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Y ornadaYaque acabó la vigiliaaquel noble Cid honrado,y dejó á doña Jimenay á sus dos fijas llorando;á la vista de San Pedroen un espacioso llanodijo, con grande denuedo,á los que le están mirando:—Quinientos fidalgos soislos que me heis acompañado,á quien no diré lo muchoque os obliga el ser fidalgos;pero, pues que me destierrael Rey por injustos casos,faced cuenta, mis amigos,que todos vais desterrados,y que han de guardar mi honravueso valor y mi brazo,que aunque él ha sido injusto,no lo han de ser sus vasallos,antes derramar la sangrepor vencer á los contrarios.—Todos responden:—Buen Cid,vueso hablar es excusado,pues basta que nos mandéispara quedar obligados.—Por tierras de moros entran,muchas batallas ganando,rindiendo muchos castillos,y reyes atributando.Tanto pudo el gran valorde aquel noble Cid honrado,que en poco tiempo conquistahasta Valencia llegandodonde alcanzó gran tesoro;y un gran presente ha enviadoal ingrato rey Alfonsode cien hermosos caballos,todos con ricos jaecesde diferentes bordados,y cien moros, que los llevande las riendas, sus esclavos,y cien llaves de las villasy castillos que ha ganado,y también al rey envíacuatro reyes sus vasallos:aqueste presente llevaOrdoño, su gran privado.

Y ornada

Yaque acabó la vigilia

aquel noble Cid honrado,

y dejó á doña Jimena

y á sus dos fijas llorando;

á la vista de San Pedro

en un espacioso llano

dijo, con grande denuedo,

á los que le están mirando:

—Quinientos fidalgos sois

los que me heis acompañado,

á quien no diré lo mucho

que os obliga el ser fidalgos;

pero, pues que me destierra

el Rey por injustos casos,

faced cuenta, mis amigos,

que todos vais desterrados,

y que han de guardar mi honra

vueso valor y mi brazo,

que aunque él ha sido injusto,

no lo han de ser sus vasallos,

antes derramar la sangre

por vencer á los contrarios.—

Todos responden:—Buen Cid,

vueso hablar es excusado,

pues basta que nos mandéis

para quedar obligados.—

Por tierras de moros entran,

muchas batallas ganando,

rindiendo muchos castillos,

y reyes atributando.

Tanto pudo el gran valor

de aquel noble Cid honrado,

que en poco tiempo conquista

hasta Valencia llegando

donde alcanzó gran tesoro;

y un gran presente ha enviado

al ingrato rey Alfonso

de cien hermosos caballos,

todos con ricos jaeces

de diferentes bordados,

y cien moros, que los llevan

de las riendas, sus esclavos,

y cien llaves de las villas

y castillos que ha ganado,

y también al rey envía

cuatro reyes sus vasallos:

aqueste presente lleva

Ordoño, su gran privado.


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