ESCENA IX

ESCENA IX

DICHOS, CRISTINA y EDUARDA, izquierda.

Cristina

(Asomándose puerta izquierda.)¡Alfredo!

Alfredo

¡¡Cristina!!... ¡¡Tú!!

Cristina

(Corriendo a él.)¡Por fin a tu lado! ¡Me parecía imposible!

Alfredo

¡Pero tú!... ¡Tú aquí, Cristina mía!(Se cogen las manos efusivamente y hablan aparte con apasionada vehemencia.)

Eduarda

(Aparece en la puerta con digna severidad y saluda a Ojeda con una inclinación ceremoniosa.)Caballero...

Pepe

(Yendo a ella con impulso cordial.)¡Eduarda!...

Eduarda

(Deteniéndole con un gesto altivo.)Yo le llamo a usted caballero porque no sé cómo llamarle.

Pepe

(Resignado ante la ironía.)Eduarda...

Eduarda

Todavía ignoro su verdadero patronímico... Exuperio... Rigoberto...

Pepe

José María.

Eduarda

(Dudando.)¡Bah!

Pepe

¡José María, por estas!(Jurando.)Eduarda, no me guarde usted rencor. Han pasado cinco lustros. El tiempo todo lo purifica. Yo comprendo que para usted fui un calavera.

Eduarda

¿Cómo un calavera? ¡Un osario!

Alfredo

(Trayendo de la mano a Cristina.)Pero, a todo esto, ven que te presente. Mi tío.

Pepe

¡Señorita, encantadísimo de usted!(Presentando Alfredo a Eduarda.)Mi sobrino.

Eduarda

(Le da las puntas de los dedos.)¡Amable joven!

Cristina

¿De modo que viniste solo por mí?

Alfredo

A cumplirte mi palabra, ¿no es verdad, tío?

Pepe

Exactamente; y garantiza la seriedad de semejante propósito el que nuestro primer paso en este pueblo, ha sido ir a visitar a su pariente y tutor.

Alfredo

Y de ti estábamos hablando precisamentecuando llegasteis, y con cierta inquietud, te lo aseguro.

Cristina

Con inquietud, ¿por qué?

Alfredo

Pues porque, francamente, tu tío nos ha recibido con tan exagerada amabilidad y con tales muestras de esplendidez... que sospechamos, no sin cierto fundamento, que lo que pretende es que yo desista, por las buenas, de tu cariño y me vaya de aquí.

Cristina

¿Pero qué estás diciendo? ¡Todo lo contrario!

Alfredo

¡Cómo todo lo contrario!

Cristina

¡Que mi tío está encantadísimo con que nos queramos!

Pepe

¡Pero es posible!

Eduarda

Como que vinimos aquí porque él nos mandó, con la excusa de que vigiláramos los detalles del alojamiento.

Alfredo

(Asombrado a Ojeda.)¿Pero es posible?... ¿Pero ha oído usted cosa igual?

Cristina

Verás. Cuando llegasteis a casa, nosotras oíamos absortas los encargos que hacía a Morrones para que fueseis espléndidamente tratados. Os despidió sin escucharos siquiera, y de pronto, cuando os alejabais, me coge de la mano, me atrae hacia sí, y señalándote me dice conmovido: ¡Cristina, si me quieres, enamora a ese joven!

Alfredo

¡Canastos!

Pepe

¡Señorita!

Alfredo

¿Pero dijo eso?

Eduarda

Como si lo hubieran ustedes oído. La suplicó que le amase a usted; yo fuitestiga.

Alfredo

¡Ay, tío, pero suplicarle él mismo que!...

Pepe

Bueno, el cuentecito ese de Pinocho en el Japón es un precepto evangélico comparado con lo que nos está pasando en esta localidad. Honores, dádivas, regalos en especie, donativos en metálico, y encima ¡mandarle a uno la novia!... Bueno; o este pueblo pertenece al partido judicial de Jauja, o yo no lo entiendo.

Alfredo

(A Cristina.)¿Pero tú no sospechas a qué puede obedecer todo esto?

Cristina

No lo sé, Alfredo, no lo sé. Yo solo pienso en este instante que te quiero con locura, que estoy a tu lado y que soy la más feliz de las mujeres.

Alfredo

¡Cristina mía!(Quedan hablando aparte en voz baja.)

Pepe

(Se acerca melancólicamente a Eduarda que se ha sentado lejos en una silla.)¡Eduarda!... La mano inescrutable del destino nos acerca de nuevo.(Señala a los muchachos.)He aquí el pasado que reverdece. ¿No lo envidias?

Eduarda

¡No me tutees, que soy casada!

Pepe

¡Casada tú!... ¡¡Oh!!... ¿Tú casada?

Eduarda

¿Lo sientes?

Pepe

Lo siento por tu marido... porque...

Eduarda

¡Pepe!... Bueno, ¿te llamas Pepe, definitivamente?

Pepe

Pepísimo.

Eduarda

¿No hago el ridículo?

Pepe

¡Lo de Pepe, machacao!

Eduarda

Pues bien, Pepe, tú tienes la culpa si me encuentras vinculada a otro hombre. Me abandonaste.

Pepe

Ya te he dicho que aquello fue una calaverada.

Eduarda

Pero, ¡ah! una calaverada que me produjo trastornos mentales horribles... Estuve dos años medio loca... Como me hiciste creer que te llamabas Piñones, que eras seminarista y capitán, todo a un tiempo, pues yo, en mi desvarío, aborrecí el cascajo y no hacía más que decirdominus vobiscumy saludar militarmente. ¡Con lo que yo te amaba!... ¡Abandonarme!

Pepe

¡Si vieras cuánto te he recordado!...

Eduarda

¿Es de veras, Pepe?

Pepe

Como me llamo Rigober... Caramba, perdona, que... que me sentía trasportado a aquellas locuras de cinco lustros ha.

Eduarda

¡Ah!... ¡Cinco lustros transcurridos! Y dime, Pepe, ¿cómo me encuentras?

Pepe

Mejor que antes, Eduarda.

Eduarda

(Alegre.)¿De veras?

Pepe

Tú eres como el oro; el tiempo te avalora y te embellece.

Eduarda

¡Oh, qué galantería tan metalúrgica! ¡Pero, ah!... Estoy olvidando... Bueno, caballero...

Pepe

¡Por Dios, Eduarda, no vuelvas a la seriedad! ¡Quiero ver en tus labios aquel ritus de alegría que tanto me gustaba!

Eduarda

¡Ah, mi ritus, mi ritus!... Esfumose en eldolor y en el tiempo.(Va a caer sentada en una silla.)

Pepe

(Deteniéndola.)¡No, ahí no te sientes que hay manteca!(Se sientan en otro lado y siguen hablando.)

Alfredo

(Alto, a Cristina.)¿Pero es de veras que dudabas que yo volviese?

Cristina

Sí, Alfredo, sí, no quiero engañarte, lo dudaba. Cuando se ama mucho, mucho, mucho, todo es duda... El tiesto de mis margaritas siempre ha estado sin flores. ¡A quién iba yo a preguntar si volverías!

Alfredo

¿Y qué te contestaban, vamos a ver?

Cristina

Pues, como las flores son buenas, cuando una me decía que no, otra, al verme llorar, me consolaba diciéndome que sí, que vendrías... que te esperase.

Alfredo

Pues ya ves como las que negaron mintieron.

Cristina

Pero mira, yo en cambio a mi corazón a todas horas le decía lo mismo. Si vuelve será mi amor de siempre; si no vuelve, mi recuerdo de toda la vida.

Alfredo

¿Pero por qué dudabas?

Cristina

¡Qué sé yo!... Creí que nunca podría interesarte una pobre señorita de pueblo.

Alfredo

¿Y por qué no?... ¡Una señorita de pueblo!... Precisamente por eso me interesaste más.

Cristina

¡Amabilidad!

Alfredo

No lo creas. La señorita de pueblo siempre me ha inspirado a mí una profunda, una viva simpatía.

Cristina

¿De veras?

Alfredo

Cuando en mis viajes he visto, paseando por los andenes de las pequeñas estaciones, esos grupos de muchachas cogidas del brazo, me ha parecido siempre adivinar en la mirada de sus ojos dulces el cansancio de la vida monótona, y en su triste sonrisa, el anhelo de una existencia mejor. ¡Con qué resignada melancolía miraban alejarse el tren!... A mí, te digo que me daban ganas de cogerlas a todas en un puñado y llevarlas a otro mundo y a otra vida que valiera la pena de vivirse, fuera de aquel estrecho ambiente pueblerino, egoísta y brutal, que solo ellas encantaban con el hechizo de su juventud.

Cristina

¿Pero llevártelas a todas?... ¡Con que te lleves una!...

Alfredo

¡Sí, pero una que vale por todas!... Una, que quizá no esté ducha en las artes de una vida refinada, en los encantos de una gentil desenvoltura, como las señoritas de grandes ciudades, pero cuyo aspecto de simpática cortedad, me dice a mí —no sé por qué— que posee un alma blanda, de matiz suave... ¡Alma propicia a un amor largo, leal y profundo!... ¿Me engañé?

Cristina

¿Qué has de engañarte?... Ahora, que yo, así muchas cosas bonitas, como tú, no sabré decir; pero sentirlas, sí; sentirlas, las sentiré todas... ¡todas las que hagan falta para quererte una vida entera!

Alfredo

¡Cristina!

Cristina

¡Alfredo!

Pepe

¡Eduarda!

Eduarda

¡Pepe!(Hablan y ríen.)

DICHOS, DON RÉGULO y CAZORLA (en el balcón del Casino).

Cazorla

(Asomándose recatadamente por las persianas entreabiertas.)¡Mire usted, don Régulo, mire usted los hombres que nos manda el Gobierno para moralizarnos!

D. Régulo

(Asomándose.)¡Porra! ¡Mi mujer bromeando con él!

Cazorla

¡Silencio! Seguiremos observando.(Retira a don Régulo.)La víbora ha picado. El veneno hará lo suyo. ¡Sois míos!(Cierra después de lanzar una mirada mefistofélica. Se escuchan en la calle los sones de una charanga lejana que va acercándose poco a poco y el alegre griterío de la multitud.)

DICHOS, ANASTASIA, MELITONA, EUSTAQUIO y MORRONES, por la izquierda.

Cristina

¡Música!... ¿Oyen ustedes?

Alfredo

¿Pero qué música es esa?

Pepe

¿Qué ocurrirá?

Eduarda

(Que se asoma al balcón.)Es la charanga del tío Maíllo.

Pepe

¿Pero es que hay fiesta en el pueblo?

Cristina

¡No, qué ha de haber! Por eso me choca.

Eduarda

Y vienen hacia aquí... y les sigue la gente.

Cristina

¡Anda, y ponen las colgaduras en el Casino!(Un mozo pone colgaduras con los colores nacionales en el Casino.)

Pepe

(Asustado, a Alfredo.)¡Oye, pero será eso también por nosotros!

Alfredo

¡Mucho me lo temo!...

Pepe

Oye, tú, ¿se me puede confundir a mí con el obispo?... porque yo ruedo ya de conjetura en conjetura...

(Entran Melitona, Anastasia, Eustaquio y Morrones por la izquierda. Vienen jadeantes, emocionados y muy alegres.)

Morrones

Excelentísimo señor...

Pepe

(Atónito.)¿Es a mí?

Morrones

A usía excelentísima, que vengo de parte del señor alcalde, a decirle a usté que si pue vuecencia recibir a la señá maestra y a los alunos de las escuelas públicas, y a una comisión del Casino que viene a festejar a usía.

Pepe

¡A festejarme a mí!

Eustaquio

A usía: conque usté dirá.

Alfredo

¿Pero esa música y esos cohetes son por nosotros?

Eustaquio

¡Por ustés!

Pepe

¿Lo estás viendo?

Cristina

¡Por vosotros!... ¿pero a qué santo?

Pepe

¡No sé, porque yo me llamo Nicomedes!... ¡digo!...

(Estallan cohetes, repican las campanas, vuelve a sonar la música, grita la gente.)

Morrones

Conque, ¿qué les digo a las comisiones?

Pepe

Sí, que suban, que suban.(Todos van hacia la puerta izquierda.)

Alfredo

Bueno, tío; yo creo llegado el caso de que pregunte usted de un modo concreto con quién nos confunden.

Pepe

Quia, hombre; con esta gente pérfida nada de lealtades. Aguarda: malo será si a alguna de estas comisiones no le saco yo por quién nos toman.

Cristina

Ya están ahí; ya suben.

Anastasia

Viene too lo mejor del pueblo.

Eustaquio

¡Ahora verá usté lo güeno!

DICHOS, DOÑA TÁRSILA, CHICOS y CHICAS. Luego DON ACISCLO, SEÑÁ CESÁREA, DON RÉGULO, CAZORLA, CARLANCA, DON ALICIO, Socios del Casino, Señoritas, etc., etc.

Entra doña Társila, una señora con lentes, ridículamente vestida y con un peinado muy raro y muy liso. Lleva un papel de música en una mano y una batuta en la otra. La sigue un coro de Chicas y Chicos que traen un estandarte. Vienen formados de cuatro en fondo cantando y andando a pasos rítmicos.

Társila, Chicos y Chicas

(Cantan avanzando hacia Ojeda, y a medida que avanzan él retrocede, también a compás, como asustado de aquello. Cantando.)

¡Loor, loor, loor!...¡Oh, insigne y gran señor!Por tu visita honrosa,la juventud estudiosate aclama con fervor.¡Loor, loor, loooor!...

¡Loor, loor, loor!...¡Oh, insigne y gran señor!Por tu visita honrosa,la juventud estudiosate aclama con fervor.¡Loor, loor, loooor!...

¡Loor, loor, loor!...¡Oh, insigne y gran señor!Por tu visita honrosa,la juventud estudiosate aclama con fervor.¡Loor, loor, loooor!...

¡Loor, loor, loor!...

¡Oh, insigne y gran señor!

Por tu visita honrosa,

la juventud estudiosa

te aclama con fervor.

¡Loor, loor, loooor!...

(Durante el himno han entrado las Comisiones con trajes de fiesta, se colocan ordenada y convenientemente, de modo adecuado, para que el conjunto pueda resultar más cómico.)

Társila

Con la venia del señor Alcalde.(Reverencia.)Excelentísimo señor: Cábeme, la inmerecida honra de ofrender a vuecencia este tierno plantel cultural, delicadas flores...(A un niño.)(Mateo, no te toques las narices, que está feo...) Delicadas flores que cultivó una servidora, humilde maestra superior, que no es normal, por envidias, e hija del granpedágogodon Zacarías Ullera, mi señor padre, honra y prez de la magistratura docente nacional. Feo está que una servidora lo diga, pero mi señor padre era una persona muy docente; mucho más docente que yo. Con honda pena lo manifiesto. Sin embargo, como se murmura en la Corte que si los Ayuntamientos tienen o no tienen abandonadas sus obligaciones respecto a istrución pública, yo quiero dar a vuecencia unmentis, mostrándole lospogresosde estos tiernos niñas y niños, que no diré yo que sean unosMerlines, pero sí honra y prez de la infancia estudiosa y crecedera. (Tiburcio, que me das con el estandarte.) Y ahora, con permiso de vuecencia, me voy a permitir examinarlos, individual y corporativamente, para que se juzgue de su istrución. Con la venia.

Pepe

Oye, párvulo, no metas el dedo en el arrope, haz el favor. Siga...

Társila

Si quiere vuecencia, ¿empezaremos por lajografía?

Pepe

Por lajografíao por lajometría, me es igual...

Társila

Vamos a ver... Úrsula Canana.

Chica 1.ª

(Dando un paso al frente.)Servidora...

Társila

A ver, tenga usted la bondad de decirnos ¿cuántos golfos hay en España?...

Chica 1.ª

Muchísimos, golfos hay muchísimos.

Társila

Muy bien. ¿Y cabos, hay muchos cabos?

Chica 1.ª

Cabos también hay muchísimos.

Társila

¡Pero determínelos!

Chica 1.ª

Pues el Finisterre en Vizcaya, el Ortegal en Gerona, el... el...

Társila

¿Cómo se llama el que hay en Huelva?... Cabo de...(Acción de pegar.)

Chica 1.ª

Cabo de...(Le da dos golpes con la batuta.)de Palos.

Társila

¿Y cómo se llama el de Almería, cabo de qué?

Chica 1.ª

Cabo de... Cabo de...

Chico 1.º

¡Miau!

Chica 1.ª

¡Gato!

Pepe

Gata, rica.

Társila

Como verá vuecencia, salvo la confusión del sexo, todo lo demás...

Pepe

Sí, una verdadera monada. ¡Parece mentira! y a la edad que tiene: porque esta niña no habrá cumplido aún los treinta y seis años.

Chica 1.ª

¡Me voy pa los deciocho!

Pepe

Bueno, pues vete; anda, rica, vete y no vuelvas, anda.

Társila

Ahora va a ver vuecencia un discípulo aventajado. Aniceto Recocho.

Chico 1.º

Servidor.

Társila

¿Qué son líneas paralelas?

Chico 1.º

Mauregato, Sisebuto, Recaredo, Chindasvinto...

Társila

¿Pero que estás diciendo, so zarrapastroso?

Chica 2.ª

Es que él dice los reyes godos porque lo de las paralelas me lo tenía usté que haber preguntao a mí. Mire usté el papel y verá.

Társila

(Confusa.)¿El papel?...

Chica 2.ª

Estos dos eran los reyes... Paralelas mi hermana y yo...

Társila

Sí, sí, bueno... (Me estáis haciendo correr un ridículo que eriza.) Bien, pues di, di... ¿Qué son líneas paralelas?

Chica 2.ª

Pues aquellas que no se prolongan por mucho que se encuentren. ¿Ve usté como era yo?

Társila

(¡Maldita sea tu estampa, so cafre!)

Pepe

Bueno, basta, basta... Si no me lo dijeran creería que estas criaturas habían estudiado en Bolonia.

D. Acisclo

Y ahora, excelentísimo señor, pocas palabras de mi parte. Ya ha visto usted nuestra juventud estudiosa, cómo aprovecha los desvelos del monecipio, de forma que solo nos resta, queiso fazto, don Alicio Carrascosa, aquí presente... llamao por su elocuencia el Melquíades de Pancorbo,(Don Alicio hace una gran reverencia.)su ciudad natal, va a tener el honor de ofrecerle el homenaje que le preparamos. Ande usté, don Alicio.

Todos

Chiss...(Silencio. Expectación.)

D. Alicio

(En tono de oratoria cursi.)Excelentísimo señor: mis nobles y queridos conterráneos. El Ilustrísimo Ayuntamiento de esta Villa, conjuntamente con el Casino de la misma, que tengo el honor de presidir, han organizado un banquete que a manera de modesto homenaje se ofrecerá mañana a este nuestro ilustre y preclaro huésped.

Pepe

(A un chico.)¡Niño, deja las morcillitas!

D. Alicio

¡Ah, mis leales y queridos Villalganceños, los sentimientos patrióticos se exaltan ante las grandes y meritorias personalidades honra de la Nación!

Pepe

(A Alfredo.)(Me han tomado por un político. Lo que yo me figuraba.)

D. Alicio

Y mucho más, cuando el ciudadano integérrimo que nos honra con su visita, no es un político.

Pepe

(A Alfredo.)(Pues no soy un político.)

D. Alicio

No es un político ni mucho menos, y claroque ante tal negativa vosotros me preguntaréis, ¿es acaso un hombre de ciencia?... No.

Pepe

(A Alfredo.)No.

D. Alicio

¿Es un escritor eminente?... No.

Pepe

No.

D. Alicio

¿Es un artista ilustre?... No.

Pepe

(Asombrado.)Tampoco.

D. Alicio

¿Pues qué es este hombre, me preguntaréis?... Y yo, voy a deciros lo que es este hombre.

Pepe

(¡Gracias a Dios!)

D. Alicio

Pues este hombre es ¡nada menos! que el módulo representativo de una nueva función generatriz del Estado, en su relación legislativa, ¿he dicho legislativa?... jurídica, dentro de las modernas ideologías plasmadas en las grandes síntesis aspirativas de la Humanidad... ¡Eso es este hombre!

Pepe

¡Ca, hombre!

D. Alicio

Sí, hombre, eso y nada más.

Alfredo

(¿Qué será eso de módulo?)

Pepe

(No sé, pero me suena a algo así como a marisco.)

Alfredo

(Pues sí que nos ha sacado de dudas.)

D. Alicio

Y ahora que ya sabéis quién es, una sola palabra para terminar. Conterráneos, honremos a este hombre porque honrándole nos honramos. He dicho.

(Aplausos, bravos, felicitaciones.)

Pepe

Señores, unas palabras...

Todos

Chist... chist...

(Gran atención.)

Alfredo

(¿Pero qué va usted a decir?)

Pepe

(Una cosa parecida a la suya. Yo no me aguanto eso de módulo.)(Alto.)Villalganceños: Honrándome exageradamente ha dicho en disculpable exaltación el elocuente orador que me ha precedido en el uso de la palabra, que yo soy un módulo. Pues bien, sí, quizá yo sea un módulo, pero él en cambio es una espátula.

Alfredo

(Asustado, le tira de la americana.)(¡Tío!)

Pepe

Una espátula con la que se extiende sobre el lienzo de las realidades españolas el vivo anhelo del espíritu nacional que trata laudablemente de incorporarse, en la plenitud de todas sus conciencias, a la marcha triunfadorade los pueblos libres hacia los nuevos ideales del Derecho y de la Justicia...

Todos

¡Bravo, bravo!(Aplauden.)

Pepe

Villalganceños, pocas palabras más. Al honrarme a mí, ¿vosotros sabéis qué ideales exaltáis?

Todos

¡Sí, sí!

Pepe

Al ofrecerme este homenaje, ¿vosotros sabéis lo que significo yo?

Todos

¡Sí, sí!

Pepe

¿Vosotros sabéis quién soy yo?

Todos

¡Sí, sí!

Pepe

Pues si vosotros sabéis quién soy yo, yo no... yo no os molestaré en volveros a informar respecto a mis legendarias y tradicionales convicciones. He dicho.(Aplausos.)

D. Alicio

¡Viva España!

Todos

¡Viva!

D. Alicio

Sí, ¡viva la España de Sagunto y de Numancia, de Colón y de Hernán Cortés, del Dos de Mayo y de Covadonga!(Aplausos frenéticos.)

D. Acisclo

¡¡Viva España!!

Todos

¡¡Vivaaaaa!!

(Llorando todos, se abrazan, suena la música, repican las campanas, estallan los cohetes. Van desfilando, después de estrechar la mano y felicitar a Ojeda.)

Társila, Chicos y Chicas

(Cantado.)

Loor, loor, loor...¡Oh insigne y gran señor!etc., etc.

Loor, loor, loor...¡Oh insigne y gran señor!etc., etc.

Loor, loor, loor...¡Oh insigne y gran señor!etc., etc.

Loor, loor, loor...

¡Oh insigne y gran señor!

etc., etc.

(Vanse todos.)

PEPE OJEDA y ALFREDO.

Alfredo

¡Pero tío!

Pepe

(Cayendo derrengado sobre una silla.)¡Ay, Alfredo!

Alfredo

¿Qué le pasa a usted?

Pepe

¡Que mi confusión sigue en aumento: que yo estoy muy malo, que yo no sé lo que me pasa! ¿A qué vienen esas explosiones patrióticas? ¿Por quién me toman? ¡Media hora hablando y aún no lo sé!

Alfredo

Sin embargo, tío, a mí me parece que empiezo a comprender...

Pepe

¿Tú?

Alfredo

Sí. Todo eso, sospecho que lo hacen porque nos temen.

Pepe

¿A nosotros? ¿Que nos temen?

Alfredo

Sí, nos tienen miedo, no hay duda... y por eso son las dádivas, el dinero, las aclamaciones. Nos confunden con algo que para ellos es un fantasma medroso.

Voz

(Lejos.)¡Viva España!

Voces

(Ídem.)¡Vivaaaaa!

Alfredo

¡Y conciencias concupiscentes y claudicadoras que infamó el delito, quieren acallar el terror de verse castigadas con gritos de falso patriotismo!

Pepe

¡Es posible! ¡Sin duda es eso! El miedo, siempre el miedo... ¡La cobardía profanando, para disculparse, las reliquias sagradas de la Historia! ¡Cobardía, miedo, claudicación!... ¡¡Ah miserables!!

Voz

(Ya muy lejos.)¡Viva España!

Pepe

Sí, ¡viva España! Pero ¡cómo va a vivir, si no nos hacemos todos un poco mejores! Viva España, pero viva con un ideal cierto, seguro, firme, que acabe para siempre con los miedosos, con los claudicadores, con los cobardes...(Sale al balcón.)¡Viva España!(Le aclaman frenéticamente. La gente grita; le aplauden de los balcones del Casino. Estalla un cohete junto a él. Entrando.)¡Mi madre!(Se cubre los ojos con las manos.)

Alfredo

¿Qué ha sido?

Pepe

¡Un cohete! ¡De poco me deja ciego! ¡Y me lo ha disparado el Secretario! ¡Lo he visto! ¡Canalla! ¡Ladrón!

Voz

¡Viva España!

Voces

¡Vivaaaaa!

(Música, campanas, aplausos. Telón.)

FIN DEL ACTO SEGUNDO


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