Chapter 6

SALICIO¡Cuán bienaventurado[85]aquel puede llamarseque con la dulce soledad se abraza,40y vive descuidado,y lejos de empacharseen lo que al alma impide y embaraza!No ve la llena plaza,ni la soberbia puerta45de los grandes señores,ni los aduladoresa quien la hambre del favor despierta;no le será forzosorogar, fingir, temer y estar quejoso.50A la sombra holgandode un alto pino o robre,o de alguna robusta y verde encina,el ganado contandode su manada pobre;55que por la verde selva se avecina,plata cendrada y fina,oro luciente y puro,baja y vil le parece,y tanto lo aborrece,60que aun no piensa que dello está seguro;y como está en su seso,rehuye la cerviz del grave peso.Convida a dulce sueñoaquel manso ruído65del agua que la clara fuente envía,y las aves sin dueñocon canto no aprendidohinchen el aire de dulce armonía;háceles compañía,70a la sombra volando,y entre varios oloresgustando tiernas flores,la solícita abeja susurrando;los árboles y el viento75al sueño ayudan con su movimiento.¿Quién duerme aquí? ¿Dó está que no le veo?¡Oh! helo allí. Dichoso tú, que aflojasla cuerda al pensamiento o al deseo.¡Oh natura, cuán pocas obras cojas80en el mundo son hechas por tu mano!Creciendo el bien, menguando las congojas,el sueño diste al corazón humanopara que al despertar más se alegrasedel estado gozoso, alegre y sano;85que, como si de nuevo le hallase,hace aquel intervalo que ha pasadoque el nuevo gusto nunca al bien se pase.[86]Y al que de pensamiento fatigadoel sueño baña con licor piadoso,90curando el corazón despedazado,aquel breve descanso, aquel reposobasta para cobrar de nuevo aliento,con que se pase el curso trabajoso.Llegarme quiero cerca con buen tiento,95y ver, si de mí fuere conocido,si es del número triste o del contento.Albanio es este que está aquí dormido,o yo conozco mal. Albanio es, cierto.Duerme, garzón cansado y afligido.100¡Por cuán mejor librado tengo un muertoque acaba el curso de la vida humanay es reducido a más seguro puerto,que el que, viviendo acá, de vida ufanay de estado gozoso, noble y alto,105es derrocado de fortuna insana!Dicen que este mancebo dio un gran salto:que de amorosos bienes fue abundante,y agora es pobre, miserable y falto.No sé la historia bien; mas quien delante110se halló al duelo me contó algún pocodel grave caso deste pobre amante.ALBANIO¿Es esto sueño, o ciertamente tocola blanca mano? ¡Ah sueño! ¿estás burlando?Yo estábate creyendo como loco.115¡Oh cuitado de mí! Tú vas volandocon prestas alas por la ebúrnea puerta;[87]yo quédome tendido aquí llorando.¿No basta el grave mal en que despiertael alma vive, o por mejor decillo,120está muriendo de una vida incierta?SALICIOAlbanio, deja el llanto, que en oíllome aflijo.ALBANIO¿Quién presente está a mi duelo?SALICIOAquí está quien te ayudará a sentillo.ALBANIO¿Aquí estás tú, Salicio? Gran consuelo125me fuera en cualquier mal tu compañía;mas tengo en esto por contrario al cielo.SALICIOParte de tu trabajo ya me habíacontado Galafrón, que fue presenteen aqueste lugar el mismo día;130mas no supo decir del acidentela causa principal; bien que pensabaque era mal que decir no se consiente;y a la sazón en la ciudad yo estaba,como tú sabes bien, aparejando135aquel largo camino que esperaba;y esto que digo me contaron cuandotorné a volver; mas yo te ruego agora,si esto no es enojoso que demando,que particularmente el punto y hora,140la causa, el daño cuentes y el proceso;que el mal comunicado se mejora.[88]ALBANIOCon un amigo tal verdad es eso,cuando el mal sufre cura, mi Salicio;mas este ha penetrado hasta el hueso.145Verdad es que la vida y ejerciciocomún, y el amistad que a ti me ayunta,mandan que complacerte sea mi oficio;mas ¿qué haré? que el alma ya barrunta,que quiero renovar en la memoria150la herida mortal de aguda punta;y póneme delante aquella gloriapasada, y la presente desventura,para espantarme de la horrible historia.Por otra parte, pienso que es cordura155renovar tanto el mal que me atormenta,que a morir venga de tristeza pura.Y por esto, Salicio, entera cuentate daré de mi mal como pudiere,aunque el alma rehuya y no consienta.160Quise bien, y querré mientras rigiereaquestos miembros el espirtu mío,aquella por quien muero, si muriere.[89]En este amor no entré por desvarío,[90]ni lo traté, como otros, con engaños,165ni fue por eleción de mi albedrío.Desde mis tiernos y primeros añosa aquella parte me inclinó mi estrella,y a aquel fiero destino de mis daños.Tú conociste bien una doncella,170de mi sangre y abuelos descendida,[91]más que la misma hermosura bella.En su verde niñez, siendo ofrecidapor montes y por selvas a Diana,[92]ejercitaba allí su edad florida.175Yo, que desde la noche a la mañanay del un sol al otro, sin cansarme,seguía la caza con estudio y gana,por deudo y ejercicio a conformarmevine con ella en tal domestiqueza,180que della un punto no sabía apartarme.Iba de un hora en otra la estrechezahaciéndose mayor, acompañadade un amor sano y lleno de pureza.¿Qué montaña dejó de ser pisada185de nuestros pies? ¿Qué bosque o selva umbrosano fue de nuestra caza fatigada?Siempre con mano larga y abundosacon parte de la caza visitandoel sacro altar de nuestra santa diosa.190La colmilluda testa ora llevandodel puerco jabalí cerdoso y fiero,del peligro pasado razonando;ora clavando del ciervo ligeroen algún sacro pino los ganchosos195cuernos, con puro corazón sincerotornábamos contentos y gozosos,y al disponer de lo que nos quedaba,jamás me acuerdo de quedar quejosos.Cualquiera caza a entrambos agradaba;200pero la de las simples avecillasmenos trabajo y más placer nos daba.En mostrando el aurora sus mejillasde rosa, y sus cabellos de oro finohumedeciendo ya las florecillas,205nosotros, yendo fuera de camino,buscábamos un valle, el más secretoy de conversación menos vecino;aquí con una red de muy perfetoverde tejida, aquel valle atajábamos210muy sin rumor, con paso muy quieto.De dos árboles altos la colgábamos,y habiéndonos un poco lejos ido,hacia la red armada nos tornábamos,y por lo más espeso y escondido,215los árboles y matas sacudiendo,turbábamos el valle con ruído.Zorzales, tordos, mirlas, que temiendodelante de nosotros, espantadosdel peligro menor, iban huyendo,220daban en el mayor, desatinados,quedando en la sutil red engañosaconfusamente todos enredados.Y entonces era vellos una cosaestraña y agradable, dando gritos,225y con voz lamentándose quejosa.Algunos dellos, que eran infinitos,su libertad buscaban revolando;otros estaban míseros y aflitos.[93]Al fin las cuerdas de la red tirando,230llevábamosla juntos casi llena,la caza a cuestas y la red cargando.Cuando el húmido otoño ya refrenadel seco estío el gran calor ardiente,y va faltando sombra a Filomena,[94]235con otra caza desta diferente,aunque también de vida ociosa y blanda,pasábamos el tiempo alegremente.Entonces siempre, como sabes, andade estorninos volando a cada parte240de acá y allá la espesa y negra banda.Y cierto aquesto es cosa de contarte,cómo con los que andaban por el vientousábamos también de astucia y arte.Uno vivo primero de aquel cuento245tomábamos, y en esto sin fatigaera cumplido luego nuestro intento;al pie del cual un hilo, untado en liga,atando, le soltábamos al puntoque vía volar aquella banda amiga.250Apenas era suelto, cuando juntoestaba con los otros y mesclado,secutando el efeto de su asunto.[95]A cuantos era el hilo enmarañadopor alas o por pies o por cabeza,255todos venían al suelo mal su grado.Andaban forcejando una gran piezaa su pesar y a mucho placer nuestro;que así de un mal ajeno bien se empieza.[96]Acuérdaseme agora que el siniestro260canto de la corneja y el agüeropara escaparse no le fue maestro.Cuando una dellas, como es muy ligero,a nuestras manos viva nos venía,era ocasión de más de un prisionero.265La cual a un llano grande yo traía,a do muchas cornejas andar juntaso por el suelo o por el aire vía;clavándola en la tierra por las puntasestremas de las alas, sin rompellas,270seguíase lo que apenas tú barruntas.Parecía que mirando a las estrellas,clavada boca arriba en aquel suelo,estaba a contemplar el curso dellas.De allí nos alejábamos, y el cielo275rompía con gritos ella, y convocabade las cornejas el superno vuelo.[97]En un solo momento se ayuntabauna gran muchedumbre presurosaa socorrer la que en el suelo estaba.280Cercábanla, y alguna, más piadosadel mal ajeno de la compañeraque del suyo avisada y temerosa,llegábase muy cerca, y la primeraque esto hacía, pagaba su inocencia285con prisión o con muerte lastimera.Con tal fuerza la presa y tal violenciase engarrafaba de la que venía,que no se despidiera sin licencia.Ya puedes ver cuán gran placer sería290ver, de una por soltarse y desasirse,de otra por socorrerse, la porfía.Al fin la fiera lucha a despartirsevenía por nuestra mano, y la cuitadadel bien hecho empezaba a arrepentirse.295¿Qué me dirás si con su mano alzadahaciendo la noturna centinela,la grúa de nosotros fue engañada?[98]No aprovechaba al ánsar la cautela,ni ser siempre sagaz descubridora300de noturnos engaños con su vela.[99]Ni al blanco cisne que en las aguas morapor no morir como Faetón en fuego,del cual el triste caso canta y llora.Y tú, perdiz cuitada, ¿piensas luego305que en huyendo del techo estás segura?[100]En el campo turbamos tu sosiego.A ningún ave o animal natura[101]dotó de tanta astucia que no fuesevencido al fin de nuestra astucia pura.310Si por menudo de contarte hubiesede aquesta vida cada partecilla,temo que antes del fin anocheciese.Basta saber que aquesta tan sencillay tan pura amistad, quiso mi hado315en diferente especie convertilla:en un amor tan fuerte y tan sobrado,y en un desasosiego no creíble,tal, que no me conosco, de trocado.El placer de miralla, con terrible320y fiero desear sentí mesclarse,que siempre me llevaba a lo imposible.La pena de su ausencia vi mudarse,no en pena, no en congoja, en cruda muerte,y en fuego eterno el alma atormentarse.325A aqueste estado en fin mi dura suerteme trajo poco a poco, y no pensaraque contra mí pudiera ser más fuerte,si con mi grave daño no probaraque, en comparación de esta, aquella vida330cualquiera por descanso la juzgara.Ser debe aquesta historia aborrecidade tus orejas ya, que así atormentami lengua y mi memoria entristecida.Decir ya más no es bien que se consienta;335junto todo mi bien perdí en un hora,y esta es la suma, en fin, de aquesta cuenta.SALICIOAlbanio, si tu mal comunicaras[102]con otro, que pensaras que tu penajuzgaba como ajena, o que este fuego340nunca probó, ni el juego peligrosode que tú estás quejoso, yo confiesoque fuera bueno aqueso que hora haces;mas si tú me deshaces con tus quejas,¿por qué agora me dejas como a estraño,345sin dar de aqueste daño fin al cuento?¿Piensas que tu tormento como nuevoescucho, y que no pruebo, por mi suerte,aquesta viva muerte en las entrañas?Si no con todas mañas ni esperiencia350esta grave dolencia se desecha,al menos aprovecha, yo te digo,para que de un amigo que adolescaotro se condolesca, que ha llegadode bien acuchillado a ser maestro.[103]355Así que, pues te muestro abiertamenteque no estoy inocente destos males,que aún traigo las señales de las llagas,no es bien que tú te hagas tan esquivo;que mientras estás vivo, ser podría360que por alguna vía te avisase,y contigo llorase; que no es malotener al pie del palo quien se duela[104]del mal, y sin cautela te aconseje.ALBANIOTú quieres que forceje y que contraste[105]365con quien al fin no baste a derrocalle.Amor quiere que calle; yo no puedomover el paso un dedo sin gran mengua.Él tiene de mi lengua el movimiento;así que no me siento ser bastante.370SALICIO¿Qué te pone delante que te impidael descubrir tu vida al que aliviartedel mal alguna parte cierto espera?ALBANIOAmor quiere que muera sin reparo;y conociendo claro que bastaba375lo que yo descansaba en este llantocontigo, a que entre tanto me aliviase,y aquel tiempo probase a sostenerme;por más presto perderme, como injusto,me ha ya quitado el gusto que tenía380de echar la pena mía por la boca.Así que ya no toca nada delloa ti querer sabello, ni contalloa quien solo pasallo le conviene,y muerte solo por alivio tiene.385SALICIO¿Quién es contra su ser tan inhumano,que al enemigo entrega su despojo,y pone su poder en otra mano?¿Cómo, y no tienes ora algún enojode ver que amor tu misma lengua ataje,390o la desate por su solo antojo?ALBANIOSalicio amigo, cese este lenguaje;cierra tu boca, y más aquí no la abras;yo siento mi dolor, y tú mi ultraje.¿Para qué son maníficas palabras?[106]395¿Quién te hizo filósofo elocuente,[107]siendo pastor de ovejas y de cabras?¡Oh cuitado de mí, cuán fácilmentecon espedida lengua y rigurosael sano da consejos al doliente!400SALICIONo te aconsejo yo, ni digo cosapara que debas tú por ella darmerespuesta tan aceda y tan odiosa.Ruégote que tu mal quieras contarme,porque dél pueda tanto entristecerme,405cuanto suelo del bien tuyo alegrarme.ALBANIOPues ya de ti no puedo defenderme,yo tornaré a mi cuento cuando hayasprometido una gracia concederme;y es, que en oyendo el fin, luego te vayas410y me dejes llorar mi desventuraentre estos pinos solo y estas hayas.SALICIOAunque pedir tú eso no es cordura,yo seré dulce más que sano amigo,y daré bien lugar a tu tristura.415ALBANIOHora, Salicio, escucha lo que digo;y vos, oh ninfas deste bosque umbroso,a doquiera que estáis, estad conmigo.Ya te conté el estado tan dichosoa do me puso amor, si en él yo firme420pudiera sostenerme con reposo;mas, como de callar y de encubrirmede aquella por quien vivo me encendía,[108]llegué ya casi al punto de morirme,mil veces ella preguntó qué había,425y me rogó que el mal le descubriese,que mi rostro y color lo descubría.Mas no acabó con cuanto me dijese,que de mí a su pregunta otra respuestaque un sospiro con lágrimas hubiese.430Aconteció que en una ardiente siesta,viniendo de la caza fatigados,en el mejor lugar desta floresta,que es este donde estamos asentados,a la sombra de un árbol aflojamos435las cuerdas a los arcos trabajados.En aquel prado allí nos reclinamos,y del céfiro fresco recogiendoel agradable espirtu, respiramos.Las flores, a los ojos ofreciendo440diversidad estraña de pintura,diversamente así estaban oliendo.Y en medio aquesta fuente clara y pura,que como de cristal resplandecía,mostrando abiertamente su hondura,445el arena, que de oro parecía,de blancas pedrezuelas variada,por do manaba el agua, se bullía.En derredor ni sola una pisadade fiera o de pastor o de ganado450a la sazón estaba señalada.Después que con el agua resfriadohubimos el calor, y juntamentela sed de todo punto mitigado,ella, que con cuidado diligente455a conocer mi mal tenía el intento,y a escudriñar el ánimo doliente,con nuevo ruego y firme juramentome conjuró y rogó que le contasela causa de mi grave pensamiento;460y si era amor, que no me recelasede hacelle mi caso manifiesto,y demostralle aquella que yo amase,que me juraba que también en estoel verdadero amor que me tenía465con pura voluntad estaba presto.Yo, que tanto callar ya no podía,y claro descubrir menos osabalo que en el alma triste se sentía,le dije que en aquella fuente clara470vería de aquella que yo tanto amabaabiertamente la hermosa cara.Ella, que ver aquesta deseaba,con menos diligencia discurriendode aquella con que el paso apresuraba,475a la pura fontana fue corriendo,y en viendo el agua, toda fue alterada,en ella su figura sola viendo.[109]Y no de otra manera, arrebatada,del agua rehuyó, que si estuviera480de la rabiosa enfermedad tocada.Y sin mirarme, desdeñosa y fiera,no sé qué allá entre dientes murmurando,me dejó aquí, y aquí quiere que muera.Quedé yo triste y solo allí, culpando485mi temerario osar, mi desvarío,la pérdida del bien considerando.Creció de tal manera el dolor mío,y de mi loco error el desconsuelo,que hice de mis lágrimas un río.490Fijos los ojos en el alto cielo,estuve boca arriba una gran piezatendido, sin mudarme en este suelo.[110]Y como de un dolor otro se empieza,[111]el largo llanto, el desvanecimiento,495el vano imaginar de la cabeza,de mi gran culpa aquel remordimiento,verme del todo al fin sin esperanza,me trastornaron casi el sentimiento.Cómo deste lugar hice mudanza500no sé, ni quién de aquí me condujeseal triste albergo y a mi pobre estanza.Sé que tornando en mí, como estuviesesin comer y dormir bien cuatro días,y sin que el cuerpo de un lugar moviese,505las ya desamparadas vacas míaspor otro tanto tiempo no gustaronlas verdes hierbas ni las aguas frías.Los pequeños hijuelos, que hallaronlas tetas secas ya de las hambrientas510madres, bramando al cielo se quejaron.Las selvas, a su voz también atentas,bramando pareció que respondían,condolidas del daño y descontentas.Aquestas cosas nada me movían,515antes con mi llorar hacía espantadostodos cuantos a verme allí venían.Vinieron los pastores de ganados,vinieron de los sotos los vaqueros,para ser de mi mal de mí informados.520Y todos con los gestos lastimerosme preguntaban cuáles habían sidolos acidentes de mi mal primeros.A los cuales, en tierra yo tendido,ninguna otra respuesta dar sabía,525rompiendo con sollozos mi gemido,sino de rato en rato les decía:«Vosotros, los de Tajo en su ribera,cantaréis la mi muerte cada día.[112]»Este descanso llevaré aunque muera,530que cada día cantaréis mi muertevosotros, los de Tajo, en su ribera.»[113]La quinta noche, en fin, mi cruda suerte,queriéndome llevar do se rompieseaquesta tela de la vida fuerte,535hizo que de mi choza me saliesepor el silencio de la noche escuraa buscar un lugar donde muriese.Y caminando por do mi venturay mis enfermos pies me condujeron,540llegué a un barranco de muy gran altura.Luego mis ojos lo reconocieron,que pende sobre el agua, y su cimientolas ondas poco a poco le comieron.Al pie de un olmo hice allí mi asiento,545y acordeme que ya con ella estuvepasando allí la siesta al fresco viento.En aquesta memoria me detuve,como si aquesta fuera medicinade mi furor y cuanto mal sostuve.550Denunciaba el aurora ya vecinala venida del sol resplandeciente,a quien la tierra, a quien la mar se inclina.Entonces, como cuando el cisne sienteel ansia postrimera que le aqueja,555y tienta el cuerpo mísero y doliente,con triste y lamentable son se queja,y se despide con funesto cantodel espirtu vital que dél se aleja;[114]así, aquejado yo de dolor tanto,560que el alma abandonaba ya la humanacarne, solté la rienda al triste llanto.«¡Oh fiera, dije, más que tigre hircana,y más sorda a mis quejas que el ruídoembravecido de la mar insana!565»Heme entregado, heme aquí rendido,he aquí vences; toma los despojosde un cuerpo miserable y afligido.»Yo pondré fin del todo a tus enojos,ya no te ofenderá mi rostro triste,570mi temerosa voz y húmidos ojos.»Quizá tú, que en mi vida no movisteel paso a consolarme en tal estado,ni tu dureza cruda enterneciste,»viendo mi cuerpo aquí desamparado,575vendrás a arrepentirte y lastimarte;mas tu socorro tarde habrá llegado.»¿Cómo pudiste tan presto olvidartede aquel tan luengo amor, y de sus ciegosnudos en sola un hora desligarte?580»¿No se te acuerda de los dulces juegosya de nuestra niñez, que fueron leñadestos dañosos y encendidos fuegos,»cuando la encina desta espesa breñade sus bellotas dulces despojaba,585que íbamos a comer sobre esta peña?»¿Quién las castañas tiernas derrocabadel árbol al subir dificultoso?¿Quién en su limpia falda las llevaba?»¿Cuándo en valle florido, espeso, umbroso590metí jamás el pie, que dél no fuesecargado a ti de flores y oloroso?»Jurábasme, si ausente yo estuviese,que ni el agua sabor, ni olor la rosa,ni el prado hierba para ti tuviese.595»¿A quién me quejo, que no escucha cosade cuantas digo, quien debría escucharme?Eco sola me muestra ser piadosa;»respondiéndome prueba conhortarme,[115]como quien probó mal tan importuno;[116]600mas no quiere mostrarse y consolarme.[117]»¡Oh dioses! si allá juntos de consunode los amantes el cuidado os toca;¡oh tú solo! si toca a solo uno,»recebid las palabras que la boca605echa con la doliente ánima fuera,antes que el cuerpo torne en tierra poca.»¡Oh náyades, de aquesta mi ribera[118]corriente moradoras! ¡Oh napeas,guarda del verde bosque verdadera![119]610»Alce una de vosotras, blancas deas,del agua su cabeza rubia un poco,así, ninfa, jamás en tal se vea.»Podré decir que con mis quejas tocolas divinas orejas, no pudiendo[120]615las humanas tocar, cuerdo ni loco.»¡Oh hermosas oréades, que teniendoel gobierno de selvas y montañas,a caza andáis por ellas discurriendo!»Dejad de perseguir las alimañas;620venid a ver un hombre perseguido,a quien ni valen fuerzas ya ni mañas.»¡Oh dríades, de amor hermoso nido,[121]dulces y graciosísimas doncellas,que a la tarde salís de lo escondido,625»con los cabellos rubios, que las bellasespaldas dejan de oro cobijadas,parad mientes un rato a mis querellas!»Y si con mi ventura conjuradasno estáis, haced que sean las ocasiones630de mi muerte aquí siempre celebradas.»¡Oh lobos, oh osos, que, por los rinconesdestas fieras cavernas escondidos,estáis oyendo agora mis razones!»Quedaos adiós, que ya vuestros oídos635de mi zampoña fueron halagados,y alguna vez de amor enternecidos.»Adiós, montañas; adiós, verdes prados;adiós, corrientes ríos espumosos;vivid sin mí con siglos prolongados;640»y mientras en el curso presurososiréis al mar a dalle su tributo,corriendo por los valles pedregosos,»haced que aquí se muestre triste lutopor quien, viviendo alegre, os alegraba645con agradable son y viso enjuto.[122]»Por quien aquí sus vacas abrevaba,por quien, ramos de lauro entretejiendo,aquí sus fuertes toros coronaba.»Estas palabras tales en diciendo,650en pie me alcé por dar ya fin al durodolor que en vida estaba padeciendo.Y por el paso en que me ves te juro[123]que ya me iba a arrojar de do te cuento,con paso largo y corazón seguro,[124]655cuando una fuerza súbita de vientovino con tal furor, que de una sierrapudiera remover el firme asiento.De espaldas, como atónito, en la tierradesde ha gran rato me hallé tendido;[125]660que así se halla siempre aquel que yerra.[126]Con más sano discurso en mi sentido,comencé de culpar el presupuesto[127]y temerario error que había seguido,en querer dar con triste muerte al resto665de aquesta breve vida fin amargo,no siendo por los hados aún dispuesto.De allí me fui con corazón más largopara esperar la muerte, cuando vengaa relevarme deste grave cargo.670Bien has ya visto cuánto me convenga,que pues buscalla a mí no se consiente,ella en buscarme a mí no se detenga.Contado te he la causa, el acidente,el daño y el proceso todo entero;675cúmpleme tu promesa prestamente.Y si mi amigo cierto y verdaderoeres, como yo pienso, vete agora;no estorbes un dolor acerbo y fieroal afligido y triste cuando llora.680

SALICIO

¡Cuán bienaventurado[85]aquel puede llamarseque con la dulce soledad se abraza,40y vive descuidado,y lejos de empacharseen lo que al alma impide y embaraza!No ve la llena plaza,ni la soberbia puerta45de los grandes señores,ni los aduladoresa quien la hambre del favor despierta;no le será forzosorogar, fingir, temer y estar quejoso.50A la sombra holgandode un alto pino o robre,o de alguna robusta y verde encina,el ganado contandode su manada pobre;55que por la verde selva se avecina,plata cendrada y fina,oro luciente y puro,baja y vil le parece,y tanto lo aborrece,60que aun no piensa que dello está seguro;y como está en su seso,rehuye la cerviz del grave peso.Convida a dulce sueñoaquel manso ruído65del agua que la clara fuente envía,y las aves sin dueñocon canto no aprendidohinchen el aire de dulce armonía;háceles compañía,70a la sombra volando,y entre varios oloresgustando tiernas flores,la solícita abeja susurrando;los árboles y el viento75al sueño ayudan con su movimiento.¿Quién duerme aquí? ¿Dó está que no le veo?¡Oh! helo allí. Dichoso tú, que aflojasla cuerda al pensamiento o al deseo.¡Oh natura, cuán pocas obras cojas80en el mundo son hechas por tu mano!Creciendo el bien, menguando las congojas,el sueño diste al corazón humanopara que al despertar más se alegrasedel estado gozoso, alegre y sano;85que, como si de nuevo le hallase,hace aquel intervalo que ha pasadoque el nuevo gusto nunca al bien se pase.[86]Y al que de pensamiento fatigadoel sueño baña con licor piadoso,90curando el corazón despedazado,aquel breve descanso, aquel reposobasta para cobrar de nuevo aliento,con que se pase el curso trabajoso.Llegarme quiero cerca con buen tiento,95y ver, si de mí fuere conocido,si es del número triste o del contento.Albanio es este que está aquí dormido,o yo conozco mal. Albanio es, cierto.Duerme, garzón cansado y afligido.100¡Por cuán mejor librado tengo un muertoque acaba el curso de la vida humanay es reducido a más seguro puerto,que el que, viviendo acá, de vida ufanay de estado gozoso, noble y alto,105es derrocado de fortuna insana!Dicen que este mancebo dio un gran salto:que de amorosos bienes fue abundante,y agora es pobre, miserable y falto.No sé la historia bien; mas quien delante110se halló al duelo me contó algún pocodel grave caso deste pobre amante.

¡Cuán bienaventurado[85]

aquel puede llamarse

que con la dulce soledad se abraza,40

y vive descuidado,

y lejos de empacharse

en lo que al alma impide y embaraza!

No ve la llena plaza,

ni la soberbia puerta45

de los grandes señores,

ni los aduladores

a quien la hambre del favor despierta;

no le será forzoso

rogar, fingir, temer y estar quejoso.50

A la sombra holgando

de un alto pino o robre,

o de alguna robusta y verde encina,

el ganado contando

de su manada pobre;55

que por la verde selva se avecina,

plata cendrada y fina,

oro luciente y puro,

baja y vil le parece,

y tanto lo aborrece,60

que aun no piensa que dello está seguro;

y como está en su seso,

rehuye la cerviz del grave peso.

Convida a dulce sueño

aquel manso ruído65

del agua que la clara fuente envía,

y las aves sin dueño

con canto no aprendido

hinchen el aire de dulce armonía;

háceles compañía,70

a la sombra volando,

y entre varios olores

gustando tiernas flores,

la solícita abeja susurrando;

los árboles y el viento75

al sueño ayudan con su movimiento.

¿Quién duerme aquí? ¿Dó está que no le veo?

¡Oh! helo allí. Dichoso tú, que aflojas

la cuerda al pensamiento o al deseo.

¡Oh natura, cuán pocas obras cojas80

en el mundo son hechas por tu mano!

Creciendo el bien, menguando las congojas,

el sueño diste al corazón humano

para que al despertar más se alegrase

del estado gozoso, alegre y sano;85

que, como si de nuevo le hallase,

hace aquel intervalo que ha pasado

que el nuevo gusto nunca al bien se pase.[86]

Y al que de pensamiento fatigado

el sueño baña con licor piadoso,90

curando el corazón despedazado,

aquel breve descanso, aquel reposo

basta para cobrar de nuevo aliento,

con que se pase el curso trabajoso.

Llegarme quiero cerca con buen tiento,95

y ver, si de mí fuere conocido,

si es del número triste o del contento.

Albanio es este que está aquí dormido,

o yo conozco mal. Albanio es, cierto.

Duerme, garzón cansado y afligido.100

¡Por cuán mejor librado tengo un muerto

que acaba el curso de la vida humana

y es reducido a más seguro puerto,

que el que, viviendo acá, de vida ufana

y de estado gozoso, noble y alto,105

es derrocado de fortuna insana!

Dicen que este mancebo dio un gran salto:

que de amorosos bienes fue abundante,

y agora es pobre, miserable y falto.

No sé la historia bien; mas quien delante110

se halló al duelo me contó algún poco

del grave caso deste pobre amante.

ALBANIO

¿Es esto sueño, o ciertamente tocola blanca mano? ¡Ah sueño! ¿estás burlando?Yo estábate creyendo como loco.115¡Oh cuitado de mí! Tú vas volandocon prestas alas por la ebúrnea puerta;[87]yo quédome tendido aquí llorando.¿No basta el grave mal en que despiertael alma vive, o por mejor decillo,120está muriendo de una vida incierta?

¿Es esto sueño, o ciertamente toco

la blanca mano? ¡Ah sueño! ¿estás burlando?

Yo estábate creyendo como loco.115

¡Oh cuitado de mí! Tú vas volando

con prestas alas por la ebúrnea puerta;[87]

yo quédome tendido aquí llorando.

¿No basta el grave mal en que despierta

el alma vive, o por mejor decillo,120

está muriendo de una vida incierta?

SALICIO

Albanio, deja el llanto, que en oíllome aflijo.

Albanio, deja el llanto, que en oíllo

me aflijo.

ALBANIO

¿Quién presente está a mi duelo?

¿Quién presente está a mi duelo?

SALICIO

Aquí está quien te ayudará a sentillo.

Aquí está quien te ayudará a sentillo.

ALBANIO

¿Aquí estás tú, Salicio? Gran consuelo125me fuera en cualquier mal tu compañía;mas tengo en esto por contrario al cielo.

¿Aquí estás tú, Salicio? Gran consuelo125

me fuera en cualquier mal tu compañía;

mas tengo en esto por contrario al cielo.

SALICIO

Parte de tu trabajo ya me habíacontado Galafrón, que fue presenteen aqueste lugar el mismo día;130mas no supo decir del acidentela causa principal; bien que pensabaque era mal que decir no se consiente;y a la sazón en la ciudad yo estaba,como tú sabes bien, aparejando135aquel largo camino que esperaba;y esto que digo me contaron cuandotorné a volver; mas yo te ruego agora,si esto no es enojoso que demando,que particularmente el punto y hora,140la causa, el daño cuentes y el proceso;que el mal comunicado se mejora.[88]

Parte de tu trabajo ya me había

contado Galafrón, que fue presente

en aqueste lugar el mismo día;130

mas no supo decir del acidente

la causa principal; bien que pensaba

que era mal que decir no se consiente;

y a la sazón en la ciudad yo estaba,

como tú sabes bien, aparejando135

aquel largo camino que esperaba;

y esto que digo me contaron cuando

torné a volver; mas yo te ruego agora,

si esto no es enojoso que demando,

que particularmente el punto y hora,140

la causa, el daño cuentes y el proceso;

que el mal comunicado se mejora.[88]

ALBANIO

Con un amigo tal verdad es eso,cuando el mal sufre cura, mi Salicio;mas este ha penetrado hasta el hueso.145Verdad es que la vida y ejerciciocomún, y el amistad que a ti me ayunta,mandan que complacerte sea mi oficio;mas ¿qué haré? que el alma ya barrunta,que quiero renovar en la memoria150la herida mortal de aguda punta;y póneme delante aquella gloriapasada, y la presente desventura,para espantarme de la horrible historia.Por otra parte, pienso que es cordura155renovar tanto el mal que me atormenta,que a morir venga de tristeza pura.Y por esto, Salicio, entera cuentate daré de mi mal como pudiere,aunque el alma rehuya y no consienta.160Quise bien, y querré mientras rigiereaquestos miembros el espirtu mío,aquella por quien muero, si muriere.[89]En este amor no entré por desvarío,[90]ni lo traté, como otros, con engaños,165ni fue por eleción de mi albedrío.Desde mis tiernos y primeros añosa aquella parte me inclinó mi estrella,y a aquel fiero destino de mis daños.Tú conociste bien una doncella,170de mi sangre y abuelos descendida,[91]más que la misma hermosura bella.En su verde niñez, siendo ofrecidapor montes y por selvas a Diana,[92]ejercitaba allí su edad florida.175Yo, que desde la noche a la mañanay del un sol al otro, sin cansarme,seguía la caza con estudio y gana,por deudo y ejercicio a conformarmevine con ella en tal domestiqueza,180que della un punto no sabía apartarme.Iba de un hora en otra la estrechezahaciéndose mayor, acompañadade un amor sano y lleno de pureza.¿Qué montaña dejó de ser pisada185de nuestros pies? ¿Qué bosque o selva umbrosano fue de nuestra caza fatigada?Siempre con mano larga y abundosacon parte de la caza visitandoel sacro altar de nuestra santa diosa.190La colmilluda testa ora llevandodel puerco jabalí cerdoso y fiero,del peligro pasado razonando;ora clavando del ciervo ligeroen algún sacro pino los ganchosos195cuernos, con puro corazón sincerotornábamos contentos y gozosos,y al disponer de lo que nos quedaba,jamás me acuerdo de quedar quejosos.Cualquiera caza a entrambos agradaba;200pero la de las simples avecillasmenos trabajo y más placer nos daba.En mostrando el aurora sus mejillasde rosa, y sus cabellos de oro finohumedeciendo ya las florecillas,205nosotros, yendo fuera de camino,buscábamos un valle, el más secretoy de conversación menos vecino;aquí con una red de muy perfetoverde tejida, aquel valle atajábamos210muy sin rumor, con paso muy quieto.De dos árboles altos la colgábamos,y habiéndonos un poco lejos ido,hacia la red armada nos tornábamos,y por lo más espeso y escondido,215los árboles y matas sacudiendo,turbábamos el valle con ruído.Zorzales, tordos, mirlas, que temiendodelante de nosotros, espantadosdel peligro menor, iban huyendo,220daban en el mayor, desatinados,quedando en la sutil red engañosaconfusamente todos enredados.Y entonces era vellos una cosaestraña y agradable, dando gritos,225y con voz lamentándose quejosa.Algunos dellos, que eran infinitos,su libertad buscaban revolando;otros estaban míseros y aflitos.[93]Al fin las cuerdas de la red tirando,230llevábamosla juntos casi llena,la caza a cuestas y la red cargando.Cuando el húmido otoño ya refrenadel seco estío el gran calor ardiente,y va faltando sombra a Filomena,[94]235con otra caza desta diferente,aunque también de vida ociosa y blanda,pasábamos el tiempo alegremente.Entonces siempre, como sabes, andade estorninos volando a cada parte240de acá y allá la espesa y negra banda.Y cierto aquesto es cosa de contarte,cómo con los que andaban por el vientousábamos también de astucia y arte.Uno vivo primero de aquel cuento245tomábamos, y en esto sin fatigaera cumplido luego nuestro intento;al pie del cual un hilo, untado en liga,atando, le soltábamos al puntoque vía volar aquella banda amiga.250Apenas era suelto, cuando juntoestaba con los otros y mesclado,secutando el efeto de su asunto.[95]A cuantos era el hilo enmarañadopor alas o por pies o por cabeza,255todos venían al suelo mal su grado.Andaban forcejando una gran piezaa su pesar y a mucho placer nuestro;que así de un mal ajeno bien se empieza.[96]Acuérdaseme agora que el siniestro260canto de la corneja y el agüeropara escaparse no le fue maestro.Cuando una dellas, como es muy ligero,a nuestras manos viva nos venía,era ocasión de más de un prisionero.265La cual a un llano grande yo traía,a do muchas cornejas andar juntaso por el suelo o por el aire vía;clavándola en la tierra por las puntasestremas de las alas, sin rompellas,270seguíase lo que apenas tú barruntas.Parecía que mirando a las estrellas,clavada boca arriba en aquel suelo,estaba a contemplar el curso dellas.De allí nos alejábamos, y el cielo275rompía con gritos ella, y convocabade las cornejas el superno vuelo.[97]En un solo momento se ayuntabauna gran muchedumbre presurosaa socorrer la que en el suelo estaba.280Cercábanla, y alguna, más piadosadel mal ajeno de la compañeraque del suyo avisada y temerosa,llegábase muy cerca, y la primeraque esto hacía, pagaba su inocencia285con prisión o con muerte lastimera.Con tal fuerza la presa y tal violenciase engarrafaba de la que venía,que no se despidiera sin licencia.Ya puedes ver cuán gran placer sería290ver, de una por soltarse y desasirse,de otra por socorrerse, la porfía.Al fin la fiera lucha a despartirsevenía por nuestra mano, y la cuitadadel bien hecho empezaba a arrepentirse.295¿Qué me dirás si con su mano alzadahaciendo la noturna centinela,la grúa de nosotros fue engañada?[98]No aprovechaba al ánsar la cautela,ni ser siempre sagaz descubridora300de noturnos engaños con su vela.[99]Ni al blanco cisne que en las aguas morapor no morir como Faetón en fuego,del cual el triste caso canta y llora.Y tú, perdiz cuitada, ¿piensas luego305que en huyendo del techo estás segura?[100]En el campo turbamos tu sosiego.A ningún ave o animal natura[101]dotó de tanta astucia que no fuesevencido al fin de nuestra astucia pura.310Si por menudo de contarte hubiesede aquesta vida cada partecilla,temo que antes del fin anocheciese.Basta saber que aquesta tan sencillay tan pura amistad, quiso mi hado315en diferente especie convertilla:en un amor tan fuerte y tan sobrado,y en un desasosiego no creíble,tal, que no me conosco, de trocado.El placer de miralla, con terrible320y fiero desear sentí mesclarse,que siempre me llevaba a lo imposible.La pena de su ausencia vi mudarse,no en pena, no en congoja, en cruda muerte,y en fuego eterno el alma atormentarse.325A aqueste estado en fin mi dura suerteme trajo poco a poco, y no pensaraque contra mí pudiera ser más fuerte,si con mi grave daño no probaraque, en comparación de esta, aquella vida330cualquiera por descanso la juzgara.Ser debe aquesta historia aborrecidade tus orejas ya, que así atormentami lengua y mi memoria entristecida.Decir ya más no es bien que se consienta;335junto todo mi bien perdí en un hora,y esta es la suma, en fin, de aquesta cuenta.

Con un amigo tal verdad es eso,

cuando el mal sufre cura, mi Salicio;

mas este ha penetrado hasta el hueso.145

Verdad es que la vida y ejercicio

común, y el amistad que a ti me ayunta,

mandan que complacerte sea mi oficio;

mas ¿qué haré? que el alma ya barrunta,

que quiero renovar en la memoria150

la herida mortal de aguda punta;

y póneme delante aquella gloria

pasada, y la presente desventura,

para espantarme de la horrible historia.

Por otra parte, pienso que es cordura155

renovar tanto el mal que me atormenta,

que a morir venga de tristeza pura.

Y por esto, Salicio, entera cuenta

te daré de mi mal como pudiere,

aunque el alma rehuya y no consienta.160

Quise bien, y querré mientras rigiere

aquestos miembros el espirtu mío,

aquella por quien muero, si muriere.[89]

En este amor no entré por desvarío,[90]

ni lo traté, como otros, con engaños,165

ni fue por eleción de mi albedrío.

Desde mis tiernos y primeros años

a aquella parte me inclinó mi estrella,

y a aquel fiero destino de mis daños.

Tú conociste bien una doncella,170

de mi sangre y abuelos descendida,[91]

más que la misma hermosura bella.

En su verde niñez, siendo ofrecida

por montes y por selvas a Diana,[92]

ejercitaba allí su edad florida.175

Yo, que desde la noche a la mañana

y del un sol al otro, sin cansarme,

seguía la caza con estudio y gana,

por deudo y ejercicio a conformarme

vine con ella en tal domestiqueza,180

que della un punto no sabía apartarme.

Iba de un hora en otra la estrecheza

haciéndose mayor, acompañada

de un amor sano y lleno de pureza.

¿Qué montaña dejó de ser pisada185

de nuestros pies? ¿Qué bosque o selva umbrosa

no fue de nuestra caza fatigada?

Siempre con mano larga y abundosa

con parte de la caza visitando

el sacro altar de nuestra santa diosa.190

La colmilluda testa ora llevando

del puerco jabalí cerdoso y fiero,

del peligro pasado razonando;

ora clavando del ciervo ligero

en algún sacro pino los ganchosos195

cuernos, con puro corazón sincero

tornábamos contentos y gozosos,

y al disponer de lo que nos quedaba,

jamás me acuerdo de quedar quejosos.

Cualquiera caza a entrambos agradaba;200

pero la de las simples avecillas

menos trabajo y más placer nos daba.

En mostrando el aurora sus mejillas

de rosa, y sus cabellos de oro fino

humedeciendo ya las florecillas,205

nosotros, yendo fuera de camino,

buscábamos un valle, el más secreto

y de conversación menos vecino;

aquí con una red de muy perfeto

verde tejida, aquel valle atajábamos210

muy sin rumor, con paso muy quieto.

De dos árboles altos la colgábamos,

y habiéndonos un poco lejos ido,

hacia la red armada nos tornábamos,

y por lo más espeso y escondido,215

los árboles y matas sacudiendo,

turbábamos el valle con ruído.

Zorzales, tordos, mirlas, que temiendo

delante de nosotros, espantados

del peligro menor, iban huyendo,220

daban en el mayor, desatinados,

quedando en la sutil red engañosa

confusamente todos enredados.

Y entonces era vellos una cosa

estraña y agradable, dando gritos,225

y con voz lamentándose quejosa.

Algunos dellos, que eran infinitos,

su libertad buscaban revolando;

otros estaban míseros y aflitos.[93]

Al fin las cuerdas de la red tirando,230

llevábamosla juntos casi llena,

la caza a cuestas y la red cargando.

Cuando el húmido otoño ya refrena

del seco estío el gran calor ardiente,

y va faltando sombra a Filomena,[94]235

con otra caza desta diferente,

aunque también de vida ociosa y blanda,

pasábamos el tiempo alegremente.

Entonces siempre, como sabes, anda

de estorninos volando a cada parte240

de acá y allá la espesa y negra banda.

Y cierto aquesto es cosa de contarte,

cómo con los que andaban por el viento

usábamos también de astucia y arte.

Uno vivo primero de aquel cuento245

tomábamos, y en esto sin fatiga

era cumplido luego nuestro intento;

al pie del cual un hilo, untado en liga,

atando, le soltábamos al punto

que vía volar aquella banda amiga.250

Apenas era suelto, cuando junto

estaba con los otros y mesclado,

secutando el efeto de su asunto.[95]

A cuantos era el hilo enmarañado

por alas o por pies o por cabeza,255

todos venían al suelo mal su grado.

Andaban forcejando una gran pieza

a su pesar y a mucho placer nuestro;

que así de un mal ajeno bien se empieza.[96]

Acuérdaseme agora que el siniestro260

canto de la corneja y el agüero

para escaparse no le fue maestro.

Cuando una dellas, como es muy ligero,

a nuestras manos viva nos venía,

era ocasión de más de un prisionero.265

La cual a un llano grande yo traía,

a do muchas cornejas andar juntas

o por el suelo o por el aire vía;

clavándola en la tierra por las puntas

estremas de las alas, sin rompellas,270

seguíase lo que apenas tú barruntas.

Parecía que mirando a las estrellas,

clavada boca arriba en aquel suelo,

estaba a contemplar el curso dellas.

De allí nos alejábamos, y el cielo275

rompía con gritos ella, y convocaba

de las cornejas el superno vuelo.[97]

En un solo momento se ayuntaba

una gran muchedumbre presurosa

a socorrer la que en el suelo estaba.280

Cercábanla, y alguna, más piadosa

del mal ajeno de la compañera

que del suyo avisada y temerosa,

llegábase muy cerca, y la primera

que esto hacía, pagaba su inocencia285

con prisión o con muerte lastimera.

Con tal fuerza la presa y tal violencia

se engarrafaba de la que venía,

que no se despidiera sin licencia.

Ya puedes ver cuán gran placer sería290

ver, de una por soltarse y desasirse,

de otra por socorrerse, la porfía.

Al fin la fiera lucha a despartirse

venía por nuestra mano, y la cuitada

del bien hecho empezaba a arrepentirse.295

¿Qué me dirás si con su mano alzada

haciendo la noturna centinela,

la grúa de nosotros fue engañada?[98]

No aprovechaba al ánsar la cautela,

ni ser siempre sagaz descubridora300

de noturnos engaños con su vela.[99]

Ni al blanco cisne que en las aguas mora

por no morir como Faetón en fuego,

del cual el triste caso canta y llora.

Y tú, perdiz cuitada, ¿piensas luego305

que en huyendo del techo estás segura?[100]

En el campo turbamos tu sosiego.

A ningún ave o animal natura[101]

dotó de tanta astucia que no fuese

vencido al fin de nuestra astucia pura.310

Si por menudo de contarte hubiese

de aquesta vida cada partecilla,

temo que antes del fin anocheciese.

Basta saber que aquesta tan sencilla

y tan pura amistad, quiso mi hado315

en diferente especie convertilla:

en un amor tan fuerte y tan sobrado,

y en un desasosiego no creíble,

tal, que no me conosco, de trocado.

El placer de miralla, con terrible320

y fiero desear sentí mesclarse,

que siempre me llevaba a lo imposible.

La pena de su ausencia vi mudarse,

no en pena, no en congoja, en cruda muerte,

y en fuego eterno el alma atormentarse.325

A aqueste estado en fin mi dura suerte

me trajo poco a poco, y no pensara

que contra mí pudiera ser más fuerte,

si con mi grave daño no probara

que, en comparación de esta, aquella vida330

cualquiera por descanso la juzgara.

Ser debe aquesta historia aborrecida

de tus orejas ya, que así atormenta

mi lengua y mi memoria entristecida.

Decir ya más no es bien que se consienta;335

junto todo mi bien perdí en un hora,

y esta es la suma, en fin, de aquesta cuenta.

SALICIO

Albanio, si tu mal comunicaras[102]con otro, que pensaras que tu penajuzgaba como ajena, o que este fuego340nunca probó, ni el juego peligrosode que tú estás quejoso, yo confiesoque fuera bueno aqueso que hora haces;mas si tú me deshaces con tus quejas,¿por qué agora me dejas como a estraño,345sin dar de aqueste daño fin al cuento?¿Piensas que tu tormento como nuevoescucho, y que no pruebo, por mi suerte,aquesta viva muerte en las entrañas?Si no con todas mañas ni esperiencia350esta grave dolencia se desecha,al menos aprovecha, yo te digo,para que de un amigo que adolescaotro se condolesca, que ha llegadode bien acuchillado a ser maestro.[103]355Así que, pues te muestro abiertamenteque no estoy inocente destos males,que aún traigo las señales de las llagas,no es bien que tú te hagas tan esquivo;que mientras estás vivo, ser podría360que por alguna vía te avisase,y contigo llorase; que no es malotener al pie del palo quien se duela[104]del mal, y sin cautela te aconseje.

Albanio, si tu mal comunicaras[102]

con otro, que pensaras que tu pena

juzgaba como ajena, o que este fuego340

nunca probó, ni el juego peligroso

de que tú estás quejoso, yo confieso

que fuera bueno aqueso que hora haces;

mas si tú me deshaces con tus quejas,

¿por qué agora me dejas como a estraño,345

sin dar de aqueste daño fin al cuento?

¿Piensas que tu tormento como nuevo

escucho, y que no pruebo, por mi suerte,

aquesta viva muerte en las entrañas?

Si no con todas mañas ni esperiencia350

esta grave dolencia se desecha,

al menos aprovecha, yo te digo,

para que de un amigo que adolesca

otro se condolesca, que ha llegado

de bien acuchillado a ser maestro.[103]355

Así que, pues te muestro abiertamente

que no estoy inocente destos males,

que aún traigo las señales de las llagas,

no es bien que tú te hagas tan esquivo;

que mientras estás vivo, ser podría360

que por alguna vía te avisase,

y contigo llorase; que no es malo

tener al pie del palo quien se duela[104]

del mal, y sin cautela te aconseje.

ALBANIO

Tú quieres que forceje y que contraste[105]365con quien al fin no baste a derrocalle.Amor quiere que calle; yo no puedomover el paso un dedo sin gran mengua.Él tiene de mi lengua el movimiento;así que no me siento ser bastante.370

Tú quieres que forceje y que contraste[105]365

con quien al fin no baste a derrocalle.

Amor quiere que calle; yo no puedo

mover el paso un dedo sin gran mengua.

Él tiene de mi lengua el movimiento;

así que no me siento ser bastante.370

SALICIO

¿Qué te pone delante que te impidael descubrir tu vida al que aliviartedel mal alguna parte cierto espera?

¿Qué te pone delante que te impida

el descubrir tu vida al que aliviarte

del mal alguna parte cierto espera?

ALBANIO

Amor quiere que muera sin reparo;y conociendo claro que bastaba375lo que yo descansaba en este llantocontigo, a que entre tanto me aliviase,y aquel tiempo probase a sostenerme;por más presto perderme, como injusto,me ha ya quitado el gusto que tenía380de echar la pena mía por la boca.Así que ya no toca nada delloa ti querer sabello, ni contalloa quien solo pasallo le conviene,y muerte solo por alivio tiene.385

Amor quiere que muera sin reparo;

y conociendo claro que bastaba375

lo que yo descansaba en este llanto

contigo, a que entre tanto me aliviase,

y aquel tiempo probase a sostenerme;

por más presto perderme, como injusto,

me ha ya quitado el gusto que tenía380

de echar la pena mía por la boca.

Así que ya no toca nada dello

a ti querer sabello, ni contallo

a quien solo pasallo le conviene,

y muerte solo por alivio tiene.385

SALICIO

¿Quién es contra su ser tan inhumano,que al enemigo entrega su despojo,y pone su poder en otra mano?¿Cómo, y no tienes ora algún enojode ver que amor tu misma lengua ataje,390o la desate por su solo antojo?

¿Quién es contra su ser tan inhumano,

que al enemigo entrega su despojo,

y pone su poder en otra mano?

¿Cómo, y no tienes ora algún enojo

de ver que amor tu misma lengua ataje,390

o la desate por su solo antojo?

ALBANIO

Salicio amigo, cese este lenguaje;cierra tu boca, y más aquí no la abras;yo siento mi dolor, y tú mi ultraje.¿Para qué son maníficas palabras?[106]395¿Quién te hizo filósofo elocuente,[107]siendo pastor de ovejas y de cabras?¡Oh cuitado de mí, cuán fácilmentecon espedida lengua y rigurosael sano da consejos al doliente!400

Salicio amigo, cese este lenguaje;

cierra tu boca, y más aquí no la abras;

yo siento mi dolor, y tú mi ultraje.

¿Para qué son maníficas palabras?[106]395

¿Quién te hizo filósofo elocuente,[107]

siendo pastor de ovejas y de cabras?

¡Oh cuitado de mí, cuán fácilmente

con espedida lengua y rigurosa

el sano da consejos al doliente!400

SALICIO

No te aconsejo yo, ni digo cosapara que debas tú por ella darmerespuesta tan aceda y tan odiosa.Ruégote que tu mal quieras contarme,porque dél pueda tanto entristecerme,405cuanto suelo del bien tuyo alegrarme.

No te aconsejo yo, ni digo cosa

para que debas tú por ella darme

respuesta tan aceda y tan odiosa.

Ruégote que tu mal quieras contarme,

porque dél pueda tanto entristecerme,405

cuanto suelo del bien tuyo alegrarme.

ALBANIO

Pues ya de ti no puedo defenderme,yo tornaré a mi cuento cuando hayasprometido una gracia concederme;y es, que en oyendo el fin, luego te vayas410y me dejes llorar mi desventuraentre estos pinos solo y estas hayas.

Pues ya de ti no puedo defenderme,

yo tornaré a mi cuento cuando hayas

prometido una gracia concederme;

y es, que en oyendo el fin, luego te vayas410

y me dejes llorar mi desventura

entre estos pinos solo y estas hayas.

SALICIO

Aunque pedir tú eso no es cordura,yo seré dulce más que sano amigo,y daré bien lugar a tu tristura.415

Aunque pedir tú eso no es cordura,

yo seré dulce más que sano amigo,

y daré bien lugar a tu tristura.415

ALBANIO

Hora, Salicio, escucha lo que digo;y vos, oh ninfas deste bosque umbroso,a doquiera que estáis, estad conmigo.Ya te conté el estado tan dichosoa do me puso amor, si en él yo firme420pudiera sostenerme con reposo;mas, como de callar y de encubrirmede aquella por quien vivo me encendía,[108]llegué ya casi al punto de morirme,mil veces ella preguntó qué había,425y me rogó que el mal le descubriese,que mi rostro y color lo descubría.Mas no acabó con cuanto me dijese,que de mí a su pregunta otra respuestaque un sospiro con lágrimas hubiese.430Aconteció que en una ardiente siesta,viniendo de la caza fatigados,en el mejor lugar desta floresta,que es este donde estamos asentados,a la sombra de un árbol aflojamos435las cuerdas a los arcos trabajados.En aquel prado allí nos reclinamos,y del céfiro fresco recogiendoel agradable espirtu, respiramos.Las flores, a los ojos ofreciendo440diversidad estraña de pintura,diversamente así estaban oliendo.Y en medio aquesta fuente clara y pura,que como de cristal resplandecía,mostrando abiertamente su hondura,445el arena, que de oro parecía,de blancas pedrezuelas variada,por do manaba el agua, se bullía.En derredor ni sola una pisadade fiera o de pastor o de ganado450a la sazón estaba señalada.Después que con el agua resfriadohubimos el calor, y juntamentela sed de todo punto mitigado,ella, que con cuidado diligente455a conocer mi mal tenía el intento,y a escudriñar el ánimo doliente,con nuevo ruego y firme juramentome conjuró y rogó que le contasela causa de mi grave pensamiento;460y si era amor, que no me recelasede hacelle mi caso manifiesto,y demostralle aquella que yo amase,que me juraba que también en estoel verdadero amor que me tenía465con pura voluntad estaba presto.Yo, que tanto callar ya no podía,y claro descubrir menos osabalo que en el alma triste se sentía,le dije que en aquella fuente clara470vería de aquella que yo tanto amabaabiertamente la hermosa cara.Ella, que ver aquesta deseaba,con menos diligencia discurriendode aquella con que el paso apresuraba,475a la pura fontana fue corriendo,y en viendo el agua, toda fue alterada,en ella su figura sola viendo.[109]Y no de otra manera, arrebatada,del agua rehuyó, que si estuviera480de la rabiosa enfermedad tocada.Y sin mirarme, desdeñosa y fiera,no sé qué allá entre dientes murmurando,me dejó aquí, y aquí quiere que muera.Quedé yo triste y solo allí, culpando485mi temerario osar, mi desvarío,la pérdida del bien considerando.Creció de tal manera el dolor mío,y de mi loco error el desconsuelo,que hice de mis lágrimas un río.490Fijos los ojos en el alto cielo,estuve boca arriba una gran piezatendido, sin mudarme en este suelo.[110]Y como de un dolor otro se empieza,[111]el largo llanto, el desvanecimiento,495el vano imaginar de la cabeza,de mi gran culpa aquel remordimiento,verme del todo al fin sin esperanza,me trastornaron casi el sentimiento.Cómo deste lugar hice mudanza500no sé, ni quién de aquí me condujeseal triste albergo y a mi pobre estanza.Sé que tornando en mí, como estuviesesin comer y dormir bien cuatro días,y sin que el cuerpo de un lugar moviese,505las ya desamparadas vacas míaspor otro tanto tiempo no gustaronlas verdes hierbas ni las aguas frías.Los pequeños hijuelos, que hallaronlas tetas secas ya de las hambrientas510madres, bramando al cielo se quejaron.Las selvas, a su voz también atentas,bramando pareció que respondían,condolidas del daño y descontentas.Aquestas cosas nada me movían,515antes con mi llorar hacía espantadostodos cuantos a verme allí venían.Vinieron los pastores de ganados,vinieron de los sotos los vaqueros,para ser de mi mal de mí informados.520Y todos con los gestos lastimerosme preguntaban cuáles habían sidolos acidentes de mi mal primeros.A los cuales, en tierra yo tendido,ninguna otra respuesta dar sabía,525rompiendo con sollozos mi gemido,sino de rato en rato les decía:«Vosotros, los de Tajo en su ribera,cantaréis la mi muerte cada día.[112]»Este descanso llevaré aunque muera,530que cada día cantaréis mi muertevosotros, los de Tajo, en su ribera.»[113]La quinta noche, en fin, mi cruda suerte,queriéndome llevar do se rompieseaquesta tela de la vida fuerte,535hizo que de mi choza me saliesepor el silencio de la noche escuraa buscar un lugar donde muriese.Y caminando por do mi venturay mis enfermos pies me condujeron,540llegué a un barranco de muy gran altura.Luego mis ojos lo reconocieron,que pende sobre el agua, y su cimientolas ondas poco a poco le comieron.Al pie de un olmo hice allí mi asiento,545y acordeme que ya con ella estuvepasando allí la siesta al fresco viento.En aquesta memoria me detuve,como si aquesta fuera medicinade mi furor y cuanto mal sostuve.550Denunciaba el aurora ya vecinala venida del sol resplandeciente,a quien la tierra, a quien la mar se inclina.Entonces, como cuando el cisne sienteel ansia postrimera que le aqueja,555y tienta el cuerpo mísero y doliente,con triste y lamentable son se queja,y se despide con funesto cantodel espirtu vital que dél se aleja;[114]así, aquejado yo de dolor tanto,560que el alma abandonaba ya la humanacarne, solté la rienda al triste llanto.«¡Oh fiera, dije, más que tigre hircana,y más sorda a mis quejas que el ruídoembravecido de la mar insana!565»Heme entregado, heme aquí rendido,he aquí vences; toma los despojosde un cuerpo miserable y afligido.»Yo pondré fin del todo a tus enojos,ya no te ofenderá mi rostro triste,570mi temerosa voz y húmidos ojos.»Quizá tú, que en mi vida no movisteel paso a consolarme en tal estado,ni tu dureza cruda enterneciste,»viendo mi cuerpo aquí desamparado,575vendrás a arrepentirte y lastimarte;mas tu socorro tarde habrá llegado.»¿Cómo pudiste tan presto olvidartede aquel tan luengo amor, y de sus ciegosnudos en sola un hora desligarte?580»¿No se te acuerda de los dulces juegosya de nuestra niñez, que fueron leñadestos dañosos y encendidos fuegos,»cuando la encina desta espesa breñade sus bellotas dulces despojaba,585que íbamos a comer sobre esta peña?»¿Quién las castañas tiernas derrocabadel árbol al subir dificultoso?¿Quién en su limpia falda las llevaba?»¿Cuándo en valle florido, espeso, umbroso590metí jamás el pie, que dél no fuesecargado a ti de flores y oloroso?»Jurábasme, si ausente yo estuviese,que ni el agua sabor, ni olor la rosa,ni el prado hierba para ti tuviese.595»¿A quién me quejo, que no escucha cosade cuantas digo, quien debría escucharme?Eco sola me muestra ser piadosa;»respondiéndome prueba conhortarme,[115]como quien probó mal tan importuno;[116]600mas no quiere mostrarse y consolarme.[117]»¡Oh dioses! si allá juntos de consunode los amantes el cuidado os toca;¡oh tú solo! si toca a solo uno,»recebid las palabras que la boca605echa con la doliente ánima fuera,antes que el cuerpo torne en tierra poca.»¡Oh náyades, de aquesta mi ribera[118]corriente moradoras! ¡Oh napeas,guarda del verde bosque verdadera![119]610»Alce una de vosotras, blancas deas,del agua su cabeza rubia un poco,así, ninfa, jamás en tal se vea.»Podré decir que con mis quejas tocolas divinas orejas, no pudiendo[120]615las humanas tocar, cuerdo ni loco.»¡Oh hermosas oréades, que teniendoel gobierno de selvas y montañas,a caza andáis por ellas discurriendo!»Dejad de perseguir las alimañas;620venid a ver un hombre perseguido,a quien ni valen fuerzas ya ni mañas.»¡Oh dríades, de amor hermoso nido,[121]dulces y graciosísimas doncellas,que a la tarde salís de lo escondido,625»con los cabellos rubios, que las bellasespaldas dejan de oro cobijadas,parad mientes un rato a mis querellas!»Y si con mi ventura conjuradasno estáis, haced que sean las ocasiones630de mi muerte aquí siempre celebradas.»¡Oh lobos, oh osos, que, por los rinconesdestas fieras cavernas escondidos,estáis oyendo agora mis razones!»Quedaos adiós, que ya vuestros oídos635de mi zampoña fueron halagados,y alguna vez de amor enternecidos.»Adiós, montañas; adiós, verdes prados;adiós, corrientes ríos espumosos;vivid sin mí con siglos prolongados;640»y mientras en el curso presurososiréis al mar a dalle su tributo,corriendo por los valles pedregosos,»haced que aquí se muestre triste lutopor quien, viviendo alegre, os alegraba645con agradable son y viso enjuto.[122]»Por quien aquí sus vacas abrevaba,por quien, ramos de lauro entretejiendo,aquí sus fuertes toros coronaba.»Estas palabras tales en diciendo,650en pie me alcé por dar ya fin al durodolor que en vida estaba padeciendo.Y por el paso en que me ves te juro[123]que ya me iba a arrojar de do te cuento,con paso largo y corazón seguro,[124]655cuando una fuerza súbita de vientovino con tal furor, que de una sierrapudiera remover el firme asiento.De espaldas, como atónito, en la tierradesde ha gran rato me hallé tendido;[125]660que así se halla siempre aquel que yerra.[126]Con más sano discurso en mi sentido,comencé de culpar el presupuesto[127]y temerario error que había seguido,en querer dar con triste muerte al resto665de aquesta breve vida fin amargo,no siendo por los hados aún dispuesto.De allí me fui con corazón más largopara esperar la muerte, cuando vengaa relevarme deste grave cargo.670Bien has ya visto cuánto me convenga,que pues buscalla a mí no se consiente,ella en buscarme a mí no se detenga.Contado te he la causa, el acidente,el daño y el proceso todo entero;675cúmpleme tu promesa prestamente.Y si mi amigo cierto y verdaderoeres, como yo pienso, vete agora;no estorbes un dolor acerbo y fieroal afligido y triste cuando llora.680

Hora, Salicio, escucha lo que digo;

y vos, oh ninfas deste bosque umbroso,

a doquiera que estáis, estad conmigo.

Ya te conté el estado tan dichoso

a do me puso amor, si en él yo firme420

pudiera sostenerme con reposo;

mas, como de callar y de encubrirme

de aquella por quien vivo me encendía,[108]

llegué ya casi al punto de morirme,

mil veces ella preguntó qué había,425

y me rogó que el mal le descubriese,

que mi rostro y color lo descubría.

Mas no acabó con cuanto me dijese,

que de mí a su pregunta otra respuesta

que un sospiro con lágrimas hubiese.430

Aconteció que en una ardiente siesta,

viniendo de la caza fatigados,

en el mejor lugar desta floresta,

que es este donde estamos asentados,

a la sombra de un árbol aflojamos435

las cuerdas a los arcos trabajados.

En aquel prado allí nos reclinamos,

y del céfiro fresco recogiendo

el agradable espirtu, respiramos.

Las flores, a los ojos ofreciendo440

diversidad estraña de pintura,

diversamente así estaban oliendo.

Y en medio aquesta fuente clara y pura,

que como de cristal resplandecía,

mostrando abiertamente su hondura,445

el arena, que de oro parecía,

de blancas pedrezuelas variada,

por do manaba el agua, se bullía.

En derredor ni sola una pisada

de fiera o de pastor o de ganado450

a la sazón estaba señalada.

Después que con el agua resfriado

hubimos el calor, y juntamente

la sed de todo punto mitigado,

ella, que con cuidado diligente455

a conocer mi mal tenía el intento,

y a escudriñar el ánimo doliente,

con nuevo ruego y firme juramento

me conjuró y rogó que le contase

la causa de mi grave pensamiento;460

y si era amor, que no me recelase

de hacelle mi caso manifiesto,

y demostralle aquella que yo amase,

que me juraba que también en esto

el verdadero amor que me tenía465

con pura voluntad estaba presto.

Yo, que tanto callar ya no podía,

y claro descubrir menos osaba

lo que en el alma triste se sentía,

le dije que en aquella fuente clara470

vería de aquella que yo tanto amaba

abiertamente la hermosa cara.

Ella, que ver aquesta deseaba,

con menos diligencia discurriendo

de aquella con que el paso apresuraba,475

a la pura fontana fue corriendo,

y en viendo el agua, toda fue alterada,

en ella su figura sola viendo.[109]

Y no de otra manera, arrebatada,

del agua rehuyó, que si estuviera480

de la rabiosa enfermedad tocada.

Y sin mirarme, desdeñosa y fiera,

no sé qué allá entre dientes murmurando,

me dejó aquí, y aquí quiere que muera.

Quedé yo triste y solo allí, culpando485

mi temerario osar, mi desvarío,

la pérdida del bien considerando.

Creció de tal manera el dolor mío,

y de mi loco error el desconsuelo,

que hice de mis lágrimas un río.490

Fijos los ojos en el alto cielo,

estuve boca arriba una gran pieza

tendido, sin mudarme en este suelo.[110]

Y como de un dolor otro se empieza,[111]

el largo llanto, el desvanecimiento,495

el vano imaginar de la cabeza,

de mi gran culpa aquel remordimiento,

verme del todo al fin sin esperanza,

me trastornaron casi el sentimiento.

Cómo deste lugar hice mudanza500

no sé, ni quién de aquí me condujese

al triste albergo y a mi pobre estanza.

Sé que tornando en mí, como estuviese

sin comer y dormir bien cuatro días,

y sin que el cuerpo de un lugar moviese,505

las ya desamparadas vacas mías

por otro tanto tiempo no gustaron

las verdes hierbas ni las aguas frías.

Los pequeños hijuelos, que hallaron

las tetas secas ya de las hambrientas510

madres, bramando al cielo se quejaron.

Las selvas, a su voz también atentas,

bramando pareció que respondían,

condolidas del daño y descontentas.

Aquestas cosas nada me movían,515

antes con mi llorar hacía espantados

todos cuantos a verme allí venían.

Vinieron los pastores de ganados,

vinieron de los sotos los vaqueros,

para ser de mi mal de mí informados.520

Y todos con los gestos lastimeros

me preguntaban cuáles habían sido

los acidentes de mi mal primeros.

A los cuales, en tierra yo tendido,

ninguna otra respuesta dar sabía,525

rompiendo con sollozos mi gemido,

sino de rato en rato les decía:

«Vosotros, los de Tajo en su ribera,

cantaréis la mi muerte cada día.[112]

»Este descanso llevaré aunque muera,530

que cada día cantaréis mi muerte

vosotros, los de Tajo, en su ribera.»[113]

La quinta noche, en fin, mi cruda suerte,

queriéndome llevar do se rompiese

aquesta tela de la vida fuerte,535

hizo que de mi choza me saliese

por el silencio de la noche escura

a buscar un lugar donde muriese.

Y caminando por do mi ventura

y mis enfermos pies me condujeron,540

llegué a un barranco de muy gran altura.

Luego mis ojos lo reconocieron,

que pende sobre el agua, y su cimiento

las ondas poco a poco le comieron.

Al pie de un olmo hice allí mi asiento,545

y acordeme que ya con ella estuve

pasando allí la siesta al fresco viento.

En aquesta memoria me detuve,

como si aquesta fuera medicina

de mi furor y cuanto mal sostuve.550

Denunciaba el aurora ya vecina

la venida del sol resplandeciente,

a quien la tierra, a quien la mar se inclina.

Entonces, como cuando el cisne siente

el ansia postrimera que le aqueja,555

y tienta el cuerpo mísero y doliente,

con triste y lamentable son se queja,

y se despide con funesto canto

del espirtu vital que dél se aleja;[114]

así, aquejado yo de dolor tanto,560

que el alma abandonaba ya la humana

carne, solté la rienda al triste llanto.

«¡Oh fiera, dije, más que tigre hircana,

y más sorda a mis quejas que el ruído

embravecido de la mar insana!565

»Heme entregado, heme aquí rendido,

he aquí vences; toma los despojos

de un cuerpo miserable y afligido.

»Yo pondré fin del todo a tus enojos,

ya no te ofenderá mi rostro triste,570

mi temerosa voz y húmidos ojos.

»Quizá tú, que en mi vida no moviste

el paso a consolarme en tal estado,

ni tu dureza cruda enterneciste,

»viendo mi cuerpo aquí desamparado,575

vendrás a arrepentirte y lastimarte;

mas tu socorro tarde habrá llegado.

»¿Cómo pudiste tan presto olvidarte

de aquel tan luengo amor, y de sus ciegos

nudos en sola un hora desligarte?580

»¿No se te acuerda de los dulces juegos

ya de nuestra niñez, que fueron leña

destos dañosos y encendidos fuegos,

»cuando la encina desta espesa breña

de sus bellotas dulces despojaba,585

que íbamos a comer sobre esta peña?

»¿Quién las castañas tiernas derrocaba

del árbol al subir dificultoso?

¿Quién en su limpia falda las llevaba?

»¿Cuándo en valle florido, espeso, umbroso590

metí jamás el pie, que dél no fuese

cargado a ti de flores y oloroso?

»Jurábasme, si ausente yo estuviese,

que ni el agua sabor, ni olor la rosa,

ni el prado hierba para ti tuviese.595

»¿A quién me quejo, que no escucha cosa

de cuantas digo, quien debría escucharme?

Eco sola me muestra ser piadosa;

»respondiéndome prueba conhortarme,[115]

como quien probó mal tan importuno;[116]600

mas no quiere mostrarse y consolarme.[117]

»¡Oh dioses! si allá juntos de consuno

de los amantes el cuidado os toca;

¡oh tú solo! si toca a solo uno,

»recebid las palabras que la boca605

echa con la doliente ánima fuera,

antes que el cuerpo torne en tierra poca.

»¡Oh náyades, de aquesta mi ribera[118]

corriente moradoras! ¡Oh napeas,

guarda del verde bosque verdadera![119]610

»Alce una de vosotras, blancas deas,

del agua su cabeza rubia un poco,

así, ninfa, jamás en tal se vea.

»Podré decir que con mis quejas toco

las divinas orejas, no pudiendo[120]615

las humanas tocar, cuerdo ni loco.

»¡Oh hermosas oréades, que teniendo

el gobierno de selvas y montañas,

a caza andáis por ellas discurriendo!

»Dejad de perseguir las alimañas;620

venid a ver un hombre perseguido,

a quien ni valen fuerzas ya ni mañas.

»¡Oh dríades, de amor hermoso nido,[121]

dulces y graciosísimas doncellas,

que a la tarde salís de lo escondido,625

»con los cabellos rubios, que las bellas

espaldas dejan de oro cobijadas,

parad mientes un rato a mis querellas!

»Y si con mi ventura conjuradas

no estáis, haced que sean las ocasiones630

de mi muerte aquí siempre celebradas.

»¡Oh lobos, oh osos, que, por los rincones

destas fieras cavernas escondidos,

estáis oyendo agora mis razones!

»Quedaos adiós, que ya vuestros oídos635

de mi zampoña fueron halagados,

y alguna vez de amor enternecidos.

»Adiós, montañas; adiós, verdes prados;

adiós, corrientes ríos espumosos;

vivid sin mí con siglos prolongados;640

»y mientras en el curso presurosos

iréis al mar a dalle su tributo,

corriendo por los valles pedregosos,

»haced que aquí se muestre triste luto

por quien, viviendo alegre, os alegraba645

con agradable son y viso enjuto.[122]

»Por quien aquí sus vacas abrevaba,

por quien, ramos de lauro entretejiendo,

aquí sus fuertes toros coronaba.»

Estas palabras tales en diciendo,650

en pie me alcé por dar ya fin al duro

dolor que en vida estaba padeciendo.

Y por el paso en que me ves te juro[123]

que ya me iba a arrojar de do te cuento,

con paso largo y corazón seguro,[124]655

cuando una fuerza súbita de viento

vino con tal furor, que de una sierra

pudiera remover el firme asiento.

De espaldas, como atónito, en la tierra

desde ha gran rato me hallé tendido;[125]660

que así se halla siempre aquel que yerra.[126]

Con más sano discurso en mi sentido,

comencé de culpar el presupuesto[127]

y temerario error que había seguido,

en querer dar con triste muerte al resto665

de aquesta breve vida fin amargo,

no siendo por los hados aún dispuesto.

De allí me fui con corazón más largo

para esperar la muerte, cuando venga

a relevarme deste grave cargo.670

Bien has ya visto cuánto me convenga,

que pues buscalla a mí no se consiente,

ella en buscarme a mí no se detenga.

Contado te he la causa, el acidente,

el daño y el proceso todo entero;675

cúmpleme tu promesa prestamente.

Y si mi amigo cierto y verdadero

eres, como yo pienso, vete agora;

no estorbes un dolor acerbo y fiero

al afligido y triste cuando llora.680


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