Que te dan en la hermosuraLa palma, dices, Leonor;La de vírgen es mejorQue tu cara te asegura.No te precies con descocoQue á todos robas el alma,Pues si te han dado la palmaEs, Leonor, porque eres coco.
Que te dan en la hermosuraLa palma, dices, Leonor;La de vírgen es mejorQue tu cara te asegura.No te precies con descocoQue á todos robas el alma,Pues si te han dado la palmaEs, Leonor, porque eres coco.
Que te dan en la hermosuraLa palma, dices, Leonor;La de vírgen es mejorQue tu cara te asegura.No te precies con descocoQue á todos robas el alma,Pues si te han dado la palmaEs, Leonor, porque eres coco.
Porque tu sangre se sepaCuentas á todos, Alfeo,Que eres de reyes; yo creoQue eres de muy buena zepa;Y que, pues á cuantos topasCon esos reyes enfadas,Que mas que reyes de espadas,Debieron de ser de copas.
Porque tu sangre se sepaCuentas á todos, Alfeo,Que eres de reyes; yo creoQue eres de muy buena zepa;Y que, pues á cuantos topasCon esos reyes enfadas,Que mas que reyes de espadas,Debieron de ser de copas.
Porque tu sangre se sepaCuentas á todos, Alfeo,Que eres de reyes; yo creoQue eres de muy buena zepa;Y que, pues á cuantos topasCon esos reyes enfadas,Que mas que reyes de espadas,Debieron de ser de copas.
El no ser de padre honradoFuera defecto, á mi ver,Si como recibí el serDe él, se lo hubiera yo dado.Mas piadosa fué tu madreQue hizo que á muchos sucedas,Para que entre tantos puedasTomar el que mas te cuadre.
El no ser de padre honradoFuera defecto, á mi ver,Si como recibí el serDe él, se lo hubiera yo dado.Mas piadosa fué tu madreQue hizo que á muchos sucedas,Para que entre tantos puedasTomar el que mas te cuadre.
El no ser de padre honradoFuera defecto, á mi ver,Si como recibí el serDe él, se lo hubiera yo dado.Mas piadosa fué tu madreQue hizo que á muchos sucedas,Para que entre tantos puedasTomar el que mas te cuadre.
Capitan es ya don Juan;Mas quisiera mi cuidadoHallarle lo reformadoAntes de lo capitan;Porque cierto que me inquietaEn accion tan atrevida,Ver que no sepa la bridaY se atreva á la gineta.
Capitan es ya don Juan;Mas quisiera mi cuidadoHallarle lo reformadoAntes de lo capitan;Porque cierto que me inquietaEn accion tan atrevida,Ver que no sepa la bridaY se atreva á la gineta.
Capitan es ya don Juan;Mas quisiera mi cuidadoHallarle lo reformadoAntes de lo capitan;Porque cierto que me inquietaEn accion tan atrevida,Ver que no sepa la bridaY se atreva á la gineta.
DIALOGO.
(Tomado del final de un sainete.)
Muñoz.—Silbadito del alma,No te me ahorques,Que los silbos se hicieronPara los hombres.Acebedo.—Silbadores del diablo,Morir dispongo,Que los silbos se hicieronPara los toros.Comp. 1º.—Pues que ahorcar te quieres,Toma la soga,Que aqueste cordelejoNo es otra cosa.Acebedo.—No me silveis, demonios,Que mi cabezaNo recibe los silvos,Aunque está hueca.Arias.—Vaya de silbos, vaya!¡Silbad, amigos!Que en lo hueco resuenanMuy bien los silbos.Acebedo.—Gachupines parecenRecien venidos,Porque todo el teatroSe hunde á silbos.Muñoz.—Vaya de silbos, vaya!...Comp. 2º.—Y los malos poetasTengan sabido,Que si vítores quieren,Este es el vítor.Todos cant.—Vaya de silbos, vaya!...Acebedo.—Baste ya, por Dios, baste;No me den soga,Que ya les doy palabraDe no hacer otra.Muñoz.—No es aquesto bastante,Que es el delitoDescomunal, y pideMayor castigo.Todos cant.—Vaya de silbos, vaya!...Acebedo.—Pues si aquesto no basta,¿Qué me disponen?Que como no sean silbos,Dénme garrote.Arias.—Pues de pena te sirva,Que lo has pedido,El que otra vez trasladesLo que has escrito.Acebedo.—Eso no, que es aqueseTan gran castigo,Que mas quiero atronadoMorir á silbos.Muñoz.—Pues lo has pedido, vaya!¡Silbad, amigos,!Que en lo hueco resuenanMuy bien los silbos.
Muñoz.—Silbadito del alma,No te me ahorques,Que los silbos se hicieronPara los hombres.Acebedo.—Silbadores del diablo,Morir dispongo,Que los silbos se hicieronPara los toros.Comp. 1º.—Pues que ahorcar te quieres,Toma la soga,Que aqueste cordelejoNo es otra cosa.Acebedo.—No me silveis, demonios,Que mi cabezaNo recibe los silvos,Aunque está hueca.Arias.—Vaya de silbos, vaya!¡Silbad, amigos!Que en lo hueco resuenanMuy bien los silbos.Acebedo.—Gachupines parecenRecien venidos,Porque todo el teatroSe hunde á silbos.Muñoz.—Vaya de silbos, vaya!...Comp. 2º.—Y los malos poetasTengan sabido,Que si vítores quieren,Este es el vítor.Todos cant.—Vaya de silbos, vaya!...Acebedo.—Baste ya, por Dios, baste;No me den soga,Que ya les doy palabraDe no hacer otra.Muñoz.—No es aquesto bastante,Que es el delitoDescomunal, y pideMayor castigo.Todos cant.—Vaya de silbos, vaya!...Acebedo.—Pues si aquesto no basta,¿Qué me disponen?Que como no sean silbos,Dénme garrote.Arias.—Pues de pena te sirva,Que lo has pedido,El que otra vez trasladesLo que has escrito.Acebedo.—Eso no, que es aqueseTan gran castigo,Que mas quiero atronadoMorir á silbos.Muñoz.—Pues lo has pedido, vaya!¡Silbad, amigos,!Que en lo hueco resuenanMuy bien los silbos.
Muñoz.—Silbadito del alma,No te me ahorques,Que los silbos se hicieronPara los hombres.
Acebedo.—Silbadores del diablo,Morir dispongo,Que los silbos se hicieronPara los toros.
Comp. 1º.—Pues que ahorcar te quieres,Toma la soga,Que aqueste cordelejoNo es otra cosa.
Acebedo.—No me silveis, demonios,Que mi cabezaNo recibe los silvos,Aunque está hueca.
Arias.—Vaya de silbos, vaya!¡Silbad, amigos!Que en lo hueco resuenanMuy bien los silbos.
Acebedo.—Gachupines parecenRecien venidos,Porque todo el teatroSe hunde á silbos.
Muñoz.—Vaya de silbos, vaya!...
Comp. 2º.—Y los malos poetasTengan sabido,Que si vítores quieren,Este es el vítor.
Todos cant.—Vaya de silbos, vaya!...
Acebedo.—Baste ya, por Dios, baste;No me den soga,Que ya les doy palabraDe no hacer otra.
Muñoz.—No es aquesto bastante,Que es el delitoDescomunal, y pideMayor castigo.
Todos cant.—Vaya de silbos, vaya!...
Acebedo.—Pues si aquesto no basta,¿Qué me disponen?Que como no sean silbos,Dénme garrote.
Arias.—Pues de pena te sirva,Que lo has pedido,El que otra vez trasladesLo que has escrito.
Acebedo.—Eso no, que es aqueseTan gran castigo,Que mas quiero atronadoMorir á silbos.
Muñoz.—Pues lo has pedido, vaya!¡Silbad, amigos,!Que en lo hueco resuenanMuy bien los silbos.
Interlocutores.
Don Cárlos.Don Juan.Don Pedro.Don Rodrigo.Doña Leonor.Doña Ana.Celia.Hernando.Castaño.Dos embozados.Dos coros de música.
Don Cárlos.Don Juan.Don Pedro.Don Rodrigo.Doña Leonor.Doña Ana.Celia.Hernando.Castaño.Dos embozados.Dos coros de música.
Don Cárlos.Don Juan.Don Pedro.Don Rodrigo.Doña Leonor.Doña Ana.Celia.Hernando.Castaño.Dos embozados.Dos coros de música.
Salen doña Ana y Celia.
Doña Ana.—Hasta que venga mi hermano,Celia, le hemos de esperar.Celia.—Pues eso será velar,Porque él juzga que es tempranoLa una, las dos; y á mi ver,Aunque es grande ociosidad,Viene á decir la verdad,Pues viene al amanecer.Mas por ahora ¿qué te dióEsta gana de esperar,Si te entras siempre á acostarTú, y le espero solo yo?Doña Ana.—Has de saber, Celia mia,Que aquesta noche ha fiadoDe mí todo su cuidado;Tanto de mi afecto fia.Bien sabes tú que él salióDe Madrid dos años há,Y á Toledo, donde está,A una cobranza llegó,Pensando luego volver;Y así en Madrid me dejó,Donde estando sola yoY poder ser vista y ver,Me vió don Juan y le ví,Y me solicitó amante,A cuyo pecho constanteAtenta correspondí;Cuando, ó por no ser tan llanoEl pleito como juzgó,O, lo cierto, porque noQueria irse mi hermano;Porque vive aquí una damaDe perfecciones tan sumas,Que dicen que faltan plumasPara alabarla á la fama,De la cual enamorado,Aunque no correspondido,Por conseguirla, perdido,En Toledo se ha quedado;Y porque yo no estuvieseSola en la corte sin él,O porque á su amor cruelDe algun alivio le fuese,Dispuso el que venga aquíA vivir yo, y al instanteDí cuenta á don Juan, que amanteVino á Toledo tras mí;Fineza á que agradecidaToda el alma estar debiera,Si ya (¡ay de mí!) no estuvieraDel empeño arrepentida;Porque el amor, que es villanoEn el trato y la bajeza,Se ofende de la fineza...Pero, volviendo á mi hermano,Sábete que él ha inquirido,Con obstinada porfía,Qué motivo haber podiaPara no ser admitido,Y ha hallado que es otro amor,(Aunque yo no sé de quien,)Sintiendo, mas que el desden,Que otro gozase el favor:Que como este fiero engañoEs envidioso veneno,Se siente el provecho ajenoMucho mas que el propio daño.Sobornando (¡Oh vil costumbreQue así la razon estraga,Que es tan ciego amor, que pagaPorque le den pesadumbre!)Una criada que eraDe quien ella se fiaba,En el estado que estabaSu amor, con el fin que esperaY con lo demas que pasa,Supo de la infiel criadaQue estaba determinadaA salirse de su casaEsta noche con su amante;De que mi hermano furioso,Como á quien está celosoNo hay peligro que le espante,Con unos hombres tratóQue fingiéndose justicia(¡Mira que astuta malicia!)Prendan al que la robó,Y que al pasar por aquíAl galan y dama bella,Como en depósito á ellaMe la entregasen á mí;Y que luego al apartarse,Como que acaso ellos vanDescuidados del galan,Den lugar para escaparse;Con lo cual claro se arguyeQue él se valdrá de los piesHuyendo, pues piensa que esLa justicia de quien huye;Y mi hermano, con la trazaQue su amor ha discurrido,Sin riesgo habrá conseguidoTraer la dama á su casa;Y en ella es bien fácil cosaGalantearla abrasado,Sin que él parezca culpado,Ni ella pueda estar quejosa;Porque si tanto despechoElla llegase á entender,Visto es que ha de aborrecerA quien tal daño le ha hecho,Aquesto que te he contado,Celia, tengo que esperar;Mira ¿cómo puedo entrarA acostarme sin cuidado?Celia.—Señora, nada me admira,Que en amor no es novedadQue se vista la verdadDel color de la mentira;Ni ¿quién habrá que se espante,Si lo que es llega á entenderTemeridad de mujerNi resolucion de amante,Ni de traidoras criadas,Que eso en todo el mundo pasa,Y quizá dentro de casaHay algunas calderadas?Solo admirado me han,Por las acciones que han hecho,Los indicios que tu pechoDa de olvidar á don Juan.Y no sé porqué el cuidadoDas en trocar en olvido,Cuando ni causa has tenidoTú, ni don Juan te la ha dado.Doña Ana.—Que él no me la da, es verdad;Que no la tengo, es mentira.Celia.—¿De qué modo?Doña Ana.—¿Qué te admira?Es ciega la voluntad.Tras mí, como sabes, vinoAmante y fino don Juan,Quitándose de galanLo que se añade de fino,Sin dejar á qué aspirarA la ley del albedrio;Porque si él es ya tan mio,¿Qué tengo que desear?Pero no es aquesta solaLa causa de mi despego,Sino porque ya otro fuegoEn mi pecho se acrisola.Suelo en esta calle verPasar á un galan mancebo,Que si no es el mismo Febo,Yo no sé qué pueda ser.A este, ¡ay de mí! Celia mia,No sé si es gusto ó capricho,Y... pero ya te lo he dicho,Sin saber lo que decia.Celia.—¿Lloras?Dª. Ana.—Pues ¿no he de llorar,¡Ay de mí infelice! cuandoConozco que estoy errandoY no me puedo enmendar?Celia.—[Ap.] ¡Qué buenas nuevas me danCon esto que ahora he oido,Para tener yo escondidoEn su cuarto al tal don Juan!Que habiendo notado el modoCon que le trata enfadada,Quiere hacer la tarquinadaY dar al traste con todo.Y ¿quién, señora, ha logradoTu amor?Dª. Ana.—Solo decir puedoQue es un don Cárlos de OlmedoEl galan... Mas han llamado;Mira quién es, que despuesTe hablaré, Celia.Celia.—¿Quién llama?[Dent.]—La justicia.Dª. Ana.—Esta es la dama;Abre, Celia.Celia.—Entre quien es.
Doña Ana.—Hasta que venga mi hermano,Celia, le hemos de esperar.Celia.—Pues eso será velar,Porque él juzga que es tempranoLa una, las dos; y á mi ver,Aunque es grande ociosidad,Viene á decir la verdad,Pues viene al amanecer.Mas por ahora ¿qué te dióEsta gana de esperar,Si te entras siempre á acostarTú, y le espero solo yo?Doña Ana.—Has de saber, Celia mia,Que aquesta noche ha fiadoDe mí todo su cuidado;Tanto de mi afecto fia.Bien sabes tú que él salióDe Madrid dos años há,Y á Toledo, donde está,A una cobranza llegó,Pensando luego volver;Y así en Madrid me dejó,Donde estando sola yoY poder ser vista y ver,Me vió don Juan y le ví,Y me solicitó amante,A cuyo pecho constanteAtenta correspondí;Cuando, ó por no ser tan llanoEl pleito como juzgó,O, lo cierto, porque noQueria irse mi hermano;Porque vive aquí una damaDe perfecciones tan sumas,Que dicen que faltan plumasPara alabarla á la fama,De la cual enamorado,Aunque no correspondido,Por conseguirla, perdido,En Toledo se ha quedado;Y porque yo no estuvieseSola en la corte sin él,O porque á su amor cruelDe algun alivio le fuese,Dispuso el que venga aquíA vivir yo, y al instanteDí cuenta á don Juan, que amanteVino á Toledo tras mí;Fineza á que agradecidaToda el alma estar debiera,Si ya (¡ay de mí!) no estuvieraDel empeño arrepentida;Porque el amor, que es villanoEn el trato y la bajeza,Se ofende de la fineza...Pero, volviendo á mi hermano,Sábete que él ha inquirido,Con obstinada porfía,Qué motivo haber podiaPara no ser admitido,Y ha hallado que es otro amor,(Aunque yo no sé de quien,)Sintiendo, mas que el desden,Que otro gozase el favor:Que como este fiero engañoEs envidioso veneno,Se siente el provecho ajenoMucho mas que el propio daño.Sobornando (¡Oh vil costumbreQue así la razon estraga,Que es tan ciego amor, que pagaPorque le den pesadumbre!)Una criada que eraDe quien ella se fiaba,En el estado que estabaSu amor, con el fin que esperaY con lo demas que pasa,Supo de la infiel criadaQue estaba determinadaA salirse de su casaEsta noche con su amante;De que mi hermano furioso,Como á quien está celosoNo hay peligro que le espante,Con unos hombres tratóQue fingiéndose justicia(¡Mira que astuta malicia!)Prendan al que la robó,Y que al pasar por aquíAl galan y dama bella,Como en depósito á ellaMe la entregasen á mí;Y que luego al apartarse,Como que acaso ellos vanDescuidados del galan,Den lugar para escaparse;Con lo cual claro se arguyeQue él se valdrá de los piesHuyendo, pues piensa que esLa justicia de quien huye;Y mi hermano, con la trazaQue su amor ha discurrido,Sin riesgo habrá conseguidoTraer la dama á su casa;Y en ella es bien fácil cosaGalantearla abrasado,Sin que él parezca culpado,Ni ella pueda estar quejosa;Porque si tanto despechoElla llegase á entender,Visto es que ha de aborrecerA quien tal daño le ha hecho,Aquesto que te he contado,Celia, tengo que esperar;Mira ¿cómo puedo entrarA acostarme sin cuidado?Celia.—Señora, nada me admira,Que en amor no es novedadQue se vista la verdadDel color de la mentira;Ni ¿quién habrá que se espante,Si lo que es llega á entenderTemeridad de mujerNi resolucion de amante,Ni de traidoras criadas,Que eso en todo el mundo pasa,Y quizá dentro de casaHay algunas calderadas?Solo admirado me han,Por las acciones que han hecho,Los indicios que tu pechoDa de olvidar á don Juan.Y no sé porqué el cuidadoDas en trocar en olvido,Cuando ni causa has tenidoTú, ni don Juan te la ha dado.Doña Ana.—Que él no me la da, es verdad;Que no la tengo, es mentira.Celia.—¿De qué modo?Doña Ana.—¿Qué te admira?Es ciega la voluntad.Tras mí, como sabes, vinoAmante y fino don Juan,Quitándose de galanLo que se añade de fino,Sin dejar á qué aspirarA la ley del albedrio;Porque si él es ya tan mio,¿Qué tengo que desear?Pero no es aquesta solaLa causa de mi despego,Sino porque ya otro fuegoEn mi pecho se acrisola.Suelo en esta calle verPasar á un galan mancebo,Que si no es el mismo Febo,Yo no sé qué pueda ser.A este, ¡ay de mí! Celia mia,No sé si es gusto ó capricho,Y... pero ya te lo he dicho,Sin saber lo que decia.Celia.—¿Lloras?Dª. Ana.—Pues ¿no he de llorar,¡Ay de mí infelice! cuandoConozco que estoy errandoY no me puedo enmendar?Celia.—[Ap.] ¡Qué buenas nuevas me danCon esto que ahora he oido,Para tener yo escondidoEn su cuarto al tal don Juan!Que habiendo notado el modoCon que le trata enfadada,Quiere hacer la tarquinadaY dar al traste con todo.Y ¿quién, señora, ha logradoTu amor?Dª. Ana.—Solo decir puedoQue es un don Cárlos de OlmedoEl galan... Mas han llamado;Mira quién es, que despuesTe hablaré, Celia.Celia.—¿Quién llama?[Dent.]—La justicia.Dª. Ana.—Esta es la dama;Abre, Celia.Celia.—Entre quien es.
Doña Ana.—Hasta que venga mi hermano,Celia, le hemos de esperar.
Celia.—Pues eso será velar,Porque él juzga que es tempranoLa una, las dos; y á mi ver,Aunque es grande ociosidad,Viene á decir la verdad,Pues viene al amanecer.Mas por ahora ¿qué te dióEsta gana de esperar,Si te entras siempre á acostarTú, y le espero solo yo?
Doña Ana.—Has de saber, Celia mia,Que aquesta noche ha fiadoDe mí todo su cuidado;Tanto de mi afecto fia.Bien sabes tú que él salióDe Madrid dos años há,Y á Toledo, donde está,A una cobranza llegó,Pensando luego volver;Y así en Madrid me dejó,Donde estando sola yoY poder ser vista y ver,Me vió don Juan y le ví,Y me solicitó amante,A cuyo pecho constanteAtenta correspondí;Cuando, ó por no ser tan llanoEl pleito como juzgó,O, lo cierto, porque noQueria irse mi hermano;Porque vive aquí una damaDe perfecciones tan sumas,Que dicen que faltan plumasPara alabarla á la fama,De la cual enamorado,Aunque no correspondido,Por conseguirla, perdido,En Toledo se ha quedado;Y porque yo no estuvieseSola en la corte sin él,O porque á su amor cruelDe algun alivio le fuese,Dispuso el que venga aquíA vivir yo, y al instanteDí cuenta á don Juan, que amanteVino á Toledo tras mí;Fineza á que agradecidaToda el alma estar debiera,Si ya (¡ay de mí!) no estuvieraDel empeño arrepentida;Porque el amor, que es villanoEn el trato y la bajeza,Se ofende de la fineza...Pero, volviendo á mi hermano,Sábete que él ha inquirido,Con obstinada porfía,Qué motivo haber podiaPara no ser admitido,Y ha hallado que es otro amor,(Aunque yo no sé de quien,)Sintiendo, mas que el desden,Que otro gozase el favor:Que como este fiero engañoEs envidioso veneno,Se siente el provecho ajenoMucho mas que el propio daño.Sobornando (¡Oh vil costumbreQue así la razon estraga,Que es tan ciego amor, que pagaPorque le den pesadumbre!)Una criada que eraDe quien ella se fiaba,En el estado que estabaSu amor, con el fin que esperaY con lo demas que pasa,Supo de la infiel criadaQue estaba determinadaA salirse de su casaEsta noche con su amante;De que mi hermano furioso,Como á quien está celosoNo hay peligro que le espante,Con unos hombres tratóQue fingiéndose justicia(¡Mira que astuta malicia!)Prendan al que la robó,Y que al pasar por aquíAl galan y dama bella,Como en depósito á ellaMe la entregasen á mí;Y que luego al apartarse,Como que acaso ellos vanDescuidados del galan,Den lugar para escaparse;Con lo cual claro se arguyeQue él se valdrá de los piesHuyendo, pues piensa que esLa justicia de quien huye;Y mi hermano, con la trazaQue su amor ha discurrido,Sin riesgo habrá conseguidoTraer la dama á su casa;Y en ella es bien fácil cosaGalantearla abrasado,Sin que él parezca culpado,Ni ella pueda estar quejosa;Porque si tanto despechoElla llegase á entender,Visto es que ha de aborrecerA quien tal daño le ha hecho,Aquesto que te he contado,Celia, tengo que esperar;Mira ¿cómo puedo entrarA acostarme sin cuidado?
Celia.—Señora, nada me admira,Que en amor no es novedadQue se vista la verdadDel color de la mentira;Ni ¿quién habrá que se espante,Si lo que es llega á entenderTemeridad de mujerNi resolucion de amante,Ni de traidoras criadas,Que eso en todo el mundo pasa,Y quizá dentro de casaHay algunas calderadas?Solo admirado me han,Por las acciones que han hecho,Los indicios que tu pechoDa de olvidar á don Juan.Y no sé porqué el cuidadoDas en trocar en olvido,Cuando ni causa has tenidoTú, ni don Juan te la ha dado.
Doña Ana.—Que él no me la da, es verdad;Que no la tengo, es mentira.
Celia.—¿De qué modo?
Doña Ana.—¿Qué te admira?Es ciega la voluntad.Tras mí, como sabes, vinoAmante y fino don Juan,Quitándose de galanLo que se añade de fino,Sin dejar á qué aspirarA la ley del albedrio;Porque si él es ya tan mio,¿Qué tengo que desear?Pero no es aquesta solaLa causa de mi despego,Sino porque ya otro fuegoEn mi pecho se acrisola.Suelo en esta calle verPasar á un galan mancebo,Que si no es el mismo Febo,Yo no sé qué pueda ser.A este, ¡ay de mí! Celia mia,No sé si es gusto ó capricho,Y... pero ya te lo he dicho,Sin saber lo que decia.
Celia.—¿Lloras?
Dª. Ana.—Pues ¿no he de llorar,¡Ay de mí infelice! cuandoConozco que estoy errandoY no me puedo enmendar?
Celia.—[Ap.] ¡Qué buenas nuevas me danCon esto que ahora he oido,Para tener yo escondidoEn su cuarto al tal don Juan!Que habiendo notado el modoCon que le trata enfadada,Quiere hacer la tarquinadaY dar al traste con todo.Y ¿quién, señora, ha logradoTu amor?
Dª. Ana.—Solo decir puedoQue es un don Cárlos de OlmedoEl galan... Mas han llamado;Mira quién es, que despuesTe hablaré, Celia.
Celia.—¿Quién llama?
[Dent.]—La justicia.
Dª. Ana.—Esta es la dama;Abre, Celia.
Celia.—Entre quien es.
(Entran los embozados y doña Leonor.)
Emb.—Señora, aunque yo no ignoroEl decoro de esta casa,Pienso que el entrar en ellaHa sido mas venerarlaQue ofenderla, y así os ruegoQue me tengais esta damaDepositada, hasta tantoQue se averigue la causaPor qué le dió muerte á un hombreOtro que la acompañaba;Y perdonad, que á hacer vuelvoDiligencias no escusadasEn tal caso [Vánse].Dª. Ana.—¿Qué es aquesto?Celia, á aquesos hombres llama,Que lleven esta mujer,Que no estoy acostumbradaA oir tales liviandades.Celia.—[Ap.] Bien la deshecha mi amaHace de querer tenerla.Dª. Leo.—Señora, en la boca el almaTengo ¡ay de mí! Si piedadMis tiernas lágrimas causanEn tu pecho [hablar no acierto]Te suplico arrodillada,Que ya que no de mi vida,Tengas piedad de mi fama,Sin permitir, puesto queYa una vez entré en tu casa,Que á otra me lleven, á dondeCorra mayores borrascasMi opinion; que á ser mujer,Como imaginas, liviana,Ni á tí te hiciera este ruego,Ni yo tuviera estas ansias.Dª. Ana.—A lástima me ha movidoTu belleza y tu desgracia.[Ap.]—Bien dice mi hermano, Celia.Cel.[Ap.]—Es belleza sobrehumana,Y si está así en la tormenta,¿Cómo estará en la bonanza?Dª. Ana.—Alzad del suelo, señora,Y perdonad si turbadaDel repentino suceso,Poco atenta y cortesanaMe he mostrado, que ignorarQuien sois pudo dar la causaA la estrañeza; mas yaVuestra persona gallardaInforma en vuestro favorDe suerte que toda el almaOfrezco para serviros.Dª. Leo.—Déjame besar tus plantas,Bella deidad, cuyo templo,Cuyo culto, cuyas arasDe mi deshecha fortunaSon el asilo.Dª. Ana.—Levanta,Y cuéntame qué sucesosA tal desdicha te arrastran;Aunque si eres tan hermosa,No es mucho ser desdichada.Cel.[ap.]—De la envidia que le tieneNo le arriendo la ganancia.Dª. Leo.—Señora, aunque la vergüenzaMe pudiera ser mordazaPara callar mis desdichasLa que, como yo, se hallaEn tan infeliz estado,No tiene porqué callarlas;Antes pienso que me abonaEl hacer lo que me mandas,Pues son tales los indiciosQue tengo de estar culpada,Que por culpables que sean,Son mas decentes sus causas;Y así escúchame.Dª. Ana.—El silencioTe responda.Celia.—[Ap.] ¡Cosa brava!Relacion á media nocheY con vela? ¡que no valga!Dª. Leo.—Si de mis sucesos quieresEscuchar los tristes casos,Con que ostentan mis desdichasLo poderoso y lo vario,Escucha, por sí consigoQue divirtiendo tu agrado,Lo que fué trabajo propioSirva de ajeno descanso,O porque en el desahogoHallen mis tristes cuidadosA la pena de sentirlesEl alivio de contarlos.Yo nací noble, este fuéDe mi mal el primer paso,Que no es pequeña desdichaNacer noble un desdichado;Que aunque la nobleza seaJoya de precio tan alto,Es alhaja que en un tristeSolo sirve de embarazo;Porque estando en un sujeto,Repugnan como contrariosEntre plebeyas desdichasHaber respetos honrados.Decirte que nací hermosaPresumo que es escusado,Pues lo atestiguan tus ojos,Y lo prueban mis trabajos.Solo diré... Aquí quisieraNo ser yo quien lo relato,Pues en callarlo ó decirloDos inconvenientes hallo:Porque si digo que fuíCelebrada por milagroDe discrecion, me desmienteLa necedad de contarlo;Y si lo callo, no informoDe mí, y en un mismo casoMe desmiento si lo afirmo,Y lo ignoras si lo callo.Pero es preciso al informeQue de mis sucesos hago[Aunque pase la modestiaLa vergüenza de contarlo]Para que entiendas la historia,Presuponer asentadoQue mi discrecion la causaFué principal de mi daño.Inclinéme á los estudiosDesde mis primeros años,Con tan ardientes desvelos,Con tan ansiosos cuidados,Que reduje á tiempo breveFatigas de mucho espacio.Conmuté el tiempo industriosaA lo intenso del trabajo,De modo que en breve tiempoEra el admirable blancoDe todas las atenciones,De tal modo que llegaronA venerar como infusoLo que fué adquirido lauro.Era de mi patria todaEl objeto veneradoDe aquellas adoracionesQue forma el comun aplauso;Y como lo que decia[Fuese bueno ó fuese malo]Ni el rostro lo desluciaNi lo desairaba el garbo,Llegó la supersticionPopular á empeño tanto,Que ya adoraban deidadEl ídolo que formaron.Voló la fama parlera,Discurrió reinos estraños,Y en la distancia seguraAcreditó informes fallos.La pasion se puso anteojosDe tan engañosos grados,Que á mis moderadas prendasAgrandaban los tamaños.Víctima en mis aras eran,Devotamente postrados,Los corazones de todosCon tan comprehensivo lazo,Que habiendo sido el principioAquel culto voluntario,Llegó despues la costumbreFavorecida de tantosA hacer como obligatorioEl festejo cortesano,Y si alguno disentiaParadojo ó avisado,No se atrevia á proferirlo,Temiendo que por estrañoSu dictámen no incurriese,Siendo de todos contrario,En la nota de grosero,O en la censura de vano.Entre estos aplausos yo,Con la atencion zozobrandoEntre tanta muchedumbre,Sin hallar seguro blanco,No acertaba á amar á algunoViéndome amada de tantos.Sin temor en los concursosDefendia mi recato,Con peligros del peligroY con el daño del daño.Con una afable modestiaIgualando el agasajo,Quitaba lo generalLo sospechoso al agrado.Mis padres en mi mesuraVanamente asegurados,Se descuidaron conmigo;¡Qué dictámen tan errado!Pues fué quitar por defueraLas guardas y los candadosA una fuerza que en sí propiaEncierra tantos contrarios.Y como tan neciamenteConmigo se descuidaron,Fué preciso hallarme el riesgoDonde me perdió el cuidado.Sucedió, pues, que entre muchosQue de mi fama incitadosContestar con mi personaIntentaban mis aplausos,Llegó acaso á verme, (¡ay cielos!¿Cómo permitis tiranosQue un afecto tan precisoSe forjase de un acaso?)Don Cárlos de Olmedo, un jóvenForastero, mas tan claroPor su orígen, que en cualquieraLugar que llegue á hospedarloPodrá no ser conocido,Pero no ser ignorado.Aquí que me des te pidoLicencia para pintarlo,Por disculpar mis erroresO divertir mis cuidados,O porque al ver de mi amorLos extremos temerarios,No te admire, que el que fuéTanto, mereciere tanto.Era su rostro un enigmaCompuesto de dos contrarios,Que eran valor y hermosura,Tan felizmente hermanados,Que faltándole á lo hermosoLa parte de afeminado,Hallaba lo mas perfectoEn lo que estaba mas falto;Porque ajando las faccionesCon un varonil desganoNo consintió á la hermosuraTener imperio asentado;Tan remoto á la noticia,Tan ageno del reparo,Que aun no le debió lo belloLa atencion de despreciarlo:Que como en mi nombre estáLo hermoso como sobrado,Es bueno para tenerloY malo para ostentarlo.Era el talle como suyo,Que aquel talle y aquel garbo,Aunque la naturalezaA otro dispusiera darlo,Solo le asentara bienAl espíritu de Cárlos;Que fué de su providenciaEsmero bien acertadoDar un cuerpo tan gentilA espíritu tan gallardo.Gozaba un entendimientoTan sutíl, tan elevado,Que la edad de lo entendidoEra un mentis de sus años.Alma de estas perfeccionesEra el gentil desenfadoDe un despejo tan airoso,Un gusto tan cortesano,Un recato tan amable,Un tan atractivo agrado,Que en el mas bajo descuidoSe hallaba el primor mas alto;Tan humilde en los afectos,Tan tierno en los agasajos,Tan fino en las persuaciones,Tan apacible en el trato,Y en todo, en fin, tan perfecto,Que ostentaba cortesanoDespojos de lo rendidoPor galas de lo alentado.En los desdenes sufrido,En los favores callado,En los peligros resueltoY prudente en los acasos.Mira si con estas prendas,Con otras mas que te callo,Quedaría en la mas cuerdaDefensa para el recato.En fin, yo le amé; no quieroCansar tu atencion, contandoDe mi temerario empeñoLa historia caso por caso;Pues tu discrecion no ignoraDe empeños enamorados,Que es su ordinario principioDesasosiego y cuidado,Su medio, lances y riesgos,Su fin, tragedias ó agravios.Creció el amor en los dosRecíproco, y deseandoQue nuestra feliz unionLograda en tálamo castoConfirmase de himeneoEl indisoluble lazo;Y por acaso mi padre,Que ya para darme estadoAndaba entre mis amantesLos méritos regulando,Atento á otras convenienciasNo nos fuese un embarazo,Dispusimos esta nocheLa fuga, y atropellandoEl cariño de mi padreY de mi honor el recato,Salí á la calle, y apénasDaba los primeros pasos,Entre cobardes recelosDe mi desdicha, fiandoLa una mano á las basquiñasY á mi manto la otra mano,Cuando á nosotros resueltosLlegaron dos embozados.“¿Qué gente?” dicen, y yoCon el aliento turbado,Sin reparar lo que hacia[Porque suele en tales casosHacer publicar secretosEl cuidado de guardarlos]¡Ay Cárlos! perdidos somos,Dije, y apénas tocaronMis voces á sus oidos,Cuando los dos arrancandoLos aceros, dijo el uno:“¡Matadlo, don Juan, matadlo!Que esa tirana que llevaEs doña Leonor de CastroMi prima.” Sacó mi amanteEl acero, y alentado,Apénas la aguda puntaLlegó al pecho del contrario,Cuando diciendo: ¡Ay de mí!Dió en tierra; y viendo el fracasoDió voces el compañero,A cuyo estruendo llegaronAlgunos; y aunque pudieraLa fuga salvar á Cárlos,Por no dejarme en el riesgoSe detuvo temerario,De modo que la justicia,Que acaso andaba rondando,Llegó á nosotros; y aunqueSegunda vez obstinadoIntentaba defenderse,Persuadido de mi llantoRindió la espada á mi ruego,Mucho mas que á sus contrarios.Prendiéronle, en fin, y á mí,Como á ocasion del estrago,Viendo que el que queda muertoEra don Diego de Castro,Mi primo, en tu noble casa,Señora, depositaronMi persona y mis desdichas,Donde en un punto me halloSin crédito, sin honor,Sin consuelo, sin descanso,Sin aliento, sin alivio,Y finalmente esperandoLa ejecucion de mi muerteEn la sentencia de Cárlos.Dª. Ana.—[Ap.] ¡Cielos! que es esto que escucho!Al mismo que yo idolatroEs al que quiere Leonor.¡Oh! que presto que ha vengadoAmor á don Juan! ay triste!Señora, vuestros cuidadosSiento, como es justo. Celia,Lleva esta dama á mi cuarto,Miéntras yo á mi hermano espero.Cel. á Leo.—Venid, señora.Dª. Leo.—Tus pasosSigo (¡ay de mí!) pues es fuerzaObedecer á los hados.
Emb.—Señora, aunque yo no ignoroEl decoro de esta casa,Pienso que el entrar en ellaHa sido mas venerarlaQue ofenderla, y así os ruegoQue me tengais esta damaDepositada, hasta tantoQue se averigue la causaPor qué le dió muerte á un hombreOtro que la acompañaba;Y perdonad, que á hacer vuelvoDiligencias no escusadasEn tal caso [Vánse].Dª. Ana.—¿Qué es aquesto?Celia, á aquesos hombres llama,Que lleven esta mujer,Que no estoy acostumbradaA oir tales liviandades.Celia.—[Ap.] Bien la deshecha mi amaHace de querer tenerla.Dª. Leo.—Señora, en la boca el almaTengo ¡ay de mí! Si piedadMis tiernas lágrimas causanEn tu pecho [hablar no acierto]Te suplico arrodillada,Que ya que no de mi vida,Tengas piedad de mi fama,Sin permitir, puesto queYa una vez entré en tu casa,Que á otra me lleven, á dondeCorra mayores borrascasMi opinion; que á ser mujer,Como imaginas, liviana,Ni á tí te hiciera este ruego,Ni yo tuviera estas ansias.Dª. Ana.—A lástima me ha movidoTu belleza y tu desgracia.[Ap.]—Bien dice mi hermano, Celia.Cel.[Ap.]—Es belleza sobrehumana,Y si está así en la tormenta,¿Cómo estará en la bonanza?Dª. Ana.—Alzad del suelo, señora,Y perdonad si turbadaDel repentino suceso,Poco atenta y cortesanaMe he mostrado, que ignorarQuien sois pudo dar la causaA la estrañeza; mas yaVuestra persona gallardaInforma en vuestro favorDe suerte que toda el almaOfrezco para serviros.Dª. Leo.—Déjame besar tus plantas,Bella deidad, cuyo templo,Cuyo culto, cuyas arasDe mi deshecha fortunaSon el asilo.Dª. Ana.—Levanta,Y cuéntame qué sucesosA tal desdicha te arrastran;Aunque si eres tan hermosa,No es mucho ser desdichada.Cel.[ap.]—De la envidia que le tieneNo le arriendo la ganancia.Dª. Leo.—Señora, aunque la vergüenzaMe pudiera ser mordazaPara callar mis desdichasLa que, como yo, se hallaEn tan infeliz estado,No tiene porqué callarlas;Antes pienso que me abonaEl hacer lo que me mandas,Pues son tales los indiciosQue tengo de estar culpada,Que por culpables que sean,Son mas decentes sus causas;Y así escúchame.Dª. Ana.—El silencioTe responda.Celia.—[Ap.] ¡Cosa brava!Relacion á media nocheY con vela? ¡que no valga!Dª. Leo.—Si de mis sucesos quieresEscuchar los tristes casos,Con que ostentan mis desdichasLo poderoso y lo vario,Escucha, por sí consigoQue divirtiendo tu agrado,Lo que fué trabajo propioSirva de ajeno descanso,O porque en el desahogoHallen mis tristes cuidadosA la pena de sentirlesEl alivio de contarlos.Yo nací noble, este fuéDe mi mal el primer paso,Que no es pequeña desdichaNacer noble un desdichado;Que aunque la nobleza seaJoya de precio tan alto,Es alhaja que en un tristeSolo sirve de embarazo;Porque estando en un sujeto,Repugnan como contrariosEntre plebeyas desdichasHaber respetos honrados.Decirte que nací hermosaPresumo que es escusado,Pues lo atestiguan tus ojos,Y lo prueban mis trabajos.Solo diré... Aquí quisieraNo ser yo quien lo relato,Pues en callarlo ó decirloDos inconvenientes hallo:Porque si digo que fuíCelebrada por milagroDe discrecion, me desmienteLa necedad de contarlo;Y si lo callo, no informoDe mí, y en un mismo casoMe desmiento si lo afirmo,Y lo ignoras si lo callo.Pero es preciso al informeQue de mis sucesos hago[Aunque pase la modestiaLa vergüenza de contarlo]Para que entiendas la historia,Presuponer asentadoQue mi discrecion la causaFué principal de mi daño.Inclinéme á los estudiosDesde mis primeros años,Con tan ardientes desvelos,Con tan ansiosos cuidados,Que reduje á tiempo breveFatigas de mucho espacio.Conmuté el tiempo industriosaA lo intenso del trabajo,De modo que en breve tiempoEra el admirable blancoDe todas las atenciones,De tal modo que llegaronA venerar como infusoLo que fué adquirido lauro.Era de mi patria todaEl objeto veneradoDe aquellas adoracionesQue forma el comun aplauso;Y como lo que decia[Fuese bueno ó fuese malo]Ni el rostro lo desluciaNi lo desairaba el garbo,Llegó la supersticionPopular á empeño tanto,Que ya adoraban deidadEl ídolo que formaron.Voló la fama parlera,Discurrió reinos estraños,Y en la distancia seguraAcreditó informes fallos.La pasion se puso anteojosDe tan engañosos grados,Que á mis moderadas prendasAgrandaban los tamaños.Víctima en mis aras eran,Devotamente postrados,Los corazones de todosCon tan comprehensivo lazo,Que habiendo sido el principioAquel culto voluntario,Llegó despues la costumbreFavorecida de tantosA hacer como obligatorioEl festejo cortesano,Y si alguno disentiaParadojo ó avisado,No se atrevia á proferirlo,Temiendo que por estrañoSu dictámen no incurriese,Siendo de todos contrario,En la nota de grosero,O en la censura de vano.Entre estos aplausos yo,Con la atencion zozobrandoEntre tanta muchedumbre,Sin hallar seguro blanco,No acertaba á amar á algunoViéndome amada de tantos.Sin temor en los concursosDefendia mi recato,Con peligros del peligroY con el daño del daño.Con una afable modestiaIgualando el agasajo,Quitaba lo generalLo sospechoso al agrado.Mis padres en mi mesuraVanamente asegurados,Se descuidaron conmigo;¡Qué dictámen tan errado!Pues fué quitar por defueraLas guardas y los candadosA una fuerza que en sí propiaEncierra tantos contrarios.Y como tan neciamenteConmigo se descuidaron,Fué preciso hallarme el riesgoDonde me perdió el cuidado.Sucedió, pues, que entre muchosQue de mi fama incitadosContestar con mi personaIntentaban mis aplausos,Llegó acaso á verme, (¡ay cielos!¿Cómo permitis tiranosQue un afecto tan precisoSe forjase de un acaso?)Don Cárlos de Olmedo, un jóvenForastero, mas tan claroPor su orígen, que en cualquieraLugar que llegue á hospedarloPodrá no ser conocido,Pero no ser ignorado.Aquí que me des te pidoLicencia para pintarlo,Por disculpar mis erroresO divertir mis cuidados,O porque al ver de mi amorLos extremos temerarios,No te admire, que el que fuéTanto, mereciere tanto.Era su rostro un enigmaCompuesto de dos contrarios,Que eran valor y hermosura,Tan felizmente hermanados,Que faltándole á lo hermosoLa parte de afeminado,Hallaba lo mas perfectoEn lo que estaba mas falto;Porque ajando las faccionesCon un varonil desganoNo consintió á la hermosuraTener imperio asentado;Tan remoto á la noticia,Tan ageno del reparo,Que aun no le debió lo belloLa atencion de despreciarlo:Que como en mi nombre estáLo hermoso como sobrado,Es bueno para tenerloY malo para ostentarlo.Era el talle como suyo,Que aquel talle y aquel garbo,Aunque la naturalezaA otro dispusiera darlo,Solo le asentara bienAl espíritu de Cárlos;Que fué de su providenciaEsmero bien acertadoDar un cuerpo tan gentilA espíritu tan gallardo.Gozaba un entendimientoTan sutíl, tan elevado,Que la edad de lo entendidoEra un mentis de sus años.Alma de estas perfeccionesEra el gentil desenfadoDe un despejo tan airoso,Un gusto tan cortesano,Un recato tan amable,Un tan atractivo agrado,Que en el mas bajo descuidoSe hallaba el primor mas alto;Tan humilde en los afectos,Tan tierno en los agasajos,Tan fino en las persuaciones,Tan apacible en el trato,Y en todo, en fin, tan perfecto,Que ostentaba cortesanoDespojos de lo rendidoPor galas de lo alentado.En los desdenes sufrido,En los favores callado,En los peligros resueltoY prudente en los acasos.Mira si con estas prendas,Con otras mas que te callo,Quedaría en la mas cuerdaDefensa para el recato.En fin, yo le amé; no quieroCansar tu atencion, contandoDe mi temerario empeñoLa historia caso por caso;Pues tu discrecion no ignoraDe empeños enamorados,Que es su ordinario principioDesasosiego y cuidado,Su medio, lances y riesgos,Su fin, tragedias ó agravios.Creció el amor en los dosRecíproco, y deseandoQue nuestra feliz unionLograda en tálamo castoConfirmase de himeneoEl indisoluble lazo;Y por acaso mi padre,Que ya para darme estadoAndaba entre mis amantesLos méritos regulando,Atento á otras convenienciasNo nos fuese un embarazo,Dispusimos esta nocheLa fuga, y atropellandoEl cariño de mi padreY de mi honor el recato,Salí á la calle, y apénasDaba los primeros pasos,Entre cobardes recelosDe mi desdicha, fiandoLa una mano á las basquiñasY á mi manto la otra mano,Cuando á nosotros resueltosLlegaron dos embozados.“¿Qué gente?” dicen, y yoCon el aliento turbado,Sin reparar lo que hacia[Porque suele en tales casosHacer publicar secretosEl cuidado de guardarlos]¡Ay Cárlos! perdidos somos,Dije, y apénas tocaronMis voces á sus oidos,Cuando los dos arrancandoLos aceros, dijo el uno:“¡Matadlo, don Juan, matadlo!Que esa tirana que llevaEs doña Leonor de CastroMi prima.” Sacó mi amanteEl acero, y alentado,Apénas la aguda puntaLlegó al pecho del contrario,Cuando diciendo: ¡Ay de mí!Dió en tierra; y viendo el fracasoDió voces el compañero,A cuyo estruendo llegaronAlgunos; y aunque pudieraLa fuga salvar á Cárlos,Por no dejarme en el riesgoSe detuvo temerario,De modo que la justicia,Que acaso andaba rondando,Llegó á nosotros; y aunqueSegunda vez obstinadoIntentaba defenderse,Persuadido de mi llantoRindió la espada á mi ruego,Mucho mas que á sus contrarios.Prendiéronle, en fin, y á mí,Como á ocasion del estrago,Viendo que el que queda muertoEra don Diego de Castro,Mi primo, en tu noble casa,Señora, depositaronMi persona y mis desdichas,Donde en un punto me halloSin crédito, sin honor,Sin consuelo, sin descanso,Sin aliento, sin alivio,Y finalmente esperandoLa ejecucion de mi muerteEn la sentencia de Cárlos.Dª. Ana.—[Ap.] ¡Cielos! que es esto que escucho!Al mismo que yo idolatroEs al que quiere Leonor.¡Oh! que presto que ha vengadoAmor á don Juan! ay triste!Señora, vuestros cuidadosSiento, como es justo. Celia,Lleva esta dama á mi cuarto,Miéntras yo á mi hermano espero.Cel. á Leo.—Venid, señora.Dª. Leo.—Tus pasosSigo (¡ay de mí!) pues es fuerzaObedecer á los hados.
Emb.—Señora, aunque yo no ignoroEl decoro de esta casa,Pienso que el entrar en ellaHa sido mas venerarlaQue ofenderla, y así os ruegoQue me tengais esta damaDepositada, hasta tantoQue se averigue la causaPor qué le dió muerte á un hombreOtro que la acompañaba;Y perdonad, que á hacer vuelvoDiligencias no escusadasEn tal caso [Vánse].
Dª. Ana.—¿Qué es aquesto?Celia, á aquesos hombres llama,Que lleven esta mujer,Que no estoy acostumbradaA oir tales liviandades.
Celia.—[Ap.] Bien la deshecha mi amaHace de querer tenerla.
Dª. Leo.—Señora, en la boca el almaTengo ¡ay de mí! Si piedadMis tiernas lágrimas causanEn tu pecho [hablar no acierto]Te suplico arrodillada,Que ya que no de mi vida,Tengas piedad de mi fama,Sin permitir, puesto queYa una vez entré en tu casa,Que á otra me lleven, á dondeCorra mayores borrascasMi opinion; que á ser mujer,Como imaginas, liviana,Ni á tí te hiciera este ruego,Ni yo tuviera estas ansias.
Dª. Ana.—A lástima me ha movidoTu belleza y tu desgracia.
[Ap.]—Bien dice mi hermano, Celia.
Cel.[Ap.]—Es belleza sobrehumana,Y si está así en la tormenta,¿Cómo estará en la bonanza?
Dª. Ana.—Alzad del suelo, señora,Y perdonad si turbadaDel repentino suceso,Poco atenta y cortesanaMe he mostrado, que ignorarQuien sois pudo dar la causaA la estrañeza; mas yaVuestra persona gallardaInforma en vuestro favorDe suerte que toda el almaOfrezco para serviros.
Dª. Leo.—Déjame besar tus plantas,Bella deidad, cuyo templo,Cuyo culto, cuyas arasDe mi deshecha fortunaSon el asilo.
Dª. Ana.—Levanta,Y cuéntame qué sucesosA tal desdicha te arrastran;Aunque si eres tan hermosa,No es mucho ser desdichada.
Cel.[ap.]—De la envidia que le tieneNo le arriendo la ganancia.
Dª. Leo.—Señora, aunque la vergüenzaMe pudiera ser mordazaPara callar mis desdichasLa que, como yo, se hallaEn tan infeliz estado,No tiene porqué callarlas;Antes pienso que me abonaEl hacer lo que me mandas,Pues son tales los indiciosQue tengo de estar culpada,Que por culpables que sean,Son mas decentes sus causas;Y así escúchame.
Dª. Ana.—El silencioTe responda.
Celia.—[Ap.] ¡Cosa brava!Relacion á media nocheY con vela? ¡que no valga!
Dª. Leo.—Si de mis sucesos quieresEscuchar los tristes casos,Con que ostentan mis desdichasLo poderoso y lo vario,Escucha, por sí consigoQue divirtiendo tu agrado,Lo que fué trabajo propioSirva de ajeno descanso,O porque en el desahogoHallen mis tristes cuidadosA la pena de sentirlesEl alivio de contarlos.Yo nací noble, este fuéDe mi mal el primer paso,Que no es pequeña desdichaNacer noble un desdichado;Que aunque la nobleza seaJoya de precio tan alto,Es alhaja que en un tristeSolo sirve de embarazo;Porque estando en un sujeto,Repugnan como contrariosEntre plebeyas desdichasHaber respetos honrados.Decirte que nací hermosaPresumo que es escusado,Pues lo atestiguan tus ojos,Y lo prueban mis trabajos.Solo diré... Aquí quisieraNo ser yo quien lo relato,Pues en callarlo ó decirloDos inconvenientes hallo:Porque si digo que fuíCelebrada por milagroDe discrecion, me desmienteLa necedad de contarlo;Y si lo callo, no informoDe mí, y en un mismo casoMe desmiento si lo afirmo,Y lo ignoras si lo callo.Pero es preciso al informeQue de mis sucesos hago[Aunque pase la modestiaLa vergüenza de contarlo]Para que entiendas la historia,Presuponer asentadoQue mi discrecion la causaFué principal de mi daño.Inclinéme á los estudiosDesde mis primeros años,Con tan ardientes desvelos,Con tan ansiosos cuidados,Que reduje á tiempo breveFatigas de mucho espacio.Conmuté el tiempo industriosaA lo intenso del trabajo,De modo que en breve tiempoEra el admirable blancoDe todas las atenciones,De tal modo que llegaronA venerar como infusoLo que fué adquirido lauro.Era de mi patria todaEl objeto veneradoDe aquellas adoracionesQue forma el comun aplauso;Y como lo que decia[Fuese bueno ó fuese malo]Ni el rostro lo desluciaNi lo desairaba el garbo,Llegó la supersticionPopular á empeño tanto,Que ya adoraban deidadEl ídolo que formaron.Voló la fama parlera,Discurrió reinos estraños,Y en la distancia seguraAcreditó informes fallos.La pasion se puso anteojosDe tan engañosos grados,Que á mis moderadas prendasAgrandaban los tamaños.Víctima en mis aras eran,Devotamente postrados,Los corazones de todosCon tan comprehensivo lazo,Que habiendo sido el principioAquel culto voluntario,Llegó despues la costumbreFavorecida de tantosA hacer como obligatorioEl festejo cortesano,Y si alguno disentiaParadojo ó avisado,No se atrevia á proferirlo,Temiendo que por estrañoSu dictámen no incurriese,Siendo de todos contrario,En la nota de grosero,O en la censura de vano.Entre estos aplausos yo,Con la atencion zozobrandoEntre tanta muchedumbre,Sin hallar seguro blanco,No acertaba á amar á algunoViéndome amada de tantos.Sin temor en los concursosDefendia mi recato,Con peligros del peligroY con el daño del daño.Con una afable modestiaIgualando el agasajo,Quitaba lo generalLo sospechoso al agrado.Mis padres en mi mesuraVanamente asegurados,Se descuidaron conmigo;¡Qué dictámen tan errado!Pues fué quitar por defueraLas guardas y los candadosA una fuerza que en sí propiaEncierra tantos contrarios.Y como tan neciamenteConmigo se descuidaron,Fué preciso hallarme el riesgoDonde me perdió el cuidado.Sucedió, pues, que entre muchosQue de mi fama incitadosContestar con mi personaIntentaban mis aplausos,Llegó acaso á verme, (¡ay cielos!¿Cómo permitis tiranosQue un afecto tan precisoSe forjase de un acaso?)Don Cárlos de Olmedo, un jóvenForastero, mas tan claroPor su orígen, que en cualquieraLugar que llegue á hospedarloPodrá no ser conocido,Pero no ser ignorado.Aquí que me des te pidoLicencia para pintarlo,Por disculpar mis erroresO divertir mis cuidados,O porque al ver de mi amorLos extremos temerarios,No te admire, que el que fuéTanto, mereciere tanto.Era su rostro un enigmaCompuesto de dos contrarios,Que eran valor y hermosura,Tan felizmente hermanados,Que faltándole á lo hermosoLa parte de afeminado,Hallaba lo mas perfectoEn lo que estaba mas falto;Porque ajando las faccionesCon un varonil desganoNo consintió á la hermosuraTener imperio asentado;Tan remoto á la noticia,Tan ageno del reparo,Que aun no le debió lo belloLa atencion de despreciarlo:Que como en mi nombre estáLo hermoso como sobrado,Es bueno para tenerloY malo para ostentarlo.Era el talle como suyo,Que aquel talle y aquel garbo,Aunque la naturalezaA otro dispusiera darlo,Solo le asentara bienAl espíritu de Cárlos;Que fué de su providenciaEsmero bien acertadoDar un cuerpo tan gentilA espíritu tan gallardo.Gozaba un entendimientoTan sutíl, tan elevado,Que la edad de lo entendidoEra un mentis de sus años.Alma de estas perfeccionesEra el gentil desenfadoDe un despejo tan airoso,Un gusto tan cortesano,Un recato tan amable,Un tan atractivo agrado,Que en el mas bajo descuidoSe hallaba el primor mas alto;Tan humilde en los afectos,Tan tierno en los agasajos,Tan fino en las persuaciones,Tan apacible en el trato,Y en todo, en fin, tan perfecto,Que ostentaba cortesanoDespojos de lo rendidoPor galas de lo alentado.En los desdenes sufrido,En los favores callado,En los peligros resueltoY prudente en los acasos.Mira si con estas prendas,Con otras mas que te callo,Quedaría en la mas cuerdaDefensa para el recato.En fin, yo le amé; no quieroCansar tu atencion, contandoDe mi temerario empeñoLa historia caso por caso;Pues tu discrecion no ignoraDe empeños enamorados,Que es su ordinario principioDesasosiego y cuidado,Su medio, lances y riesgos,Su fin, tragedias ó agravios.Creció el amor en los dosRecíproco, y deseandoQue nuestra feliz unionLograda en tálamo castoConfirmase de himeneoEl indisoluble lazo;Y por acaso mi padre,Que ya para darme estadoAndaba entre mis amantesLos méritos regulando,Atento á otras convenienciasNo nos fuese un embarazo,Dispusimos esta nocheLa fuga, y atropellandoEl cariño de mi padreY de mi honor el recato,Salí á la calle, y apénasDaba los primeros pasos,Entre cobardes recelosDe mi desdicha, fiandoLa una mano á las basquiñasY á mi manto la otra mano,Cuando á nosotros resueltosLlegaron dos embozados.“¿Qué gente?” dicen, y yoCon el aliento turbado,Sin reparar lo que hacia[Porque suele en tales casosHacer publicar secretosEl cuidado de guardarlos]¡Ay Cárlos! perdidos somos,Dije, y apénas tocaronMis voces á sus oidos,Cuando los dos arrancandoLos aceros, dijo el uno:“¡Matadlo, don Juan, matadlo!Que esa tirana que llevaEs doña Leonor de CastroMi prima.” Sacó mi amanteEl acero, y alentado,Apénas la aguda puntaLlegó al pecho del contrario,Cuando diciendo: ¡Ay de mí!Dió en tierra; y viendo el fracasoDió voces el compañero,A cuyo estruendo llegaronAlgunos; y aunque pudieraLa fuga salvar á Cárlos,Por no dejarme en el riesgoSe detuvo temerario,De modo que la justicia,Que acaso andaba rondando,Llegó á nosotros; y aunqueSegunda vez obstinadoIntentaba defenderse,Persuadido de mi llantoRindió la espada á mi ruego,Mucho mas que á sus contrarios.Prendiéronle, en fin, y á mí,Como á ocasion del estrago,Viendo que el que queda muertoEra don Diego de Castro,Mi primo, en tu noble casa,Señora, depositaronMi persona y mis desdichas,Donde en un punto me halloSin crédito, sin honor,Sin consuelo, sin descanso,Sin aliento, sin alivio,Y finalmente esperandoLa ejecucion de mi muerteEn la sentencia de Cárlos.
Dª. Ana.—[Ap.] ¡Cielos! que es esto que escucho!Al mismo que yo idolatroEs al que quiere Leonor.¡Oh! que presto que ha vengadoAmor á don Juan! ay triste!Señora, vuestros cuidadosSiento, como es justo. Celia,Lleva esta dama á mi cuarto,Miéntras yo á mi hermano espero.
Cel. á Leo.—Venid, señora.
Dª. Leo.—Tus pasosSigo (¡ay de mí!) pues es fuerzaObedecer á los hados.
(Vánse Celia y doña Leonor.)
Dª. Ana.—Si de Cárlos la gala y bizarríaPudo por sí mover á mi cuidado,¿Cómo parecerá, siendo envidiado,Lo que solo por sí bien parecia?Si sin triunfo rendirle pretendia,Sabiendo ya que vive enamorado,¿Qué victoria será verle apartadoDe quien ántes por suyo le tenia?Pues perdone don Juan, que aunque yo quieraPagar su amor, que á olvido ya condeno,¿Cómo podré, si ya en mi pena fieraIntroducen los celos su veneno?Que es Cárlos, mas galan, y aunque no fuera,Tiene de mas galan el ser ageno.
Dª. Ana.—Si de Cárlos la gala y bizarríaPudo por sí mover á mi cuidado,¿Cómo parecerá, siendo envidiado,Lo que solo por sí bien parecia?Si sin triunfo rendirle pretendia,Sabiendo ya que vive enamorado,¿Qué victoria será verle apartadoDe quien ántes por suyo le tenia?Pues perdone don Juan, que aunque yo quieraPagar su amor, que á olvido ya condeno,¿Cómo podré, si ya en mi pena fieraIntroducen los celos su veneno?Que es Cárlos, mas galan, y aunque no fuera,Tiene de mas galan el ser ageno.
Dª. Ana.—Si de Cárlos la gala y bizarríaPudo por sí mover á mi cuidado,¿Cómo parecerá, siendo envidiado,Lo que solo por sí bien parecia?Si sin triunfo rendirle pretendia,Sabiendo ya que vive enamorado,¿Qué victoria será verle apartadoDe quien ántes por suyo le tenia?Pues perdone don Juan, que aunque yo quieraPagar su amor, que á olvido ya condeno,¿Cómo podré, si ya en mi pena fieraIntroducen los celos su veneno?Que es Cárlos, mas galan, y aunque no fuera,Tiene de mas galan el ser ageno.
(Salen don Cárlos con la espada desnuda y Castaño.)
D. Cár.—Señora, si en vuestro amparoHallan piedad las desdichas,Lograd el triunfo mayorSiendo amparo de las mias.Siguiendo viene mis pasosNo ménos que la justicia,Y como huir de ella esGenerosa cobardía,Al asilo de esos piesMi acosado aliento aspira,Aunque si ya perdí el almaPoco me importa la vida.Cast.—A mí sí me importa mucho,Y así, señora, os suplicaMi miedo que me escondaisDebajo de las basquiñas.D. Cár.—Calla, necio!Cast.—Pues ¿seráLa primer vez, si lo miras,Esta que los sacristanesA los delincuentes libran?Dª. Ana.—(Ap.) Cárlos es, válgame el cielo!La ocasion á la medidaDel deseo se me vieneDe obligar con bizarríasSu amor, sin hacer ultrageA mi presuncion altiva;Pues amparándole aquíCon generosas caricias,Cubriré lo enamoradaCon visos de compasiva;Y sin dejar la altivezQue en mi decoro es precisa,Podré, sin rendirme yo,Obligarle á que se rinda;Que aunque sé que ama á Leonor,¿Qué voluntad hay tan finaEn los hombres, que si venQue otra ocasion los convida,La dejen por la que quieren?Pues alto, amor, ¿qué vacilas,Si de que puede mudarseTengo el ejemplo en mi misma?Caballero, las desgraciasSuelen del valor ser hijasY cebo de las piedades,Y así, si las vuestras libranEn mí su alivio, cobradLa respiracion perdida,Y en esta cuadra que caeA un jardin entrad á prisa,Antes que venga un hermanoQue tengo, y con la maliciaDe veros conmigo solo,Otro riesgo os aperciba.D. Cár.—No quisiera yo, señora,Que el amparo de mi vidaA vos os costara un susto.Cast.—¿Ahora en aquesto miras?¡Cuerpo de quien me parió!Dª. Ana.—Nada á mí me desanima;Venid, que aquí hay una piezaQue nunca mi hermano pisa,Por ser en la que se guardanAlhajas que en las visitasDe cumplimiento me sirven,Como son alfombras, sillasY otras cosas; y ademasDe aquesto, tiene salidaA un jardin, por sí algo hubiere;Y porque nada os aflija,Venid y os lo mostraré;Pero ántes será precisaDiligencia el que yo cierreLa puerta, porque advertidaSalga en llamando mi hermano.Cast.—Señor qué cosa tan rica,Y qué dama tan bizarra;¿No hubieras (pese á mis tripas,Que claro es que ha de pesarlas,Pues se han de quedar vacias)Enamorado tú á aquesta,Y no á aquella pobrecitaDe Leonor, cuyo caudalSon cuatro bachillerías?D. Cár.—Vive Dios, villano!...Dª. Ana.—Vamos.(Ap.) Amor, pues que tú me brindasCon la dicha, no le nieguesDespues el logro á la dicha.
D. Cár.—Señora, si en vuestro amparoHallan piedad las desdichas,Lograd el triunfo mayorSiendo amparo de las mias.Siguiendo viene mis pasosNo ménos que la justicia,Y como huir de ella esGenerosa cobardía,Al asilo de esos piesMi acosado aliento aspira,Aunque si ya perdí el almaPoco me importa la vida.Cast.—A mí sí me importa mucho,Y así, señora, os suplicaMi miedo que me escondaisDebajo de las basquiñas.D. Cár.—Calla, necio!Cast.—Pues ¿seráLa primer vez, si lo miras,Esta que los sacristanesA los delincuentes libran?Dª. Ana.—(Ap.) Cárlos es, válgame el cielo!La ocasion á la medidaDel deseo se me vieneDe obligar con bizarríasSu amor, sin hacer ultrageA mi presuncion altiva;Pues amparándole aquíCon generosas caricias,Cubriré lo enamoradaCon visos de compasiva;Y sin dejar la altivezQue en mi decoro es precisa,Podré, sin rendirme yo,Obligarle á que se rinda;Que aunque sé que ama á Leonor,¿Qué voluntad hay tan finaEn los hombres, que si venQue otra ocasion los convida,La dejen por la que quieren?Pues alto, amor, ¿qué vacilas,Si de que puede mudarseTengo el ejemplo en mi misma?Caballero, las desgraciasSuelen del valor ser hijasY cebo de las piedades,Y así, si las vuestras libranEn mí su alivio, cobradLa respiracion perdida,Y en esta cuadra que caeA un jardin entrad á prisa,Antes que venga un hermanoQue tengo, y con la maliciaDe veros conmigo solo,Otro riesgo os aperciba.D. Cár.—No quisiera yo, señora,Que el amparo de mi vidaA vos os costara un susto.Cast.—¿Ahora en aquesto miras?¡Cuerpo de quien me parió!Dª. Ana.—Nada á mí me desanima;Venid, que aquí hay una piezaQue nunca mi hermano pisa,Por ser en la que se guardanAlhajas que en las visitasDe cumplimiento me sirven,Como son alfombras, sillasY otras cosas; y ademasDe aquesto, tiene salidaA un jardin, por sí algo hubiere;Y porque nada os aflija,Venid y os lo mostraré;Pero ántes será precisaDiligencia el que yo cierreLa puerta, porque advertidaSalga en llamando mi hermano.Cast.—Señor qué cosa tan rica,Y qué dama tan bizarra;¿No hubieras (pese á mis tripas,Que claro es que ha de pesarlas,Pues se han de quedar vacias)Enamorado tú á aquesta,Y no á aquella pobrecitaDe Leonor, cuyo caudalSon cuatro bachillerías?D. Cár.—Vive Dios, villano!...Dª. Ana.—Vamos.(Ap.) Amor, pues que tú me brindasCon la dicha, no le nieguesDespues el logro á la dicha.
D. Cár.—Señora, si en vuestro amparoHallan piedad las desdichas,Lograd el triunfo mayorSiendo amparo de las mias.Siguiendo viene mis pasosNo ménos que la justicia,Y como huir de ella esGenerosa cobardía,Al asilo de esos piesMi acosado aliento aspira,Aunque si ya perdí el almaPoco me importa la vida.
Cast.—A mí sí me importa mucho,Y así, señora, os suplicaMi miedo que me escondaisDebajo de las basquiñas.
D. Cár.—Calla, necio!
Cast.—Pues ¿seráLa primer vez, si lo miras,Esta que los sacristanesA los delincuentes libran?
Dª. Ana.—(Ap.) Cárlos es, válgame el cielo!La ocasion á la medidaDel deseo se me vieneDe obligar con bizarríasSu amor, sin hacer ultrageA mi presuncion altiva;Pues amparándole aquíCon generosas caricias,Cubriré lo enamoradaCon visos de compasiva;Y sin dejar la altivezQue en mi decoro es precisa,Podré, sin rendirme yo,Obligarle á que se rinda;Que aunque sé que ama á Leonor,¿Qué voluntad hay tan finaEn los hombres, que si venQue otra ocasion los convida,La dejen por la que quieren?Pues alto, amor, ¿qué vacilas,Si de que puede mudarseTengo el ejemplo en mi misma?Caballero, las desgraciasSuelen del valor ser hijasY cebo de las piedades,Y así, si las vuestras libranEn mí su alivio, cobradLa respiracion perdida,Y en esta cuadra que caeA un jardin entrad á prisa,Antes que venga un hermanoQue tengo, y con la maliciaDe veros conmigo solo,Otro riesgo os aperciba.
D. Cár.—No quisiera yo, señora,Que el amparo de mi vidaA vos os costara un susto.
Cast.—¿Ahora en aquesto miras?¡Cuerpo de quien me parió!
Dª. Ana.—Nada á mí me desanima;Venid, que aquí hay una piezaQue nunca mi hermano pisa,Por ser en la que se guardanAlhajas que en las visitasDe cumplimiento me sirven,Como son alfombras, sillasY otras cosas; y ademasDe aquesto, tiene salidaA un jardin, por sí algo hubiere;Y porque nada os aflija,Venid y os lo mostraré;Pero ántes será precisaDiligencia el que yo cierreLa puerta, porque advertidaSalga en llamando mi hermano.
Cast.—Señor qué cosa tan rica,Y qué dama tan bizarra;¿No hubieras (pese á mis tripas,Que claro es que ha de pesarlas,Pues se han de quedar vacias)Enamorado tú á aquesta,Y no á aquella pobrecitaDe Leonor, cuyo caudalSon cuatro bachillerías?
D. Cár.—Vive Dios, villano!...
Dª. Ana.—Vamos.(Ap.) Amor, pues que tú me brindasCon la dicha, no le nieguesDespues el logro á la dicha.
(Vánse. Salen don Rodrigo y Hernando.)