“Deja que nuestras dos almas,Pues un mismo amor las rige,Teniendo la union en poco,Amantes se identifiquen.Un espíritu amorosoNuestras dos vidas anime,Y Láchises al formarlasDe un solo copo las hile;Nuestros dos conformes pechosCon solo un aura respiren,Un destino nos gobierneY una inclinacion nos guie”.
“Deja que nuestras dos almas,Pues un mismo amor las rige,Teniendo la union en poco,Amantes se identifiquen.Un espíritu amorosoNuestras dos vidas anime,Y Láchises al formarlasDe un solo copo las hile;Nuestros dos conformes pechosCon solo un aura respiren,Un destino nos gobierneY una inclinacion nos guie”.
“Deja que nuestras dos almas,Pues un mismo amor las rige,Teniendo la union en poco,Amantes se identifiquen.
Un espíritu amorosoNuestras dos vidas anime,Y Láchises al formarlasDe un solo copo las hile;
Nuestros dos conformes pechosCon solo un aura respiren,Un destino nos gobierneY una inclinacion nos guie”.
¿Escuchais? Es Juana Ines quien deja escapar esas veces del corazon, esa melodía del amor.
Y estos no son los únicos ni los mas lucidos versos en que muestra su pasion: ¡oh, no! los hemos tomado á la ventura, reservándonos examinar mas adelante las mejores de sus poesías amorosas. Con todo, vienen muy á cuento las siguientes cuartetas para la materia que tratamos:
“Yo me ocuerdo (¡oh nunca fuera!)Que he querido en otro tiempo,Lo que pasó de locuraY lo que excedió de extremo.”“Tan precisa es la apetenciaQue á ser amados tenemos,Que aun sabiendo que es inútil,Nunca dejarla sabemos.”“Si es delito, ya lo digo;Si es culpa, ya la confieso;Mas no puedo arrepentirme,Por mas que hacerlo pretendo.”“Pero valor, corazon,Porque tan dulce tormento,En medio de cualquier suerte,No dejar de amar protesto.”
“Yo me ocuerdo (¡oh nunca fuera!)Que he querido en otro tiempo,Lo que pasó de locuraY lo que excedió de extremo.”“Tan precisa es la apetenciaQue á ser amados tenemos,Que aun sabiendo que es inútil,Nunca dejarla sabemos.”“Si es delito, ya lo digo;Si es culpa, ya la confieso;Mas no puedo arrepentirme,Por mas que hacerlo pretendo.”“Pero valor, corazon,Porque tan dulce tormento,En medio de cualquier suerte,No dejar de amar protesto.”
“Yo me ocuerdo (¡oh nunca fuera!)Que he querido en otro tiempo,Lo que pasó de locuraY lo que excedió de extremo.”
“Tan precisa es la apetenciaQue á ser amados tenemos,Que aun sabiendo que es inútil,Nunca dejarla sabemos.”
“Si es delito, ya lo digo;Si es culpa, ya la confieso;Mas no puedo arrepentirme,Por mas que hacerlo pretendo.”
“Pero valor, corazon,Porque tan dulce tormento,En medio de cualquier suerte,No dejar de amar protesto.”
He ahí una confesion que ha debido excusarnos de escribir la mitad de cuanto en este capítulo llevamos dicho: ¡Juana Ines amaba! No importa que no sepamos quien fué el dichoso mortal en quien fijó sus ojos esta eminente mujer; contentámonos de saber que fué apasionada en el amor, de entrever que no fué dichosa en él, de recelar que algun desengaño, alguna pérdida, alguna de esas hondas penas propias de las almas elevadas y vehementes, contribuyeron á llevarla al monasterio, asilo frecuente, aun en dias de vivos, delas desgracias que no tienen remedio en el mundo. Juana halló, queremos suponer, el consuelo que buscaba, y llegó talvez á disfrutar alguna felicidad: fué virtuosa, amaba el estudio; ya lo hemos dicho.
Poco tiempo despues de haberse colmado de gloria sosteniendo el certámen á que fué obligada, y ántes de haber llegado á los diez y ocho años de edad, tomó el velo en el monasterio de San Gerónimo de Méjico. Mas no por esto rompió del todo con el mundo: era una lámpara que Dios habia encendido para que puesta en alto alumbrara á todos los de la casa, y no para que fuese escondida debajo del celemin. La fama de su sabiduría la obligaba á vivir en comunicacion con las personas doctas y de encumbrada gerarquía; era un oráculo consultado por los vireyes, los prelados, los literatos y hombres científicos, nacionales y estranjeros, y por este medio participaba, mal su grado, de la vida social y profana que se agitaba allende los muros de su convento. Su sed de mayor sabiduría iba á par del brillo de su nombre y de la admiracion general de que era objeto, y doblaba el estudio y la meditacion. Sinembargo, no dejaba de cumplir con puntualidad sus deberes de monja, y como “la caridad erasu virtud reina,” buscaba y aprovechaba las ocasiones de ejercerla, ya por medio de oportunos consejos y advertencias, ya con ocultas limosnas, ya sirviendo hasta de enfermera en el monasterio. Lo que rehusó siempre, porque le gustaba ménos que estas santas ocupaciones, ó por juzgarlo como ocasion de malgastar el tiempo, fué tener mando en la comunidad: dos veces fué electa abadesa, y ambas renunció decididamente. Fué quizás tambien obra de humildad; mas sino lo fué, bien se comprende la razon que tendria para rechazar el dominio sobre una reducida grey de mujeres, quien habia llegado á dominar por la fuerza del ingenio sobre toda una sociedad lucida y numerosa.
El tino en la distribucion del tiempo lo dobla y hasta triplica, y como Sor Juana Ines era en todo cuerda y activa, despues de las horas gastadas en sus piadosas atenciones y en entender en los asuntos profanos que como á sabia y literata la encomendaban, las tenia, pues, largas para consagrarse á sus favoritas labores intelectuales y departir á solas con suscuatro mil amigosque habia logrado reunir en su biblioteca. Metida aquí, con leer y mas leer, estudiar y mas estudiar, como ella misma dice; teniendo por únicos maestros los libros y por condiscípulo el tintero, alcanzó mayor grado de perfeccion en las ciencias y artes que ya sabia, aprendió otras y escribió unas cuantas obras en prosa y verso.
Parece que su organismo hubiera sido hecho exprofeso para la observacion y la meditacion: cuando no tenia el libro en las manos, hallaba motivos de estudio en las personas que veía, en los objetos que la rodeaban, en el suelo que pisaba, en los ángulos de un aposento, en la luz, en el aire, en todo. “Paseábame, dice en una carta, en el testero de un dormitorio nuestro, que es una pieza muy capaz, y estaba observando que siendo las líneas de sus dos lados paralelas y su techo á nivel, la vista fingia que las líneas se inclinaban una á otra, y que el techo estaba mas bajo en lo distante que en lo próximo; de donde inferia que las líneas visuales corren rectas, pero no paralelas, sino que van á formar una figura piramidal. Y discurria si seria esta la razon que obligó á los antiguos á dudar si el mundo era esférico ó no; porque aunque lo parece, podia ser engaño de la vista, &.”
A nuestro juicio, aunque en el convento escribió muchas cosas profanas, las poesías eróticas deben referirse al tiempo anterior; pues si, como pensamos y tenemos por indudable, quiso ahogar en el claustro alguna desgraciada pasion, mal pudo haber atizado su dolencia en vez de remediarla. A lo ménos no era mujer que no pudiese hacer el sacrificio de cubrir en lo posible un sentimiento mundano con una piedad necesaria é imprescindible.
Pero monja era ya cuando se dieron á luz sus obras, y no una sino varias veces. En la tercera edicion del primer tomo se lee: “Corregida y añadida por su autora.” Si añadió y corrigió, no tuvo á bien por otra parte, suprimir los versos harto profanos y amorosos que desdecian de su estado. ¿Les juzgó inocentes, por ventura, en razon de ser hijos de un sentimiento verdadero? ¿Tuvo repugnancia de arrancar de su corona esas rosas brotadas en las huellas del amor? ¿Juzgó innecesario ocultar lo que ya el mundo conocia? Nada podemos contestar. Los editores dedicaron las obras de Sor Juana Ines “á la Soberana Emperatriz del cielo y tierra, María, nuestra Señora,” y esto sí se puede explicar: en aquellos tiempos en que la religiosidad española era nimia, porque era profunda la fe y suma la sencillez del espìritu, cuando gustaba algunlibro, por impregnado que estuviese de los miasmas de las pasiones terrenales, se le echaba la dedicatoria á la Virgen ó á un santo, ó cuando ménos se les invocaba, como para neutralizar el escándalo que debia producir la lectura. Esa incoherente muestra de devocion servia de tenaza para agarrar el ascua. ¡Inocentadas de otra edad! Pudo ser tambien esa costumbre precaucion para amortiguar el celo del Santo Oficio, que cierto no culparia de malicioso á quien invocaba un bendito nombre para dar á la estampa los desahogos del corazon ó los desbordes de la fantasía.
La publicacion del primer tomo de sus versos trajo muchos disgustos á Sor Juana. En medio de los elogios aparecieron amargas censuras; pero estas, mas que en los defectos de las obras, se fundaban en el disparatado concepto de que el estudio de las letras era incompatible con la condicion del sexo femenino, y mas todavía con el estado monacal. El númen poético de la jóven religiosa era especialmente objeto de serias contradicciones. “¿Quién no creerá, dice en la carta citada, viendo tan generales aplausos, que he navegado viento en popa y mar en leche, sobre las palmas de las aclamaciones comunes? PuesDios sabe que no ha sido muy así, porque entre las flores de esas mismas aclamaciones se han levantado y despertado tales áspides de emulaciones, cuantos no podré contar”... “Pues por la en mí dos veces infeliz habilidad de hacer versos, aunque fuesen sagrados, ¿qué pesadumbres no me han dado? ó ¿cuáles no me han dejado de dar?”
De tan necias acusaciones se defiende Sor Juana citando con oportunidad y gracia varias mujeres célebres por su sabiduría, tanto entre las gentiles como entre las cristianas, así en la antigüedad como en los tiempos modernos. Con no menor destreza y fundado raciocinio combate á los que, aferrados alMulieres in Ecclesia taccant, querian que dejase y condenase su aficion al estudio. ¡Salvaje pretension de la cual se vengó la sabia monja dando rienda á su ingenio! Llegó hasta privarse voluntariamente, cuanto le fué posible, de la sociedad de sus compañeras de claustro, por consagrarse mas y mejor á la lectura y la meditacion. Esto prefieren las almas grandes á la comunicacion con las almas vulgares.
Pero una de estas llegó a ser superiora de la comunidad, é inducida por alguno de los que se habian propuesto perseguir á Sor Juana Ines, la prohibió toda lectura y estudio. Entónces era cuando su ardiente imaginacion buscaba y hallaba hasta en los objetos triviales ocasion de meditar y aprender. “Si Aristóteles hubiera guisado, decia alegremente una vez, mucho mas hubiera escrito.” Sinembargo, su espíritu estaba reducido á una especie de ayuno, y el esfuerzo que hacia para buscarse alimento sin el auxilio de los libros, vino á quebrantar las fuerzas físicas, y la jóven cayó gravemente enferma. “Eran tan fuertes y vehementes mis cogitaciones, refiere ella misma, que consumian mas espíritus en un cuarto de hora, que el estudio de los libros en cuatro dias.” Por fortuna los médicos calaron el motivo de la dolencia. Tras el diagnóstico vino la aplicacion de la medicina, los libros: abriéronle la biblioteca á Sor Juana despues de tres meses de entredicho y se le abrieron las puertas de la vida. Suceso enteramente igual al que se refiere del Petrarca: el Obispo de Cavaillon, su amigo, quiso privarle de la mucha lectura y le encerró sus libros; el poeta cayó malo, y fué menester devolverle las llaves de su biblioteca para restituirle la salud perdida en el ocio forzado á que se le condenó. Mala muestra desus alcances dan los que piensan quesolo de pan vive el hombre. La falta de pan enflaquece y mata la materia, mas no el espíritu. La falta de estudio y de saber mata el espíritu y á veces el cuerpo; este recibe vigor de la influencia de aquel. La naturaleza, aunque no siempre, es verdad, establece de tal manera las relaciones de los dos, que para que la máquina corpórea no se desorganice es precisa mucha actividad en las potencias del alma. “En árbol donde se coje la ciencia, no se coje la vida: vida y ciencia no son frutos de un mismo tronco,” ha dicho un eclesiástico al tratar de la temprana muerte de Sor Juana Ines. Esas palabras encierran una verdad, pero no absoluta: si se han visto gastarse muchas vidas y disolverse al fuego de la ciencia, como la nieve á los rayos del sol, no son pocas las que se han sostenido apoyadas por el trabajo mental de todos los dias, y que se habrian agostado y hecho polvo al sentir la inaccion del espíritu.
Veintitres años de clausura llevaba nuestra poetisa; veintitres años empleados en continuar dando pábulo á su pasion por la sabiduría; pero se habia inclinado acaso mas de lo justo á las ciencias y literatura profanas, con cuyo motivo la aconsejabasu amiga la trinitaria Filotea que, sin dejar la lectura de los filósofos y poetas, se consagrase con preferencia á las letras divinas y á la práctica de la virtud; porque “ciencia que no alumbra para salvarse, Dios que todo lo sabe la califica por necedad.” “Lástima es que tan grande entendimiento, añade Sor Filotea, de tal manera se abata á las rateras noticias de la tierra, que no desee penetrar lo que pasa en el cielo.”
Algun tiempo despues, unos dos años ántes de su fallecimiento, se verificó en la vida de Sor Juana Ines un cambio radical y definitivo; se desprendió de su pasado, si asì podemos decir, rompió todos los lazos que la sujetaban á las profanidades de la tierra, se sobrepuso con voluntad heróica á la necesidad y á la costumbre del contacto con los doctos y grandes del mundo, y se dió completamente á la mística. Entónces, y no desde el principio de su clausura, como algunos han escrito, comenzó nuestra religiosa su vida de austeridad y penitencia. Cuál haya sido la causa de tan súbita y grande mudanza, no es posible decirlo con absoluta certeza. ¿Fué talvez la pérdida de alguna cara ilusion que guardaba en el secreto de su celda? ¿fué por entónces arrebatado de la muerte el amante, ya moralmente perdido para ella en la sociedad, pero todavía objeto del silencioso culto que un corazon ardiente no puede á veces dejar de rendir á su ídolo, aunque le vea caido ó sobre otro altar colocado? ¡Ay! de cuántas maneras, ademas de la muerte, se pierde lo que se ama, sin que se apague la pasion!... ¿Fué por ventura el orígen del cambio algun otro desengaño superior al que la obligó á cubrirse con las tocas monjiles, alguna demostracion inesperada de una de esas certidumbres crueles que restregan y allagan el delicado corazon de la mujer hasta matarlo? ¿fué el acìbar que derramaron en sus entrañas la murmuracion y la calumnia, eternas enemigas de la virtud y del saber? ¿fué el efecto que produjo al cabo la constante exhortacion de sus amigos que, como Sor Filotea y aun mas que ella, deseaban se entregase absolutamente á la contemplacion devota y práctica del rigor ascético? Cualquiera cosa que haya sido, la verdad es que se la vió trocada de sabia en santa. Su fervor para el estudio se convirtió en estremado celo por los ejercicios piadosos. Le parecia que hasta entónces habia vivido “no solo sin religion, sino peor que pudiera un pagano.”
Vendió su librería, cuyo precio distribuyó entre los pobres, cambió los instrumentos de las ciencias y su amada lira con los cilicios y la disciplina, y llegó su exaltacion en la via del ascetismo hasta firmar con su sangre la protestacion de fe con que dió principio á su santificacion. Siempre son así las almas apasionadas: no conocen la templanza, ó no la juzgan virtud; el fuego en que se encienden las impulsa á volar, á precipitarse, y ó se disparan al cielo ó se hunden al abismo, siempre con la presteza del rayo.
Era imposible que tamaña alteracion no amenguase la salud de la religiosa. Ya sabemos el efecto que la hizo la privacion temporal de sus libros; pues la misma causa y en mayor grado, debió traer funestas consecuencias. Tarde comprendió el confesor el daño que el exceso de penitencia traia á la madre Juana, y trató en vano de moderarla. Nunca fué demasiado robusta, y fácilmente vino á dar en achacosa.
Por el año de 1695 se introdujo en el monasterio de San Gerónimo una fiebre que diezmó terriblemente la comunidad. Buena ocasion se le ofreció á Sor Juana Ines para ejercer la caridad, y la aprovechó; pero su estenuacion y el contactofrecuente con las enfermas no tardaron en hacer que tambien se contagiase. Esta noticia alarmó y afligió á todo Méjico, y miéntras los mejores médicos agotaban su ciencia por salvar la vida de la insigne monja, las iglesias estaban llenas de gente que oraba por ella, se hacian rogativas públicas y las campanas tocaban plegarias. Todo fué inútil: Dios habia dispuesto apagar ese brillante lucero en la tierra para encenderlo en el cielo; el 17 de abril del mismo año no quedaban de la Décima Musa sino el cuerpo inanimado, próximo á convertirse en polvo, y el nombre venerado por sus compatriotas y expuesto, no obstante, á ser presa de la ingratitud y del olvido.
Las exequias que se le hicieron fueron suntuosas, y es grande el número de poesías que en América y España se escribieron en su elogio.
VI
Sor Juana Ines de la Cruz, segun su gran talento, vasta instruccion y rara facilidad de producirse, escribió relativamente poco. Sinembargo, dejó muy considerable número de poesías líricas, unas cuántas loas, género á la moda en su tiempo,varios autos y dos comedias. Entre las primeras están incluidos muchos villancicos, graciosos juguetes destinados al canto y que bien pudieran llamarse populares.
Sus obras en prosa son cortas en número y extension: un juicio crítico, ó sea crísis sobre un sermon, una carta á Sor Filotea, la descripcion de un arco triunfal, y varias oraciones y ejercicios piadosos.
El todo forma tres tomos en cuarto menor, debiendo advertirse que el ùltimo, que lleva el título de “Fama y obras póstumas del Fénix de Méjico &,” contiene como una tercera parte de prosa y versos de otros autores en alabanza de la poetisa.
Hemos apuntado en otra página que Juana Ines vino por desgracia al mundo en los dias nefastos para la literatura española, como una flor que debió nacer en la primavera y nació en el invierno cuyo cierzo le arrebató buena parte de su fragancia.
El mal gusto que apareció en la Penìnsula y se desenvolvió á la sombra de la fama de Góngora y con el poderoso esfuerzo de su mal empleado ingenio, fué una plaga universal: Italia, Francia é Inglaterra no pudieron librarse de ella; sibien no fué de tanta magnitud ni tan prolongado el feo achaque en estas naciones como en la desgraciada España, donde, por consiguiente, causó mayores estragos. Fué acaso porque Marini, Ronsard y John Lilly se quedaron muy atras del innovador cordovés en punto á grandeza y vigor de talento.
El trato asiduo de los clásicos latinos era comun á españoles é italianos, ingleses y franceses. Creyeron todos ellos que no era dable hallar ninguna otra fuente de bellezas literarias, y la falta de cordura en los estudios á que se aplicaron les produjo, si se puede hablar así, una indigestion de latinismo. De aquí nacieron, no solamente el prurito de dar al lenguaje un giro y saborete ajenos de su propia índole, sino los ridículos relumbrones del estilo, aquel extraño tejido de extrañas frases, aquel hacinamiento de oscuras imágenes y torcidos conceptos, aquella afectacion y pedantería insoportables en todo y por todas maneras.
Los maestros del clasicismo fueron y son excelentes, y ántes como despues de la invasion del mal gusto que bosquejamos, tuvieron discìpulos que, siguiéndolos paso tras paso, llegaron á alcanzar alta nombradía. Comprendieron muy bienque la literatura clásica es esencialmente imitadora, y nunca se atrevieron á partir por otros caminos que por los trazados y conocidos. Pero asomaron ciertos ingenios que dieron en la singular locura de querer mostrarse originales sin dejar de ser copistas. Como tal pretension era imposible de realizar, los esfuerzos de todos ellos produjeron lo que debieron producir: adefesios y tonterías que les dieron, tras un momentáneo aplauso, descrédito perpetuo.
Bien examinada la historia de la literatura española, la escuela culterana tuvo sus principios algun tiempo ántes de la aparicion de Góngora, y siendo este muy jóven todavía, el justamente afamado Herrera presentó, como observa M. Ticknor, algunos gérmenes del dañado gusto que mas tarde habia de ser tan extenso y poderoso. Góngora alcanzó la funesta honra, si honra puede llamarse aunque funesta, de hacer que esos gérmenes se desarrollasen y convirtiesen en el àrbol de hondas raices y tendidas ramas que tomó el nombre degongorismo.
Llegó á tal preponderancia el mal, que hubo tiempo en que su cerrazon no dejó traslucir luz ninguna en las regiones de la poesía española. Sor Juana Ines de laCruz floreció noventa años despues de Góngora, y habria sido maravilla no verla contaminada de los vicios dominantes que la rodearon desde el instante en que pisó los campos literarios.
Sinembargo, no fué del todo culterana, sino que participó de la secta conceptista y sutilmente artificiosa anterior á Góngora. El carácter de las locuras de este innovador se ve fielmente trasladado alSueñoque, imitándole, escribió nuestra monja. Cosa no extraña, por cierto, la autora daba preferencia al incomprensibleSueño, largo y asaz enojoso, sobre sus demas producciones, y el mismo aprecio mereció de losentendidosde su tiempo. Uno de estos dice elogiándole:
“Lo enfático á vuestroSueñoCedió Góngora, y corridoSe ocultó en lasSoledades,De los que quieren seguirlo.”
“Lo enfático á vuestroSueñoCedió Góngora, y corridoSe ocultó en lasSoledades,De los que quieren seguirlo.”
“Lo enfático á vuestroSueñoCedió Góngora, y corridoSe ocultó en lasSoledades,De los que quieren seguirlo.”
En verdad, la discípula venció al maestro: nos parecen ménos oscuras lasSoledadesque elSueño. Otro elogiador desea que tamaña maravilla tenga un hábil intérprete que la desenmarañe, y un tercer apasionado ensalza, por fin, las perífrasis, fantasías y sutilezas “con que hubopor fuerza de salir profundo (elSueño,) y por consecuencia difícil de entender para los que pasan las honduras por oscuridad.”
Al saberse que Sor Juana Ines participò de los defectos y vicios de los cultos y conceptistas, fácil es juzgar cuál sea el carácter censurable de sus poesías; pero, ademas, se nota en muchas de ellas una fastidiosa erudicion histórica y mitológica, la aplicacion inoportuna de términos científicos y artísticos, falta de nobleza en varios asuntos, que no tienen otro objeto que dar años á los vireyes y grandes, derramando á manos llenas la adulacion; cansada monotonía en largos trozos; hasta prosaismo, flojedad, carencia de armonía en no pocos versos, y bastantes descuidos en el lenguaje, con ser, por lo general, puro y castizo en la fácil pluma de Sor Juana. No debemos pasar por alto en esta breve censura el mal gusto de introducir trozos burlescos en las piezas mas serias, y hasta puerilidades ridículas. En un villancico á San Pedro Apóstol hay unas coplas que comienzan con esta:
“Válgame elSancta Sanctorum,Porque mi temor corrija:Válgame todo el Nebrija,Con elThesaurus verborum.Este sí esgallo gallorumQue ahora cantar oì,Qui qui riquí.”
“Válgame elSancta Sanctorum,Porque mi temor corrija:Válgame todo el Nebrija,Con elThesaurus verborum.Este sí esgallo gallorumQue ahora cantar oì,Qui qui riquí.”
“Válgame elSancta Sanctorum,Porque mi temor corrija:Válgame todo el Nebrija,Con elThesaurus verborum.Este sí esgallo gallorumQue ahora cantar oì,Qui qui riquí.”
En otros villancicos dedicados á San Pedro Nolasco, se halla un diálogo que empieza:
“Hodie Nolascus divinusIn cœlis est collocatus.Yo no tengo asco del vino,Que ántes muero por tragarlo.”
“Hodie Nolascus divinusIn cœlis est collocatus.Yo no tengo asco del vino,Que ántes muero por tragarlo.”
“Hodie Nolascus divinusIn cœlis est collocatus.Yo no tengo asco del vino,Que ántes muero por tragarlo.”
Otras veces imita el dialecto de los negros esclavos, ó bien mezcla la lengua española con la mejicana, y en fin, profana á un tiempo su propio talento y el asunto mas digno de veneracion con despropósitos y miserias de la laya, increibles en una escritora como Sor Juana Ines, tan llena de prendas intelectuales y de claro juicio.
Quizás tantos y tan graves defectos hayan dado ocasion á juzgar que ha sido inmerecida la fama de nuestra monja; pero, con venia del lector, comenzaremos la defensa de ella aplicando al caso un verso del célebre Quintana, sin masque el cambio de un nombre: todos esos mortales pecados literarios,
“Crímen fueron del tiempo, no deJuana.”
En todos los escritos de esta, hasta en algunos de los mas defectuosos, se trasluce un talento nada comun. Su corazon de mujer espiritual y de mundo al mismo tiempo, fué ardiente y apasionado, y desde su fondo brotaban centenares de versos llenos de aquel no se qué inexplicable que se comunica á otros corazones, y no pertenece ni á las calidades del ser material ni al vulgo de los poetas: es la poesía hija de una naturaleza superior, y que se manifiesta sin esfuerzo ninguno dominando al arte, no la poesía que necesita del arte para levantarse y dominar. Su pensamiento es profundo, y cuando se muestra desembarazado de los defectos de la forma, agrada generalmente y deja impresion duradera en el ánimo. Su imaginacion rica, flexible é inquieta, bien pudiera compararse con el céfiro, con el colibrí, con la abeja: vuela entre las flores, besándolas, halagándolas, esparciendo á veces sus pétalos por el suelo, y siempre hurtándoles el aroma y la miel. Sinembargo, se distingue con frecuencia cierta gravedad en el fondo de sus poesías, gravedad que proviene de su tendenciacongénita á pasar de la superficie al centro de las cosas: del color de las rosas á la esencia; de la armonía á la causa que la produce; de las bellezas del cuerpo á las del espíritu; de las condiciones de la vida material á la filosofía moral. Sor Juana Ines comprendió muy bien que la poesía no era para el deleite pasajero de un sentido externo, sino para seducir y avasallar el alma á fuerza de estimular sus afectos, de hacerlos arder, de hacerlos hervir al sagrado fuego de las musas. Quien no consigue producir tales efectos, no es poeta; quien permanece frio al influjo del poeta, es un desdichado de alma de trapo.
La asombrosa facilidad de versificar llevó á Sor Juana á emplear gran número de metros, cual si á posta hubiese querido jugar con todas sus dificultades; mas de aquí, de esta confianza absoluta en su facultad métrica, vino el que muchas veces obrase con descuido ó negligencia.
El mérito mas bien fundado de la poetisa se halla en sus producciones líricas; y entre estas las mas lucidas son aquellas en que ha espresado afectos amorosos y tiernos, de donde ha nacido que la juzgásemos tocada del fuego de Eloisa, porque nos parece de todo punto imposible que,sin sentirla, se pinte bien una pasion. El amor no se finge, y si se finge nunca se le puede pintar como verdadero: al traves de todos los lineamentos y de todos los colores se descubre el esqueleto del engaño que no puede alucinar si no es á quien quiere alucinarse. Quizás algunas veces se poetise obligado por ajena voluntad, como asegura Sor Juana; pero si en la obra no entra el albedrio del escritor, sí entran por cierto su afecto y pensamiento, porque son los materiales de que por fuerza ha de valerse, so pena de producir una obra chavacana que le desconceptúe.
En todas, ó casi en todas las poesías del género de las que nos ocupan, ha esparcido Sor Juana Ines cierto tinte de dulce melancolía que sirve tambien de confirmacion á nuestras sospechas y juicios y de verdadera disculpa á su encierro en el claustro, en tan temprana edad y con manifiesta violencia de su carácter. Podríamos citar muchos versos en testimonio de nuestro aserto. Véase á lo ménos el soneto que comienza con este cuarteto:
“Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,Como en tu rostro y tus acciones viaQue con palabras no te convencia,Que el corazon me vieses deseaba.”
“Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,Como en tu rostro y tus acciones viaQue con palabras no te convencia,Que el corazon me vieses deseaba.”
“Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,Como en tu rostro y tus acciones viaQue con palabras no te convencia,Que el corazon me vieses deseaba.”
En todo él está pintada la pasion con pinceladas vivas y conmovedoras. Véase tambien el soneto tercero de la coleccion que va en seguida, en el que despues de una dulce y tierna queja, parece que la poetisa alcanza un instante de consuelo y prorrumpe estos bellos versos:
“No sé conqué destino prodigiosoVolví en mi acuerdo y dije: ¿Qué me admiro?¿Quién en amor ha sido mas dichoso?”
“No sé conqué destino prodigiosoVolví en mi acuerdo y dije: ¿Qué me admiro?¿Quién en amor ha sido mas dichoso?”
“No sé conqué destino prodigiosoVolví en mi acuerdo y dije: ¿Qué me admiro?¿Quién en amor ha sido mas dichoso?”
Pero sobre todo, el alma de la jóven está retratada con toda la fuerza del amor concentrado que la abrumaba, en el bellìsimo soneto cuarto, que comienza:
“¡Detente sombra de mi bien esquivo!”
¿Puede espresarse de la manera que lo hace Sor Juana en estos versos quien no se siente penetrado de una vivísima pasion? ¡Oh, no! Si así fuera, tendríamos que convenir con un absurdo, con que el arte que sabe concertar las palabras y producir la armonía, tiene tambien la virtud de arrancar del corazon afectos que no conoce. ¡Oh, no! repetimos; quien pretenda convencernos enséñenos los granos de oro extraidos de una mina de hulla.
Otras veces la poetisa, en aquel estado del alma enamorada en que la sacudenal mismo tiempo el deseo y el temor, la desconfianza y la indecision, pinta los afectos de la pasion con desenfado y melancólica gracia, como en las cuartetas que comienzan:
“Este amoroso tormentoQue en mi corazon se ve,Sé que lo siento, y no séLa causa por qué lo siento.“Siento una grave agonìaPor lograr un devaneo,Que empieza como deseoY acaba en melancolía.”
“Este amoroso tormentoQue en mi corazon se ve,Sé que lo siento, y no séLa causa por qué lo siento.“Siento una grave agonìaPor lograr un devaneo,Que empieza como deseoY acaba en melancolía.”
“Este amoroso tormentoQue en mi corazon se ve,Sé que lo siento, y no séLa causa por qué lo siento.
“Siento una grave agonìaPor lograr un devaneo,Que empieza como deseoY acaba en melancolía.”
En las endechas se siente el mismo calor, se percibe el mismo aroma, se oye la misma voz apasionada. En una de ellas dice:
“De tu rostro en el mioHaz amorosa estampa,Y mis mejillas fríasDe ardiente llanto baña.”...........Recibe de mis labiosEl que en mortales ansiasEl exánime pechoUltimo aliento exhala!”
“De tu rostro en el mioHaz amorosa estampa,Y mis mejillas fríasDe ardiente llanto baña.”...........Recibe de mis labiosEl que en mortales ansiasEl exánime pechoUltimo aliento exhala!”
“De tu rostro en el mioHaz amorosa estampa,Y mis mejillas fríasDe ardiente llanto baña.”...........Recibe de mis labiosEl que en mortales ansiasEl exánime pechoUltimo aliento exhala!”
En los “Sentimientos de una ausencia” y la “Satisfaccion á unos celos,” se miran, prescindiendo de algunos de los defectos de que ya hemos hablado, abundantes oleadas de amor y sentimiento que conmueven y arrebatan. Rasgos como los siguientes hay varios en la primera de esas poesías:
“Si ves el cielo claro,Tal es la sencillez del alma mia;Y si, de azul avaro,De tinieblas se emboza el claro dia,Es con su oscuridad y su inclemenciaImágen de mi vida en esta ausencia.Mas ¿cuándo ¡ay gloria mia!Mereceré gozar tu luz serena?¿Cuándo llegará el diaQue pongas dulce fin á tanta pena?¿Cuando veré tus ojos, dulce encanto,Y de los mios secarás el llanto?
“Si ves el cielo claro,Tal es la sencillez del alma mia;Y si, de azul avaro,De tinieblas se emboza el claro dia,Es con su oscuridad y su inclemenciaImágen de mi vida en esta ausencia.Mas ¿cuándo ¡ay gloria mia!Mereceré gozar tu luz serena?¿Cuándo llegará el diaQue pongas dulce fin á tanta pena?¿Cuando veré tus ojos, dulce encanto,Y de los mios secarás el llanto?
“Si ves el cielo claro,Tal es la sencillez del alma mia;Y si, de azul avaro,De tinieblas se emboza el claro dia,Es con su oscuridad y su inclemenciaImágen de mi vida en esta ausencia.
Mas ¿cuándo ¡ay gloria mia!Mereceré gozar tu luz serena?¿Cuándo llegará el diaQue pongas dulce fin á tanta pena?¿Cuando veré tus ojos, dulce encanto,Y de los mios secarás el llanto?
Esta composicion nos trae á la memoria la celebrada cancion de Mira de Améscua, que presenta tantos objetos de la naturaleza como símiles de las diversas faces de su triste suerte.
De igual mérito es la segunda de las piezas citadas. ¡Qué pasion, qué ternuratan inocente, qué vigor de espresion la de este par de estrofas!
“Si otros ojos he visto,Mátenme, Fabio, tus airados ojos;Si á otro cariño asisto,Asìstanme implacables tus enojos;Y si otro amor del tuyo me divierte,Tú que me has dado vida, me des muerte.Si á otro alegre he mirado,Nunca alegre me mires ni me vea;Si le hablé con agrado,Eterno desagrado en tí posea;Y si otro amor inquieta mi sentido,Sáquesme el alma tú que mi alma has sido.”
“Si otros ojos he visto,Mátenme, Fabio, tus airados ojos;Si á otro cariño asisto,Asìstanme implacables tus enojos;Y si otro amor del tuyo me divierte,Tú que me has dado vida, me des muerte.Si á otro alegre he mirado,Nunca alegre me mires ni me vea;Si le hablé con agrado,Eterno desagrado en tí posea;Y si otro amor inquieta mi sentido,Sáquesme el alma tú que mi alma has sido.”
“Si otros ojos he visto,Mátenme, Fabio, tus airados ojos;Si á otro cariño asisto,Asìstanme implacables tus enojos;Y si otro amor del tuyo me divierte,Tú que me has dado vida, me des muerte.
Si á otro alegre he mirado,Nunca alegre me mires ni me vea;Si le hablé con agrado,Eterno desagrado en tí posea;Y si otro amor inquieta mi sentido,Sáquesme el alma tú que mi alma has sido.”
Lector, pon la mano sobre el corazon, y si no le sientes agitado despues de la lectura de esos versos, confiesa que le tienes de mármol.
En otras composiciones finge la poetisa el dolor de una mujer que ha perdido á su esposo, y da paso franco á un torrente de llanto y llamas que no puede contener en el propio corazon. Comienza con estos muy significativos y valientes versos.
“A estos peñascos rudos,Mudos testigos del dolor que siento,Que solo siendo mudosPudiera yo fiarles mi tormento,...........Quiero contar mis males, &.”
“A estos peñascos rudos,Mudos testigos del dolor que siento,Que solo siendo mudosPudiera yo fiarles mi tormento,...........Quiero contar mis males, &.”
“A estos peñascos rudos,Mudos testigos del dolor que siento,Que solo siendo mudosPudiera yo fiarles mi tormento,...........Quiero contar mis males, &.”
Espresa luego en medio de un dolor delirante que, para mitigarle con la memoria de algun mal, habria querido que el esposo hubiese sido ménos amable y ménos fiel. Exajeracion hay sin duda en el pensamiento, pero mucha verdad en el modo de espresarlo:
“¡Quién tan dichosa fueraQue de un agravio indigno se quejara!”¡Quién un desden llorara!¡Quién un alto imposible pretendiera!¡Quién llegara de ausencia ó de mudanzaCasi á perder de vista la esperanza!¡Quién en ajenos brazosViera á su dueño, y con dolor rabiosoSe arrancara á pedazosDel pecho ardiente el corazon celoso!”
“¡Quién tan dichosa fueraQue de un agravio indigno se quejara!”¡Quién un desden llorara!¡Quién un alto imposible pretendiera!¡Quién llegara de ausencia ó de mudanzaCasi á perder de vista la esperanza!¡Quién en ajenos brazosViera á su dueño, y con dolor rabiosoSe arrancara á pedazosDel pecho ardiente el corazon celoso!”
“¡Quién tan dichosa fueraQue de un agravio indigno se quejara!”¡Quién un desden llorara!¡Quién un alto imposible pretendiera!¡Quién llegara de ausencia ó de mudanzaCasi á perder de vista la esperanza!
¡Quién en ajenos brazosViera á su dueño, y con dolor rabiosoSe arrancara á pedazosDel pecho ardiente el corazon celoso!”
¡Qué versos todos! pero especialmente ¡qué versos los cuatro últimos! son brasas desprendidas de la hoguera del corazon. Espronceda nos habia sorprendido con su esclamacion en el “Canto á Teresa:”
“Huid, si no quereis que llegue un dia,En que enredado en retorcidos lazosEl corazon, con bárbara porfíaLucheis por arrancároslo en pedazos.”...........“Yo escondo con vergüenza mi quebranto,Mi propia pena con mi risa insulto,Y me divierto en arrancar del pechoMi mismo corazon pedazos hecho;”
“Huid, si no quereis que llegue un dia,En que enredado en retorcidos lazosEl corazon, con bárbara porfíaLucheis por arrancároslo en pedazos.”...........“Yo escondo con vergüenza mi quebranto,Mi propia pena con mi risa insulto,Y me divierto en arrancar del pechoMi mismo corazon pedazos hecho;”
“Huid, si no quereis que llegue un dia,En que enredado en retorcidos lazosEl corazon, con bárbara porfíaLucheis por arrancároslo en pedazos.”...........“Yo escondo con vergüenza mi quebranto,Mi propia pena con mi risa insulto,Y me divierto en arrancar del pechoMi mismo corazon pedazos hecho;”
pero los quilates de estos versos han rebajado bastante, á nuestro juicio, desde el punto en que hemos dado con los de la vehemente religiosa.
Basta para nuestro propósito lo que dejamos citado. Quien desee mas pruebas, lea las varias poesìas de carácter erótico en la compilacion que hemos formado de lo mas florido de las producciones de Sor Juana Ines. Solo falta que digamos, porque nos cumple decirlo, que en aquellas poesías tan apasionadas, tan fogosas, tansájicaspor el espíritu que las anima, no obstante que desdicen del estado religioso de su autora, no hay desenvoltura repugnante, no hay aquel sensualismo pagano que, por ejemplo, se ha censurado en la monja portuguesa, Violante de Ceo, coetánea de Sor Juana Ines. Si esta poetisó movida por un sentimiento puramente humano, nunca consintió que llegasen á su lira los dedos de la inmunda lascivia. Fué monja contra la naturaleza de su genio, y escribió para fuera del convento. Su espíritu se escurrió al mundo por entre las rejas del locutorio; mas el espíritu del mundo no la extravió ni manchó jamas. Sus virtudes de monja, aunque en todo caso virtudes, fueron adquiridas por fuerza; sus virtudes seculares, excelentes para la vida social y activa, fueron espontáneas; en estas tuvo el mérito de la docilidad para seguirlas y de la sinceridad de mostrarlas sin ofender la modestia; en aquellas tuvo el mérito del valor y del sacrificio, pues que tuvo que luchar consigo misma: las poseyó por derecho de conquista. De esta manera se esplica por qué su musa, mal avenida con la toca, prescindió con frecuencia de las virtudes ascéticas y respetó las sociales. Las primeras la obligaban á contradecir, á condenar sus afectos, y esto era imposible; las segundas podian santificar esos afectos quitándoles todo veneno corruptor, y á esa causa las dió preferencia.
No son ménos recomendables las demas poesías líricas de Sor Juana Ines, pues en todas ellas se ve patente su privilegiado ingenio y las dotes de su varonil al parque afectuoso corazon. Inclinada al tono cortesano, la gracia y el donaire le son naturales. La monotonía, la flojedad, el prosaismo, la vulgaridad que atras condenamos, son mucho ménos frecuentes en este género que en el dramático, y son asombrosos la habilidad y el garbo masculino y señoril con que se desembaraza de las mayores dificultades del arte y del pensamiento. Ha escrito buenos romances hasta en el frívolo género de la lisonja en los cumpleaños y otras felicitaciones; en algunos luce el sencillo y fácil lenguaje epistolar manejado con notable maestría. Su tino y delicadeza al espresarse en el seno de la amistad son admirables. Citemos como muestra el soneto en versos agudos que empieza:
“En mi vida, que siempre tuya fué,” y que está dedicado á la marquesa de Mancera. Los dos sonetos á la muerte del duque de Veráguas, por desgracia no de los mejores como artìsticos, en el fondo encierran imágenes bellas y muy delicadas ideas. El cuarteto con que comienza el primero nos parece muy bueno:
“Ves, caminante: en esta triste piraLa potencia de Jove está postrada;Aquí Marte rindió su fuerte espada,Aquí Apolo rompió su dulce lira.”
“Ves, caminante: en esta triste piraLa potencia de Jove está postrada;Aquí Marte rindió su fuerte espada,Aquí Apolo rompió su dulce lira.”
“Ves, caminante: en esta triste piraLa potencia de Jove está postrada;Aquí Marte rindió su fuerte espada,Aquí Apolo rompió su dulce lira.”
Los dos versos con que termina el segundo nos atrevemos á calificarlos de ricas perlas: despues de lamentarse la poetisa derigiéndose á un caminante (¡siempre ha de ser caminante el que lea un epitafio!), se consuela al considerar que vivirá la memoria del noble duque, pues
“En las piedras verás elAquí yace,Mas en los corazones,Aquí vive.”
“En las piedras verás elAquí yace,Mas en los corazones,Aquí vive.”
“En las piedras verás elAquí yace,Mas en los corazones,Aquí vive.”
Entre las cualidades que mas llaman la atencion al leer las obras de la musa mejicana, no debemos olvidar tampoco el gran conocimiento que muestra del corazon humano, y la tendencia que de aquì le viene á filosofar, indagando ya la naturaleza de las pasiones, ya sus consecuencias, ó bien examinando y pesando los sucesos de la vida con seso y pulso superiores á su sexo y al tiempo y tierra en que vivió. Como prueba de esta verdad, ahí están sus cuartetas “A los hombres,” en que con estilo severo y lógica percuciente les echa en cara su indigno porte con las mujeres, de cuyas faltas y vicios ellos son responsables ante Dios y la sociedad; ahí están igualmente varios de sus sonetos, como el que comienza:
“Fabio, en el ser de todos adoradasSon todas las beldades codiciosas,”
“Fabio, en el ser de todos adoradasSon todas las beldades codiciosas,”
“Fabio, en el ser de todos adoradasSon todas las beldades codiciosas,”
el cual encierra una leccion maestra sobre la ambicion de las mujeres en lo tocante al amor. El soneto X,
“Miró Celia una rosa que en el prado &, es otro estudio muy acertado del corazon femenino. No son ménos notables los sonetos históricos “A Lucrecia,” “La esposa de Pompeyo” y “A Porcia.” El temple de alma de estas heroinas de la antigua Roma halló correspondencia en el alma de Sor Juana Ines, que á no haber tenido virtudes cristianas, no le habrían faltado las nobles prendas de aquellas mujeres.
Ahí están, por ùltimo como pruebas de nuestro sentir, unos cuantos trozos en los versos y en la prosa, que puede ir observando el atento lector.
En las poesías religiosas es inferior la monja, mas en ningun caso despreciable. Lo que mas se presta á la censura es el haber empleado en ellas un lenguaje profano, y á veces hasta chocarrero. Las mejores son las que produjo cuando, despues de haber vendido su librería y dado completamente de mano á las cosas del mundo, se entregó fervorosa á las prácticas devotas. Al principio de esta época debe referirse el bello romance que comienza con estas dos fàciles y sentidas cuartetas:
“Miéntras la gracia me excitaPor levantarme á la esfera,Mas me abate á lo profundoEl peso de mis miserias.“La virtud y la costumbreEn el corazon pelean,Y el corazon agonizaEn tanto que lidian ellas.”
“Miéntras la gracia me excitaPor levantarme á la esfera,Mas me abate á lo profundoEl peso de mis miserias.“La virtud y la costumbreEn el corazon pelean,Y el corazon agonizaEn tanto que lidian ellas.”
“Miéntras la gracia me excitaPor levantarme á la esfera,Mas me abate á lo profundoEl peso de mis miserias.
“La virtud y la costumbreEn el corazon pelean,Y el corazon agonizaEn tanto que lidian ellas.”
En este romance se ve ciertamente que el corazon de la sensible religiosa sirviò de palestra á la lucha de encontrados afectos, y, triunfe cualquiera de ellos, por demas seguro era que el corazon quedaría mal parado.
Un villancico ligero y gracioso al sueño de San José, da principio con un pensamiento semejante al de “La flor de Zurguen” de Meléndez Valdes:
“Quietos, airecillos,No, no susurreis;Mirad que descansaUn rato José.“No, no os movais,Oh no, no voleis;Quedito, pasito,Que duerme José.”
“Quietos, airecillos,No, no susurreis;Mirad que descansaUn rato José.“No, no os movais,Oh no, no voleis;Quedito, pasito,Que duerme José.”
“Quietos, airecillos,No, no susurreis;Mirad que descansaUn rato José.
“No, no os movais,Oh no, no voleis;Quedito, pasito,Que duerme José.”
En el género de poesìa que nos ocupa empleaba algunas veces nuestra monja el metro llamadolira, hoy en desuso, y que en composiciones de corto aliento no deja de ser agradable, porque entónces la repeticion cadenciosa de ciertas palabras no fastidia, como tampoco es fastidioso el compasado martilleo del mismo verso en la letrilla, tan usada por los poetas modernos.
Sor Juana, versada en el latin, no solo tradujo versos de esta lengua, sino que los hizo con soltura y donaire.
La poesía juguetona y burlesca ocupó tambien con frecuencia la lira de la célebre poetisa. Se chancea de las simplezas de un caballero español que la comparó con el ave Fénix, echa unas cuantas pullas á un poeta peruano[D]que le dedicó un romance, y burlándose con sorprendente facilidad de los consonantes forzados en varios sonetos, lanza agudas saetas ya contraTeresilla, ya contra los mismos que la tentaron con la dificultad que acepta y vence; saetas que, en puridad, habria sido mejor que no todas saliesen de su aljaba, porque hieren demasiado... En el “Retrato de una belleza,” imitacion de Jacinto Polo, segun la misma autora, hay algunos rasgos satíricos bastante felices; pero cansa y fatiga su demasiada extension.
Los epigramas son breves y agudos. Los mas recomendables son el primero y el tercero; mas de las ideas que encierran decimos lo que de aquellas saetas, pues no nos parecen dignas de una monja, ni siquiera propias de una dama de la delicadeza y pulcritud de corazon de Juana Ines. Tenemos, por lo mismo, que apreciarlos prescindiendo de la autora, de cuya pluma no quisiéramos ver destilar ni una sola gota de acíbar.
De las comedias, “Amor es mas laberinto,” que pertenece al género heróico, es un embrollo inverosímil y pesado, que no tiene otra cosa recomendable si no es, por lo general, su bella y delicada versificacion. El segundo acto es obra de don Juan de Guevara, y colocado entre el primero y tercero de Sor Juana Ines, hace el efecto de una piedra pómez entre dos trozos de mármol. El lirismo que predomina en todas las poesías de la monja,se estiende á sus composiciones dramáticas, y es quizá mas notable en la comedia que nos ocupa.
La segunda intitulada “Los empeños de una casa,” y que pertenece á las de capa y espada, vale mucho mas, aunque el artificio de la trama la hace tambien en muchas partes inverosìmil de puro enredado, defecto muy frecuente, á nuestro ver, hasta en varias de las mejores piezas dramáticas españolas de aquel siglo y del siguiente. El exceso de ingenio perjudicaba á sus autores, como perjudica á los árboles la exuberancia de savia.
Es de notar que en la pintura de doña Leonor hecha en la primera jornada de esta pieza, se descubre el intento de la autora de hacer su propio retrato.
En ambas comedias observamos que la poetisa gusta de escenas en la noche y á media luz para facilitar los toques cómicos ó dramáticos, ó el desenlace de algun punto muy complicado; en ambas asimismo hay doncellas y graciosos de tipo muy español, que sirven de confidentes y pajes á los principales protagonistas. En fin, por defectuosas que sean, no se puede desconocer en ellas la escuela á que pertenecen y la hábil mano que las ha trazado.
En punto á caracteres, aunque Sor Juana Ines los ha sostenido bien, no ha pintado ninguno que se distinga por la originalidad; y son, ademas, escasos de vivacidad y movimiento en las pasiones, y bastante pálidos é insustanciales.
Con todo, “Los empeños de una casa” se lee con mucho agrado, á beneficio de la flexibilidad y gracia del estilo, y de la soltura y armonía del verso.
El argumento, desembarazado de sus numerosos incidentes y reducido á su plan fundamental, queda así: don Pedro y don Cárlos son á un tiempo amantes de doña Leonor, quien corresponde al segundo. Doña Ana, hermana del primero, es amada de don Juan; mas se prenda ciegamente de don Cárlos. Este ha robado á Leonor y fuga con ella; pero don Pedro lo ha sabido con anticipacion, y merced á las arterías que emplea, son sorprendidos en la calle por dos embozados. Se cruzan los aceros, don Cárlos hiere á uno de ellos; los amantes son presos por la supuesta justicia, y doña Leonor es entrada y puesta en depósito en casa de don Pedro, como este lo habia dispuesto. Pero, sin saberlo ella, don Cárlos, que ha logrado fugar, cae tambien en la misma casa. Ambos hermanos aprovechan la coyuntura, y don Pedro requiere á doña Leonor, y doña Ana á don Cárlos, aunque esta con disimulo y maña, procurando al mismo tiempo, por medio de la astuta Celia, su doncella, romper los amores de él con Leonor, quien sencillamente le instruyó de ellos. Despues de un intrincado laberinto de hechos, por obra de las tramas de doña Ana y Celia, y de los recíprocos celos de todos los amantes, incluso don Juan que ya sospecha de aquella, fugan por la noche doña Leonor y don Cárlos, ambos engañados, pues él cree que ella es doña Ana y la otra que él es don Juan. Como don Cárlos diera este paso por salvar de un lance de honor á la hermana de don Pedro, juzga prudente llevarla á casa de don Rodrigo, padre de Leonor, que la supone robada por don Pedro. Entretanto Ana, que no pudo huir, quiere salvar á don Cárlos, y equivocadamente pone á don Juan en un escondite, miéntras don Pedro galantea y requiebra al paje Castaño, que para facilitar su evasion se disfrazó con los vestido de doña Leonor. Don Rodrigo, viejo prudente, quiere salvar la honra de su hija casándola con don Pedro, y la honra de doña Ana, á quien piensa que tiene en su casa, enlazándola con don Cárlos. Vase, pues,á hacer sus arreglos con don Pedro, que, por supuesto, acepta al instante la proposicion del anciano para él y para su hermana. Esta, que todo lo ha estado oyendo, se presenta de sobresalto y gozosa, sorprendiendo mucho á don Rodrigo, y hace salir del escondite al supuesto don Cárlos; y don Cárlos, que todo lo ha visto tambien, observa lleno de confusion que Ana está presente y que luego asoma por ahí su amada. Lánzase airado en medio de todos para sacarla, y da con su paje disfrazado. Auméntase el asombro, pues todos van conociéndose; don Pedro se enfurece contra Castaño, doña Ana se ve corrida, mohino don Juan, y doña Leonor que aparece á tiempo para que todo se desenrede, confiesa su pasion por don Cárlos, con quien al fin don Rodrigo consiente en casarla. Ana se conforma con sus antiguos amores y acepta á don Juan, y don Pedro se queda con sus galanterías mal empleadas en Castaño, el que se burla del pobre caballero y termina por echar unos piropos á Celia.
Tal es el argumento, ingenioso sin duda, que la autora ha ido desenvolviendo y manejando por medio de unos cuantos resortes que le sugeria su fecunda imaginacion. Hay diálogos animados, y Castaño no deja de tener sal en algunos pasages.
En los autos se ha sujetado nuestra monja con fidelidad á las reglas del género, y los ha escrito como Calderon y Lope de Vega; pero en estos dramas que han caido en total desuso, y en los cuales la fe ayudaba poderosamante á la imaginacion, se presentan mas de bulto los defectos en que solía incurrir Sor Juana Ines, y de los cuales hemos tratado ya, sin que por esto neguemos las bellezas que tan raro ingenio ha esparcido en dichas producciones. Se cita como el mejor el auto intituladoEl Divino Narciso; mas creemos que al lado de este esfuerzo de la inventiva de Sor Juana, en que la alegoría es á veces un enigma, pudiera colocarse, quizas con ventaja, elSan Hermenegildo mártir.
VI
El verso es para el corazon y la prosa para la cabeza; aquel es el sentimiento, esta la lógica.
No queremos decir que no se puedan espresar los mas vivos afectos tambien en prosa, ni que el metro anda reñido con la gravedad del raciocinio; nada de eso, pues no hacemos sino indicar el mejor y mas natural empleo relativo de cada una de esas formas.
Sor Juana Ines de la Cruz, como hemos visto, empleó el verso cuando quiso mostrarse poetisa, esto es, cuando quiso hablar con el corazon, dando salida á los afectos que en él hervian. Pero al proponerse escribir con los materiales acumulados en su privilegiada cabeza, manejó la prosa como debia y podia, con desenfado y galanura.
Las frecuentes citas en latin y la pesada forma silogística, así como tambien algunas sutilezas y rebuscadas frases, son los defectos de cuenta que Sor Juana Ines no ha podido evitar en esta clase de escritos. Era bien difícil que hubiera alcanzado á sacudirse del escolasticismo y gusto de la época, y es mucho verla desempeñarse de la manera que lo hace, á fuerza de talento y de saber, de profunda penetracion y delicado sentimiento. La naturaleza se sobrepuso á la escuela, y la lucidez de la inteligencia á las sombras del estragado gusto á la moda. La lengua, salvo tal cual defecto proveniente del mismo descarrío ó amaneramiento de la forma, y del melindre en labrar y redondear las mas sencillas ideas, muestra en el fondo pureza y casticismo dignosde alabanza. Si las producciones de la madre Juana pecan tal cual vez por la innecesaria espresion de muchos conceptos, juzgamos que, por otra parte, no pueden ser tachados de inútil fraseología, defecto capitalísimo en el dia, hasta en algunos de los que han alcanzado fama de grandes escritores en Europa y América.
El escrito en prosa en que nuestra monja quiso hacer mayor alarde de las premisas y consecuencias peripatéticas, y en el que, por lo mismo, es bastante cansada, es la “Crísis sobre un sermon;” pero, en cambio, en él resaltan como en ningun otro la fuerza viril de su inteligencia, su razon despejada y los profundos conocimientos escriturarios que llegó á poseer. El predicador, que fué el afamado padre Vieira, portugues, se empeñó en lucir su pedantesco saber y dió márgen á que la monja le despedazase bajo los golpes de una censura lógica y bien dirigida. El tema del sermon fué proponer la opinion de los santos Agustin, Tomas y Juan Crisóstomo acerca de las finezas de Cristo para con los hombres, y contradecirla luego probando quemayor fineza fué ausentarse que morir. La simple enunciacion de semejante aserto hace comprender cuales serian las sutilezas y falsedad de la dialéctica del buen orador.
La sabia religiosa, gastando excesiva urbanidad con él, analiza y escudriña su obra, defiende á los santos, y con argumentos que los escritos de estos mismos y las Santas Escrituras la proporcionan, sostiene la tésis contraria, motejando de paso y con sagaz disimulo la vanidad del predicador que llegó á decir no hallaba quien pudiese contradecirle.
Pongamos como muestra del estilo y manera de raciocinar de la monja el siguiente trozo:
“Pero porque me propuse probar que no es la ausencia mayor dolor que la muerte, y, por consiguiente, ni mayor fineza, sino al contrario, será preciso responder á la prueba de la Magdalena, y así digo: Que de llorar la Magdalena en el sepulcro y no llorar al pié de la cruz, no se infiere sea mayor dolor el de la ausencia que el de la muerte; ántes lo contrario. Pruébolo:
“Cuando se recibe algun grande pesar, acuden todos los espíritus vitales á socorrer la agonía del corazon que desfallece. Y esta retraccion de espíritus ocasiona general embargo y suspension de todas las acciones y movimientos, hasta que moderándose el dolor, cobra el corazon alientos para su desahogo, y exhala por el llanto aquellos mismos espíritus que le bruman por confortarle, en señal de que ya no necesita de tanto fomento como al principio. De donde se prueba por razon natural: Que es menos el dolor cuando da lugar al llanto, que cuando no permite que se exhalen los espíritus, porque los necesita para su aliento y confortacion. Pruébase con que este mismo efecto suele ocasionar un gozo: luego no son indicio de muy grave dolor las lágrimas, pues son un signo tan comun, que indiferentemente sirve al pesar y al gusto.”
Esta crítica fué ocasion de que Sor Filotea de la Cruz, religiosa de cuenta por su alcurnia, virtudes é inteligencia, dirigiese á la autora la carta que ántes hemos citado, no despreciable por la manera con que está escrita.[E]En ella elogia la obra de Sor Juana, que mandó imprimir con el título “Carta atenagórica,” y despues de apreciar y aplaudir la aficion de las mujeres á las letras, y especialmente en Sor Juana Ines el cultivo de la poesía, la aconseja que sinembargo modere su amor á las ciencias profanas y emplee en las divinas la mayor partedel tiempo.
A Sor Filotea respondió extensamente la poetisa. La naturaleza de este escrito no permitió el movimiento y tono escolásticos. Tiene algunos rasgos calcados sobre el gusto dominante, como tal cual meloso concepto, unas pocas sutilezas y muchas citas en latin, que si bien prueban clásica erudicion, no por eso dejan de ser fastidiosas. En cambio el español está manejado con pulcritud y gallardía, el estilo, si bien no siempre epistolar, es natural y fluido, la erudicion es oportuna y la riqueza y flexibilidad de imaginacion siempre de encumbrada poetisa. La lectura de esta carta es, pues, muy agradable; sus buenas cualidades hacen olvidar sus cortos defectos. Principia agradeciendo á Sor Filotea en palabras casi humildes el haber hecho publicar la “Crísis sobre un sermon;” pasa á darle algunas noticias sobre su propia vida y estudios, y termina defendiéndose de las acusaciones que se le habian hecho á causa de su amor y consagracion á ellos.
El “Neptuno alegórico,” descripcion en verso y prosa de un arco de triunfo erigido en Méjico en honra del conde de Parédes, virey de Nueva España, es lo que ménos vale de lo escrito por Sor Juana Ines. Pero su prosa mística tiene grande mérito, porque ademas de las buenas partes que hemos notado en las piezas que acabamos de examinar, sus oraciones y meditaciones están adornadas de tal sencillez y blandura de afectos, de tal uncion devota y espíritu de profunda verdad, que ojalá estuviesen escritos por ese tenor los centenares de libros de esta clase que andan hoy en manos de la gente piadosa hasta en nuestras mas cortas y pobres aldeas. Los “Ejercicios devotos” para la novena de la Encarnacion son lo mejor que en este género de escritos ha dejado Sor Juana Ines.