ACTO PRIMERO

Ilustración ornamentalACTO PRIMERO

Ilustración ornamental

Sala de despacho en la planta baja de un caserón de pueblo, habitado por gente de buen acomodo.

A la derecha, en segundo término, puerta de entrada en comunicación con el zaguán; en primero, puerta de otra habitación. Al fondo, una ventana con reja y una puertecilla que dan al huerto, inundado de sol, y del que se ven arriates llenos de flores. A la izquierda, puerta de una hoja, que comunica con habitaciones interiores. Ante esta puerta una mesa de despacho antigua y un sillón de baqueta. El resto del mobiliario adecuado: antiguo, cómodo y fuerte. Un reloj de caja en lugar visible.

EDUARDA y DON ACISCLO

Al levantarse el telón, aparece la escena sola. A poco se ve por la ventana del huerto a doña Eduarda que viene acongojada, huyendo. La sigue, jadeante y ansioso de amor, don Acisclo; ella le rechaza de un empujón y entra indignada en escena por la puertecilla del foro.

Eduarda

¡No, no!... ¡Por Dios, quieto!...(Huye de él, que entra siguiéndola.)¡Déjeme usted o demando auxilio!(Toda la escena en voz baja y emocionada.)

D. Acisclo

¡Es que me tie usté loco!

Eduarda

Respete usté que soy casada.

D. Acisclo

¡Y a mí qué me importa!

Eduarda

¡Qué cínico!... ¿Pero y mi marido y su mujer?...

D. Acisclo

He dicho que na me importa.(Intenta ir hacia ella.)¡Esos ojos me tien trastornao y!...

Eduarda

(Con cómica energía.)¡Atrás!

D. Acisclo

Pero, Eduarda, si es que...

Eduarda

(Heroicamente.)¡Si da usted un solo paso, me secciono la carótida con el raspador!

D. Acisclo

(Asustado.)¡Eduarda!

Eduarda

¡Atrás!... ¡O me ve usted tinta en sangre!(En uno de sus ademanes, mete los dedos en el tintero.)

D. Acisclo

¿Tinta?

Eduarda

¡Tinta!(En un ademán trágico, vuelca el tintero.)

D. Acisclo

¡Por Dios, el tintero!

Eduarda

¡Nada me importa! ¡Mi honor ante todo!

D. Acisclo

Pero si yo...

Eduarda

¡Es usted un miserable!... ¡Estar yo tranquilamente en la huerta cogiendo manzanas, subida a la escalera y de pronto sentir!... ¡Oh, qué vergüenza!(Llora.)

D. Acisclo

Es que creí que se caía usté.

Eduarda

¿Y me iba usted a sujetar con dos dedos?(Acción de dar un pellizco.)

D. Acisclo

Cuando una persona se cae...

Eduarda

Cuando una persona se cae, se la sostiene, pero no se la retuerce... ¡Y de dónde se me ha retorcido a mí! Que... ¡Ah, si lo supiera mi Régulo! ¡Oh, Régulo, Régulo!

D. Acisclo

Y usté, Eduarda, por qué no quie ser una miaja complaciente y...

Eduarda

(Con altivez.)¡Basta de indignidades!... Déjeme usted salir.

D. Acisclo

(Con pasión.)Salga usté, pero no será sin que antes...(Intenta sujetarla para darla un beso.)

Eduarda

(Rechazándole.)¡No, nunca!... ¡Socorro!(Le muerde la mano.)

D. Acisclo

(Retorciéndose de dolor.)¡Rediez, qué bocao en el dedo! ¡Se me ha comido la yema!

Eduarda

¡Canalla, seductor! ¡¡Satírico!!(Vase puerta izquierda.)

D. Acisclo

(Intenta sujetarla antes que se marche.)Eduarda... Eduarda...(Luchan brevemente. Ella le rechaza y le coge con la puerta la americana, dejándole sujeto. Aterrado.)¡Atiza! ¡La americana con la puerta!... ¡Cogido por el vuelo!(Suplicante.)¡Por Dios, Eduarda, abra usté, que estoy cogido! ¡Eduarda!... ¡El vuelo!... ¡Eduarda!...

DON ACISCLO y SEÑÁ CESÁREA primera derecha.

Cesárea

¡Hola, hombre!

D. Acisclo

¡¡Mi mujer!!... ¡¡Tableteau!!

Cesárea

¿D’ande sales?

D. Acisclo

Pues de ahí, de la... que venía de...

Cesárea

¿No ibas con doña Eduarda por el huerto?

D. Acisclo

Sí, con ella iba, que quería unas manzanas.

Cesárea

¿Y qué la dio, que sentí un grito?

D. Acisclo

Como darla, no la dio na; pero arrimó la escalera, se subió al árbol —que ya la ties conocía en lo resoluta— y de poco se cae.

Cesárea

Pos ya no tie edad pa andarse por las ramas.

D. Acisclo

¡Toma!... Eso la he dicho yo, pero...

Cesárea

(Cambiando el tono irónico por otro más acre y resuelto.)Ni tú tampoco la tienes de andarla a los alcances.

D. Acisclo

¡Cesárea!...(Se sopla el dedo dolorido.)

Cesárea

¡Que te creerás que no lo estoy notando too!... ¡Así que una es tonta! ¡Te figurarás que me chupo el dedo como tú!

D. Acisclo

¡Mujer, yo!...

Cesárea

¡Y ten cuidao no te corte yo los vuelos!

D. Acisclo

(¡Ojalá!)

Cesárea

¡Que no me dejas una en paz!... ¡Que me ties más reconsumía!... ¡Ahí agarrao como una rata!... ¿Te paece bonito?(Le zarandea.)

D. Acisclo

(Avergonzado.)¡Cesárea!...

Cesárea

(Amenazadora.)¿Qué debía yo hacer ahora?

D. Acisclo

¡Pues traerme otra americana u abrir por detrás!

Cesárea

¡Maldita sea!... Y que te coste, que el día que me harte, se lo digo a don Régulo, que ya le ties conocío, que ese por custión de celos le pega un tiro a su familia.

D. Acisclo

Mujer, después de too, por una broma...

Cesárea

¡Por una broma!... ¡Acisclo, parece mentira que tú, ¡¡tú!!, el dueño, el amo, el rey del pueblo, una persona de tu mando y de tu valer, un hombre al que too el mundo le tie miedo, que haces que se le mude la color a los más templaos... un hombre que causa un respeto que eriza, ahora, por esa tía cursi... ahí prendío como un murciélago!... ¡Si alguiense enterara!... ¡Si yo no tuviera prudencia!...(Levanta el pestillo, abre la puerta y deja en libertad a Acisclo.)

D. Acisclo

Mujer, los hombres semos hombres, Cesárea, y con esto ya está dicho que semos mu poca cosa... Salomón era Salomón, y en custión de faldas, u de lo que se llevase en aquel entonces, pues... ya te acordarás que sumó dos mil y pico... Y Napolión, con ser lo que era... pues... también se sumaba lo suyo... Conque uno, que es una meaja menos... pues, algún sumandillo...

Cesárea

¡Sumandillo, y llevas veintidós en lo que va de mes, y estamos a cinco!...

DICHOS y MORRONES (Alguacil).

Morrones

(Segunda derecha. Desde fuera.)Ave María Purísima.

Cesárea

¿Quién se extraña?

Morrones

¿Se pue pasar?

D. Acisclo

¡El alguacil! Pasa, Morrones.

Morrones

(Con gran respeto.)Güenos días nos dé Dios; con premiso de ustés.

Cesárea

Regulares que sean.

D. Acisclo

¿Qué te trae por acá tan de mañana?

Morrones

Pos naa, que tengo un desgusto, con premiso de usté, que no sé cómo no le da a uno itiricia.

D. Acisclo

¿Pues qué pasa?

Morrones

Pues pasa que don Sabino el médico, el Perniles y Garibaldi, pus m’han hecho de venir a molestarle a usté, con premiso de usté, porque quién hablale de no sé qué cosasnómalas y urgüentes, que me lo he tenío que apuntar.(Mira un papel.)

D. Acisclo

¿Quejas tenemos?

Morrones

¡Qué sé yo!... Cuatro garambainas... Que si los sueldos, que si el riego, que si la contrebución... Naa, lo e siempre:potrestas.

Cesárea

¡Madre, qué tropa!... Pero si esos protestan de too.

Morrones

Toma, como que el año pasao les cayó la lotería y elevaron unapotrestapor haberles caído en la de tres pesetas.

D. Acisclo

Güeno, pues les dices que aguarden, si quieren, que yo voy a tomar el chocolate. Eso si no encuentras alguna razón de las tuyas pa que se vayan.

Morrones

Yo, si usté lo manda,razonessiempre tengo. Les abro la puerta y les abro la ventana y ellos escogen: u se marchanu los marcho.(Acción de echarlos.)

D. Acisclo

Déjales, que todavía no es el caso. Pero como me hurguen mucho les va a doler, ¡por estas! Que esos tres me andan buscando las cosquillas...

Cesárea

¿Y viene con ellos Garibaldi, el republicanote ese?...

Morrones

El mismo. Ahora ice que s’ha sindicao con un garrote que tiene, así de gordo.

Cesárea

¡Mala troná en ellos! ¡Valiente gentuza!(Vanse don Acisclo y señá Cesárea, primera derecha.)

MORRONES, DON SABINO, PERNILES y GARIBALDI, segunda derecha.

Morrones

(Desde la puerta.)Que les da a ustés su premiso... pero pa pasar aquí hay que limpiarse los pies.

D. Sabino

(Entra. Se descubre.)Buenos días.

Perniles

(Ídem, ídem.)A la paz de Dios.

Garibaldi

(Pasa sin quitarse el sombrero.)Libertá, fraternidá...

Morrones

Quítate el sombrero.

Garibaldi

Igualdá.

Morrones

Igual da, pero quítatelo,(se lo quita y lo tira sobre una silla.)

D. Sabino

¿Has tenido la bondad de decirle al señor alcalde?...

Morrones

Le he dicho lo que le tenía que icir y dice que si quién ustés esperale que le esperen, que ahora saldrá...

D. Sabino

Entonces...(Mira como buscando una silla.)

Morrones

Que ahora saldrá con su señora a dar un paseo y que golverá a la una, pero que ustés hagan lo que sea de su convenencia, que él no se va a privar de sus cosas por naidie.

D. Sabino

Pues esperaremos, ¿no os parece?

Perniles

¡Qué remedio! Yo no me voy sin que me oiga.(Van a coger sillas para sentarse.)

Garibaldi

Ni yo... Le quio presentar alnoy del fresno.(Por el garrote.)

Morrones

(Muy extrañado.)¿Pero es que se van ustés a sentar?

D. Sabino

Hombre, si es posible...

Morrones

(Como resignándose.)Güeno, pero cojan ustés taburetes, que las sillas son pa los amigos políticos.

Perniles

Tá bien(Se sientan en taburetes.)

Morrones

(A Garibaldi.)Y tú, tira ese cigarro, que aquí no se pue fumar.

Garibaldi

¿Y por qué fumas tú?

Morrones

No se pue fumar viniendo de vesita.(A Perniles que se vuelve a mirar el reloj.)¿Y tú qué miras?

Perniles

Hombre, iba a mirar la hora...

Morrones

¡La hora!... En seguía si fua yo el Alcalde iba a tené un reló destapao pa que se aprovechasen d’él los del partido contrario... Mañana lo forro.

Garibaldi

Lo que debías tú de hacer, aunque seasaguacily estés amparao por ciertos mandones, es mirarte una miaja más en la atención de las presonas que necesitan del monecipio y no avasallar a too Cristo por menos de naa.

Morrones

Tú, lo que vas a hacer, es callarte la boca ahora mismo.

Garibaldi

Y prencipalmente por don Sabino lo he dicho, que es una presona médica y respetable, llena de canas; que uno al remate no es letrao ni muchismo menos y anda con Dios y que le falten a uno, que tan hecho está uno a trancas como a barrancas.

Morrones

Tú eres un parlero que hablas más de la cuenta, y si no te callas te agarro de los cabezones y sales...(Le amenaza.)

Garibaldi

(Enfurecido.)¡Prueba y te doy con elnoy!...

Morrones

¿A mí?...(Se dispone a acometerle.)¡Por vida e...!

DICHOS, DON ACISCLO, primera derecha.

D. Acisclo

(Autoritario y despótico.)¿Qué es eso?

Morrones

Señó alcalde... Era que...

D. Acisclo

¡Silencio! Anda pa un rincón, que es lo tuyo.

Morrones

No, dejarme... ¡Maldita sia!(Va a sentarse junto a la puerta, refunfuñando.)

D. Acisclo

(Se va a su mesa y se sienta.)Sentarse.

Morrones

Y encima les dice que se asienten. ¡Se cae usté de güeno! Así le tratan.

D. Acisclo

A callar. Sentarse he dicho.

Los tres

Con permiso.(Se sientan con cómica rapidez.)

D. Acisclo

Pues ustés dirán...(Se levantan los tres como para hablar.)¡Sentarse he dicho!(Vuelven a sentarse con mayor rapidez que antes.)Sé que me quien ustés hablar. Acedo; pero uno a uno y cuidaíto con lo que se dice. Escomenzaremos por usté, don Sabino.

D. Sabino

(Poniéndose de pie.)Como usté mande.

D. Acisclo

Conque usté dirá qué istentino se le ha deteriorao.

D. Sabino

Pues... nada, señor alcalde, que un servidor de usted...

D. Acisclo

Por muchos años.

D. Sabino

Por muchos, sí, señor... Me veo, bien a mi pesar, en la precisión de molestarle respetuosamente, acuciado por las dolorosas necesidades de la vida. Porque claro, aunque uno es un humilde médico rural, pues tiene uno que comer de vez en cuando, tiene uno que vestir, llamémoslo así; tiene uno que...

D. Acisclo

Exigencias no faltan, no.

D. Sabino

Las igualas son cortas, las visitas escasas... y como el digno Ayuntamiento de su acertadísima presidencia tiene la bondad de adeudarme...

D. Acisclo

(Agriando mucho más el gesto y dando un golpe en la mesa con una regla; carraspea.)¡Ejem!...

D. Sabino

(Sobrecogido, trata de dulcificar el concepto.)...nada, siete efímeras y cortas anualidades, que importan la insignificante suma de catorce mil quinientas pesetas; pues yo, agotados todos mis recursos para la vida, me permito elevar a usted una humilde súplica...

D. Acisclo

(Dando otro reglazo sobre la mesa.)¡Dita sia!... ¿Y tie usté la frescura de venir aquí con esas quejas?

D. Sabino

¿Cómo la frescura, señor alcalde?

D. Acisclo

¡La frescura! No quito una letra.

Morrones

(Enardecido.)No quite usté naa.

D. Sabino

Yo creía que elevar una humilde queja...

D. Acisclo

¡Una humilde queja!... Pero cuidiao que hace falta descaro, don Sabino.

D. Sabino

¡Señor Alcalde!

D. Acisclo

Vamos a ver. ¿Qué le debían a usté en el último pueblo?

D. Sabino

Once anualidades.

D. Acisclo

¿Y en el anterior?

D. Sabino

Nueve.

D. Acisclo

¡Y viene usté a estrellarse conmigo que no le debo más que siete!

D. Sabino

Señor Alcalde...

D. Acisclo

¿Le ha pagao a usté alguno?

D. Sabino

No, señor.

D. Acisclo

¡No le han pagao los otros y quie que le pague yo!... Pórtese usté bien, debiendo menos que los demás pa que encima se lo agradezcan con estas exigencias.

D. Sabino

¡Peor me lo agradecen a mí, que no me pagan y encima me maltratan, don Acisclo!

D. Acisclo

Usté se lo ha buscao.

D. Sabino

¿Yo?...

D. Acisclo

¡Sí, señor, ea! Que si no lo digo, reviento. Usté se lo ha buscao por ser enemigo político mío.

D. Sabino

¿Yo enemigo de usted?

D. Acisclo

Y encubierto y solapao, que son los malos.

D. Sabino

¡Don Acisclo!

D. Acisclo

Y le voy a usté a probar su malquerencia, que la tengo conocía en toos los detalles. Aquí, en este pueblo de mi mando, no hay más que dos partíos políticos, ¡dos!... porque no quiero confusiones; elmiista, que es el mío, y elotrista, que son toos los demás; güeno, pues en los dos últimos años se han muerto cinco presonas en el pueblo... pues toos de mi partido. Y eso no se lo aguanto yo, ni a usté ni a nadie. Conque, u se mueren cinco presonas del partío contrario en el término de dos meses, u no cobra usté un real.

D. Sabino

Señor Alcalde, es que losotristasno son más que tres.

D. Acisclo

Pues que se mueran dos veces caa uno.

D. Sabino

Y además, se cuidan mucho.

D. Acisclo

Pues se pone usté d’acuerdo con el boticario. Pa too hay recursos. Y como remate, ¿usté cree que estoy yo aquí pa aguantar menosprecios de nadie?...

D. Sabino

¿Menosprecios?

D. Acisclo

¡Sí, señor; menosprecios!... Va usté a visitara la mujer del sargento de la Guardia Civil u a la del Registrador, y a ellas sellos, jarabes, píldoras, emplastos, sanguijuelas... ¡Viene usté a ver a mi mujer y manesiafervecentenaa más!

D. Sabino

Es que eran distintas las dolencias.

D. Acisclo

Pamplinas. A mi mujer hay que darla dobles recetas que a too el mundo, tenga lo que tenga, que pa eso es mi mujer.

D. Sabino

Pero si usted permitiera que yo le explicase...

D. Acisclo

Ni una palabra. De forma, que me presenta usté unaistanciaen papel sellao de tres reales y se la da usté a ese,(Por Morrones.)que ya sabe lo que tie que hacer con ella.

Morrones

Sí, señor.

D. Sabino

Pero...

D. Acisclo

Otro.

D. Sabino

Señor Alcalde, perdone usté que le diga que esto es conculcar la ley.

D. Acisclo

Está usté errao.

D. Sabino

¿Yo errao?...

D. Acisclo

Errao completamente. A ver, el veterinario.

Perniles

(Se levanta.)Servidor.

D. Acisclo

(Lo de la manesia lo tenía yo clavao en el alma...) Expón, Perniles.

Perniles

Pues yo, señor Alcalde, vengo como concejal d’oposición...

D. Acisclo

Ya sé que eres otrista; no me lo recalques.

Perniles

A decirle a usté que me se haga justicia; porque lo que están haciendo conmigo los sabuesos de usté es una gorrinada.

D. Acisclo

Oye, tú... ¡A ver las palabritas que usas, que no estamos en sesión!

Perniles

Es que hay que hablar claro.

D. Acisclo

En el Ayuntamiento, las porquerías que quieras; aquí con urbanidaz.

Perniles

Es que ya no hay cristiano que aguante esto, que no me dejan vivir; que el tío Marcos, amparao en usté, ha cogío el agua del acequión de las Jarillas pa su molino y nos quita de regar a los que tenemos derecho pa ello.

D. Acisclo

¡Pero es que él es primo mío, mia tú este!

Perniles

Más primos somos nosotros, que pagamos y no regamos.

D. Acisclo

¿Y qué quies decir con eso?

Perniles

Pues con eso quio dicir, que antes toos cogíamosbuenas calabazas, que es la prencipal cosecha del pueblo; pero hogaño como no consienten de regar más que a sus amigos de usté, pues resulta que las mejores calabazas son las del partido miista.

D. Acisclo

Caa partío tie las calabazas que se merece. Si vosotros hubieseis votao lo que yo sus decía, no las habría como las vuestras; pero ya que me hicisteis de perder la elección, calabacines y gracias.

Perniles

¿Es decir, que voy a mirar yo con sosiego que me se pierdan toas las cosechas?

D. Acisclo

Tú verás lo que te conviene, Perniles, porque aquí no hay más que dos caminos: u te haces miista u vas a regar cuando estornudes.

Perniles

¿De moo que la concencia política...?

D. Acisclo

Riega con ella.

Perniles

¡Güeno, y últimamente, si no me dejan regar, que no me manden el recibo del agua, eso es!

D. Acisclo

¡Alto allá! Eso es otra cosa. El recibo te lo mandan porque en la cuenta e regantes resulta un líquido en contra tuya.

Perniles

¡Pero qué líquido va a resultar si no me dan agua!

D. Acisclo

No es líquido de humedaz, es de aritmética, y ties que enjugarlo.

Perniles

Pues si no me dan agua, el otro líquido que lo enjuague el Secretario,(Se sienta.)

D. Acisclo

Eso lo veremos, que tú eres muy altanero; y u pagas u te se embarga, que ya me ties conocío. Otro. A ver tú, Garibaldi, ¿vienes también sobre alguna protesta?

Garibaldi

Servidor, vengo sobre su cuñao de usté, que me ha tirao dos coces su macho, porque lo tie enseñao a cocear a los republicanos de una manera, que en cuanto se habla de Lerroux no hay quien pare a su lao.

D. Acisclo

Yo, en las opiniones políticas del macho no me puedo meter.

Garibaldi

Bueno, está bien; eso ya me lo arreglaré yo, porque estoy educando a mi burra de una forma, que de que oiga mentar a La Cierva, de una coz le va a quitar la cabeza a un santo. Pero de camino vengo a hacerle a usté una denuncia.

D. Acisclo

¿Contra quién?

Garibaldi

Contra su consabido cuñao. Anastasio Mangola, alias Jaro.

D. Acisclo

Tú dirás.

Garibaldi

Pues naa; paso por lo del macho, paso por que sea cartero, paso por que sea cojo siendo cartero y paso por que siendo cojo y cartero no sepa leer ni escrebir, pero por lo que no puedo pasar de nenguna de las maneras es por la forma que tiene de repartir la correspondencia.

D. Acisclo

¿Qué forma tiene, vamos a ver?

Garibaldi

Pues naa que coge las cartas y las deja encima una mesa a la puerta e su casa. Usté va y mira; que hay una carta y que es pa usté, pues deja usté cinco céntimos y se la lleva; que no es pa usté, pues deja usté diez y la coge si quiere. Y cuando se presenta el interesao a reclamar, pues le ice: «¡Haber venío antes!»

D. Acisclo

¿Y qué pero ties que ponerle a eso?... ¡Yo no os entiendo! Estáis clamando día y noche por la libertá y en cuanto un funcionario público sus deja en libertá...

Garibaldi

Es que queremos libertá con orden y con justicia, que es lo que no hay en este pueblo.

D. Acisclo

(Airado y dando golpes en la mesa.)¿Qué estás diciendo?

Garibaldi

El Evangelio; que hay que icir las cosas como sean.

Perniles

(Animado por el ejemplo de Garibaldi.)Sí, señor; que esto es peor que la Inquisición, pa que usté lo sepa.

Garibaldi

Porque aquí, pa que le dejen respirar a uno y no le quemen la cosecha u le maten el ganao, tie que votar lo que usté quiera y hacer lo que usté quiera y ser esclavo de usté.

Perniles

U de su señora de usté.

Garibaldi

U de su otra señora...

D. Acisclo

(Indignado.)¡Garibaldi!

Perniles

U de sus amigos, u de las criás de sus amigos u de los amigos de sus criás.

Garibaldi

Pa pagar las contrebuciones, nosotros; pa cobrar, los compinches..., pues no, señor. ¡Esto no pue ser!

Perniles

Y no será. Que antes que vivir en este atropello, es mejor echarse por los caminos a pedir una caridá e Dios.

D. Acisclo

¡Que estáis faltando a la ley!

D. Sabino

(Airado.)Pero ¿qué entiende usté por ley?

D. Acisclo

Una cosa que me permite poner multas; conque cincuenta duros caa uno. Morrones, avisa a la Guardia Civil.

D. Sabino

¡Que avise a quien le dé la gana, pero hay que acabar con esta ignominia; hay que vivir como seres civilizados, como hombres siquiera, porque cuando se vive hundido en la infamia de una tiranía bestial e ignorante, es preferible la muerte... cien veces la muerte!... Y hay que luchar...

Los dos

Sí, señor.

D. Sabino

Hay que luchar, pero no por unas míseras pesetas perdidas, no; hay que luchar porque el oprobio y la esclavitud en que vivimos es vergüenza para la civilización, y ludibrio y escándalo para la patria. ¡Muera el caciquismo!... ¡Muera cien veces!...

Los dos

¡Muera!...(Vanse gritando: «¡Muera!»)

D. Acisclo

¡Canallas! ¡Granujas!... ¡A la calle!... ¡Me han atropellao! ¡Me han desacatao!.. ¡Dan gritos revolucionarios!

Morrones

(Que ha sacado una escopeta de la primera derecha y quiere ir tras ellos.)¡Déjeme usté a mí que les voy a dar cevelización!...

D. Acisclo

(Conteniéndole.)No; quieto, Morrones... ahora no, que es de día y salen de mi casa.(Le quita la escopeta y la esconde.)

Morrones

¡Eso les vale!... ¡Maldita sia!...

D. Acisclo

Pero ven acá, vamos a hacer una denuncia por desacato. Los tengo medio año en la cárcel. ¡Por estas!

Morrones

¡Medio año!... ¡seis años de cadena perpetua caa uno y no pagan, no sea usté primo!

D. Acisclo

Es verdá. ¡Seis años! Veinte años..., cuarenta años...(Vanse primera derecha.)

CRISTINA, DOÑA EDUARDA (del huerto).

Se levanta la cortina de la ventana y asoma la cara dulce y graciosa de Cristina. Por el otro extremo asoma doña Eduarda.

Cristina

¿No hay nadie?

Eduarda

Nadie. Pasa, Cristina; pasa.(Entran de puntillas. Cristina trae unas flores en la mano.)

Cristina

Tengo miedo que nos puedan oír.

Eduarda

Pasa, pasa sin temor; siéntate aquí y cuéntamelo todo. ¡Oh, pero quién iba a figurarse que tú!... ¡Habla, hija; habla!(Se sientan.)

Cristina

Sí; sí, señora doña Eduarda, es preciso que hablemos, porque yo necesito una persona buena como usted a quien abrirle mi corazón, contándole todo lo que me sucede.

Eduarda

Claro, así te encontraba yo de triste y de pensativa. ¡Pero cómo iba a imaginar! ¡Oh, tu aventura es una aventura llena de interés, de poesía, de pasión!...

Cristina

¡Me ha costao ya más lágrimas!... ¡Si supiera usté!...

Eduarda

Sigue, sigue... ¿y dices que se trata de un joven esbelto, de ojos oscuros, fuerte como un pugilista, ágil como un berebere?...

Cristina

Sí, señora; es alto, elegante, de ojos grandes, pelo negro, labios finos... dientes blancos...

Eduarda

¡Una tontería de moreno, vaya!

Cristina

¡Usted no puede imaginarse un hombre más guapo, doña Eduarda!

Eduarda

Ya lo creo que puedo. Tú no conoces mi fuerza imaginativa. Además, tú te expresas con un calor, que no es que describes, es que fotograbas... Y sigue, sigue... ¿dices que cuando estabas ahogándote, él, heroicamente se lanzó al agua?

Cristina

Sí, señora; cuando yo estaba ahogándome, de pronto él, se tira al agua, coge la botella, llena el vaso, me lo da, bebo un sorbo y me pasa la espina.

Eduarda

(Con cierto desencanto.)¡Ah! ¿Pero no fue un naufragio?

Cristina

No, señora; fue una raspa. Si ya se lo he dicho a usté, sino que usté se ha empeñao que me pasó en el océano, y fue en una fonda.

Eduarda

Confiesa que en el mar hubiese sido más romántico; pero, en fin, todo es ahogarse. Sigue, sigue.

Cristina

Pues como digo, fue en la fonda del balneario de la Robla, donde yo había ido acompañando a mi tía Constanza. Allí encontré a Alfredo.

Eduarda

¡Ay, Alfredo, hasta el nombre escalofría!

Cristina

Antes de aquello de la espina, había notao yo que aquel joven me miraba con interésy que me decía al pasar alguna palabra cariñosa; pero ya desde aquella tarde nos acompañó sin falta en todos nuestros paseos, y al cabo, una noche de luna muy clara, muy clara, después de cenar, fuimos a dar una vuelta por la carretera y se me declaró.

Eduarda

¡Oh!... Sigue.

Cristina

Se me declaró pintándome un amor... ¡ay, doña Eduarda!...

Eduarda

¿Rosáceo?

Cristina

No me acuerdo, porque yo no estaba para colores... Pero ¡qué frases me dijo tan discretas y tan amables!... Y claro, como una metida en estos poblachos no ha oído jamás a un joven educao tres palabras cariñosas y bien dichas, pues yo, a medida que me pintaba su cariño, iba sintiendo interiormente una alegría y un temblor que yo no sabía cómo disimularlo.

Eduarda

¿Y tú qué le dijiste, qué?...

Cristina

Pues le dije que aquello no podía ser formal, que era que quería burlarse de mí, que yo no podía gustarle... en fin, todas esas tonterías que dice una mujer cuando quiere decir que sí y no sabe cómo.

Eduarda

¡Oh, qué cándida ingenuidad!

Cristina

Él, entonces, me contó toda su vida. Y yo no sé, vamos, porque a los hombres no los puede una creer... pero qué sé yo, se me figuró que aquel me hablaba con un sentir honrao y verdadero. Me dijo que era pobre, muy pobre.

Eduarda

¡Pobre!... ¡Qué poemático!

Cristina

Que no tenía padres.

Eduarda

¡Huérfano!... ¡Qué elegíaco!

Cristina

Que vivía con un tío.

Eduarda

¡Vivir con un tío!... ¡Mi ideal!

Cristina

Y yo..., pues también le conté mi vida. Le dije que era huérfana como él, que vivía enterrada en esta tristeza de pueblo con un hermano de mi padre que me administraba la fortuna, y que se me figuraba que esto me tenía amarrada a mis tíos, que querían casarme a su gusto, pa que no pudiese escapar de su lao; y que yo tenía ansia de un cariño leal y verdadero que me sacara de esta esclavitud y de estos egoísmos. Él me escuchabaasí como emocionao, y luego, con voz temblorosa, me prometió quererme siempre, venir por mí, casarse conmigo, sacarme del pueblo... Yo, entonces, lloré al oírlo, nos cogimos las manos y... ¡me da un sofoco recordarlo!..

Eduarda

¡Dime, dime!...

Cristina

¡Y luego nos dimos un beso!

Eduarda

¡Oh, un beso!... ¡Ah, Cristina, qué recuerdos se despiertan en mí!

Cristina

¡Pues ya ve usté si es infamia, al día siguiente de aquella noche tan feliz, desapareció del balneario sin despedirse siquiera!

Eduarda

¡Qué perfidia! ¡Qué ingratitud!...

Cristina

Yo lloré sin consuelo. Aquello me pareció una burla. En el hotel se murmuraba que se había ido sin pagar. Yo no hice caso, pero luego caí en la cuenta...

Eduarda

El que se conoce que cayó en la cuenta fue él.

Cristina

Caí en la cuenta de que quizá arrepentido de haberme engañao, no quiso ni despedirse.

Eduarda

¡Pobrecilla!

Cristina

A los pocos días volvimos al pueblo, y aquí me paso estas horas largas llorando y pensando en él. ¿Volverá? ¿No volverá? ¡Las margaritas que yo he deshojado!...

Eduarda

¡Volverá, ten esperanza!

Cristina

¡No, no volverá, doña Eduarda! Aquello fue una broma con una pobre señorita de pueblo. Como una no sabe expresarse, ni tiene modales, ni elegancia, ni nada... Claro, ¡cuesta tan poco engañarnos!... Si viera usté, ¡tengo una rabia y un coraje! ¡Ser una señorita de pueblo!... ¡Me da una pena!...(Llora.)

Eduarda

Por Dios, Cristina, no llores, no llores, que me estás atormentando cruelmente,(Se levanta.)

Cristina

¿Yo?...

Eduarda

¡Sí, ea!... Quiero también hacerte mi confesión. Me estás atormentando porque, sábelo de una vez, tu aventura renueva en mi alma el dolor de un episodio parecido.

Cristina

¿Doña Eduarda, qué dice usted?

Eduarda

Lo que oyes. ¡Qué mujer no tiene su dardo en el corazón!... ¡Ah, esos amores fugitivos,esas poéticas aventuras de unos días, dejan en el alma una huella tan perdurable!... Yo también conocí otro como tu Alfredo. El mío se llamaba Rigoberto. Rigoberto Piñones de Vargas. Como guapo, el Apolo del Belvedere era un charlot a su lado. Pertenecía a una gran familia valladolisoletana. Tú ya habrás oído hablar de los piñones de Valladolid.

Cristina

Muchísimo, sí señora.

Eduarda

Era tierno, blanco, suave, apasionado, donjuanesco, arrogante... y para colmo, me dijo que era militar.

Cristina

¿Pero todo eso sería antes de casarse usted con el señor Blanco?

Eduarda

Ah, claro, hija, eso fue mucho antes de que yo pusiera los ojos en Blanco. ¡Tú no puedes imaginarte cómo idolatré a Rigoberto! ¡Aquello era la enajenación, el arrebato, el traumatismo! ¡Yo también tengo mi noche de luna, mis promesas ardientes murmuradas en un jardín solitario!... Yo también gusté la miel de un beso furtivo... ¡Ah, Cristina!

Cristina

¡También!

Eduarda

También. Me lo dio en la rotonda, en la rotonda de mi casa. ¡Mamá dormitaba, yo confieme, el incitome... y al fin, imprimiómelo! ¡Cuánto adorele! Pero, ¡oh funesta coincidencia! también el mío, como el tuyo, desapareció un día súbitamente.

Cristina

¿Es posible?

Eduarda

Lo que oyes. Y a poco averigüé, aterrada..., que no se llamaba Rigoberto, sino Exuperio, que lo de los Piñones era una superchería y que lo único que tenía de militar era la licencia absoluta y un gorro de cuartel.

Cristina

¡Qué horror!

Eduarda

¡Qué horror y qué sacrilegio!

Cristina

¿Sacrilegio?

Eduarda

Sacrilegio, sí; porque ¡hay más!... ¡pásmate, aquel hombre estudiaba para sacerdote!

Cristina

¡Jesús!

Eduarda

Era un ordenado de Epístola, es decir, era un desordenado, porque todo se lo gastaba en juergas. Tuvieron que echarlo del Seminario. No te digo más.

Cristina

¡Qué desengaños hay en la vida!

Eduarda

Pues ya lo ves; pasó el tiempo, me casé, soy fiel a mi esposo, y, sin embargo, recuerdo tanto a aquel hombre, que cuando mi marido dice por ahí que estamos a partir un piñón, me pongo como la grana...

Cristina

¡Lo creo!

Eduarda

Vamos, Cristinita, vamos hacia el jardín. Necesito aire... Tu relato y mi recuerdo, me retraen a rememoraciones que... ¡Ah!...

Cristina

(Cogiendo una margarita que lleva en el pecho.)¿Volverá? ¿No volverá?... Sí, no... sí, no...(La va deshojando. Hacen mutis por el jardín.)

CARLANCA y CAZORLA, segunda derecha, luego MORRONES, primera derecha.

Carlanca es un tipo de matón de pueblo, feo, peludo, cejijunto, de mirar atravesado. Cazorla, fino, redicho. Vestido con humildad, pero pulcramente. Vienen jadeantes, pálidos, consternados. Hablan con agitación, con ira.

Cazorla

¡Ay, párate, Carlanca, párate, que no puedo más!

Carlanca

Y yo vengo con la lengua fuera; pero déjalo, no le hace que reventemos. ¡Hay que ponerlos sobre aviso, tien que saber la gravedad de la cosa!

Cazorla

¿Quién habrá sido el ladrón?

Carlanca

¡No sé, pero el que haiga sido, míalas, si no me las paga con su sangre!... Llamemos.

Cazorla

¡Ay, qué disgusto más horrible! ¡Ay, en cuanto se entere don Acisclo!...

Carlanca

Cae con unaaploplejía. ¡Pero ni pa unto va a servir el que tenga la culpa! ¡Lo asesino!...(Llamando.)¡Ave María Purísima!...

Cazorla

¡Ay, Carlanca, no llames, que yo no tengo valor pa darles el trago!

Carlanca

No hay que perder tiempo. Sería peor. ¡Pero déjate, que al causante, mal rayo si no le clavo la faca en las entrañas!...(Volviendo a llamar.)¡Alabao sea Dios!

Morrones

(Saliendo primera derecha.)¿Quién?

Los dos

Morrones...(Le cogen cada uno de un brazo.)

Morrones

¡Señor Cazorla! ¡Carlanca!...

Cazorla

¿Y el señor Alcalde?

Morrones

Pero, ¿qué pasa que vienen ustedes más blancos que un papel?...

Cazorla

¡Pues pasa, que el mundo se nos viene encima!

Morrones

¡Mi madre!

Carlanca

Que ya pues ir escogiendo el presidio que te guste más.

Morrones

¿Recontra, pero va en serio?

Cazorla

El Evangelio es una chirigota comparao con lo que acabas de oír.

Morrones

Pero...

Carlanca

Arrea, avisa a don Acisclo y a la señá Cesaria que salgan a escape.

Morrones

(Inicia el mutis.)Voy, voy...

Carlanca

(Deteniéndole.)¡Ah, escucha!... para que no se asuste así, de pronto, dile que no es nada, pero que se traiga el revólver, por si acaso.

Cazorla

Eso. Y añádeles que la cosa no tiene importancia, pero que si no está el médico, que lo avisen.

Morrones

Bueno.(Va a marcharse.)

Cazorla

(Vuelve a detenerlo.)Oye... y manda como cosa tuya que hagan una meaja de tila.

Morrones

¿Pa cuántos?

Cazorla

Kilo y medio. Arrea.(Vase primera derecha.)

Carlanca

¡Pobre don Acisclo!

Cazorla

Bueno, y si al decírselo se nos muere, ¿qué hago?

Carlanca

Pues en cuanto le veas con síntomas así como pa entierro, te callas.

Cazorla

¡Pero, Dios mío! ¿quién habrá sío el delator?

Carlanca

Yo lo sabré y ¡ay de él! ¡Iremos a presidio, pero le rajo! ¡Por de contao!

Cazorla

Calla, que salen.


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