XIV

XIVDocumentos publicados después del sigloXVII—Ausencia total de huellas de Vespucci en Portugal—Dudas sobre la existencia de un solo documento auténtico en Florencia, relativo á Vespucci—Fabrícase en Paris, durante el segundo imperio, una pretendida carta de Vespucci á su padre, por el falsario Vrain-Lucas—Dificultad de leer, con matemática exactitud, los nombres ó sobrenombres asignados á Vespucci—Los padres católicos rehusan, hasta el día de hoy, dar por único nombre de bautismo, uno que no sea de santo.

Documentos publicados después del sigloXVII—Ausencia total de huellas de Vespucci en Portugal—Dudas sobre la existencia de un solo documento auténtico en Florencia, relativo á Vespucci—Fabrícase en Paris, durante el segundo imperio, una pretendida carta de Vespucci á su padre, por el falsario Vrain-Lucas—Dificultad de leer, con matemática exactitud, los nombres ó sobrenombres asignados á Vespucci—Los padres católicos rehusan, hasta el día de hoy, dar por único nombre de bautismo, uno que no sea de santo.

Hasta la vez no he hecho uso más que de documentos impresos durante el primer cuarto, ó el primer tercio del sigloXVI, antes que se suscitase cuestión alguna sobre los méritos ó deméritos de Vespucci, y he tomado los hechos como los han trasmitido los contemporáneos. Trato ahora de examinar otros que han aparecido más tarde. Notemos, desde luego, con Alejandro de Humboldt, que fué hasta después de la publicación del señor Fernández de Navarrete,[64]en 1825, que hemos tenido materiales preciosos y verdaderamente dignos de fé acerca de Vespucci. Antes de eso, habíase puesto en obra todo cuanto podían inventar las pasiones, las rivalidades, los celos patrióticos y de campanario—sin pararse ni ante la fabricación de piezas falsas, ni ante los hechos mejor averiguados. Se inventaron relaciones de viajes, genealogías, cartas; en fin hasta se ha grabado en mármol en Santa María dell’umiltá, en Florencia, el año de 1719, la famosa inscripción del abate Anton M. Salvini.

AMERICO VESPUCIO PATRICIO FLORENTINOOB REPERTAM AMERICAMSUI ET PATRIÆ NOMINIS ILLUSTRATORIAMPLIFICATORI ORBIS TERRARUMIN HAC OLIM VESPUCCIA DOMOA TANTO VIRO HABITATAPATRES SANTI JOANNIS DE DEO CULTORESGRATÆ MEMORIÆ CAUSA.

Con Navarrete, y sobre todo con Humboldt, se pasa del romano legendario á la realidad, y por vez primera se encuentra uno en el terreno de los hechos, en una discusión científica un tanto reñida.

En Portugal, y más particularmente en Lisboa, donde Vespucci escribió sus dos célebres cartas, (1503 y 1504) nada se ha descubierto, ni en los archivos de laTorre do Tombo, ni en ninguna otra parte: no se han hallado rastros de las letras patentes de que Vespucci habla á Soderini. Su nombre mismo no ha podido encontrarse en ninguna parte.

En Florencia no ha podido ostentarse hasta el día de hoy ningún documento de autenticidad absoluta. Nada parecido á las tres célebres cartas de Cristóbal Colón, conservadas en Génova, ha podido encontrarse en la ciudad de los Médicis. Todo cuanto se ha hallado son los panegíricos de Bandini y Canovaï—Y por otra parte, ¿habrá en esto motivo de sorpresa, cuando personajes más cercanos á nuestros tiempos, y cuyos escritos y publicaciones han sido enormes, como por ejemplo, Shakespeare y Moliére, no han dejado tras de sí rastro alguno, ni de sus manuscritos ni de sus cartas, sino apenas unas dos ó tres firmas cada uno?

La pretendida carta de Vespucci á su padre, fechada en 1476, en latín, no tiene carácter de autenticidad. Publicada por el panegirista Bandini, que tuvo buencuidando de no dar la firma, debe de haber servido de tentación á los fabricantes de autógrafos. Uno de estos falsarios, Vrain, ó Vrin-Lucas, admitió en el proceso[65]que se le siguió al efecto, haber fabricado cartas de Galileo, de Vespucci, etc., puesto que, dijo, se las pedían, y el fabricarlas “no cedía en mal de nadie.” Agregó que no quería más que “recurrir á una forma picante, para reavivar el gusto por las discusiones literarias é históricas.”

Aparte de esto, el examen, por rápido que sea, de esta pretendida carta de Vespucci á su padre,[66]comparada con la sola auténtica publicada en facsimile por el Gobierno español, en lasCartas de Indias, etc., (Madrid, 1878, in folio) muestra la falsedad de dicho documento; todos los caracteres son diferentes de los de la pieza auténtica: uno solo de ellos no se parece á éstos. La observación de que Vespucci escribió la una, á los veinticuatro, y la otra, á los cincuenta y seis años de edad, es enteramente inadmisible para explicar una diferencia caligráfica tan grande, que puede decirse absoluta. Es imposible que la misma mano haya jamás escrito esas dos cartas. Siendo la de 1508 de una autenticidad cierta, la otra ha debido ser fabricada. Por otra parte, la firma del nombre indígena latinizadoAmericus, constituye una imposibilidad material antes de 1507, imposibilidad desconocida á los falsarios.

El árbol genealógico construido por Bandini más de dos siglos después de la muerte de Vespucci, tiene el valor de todas las piezas de este género aplicadas á los hombres que llegan á ser célebres. Vespucci necesitó al menos un predecesor para el nombreAmerigo, y Bandini no faltó en arrimárselo, siendo, según él, su abuelo, á quien llamóS. Amerigo, mientras á su padre le dió el nombre deSer Nastagio.Serestá allí porServitore, como se encuentra en todos los ejemplares de la segunda carta de Vespucci á Soderini, al finServitore Amerigo Vespucci in Lisbona.

M. de Varnhagen, cuyas simpatías por Vespucci no pueden ponerse en duda, ha reconocido, en Florencia misma, la falsedad de otra carta atribuida á Vespucci y publicada por Bandini en 1745. Mira asimismo como falsas otras dos, publicadas por la vez primera, la una en 1789, por Bartolozzi, y la otra en 1827, por Baldelli.

Déjase ver por estos ejemplos cuán en guardia es preciso estar contra las publicaciones hechas en Florencia acerca de Vespucci, pues si el prenombre de Vespucci no se sujeta á una crítica minuciosa y de mucha exactitud, pudiera llegar á dudarse siAlberico, óAmerigoes el verdadero.

La cuestión es de alguna importancia, como ha podido verse por lo que dejo dicho sobre los documentos impresos de 1504 á 1507, en los que se encuentran los nombresAlbericoyAmerigo, sin respicencia á que su solución toque la parte vital é importante del origen del nombreAmérica, que flota siempre entre la licencia poética de Jean Basin, yAmerrique, nombre de lugar del Nuevo Mundo. Esta solución implicará más ó menos el apoyo que Vespucci puede haber prestado, sin saberlo quizás, al bautismo de Saint Dié.

Las piezas que sirvieron á Bandini para establecer el nacimiento y filiación genealógica de Vespucci—si en realidad existen—debieron ser examinadas con el mayor cuidado, primero en orden á la lectura exacta de los prenombres, y en seguida desde el punto de vista de su autenticidad; sobre todo, era precisoasegurarse de que no habían sufrido alteraciones ni mutilaciones.

En general, tratándose del prenombre de Vespucci, la lectura aun de documentos impresos, ha adolecido de mucha inexactitud; y no se ha pensado en deletrear letra por letra. El mismo d’Avezac, tan exacto en sus citas de los cambios de letras y errores de los primeros cuadernos impresos en Saint Dié y Strasburgo, tradujo dos veces el nombreAlbericusporAmeric, en lugar deAlbertóAlberic, á la página 91 de suMartin Hylacomylus Waltzemüller.

Humboldt es quien mayor corrección ha observado en la ortografía de aquel nombre, que siempre tuvo cuidado de escribir con todas sus letras, según se encuentran en los documentos impresos ó citados en publicaciones. Sin embargo, cuando habla de Vespucci no vacila en llamarleAmeric, y nuncaAlbericóAlbert.

Cuantos conocen la Italia y la España, saben que es absolutamente imposible conseguir que un padre católico dé por nombre de pila, uno que no se halle en el calendario de los santos. Esto es lo mismo aun en Francia y Bélgica. Los empleados del registro civil en Francia, antes como ahora, han rehusado frecuentemente inscribir como prenombres, los que no son nombres de santos. En Italia, en la época de la omnipotencia de la Iglesia católica, la dificultad debe de haber sido aun mayor, y no se tiene noticia de excepción alguna de esta regla absoluta, salvo en los casos de los grandes nombres latinos, comoCésar,Vespasiano,Mario,etc., ó en las designaciones numéricas para indicar el orden en la serie de los niños, comoQuintino. Aun estos nombres no los acepta sino como ocultos entre otros muchos pertenecientes á santos, y de buena y legítima ortodogía.

Cómo creer, sin un documento de autenticidad indiscutible, exento de raspaduras y enmiendas, quenos sirviese de prueba, que un padre haya podido bautizar á Vespucci con el solo nombre deAmerigo, sin acompañarle otros prenombres de santos bien conocidos y de ortodogía nada sospechosa, cuando su padre y su madre mismos estaban bajo la advocación de Anastasio y Elizabet?

Tenemos en eso una dificultad material, seria aun para los mismos italianos, quiero decir, los que de entre ellos son imparciales, y que no ven la presente cuestión, únicamente y ante todo por el lado del patriotismo. Por desgracia para muchos italianos, la fibra patriótica les impide discutir en calma. Hay uno, el marqués Pietro Amat di San Filippo, que no ha vacilado en acusarme de querer privar á Vespucci del honor de haber dado su nombre á la cuarta parte del mundo. Declara mi opiniónsobre el origen del nombre América, “mal aconsejada y poco sostenible”—Pero en cuanto á razones, no da ninguna. Véase este curioso pasaje en la página 21 de laBiografía dei viaggiatori italiani, per P. Amat di S. Filippo, publicada por laSocietá geográfica italiana, Roma, 1882,volume 1.º, edizione seconda.


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