Después echaron de ver que la tierra no tenía reparos para rendir parejo; que no faltó la semilla, ni la maquinaria, ni el crédito para sufragar la existencia durante la larga expectativa, desde la roturación a la cosecha y al troje. Y sembraron hasta el último estadal,hasta el monte mismo, hasta agargantar al médano en estrecho dogal y desafiar el ingrato cabú de la salina.
El estímulo del propietario ha operado el optimismo y la cultura especial de sus colonos. Sólo la laguna puede detener la sementera, con sus arbustos grisáceos de jumen, sus cachiyuyos y sus matas de trébol de olor. Esta perseverancia, que ha creado la selección en los cultivos, dando rendimientos excepcionales en peso y calidad, ha tenido su noble premio en trigos de una densidad de 83½ por hectólitro, casi el desiderátum. La perspectiva se repite con esperanza augural en los trigales de este año, sanos, sin plagas, sin isoca, llenos de lozanía y de vigor.
Todos estos factores han creado una base moral en los colonos de La Mercedes. El trato administrativo y la propia confianza en la obra, sintomatizan un suave bienestar, ageno de sobresaltos y propicio a la labor y a la estabilidad. Saben estos buenos rusos, que si nace el sol, nace para todos; y que el sudor que humedece la gleba, no ha de ser estéril sacrificio, si fecunda en la espiga. La cultura industrial—y social si se quiere—de esta colonia, tiene su punto de apoyo en la comunidad de acción y de miras, entre el arrendatario y el arrendador. El señor P. ha hecho su aprendizaje desde abajo. Ama estos campos, porque los ha vivido en toda su intensidad y en todo su proceso civilizador; porque ha contribuído, como nadie, a la reforma del predio, desde el pasto salobre hasta el forraje artificial y el silo; desde el jagüel pampa hasta el surgente y el molino. En esta escuela ruda, que es toda una vida, se ha afianzado el concepto de solidaridad, capaz de forjar nuevos horizontes a la colonización rusa, de contínuo tan zarandeada, demostrando al propio tiempo, que es posible modificar el temperamento colectivo de esos núcleos rurales, cuando se procede con tolerancia y buena fe.
Los colonos de La Mercedes poseen en propiedad sus maquinarias y elementos de labor. Plantan sus arbolitos de sombra—frutales a veces—y no descuidan sus hortalizas para el uso casero. Elaboran su pan, quees, sencillamente, blanco, suave, delicioso; y se atreven a un poco de cecina y tal vez a un jamón que dura una eternidad. Gustan de instruir a sus muchachos; y cuando se producen reuniones educativas sobre temas rurales, no tienen reparos para salvar largas distancias y asistir a estos concursos donde pueden adquirir conocimientos nuevos. A la cita convocada en Macachin, en preparación del congreso agrícola de la Pampa, concurrieron todos estos colonos. Al paso de nuestro coche nos cruzamos con sus bateas peculiares, arrastradas por caballos fuertes y clinudos. Cinco leguas tuvieron que salvar esa mañana para encontrarse a las diez en el coche de la delegación...
Ortodoxo.De la religión ortodoxa. La religión ortodoxa, llamada también cristianismo o catolicismo griego, es la que profesan la mayor parte de los griegos, rusos y demás cristianos del oriente europeo. Sus dogmas no difieren en gran cosa, salvo dos o tres puntos fundamentales, de los de la iglesia católica romana.
"Pioneer".Palabra inglesa que se aplica a los que primero pueblan y cultivan tierras desiertas. Pronúnciase: páionir.
Panorámica.De “panorama”: vista de un horizonte dilatado.
Troje (o Troja).Apartamiento, sitio, paraje destinado para almacenar cereales.
Estadal.Medida superficial de tierra: muy pequeña.
Cabú.Tierra inapta para cultivos.
Jumen (o Jume).Planta que crece en los terrenos salitrosos y de cuyas cenizas se extrae soda cáustica.
Cachiyuyos (o Cachillullos).Algas, marinas o de laguna.
Gleba.Tierra, heredad, finca.
Forraje artificial.Pastos cultivados: la alfalfa, la avena, el trébol, etc.
Silo.Depósitos para conservar forrajes; puede ser aéreo o subterráneo.
Jagüel.En la campaña se designa así al pozo sin brocal destinado a abrevar ganados.
Zarandeada.De “zarandear”: mover o menear alguna persona o cosa, con prisa, ligereza y facilidad.
Cecina.Carne salada, enjuta y curada al aire, al sol o al humo.
Junto a La Mercedes, está La Cornelia. Esta es una colonia mixta, cultivada en sus 5.500 hectáreas de extensión, con 3.000 de alfalfar. Este campo está bajo el arriendo inmediato del señor P. En sus praderas pacen 2.000 vacunos y 8.000 lanares. La colonización es agropecuaria, en consecuencia. Pero lo que nos ha llamado poderosamente la atención en este caso, es la calidad de sus pobladores. Es una colonia eminentemente vascongada (vascos españoles). Sólo hay una familia italiana en el campo, familia que es un modelo de laboriosidad y que se desenvuelve con todos los recursos de la chacra combinada.
Esta colonia, que conviene ser tomada como espécimen para su divulgación en el territorio, marca caracteres especiales que deben dar tela de juicio a los hombres de estudio. El vasco, colonizado, es un elemento de primer orden. Es ganadero, agricultor e industrial a la vez. Trabajador, fuerte, sano de cuerpo y de espíritu, es incansable en la labor, leal en sus tratos, paciente en el fracaso y juicioso en el porvenir. Elije su terreno, y busca, sobre todas las cosas, el agua buena, elemento primordial de la vida. ¿Es buena el agua? Profundiza su hoyo y planta su casita. Vendrán después, las contingencias, los años ingratos, la adversidad de los vientos, de los acridios y las pestes.
—Va mal... sí, sí... Pero algún día irá bien; no hay que apurarse... ¡no, no!...
Verdad que en esta resignación simpática y hombruna, suelen sentirse espaldados por el patrón. Y esto constituye una fuerza en el rodar parejo del capital y del trabajo, orientados hacia el porvenir común.
¿Cómo se organizó esta colonia? De Carlos Casares y Tejedor salió, hace aproximadamente ocho años, un grupo de vascoespañoles, con rumbo a la Pampa, buscando tierras propicias para establecerse. Se congregaron en Macachin. Eran nueve familias. Azotadas por años crueles y cosechas efímeras, sólo pretendíanafirmarse al suelo y trabajar. De este contingente, nació la colonia. Sobre la prueba dura de los años iniciales, se afianzó el centro agrícola, que debía florecer y prosperar. Trabajando la tierra sin desmayos, se ahuyentó el pesimismo y se arraigó esa cordial convivencia que es fuerza decisiva en el rudo bregar. De nueve, llegaron a veinte las familias arrendatarias. Y nadie quiere hoy abandonar su tierra ni su vivienda, digna de ser propia, por el espíritu familiar que se ha puesto en las comodidades sencillas de la huerta y del corral. ¡Ah, si los campos de la Pampa pudieran poblarse de vascos! Sobre este modelo de centro agrícola, hemos podido apreciar la necesidad de fomentar en el territorio tan importante colonización.
La casa del poblador vasco, se significa, en primer término, por su hospitalidad, cosa que no es común en la de colonos de otras razas. Los pobladores de La Cornelia se han preocupado con empeño, en rodearse de un modesto bienestar. Crían aves; tienen sus lecheras bien cuidadas; hacen su queso y su manteca; benefician sus porcinos en sabrosas facturas; se esmeran en la huerta; y donde hay muchachas, es inevitable el jardincito, en donde junto a los pensamientos vulgares y las achiras ingénuas, suelen abrir sus cálices, algunos narcisos y tuberosas, sembrados “para probar, pues” y “porque los trajo el patrón"...
Esta tendencia a suavizar la aridez de la vida, ha dado campo a la iniciación de cultivos frutales. El dueño ha proporcionado a sus colonos, ejemplares de la casa Peluffo: higueras, brillasotto y española; durazneros pavía, norteamericano y gran monarca; manzanas renettas y cerezas graffión de Dolores. Merced a esta tentativa, cada familia puede gustar todo el amplio beneficio del predio, desde el puchero español, tan sabroso y patriarcal, hasta el postre de frutas de estación y la natilla con fresas, que es manjar delicado.
Es así como se puede amar la tierra.
Todo cuanto se pueda decir en favor de esta inteligente colonización resulta pálido, ante sus apreciables condiciones de vida y la necesidad de fomentar su arraigo en la Pampa. Excelentes cultivadores, han dado impulso a la comarca. Los fracasos del trigo, en algunos puntos de la zona, se han debido, generalmente, a la seca. Los vascos de La Cornelia, han cosechado trigos de óptimos rendimientos. El año anterior, una avena
blanca de esta colonia, dió una densidad de 57 por hectólitro. Pero, a pesar de estos triunfos, no descuidan la ganadería, a la que dedican atención especial. Los campos de Macachin son inmejorables como praderasartificiales. La tosca está a un metro y medio y el agua—una agua cristalina, dulce y fresca—se encuentra desde tres a nueve metros de profundidad. Esta característica, fuente de vida para los ganados, es quizá, la riqueza más fundamental de la zona. El molino, el tanque y el abrevadero metálico, han venido a suplantar la represa y la “bebida” tradicionales, a donde acudían las vacas criollas a resarcirse de la mezquindad silvestre de los prados, veinte años atrás...
La alfalfa rinde exuberantemente en los campos del Departamento Tercero. El cultivo de una hectárea de alfalfa, tomada en una proporción de 400 hectáreas, cuesta alrededor de 50 pesos, de acuerdo con el precio de la semilla en la actualidad (18 pesos, más o menos). Una hectárea necesita 22 kilos de semilla. En las faenas de arar, sembrar, rastrear, etc., se invierte alrededor de 12 a 13 pesos. Hay que anteponer a estos gastos el valor del alambrado, molino y tanque del lote, amén de otros gastos accesorios. Sobre esta base se establece la proporción relativa de la hectárea.
Hemos visitado con verdadero placer algunas casas de la colonia. La perspectiva agrícola, que es inmejorable, mueve la diligencia de los pobladores. En una población, con aspecto de vieja estancia, se ha comenzado a repasar el motor de la trilladora, cosa que jueguen bien sus piezas en el momento de alzar los trigos. Allí nos convidan con mate y nos hablan de una transacción feliz en ovejas. En otra vivienda churrasqueamos un buen costillar y gustamos de un queso exquisito, mientras la vista se solaza en la huerta verdegueante, donde no falta nada, desde los espárragos hasta el perejil y los cebollinos de verdeo. Ya, en la mañana, hemos probado la amable hospitalidad del colono italiano, bella persona que ha formado su paraíso familiar con dos generaciones y que se siente feliz en entregar a la Pampa su tranquila vejez. Esquilan a esa hora los muchachos en el galpón. Las muchachas se desviven por hacernos agradable la visita. Y nos obsequian, con una sencillez encantadora, un chocolate que es restaurador, después de nuestra gira matinal. ¡Qué aseo en la casa! ¡Qué sencilla pulcritud! Se respira una espontánea comodidad que habla desde la alacena bien provista hasta el grafófono.
Hemos observado que el grafófono está muy difundido entre los colonos de la Pampa. Esta circunstancia, nos mueve a indicar la conveniencia que habría en que el ministerio de agricultura, imprimiera discos sobre asuntos de enseñanza agrícola y consejos prácticos relacionados con cultivos, cosechas, plagas, etc., y los distribuyera profusamente entre los agricultores. Estos discos podrían ser impresos en los idiomas más difundidos en la colonización. Se prestaría con esto un verdadero servicio a los cultivadores, secundando eficazmente la tarea de los agrónomos en la enseñanza agrícola.
Al regresar, nos hemos detenido en un bebedero, en circunstancias que el ganado vacuno se ha acercado a abrevar la sed. Es un noble mestizaje el de estos animales corpulentos que se dejan casi palmear, mientras el agua se apresa en el amplio recipiente.
—¡Qué cambio!—nos apresuramos a decir a nuestro acompañante, ante esta sintomática mansedumbre de las bestias.
—¡Ah!... Era otro cantar la novillada criolla de hace veinte años—nos responde.—Con los cultivos, con la civilización, se han domado hasta los médanos...
El tren, que viene de Doblas, pasa a la distancia con su airón de humo. Se detiene en Atreuco. Debemos estar antes de las dos en Macachin.
Nuestra máquina vuela por el camino, paralelo al ferrocarril...
Macachin.Planta silvestre, pequeña.
Acridios.De “acridia”: langosta.
Efímeras.De “efímero”: transitorio, fugaz.
Bregar.Luchar.
Achiras.Planta acuática, de hojas anchas, lanceoladas, pedúnculo largo y flores comúnmente rojas.
Aridez.Sequedad grande de la tierra.
Optimos.Sumamente buenos, excelentes.
Tanque.Depósito para agua, generalmente de hierro galvanizado o lata.
Abrevadero.Sitio donde se da de beber al ganado.
Bebida.En este caso, el recipiente de madera, hierro o latón donde beben los animales.
Resarcirse.De “resarcir”: indemnizar, compensar, reparar un daño o perjuicio.
Churrasquear.Expresión criolla que significa tomar una merienda frugal, comúnmente carne asada.
Pulcritud.Delicado esmero en el arreglo y adorno de la persona, de la habitación, etc.
Bebedero.Tanque o recipiente donde bebe el ganado.
Sintomática.De “síntoma”: característica especial, señal o detalle digno de ser tomado en cuenta.
Airón.Penacho.
Los colonos de la Jewish Colonization Association, hebreos en su totalidad, han constituído en cada centro agrícola su cooperativa. Responde este propósito no sólo a una finalidad de economía y bienestar, sino a un plan defensivo del interés común. La condición social de estas instituciones gremiales, varía según la importancia y calidad de los núcleos de colonización judía. La colonia Narcisse Leven, de Bernasconi, constituída por rusos y unos pocos rumanos y organizada con apresuramiento sobre la base de una inmigración heterogénea, no ha podido prosperar como la colonia de Rivera, con sus doce leguas de Pampa, en Rolón, bien pobladas. Este fenómeno, producido sobre campos análogos y bajo una misma administración, se explica por la diversa condición social de cada centro. No todo el pueblo ruso es agricultor. En las colonias de Bernasconi, se nota cierto espíritu tendencioso, contrario a la estabilidad y el arraigo. Hay una propensión emigratoria, que es todo un síntoma ancestral. El colono que ha tenido buena sombra en la cosecha y se arma de unos pesos, difícil será que no se asiente con un negocio cualquiera, buscando el reparo de la estación ferroviaria en la época del movimiento agrícola. Luego, realiza su tendejón y vuela. Contra esta idiosincracia, tiene su capítulo punitivo la cooperativa de la colonia, la que castiga con expulsión al que rescinde su contrato de promesa de venta celebrado con la Jewish Colonization Association, referente a la chacra que posea en Narcisse Leven, o si una vez poseída la chacra con título definitivo, la llega a enajenar o a alquilar a otra persona. Es, realmente, una forma, más o menos eficaz para contrarrestar el temperamento ambulatorio de sus asociados.
Por cierto que el plan de cooperativismo de esta sociedad se orienta sobre los más laudables propósitos.
Y si alguna objeción pudiera hacerse, sería sobre la exigüidad del capital, de 10.000 pesos para afrontar un programa demasiado frondoso.
—Nuestro propósito—nos dice uno de los organizadores de la asociación—se orienta sobre las siguientes bases: Procurar y obtener el bienestar económico de sus asociados; fomentar el desarrollo de la agricultura, suprimiendo la acción de sus intermediarios; vender a los asociados y al público en general, artículos de consumo, maquinarias e instrumentos agrícolas, bolsas, hilos y accesorios para la agricultura y ganadería; facilitar créditos a los asociados para levantamiento de las cosechas, siempre que la situación financiera de la sociedad lo permita; establecer fábricas de bolsas o de otros materiales; proveer a los socios que lo soliciten semilla seleccionada y otros productos de la industria agrícola o ganadera; crear secciones de tienda y otras que armonicen con los fines arriba expresados; comprar y arrendar casas o terrenos para edificar en ellos galpones para depósito de productos agropecuarios de sus asociados, así como para oficinas y dependencias de la sociedad; ejercer toda clase de representaciones y comisiones que se relacionen con la vida agrícola de sus asociados; recibir depósitos en caja de ahorros y en otra forma y realizar con sus asociados toda clase de operaciones financieras; fundar en la colonia bibliotecas y escuelas y organizar en la misma el servicio sanitario, velando por su cultura e higiene; actuar como árbitro en todas las desavenencias que se susciten entre sus asociados.
La sociedad cooperativa de Rivera, que comprende también los campos de Rolón, ha dado ya frutos sazonados. Es indudable que estos colonos superan, como entidad colectiva a los de Narcisse Leven. Aquí la selección es de origen. Son agricultores de verdad, como que proceden de los campos de Odessa, sobre el Mar Negro, “zona de trigo”, designada por la geografía rusa. Cada colono debía traer consigo un capital de 2.000 rublos. La colonización se organizó por grupos. Recibieron la tierra sin ayudas ni mejoras. Cuarenta familias, que en la organización de la colonia se denominaron “Novobug”, constituyeron el primer núcleo de población que roturó los campos vírgenes adquiridos a Leloir—algo más de 100.000 hectáreas.—Vino después el segundo grupo que se denominó “Bojedorovsko"—(dado por Dios), en eslavo—compuesto de veintidós familias. Con elementos organizados en Europa, se inició la colonización en 1905. Dos años después, sobre esta base agrícola, que tomaba incremento, se fundó Rivera.
Los primeros tiempos fueron de dura prueba. Por cada chacra de 15 hectáreas, se estableció una reserva de 75. Esta división de los campos de la colonia, ocasionó un desacuerdo entre los pobladores y la administración general, pues la Jewish, quería obligar a que sus colonos ocuparan de inmediato las reservas. Y esta pretensión no podía conciliarse, dado las dificultades iniciales que castigaron al colono impidiendo el desenvolvimiento normal de sus labores.
Esta lucha entre el capital y el trabajo, duró tres años. Por fin, intervino el ministerio de agricultura para allanar las dificultades. La Jewish, entonces, envió un agrónomo para que informara. El emisario resultó un cooperativista de fuerza que se puso en la línea razonable y estudió a conciencia el problema, dando la razón a los colonos. Esta circunstancia obligó a la Jewish a desenvolver procedimientos equitativos, prestando su ayuda eficaz al colono. Inició labores de mejora y fomento, buscando la comodidad de sus colonos. Una de sus obras de significación, fué el vivero destinado a distribuir plantas en todas las viviendas de sus pobladores. El año anterior fueron distribuídas 10.000 plantas de acacia y otras forestales.
En la actualidad pueblan esta colonia más de 250 familias, contando con dos establecimientos de instrucción.
A nuestro paso por Rivera, en viaje a Macachin, visitamos el local de esta cooperativa, teniendo oportunidad de departir con su presidente don Aaron B., hombre de cultura general, colono fundador y muy versado en temas de mutualismo y cooperación.
Cooperativa.Calificación del sistema de comunidad de producción o de consumo.
Tendencioso.De “tendencia”: propensión a alguna cosa.
Punitivo.De “punir”: castigar.
Rescinde.De “rescindir”: deshacer, anular, declarar sin efecto alguna cosa.
Ambulatorio.De “ambular”: andar de una parte a otra; no tener residencia fija.
Incremento.Aumento, expansión.
Versado.Práctico, experto, perito, ejercitado.
“Nobis placeant ante omnia sylve"—había dicho Virgilio en uno de sus grandes poemas.—“Nada nos guste tanto como el bosque".—Brisas del Helicón, patria de las musas, soplaban todavía por el Mediterráneo, y la Europa toda, sostenía aun el culto legendario de las florestas. Bien pudo la loa del bucoliasta, ser anatematizante reivindicación para el bosque que acababa de talar Julio César—según Lucano—camino de Marsella.
De este atentado, arrancó la odisea de los bosques de Europa. Pero es que el dictador vitalicio no iba, hacha en mano, contra las selvas, por molestar a Ceres, como lo hiciera Eriticson, a estar a lo que cuentan “Las Metamorfosis” de Ovidio. Julio César quería cortar de cuajo contra las supersticiones druídicas. Y blandió su herramienta mortal contra los robles sagrados. Fué la hora trágica de las selvas. ¡Para él, el primer tajo sobre el árbol secular! El verso de “La Farsalia”, pinta en boca del héroe su brava decisión, para instigar a sus legionarios al doloroso desgarramiento de la floresta primitiva y gloriosa:
“Ya será el hecho imitación no intento;Proseguid, no abonéis la acción que elijo,Que si emprendió profanidad mi manoNo es vuestro el crimen, yo seré el profano".
“Ya será el hecho imitación no intento;Proseguid, no abonéis la acción que elijo,Que si emprendió profanidad mi manoNo es vuestro el crimen, yo seré el profano".
“Ya será el hecho imitación no intento;Proseguid, no abonéis la acción que elijo,Que si emprendió profanidad mi manoNo es vuestro el crimen, yo seré el profano".
Tal ocurre a los bosques pampeanos. El hacha de César ha declarado su guerra cruel a los caldenes. Pero es la necesidad, la apremiosa necesidad, no el fanatismo, la que abre el tajo y allana la floresta. Caen los árboles corpulentos, milenarios tal vez, reclamados por las usinas, por las fábricas, por el ferrocarril. El sentimiento nacional pone una nota de angustia sobre la agonía de sus bosques, mientras la avidez agraria se apodera del viejo patrimonio, regado aun por la savia roja de sus árboles, y donde la colonia ha de espolvorear el oro de las mieses...
Y bien: explotemos nuestros montes, pero con prudencia, con talento, con amor. No hagamos lo que Estados Unidos, que después de arrasar sus grandes florestas, en una extensión tan amplia como Europa, ha tenido que castigar su irreflexiva sordidez, con la “fiesta del árbol”, la más bella advocación a Flora y una de las mejores conquistas de la civilización. Explotemos nuestros bosques; pero llevando siempre en el corazón el verso de Virgilio: “Nobis placeant ante omnia sylve"...
La explotación leñatera está en todo su apogeo en la Pampa. El encarecimiento del carbón mineral ha operado el florecimiento de una industria que venía desarrollándose paulatinamente y sin el incentivo de las grandes empresas. La necesidad y el usufructo, han despejado el horizonte para la explotación. El calden, leña del hogar, ha pasado al fogón de la locomotora a suplir al Cardiff. Y de muy buena calidad debe ser este combustible, cuando las empresas ferroviarias se apresuran a formalizar, con los beneficiadores de bosques, contratos de consideración y a largos términos. Esta enseñanza, que viene a sacudir la indolencia del país, es una de las buenas cosas que nos deja el prontuario de la guerra universal.
De tres años a esta parte, se ha venido intensificando la industria. Las ferrovías del sur, que cruzaban hasta hace poco, el monte salvaje, cortan ahora predios civilizados por la colonia. ¡Es de muerte la guerra emprendida por el hacha talar! Pero, sobre los bosques de la Pampa sería difícil, hoy por hoy, imponer una legislación previsora que perpetúe la floresta primitiva. El servicio de guardería forestal debe ser obra del interés privado, de acuerdo con las ventajas que reporta una explotación sistemada; que no destruya, que civilice; que no arrase, que usufructe y combine. Los bosques purifican la atmósfera, atemperan la impetuosidad de los vientos, suavizan el rigor del clima y regularizan las lluvias. Se explica la legislación inglesa sobre sus bosques. Pero no es éste el precedente que conviene a la Pampa argentina. El gobierno británico bien hizo en permitir el descuajamiento de sus florestas. Las corrientes submarinas que bañan las costas de aquellas islas con el calor del trópico, y la humedad que traen los vientos del Este, bastan, como elementos naturales, para hacer productivas aquellas regiones geográficamente frías. El arrasamiento de sus bosques fué para Inglaterra una solución, pues no sólo abrió campo a sus cultivos agrícolas, si no que desecó el suelo y disminuyó la humedad de la atmósfera.
El desiderátum de nuestra explotación forestal en tierras pampeanas, será la chacra-monte, combinación nueva, en vísperas de crearse en los bosques vecinos al Colorado. Será éste un modelo de colonización, de orientaciones nuevas en el país, que tenderá al usufructo mixto de la selva montaraz y el cultivo agrícola, sobre la base de la estabilización de los hachadores. Es decir: llevar a la acción, en una palabra, el aforismo alemán, tan eficiente y civilizador: “ni cultivo sin monte, ni monte sin cultivo". Por lo pronto, derribar los caldenes comporta, en la actualidad, rescatar los campos para el dominio del arado. Si fuera posible la repoblación de estos bosques en el tiempo breve en que se desarrollan los árboles del trópico, se impondría de inmediato la ley precaucional que tutelara su explotación. Pero estos tremendos ejemplares parece que no han tenido infancia. Los viejos vecinos de la Pampa, que saben conservar, por cariño, algún calden familiar, a cuya sombra retozaron sus hijos y sus nietos, suelen decirnos, orgullosos de aquella longevidad indescifrable:
—Es el mismo siempre. No ha echado ni una rama más desde que lo conozco...
La botánica se estrella ante el enigma de esta vitalidad montaraz tan digna de estudio. La fito-biología falla, inevitablemente, ante los círculos concéntricos que rodean la médula de los troncos. Y como es cómodo dar rienda suelta a la imaginación y buscar una procedencia legendaria a los viejos amigos que se van, no faltan bondadosos informantes que remontan el origen de algunos ejemplares, a los tiempos de Noé...
—Yo creo que hay árboles que se mantienen en pie desde el diluvio—nos dice un formidable anciano, fundador de Santa Rosa, que no ha leído a Chateaubriand,sin duda, pero que rescataría para nuestros caldenes la expresión grandilocuente del escritor francés sobre los bosques: “son los primeros templos de la divinidad".
Los propietarios previsores, al desmontar el bosque para entregar la tierra a los cultivos, dejan árboles en pie de trecho en trecho, no sólo como un adorno para el campo, sino como elemento de sombra para los ganados, que aprovecharán el rastrojo después de las cosechas. Entre los caldenes suele medrar, en ejemplares aislados, algún tupido “sombra de toro”, de forma elipsoidal y hoja perenne, tan uniforme, tan umbroso, tan bello, en fin, que lo reclamaría sin desdoro el parque más exigente y estilizado de Buenos Aires.
Helicón.Montaña de Grecia consagrada a las musas, deidades de la antigua mitología griega, protectoras de las letras, las artes las ciencias. Por extensión, se da el mismo nombre al lugar a donde se va a buscar inspiración poética.
Legendario.Perteneciente o relativo a las leyendas.
Loa.Elogio.
Bucoliasta.Autor de composiciones pastoriles o poesías camperas.
Odisea.Las aventuras de Ulises en la guerra de Troya, según el poema de Homero. Se usa por extensión, refiriéndose a percances y vicisitudes de la vida.
Supersticiones.De “superstición”: creencia ridícula y llevada al fanatismo.
Vitalicio.Lo que dura por toda la vida de una persona.
Druídicas.De “druída”: sacerdote de los antiguos galos o celtas.
Avidez.Inmoderada ansia, codicia, voracidad.
Sordidez.Mezquindad, miserable tacañería.
Advocación.De “advocar”: consagrar una imagen, un templo, etc.
Guardería.El trabajo o la ocupación del guarda.
Aforismo.Regla, principio, axioma.
Longevidad.Larga vida, existencia prolongada.
Fito-biología.Ciencia de la vida vegetal.
El movimiento ferroviario del sur y del oeste de la Pampa, no se da tregua en el arrastre de convoyes leñateros, rumbo a los puertos de Bahía Blanca y Buenos Aires. Junto a los desvíos de cada estación, enormes parvas de calden esperan turno para el transporte, consignadas a las grandes empresas, fábricas y frigoríficos del litoral.
En Guatraché hemos visitado detenidamente la “hachada” más importante del territorio, industria del señor don Fortunato A., uno de los hombres jóvenes más progresistas y emprendedores del territorio. En compañía del administrador del establecimiento, nos internamos en el corazón del monte, siguiendo el sendero tortuoso, ahondado por el trajín incesante de los carros cargadores. Toda la superficie circunvecina a la vieja estancia, está desbrozada ya. Los hachadores, distribuídos en pequeñas cuadrillas, van derribando el bosque, sin dejar rastros de la floresta secular. Abatido el calden, se descuaja el recio tronco, se queman las raíces y luego se ciega el hoyo, allanando la tierra que bien pronto ha de confundir y emparejar el arado con su tajo atrevido. ¡Y qué pocos meses de vida tiene este bosque! Setecientos hachadores fornidos han iniciado la obra del desmonte. Y mientras las rajas van apilándose en verdaderas montañas—hay 50.000 toneladas de leña lista ya para embarque—el ferrocarril se apresura a terminar su línea industrial para dar salida a la cuantiosa producción.
Un compromiso celebrado entre el señor A. y el ferrocarril del Sur ha ocasionado esta vertiginosa explotación que reclama sin medida, jornaleros y celeridad. El contrato, cuyos términos generales han trascendido, de acuerdo con la importancia del negocio, atribuye a las partes la obligación de entregar y recibir leña por 20.000.000 de pesos, enorme suma que se hará efectiva en el transcurso de cinco años y mediante la explotación de diversas matas. Esta transacción, la másimportante que se ha celebrado hasta ahora en el país, ha venido a dar a este obraje el contorno de un verdadero emporio de riqueza. Respetamos, porque así lo exige la reserva comercial, el precio estipulado por tonelaje y otros detalles de la operación. Baste saber, como dato ilustrativo, que el ferrocarril del Sur tendrá, para muy en breve, listo su ramal que empalma con el Pacífico. Esta línea tiene una longitud de 14 kilómetros y combina entre Remecó y Guatraché. La reciente huelga ferroviaria ha venido a dilatar la inauguración de esta línea. El señor Fortunato A. se dispone a entregar, a partir del primero de año, 1.000 toneladas diarias, como base, tratando de exceder de 600.000 al año, si es posible, cantidad única, hasta ahora, en esta clase de operaciones, entregada al arrastre del ferrocarril. En la actualidad el monte de A. industrializa diariamente más de 600 toneladas, siendo probable que la producción se duplique con el acrecentamiento de hachadores que se producirá a renglón seguido de las cosechas.
El peón en este obraje gana un jornal de 2.50 a 3.00 pesos, según la calidad del monte, intensidad o rarefacción de ejemplares nobles. En medio de la maraña, suelen aparecer limpiones de monte sucio que es necesario extirpar también. En esta operación cabe el aumento de salario.
En la proveduría, contigua a la estancia, hemos departido con algunos peones, quienes nos informan sobre las condiciones de labor.
—El trabajo es rudo, señor—nos dice un joven español.—Menos mal, cuando uno es del oficio y tiene callo formado en la labor... Que no todos pueden rendir su tonelada diaria.
—No se puede—arguye un criollo—por que en descuajar, cerrar el pozo y quemar los raigones, que es trabajo aventado, se echa un cuarto de día, por lo menos.
—¿Y en qué condiciones trabajan ustedes?
—Nosotros nos organizamos en cuadrillas de a cinco—continúa el español ladino.—Tenemos que comprar los elementos de trabajo, esos cuatro fierros que ve usted: un martillo grande, dos cuñas y el hacha. Estelote para cada trabajador; además de la sierra grande, el pasaportodo, que corresponde al grupo y es la herramienta de más valor.
—¿Y cómo adquieren estos elementos?
—Los fía la casa. Un total de cerca de 70 pesos en conjunto. De manera que uno al iniciarse, entra en deuda con el patrón. Y créame que los artículos de consumo no dejan de ser un poco pesados...
—¿A cómo?
—La carne, a 55 centavos; la galleta, a 40; el azúcar, a 75... ¿No le parece caro?
Tenemos siempre el espíritu bien dispuesto en favor del trabajador; pero, en este caso, no encontramos razonable la protesta. 40 centavos se paga por la galleta en Santa Rosa; y el azúcar, posiblemente, no se consigue a menor precio en ningún pueblo de la Pampa. En la cooperativa de los colonos de Rivera—la Jewish Colonization Association—que hemos visitado, se cobra a los asociados 84 centavos por el kilo de azúcar, a pesar del mutualismo que proclaman.
De primera intención, parecería esquilmadora la medida de cobrar medio centavo por el litro de agua entre los hachadores, mayormente teniendo en cuenta que el agua abunda en este campo, en donde los surgentes han sido una revelación.... Pero hay que convenir que la distribución del agua a las numerosas cuadrillas diseminadas en el monte, importa establecer servicios auxiliares y carros aguateros cuya circulación irroga gastos.
En Naicó, por ejemplo, como asimismo en diversos beneficios leñateros, en la zona del sur, los obreros trabajan en condiciones inferiores. Ganan de 2.00 pesos a 2.20 por tonelada, o 50 centavos por metro cúbico. Se paga 80 centavos por metro, de acarreo, hasta tres leguas—un carro carga de 15 hasta 22 metros.—Hay que tener en cuenta que en acarreos de tres leguas de distancia, se puede realizar un viaje cada día por medio.
El campo Los Surgentes, donde están estos montes destinados a desaparecer en breve, será uno de los mejores de la comarca, una vez entregado a los cultivos. Nada de difícil prever que el ramal eventual, construído a los fines de esta explotación pasajera, sea un desahogo para la futura colonia o estire sus rieles hasta Bernasconi, civilizando nuevas tierras. Por lo pronto, el gran porvenir de este campo, ganado al monte, está asegurado ya con los surgentes de agua riquísima—uno de los cuales da más de 150 litros por minuto—y que serán manantiales de vida para las futuras poblaciones. En la actualidad son diez los surgentes de una profundidad de 120 a 150 metros, distribuídos con inteligencia y previsión en todo el campo. Estos pozos, rinden constantemente, de 60 a 150 litros por minuto y cuestan cada uno alrededor de 500 pesos. Sobre esta base del agua, se ha de afianzar la labor futura del gran establecimiento agropecuario que se iniciará con la caída de los últimos caldenes y sobre una extensión de 15.000 hectáreas.
Se dirá que en esta guerra sin cuartel contra la naturaleza salvaje del terreno, no volverán los árboles magníficos y llenos de sombra a tonalizar el valle y empenachar los collados, pensando, con dolor, en la expresión de Tehuriet de que el monte es la poesía y el perfume de la tierra; pero sobre el salvaje orgullo, nadie negará que se ha puesto una nota de poesía, civilizando la heredad con la colonia y con el tren...
Parvas.Cúmulo, montón considerable de alguna cosa.
Rajas.Astilla de leña.
Matas.Pedazo de terreno cubierto de árboles de una misma especie.
Aventado.De “aventar”: echar al aire alguna cosa; echar, expeler, ahuyentar.
Esquilmadora.De “esquilmar”: arrebatar a alguno el fruto de sus trabajos, sudores o privaciones.
Una de las regiones de la Pampa donde la explotación forestal ha realizado su ciclo completo, desde el monte primitivo hasta la colonia, ha sido la comarca tributaria de Naicó, junto a la línea del Pacífico. Hasta estos montes solitarios, llevó hace ocho años su acción valiente y juvenil don Fortunato A. De aquella violación decisiva a la selva intocada, debía nacer el centro futuro, la colonia próvida y la pradera boyal. Fué una brava aventura la de este argonauta joven, que se lanzaba a la conquista del monte vigoroso y desconocido, a civilizar heredades sin deslindes, sin aguadas, sin caminos, sin perspectivas de utilización agrícola. Rudos fueron los prolegómenos de esta atrevida iniciación. Sobre extensas tierras de la sucesión de Ataliva Roca, pobló A., colonizó, dividió, alfalfó, mientras sus hachadores talaban la selva en tres leguas a la redonda, sobre la estación del ferrocarril. El emporio de labor que venía a sacudir la armonía salvaje de aquella agreste virginidad, reclamó, bien luego, el núcleo vecinal. Y A. fundó el centro urbano a la vera de la estación, en donde se congregaron las primeras familias rusas que tentaron su bienestar en la colonia. Es así cómo se inició el pueblo Ministro Lobos, a base de un prudente loteo de chacras, quintas y solares.
Mientras tanto, los primeros cultivos, diseminados a título de comprobación sobre la aptitud agrológica de aquella tierra, comenzaban a tomar incremento. El maíz rindió en forma excepcional, habiéndose aprovechado en una de sus cosechas más de 5.000 bolsas. La alfalfa verdeó parejo en 1.200 hectáreas, a manera de ensayo, y el trigo, la avena y el centeno, comenzaron a prodigarse, con buenos augurios, en predios de consideración. Actualmente en estas colonias se ha cultivado una superficie de 12.500 hectáreas de trigo y más de 3.000 de maíz.
El pueblo Ministro Lobos, que creció, al propio tiempo que se urbanizaba con nuevos edificios los terrenoscontiguos a la estación, acrecentó su importancia con el reflejo tributario de las setenta familias colonizadoras que fueron en pos de la vitalidad productora de aquellos campos brutos, que resultaron tierras de pan llevar. Interín el ferrocarril seguía evacuando, con rumbo a Bahía Blanca, el tributo del bosque que llegó a significarse, en números redondos, con 300.00 toneladas.
Fué una lucha tenaz aquel comienzo—nos dice el señor Fortunato A.—Pero no pudo el pesimismo ambiente contra la visión clara que se había apoderado de mi espíritu. Sin defecciones, sin desmayos, con fe sincera en el porvenir, emprendí la labor. Los cultivos primeros fueron de prueba y por administración. Bien pronto me dí cuenta del valer productivo de toda la zona. Y fué una comprobación muy grata para mí poder apreciar que el éxito de la agricultura en esta comarca, está basado, más que en la cantidad, en la oportunidad de las lluvias, 400 milímetros que es el promedio anual, bien distribuídos y a su tiempo, bastan para levantar buenas cosechas.
Esta obra tuvo, como era de esperarse, su grata repercusión vecina. Pasado el Rubicón con tan buen éxito, se arremangaron los vecinos a tentar fortuna en la colonización. Campos de Esturizar, de Ataliva Roca, Roca de Bollini, Madero, García, etc., que no habían intentado aventar, siquiera un grano, al erial, roturaron francamente el baldío, seguros que la tierra no sería esquiva a sus afanes. Ocho años han bastado para transformar la fisonomía comarcana. El pueblo, la colonia, el campo pastoril, el molino, el alambrado divisor, el camino insinuante, han operado la transformación vertiginosa de la selva huraña. Y si para el sentimentalismo nativo, cabe la melancólica añoranza de los árboles criollos que se fueron en la lenta agonía de las cosas, con su sombra, con sus aves, con sus nidos, con su fragancia, arrastrados por el torbellino de la conquista, signos de progreso definitivo, ponen su nota augural en la maquinaria moderna que surca, que siembra, que engavilla, que arrastra; en el seleccionamiento de los cultivos y los ganados; en el bienestar invalorable de la campiña, tecnificada ya, y hasta en el canto de los labradores, calandrias de la civilización...
Pero no para ahí la obra eficiente y porfiada de este hombre emprendedor, de esta “garra”, en el sentido generoso del vocablo. Fortunato A., Júpiter de los caldenes,—si cabe el teogonismo pagano atribuído a las florestas pampeanas, donde puede el caldén, como el roble, ser símbolo de suprema fuerza forestal—lleva sus hachadores al sur, a las márgenes del río Colorado. Pero, hombre de empresa y civilizador a la vez, ha de buscar, como lo indicamos en nuestro capítulo anterior, una combinación novísima, capaz de dar la nota más alta, completa y educativa en nuestras especulaciones agrícolo-ganadero-forestales: la “chacra-monte".
No conocemos en la economía forestal el precedente que se haya anticipado a esta explotación “sui-géneris". Alemania, cuya política arbórea culmina en sabias legislaciones sobre bosques, pudiera tal vez, darnos entre sus disposiciones algún ejemplo análogo. Inglaterra no nos lo da. Ni Francia. Ni España mismo, que posee una de las codificaciones más avanzadas sobre bosques, y que a partir del Fuero Juzgo, que dejaron los godos—¡hijos de las selvas, al fin!—y las pragmáticas de los reyes Católicos, supo distribuir con mesura el patrimonio de las florestas. Ni Estados Unidos, que comenzó su conquista agraria con el incendio de sus selvas, y que, pueblo arrebatado y nuevo, no tenía noción de aquel sabio código de Castilla, que decía en su libro 8.º, título 2.º: “si algún onme enciende monte asieno o árboles de cual manera quier, préndalo el iuez, e fagal dar C azotes e faga enmienda de lo que quemó, cuemo asmaren onmes buenos"... Felizmente, para la gran nación del Norte, su fiero empuje arrasador buscó el correctivo en el culto a las plantas, extremoso y sentimental.
¿Cuál es el plan de Fortunato A.? En síntesis, crear un tipo montaraz, el hachador-labriego, que se arraigue a la tierra, que deje de ser el saltamontes, el gandul, el obrero paria, hecho a la herramienta devastadora como una prolongación cruel. El leñador, en esta nueva escuela del trabajo, sabrá bien que si desbroza la maraña, sobre el suelo domado, para él germinará laespiga que fecundará su sudor. Y con esta perspectiva, educadora y franca, ha de ser piadoso con la selva, respetando los árboles de sombra, que diseminados por el campo, abierto a los sembríos, abrigarán al ganado de sus dehesas, como preveía la pragmática de Carlos V. sobre la prudencia en las explotaciones, por que “hay mucho desorden en los disipar; de que resulta que no hay abrigo para los ganados en tiempo de fortuna y gran falta de leña".
Mucho y bueno debemos esperar de esta iniciativa que abrirá nuevos horizontes al leñador, mientras se pueblan comarcas nuevas y se fecunda la virginidad de aquellas tierras del Colorado, que son un misterio todavía para el espíritu descreído de Buenos Aires.
De cien leguas es la superficie que acaba de arrendar A. a don Dalmiro M., sobre la margen izquierda de aquel río. ¡Imagináos las sorpresas que puede guardar este feudo al empuje civilizador! Selvas impolutas, aguardan en la misteriosa soledad, la hora en que la mano del hombre vaya a adueñarse de aquel “summum munus homini datum”, que atribuía Cicerón a los bosques; praderas cerriles, que esperan la caricia sensual del arado, para abrirse en estupenda maternidad; salinas riquísimas, como lagos árticos, sólo conocidos por las aves; poéticas cuchillas y hondonadas feraces...
Hasta este fundo inmenso llevará el ferrocarril del Sur sus rieles, movido por el interés común. Son 75 kilómetros de línea, comenzada ya, que facilitarán la conquista, empalmando en el trayecto de Gaviotas y Río Colorado. Sobre esta intersección, tenemos fe en que ha de organizarse, en forma vertiginosa, una ciudad de porvenir, núcleo central del Sur pampeano.
Conjuntamente con estos campos, el señor A. ha adquirido 40.000 hectáreas vecinas, que comprende el campo de los Achával, en cuya superficie desarrollará con preferencia, su plan de colonización. Hasta allí irá un ramal de 5 kilómetros, cuyas ventajas allanarán los preliminares de la cultura agrícola a que están destinados.
Hasta el presente la comarca vecina a estos campos desconoce en absoluto las labores agrícolas. Algunas vegas están pobladas de ganadería lanar, pero en formade crianzas rudimentarias. El futuro centro de población, el ferrocarril, que ya comienza a afirmar sus durmientes y la explotación mixta que usufructuará el monte y hará rendir forraje y cereal a la tierra desbrozada, van a sacudir la molicie del Sur y a abrir un nuevo horizonte industrial y económico a la Pampa, completando para el gran territorio, la cenefa que cerró magistralmente Pico por el Norte y por el Este el rosario de pueblos recostados sobre el Meridiano Quinto.
Forestal.Perteneciente a los bosques.
Ciclo.Período.
Boyal.Relativo a los bueyes.
Tierras de pan llevar.Las que son aptas para el cultivo del trigo.
Rubicón.El Rubicón es un pequeño río del norte de Italia que, en época de la república romana, separaba las provincias gobernadas por Julio César de las que administraba Pompeyo. Cuando aquél se dicidió a luchar contra el segundo, atravesó el Rubicón al frente de sus soldados, con lo que, al invadir el territorio de Pompeyo, iniciaba la guerra. Desde entonces se dice “pasar el Rubicón”, para significar que se inicia alguna empresa difícil al vencer el primer obstáculo.
Sui géneris.Expresión latina que se emplea para denotar algo especial, que no puede ser confundido con cosas análogas.
Fuero Juzgo.Leyes españolas del tiempo de los godos.
Si algún onme enciende monte asieno o árboles de cual manera quier, préndalo el juez e faga dar C azotes e faga enmiendo de lo quemó cuemo asmaren onmes buenos.(Tomado al pie de la letra del texto del Fuero Juzgo, en castellano antiguo). He aquí la correspondencia literal en castellano moderno: “Si algún hombre enciende monte ajeno, o árboles, de cualquier manera que sea, préndalo el juez y haga darle 100 azotes, y pague (el incendiario) indemnización por lo que hizo, según lo estimen personas honestas y entendidas".
Pragmáticas.Leyes, ordenanzas.
Impolutas.Que no han sido exploradas; vírgenes aún.
Summum munus homini datum.Expresión latina: la mayor riqueza dada a los hombres.
Vega.Tierra baja, llana y fértil.
—Lihuel Calel—nos informa en General Acha un fuerte afincado en el Noveno Departamento—es una tierra rica en minerales de cobre y oro... ¿Por qué no la visita?
Deseos tendríamos, en verdad, de hacer una excursión a estas montañas, que, con la Sierra Chica, constituyen un raro sistema orográfico perdido en la inmensidad de los campos; pero nuestra visita, a simple título contemplativo, a ninguna explicación concreta podría arribar sobre las condiciones científicas de aquellos minerales. El viejo beneficio, que tentó la codicia de algunos mineros profesionales en el espacio de veinte años, a partir de 1885, está completamente abandonado. Baste saber, a mérito informativo, que los pozos cavados en este asiento, tienen algunos una profundidad de setenta metros. El explotador de las minas de Lihuel Calel, fué don Juan de Dios Sepúlveda, quien las trabajó durante diez años enviando su producto a Chile. Durante los años de 1902 a 1903, la explotación estuvo en manos de una compañía de Bahía Blanca. El embarque de minerales se hacía por Pichi Mahuida—F. C. S.—a veinte y cinco leguas de distancia. Probablemente, los gastos originados por el transporte fueron óbice para continuar la explotación. Y ahí están los trabajos paralizados, a la espera, tal vez, de que se formalice la línea proyectada por el ferrocarril Pacífico, de General Acha al occidente, acortando en una tercera parte la distancia ferrocarrilera que conviene a la explotación.
La minería, industria incipiente todavía en nuestro país, no ha despertado en este territorio el interés de la empresa. Los buscadores de fortuna, tentados por el oro de las mieses, no salen de las especulaciones trilladas. Las arenas de estos médanos—no es una novedad para nadie—poseen un buen porcentaje de pirita de fierro. Esta proporción que por su abundancia pudiera tener su interés para la industria minera, valemucho más para la explotación agrícola, en forma indirecta y en el sentido práctico de los colonos. El aprovechamiento racional está en la inmovilidad de esos médanos ferruginosos, y sobre ellos el cultivo adaptable y eficaz. Engolosina, de primera intención, la riqueza metálica de las arenas. Pero no se pone en cuenta las dificultades y el costo de la explotación. Es un ingenuo lirismo esta novedosa teoría de explotar los médanos, alejándolos de su destino natural de ser tierra firme con el tiempo. Y hasta hay personas graves, que nos dicen con énfasis, como si hubieran encontrado la piedra filosofal:
—¡30 por ciento de fierro! ¡Si es una riqueza colosal!...
Ante este entusiasmo desmedido en vías de dar consagración a una novelería, cabe preguntar, lo que sería de esta Pampa, si le quitaran el hierro que constituye, precisamente, el poco de densidad de sus médanos. Las dunas, lejos de civilizarse con plantaciones y sementeras, se convertirían en un piélago de arenas indóciles, reacias a todo empeño de cultura agrícola y de inmovilidad, destinadas a eterno juguete de los vientos y azote de las poblaciones...
Cuando el general Roca, a punto de culminar su campaña civilizadora, llegó al río Colorado, los oficiales descubrieron en las arenas vecinas una mezcla poderosa de fierro titánico. Por medio de un imán, se extrajo el mineral; y era tan pequeña la cantidad de arena pura, que quedaba, después de esta separación, que apenas rendía un diez por ciento... Esta existencia de fierro titánico, que venía a dar la presunción de un arrastre aurífero, despertó en el público una gran predisposición por las tierras del Colorado. Felizmente no se produjo el éxodo californiano, a pesar de la aseveración optimista de los sabios teutones que acompañaban la expedición. Quedó, sin embargo, un vaticinio augural, que suscribió el redactor militar de la cruzada.
—Tengo la esperanza—decía el coronel Olascoaga—de oir decir un día que se ha descubierto un rico lavadero o mina de oro en cualquier parte del río Colorado; y más probable entre sus nacimientos y las inmediaciones de Pichi Mahuida.
Van corridos treinta y ocho años y aun la profecía está en pie. Aquellas tierras se han poblado, pero el oro del ensueño no ha despertado aun la avidez de los buscadores.
Tal, la amable fábula de esta industrialización de los médanos, con la diferencia que exprimir el hierro de los médanos sería fomentar el Sahara infecundo, despiadado y eterno...
Cuando se estudie con detención el subsuelo de la Pampa, nada de extraño será que se abra un nuevo horizonte capaz de concentrar fecundas actividades. Este territorio, geológicamente considerado, es una prolongación de las pampas mendocinas que tienen su punto de arranque en las nacientes del Atuel, en donde los cateos acaban de revelar la existencia de carbón (que ya se explota), alquitrán y petróleo, fuera de los ricos minerales de cobre, conocidos y trabajados de tiempo atrás. Esta derivación es probable que nos reserve algunas sorpresas. La necesidad de buscar el surgente, que es la vida económica y firme de los cultivos intensivos, ha de despejar la incógnita en el momento menos pensado, revelando la existencia de hulla o la cuenca petrolífera significada en fecundo nacedor.
Lihuel-Calel.(Voz araucana). Pico de serranía.
Contemplativo.De “contemplar”: mirar, registrar, considerar profundamente.
Beneficio.Labor que se da a los campos, árboles, minas, etc.
Pirita de fierro.Mineral con azufre, arsénico y hierro.
Enfasis.Fuerza de entonación con que se acentúa lo que se dice o se lee.
Piélago.Poéticamente, significa “mar".
Teutones.Alemanes.
Cateos.De “catear”: voz antigua y americana que significa “buscar, descubrir, especialmente minas".
Nacedor.Expresión campera (término nuevo) que significa “manantial de agua".
La sal común es el único mineral que actualmente se explota en la Pampa. Las fuentes productoras están al sureste, comprendiendo tres o cuatro lagunas en los departamentos Tercero y Cuarto. Estos criaderos de sal en pleno beneficio hoy, fueron focos de atracción otrora de las tribus nómades que pululaban por el desierto, antes de la campaña militar. La labor elemental y rendidora de la explotación, y el abandono en que yacían estos bienes del Estado, dieron pie a la depredación de las indiadas, completando así, con las haciendas mal habidas, el comercio inmoral en los mercados de ultracordillera.
—Yo he visto con mis propios ojos—nos dice un anciano, peón todavía en Pico—¡ah, criollo!—que actuó como soldado en toda la campaña, desde los preliminares de Alsina hasta la concentración histórica de Choele-Choel—yo he visto las arrias indígenas, cargadas de sal, camino de Naicó, rumbo a las cordilleras. Y le garanto que eran por lo menos cincuenta cargueras y más de treinta lanzas que les venían pisando los garrones... Estaba yo entonces, destacado en patrulla volante y bajo las órdenes del comandante Clodomiro Villar... Eramos diez de la partida, internados campo afuera, siguiendo los rastros de una indiada, que había pasado tres días atrás. Como a doce leguas de la laguna Mari Mamuel, la cruzada de un monte de caldenes nos separó y quedé con dos soldados entre unos medanales más traicioneros!... sin víveres, sin pilchas y hasta sin tabaco... ¡pa pior! Era una corajeada bárbara... A eso de oraciones habíamos descendido al reparo de una barranquita, cuando vimos pasar como a dos cuadras, como botón de chaleco, a la indiada... Venían del lao de las salinas... ¡La suerte que no nos habían tomado el olor!...
—“¿Atacamos?"—les pregunté a los muchachos.
—“¿Pa qué?"—me dijeron...—¡Si es al ñudo!... ¿Pa que nos pongan como arneros a lanzasos?...
—Tenían razón. Era morir. ¡Sin güelta! Morir en lay, pero sin provecho para la nación. Y le garanto que sentí como qu’el corazón se me achicaba. Y pensé en los versos de Martín Fierro que sabía leer mi sargento en el fortín de Carhué: