IX

Feliciano me adora, y le aborrezco;Lisardo me aborrece, y yo le adoro;Por quien no me apetece, ingrato, lloro;Y al que tierno me llora, no apetezco.A quien mas me desdora el alma ofrezco.A quien me ofrece víctimas, desdoro;Desprecio al que enriquece mi decoro,Y al que le hace desprecios, enriquezco.Si con mi ofensa al uno reconvengo,Me reconviene el otro á mí ofendido,Y á padecer de entrambos modos vengo;Pues ambos atormentan mi sentido,Aquese con pedir lo que no tengo,Y aqueste en no tener lo que le pido.

Feliciano me adora, y le aborrezco;Lisardo me aborrece, y yo le adoro;Por quien no me apetece, ingrato, lloro;Y al que tierno me llora, no apetezco.A quien mas me desdora el alma ofrezco.A quien me ofrece víctimas, desdoro;Desprecio al que enriquece mi decoro,Y al que le hace desprecios, enriquezco.Si con mi ofensa al uno reconvengo,Me reconviene el otro á mí ofendido,Y á padecer de entrambos modos vengo;Pues ambos atormentan mi sentido,Aquese con pedir lo que no tengo,Y aqueste en no tener lo que le pido.

Feliciano me adora, y le aborrezco;Lisardo me aborrece, y yo le adoro;Por quien no me apetece, ingrato, lloro;Y al que tierno me llora, no apetezco.

A quien mas me desdora el alma ofrezco.A quien me ofrece víctimas, desdoro;Desprecio al que enriquece mi decoro,Y al que le hace desprecios, enriquezco.

Si con mi ofensa al uno reconvengo,Me reconviene el otro á mí ofendido,Y á padecer de entrambos modos vengo;

Pues ambos atormentan mi sentido,Aquese con pedir lo que no tengo,Y aqueste en no tener lo que le pido.

Fabio, en el ser de todos adoradasSon todas las beldades ambiciosas,Porque tienen sus aras por ociosasSi no las ven de víctimas colmadas;Y así, si de uno solo son amadas,Viven de la fortuna querellosas,Porque piensan que mas que ser hermosasConstituye deidad el ser rogadas.Mas yo soy en aquesto tan medida,Que en viendo á muchos mi atencion zozobra,Y solo quiero ser correspondidaDe aquel que de mi amor reditos cobra;Porque es la sal del gusto ser querida,Y daña lo que falta y lo que sobra.

Fabio, en el ser de todos adoradasSon todas las beldades ambiciosas,Porque tienen sus aras por ociosasSi no las ven de víctimas colmadas;Y así, si de uno solo son amadas,Viven de la fortuna querellosas,Porque piensan que mas que ser hermosasConstituye deidad el ser rogadas.Mas yo soy en aquesto tan medida,Que en viendo á muchos mi atencion zozobra,Y solo quiero ser correspondidaDe aquel que de mi amor reditos cobra;Porque es la sal del gusto ser querida,Y daña lo que falta y lo que sobra.

Fabio, en el ser de todos adoradasSon todas las beldades ambiciosas,Porque tienen sus aras por ociosasSi no las ven de víctimas colmadas;

Y así, si de uno solo son amadas,Viven de la fortuna querellosas,Porque piensan que mas que ser hermosasConstituye deidad el ser rogadas.

Mas yo soy en aquesto tan medida,Que en viendo á muchos mi atencion zozobra,Y solo quiero ser correspondida

De aquel que de mi amor reditos cobra;Porque es la sal del gusto ser querida,Y daña lo que falta y lo que sobra.

Miró Celia una rosa que en el pradoOstentaba feliz su pompa vana,Y con afeites de carmin y granaBañaba alegre el rostro delicado;Y dijo: Goza sin temor del hadoEl curso breve de tu edad lozana;Pues no podrá la muerte de mañanaQuitarte lo que hubieres hoy gozado.Y aunque llega la muerte presurosaY tu fragante vida se te aleja,No sientas el morir tan bella y moza;Mira que la esperiencia te aconsejaQue es fortuna morirte siendo hermosa,Y no ver el ultraje de ser vieja.

Miró Celia una rosa que en el pradoOstentaba feliz su pompa vana,Y con afeites de carmin y granaBañaba alegre el rostro delicado;Y dijo: Goza sin temor del hadoEl curso breve de tu edad lozana;Pues no podrá la muerte de mañanaQuitarte lo que hubieres hoy gozado.Y aunque llega la muerte presurosaY tu fragante vida se te aleja,No sientas el morir tan bella y moza;Mira que la esperiencia te aconsejaQue es fortuna morirte siendo hermosa,Y no ver el ultraje de ser vieja.

Miró Celia una rosa que en el pradoOstentaba feliz su pompa vana,Y con afeites de carmin y granaBañaba alegre el rostro delicado;

Y dijo: Goza sin temor del hadoEl curso breve de tu edad lozana;Pues no podrá la muerte de mañanaQuitarte lo que hubieres hoy gozado.

Y aunque llega la muerte presurosaY tu fragante vida se te aleja,No sientas el morir tan bella y moza;

Mira que la esperiencia te aconsejaQue es fortuna morirte siendo hermosa,Y no ver el ultraje de ser vieja.

A Lucrecia.

¡Oh famosa Lucrecia! gentil damaDe cuyo desgarrado noble pechoSalió la sangre que extinguió, á despechoDel rey injusto, la lasciva llama!¡Oh con cuánta razon el mundo aclamaTu virtud! pues por premio de tal hechoAun es para tus sienes cerco estrechoLa amplísima corona de tu fama.Pero si el modo de tu fin violentoPuedes borrar del tiempo y sus anales,Quita la punta del puñal sangrientoCon que pusiste fin á tantos males,Que es mengua de tu honrado sentimientoDecir que te valiste de puñales.

¡Oh famosa Lucrecia! gentil damaDe cuyo desgarrado noble pechoSalió la sangre que extinguió, á despechoDel rey injusto, la lasciva llama!¡Oh con cuánta razon el mundo aclamaTu virtud! pues por premio de tal hechoAun es para tus sienes cerco estrechoLa amplísima corona de tu fama.Pero si el modo de tu fin violentoPuedes borrar del tiempo y sus anales,Quita la punta del puñal sangrientoCon que pusiste fin á tantos males,Que es mengua de tu honrado sentimientoDecir que te valiste de puñales.

¡Oh famosa Lucrecia! gentil damaDe cuyo desgarrado noble pechoSalió la sangre que extinguió, á despechoDel rey injusto, la lasciva llama!

¡Oh con cuánta razon el mundo aclamaTu virtud! pues por premio de tal hechoAun es para tus sienes cerco estrechoLa amplísima corona de tu fama.

Pero si el modo de tu fin violentoPuedes borrar del tiempo y sus anales,Quita la punta del puñal sangriento

Con que pusiste fin á tantos males,Que es mengua de tu honrado sentimientoDecir que te valiste de puñales.

A la misma.

Intenta de Tarquino el artificioA tu pecho, Lucrecia, dar batalla:Ya amante llora, ya modesto calla,Ya ofrece toda el alma en sacrificio.Y cuando piensa ya que mas propicioTu pecho á tanto imperio se avasalla,El premio, como Sísifo, que hallaEs empezar de nuevo el ejercicio.Arde furioso y la amorosa temaCrece en la resistencia de tu honra,Con tanta privacion mas obstinada.¡Oh providencia de deidad suprema!Tu honestidad motiva tu deshonra,Y tu deshonra te eterniza honrada.

Intenta de Tarquino el artificioA tu pecho, Lucrecia, dar batalla:Ya amante llora, ya modesto calla,Ya ofrece toda el alma en sacrificio.Y cuando piensa ya que mas propicioTu pecho á tanto imperio se avasalla,El premio, como Sísifo, que hallaEs empezar de nuevo el ejercicio.Arde furioso y la amorosa temaCrece en la resistencia de tu honra,Con tanta privacion mas obstinada.¡Oh providencia de deidad suprema!Tu honestidad motiva tu deshonra,Y tu deshonra te eterniza honrada.

Intenta de Tarquino el artificioA tu pecho, Lucrecia, dar batalla:Ya amante llora, ya modesto calla,Ya ofrece toda el alma en sacrificio.

Y cuando piensa ya que mas propicioTu pecho á tanto imperio se avasalla,El premio, como Sísifo, que hallaEs empezar de nuevo el ejercicio.

Arde furioso y la amorosa temaCrece en la resistencia de tu honra,Con tanta privacion mas obstinada.

¡Oh providencia de deidad suprema!Tu honestidad motiva tu deshonra,Y tu deshonra te eterniza honrada.

La esposa de Pompeyo.

La esposa heroica de Pompeyo altiva,Al ver su vestidura en sangre roja,Con generosa cólera se enojaDe sospecharlo muerto y estar viva.Rinde la vida en que el sosiego estrivaDe esposo y padre, y con mortal congojaLa concebida sucesion arroja,Y de la paz con ella á Roma priva.Si el infeliz concepto que escondiaEn sus entrañas Julia, no abortara,La muerte de Pompeyo escusaria.¡Oh tirana fortuna! quién pensaraQue con el mismo amor que le tenia,Con ese mismo amor se la causara!

La esposa heroica de Pompeyo altiva,Al ver su vestidura en sangre roja,Con generosa cólera se enojaDe sospecharlo muerto y estar viva.Rinde la vida en que el sosiego estrivaDe esposo y padre, y con mortal congojaLa concebida sucesion arroja,Y de la paz con ella á Roma priva.Si el infeliz concepto que escondiaEn sus entrañas Julia, no abortara,La muerte de Pompeyo escusaria.¡Oh tirana fortuna! quién pensaraQue con el mismo amor que le tenia,Con ese mismo amor se la causara!

La esposa heroica de Pompeyo altiva,Al ver su vestidura en sangre roja,Con generosa cólera se enojaDe sospecharlo muerto y estar viva.

Rinde la vida en que el sosiego estrivaDe esposo y padre, y con mortal congojaLa concebida sucesion arroja,Y de la paz con ella á Roma priva.

Si el infeliz concepto que escondiaEn sus entrañas Julia, no abortara,La muerte de Pompeyo escusaria.

¡Oh tirana fortuna! quién pensaraQue con el mismo amor que le tenia,Con ese mismo amor se la causara!

A Porcia.

¿Qué pasion, Porcia, que dolor tan ciegoTe obliga á ser de tí fiera homicida?O ¿en qué te ofende tu inocente vidaQue así le das batalla á sangre y fuego?Si la fortuna airada, al justo ruegoDe tu esposo se muestra endurecida,Bástele el mal de ver su accion perdida,No acabes con tu muerte su sosiego.Deja las brasas, Porcia, que mortalesImpaciente tu amor elegir quiere;No al fuego de tu amor el fuego iguales;Porque, si bien de tu pasion se infiere,Mal morirá en las brasas materialesQuien en las llamas del amor no muere.

¿Qué pasion, Porcia, que dolor tan ciegoTe obliga á ser de tí fiera homicida?O ¿en qué te ofende tu inocente vidaQue así le das batalla á sangre y fuego?Si la fortuna airada, al justo ruegoDe tu esposo se muestra endurecida,Bástele el mal de ver su accion perdida,No acabes con tu muerte su sosiego.Deja las brasas, Porcia, que mortalesImpaciente tu amor elegir quiere;No al fuego de tu amor el fuego iguales;Porque, si bien de tu pasion se infiere,Mal morirá en las brasas materialesQuien en las llamas del amor no muere.

¿Qué pasion, Porcia, que dolor tan ciegoTe obliga á ser de tí fiera homicida?O ¿en qué te ofende tu inocente vidaQue así le das batalla á sangre y fuego?

Si la fortuna airada, al justo ruegoDe tu esposo se muestra endurecida,Bástele el mal de ver su accion perdida,No acabes con tu muerte su sosiego.

Deja las brasas, Porcia, que mortalesImpaciente tu amor elegir quiere;No al fuego de tu amor el fuego iguales;

Porque, si bien de tu pasion se infiere,Mal morirá en las brasas materialesQuien en las llamas del amor no muere.

¿Vesme, Alcino, que atada á la cadenaDe amor, sufro en sus hierros aherrojadaMísera esclavitud, desesperadaDe libertad, y de consuelo ajena?¿Ves de dolor y angustia mi alma llena,De tan fieros tormentos lastimada,Y entre las vivas llamas abrasada,Juzgarse por indigna de su pena?¿Vesme seguir, sin alma, un desatinoQue yo misma condeno por estraño?¿Vesme derramar sangre en el camino,Siguiendo los vestigios de un engaño?¿Muy admirado estás? Pues mira, Alcino,Mas merece la causa de mi daño.

¿Vesme, Alcino, que atada á la cadenaDe amor, sufro en sus hierros aherrojadaMísera esclavitud, desesperadaDe libertad, y de consuelo ajena?¿Ves de dolor y angustia mi alma llena,De tan fieros tormentos lastimada,Y entre las vivas llamas abrasada,Juzgarse por indigna de su pena?¿Vesme seguir, sin alma, un desatinoQue yo misma condeno por estraño?¿Vesme derramar sangre en el camino,Siguiendo los vestigios de un engaño?¿Muy admirado estás? Pues mira, Alcino,Mas merece la causa de mi daño.

¿Vesme, Alcino, que atada á la cadenaDe amor, sufro en sus hierros aherrojadaMísera esclavitud, desesperadaDe libertad, y de consuelo ajena?

¿Ves de dolor y angustia mi alma llena,De tan fieros tormentos lastimada,Y entre las vivas llamas abrasada,Juzgarse por indigna de su pena?

¿Vesme seguir, sin alma, un desatinoQue yo misma condeno por estraño?¿Vesme derramar sangre en el camino,

Siguiendo los vestigios de un engaño?¿Muy admirado estás? Pues mira, Alcino,Mas merece la causa de mi daño.

Despues de una enfermedad de la autora. A la vireina, marquesa de Mancera.

En mi vida, que siempre tuya fué,Laura divina, y siempre lo será,La parca fiera, que en seguirme da,Quiso asentar por triunfo el duro pié.Yo de su atrevimiento me admiré,Que si debajo de tu imperio está,Tener fuero no puede en ella ya,Pues del suyo contigo me libré.Para cortar el hilo, que no hiló,La tijera mortal abierta ví:“¡Ay parca fiera! dije entonces yo,Mira que Laura sola manda aquí.”Ella corrida al punto se apartó,Y dejóme morir solo por ti.

En mi vida, que siempre tuya fué,Laura divina, y siempre lo será,La parca fiera, que en seguirme da,Quiso asentar por triunfo el duro pié.Yo de su atrevimiento me admiré,Que si debajo de tu imperio está,Tener fuero no puede en ella ya,Pues del suyo contigo me libré.Para cortar el hilo, que no hiló,La tijera mortal abierta ví:“¡Ay parca fiera! dije entonces yo,Mira que Laura sola manda aquí.”Ella corrida al punto se apartó,Y dejóme morir solo por ti.

En mi vida, que siempre tuya fué,Laura divina, y siempre lo será,La parca fiera, que en seguirme da,Quiso asentar por triunfo el duro pié.

Yo de su atrevimiento me admiré,Que si debajo de tu imperio está,Tener fuero no puede en ella ya,Pues del suyo contigo me libré.

Para cortar el hilo, que no hiló,La tijera mortal abierta ví:“¡Ay parca fiera! dije entonces yo,

Mira que Laura sola manda aquí.”Ella corrida al punto se apartó,Y dejóme morir solo por ti.

(CONSONANTES FORZADOS.)

Aunque eres, Teresilla, tanmuchacha,Le das qué hacer al pobre deCamacho,Porque dará tu disimulo uncachoA aquel que se pintare mas sintacha.De los empleos que tu amordespachaAnda el triste cargado como unmacho,Y tiene tan crecido supenacho,Que ya no puede entrar, si no seagacha.Estás á hacerle burlas ya tanducha,Y á salir de ellas bien estás tanhecha,Que de lo que tu vientredesembucha.Sabes darle á entender, cuandosospecha,Que has hecho, por hacer su haciendamucha,De ajena siembra suya lacosecha.

Aunque eres, Teresilla, tanmuchacha,Le das qué hacer al pobre deCamacho,Porque dará tu disimulo uncachoA aquel que se pintare mas sintacha.De los empleos que tu amordespachaAnda el triste cargado como unmacho,Y tiene tan crecido supenacho,Que ya no puede entrar, si no seagacha.Estás á hacerle burlas ya tanducha,Y á salir de ellas bien estás tanhecha,Que de lo que tu vientredesembucha.Sabes darle á entender, cuandosospecha,Que has hecho, por hacer su haciendamucha,De ajena siembra suya lacosecha.

Aunque eres, Teresilla, tanmuchacha,Le das qué hacer al pobre deCamacho,Porque dará tu disimulo uncachoA aquel que se pintare mas sintacha.

De los empleos que tu amordespachaAnda el triste cargado como unmacho,Y tiene tan crecido supenacho,Que ya no puede entrar, si no seagacha.

Estás á hacerle burlas ya tanducha,Y á salir de ellas bien estás tanhecha,Que de lo que tu vientredesembucha.

Sabes darle á entender, cuandosospecha,Que has hecho, por hacer su haciendamucha,De ajena siembra suya lacosecha.

(CONSONANTES FORZADOS.)

Ines, yo con tu amor merefocilo,Y viéndome querer meregodeo;En mirar tu hermosura merecreo,Y cuando estás celosa mereguilo.Si á otros miras, de celos meaniquilo,Y tiemblo de tu gracia y tumeneo,Porque sé, Ines, que tu con unboleoNo dejarás humor ni paraquilo.Cuando estás enojada, noresuello;Cuando me das picones, merefino;Cuando sales de casa, noreposo;Y espero, Ines, que entre esto y entreaquelloTu amor, acompañado de mivino,Dé conmigo en la cama ó en elcoso.

Ines, yo con tu amor merefocilo,Y viéndome querer meregodeo;En mirar tu hermosura merecreo,Y cuando estás celosa mereguilo.Si á otros miras, de celos meaniquilo,Y tiemblo de tu gracia y tumeneo,Porque sé, Ines, que tu con unboleoNo dejarás humor ni paraquilo.Cuando estás enojada, noresuello;Cuando me das picones, merefino;Cuando sales de casa, noreposo;Y espero, Ines, que entre esto y entreaquelloTu amor, acompañado de mivino,Dé conmigo en la cama ó en elcoso.

Ines, yo con tu amor merefocilo,Y viéndome querer meregodeo;En mirar tu hermosura merecreo,Y cuando estás celosa mereguilo.

Si á otros miras, de celos meaniquilo,Y tiemblo de tu gracia y tumeneo,Porque sé, Ines, que tu con unboleoNo dejarás humor ni paraquilo.

Cuando estás enojada, noresuello;Cuando me das picones, merefino;Cuando sales de casa, noreposo;

Y espero, Ines, que entre esto y entreaquelloTu amor, acompañado de mivino,Dé conmigo en la cama ó en elcoso.

A la esperanza.

Diurna enfermedad de la esperanza,Que así entretienes mis cansados años,Y en el fiel de los bienes los dañosTienes en equilibrio la balanza,Que siempre suspendida, en la tardanzaDe inclinarse, no dejan tus engañosQue lleguen á exceder en los tamañosLa desesperacion ó la confianza;¿Quién te ha quitado el nombre de homicida?Pues lo eres mas severa, si se advierte,Que suspendes el alma entretenida;Y entre la infausta ó la felice suerteNo lo haces tú por conservar la vida,Sino por dar mas dilatada muerte.

Diurna enfermedad de la esperanza,Que así entretienes mis cansados años,Y en el fiel de los bienes los dañosTienes en equilibrio la balanza,Que siempre suspendida, en la tardanzaDe inclinarse, no dejan tus engañosQue lleguen á exceder en los tamañosLa desesperacion ó la confianza;¿Quién te ha quitado el nombre de homicida?Pues lo eres mas severa, si se advierte,Que suspendes el alma entretenida;Y entre la infausta ó la felice suerteNo lo haces tú por conservar la vida,Sino por dar mas dilatada muerte.

Diurna enfermedad de la esperanza,Que así entretienes mis cansados años,Y en el fiel de los bienes los dañosTienes en equilibrio la balanza,

Que siempre suspendida, en la tardanzaDe inclinarse, no dejan tus engañosQue lleguen á exceder en los tamañosLa desesperacion ó la confianza;

¿Quién te ha quitado el nombre de homicida?Pues lo eres mas severa, si se advierte,Que suspendes el alma entretenida;

Y entre la infausta ó la felice suerteNo lo haces tú por conservar la vida,Sino por dar mas dilatada muerte.

¿Qué es esto, Alcino? ¿Cómo tu corduraSe deja así vencer de un mal celoso,Haciendo con estremos de furiosoDemostraciones más que de locura?¿En qué te ofendió Celia, si se apura?O al amor ¿por qué culpas de engañoso,Si no aseguró nunca poderosoLa eterna posesion de su hermosura?La posesion de cosas temporales,Temporal es, Alcino, y es abusoEl querer conservarlas siempre iguales.Conque, tu error ò tu ignorancia acuso;Pues fortuna y amor de cosas talesLa propiedad no han dado, sino el uso.

¿Qué es esto, Alcino? ¿Cómo tu corduraSe deja así vencer de un mal celoso,Haciendo con estremos de furiosoDemostraciones más que de locura?¿En qué te ofendió Celia, si se apura?O al amor ¿por qué culpas de engañoso,Si no aseguró nunca poderosoLa eterna posesion de su hermosura?La posesion de cosas temporales,Temporal es, Alcino, y es abusoEl querer conservarlas siempre iguales.Conque, tu error ò tu ignorancia acuso;Pues fortuna y amor de cosas talesLa propiedad no han dado, sino el uso.

¿Qué es esto, Alcino? ¿Cómo tu corduraSe deja así vencer de un mal celoso,Haciendo con estremos de furiosoDemostraciones más que de locura?

¿En qué te ofendió Celia, si se apura?O al amor ¿por qué culpas de engañoso,Si no aseguró nunca poderosoLa eterna posesion de su hermosura?

La posesion de cosas temporales,Temporal es, Alcino, y es abusoEl querer conservarlas siempre iguales.

Conque, tu error ò tu ignorancia acuso;Pues fortuna y amor de cosas talesLa propiedad no han dado, sino el uso.

Silvio, yo te aborrezco, y aun condenoEl que estés de esta suerte en mi sentido,Que infama el hierro el escorpion herido,Y mancha, á quien lo huella, inmundo el cieno.Eres como el mortífero venenoQue daña á quien lo vierte inadvertido;Y, en fin, eres tan malo y fementidoQue aun para aborrecido no eres bueno.Tu aspecto vil á mi memoria ofrezco,Aunque con susto me lo contradice,Por darme yo la pena que merezco;Pues cuando considero lo que hice,No solo á ti, corrida, te aborrezco,Pero á mí, por el tiempo que te quise.

Silvio, yo te aborrezco, y aun condenoEl que estés de esta suerte en mi sentido,Que infama el hierro el escorpion herido,Y mancha, á quien lo huella, inmundo el cieno.Eres como el mortífero venenoQue daña á quien lo vierte inadvertido;Y, en fin, eres tan malo y fementidoQue aun para aborrecido no eres bueno.Tu aspecto vil á mi memoria ofrezco,Aunque con susto me lo contradice,Por darme yo la pena que merezco;Pues cuando considero lo que hice,No solo á ti, corrida, te aborrezco,Pero á mí, por el tiempo que te quise.

Silvio, yo te aborrezco, y aun condenoEl que estés de esta suerte en mi sentido,Que infama el hierro el escorpion herido,Y mancha, á quien lo huella, inmundo el cieno.

Eres como el mortífero venenoQue daña á quien lo vierte inadvertido;Y, en fin, eres tan malo y fementidoQue aun para aborrecido no eres bueno.

Tu aspecto vil á mi memoria ofrezco,Aunque con susto me lo contradice,Por darme yo la pena que merezco;

Pues cuando considero lo que hice,No solo á ti, corrida, te aborrezco,Pero á mí, por el tiempo que te quise.

Dices que yo te olvido, Celio, y mientesEn decir que me acuerdo de olvidarte,Pues no hay en mi memoria alguna parteEn que, aun como olvidado, te presentes.Mis pensamientos son tan diferentesY en todo tan ajenos de tratarte,Que ni saben si pueden olvidarte,Ni si te olvidan saben si lo sientes.Si tù fueras capaz de ser querido,Fueras capaz de olvido, y ya era gloriaAl ménos la potencia de haber sido;Mas tan léjos estás de esa victoria,Que aqueste no acordarme, no es olvido,Sino una negacion de la memoria.

Dices que yo te olvido, Celio, y mientesEn decir que me acuerdo de olvidarte,Pues no hay en mi memoria alguna parteEn que, aun como olvidado, te presentes.Mis pensamientos son tan diferentesY en todo tan ajenos de tratarte,Que ni saben si pueden olvidarte,Ni si te olvidan saben si lo sientes.Si tù fueras capaz de ser querido,Fueras capaz de olvido, y ya era gloriaAl ménos la potencia de haber sido;Mas tan léjos estás de esa victoria,Que aqueste no acordarme, no es olvido,Sino una negacion de la memoria.

Dices que yo te olvido, Celio, y mientesEn decir que me acuerdo de olvidarte,Pues no hay en mi memoria alguna parteEn que, aun como olvidado, te presentes.

Mis pensamientos son tan diferentesY en todo tan ajenos de tratarte,Que ni saben si pueden olvidarte,Ni si te olvidan saben si lo sientes.

Si tù fueras capaz de ser querido,Fueras capaz de olvido, y ya era gloriaAl ménos la potencia de haber sido;

Mas tan léjos estás de esa victoria,Que aqueste no acordarme, no es olvido,Sino una negacion de la memoria.

Al rey de España, con ocasión de un acto piadoso para con el Santísimo Sacramento.

Altísimo señor, monarca hispano,Que á Dios entre accidentes escondidoCuando quereis mostraros mas rendidoEs cuando os ostentais mas soberano.Aquesta accion, señor, que al luteranoAsombró en Cárlos quinto esclarecido,Y esa por quien el gran Rodulfo vidoDel mundo el cetro en su piadosa mano,Aunque aplaudida en el hispano sueloHa sido con católica alegria,No causa admiracion á mi desvelo:Quede admirado aquel que desconfia,Y de vuestra piedad, virtud y celoEsa y mas religion no suponía.

Altísimo señor, monarca hispano,Que á Dios entre accidentes escondidoCuando quereis mostraros mas rendidoEs cuando os ostentais mas soberano.Aquesta accion, señor, que al luteranoAsombró en Cárlos quinto esclarecido,Y esa por quien el gran Rodulfo vidoDel mundo el cetro en su piadosa mano,Aunque aplaudida en el hispano sueloHa sido con católica alegria,No causa admiracion á mi desvelo:Quede admirado aquel que desconfia,Y de vuestra piedad, virtud y celoEsa y mas religion no suponía.

Altísimo señor, monarca hispano,Que á Dios entre accidentes escondidoCuando quereis mostraros mas rendidoEs cuando os ostentais mas soberano.

Aquesta accion, señor, que al luteranoAsombró en Cárlos quinto esclarecido,Y esa por quien el gran Rodulfo vidoDel mundo el cetro en su piadosa mano,

Aunque aplaudida en el hispano sueloHa sido con católica alegria,No causa admiracion á mi desvelo:

Quede admirado aquel que desconfia,Y de vuestra piedad, virtud y celoEsa y mas religion no suponía.

Firma Pilato la que juzga agenaSentencia, y es la suya. ¡Oh caso fuerte!¿Quién creerá que firmando ajena muerteEl mismo juez en ella se condena?La ambición de tal modo le enagena,Que con el vil temor, ciego, no advierteQue carga sobre sí la infausta suerteQuien al justo sentencia á injusta pena.Jueces del inundo, detened la mano,Aun no firmeis: mirad si son violencias,Las que os pueden mover, de odio inhumano;Examinad primero las conciencias,Mirad no haga el Juez recto y soberanoQue en la ajena firmeis vuestras sentencias.

Firma Pilato la que juzga agenaSentencia, y es la suya. ¡Oh caso fuerte!¿Quién creerá que firmando ajena muerteEl mismo juez en ella se condena?La ambición de tal modo le enagena,Que con el vil temor, ciego, no advierteQue carga sobre sí la infausta suerteQuien al justo sentencia á injusta pena.Jueces del inundo, detened la mano,Aun no firmeis: mirad si son violencias,Las que os pueden mover, de odio inhumano;Examinad primero las conciencias,Mirad no haga el Juez recto y soberanoQue en la ajena firmeis vuestras sentencias.

Firma Pilato la que juzga agenaSentencia, y es la suya. ¡Oh caso fuerte!¿Quién creerá que firmando ajena muerteEl mismo juez en ella se condena?

La ambición de tal modo le enagena,Que con el vil temor, ciego, no advierteQue carga sobre sí la infausta suerteQuien al justo sentencia á injusta pena.

Jueces del inundo, detened la mano,Aun no firmeis: mirad si son violencias,Las que os pueden mover, de odio inhumano;

Examinad primero las conciencias,Mirad no haga el Juez recto y soberanoQue en la ajena firmeis vuestras sentencias.

A la muerte del duque de Veráguas.[G]

Ves, caminante: en esta triste piraLa potencia de Jove está postrada;Aquí Marte rindió la fuerte espada,Aquí Apolo rompió la dulce lira;Aquí Minerva triste se retira,Y la luz de los astros eclipsadaToda está en la ceniza veneradaDel excelso Colon, que aquí se mira.Tanto pudo la fama encarecerlo,Y tanto las noticias sublimarlo,Que sin haber llegado á conocerlo,Llegó con tanto estremo el reino á amarlo,Que muchos ojos no pudieron verlo,Mas ningunos pudieron no llorarlo.

Ves, caminante: en esta triste piraLa potencia de Jove está postrada;Aquí Marte rindió la fuerte espada,Aquí Apolo rompió la dulce lira;Aquí Minerva triste se retira,Y la luz de los astros eclipsadaToda está en la ceniza veneradaDel excelso Colon, que aquí se mira.Tanto pudo la fama encarecerlo,Y tanto las noticias sublimarlo,Que sin haber llegado á conocerlo,Llegó con tanto estremo el reino á amarlo,Que muchos ojos no pudieron verlo,Mas ningunos pudieron no llorarlo.

Ves, caminante: en esta triste piraLa potencia de Jove está postrada;Aquí Marte rindió la fuerte espada,Aquí Apolo rompió la dulce lira;

Aquí Minerva triste se retira,Y la luz de los astros eclipsadaToda está en la ceniza veneradaDel excelso Colon, que aquí se mira.

Tanto pudo la fama encarecerlo,Y tanto las noticias sublimarlo,Que sin haber llegado á conocerlo,

Llegó con tanto estremo el reino á amarlo,Que muchos ojos no pudieron verlo,Mas ningunos pudieron no llorarlo.

Al mismo asunto.

Deten el paso, caminante: advierteQue aun esta losa guarda enternecida,Con triunfos de su diestra no vencida,Al capitan mas valeroso y fuerte;Al duque de Veráguas, ¡triste suerte!Que nos dió en su noticia esclarecida,En relacion los bienes de su vida,Y en posesion los males de su muerte.No es muerto el duque, aunque su cuerpo abraceLa losa que apiadada le recibe:Pues porque á su vivir el curso enlace,Aunque el mármol su muerte sobrescribe,En las piedras verás elaquí yace,Mas en los corazones,aquí vive.

Deten el paso, caminante: advierteQue aun esta losa guarda enternecida,Con triunfos de su diestra no vencida,Al capitan mas valeroso y fuerte;Al duque de Veráguas, ¡triste suerte!Que nos dió en su noticia esclarecida,En relacion los bienes de su vida,Y en posesion los males de su muerte.No es muerto el duque, aunque su cuerpo abraceLa losa que apiadada le recibe:Pues porque á su vivir el curso enlace,Aunque el mármol su muerte sobrescribe,En las piedras verás elaquí yace,Mas en los corazones,aquí vive.

Deten el paso, caminante: advierteQue aun esta losa guarda enternecida,Con triunfos de su diestra no vencida,Al capitan mas valeroso y fuerte;

Al duque de Veráguas, ¡triste suerte!Que nos dió en su noticia esclarecida,En relacion los bienes de su vida,Y en posesion los males de su muerte.

No es muerto el duque, aunque su cuerpo abraceLa losa que apiadada le recibe:Pues porque á su vivir el curso enlace,

Aunque el mármol su muerte sobrescribe,En las piedras verás elaquí yace,Mas en los corazones,aquí vive.

En la muerte de la marquesa de Mancera.

Mueran contigo, Laura, pues moriste,Los afectos que en vano te desean,Los ojos á quien privas de que veanLa hermosa luz que un tiempo concediste.Muera mi lira infausta en que influisteEcos, que hoy lamentables te vocean;Y hasta estos rasgos mal formados seanLágrimas negras de mi pluma triste.Muévase á compasión la misma muerteQue precisa no pudo perdonarte,Y lamente el amor su amarga suerte;Pues si ántes ambicioso de gozarteDeseó tener ojos para verte,Ya le sirvieran solo de llorarte.

Mueran contigo, Laura, pues moriste,Los afectos que en vano te desean,Los ojos á quien privas de que veanLa hermosa luz que un tiempo concediste.Muera mi lira infausta en que influisteEcos, que hoy lamentables te vocean;Y hasta estos rasgos mal formados seanLágrimas negras de mi pluma triste.Muévase á compasión la misma muerteQue precisa no pudo perdonarte,Y lamente el amor su amarga suerte;Pues si ántes ambicioso de gozarteDeseó tener ojos para verte,Ya le sirvieran solo de llorarte.

Mueran contigo, Laura, pues moriste,Los afectos que en vano te desean,Los ojos á quien privas de que veanLa hermosa luz que un tiempo concediste.

Muera mi lira infausta en que influisteEcos, que hoy lamentables te vocean;Y hasta estos rasgos mal formados seanLágrimas negras de mi pluma triste.

Muévase á compasión la misma muerteQue precisa no pudo perdonarte,Y lamente el amor su amarga suerte;

Pues si ántes ambicioso de gozarteDeseó tener ojos para verte,Ya le sirvieran solo de llorarte.

Quejas de la autora por los aplausos de que era objeto.

¿Tan grande ¡ay hado! mi delito ha sido,Que, por castigo de él ó por tormento,No basta el que adelanta el pensamiento,Sino el que le previenes al oido?Tan severo en mi contra has procedido,Que me persuado de tu duro intento,A que solo me diste entendimientoPorque fuese mi daño mas crecido.Me diste aplausos para mas baldones,Subir me hiciste para penas tales;Y aun pienso que me dieron tus traicionesGlorias á mi desdicha desiguales,Porque viéndome rica de tus donesNadie tuviese lástima á mis males.

¿Tan grande ¡ay hado! mi delito ha sido,Que, por castigo de él ó por tormento,No basta el que adelanta el pensamiento,Sino el que le previenes al oido?Tan severo en mi contra has procedido,Que me persuado de tu duro intento,A que solo me diste entendimientoPorque fuese mi daño mas crecido.Me diste aplausos para mas baldones,Subir me hiciste para penas tales;Y aun pienso que me dieron tus traicionesGlorias á mi desdicha desiguales,Porque viéndome rica de tus donesNadie tuviese lástima á mis males.

¿Tan grande ¡ay hado! mi delito ha sido,Que, por castigo de él ó por tormento,No basta el que adelanta el pensamiento,Sino el que le previenes al oido?

Tan severo en mi contra has procedido,Que me persuado de tu duro intento,A que solo me diste entendimientoPorque fuese mi daño mas crecido.

Me diste aplausos para mas baldones,Subir me hiciste para penas tales;Y aun pienso que me dieron tus traiciones

Glorias á mi desdicha desiguales,Porque viéndome rica de tus donesNadie tuviese lástima á mis males.

Píramo y Tisbe.

De un funesto moral la negra sombraDe horrores mil y confusiones llena,En cuyo hueco tronco aun hoy resuenaEl eco que doliente á Tisbe nombra,Cubrió la verde matizada alfombraEn que Píramo amante abrió la venaDel corazon, y Tisbe de su penaDió la señal, que aun hoy al mundo asombra.Mas viendo del amor tanto despechoLa muerte, entonces de ellos lastimada,Sus dos pechos juntó con lazo estrecho.Pero ¡ay de la infeliz y desdichadaQue á su Píramo dar no puede el pechoNi aun por los duros filos de una espada!

De un funesto moral la negra sombraDe horrores mil y confusiones llena,En cuyo hueco tronco aun hoy resuenaEl eco que doliente á Tisbe nombra,Cubrió la verde matizada alfombraEn que Píramo amante abrió la venaDel corazon, y Tisbe de su penaDió la señal, que aun hoy al mundo asombra.Mas viendo del amor tanto despechoLa muerte, entonces de ellos lastimada,Sus dos pechos juntó con lazo estrecho.Pero ¡ay de la infeliz y desdichadaQue á su Píramo dar no puede el pechoNi aun por los duros filos de una espada!

De un funesto moral la negra sombraDe horrores mil y confusiones llena,En cuyo hueco tronco aun hoy resuenaEl eco que doliente á Tisbe nombra,

Cubrió la verde matizada alfombraEn que Píramo amante abrió la venaDel corazon, y Tisbe de su penaDió la señal, que aun hoy al mundo asombra.

Mas viendo del amor tanto despechoLa muerte, entonces de ellos lastimada,Sus dos pechos juntó con lazo estrecho.

Pero ¡ay de la infeliz y desdichadaQue á su Píramo dar no puede el pechoNi aun por los duros filos de una espada!

Desahogos de un celoso.

Yo no dudo, Lizarda, que te quiero,Aunque sé que me tienes agraviado;Mas estoy tan amante y tan airado,Que afectos que distingo no prefiero.De ver que odio y amor te tengo, infieroQue ninguno estar puede en sumo grado;Pues no me puede el odio haber ganado,Sin haberme perdido amor primero.Y si piensas que el alma que te quisoHa de estar siempre á tu aficion ligada,De tu satisfaccion vana te aviso;Pues si el amor al odio ha dado entradaEl que bajó de sumo á ser remiso,De lo remiso pasará á ser nada.

Yo no dudo, Lizarda, que te quiero,Aunque sé que me tienes agraviado;Mas estoy tan amante y tan airado,Que afectos que distingo no prefiero.De ver que odio y amor te tengo, infieroQue ninguno estar puede en sumo grado;Pues no me puede el odio haber ganado,Sin haberme perdido amor primero.Y si piensas que el alma que te quisoHa de estar siempre á tu aficion ligada,De tu satisfaccion vana te aviso;Pues si el amor al odio ha dado entradaEl que bajó de sumo á ser remiso,De lo remiso pasará á ser nada.

Yo no dudo, Lizarda, que te quiero,Aunque sé que me tienes agraviado;Mas estoy tan amante y tan airado,Que afectos que distingo no prefiero.

De ver que odio y amor te tengo, infieroQue ninguno estar puede en sumo grado;Pues no me puede el odio haber ganado,Sin haberme perdido amor primero.

Y si piensas que el alma que te quisoHa de estar siempre á tu aficion ligada,De tu satisfaccion vana te aviso;

Pues si el amor al odio ha dado entradaEl que bajó de sumo á ser remiso,De lo remiso pasará á ser nada.

Sentimientos de una ausencia.

Amado dueño mio,Escucha un rato mis cansadas quejas,Pues del viento las fioQue breve las conduzca á tus orejas,Si no se desvanece el triste acento,Como mis esperanzas, en el viento.Oyeme con los ojos,Ya que están tan distantes los oidos,Y de ausentes enojosEn ecos de mi pluma mis gemidos;Y ya que á ti no llega mi voz ruda,Oyeme sordo, pues me quejo muda.Si del campo te agradas,Goza de sus frescuras venturosas,Sin que aquestas cansadasLágrimas te detengan enfadosas;Que en él verás, si atento te detienes,Ejemplos de mis males y mis bienes.Si el arroyo parleroVes galan de las flores en el prado,Que amante y lisonjeroA cuantas mira intima su cuidado,En su corriente mi dolor te avisaQue á costa de mi llanto tiene risa.Si ves que triste lloraSu esperanza marchita en ramo verdeTórtola gemidora,En él y en ella mi dolor te acuerdeQue imitan con verdor y con lamentoEl mi esperanza y ella mi tormento.Si la flor delicada,Si la peña que altiva no consienteDel tiempo ser hollada,Ambas me imitan, aunque variamente,Ya con fragilidad, ya con dureza,Mi dicha aquella y esta mi firmeza.Si ves el ciervo heridoQue por el monte baja acelerado,Buscando doloridoAlivio al mal en un arroyo helado,Y sediento al cristal se precipita,No en el alivio, en el dolor me imita.Si la liebre encogidaHuye medrosa de los galgos fieros,Y por salvar la vidaNo deja estampa de los pies ligeros,Tal mi esperanza en dudas y recelosSe ve acosada de villanos celos.Si ves el cielo claro,Tal es la sencillez del alma mia;Y si, de azul avaro,De tinieblas se emboza el claro dia,Es con su oscuridad y su inclemenciaImágen de mi vida en esta ausencia.Así que, Fabio amado,Saber puedes mis males sin costarteLa noticia cuidado,Pues puedes de los campos informarte;Y, pues yo á todo mi dolor ajusto,Sabe mi pena sin dejar tu gusto.Mas ¿cuándo ¡ay gloria mia!Mereceré gozar tu luz serena?¿Cuándo llegará el diaQue pongas dulce fin á tanta pena?¿Cuándo veré tus ojos, dulce encanto,Y de los mios secarás el llanto?¿Cuándo tu voz sonoraHerirá mis oidos delicada,Y el alma que te adora,De inundacion de gozos anegada,A recibirte con amante prisaSaldrá á los ojos desatada en risa?¿Cuándo tu luz hermosaRevestirá de gloria mis sentidos?Y ¿cuándo yo dichosaMis suspiros daré por bien perdidos,Teniendo en poco el precio de mi llanto?¡Que tanto ha de penar quien goza tanto!¿Cuándo de tu apacibleRostro alegre veré el semblante afable,Y aquel bien indecibleA toda humana pluma inesplicable?Que mal se ceñirá á lo definidoLo que no cabe en todo lo sentido.Ven, pues, mi prenda amada,Que ya fallece mi cansada vidaDe esta ausencia pesada;Ven, pues, que mientras tarda tu venidaAunque me cueste tu verdor enojosRegaré mi esperanza con mis ojos.

Amado dueño mio,Escucha un rato mis cansadas quejas,Pues del viento las fioQue breve las conduzca á tus orejas,Si no se desvanece el triste acento,Como mis esperanzas, en el viento.Oyeme con los ojos,Ya que están tan distantes los oidos,Y de ausentes enojosEn ecos de mi pluma mis gemidos;Y ya que á ti no llega mi voz ruda,Oyeme sordo, pues me quejo muda.Si del campo te agradas,Goza de sus frescuras venturosas,Sin que aquestas cansadasLágrimas te detengan enfadosas;Que en él verás, si atento te detienes,Ejemplos de mis males y mis bienes.Si el arroyo parleroVes galan de las flores en el prado,Que amante y lisonjeroA cuantas mira intima su cuidado,En su corriente mi dolor te avisaQue á costa de mi llanto tiene risa.Si ves que triste lloraSu esperanza marchita en ramo verdeTórtola gemidora,En él y en ella mi dolor te acuerdeQue imitan con verdor y con lamentoEl mi esperanza y ella mi tormento.Si la flor delicada,Si la peña que altiva no consienteDel tiempo ser hollada,Ambas me imitan, aunque variamente,Ya con fragilidad, ya con dureza,Mi dicha aquella y esta mi firmeza.Si ves el ciervo heridoQue por el monte baja acelerado,Buscando doloridoAlivio al mal en un arroyo helado,Y sediento al cristal se precipita,No en el alivio, en el dolor me imita.Si la liebre encogidaHuye medrosa de los galgos fieros,Y por salvar la vidaNo deja estampa de los pies ligeros,Tal mi esperanza en dudas y recelosSe ve acosada de villanos celos.Si ves el cielo claro,Tal es la sencillez del alma mia;Y si, de azul avaro,De tinieblas se emboza el claro dia,Es con su oscuridad y su inclemenciaImágen de mi vida en esta ausencia.Así que, Fabio amado,Saber puedes mis males sin costarteLa noticia cuidado,Pues puedes de los campos informarte;Y, pues yo á todo mi dolor ajusto,Sabe mi pena sin dejar tu gusto.Mas ¿cuándo ¡ay gloria mia!Mereceré gozar tu luz serena?¿Cuándo llegará el diaQue pongas dulce fin á tanta pena?¿Cuándo veré tus ojos, dulce encanto,Y de los mios secarás el llanto?¿Cuándo tu voz sonoraHerirá mis oidos delicada,Y el alma que te adora,De inundacion de gozos anegada,A recibirte con amante prisaSaldrá á los ojos desatada en risa?¿Cuándo tu luz hermosaRevestirá de gloria mis sentidos?Y ¿cuándo yo dichosaMis suspiros daré por bien perdidos,Teniendo en poco el precio de mi llanto?¡Que tanto ha de penar quien goza tanto!¿Cuándo de tu apacibleRostro alegre veré el semblante afable,Y aquel bien indecibleA toda humana pluma inesplicable?Que mal se ceñirá á lo definidoLo que no cabe en todo lo sentido.Ven, pues, mi prenda amada,Que ya fallece mi cansada vidaDe esta ausencia pesada;Ven, pues, que mientras tarda tu venidaAunque me cueste tu verdor enojosRegaré mi esperanza con mis ojos.

Amado dueño mio,Escucha un rato mis cansadas quejas,Pues del viento las fioQue breve las conduzca á tus orejas,Si no se desvanece el triste acento,Como mis esperanzas, en el viento.

Oyeme con los ojos,Ya que están tan distantes los oidos,Y de ausentes enojosEn ecos de mi pluma mis gemidos;Y ya que á ti no llega mi voz ruda,Oyeme sordo, pues me quejo muda.

Si del campo te agradas,Goza de sus frescuras venturosas,Sin que aquestas cansadasLágrimas te detengan enfadosas;Que en él verás, si atento te detienes,Ejemplos de mis males y mis bienes.

Si el arroyo parleroVes galan de las flores en el prado,Que amante y lisonjeroA cuantas mira intima su cuidado,En su corriente mi dolor te avisaQue á costa de mi llanto tiene risa.

Si ves que triste lloraSu esperanza marchita en ramo verdeTórtola gemidora,En él y en ella mi dolor te acuerdeQue imitan con verdor y con lamentoEl mi esperanza y ella mi tormento.

Si la flor delicada,Si la peña que altiva no consienteDel tiempo ser hollada,Ambas me imitan, aunque variamente,Ya con fragilidad, ya con dureza,Mi dicha aquella y esta mi firmeza.

Si ves el ciervo heridoQue por el monte baja acelerado,Buscando doloridoAlivio al mal en un arroyo helado,Y sediento al cristal se precipita,No en el alivio, en el dolor me imita.

Si la liebre encogidaHuye medrosa de los galgos fieros,Y por salvar la vidaNo deja estampa de los pies ligeros,Tal mi esperanza en dudas y recelosSe ve acosada de villanos celos.

Si ves el cielo claro,Tal es la sencillez del alma mia;Y si, de azul avaro,De tinieblas se emboza el claro dia,Es con su oscuridad y su inclemenciaImágen de mi vida en esta ausencia.

Así que, Fabio amado,Saber puedes mis males sin costarteLa noticia cuidado,Pues puedes de los campos informarte;Y, pues yo á todo mi dolor ajusto,Sabe mi pena sin dejar tu gusto.

Mas ¿cuándo ¡ay gloria mia!Mereceré gozar tu luz serena?¿Cuándo llegará el diaQue pongas dulce fin á tanta pena?¿Cuándo veré tus ojos, dulce encanto,Y de los mios secarás el llanto?

¿Cuándo tu voz sonoraHerirá mis oidos delicada,Y el alma que te adora,De inundacion de gozos anegada,A recibirte con amante prisaSaldrá á los ojos desatada en risa?

¿Cuándo tu luz hermosaRevestirá de gloria mis sentidos?Y ¿cuándo yo dichosaMis suspiros daré por bien perdidos,Teniendo en poco el precio de mi llanto?¡Que tanto ha de penar quien goza tanto!

¿Cuándo de tu apacibleRostro alegre veré el semblante afable,Y aquel bien indecibleA toda humana pluma inesplicable?Que mal se ceñirá á lo definidoLo que no cabe en todo lo sentido.

Ven, pues, mi prenda amada,Que ya fallece mi cansada vidaDe esta ausencia pesada;Ven, pues, que mientras tarda tu venidaAunque me cueste tu verdor enojosRegaré mi esperanza con mis ojos.

Satisfaccion á unos celos.

Pues estoy, condenada,Fabio, á la muerte por decreto tuyo,Y la sentencia airadaNi la apelo, resisto, ni la huyo,Oyeme, que no hay reo tan culpadoA quien el confesar le sea negado.Porque te han informado,Dices, de que mi pecho te ha ofendido,Me has fiero condenado;Y ¿pueden en tu pecho endurecidoMas la noticia incierta, que no es ciencia,Que de tantas verdades la esperiencia?Si á otros crédito has dado,Fabio, ¿por qué á tus ojos se lo niegas,Y el sentido trocadoDe la ley, al cordel mi cuello entregas?Pues liberal me amplías los rigores,Y avaro me restringes los favores.Si otros ojos he visto,Mátenme, Fabio, tus airados ojos;Si á otro cariño asisto,Asístanme implacables tus enojos;Y si otro amor del tuyo me divierte,Tu que me has dado vida me des muerte.Si á otro alegre he mirado,Nunca alegre me mires ni me vea;Si le hablé con agrado,Eterno desagrado en tí posea;Y si otro amor inquieta mi sentido,Sáquesme el alma tú que mi alma has sido.Mas supuesto que mueroSin resistir á mi infelice suerte,Que me des solo quieroLicencia de que escoja yo mi muerte:Deja la muerte á mi eleccion medida,Pues en la tuya pongo yo mi vida.No muera de rigores,Fabio, cuando morir de amores puedo;Pues con morir de amores,Tú acreditado y yo bien puesta quedo;Que morir por amor, no de culpada,No es menos muerte, pero es mas honrada.Perdon, en fin, te pidoDe las muchas ofensas que te he hechoEn haberte querido;Ofensas son, pues son á tu despecho,Y con razon te ofendes de mi trato,Pues que yo con quererte te hago ingrato.

Pues estoy, condenada,Fabio, á la muerte por decreto tuyo,Y la sentencia airadaNi la apelo, resisto, ni la huyo,Oyeme, que no hay reo tan culpadoA quien el confesar le sea negado.Porque te han informado,Dices, de que mi pecho te ha ofendido,Me has fiero condenado;Y ¿pueden en tu pecho endurecidoMas la noticia incierta, que no es ciencia,Que de tantas verdades la esperiencia?Si á otros crédito has dado,Fabio, ¿por qué á tus ojos se lo niegas,Y el sentido trocadoDe la ley, al cordel mi cuello entregas?Pues liberal me amplías los rigores,Y avaro me restringes los favores.Si otros ojos he visto,Mátenme, Fabio, tus airados ojos;Si á otro cariño asisto,Asístanme implacables tus enojos;Y si otro amor del tuyo me divierte,Tu que me has dado vida me des muerte.Si á otro alegre he mirado,Nunca alegre me mires ni me vea;Si le hablé con agrado,Eterno desagrado en tí posea;Y si otro amor inquieta mi sentido,Sáquesme el alma tú que mi alma has sido.Mas supuesto que mueroSin resistir á mi infelice suerte,Que me des solo quieroLicencia de que escoja yo mi muerte:Deja la muerte á mi eleccion medida,Pues en la tuya pongo yo mi vida.No muera de rigores,Fabio, cuando morir de amores puedo;Pues con morir de amores,Tú acreditado y yo bien puesta quedo;Que morir por amor, no de culpada,No es menos muerte, pero es mas honrada.Perdon, en fin, te pidoDe las muchas ofensas que te he hechoEn haberte querido;Ofensas son, pues son á tu despecho,Y con razon te ofendes de mi trato,Pues que yo con quererte te hago ingrato.

Pues estoy, condenada,Fabio, á la muerte por decreto tuyo,Y la sentencia airadaNi la apelo, resisto, ni la huyo,Oyeme, que no hay reo tan culpadoA quien el confesar le sea negado.

Porque te han informado,Dices, de que mi pecho te ha ofendido,Me has fiero condenado;Y ¿pueden en tu pecho endurecidoMas la noticia incierta, que no es ciencia,Que de tantas verdades la esperiencia?

Si á otros crédito has dado,Fabio, ¿por qué á tus ojos se lo niegas,Y el sentido trocadoDe la ley, al cordel mi cuello entregas?Pues liberal me amplías los rigores,Y avaro me restringes los favores.

Si otros ojos he visto,Mátenme, Fabio, tus airados ojos;Si á otro cariño asisto,Asístanme implacables tus enojos;Y si otro amor del tuyo me divierte,Tu que me has dado vida me des muerte.

Si á otro alegre he mirado,Nunca alegre me mires ni me vea;Si le hablé con agrado,Eterno desagrado en tí posea;Y si otro amor inquieta mi sentido,Sáquesme el alma tú que mi alma has sido.

Mas supuesto que mueroSin resistir á mi infelice suerte,Que me des solo quieroLicencia de que escoja yo mi muerte:Deja la muerte á mi eleccion medida,Pues en la tuya pongo yo mi vida.

No muera de rigores,Fabio, cuando morir de amores puedo;Pues con morir de amores,Tú acreditado y yo bien puesta quedo;Que morir por amor, no de culpada,No es menos muerte, pero es mas honrada.

Perdon, en fin, te pidoDe las muchas ofensas que te he hechoEn haberte querido;Ofensas son, pues son á tu despecho,Y con razon te ofendes de mi trato,Pues que yo con quererte te hago ingrato.

Sentimientos de una esposa en la muerte de su esposo.

A estos peñascos rudos,Mudos testigos del dolor que siento,Que solo siendo mudosPudiera yo fiarles mi tormento,Si acaso de mis penas lo terribleNo infunde voz y lengua en lo insensible,Quiero contar mis males,Si es que yo sé los males de que muero;Pues son mis penas talesQue si contarlas por alivio quiero,Les son, una con otra atropellada,Dogal á la garganta, al pecho espada.Ni envidio dicha ajena,Que el mal eterno que en mi pecho lidiaHace incapaz mi penaDe que pueda tener tan alta envidia;Es tan mísero estado el en que peno,Que como dicha envidio el mal ajeno.No pienso yo que hay gloria,Porque estoy de pensarlo tan distante,Que aun la dulce memoriaDe mi pasado bien, tan ignoranteLa mira de mi mal el desengaño,Que ignoro si fue bien, y sé que es daño.Esténse allá en su esferaLos dichosos, que es cosa en mi sentidoTan remota, tan fueraDe mi imaginacion, que solo mido,Entre lo que padecen los mortales,Lo que distan sus males de mis males.¡Quién tan dichosa fueraQue de un agravio indigno se quejara!¡Quién un desden llorara!¡Quién un alto imposible pretendiera!¡Quién llegara, de ausencia ó de mudanza,Casi á perder de vista la esperanza!¡Quién en ajenos brazosViera á su dueño, y con dolor rabiosoSe arrancara á pedazosDel pecho ardiente el corazon celoso!Pues fuera menos mal que mis desvelosEl infierno terrible de los celos.¡Pues todos estos malesTienen consuelo ó tienen esperanza,Y los mas sus igualesSolicitan ó animan la venganza;Y solo de mi fiero mal se alejaEsperanza y venganza, alivio y queja!Porque ¿á quién si no al cieloQue me robó mi dulce prenda amada,Podrá mi desconsueloDar sacrílega queja destemplada?¡Y él con sordas rectísimas orejasA cuenta de blasfemias pondrá quejas!Ni Fabio fué grosero,Ni ingrato ni traidor; ántes amante,Con pecho verdadero,Nadie fué mas leal ni mas constante;Nadie mas fino supo en sus accionesFinezas añadir á obligaciones.Solo el cielo envidiosoMi esposo me quitó; la parca duraCon ceño temerosoFué solo autor de tanta desventura.¡Oh cielo rigoroso! oh triste suerte,Que tantas muertes das con una muerte!¡Ay dulce esposo amado!¿Para qué te ví yo? ¿por qué te quise?Y ¿por qué tu cuidadoMe hizo con las venturas infelice?¡Oh dicha fementida y lisonjera,Quién tus amargos fines conociera!¿Qué vida es esta miaQue rebelde resiste á dolor tanto?¿Por qué, necia, porfía,Y en las amargas fuentes de mi llantoAnegada no acaba de extinguirse,Si no puede en mi fuego consumirse?

A estos peñascos rudos,Mudos testigos del dolor que siento,Que solo siendo mudosPudiera yo fiarles mi tormento,Si acaso de mis penas lo terribleNo infunde voz y lengua en lo insensible,Quiero contar mis males,Si es que yo sé los males de que muero;Pues son mis penas talesQue si contarlas por alivio quiero,Les son, una con otra atropellada,Dogal á la garganta, al pecho espada.Ni envidio dicha ajena,Que el mal eterno que en mi pecho lidiaHace incapaz mi penaDe que pueda tener tan alta envidia;Es tan mísero estado el en que peno,Que como dicha envidio el mal ajeno.No pienso yo que hay gloria,Porque estoy de pensarlo tan distante,Que aun la dulce memoriaDe mi pasado bien, tan ignoranteLa mira de mi mal el desengaño,Que ignoro si fue bien, y sé que es daño.Esténse allá en su esferaLos dichosos, que es cosa en mi sentidoTan remota, tan fueraDe mi imaginacion, que solo mido,Entre lo que padecen los mortales,Lo que distan sus males de mis males.¡Quién tan dichosa fueraQue de un agravio indigno se quejara!¡Quién un desden llorara!¡Quién un alto imposible pretendiera!¡Quién llegara, de ausencia ó de mudanza,Casi á perder de vista la esperanza!¡Quién en ajenos brazosViera á su dueño, y con dolor rabiosoSe arrancara á pedazosDel pecho ardiente el corazon celoso!Pues fuera menos mal que mis desvelosEl infierno terrible de los celos.¡Pues todos estos malesTienen consuelo ó tienen esperanza,Y los mas sus igualesSolicitan ó animan la venganza;Y solo de mi fiero mal se alejaEsperanza y venganza, alivio y queja!Porque ¿á quién si no al cieloQue me robó mi dulce prenda amada,Podrá mi desconsueloDar sacrílega queja destemplada?¡Y él con sordas rectísimas orejasA cuenta de blasfemias pondrá quejas!Ni Fabio fué grosero,Ni ingrato ni traidor; ántes amante,Con pecho verdadero,Nadie fué mas leal ni mas constante;Nadie mas fino supo en sus accionesFinezas añadir á obligaciones.Solo el cielo envidiosoMi esposo me quitó; la parca duraCon ceño temerosoFué solo autor de tanta desventura.¡Oh cielo rigoroso! oh triste suerte,Que tantas muertes das con una muerte!¡Ay dulce esposo amado!¿Para qué te ví yo? ¿por qué te quise?Y ¿por qué tu cuidadoMe hizo con las venturas infelice?¡Oh dicha fementida y lisonjera,Quién tus amargos fines conociera!¿Qué vida es esta miaQue rebelde resiste á dolor tanto?¿Por qué, necia, porfía,Y en las amargas fuentes de mi llantoAnegada no acaba de extinguirse,Si no puede en mi fuego consumirse?

A estos peñascos rudos,Mudos testigos del dolor que siento,Que solo siendo mudosPudiera yo fiarles mi tormento,Si acaso de mis penas lo terribleNo infunde voz y lengua en lo insensible,

Quiero contar mis males,Si es que yo sé los males de que muero;Pues son mis penas talesQue si contarlas por alivio quiero,Les son, una con otra atropellada,Dogal á la garganta, al pecho espada.

Ni envidio dicha ajena,Que el mal eterno que en mi pecho lidiaHace incapaz mi penaDe que pueda tener tan alta envidia;Es tan mísero estado el en que peno,Que como dicha envidio el mal ajeno.

No pienso yo que hay gloria,Porque estoy de pensarlo tan distante,Que aun la dulce memoriaDe mi pasado bien, tan ignoranteLa mira de mi mal el desengaño,Que ignoro si fue bien, y sé que es daño.

Esténse allá en su esferaLos dichosos, que es cosa en mi sentidoTan remota, tan fueraDe mi imaginacion, que solo mido,Entre lo que padecen los mortales,Lo que distan sus males de mis males.

¡Quién tan dichosa fueraQue de un agravio indigno se quejara!¡Quién un desden llorara!¡Quién un alto imposible pretendiera!¡Quién llegara, de ausencia ó de mudanza,Casi á perder de vista la esperanza!

¡Quién en ajenos brazosViera á su dueño, y con dolor rabiosoSe arrancara á pedazosDel pecho ardiente el corazon celoso!Pues fuera menos mal que mis desvelosEl infierno terrible de los celos.

¡Pues todos estos malesTienen consuelo ó tienen esperanza,Y los mas sus igualesSolicitan ó animan la venganza;Y solo de mi fiero mal se alejaEsperanza y venganza, alivio y queja!

Porque ¿á quién si no al cieloQue me robó mi dulce prenda amada,Podrá mi desconsueloDar sacrílega queja destemplada?¡Y él con sordas rectísimas orejasA cuenta de blasfemias pondrá quejas!

Ni Fabio fué grosero,Ni ingrato ni traidor; ántes amante,Con pecho verdadero,Nadie fué mas leal ni mas constante;Nadie mas fino supo en sus accionesFinezas añadir á obligaciones.

Solo el cielo envidiosoMi esposo me quitó; la parca duraCon ceño temerosoFué solo autor de tanta desventura.¡Oh cielo rigoroso! oh triste suerte,Que tantas muertes das con una muerte!

¡Ay dulce esposo amado!¿Para qué te ví yo? ¿por qué te quise?Y ¿por qué tu cuidadoMe hizo con las venturas infelice?¡Oh dicha fementida y lisonjera,Quién tus amargos fines conociera!

¿Qué vida es esta miaQue rebelde resiste á dolor tanto?¿Por qué, necia, porfía,Y en las amargas fuentes de mi llantoAnegada no acaba de extinguirse,Si no puede en mi fuego consumirse?

Al mismo objeto que la anterior.

Agora que conmigoSola en este retrete,Por pena ó por alivio,Permite amor que quede;Agora, pues, que hurtadaEstoy un rato breveDe la atencion de tantosOjos impertinentes,Salgan del pecho, salganEn lágrimas ardientesLas represadas penasY las ansias crueles.¡A fuera ceremoniasDe atenciones corteses,Alivios afectados,Consuelos aparentes!Salga el dolor de madreY rompa vuestras puentesDel raudal de mi llantoEl rápido torrente.En exhalados ayesSalgan confusamenteSuspiros que me abrasen,Lágrimas que me aneguen.Corran de sangre puraQue mi corazon vierte,De mis dolientes ojosLas perenales fuentes.Publique con los gritosQue ya sufrir no puedeDel tormento inhumanoLas cuerdas inclementes.Ceda al amor el juicio,Y él con estremos muestreQue es solo de mi pechoEl duro presidente.¡En fin, muriò mi esposo!Pues ¿cómo indiferenteYo la suya pronuncioSin pronunciar mi muerte?El sin vida, ¿y yo animoEste compuesto débil?Yo con voz ¿y él difunto?¿No muero cuando el muere?¡No es posible! Sin dudaQue, con mi amor aleves,O la pena me engaña,O la vida me miente.Si él era mi alma y vida,¿Cómo podrá creerseQue sin alma me anime,Que sin vida me aliente?¿Quién conserva mi vida?O ¿de dónde le vieneAire con que respire,Calor que la fomente?Sin duda que es mi amorEl que en mi pecho enciendeEstas señas que en míParecen de viviente.Y como en un maderoQue abrasa el fuego ardienteNos parece que luceLo mismo que padece;Y cuando el vegetableHumor en él pereceParécenos que vive,Y no es sino que muere:Así yo en las mortalesAnsias que el alma sienteMe animo con las mismasCongojas de la muerte.¡Oh! de una vez acabe,Y no cobardementePor resistirme á unaPerezca tantas veces!¡Oh! caiga sobre míLa esfera trasparente,Desplomados del poloLos diamantinos ejes!¡Oh! el centro en sus cabernasMe preste oscuro albergue,Cubriendo mis desdichasLa máquina terrestre!¡Oh! el mar en sus entrañasSepultada me entreguePor mísero alimentoA sus voraces peces!¡Niegue el sol á mis ojosSus rayos refulgentes,Y el aire á mis suspirosEl necesario ambiente!¡Cúbrame eterna nocheY el siempre oscuro LeteBorre mi nombre infaustoDel pecho de las gentes!Mas ¡ay de mí! que todasLas criaturas cruelesSolicitan que viva,Porque gustan que pene!Pues ¿qué espero? mis propiasPenas de mí me venguen,Y á mi garganta sirvanDe funestos cordeles,Diciendo con mi ejemploA quien mis penas viere:Aquí acabó una vidaPorque un amor viviese!

Agora que conmigoSola en este retrete,Por pena ó por alivio,Permite amor que quede;Agora, pues, que hurtadaEstoy un rato breveDe la atencion de tantosOjos impertinentes,Salgan del pecho, salganEn lágrimas ardientesLas represadas penasY las ansias crueles.¡A fuera ceremoniasDe atenciones corteses,Alivios afectados,Consuelos aparentes!Salga el dolor de madreY rompa vuestras puentesDel raudal de mi llantoEl rápido torrente.En exhalados ayesSalgan confusamenteSuspiros que me abrasen,Lágrimas que me aneguen.Corran de sangre puraQue mi corazon vierte,De mis dolientes ojosLas perenales fuentes.Publique con los gritosQue ya sufrir no puedeDel tormento inhumanoLas cuerdas inclementes.Ceda al amor el juicio,Y él con estremos muestreQue es solo de mi pechoEl duro presidente.¡En fin, muriò mi esposo!Pues ¿cómo indiferenteYo la suya pronuncioSin pronunciar mi muerte?El sin vida, ¿y yo animoEste compuesto débil?Yo con voz ¿y él difunto?¿No muero cuando el muere?¡No es posible! Sin dudaQue, con mi amor aleves,O la pena me engaña,O la vida me miente.Si él era mi alma y vida,¿Cómo podrá creerseQue sin alma me anime,Que sin vida me aliente?¿Quién conserva mi vida?O ¿de dónde le vieneAire con que respire,Calor que la fomente?Sin duda que es mi amorEl que en mi pecho enciendeEstas señas que en míParecen de viviente.Y como en un maderoQue abrasa el fuego ardienteNos parece que luceLo mismo que padece;Y cuando el vegetableHumor en él pereceParécenos que vive,Y no es sino que muere:Así yo en las mortalesAnsias que el alma sienteMe animo con las mismasCongojas de la muerte.¡Oh! de una vez acabe,Y no cobardementePor resistirme á unaPerezca tantas veces!¡Oh! caiga sobre míLa esfera trasparente,Desplomados del poloLos diamantinos ejes!¡Oh! el centro en sus cabernasMe preste oscuro albergue,Cubriendo mis desdichasLa máquina terrestre!¡Oh! el mar en sus entrañasSepultada me entreguePor mísero alimentoA sus voraces peces!¡Niegue el sol á mis ojosSus rayos refulgentes,Y el aire á mis suspirosEl necesario ambiente!¡Cúbrame eterna nocheY el siempre oscuro LeteBorre mi nombre infaustoDel pecho de las gentes!Mas ¡ay de mí! que todasLas criaturas cruelesSolicitan que viva,Porque gustan que pene!Pues ¿qué espero? mis propiasPenas de mí me venguen,Y á mi garganta sirvanDe funestos cordeles,Diciendo con mi ejemploA quien mis penas viere:Aquí acabó una vidaPorque un amor viviese!

Agora que conmigoSola en este retrete,Por pena ó por alivio,Permite amor que quede;

Agora, pues, que hurtadaEstoy un rato breveDe la atencion de tantosOjos impertinentes,

Salgan del pecho, salganEn lágrimas ardientesLas represadas penasY las ansias crueles.

¡A fuera ceremoniasDe atenciones corteses,Alivios afectados,Consuelos aparentes!

Salga el dolor de madreY rompa vuestras puentesDel raudal de mi llantoEl rápido torrente.

En exhalados ayesSalgan confusamenteSuspiros que me abrasen,Lágrimas que me aneguen.

Corran de sangre puraQue mi corazon vierte,De mis dolientes ojosLas perenales fuentes.

Publique con los gritosQue ya sufrir no puedeDel tormento inhumanoLas cuerdas inclementes.

Ceda al amor el juicio,Y él con estremos muestreQue es solo de mi pechoEl duro presidente.

¡En fin, muriò mi esposo!Pues ¿cómo indiferenteYo la suya pronuncioSin pronunciar mi muerte?

El sin vida, ¿y yo animoEste compuesto débil?Yo con voz ¿y él difunto?¿No muero cuando el muere?

¡No es posible! Sin dudaQue, con mi amor aleves,O la pena me engaña,O la vida me miente.

Si él era mi alma y vida,¿Cómo podrá creerseQue sin alma me anime,Que sin vida me aliente?

¿Quién conserva mi vida?O ¿de dónde le vieneAire con que respire,Calor que la fomente?

Sin duda que es mi amorEl que en mi pecho enciendeEstas señas que en míParecen de viviente.

Y como en un maderoQue abrasa el fuego ardienteNos parece que luceLo mismo que padece;

Y cuando el vegetableHumor en él pereceParécenos que vive,Y no es sino que muere:

Así yo en las mortalesAnsias que el alma sienteMe animo con las mismasCongojas de la muerte.

¡Oh! de una vez acabe,Y no cobardementePor resistirme á unaPerezca tantas veces!

¡Oh! caiga sobre míLa esfera trasparente,Desplomados del poloLos diamantinos ejes!

¡Oh! el centro en sus cabernasMe preste oscuro albergue,Cubriendo mis desdichasLa máquina terrestre!

¡Oh! el mar en sus entrañasSepultada me entreguePor mísero alimentoA sus voraces peces!

¡Niegue el sol á mis ojosSus rayos refulgentes,Y el aire á mis suspirosEl necesario ambiente!

¡Cúbrame eterna nocheY el siempre oscuro LeteBorre mi nombre infaustoDel pecho de las gentes!

Mas ¡ay de mí! que todasLas criaturas cruelesSolicitan que viva,Porque gustan que pene!

Pues ¿qué espero? mis propiasPenas de mí me venguen,Y á mi garganta sirvanDe funestos cordeles,

Diciendo con mi ejemploA quien mis penas viere:Aquí acabó una vidaPorque un amor viviese!


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