ACTO SEGUNDO

Ilustración ornamentalACTO SEGUNDO

Ilustración ornamental

Sala en el «Hotel Anastasia». Puerta de entrada a la izquierda. Dos a la derecha. Al fondo dos balcones que dan a la calle, con puertas vidrieras. Por ellos se ven un balcón y una ventana de la casa de enfrente. El balcón tiene un letrero que dice: «Círculo de la Amistad». Es practicable, así como la ventana.

ANASTASIA, MELITONA, EUSTAQUIO y MORRONES.

Dirigidos por Anastasia, Melitona y Eustaquio cambian la sillería vieja de cretona, que adornaba la sala, por otra no menos antigua y deteriorada, pero de damasco o de algo semejante que suponga un mayor lujo; así como las cortinas que hay ante las puertas las sustituyen por otras más lujosas. Añaden, además, los muebles, adornos y utensilios que en el diálogo se indican. Al empezar el acto, Eustaquio está subido en una escalerilla acabando de colocar una cortina en sustitución de otra. Melitona pone unas sillas y quita otras. Anastasia pasa el plumero a unos cuadros que deben ser colocados.

Morrones

¿De moo y manera que s’ha enterao usté de too?

Anastasia

Que sí, hombre, que sí. Y le ices a don Acisclo que too s’hará y como lo que él tie mandao. Y que se tratará a esos señores mismamente como si fuan dos príncipes.

Morrones

Sí, señora, porque lo que él me tie dicho, fue que me dijo, dice: «Pos ándate corriendo y le dices a la señá Anastasia que a esos dos señores forasteros pues y que les pongaa su disposición la sala prencipal con toos los muebles de lujo.»

Anastasia

Pos ya lo estás viendo: el espejo dorao, la cómoda e mármol y la sillería buena, que no siendo al Obispo, no dejo sentar a naide.

Morrones

Y me añadió que les pusiese usté un retrato el Rey en la sala, la meceora menos derrengá, endredones, alfombra p’al suelo y escupidera.

Eustaquio

¡Atiza!

Morrones

Y dos toallas ca uno... ¡Cosa que no comprendo pa qué!

Melitona

Una pa ca mano será.

Anastasia

Pero oye tú, Morrones... ¿pero quién serán esos dos presonajes pa tanto ringorrango?

Morrones

¡Yo no lo sé, pero va usté a sabé quién serán!

Melitona

Tú lo sabes.

Morrones

Que no, palabra.

Anastasia

Y bien que lo sabes, sino que eres más secretero que un candao.

Morrones

Que no, señora, y que no lo sé, que si lo supiera lo icía.

Eustaquio

¿Ni te lo feguras?

Morrones

Ni por ensoñación.

Melitona

Pos tie que ser gente mu gorda, porque pa poneles escupiera, carcúlate...

Eustaquio

Como que aquí no se l’ha puesto a naidie no siendo a un deputao que vino, que le gustaba echar toas las colillas en el mesmo sitio. ¡Mia que es tontería!

Melitona

(Riendo.)¡Se ven unas cosas!...

Morrones

Yo lo único que pueo deciles a ustés, de ustés pa intrenós, es que pa mí esas presonas son dos presonas que pican muy alto, ¡pero muy alto!

Eustaquio

Pos si pican muy alto, yo les quitaba el retrato e Joselito.

Anastasia

Eso voy a hacer, porque toreros pa presonajes no me hace.

Melitona

Y digo yo, que este tendrá que serví a la mesa con el mokin y guantes.

Anastasia

Natural.

Eustaquio

Mokin tengo, es corto, pero es mokin. Ahora, que los guantes son de cuando hice el servicio, y a más de ser verdes, pues les faltan dos deos, que se los corté este invierno cuando tuve sabañones. De moo, que pa mí,que los guantes no están a la altura de esos señores.

Anastasia

Hombre, claro, si les faltan dos deos...

Morrones

¡Ah! Y una avertencia que me ha hecho el señó Alcalde pa ti, Melitona.

Melitona

¿Pa mí?

Morrones

Que si entras a servirles a esos señores pa cualisquier cosa que te llamen y te dieran un abrazo, pos que te aguantes.

Melitona

¿Y por qué me tengo que aguantar que me abracen?

Morrones

¡Pues porque es como un servicio del Estao!

Anastasia

Naturalmente; una cosa que te manda el monicipio, no vayas a hacer lo que haces con toos, que largas más guantás, que los primeros ocho días paece y que tien erisipela.

Melitona

Pos a ver si una se va a dejar que la abracen.

Morrones

Güeno, pero tú reflesiona que en esta ocasión te dejas dar un abrazo y es un mérito que haces p’al Ayuntamiento.

Anastasia

Hay cosas mu serias y esta no s’hace cargo. Cómo será de arisca, que ca vez que vienen señores formales, como jueces u canónigos, u cosa así, la tengo que bajar al entresuelo, porque, claro, en esas presonas cualisquier hinchazón es más notao.

Morrones

¡La juventú y que no mira na!... ¿De moo y manera que estamos entendíos?

Anastasia

Dile al señó Alcalde que s’hará too a su sastifación.

Morrones

Pos tanto gusto y d’aquí a otro ratejo.

Anastasia

Adiós, Morrones, y que te vaya bien.

Morrones

(A Melitona.)Y ya lo sabes, si t’hacen así...(La abraza.)u así...(La da un pechugón.)

Melitona

(Dándole una bofetada.)¿Que no haga así?

Morrones

(Tanteándose las muelas a ver si se le mueven.)Justo.

Melitona

Descuida.(Vase Morrones izquierda.)

ANASTASIA, MELITONA y EUSTAQUIO.

Eustaquio

(Extendiendo una alfombra.)¡Pero, madre mía!... ¿Quién serán esos dos presonajes?... ¡Yo estoy loco!...

Anastasia

¡Pa mandá el señó Alcalde lo que ha mandao, y por su cuenta, carcúlate! ¡Ahora que yo no me queo con las ganas de sabelo!

Melitona

Ni yo. Tenemos que hacer lo que haiga que hacer pa averigualo.

Eustaquio

Y malo será que entrambas...

Anastasia

A más que yo tengo un estinto que de que allega uno, a la media hora ya sé si es melitar u comisionista u empleao.

Melitona

¿Y en qué lo conoce usté?

Anastasia

Pos unas veces en que me lo icen ellos, y otras en que se lo pregunto yo.

Eustaquio

Perespicacias que hay.

Anastasia

Pero con estos m’ha fallao. Callarse, que me paece que ya los oigo.

Melitona

(Va a la puerta y mira.)Sí, ellos son.

Anastasia

Mucho cumplimiento, ¿eh?

DICHOS, PEPE OJEDA y ALFREDO, por izquierda.

Pepe y Alfredo

(Pequeño saludo.)¡Señora!

Anastasia

¡Excelentísimos señores!(Exagerada reverencia en la que le acompañan Eustaquio y Melitona.)

Pepe

Ya nos han dicho abajo que hemos sido trasladados de cuarto, ¿es cierto?

Anastasia

Por orden del señó Alcalde, sí, señor, excelentísimo señor.(Reverencia de los tres.)

Pepe

(Bueno, las reverencias son como para capitán general con mando en plaza.)

Alfredo

(Sigue mi perplejidad.)

Anastasia

El señó Ayuntamiento ha ordenao que se les pusiá a los excelentísimos señores en la sala prencipal, como corresponde al rango de presonas tan prencipales.(Reverencia de los tres.)

Eustaquio

¡Excelentísimos señores!

Pepe

(Por Eustaquio.)(Ese animal se va a dejar las narices en el suelo.)

Alfredo

¿De modo que podremos estar aquí los dos?

Anastasia

Sí, señor; aquí tenemos dos alcobas mu aparentes pa los señores.(Reverencia.)

Eustaquio

Una pa caa uno.(Reverencia.)

Pepe

Admirable.

Anastasia

Y la sala, como ven los excelentísimos señores,tiene dos balcones, que son esos... que dan a la calle, pa cuando se quian asomar.

Eustaquio

La calle está abajo.(Reverencia.)

Anastasia

Y enfrentito tien los señores el Casino.

Pepe

Verdaderamente panorámico.

Alfredo

«Círculo de la Amistad»... Muy bien.

Eustaquio

Sí, señor. Pero aquí en el pueblo le llamanLa escorpionera.

Pepe

De un delicado humorismo.

Alfredo

¿Y nuestro equipaje?

Melitona

Ya lo tiene el excelentísimo señorito en su cuarto.(Se lo indica.)

Alfredo

¡Ah, pues con permiso!...(Entra en el primero.)

Eustaquio

Y vosotros ya sus podéis retirar si no sus manda naa el excelentísimo señor.

Pepe

Nada, nada... muchas gracias.

Eustaquio

Servidor.(Reverencia.)

Melitona

Servidora,(Otra reverencia.)

Pepe

Por Dios, criatura, que te vas a caer.

Melitona

No le hace.

Pepe

(¡Vaya una postal! ¡Qué colores!) Eres una tricomía.

Melitona

¿Qué dice el señor?

Pepe

¡Qué tricomía!

Melitona

¡Ay, qué señor, que micomía!(Vase izquierda.)

ANASTASIA y PEPE OJEDA.

Anastasia

(Que queda recogiendo plumeros y paños de limpieza.)¿Y qué, le gusta al excelentísimo señor cómo ha quedao la sala?

Pepe

Señora, el salón de Gasparini es la garita de un centinela comparado con esto. ¡Verdaderamente suntuoso!(Aparte.)Si yo pudiera sacarle a esta señora por qué nos agasajan de esta forma.

Anastasia

(¡Cómo le sacaría yo quién es!)

Pepe

Ahora, que lo que yo deploro vivísimamente es haber venido a producir a ustedes esta molestia suntuaria, este trasiego ornamental...

Anastasia

No, señor; no faltaría otra cosa. Muchísimo gusto. Lo que ustés se merecen y naa más.

Pepe

¡Oh! No diga usté eso; tanto agasajo nosotros, dos personas tan...

Anastasia

Y una lo que siente es no haber sabío antes lo que eran ustés.

Pepe

¡Oh, eso, no; por Dios! ¿Pero qué es lo que somos nosotros, diga usté?... ¡Haga usté el favor de decírmelo! ¿Qué somos nosotros?...

Anastasia

¡Toma, pues menúo!... digo... ¡¡nada!! ¡Una friolera!... ¿Y por qué no han querío ustés decirlo al llegar?

Pepe

Pues no lo hemos querido decir porque... francamente... porque no lo sabíamos que aquí se nos estimase de manera tan halagüeña.

Anastasia

Aquí crea el señor que aunque esto es un humilde pueblo, se sabe tratar a las presonas de categoría, como son los excelentísimos señores. (Voy a ver si son melitares.) ¿Y ustés de qué son?

Pepe

(Palpándose con asombro.)¿Cómo que de qué somos?... (¿Nos habrán tomado por dos Sajonias?)

Anastasia

Sí; ¿que de qué son?

Pepe

Pues somos de arcilla mortal y perecedera, señora.

Anastasia

¡Sí, sí, arcilla!... ¡Que me lo va usté a hacer de creer! ¡Usté es una presona mu gorda!

Pepe

¿Yo?

Anastasia

¡Pero mu gorda!

Pepe

Cincuenta y ocho kilos cuatrocientos gramos, señora. Ya ve usted que la cosa no...

Anastasia

Sí, sí; ya, ya... (No se lo saco, es muy ladino.) Pos naa, cualisquier cosa que les ocurra a los señores no tie el señor más que poner el deo ahí(Indicando el botón de un timbre.)y apretar pa dentro y aluego dar dos palmás por si no suena, que casi nunca suena, y en seguía venimos, cuando lo oímos.

Pepe

Sí, señora; muchas gracias.

Anastasia

Y del reló tampoco hagan caso los señores; y de que sienta el señor que dan las once me lo viene usté a icir, que yo le diré la hora que es. Que este reló no lo entiende más que una servidora.

Pepe

Descuide usted, que por nosotros puede apuntar lo que quiera.

Anastasia

Ah, y en la meceora siéntese usté con cuidao, que renguea del lao derecho; que vino un ministro una vez y esos ministros se columpiande una forma que too lo esgualdramillan.

Pepe

Sí, señora; que se dan mucho aire.

Anastasia

Conque a la excelentísima disposición de usté, y ustés desimulen, porque si sé yo lo que son ustés, a cualisquier hora les pongo esta mañana como les he puesto en el almuerzo atún en escabeche; ¡m’ha dao una rabia!...(Vase izquierda haciendo reverencias.)

Pepe

Bueno, yo confieso que desde que he llegado a casa del Alcalde, la perplejidad está a punto de sumirme en la idiotez. Yo no me explico lo que nos sucede. Yo no entiendo por quién nos toman o con quién nos confunden... porque yo tengo cierto parecido con Lloyd George, pero caramba, a la legua se conoce que no hablo en inglés.

PEPE OJEDA y ALFREDO, primera derecha.

Alfredo

¡Bueno, tío, tenemos unas alcobas que estupefaccionan!... ¡Qué camas!... ¡Cinco mantas en cada una!

Pepe

¡Caracoles!... ¡Cinco mantas!... Oye, ¿no será una ironía alusiva a la frescura de que nos consideran poseídos?

Alfredo

Hombre, no lo creo. ¿Y usted ha sacado algo en limpio de esa señora...?

Pepe

Absolutamente nada. Sigo agitándome en el caos, Alfredo. He tratado de sonsacarla con cierta habilidad y lo único que me ha dicho de un modo concreto es que si ella sabe quiénes somos, esta mañana no nos da escabeche. De lo que he deducido que nos suponen dos personas a las que no se las puede escabechar, y esto ya es un buen síntoma.

Alfredo

Pues yo le declaro a usted, tío, que me encuentro sumido en la confusión más absoluta. Cada hora que pasa es mayor mi sorpresa. Cuando creíamos que nos iban a recibir de un modo hostil y agresivo, nos colman de atenciones, nos anegan en lujo.

Pepe

Nos recomiendan para una mesa luculesca y nos lo sufragan todo, que es lo verdaderamente inaudito.

Pepe

Pues yo atribuyo esto a dos cosas: o a enajenación mental complicada con delirio despilfarrante por parte de don Acisclo, o a que ese tío se ha enterado de tus pretensiones y se trae la táctica de colmarnos de agasajos e ir de obsequio en obsequio hasta favorecernos con dos billetes de vuelta para la Corte con el fin de que nos restituyamos con una celeridad cicloniana a la calle de Argumosa, 45, abandonando tus pretensiones a la mano de su opulenta sobrina.

Alfredo

Tiene usted razón, es muy posible que sea eso.

Pepe

Es casi seguro. ¡Como esta gente es tan pérfida!...

Alfredo

¡Ah, pues sería vano su propósito!... ¡Renunciar yo a Cristina!... ¡Jamás! ¿Ha visto usted qué encanto de criatura, tío?

Pepe

Eso no es criatura; eso es meter la mano en el saco de una tómbola y que te toque la Venus de Milo. ¡Qué suerte tienes!

Alfredo

Bueno, y esa señora que estaba con ella y que ha dado un grito gutural al verle a usted... ¿Quién es?... Porque también eso me ha sorprendido.

Pepe

¿Que quién es?... ¡Calla, hombre, que no he caído al suelo al verla porque no había alfombra, que si no pierdo el conocimiento!

Alfredo

¿Pero la conoce usted?

Pepe

¡Una ex-víctima! De esto hará ya cinco lustros... Yo habitaba en la calle de los Tres Peces; ella era mi vecina. Un día se asomó a la ventana, hice así,(Un revuelo de ojos.)la incendié y aún le queda rescoldo, estoy seguro.

Alfredo

¿Y esa señora es casada?

Pepe

Lo ignoro, pero de todas formas puede sernos de gran utilidad en el desenvolvimiento de los sucesos que nos aguardan.

Alfredo

Sobre todo por ser amiga de Cristina.

Pepe

En fin, pronto saldremos de dudas. El alcalde nos ha anunciado su inmediata visita. Esperemos.

Alfredo

Sí, esperemos.(Pasea. Dan las tres en el reloj.)Las tres.

Pepe

No... no hagas caso del reloj hasta que se lo consultemos a la dueña del hotel,(Deteniéndole.)ni te sientes en la mecedora hasta que ella te diga cómo tienes que columpiarte.

Alfredo

¡Es curioso!

Pepe

Ya me ha dicho que me dará un cuaderno con instrucciones para usar el mobiliario sin peligro.

Alfredo

Verdaderamente en estos tristes pueblos españoles todo es extraño, temeroso, desconcertante...

Pepe

Porque todo es viejo, solapado, sin sentido renovador... Muebles y personas... ¡Todo tiene un misterio, un secreto, una mácula!...

Alfredo

Cierto; sí, señor; ciertísimo; tan cierto, que yo que deseo ardientemente la visita de don Acisclo, al mismo tiempo temo, no sé por qué, que el enigma se aclare.(Dan golpes como llamando en la puerta izquierda.)

Pepe

Calla.(Alto.)¿Quién?

DICHOS, EUSTAQUIO y MELITONA.

Eustaquio

¿Dan los excelentísimos señores su premiso?

Pepe

Adelante quien sea.(Entran Eustaquio con cuatro pollos, unas largas ristras de chorizos y dos jamones, y Melitona con otros dos jamones, dos barriles de aceitunas, una orza de arrope y tres o cuatro quesos.)

Eustaquio

Pasa, Melitona.(Entran los dos.)Pos los señores dirán aónde y cómo quieren que dejemos too esto.

Alfredo

¿Cómo todo eso?

Pepe

¿Pero qué es eso?

Eustaquio

Pos cuatro pollos, seis ristras de unas longanizas que aquí las llamamos fritangueras, cuatro jamones, aceitunas, arrope y además...

Alfredo

Bueno, ¿pero todo eso?...

Melitona

Too esto es un regalo pa los excelentísimos señores.

Pepe

¿Un regalo para nosotros?...

Eustaquio

Sí, señor; too esto lo han traído el tío Mangola y el señó Aniceto con una carta, aquí presente...(La saca de la faja y se la da.)

Pepe

¡Qué raro!... Veamos...(Lee.)«Excelentísimo señor don José María de Ojeda. Al saber por Nemesio Ullares, alias Carlanca, la llegadade vuecencia, dos humildes y fieles servidores le quien sinificar con este pobre obsequio, su gran respeto y simpatía. Semos contratistas del mercao. Servidores de usté pa too lo que sea menester en cuerpo y alma. Que se lo coman con salú y a mandar a estos sus humildes servidores, Calisto Mangola, Aniceto Barranco. Las longanizas son de confianza.» Bueno, pero este señor Mangola...

Alfredo

¿Pero este Mangola, por qué se ha molestado?

Melitona

No podemos decirle al excelentísimo señorito.

Eustaquio

¿Lo dejamos aquí?

Pepe

No, la volatería dejarla en el corral, que ya dispondremos. Lo demás amontonarlo en esta mesa.

Eustaquio

(Enseñándole los pollos.)¡Son mu majos!

Pepe

Sí, son unos pollos que harían buen papel hasta en el Ritz; regordetes y tomateros.(Lo deja todo amontonado y se llevan los pollos.)

Melitona

Con premiso.(Se van izquierda.)

ALFREDO y PEPE OJEDA, luego ANASTASIA.

Alfredo

(En el colmo de la estupefacción.)Bueno, tío; pero ¿qué es esto?

Pepe

¡Pues esto es Mangola, ya lo yes!

Alfredo

¡Yo estoy atónito, absorto!... ¿Pero usted comprende?...

Pepe

¡Yo que voy a comprender, hombre!... ¡Este kilómetro de longaniza acaba de enrarecer las tinieblas de mi espíritu! Porque yo, últimamente, me explico lo de instalarnos con comodidad, me explico el tratamiento, el postre de cocina; pero que venga Mangola y nos ponga una tienda de ultramarinos, eso no me lo explico yo... ¡Ni se lo explica Aristóteles!

Alfredo

¡Porque, vamos, aquí en este pueblo, es que cree usted que le van a pegar un tiro y le ponen un estanco!

Pepe

¡Ni más ni menos!... Y que no cabe duda que esto no es confusión, aquí lo tienes bienclaro.(Lee el sobre de la carta.)«Señor don José María de Ojeda». ¡Esto es un cuento de hadas!

Alfredo

Esto es una paliza que nos esnucan en cuanto caigan de su burro.

Pepe

De sus burros. Si te refieres a nosotros no singularices, que no me gusta quedarme solo.

Anastasia

(Izquierda.)¿Dan ustés su premiso?

Pepe

Adelante, señora Anastasia.

Anastasia

Acaba de llegá el señor secretario que viene a hacerles a ustés una vesita; que si le puen ustés recebir... Aquí m’ha dao la trajeta.

Pepe

(La coge y lee.)«Justino Cazorla, Secretario del Ayuntamiento. Ánimas benditas, 18, bajo.»

Alfredo

¿Pero viene solo?

Anastasia

Sí, señor, solo.

Pepe

¿No viene el señor alcalde?

Anastasia

No, señor; viene don Justino naa más. Eso sí, de too lujo. Ya verán ustés elegancia.

Pepe

Pues que pase.(Vase Anastasia.)

Alfredo

¿Lo ve usted, tío?... Lo que sospechábamos. El alcalde no se atreve a afrontar cara a cara la cuestión, y nos envía a este para que nos eche.

Pepe

Es muy posible. Estemos sobre aviso. Prudencia y precaución. Llévate las longanizas. Me hace poco serio.

Alfredo

Las meteré aquí.(Entra primera derecha.)

PEPE OJEDA, CAZORLA. Luego ALFREDO.

Cazorla

(Desde la puerta.)Felices y augurales. ¿Da usted su aquiescencia penetrativa?

Pepe

(¡Caray, qué léxico!)(Alto.)Sí, señor, pase usted, adelante.

Cazorla

Discúlpeme, señor mío, si en una forma poco rectilínea y cediendo a presiones jerárquicas, me permito intercalar en sus familiares sosiegos la inoportunidad de una intromisión esporádica.

Pepe

(Alto.)Alfredo, sal, que ha venido un pariente de Sánchez de Toca.(Alfredo sale y le hace una reverencia.)

Cazorla

No, perdone usted, señor Ojeda, no me une ningún lazo consanguíneo con el susodicho primate, aunque por honra preclara yo tendríalo.

Pepe

No, yo lo decía porque verdaderamente, señor Cazorla, se expresa usted con una corrección tan académica como desusada en estos pequeños pueblos donde precisa un lenguaje vulgar para la recíproca comprensión.

Cazorla

Exacto de toda evidencia; pero es que servidor dispone en su riqueza idiomática, de lo que pudiéramos llamar dos léxicos o lenguajes. Lengua de diario o trapillo para conversar con el elemento trashumante y analfabeto de la localidad, y lenguaje de lujo para ocasiones como la presente en que he de dirigir mi verbo sonoro y preciosista a personalidades relevantes que pueden gustar las exquisiteces filológicas de las más selectas locuciones.

Pepe

Vamos, un lenguaje de blusa y otro de chaquet, digámoslo así.

Cazorla

Exacto.

Alfredo

Es originalísimo.

Cazorla

En el primero uso las frases más corrientes, como mecachis, caramba, ¡un cuerno! ¡Que te crees tú eso!... y similares; y en el segundo intercalo los bonitos vocablos, estulticia, exégesis, arcaico, cariátide y miasmas, jugándolo todo ello con un sentido de agilidad y aristocratismo que me envidia acerbamente el señor Azorín.

Alfredo

Muy bien. Bueno, pero a nosotros háblenos usted con toda sencillez, Cazorla.

Pepe

A nosotros nos habla usted en mangas de camisa...

Cazorla

¡Señor!...

Pepe

Literariamente, claro está.

Alfredo

(Ofreciéndole un cigarro.)¿Usted fuma?

Cazorla

Estoy incurso en el consuntivo y depauperante vicio, sí señor.(Toma el cigarro.)

Pepe

Pues avance sin temor y obligérese romboideamente en ese adminículo arrellanatorio.(Señalándole una silla.)(A mí no me achicas tú.)

Alfredo

(Quitándole el sombrero, al ver que se hace un lío entre los guantes, el sombrero, el bastón y el cigarro.)Y si no se opone dejaremos aquí su exornación craneana y borsalinesca.(Lo deja en una silla.)

Cazorla

Gratitudes mil.(Se sientan.)

Pepe

(Al ver que Cazorla trata en vano de encender un encendedor.)Parece que la torcida está infulminable.

Cazorla

(Algo contrariado.)No, sabe usted, que en casa, cuando se acaba la bencina le echan Anís del Mono y casi nunca prende. Pero con paciencia...(Sigue disparando.)

Pepe

Bueno, ¿y qué trae el señor Cazorla por este su cuarto hotelero?

Cazorla

Pues servidor, viene, ante todo, en nombre del Consistorio que indignamente secretarieo a ofrendarles los más férvidos testimonios admirativos y las más respetuosas sumisiones.(Sigue disparando.)

Pepe

Pues trasfusióneles usted nuestros más rendidos, ¡qué digo rendidos!... nuestros más derrengados testimonios de inenarrable gratitud, aunque no nos expliquemos la cortesía concejalesca.

Alfredo

Tome una cerilla.(Se la ofrece.)

Cazorla

No, si es cuestión de amor propio. En cuanto vienen personas de Madrid me pone en ridículo; pero a mí delante de forasteros, no...(Sigue disparando.)

Pepe

Pero no se moleste, si con una cerilla...

Cazorla

No es molestia, es perseverancia. Ítem más, vengo también a adquirirde visula seguridad de que su aposentamiento corresponde a cuanto se debe a su jerarquía, y el Municipio tiene decretado.

Alfredo

Ah, en eso esté usted absolutamente tranquilíneo.

Pepe

Las satisfacciones hospederiles y los aditamentos alimenticios sobrepasan a lo que pudo fantasear nuestra más exaltada apetencia.

Cazorla

(Que sigue disparando.)Celébrolo, eipso facto...

Alfredo

¿Pero por qué no quiere usted aceptar?(Ofreciéndole su cigarro para que encienda.)

Cazorla

No, perdone usted, es cuestión personal. Veremos quién puede más.(Sigue disparando.)

Pepe

Convénzase usted que lo de hoy es mono.

Cazorla

¡Qué sé yo!... Pues como les iba diciendo, satisfechas mis dos encomendadas averiguaciones,deseo... y voy con esto a internarme en un campo absolutamente confidencial...(Acercan los tres las sillas sin levantarse para estar más juntos.)deseo decirles en nombre del señor Alcalde, que le disculpen esta primera visita que me encomienda a mí, compenetrado de la dificultad de los primerospour parlers, dada la enojosa cuestión que les trae a esta villa.

Alfredo

¡Hombre, eso de enojosa!...(Todos otro avance con las sillas.)

Pepe

Bueno, pero dígame usted, señor Cazorla, vamos a ver. ¿Ustedes saben a lo que venimos nosotros aquí?...

Cazorla

(Mira a todos lados. Otro avance con las sillas.)Lo sabemos exactamente, sí señor... lo sabemos todo, pero todo.

Alfredo

Entonces, ¿el señor Alcalde?...

Cazorla

Pues el señor Alcalde, encantado de su presencia en el pueblo vendrá dentro de breves instantes al frente de una comisión del Casino, que está organizando el homenaje con que pretendemos festejar a ustedes.

Pepe

¿Festejarnos a nosotros?... Pero...

Cazorla

(Otro avance.)Pero antes, señor Ojeda, me ha encomendado don Acisclo, una delicada misión.

Alfredo

¿Delicada?... ¿A ver si ahora?...

Cazorla

(Un poco azorado.)Facilítenmela ustedes, ahorrándome para cumplirla, sutiles disculpas, y enojosos alegatos.(Se levanta y saca un sobre del bolsillo del pecho.)Internado en este envelope encontrarán algo que es súplica y ofrenda. Cuando yo me ausente rasguen, extraigan y mediten.(Se lo da.)Nada más.

Pepe

¿Pero de qué se trata?

Alfredo

¿Qué es?

Cazorla

Me reitero en cordial servidumbre.(Coge todos sus chismes apresuradamente e indica el mutis.)

Pepe

Pero...

Cazorla

Suyísimo.(Vase izquierda.)

Pepe

¡Pero esta carta!...

Alfredo

¡Qué hombre más estrafalario!

Cazorla

(Entra de nuevo radiante de satisfacción con el encendedor encendido.)¡¡¡Por fin!!!

Los dos

¡Enhorabuena!

Cazorla

¡No era mono!...(Vase.)

Alfredo

Bueno; ¿y qué contendrá este sobre?

Pepe

Esto es una carta diciendo que nos larguemos.

Alfredo

Abra usted a ver.

Pepe

(Rasga el sobre y mira.)¡Alfredo!

Alfredo

¡¡Tío!!

Pepe

¡Cógeme, que me derrumbo!

Alfredo

¿Pero qué es?

Pepe

(Sacando dos billetes.)¡¡Dos mil pesetas!!

Alfredo

¡¡Dos mil pesetas!!

Pepe

Bueno; la vorágine espantosa de la duda acaba de sorberme.

Alfredo

¡Yo ya no sé qué es esto!

Pepe

Pues dos mil pesetas, ¿no te lo digo?

Alfredo

¿Pero a qué vienen esas dos mil pesetas?

Pepe

Hombre, dos mil pesetas vienen siempre a una cosa agradabilísima.

Alfredo

Supongo que no tendrá usted la pretensión de quedarse con ellas.

Pepe

Te diré...

Alfredo

¿Cómo te diré?... hay que arrojárselas a la cara inmediatamente.

Pepe

No; groserías, no.

Alfredo

¿Por qué, por qué nos las dan?

Pepe

Hombre, yo lo ignoro, pero recuerdo lo que decía Tales de Mileto: «Si te piden una peseta, pregunta por qué te la piden. Si te la dan, no preguntes por qué.» El que te la da, es el encargado de saberlo.

Alfredo

Argucias.

Pepe

Filosofías. A mí me puedes quitar la razón; a Tales de Mileto, no.(Se las guarda.)

Alfredo

Pero no comprende usted...

Pepe

(Sorprendido)Calla, que todavía hay algo dentro del sobre...(Rebusca.)Sí, una tarjeta.(La lee.)«Desistan de lo que les trae y no serán las últimas. Acisclo Arrambla Pael.»

Alfredo

¿Lo ve usted?... ¿Lo está usted viendo?... Desistan de lo que les trae. Es decir, que ese inmundo sujeto nos adula, nos agasaja, nos colma de honores y nos da ¡hasta dinero!... ¡para que yo, cobardemente, me vaya del pueblo renunciando a su sobrina! ¡Cree, sin duda, ese miserable, que es un repugnante egoísmo lo que nos trae aquí!... ¡Pues no, no me voy; no me iré ni con dádivas, ni con halagos, ni con millones!... ¡No, no y no!

Pepe

¡Hombre, Alfredito, no te exaltes!

Alfredo

En cambio, estoy seguro que Cristina, la pobre Cristina, está a estas horas encerrada en su habitación como en una mazmorra, para que yo no la hable, para que yo no la vea. Para que yo...


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