LXXIX

LXXIX

E ornadaElvira, soltá el puñal,doña Sol, tiradvos fuera,non me tengades el brazo,dejadme, doña Jimena:non me tolláis el rencor,que me empacha la vergüenza,que todas mis fechoríasmanchen mis suertes siniestras.¡Á mis fijas, falsos Condes,y á mis acatadas dueñas,canes, facéis tales tuertos,tenudas en lueñas tierras!¡Á mí, que vos dí humildosomis fijas, cuando os las dierade mil pulidas garnachasguarnidas y ricas prendas!Endonevos mis espadas,lo mejor de mi facienda,y en dos mil maravedísme empeñara yo en Valencia;cadenas de oro de Arabiacon buenos ingenios fechas,que en la su mandaderíame enviara el Rey de Persia;caballos os dí ruanos,y para en plaza seis yeguas,sendas capas de contraycon los aforros de felpa;¡y en pago de mis fiducias,y en pago de mis recuestas,me las enviades, Condes,azotadas sin vergüenza,sus albos cuerpos desnudos,ligadas sus manos bellas,sus crenchas desmelenadas,sus tristes carnes abiertas!¡Voto hago al Pescadorque gobierna nuestra Iglesia,y mal grado haya con élcuando le fable en Cardeña,si en Fromesta y Carrión,Torquemada y Valenzuela,villas de vuesos condados,queda piedra sobre piedra!Antolínez testimonio,Peláez vino con ellas;yo vos pondré la caluñatal que atemorice en vella;que con ella y mi razón,ellos y sus parentelashan de fincar á mis manos,á mis agravios desfechas.Camperos tiene el buen reyque vos apañen y prendan;fágame justicia en todoy tendré mi espada queda.—Esto fabló y dijo el Cid,y cabalgando en Babiecapartió de Valencia á Burgosá dar al rey su querella.

E ornada

Elvira, soltá el puñal,

doña Sol, tiradvos fuera,

non me tengades el brazo,

dejadme, doña Jimena:

non me tolláis el rencor,

que me empacha la vergüenza,

que todas mis fechorías

manchen mis suertes siniestras.

¡Á mis fijas, falsos Condes,

y á mis acatadas dueñas,

canes, facéis tales tuertos,

tenudas en lueñas tierras!

¡Á mí, que vos dí humildoso

mis fijas, cuando os las diera

de mil pulidas garnachas

guarnidas y ricas prendas!

Endonevos mis espadas,

lo mejor de mi facienda,

y en dos mil maravedís

me empeñara yo en Valencia;

cadenas de oro de Arabia

con buenos ingenios fechas,

que en la su mandadería

me enviara el Rey de Persia;

caballos os dí ruanos,

y para en plaza seis yeguas,

sendas capas de contray

con los aforros de felpa;

¡y en pago de mis fiducias,

y en pago de mis recuestas,

me las enviades, Condes,

azotadas sin vergüenza,

sus albos cuerpos desnudos,

ligadas sus manos bellas,

sus crenchas desmelenadas,

sus tristes carnes abiertas!

¡Voto hago al Pescador

que gobierna nuestra Iglesia,

y mal grado haya con él

cuando le fable en Cardeña,

si en Fromesta y Carrión,

Torquemada y Valenzuela,

villas de vuesos condados,

queda piedra sobre piedra!

Antolínez testimonio,

Peláez vino con ellas;

yo vos pondré la caluña

tal que atemorice en vella;

que con ella y mi razón,

ellos y sus parentelas

han de fincar á mis manos,

á mis agravios desfechas.

Camperos tiene el buen rey

que vos apañen y prendan;

fágame justicia en todo

y tendré mi espada queda.—

Esto fabló y dijo el Cid,

y cabalgando en Babieca

partió de Valencia á Burgos

á dar al rey su querella.


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