El aula y el museo ambulantes, en que viajan los agrónomos, constituyen foco de atracción, no sólo de colonos, sino también de estudiosos y observadores y especialmente del mundo escolar. Sentimos vivo placer en Rivera (provincia de Buenos Aires), en donde aguardamos el enganche en el tren que va a Catriló, presenciando la lección que un judío ruso da a su hijo—rapazuelo inteligente, rubio y bronceado—en el coche museo.
—Este—le dice, enseñándole un frasco—es una mais mogocho que rguinde mucho... Aquí tienes una rgama de pagaiso en donde se ha apodegado la cochinilla (aspidiotus hederae).
Hay quinteros con veinte o treinta años en el país, que se han encerrado en la rutina. Duro es machacar sobre estos espíritus, blindados a todo modernismo, imbuídos de buena fe en su primitividad virgiliana. ¡Y cuidado de contradecirles si han ingertado un brote diminuto sobre robusto y desproporcionado patrón o han podado románticamente un manzano lleno de fronda!
No siempre son ásperos y rudos los agricultores que nos trae la marejada inmigratoria. Cuando el agrónomo se familiariza con ellos y sabe atenderlos en sus cuitas, le toman afecto. Para los colonos, un agrónomo bueno, suele ser una figura paternal, una especie de segunda providencia. En los focos de colonización judía, sus agricultores, reacios y calculistas a menudo, suelen tener su afecto sencillo para el profesional. Los de Quehué, por ejemplo, llaman bondadosamente al agrónomo distribuidor de semilla “el gromo de nosotros”; “la groma” a la esposa; a sus niños los “gromitos".
En lo que el agrónomo no debe descansar es en su prédica sobre la civilización y afianzamiento de los médanos, problema que tiende a desaparecer en la Pampa. A menudo hemos visto despuntar sobre los trigales florecidos la cresta pelada de un médano, en salvaje desafío, como una ampolla purulenta sobre la lozana salud de los campos.
—¡Pero amigo!...—se le dice al colono locador o propietario, con cierta irónica gravedad.—Dome ese medanito...
—Le parece... ¡Si es más bravo! Ya planté unos álamos, pero han desaparecido.
—Es claro. Si no lo repara, es tiempo perdido. Evite que entren los animales a removerlo. Métale un alambrecito con un hilo de púa, nomás; y después, ponga estacas de álamo de Italia o siembre centeno. A la vuelta de dos años no hay médano...
No siempre enseñan los agrónomos. Suelen aprender en la práctica de los viajes: De contínuo se encuentran con verdaderas sorpresas. Quien ha ensayado un forraje de Minesotta o Normandía; quien emplea un procedimiento especial para la desinfección de sus frutales, con resultados halagüeños; quien ha introducido una planta exótica para cerco vivo, que compite con ventaja sobre las tuyas, el tamarisco, la tuna y la cinacina.
Un italiano de la vecindad de Trenque Lauquen, que corresponde geográficamente a la zona de Catriló, nos enseña su cerco de oliveto, un arbusto excepcional para reparos vivos.
—Por aquí no entran ni los pájaros—nos dice con cierta vanidad por este descubrimiento que pone su fanegada a resguardo del medanito lindero.
—¿Conoce los sorgos de Jerusalem?—interroga al agrónomo, un agricultor ruso de Doblas.—Pues me están dando excelente resultado. Yo creo que es lo que conviene para el oeste de la Pampa.
En la chacra experimental de Guatraché, nos dan pésimos informes sobre el eucaliptus resinífero, como inadaptable al ambiente; sin embargo, en la estación Rivera (Buenos Aires), zona análoga, hemos podido admirar florecientes ejemplares de esta especie.
Todas estas apuntaciones han venido a robustecer nuestro juicio sobre los agrónomos regionales. Mientras su acción se circunscriba a la labor oficinesca, a base de meteorología, de notas al ministerio y correspondencia epistolar, con los pocos chacareros que consultan, lejos de la observación y el experimento, todo sacrificio del Estado para mantener este dispendioso organismo de la enseñanza agrícola será estéril. Es muy sencillo aconsejar a los labriegos de la Pampa:“siembren trigo” ya que la necesidad del duro pan ha modificado el consejo de nuestro Guido Spano, cuando desde aquel remoto empleo agrícola que le deparó el destino, decía a los chacareros: “planten rosales, señores, muchos rosales, para dulcificar la vida"...
Pero no es ésta la misión fundamental de los agrónomos. Su obra debe ser práctica, experimental, objetiva. Debe ser maestro de agricultores, junto al arado, bajo el sol, en la cosecha, en la parva, en el troje; en los árboles de la huerta y en el alfalfar; frente a la plaga rebelde y en el ensayo de la máquina; en el consejo y en el aplauso estimulador. Debe en fin, no sólo ser buen agrónomo, sino buen agricultor, cosa de borrar en el espíritu de los hombres de campo el concepto de diletantismo con que la experiencia rural estigmatiza casi siempre, y por mera retractación campesina, todo lo que es didáctico o facultativo. Debe, en una palabra, ser autoridad.
Coyuntura.Ocasión.
Connaturalizarse.Amoldarse a las condiciones del medio.
Pluviómetro.Sencillo aparato que sirve para medir la cantidad de agua de lluvia que cae.
Permeables.Que son atravesados por el agua.
Porcentaje.Tanto por ciento.
Calcáreo.Sustancias en cuya composición entra el calcio.
Azoe.Nitrógeno.
Humus.Tierra negra en cuya composición hay gran cantidad de restos orgánicos.
Enfáticamente.Con énfasis, con entonación especial.
Didácticas.Metódicas, que enseñan.
Patógeno.Lo que ocasiona enfermedades.
De visu.Expresión latina: con la vista, de vista.
Pensil.Jardín.
Torvo.Hosco, ceñudo.
Adventicia.Que sobreviene o aparece sin haberse cultivado.
Nomenclatura.Enumeración.
Blindados.En sentido figurado: cerrados.
Injertado.De “ingestar".
Brote.Yema, botón o renuevo de cepas o árboles.
Calculistas.Que calculan.
Ampolla purulenta.Ampolla con pus.
Locador.Arrendatario.
Fanegada.Terreno pequeño.
Sorgos.Gramínea originaria de la India.
Diletantismo.Afición, entretenimiento.
Estigmatiza.Desdora, rebaja, afrenta.
Retracción.Reserva, desconfianza.
Patrón.La rama o el tronco sobre los que se practica el injerto.
Fronda.Hojas, follaje.
Marejada.Marea, movimiento de las olas del mar. Está en sentido figurado.
Quehué.(Voz araucana). Esta es la etimología más aceptada, aunque parezca rara: que (hígado); hué (nuevo).
El proceso escolar que viene desenvolviéndose en la Pampa, no se puede concebir sino sobre la base de la evolución agrícola. Es un problema sociológico que sólo el tiempo podrá resolver. País de inmigración por excelencia, mientras el consorcio de los pueblos sea en su seno una amalgama y no una fusión, mientras el entrevero no haya fijado en definitiva el tipo pampeano—que será sin duda, de tez morena y ojos claros—mientras un régimen social no concierte los fundamentos básicos de la colectividad y se codeen a la ventura, razas, lenguas y religiones, no pasarán de ensayos precarios las tentativas de armonización, de étnica fundamental. Pero como quiera que es mucho pedir la sustanciación de este proceso, no abreviado en América ni con la civilización vertiginosa de los Estados Unidos, tomemos la Pampa tal como se presenta en su florescencia virginal, mientras se asientan en su seno los pueblos inmigrantes, y los factores tiempo, ambiente, convivencia y legislación se encargan de plasmar su arquetipo.
Lo que no admite discusión es que el proceso evolutivo se ha comenzado ya, a raíz de los primeros cimientos. La generación pampeana de hoy, que recibe los beneficios de la enseñanza pública, es decir, el primer germen de la vitalidad autóctona del territorio, se significa en un sello propio de inteligencia y sagacidad. La explicación de esta premisa está en el dominio de la psicología elemental. Todo pueblo migrador es inteligente. Los pueblos estacionarios, incapaces de difundirse por el orbe, son por lo común, retrógrados. Sólo el indolente o el chato, se muere de viejo en su fanegada del valle, sin alzar la cabeza por sobre la montaña para mirar el horizonte azul donde se extiende el porvenir. Un hombre pobre, ruso o español, italiano o inglés, que cruza con su familia el mar, en viaje a lo desconocido, buscando un horizonte para labrar fortuna, es una fuerza, es un carácter. Y de esta clase de hombres está poblada la Pampa, esa gran Pampa, que consagra hoy el vaticinio augural de ser “nuestro más pingüe patrimonio". Y si esta es la simiente esparcida por todo el haz del territorio ¿cuáles serán los frutos que cosechará el porvenir? Ya se diseñan; ya los encontramos por los campos en las faenas rurales, en la brega ardorosa; ya los sentimos en el trajín de los negocios y en el dominio esforzado de la tierra sin mancilla; ya los vemos—bravos mocetones—en los predios civilizados de la colonia y en la cabaña—técnicos y no rutinarios, agricultores y no labriegos.—Pero donde el espectáculo de esta naciente uniformidad se presenta augural y tonificante por el sello inconfundible de su argentinismo promisorio, es en las aulas de la escuela nacional. Aquellos niños rubios o morenos, de ojos azules o castaños, hijos de españoles o italianos, alemanes o rusos, católicos, protestantes o judíos, pampeanos todos, se unifican al pasar por el crisol de la escuela. ¡Y qué almácigo! La semilla, fecundizada por el trabajo, eclosiona en la brava progenie en cuyas manos y en cuya inteligencia la constitución nacional confiará el porvenir de una de las primeras provincias argentinas.
La colonización de la Pampa se ha venido produciendo en forma análoga aunque superior a la de Estados Unidos. Aquí está el “Far West” argentino en vías de moldear sus improvisaciones y manifestarse en la mayoridad otorgada por las fuerzas vivas que se desenvuelven en su seno. Ha alcanzado una etapa en su desarrollo; y si hasta ayer libró sus energías a la ruda labor de la tierra, comienza hoy a sentir preocupaciones de carácter institucional y político, síntoma elocuente de que acaba de terminar el proceso vegetativo de su organización, y siente, como el árbol, la necesidad de florecer y fructificar. Su población no es ya el componente del híbrido, segregado de todas las latitudes, incapaz de la convivencia redentora por la acción del trabajo. El sedimento que nos trajo Europa en su marejada, a semejanza del desborde de los grandes ríos, ha dejado su barro fertilizante en las campiñas, y es azul en los linos, oro enlas mieses y verdura en los alfalfares. Y ninguna población más valerosa que este pueblo colonizador que acaba de asegurar su estacionamiento definitivo en el territorio. El agricultor pampeano no tiene reatos para sus cultivos. Se extiende con energía y con abundancia, en la seguridad que ha de conseguir su independencia económica. Si persevera y salva su situación, se enriquece; si fracasa no se siente vencido ni se acobarda. El horizonte se abre como una providencia a su brazo y a su iniciativa. Y como la ayuda oficial fué siempre relativa—precaria a veces—hay un orgullo ingénito, trabajo personal, a la obra privada de cada colono. Y como el territorio es tan grande, tan generoso, tan pródigo en tierras de panllevar, si la suerte es avara en un sitio, se recurre a otro. Basta esta ligera semblanza para orientar el juicio sobre el temperamento de la masa escolar, retoño de buscavidas y base de una raza armoniosa, que ha de manifestarse en el porvenir con estas cualidades máximas: valor, inteligencia, sagacidad.
En nuestro viaje de estudio a través del territorio, hemos visitado numerosas escuelas, comprobando la existencia de estos elementos básicos que definen los prodromos de un pueblo homogéneo, a pesar de la diversidad de sus componentes. En todas partes hemos encontrado niños decididos, inteligentes, cuidadosos; audaces y no gazmoños; activos y no escurridizos ni negligentes. Y este patrón del mundo infantil es universal en el territorio. Lo hemos comprobado en la observación y el ejemplo. Un distinguido hombre público que visita una escuela infantil, elije al azar, entre los educandos de una clase inferior, un niño.
—Escriba en el pizarrón esta frase—le dice.
Y le dicta:
“La Pampa, por la bondad de su clima y la feracidad de su suelo, está llamada a ser una de las primeras provincias argentinas.”
El niño, sin vacilar, escribe de corrido. Al llegar a la palabra “feracidad”, se detiene. Recuerda de un tirón la frase, pero no ha colegido bien la vocalización de esta palabra. Es listo, pero teme el error, por propia emulación de sus camaradas, por orgullo instintivo. El mentor, que penetra la lucha interna del rapazuelo, se apresura a repetir la frase, puntualizando los sonidos de la palabra “feracidad”, desconocida para el alumno. Y basta el detalle para salvar el obstáculo hasta el final, sin un error.
—¿Y por qué será la Pampa una de las primeras provincias argentinas?—interroga a la clase el improvisado preceptor.
—Porque la Pampa tiene que ser provincia—responde sin discrepancia el concurso infantil.
Entrar en detalles sería inoficioso. Saben los niños que “ser provincia” es más que “ser territorio”; y ellos, que son argentinos, como los demás hijos de la nación, no pueden admitir que aquel “gran territorio” no pueda “ser provincia". Es una lógica de hierro.
Ejemplos parecidos a este que dan medida del espíritu abierto de la masa infantil, hemos podido observar en toda ocasión y en todo lugar. El sentimiento suele tener a flor de labio la expresión despectiva de “la Pampa siempre es la Pampa"—por desconocimiento craso de este territorio y de la levadura que se amasa en su seno—debía sentir la arrogante respuesta franca y honda, de sus niños, cuando se les interroga sobre el lugar de su nacimiento: “¡soy pampeano, señor!"—con todo el orgullo de un hijo de la república de los Gracos: “ciudadano de Roma"...
Y nada de extraño tiene esta característica, que semblantea las aristas firmes de este pueblo. Los niños de la Pampa no sólo son localistas por atavismo, por ambiente y hasta por necesidad, si se quiere, si no también por instrucción. La escuela normal de Santa Rosa que constituye el organismo educacional más completo del territorio, da su cosecha anual de maestros, pampeanos todos, y que se diseminan por la Pampa a cumplir su apostolado. Nada más lógico que este granero magisterial, lleve su amorosa semilla a todos los ámbitos del terruño e inicie a sus niños en el afecto nativo, capaz de ser más grande cuanto más alejado se ve al territorio del concierto fraternal dentro de los destinos de la nación.
La escuela normal se fundó en 1909, el 28 de junio, con carácter de escuela rural, con dos cursos. En 1914, bajo la administración del consejo nacional, se completó con cuatro cursos. Este establecimiento ha dado maestros rurales en 1910, 11, 12 y 13. El año 1914, que correspondió a la reforma, no diplomó. En 1915 y 1916 dió los primeros maestros normales. De entonces a la fecha, han egresado numerosos maestros. El primer grupo fué de 5; el segundo de 10. El año anterior—1917—se han recibido 18. A estos resultados hay que agregar los maestros rurales del comienzo. El personal docente fundador de la escuela, estuvo constituído por profesores normales para los cursos superiores y maestros para los grados de aplicación.... Actualmente, en el personal hay dos médicos, dos abogados, un doctor en filosofía y letras, profesores normales, profesores de enseñanza secundaria y algunos maestros normales. Del sexo de los maestros normales que se forman en esta escuela, un 90 por ciento corresponde al femenino. En los cursos de aplicación están equilibrados.
El colegio nacional, que está llamado a desempeñar un papel importantísimo en el territorio como base de cultura profesional, ha comenzado recién su primer curso. Su primer aula se ha llenado de educandos. Este año se tonificará con nuevos elementos que han salvado su instrucción preliminar. Debemos hacer notar que había un poco de pesimismo a raíz de la fundación de este establecimiento. Este ambiente de resistencia, se afirmaba en el precedente de otras localidades. En la mayor parte de las capitales de provincia, al inaugurarse sus colegios nacionales, rara vez se pudo ordenar de inmediato el funcionamiento de su primer curso, dado la escasez de educandos. El colegio nacional de Santa Rosa resultó una revelación en tal sentido, pues su registro de matrículas cubrió con creces el número requerido para comenzar las clases con regularidad.
En el territorio de la Pampa hay más de 100 escuelas de carácter y dependencia nacional. El personal de todas, sin excepción, es diplomado. Los maestros están equiparados a los de la capital federal, con sueldos correspondientes a las categorías 1.ª, 2.ª y 3.ª: 240, 216 y 190 pesos, respectivamente. Es decir que tienen haberes más remunerativos que los de las escuelas Láinez. Una característica que hemos podido comprobar, es que el personal docente de las escuelas es homogéneo. Hasta el seno de la escuela no ha llegado aún la influencia política, lo que no puede decirse de la mayor parte de las provincias. Los establecimientos de educación tienen carácter idéntico a los de la provincia de Buenos Aires, y es común encontrar escuelas con personal preparadísimo y en donde la enseñanza sigue el camino progresivo de las mejores iniciativas. No faltan los edificios de primer orden como el de la escuela elemental de Santa Rosa, donde se han llenado cumplidamente las necesidades de la pedagogía moderna; ni edificios primorosos como la escuela de Santa Aurelia, en Pico; ni establecimientos donde al buen local y mejor enseñanza, se une una otra segunda escuela de la palabra escrita—el periódico infantil—como ocurre en la urbana de Jacinto Arauz.
La acción privada, contribuye por otra parte, muy eficazmente a la cultura del mundo infantil. Son numerosos los establecimientos particulares distribuídos en los principales núcleos de población. Pero como tipo-modelos, ahí están las escuelas salesianas con asiento en diversas poblaciones y en donde una numerosa masa escolar recibe instrucción sana y fecunda. La escuela salesiana de General Acha, que hemos tenido oportunidad de visitar, es un establecimiento de primer orden y nos hacemos un deber en aseverarlo, desposeídos de todo prejuicio.
No hemos de entrar en mayores detalles sobre la instrucción pública en el territorio. La organización completa del organismo escolar llenará los claros paulatinamente. Lo importante, lo inmediato y que corresponde al campo de la sociología, es saber que en la entraña de este gran territorio, se está fundiendo una raza nueva que será, tal vez, la más definida de todas en nuestras provincias. Y si por sus contornos generales encontramos que el entrevero moldea y uniforma su étnica especial, no hay razón para pensar que el pueblo que sabe organizarse por sí mismo no esté capacitado para gobernarse por sí mismo dentro de las mayores franquicias de la constitución.
Evolución.Desarrollo gradual de una cosa.
Sociológico.Perteneciente a la sociología.
Consorcio.Unión.
Amalgama.Mezclas del mercurio con los metales, formándose nuevos cuerpos. Está usada en sentido figurado.
Fusión.Efecto de fundir o fundirse. En el sentido del texto significa la unión íntima de gentes de distintas razas.
Entrevero.Mezcla.
Vertiginosa.Tan rápida que produce vértigo.
Plasmar.Formar.
Arquetipo.Modelo.
Sagacidad.Astucia y prudencia de ciertas personas, que les permiten darse cuenta rápida de las cosas y aun preverlas antes de que ocurran.
Premisa.Afirmación.
Orbe.El mundo.
Chato.De cortos alcances y sin energía.
Fanegada.Chacra pequeña.
Vaticinio.Profecía.
Haz.Conjunto.
Diseñan.(Ya se). Ya se advierten.
Brega.Lucha.
Trajín.Actividad.
Promisorio.Que es una promesa.
Crisol.Vasija que resiste mucho la acción del fuego y que sirve para fundir los metales, el vidrio, etc. Está en sentido figurado.
Eclosiona.Revienta, brota, aparece, se muestra.
Progenie.Prole, descendencia, los hijos.
Etapa.Grado.
Fructificar.Dar fruto.
Segregado.Separado.
Redentora.Que redime.
Sedimento.Residuo, sobrante.
Tal es la Pampa de hoy, bajo las diversas aristas de su fisonomía, como la concibe nuestra semblanza honesta y augural. Y seamos francos: ¿la sabía de tal magnitud el país? Es posible que no. Impregnados estamos del prejuicio porteño sobre esta “factoría” territorial, para que caigamos en la ingenuidad de creer que no tiene mucho de paradojal ese conocimiento de la Pampa. En las deficiencias de la enseñanza está, sin duda, el fundamento de este pecado original. Ningún educando concibe el territorio pampeano—para su clase de composición—si no como “esa llanura extendida, inmenso piélago verde”, con el gaucho legendario y el ombú. Son los errores del romance vulgarizados en la escuela por el criollismo invertebrado que se revuelca todavía entre las cenizas del fogón. Son resabios de maestros indolentes, pegados al fabulario de los payadores, más que al proceso de la geografía política del país. ¡Ni la eterna llanura, ni gauchos, ni ombúes! Entre los campos ondulados, grávidos de cereales y teñidos en verde de alfalfar, zigzaguean los caminos dóciles y decisivos. Ya el coturno de la bota de potro se borró entre las arenas frágiles del médano, al paso del ramplón tachuelado del gringo. Hasta allí no alcanzó la sombra bienhechora y egoísta del ombú “sin dar al rancho madera, ni al fuego una astilla dar". Son caldenes los soberanos de la selva pampeana, contra cuyos troncos seculares se afila la herramienta talar, abriendo predios vírgenes a Céres y la pradería artificial.
Sobre la base de estos errores que competen a la geografía elemental y que—pese al optimismo declamatorio—siguen difundiéndose en los establecimientos de enseñanza, gravita el desorientado preconcepto que se tiene del territorio. Pero no es solo el error de “bona fide” el que ha dado cauce al juicio irrazonado sobre las características generales de la Pampa y su grandioso porvenir. Hay otros factores especiosos que tientan conmalicia mantener el concepto insustancial que se tiene formado de la Pampa, de manera de no descorrer el velo de esta recóndita virginidad, fuente poderosa de riqueza y de vigor.
Contiene este libro el aporte veraz y desapasionado que necesita el país para orientar su juicio sobre la Pampa. Pero si la objetividad con que han sido recogidas estas informaciones y la honradez periodística que prestigia sus capítulos, no tradujeran con suficiente elocuencia el grado de progreso alcanzado por este gran territorio, completaríamos la nota personal con las revelaciones de la estadística. Así, en guarismos globales, diríamos al país que la Pampa según la información del censo de 1912 excede en población de 108.000 habitantes, sobre una extensión de 14.000.000 de hectáreas de tierras aptas para toda clase de cultivos y explotaciones ganaderas; que la agricultura ha extendido sus sementeras en una superficie no menor de 2.000.000 de hectáreas, mientras la industria pecuaria, con el prestigio de la tecnificación reclamada por la ciencia moderna, abarca todo el resto del territorio, desde las notables invernadas de Pico hasta las márgenes del Colorado y los campos ovejeros de la Copelina; que los ferrocarriles han irradiado su sistema colonizador en líneas y ramales cuya longitud marca una extensión superior a 1.700 kilómetros, lo que excede en mucho a la mayor parte de las provincias argentinas, salvo Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe; que posee más de cien escuelas nacionales, colegio nacional y escuela normal y veinte y cinco publicaciones periódicas entre diarios, hebdomadarios y revistas; que alienta la vida institucional de veinte comunas constituídas y otro número igual de pueblos que aguardan las revelaciones del censo para incorporarse al organismo municipal. Y a esta demostración de potencialidad, material y moral, que informa de un organismo poderoso vitalizado por las grandes industrias, hay que agregar la fuerza económica del acervo privado que excede de los 300 millones y su contribución impositiva al fisco nacional muy vecina a los 5 millones de pesos.
Corto se ha quedado el panegírico de los pampeanistas al buscar, para el proceso evolutivo, de este territorio el simil de las tierras estadounidenses que complementaron y aureolaron con su incorporación a los trece estados fundadores, la bandera constelada del Norte. Reclamamos para la Pampa la originalidad de un Estado absolutamente nuevo y sin precedentes en las demás naciones del orbe. Ya lo hemos dicho al comienzo de este libro: la Pampa no ha tenido adolescencia. Después de la desposesión al aborigen—ayer nomás—ha quedado incorporada de hecho a la cultura nacional, sin ese interregno semi-bárbaro que caracterizó las tierras nuevas de los Estados Unidos. El problema del indio cayó en liquidación con la campaña al desierto que constituye el episodio interno más notable en la vida militar del país. Y si aún se sostiene la fantasía selvática del Chaco, nada de extraño sería, que poniendo en evidencia las razones de este pseudo-problema, se encontrara en nuestro norte lejano el pretexto de una gimnasia militar para computar servicios y ganar presillas, a título de movilizar la institución armada de suyo burocrática en nuestro país, para tranquilidad y grandeza de la República...
Nosotros no tenemos ni el problema del indio, ni menos “the black problem” que es una pesadilla para los Estados Unidos.
Ningún territorio de la Unión, al incorporarse como Estado autónomo alcanzaba a la densidad demográfica de nuestra Pampa. Ni Ohio, ni Mississipí, ni Illinois, ni Missouri, ni Michigan, ni Florida, ni Iowa, ni Oregón, pudieron alcanzar esta cifra elocuente de 108.000 habitantes con que podemos presentar a la Pampa en su justo anhelo de provincialización. Todos aquellos Estados, con extensiones territoriales iguales o mayores que la Pampa, oscilaban parcialmente, en población de 45 a 80.000 habitantes. Solo Kansas, al operarse su transición política de territorio a Estado, tenía una población igual que la Pampa. Y Montana, que ocupa su sitio en el concierto federal en 1889, arroja una población de 130.000 habitantes pero sobre un territorio tres veces superior que la Pampa.
No puede haber parangón posible entre el caso argentino y el norteamericano. Aquellos Estados se incorporan a la constelación por una apremiosa necesidad política, frente al problema separatista que era fundamental. Nuestra Pampa debe incorporarse espontáneamente por obra y gracia de la civilización. Su sistema cultural ha sido más completo que el de los territorios unionistas del oeste. Aquí, operada la conquista indiana, el progreso orgánico abrió con su cultura, el ciclo franco de la colonización, sin las escenas de aquella California desalmada de los buscadores, ni la justicia típica del “far west” con el código de Lynch y los desbordes de la chusma incivil.
Balanceadas en el transcurso de este libro las fuerzas vivas del territorio, fluye de una manera evidente la necesidad de elevar la categoría institucional de la Pampa, bajo el concepto federativo de nuestra carta fundamental y de acuerdo con el desarrollo de sus fuerzas productivas, su vitalidad económica y su densidad de población. Sobre la base de la constitución, la ley territorial número 1532, en su artículo 4.º, estatuye en forma clara y terminante que “cuando la población de una gobernación alcance a sesenta mil habitantes, constatados por el censo general y los censos suplementarios sucesivos, tendrá derecho para ser declarada provincia argentina". Tal es la situación de la Pampa. Todo esfuerzo para violentar ese derecho legítimamente conquistado, sería atentatorio para la civilización y regresivo para la ley.
Impregnados.Llenos, convencidos.
Prejuicio.El juicio que se forma sobre una cosa sin conocerla.
Factoría.Establecimiento exclusivamente comercial.
Paradojal.De “paradoja”: aserción falsa que se presenta con aspecto de verdadera.
Invertebrado.Que no tiene columna vertebral. Está en sentido figurado.
Fogón.El fuego que en el campo se enciende para preparar las comidas.
Fabulario.Conjunto o colección de fábulas.
Zigzaguean.Que hacen zigzag, es decir, camino quebrado.
Coturno.Especie de calzado usado por los griegos y los romanos.
Ramplón.Grosero, inculto, vulgar. Calzado tosco, de suela muy gruesa y ancha.
Tachuelado.Claveteado con tachuelas.
Seculares.Con siglos de vida.
Preconcepto.Juicio sobre una cosa antes de conocerla.
Bonafide.Expresión latina: de buena fe.
Factores.Elementos.
Recóndita.Escondida.
Veraz.Verdadero, que dice la verdad.
Guarismos globales.La cantidad, expresada en números redondos, que indica la suma de varias más pequeñas.
Hebdomadarios.Semanario, o semanal.
Acervo.Riqueza, capital, fortuna.
Panegírico.Elogio.
Interregno.Un espacio de tiempo.
Pseudo-problema.Problema que sólo lo es en apariencia.
"The black problem".En inglés: el problema negro. Pronúnciase: di blac problem.
Parangón.Comparación.
Separatista.Partidario de la separación.
Unionista.De la “Unión”, nombre abreviado que suele darse a los Estados Unidos.
Estatuye.Dispone, ordena.
Gringo.Muchos autores se ocupan del origen de esta palabra. Hay quienes aseguran que esta expresión tiene su origen en una canción triste que entonaban los prisioneros ingleses, hechos durante las invasiones de principios del siglo pasado. Estos prisioneros, cuando al caer la tarde regresaban de Quilmes a Buenos Aires, después de las labores a que habían sido confinados, cantaban en coro una canción cuyo motivo principal de letrilla sonaba eufónicamente a los criollos con esta expresión: “gringo".—Se hizo popular entonces, la manifestación de “ahí vienen los gringos". Pero esto es absolutamente hipotético. Hemos podido observar que en Chile, Bolivia, Perú, etc., que ni de reflejo han recogido este modismo, se usa la palabra “gringo” para designar al extranjero; sea alemán, inglés, italiano, etc. Para nosotros, la palabra “gringo” viene de “grincu”, expresión araucana que significa extranjero. Nada más evidente y claro.
Cumilao.Nombre de capitanejo indígena.
Curacó...Agua de la piedra.
Mapuches.Mapú (tierra); che (gente).
Nahuel-Huapí.Terreno del tigre.
Neuquén.Río grande y correntoso en esta parte.
Puelén.Valle profundo.
Planteado el problema de la provincialización pampeana, nada de extraño fué que el retardatarismo sacudiera su molicie para contrarrestar el avance de la idea nueva. Para la vieja feudalidad, esta autonomía gubernativa significaba una revisación de valores materiales que pondría en evidencia el máximo de las ganancias sobre la base del mínimo de las contribuciones fiscales. De ahí que el latifundista indolente, que vive del terrazgo, sobre canon no siempre libérrimo, goza de la vida muelle de la metrópoli y conoce la Pampa por las tranqueras de su heredad, buscara en la operación “outrance”, recursos ni muy expeditivos, ni muy convincentes para constreñir y desviar la opinión del país. Pero no se necesita mucho esfuerzo para especificar la estratagema. Los campos de la Pampa, cuya valuación territorial, no ha sufrido aparentemente modificaciones fundamentales desde muchos años hasta hoy, gravarían por cierto, su contribución de acuerdo con su valorización. Y esto es, en suma, lo que no desean los terratenientes, para quienes el usufructo del predio está en la locación parcelaria, fuente cómoda de sus más seguros ingresos. Es sospechosa, a fe, la discrepancia de opiniones entre el potentado tenedor porteño y el propietario pampeano, laborador sobre el surco o el gramillal, de sus dos, tres o cinco mil hectáreas, en defensa cada cual del interés privado. El terrateniente, que tiene una tasación oficial sobre su fundo de 20 pesos por hectárea, sabe que su precio positivo es de 200 y aboga porque la remoción institucional a que está avocada la Pampa, en su anhelo provincialista, no venga a nivelar el valor ficticio de la tierra que constituye la riqueza más firme y cuantitativa de la nación. Es, por lo común, un caso de cerrada sordidez, sin la más remota idea de la evolución progresiva que se opera en el país. Pero a fuerza de estirar el concepto se va a repetir la fábula de la gallina de los huevos de oro. El impuestoterritorial burlando el sistema de los terratenientes, va nivelando paulatinamente el tributo impositivo de la propiedad raíz. De ahí que la contribución territorial de la Pampa se haya acrecentado en más de un millón y medio de pesos en lo que va corrido de los dos últimos años. ¿A qué, pues, tanta oposición a la autonomía pampeana, sobre la premisa del impuesto territorial, cuando el impuesto territorial se ha de gravar lo mismo por la propia e inevitable valorización de la tierra? El propietario rústico, por el contrario: nervio y motor de su predio, colono o criador, siente la necesidad de que la opinión oficial venga a consagrar el verdadero valor de su tierra. En consecuencia es un partidario ferviente de la provincialización pampeana. Con toda la honradez que caracteriza nuestra labor, debemos consignar que en numerosas ocasiones hemos comprobado este contraste significativo; y más de una vez algún vasco analfabeto del oeste o algún italiano progresista del sur—a veces un criollo—ha exaltado nuestro entusiasmo, al enaltecer, con argumentos verdaderamente eficaces, la necesidad de coronar el esfuerzo de los labradores pampeanos con la autonomía del territorio, como el medio legítimo de orientar sus destinos, disponer de sus rentas, y alcanzar el desiderátum de los deberes y derechos que acuerdan el trabajo, la civilización y la ley. Contra esta amplia doctrina que emana del capital y del trabajo a la vez, no vemos el argumento fundamental que puedan oponer los grandes tenedores de tierra.
Los lectores que hayan seguido la capitulación de este libro, echarán de ver que no nos dejamos arrastrar por pasiones estrechas al exteriorizar nuestro juicio sincero sobre el latifundio. No hay prevención mezquina en este caso. Sabemos que el latifundio es un resultado de la despoblación. Por las proximidades de los grandes centros se va conjurando poco a poco con la subdivisión testamentaria, el ferrocarril y la colonia. No ocurre lo propio todavía—y por desgracia—ni en los campos cordilleranos, ni en algunas provincias del norte donde, como en Jujuy, existen feudos como el de Yavi, que no es otra cosa que el marquesado de Campero de hacedoscientos años, indiviso aún y con todos los derechos feudales sobre el autóctono, manumitido pero servil. En momentos de escribir este capítulo, el director general de Economía Rural y Estadística, don Emilio Lahitte, cerebro potente y gran argentino, pone en nuestras manos su atlas sobre el proceso del latifundio en el país. Más que todo lo que dicen los economistas sobre la evolución de la tierra argentina, nos han enseñado estos gráficos que siguen el curso de la subdivisión territorial iniciada, sin duda, con los ferrocarriles. Por los mapas del señor Lahitte nos hemos compenetrado del proceso pampeano y podemos asegurar que es tan fundamental la evolución, que la Pampa feudataria, se redimirá en muy corto plazo con el aumento vegetativo de su población y el expandimiento de sus ferrocarriles.
Nuestras objeciones sobre el fundo tienen su especificación capitalísima para aquellas heredades que, enclavadas al margen de los pueblos, desconciertan y trastornan la evolución progresiva de los núcleos de colonización, cierran los caminos y circunscriben su labor a la crianza cerrada o a la monocultura, ajenos a toda orientación reformista, a todo expandimiento civilizador. Cabañas como las del norte donde las industrias rurales se combinan con espíritu franco, donde se busca en la tecnificación el triunfo de la ganadería nacional; colonización como la de Trenel, donde se ha llegado al cooperativismo por propia iniciativa del capital en íntimo consorcio con el trabajo, no pueden despertar otro sentimiento que de simpatía ni otra palabra que el aplauso estimulador.
Sostienen los impugnadores de la Pampa provincia, que la creación de un organismo autónomo irrogaría ingentes egresos al nuevo Estado. Para el metropolitanismo acaparador es más cómodo y productivo centralizar las rentas de la Pampa antes que entregarlas a su arbitrio y distribución. No basta el procedimiento inconstitucional y absorsivo de los impuestos internos que restan a las provincias sus recursos legales; es necesario amamantar la burocracia con el tributo colonial de la Pampa, indianizando, a la antigua usanza, un territorioque vale, en peso específico y por sí más que algún trio de provincias, tan precarias que aguardan periódicamente el giro federal para cubrir sus descalabros financieros. ¿Cómo se significa la Pampa en el presupuesto de gastos de la Nación? Es probable que su sostenimiento administrativo no origine una cantidad mayor de 80.000 pesos, englobando a la suma el margen de los imprevistos federales que tengan atingencia con el territorio. En cambio, su contribución al erario bien puede calcularse alrededor de 5.000.000 de pesos por concepto de contribución directa, patentes, papel sellado, derechos sucesorios, etc. La elocuencia de estos guarismos ha de poner en claro el juicio “a priori” o calculado de los que pretenden sostener este factoraje. Y no sería extraño que la influencia política de las “provincias pobres” tuviera su participación en este estancamiento provincialista de la Pampa, por temor a las comparaciones y por propio instinto de conservación...
Otra de las objeciones—la más inocente quizá—del oposicionismo a todo trapo, se relaciona con la supuesta carencia de hombres de talento cultivado, en el territorio. Es pueril la premisa. El centralismo federal jamás puso medida para liquidar los pleitos del interior e imponer a las provincias sus hombres dirigentes. Es vieja práctica, en nuestras artes de gobierno, malgrado nuestra plataforma federativa, el sistema de someter al cerebro de la capital lo que siente el corazón del país. Fué común desde antaño, ungir gobernadores desde los estrados de la Casa Rosada, salvo en los nobles tiempos del patriciado. ¡Y ahora ponemos el grito en el cielo porque el futuro estado de la Pampa—provincia de experimentación democrática—pudiera iniciar su proceso autonomista bajo la dirección administradora de los hombres de Buenos Aires!
Empero no ha de ocurrir tal cosa. Un territorio de labor como la Pampa, no ha de necesitar de elementos extraños para el gobierno propio. Las delegaciones que acudieron al certámen agrícola de Santa Rosa en el mes de diciembre—algunas espectables, como la que representaba al ministerio de agricultura—pudieron darsecuenta exacta de la entidad representativa del territorio en lo que concierne a sus fuerzas productoras, base fundamental para el prestigio y la estabilidad de su gobierno. Es hipotético, egoísta y propio del desconocimiento que se tiene del país, pensar que no hay hombres en la Pampa, capaces de encarrilar sus destinos en la senda de su política institucional. Tal, la estratagema partidista imputaba incapacidad administradora, a los territorios de la Unión en vísperas de abrogarse facultades estadoales para gloria y concierto de los Estados del Norte. Y sépase bien, que de aquellos territorios noveles y semibárbaros del oeste, salieron estadistas y presidentes y ministros y fué el voto de uno de sus ciudadanos el que dirimió en el Capitolio la abolición de la esclavitud, el sillar más firme sobre el cual la gran república del Norte aseguró su porvenir.
Seamos justos; seamos grandes; seamos, en fin, argentinos.
La Pampa debe ser incorporada al concierto provincial de la República. Lo sanciona la ley, lo reclama su progreso, lo impone la civilización. ¿Qué marginará nuevos problemas de política interna? Para eso hemos cimentado nuestro sistema federativo. ¿Que creará un presupuesto dispendioso? Es el destino más legítimo que puede dar a sus rentas, antes de entregarlas al tesoro nacional para sostener con ellas el orfelinato de las provincias pobres. ¿Que concentrará el éxodo en menoscabo del país? Ojalá pudiera hacerse sentir en bien de la descongestión de Buenos Aires, hipertrofiado de miseria, arrastrando hacia sus campiñas promisorias, la juventud inactiva y el proletariado sin hogar! Hasta por nuestro propio buen nombre en el exterior, debemos crear esta provincia. La Pampa argentina es universal, pero bajo la envoltura del prejuicio, como la llanura incivil materializada por el geógrafo francés impresionado en la semblanza de “La Cautiva". Es una vergüenza que sobre el meridiano de la primer provincia argentina, se extienda todavía la colonia, secularizando el concepto del desierto cerril de hace cuarenta años. Y, tenedlo seguro, que para el extranjero ilustrado que nos visite, esta dilación en dar a la Pampa sus derechos autónomos no será otra cosa que un expediente de política criolla. Y pensará, es posible, y en menoscabo de nuestros hombres de gobierno, sobre la “necesidad política” de mantener un territorio de asilo, válvula de expansión para el compadrazgo político y la frondosidad del presupuesto nacional; y hasta podría sospechar—¡tan mal nos conocen!—que el territorio pampeano es un desahogo de la provincia de Buenos Aires, reclamado por épocas regresivas, para zafar las jurisdicciones de la ley...
De la Pampa autónoma, grande y floreciente como es, se podría organizar la provincia de experimentación, el Estado-modelo, asegurando para su constitución las más bellas prácticas de la democracia, y para su legislación general, las más nobles conquistas del trabajo. Ojalá los materiales de este libro puedan ilustrar el criterio del país, proporcionando a nuestros hombres de gobierno el aporte necesario para afrontar en definitiva el problema de la provincialización.
Retardatarismo.La tendencia a retardar el progreso.
Molicie.Abandono, pereza, indolencia.
Feudalidad.Régimen feudal.
Terrazgo.Lo que el labrador paga al dueño de la tierra que aquél trabaja.
Libérrimo.El más liberal.
"Outrance".Palabra francesa. A toda costa, muy empeñosamente. Pronúnciase: utrans.
Estratagema.Ardid, trampa, engaño.
Locación parcelaria.El arrendamiento por parcelas, por fracciones de campo.
Cuantitativa.Relativa a cantidad.
Analfabeto.Que no sabe leer.
Manumitido.Libertado de la esclavitud.
Egresos.Gastos.
Factoraje.Relativo a factoría (establecimiento comercial bajo explotación tiránica, por lo común).
Federativo.De federación, federal.
Hipotético.Dudoso.
Estadoales.Perteneciente a los estados.
Hipertrofiado.Henchido, repleto.
Compadrazgo político.Camaradería y muchas veces complicidad entre los políticos y sus agentes.
Zafar.Eludir, esquivar, librarse.
El “terralfar”[1] puntano, abarca, casi sin desperdicios, la gran llanura comprendida entre Villa Mercedes y Buena Esperanza. En 600.000 hectáreas, por lo menos, se extendió la conquista del inmenso prado que dominó al guadal. La sequía asoladora de 1916, puso su nota cruel sobre la verde maravilla de los campos. Las arenas, domadas paulatinamente, con el refinamiento forrajero y la rotación de los ganados, se entregaron a merced de los vientos, como una honda revelación contra la fuerza civilizadora que asentó su vagoroso peregrinar por el desierto. La gran zona convalece de la pavorosa epidemia. Los médanos viejos bravean aun al borde de los caminos y ondulan por los campos aprovechando el descuido de los ganaderos indolentes. Contra su acción arrasadora, impelida por los vientos del Sur, están los carrizales, los tamariscos, los sorgos y el centeno, remedios heróicos incorporados definitivamente a la práctica rural. El problema de las dunas pampeanas no existe en nuestro país. Solo la imprevisión y el despego a la tierra pueden fomentar estas temibles migraciones. Los viejos vecinos comarqueños recuerdan todavía la agreste primitividad de estos campos, tan sueltos, tan deleznables, que era preciso transitar por la angosta huella de los ganados, so pena de arruinar las cabalgaduras en una legua de trayecto. Con el curso de los años, casi insensiblemente se ha operado la transformación. Los cultivos de forrajes, el apeñuzcamiento de los vacunos, la subdivisión territorial que fomentó atenciones pastoriles y el esfuerzo defensivo de los pobladores, han contribuído, de consuno, a estabilizar la superficie, dando vida a la gran pradera artificial. Ya no se forman médanos. Solo algún viejo arenal porfía aún contra el esfuerzo civilizador hasta que cae atrincherado por el cerco de alambre y aplaca sus veleidosos nubarrones de polvo bajo la acción de los cultivos. Y es llegado el momento, entonces, cuando la misma naturaleza, cual siquisiera favorecer el esfuerzo humano, termina la obra empenachando al médano vencido con matorrales de paja blanca, síntoma inequívoco de que el implacable arenal ha encontrado su eterna esclavitud. Los pobladores de la comarca que sufrieron la gran sequía (1910), debieron suponer que los médanos reconquistarían el desierto—tan despiadado fué el azote.—Pero sobre la pérdida de grandes alfalfares, cuando el suelo inconsistente entregaba sus arenas a los vendavales, cuando la torpeza salvaje de los campos parecía enseñorearse de nuevo y arrasar con la última mata de alfalfa, vinieron las lluvias del año 17, se remozaron las praderas, reverdecieron los bosques, y sobre la tierra sedienta y aplacada, se extendió como una red una yerba silvestre y amorosa, la “yerba del pollo"—la “yerba meona”, del paisano—síntoma modesto de salud y de vida con que significaba la naturaleza en su promisoria maternidad. Y al amparo de esta yerba-providencia que rastreó el suelo humildemente, con la sencillez de una liana cordial, se criaron los tupidos gramillales, tan sanos, tan inmensos, tan incitadores, que cayeron bajo la cortadora y fueron a reponer los almiares, a sustituir el forraje artificial que agonizaba en los predios.
¡Qué año terrible aquel! Lo recuerda el país entero que sufrió en forma proporcional, la implacable epidemia. Esta comarca, cuyos progresos rurales venían acrecentándose de una década atrás, sintió como ninguna el rudo golpe de la adversidad. Los ventarrones fijos, persistentes, desatados, castigaban la tierra sin compasión. Los primeros meses de sequía, resistieron valerosamente los alfalfares; luego cejaron las furias del viento que removía el guadal. Zona salpicada de lagunas, dulces y perdurables, barrancosas y hondas, mantuvo sus ganados mientras el agua fué complemento de nutrición. Pero cuando faltaron los pastos, cuando quedaron rasos como la mano los potreros de alfalfa, cuando se secó el olivillo salvaje y se achicharraron hasta las pencas, bajo las brasas del sol, no fué el agua de las lagunas la que salvó al ganado. La faena rural se circunscribió al cueraje de las bestias caídas en el lomo de los médanos, a la orilla del agua, junto a los molinos, al margen de los alambrados... ¡Qué horas amargas debieron pasar estos valientes pobladores! Las peonadas recorrían los campos tristes, despellejando sin tregua aquella hacienda mestizada ya, producto paciente de la acción tesonera de los criadores en aquel proceso civilizador desde los pastos punas al alfalfar, desde la represa primitiva al molino, al pozo sin medida y al tanque australiano. Por muchos años se recordará en la comarca el caso del inglés X, que después de esfuerzos inauditos para evitar la mortandad de su hacienda, vió—tal vez con lágrimas de rabia y de desesperación—que el médano vecino se había arrastrado alevosamente hasta cubrir por completo la charca de hierro galvanizado que almacenaba las aguas de su pozo. Solo el molino asomando su abanico circular, en lucha de muerte, seguía sus furiosos giros bajo el ala del aquilón...
Después de esta gran experiencia que trajo consigo el año 16, asistimos a la hora mortecina de los médanos comarcanos. Frente a Lavaisse, rumbo al sur, el camino que se encajona entre dos alambrados se ve de pronto interceptado por la duna, extendida como un inmenso reptil en tres kilómetros, por lo menos. Cautelosamente, erradizo, avanza el arenal sobre los campos del Oeste. El peón conductor del sulky en que practicamos la travesía, un ítalo-criollo andariego y conocedor, nos informa sobre las pretensiones de este endiablado arenal.
—Es atropellador, como él solo—nos dice.—Ya ve: va comiendo el campo sin ningún miramiento. Y si lo dejan, créame, se va a ir hasta las casas, nomás...
Pero antes de que peregrine, la trinchera de cañaverales de Castilla lo habrá estabilizado. Por el Este, junto al alambrado del camino, el saucedal, que ha resistido a las inclemencias del viento y de la sequía, se afirma como una muralla contra las arenas deleznables. Falta circunscribir la zona peligrosa que se abre a merced de los vendavales ordinarios y del pampero. A nuestro paso encontramos las carretas cargadas de caña que van a iniciar la defensa, enterrando en el guadal bulbos y carrizos. Es oportuno este saneamiento de la zonaque anticipa de aquí a un par de años la posibilidad de poner remedio a esta molesta travesía, siempre que una cuadrilla de camineros—el camino de Lavaisse es carril nacional—distraiga su atención en cubrir con ramas silvestres esta duna endiablada, tendida como un dragón entre el ferrocarril y el país de los alfalfares.
El proceso civilizador del terralfar puntano data de quince años a esta parte. En 1902, de Villa Mercedes al sur—salvo raras excepciones—aquella zona estaba comprendida por campos de estepa, cubiertos de paja amarga y poblados de ovinos “chilludos” (semi-criollos, de lanas lacias, con extremidades y barriga peladas). Los establecimientos rurales eran, en su mayor parte, abiertos, de un criollismo inveterado en sus crianzas. Apuntaba apenas el modernismo rural en tres o cuatro estancias: Las Isletas, Santa Ana y Buena Esperanza, muy al sur, establecimiento de una compañía holandesa. Planicie constelada de lagunas, los pastizales duros estaban salpicados por pequeños oasis de gramillas tiernas en la vecindad de los manantiales; y este fué, sin duda, el incentivo firme para los pobladores de las grandes estancias. Con la tecnificación de las praderas, ha sufrido una transformación fundamental la fisonomía del país. La cebadilla, que jamás medrara en aquellos campos salvajes, erizados de yerbas bravas se manifiesta en 1907 con su primer inmigración arrastrada por los vientos del estuario. La alfalfa, que va conquistando los predios, mata en 1908 el cebadillal incipiente, domina poco a poco la comarca y llega a culminar en la inmensa pradera que nace en Mercedes y remata en el paralelo 35, servida por las líneas del Pacífico. La crisis rural del 16 lo trastorna todo arteramente, despiadadamente. Y cuando las lluvias de 1917 aplacan las arenas, cuando ni rastros quedan de las praderías artificiales, vuelve el copioso cebadillal, tupido y fresco a extender su manto como una bendición. Y junto a la cebadilla que se prodiga con la intensidad de un cultivo, se extiende al ras del suelo una roseta peculiar, firme y espinosa, que resulta excelente gramínea y contribuye a afirmar los campos levantizos. Vinieronotras yerbas, además, aprovechando el resurgimiento de las especies con la lluvia bienhechora; nutricias algunas, como el pasto de araña, el salvavidas y el almorejo; nocivas otras, como el abrojo grande y la cepa de caballo. Pero bien pronto echaron de ver los hacendados que las plantas tóxicas desarrolladas y floridas el primer año, perdían su fuerza germinativa desapareciendo como por ensalmo.
Después de la pavorosa epidemia del año 16 que a punto estuvo de convertir estas fértiles tierras en el “país del nunca jamás” que descorazonaba al agricultor australiano, vuelve a tonificarse la extendida comarca. Florecen nuevamente los alfalfares. Se pueblan, se dividen, se hermosean los campos; se civilizan y se enriquecen las estancias con las comodidades zootécnicas; se refinan los ganados. Arranca de 1902 el progreso firme del terralfar puntano. Don Roberto, Los Pozos, La Helvecia, Capelén, Alfaland, Las Meladas, Los Césares, El Nassau, etc., son las estancias que continúan el problema de la renovación pecuaria planteado por los primeros establecimientos de cría que se poblaron a renglón seguido de la conquista del riel.
Hablar de arvicultura en esta zona, es decir, del cultivo de la tierra con relación a los cereales exclusivamente, sería, sin duda, aventurarse hacia el fracaso. Mientras no se afirmen las tierras, mientras siga siendo guadal el guadal con su corteza de más de cincuenta metros de espesor, mientras no se atemperen los vientos con el arbolado artificial, toda cultura agrícola sería como arar en el océano o aventar la semilla al espacio. Hasta aquí no alcanza la previsión del “dry-farming”, con sus fórmulas maravillosas. Esta zona, será por muchos años país de invernadas, tierra de alfalfar.
Terralfar.Palabra nueva: significa la tierra cubierta de alfalfares o que puede estarlo.
Vagaroso.Errante.
Consuno (de).Juntamente.
Liana.Enredadera.
Olivillo.Pasto de la Pampa.
Pencas.La hoja carnosa de la tuna.
Cueraje.Cuerear, quitar el cuero a las reses muertas.
Represa.Estanque.
Inauditos.Nunca oídos, extraordinarios.
Erradizo.Que anda errante.
Bulbos.Parte jugosa y redonda de la raíz de algunas plantas.
Carrizos.Especie de caña.
Oasis.Los parajes fértiles, con árboles y agua, diseminados en los desiertos.
Arteramente.Astutamente, engañosamente, con picardía.
Floseta.Pequeña rosa silvestre. (Forraje).
Levantizos.Movedizos, arenosos.
Pasto de araña.Pasto de la Pampa.
Salvavidas.Idem.
Almorejo.Idem.
Tóxicas.Venenosas.
"Dry farming".Expresión inglesa: cultivo de tierra excesivamente seca. Pronúnciase: drai fármi.
Nuestras primeras investigaciones sobre las características del terralfar las comprobamos en el establecimiento Don Roberto, a cinco leguas de la estación Lavaisse. Administrador de esta estancia es don Edmundo W., propietario a su vez, de campos vecinos, y, sin duda, el hombre más progresista y emprendedor de la zona.
Nos sentimos realmente cómodos en compañía de este caballero argentino, prototipo del hacendado moderno que une, a la versación de las prácticas rurales, todo cuanto un espíritu cultivado puede aquilatar en achaques mundanos y vida de ciudad. No es un universitario en ciencias agropecuarias, pero es un técnico de verdad, un hombre práctico en la amplia acepción. En la observación, en los viajes, en la vida intensa del campo, en el laboratorio, en la experimentación, robusteció sus estudios. Posee, a conciencia, cinco idiomas modernos. Y en el noble deseo de tonificar su auto-educación, para capacitarse en el origen de sus temas predilectos, habla y escribe en latín—no “en latines”, como la vulgaridad de los hurones de biblioteca.—Nada de extraño, entonces, que este espécimen de “ranchman” que sabe a maravillas de arte y de ganados, domine a perfección con todo casticismo su idioma natal y dé a la estampa, por deporte, a los cincuenta años (“pardon”!) uno de los libros más sabrosos, más bellos, más fieles, que ha producido la literatura campera—“Memorias de un portón de estancia"—sin hablar en gaucho, ni usar de las tintas recargadas de nuestros revisteros y criollistas de “bureau".
Amablemente se desliza nuestra breve estada en su establecimiento acompañados, además, por don Enrique H., distinguido caballero e inteligente hacendado, que suponemos desertor de Florida, para gastar su bizarra juventud en la noble sencillez del campo, al frentede los intereses de su señor padre, en su establecimiento Los Pozos.
Anfitrión y huésped nos proporcionan los veraces informes de este capítulo. Es larga y amable la sobremesa, después de haber gustado el sabroso pejerrey de las lagunas puntanas, sin rival, posiblemente, en el país.
—Hace diez y seis años—nos dice don Edmundo—poblamos estos campos. Fué una extensión de 10.000 hectáreas la superficie adquirida. Eran campos de paja amarga en toda su amplitud. El refinamiento forrajero se verificó paulatinamente, como era lo propio, llegando a cultivar 6.000 hectáreas de alfalfa. Antes que se tirara la línea de Beazley, nuestra estación próxima era Villa Mercedes. Los campos valían una bicoca entonces. Nosotros pagamos a razón de seis pesos con cincuenta centavos por hectárea, suma que se conceptuaba un precio fabuloso. Hoy el campo bruto vale en esta zona de 65 a 70 pesos, como nada, y alfalfado no se paga a menos de 120. El ganado preferido por entonces, era el vacuno pero uniformemente criollo, sin asomos de tecnificación. Criar ovinos hubiera sido una rémora por la flojedad del terreno guadaloso. Sólo las necesidades del consumo podían imponer uno que otro rebaño.
—¿Y la tierra, en general?—interrogamos.
—Es esencialmente guadalosa en toda la zona de la alfalfa. Del estudio químico-analítico realizado sobre suelos de estas estancias—estudio con aplicación a toda la comarca, sin duda—resultan las siguientes conclusiones: que la tierra es netamente arenosa, muy suelta, compuesta de arena fina cuyo diámetro de partículas oscila entre 0.0495 y 0.2475 milímetros, siendo la proporción de arcilla casi insignificante. La riqueza en humus, aun cuando no es muy grande, es normal. La tierra es pobre en ázoe y en potasio asimilable y su contenido en calcio y ácido fosfórico no es pequeño. Además las condiciones de porosidad y capilaridad de la tierra son buenas. Se desprende de estas condiciones físicas que la tierra es apta para ser abonada, absorbiendo bien a las diversas sustancias alimenticias.
—¿Y qué profundidad calcula usted a la capa guadalosa?
—De 54 a 80 metros y más. Ahora bien: conviene hacer notar que este subsuelo es de excelentes condiciones higrométricas. La profundidad del agua, puede calcularse, como base general, entre 2 y 7 metros. Las aguas pluviales son generalmente escasas, pero más que por escasez los perjuicios agropecuarios suelen estribar en la inoportunidad de las lluvias. Un año de 550 milímetros repartidos en 74 días de lluvia fué bueno en resultados agrícolas. El factor negativo es el viento, que a no mediar este elemento bravío y familiar, con lluvias precarias, nomás, se asegurarían los cultivos. El viento permanente en la zona toma de N. E. a S. O., pero el más perjudicial para el arranque de las plantas es el del sur.
—¿En materia de cultivos de cereales, se han hecho algunos ensayos?
—Sí, señor. Desde 1906 se sembró avena, centeno y cebada en varios establecimientos. El centeno resistió grandemente a la sequía. La avena rindió bien, pero se echa de ver que necesita de lluvias oportunas.
En 1917 hubo excelente producción de estos cereales. Ese año se sembró especialmente centeno que ha dado resultados dignos de mención. Estas comprobaciones agrícolas han convencido a los propietarios que los terrenos de la zona, aún perdidos los alfalfares, conservan su valor por la invasión circunstancial de la cebadilla y el buen rendimiento de los cereales. Todas estas siembras se han verificado simplemente a máquina, habiéndose practicado algunos cultivos a voleo, con grandes resultados. Tengo como cosa bien sabida que el trigo empobrece la tierra, razón por la cual no se siembra con abundancia en la región, lo que no obsta para asegurar que se han levantado copiosas cosechas.
—¿Entonces usted no cree que el “dry farming” pudiera tener resultados prácticos en la zona de los alfalfares, como sistema cultural cerealero?
—No, señor. Y me afirmo al responder tan categóricamente, en la flojedad de la tierra. Los vientos, sinduda, harían estragos con la semilla recién sembrada. Cuando hay cultivos, suelen ser excepcionales como rendimiento. Pero lo difícil es vaticinar sobre la prosperidad de los cultivos de cereales, por las veleidades de los fenómenos meteóricos. El alfalfar es otra cosa: cuando se arraiga, puede decirse que se ha estabilizado de verdad. Soy un convencido de la eficiencia del “dry farming". Pero para implantar este sistema hay que obrar con precaución y sobre las tierras apropiadas. He oído decir que en Kansas y Arizona, ha habido sus tropiezos al trabajar las tierras flojas, revolviéndolas para producir el “mulch”, o sea “tierra suelta”, sucediendo lo que hemos temido siempre aquí: se produjeron médanos. Y esto, como usted vé, no ha debido ser nada halagüeño para los experimentadores.
—Sin duda—respondemos;—pero se habrán tratado los cultivos sobre tierra de guadal como ésta.
—Recuerdo que hace años traje para esta misma estancia, a un argelino horticultor. Sus prácticas, que sin duda se afirmaban en razones de orden científico, se circunscribían a desmenuzar, carpir y aporcar. Cuando le pedí informes sobre estos procedimientos, me respondió, enfáticamente, con la conciencia de un hortelano que sabe bien lo que hace:
—“¡Ah monsieur: le sarclage vaut mieux que l’arosage!...” (La carpida vale más que el riego).
—¿Y dió resultado?
—Sí, señor. Pero la necesidad de dedicar preferente atención a otras tareas rurales, desvió un poco el cuidado de la huerta. Y todo pasó... Ya ve: ni jardín cultivamos... Los vientos no perdonan... Nuestras flores, señor—y no vaya a juzgarme de prosaico—suelen ser los pejerreyes de nuestras lagunas y los pollos suculentos...
Sin duda alguna, el argelino recordado por nuestro interlocutor, sabía bien la verdad comprobada por Jethro Tull, en su “Ensayo sobre los principios de la labranza y de la vegetación". El famoso agricultor inglés había, ciento cincuenta años antes, sintetizado su esfuerzo experimental en la famosa locución discutida y alabada ennuestros días: “la labor equivale al abono”, o lo que es lo mismo, en su relatividad: “la labor es el riego". El huertano de don Edmundo traía su ciencia del setentrión africano, en donde el “dry farming” tiene patria inmemorial con sus famosos olivares. En la vecindad tunecina es de fama que en el siglo VII, se cultivaba más de 1.000.000 de hectáreas de olivo, por el procedimiento del secano. De que los resultados fueron óptimos lo prueba el hecho de que en tiempos de César, Túnez pagaba a Roma, como tributo anual, 13.500 hectólitros. La producción de aceite era tan importante—según Kearney—que desde algunos pueblos lo conducían por tubos de madera al puerto vecino, para su embarque.
—¿Y respecto al peligro de los médanos y la manera de combatirlos, qué opina usted?—interrogamos.
—Como presidente de la Sociedad Rural Río V, con asiento en Villa Mercedes, me he ocupado con verdadera dedicación de este asunto. Los graves efectos de las tierras movedizas se sienten con más intensidad en los caminos públicos. Opino que es allí donde debe circunscribirse con mayor empeño la acción defensiva y especialmente la obra del gobierno. Se impone, sin duda, la mayor vigilancia por parte de los ministerios de obras públicas tanto el nacional como provincial. Debe organizarse una “dirección de caminos”, con atribuciones bien definidas para reglamentar el tráfico. Creo que para el beneficio del sur puntano, la dirección de caminos de San Luis, debe tener su asiento en la ciudad de Villa Mercedes y estar formada por cinco miembros, siendo miembro nato el jefe político del departamento; delegados domiciliados en la campaña correrán con la vigilancia de zonas.
“Podría reproducir con detalles lo que alguna vez dije sobre la intervención que correspondería al ministerio de agricultura y la necesidad de una seria legislación nacional, pero sería largo y tal vez engorroso para su labor de difusión. Me limitaré a hacerle notar que es preciso que los ingenieros agrónomos regionales respectivos, con preferencia a las conferencias, se dediquen a hacer ensayos para el cultivo de médanos, y se les facilite medios para establecer viveros de cañas, sorgo, etc. para la repartición de plantas y raíces para las cuales debe reducirse el flete a su mínimum (para raíces de cañas ya concedió rebaja el F. C. P.) y en caso necesario o para el mayor estudio, el ministerio adquirirá en propiedad cierta zona medanosa. El ministerio debe contar con una sección de médanos, bien en la división de enseñanza o en la futura división de defensa agrícola: en Francia, si estoy bien informado, es el departamento de “pons et chaussés” que se ocupa de este asunto, con preferencia del cultivo práctico, y en Alemania el estudio y cultivo está a cargo de las “Dünenbankomission” dependientes del “Forstwesen” (departamento forestal), y sería del caso pedir a los gobiernos de estos países los informes, publicaciones y vistas respectivas aunque allí el problema es sólo de médanos de costa, pero donde son maestros en la acción precursora del cultivo: la defensa contra los vientos y afirmado del suelo.”
Después del almuerzo, nos disponemos a incursionar por el campo en un cómodo “buggy”, o cosa parecida. Nos acompañarán don Edmundo y don Enrique.
La estancia “Don Roberto” que forma parte de los primeros exponentes de civilización agropecuaria en la iniciación del terralfar puntano, no se destaca como edificio estilizado, aun cuando el confort interno y la hospitalidad tradicional de la casa dejan una amable recordación en el espíritu del viajero. Está sombreada y guarecida por arbolados que representan un enorme esfuerzo cultural. Son álamos erectos y tamariscos, las plantas de rigor. Ocupó, sin duda, una isleta de chañares, el sitio en que se levanta esta población, pues algunos ejemplares de esta flora aborigen, semi-urbanizados por la propia convivencia de los árboles exóticos, extienden sus elegantes copas matizando el tono desteñido de los tamariscos con su verde primaveral.