XXXIII

XXXIII

Mario, el ingrato amor, como testigo[386]de mi fe pura y de mi gran firmeza,usando en mí su vil naturaleza,que es hacer más ofensa al más amigo;teniendo miedo que si escribo o digo5su condición, abajo su grandeza,no bastando su fuerza a mi crueza,ha esforzado la mano a mi enemigo.Y así, en la parte que la diestra manogobierna, y en aquella que declara10el conceto del alma, fui herido.Mas yo haré que aquesta ofensa, carale cueste al ofensor, que ya estoy sano,libre, desesperado y ofendido.

Mario, el ingrato amor, como testigo[386]de mi fe pura y de mi gran firmeza,usando en mí su vil naturaleza,que es hacer más ofensa al más amigo;teniendo miedo que si escribo o digo5su condición, abajo su grandeza,no bastando su fuerza a mi crueza,ha esforzado la mano a mi enemigo.Y así, en la parte que la diestra manogobierna, y en aquella que declara10el conceto del alma, fui herido.Mas yo haré que aquesta ofensa, carale cueste al ofensor, que ya estoy sano,libre, desesperado y ofendido.

Mario, el ingrato amor, como testigo[386]

de mi fe pura y de mi gran firmeza,

usando en mí su vil naturaleza,

que es hacer más ofensa al más amigo;

teniendo miedo que si escribo o digo5

su condición, abajo su grandeza,

no bastando su fuerza a mi crueza,

ha esforzado la mano a mi enemigo.

Y así, en la parte que la diestra mano

gobierna, y en aquella que declara10

el conceto del alma, fui herido.

Mas yo haré que aquesta ofensa, cara

le cueste al ofensor, que ya estoy sano,

libre, desesperado y ofendido.


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