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E ornadaEstandoen Valencia el Cidde trabajos muy cansado,cansado de tantas guerrascomo por él han pasado,nuevas al Cid son venidasque le ponen en cuidado,que el rey Búcar, fuerte moro,sobre Valencia ha llegado.Treinta reyes trae consigo;valientes son, esforzados,muchas gentes trae consigode á pié son, y de á caballo.Echado estaba el buen Cid,en la su cama acostado;pensando estaba cuidosoen hecho tan afamado,suplicando á Dios del cieloque siempre esté de su bando,y de peligro tan grandecon honra lo saque salvo.Cuando el Cid no se catóun hombre vido á su lado,el rostro resplandeciente,cano, crespo y muy honrado,tan blanco como la nieve,con color muy sublimado:díjole:—¿Duermes, Rodrigo?Recuerda y está velando.—Díjole el Cid:—¿Quién sois vosque lo habedes preguntado?—Sant Pedro llaman á mí,príncipe del apostolado;vengo á decirte, Rodrigo,otro que no estás cuidando,y es que dejes este mundo,Dios al otro te ha llamado,y á la vida que no há findo están los santos holgando.Morirás en treinta días,desde hoy que esto te hablo.Dios te quiere mucho, Cid,y esta merced te ha otorgado;y es que después de tú muertovenzas á Búcar en campo:tus gentes habrán batallacon todos los de su bando.Esto será con la ayudade mi hermano Santiago,y él verná á la batalla;ya se lo tiene mandado.Tú, Rodrigo Campeador,haz enmienda á tu pecado,porque muerto que tú seasá la gloria seas llevado,que Dios por amor de mítodo aquesto ha ordenado,porque honraste mi casa,do Cardeña era nombrado,—Cuando lo oyó el buen Cid,gran placer había tomado:saltó luégo de su cama,de rodillas humillado,para le besar los piésal buen Apóstol honrado.Dijo Sant Pedro á Rodrigo:—Aqueso ya es excusado,que á mí no podrás llegar,no te trabajes en vano;mas ten por cosa muy ciertaaquesto que te he contado.—Esto dicho, el buen Apóstolá los cielos se ha tornado;Rodrigo quedó contento,alegre con lo pasado,dando á Dios crecidas graciaspor lo que le había otorgado.

E ornada

Estandoen Valencia el Cid

de trabajos muy cansado,

cansado de tantas guerras

como por él han pasado,

nuevas al Cid son venidas

que le ponen en cuidado,

que el rey Búcar, fuerte moro,

sobre Valencia ha llegado.

Treinta reyes trae consigo;

valientes son, esforzados,

muchas gentes trae consigo

de á pié son, y de á caballo.

Echado estaba el buen Cid,

en la su cama acostado;

pensando estaba cuidoso

en hecho tan afamado,

suplicando á Dios del cielo

que siempre esté de su bando,

y de peligro tan grande

con honra lo saque salvo.

Cuando el Cid no se cató

un hombre vido á su lado,

el rostro resplandeciente,

cano, crespo y muy honrado,

tan blanco como la nieve,

con color muy sublimado:

díjole:—¿Duermes, Rodrigo?

Recuerda y está velando.—

Díjole el Cid:—¿Quién sois vos

que lo habedes preguntado?

—Sant Pedro llaman á mí,

príncipe del apostolado;

vengo á decirte, Rodrigo,

otro que no estás cuidando,

y es que dejes este mundo,

Dios al otro te ha llamado,

y á la vida que no há fin

do están los santos holgando.

Morirás en treinta días,

desde hoy que esto te hablo.

Dios te quiere mucho, Cid,

y esta merced te ha otorgado;

y es que después de tú muerto

venzas á Búcar en campo:

tus gentes habrán batalla

con todos los de su bando.

Esto será con la ayuda

de mi hermano Santiago,

y él verná á la batalla;

ya se lo tiene mandado.

Tú, Rodrigo Campeador,

haz enmienda á tu pecado,

porque muerto que tú seas

á la gloria seas llevado,

que Dios por amor de mí

todo aquesto ha ordenado,

porque honraste mi casa,

do Cardeña era nombrado,—

Cuando lo oyó el buen Cid,

gran placer había tomado:

saltó luégo de su cama,

de rodillas humillado,

para le besar los piés

al buen Apóstol honrado.

Dijo Sant Pedro á Rodrigo:

—Aqueso ya es excusado,

que á mí no podrás llegar,

no te trabajes en vano;

mas ten por cosa muy cierta

aquesto que te he contado.—

Esto dicho, el buen Apóstol

á los cielos se ha tornado;

Rodrigo quedó contento,

alegre con lo pasado,

dando á Dios crecidas gracias

por lo que le había otorgado.


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