VOCABULARIO

“El hombre hasta el más beyacoaflueja andando en la malay es blando como manteca"...

“El hombre hasta el más beyacoaflueja andando en la malay es blando como manteca"...

“El hombre hasta el más beyacoaflueja andando en la malay es blando como manteca"...

En Macachín, gentilmente acompañados por un progresista vecino, uno de los iniciadores del progreso agrícola-ganadero de la comarca, hemos visitado lasSalinas Grandes, distante tres leguas del centro urbano y bajo la explotación, actualmente, de la Compañía Introductora de Buenos Aires.

Un auto volador—es el automóvil, elemento de locomoción consagrado en toda la Pampa—nos pone bien pronto sobre el camino, entre sementeras y predios alfalfados que son una maravilla. Minutos después, desde una lomada que bordea la ribera, se domina la cuenca extendida como un inmenso manto color gris. Estamos en presencia de uno de los más cuantiosos criaderos de sal de la Pampa. El panorama es absolutamente nuevo. Se diría un lago de nieve, donde el cielo indeciso de la tarde ha impuesto su brumosa palidez. El trajín de la ribera, nos habla con elocuencia del emporio industrial. Se destaca, en primer término, el cuerpo principal de la fábrica, a la izquierda, con sus galpones espaciosos y bien construídos. Se alínean, a renglón seguido, las casas de los obreros, uniformes, aseadas; la maestranza, el depósito de maquinarias y otras dependencias auxiliares; luego la casa de la administración, aparte, a la derecha, sobre la barranca poetizada un tanto entre enredaderas y jarillas.

La impresión que nos causa este asiento salinero, es la de un puerto mediterráneo y singular. Un puerto sin barcos, pero con aparejos, con desvíos, con todo el aparato ribereño para la carga y el transporte y—¡asombráos!—con su largo muelle de punta que se interna decididamente hasta el corazón de la salina. Por este muelle, corren las locomotoras y el convoy industrial transportando la sal virgen, descortezada a la laguna.

Hemos querido presenciar la faena para recoger nuestra impresión objetiva sobre esta gran industria. A lo lejos, muy lejos, hormiguean unos puntos negros perdidos en el piélago impoluto de la salina. Son los obreros que apilan el noble producto en las parvas alineadas a lo largo del carril. Dos puntos más grandes, definidos con contornos de maquinaria, se mueven también, rastreando en ruta ondulada sobre la tersa superficie. Son los motores que traccionan los aparatos raspadores.

¿Qué distancia nos separa al foco de labor? Sobre el manto blanco, sin un punto de comparación se pierdeel cálculo del trayecto. Para nosotros no puede pasar del kilómetro la distancia. Y nos ponemos en marcha. Primero seguimos sobre el muelle a paso largo. Pero el muelle es como una aguja interminable. Después comenzamos a cortar campo sobre la sal endurecida, salvando, sin dificultad, los charcos de agua pluvial esparcidos por todas partes y que no han entrado todavía en el estado de saturación, con los 25 grados Beaumé de base para su cristalización. Un hálito salobre se compenetra en nuestro cutis. Los labios son de sal; las manos se alisan notablemente. Sin sentir, vamos ganando trecho; pero los puntos que hormigueaban a lo lejos, siguen siendo los mismos puntos, a la lontananza como si nada hubiéramos adelantado en la incursión. Por fin llegamos.

—¿No sabe cuánto hemos recorrido?—nos interroga el administrador de la salina, que nos ha acompañado en la travesía.

—¿Una legua, quizá?...

—No tanto; pero algo así como unos cuatro kilómetros largos.

La novedad de la labor atempera el poco de cansancio que se ha apoderado de nosotros. Con razón, el señor P. no ha querido moverse del puerto, abstraído tal vez, en la poesía del panorama...

La tarea es simplísima. Los motores—una especie de Champion, de 25 caballos de fuerza, a nafta—mueven un aparejo sencillo, patentado por la empresa. Este acoplado, consta, en síntesis, de una cuchilla como de un metro de largo que funciona en sentido perpendicular a la dirección que lleva el motor y raspa el suelo horizontalmente. El funcionamiento elemental de este aparato nos recuerda el aplanador que usan los hortelanos, una especie de arado superficial que va desmontando suavemente las sinuosidades del terreno. Sobre este implemento, que en esta explotación obra de máquina fundamental, dos hombres gradúan la labor y levantan la cuchilla a espacios de tiempo regulares, formando así pequeños montículos de sal. Viene, entonces la operación de los paleros y acarreadores. De la superficie, pasa la sal, en carretillas, a las pilas. Luego, al“decauville” y después a la línea central, al muelle, rumbo al puerto.

La labor, de la extracción, por lo mismo que es sencilla, es rendidora. Un peón, tomado en conjunto con relación a los diversos menesteres del ingenio, vale por algo más de dos toneladas diarias. Gana un jornal de tres pesos, estirable a seis, en tiempos de cosecha.

En épocas de trabajo intenso, han laborado en la extracción hasta cuatrocientos obreros con un rendimiento de mil toneladas por día. La faena no es tan pesada como la de los leñateros ni la de los emparvadores de cereal, salvo durante el rigor de las estaciones, con la crudeza de los fríos pampeanos y el azote del sol del estío. El esfuerzo muscular, por otra parte, no es abrumador. Reina el mayor orden y aseo en estas labores fiscalizadas por capataces expertos. Durante el trabajo, un convoy de víveres y elementos de uso personal, ocupa el desvío, contribuyendo a la economía de tiempo y a la higiene reclamada, por el trabajo. Actualmente los hombres de labor de este ingenio alcanzan a 140 con un rendimiento de más de 200 toneladas de sal por día.

El yacimiento de esta laguna es inagotable, no sólo por la profundidad de algunos de sus criaderos, si no por la cooperación de las aguas pluviales que contribuyen, al saturarse, al crecimiento por yuxtaposición del preciado mineral. El raspaje se practica superficialmente, porque el espesor no es el mismo en toda la laguna. Hay parajes, determinados ya por el calado, en donde la sal se concentra en núcleos de consideración, formando lo que podríamos llamar la verdadera mina.

Veamos ligeramente lo que compete a la faena de industrialización. Las vagonetas del convoy vuelcan su carga de sal gruesa en unos buzones cilíndricos de cedazos metálicos y en donde el mineral se somete a un lavado con agua dulce, a fin de quitarle las impurezas superficiales. De ahí, recogida nuevamente la sal por un convoy que circula a nivel inferior, es llevada a los departamentos de laboración para la molienda. Allí se practica la separación. La sal gruesa que ha de salir al mercado, no requiere preparaciones accesorias. Seembala en bolsas, simplemente. La sal de mesa, pasa al molino—que no tiene diferencia fundamental con el harinero—y después de la acción de práctica, bajo la fuerza de pistones y trituradoras, queda en condiciones de consumo.

La sal de Salinas Grandes, por el resultado de sus análisis y su agradable paladar está conceptuada análoga a la sal de Cádiz, de fama universal. La sal de mesa se prepara en bolsitas de tela blanca, de un kilo de peso y se ha difundido bajo la marca de Dos Anclas.

De las salinas parte una línea de trocha angosta hasta la estación Hidalgo, distante nueve kilómetros. Por este tren industrial se evacúa el producto sobre la línea del Pacífico. Para tal servicio, la empresa cuenta con 10 locomotoras y más de 300 vagonetas de transporte. La sal de este yacimiento se distribuye en todo el país.

Nuestra impresión general del establecimiento y sus dependencias ha sido inmejorable.

Regresamos. La tarde agoniza. Nuestra máquina vuela por el camino amplio y polvoroso. Del campo dormido, viene como una suave caricia del perfume de los pastos artificiales. Venus se abre en el cielo con su luz radiosa y tutelar. Al cruce de un camino se intercepta una tropa de vacunos que vuelve de la feria en bulliciosa caravana.

—¿De quién son, ché?—interroga nuestro acompañante a los reseros.

—De don Fulano... No alcanzaron a venderse por falta de tiempo... Estuvieron fuerte los negocios...

Aquella tarde—supimos después—en la feria de Macachín se habían vendido animales por más de 100.000 pesos...

Pululaban.De “pulular”: abundar y bullir en un paraje personas o cosas.

Depredación.Pillaje, devastación, saqueo con violencia.

Pilchas.Expresión criolla que significa “prendas de vestir” o las correspondientes a la silla de montar (recado).

Locomoción.Mudanza de lugar, movimiento de traslación.

Maestranza.Lugar que ocupan los talleres.

Jarillas.Arbusto difundido en la zona pampásica.

Traccionan.De “tracción”: acción y efecto de traer o de arrastrar.

Sinuosidades.De “sinuoso”: torcido, quebrado, irregular.

"Decauville".Expresión francesa para indicar pequeños trenes de carga, o las líneas o vías sobre las cuales corren, que son de trocha muy angosta. Pronúnciase “decovil".

Ingenio.Expresión americana con la que se indica un establecimiento en el cual se benefician minerales o productos de la tierra.

Yacimiento.El sitio donde se halla un mineral, fósiles, etc.

Yuxtaposición.La forma de crecer los minerales, al revés de las plantas, superponiéndose.

Cedazos.Tela de fibras, o metálica, destinada a separar en ciertas operaciones las partes gruesas de las finas.

Venus.Uno de los más bellos planetas, que alumbra al anochecer o al amanecer, llamado comúnmente “el lucero del alba".

Mari Mamuel.(Voz araucana). Diez árboles.

La línea férrea de Valentín Gómez a Winifreda la hemos recorrido en una mañana de noviembre. El día es amable, soleado, tibio. Hay alegría, verdor y luz en las praderas. La primera impresión, inconfundible, al cruzar tierra pampeana, es la laguna, volcada junto al tren sobre un campo de gramillas silvestres. La garbosa novillada, de inequívoco tipo Durham, de pulpas firmes, de líneas gráciles, y en vísperas, tal vez, de frigorificación, se ha dado cita junto al agua, tranquila, familiarizada ya con el bullicio ciclópeo del tren...

Winifreda, es una alquería, con contornos de pueblo, que nos produce, de llegada, buena impresión. La calle principal, se abre a lo largo de la vía, abarrotada de pequeños negocios: la fonda, la botica, la peluquería, el almacén. Más allá, la carnicería. Se comienza el diseño de las calles adyacentes. Se aguirnaldan de verde follaje algunos sauces, en la línea de la acera que da al tren. Pero, con displicencia, a la ventura, sin propósitos de edilidad. Numerosos galpones junto a los desvíos, anticipan la exigencia agraria de abundosas cosechas. Basta este síntoma de los tinglados, para adjudicar la importancia de la región. Así como la estación sin pueblo, nos da la idea del latifundio ganaderil vecino, la estación pobre en galpones, nos habla con elocuencia de cosechas precarias o de una incipiente agricultura. Winifreda se sintomatiza como comarca productora en esta exteriorización de sus trojes de hierro galvanizado, en donde vuelcan los colonos sus ingentes cosechas. Se puebla la estación a la hora del tren. Hormiguean los sulkis por los caminos y las chatas promiscuas. Algunas bateas rusas fuertes, sin elásticos, trasunto de la estepa ventosa o de las tierras de pan, de Odessa, se prodigan en la cancha de espera junto a un par de baqueteados automóviles, signos de prosperidad colonial.

Espléndidos están los trigales. En esta zona se ha cultivado este año alrededor de 70.000 hectáreas.

Hace algo menos de ocho años que se organizó esta colonia. Campos pelados, incultos aún, sin la más remota perspectiva de ferrovía, fué una valiente empresa afrontar su cultivo. Todo el mundo—es decir “celui que ne comprend pas"—puso su irónica dubitación en la aventura. Aquella era una utopía, una empresa descabellada. Si la estación próxima dista más de cuatro leguas de la zona de producción—aconseja la economía agrícola—no compensa los gastos de acarreo. Más de diez leguas tuvieron que recorrer los primeros trigos de Winifreda.

—Las grandes dificultades—nos dice el organizador de esta colonia—las tuve al principio. Aquella de encontrar agua potable, fué un problema. Después de consecutivos e infructuosos ensayos, pude allanar el obstáculo, encontrando napas muy buenas. Créame que los tres primeros años fueron para mí un verdadero fracaso. No desmayé, sin embargo. Seguí proporcionando a mis colonos elementos, semillas, dinero, para que no se malograra la labor.

—Pero ha triunfado al fin...

—No puedo quejarme. Moralmente, siento la gran satisfacción de haber dado vida a una rica zona de la Pampa, luchando abiertamente por su cultura agrícola, por su población y por su expandimiento ferroviario.

“Suele haber, sin embargo, un cierto prejuicio con los extranjeros—arguye, con cierta amarga ironía.—La creencia de que nuestro único móvil es embolsar dinero, no siempre es razonable y justificada. Verdad es que nadie trabaja por amor al arte... Pero, puedo asegurarle que esta empresa colonizadora me ha costado muchos quebrantos en los primeros tiempos. ¿Que han reaccionado las perspectivas? ¿que después de tan rudo bregar debo recoger el fruto de mi empeñosa labor? No hay duda alguna. Pero, aun en el éxito, no se dirá que abandono a mis colonos...”

Y, a renglón seguido, nos muestra en su copiador, el documento de garantía subscripto a favor de una veintena de sus colonos, con el Banco de la Nación en General Pico, por una suma superior de 20.000 pesos en garantía de dinero para levantar las cosechas.

Cierto es que la recolección está ad-portas; que se anticipa un óptimo rendimiento—noviembre se desliza temprano y parejo.—Pero estos buenos augurios que pudieran desvalorizar la acción prestataria, frente a la pronta y segura recompensa, suelen ser humo de paja cuando ha de venir el granizo, las heladas y aun las fuertes lluvias de fines de primavera, verdaderos turbiones que malogran el trigo hasta en la misma parva. El colono no está seguro hasta que tiene su grano en las planchadas o lo ve alejarse en los vagones del tren.

La colonia de que hablamos lleva el nombre simbólico de La Espiga de Oro. Su éxito, formalizado en estos tres últimos años, ha dado pie a la organización de otras colonias vecinas tributarias de la estación Winifreda: La Delfina, La Paz, Santamarina, etc. Actualmente La Espiga de Oro tiene bajo cultivos una superficie de 20.000 hectáreas, siendo sus colonos, alemanes católicos y protestantes.

Fueron treinta las familias fundadoras de este campo. De entonces acá, los años han tenido sus veleidades. Los últimos cinco pueden significarse por dos cosechas malas y tres buenas. Se dijera que el complemento del ferrocarril, estableció, en definitiva, la bonanza de la región. Actualmente ocupan la colonia 108 familias, subarrendatarios que pagan como locación el 16% de la cosecha, con contratos por cinco años y por lotes de 100 a 300 hectáreas.

Los campos de esta colonia son de tierra firme, exentos de médanos. El agua está de 6 a 15 metros y la tosca a dos. La ganadería es muy precaria.

Las habitaciones de los colonos constan de dos piezas y cocina. Son muy reducidos los mejoramientos que introduce el colono en su vivienda, pues su carácter de locatario, que ha de abandonar su predio al finalizar el contrato, no le da bríos para tonalizar el rancho con cultivos forestales ni reformas que han de quedar en la tierra. La maquinaria, eso sí, es de propiedad de cada familia. Los colonos utilizan las espigadoras Mc Cormick y Deering. No usan cosechadoras, ni engavillan. Espigan.

Nos interesamos vivamente por algunas características morales de la masa, su grado de comprensibilidad en los negocios, etc.

—Nuestros colonos—nos dice el administrador de La Espiga de Oro—constituyen un tipo de excelentes cultivadores. Son laboriosos, tenaces, fuertes; pero les falta espíritu de iniciativa. No tienen preparación técnica, y en consecuencia no trabajan con sagacidad los campos feraces. Son, por otra parte, analfabetos en su mayoría. Estas circunstancias contribuyen a dificultar las operaciones comerciales y bancarias, aguzando en el colono el instinto de conservación hasta el punto de cometer torpezas que pudieran sospecharse de acciones deliberadas y dolosas ocultaciones.

Nos agrada conocer esta semblanza de los colonos, presentada por el administrador como un rasgo saliente de su étnica. A nosotros, que hemos visitado todos los núcleos coloniales del territorio, se nos antoja que estos perfiles no definen un temperamento ancestral, refractario a todo perfeccionamiento. Rusos más hoscos y colonos trapisondistas hemos encontrado en el camino, modificados en su temperamento primitivo por los beneficios del predio propio. Cuando se solucione el problema agrario, ya hemos de ver que todas las razas serán igualmente aptas para tecnificar y ennoblecer los cultivos. Y será, sin duda, esta Pampa generosa, el gran crisol en donde se han de retener, fundir y unificar los pueblos migradores en un tipo común.

Felizmente para la colonia, ha comenzado a funcionar la escuela pública, bajo el patrocinio de la nación y con más de cuarenta educandos, costeada en su mayor parte con el producto de algunos festivales y donaciones.

Vecino a La Espiga de Oro, el mismo propietario cultiva, por igual sistema de arrendamiento, la colonia El Guanaco, con subarrendatarios alemanes. El terreno es algo inferior en calidad a La Espiga de Oro y más distante de Winifreda. Los colonos pagan el 15% en especies sobre las cosechas y por concepto de arrendamiento.

Como se desprende de estas ligeras apuntaciones, es de gran porvenir esta comarca, hecha pródiga merced ala valentía de una vertiginosa colonización. El tren, que llegó un día, después que el esfuerzo promisor maculara la tierra virgen, para recoger el premio generoso, no ha de estacionarse allí. Nuevas tierras al oeste reclaman sus paralelas de hierro. Mientras tanto, Winifreda, que se anticipó a la conquista, irá urbanizándose poco a poco—no bien desaparezcan ciertas trabas que se oponen a su expansión edilicia—hasta transformarse en un centro de primer orden llamado a desempeñar un papel importante en aquella extendida región de los trigos.

Gramillas.De “gramíneas”: pasto silvestre difundido en nuestros campos.

Inequívoco.Que no da lugar a equivocación ni duda.

Ciclópeo.Gigantesco.

Edilidad.De “edil”: Correspondiente a la acción municipal en pueblos o ciudades.

Tinglados.En el caso presente, significa sitio o local en las estaciones ferroviarias, destinado a depositar cereales o frutos del país.

Promiscuas.De “promiscuo”: mezclado en confusión y sin orden.

Estepa.Llano extenso de escaso cultivo.

"Celui que ne comprend pas".Expresión francesa que significa “aquel que nada sabe". Se pronuncia: “Celuí que ne comprán pa".

Dubitación.Duda.

Utopía.Plan teórico, irrealizable; proyecto ilusorio; cálculo vano.

"Ad-portas".Expresión latina: en las puertas.

Prestataria.De “prestar”: dar o entregar una cosa con la condición de devolverla.

Precaria.De poca duración, inestable.

Dolosa.Falaz, engañosa, fraudulenta.

Trapisondistas.Enredistas.

Migradores.Que pasan de un país a otro para radicarse en él.

Patrocinio.De “patrocinar”: amparar, resguardar, cobijar, apoyar.

Promisor.De “promisorio”: que encierra promesa.

Maculatura.De “macular”: deslustrar, manchar. En el caso presente significa quitar la virginidad al campo silvestre.

Las cuarenta leguas que separan a Pico de Santa Rosa, las acabamos de salvar en automóvil, dejando para más adelante nuestra visita detenida a los campos pastoriles del norte.

Fué el 3 de septiembre. Una lluvia torrencial diluviaba sobre la tierra sedienta. El viento sopló del sureste, un viento agresivo que no cesó sino a última hora de la tarde. El ganado vacuno, que puebla los gramillales y campos de alfalfa en todo el trayecto de Pico a Catriló, venía a embolsarse en el alambrado del camino, paralelo a la línea del ferrocarril, viento abajo, inmóvil y resignado ante el azote del temporal. Fué para nosotros una oportunidad preciosa aquella de poder observar el enorme tesoro ganaderil de las grandes praderas, en todos sus ejemplares de excelente mestización, que se daban cita a lo largo del camino en filas interminables, verdadero certamen de gordura, de tipo, de calidad.

Los vientos de la comarca del norte, antes tan bravíos y desatados, se han venido atemperando paulatinamente. Maracó, Rancul, Realicó, Chapaleufú, Trenel, Conhello, Quemú-Quemú, han sufrido una transformación radical con los cultivos, y lo que es más sintomático para el arraigo territorial, una transformación meteorológica. Es la obra de la civilización de los campos la que opera el fenómeno. Los cultivos atraen las lluvias, modifican los vientos, estabilizan los arenales. Sin embargo, no podemos decir que se ha llegado a la verdadera protección de las sementeras y los alfalfares con la divulgación de los cercos vivos. Esto importa un problema, sobre todo cuando se trata de lindes extensos y es menester preservar los cercos protectores, incipientes aún, de la zaña destructora de las liebres y las vizcachas. Para felicidad de los colonos, las liebres en esta zona van desapareciendo poco a poco. Hace algunos años se propagó un flagelo que no llegó a sintomatizarse con exactitud, pero que se hizo sentir comouna racha destructora para la especie. El daño, que se generalizó como una epidemia en toda la región del norte, se singularizó con una característica particular: las liebres venían a morir en los caminos. Esta circunstancia facilitó la limpieza de los predios pastoriles. Después de este azote, la invasión de las liebres se dirigió al suroeste, quizás para no volver más sobre la rica zona. Queda aun la vizcacha difundida por los campos. Pero su extinción es mucho más sencilla y su obra de devastación se circunscribe alrededor de su madriguera, dando facilidad al colono para localizar el ataque.

Algunos chacareros previsores han ensayado el cerco vivo con buenos resultados; otros han colocado tejido en el linde de sus cultivos o alfalfares. Pero este sistema precaucional es dispendioso y sólo tiene efecto contra las plagas de las liebres. Lo importante sería conciliar la defensa contra los vientos. De ahí el cerco vivo. Tenemos fe en que no han de pasar muchos años en que estos campos feraces, subdivididos por granjas y potreros, se pueblen de arbolados. La lluvia de este día, lluvia de oro para los sembrados nacientes, pero que chasqueó sin piedad sobre el lomo de las bestias como las cuerdas de un látigo movido por el aquilón, interrumpiendo el tranquilo pacer del ganado, nos dió idea clara de la necesidad de difundir el forestal por los campos, para la grata sombra en el estío y el reparo en la crudeza invernal.

Muy pocos árboles hemos visto en el largo trayecto. De vez en cuando algún sauce en eclosión de yemas, rompía la línea ondulada del paisaje. Siempre el molino junto a la vivienda reclamando la fuerza del viento para regar la huerta o abrevar al ganado; raras veces el árbol. Hasta los mismos focos de población, nutridos ya, poco culto le dedican a las plantas. Se explica esto por el carácter genuinamente comercial de los centros urbanos que se suceden en el camino. ¿Qué importan los eucaliptus, el sauce campechano, los paraísos fragantes, el jardín sencillo, en la fonda de la estación o la tienda de abarrotes, destinados a servir al elemento movedizo y migrador de la colonia? Pero los centros que se conglomeran a la ventura por el propio desarrollo vegetativo y por exigencias de la vecindad colonizadora, van municipalizándose poco a poco y es necesario pensar en la edilidad definitiva, carente de incentivo sin la propagación civilizada del árbol. Dorila, Quemú-Quemú, Relmu, Catriló, Lonquimay, La Gloria, Uriburu, impresionan gratamente por su intensidad de vida mercantil, pero no por la influencia emotiva que deja el árbol, signo de avanzada civilización. Sólo Miguel Cané, que cruzamos en el trayecto, se engalana profusamente con atavíos forestales. Cada casa tiene su huerta y por sobre las chapas de hierro de sus techados asoma la alegría de un vegetal. Suponemos el tono alegre de la alquería, destacándose del paisaje pampeano en un día claro de primavera...

¿Adversión al árbol?—supondrá algún espíritu caviloso, ante el retraimiento prosaico de estas poblaciones.—No. Es la propia juventud de cada centro, la improvisación vertiginosa de la comuna que no ha formalizado aun su vida social, ni se ha dado tiempo para estas especulaciones del espíritu que dulcifican la vida. El arraigo vecinal extiende sus primeras raíces en la tierra pródiga. Cada uno de estos pueblos nació con los preliminares de la colonización agrícola, resultado, casi siempre, de una emigración heterogénea ávida de tentar fortuna en el noble trabajo de la tierra. El crecimiento de cada población ha sido un fenómeno imprevisto en casi todos los casos, salvo en la capital del territorio. De la noche a la mañana han surgido los pueblos: con vida propia y de gran porvenir, en las cercanías de las chacras y los campos, subdivididos; anémicos, en la vecindad de los latifundios y las grandes invernadas.

Arraigados los vecindarios, se patentizan los problemas de la urbanización. Felizmente los fundadores de pueblos tuvieron casi siempre—¡y cómo no!—la visión del futuro; y al delinear y subdividir, convinieron, por lo menos, en la amplitud de las calles y el reparo de los vientos. En muchos casos no se anticipó el gran centro y la economía de los propietarios del terreno original, a pesar de la baratura del suelo, limitaron su dádiva al lote para algunas oficinas de rigor,—la policía y el juzgado, sin duda.—Pensar en plaza pública sería un lirismo; en iglesia, una regresión. ¡No necesitaría de estos lujos la ola adventicia de la colonia! Fondas, almacenes fuertes, panaderías, canchas de bochas y despachos de licor, era lo que necesitaban los poblados. Sin régimen para la colonización, los pueblos agrícolas fueron, casi siempre, el resultado lógico de la colonia. Un campo de labor adjudicado a doscientas familias, reclamaba, como consecuencia, el centro urbano, exigido con antelación y a título de negocio, por el poseedor primitivo. Conjuntamente con el pueblo, asomó el ferrocarril a recoger las cosechas y se insinuó el amparo oficial con la administración de orden y de justicia. En esta forma han surgido de diez años a esta parte casi todos los centros agrícolas de la Pampa. La improvisación de ayer reclama hoy atenciones diversas y fundamentales. El conglomerado comercial que definió un centro poblado, tiene hoy exigencias de carácter social. Se organiza la familia nueva, la familia pampeana, adherida al terruño con aspiraciones propias y caracteres definitivos. La escuela pública unifica en el territorio la instrucción nacional. El elemento extranjero que ha sudado sobre la tierra arisca o ha levantado fortuna desde el mostrador, se encariña al suelo en espontánea y fructífera convivencia. Ha llegado el momento, entonces, de cimentar sobre bases definitivas el pueblo que nació a la ventura, obra de un tanteo comercial o de una exigencia de la comarca. Y vienen los reparos a la imprevisión, ya que no es dado retener al progreso. Y entran los pueblos en la segunda etapa de vida comunal, tratando de rectificar los errores propios de la improvisación.

En esto están los pueblos del norte que dejamos atrás al paso acelerado de nuestra máquina, el propio “Mercedes” que sirvió a Roosevelt para cruzar la cordillera de los Andes. Ahí quedan los pueblos con aleteos de aldea y proyecciones de urbes populosas. A ellos volveremos en incursión territorial, anhelosos de estudiar su constitución, su vitalidad, su porvenir.

Mientras tanto, el camino se ensancha a nuestro pasocomo una arteria abierta a las praderías infinitas, en donde se insinúan los sembrados nacientes, jubilosos ante el aguacero torrencial. ¡Y qué auspiciosa compañía la que nos lleva sobre el camino trillado hacia la capital! El telégrafo, el teléfono, el riel...

Meteorología.Que trata de las causas y efectos de los fenómenos atmosféricos, por ejemplo: de la lluvia, del viento, del granizo, etc.

Flagelo.En este caso se refiere a una peste, a una enfermedad vulgarizada.

Dispendioso.Costoso, cuantioso, exorbitante.

Genuinamente.De “genuino”: puro, propio, natural.

Vegetativo.De “vegetar”: disfrutar voluntariamente vida tranquila, exenta de trabajos y cuidados.

Arraigo.Fijeza, estabilidad, permanencia.

Lirismo.Pensar u obrar sin lógica, sin juicio sereno.

Regresión.Acto de volver atrás.

Adventicia.Accidental, casual, extraña, que no es natural ni propia.

Antelación.Anticipación, anterioridad.

Conglomerado.De “conglomerar”: aglomerar, hacinar, amontonar, juntar.

Convivencia.Vivir simultáneamente con otros, en unión, al mismo tiempo.

Maracó.Aguada de las liebres (voz araucana).

Chapaleufú.(Voz araucana). Río pantanoso.

Trenel.Campo de totoras; también se llama “trenel” a los bastos del “recado” de montar.

Lonquimay.(Voz araucana). Nombre de cacique.

Conhello.(Voz araucana). Paraje con agua abundante.

Relmu.(Voz araucana). Arco iris.

Catriló.(Voz araucana). Médano cortado.

General Pico es el primer centro comercial del territorio. Bautizarlo Rosario de la Pampa, sería vaticinarle un porvenir político dentro de la futura provincia; y ¡líbrenos Dios de caer en suspicacias! Fué ingénuo, sin duda, el mote de “Chicago del porvenir”, que suscribió un gran espíritu, sembrador de pueblos—Chapeaurouge.—Pico, por su situación mediterránea, podrá nuclear con fuerzas propias una inmensa y rica comarca, pero nunca será la ciudad de la carne, la ciudad de los “packing house”, bajo la garra colosal de Armour. Chicago, junto al Michigan, tiene la gran comodidad lacustre que ha podido favorecer la expansión de sus frigoríficos. Pico, finca su porvenir en las industrias agropecuarias, y mientras el tiempo y la testamentaría, no barran los latifundios, está su departamento destinado a ser la región—única, por la calidad de sus forrajes—de las grandes praderías, la región de las invernadas o “de cebo” como llaman los estadounidenses a los ranchos de Nebraska. Con Kansas City sería más apropiado el parangón que le cuadra a Pico, siquiera por su similitud geográfica y la forma vertiginosa en que se va acrecentando su población.

De todas maneras, bajo su aspecto comercial, Pico se nos antoja un pueblo del Far West. Sin aguzar la imaginación, retrotrayendo aquella agitación febril que caracterizó las transacciones primitivas y, a renglón seguido, al agiotaje de los terrenos, podremos encontrar los preliminares de Pico en aquel pueblo de Guthrie, en el corazón de Oklahoma, tal como lo describe Paul de Rousiers. Suponemos a los afanosos lonjistas oteando como buenos sabuesos, la lucrativa reventa; los “land agents"—especuladores en tierras—y aquella frase sacramental en todos los labios, de una invariable elocuencia: “¿how is business?” (¿cómo van los negocios?), tan propia del Oeste de allá como de nuestro Oeste, signo etnográfico de todas las improvisaciones. Y hasta la vida accidentada de aquel capitán Couch,cuya figura de poblador y hombre de empresa debe haber quedado como una leyenda en Oklahoma, nos proporciona acontecimientos análogos al origen de nuestras poblaciones vertiginosas, en donde no siempre la noble labor colonizadora está exenta de tropiezos, cuando hay intereses encontrados entre propietarios de campos favorecidos y empresas de ferrocarril.

¿Queréis conocer los preliminares de Pico? Nadie puede narrarnos con mayor interés que el primer comerciante, que vino a establecer su casa La Fundadora, salvando con valentía y con fe todos los obstáculos. Escuchemos lo que nos dice don Juan L. P.

—Era el mes de julio del año 1905. El tren del Oeste llegaba hasta el Meridiano Quinto, límite de la provincia de Buenos Aires con nuestro territorio. Bajé en ese punto para trasladarme hasta el lugar indicado donde había de fundarse el pueblo. Un tren en construcción me trajo hasta la puerta de la estancia del entonces presidente de la República, doctor Quintana, en donde fuí recibido por el mayordomo del establecimiento y por mi buen amigo, señor Luis C., futuro administrador del pueblo General Pico. En esa época, la actual estación estaba en construcción a un metro y medio del nivel del suelo, siendo todo este campo una desolada pampa de propiedad del señor don Eduardo Castex.

“El agrimensor señor A., venido de Intendente Alvear, terminaba la mensura del gran pueblo, y una cuadrilla de veinte peones, formó campamento frente mismo de la actual estación para levantar los galpones de hierro de la casa de comercio de los señores Juan L. P. y Cía.

“A dos leguas de la estación existía una pulpería, llamada Las Liebres, de propiedad del señor Santos A.; de aspecto humilde, con el clásico enrejado delante del mostrador y una pequeña abertura para despachar los artículos a los pocos compradores que acudían.

“No había por allí otro signo de civilización; los campos en su totalidad estaban dedicados a la cría de ovejas, pues solo existía el pasto natural y algunas aguadas. Los materiales de construcción que yo hacía venir de la Capital Federal hasta Meridiano Quinto, para fundar la casa de comercio que más tarde debió llamarsea título de buen derecho, La Fundadora, eran traídos aquí en carros y en tren de balasto, cuando se podía. Pueden imaginarse las dificultades que tendríamos para desarrollar todas nuestras energías, cuando la galleta, por mencionar el primer renglón de comestibles, nos llegaba de una distancia de ocho leguas y propiamente de la estancia del señor don Bartolomé G. (Santa Aurelia), célebre después por su cabaña, en toda la República.

“Construído el galpón para mi casa de comercio, al mismo tiempo edificaron en adobe y barro pequeñas habitaciones, los señores Saturnino M. y Julio B., que se dedicaban al comercio de restaurant y hotel. La gente trabajadora acudía bulliciosamente a comer, y yo mismo, recuerdo, que pasé algunos días vinculado a esa nueva vida para mí.”

Fijada la fecha del remate por el señor Eduardo Ch., socio a su vez, en aquel entonces, de la firma Juan L. P. y Cía., para el 11 de noviembre, empezaron las construcciones de carpas y casas de cinc que se levantaban en el día. Con el permiso del señor Ch. se ubicaban en el solar que lo creían conveniente, para quedar propietarios, sujetándose al precio del día del remate.

“En general, ocurre que la formación de pueblos nuevos, trae dos corrientes de elementos como pobladores. El elemento trabajador que viene buscando nuevos horizontes, y el elemento inservible de otros pueblos, que son despedidos, expulsados por sus raterías o cuatrerismo.

“El 11 de noviembre de 1905, por primera vez veíamos un tren de pasajeros, que era un expreso, donde, aparte de las primeras autoridades del territorio, como el gobernador doctor Diego G., su secretario Víctor L., intendente municipal, Manuel G., Juan F. A., y muchos otros caballeros de Santa Rosa y Buenos Aires, venía un millar de personas que al son de acordes de una banda de música y disparo de bombas, se encaminaban a ver el trazado del pueblo y eligiendo sus lotes ya preferidos según el plano.

“Ya desde temprano, más de doscientos vehículos de puntos lejanos, habían llegado al renombrado Pico, con ansia; aquello era una verdadera fiebre de entusiasmo.En nuestro galpón se realizaba el remate que duró tres días. Es de notar que aunque con todas las incomodidades del lugar y del momento, los espíritus no desfallecían. Al tercer día hubo más animación que en el segundo y las ventas sobrepasaron el millón de pesos moneda nacional. Todos querían poseer un pedazo de suelo como si se tratara de una tierra prometida.

“No todo, sin embargo, andaba a pedir de boca; entre la concurrencia había personas interesadas en hacer fracasar el remate. Lamento anotar que algunas de estas personas eran emisarios de fundadores de otros pueblos, que a pesar de una descarada ayuda oficial, no conseguían progresar, debido a las pésimas tierras en que los habían ubicado.

“Empezó a divulgarse la noticia de que el empalme del ferrocarril Pacífico era un sueño y que el pueblo no tendría vida propia: que el nombre de la Chicago de la Pampa, era una burda superchería; y que los compradores que invirtieron sus ahorros en estas tierras, tarde o temprano quedarían en la miseria.

“En efecto: el ferrocarril Pacífico, había prometido empalmar en el lugar donde estaba ubicada la estación del ferrocarril Oeste; pero no había pasado de las promesas. Esta demora hacía fracasar una parte de los planes de los compradores. Se sabía que en Catriló había un ingeniero del ferrocarril Pacífico, pero nada más. El primer día del remate no hubo mucha animación; la gente quería ver llegar esa cuadrilla del ferrocarril Pacífico y nada se divisaba. Seguía el remate; en los planos figuraba el empalme, dibujado en lienzos y avisos de propaganda; pero hasta ese momento, nada había de seguro.

“Los ánimos estaban excitados; los emisarios hacían circular malas noticias. Hubo un momento en que se suspendió el remate. El almuerzo no fué alegre. Había algo que flotaba en el ambiente; abatimiento, desconfianza; no sé lo que era.”

Pero de pronto, alguien lanzó un grito: “¡Llega gente a caballo!” “Son indios” dijeron algunos. “No; son coches; vienen al remate".

“En efecto: en el lejano horizonte se destacaba unpunto negro envuelto en una nube de polvo. Los concurrentes miraban todos para aquel lado. El señor Ch. tenía noticias de que las cuadrillas del Pacífico, debían llegar a las diez de la mañana; eran las dos de la tarde; tal vez por la falta de caballada no podrían llegar. Poco a poco se divisaron las mulas y los carros cargados de carpas y herramientas para dar principio al terraplenamiento de la línea. 1.700 hombres, bajo la dirección del ingeniero don Tomás A., realzaron los ánimos y todo fué a las mil maravillas.

“Este fué el principio de la fundación, el principio de una era de trabajo y de verdadero orgullo para aquellos que como yo, olvidaron la gran ciudad de Buenos Aires y las comodidades de la vida, entregándonos a una vida activa y de trabajo, llenos de júbilo, cuando todos los días al amanecer veíamos levantar cuatro tirantes formando un cuadrado o un cuadrilongo, y días más tarde quedaban cubiertos con chapas, siendo un nuevo poblador que venía a radicarse lleno de vivas esperanzas".

"Packing house".(Expresión inglesa). Frigorífico. Casa para el embalaje de la carne. (Pronúnciase: “paquin jaus”).

Armour.Famoso frigorífico de Chicago, con ramificaciones comerciales en todo el mundo.

Lacustre.Relativo a los lagos.

Retrotrayendo.De “retrotraer”: fingir que una cosa sucedió en época anterior a la real.

Agiotaje.Especulación abusiva.

Lonjista.Tratante en negocios o especulador.

Oteando.De “otear”: escrutar, escudriñar, registrar, inspeccionar, examinar.

Etnográfico.De “etnografía”: Descripción de los pueblos, razas o naciones.

Tren de balasto.Se designa así al tren de carga que no tiene materiales que arrastrar y que, en consecuencia, se destina a cualquier carga para que no arrastre vagones vacíos.

Hasta aquí la interesante descripción del señor P., tan gráfica como llena de sencilla emoción. Así fueron los prodromos de Pico. La pequeña población comienza a tomar contornos, a edilizarse con rapidez vertiginosa. Los solares fueron vendidos desde 25 centavos a 2 pesos el metro cuadrado; las quintas, desde 85 pesos a 300 y las chacras desde 58 a 92. El ferrocarril del Oeste comenzó a descargar diariamente sus convoyes con materiales de construcción. Brotaron casas y galpones como por obra de magia. Cuatro hornos de ladrillos, iniciados a renglón seguido de los primeros remates, no daban abasto para satisfacer las exigencias del florecimiento urbano, sin precedentes en el territorio, por su celeridad. Y como todo fué obra de la improvisación, no faltaron tampoco, los trances angustiosos que pusieron su nota de incertidumbre en el espíritu de los valientes pobladores. El trazado del ferrocarril Pacífico, a punto estuvo de sufrir una transformación, llevando su paso a nivel con el Oeste, a dos leguas de Pico o sea en el deslinde de Las Liebres. Felizmente, primó el buen criterio de la empresa y el cruce vino a favorecer la incipiente población, poniéndola en contacto con los puertos de Bahía Blanca. Diez y ocho meses después de la fundación de Pico, este ferrocarril inaugura la línea con su servicio regular de pasajeros y carga. A partir de esa fecha, toma la población un incremento considerable. Y mientras el centro urbano se intensifica y se embellece, las colonias circunvecinas, acrecientan sus labores, se pueblan y se subdividen.

Veamos lo que nos dice el primer colonizador de Pico, don Isidoro J. B. B., uno de los hombres más caracterizados y progresistas de Pico:

—Con motivo de un negocio de campo, entré en relación con el señor Eduardo Ch., quien conocía perfectamente este territorio y de acuerdo con él vine a revisar los campos de la sección primera, pernoctando en la estancia Las Liebres, del malogrado doctor Quintana, cuyo encargado me facilitó amablemente los medios necesarios para llenar mi cometido.

“La primera impresión que tuve de estos campos, a decir la verdad, no fué del todo agradable. La falta de pastos tiernos, en primer lugar, escasez de humus en la primera capa, me desalentaban: pero noté que a ocho o diez centímetros de profundidad, en un terreno cultivado, a pesar de los tres o cuatro meses que no llovía, subsistía una regular humedad. Comprendí entonces la bondad para el trigo, de estas tierras arenosas; en primer término, por cuanto mantienen la humedad en tiempo de sequía prolongada, permitiendo la filtración del agua en caso de exceso de lluvia.

“Por último, tuve una prueba más decisiva y me permito citarla. A pocas cuadras de la estancia Las Liebres, había una pequeña parva que más bien parecía un montón de yuyos. Por un peón supe que aquello era trigo cosechado en el año anterior, que quedó sin trillar, por falta de máquinas. En seguida me trasladé al lugar de la parva y del interior de la misma saqué un manojo de espigas. Fué para mí una grata sorpresa constatar la calidad superior a todos mis cálculos; era un trigo húngaro, de un color y peso, para mí desconocido en la provincia de Santa Fe. Me es grato, en este momento, dejar constancia que dicho hallazgo me llenó de entusiasmo.

“Regresé en seguida a Buenos Aires para firmar el contrato de arrendamiento, conjuntamente con el señor Ch., de la colonia La Argentina, del señor Antonio D.

“El año 1906 se fundaron las colonias Belbedere, Itálica, Las Liebres, etc. En 1907, se incorporaron las colonias Malvicino y colonia Dora. En 1905, sólo el señor José B. sembró unas treinta hectáreas de trigo, con un peso específico de 81 y 83 kilógramos por hectólitro y un rinde de 650 kilógramos por hectárea. Los demás colonos sembraron maíz con resultados poco satisfactorios.

“¿Cómo se explica que en los primeros años se obtuvo trigo de muy buena calidad y peso específico, producción que hoy no se consigue? La contestación, por lo general,es la siguiente: “Tierra vieja, cansada". Verdad es que ya no tiene la cantidad de humus, arcilla, silice, calcáreo, etcétera, que tenía los primeros años de su cultivo: pero también es cierto que el resultado poco satisfactorio obtenido en estos últimos años, sobre todo en calidad y peso específico, a pesar de las abundantes lluvias caídas, no es del todo culpa de la tierra, si no de muchas causas, y ocuparía demasiado tiempo en explicarlas en la forma debida. La mayor parte de los colonos preparan con una sola reja la tierra destinada a la siembra de los cereales, unos por abarcar más de lo que pueden, otros por inexperiencia y otros por falta de elementos: resultando, por esta causa que las tierras cultivadas temprano, si bien entierran cuanto yuyo o maciegas hay en el campo, raros son los años que no nazcan al poco tiempo, el trigo quedado en el rastrojo: y a pesar que el agricultor siembra con sembradoras de discos, ese trigo, que vulgarmente se llama “guacho”, no se extirpa, al contrario; se desarrolla con más vigor, cubriendo de tal modo el trigo recién nacido, que en retazos lo ahoga casi por completo.”

No pueden ser más interesantes estos preliminares hondamente vinculados al progreso de la región. Con hombres de esta laya, emprendedores, tenaces, inteligentes, el porvenir de Pico estaba asegurado.

El desenvolvimiento demográfico y la vida social, reclamaron, bien luego, apremiosas atenciones urbanas. Seis años después—el primero de febrero de 1912—el gobierno federal, le acuerda el derecho de municipalidad propia, dilatando injustificadamente una autonomía bien ganada con prestigios propios.

De entonces acá, la cosa pública ha estado en manos de buenos munícipes. Hoy Pico cuenta con más de 7.000 habitantes en su éjido urbano, y 15.000 con su Departamento de cien leguas. Tiene sus calles abovedadas y arborizadas de ligustros. Posee una sucursal del Banco de la Nación y una importante sociedad de seguros contra el granizo—“La Pampa"—mercado, hospital, buenos hoteles, escuelas del Estado y particulares, dos salas-teatro, una hermosa plaza pública, donde la gratitudpopular—¡bella ofrenda!—ha levantado el busto de Alsina; fábricas de mosaicos, de jabón, de hielo, de pastas alimenticias, fideos, etc.; fuertes y bien acreditadas casas de comercio, cuatro remate-ferias; luz eléctrica y teléfono, periódicos, biblioteca pública y oficina municipal de trabajo. Y como si esto no fuera un síntoma definitivo de su prosperidad, en sus praderas vecinas pacen más de 50.000 cabezas de bovinos, 80.000 lanares y 15.000 yeguarizos, tecnificados con alta mestización.

Así ha iniciado su infancia Pico, esta Kansas City de la República Argentina. Hoy tiene 7.000 habitantes. ¿Cuántos tendrá de aquí a un par de décadas? Si nuestro deseo augural puede encarnarse un día, basta recordar que Kansas City tenía en 1860 ocho mil habitantes, y treinta años después, excedía de doscientos millares...

Prodromo.Introducción a algún trabajo o estudios. Por extensión: preliminar.

Incertidumbre.Duda, irresolución, indecisión.

Laya.Calidad, clase, especie, género, calaña.

Demográfico.De “demografía”: descripción de los pueblos desde el punto de vista de la población, domicilio, edades, profesiones, etc.

Munícipes.Municipales, miembros de concejo municipal, ediles.

Ofrenda.Dádiva o servicio en muestra de gratitud o amor.

Década.Período de diez años.

Conocimos a Pico en un momento de intensa agitación política: a raíz de las elecciones municipales del 2 de septiembre. Y por cierto que ninguna hora más propicia para compenetrarnos de su alma de pueblo nuevo, de sus pasiones, de su vitalidad. Teníamos mentas ya de su espíritu localista, trabajado por la propia noción de una prosperidad vecinal, hija del esfuerzo, sin padrinazgos oficiales ni rodrigones.

—Los de Pico—nos habían dicho en alguna parte de la Pampa—son rumbosos y soberbios... ¡Y cuidado si usted no les cae en gracia! Va a tener que salir más ligero que volando...

No nos inquietó la advertencia, acostumbrados a gastar nuestro escaso don de gentes y dejar en el camino, siempre que sea posible, un amable sedimento de nuestra personalidad. Nos supo a ingenua emulación simplemente. “¡Vaya!—pensamos:—es el caso de los parientes pobres que siempre están protestando a regañadientes por la ventura del pariente con plata...”

Y fuímos a Pico.

El emporio comercial, advertido no bien se desciende del tren, se había trocado en un comité político. Tres fracciones—dos de ellas con etiqueta nacional y una independiente—disputaban las posiciones comunales. El movimiento político que iba a dirimirse en los comicios al día siguiente de nuestro arribo, concentraba en absoluto la atención pública. Era otro el Pico de esta hora excepcional. La gimnasia de cuatro meses en agitados prolegómenos electorales, había puesto en tensión los ánimos y avivado pasiones, como si el alegato puesto en juego, fuera el único recurso vital del municipio.

Seríamos injustos si dijéramos—argentinos sobre todo—que esta característica, nueva en la tranquila población, movió nuestra censura. Al contrario: nos gustó el torneo, no sólo por la tonificante pasión puestaen el ensayo, sino porque nos habló claro sobre el Pico capacitado para defender sus intereses y regirse solo, signo elocuente de preparación para su futuro augural.

A partir de mayo, en que se iniciaron las maniobras con balas de fogueo—vale decir, con mesurados boletines—la agitación política había ido subiendo de tono. Las primeras manifestaciones de la palabra escrita, ponen en juego la más bella convicción doctrinaria. “Más que una entidad política, este comité—decía una de las fracciones—es una agrupación de vecinos que se ha decidido a defender los intereses generales, segura de que en esta forma defiende los suyos propios. El atraso y la miseria de un pueblo, no constituye porvenir para nadie particularmente, porque la prosperidad individual en todas partes, es simplemente consecuencia de la prosperidad colectiva. Es de obtusos suponer que alguien pueda enriquecerse en una localidad destruída. Por consiguiente, queremos acabar con todos esos mezquinos afanes de preponderancia y usufructo vedado, consolidando la situación sobre los cimientos de una municipalidad libre, trabajadora, honesta y capaz.”

A los disparos con pólvora sola, siguen los cartuchos de perdigón. La prensa local se acoraza y desde los minaretes lanza su fuego cerrado contra el bando rival. Algunas hojas sueltas, que coleccionamos oportunamente, nos encantan por sus premisas doctrinarias, verdaderos artículos que figurarían sin desdoro como editoriales de cualquiera de nuestros grandes rotativos. Otras—facturas de cargazón—escritas por manos, si no más expertas en achaques de pluma, más hábiles en muñequeos electorales, se prodigan en dicterios de léxico pesado, sabedoras de aquello de que “el que más grita es el que más se hace oír". Algunas de un lirismo simpático: otras, de una desconcertante procacidad. No faltan los versos satirizantes, donde la musa juguetona de la localidad, vuelca todo su ingenio para ridiculizar a los candidatos de la fracción contraria. Y de entre el fárrago de hojas impresas que salen a la calle cada diez minutos, agresivas las más, o llenas de ditirambos parasus parciales, no falta la palabra de cordura, el consejo doctoral, que se extiende como un bálsamo sobre las rozaduras del ambiente. No podemos excusarnos a la tentación de transcribir este recordatorio, que se nos antoja una evangélica electoral, síntesis clarísima y completa de la ley, y que puede servir de formulario para todas las agrupaciones municipales del país que aspiren de veras al bienestar de la comuna.

“Señor... Tenemos el agrado de comunicarle que a usted le corresponde votar en la mesa número..., situada en la escuela número..., calle tal, etc.

“Le recordamos, al propio tiempo, que el voto es absolutamente secreto. Nadie puede saber, si usted mismo no lo dice, por quién ha sufragado.

“La ley garantiza al ciudadano una libertad tan amplia, que la íntima voluntad puede imponerse por encima de todos los compromisos personales. Es cuestión que usted sea o no hombre de conciencia.

“Reflexione usted tranquilamente. Como parte del vecindario, tenga en cuenta la conveniencia colectiva y apoye a los hombres que por sus dotes de inteligencia, de moral y de labor, puedan hacer un buen gobierno y dar impulso al progreso general de Pico.

“Le adjuntamos la lista de nuestros candidatos con el fin de que usted los conozca y esté habilitado para discutirlos. No pedimos su voto, no presionamos su ánimo, porque tenemos aspiraciones de que la justicia se cumpla y como ciudadanos emancipados, deseamos la libertad de conciencia.

“Tenga usted carácter. Sea usted dueño de sus decisiones. No descienda usted a la condición menguada del que no sabe lo que hace.

“Vote usted digna, altiva, noblemente.”

De la lucha álgida, nació la apelación a cortes. Y el gobierno central se vió en la necesidad de ejercer su representación por medio de un emisario, con facultades tan exiguas como pudiera tenerlas un mero espectador. Se explica entonces, que aquellas agrupaciones, caldeadas por el ejercicio del comité, y que habían solicitadouna “panacea” para los males eleccionarios, concentraran sus mandobles sobre el comisionado federal, incapacitado para distribuir la razón equitativa, de acuerdo con la ley. Sin duda alguna, no deben achacarse al ministerio del interior los actos derivados de la representación—ya que una acción ajena a las decisiones autónomas del municipio, debía limitarse a escrutar, nunca a dirimir;—y si alguna actitud ostensible y bien quista asumió el poder central, fué disponer en Pico la constitución del juez letrado, quién bajó de Santa Rosa y con dignidad consular rodeó al acto eleccionario de los mejores prestigios.

¡Y han de perdurar en Pico los recuerdos de esta afanosa lucha electoral! Todos los elementos de locomoción se pusieron al servicio de los comités. Más de setenta automóviles cruzaron como exalaciones, durante el día, las calles del municipio conduciendo electores. Y es de fama, según los mentideros oficiosos, que alcanzaron a 80.000 pesos en cifras redondas, los dineros gastados durante todo el proceso electoral. Damos los guarismos en la seguridad de que no han de alarmarse ni los estadounidenses maestros de democracia, ni algunos de nuestros políticos de vieja cepa, acostumbrados a concurrir a los actos comiciales con la rosada libreta de cheques...

Las primeras horas de la mañana las gastamos en el incesante tragín de los comicios a la comisaria, a los comités y al hotel, constituído en cuartel general del comisionado. Después, cuando se estableció la corriente electoral de ir y venir de sufragantes, en una rutina sin incidentes de consideración, fuímos a respirar el aire de las afueras, bajo el cielo de una tarde plomiza y templada. Nos atrajo el hospital, sito en el aledaño y donde una benemérita corporación derrama a manos llenas la simiente de la filantropía y la bondad.

Visitamos después las quintas. Fueron revelaciones aquellos huertos levantando sus árboles porfiados contra las inclemencias del pampero, que suele ser recio y hostil. Aquel espectáculo venía a poner la última nota propicia sobre los destinos de Pico: mieses, ganados, huertas...Tibia y buena era la tarde. En el corazón del municipio, jugaban su apasionada partida los hombres, cuyas rozaduras desaparecerían bien pronto bajo la acción niveladora del trabajo. En los huertos se vestían de yemas los durazneros...

Rodrigones.Sustentos, apoyos, compañeros.

Rumbosos.Desprendidos, liberales, muníficos, espléndidos.

Emulación.Sentimiento noble que incita a imitar y sobrepasar la acción de los demás.

Regañadientes (A).Por lo bajo; murmurando.

Alegato.Cualquier alegación, verbal o por escrito.

Balas de fogueo.Balas de ensayo, con pólvora pero sin proyectil.

Minaretes.En sentido figurado; pequeñas torres en lo alto de los edificios y que antiguamente se usaban como parapetos para defender una posición.

Dicterios.Dicho mordaz, grosero, picante.

Rotativos.Los grandes diarios que usan máquinas impresoras “rotativas".

Ditirambo.Expresión elogiosa.

Satirizante.Cualquier dicho agudo, picante, incisivo, hiriente, amargo.

Exiguo.Pequeño, escaso, reducido.

Procacidad.Desvergüenza, impudicia, insolencia.

Panacea.Remedio universal.

Mandoble.Golpe recio; reprimenda fuerte y severa.

Autónomas.Que conservan autonomía, es decir, el derecho de gobernarse por sí solas, sin intromisión ni auxilio extraño.

Bien quista.Bien querida, mirada, reputada, estimada, etc.

Guarismo.Número, cantidad expresada por cifras.

Aledano.Confín, término, límite.

Con el día siguiente, renacía el espíritu de labor. Recobraba su aspecto habitual el vecindario. Se iniciaba el éxodo a la campaña, con aquella población inestable que había acudido a jugar la suerte municipal del pueblo. Se desahogaban un tanto los hoteles, y las noches del cinematógrafo volvían a concentrar sus contertulios. Buenas o malas, las nuevas autoridades quedaban con la carga de la cosa pública. Se despertaba, por fin, de la pesadilla...

Nosotros buscaríamos, mientras tanto, argumentos para justificar aquel progreso tan significativo y tan franco. El templo de Mercurio nos daría un poco de luz para seguir en el sendero. Y fuímos al Banco de la Nación.

—Esta sucursal—nos dice su gerente—sirve a los departamentos de Maracó, Trenel, Quemú-Quemú y Conhello, en la Pampa, y al partido de Rivadavia en la provincia de Buenos Aires; es decir, una zona que comprende cuatro pueblos de importancia y treinta y una estaciones de ferrocarril, con un total de 37.000 habitantes. Fué establecida en abril de 1909.

“Mi constante acción—agrega—se ha concentrado alrededor de la necesidad que hay de vincular el colono directamente a la institución, evitando los intermediarios. Y puedo asegurarle que he logrado mucho en este sentido. El colono ha sido reacio hasta el presente, porque se vió obligado siempre a ser un cliente indirecto. El comerciante era el mediador inveterado. Su acción y su responsabilidad con el Banco, son inmediatas ahora. La condición de los préstamos con garantía de prenda agraria, ha venido a librar al colono de compromisos absorcivos y a tonificar su temperamente moral, mediante la obligación directa con la institución que le proporciona los recursos necesarios. Este “modus operandi” ha fomentado en el chacarero un sentimiento respetuosohacia el Banco, que le mantiene siempre bien dispuesto para cumplir con sus obligaciones.”

—¿Y en qué condiciones cultivan estos colonos?

—Arriendan la tierra, generalmente a plazos reducidos, sin la más remota creencia de que la han de poseer en propiedad algún día. Siembran grandes extensiones, pero por lo común, sin espíritu de previsión. Si les va bien un año, todo el producto lo invierten en la nueva labor. Esto demuestra que, en la mayoría de los casos no son agricultores profesionales. Un fracaso suele aniquilarlos después de ruda labor.

—¿Cuál es el valor de la tierra dentro del radio en que opera el Banco?

—Hace veinte años, la hectárea tenía un valor de 10 pesos, más o menos; ahora, alfalfada, vale de 150 a 200 y más, como promedio.

Remata sus informaciones el gerente, con los siguientes significativos datos sobre la importancia agropecuaria de la región:

—La zona que sirve el Banco—nos dice—tiene en la actualidad, las siguientes extensiones bajo cultivos: 300.000 hectáreas de trigo; 40.000 de avena; 20.000 de maíz; 8.000 de cebada; 10.000 de centeno; 230.000 de alfalfa y 7.000 diversos cultivos (huerta, viña, etc.) En ganadería podemos anotar las siguientes cifras: 280.000 vacunos; 320.000 ovinos; 90.000 yeguarizos; 5.000 mulares; 2.000 cabríos y 15.000 porcinos.

No se puede pedir un detalle más elocuente sobre la importancia rural de la región.

Contertulios.Personas que se reunen en sociedad para conversar o entretenerse.

Templo de Mercurio.Por extensión se aplica a un establecimiento bancario, casa de empeños, préstamos, etc.

Maracó.(Departamento de Pico). En araucano: aguada de las liebres.

Trenel.Localidad de la Pampa. En araucano: lugar de diversiones. Otra acepción: espejismo.

Quemú-Quemú.Localidad de la Pampa. En araucano: campo de totoras. Otra acepción: bastos, prenda de la montura criolla (recado).

Prenda agraria.Sistema de préstamo bancario con garantía de la hacienda o cereales.

Absorsivo.Que absorbe, atrae, arrebata, lleva tras sí, embebe.

Modus operandi.Expresión latina: modo de operar u obrar.


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