IV
OCTAVA RIMA
«Cristóbal de Castillejo, poeta de agudo ingenio en su tiempo, da el nombre depoetasolamente al nuestro —a Garcilaso— fol. 27 de sus obras, y da por suya, fol. 275, esta octava rima:
Y ya que mis tormentos son forzados,Aunque vienen sin fuerza consentidos¿Pues qué mayor alivio [a] mis cuidadosque ser por vuestra causa padecidos?Si como son por vos bien empleados,De vos fuesen, señora, conocidos,La más crecida angustia de mi penaSería de descanso y gloria llena.»
Y ya que mis tormentos son forzados,Aunque vienen sin fuerza consentidos¿Pues qué mayor alivio [a] mis cuidadosque ser por vuestra causa padecidos?Si como son por vos bien empleados,De vos fuesen, señora, conocidos,La más crecida angustia de mi penaSería de descanso y gloria llena.»
Y ya que mis tormentos son forzados,Aunque vienen sin fuerza consentidos¿Pues qué mayor alivio [a] mis cuidadosque ser por vuestra causa padecidos?Si como son por vos bien empleados,De vos fuesen, señora, conocidos,La más crecida angustia de mi penaSería de descanso y gloria llena.»
Y ya que mis tormentos son forzados,
Aunque vienen sin fuerza consentidos
¿Pues qué mayor alivio [a] mis cuidados
que ser por vuestra causa padecidos?
Si como son por vos bien empleados,
De vos fuesen, señora, conocidos,
La más crecida angustia de mi pena
Sería de descanso y gloria llena.»
(Don Tomás Tamayo de Vargas,Garcilaso de la Vega, Madrid, 1622, fol. 86 de las anotaciones.)