BIBLIOGRAPHICAL NOTE

The most important books and articles that treat of Hartzenbusch and the legend of theAmantes de Teruelhave already been mentioned. In them may be found many references and extensive bibliographical data. The best of the writings of Hartzenbusch are contained in the five volumes published in the well-known seriesColección de Escritores Castellanos. Three volumes contain his best plays:Teatro, Madrid, 1888-1892. The first volume,Poesías, 1887, contains a good study of his life and writings by A. Fernández-Guerra. The Romantic movement in Spain is treated at length inEl Romanticismo en España, by Enrique Pineyro, Paris, 1904; and in Vol. I, ofLa Literatura Española en el Siglo XIX, by F. Blanco-García, 3d edition, 1909.

Estrenado en Madrid en el teatro del Príncipe a 19 de enero de 1837

Soldados moros, cautivos, damas, caballeros, pajes, criados, criadas.

El primer acto pasa en Valencia, y los demás en Teruel. Año de 1217.

Dormitorio morisco en el alcázar de Valencia. A la derecha del espectador una cama, junto al proscenio; a la izquierda, una ventana con celosías y cortinajes. Puerta grande en el fondo, y otras pequeñas a los lados.

ZULIMA, ADEL; JUAN DIEGO MARSILLA, adormecido en la cama: sobre ella un lienzo con letras de sangre.

ZULIMA. No vuelve en sí.

ADEL. Todavía tardará mucho en volver.

ZULIMA. Fuerte el narcótico ha sido.

ADEL. Poco ha se lo administré.— Dígnate de oír, señora, la voz de un súbdito fiel, que orillas de un precipicio te ve colocar el pie.

ZULIMA. Si disuadirme pretendes, no te fatigues, Adel. Partir de Valencia quiero, y hoy, hoy mismo partiré.

ADEL. ¿Con ese cautivo?

ZULIMA. Túme has de acompañar con él.

ADEL. ¿Así al esposo abandonas? 15¡Un Amir, señora, un Rey!

ZULIMA. Ese Rey, al ser mi esposo, me prometió no tener otra consorte que yo. ¿Lo ha cumplido? Ya lo ves. 20 A traerme una rival marchó de Valencia ayer. Libre a la nueva sultana mi puesto le dejaré.

ADEL. Considera….

ZULIMA. Está resuelto. 25 El renegado Zaén, el que aterra la comarca de Albarracín y Teruel, llamado por mí ha venido, y tiene ya en su poder 30 casi todo lo que yo de mis padres heredé, que es demás para vivir con opulencia los tres. De la alcazaba saldremos 35 a poco de anochecer.

ADEL. Y ese cautivo, señora, ¿te ama? ¿Sabes tú quién es?

ZULIMA. Es noble, es valiente, en una mazmorra iba a perecer 40 de enfermedad y de pena, de frío, de hambre y de sed: yo le doy la libertad, riquezas, mi mano: ¿quién rehusa estos dones? ¡Oh! 45 Si ofendiera mi altivez con una repulsa, caro le costara su desdén conmigo. Tiempo hace ya que este acero emponzoñé, 50 furiosa contra mi aleve consorte Zeit Abenzeit: quien es capaz de vengarse en el Príncipe, también escarmentara al esclavo, 55 como fuera menester.

ADEL. ¿Qué habrá escrito en ese lienzo con su sangre? Yo no sé leer en su idioma; pero puedo llamar a cualquier 60 cautivo….

ZULIMA. Él nos lo dirá,yo se lo preguntaré.

ADEL. ¿No fuera mejor hablarleyo primero, tú después?

ZULIMA. Le voy a ocultar mi nombre: 65ser Zoraida fingiré,hija de Merván.

ADEL. ¡Merván!¿Sabes que ese hombre sin leyconspira contra el Amir?

ZULIMA. A él le toca defender 70 su trono, en vez de ocuparse, contra la jurada fe, en devaneos que un día lugar a su ruina den. Mas Ramiro no recobra 75 los sentidos: buscaré un espíritu a propósito…. (Vase.)

OSMÍN, por una puerta lateral.—ADEL, MARSILLA

OSMÍN. ¿Se fué Zulima?

ADEL. Se fué.Tú nos habrás acechado.

OSMÍN. He cumplido mi deber. 80 Al ausentarse el Amir, con este encargo quedé. Es más cauto nuestro dueño que esa liviana mujer.— El lienzo escrito con sangre, 85 ¿dónde está?

ADEL. Allí. (Señalando la cama.)

OSMÍN. Venga.

ADEL. Ten. (Le da el lienzo, y Osmín lee.) Mira si es que dice, ya que tú lo sabes leer, dónde lo pudo escribir; porque en el encierro aquel 90 apenas penetra nunca rayo de luz: verdad es que rotas esta mañana puerta y cadenas hallé: debió, después de romperlas, 95 el subterráneo correr, y hallando el lienzo….

OSMÍN (asombrado de lo que ha leído.) ¡Es posible!

ADEL. ¿Qué cosa?

OSMÍN. ¡Oh, vasallo infiel! Avisar al Rey es fuerza, y al pérfido sorprender. 100

ADEL. ¿Es éste el pérfido? (Señalando a Marsilla.)

OSMÍN. No; ese noble aragonés hoy el salvador será de Valencia y de su Rey.

ADEL. Zulima viene.

OSMÍN. Silencio 105con ella, y al punto vea buscarme. (Vase.)

ADEL. Norabuena.Así me harás la mercedde explicarme lo que pasa.

ZULIMA. Déjame sola.

ADEL. Está bien. (Vase.) 110

ZULIMA. Su pecho empieza a latirmás fuerte; así que perciba….(Aplícale un pomito a la nariz.)

MARSILLA. ¡Ah!

ZULIMA. Volvió.

MARSILLA (incorporándose.) ¡Qué luz tan viva! no la puedo resistir.

ZULIMA (corriendo las cortinas de la ventana).De aquella horrible mansión 115está a las tinieblas hecho.

MARSILLA. No es esto piedra, es un lecho.¿Qué ha sido de mi prisión?

ZULIMA. Mira este albergue despacio,y abre el corazón al gozo. 120

MARSILLA. ¡Señora!…. (Reparando en ella.)

ZULIMA. Tu calabozose ha convertido en palacio.

MARSILLA. Di (porque yo no me explicomilagro tal), di, ¿qué es esto?

ZULIMA. Que eras esclavo, y que presto 125vas a verte libre y rico.

MARSILLA. ¡Libre! ¡Oh divina clemencia!Y ¿a quién debo tal favor?

ZULIMA. ¿Quién puede hacerle mejorque la Reina de Valencia? 130Zulima te proporcionala sorpresa que te embargadulcemente: ella me encargaque cuide de tu persona:y desde hoy ningún afán 135permitiré que te aflija.

MARSILLA. ¿Eres?….

ZULIMA. Dama suya, hijadel valeroso Merván.

MARSILLA. ¿De Merván? (Aparte. ¡Ah! ¡quérecuerdo!) (Busca y recoge el lienzo.)

ZULIMA. ¿Qué buscas tan azorado? 140¿Ese lienzo ensangrentado?

MARSILLA (aparte.) Si ésta lo sabe, me pierdo.

ZULIMA. ¿Que has escrito en él?

MARSILLA. No va esto dirigido a ti; es para el Rey.

ZULIMA. No está aquí. 145

MARSILLA. Para la Reina será. Haz, pues, que a mi bienhechora vea: por Dios te lo ruego.

ZULIMA. Conocerás aquí luego a la Reina tu señora. 150

MARSILLA. ¡Oh!….

ZULIMA. No estés con inquietud. Olvida todo pesar: trata solo de cobrar el sosiego y la salud.

MARSILLA. Defienda próvido el cielo 155 y premie con altos dones los piadosos corazones que dan al triste consuelo. Tendrá Zulima, tendrás tú siempre un cautivo en mí; 160 hermoso es el bien por sí, pero en una hermosa, más. Ayer, hoy mismo, ¿cuál era mi suerte? Sumido en honda cárcel, estrecha y hedionda, 165 sin luz, sin aire siquiera; envuelto en infecta nube que húmedo engendra el terreno; paja corrompida, cieno y piedras por cama tuve. 170 —Hoy … si no es esto soñar, torno a la luz, a la vida, y espero ver la florida margen del Guadalaviar, allí donde alza Teruel, 175 señoreando la altura, sus torres de piedra oscura, que están mirándose en él. No es lo más que me redima la noble princesa mora: 180 el bien que me hace, lo ignora aun la propia Zulima.

ZULIMA. Ella siempre algún misterio supuso en ti, y así espera que me des noticia entera 185 de tu vida y cautiverio. Una vez que en tu retiro las dos ocultas entramos, te oímos … y sospechamos que no es tu nombre Ramiro. 190

MARSILLA. Mi nombre es Diego Marsilla, y cuna Teruel me dió, pueblo que ayer se fundó, y es hoy poderosa villa, cuyos muros, entre horrores 195 de lid atroz levantados, fueron con sangre amasados de sus fuertes pobladores. Yo creo que al darme ser quiso formar el Señor, 200 modelos de puro amor, un hombre y una mujer, y para hacer la igualdad de sus afectos cumplida, les dió un alma en dos partida, 205 y dijo: «Vivid y amad.» Al son de la voz creadora, Isabel y yo existimos, y ambos los ojos abrimos en un día y una hora. 210 Desde los años más tiernos fuimos ya finos amantes; desde que nos vimos … antes nos amábamos de vernos; porque el amor principió 215 a enardecer nuestras almas al contacto de las palmas de Dios, cuando nos crió: y así fué nuestro querer, prodigioso en niña y niño, 220 encarnación del cariño anticipado al nacer, seguir Isabel y yo, al triste mundo arribando, seguir con el cuerpo amando, 225 como el espíritu amó.

ZULIMA. Inclinación tan igual sólo dichas pronostica.

MARSILLA. Soy pobre, Isabel es rica.

ZULIMA (aparte). Respiro.

MARSILLA. Tuve un rival. 230

ZULIMA. ¿Sí?

MARSILLA. Y opulento.

ZULIMA. Y bien….

MARSILLA. Hizoalarde de su riqueza….

ZULIMA. ¿Y qué? ¿rindió la firmezade Isabel?

MARSILLA. Es poco hechizoel oro para quien ama. 235Su padre, sí, deslumbrado….

ZULIMA. ¿Tu amor dejó desairado,privándote de tu dama?

MARSILLA. Le ví, mi pasión habló, su fuerza exhalando toda, 240 y, suspendida la boda, un plazo se me otorgó, para que mi esfuerzo activo juntara un caudal honrado.

ZULIMA. ¿Es ya el término pasado? 245

MARSILLA. Señora, ya ves … aun vivo.Seis años y una semaname dieron: los años yase cumplen hoy; cumpliráel primer día mañana. 250

ZULIMA. Sigue.

MARSILLA. Un adiós a la hermosa dí, que es de mis ojos luz, y combatí por la cruz en las Navas de Tolosa. Gané con brioso porte 255 crédito allí de guerrero; luego, en Francia, prisionero caí del Conde Monforte. Huí, y en Siria un francés albigense, refugiado, 260 a quien había salvado la vida junto a Besiés, me dejó, al morir, su herencia: volviendo con fama y oro a España, pirata moro 265 me apresó y trajo a Valencia. Y en pena de que rompió de mis cadenas el hierro mi mano, profundo encierro en vida me sepultó, 270 donde mi extraño custodio, sin dejarse ver ni oír, me prolongaba el vivir, o por piedad o por odio. De aquel horrendo lugar 275 me sacáis: bella mujer, sentir sé y agradecer: di cómo podré pagar.

ZULIMA. No borres de tu memoria tan debido ofrecimiento, 280 y haz por escuchar atento cierta peregrina historia. Un joven aragonés vino cautivo al serallo: sus prendas y nombre callo; 285 tú conocerás quién es. Toda mujer se lastima de ver padecer sonrojos a un noble: puso los ojos en el esclavo Zulima, 290 y férvido amor en breve nació de la compasión: aquí es brasa el corazón; allá entre vosotros, nieve. Quiso aquel joven huir; 295 fué desgraciado en su empeño: le prenden, y por su dueño es condenado a morir. Pero en favor del cristiano velaba Zulima; ciega, 300 loca, le salva;—más, llega a brindarle con su mano. Respuesta es bien se le dé en trance tan decisivo: habla tú por el cautivo, 305 yo por la Reina hablaré.

MARSILLA. Ni en desgracia ni en venturacupo en mi lenguaje dolo:este corazón es sólopara Isabel de Segura. 310

ZULIMA. Medita, y concederásal tiempo lo que reclama.¿Sabes tú si es fiel tu dama?¿Sabes tú si la verás?

MARSILLA. Me matara mi dolor, 315 si fuera Isabel perjura: mi constancia me asegura la firmeza de su amor. Con espíritu gallardo, si queréis, daré mi vida: 320 dada el alma y recibida, fiel al dueño se la guardo.

ZULIMA. Mira que es poco prudente burlar a tu soberana, que tiene sangre africana, 325 y ama y odia fácilmente. Y si ella sabe que, cuando yo su corazón te ofrezco, por ella el dolor padezco de ver que le estás pisando, 330 volverás a tus cadenas y a tu negro calabozo, y allí yo, con alborozo que más encone tus penas, la nueva te llevaré 335 de ser Isabel esposa.

MARSILLA. Y en prisión tan horrorosa ¿cuántos días viviré?

ZULIMA. ¡Rayo del cielo! el traidor cuanto fabrico derrumba: 340 defendido con la tumba, se ríe de mi furor. Trocarás la risa en llanto. Cautiva desde Teruel me han de traer a Isabel…. 345

MARSILLA. ¿Quién eres tú para tanto?

ZULIMA. Tiembla de mí.

MARSILLA. Furia vana.

ZULIMA. ¡Insensato! La que ves, no es hija de Merván, es Zulima.

MARSILLA. ¡Tú la Sultana! 350

ZULIMA. La Reina.

MARSILLA. Toma, con eso (Dándole el lienzo ensangrentado.) correspondo a tu afición: entrega sin dilación a hombre de valor y seso el escrito que te doy. 355 Sálvete su diligencia.

ZULIMA. ¡Cómo! ¿Qué riesgo?…

MARSILLA. A Valenciatu esposo ha de llegar hoy;y en llegando, tú y él y otrosa sedicioso puñal 360perecéis.

ZULIMA. ¿Qué deslealconspira contra nosotros?

MARSILLA. Merván, tu padre supuesto. Si tu cólera no estalla, mi labio el secreto calla, 365 y el fin os llega funesto.

ZULIMA. ¿Cómo tal conjuración a ti!….

MARSILLA. Frenético ayer, la puerta pude romper de mi encierro: la prisión 370 recorro, oigo hablar, atiendo…. —Junta de aleves impía era, Merván presidía.— Allí supe que volviendo a este alcázar el Amir, 375 trataban de asesinarle. Resuélvome a no dejarle pérfidamente morir, y con roja tinta humana y un pincel de mi cabello 380 la trama en un lienzo sello, y el modo de hacerla vana. Poner al siguiente día pensaba el útil aviso en la cesta que el preciso 385 sustento me conducía. Vencióme tenaz modorra, más fuerte que mi cuidado: desperté maravillado, fuera ya de la mazmorra. 390 Junta pues tu guardia, pon aquí un acero, y que venga con todo el poder que tenga contra ti la rebelión.

ZULIMA. Dé a la rebelión castigo 395 quien tema por su poder; no yo, que al anochecer huir pensaba contigo. Poca gente, pero brava, que al marchar nos protegiera, 400 sumisa mi voz espera escondida en la alcazaba. Con ellos entre el rebato del tumulto, partiré; con ellos negociaré 405 que me venguen de un ingrato. Teme la cuchilla airada de Zaén, el bandolero; tiembla, más que de su acero, de esta daga envenenada. 410 ¡Ay del que mi amor trocó en frenesí rencoroso! ¡Nunca espere ser dichoso quien de celos me mató!

MARSILLA. ¡Zulima!… ¡Señora !… 415

(Vase Zulima por la puerta del fondo, y cierra por dentro.)

OSMÍN Baste de plática sin provecho. Al Rey un favor has hecho: acaba lo que empezaste.

MARSILLA. ¡Cómo! ¿tú?….

OSMÍN. El lienzo he leído que al Rey dirigiste: allí 420 le ofreces tu brazo.

MARSILLA. Sí, armas y riesgo le pido.

OSMÍN. Pues bien, dos tropas formadas con los cautivos están: serás el un capitán, 425 el otro Jaime Celladas.

MARSILLA. ¡Jaime está aquí! Es mi paisano, es mi amigo.

OSMÍN. Si hay combate, así tendrá su rescate cada cautivo en la mano. 430 Con ardimiento lidiad.

MARSILLA. ¿Quién, de libertad sediento, no lidia con ardimiento al grito de libertad!

OSMÍN. Cuanto a Zulima….

MARSILLA. También 435Libre ha de ser.

OSMÍN. No debiera; pero llévesela fuera de nuestro reino Zaén.

ADEL. Osmín, a palacio van turbas llegando en tumulto, 440 y Zaén, que estaba oculto, sale aclamando a Merván. Zulima nos ha vendido.

OSMÍN. Ya no hay perdón que le alcance.

MARSILLA. Después de correr el lance, 445 se dispondrá del vencido. Cuando rueda la corona entre la sangre y el fuego, primero se triunfa, luego….

OSMÍN. Se castiga.

MARSILLA. Se perdona. 450

VOCES (dentro). ¡Muera el tirano!

MARSILLA. ¡Mi espada!¡Mi puesto!

OSMÍN. Ven, ven a él.Guarda el torreón, Adel.

ADEL. Ten tu acero. (Dásele a Marsilla.)

MARSILLA. ¡Arma anhelada!¡Mi diestra te empuña ya! 455Ella al triunfo te encamina.Rayo fué de Palestina,rayo en Valencia será.

Teruel.—Sala en casa de don Pedro Segura

DON PEDRO, entrando en su casa; MARGARITA, ISABEL y TERESA, saliendo a recibirle

MARGARITA. ¡Esposo! (Arrodillándose.)

ISABEL. ¡Padre! (Arrodillándose.)

TERESA. ¡Señor!

PEDRO. ¡Hija! ¡Margarita! Alzad.

ISABEL. Dadme a besar vuestra mano.

MARGARITA. Déjame el suelo besarque pisas.

TERESA (a Margarita). Vaya, señora, 5ya es vicio tanta humildad.

PEDRO. Pedazos del corazón,no es ese vuestro lugar.Abrazadme. (Levanta y abraza a las dos.)

TERESA. Así me gusta.Y a mí luego.

PEDRO. Ven acá, 10fiel Teresa.

TERESA. Fiel y franca,tengo en ello vanidad.

PEDRO. Ya he vuelto, por fin.

MARGARITA. Dios quiso mis plegarias escuchar.

PEDRO. Gustoso a Monzón partí, 15 comisionado especial para ofrecer a don Jaime las tropas que alistará nuestra villa de Teruel en defensa de la paz, 20 que don Sancho y don Fernando nos quieren arrebatar: fué don Rodrigo de Azagra, obsequioso y liberal, acompañándome al ir, 25 y me acompaña al tornar; mas yo me acordaba siempre de vosotras con afán. Triste se quedó Isabel; más triste la encuentro.

TERESA. Ya. 30

MARGARITA. ¡Teresa!

ISABEL. ¡Padre!

PEDRO. Hija mía, dime con sinceridad lo que ha pasado en mi ausencia.

TERESA. Poco tiene que contar.

MARGARITA. ¡Teresa!

TERESA. Digo bien. ¿Es 35 por ventura novedad que Isabel suspire, y vos (a Margarita) recéis, y ayunéis a pan y agua, y os andéis curando enfermos por caridad? 40 Es la vida que traéis, lo menos, quince años ha….

MARGARITA. Basta.

TERESA. Y hace seis cumplidos que no se ha visto asomar en los labios de Isabel 45 ni una sonrisa fugaz.

ISABEL (aparte). ¡Ay, mi bien!

TERESA. En fin, señor, del pobrecillo don Juan Diego de Marsilla, nada se sabe.

MARGARITA. Si no calláis, 50venid conmigo.

TERESA. Ir con vosfácil es; pero callar….

(Vanse Margarita y Teresa. Don Pedro se quita la espada y la pone sobre un bufete.)

PEDRO. Mucho me aflige, Isabel, tu pesadumbre tenaz; pero, por desgracia, yo 55 no la puedo remediar. Esclavo de su palabra es el varón principal; tengo empeñada la mía: la debo desempeñar. 60 En el honor de tu padre no se vió mancha jamás: juventud honrada pide más honrada ancianidad.

ISABEL. No pretendo yo….

PEDRO. Por otra 65 parte, parece que están de Dios ciertas cosas. Oye un lance bien singular, y di si no tiene traza de caso providencial. 70

ISABEL. A ver.

PEDRO. En Teruel vivió (no sé si te acordarás) un tal Roger de Lizana, caballero catalán. 75

ISABEL. ¿El templario?

PEDRO. Sí. Roger paraba en Monzón. Allá es voz que penas y culpas de su libre mocedad trajéronle una dolencia de espíritu y corporal, 80 que vino a dejarle casi mudo, imbécil, incapaz. Pacífico en su idiotez, permitíanle vagar libre por el pueblo. Un día, 85 sobre una dificultad en mi encargo y sobre cómo se debiera de allanar, don Rodrigo y yo soltamos palabras de enemistad. 90 Marchóse enojado, y yo exclamé al verle marchar: «¿Ha de ser este hombre dueño de lo que yo quiero más? Si la muerte puede sola 95 mi palabra desatar, lléveme el Señor, y quede Isabel en libertad.»

ISABEL. ¡Oh padre!

PEDRO. En esto, un empuje tremendo a la puerta dan, 100 se abre, y con puñal en mano entra….

ISABEL. ¡Virgen del Pilar!¿Quién?

PEDRO. Roger. Llégase a mí, y en voz pronunciada mal, «Uno (dijo) de los dos 105 la vida aquí dejará.»

ISABEL. Y ¿qué hicisteis?

PEDRO. Yo, pensando que bien pudiera quizás mi muerte impedir alguna mayor infelicidad, 110 crucé los brazos, y quieto esperé el golpe mortal.

ISABEL. ¡Cielos! ¿Y Roger?

PEDRO. Roger parado al ver mi ademán, en lugar de acometerme, 115 se fué retirando atrás, mirándome de hito en hito, llena de terror la faz. Asió con entrambas manos el arma por la mitad, 120 y señas distintas hizo de querérmela entregar. Yo no le atendí, guardando completa inmovilidad como antes; y él, con los ojos 125 fijos, y sin menear los párpados, balbuciente dijo: «Matadme, salvad en el hueco de mi tumba mi secreto criminal.» 130

ISABEL. ¡Su secreto!

PEDRO. En fin, de estarse tanto sin pestañear, él, cuyos sentidos eran la suma debilidad, se trastornó, cayó; dió 135 la guarnición del puñal en tierra, le fué la punta al corazón a parar al infeliz, y a mis plantas rindió el aliento vital. 140 Huí con espanto: Azagra, viniéndose a disculpar conmigo, me halló; le dije que no pisaba el umbral de aquella casa en mi vida; 145 y él, próvido y eficaz, avisó al rey, y mandó el cadáver sepultar.— Ya ves, hija: por no ir yo contra tu voluntad, 150 por no cumplir mi palabra, quise dejarme matar; y Dios me guardó la vida: su decreto celestial es sin duda que esa boda 155 se haga por fin … —y se hará, si en tres días no parece tu preferido galán.

ISABEL (aparte). ¡Ay de él y de mí!

TERESA. Señor, acaba de preguntar 160 por vos don Martín, el padre de don Diego.

ISABEL (aparte). ¿Si sabrá?…

TERESA. Como es enemigo vuestro, le he dejado en el zaguán.

PEDRO. A enemigo noble se abren 165 las puertas de par en par. Que llegue. (Vase Teresa.) Ve con tu madre.

ISABEL (aparte). Ella a sus pies me verá llorando, hasta que consiga vencer su severidad. (Vase.) 170

Desafiados quedamos al tiempo de cabalgar yo para Monzón: el duelo llevar a cabo querrá. Bien.—Pero él ha padecido 175 una larga enfermedad. Si no tiene el brazo firme, conmigo no lidiará.

MARTÍN. Don Pedro Segura, seáis bien venido.

PEDRO. Y vos, don Martín Garcés de Marsilla, 180seáis bien hallado: tomad una silla.

(Siéntase don Martín, mientras don Pedro va a tomar su espada.)

MARTÍN. Dejad vuestra espada.

PEDRO (sentándose). Con pena he sabidola grave dolencia que habéis padecido.

MARTÍN. Al fin me repuse del todo.PEDRO. No sé….

MARTÍN. Domingo Celladas….

PEDRO. ¡Fuerte hombre es, a fe! 185

MARTÍN. Pues aun a la barra le gano el partido.

PEDRO. Así os quiero yo. Desde hoy, elegid al duelo aplazado seguro lugar.

MARTÍN. Don Pedro, yo os tengo primero que hablar.

PEDRO. Hablad en buen hora: ya escucho. Decid. 190

MARTÍN. Causó nuestra riña….

PEDRO. La causa omitid: sabémosla entrambos. Por vos se me dijo que soy un avaro, y os privo de un hijo. De honor es la ofensa, precisa la lid.

MARTÍN. ¿Tenéisme por hombre de aliento?

PEDRO. Sí tal. 195Si no lo creyera, con vos no lidiara.

MARTÍN. Jamás al peligro le vuelvo la cara.

PEDRO. Sí, nuestro combate puede ser igual.

MARTÍN. Será por lo mismo….

PEDRO. Sangriento, mortal.Ha de perecer uno de los dos. 200

MARTÍN. Oíd un suceso, feliz para vos…Feliz para entrambos.

PEDRO. Decídmele. ¿Cuál?

MARTÍN. Tres meses hará que en lecho de duelome puso la mano que todo lo guía.Del riesgo asustada la familia mía 205quiso en vuestra esposa buscar su consuelo.Con tino infalible, con próvido celosalud en la villa benéfica vierte,y enfermo en que airada se ceba la muerte,le salva su mano, bendita del cielo. 210Con vos irritado, no quise atenderal dulce consejo de amante inquietud.«No cobre (decía) jamás la salud,si mano enemiga la debe traer.»Mayor mi tesón a más padecer, 215la muerte en mi alcoba plantó su bandera.Por fin, una noche… ¡Qué noche tan fiera!Blasfemo el dolor hacíame ser;pedía una daga con furia tenaz,rasgar anhelando con ella mi pecho… 220En esto a mis puertas, y luego a mi lecho,llegó un peregrino, cubierta la faz.Ángel parecía de salud y paz…Me habla, me consuela, benigno licoral labio me pone; me alivia el dolor, 225y parte, y no quiere quitarse el disfraz.La noche que tuve su postrer visita,ya restablecido, sus pasos seguí.Cruzó varias calles, viniendo hacia aquí,y entró en esa ruina de gótica ermita, 230que a vuestros jardines términos limita.Detúvele entonces: el velo cayó,radiante la luna su rostro alumbró …era vuestra esposa.

PEDRO. ¡Era Margarita!

MARTÍN. Confuso un momento, cobréme después, 235 y vióme postrado la noble señora. —Con tal beneficio, no cabe que ahora provoque mi mano sangriento revés. Don Pedro Segura, decid a quien es deudor este padre de verse con vida, 240 que está la contienda por mí fenecida. Tomad este acero, ponedle a sus piés.

(Da su espada a don Pedro, que la coloca en el bufete.)

PEDRO. ¡Feliz yo, que logro el duelo excusar con vos, por motivo que es tan lisonjero! Si pronto me hallasteis, por ser caballero, 245 cuidado me daba el ir a lidiar. Con tal compañera, ¿quién no ha de arriesgar con susto la vida que lleva dichosa? Ella me será desde hoy más preciosa, si ya vuestro amigo queréisme llamar. 250

MARTÍN. Amigos seremos. (Danse las manos.)

PEDRO. Siempre.

MARTÍN. Siempre, sí.

PEDRO. Y al cabo, ¿qué nuevas tenéis de don Diego? En hora menguada, vencido del ruego de Azagra, la triste palabra le dí. Si antes vuestro hijo se dirige a mí, 255 ¡cuánto ambas familias se ahorran de llanto! No lo quiso Dios.

MARTÍN. Yo su nombre santo bendigo; mas lloro por lo que perdí.

PEDRO. Pero, ¿qué…?

MARTÍN. Después de la de Maurel,donde cayó en manos del Conde Simón, 260de nadie consigo señal ni razón,por más que anhelante pregunto por él.Cada día al cielo con súplica fielpido que me diga qué punto en la tierrasostiénele vivo, o muerto le encierra: 265mundo y cielo guardan silencio cruel.

PEDRO. El plazo no tuvo su fin todavía.Piedad atesora inmensa el Eterno:y mucho me holgara si fuera mi yernoquien a mi Isabel tan fino quería. 270Pero si no viene, y cúmplese el día,y llega la hora … por más que me pesa,me tiene sujeto sagrada promesa:si fuera posible, no la cumpliría.

MARTÍN. Diligencia escasa, fortuna severa 275parece que en suerte a mi sangre cupo:quien a la desgracia sujetar no supo,sufrido se muestre cuando ella le hiera.Adiós.

PEDRO. No han de veros de aquesa manera.Yo quiero esta espada; la mía tomad(Dásela.) 280en prenda segura de fiel amistad.

MARTÍN. Acepto: un monarca llevarla pudiera.

(Vase don Martín, y don Pedro le acompaña.)

MARGARITA (aparte, siguiendo con la vista a los dos que seretiran.)Aunque nada les oí,deben estar ya los dosreconciliados.

ISABEL (que viene tras su madre). Por Dios, 285madre, haced caso de mí.

MARGARITA. No; que es repugnancia loca la que mostráis a un enlace, que de seguro nos hace a todos, merced no poca. 290 Noble sois; pero mirad que quien su amor os consagra es don Rodrigo de Azagra, que goza más calidad, más bienes: en Aragón 295 le acatan propios y ajenos, y muestra, con vos al menos, apacible condición.

ISABEL. Vengativo y orgulloso es lo que me ha parecido. 300

MARGARITA. Vuestro padre le ha creído digno de ser vuestro esposo. Prendarse de quien le cuadre no es lícito a una doncella, ni hay más voluntad en ella 305 que la que tenga su padre. Hoy día, Isabel, así se conciertan nuestras bodas: así nos casan a todas, y así me han casado a mí. 310

ISABEL. ¿No hay a los tormentos míosotro consuelo que dar?

MARGARITA. No me tenéis que mentarvuestros locos amoríos.Yo por delirios no abogo. 315Idos.

ISABEL. En vano esperé.(Sollozando al retirarse.)

MARGARITA. ¡Qué! ¿lloráis?

ISABEL. Aun no me fué vedado este desahogo.

MARGARITA. Isabel, si no os escucho, no me acuséis de rigor. 320 Comprendo vuestro dolor, y le compadezco mucho; pero, hija … cuatro años ha que a nadie Marsilla escribe. Si ha muerto….

ISABEL. ¡No, madre, vive!…. 325Pero ¿cómo vivirá?Tal vez, llorando, en Sionarrastra por mí cadenas,quizá gime en las arenasde la líbica región. 330Con aviso tan funestono habrá querido afligirme.Yo trato de persuadirme,y sin cesar pienso en esto.Yo me propuse aprender 335a olvidarle, sospechandoque infiel estaba, gozandocaricias de otra mujer.Yo escuché de su rivallos acentos desabridos, 340y logré de mis oídosque no me sonaran mal.Pero ¡ay! cuando la razóniba a proclamarse ufanavencedora soberana 345de la rebelde pasión,al recordar la memoriaun suspiro de mi ausente,se arruinaba de repentela fortaleza ilusoria, 350y con ímpetu mayor,tras el combate perdido,se entraba por mi sentidoa sangre y fuego el amor.Yo entonces a la virtud 355nombre daba de falsía,rabioso llanto vertía,y hundirme en el ataúdjuraba en mi frenesíantes que rendirme al yugo 360de ese hombre, fatal verdugo,genio infernal para mí.

MARGARITA. Por Dios, por Dios, Isabel, moderad ese delirio: vos no sabéis el martirio 365 que me hacéis pasar con él.

ISABEL. ¡Qué! ¿mi audacia os maravilla? Pero estando ya tan lleno el corazón de veneno, fuerza es que rompa su orilla. 370 No a vos, a la piedra inerte de esa muralla desnuda, a esa bóveda que muda oyó mi queja de muerte, a este suelo donde mella 375 pudo hacer el llanto mío, a no ser tan duro y frío como alguno que le huella, para testigos invoco de mi doloroso afán; 380 que, si alivio no le dan, no les ofende tampoco.

MARGARITA (aparte). ¿Quién con ánimo sereno la oyera?—El dolor mitiga; de una madre, de una amiga 385 ven al cariñoso seno. Conóceme, y no te ahuyente la faz severa que ves: máscara forzosa es, que dió el pesar a mi frente; 390 pero tras ella te espera, para templar tu dolor, el tierno, indulgente amor de una madre verdadera.

ISABEL. ¡Madre mía! (Abrázanse.)

MARGARITA. Mi ternura 395 te oculté … porque debí… ¡Ha quince años que hay aquí guardada tanta amargura! Yo hubiera en tu amor filial gozado, y gozar no debo nada ya, desde que llevo 400 el cilicio y el sayal.

ISABEL. ¡Madre!

MARGARITA. Temí, recelé dar a tu amor incentivo, y sólo por correctivo 405 severidad te mostré; mas oyéndote gemir cada noche desde el lecho, y a veces en tu despecho mis rigores maldecir, 410 yo al Señor, de silencioso materno llanto hecha un mar, ofrecí mil veces dar mi vida por tu reposo.

ISABEL. ¡Cielos! ¡Qué revelación 415tan grata! ¡Qué injusta he sido!¡Que tanto me habéis querido!¡Madre de mi corazón!

Perdonadme… ¡Qué alborozo siento, aunque llorar me veis! 420 Seis años ha, más de seis, que tanta dicha no gozo. Mi desgracia contemplad, cuando como dicha cuento que mis penas un momento 425 aplaquen su intensidad. Pero este rayo que inunda en viva luz mi alma yerta, ¿dejaréis que se convierta en lobreguez más profunda? 430 Madre, madre, a quien adoro, el labio os pongo en el pie; mi aliento aquí exhalaré, si no cedéis a mi lloro. (Póstrase.)

MARGARITA. Levanta, Isabel; enjuga 435 tus ojos; confía…. Sí, cuanto dependa de mí….

ISABEL Ya veis que en rápida fugael tiempo desaparece.Si pasan tres días, ¡tres!, 440todo me sobra después,toda esperanza fallece.Mi padre, por no faltara la palabra tremenda,le rendirá por ofrenda 445mi albedrío en el altar.Vuestras razones imprimenen su alma la persuasión:en mí toda reflexiónfuera desacato, crimen. 450Y yo, señora, lo veo:podrá llevarme a casar;pero en vez de prepararlas galas del himeneo,que a tenerme se limite 455una cruz y una mortaja;que esta gala y esta alhajaserá lo que necesite.

MARGARITA. No, no, Isabel: cesa, cesa. Yo en tu defensa, me empeño: 460 no será Azagra tu dueño. yo anularé la promesa. Me oirá tu padre, y tamaños horrores evitará. Hoy madre tuya será 465 quien no lo fué tantos años.

TERESA. Señoras, don Rodrigo de Azagra pide licenciapara visitaros.

MARGARITA. Hazle entrar. A buen tiempo llega. (Vase Teresa.)

ISABEL. Permitid que yo me retire. 470

MARGARITA. Quédate en la pieza inmediata, y escucha nuestra conversación.

ISABEL. ¿Qué vais a decir?

MARGARITA. Óyelo, y acabarás de hacer justicia a tu madre. (Vase Isabel.) 475

MARGARITA. Ilustre don Rodrigo….

RODRIGO. Señora … al fin nos vemos.

MARGARITA. Honrad mi estrado, ya que la prisa de venir a mi casa no os ha dejado sosegar en la vuestra.

RODRIGO. Aquí vengo a buscar el sosiego que necesito. 480 (Siéntase.) ¿Qué me decís de mi desdeñosa?

MARGARITA. ¿Me permitiréis que hable con toda franqueza?

RODRIGO. Con franqueza pregunto yo.—Hablad.

MARGARITA. Mi esposo os prometió la mano de su 485 hija única; y, por él, debéis contar de seguro con ella. Pero la delicadeza de vuestro amor y la elevación de vuestro carácter ¿se satisfarían con la posesión de una mujer, cuyo cariño no fuese vuestro?

RODRIGO. El corazón de Isabel no es ahora mío, lo 490 sé; pero Isabel es virtuosa, es el espejo de las doncellas: cumplirá lo que jure, apreciará mi rendida fe, y será el ejemplo de las casadas.

MARGARITA. Mirad que su afecto a Marsilla no se ha disminuído. 495

RODRIGO. No me inspira celos un rival, cuyo paradero se ignora, cuya muerte, para mí, es indudable.

MARGARITA. ¿Y si volviese aún? ¿Y si antes de cumplirse el término, se presentara tan enamorado como se fué, y con aumentos muy considerables de hacienda? 500

RODRIGO. Mal haría en aparecer ni antes ni después de mis bodas. Él prometió renunciar a Isabel, si no se enriquecía en seis años; pero yo nada he prometido. Si vuelve, uno de los dos ha de quedar solo junto a Isabel. La mano que pretendemos ambos, no se compra con oro; 505 se gana con hierro, se paga con sangre.

MARGARITA. Vuestro lenguaje no es muy reverente para usado en esta casa, y conmigo; pero os le perdono, porque me perdonéis la pesadumbre que voy a daros. Yo, noble don Rodrigo, yo que hasta hoy consentí en 510 vuestro enlace con Isabel, he visto por último que de él iba a resultar su desgracia y la vuestra. Tengo, pues, que deciros, como cristiana y madre; tengo que suplicaros por nuestro Señor y nuestra Señora, que desistáis de un empeño, ya poco distante de la temeridad. 515

RODRIGO. Ese empeño es público, hace muchos años que dura, y se ha convertido para mí en caso de honor. Es imposible que yo desista. No os opongáis a lo que no podréis impedir.

MARGARITA. Aunque habéis desairado mi ruego, tal 520 vez no le desaire mi esposo.

RODRIGO. Mucho alcanzáis con él: adora en vos, y lo merecéis, porque ha quince años que os empleáis en la caridad y la penitencia… Pero … ¿os ha contado ya la muerte de Roger de Lizana? 525

MARGARITA. ¡Cómo! ¿Roger ha muerto?

RODRIGO. Sí, loco y mudo, según estaba; desgraciadamente, según merecía; y a los pies de don Pedro, como era justo.

MARGARITA. ¡Cielos! Nada sabía de ese infeliz. 530

RODRIGO. Ese infeliz era muy delincuente, era el corruptor de una dama ilustre.

MARGARITA. ¡Don Rodrigo!

RODRIGO. La esposa más respetable entre las deTeruel. 535

MARGARITA. Por compasión…. Si Roger ha muerto….

RODRIGO. Casi espiró en mis brazos. Yo tendí sobre el féretro su cadáver, yo hallé sobre su corazón unas cartas…. 540

MARGARITA. ¡Cartas!

RODRIGO. De mujer … cinco … sin firma todas. Pero yo os las presentaré, y vos me diréis quién las ha escrito.

MARGARITA. ¡Callad! ¡callad! 545

RODRIGO. Si no, acudiré a vuestro esposo: bien conoce la letra.

MARGARITA. ¡No! ¡Dádmelas, rompedlas, quemadlas!

RODRIGO. Se os entregarán; pero Isabel me ha de entregar a mí su mano primero. 550

MARGARITA. ¡Oh!

RODRIGO. Dios os guarde, señora.

MARGARITA. Deteneos, oídme.

RODRIGO. Para que os oiga, venid a verlas. (Vase.)

MARGARITA. Escuchad, escuchadme. (Vase tras don 555Rodrigo.)


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