no se conforma este hecho que refiere Copérnico con las verdades que alcanzamos con los sentidos, le mira con desconfianza.
[56] Regla quarta:Para creer los hechos contingentes y expuestos á los sentidos, no basta que sean verosímiles: es menester tambien que alguno asegure su existencia. Si los hechos son contingentes pueden exîstir, y dexar de exîstir, esto es, considera el entendimiento, que la existencia de ellos se puede conformar con los principios de la razon humana, y tambien la no exîstencia: por consiguiente, atendida la naturaleza de los hechos contingentes, tan verosimil es que exîstan, como que dexen de exîstir. Para que el entendimiento, pues, pueda asentir á su exîstencia, es menester que haya quien la asegure con la experiencia. Por exemplo: Es cosa contingente que se dé, ó no una batalla, y el entendimiento ninguna oposicion halla con los principios de la razon quando considera que la ha habido, y quando considera que no la ha habido; pero si despues hay algunos que atestiguan haberse dado la batalla, entonces asiente á eso, porque demas de la verosimilitud intrínseca que en sí lleva el hecho, se añade el testimonio experimental que inclina al asenso. Piensa tambien el entendimiento, y mira como verosimil la exîstencia de una Puente de un solo arco, y de trescientos pies de longitud: mírala como verosimil, porque la fábrica de semejante Puente no se opone á las reglas ciertas de la arquitectura; pero no obstante para creer su exîstencia es necesario que alguno atestigüe haberla visto, como en la realidad la han visto muchos en la China.
[57] Regla quinta:Para creer los hechos contingentes no solo es necesario que sean verosímiles y probados por testigos, base de atender tambien la calidad de los que atestiguan, y la grandeza, ó pequeñez del hecho antes de dar el asenso. Las cosas que se sujetan á nuestros sentidos, antes de creerlas, hemos nosotros mismos de exâminarlas, y así nos asegurarémos de la verdad, porque todos los hombres pueden engañarnos, unos por malicia, otros por ignorancia: con que si nosotros mismos exâminamos la cosa, no estarémos tan expuestos al error. Fuera de esto, los hechos han de observarse de manera, que se eviten los errores que los sentidos ocasionan, y esto lo podremos hacer nosotros mismos con mayor satisfaccion que otros, de quien dudamos si han puesto la atencion necesaria. Añádese, que es muy comun equivocar los hombres las sensaciones con los juicios que las acompañan, y de ordinario quando nos cuentan un suceso nos dicen el juicio que hacen de él, y no la percepcion que han tenido.
[58] Quando los acontecimientos son pasados, ó suceden en lugares distantes, donde nosotros no podemos hallarnos para asegurarnos de ellos, supuesta su verosimilitud, no resta otra cosa para creerlos, que atender la calidad de los que nos los cuentan, ó la gravedad de los mismos hechos. La calidad de los testigos es de gran peso para inclinarnos al asenso. Porque si nos cuenta una cosa un hombre, que sabemos que suele mentir, ya no lo creemos, y dudamos si miente tambien quando nos refiere el suceso[a]. Por el contrario, si el que refiere una cosa es hombre de buena fe, y amante de la verdad, da un gran peso á lo que dice; bien que para creer las cosas que nos dicen los hombres de bien no basta su buena fe, es menester que sean entendidos de suerte, que no dexen engañarse por los sentidos, ni por la imaginacion, ni hayan precipitado el juicio, ni le tengan preocupado: porque si un hombre veraz no evita los errores que las cosas sobredichas ocasionan, facilmente juzgará de lo que se le presenta, y con la misma facilidad creerá quanto otros le dicen, y tal vez nos comunicará las cosas, no como en sí son, sino del modo que él las cree. Por exemplo: Nadie cree á Filostrato entre los antiguos, porque todos saben que fué insigne embustero. Juan Anio de Viterbo, el P. Herman de la Higuera son despreciados de todos los hombres de juicio, porque descubiertamente, y de intento han engañado á muchos, fingiendo aquel inscripciones antiguas, y este libros apócrifos, como son los Cronicones de Flavio Déxtro, y otros que ha rechazado D. Nicolas Antonio. PARACELSO dixo infinitas mentiras, y los Alquimistas son gente mentirosísima, de suerte, que ya los que conocen sus artificios, no creen los hechos con que aseguran haber convertido en oro los demas metales.
[59] Pero se ha de advertir, que los que así engañan son pocos, si se comparan con los que nos engañan con buena fe, y por sobrada creencia. Así en la Medicina como en la Historia pueden señalarse muchos, que traen hechos falsos, y ellos los tuvieron por verdaderos. DIOSCÓRIDES asegura muchas cosas falsísimas. Lo mismo hacen los que creen fuera de propósito las virtudes de muchos remedios. Quando los que aseguran una cosa son hombres de buena fe, aunque una, ú otra vez falten á la verdad, porque no examinaron debidamente el suceso, no han de tratarse como los que son mentirosos, antes por el contrario conviene oir lo que refieren, combinarlo con lo que otros dicen sobre el mismo asunto, ver si han puesto la atencion necesaria para asegurarse de la verdad, atender todas las circunstancias del hecho, y en fin observar la gravedad, ó pequeñez de la cosa que cuentan, y bien exâminadas estas cosas, inclinarse al asenso, ó disenso.
[Nota a:Ubi semel quis pejeraverit, ei credi postea, etiamsi per plures Deos juret, non oportet. Cicer.pro. C. Rabir. posthumo.]
[60] La grandeza de la cosa es de suma consideracion, porque facilmente creemos aquello que observamos cada dia, y en las cosas fáciles de acontecer no necesitamos de grandes testigos. Por el contrario, quando son las cosas muy extrañas, y muy grandes, necesitamos de grandes pruebas para creerlas, porque por ser extrañas están fuera de nuestra comun observacion, y así para darlas el asenso es menester que los que las aseguran sean veraces, desapasionados, buenos Lógicos, y amantes de la verdad; y si les faltan estas circunstancias, no han de ser creidos. Los milagros son hechos estupendos, y su exîstencia es certísima; pero no son tan comunes como piensa el vulgo. La razon es, porque en el milagro se excede el orden de la naturaleza, de suerte, que es una operacion superior á las fuerzas naturales; de que se sigue que el hombre, ó quiere verle para que le crea, ó á lo menos desea asegurarse de él por testigos que no le engañen. Esto se funda en que el entendimiento no tiene otro camino para juzgar de las cosas expuestas á los sentidos, que el de la experiencia, y esta puede ser propia, ó agena; de suerte, que la que otros hacen nos asegura la cosa del mismo modo que la nuestra, si por otra parte estamos asegurados de la rectitud con que observan los demas las cosas que nos refieren, y estamos ciertos de su buena fe. Esto supuesto, se ve quan temerariamente niegan algunos Sectarios la existencia de los milagros solo porque ellos, no los ven; y con quánta imprudencia niegan el crédito á algunos Varones, que por su santidad y sabiduría deben ser creidos. Refiere S. AGUSTIN, que las reliquias de los Santos Mártires Gervasio, y Protasio se aplicaron á un ciego, que ya muchos años lo era, y recobró milagrosamente la vista. Ninguno, si no es insensato, puede negar en esto la fe á S. Agustin, porque era este Santo Doctor enemigo y capital perseguidor de la mentira: sabía cómo habian de observarse las cosas expuestas á los sentidos como el que mejor: refiere un hecho, que si fuera falso, tuviera contra sí todo el pueblo de Milan, que le daría en rostro la mentira. Lo mismo ha de decirse de otros milagros, que refieren Varones santos, sabios, y de inviolable integridad. Por el contrario, algunas cosas prodigiosas que refieren los Gentiles, y no hay otra prueba que el rumor del pueblo, no han de creerse, porque por ser las cosas extrañas, y naturalmente imposibles, no podemos inclinarnos á creerlas, quando la autoridad de los que las refieren no es de ningun momento. Así ningun hombre de juicio creerá los prodigios que Livio refiere haber acontecido en la muerte de Rómulo, y otros semejantes.
[61] Pero por ser los milagros operaciones superiores á la naturaleza, no es de creer que sean tan comunes como piensa el vulgo, ni que Dios, único autor de ellos, invierta con tanta freqüencia el orden natural de los cuerpos por cosas pequeñas, y por motivos de ningun momento. Por esto alabaré siempre la precaucion de aquellos, que en estas cosas proceden con gran cautela, y no las creen ligeramente, sino que las averiguan con riguroso exámen. El santo Concilio de Trento mandó, que no se publicasen milagros sin aprobacion del Ordinario Eclesiástico, y en algunas Sinodales nuestras se previene, que no se pongan en las Iglesias las señales que suelen ponerse por indicio del milagro, sin la aprobacion del mismo Ordinario. En efecto son raros los verdaderos milagros, si se comparan con los fingidos; y creo yo, que la falsa piedad, el zelo indiscreto, y la ignorancia de algunos ha llenado de milagros supuestos, así los libros como los entendimientos de la plebe; y se ha de notar, que de esto se sigue un gran perjuicio, porque los Hereges viendo publicar tantos falsos milagros, niegan los que son verdaderos, creyendo que todos se publican con engaño; y por otra parte siendo los milagros testimonios evidentes de la verdad de nuestra santísima Religion, apoyar los que son falsos, y tenerlos por verdaderos, es alegar un testimonio falso para probar una cosa que es la misma verdad[a].
[Nota a:Numquid Deus indiget vestro mendacio, ut pro illo loquamini dolos? Job. 13. 7.]
[62] Regla sexta:Un solo testigo puede ser de mayor autoridad que diez mil, y por consiguiente con mayor razon podemos á veces creer á uno solo, que á muchísimos. Si yo sé que Ticio es hombre de buena fe, que sabe muy bien evitar los errores que pueden ocasionarle los sentidos y la fantasía, que no está preocupado, ni ha precipitado su juicio, y me asegura una cosa, le creeré mejor que á diez mil, y que á todo un gran Pueblo; y del mismo modo si Ticio, á quien yo considero tan entendido y veraz, afirma una cosa, y todo un Pueblo la niega, estaré de parte de Ticio contra toda la multitud. La razon es, porque nosotros debemos creer, que Ticio despues de haber puesto todo el cuidado posible en asegurarse de la verdad, no se ha engañado; y si qualquiera de nosotros hubiera de asegurarse de la misma cosa, no aplicaría para lograrlo otros medios que los que Ticio ha aplicado, ni la razon humana pide otras prevenciones para creer las cosas. Pero el Pueblo por lo comun no evita la preocupacion, de ordinario precipita el juicio, y en lo que no le sea comun se porta como los niños. De aquí nace, que la multitud se engaña freqüentísimamente en sus juicios sin conocerlo, y muy raras veces nos informa de la realidad de las cosas.
[63] Segun esta regla puede hacer mayor fe un solo historiador que quinientos: y si yo leo á un historiador que escribe desapasionadamente, que dice la verdad sacrificando intereses, y despreciando dignidades, que es buen Lógico, y razona bien, y que ha aplicado las diligencias necesarias para enterarse de lo que dice, tiene para mí mayor autoridad que otros muchos, que, ó no tienen estas circunstancias, ó se gobiernan por la multitud.
[64] Esta regla puede tambien extenderse á aquellos que exâminan los hechos pasados, y para eso se valen de medallas, inscripciones, y historias; porque un hombre solo que sepa bien distinguir los monumentos antiguos y verdaderos de los que se han fingido en nuestros tiempos, y que conozca el caracter de cada historiador, para distinguir lo que es propio de cada uno, ó lo que es intruso, y sepa usar de las reglas de la Lógica, será de mayor autoridad que otros mil que ignoren todas estas cosas, ó la mayor parte de ellas.
[65] Regla séptima:Un Autor coetaneo á un suceso es de mayor autoridad que muchos, si son posteriores. La razon es; porque el Autor coetaneo averigua por sí mismo las cosas, y así se asegura mejor de ellas[a]. Los Autores que despues del suceso hablan de él, ó se fundan en la autoridad del coetaneo, ó en la tradicion. Si se fundan en la fe del Autor coetaneo, no merecen otro crédito que el que se debe dar á este: si se fundan en la tradicion, se ha de ver, si algun grave Escritor, que tenga las calidades arriba expresadas, se opone, ó no á ella. Si se opone, ha de ser de mayor peso la autoridad de aquel Autor solo, que la de todo el Pueblo: si la confirma, entonces la tradicion se hace mas firme. Hablamos aquí solamente de las tradiciones puramente humanas y particulares, porque sabemos muy bien, que las Apostólicas son de autoridad infalible, como que pertenecen á la Fe divina. Y se ha de advertir, que las tradicioneshumanasde que hablamos, aunque pertenezcan á cosas de Religion, estan sujetas á la regla propuesta. D. NICOLAS ANTONIO se opone á muchas tradiciones particulares que se habian introducido por los Cronicones, y sola la autoridad de tan grande Escritor es de mayor peso para los hombres de juicio, que todo el comun que las admite. Quando las tradiciones particulares de una Ciudad, de un Reyno, ó de una Provincia tienen mucha antigüedad, y no hay Autor grave que haya sido coetaneo á su establecimiento, ni que las contradiga, ni son inverosímiles, entonces será bien suspender el juicio hasta que con el tiempo se descubra la verdad: porque todo un Pueblo, ó un Reyno, que cree una cosa por sucesion de siglos, sin haber en contrario especial prueba positiva, merece fe; y como no sea esta tan grande, que nos obligue al asenso, será bien suspenderle.
[Nota a:Testium eo major est fides quo à re gesta propius abfuerunt, adeò ut aequalium certior sit quàm recentiorum, praesentium quàm absentium, certissima verò fit eorum qui rem oculis suis inspexerunt.Huet.Demonstr. Evang. axiom. 2.]
[66] Las fábulas de los Gentiles empezaron por algun suceso verdadero, y se propagó por la tradicion; de suerte, que cada dia añadia el Pueblo nuevas circunstancias falsas y caprichosas, que obscurecian el hecho principal, de manera, que al cabo de algun tiempo estaba enteramente desfigurado. Despues los Poetas dieron nuevo vigor á la tradicion del Pueblo, y así la querian hacer pasar por verdadera, quando no contenia otra cosa que mil patrañas. Y se ha de notar, que de ordinario solemos creer con facilidad las cosas pasadas, aunque sean falsas, con tal que las leamos en algun Autor que haya sido ingenioso, y haya sabido ponderarlas: cosa que observó Salustio en los Atenienses, como ya hemos dicho. Algunas tradiciones particulares hay entre los Christianos, que tuvieron su principio en algun hecho verdadero, despues tan desfigurado con las añadiduras del Pueblo y con la vehemencia de Escritores poco exâctos, que ya no parecen sino fábulas. Pero son fáciles de conocer las que llevan el caracter de la verdad, de las que son falsas, porque aquellas son uniformes en todas sus circunstancias, y correspondientes al fin á que pueden dirigirse; por el contrario estas son diformes, y mas parecen consejas y hablillas que realidades.
[67]. Regla octava:Los hechos sensibles afirmados unanimemente por testigos de distintas naciones, de diversos institutos, de opuestos intereses, y de distintos tiempos, han de tenerse por verdaderos. La razon es, porque son menester pruebas muy claras para que crean una cosa los hombres de diversas sectas, y de opuestos intereses; pues como cada uno suele afirmar ó negar las cosas segun la conveniencia y la pasion, es preciso que para que las gentes de diversas inclinaciones y intereses crean uniformemente una misma cosa, sea tan clara la verdad de ella, que no haya duda ninguna. CICERON se aprovechó del consentimiento general con que todas las naciones adoran alguna Deidad, para probar la exîstencia de Dios, porque aquel general consentimiento prueba que á todos se presenta la nocion de un Ser infinito, y adorable; bien que por el error de la educacion, ó de las pasiones alteraron muchos este conocimiento, y dieron el culto á quien no debian. Este consentimiento general de todos los Sabios de todas las naciones, y de todos los tiempos, nos hace estar ciertos de que hubo Filósofos Griegos, que hubo Oradores Romanos, que hubo Aristóteles, Ciceron, y otros Héroes de la Gentilidad[a]. Por el mismo sabemos que hubo Alexandro Magno, que fueron ciertas las guerras entre Pompeyo y Cesar, y que hubo un Escritor de la Historia Romana llamado Tito Livio. ¿Será bien, pues, creer á uno, ú otro, que ridículamente ha pensado, que ni hubo tal Ciceron, ni tal Alexandro, ni hubo Tito Livio, sino que todos estos fueron fingidos? Ya se ve que ninguno pensará tan desatinadamente, sino es que esté privado enteramente de la razon.
[Nota a:Platonis, Aristotelis, Ciceronis, Varronis, aliorumque hujusmodi Auctorum libros, unde noverunt homines quod ipsorum sint, nisi eadem temporum sibimet succedentiumcontestatione continua? S. Augustinuslib. 33. contra Faustum, capit. 6.]
[68] Regla nona:El silencio de algunos Escritores suele ser prueba de no haber acontecido un hecho. La prueba con que algunos Críticos intentan negar un hecho por el silencio de los Escritores coetaneos, ó poco posteriores, es llamadaargumento negativo; y aunque muchos le tienen por de poca fuerza, no hay que dudar que algunas veces es bastante por sí solo para negar un suceso. JUAN LAUNOY dió mucha fuerza á este argumento en un discurso que compuso sobre esto. Como tomó con demasiado extremo muchos asuntos, lo hizo tambien en este, de modo, que todo hombre cuerdo debe leerle con alguna desconfianza, y armado de buena Lógica. Juzgo, pues, que son menester dos cosas para que tenga fuerza el argumento negativo. La primera es, que los Autores coetaneos al suceso, ó poco posteriores hayanpodidonotarlo, esto es, no hayan tenido el estorbo de decir la verdad por respetos humanos, ó por miedo: que hayan tenido ocasion de observar el hecho, ó de asegurarse de él, y que tuvieran facilidad de escribirle. La segunda circunstancia es, que los Escritoresdebieranhaber notado aquel hecho; porque aunque hayan podido, si no se han considerado obligados, pueden haberle omitido, ó por ocupacion, ó solo porque de ordinario dexamos de hacer muchas cosas, si nos parece que no tenemos obligacion, ni hay necesidad de executarlas. Si algunos Escritores coetaneos, pudiendo y teniendo obligacion de notar algun suceso, no lo han hecho, es prueba de no haber acontecido; y aunque algunos otros le afirmen en los tiempos venideros, han de considerarse de poco momento. Bien es verdad, que para hacer buen uso del argumento negativo, es menester gran juicio y atinada crítica, y haber leido muchos Autores, y en especial todos los de aquel tiempo en que aconteció la cosa, porque puede suceder que creamos que ningun Autor lo ha dicho sin haberlos visto todos, lo que es precipitacion de juicio[a].
[Nota a:Necesse est nedum singulos evolvisse Scriptores ex quorum silentio tale argumentum eruitur, sed insuper nullatenus ambigere, num aliqui nobis desint, qui fuerint ipsis contemporanei. Contingere namque potest, quod Auctor, cujus scripta ad nos minimè devenerint, rei alicujus mentionem fecerit, quae tamen à caeteris fuerit praetermissa. Praeterea manifesta quadam ratione certi simus oportet, quod nihil, de iis quae evenerunt in materia de qua agitur, Scriptorum illius aevi qui nobis supersunt, solertia praeterierit.Mabillonde Stud. Monast. p. 2. cap. 13.]
[69] Con la buena aplicacion de estas reglas, podrémos distinguir los escritos que son de algun Autor de la antigüedad, y los que son espureos. Siempre la codicia ha introducido cosas falsas para adulterar las verdaderas, y en los libros sucede lo que en las drogas, viciando los Mercaderes las buenas, y corrompiéndolas con la mezcla de las que no son legítimas. Y es cosa averiguada, que los Escritores quanto han sido mas famosos, tanto han estado mas expuestos á la falsificacion, porque los codiciosos han publicado varios libros en nombre de algun Autor acreditado, no conteniendo á veces sinorapsodiasindignas del Autor á quien las atribuyen. Para distinguir, pues, los escritos legítimos de los espureos, se ha de atender la tradicion, y consentimiento de los otros Escritores, ó coetaneos ó poco posteriores, porque si estos están conformes se han de tener por legítimos; pero si dudan algunos, se ha de considerar entonces la calidad del que duda, y así podrá gobernarse el entendimiento para no errar en estas cosas. Hase de atender tambien para conocer los Escritos de un Autor el modo con que habla este en aquellos que nadie dudare ser suyos, y se han de comparar unos con otros. Así se ha de atender el estilo, la fuerza de la imaginacion, la rectitud de juicio del Autor, se ha de saber en qué tiempo vivió, y se ha de notar si se contradice en cosas de importancia, ó habla de cosas posteriores á su tiempo, porque con todas estas prevenciones se podrán bastantemente distinguir los escritos que sean legítimos, y los que sean falsamente atribuidos. Por exemplo: HIPPÓCRATES escribió los libros de los Aforismos, de los Pronósticos, y algunos de las Epidemias; y no dudando nadie que estos escritos sean legítimamente de Hippócrates, observamos que habla con gravedad, sencillez, brevedad, y precision, y que sus descripciones históricas de las enfermedades son exâctas, y conformes á las que otros Griegos hicieron; y no observándose estas cosas en algunos otros de los escritos que andan impresos con el nombre de Hippócrates, por eso no han de tenerse por suyos. En efecto, Gerónimo Mercurial, Daniel Le-Clerc, y otros Médicos críticos, no solo han tenido por espureos muchos de los libros atribuidos á Hippócrates, sino que hacen varios Catálogos para separarlos de los verdaderos, asunto que he tratado con extension en mis obras Médicas. En las cosas de Religion sucede lo mismo, pues el Evangelio de Santiago, el de San Pedro, y otros muchos fingidos, de que trata Calmet en unadisertacionque compuso de propósito sobre losEvangelios apócrifos, son libros que formaron los Hereges, y para autorizarlos los atribuyeron á Autores de mucha reputacion; y esto es lo que obligó al Papa Gelasio en el Concilio que celebró en Roma ácia los fines del siglo quinto, á declarar semejantes libros por apócrifos, y formar el catálogo de ellos tan sabido de los Críticos.
[70] Debo aquí advertir, que para hacer buen uso de estas reglas, se han de considerar como he dicho todas las calidades del Autor, cuyos escritos se pretenden averiguar; y no basta gobernarse por solo el estilo, como hacen algunos, porque no es dudable, que los Autores suelen variar mucho los estilos, y un mismo sugeto escribe de un modo en la juventud, y de otro en la vejez, cosa que ya observó Sorano, antiguo Escritor de la vida de Hippócrates, en las obras de este insigne Médico; bien que como los estilos siguen los genios y natural de los Escritores, duran aquellos al modo de estos toda la vida. Por donde se ha de reparar, si la mudanza es solo en alguna, cosa de poco momento, ó en todo el artificio y orden de la oracion; pues aunque en parte mude un Escritor de estilo, en el todo suele guardar uniformidad. La razon es, porque el estilo especial que cada Escritor tiene, nace en parte de los afectos, inclinaciones, ingenio, imaginacion, y estudio; y aunque estas cosas suelen mudarse en diversas edades, y tiempos; pero no suele ser general la mutacion. Por esto si en un escrito se halla, que la diversidad de estilo es de poca importancia, comparada con los escritos genuinos de un Autor, no bastará aquella mudanza para tenerle por espureo; y si la diferencia fuese notabilísima, da vehementes sospechas de ser supuesto, y falsamente atribuido,
[71] Regla décima:En las cosas de hecho y de doctrina, para admitirlas, es preciso considerar las pruebas y fundamentos de ellas, sea quien quiera el Autor que las afirma. Esta máxîma es importantísima en el uso de las Artes y Ciencias humanas, en el trato civil, en la política, y económica, y otras semejantes ocurrencias, en que hemos de saber las cosas que los hombres nos comunican. Fúndase esta regla en que todo hombre es falaz, y ninguno hay que no suela preocuparse, ó precipitar el juicio, ni todos saben hacer buen exercicio de los sentidos, ni evitar los errores que ocasionan las pasiones, y la imaginacion: por consiguiente á nadie hemos de creer sobre su palabra, sino sobre sus razones. Fuera de esto no debemos cautivar nuestro entendimiento en obsequio de lo que los demas hombres piensan, porque esto es privilegio especial de Dios, á cuyas voces hemos de sujetar nuestra creencia sin exámen. Pero como cada uno de nosotros tiene derecho á no ser engañado, y por experiencia incontrastable sabemos que los hombres estan expuestos al error, y que todos nos pueden engañar, ó por ignorancia, ó por malicia, por esto á nadie se debe creer absolutamente y por sí, sino solo segun las pruebas que alegare. El creer ciegamente á los hombres sin discernimiento y sin exámen, ha hecho que en muchos libros no se halla la verdadera Filosofía, sino lo que dixo Aristóteles, ó Averrohes, ó Cartesio, ó Newton; y es cosa comunísima ver, que no tanto se intenta convencer la verdad con las pruebas fundadas en la razon, como en la autoridad de los hombres que pueden engañarnos, y que solo han de convencernos por las razones con que apoyan sus dictámenes. Así que el hombre ha de gobernarse por la razon, y esta es la que en las Ciencias humanas ha de obligarle al asenso. Y es bien cierto, que los referidos Autores no siguieron en muchas cosas á los pasados, y el mismo derecho tenemos nosotros, y la misma libertad para seguirlos, ó para no creerlos. Quando yo veo á los Médicos, y en especial á los Letrados, que para probar un asunto citan doscientos Autores acinados, y lo suelen hacer para confirmar una verdad notoria de las que llamamos dePero Grullo, y no trabajan en otra cosa, que en amontonar citas, me maravillo del poco uso que hacen de la razon, siendo cierto que toda aquella multitud no puede contrarrestar á una sola razon sólida y bien fundada, que haya en contrario. Añádese, que entre los Escritores crédulos suele suceder, que unos afirman lo que leyeron en otros sin haberlo exâminado, estos lo que vieron en aquellos, y así acontece, que uno solo inventó una cosa, y son diez mil los que la apoyan, sin otro fundamento que verla escrita los unos en los otros. Por esto no han de extrañar los Médicos, ni los Filósofos, ni los Letrados, que un Autor solo pretenda prevalecer sobre muchos, quando son sólidas y firmes las razones con que intenta combatirlos. Ya se ve, que hombres muy críticos, y desengañados de estas cosas, suelen citar tambien muchos Autores para probar una opinion; pero tal vez se ven obligados á hacerlo así, porque no son estimados los escritos donde falta esto, y harán juicio que es preciso algunas veces no filosofar contra el vulgo. Fuera de que, si un Autor que se ha adquirido crédito por su exâctitud afirma una cosa con buenas pruebas, es conducente su testimonio. En efecto es moda citar para cada friolera cien Autores. El célebre HEINECCIO, burlándose de los Abogados, que ponen la fuerza de la justicia en el número de las citas, dice, que un Letradillo citó en cierta ocasion á Salgado en el célebre tratado deSomosa, siendo así que Somosa no es tratado, sino apellido de aquel Autor[a]. Hasta aquí hemos hablado de las citas importunas, aun siendo legítimas: qué dirémos de las infinitas citas falsas que hay en los libros, en las conversaciones, y en los alegatos? La vanidad, el poco amor á la verdad, y el interes hacen traer citas vanísimas y falsas para captar con ellas á los incautos, y adquirirse reputacion de doctos. Cómo se ha de tolerar el que esté uno sosteniendo disparates, ó á lo mas una cosa de pura opinion, y no se le cayga de la boca:Todos los Autores lo dicen? como si hubiese quien los haya visto todos: como si pudiesen juntarse todos en cosas opinables. Dexo lo poco que se estudia, lo mucho que se habla, la fanfarronería que domina, las artes de truncar textos, la mala fé para seducir, y otras tergiversaciones que se usan entre los hombres; pues todas estas cosas nos han de tener desconfiados de sus aserciones, haciéndonos entender, que nuestra creencia solo se ha de dar á sus pruebas, y á las razones en que fundan lo que afirman.
[Nota a: Heicnecc.Praef. in Elementa Juris Civilis.]
[72] Segun esto, dirá alguno, no ha de creerse á los Maestros, ni á los peritos. Yo siempre aconsejaré, que no se crean unos, ni otros ciegamente, y sobre su palabra, sino por las razones de su doctrina; y nada es mas conducente que respetar á los Maestros y á los peritos, y no jurar en defensa de sus palabras y sentencias. Así será conveniente que los discípulos, en aquellas cosas á que alcanzaren sus fuerzas, exâminen las máxîmas de los Maestros, y las crean quando las hallen conformes con la razon; y si no están instruidos bastantemente para exâminar la doctrina del Maestro, es menester recibirla con la presuncion de que lo que este enseña, lo habrá averiguado; pero nunca se han de recibir las máxîmas de los Maestros, ni mantenerse con terquedad y obstinacion, porque suele suceder que con el tiempo se halla el discípulo dispuesto á exâminar las opiniones del Maestro, y no pareciéndole conformes á la verdad, las rechaza y muda de dictamen; y otras veces acontece, que por recibir muchos desde la niñez y mantener despues porfiadamente las máxîmas de los malos Maestros, son infelices perpetuamente. Esto lo notó muy bien un nuevo Impugnador[a] de la Crítica, el que ciertamente hiciera resplandecer mas sus buenos talentos, si no se manifestase tan severo protector de las opiniones vulgares. En quanto á los peritos es necesario no creerlos sobre su palabra, porque acontece que el Pueblo tiene por peritos á los que no lo son, y para no ser engañados es preciso que oigamos sus pruebas. Esta sola razon es bastante para que los hombres no se contenten con el estudio de una ciencia, porque teniendo noticias de muchas cosas, no será tan facil que les engañen los peritos de que han de fiarse; y por esta ignorancia sucede, que un gran Teólogo busca para curarse á un mal Médico, y un buen Filósofo yerra en la eleccion del Letrado para mantener y guardar su hacienda. Finalmente importa mucho considerar, que para creer á los hombres, y seguir sus opiniones, las hemos de hallar conformes con los principios fundamentales de la razon humana: y nos ha de constar, que el que afirma una cosa ha puesto la atencion necesaria para alcanzar la verdad de ella, y que sabe hacer buen uso de los sentidos, y evitar los errores que ocasionan las pasiones, la memoria, y la imaginacion, y usa de buena Lógica; y constándonos de todo esto, podrémos inclinar nuestro asenso: y hacerlo sin estas precauciones, es creer con ligereza. Por esto, sabiendo que de ordinario los hombres se gobiernan mas por las pasiones, y representaciones de la fantasía, que por la razon, no hemos de creerlos sobre su palabra, sino sobre las pruebas que alegan.
[Nota a:Cris. de Critices arte, pág. 146.]
[73] Muchas veces acontece, que damos asenso á las opiniones y dictámenes de los hombres autorizados, ó por su caracter, ó por sus riquezas, y en esto nos preocupamos facilmente, porque creemos que á las dignidades, honras, y riquezas suele acompañar la ciencia, y la inteligencia de las cosas; y aunque algunas veces andan juntas las dignidades con los merecimientos, pero dexan de acompañarse en muchas ocasiones, y esto nos puede hacer suspender el juicio[a]. Añádese, que á los tales ordinariamente los juzgamos tan hábiles como quisiéramos ser nosotros mismos; y ya notó muy bien Ciceron[b], que la autoridad que se funda en los títulos, y dignidades es de poco peso para obligarnos al asenso. La experiencia por otra parte muestra, que hombres constituidos en grandes dignidades han adoptado opiniones ridículas y vanísimas: y discurriendo por la antigüedad, fuera facil traer á la memoria muchos exemplos; de suerte, que apenas se hallará Ciencia alguna, en que no se hayan extraviado sugetos de mucho caracter, admitiendo errores, y propagándolos como verdades certísimas. La conclusion es, que el que sepa evitar los errores de las pasiones, del ingenio, memoria, sentidos, imaginacion, gobernándose con buena Lógica, será gran Crítico, y conocerá los defectos literarios de los demas para enmendarlos, y no caer en ellos.
[Nota a:Dives loquutus est, & omnes tacuerunt, & verbum illius usque ad nubes perducent. Pauper loquutus est, & dicunt: Quis est hic? Et si offenderis, subvertunt illum.Ecclesiastic.cap. 13. vers. 28. & 29.]
[Nota b:Persona autem non qualiscumque testimonii pondus habet; ad faciendam enim fidem auctoritas quaeritur; sed auctoritatem, aut natura, aut tempus affert. Naturae auctoritas in virtute inest maximè. In tempore autem multa sunt, quae afferant auctoritatem: ingenium, opes, aetas, fortuna, ars, usus, necessitas, concursio etiam nonnumquam rerum fortuitarum. Nam & ingeniosos, & opulentos, & aetatis spatio probatos dignos, quibus credatur, putant: non rectè fortasse, sed vulgi opinio mutari vix potest, ad eamque omnia dirigunt, & qui judicant, & qui existimant.Cic.Top. ad Treb. p. 672.]
DE LOS ERRORES QUE OCASIONAN los sentidos.
[1] La razon humana, como hemos dicho, y conviene tenerlo presente, averigua las cosas de dos maneras, ó por la fuerza de razonar, ó por los sentidos. Del primer modo alcanza los primeros principios, y verdades que hemos llamado razon, ó luz natural. Del segundo descubre la naturaleza, y propiedades de los objetos sensibles y corporeos. Y aunque sea verdad que las puras intelecciones, y raciocinios no se excitan en el alma sino por las nociones sensibles que antes tiene de los objetos, no obstante distinguimos estas dos clases para señalar los errores que se mezclan en estos diversos modos de percibir las cosas, y empezamos á explicar los que tocan á los sentidos, porque son las primeras sendas por donde camina el alma ácia el conocimiento de la verdad. Aquí conviene advertir, que aunque el error como falsedad está siempre en el juicio que afirma, ó niega una cosa de otra, suele tomar el motivo y ocasion de la falta y poca exâctitud de las nociones de las demas potencias; y es preciso purificar á estas para que por ellas no yerre el juicio. Así que llamamoserroral presente qualquiera defecto de las nociones mentales, que pueda dar ocasion á la potencia de juzgar para engañarse, y recibir lo falso en lugar de lo verdadero.
[2] Dicen algunos, que los sentidos nos engañan con facilidad, y dicen bien. Dicen otros, que el principal criterio; esto es, el principal camino por donde se llega á la verdad, son los sentidos, y tambien tienen razon. Consiste esto en que los sentidos son fieles en representar las cosas segun se les presentan, y así no engañan; pero juzgando precipitadamente por el informe de ellos, caemos facilmente en el error. Por esta razon ha de ponerse el cuidado posible en asegurarse de las cosas que se ofrecen á los sentidos, pues por ellos, si se hace debido uso de sus operaciones, se alcanzan muchas, y muy importantes verdades. ¿Quién podrá negar que muchos descubrimientos útiles se deben á la experiencia? ¿Y que la verdad que sabemos por experiencia nos ilustra el entendimiento? Quanto bueno tienen y enseñan la Física, Medicina y Ciencias Físico-Matemáticas, debe su intrínseco valor á la experiencia. Tengo, pues, por suma necedad negar aquello que consta por racional experiencia; y quando veo que algunos lo hacen, no puedo atribuirlo sino á que no distinguen la experiencia de los experimentos. El experimento es el hecho que observamos con los sentidos, y se pinta en la imaginacion: en el exámen de este puede haber engaño. La experiencia es el conocimiento racional que tenemos de una cosa por repetidos experimentos. De aquí se sigue, que con dos, ó tres experimentos no siempre hay experiencia: es menester á veces hacer muchos, repetirlos en distintas ocasiones y lugares, combinarlos, y asegurarse de los sucesos, y despues de todas estas averiguaciones se logra aquel conocimiento que llamamosexperiencia. Esta si es racional es certísima, porque si es racional se funda en experimentos hechos con toda exâctitud. Si el hombre está asegurado de la verdad por racional y bien fundada experiencia, puede reirse con mucha satisfaccion de los Sofistas, que con gran desembarazo dicen:Niego la experiencia: no me hace fuerza la experiencia. Va un hombre por una senda poco trillada á un lugar. La primera vez pierde el camino divirtiéndose ya á esta parte, ya á la otra, mas al fin llega al sitio que busca. Ofrécese volver segunda vez, y no bien asegurado va temeroso, tal vez vuelve á dexar el camino y se desvia. Pero repitiendo distintas veces su viage se hace dueño del camino; de suerte, que si se ofrece puede ir con los ojos vendados, ó en una noche obscura. Si á este le saliera al encuentro un Sofista, y le dixera que adónde iba, y, respondiendo que á tal Lugar, instase el Sofista: No puede Vmd. llegar á él en manera ninguna, porque me han dicho y asegurado grandes hombres, que ese Lugar es inaccesible, y la razon lo dicta, porque no hay senda, y porque hay pasos insuperables; quizá el otro con sosiego le respondería: Pues yo he llegado varias veces al Lugar que busco, y tengo certidumbre que se engañan esos Señores que á Vmd. le han informado, y mas, que esto lo sé porexperiencia. Aquí el Sofista dice: Yo niego esaexperiencia; mas el otro asegurado por la repeticion de los hechos, no puede menos de reirse como reía Diógenes quando estaba paseándose, para rechazar á Zenon que decia, que no habia movimiento.
[3] De lo dicho se deducen dos cosas certísimas, y es necesario observarlas para no caer en el error. La primera es, que el que quiera asegurarse de la verdad por la experiencia, ha de cuidar mucho en hacer los experimentos con exâctitud, y con las debidas precauciones para que no se engañe. La segunda es, que los hombres que alegan á su favor la experiencia, no han de ser creidos hasta que conste que en el exercicio de los experimentos pusieron el cuidado que es necesario para no engañarse. ¡O! dicen algunos, Fulano es gran Médico, porque tiene ya muchos años de práctica. No hay que dudar, que si la experiencia de muchos años en la Medicina es racional, y fundada en buenos experimentos, hará un gran Médico, porque Hippócrates no lo fué sino por la larga y racional experiencia; pero en esto se detienen pocos, y llaman experiencia el visitar mucho tiempo á los enfermos, como si fuese lo mismo hacer experimentos y observaciones, que hacerlas bien. El mismo juicio ha de hacerse de aquellos, que toda su vida han vivido en perpetuo ocio sin cultivar la razon, ni aplicarse á los estudios, y no obstante por solos sus años y por sola su experiencia quieren forzar á todos á seguir su dictamen. En contradiciéndoles, luego se enfurecen, y gritando dicen:Yo tengo mucha experiencia de esto, Vmd. es mozo, y ha visto poco. Estos por lo ordinario son hombres de cortísimas luces, y la multitud de sucesos los ofusca, no los alumbra; y si caen una vez en el error, son incorregibles[a].
[Nota a:Vel quia nihil rectum, nisi quod placuit sibi, ducunt; Vel quia turpe putant parere minoribus; & quae Imberbes didicere, senes perdenda fateri. Hor.Epist. lib. 2. ep. I. v. 83.]
[4] Suponiendo, pues, que algunas veces nos engañamos por los sentidos, y que haciendo buen uso de ellos alcanzamos la verdad, explicaré esto con un poco mas de extension para que todos queden enterados cómo han de portarse en este asunto. No hay ninguno, que, si hace un poco de reflexîon, no pueda conocer por sí mismo, que alguna vez se ha engañado con la vista. Si un hombre está en un navio quieto, y desde él mira á otra nave que se mueve, luego le parece que se mueve tambien la suya, y se lo hiciera creer la vista si no le desengañára la razon. Todos los dias vemos al Sol y á la Luna de una magnitud, sin duda mucho menor de lo que son en realidad, y aun en el Orizonte, esto es, quando salen, nos parecen mayores que en el Meridiano, y no es así, porque son de invariable grandeza. Mirémos una torre que está á la otra parte de un monte de modo que de esta no veamos sino el remate, y nos parecerá que está pegada al mismo monte, despues mirando la misma torre desde la cumbre del monte nos parecerá muy apartada. He conocido y tratado á un hombre que veía los objetos al reves, y cada dia sucede que á los que padecen vahidos les parecen moverse los cuerpos que están quietos. Si hacemos dar vueltas en derredor á una brasa encendida, nos parece que siempre ilumina todo aquel espacio, y en la realidad la luz no está mas que en un punto del círculo que describe la brasa.
[5] Del mismo modo nos engañan los otros sentidos. Si cruzamos el índice y el dedomediano, y con los dos movemos sobre una mesa una bolita de cera á la redonda, nos parecerán dos las bolas, y entonces nos engaña el tacto. Al enfermo parece amarga la bebida que es dulce para el sano, así nos engañamos por el gusto. Del mismo modo á uno parece picante una cosa, y á otro salada; á veces un mismo manjar es sabrosísimo para uno, y desabrido, y tal vez áspero para otro. Esto es tan comun, que no hay necesidad de detenerme en probarlo, y puede verse tratado muy largamente en Sexto Empírico. Lo que toca especialmente á la Lógica es advertir, que el error que se comete por los sentidos está en el juicio, que suele comunmente acompañar á las percepciones de ellos. Para comprehender esto mejor, se ha de saber, que desde que nace el hombre hasta que empieza á exercitar la razon, no le ocupan otros objetos que los sensibles. Hácese con la continuacion á percibirlos de manera, que no exâmina en toda aquella edad lo que le sucede quando percibe semejantes objetos, ni está dispuesto su entendimiento para hacer este exámen. Síguese de esto, que cree y juzga de las cosas segun le parecen quando se le presentan á los sentidos, y no segun son en sí, y por eso despues son los hombres tan porfiados en mantener aquello que entonces juzgaron[a], porque aquella edad es blanda, y las cosas que se imprimen en ella suelen durar á veces toda la vida[b].
[Nota a:Et natura tenacissimi sumus eorum, quae rudibus annis percepimus, ut sapor quo nova imbuos durat … & haec ipsa magis pertinaciter haerent quae deteriora sunt.Quintilian.Instit. Orator. lib. 1. cap. 1.]
[Nota b:Quo semel est imbuta recens, servabit odorem. Testa diu.Horat.Epist. lib. 1. ep. 2. vers. 69.]
[6] Débese tambien advertir, que los sentidos de suyo son fieles; es decir, representan, ú ofrecen las cosas como á ellos se presentan, y conforme las reciben; y si el juicio no errara, no nos engañaran jamas semejantes percepciones. Para entender esto se ha de saber, que los sentidos solo nos informan de las cosas segun la proporcion, ó improporcion (algunos lo llamanrelacion) que estas tienen con nuestro cuerpo, y no segun son ellas en sí mismas, porque el Criador los ha concedido para la conservacion del cuerpo, y no para alcanzar el fondo de las cosas; y si se hace un poco de reflexîon, qualquiera conocerá, que la vista no ve otro que los colores de los objetos, mas no la substancia de ellos. El oido percibe el sonido, que no es esencial á los objetos sonoros; el tacto distingue lo frio, caliente, duro, blando, áspero, igual, ó desigual de las cosas, y no el verdadero ser de ellas; porque para nuestra conservacion basta esto, y no es necesario lo demas. Por medio de todas estas afecciones de los objetos externos aplicados á nuestros sentidos, podemos bastantemente percibir lo que sea util, ó dañoso, proporcionado, ó improporcionado respecto de nosotros. Mas para mostrarlo mejor, figurémonos que Dios hubiese hecho al mundo no mas que de la grandeza de una naranja, y que hubiera colocado en él á los hombres tan pequeños, que tuviesen con aquel mundo la misma proporcion que hoy tenemos con este que habitamos; en tal caso es cierto, que el mundo que aquellos hombres habitarian les pareceria tan grande como nos parece á nosotros el nuestro, y lo sería si se considerase segun la proporcion que tenia con ellos, pero no en la realidad. Aunque estas pruebas hypotéticas no son de gran valor, usamos de esta para manifestar nuestro sentir en este asunto.
[7] De todo lo dicho se deducen las reglas generales, que han de servir para evitar los errores que los sentidos ocasionan. Será bien, pues, reflexîonar sobre el juicio que en la niñez hicieron los hombres quando percibian las cosas sensibles, para corregirle con la razon. Demas de esto será conveniente asegurarse de las cosas por muchos sentidos á un tiempo; así aunque al tacto parezcan dos las bolitas de cera, la vista muestra que no es mas de una; y aunque parezca á la vista torcido el palo que está dentro del agua, el tacto manifiesta la equivocacion de la vista. Tambien se ha de observar si los órganos de los sentidos están sanos, ó enfermos para juzgar de las cosas rectamente, y esta consideracion es de suma importancia, porque en la enfermedad suele mudarse todo el orden de las percepciones. Así el que padecetericiave todas las cosas amarillas, las ve dando giros el que padecevahidos; y á este modo se trastorna el orden regular de las percepciones en las enfermedades, de lo que pudiera alegar muchos exemplos. Esto acontece, porque en la enfermedad se muda el orden natural del cuerpo, y como las percepciones del alma corresponden á ciertas, y determinadas impresiones, por eso entonces á la impresion desordenada corresponde desordenada percepcion. Esto confirma, que los sentidos de suyo son fieles[a], porque siempre ofrecen la impresion correspondiente á la disposicion de los objetos que la causan, y de las partes que la exercitan; pero al juicio toca distinguir, y conocer si son, ó no regladas semejantes representaciones. El medio por donde suelen propagarse los objetos sensibles ha de observarse tambien para no errar, porque suele hacer variar notablemente las percepciones. El ayre sereno nos hace ver los objetos de un modo, y el nebuloso de otro. Del mismo modo altera el ayre las varias impresiones del sonido. Para asegurarse, pues, es necesario exâminar la cosa en distintos tiempos, y en diferentes estados, consultar juntamente otros sentidos[b], y llamar á su socorro el juicio de otros hombres sobre el mismo asunto, porque la verdad es simple, y los caminos ácia el error son muchos, y quando se habrá andado por todos ellos, y no se habrá encontrado embarazo, estará el entendimiento dispuesto para alcanzarla.
[Nota a:Ordiamur igitur à sensibus, quorum ita clara judicia, & certa sunt, ut si optio naturae nostrae detur, & ob ea Deus aliquis requirat, contentane sit suis integris, incorruptisque sensibus, an postulet melius aliquid non videam quid quaerat amplius. Neque verò hoc loco spectandum est, dum de remo inflexo, aut de collo columbae respondeam, non enim is sum, qui quidquid videturtaledicam esse, qualevideatur.Cic.Q. Ac. lib. 2. c. 20.]
[Nota b:Meo autem judicio ita est maxima in sensibus veritas si & sani sint, & valentes, & omnia removentur quae obstant, & impediunt, &c. CiceroQuaest. Acad. lib. 2. cap. 21.]
[8] Todo esto es menester que adviertan los que hacen experimentos, y profesan las ciencias naturales, si no quieren ser engañados en aquello mismo que observan. Ultimamente se ha de advertir, que la equivocacion en las voces ha de quitarse quando se explican las cosas que percibimos por los sentidos, porque ordinariamente con una misma voz significamos á la percepcion del objeto, y al juicio que la acompaña, siendo cierta la primera, y muchas veces errado el segundo. Por exemplo: ve Ticio desde lejos un perro, pero no divisa sino un bulto que tiene la forma exterior de un lobo, y si es tímido luego dice:Allá veo un lobo. Con estas palabras confunde la sensacion con el juicio: la sensacion es cierta, y el juicio es falso; porque es cierto que se le presenta un objeto que tiene quatro pies, y demas partes que forman la figura del lobo. Si Ticio dixera:Yo veo una cosa que tiene quatro pies, y que se parece á un lobo, mas no puedo afirmarlo, diría lo que realmente percibe; pero como sin otro exámen que aquella primera percepcion luego afirma, que lo que ve es lobo, por eso yerra, y si la pasion del miedo se junta, yerra con mayor tenacidad. Si la vozveosignificara solamente la representacion que Ticio tiene del objeto, no hubiera error; pero con ella ordinariamente se junta la afirmacion de que aquello que percibe es un tal objeto, en lo qual está el engaño, y este en la explicacion nace de la equivocacion de las voces. El motivo de esta equivocacion, que es comunísima, procede de que los hombres han puesto á las voces unnombrepara significar cosas distintas: si estas suelen ir juntas, con dificultad percibe el entendimiento la separacion; y como el juicio que acompaña á semejantes percepciones esté siempre junto con ellas, y desde la niñez nos hagamos á juntarlo, por eso los significamos con una voz, aunque sean en realidad cosas distintas. Tambien se ha de advertir, que los hombres no han inventado voces bastantes para significar todas las percepciones que tenemos por los sentidos, de lo que nacen muchas equivocaciones y errores. El que padece melancolía tiene dentro de sí muchas percepciones que no hay nombres para explicarlas, y á veces por esto no puede hacer creer á los demas lo que padece. Porque para que con una voz comprehendan los hombres una misma cosa, es menester que tengan todos una misma nocion de ella, ó corresponda en todos un mismo significado, pues de otra manera quando el uno nombrará una cosa con una voz, el otro entenderá diferente. Los melancólicos, é hipocondríacos sienten algunos males que los afligen, y para explicarlos se aprovechan de las vocesopresion, desmayo, y otras semejantes, que hacen formar á los oyentes distinto conocimiento del que los enfermos pretenden manifestar. En efecto á un hombre que jamas hubiera tenidodolor, sería muy dificultoso hacerle comprehender que otro lo padecia, aunque se lo explicase con aquella voz, porque le faltaba la nocion del significado: al modo que sería imposible hacer entender á un ciego lo que esverde, azul, óamarillo, porque oiría estas voces, mas no las entenderia por no tener noticia de sus objetos. De esto nacen no solo muchos errores, que pertenecen á los sentidos, sino infinitas disputas, que mueven gran ruido, y son fáciles de entender si se explican con claridad las voces. De todo lo dicho concluyo, que los sentidos de suyo son fieles, porque siempre representan las cosas segun las impresiones que estas hacen en el cuerpo: que sus impresiones son respectivas; esto es, solo muestran la proporcion, ó improporcion que los objetos tienen con nosotros; y que los errores que cometemos por medio de ellos consisten en el juicio que solemos juntar á la percepcion de las cosas.
Continúase la explicacion de los errores de los sentidos.
[9] Aquel juicio que solemos juntar con las sensaciones sin advertirlo, nos hace caer en muchísimos errores. Los quales distribuiré para mayor claridad en tres clases; es á saber, en los que pertenecen á lo moral, á lo físico, y al trato civil, y me valdré de algunos exemplos por hacer mas comprehensible tan importante asunto. Los errores pertenecientes á lo moral son los que principalmente han de evitarse, porque de lo contrario pueden seguirse graves daños; los he manifestado en la Filosofía Moral, por lo que propondré solo los mas principales, como que de ellos nacen otros muchos, cuyo descubrimiento pertenece á la Lógica. Atendiendo, pues, al uso que los hombres comunmente hacen de los sentidos y de la razon, puede decirse con verdad, que son mas sensibles que racionales; esto es, se gobiernan mas de ordinario por las apariencias de los sentidos, que por el fundamento de la razon. Esto nace de que aquellas cosas que se perciben por los sentidos hacen mucha impresion, y suelen los hombres inclinarse á ellas; de modo, que no piensan sino en las cosas sensibles. De esto procede, que tienen por bienes verdaderos á los que no son sino aparentes y tal vez falsos; y siendo objetos de los sentidos, los buscan y aman. Si los hombres reflectaran un poco sobre lo que les sucede en la eleccion de estos falsos bienes, no cayeran tan facilmente en los engaños que los precipitan.
[10] Para entender esto con mayor facilidad se ha de presuponer, que todos los hombres tienen natural, é innata inclinacion, ó apetito de su felicidad, y de su bien. La voluntad llevada de este apetito solo ama á lo bueno; es decir, solo ama las cosas que mira como buenas, y como que pueden contribuir á su felicidad. Pero como es potencia ciega y libre, no se determina á amar las cosas particulares, si no la ilustre antes el entendimiento. Es preciso, pues, que el entendimiento presente una cosa como buena, para que la ame y apetezca la voluntad. Nuestros errores nacen de que el entendimiento, no bien informado de las cosas, las mira como buenas, siendo realmente malas. Muchas veces tiene el entendimiento por buenas á las cosas malas por ignorancia y falta de advertencia, por cuyo motivo será bien trabajar en apartar la ignorancia que fomenta muchos errores; pero las mas veces el entendimiento tiene por buenas á las cosas malas, por gobernarse por las apariencias de los sentidos. Para entender esto se ha de presuponer tambien, que la verdadera felicidad y el verdadero bien del hombre es Dios; y teniendo apetito de su bien y de su felicidad, tiene tambien apetito de poseer á Dios. Quando Adan estaba en el Paraíso antes del pecado, tenia conocimiento claro de esta felicidad, y de este bien; de suerte, que con él descansaba, y tenia toda suerte de contento y alegria. Entonces todos los apetitos obedecían á la razon, y esta al soberano orden que habia establecido el Criador entre las criaturas racionales.
[11] Despues del pecado empezaron á dominar la ignorancia, la malicia, y la concupiscencia. De suerte, que aunque el hombre lavado con el agua del sacrosanto Bautismo reciba la gracia, y se le borre la mancha del pecado original, queda no obstante la pena de aquel pecado, y está poseído de la concupiscencia. Por esta se allega el hombre á los objetos mundanos y sensibles, y se aparta de Dios, porque el conocimiento de su verdadera felicidad por el pecado le tiene obscurecido, y el de las cosas sensibles muy vivo, y vehemente; de aquí es, que va tras de estas, y se aleja de aquella. Con la nocion que tiene el hombre de su felicidad, suele tambien juntar la de la excelencia, de la grandeza, y demas cosas que pueden causarle contento. Si estas prerrogativas las buscara el hombre en Dios; esto es, pensase solo conseguirlas gozando de Dios, pensaba bien, porque no puede tener verdadera grandeza, excelencia, y contento de otra manera; pero al contrario, dexando á Dios, busca la grandeza, y contento en las cosas sensibles y mundanas. Reparen y mediten los hombres, que por mucha grandeza, excelencia, y contento que logren en esta vida, nunca quedará saciado el apetito de su felicidad; y la experiencia nos lo hace ver cada dia en los ricos, y poderosos, que nunca estan contentos, ni satisfechos, porque aquella felicidad, sosiego y contento, que pueden llenar el natural apetito del hombre, solo puede hallarlos en Dios, que es su verdadero bien, y su verdadera felicidad. Lo que sucede en esto es, que la voluntad apetece este bien verdadero, y esta felicidad, inclinándose naturalmente ácia el bien; pero engañado el entendimiento, y llevado de la concupiscencia, le ofrece otros bienes solo aparentes, y á veces falsos, que tal vez la apartan de aquel mismo bien verdadero.
[12] Para mas clara inteligencia de estas cosas conviene saber, que los objetos que se presentan á los sentidos, solo causan en el alma aquellas impresiones, que son necesarias para la conservacion del cuerpo; de modo, que el dolor advierte al alma el daño que el cuerpo padece, y el placer muestra su buena constitucion. Por esto solemos tener pormaleslos dolores y porbieneslos gustos ydeleytes. Aquí se ha de advertir, que pordolorse entiende qualquiera molestia, que indica al alma no hallarse sano el cuerpo, con lo que no solo se comprehende aquel sentimiento que propiamente llamamosdolor, sino tambien la congoja, opresion, desmayo, y otras semejantes molestias, que muestran y significan algun desorden en la fábrica del cuerpo humano. Tambien se ha de saber, que aquella sensacion, que llamamosgustoydeleytesensibles, se sigue solo en el alma quando las impresiones de las cosas se hacen de un modo cierto y determinado; así vemos que los manjares ocasionan gusto en el sano, y desabrimiento en el enfermo, porque las impresiones se hacen de un modo en la salud, y de otro en la enfermedad. Siendo esto así, ¿cómo ha de tener el hombre porbienverdadero á una cosa que las mas veces le causa daño? ¿Que en lugar de ocasionar el gusto, causa desabrimiento? ¿Que lejos de conservarle, muchas veces le destruye? ¿Que en lugar de producir un contento durable y sólido, solo ocasiona un gusto transitorio y aparente? ¿Que en vez de apartar los males que pueden hacerle infelíz, los atrae, los lleva, y casi siempre los acompaña?
[13] Considérense los luxuriosos, y se hallarán llenos de perturbacion, su ánimo inquieto, la salud perdida, la hacienda gastada, siempre rodeados de penas, sobresaltos, y temores por solo un deleyte pasagero y engañoso. Póngase la consideracion en los que tanto celebran los banquetes, las bebidas y los regalos, y se verán perder la salud del cuerpo con lo mismo que la pretenden conservar. Véanse en fin todos aquellos que van de gusto en gusto, de placer en placer, y nada mas buscan que embelesar sus sentidos, y hallarán como nunca queda satisfecho su deseo, porque apenas logran una diversion, quando los fastidia y van á buscar otra, y así pasan su vida sin hallar complemento á sus apetitos. Todos estos son muy sensibles y poco racionales, pues si consultaran la razon, hallarian que los sentidos no les ofrecen verdaderosbienes, antes por el contrario los acarrean muchosmales.
[14] Entenderáse esto mejor, considerando que la felicidad de los hombres puede considerarse en dos maneras. En el primer modo es el mismo Dios, y por eso no puede lograrse en esta miserable carrera del mundo. La otra felicidad es la que pueden los hombres conseguir en esta vida, y puede llamarse imperfecta y secundaria. Los Filósofos antiguos excitaron muchas dudas sobre el constitutivo de la felicidad del hombre en este mundo, y omitiéndolas ahora por no conducir á nuestro asunto, ha de sentarse como cosa cierta, que ni aun en este mundo puede ser felíz el que se aparta de Dios, y por eso tengo por cierta la doctrina de los Estoicos Christianos, que ponen la felicidad de los hombres en el exercicio de las virtudes christianas. De este modo se comprehende, que será felíz en algun modo en este mundo el que hiciere las cosas conformes al orden que Dios ha establecido, y con mira á sus santas leyes, y con la observancia de los divinos preceptos. Así podrá qualquiera usar de lascosas sensibles, con tal que el uso de ellas sea conformándose con las leyes divinas, y humanas; no porque aquellas cosas sean el bien á que únicamente deben aspirar los hombres, sino porque conducen á mantener la vida, la fama, y otros bienes, que logra el hombre en esta mortal carrera ácia la eternidad. Por eso los objetos sensibles solo son bienes relativos á la felicidad humana, porque pueden hacer al hombre felíz en este mundo, con tal que use de ellos segun la razon, y segun el fin á que se dirigen.
[15] Pero son muy pocos los que consideran estas cosas, y son muchos los que llevados de la concupiscencia, y engañados por la ignorancia, juntan á las cosas sensibles la nocion de su felicidad, y con el apetito que tienen de esta, se dirigen ácia aquellas. Los pobres apetecen las riquezas y demas aparatos magníficos que ven en los ricos, y es porque se engañan juntando la nocion de las riquezas con la de su felicidad. Todos apetecen naturalmente la vida y la salud; y pareciéndole al que está enfermizo que el sano es felíz, apetece la felicidad de este, y alguna vez se engaña, porque aun con la salud está lleno de otras miserias, que tal vez son de mayor peso que la enfermedad. Todos apetecen el contento, y aborrecen el dolor, y la molestia: de aquí se sigue, que el pobre quando ve á los ricos y poderosos andar en coche, comer regaladamente y no trabajar, le parece que en aquello consiste toda la felicidad, y la apetece con gran ansia, y la suspira; pero si supiera debaxo de tanta pompa, y de tanto número de criados y grandeza, qué ánimo se esconde tan inquieto y lleno de molestias, le tendria, no por felíz, sino por el mas miserable del mundo[a]. S. JUAN CHRISÓSTOMO[b] hace una hermosa comparacion, contrapesando las felicidades de los pobres con las de los ricos; y tengo por cierto, que si aquellos que tienen lo preciso para sostener la vida y cubrirse de las injurias del tiempo, saben hacer uso de la razon, no solo no embidiarán á los ricos y poderosos, sino que les tendrán lástima. Por eso llama VIRGILIO[c] felices á los Labradores, si estos saben conocer los bienes que poseen. Y yo llamo afortunados á aquellos que viven en la soledad apartados de estos engañosos aparatos de los sentidos[d]; y mucho mas felices á los que viviendo en la soledad, ponen su dicha en el exercicio de la virtud y contemplacion de las cosas divinas. Los que así viven gustosos, es cierto que logran un contento y satisfaccion de ánimo infinitamente mas estimable que los tesoros de Midas, y los triunfos de Cesar.
[Nota a:Fortuna magna, magna domino est servitus.Publ. Mim.sent. 229.]
[Nota b: S. Chrysostom.homil. 55. sup. Matth. tom. 7.]
[Nota c:O fortunatos nimium, sua si bona norint,Agricolas, quibus ipsa, procul discordibus armis,Fundit humo facilem victum justissima tellus.
Virgil.Georgic. lib. 2. vers. 477.]
[Nota d:Beatus ille, qui procul negotiis,Ut prisca gens mortalium,Paterna rura bobus exercet suis, Solutus omni foenore.
Horat.Epod. lib. ode 2.]
[16] Síguese de todo lo dicho, que los sentidos solo ofrecen falsos bienes, ó aparentes, y por consiguiente que es necedad ir los hombres dotados de razon buscando continuamente los engañosos atractivos de la concupiscencia. Síguese tambien, que solo ha de fiarse el hombre de lo que le ofrecen los sentidos para la conservacion de su cuerpo, y el uso de los objetos sensibles ha de ser conforme á la razon y á las leyes divinas y humanas. Por esto será convenientísimo no juzgar prontamente de lo que los sentidos presentan, porque en esto se expondrán los hombres á infinitos engaños. Será bien suspender el juicio, ó dudar en semejantes representaciones, para exâminar con la razon fortalecida de una buena moral el uso, que nos conviene hacer de los bienes que nos ofrecen.
[17] En las cosas físicas es grande el imperio de los sentidos, y en la misma proporcion lo es tambien el número de errores que ocasionan. Cree el comun de los hombres, que las qualidades sensibles, como el frio, calor, humedad, sequedad, color, y otras semejantes, estan solo en los objetos, y se engañan porque parte estan en ellos, y parte en el sentido. Este error viene á los hombres desde la niñez, y por eso es tan difícil de desarraigar. Quando somos niños y nos acercamos á la lumbre, sentimoscalor. En aquella edad no suspendemos jamas el juicio, antes por el contrario, juzgamos de las cosas como nos parecen y no como son, porque entonces somos sensibles, y no racionales; esto es, solo exercitamos la potencia de sentir, y no la de razonar. Así que no distinguimos el calor radical; esto es, la raiz del calor que se halla en el objeto sensible de la percepcion, del que está en nosotros, y ambas cosas son necesarias para el calor. Lo mismo ha de entenderse de las demas qualidades propuestas.
[18] Otro error ocasionan los sentidos muy general en las cosas pertenecientes á la Física. Suelen los nombres colocar baxo una misma especie las cosas que tienen entre sí semejanza, ó sea en el color, ó en el gusto, y por esto se gobiernan para atribuirlas unas mismas qualidades. De esta forma han errado los Botánicos, que atribuyen unas mismas virtudes á las plantas que se parecen, ó á las que tienen semejanza en el sabor y otras afecciones sensibles, sin contar con la relacion precisa que han de tener con el cuerpo humano, y laidiosincrasia, que acompaña á cada una de ellas. Tambien se engañan los Médicos en la semejanza de los símptomas, ó accidentes que acompañan á las enfermedades. Quéjase una muger de un dolor que la aflige con gran molestia en la boca del estómago, y al mismo tiempo vomita cóleras verdes. Llega el Médico, que solo se gobierna por la semejanza exterior de las cosas, y luego juzga que es dolor cólico, y aplicándole los remedios específicos de esta enfermedad, no solo no la cura, sino que la empeora. Si hace uso de la razon, y no se fía de las primeras apariencias de los sentidos, juzgará que el dolor y el vómito nacen de afecto histérico, y con pocos remedios facilmente le dará la salud. Son infinitos los males internos, que por defuera se presentan á nuestros sentidos con señales semejantes, y es menester un juicio atinado para distinguirlos, notando atentamente los efectos y signos necesarios, que inseparablemente van con cada una de las dolencias; pero no hay que esperar que los conozcan los Médicos vulgares, que solo se gobiernan por los sentidos, y no consultan la razon.
[19] De la misma suerte se engañaría el que en elparhelio, esto es, quando aparecen á la vista tres Soles, como sucede algunas veces, y los he visto yo, creyese que en la realidad eran tres los Soles, aunque los ojos los manifiestan enteramente semejantes. Otro modo de errar por los sentidos es negar todo lo que no se ve con los ojos. El humo, aunque el fuego esté oculto, le manifiesta. Las golondrinas con su venida en la Primavera y retirada en Otoño muestran una causa oculta á nuestros sentidos, que las mueve á estas mutaciones. La materia eterea, esto es, sutilísima, é imperceptible por nuestros ojos, esparcida por todo el Universo y causa de los principales fenómenos de él, se descubre por efectos necesarios y signos inseparables de su presencia y eficacia, como lo he declarado en varios escritos mios. Los Gentiles á esta materia eterea la dieron atributos de divinidad; pero así en esto, como en otras muchas cosas erraron torpemente por faltarles la Religion verdadera. Los vapores y exhalaciones de los cuerpos no los vemos; y son ciertos, porque nos constan por sus admirables efectos, que observamos con otros sentidos, y alcanzamos con la razon[a]. Lo que hemos dicho, explicando los signos y las demonstraciones, junto con lo que aquí acabamos de proponer acerca de los engaños de los sentidos, puede hacer mas cautos á los Físicos, Anatómicos, Botánicos, Naturalistas, para no llenar de tantas falsedades, y vanas observaciones sus escritos, y no dar porinventoslas cosas, que, ó no exîsten, ó no son nuevas.
[Nota a: Debe encargarse á todos la atenta letura del Boyle en su tratado:De mirabili vi effluviorum.]
[20] Pero en ninguna cosa se engañan mas los hombres, haciendo mal uso de los sentidos, que en el trato civil; y todos los errores que en él se cometen, solo nacen de que se fían demasiadamente de las apariencias sensibles. Casi todos siguen las cosas que se imprimen mas en la mente; y como las cosas sensibles hagan esto porque tocan á los hombres mas vivamente, por eso facilmente dexan llevarse de sus impresiones. Pero el hombre sabio, enterado de los engaños que ocasionan las imágenes de los sentidos, percibe como los demas los objetos que se le presentan, y juzga, no segun las apariencias, sino segun la razon. Si yo pudiera imprimir esta máxîma en el comun de los hombres, sé ciertamente que serían mas racionales, y menos sensibles. Para conocer esto, haré ver algunos errores freqüentes en el comercio civil, y este conocimiento podrá servir para evitar muchos otros, siendo imposible proponerlos todos.
[21] Es freqüentísimo juzgar los hombres de las cosas por las apariencias que se presentan á los sentidos, sin exâminar la realidad de las mismas cosas, y por eso es tambien freqüentísimo engañarse.Bello rostro tiene Ariston, dice uno,la cara es de hombre de bien: ¡qué agasajo tiene! es cierto que tiene policía, y habla con modo, y trata con cortesía á toda el mundo. ¡O! es Ariston muy buen hombre. Este juicio de que Ariston es hombre de bien porque tiene buen rostro, porque habla con modo, &c. suele ser falsísimo, y muchas veces con estas circunstancias se halla un ladron insigne. La razon dicta, que para afirmar seguramente que Ariston es hombre bueno, sepamos que es virtuoso, porque, como hemos dicho, no puede serlo de otra forma. Pues si todas aquellas apariencias externas se compadecen tanto con la virtud como con el vicio, ¿por qué ha de gobernarse el hombre por ellas para afirmarlo? Del mismo modo yerran los que juzgan lo contrario.Cleóbulo, dice otro,va con hábitos largos, el cuello torcido, sombrero grande, con gran compostura, y despues se ha averiguado que era hipócrita, y por tal le han castigado. No hay que creer, pues, á estos que andan con semejante trage, y figura.Este último juicio es erradísimo, ya porque de un exemplar, que se ha presentado á los sentidos, no se ha de juzgar de todos, como hemos visto, hablando de las inducciones: ya tambien, porque si Cleóbulo con aquel hábito exterior de virtud era hipócrita, no lo son otros; antes debe ser regular acompañar á la verdadera virtud aquella modesta compostura.