—Esta zona—nos asegura el señor W.—no brinda facilidades para la arboricultura. Los primeros pobladores de estos campos, nos hemos ocupado con verdadero tesón, no sólo de atender a los trabajos rurales, sino de practicar los más convenientes para los terrenos arenosos bajo este clima recio, de manera de fomentarlos arbolados. Se trató siempre de conseguir una vegetación de aclimatación fácil y de rápido desarrollo, pues los árboles silvestres no sólo se resisten al trasplante sino que tienen el inconveniente de su crecimiento paulatino.
“Las experiencias, como digo, han sido consecutivas. Pero los amantes del árbol han podido notar, con desaliento a veces, raros fenómenos que han venido a malograr sus más bellas energías. Por ejemplo, algún vecino que ha podado en tiempo oportuno, con toda la prudencia racional aconsejada por la arboricultura científica, ha observado con tristeza en la primavera, sus alámos y sauces mustios y achaparrados, si no secos del todo. Otro poblador, que plantó en época oportuna las estacas de tamariscos recogidas en su propio establecimiento, malogra un cincuenta por ciento de sus arbolitos. Sin embargo, no falta algún vecino, que por imprevisión, corta a destiempo y con impiedad los gajos de tamariscos, con sus yemas hinchadas ya, y logra salvar casi todas sus estacas. ¿Es anómalo esto? Estoy, no obstante, con la razón científica, pero hay que tener muy en cuenta este resultado experimental y seguir plantando árboles, plantando sin medida y con fe sincera.”
—¿Y cuál es el principal enemigo de los árboles?
—El viento del sur. Los árboles que pueden resistir el frío intenso del invierno, quedan debilitados para cualquier contingencia en la época estival; los vendavales, la sequía, la langosta o el granizo. Es menester, entonces, fomentar los cercos vivos o reparos artificiales contra el sur. Creo que las grandes casas de venta de plantas deben instalar viveros regionales; y los terratenientes harán obra útil y patriótica favoreciendo con sus pedidos a comerciantes y productores de árboles locales.
—¿Y se planta mucho en la zona?
—Muchísimo. Pero es grande el porcentaje de plantas que se malogran. ¡Y no nos desalentamos! Cuando escucho los desahogos de tantos que juran de no malgastar más su tiempo, paciencia y dinero, me llamo a silencio; sé que llegada la época de plantar renace la esperanza y vuelven a la empresa. ¡Qué mágico poder delárbol y su extraño dominio sobre nuestra alma! Un pequeño arbolito que con gallardo crecimiento agradece el cuidado y promete sombra y alegría para lo futuro, borra el recuerdo de todos los sinsabores. ¡Con cuánta razón el color verde es el emblema de la esperanza!
Y don Edmundo después de esta explosión de generoso entusiasmo, nos dice con cierta languidez sentimental.
—Vea ese alamito. ¿Cuántos años le calcula?... Tiene cinco. Haga la prueba de arrancarlo con las manos... haga la prueba.
Nos parece una ironía la invitación. Tiene cuatro metros de altura el ejemplar. Sin embargo, y a trueque de un papel deslucido, nos aferramos a la planta como quien va a descuajar una cizaña del jardín. Y ¡oh sorpresa! cede el tronco al primer envión, se descoyunta en su unión con la raíz precaria y cae desvanecido. Es la venganza del guadal que no se aviene a los desplantes de la civilización.
—Cuando escriba sobre nuestros campos, amigo mío—nos dice don Edmundo—encomiende a los “snobs” de Buenos Aires, a los rentistas cómodos de la República, que si alguna vez cruzan esta región y contemplan nuestras cuasi-marchitas arboledas, no se sonrían con desdén, ni apliquen a sus moradores los calificativos de “atraso, rutina, dejadez". Dígales que se detengan ante esa incipiente arboricultura y saluden en ella a una de las manifestaciones del trabajo nacional.
La visita al campo remata las enseñanzas del día. Cruzamos los potreros en donde amarilleaba la alfalfa bajo un sol de julio, ardoroso y cordial.
"Ranchman".Palabra inglesa: hacendado. Pronúnciase: ranchman.
Prototipo.Modelo.
Auto-educación.La educación de sí mismo.
Casticismo.Pureza, corrección.
"Pardon".Palabra francesa. Equivale a: disculpe usted.
"Bureau".Palabra francesa: escritorio, oficina. Pronúnciase: buró.
Bicoca.Pequeñez.
Higrométrica.De “higrometría”: medida de la cantidad de vapor de agua que hay en la atmósfera o en el terreno.
Aporcar.Cubrir las plantas con tierra.
Anómalo.Fuera de lo común, lo que es natural.
Trueque (A).A cambio.
Cizaña.Las plantas inútiles y perjudiciales que crecen en los jardines y sembrados.
"Snobs".Palabra inglesa sin equivalencia exacta en español. “Snob” se dice del hombre presuntuoso, esclavo de la moda, que pretende sin fundamento estar al tanto de toda novedad, petulante y tonto.
La más notable comprobación sobre el éxito del “dry farming”, en el transcurso de nuestra gira, la encontramos en la Pampa del Tigre, sobre la línea del Pacífico, plena región pampásica del oeste.
Tienen estas tierras alguna similitud con la región del Pencoso, que motejamos de Palestina, sobre todo en la exigüidad de sus lluvias, ya que no en su constitución agrológica. Aquí el suelo es arenoso y uniforme, en una profundidad que varía entre 5 y 7 metros de espesor, últimas manifestaciones, hacia el occidente, del inmenso guadal que arranca desde el norte pampeano.
La primer impresión cultural la recogemos desde el tren. El verde profundo de un sembrío, recostado junto a la estación, hacia el sur, nos anticipa el valiente ensayo en aquella angustiosa travesía. Cabe la iniciativa, al propietario del campo, doctor P. S., secundado por su paciente experimentador, un muchacho porteño, connaturalizado con fe a la agreste región y hecho “farmer” en el amplio sentido.
De entrada, nos parece demasiado arriesgada la tentativa de maternizar el suelo reseco de la zona, habilitándolo para los cultivos cerealeros. Pero el optimismo franco borra el prejuicio, al hacer memoria sobre la acción colónica del propietario de este campo, en la región del Río Negro, sobre tierras de condición agrológica inferior y con el mínimo de lluvias aceptado por el “dry farming". En efecto, a este propietario corresponde la iniciativa de las prácticas del secano en Río Negro, en 1914, con lluvias de 200 milímetros y con resultados alentadores. En esta sistematización cultural que fué, por cierto, de grandes enseñanzas—ya que las teorizaciones agrícolas sobre el aprovechamiento de nuestras tierras semi-áridas, pasaban por primera vez al campo experimental—afianza el éxito de sus nuevos cultivos en la Pampa del Tigre, donde las condiciones meteóricas y la calidad del suelo, ofrecen las perspectivas de una auspiciosa maternidad.
Este cultivo, que tonaliza con el verde matiz, la llanura grísea por donde corre el tren, se nos antoja un labrantío de Utah, entre la aridez apenadora del desierto, en cuyas hazas florecientes, un labrador sagaz ha venido a poner en práctica la demostración de Alway, que comprobó el valor del almacenamiento de la humedad, como pudiera hacer un comerciante previsor con las reservas de su ganancia anual. El administrador, colaborador eficiente en aquella tarea de domeñar el predio bruto, nos habla con entusiasmo sobre el “stock” de humedad, capital confiado a la tierra, merced a los rastreos oportunos, como a una caja de ahorros, que devolverá, con réditos, centavo sobre centavo.
—A mediados del año anterior—nos dice—se puso en condiciones de cultivo, un cuadro de veinte hectáreas, comenzando a almacenar el agua de las lluvias caídas, por medio de rastreos con rastra de dientes. Llegada la época oportuna, se procedió a la siembra de maíces y sorgos, operación un tanto retrasada, debido a las huelgas y otros factores de fuerza mayor. La operación de sembrar la practicamos a fines de octubre con sembradora sistema “Lister”, maquinaria que llena todas las necesidades y hace una labor perfecta.
—¿Qué clase de maíz sembró?—interrogamos.
—Las variedades conocidas por Golden Beauty, o sea “amarillo grande” y “colorado de polenta".
—¿Y cuáles fueron los resultados?
—En cuanto a calidad, inmejorables. El peligro que nos amenazó con insistencia, fué la sequía de diciembre y enero pasados, tan cruel para las zonas agrícolas de la República. Los fuertes vientos también se dejaron sentir sin interrupción en la comarca. Felizmente cuando creíamos malograr todas las sementeras totalmente, una lluvia de febrero, oportuna, como una bendición, puso a salvo las cosechas.
—¿Y en sorgos?
—Se ha sembrado todas las variedades convenientes: kafir, milo, feterita y pasto ruso. De estos cultivos hemos recogido semillas muy superiores a las traídas a la región. Vea usted si estos no son sementales de primer orden.
Y nos alcanzó unas panojas dignas de ser expuestas en cualquier exposición agrícola de Buenos Aires, por la profusión, calidad y limpieza de sus granos, blancos y grandes, de feterita; copiosos y pequeños, de kafir; frondosos y ligeramente anaranjados, de milo.
—Con esta aclimatación regional—nos asegura el administrador—hemos salvado uno de los más grandes escollos: conseguir semillas nativas.
—¿Y sobre cereales, qué experiencias se han hecho?
—Con intención de ensayar cereales, se resolvió destinar una parcela, practicando el barbecho con excelentes resultados, habiendo almacenado, aproximadamente, dos metros de humedad. Las semillas germinaron y crecieron las plantas, sin haber recibido una sola gota de agua, mientras que en algunas zonas húmedas y subhúmedas, los agricultores no podían arar porque la tierra estaba seca. Es posible que no se pueda arribar a una comprobación más eficaz sobre los resultados del “dry farming".
“A fines de abril de este año, dispuso el dueño del campo que se sembrara varias semillas importadas de Norte América: trigo turco, centeno, cebada y avena. Los cultivos salvo las avenas y cebadas que se perdieron, se encuentran en estado muy próspero, prometiendo rindes muy remuneradores, pues se ha desarrollado un sistema radicular admirable. En estos días—fines de septiembre—se han repetido los cultivos de maíces, sorgos, papas y porotos.”
—¿Y qué cantidad de lluvia cae en la región?
—Muy poca, pero la suficiente para que la tierra produzca, siempre que se ponga cuidado en la labor.
“Tengo fe—termina su información—en que estas campiñas hoy incultas, han de caer bajo la redención de los cultivos, por el procedimiento del “dry farming". Las tierras de esta vecindad, labradas convenientemente, han de producir cosechas de primer orden, tanto en forrajeras de ensilaje como en cereales y hortalizas.”
Es sano y tonificante el optimismo de este agricultor, que valientemente viene a secundar la bella iniciativa del doctor P. S., iniciativa que—tenemos fe—provocará la transformación del desierto. Con el esfuerzo y en labores consecutivas, podrá arribarse en estos campos a la comprobación verificada en las estaciones experimentales de Utah, de que cuando se remueve la tierra virgen para dedicarla al “dry farming” y se cultiva con esmero, la lluvia penetra más y más, después de cada año de cultivo, como si la naturaleza próvida quisiera vincularse amorosamente al esfuerzo del hombre.
Widtsoe, atribuye un cuidado mayor al distrito de Great Plains para conservar la humedad del suelo, que al de Great Basin, precisamente porque aquel se caracteriza por las lluvias de estío, en la época de los vientos cálidos y la mayor evaporación. Algo de esto tiene la Pampa del Tigre. Pero tenemos confianza en que todo se ha de dominar con la energía y la labor.
Después de esta comprobación objetiva sobre los cultivos de la Pampa del Tigre, departimos en Buenos Aires con el doctor P. S., gestor de tan valioso procedimiento cultural y, posiblemente, el primer ensayador técnico del secano, en cereales, en la República.
Queríamos cerrar nuestro capítulo sobre la Pampa del Tigre con algunas apuntaciones marginadas en el producto de su observación y su experiencia.
—En diciembre de 1917 pedí a Estados Unidos—nos dice—semillas de cereales procedentes de la región de Great Plains, que, como usted sabe, es análoga, en calidad agrológica y en fenómenos atmosféricos, a nuestra zona semi-árida del interior. Mi propósito tendía a la fácil aclimatación de la simiente, con el fin de conseguir semilla nativa. Las avenas y cebadas se han perdido totalmente. No así los trigos que se desarrollan con toda lozanía y el centeno norteamericano, cuya parcela es la más destacada de las sementeras.
“El “dry farming”, como procedimiento agrícola—continúa nuestro interlocutor—es absolutamente eficaz y seguro, siempre que se ponga en práctica de acuerdo con las características del suelo y los factores meteorológicos. Un agricultor experto, no puede fracasar jamás, salvo por contingencias imprevistas, puesto que al iniciar sus cultivos, debe conocer perfectamente la cantidad de humedad de que dispone.”
—¿Y en lo que respecta a prácticas culturales, cree usted que se debe introducir algunas modificaciones que difieran de los procedimientos aconsejados por los experimentadores de Estados Unidos?
—Sí, señor. La experiencia me está dando material para aconsejar algunas reformas en la preparación y cultivo del suelo. Por ejemplo, yo creo que en nuestras tierras arenosas de secano, la rastra de discos debe ser suplantada por la rastra de dientes, después de sembradas las semillas.
Es esta, sin duda, una interesante observación relacionada con la operación más trascendental en tierras semi-áridas. Macdonald—tan conocido por los técnicos—asegura que la escardadora es más a propósito para gradar el trigo u otros granos pequeños, que la grada común de dientes rectos u oblícuos. Pero si el terreno es medianamente firme—dice—la grada ligera ordinaria hará buen trabajo. Según este profesor, todo labriego deberá poseer una grada de palanca para poder graduar con ella la inclinación de los dientes. Sin embargo, su consejo categórico es el siguiente: “la grada de discos es absolutamente indispensable para los cultivos de secano".
El doctor P. S., compenetrado de la constitución de nuestros suelos en estudio, contraviene el consejo de Macdonald, dando prioridad a la rastra de dientes, afianzado sin duda, en la flojedad de las tierras arenosas. De todas maneras, su gran consejo se circunscribe a usar consecutivamente este instrumento. Coincide en esto con aquel gran cultivador de Valle Cache, en Utah—G. L. Farrel—a quien, en cierta ocasión, le interrogó un grupo de agricultores:
—¿Qué haría usted con un cultivo que estuviese demasiado ralo?
—Gradarlo—respondió.
—¿Y si estuviese demasiado espeso?
—Gradarlo también.
En Utah se grada de tres a cinco veces, durante el crecimiento, para evitar la consolidación del terreno y la expansión de yerbas adventicias. El doctor P. S. opina que se debe rastrear cinco, seis, ocho veces, si es necesario, teniendo en cuenta, además, que esta operación, aparte de ser utilísima, es poco costosa. El éxito de esta tarea está en dejar las tierras en sazón (tempero), produciendo el mayor acopio de humedad.
Los norteamericanos tienen por norma de conducta en los cultivos de secano, este precepto: “el arado debe seguir a la segadora". En nuestras tierras, según nuestro interlocutor, debe esperarse para dar comienzo a la roturación hasta los primeros días de enero.
—El problema—nos dice—está en tener vegetación sobre rastrojo durante los meses de noviembre y diciembre, estado que trae como consecuencia, la supresión de las atadoras y el uso de las espigadoras para mantener una sementera alta.
—¿Y en cuanto a los gastos de labranza y demás faenas agrícolas, ha hecho usted alguna observación de importancia?
—La práctica me ha llevado al convencimiento que en nuestras tierras, el cultivo de secano cuesta menos que en Estados Unidos. En los Estados de “dry farming”, de la América del Norte, el procedimiento agrícola cuesta un 50 por ciento más que en las zonas subhúmedas y que la labor por otros métodos. Aquí cuesta menos. Se debe esto a la facilidad de arar. Además no hay que poner como gasto adicional las rastreadas, porque, además de que cuestan poco, cada rastreada supone una lluvia vital.
Encomiamos sin reservas la labor que se ha impuesto el doctor P. S. y cuyos resultados han de ser altamente benéficos para la zona sometida a nuestro estudio. Su entusiasmo sobre el “dry farming”, es sobre la base racional de los cultivos y el estudio de los métodos más eficaces, con aplicación a las necesidades de nuestro suelo. Con entusiasmo, nos habla de la necesidad de una institución de propaganda del secano y de carácter nacional. Será, indudablemente, una hermosa iniciativa capaz de abrir un ciclo nuevo a la agricultura nacional.
Similitud.Semejanza.
Motejamos.Calificamos, llamamos.
Sembrío.Sembrado.
"Farmer".Palabra inglesa: chacarero, colono, granjero.
Secano.Cultivo de la tierra sin aprovechar otro riego que el de las lluvias.
Hazas.Porción de tierra de labranza.
Panojos.Conjunto de espigas.
Barbecho.Tierra arada.
Radicular.Perteneciente a la raíz.
"Great Plains".En inglés: Llanuras grandes. Pronúnciase: grit plens.
"Great Basin".En inglés: Gran Hoya. Pronúnciase: grit besn.
Vital.Que da vida.
Para el litoral argentino, que tiene en mucho su vitalidad representativa, como zona de producción ha de parecer paradógico este vaticinio: San Luis será, dentro de pocos años, un emporio pesquero.
Sin duda, los que ignoran—y son muchos en la República—que en la zona que hemos dado en definir con el nombre de “terralfar puntano”, hay trescientas lagunas, recibirán con sonrisa irónica el aserto. Con geografías hechas a tirones por burócratas y no por geógrafos; con mapas deficientes; nada de extraño que la planicie de las lagunas, lo más mediterráneo del país, muy poco interés hubiese despertado hasta hoy en el sentido de crear y explotar la industria piscícola. El estudio cartográfico de Lallemant, pudo haber influído en la difusión ventajosa de la comarca; pero, desgraciadamente, intereses particulares han retenido—quizá hasta las calendas griegas—la edición de esta obra que tan ingente labor costó al espíritu meditativo del sabio y a la disciplina profesional del ingeniero.
Estas lagunas, de agua dulce y permanente, que tachonan como las Pléyades del cielo, la gran pradera, son hijas de los vientos. Los “huaicos” o erosiones, han formado, a través de los siglos, estas hoyadas alrededor de los manantiales. Y prueba de ello es que los bordes de las lagunas son médanos empastados, propicios a las isletas de piquillines, de molles morados y talas, de quebracho blanco y cedrón, con suave bajada al naciente y bordes altos en la ribera opuesta. Las lagunas Capelen, Soven, Tastú y Los Leones, son las Cabrillas del grupo, por su tamaño y profundidad. Las demás, en todo lo que abarca la zona comprendida entre Villa Mercedes y Buena Esperanza, Paunero y Villa Valeria de Córdoba, tienen, por lo común, extensiones que no exceden de diez y siete hectáreas, como término general, y se encajonan entre barrancas sobre lechos profundos, arenosos y firmes. Muchas son de agua ligeramente salobre y todasabundantes de totoras y aneas donde se prodigan los crustáceos, alimento nutritivo de los peces.
De esta constelación de lagunas, cuarenta, por lo menos, están pobladas de pejerreyes, dando lugar a una nueva industria con perspectivas remuneradoras. Arranca esta civilización lacustre de 1902, época en que el vecino don Carlos G., persuadido de que podía ser factible la crianza de peces, llevó agua de estas lagunas al ministerio de agricultura, deseoso de conocer los resultados de un análisis prolijo, requisitoria que—a estar a informes oficiosos—no despertó mayor interés en el gobierno nacional. Dos años más tarde—en junio de 1904—los señores Roberto y Edmundo W., se dirigían a la misma autoridad insistiendo sobre la necesidad de iniciar la piscicultura regional con especies apropiadas.
Por aquel entonces, el gobierno había contratado al ictiólogo norteamericano Titcomb, con la misión de introducir peces exóticos en nuestros ríos y lagunas, y al afamado piscicultor don Eugenio Tulliam, norteamericano también. Estos experimentadores quedaron asombrados al conocer la excelencia del pejerrey argentino, superior, en mucho, a cualquiera de las especies que pululan en ríos y lagos del continente septentrional. Sin embargo, tuvo la opinión de los técnicos sus tropiezos, frente al juicio pesimista de la repartición ministerial. Y sin duda, hubieran fracasado aquellos preliminares, a no mediar la actitud resuelta del general Roca, asesorado por Ronaldo Tidblom, director entonces de ganadería y agricultura.
Sobre esta seguridad alentadora, Tulliam verifica el primer ensayo de fecundación artificial de pejerreyes en la laguna Chascomús. Los primeros huevos, genitores de los copiosos cardúmenes que hoy prosperan en las lagunas puntanas, fueron depositados el 6 de noviembre de 1904 por el mismo piscicultor. Venía Tulliam, el piscicultor, a sancionar en la práctica la expresión gráfica que el anecdotario atribuía a Titcomb, el ictiólogo:
—Francamente, no sé para qué me han llamado ustedes... ¡Ojalá Estados Unidos tuviera el pejerrey de las lagunas argentinas!
Pasó el tiempo. Comprobado, más tarde, que aquellas gestas artificiadas por la ciencia, habían caído en aguas piadosas y fecundas, lleva don Edmundo W. los primeros ejemplares de pejerrey puntano a la dirección de piscicultura del ministerio. Estaba tan arraigado el prejuicio que negaba éxito a la fecundación artificial, que poco faltó a los técnicos para proclamar la impostura del señor W. De lo que estamos seguros es que alguien dijo, con sospechosa ironía, mirando los pescados:
—¡Qué hermosos... y qué fresquitos!... Cualquiera diría que vienen del Mercado del Plata...
Pero triunfó la buena fé del propagandista. Y fué una comisión técnica a la laguna Los Barriles, en Lavaisse. El 2 de octubre de 1907, en tres tiradas de red, se obró el milagro de los peces. Sesenta y cuatro pejerreyes cayeron en las mallas arteras. Y entre los incautos, representantes de más de tres generaciones, se dejaron coger ejemplares de 27 centímetros de largo.
Pero, ni aun sobre la comprobación indubitable, se encontró el apoyo oficial reclamado. Entonces los hermanos W., creyéndose moralmente obligados a no cejar en tan empeñosa gestión, comenzaron a poblar las lagunas de la zona, usando el sistema de trasladar en toneles y de una a otra laguna, los peces vivos. En esta forma se logró un transporte eficaz hasta a distancias de doce leguas y en lo más riguroso del verano. Es así como se han poblado cuarenta lagunas del terralfar puntano y frontera de Córdoba. Con la población del semillero de lagunas hondas y perdurables, que vitalizan y alegran la comarca, vendrá, sin duda, la gran empresa con mercado franco en las capitales y centros del interior y hasta en el mismo Buenos Aires.
En nuestra reciente jira por la línea de Beazley hemos visitado la laguna Los Barriles, que será célebre en su auspiciosa hospitalidad, hemos presenciado las pintorescas escenas de su pesquería y, sobre todo, hemos gustado, en mesa de franca camaradería, en la estancia “Don Roberto”, de sus pejerreyes, que no por ser adoptivos dejan de ser menos sabrosos...
Paradójico.De paradoja. Ficción que parece verdad.
Tachonan.Están esparcidas.
Pléyades.Una de las más notables constelaciones de estrellas.
"Huaicos".Hoyadas hechas por los vientos en los terrenos guadalosos o arenosos de la zona pampásica.
Empastado.Con pastos.
Isleta.Bosquecillos.
Cabrillas.Las “cabrillas” son las siete estrellas más brillantes de la constelación de las Pléyades.
Totora.Matas de paja que crece en las lagunas.
Anea.Especie de líquenes o plantas acuáticas.
Constelación.Grupo de estrellas. Está en sentido por extensión, de otras cosas.
Piscicultura.Cría o cultivo de los peces.
Ictiólogo.El entendido en ictiología, o ciencia de los peces.
Pululan.De “pulular”: abundar extraordinariamente.
Genitores.Padres.
Cardúmenes.Enjambres de peces.
Anecdotario.Colección de anécdotas.
Gestas.Hechos.
Indubitable.Sin dudas.
Con la conquista del desierto y la llegada de las armas de la Nación a los grandes ríos patagónicos, se inician en el valle del Alto Negro las primeras labores agrícolas. Venía el ejército jalonando de pueblos la pampa. Por el norte se echaban las bases de Victorica, con Racedo, de jefe, y los soldados de la caballería por población. Era menester afianzar los dominios del sur, con una nota civilizadora y pacífica que clausurara dignamente el epílogo de Choele-Choel. Fué así, que a renglón seguido de la jornada militar, vienen al valle los primeros agricultores, militares también.
Iniciada la colonización que fué, conviene decirlo, ensayo cultural y premio a la fatigosa labor de las tropas, se tira el primer canal de regadío, hecho a ojo de buen cubero, sin bases planimétricas ni fundamentos de nivelación. Pero, aún estos estudios preliminares, que no admitiría hoy, en nuestro progreso, la más insignificante obra hidrológica, llenó el canal las necesidades para que había sido trazado, sirviendo, veinticinco años después, de base al sistema de riego que beneficia, bajo el carácter de cooperativismo, las tierras de Allen y General Roca. El viejo canal, cavado por presos y “milicos”, arrancaba seis kilómetros arriba del puente del F. C. S. sobre el Neuquen (margen izquierda) y venía a morir en el pueblo viejo de General Roca, después de un recorrido de más de 50 kilómetros.
Por largos años, el canal del ejército, acequiado previsoramente, cubrió las exigencias de aquella agricultura cuasi aborígen, tan abandonada por el calor oficial. Pero debían por fin el desarrollo de la región y la conquista del riel, orientado desde Bahía Blanca a las Cordilleras, sacudir la molicie de los poderes públicos y abrir un nuevo horizonte para estas tierras feraces. Por decreto de 27 de septiembre de 1907, el Poder Ejecutivo de la Nación reglamenta la concesión de chacras en la Colonia General Roca, iniciando con ello el verdadero ciclo cultural de la zona.
Se afianza esta disposición gubernativa en la conveniencia pública de establecer condiciones especiales de población para esta colonia. Considera, pensando con simpática tolerancia, que las sinuosidades del terreno exigen erogaciones pesadas en las labores de nivelación, antes de ser entregadas a la agricultura. Esta circunstancia y la característica arborescente del suelo, constituyen factores negativos que se oponen al arraigo de los colonos sin capital.
Observa el ejecutivo, que debido a estas circunstancias, han permanecido baldías muchas tierras de la colonia, a pesar del buen propósito de sus propietarios de someterlas a la labor. En cambio, las chacras de los colonos pudientes denuncian una sintomática prosperidad. Conviene entonces, a juicio del decreto, limpiar y perfeccionar el viejo canal de riego, aumentando su caudal y prolongándolo de manera que pueda permitir el riego de numerosas chacras que no gozaban de sus beneficios. Estas obras, según el gobierno, debían ser ejecutadas por los mismos propietarios, ya que el Estado no estaba, momentáneamente, en aptitud para su realización.
En el decreto, al propio tiempo que se encarrilaba la acción oficial tendiente a incrementar la Colonia General Roca, tan injustamente olvidada hasta entonces, se anticipaban los fundamentos de una cooperativa de riego, dando calce a la sociedad que debía organizarse incontinenti.
Con este aliciente, auspiciado por el compromiso gubernamental, se funda una Cooperativa de Irrigación Limitada, en General Roca. Las primeras acciones de la Cooperativa responden a un capital de 800.000 pesos que importan la diferencia entre el precio fijado de 50 pesos por hectárea y la reducción al mínimum de 2.50 pesos, de acuerdo con el artículo 5.º El gobierno, por su parte, recién extiende títulos definitivos cuando los colonos estuvieran en las condiciones establecidas por el decreto, es decir con sus propiedades alambradas, desboscadas y niveladas, abarcando los cultivos, por lo menos, una cuarta parte de la extensión total de sus predios.
A partir de esta época se significa el florecimiento de la Cooperativa como entidad económica. Su primer servicio reglamentado abarca una extensión de 1.200 a 1.300 hectáreas. Esto ocurría durante los años 1910 y 11. Paulatinamente va bifurcando sus canales y distribuyendo por el valle su red de acequias hasta llegar a completar un servicio aproximado de 17.000 hectáreas, que es la superficie actual bajo su beneficio.
He aquí una ligera estadística de los cultivos comprendidos en la extensión irrigada por la Cooperativa: Alfalfa, 11.000 hectáreas; viña en producción, 1.600; viña nueva, 150; avena y cebada, 450; trigo, 500; arvejas, 400; maíz, 300; frutales, 350; hortalizas, 700; cultivos nuevos, 1.400. Total: 16.850 hectáreas.
La red completa de los canales y acequias de la Cooperativa, tiene una extensión de 400 kilómetros. El canal matriz tiene 65 kilómetros de longitud y se extiende a lo largo del valle, por la parte prominente, desprendiendo diez canales secundarios, de los cuales dos van hacia el norte y los demás al sur. Es de boca-toma provisoria. No tiene dique. Esto no sería un inconveniente, si se conociera a ciencia cierta el régimen de las aguas del río. Pero las investigaciones hidrológicas relacionadas con el Neuquen, puede decirse que recién se inician con método y objetividad.
Los 800.000 pesos iniciales que formaron la base de la institución, fueron suma exigua para la expansión de la zona regable y el aumento vertiginoso de los plantíos. Fué menester entonces, recurrir a un empréstito bancario de 300.000 pesos, dinero que fué invertido en importantes obras de ampliación y mejoramiento. Esta deuda sigue sin tropiezos su amortización regular, según se desprende de los últimos balances. Bastarían sólo estos detalles numéricos para demostrar el acierto con que se desenvuelve la Cooperativa vigilando el interés de los asociados y colonos y propendiendo a incrementar la zona con la civilización del agua.
El canon de riego fijado por la Cooperativa, es de8 pesos por hectárea para los accionistas y 10 pesos para los no accionistas. Estos últimos, tienen sometido a riego una extensión de 4.000 hectáreas, aproximadamente.
En compañía del administrador, recorremos los canales, deteniéndonos en algunos saltos y compartos donde la obra de mampostería revela cautelosa previsión contra los arrebatos del caudal. En algún punto, donde el agua se vuelca y cambia de nivel, la corriente ha socavado los bordes amenazando continuar con su derrumbe. Viene allí, de inmediato, la reparación disciplinando la corriente que lleva toda la impetuosidad de un río.
Y, realmente, parece río esta arteria vital que se derrocha en las huertas por la raigambre circulatoria de sus acequias. Pero un río rumoroso y alegre, festoneado de verdura y ensombrecido por el fresco alamedal cuyas paralelas se proyectan eternamente, bajo la serena grandeza del cielo siempre claro y azul.
Talonando.Situando.
Epílogo.Final.
"A ojo de buen cubero"...Expresión usual para indicar las cosas que se hacen sin medida exacta, sin estudios, y a bulto.
Hidrogógica.De “hidrogogía”: arte de canalizar aguas.
Acequiado.Canal del que se ha derivado acequías.
Erogación.Gasto.
Incontinenti.En latín: inmediatamente.
Boca-toma.La intersección de un canal con el río.
Exigua.Insuficiente.
Raigambre.Conjunto de raíces trabadas entre sí. Está en sentido figurado.
Acequía.Pequeño canal o zanja que conduce el agua para el riego de las tierras.
Frente al gran dique del Neuquen—que acabamos de visitar—la obra hidráulica más importante del país y, quizá, del mundo, recorramos, en ligera semblanza, el proceso cultural de estas tierras, desde la llegada del ejército que plantó el primer rancho sobre la salvaje heredad, hasta la civilización de los ríos y el triunfo de las industrias rurales.
Después de la revolución del 80, el general Conrado Villegas—figura legendaria de la expedición al desierto, reclamada por la eternidad del bronce—regresó a Buenos Aires con dos regimientos. Quedó el 5.º de caballería en Patagones a las órdenes del coronel Wintter. Encariñado Villegas con la gloriosa campaña, iba a tentar el avance definitivo hasta el remoto Nahuel Huapí, segunda etapa militar después de la concentración de Choele Choel con Roca—ministro y héroe—a la cabeza.
Regresó Villegas a Río Negro a principios del 81 con el plan general de la nueva cruzada. El 82 se inicia la expedición al lago. La primer brigada, que sale de Ñorquin en recorrida por los valles cordilleranos, va al mando del coronel Ortega. Está constituída por el 11 de caballería y el 12 de infantería. La segunda, sale de General Roca, al mando del comandante Godoy. Esta fuerza cruza el Neuquen y costea el Limay hasta sus fuentes. La tercer brigada, con el general Villegas a la cabeza, parte de Choele Choel. Comprende el 6 de infantería, que manda Bernal y cruza, en treinta leguas, la travesía desolada de Valcheta. Esta concentración, operada en el sur con marchas en forma de abanico, barrió las indiadas peligrosas, realizó investigaciones geográficas de importancia y puso el punto final a la empresa conquistadora iniciada con el foso de Alsina, años atrás y seguida con el plan militar de Roca, todo bajo el gobierno previsor de Avellaneda. Con el jalón de Nahuel Huapí, quedaban veinte mil leguas de territorio argentino rescatadoa la civilización y al trabajo. Esta expedición al sur duró el verano del 82. Se dejó junto al lago un destacamento al mando del comandante Rosario Suárez y regresó el grueso de las tropas al alto valle del Río Negro, dispuestas a seguir, en la paz y el trabajo, la era de civilización que acababa de abrir la empresa militar.
Y se trocaron en colonos los soldados.
Como medida previa para encarrilar las industrias del campo, reclamadas por la tierra generosa y feraz, se imponía la disciplina del agua. Fué así que se cavó el primer canal por iniciativa del comandante don Enrique E. Godoy, que llegó más tarde, como todos sabéis, a ministro y teniente general. Esa primer obra hidrológica, que es la que actualmente administra la Cooperativa de Irrigación de Colonia Roca, fué realizada, técnicamente, por el ingeniero Hilarión Furque. El gobierno nacional prestó todo su apoyo a esta primer tentativa en el sentido de difundir la agricultura en la región. El general Roca, que acababa de asumir la presidencia, tuvo un vaticinio augural: “Aquellas tierras, dijo, serán la futura Mendoza". Fué así que puso todo su empeño en favorecer la colonización. Los primeros agricultores fueron franceses, ingleses y rusos. Llegaron a la zona en número de ochenta familias, traídos por Godoy. Nuclearon sus pequeñas chacras en el paraje conocido por Sauce Ladeado, entre lo que es hoy General Roca y Allen. De aquel primer contingente, vive aún uno de los precursores de la agricultura regional, don José Escale, que tiene una chacra importante, sin contar el coronel Mallea, a la sazón teniente, que todavía gasta sus veranos a la sombra familiar del huerto que formó en su mocedad.
Iniciadas las labores agrícolas con los beneficios del riego artificial, se tropezó, de inmediato, con los inconvenientes de la administración del agua. Era demasiado grande el canal para alimentar predios laborados tan incipientes. Los trabajos de monda y sostenimiento de aquella arteria y sus confluentes, complicados con el desconocimiento absoluto del régimen de las aguas fluviales, debieron desalentar a los primeros colonos. Se inició un ligero éxodo. Pero la feracidad de la tierra pudo másque el pesimismo; y a pesar de las deficiencias de la compuerta del canal y las bajantes del río, en verano, y sus desbordes incontenibles en invierno, se reinició la población del valle, alentada por vecinos progresistas como el doctor Marcos Zorrilla, uno de los más sinceros y eficaces propagadores de la región.
Uno de los vecinos más viejos del valle—don Enrique L.—que ha presenciado la obra del canal desde su primer palada, nos habla con entusiasmo, de aquellos preliminares de la colonia, significándonos, al propio tiempo, la lucha eterna que ha debido sostenerse para aprovechar, en forma sistemada y eficaz, los beneficios del agua. La Cooperativa no ha salvado aún los inconvenientes, según nuestro informante. Y es justicia añadir que hay una opinión muy difundida en el alto valle, según la cual esta institución de riego debía incorporarse a la acción del gobierno, no bien se inaugurasen las obras del canal grande. En nuestro reciente viaje por la zona nos hemos enterado de la petición vecinal, elevada al gobierno, en el sentido de oficializar el giro de esta Cooperativa.
Tal es, según este mal perjeñado boceto, el proceso cultural del alto valle o sea el Departamento General Roca de Río Negro. Las industrias rurales han tomado un vuelo de tal consideración, que han debido imponer obras fundamentales en lo que se relaciona con la civilización de los ríos y el aprovechamiento industrial de sus aguas. De ahí el gran dique sobre el Neuquen y el canal grande que arranca en Cordero y terminará en Chichinales.
El dique del Neuquen tiene por razón capital desviar hacia la cuenca Vidal o sea el lago Pellegrini, las aguas sobrantes del río. Constituye, propiamente, el primer paso en firme, dado en el sentido de evitar las inundaciones en Río Negro. Con el apresamiento y civilización del Limay—cuyo régimen dará margen a otros procedimientos debido a su diversidad de caracteres fluviales y lacustres—se habrá completado definitivamente un gran plan de defensa y aprovechamiento de las aguas, base segura del gran porvenir industrial del valle.
Las más temibles inundaciones del Río Negro, han demostrado, sin duda, la simultaneidad en las crecientes de los dos ríos Limay y Neuquen. Tan abundoso caudal procedente de los lagos del sur y de los aluviones cordilleranos, volcado sobre el Negro, debía producir la catástrofe. El dique del Neuquen viene a asegurar científicamente la docilidad de este río, por más turbulenta y arrolladora que sea su arremetida. Detenida su corriente por los grandes portalones y la fortaleza de sus muros, el agua buscará dos salidas: hacia la cuenca que es una hoyada como un mar, o hacia el canal grande, domesticada por las obras de ingeniería y bifurcada en su raigambre de canales y acequias fecundizadores. De manera que con esta obra, realmente gigantesca, desaparece todo temor de inundación por parte del río Neuquen. Con el estudio y apresamiento del Limay, se complementará la obra hidráulica reclamada por el amplio valle.
Por lo pronto, esta gran barrera de dique, opuesta a las aguas bravías del río y complementada con el amplio canal que corre junto al Ferrocarril del Sur en una longitud de ciento veinte kilómetros, significa el punto de partida en donde afianzará su verdadero porvenir la zona al orientar sus industrias en la explotación segura de la tierra, sin zozobras, sin desesperanzas, sin precipitación.
Nahuel-Huapí.(Voz araucana). Nahuel (tigre); huapí (terreno).
Chinchinales.(Voz araucana). Lugar del plomo. Chinchinal, es, además, una cebollita silvestre.
Jalón.Estaca que usan los agrimensores. Por extensión se dice de lo que señala el límite a que se ha llegado en una empresa.
Monda.Limpieza.
Éxodo.Emigración.
Perjeñado.Dibujado.
Lacustre.Perteneciente a los lagos.
Acabamos de visitar la bodega de mayor capacidad del alto valle.
Como todas las de la zona, esta bodega se inició con cubas de madera, de mucha capacidad, elemento no muy favorable en Río Negro para la buena fermentación. Actualmente ha construído y sigue construyendo pilones de mampostería de dimensiones, tipo y paredes comunes. Quedan, sin embargo, algunas cubas de madera del país, lo que prueba que hay maderas argentinas, de clima frío, aptas para suplir ventajosamente a las antiguas cubas de álamo, siempre que se atienda con esmero la construcción. Estas cubas pueden contener 80 hectólitros y dan un resultado excelente, según nos manifiesta el administrador. La madera de que están construídas es raulí patagónico. Sus duelas ofrecen algunas vetas muy porosas. Esta condición hace sospechar que la madera no sería muy eficaz para la construcción de cascos comunes. Ignoramos si se ha ensayado en esta clase de vasijas.
La maquinaria de este establecimiento vinícola es absolutamente moderna. Llama, sin embargo, la atención, de que no se disponga de un alambique que le permita agotar sus orujos, perdiendo, en consecuencia, un porcentaje elevado de vino y por ende, de alcohol y cremor tártaro. No obstante, se ha iniciado la elaboración de algunos tipos de imitación licorosos, que requerirán mejoramientos.
Gustamos en la bodega algunos vinos de tipo corriente, gruesos. Se ha iniciado la elaboración de un clarete y otros más delicados y armónicos que no admiten “bautismos” ni desdoblamientos en el mostrador...
Un vino blanco, nos sabe a bueno. También nos agrada un pinot de tres años. Probamos, asimismo, un tipo licoroso, discreto.
Nos inicia en esta recuesta—pase el arcaismo—el viejo bodeguero, marchito por los años, pero alegre yparlador, como conviene a un amigo de Baco—en el amable decir.
Se percata del juicio técnico con cierta inquietud. Pero tiene fe en su pericia. Más que con la boca nos pregunta con los ojos:
—¿Le agrada?
—Sí—respondemos.
—Este blanco—asegura el ingeniero A.—es de “folle blanche” y semillón...
—Justo...—confirma el viejo.
Y a renglón seguido interroga:
—¿Usted es de Mendoza?... Yo he estado en Mendoza... ¡Ah, qué tierra!... ¿Conoce la bodega de Escudero... de don Isidro?... Pues allí...
El vinificador de ley, añoraba, con emoción sin duda, el hermoso país de las vides. Allí aprendió a enderezar sus mostos y a hacer néctares nobles con la ciencia que dá el duro bregar.
Recorremos la bodega. Nos llama la atención, en primer término, las condiciones del techo, sistema cuyano, con cabriadas de pino tea, tirantería de álamo, y cubierta de varillas de sauce embarrado, hecho impermeable con una delgada capa exterior de argamasa. Lamentamos que este techo no se asiente sobre paredes de adobe, en vez de mampostería, que son más durables pero que no reunen, como las paredes “criollas”, las condiciones exigidas por la temperatura.
Esta bodega elabora, actualmente, 5.000 bordelesas. Este año elevará su producción a 7.000. Sus plantaciones abarcan 170 hectáreas, con 100 de viñedos y el resto de frutales.
Dedicamos preferente atención a los cultivos. Nos entusiasma, en verdad, el esmero con que se cuidan las viñas, la clasificación ordenada y la disposición regular de sus liños de tres alambres. Sin duda, este plantío es de los más florecientes y armoniosos de la zona. Los postes y varillas de sostén son de cemento armado con alma de hierro. Los cabeceros cuestan 1 peso m|n. y tienen 2.50 metros de alto (1 metro va bajo tierra); y las varillas son de 70 centímetros. Esta clase de material se ha comenzado a usar en Mendoza con buenos resultados. Es más económico y tan seguro como el de madera. Tratándose de terrenos lavados, sin salitre ya, es seguro que esta clase de puntales se difunda en la región. Las principales variedades que comprende este viñedo son malbec, semillón, pinot y cabernet. Hay también un poco de criolla, que según el administrador de la finca—contrariamente a la opinión vulgarizada en la zona—da un vino de primera. Es original, sin duda, este resultado, pues la uva criolla de vino, sazona demasiado tarde y no sería difícil que en esta parte del valle tuviera un formidable enemigo en las heladas de otoño con su anticipo cruel. Ya lo dijo el adagio español: “vendimia enjuto, cogerás vino puro”, aconsejando la cosecha de las vides antes de las lluvias y heladas otoñales.
El cultivo de las viñas en este establecimiento, se practica por administración. Sin embargo, parece resuelto que se pondrá en práctica en adelante el procedimiento usado en Mendoza y San Juan, es decir, por intermedio de contratistas al porcentaje de la producción.
La huerta de frutales comprende diversas variedades de durazneros, manzanos, perales y ciruelos. Existe el propósito de secar la producción de duraznos, para lo cual se ha adquirido un secador moderno. El resto de la fruta será destinado a exportación o conservación, según convenga. Como este año se ha perdido totalmente la fruta de esta zona del valle, debido a las heladas de primavera, el problema de su industrialización queda postergado para la nueva cosecha.
Cuba.Vasija grande de madera, para contener vino.
Raulí.Arbol de la cordillera de los Andes (en el sud).
Duelas.Las tablas encorvadas de que se componen las cubas, barriles, pipas, etc.
Alambique.Aparato que sirve para extraer por destilación las esencias o espíritus que haya en un líquido.
Cremor tártaro.Bitartrato de potasio que se obtiene de los toneles de vino y se purifica para la venta.
Orujo.El hollejo de la uva después de exprimida.
Desdoblamiento.Manipulación delictuosa que se hace con los vinos añadiéndoles agua y diversas sustancias para aumentar la cantidad.
Recuesta.Requerimiento, intimación. Investigación.
Percata.De “percatarse”: enterarse, darse cuenta.
"Folle blanche".En francés: loca blanca. Pronúnciase: fol blan.
Cabriada.(Cabrial o cabrío). Vigas o maderos dispuestos para asegurar el suelo o techo de una casa o galpón.
Argamasa.Mezcla de arena y cal para obras de albañilería.
Adobe.Ladrillo sin cocer.
Liño.Hilera de plantas.
Después de visitar las bodegas más importantes del valle del río Negro superior, hemos recorrido las pequeñas bodegas, donde se sigue para la elaboración de los vinos, los procedimientos más elementales. Todo el mundo hace vino en la región. Pero, por lo común es el vino “de garrote”, como se dice en buen romance, destilado a fuerza de viga, torno y prensa rudimental. A veces un vinillo abocado, de buen paladar, nos confunde frente al aspecto desorbitado y poco pulcro de la bodeguita que lo produce. Nada es simpático en el local, pobre, mal oliente, sucio. Y sin embargo es genuino el producto. Sólo la uva, nada más que la uva, ha sido la sustancia vinócula que dió sus nobles mostos al mísero lagar. Es la mano de obra sin duda, la que ha sabido suplir airosamente a la pobreza mecánica bajo la pericia de algún viejo viñador que trajo sus remembranzas de la tierra andaluza o de la Italia septentrional.
—¿Qué le parece mi vinejo?—nos interroga con cara de triunfador, un viejo valenciano de quien gustamos el producto de su pequeña vid.—Este es un aloque de lo mejor, sin cristianar... Vea qué transparencia... Vea qué nitidez...
Por no desconcertarle, ingerimos su licor sin una queja. Pero “su vinejo” no es ni “de pasto”, ni peleón, como llamarían en su tierra, por su baja calidad. Es un vinagrillo acedo, simplemente.
La escena se repite a menudo.
—Este es de solera, por lo guapo y fortificante—nos dice un malagueño, mientras en un jarro de lata nos da a beber su vino.—Hasta para el cáliz de la misa quedaría bien... Con un litro puede usted vigorizar hasta cincuenta...
De entrada a algunos locales de conservación, el ojo alerta descubre en los barriles mal apilados, la procesión de mosquitos que se escurre entre los intersticios de las duelas. Es una colonia de “musca cellaris”, que nosanticipa, de primera intención, el estado del líquido que contienen las vasijas. Aquello es vinagre, evidentemente.
El enólogo que nos acompaña en esa incursión valletana, trató hace años de encarrilar en la zona del Río Negro, la industria vitivinícola, respondiendo a la misión que le encomendara la Dirección general de agricultura. Respondiendo a nuestro deseo de conocer aquellos preliminares de la región, nos hace el siguiente bosquejo:
—El pisado y molienda de la uva, ocho años atrás, se practicaba con los pies en lagares de madera. Una vez molida se echaba en conjunto en las bordelesas o pipones de un solo fondo, colocadas en posición vertical. Por lo común no se procedía a la especificación de las clases de uva. Sólo la uva blanca, se vinificaba aparte. La fermentación, tan inapropiada, en locales mal dispuestos, en recipientes sucios, tenía que resultar un desastre. La corrección de los vinos, era un procedimiento poco menos que desconocido. Lo propio ocurría con el cuidado de los vinos, una vez elaborados. El relleno no se practicaba en ninguna bodega. Los trasiegos, se reducían, por lo general, a uno, comunmente efectuado tres o cuatro meses después del descubre. La clarificación y filtración eran palabras muertas. Se explica entonces que aquella industria, tan incipiente, tan falta de manipuleo, de tecnificación y de higiene, produjera tan malos brevajes, una especie de parodia de vinos imposible de clasificar.
“Felizmente—agrega el enólogo—la industria noble ha venido a marcar nuevos derroteros a la zona, con la selección cultural de las especies de vid, los procedimientos científicos en la elaboración y la maquinaria moderna.”
—Quedan, sin embargo, algunos rezagos de aquella primitividad—argüimos, ante la evidencia de nuestra investigación.
—Es cierto—nos responde;—pero la reglamentación oficial y sobre todo las exigencias de la demanda, han de barrer bien pronto con la mala producción. Salvo los establecimientos de importancia que están cimentando sobre hormigón, el crédito de sus vinos, estas a manera de bodeguillas tienen que fracasar poco a poco, dando paso a la industria noble y ordenada. Por lo pronto, esevidente el perjuicio que irrogan con la mala calidad de sus productos. Los mismos mercados del interior del Neuquen, poco exigentes de suyo, prefieren pagar más caros los vinos de Mendoza, o introducirlos de Chile por los pasos de la Cordillera, a llevarlos de esta zona, desacreditados por los pésimos vinificadores.
Es evidente que no todos los bodegueros modestos elaboran sus vinos en condiciones antihigiénicas, siendo de notar que algunos de ellos tienen verdadero acierto en la manipulación aun cuando se vean imposibilitados por la falta de comodidad y elementos mecánicos a sentar tipos definidos capaces de acreditar una marca.
El italiano Juan F., viejo viñatero, con tres décadas de residencia, entre Río Negro y Neuquen, nos sorprende con un vino cocido, tirando a marsala cuya fórmula, que es una verdadera “trouvaille”, según su jubilosa afirmación, sólo la saben las parras pampanosas que ensombrecen su risueña casita.
—¿Cómo lo hace?—le interrogamos.
—Ma... de uva. ¿No vé?
Y ríe francamente, poseído de que en su garrafa dadivosa ha escanciado el néctar divino.
Después nos invita con un guindado excelente y un mal “chartreusse” de fabricación doméstica a base de agua de las Carmelitas.
—Yo no soy bodeguero—nos asegura;—soy hombre de campo. Hace treinta años cuidaba ovejas en las nacientes del Limay...
—¡Tan lejos!... ¿Y no tenía miedo a los indios?
—¡Qué esperanza!... Nunca me hicieron nada los indios. Ahora sí que tendría miedo ir por allá entre los cristianos...
Y vuelve a reír nuevamente. Y reímos todos de la gran verdad de este viejo, tan viejo y tan fuerte, mientras el sol, próximo al ocaso, juega con las copas de los álamos y en los racimos lujuriosos que comienzan a pintar.
Vinillo abocado.Vino sencillo, pero suave y agradable al gusto.
Vinócula.Que produce vino.
Lagar.El pisadero de la uva.
Aloque.Vino tinto claro.
"De pasto".Expresión italiana: vino común.
Peleón.Vino ordinario.
Acedo.Agrio.
Solera.Se llama así—vino de solera—al vino añejo que sirve para dar sabor al nuevo.
"Musca cellaris".La mosca que se cría en el vinagre.
Trasiego.De “trasegar”: mudar el vino de una vasija a otra.
Manipuleo.Diversas operaciones que se hacen con el vino (u otro producto) hasta ponerlo en condición de ser consumido.
Hormigón.Mezcla compuesta por piedras pequeñas, cal y de cemento, la cual es tan fuerte como la piedra.
"Trouvaille".En francés: hallazgo, descubrimiento. Pronúnciase: truvaill.
Garrafa.Botellón de cuello muy largo.
Escanciado.De “escanciar”: servir, verter.
Néctar.Licor delicioso.
Lujuriosos.Abundantes y bien desarrollados.
El apresuramiento con que se organizó la colonización oficial en el alto valle del Río Negro, debió obrar como factor negativo en la intensidad de las labores agrícolas y el parcelamiento de las tierras. Se favoreció, inconscientemente, el acaparamiento de chacras y la incuria de los pobladores. La isla de Choele Choel, fraccionada en lotes de 100 hectáreas, como base colónica—y en donde los adquirentes afortunados, han podido adjudicarse, merced a la liberalidad oficial, hasta diez y más chacras—nos dá un ejemplo de estacionamiento industrial muy digno de tomarse en cuenta. En cambio, en la vecindad de La Picasa, en Allen, y aún en las colonias incipientes del Limay, vecinas a la confluencia, el fraccionamiento de la tierra y la diversificación agrícola han fundamentado los cultivos intensivos, marcando orientaciones a las industrias derivadas de la agricultura y asegurando el bienestar de innumerables colonos.
La isla de Choele Choel y los terrenos adyacentes son de una constitución agrológica insuperable. Es imposible encontrar en el país tierras más prodigiosamente feraces, como que no sólo son de origen aluvional, sino que por la misma bifurcación del río, con su raigambre confluenciaria, constituyen el conglomerado más rico de materias vegetales. Pero esto no es suficiente para la prosperidad agrícola e industrial de la comarca. Falta el parcelamiento en predios ínfimos como medio de intensificar la población, tecnificar los cultivos y dar vida estable a numerosas industrias reclamadas por la huerta, por el viñedo y por la fruticultura.
Felizmente la zona cabecera del alto valle va evolucionando hacia las pequeñas chacras. Los colonos de la margen izquierda del Limay, con sus finquitas no menores de 2 hectáreas ni mayores de 15, vivirían en el mejor de los mundos si tuvieran los beneficios discrecionales del agua, a pesar del cánon gravoso por concepto de riego y la evidente mediocridad de sus tierras. Allí está laverdadera agricultura intensiva de la región. Y sería una falta de tino del gobierno de que no mejorara a la brevedad las condiciones precarias en que se desenvuelven estos agricultores, por la carencia del agua debido al dispendioso sistema de su aprovechamiento.
En Allen hemos encontrado el ejemplo más elocuente del pequeño cultivador. Se trata del vecino M. C., helvético, arboricultor competentísimo, que trabaja, sin ninguna ayuda, las cinco hectáreas escasas de su propiedad. Con toda complacencia hemos visitado la finquita de este agricultor recogiendo la impresión más halagadora. Dedica una atención especial a los frutales y a la huerta. Pero el renglón más lucrativo de sus productos, lo constituye el cultivo de rosales con destino a plaza. ¡Rosales, a doscientas leguas de Buenos Aires! ¡Eso es valentía! Alguna vez el escepticismo de la metrópoli se manifestó en nota chispeante, cuando el poeta Guido Spano, desde su puesto eventual en el ministerio de agricultura, aconsejaba a los agricultores del país que plantaran rosales para perfumar el acíbar de la vida... Se confirma aquí la razón del viejo Anacreonte; y no a la vera de la urbe estupenda, en el cómodo “faubourg”, sino en el valle lejano, más allá del “far west” argentino y donde la fantasía porteña cree ver todavía las mesnadas de los hijos de Caupolicán afilando sus lanzas, bajo las salvajes sauzaledas del río...
Y no sólo cultiva C. rosales para la exportación de ejemplares vivos, con rumbo a las jardinerías de la metrópoli, y con rendimientos aceptables, sino que se propone establecer, de acuerdo con la medida de sus fuerzas, una pequeña destilería de esencia de rosas. Si no hubiéramos visitado su chacrita, que es una monada; si no hubiéramos departido largamente con este agricultor—con este grande y hazañoso agricultor;—si no hubiéramos puesto en juego su tecnicismo, bien cimentado en su propia huerta de frutales, podríamos pensar que era el lirismo de un visionario, este pujo industrial de hacer suaves esencias donde los cerdos dan valiosas gorduras y los alfalfares invernan ovinos de alta selección...
Pero ahí está la comprobación en su finca. La recorremos con deleite, con emoción. Se recuesta sobre el canal de la cooperativa, como un ingerto promisorio sobre vigoroso patrón. ¡Qué aprovechamiento más meticuloso el de su predio! ¡Qué sencillez encantadora la de su casita! El agua se desparrama con equidad sobre los camellones. Prosperan maravillosamente las plantas. De primera intención se advierte en los frutales la mano experta del podador. Hay manzanos que no se levantan un metro del suelo y cargan abundosas pomas. Allí está la ciencia del huertano, evitando las ramazones inútiles, que demandan su parte de savia ineficaz y donde la parasitología encuentra un refugio inapreciable. Persigue C., con verdadero afán, la variedad de pomacea que resista al famoso pulgón, enseñoreado de los huertos valletanos. Y ensaya, ensaya siempre con la pertinacia de un benedictino, en procura del ejemplar inmune que pueda dar al traste con la terrible plaga.
Su finca, aparte del rendimiento en producción que asegura su modesto bienestar económico y el de su familia, es, en pequeño, todo un campo de experimentación. Se multiplican por ensalmo, variedades y familias, siguiendo un plan sistemado de observación bajo el más escrupuloso aprovechamiento de la finca. No hay desperdicio en su tierruca. Después del jardín de rosales, viene el huerto. Allí, entre las hileras de manzanos, perales y durazneros, se refugian las hortalizas, los espárragos, el pradito de maíz y el frutillal y conviven hasta las plantas exóticas, los kakis, las frambuesas...
Cuando visitamos esta finca, encontramos a C. en la faena de arraigar un enjambre de abejas que se había asentado sobre una planta de membrillo. Su colmenar es modesto, muy modesto, construído toscamente de cajones. Pero esta iniciación, que se incorpora a la intensa labor de la propiedad, ha de ser industria lucrativa dentro de poco, dado el carácter técnico que piensa C. imprimirle a su apicultura. Recorriendo la huerta de frutales, nos invade el recuerdo de La Vegetariana, aquella finquita de Astorga, en Guaymallén, también de cinco hectáreas, trabajada intensivamente, con rendimientos de quince hectáreas merced a la distribución de sus plantíos: los frutales, alineados, sirviendo de rodrigones al parral; y entre los camellones, de fila a fila, las acelgas, las cebollas, los tomates, toda la variedad hortícola, base de su apostolado y su alimentación.
No entramos en las interioridades de la casita del colono, pero tenemos la certeza de que reina la felicidad dentro de aquellas paredes humildes. Hay alegría en el solar. La obra de este hombre diligente ha sabido hacer un paraíso de aquella lengüita de tierra, adherida al canal como pidiendo una caricia a sus aguas. Y no sólo suponemos bienandanza en el hogar; suponemos holganza económica y sospechamos hasta los ahorrillos previsores que darán más tarde a este granjero fuerzas vitales para afrontar empresas mayores. Ya en Neuquen, encontramos otro colono—un valenciano—digno de tomarse como modelo de agricultor intensivo. Pero en el caso de C., se une la labor del labriego al tecnicismo del arboricultor, al tino del granjero inteligente que distribuye su labor diaria entre sus plantas, a pleno sol, y el libro de consulta; que pone sobre la rutina una nota cultural propia, sustantiva y quizá trascendental para la comarca.
Recorremos la finca. Con toda buena voluntad nos asesora C. sobre el resultado de sus experimentos. Su obsesión, su pesadilla es, hoy por hoy, el pulgón lanígero que ataca sus manzanos. Regresamos luego a su casita. Mientras reposamos a la sombra de un sauce, su esposa nos obsequia con un plato de frambuesas frescas con vino y azúcar, delicioso y sencillo manjar que no habíamos probado nunca...