ESCENA VIII
DICHOS, SEÑÁ CESÁREA y DON ACISCLO. Primera derecha.
Cesárea
¿Qué pasa?
D. Acisclo
¿Qué ocurre, qué dice Morrones que dicen ustés?...
Cesárea
¡Madre, qué caras!
D. Acisclo
¿Se nos ha quemao la parva?
Cesárea
¿S’ha muerto ganao?
Carlanca
¡Peor!
Cesárea
¡Peor!
D. Acisclo
Hablen ustés, que m’ahogo de angustia. ¿Qué es lo que pasa?
Cazorla
¡Ay, don Acisclo, en diez años que llevo al frente de la secretaría de este Ayuntamiento, nunca le he dado a usted un mal disgusto!
D. Acisclo
Sí, bueno, ya lo sé, pero...
Cazorla
Cuando se le murió a usted su suegra, pa evitar que usté se afligiese, le dije que era la mía, así yo me hacía la ilusión y usté no se disgustaba.
Cesárea
(Impaciente.)Bueno, pero ahora, ahora... ¿qué es lo que pasa ahora?
Carlanca
Pues ahora pasa que les tenemos que dar a ustés el desgusto más grande de su vida.
D. Acisclo
¡Canastos! ¿Y si es un desgusto, por qué no se lo dan ustés a otro?
Cazorla
Es intransferible, don Acisclo, si no a estas horas ya se lo había yo dao al señor cura u a otro amigo de confianza.
D. Acisclo
¡Pues venga, venga, por Dios, lo que sea!
Cesárea
¿De qué se trata?
Cazorla
Pues verán ustedes. Estaba yo en el Ayuntamiento, con aquel expediente que me dijo usté que lo estudiase para ver cómo podíamos dejar de resolverlo, cuando en esto, llega una carta pa usté, y como usté me tiene autorizao para abrirlas, la abro, la leo y me caigo redondo.
D. Acisclo
¿De quién era?
Carlanca
De don Demetrio.
D. Acisclo
¿De nuestro antiguo diputao?
Cazorla
El mismo. Aquí está.
D. Acisclo
¿Y qué dice?
Cazorla
Óiganla ustedes, si tienen valor, y juzguen de mi espanto.
Los dos
A ver, a ver...
Cazorla
(Leyendo.)«Señor don Acisclo Arrambla Pael. Mi querido Acisclo: Si no tienes agua de azahar en casa, no empieces la lectura de esta carta.»
D. Acisclo
¿Tenemos?
Cesárea
Creo que sí. Sigue, Cazorla.
Cazorla
«Porque tu corazón municipal y patriota va a sufrir el más terrible de los golpes.»
D. Acisclo
¡Golpes a mi!...
Cazorla
«Cuando yo tenía vuestra representación enCortes, tu gestión al frente del Municipio estaba garantizada, pero desde que los otristas me arrebataron el acta, dándosela a ese imbécil de García Moyuelo, que una terrible amenaza se cernía sobre vosotros...»
Cesárea
¡Amenaza!...
D. Acisclo
¡Rediez!
Cazorla
«Y esta amenaza va a realizarse al fin.»
D. Acisclo
¡Pero qué es! ¿Qué amenaza es esa?
Carlanca
¡Tenga usted valor, don Acisclo!
Cazorla
(Leyendo.)«A petición de algunos elementos de ese pueblo, García Moyuelo ha solicitado del Presidente del Consejo de Ministros, enemigo acérrimo del caciquismo, que se os envíe un delegado con órdenes severísimas...»
D. Acisclo
¡¡Santo Dios!!
Cazorla
«Para que inspeccione tu gestión administrativa durante los diez y ocho años que llevas al frente de ese municipio.»
D. Acisclo
(En el colmo del furor.)¿Investigarme a mí?... ¿Pero quién manda eso?... ¿Pero qué ladrón se va a atrever a eso?...
Cesárea
Calma, Acisclo, calma, deja que siga. ¡Alante!...
Cazorla
(Lee.)«Aseguran que ese Ayuntamiento es una cueva de ladrones.»
D. Acisclo
¡Cómo ladrones!... ¿Pero dice ladrones?
Cazorla
Con todas sus letras. Mire usté.(Le muestra la carta.)
D. Acisclo
(Leyéndolo.)¡Ladrones nada más!... ¡Digo, nada menos!
Cazorla
(Lee.)«El delegado que os envían, hombre enérgico y resuelto, ha prometido al ministro que, o le rendís cuentas hasta el último céntimo, u os trae a Madrid atados codo con codo.»
Todos
¡Codo con codo!
Cazorla
«Uno de estos días enviarán al pueblo una sección de la Guardia Civil, para apoyar la gestión del delegado.»
Cesárea
¡Santo Dios!
Carlanca
¡La Guardia Civil!
D. Acisclo
¡Qué infamia!...(Con sonrisa sarcástica.)¡No dejarle venir solo!
Cazorla
«Yo, enterado de la cosa por una confidencia secreta, me he creído en el deber de avisarte para que os preparéis, y como yo séque tú llevas los libros de una forma especial, como persona que sabe muy bien lo que se lleva, te aconsejo un procedimiento expeditivo: quema los libros o quema el Ayuntamiento.»
D. Acisclo
¿Y si quemáramos las dos cosas?
Carlanca
¡Es una idea!
Cazorla
«Y por último, vigilad sin descanso. El delegado y su secretario llegarán a esa de incógnito. Quieren sorprenderos. Quizá estén ya entre vosotros.»
Morrones
¿Entre nosotros?...(Mira por todos los rincones.)
Cazorla
«Calma y astucia. ¡Maura, no!... Tuyo siempre, Demetrio Sánchez Cunero.»
D. Acisclo
(En el colmo de la ira.)¡Ay, Cesaria, que me ahogo, que me siento morir!
Cesárea
¡Ladrones, canallas, granujas!
D. Acisclo
¡Quieren mi perdición!... ¡Infames! ¡Asesinos! ¡Treinta y dos años haciendo en este pueblo lo que me ha dao la gana, y no tenerse en cuenta esta antigüedad! ¡Ay, darme agua!... ¡Me rechinan los dientes! ¡Me retuerzo de coraje!(Le dan convulsiones de ira.)
Cesárea
¡Por Dios, Acisclo, no te pongas de esa forma!
Carlanca
¡Por Dios, señor Alcalde! Calma. Fúmese usted un cigarro.(Se lo da.)
Cazorla
Desabrocharlo... hacerle aire.
D. Acisclo
¡Investigarme a mí!... ¿Yo codo con codo?... Antes asesino, machaco, trituro, incendio...
Cesárea
Sujetarlo, que voy a hacerle tila,(vase izquierda.)
DICHOS menos señá Cesárea.
Morrones
¡La Guardia Civil!
D. Acisclo
(Aterrado.)¿Dónde?
Morrones
Digo que la Guardia Civil es lo que más me ha ofendío a mí.
Carlanca
(Iracundo.)¡No asustes sin motivo, so animal!
D. Acisclo
¡Hay que quemar los libros!
Carlanca
Pero si los quemamos, es posible que vayamos a la cárcel.
Cazorla
¡Pero si no los quemamos, es seguro!
D. Acisclo
¡Sí... hay que incendiarlo, arrasarlo, quemarlo too!... Darme fuego... ¡Yo lo quemo too!... ¡Darme fuego!...
Morrones
¡No, por Dios!...
D. Acisclo
Darme fuego, hombre, que estoy muy nervioso y quiero fumar.
Cazorla
¡Ah, bueno!...(Le da una cerilla cada uno.)
D. Acisclo
¿Hacerme esto a mí?... Yo, que ha llegao una Nochebuena y capones al ministro, tortas al subsecretario, leña al director general...
Carlanca
¡Ya les daría yo capones, pero no de pluma!
Cazorla
Bien, dejemos fruslerías; no hay que perder tiempo. Vamos a pensar rápidamente lo que nos conviene hacer.
D. Acisclo
Bueno, total: ¿en qué renuncio puen cogernos?
Carlanca
En casi naa.
Cazorla
Lo más dudoso es lo de la cárcel. Ya sabe usté que había catorce presos con una consignación de dos pesetas, que en total eran veintiocho diarias. Un día los cogió usté a todos, los dejó en libertad...
D. Acisclo
Sí, y me se olvidó suprimir la consignación el primer año... y los demás años, pues pa que no creyesen que había sío de mala fe... lo fui cobrando y...
Carlanca
¡Una distración cualquiera la tiene, señor!
Cazorla
También es grave lo del Monte de las Jarillas, que es del procomún y usté pidió el aprovechamiento que era del pueblo pa fundar con el producto un asilo de ancianos... Y el aprovechamiento pues se ha aprovechao; ahora, que el asilo...
D. Acisclo
Sí, hombre, sí, que no pue estar uno en too y me distraje...
Carlanca
¡Ancianos, ancianos!... ¡Pa lo que van a vivir!...
Cazorla
Porque lo de que estén cerrás las escuelas hace ocho años, no creo yo que...
Carlanca
¡Eso qué le importa a nenguno!...
D. Acisclo
¡Pa qué quie nadie saber leer en este pueblo, si aquí lo único que hay que leer son los rótulos de las calles y cuatro u cinco números atrasados deLa Lidiaque tie el sacristán!...
Cazorla
Pues claro, porque yo creo que tengamos sin pagar al médico siete años y doce sin abonarnaa a la Diputación, y que los fondos pa enseñanza... y el aprovechamiento de riegos... y esas cuatro tonterías...
Carlanca
Too eso, naa... ¡Espuma de virutas, que dijo Maura!
Cazorla
¡Y que se vean toos los Ayuntamientos de España, a ver si están mejor!...
D. Acisclo
(Con resolución.)Bueno, de toos modos hay que prevenirse. Pa las ocasiones son los hombres. Verán ustés cómo lo arreglo yo too en dos voleos. ¡Morrones!
Morrones
Mande usté.
D. Acisclo
En ti confío.
Morrones
Un perro.
D. Acisclo
Márchate inmediatamente y búscame catorce hombres que quieran ir a la cárcel por tres pesetas diarias con oción a escoger los delitos que más les gusten. Cuasi toos con cara de creminales...
Morrones
Está bien.
D. Acisclo
En seguía me sacas de donde los haiga nueve ancianos. De ambos sexos los nueve. Y sobre la marcha, sea como sea, te haces con veinticuatro chicos, de los cuales doce u catorce sean chicas.
Morrones
Catorce presos, nueve ancianos, veinticuatro chicos, que varios sean chicas... Descuide usté. Dentro e media hora estoy aquí con too el ganao.(Vase segunda derecha.)
D. Acisclo
Hala... vuela...
Cazorla
Lo malo es que no tenemos ningún chico que sepa leer.
D. Acisclo
No importa.
Cazorla
¿Y si quieren examinarlos?
D. Acisclo
Pues se le dice a la señá Társila, la mujer del sacristán, que les enseñe a uno u dos cuatro torías de Historia, cuentas y pamplinas de esas; les pregunta usté que ande están las montañas de Navarra y muy brutos tien que ser pa no decirle a usté que en Aragón. Y despachaos.
Carlanca
¡Si se pudieran arreglar los libros tan fácilmente!...
D. Acisclo
Too se andará; deje usté descansar al macho.
DON ACISCLO, CARLANCA, CAZORLA y DON RÉGULO, segunda derecha.
D. Régulo
(Entrando.)Señor Alcalde... Señores...
D. Acisclo
¡Don Régulo!
D. Régulo
Vengo explosivo, la indignación me corroe, me crispa la ira...
D. Acisclo
¿Se ha enterao usté?
D. Régulo
De todo. Es una indignidad lo que ese Gobierno centralista y canallesco quiere cometer con nosotros.
Carlanca
¡Quieren investigarnos!
Cazorla
¡Ajustarnos las cuentas!
D. Régulo
¡Las cuentas!... ¡Jamás mientras yo viva en este pueblo! Un caballero español y cristiano no tolera semejante bochorno.
Cazorla
Muy bien.
D. Acisclo
Y luego, que aparte de lo de caballero y de lo de cristiano, si se enteran que cobra usté como matrona de consumos, era otro bochorno.
Carlanca
¡Desconfiar de nosotros!
D. Régulo
No debemos tolerarlo. Somos los nietos de los Comuneros y el que tiene en su escudo el león rampante de Castilla y seis rodelas en campo de azur, no se deja investigar.
D. Acisclo
¿Y que haríamos? ¿Usté qué opina?
D. Régulo
Déjenme ustedes a mi. Que venga ese delegado. Ya saben ustedes que yo le pego un tiro a una mosca a veinte metros. Viene, examina los libros y en cuanto haga una multiplicación que no nos convenga le mando los padrinos. Cuestión de honor.
Carlanca
¡Eso es ser un caballero!
D. Régulo
A un hidalgo español no hay quien le ajuste nada. Al menor recelo, a la más leve sospecha le cruzo la cara.
Cazorla
La verdad es que usté con la pistola en la mano...
D. Régulo
Acuérdense ustedes de mi duelo con Menéndez, el teniente de la Guardia Civil. Se permitió mirar malévolamente a mi Eduarda y le tuve cojo medio año de un balazo en el peroné.
D. Acisclo
Sí, vamos, pero por cosa de mujeres, no...
D. Régulo
(Saca una pistola.)¿Quieren ustedes que machaque aquella avispa que acaba de pararse en el marco del reloj?
Carlanca
No, hombre, por Dios; no hace falta.
D. Régulo
(Se guarda la pistola.)Está bien. Pues ya lo saben ustedes: no hay que intimidarse. Unámonos ante el enemigo común. Unámonos y seremos fuertes.La force premier que le droit.
Cazorla
Eso lo he leído yo en alguna parte.
D. Régulo
En los hongos. Unámonos y podremos hacer lo que nos dé la gana, que es para lo que se une todo el mundo. Aprendamos de las sencillas lecciones de las cosas más nimias. ¿Qué es un grano de arroz por sí solo?... nada; pero junta usté muchos granos, adiciona un pollo y... paella. Pues imitemos el ejemplo del arroz, y uniéndonos como sabrosos granos, no seremos pa ella, pero seremos pa nosotros. La uniónfait la force. De otro hongo.
Los tres
Muy bien.
D. Acisclo
Tiene usté razón.
D. Régulo
Y últimamente, para cuando se me acabe la razón, me queda la puntería. Yo soy un caballero, no una cocinera. ¡Yo no me dejo ajustar cuentas!
DICHOS, la SEÑÁ CESÁREA, izquierda.
Cesárea
¡Ya están ahí!... ¡Ya han venío, ya han venío!
D. Acisclo
¿Quién?
Cesárea
El delegao y su secretario.
D. Acisclo
¿Qué dices?
Cesárea
¡Lo que oyes!
D. Acisclo
¡Mi madre!
D. Régulo
¡Ánimo!
Cazorla
¡Lo ve usté!
Cesárea
Están en el Hotel Anastasia.
D. Acisclo
¿Cómo lo sabes?
Cesárea
Pues por la Jesusa, que mandela a la fonda ande tiene sirviendo a su sobrina pa que se enterara, y l’han dicho que acaban de llegardos forasteros. El uno mu bien vestío y más joven, y el otro ya entrao en años, pero elegante también.
D. Régulo
¡Ellos son!
Cesárea
A más: ha dao la concidencia que no haría una hora que estaban en el pueblo esos dos señores cuando han llegao ocho parejas de la Guardia Civil.
Carlanca
¡La Guardia Civil!
Cazorla
Pues ya no hay duda.
Cesárea
Y creo que el teniente ha ido en seguida a saludar a los dos forasteros.
Carlanca
No diga usté más. ¡Ellos son!... ¡Codo con codo!...
D. Acisclo
¿Y qué señas tienen?
Cesárea
Pues el delegao creo que es un señor muy delgao, y el que no es delegao también es delgao, pero no tanto. Parece que s’han me metío en el cuarto, y que tratan de esquivar que la gente los vea.
D. Acisclo
¡Ah, traicioneros!
Cazorla
¡Quieren cogernos desprevenidos!
Cesárea
Creo que de que han llegao, han pedío dos jarros de agua. Se supone que pa lavarse.
Carlanca
¡Qué raro, lavarse por la tarde!
Cesárea
La Jesusa ha avertío a la Anastasia, de mi parte, que les vigilen, y allí está de guardia.
D. Régulo
Bien hecho. Y yo, si a ustedes les parece, voy a organizar hábilmente el espionaje, y en cuanto sepa tanto así de interés, vengo a enterarles en un vuelo.
D. Acisclo
Bien pensao. Vaya usté a ver qué averigua.
D. Régulo
Hasta ahora.
Cesárea
Salga usté por la puerta del callejón.(Vanse los dos izquierda.)
DICHOS y MORRONES, segunda derecha.
Morrones
Señor alcalde...(Forman todos un grupo y discuten en voz baja. Don Acisclo se acerca a Morrones.)
D. Acisclo
¿Has hecho mi encargo?
Morrones
Sí, señor.
D. Acisclo
¿Traes presos, viejos y niños?
Morrones
Traigo una muestra de caa cosa.
D. Acisclo
¿Pues?
Morrones
Presos no encuentro. Ni por seis pesetas quie ir nadie a la cárcel.
D. Acisclo
¡Qué canallas!... ¡Con las veces que han estao de balde!
Morrones
Por fin, he convencío a dos, por nueve pesetas uno con otro, que no sé si servirán pa creminales...
D. Acisclo
¡A nueve pesetas la pareja! ¡Cómo se ha puesto todo!... ¡Abusones!
Morrones
De ancianos tampoco hay abundancia con esto de la gripe; pero verá usté luego lo mejor que he encontrado. Y los chicos me los está recogiendo mi mujer. Le he dicho que los pague a seis pesetas la media docena... Ya tenía nueve cuando me he venío; pero los nueve de ambos sexos, como usté quería.
D. Acisclo
Bueno, aguarda ahora, y vosotros venir pa acá.(Los lleva aparte.)Vosotros sois mis pies y mis manos. Tú eres la astucia, tú el valor. Ya estamos solos. Semos hombres. Hay que echar el corazón por la boca. Con esos delegaos hay que hacer algo... pero algoradical, ¿me expreso?
Carlanca
Tengo lo mío.
D. Acisclo
¿Qué?
Carlanca
Cojo la manta y el retaco, me aposto esta noche detrás de una esquina, y...(Acción de disparar.)
D. Acisclo
¡Chist! Esos procedimientos son mu antiguaos.
Carlanca
Mu antiguaos; pero derequiescat in pace.
D. Acisclo
Otra cosa, otra cosa más...(Pensando.)¡Más de ahora!
Carlanca
¿Y meterles un perro rabioso en el cuarto e la fonda?
D. Acisclo
Hombre, eso no me acaba a mí de disgustar; tie cierta novedá y no cae en el Código.
Cazorla
No cae, pero tropieza. Abandonemos lo delictivo, señor alcalde. ¡Yo, yo tengo el único procedimiento!
D. Acisclo
Venga.
Cazorla
No nos engañemos; si esos hombres investigan de veras, vamos a la cárcel. De forma que yo que usted, lo que hacía era sobornarlos. Esto es vulgar, pero seguro. Dinero... agasajos... obsequios... discursos... músicas, cohetes, comidas...
D. Acisclo
Ties razón... Es lo más prudente.
Cazorla
Que les convence el unto y se van... ¡vayan con Dios! A enemigo que huye... usted lo pase bien. ¡Que no se van... ahí de mi ingenio!
D. Acisclo
¿Qué piensas?
Cazorla
Es mi secreto. Pero si no se van, yo les juro a ustedes que buscaré quien les haga marcharse a uña de caballo, dejándose aquí el dinero que les haya usté dado, los obsequios y quizá la piel; y todo sin responsabilidad nuestra.
D. Acisclo
¿De veras?
Cazorla
¡Palabra! ¡Me juego la vida! ¡Por estas! ¡Ya lo tengo medio maquinao!
D. Acisclo
¡Eres mu grande, Cazorla! ¡Digno de mí!
Carlanca
¡Qué hombre! ¡Y no tener una mala condecoración!
D. Acisclo
Deja, que too se andará.
DICHOS, DON RÉGULO, segunda derecha.
D. Régulo
Señores... señores.
D. Acisclo
¿Qué pasa?
D. Régulo
¡El delegao que viene!
Los tres
¡Que viene!
D. Régulo
Que viene hacia aquí. Preguntó en la fonda las señas de usted y él y su secretario se dirigen a esta casa.
D. Acisclo
Pos hay que prepararse. Voy a arreglarme un poco.(Llamando.)Morrones.
Morrones
(Del huerto.)Mande usté.
D. Acisclo
Ahí tenemos a esos tíos... aguárdalos aquí y me pasas el recao...(Suena una campanilla.)
D. Régulo
Ya están ahí, ya están ahí.
D. Acisclo
Toos adentro. Que esperen.
Cazorla
Dinero, amabilidad, agasajos... ¡y luego!...(Gesto malicioso.)
D. Acisclo
Sé lo que hay que hacer, descuida... Adentro.(Vanse los cuatro, primera derecha.)
MORRONES, PEPE OJEDA, ALFREDO.
Pepe
(Asomando segunda derecha.)¿Da vuecencia su permiso?
Morrones
Pasen ustés alante.
Alfredo
Felices y municipales.
Pepe
¿Tengo el honor de estrechar la diestra(Le da la mano.)del señor alcalde de este excelentísimo?...
Morrones
No, señor; soy el alguacil, Ustaquio Morrones, pa servir a usté y la compaña...
Pepe
¡Hombre, Morrones!...
Morrones
Sí, señor.
Pepe
¡Ya decía yo que usted me parecía algo municipal! ¿En qué Ayuntamiento no hay morrones?
Morrones
(Muy sonriente.)Sí, señor, sí...
Pepe
Pues nosotros deseábamos entrevistarnos con el señor Alcalde de esta muy noble, muy invicta, muy leal y muy calurosa villa... ¡Porque cuidado que hace aquí calor, mi estimable y discreto alguacil!
Alfredo
¡Y cuánta mosca tienen ustedes, caramba!
Morrones
¿Usted ve que hay tantas?... ¡Pues cuasi toas son nacías en el pueblo!
Pepe
¡Claro, las forasteras no tienen sitio!
Morrones
Poco.
Pepe
Pues si usted nos hiciera el obsequio de avisar al señor Alcalde... y decirle que deseamos...
Morrones
Con muchismo gusto. Aguarden ustés unas miajas.(Vase primera derecha después de hacer una gran reverencia.)
PEPE OJEDA, ALFREDO.
Alfredo
¡Ay, tío! Estoy que no respiro.
Pepe
¡Por Dios, Alfredo, cálmate, que tienes una cara de asustado que va a comprometernos!
Alfredo
Es que si esto nos sale mal...
Pepe
¡Qué va a salirnos!
Alfredo
Estoy temblando.
Pepe
Confía en mí. Ya no es hora de retroceder. ¡Adelante!Audaces fortuna juvat.
Alfredo
Sí, pero ahora que me veo aquí, tengo un pánico...
Pepe
Además, ¿tú no me has asegurado que la chica te quiere?
Alfredo
Hombre, yo creo que sí...
Pepe
¿Entonces?...
Alfredo
Pero es que tengo entendido que ese don Acisclo es una mala bestia, y en cuanto averigüe que soy un pelafustán sin dos reales, que vengo con la pretensión de casarme con su sobrina, que es muy rica, según mis referencias... ¡Yo creo que nos mete en la cárcel!...
Pepe
¡En la cárcel!... ¡No cabemos!... Ya te he dicho que confíes en mí. Para algo te acompaño. Conque que la chica te quiera, que si ella te quiere, tuya ha de ser, haga el tío cuanto se le antoje.
Alfredo
Es que a mí, se lo juro a usted, me molesta sobre todas las cosas la idea de que nadie pudiera imaginar que es una codicia vergonzosa la que me impulsa a esta aventura. Yo quiero a esa muchacha porque es bonita, porque es sencilla, porque es buena. Su recuerdo es una alegría de mi corazón. Nada me importa lo que tenga ni para nada pensé en su dinero, hasta el punto que lo único que me aflige y me asusta ahora es que alguien —y aun quizá ella misma—, pudiera creer que soy un señorito tramposo que viene a explotar la candidez y el amor de una muchacha de pueblo, para salvarse con su fortuna. No, eso no, tío, ¡eso no lo quiero!
Pepe
¡Poco a poco, Alfredito!... Es que esa indignidad tampoco la apadrinaría yo. Tu limpio linaje no cede al mío en limpieza; que si la Cerda fue tu familia, la Cerda fue la mía. ¡Quieres nada más limpio! Ahora, que yo he venido aquí acompañándote, porque considero necesario subrayar tu romántico amor con una línea sutil de practicismo; porque yo entiendo que tú eres tan rico como la muchacha.
Alfredo
¿Yo?
Pepe
Sí, señor, tú. Porque en los tiempos que corremos todo hay que capitalizarlo. Y a la fortuna de la chica yo opongo la tuya no menos grande.
Alfredo
¿Pero qué está usted diciendo?
Pepe
Una realidad como un rascacielos; porque si don Acisclo administra a esa bella joven, fincas urbanas, predios rústicos y sumas en metálico, es decir una fortuna sustantiva, yo en cambio administro lo que pudiera llamarse tu fortuna estética, es decir, tu figura arrogante, tu belleza masculina...
Alfredo
¡Tío!
Pepe
Tu belleza masculina, que estamos solos; aunque esto te lo digo yo a ti en la plaza de toros, si se tercia. Tus atractivos personales, tu juventud, tu simpatía, tu elegancia.
Alfredo
¡Pero tío!...
Pepe
Elegancia. Porque no tiene nada que ver que no hayas pagado el traje. Y todas estas prendas que se manifiestan en ti, constituyendo un tesoro interno, externo y aun medio pensionista, ¿no son nada?
Alfredo
Por Dios, tío, ¡eso son fantasías!...
Pepe
¡Cómo fantasías! Tu fortuna es tan positiva como la de ella y más privilegiada. ¡La belleza es la gloria de los dioses! Veinticinco mil pesetas las tiene cualquiera. Una mirada dulce, horadante y revoloteadora, es privilegio de los elegidos... El bello Narciso, Paris, Ulises, tú, La Cierva, y dos o tres más... ¡De modo que estamos a ellas!
Alfredo
Bueno, pero si tú le dices al tío todo eso...
Pepe
¡Ah, no, eso no! No soy tan indiscreto. Al tío le diré lo que nos dijo Menéndez: Que venimos a adquirir una gran finca rústica, para la implantación de un enorme negocio de avicultura, ideado por mí, y que consiste en la cruza de loros con palomas mensajeras, con el fin de que estas puedan dar los recados de palabra.
Alfredo
Eso es.
Pepe
Y que queremos establecer aquí grandes criaderos lorocolombófilos. Mientras, tú te pones al habla con la chica... y veremos lo que se presenta.
Alfredo
Bueno, es que yo pienso que, como no tenemosun real, si no podemos pagar la fonda, pues dentro de dos días...
Pepe
Chist... no te importe. Todo se resolverá. El acaso no desatiende a los bien intencionados.
Alfredo
¿Y diga usted, tío, no hubiese sido mejor lo que yo me proponía? Haber solicitado una ocupación, tener trabajo y luego haber venido...
Pepe
¡Por Dios, Alfredo!... ¡Trabajar!... ¡No insistas, caramba! No me hables a mí de trabajo. Nada de propósitos antiprogresivos. Fíjate en las aspiraciones del proletariado universal. Ahí tienes lostrade unionsde Inglaterra, lossein feiner, losforein besteblat,L’internationely todas las grandes colectividades societarias, todas las grandes masas obreras uniéndose para no hacer nada o para hacer lo menos posible... ¿Y vamos ahora nosotros —hombres cultos— a volver la cara a las corrientes modernas?... ¡de ningún modo!... ¡Trabajo, no!
Alfredo
Sí, bueno, tío, pero es que si no trabajamos...
Pepe
Tú observa cómo a medida que la gente es más progresiva y más culta, ¡quiere trabajar menos y ganar más!... Pues bien, yo, absolutamente identificado con este noble propósito societario, pretendo ir de un salto a su absoluta consecución. Yo no trabajaré ni tanto así, hasta que se logre la triplicación de los sueldos y la supresión total del trabajo. Porque si te dan mucho dinero y no te dan tiempo para gastártelo, ¡qué haces! ¡Viene el desequilibrio anunciado por los marxianistas... y eso no! Yo no quiero la grave responsabilidad de volver la cara a los grandes ideales humanos. ¡Nada de trabajo!... De modo que...(Se escucha rumor de voces femeninas en el huerto.)
Alfredo
¡Calle usted, por Dios!
Pepe
¿Pues?...
Alfredo
¡Ella... parece su voz!...(Va a mirar.)¡Sí, es ella!... Viene, se acerca...
Cristina
(Dentro.)¡Por aquí, venga usted por aquí!...(Entra y queda muda de estupor al ver a Alfredo,)¡¡Ah!! ¡¡Alfredo!!
Alfredo
¡Cristina!(La abraza apasionadamente.)
Cristina
¡¡Tú!!
Alfredo
¡Chist!
Eduarda
(Entrando.)¿Pero con quién hablas?
Cristina
¡¡Él!!
Eduarda
¡¡Oh!!
Pepe
(A Eduarda.)¡Señora!...
Eduarda
(Mirándole con fijeza y estupor que se resuelve en una tremenda exclamación de sorpresa.)¡¡Ah!!... ¡¡Tú!!
Pepe
¡Eduarda!
Eduarda
¡¡El ordenado!!...(Quedan juntas. Ellos se separan.)
DICHOS, DON ACISCLO, SEÑÁ CESÁREA, DON RÉGULO, CAZORLA, CARLANCA y MORRONES, de la primera derecha.
D. Acisclo
(Con traje de fiesta. Muy grave.)Señores...
Pepe
Señor Alcalde... Perdone usted que respetuosamente me presente yo solo... José María de Ojeda...(Señalando a Alfredo.)Mi...
D. Acisclo
Mucho gusto, pero no hace falta. Sabemos quiénes son ustedes y a lo que vienen.
Pepe
(Con gran sorpresa.)¿A lo que venimos?
Alfredo
(Ídem.)¿Saben ustedes a lo que venimos?
D. Acisclo
Ce por be.
Pepe
¡¡Por be!! (¡Ay, Alfredo, que dice por be!)
Alfredo
(Nos meten en la cárcel.)
Pepe
(Y nos reciben en comisión.) Entonces, si nos permitiera usted explicarnos...
D. Acisclo
Ni una palabra. Sé cómo hay que tratar ciertas cosas y en esta casa no tendríamos libertad para expresarnos...
Pepe
Sin embargo, yo...
D. Acisclo
(Categórico.)De forma que ustedes se vuelven a la fonda, descansan y esperan mi vesita.
Pepe
Señor Alcalde, yo, a pesar de lo que usted ordena, quisiera merecer...
D. Acisclo
Morrones... acompáñalos a la fonda; que los pongan en el salón prencipal, el mobilario de lujo...
Alfredo
(¡Atiza!)
D. Acisclo
Un retrato del Rey.
Pepe
¡Hasta Su Majestad!... ¡Caramba, señor Alcalde, pero tanto honor!...
D. Acisclo
¡Café, puro y copa, después de las comidas!...
Pepe
¡Pero señor Alcalde... puro y copa!
D. Acisclo
¡Y mondadientes, pero sin estrenar!... Todo por mi cuenta.
Pepe
¡Por su cuenta!... ¿Has oído?, ¡¡por su cuenta!!
Alfredo
Bueno, pero todas esas distinciones...
D. Acisclo
Las que ustés se merecen. ¡Conque, a la fonda!
Alfredo
Pero...
D. Acisclo
¡A la fonda!
Pepe
En fin, déjalo. Él sabrá por qué lo hace... ¡A la fonda! ¡Respetuosos servidores!...(Saludando.)Señora, señores, señorita, señores...
Alfredo
(Ídem.)Señorita, señora, señores, señora...
Pepe
Alguacil...(Reverencias a todos.)
Morrones
No, yo voy con ustés...
Pepe
¡Ah, sí, es verdad!... ¡Mis más cordiales saludos a todos!...
D. Acisclo
(A Morrones.)¡Ah, y que les pongan plato de dulce jueves y domingos!...
Pepe
¡Por Dios, es demasiado!... Basta con los domingos.
D. Acisclo
¡Jueves y domingos!
Pepe
Nada, nada, ¡jueves y domingos! ¡Señor Alcalde, esa amable exageración repostera es que me diluye en gratitud!... ¡Mis más rendidas cortesías!... ¡Señora... señores... señorita... señora!...
Alfredo
(Aparte a Ojeda.)(¡Pero este tío!...)
Pepe
(Bueno, este Alcalde lo rifas a cinco duros la papeleta y te las quitan de las manos... ¡Esto es una joya municipal!) Señores...
Alfredo
Señoras...(Vanse.)
D. Acisclo
(A Cristina.)Cristina... ¡ven aquí!
Cristina
¡Tío!
D. Acisclo
(La coge de la mano.)¡Si quieres salvar a tu tío, si quieres salvar al pueblo que te ha visto nacer... enamora a ese joven!
Cristina
(En el colmo del estupor.)¡¡Tío!!...
D. Acisclo
¡Enamora a ese joven!(Telón.)
FIN DEL ACTO PRIMERO