XCVIII

XCVIII

B ornadaBanderasantiguas tristesde victoria un tiempo amadas,tremolando están al viento,y lloran aunque no hablan.Sonaban las roncas vocesde las destempladas cajas,y los pífanos soberbioscalles y plazas arrancan.Estábase el Cid Campeadorhumilde y manso en la cama,y sujeto á la inclemenciade la vengativa Parca.Hizo traer las reliquiasde las victorias pasadasy mandó que le trujesensus compañeras espadas.Y desque fueron traídaslevantábase en la cama;tomándolas en sus manosles dijo aquestas palabras:—Colada y Tizona míano colada, mas caladapor mil contrarios arneses,y por mil contrarias armas¿cómo os hallaréis sin mí?¿á quién os dejaré en guardaque no manche vuestro honorpues que tan fácil se mancha?Y luégo en diciendo aquestomandó que á Babieca traiganque quiere verle primeroque comience su jornada.Entró el caballo más mansoque una corderilla mansa;abriendo los anchos ojoscomo si sintiera, calla.—Ya me parto, caro amigo,quien os gobierna, ya falta;quisiera pagaros bien;pero recibid por pagaque con los fechos que he fechoserá, inmortal vuestra fama.Y no diciendo más que esola muerte tira una jara.

B ornada

Banderasantiguas tristes

de victoria un tiempo amadas,

tremolando están al viento,

y lloran aunque no hablan.

Sonaban las roncas voces

de las destempladas cajas,

y los pífanos soberbios

calles y plazas arrancan.

Estábase el Cid Campeador

humilde y manso en la cama,

y sujeto á la inclemencia

de la vengativa Parca.

Hizo traer las reliquias

de las victorias pasadas

y mandó que le trujesen

sus compañeras espadas.

Y desque fueron traídas

levantábase en la cama;

tomándolas en sus manos

les dijo aquestas palabras:

—Colada y Tizona mía

no colada, mas calada

por mil contrarios arneses,

y por mil contrarias armas

¿cómo os hallaréis sin mí?

¿á quién os dejaré en guarda

que no manche vuestro honor

pues que tan fácil se mancha?

Y luégo en diciendo aquesto

mandó que á Babieca traigan

que quiere verle primero

que comience su jornada.

Entró el caballo más manso

que una corderilla mansa;

abriendo los anchos ojos

como si sintiera, calla.

—Ya me parto, caro amigo,

quien os gobierna, ya falta;

quisiera pagaros bien;

pero recibid por paga

que con los fechos que he fecho

será, inmortal vuestra fama.

Y no diciendo más que eso

la muerte tira una jara.


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