4 Muy hastiada está nuestra alma del escarnio de los que están en holgura; del menosprecio de los soberbios.
1 Canción de las gradas: de David. Al no haber estado el SEÑOR por nosotros, diga ahora Israel:
2 Al no haber estado el SEÑOR por nosotros, cuando se levantaron contra nosotros los hombres,
3 vivos nos habrían entonces tragado, cuando se encendió su furor contra nosotros.
4 Entonces nos habrían inundado las aguas; sobre nuestra alma hubiera pasado el torrente;
5 hubieran entonces pasado sobre nuestra alma las aguas soberbias.
6 Bendito el SEÑOR, que no nos dio por presa a sus dientes.
7 Nuestra alma escapó cual ave del lazo de los cazadores; se quebró el lazo, y escapamos nosotros.
8 Nuestro socorro [es] en el Nombre del SEÑOR, que hizo el cielo y la tierra.
1 Canción de las gradas. Los que confían en el SEÑOR [son] como el monte de Sion [que] no deslizará; estará para siempre.
2 [Como] Jerusalén [tiene] montes alrededor de ella, así el SEÑOR alrededor de su pueblo desde ahora y para siempre.
3 Porque no reposará la vara de la impiedad sobre la suerte de los justos; porque no extiendan los justos sus manos a la iniquidad.
4 Haz bien, oh SEÑOR, a los buenos, y a los [que son] rectos en sus corazones.
5 Mas a los que se apartan tras sus perversidades, el SEÑOR los llevará con los que obran iniquidad; [y] paz [sea] sobre Israel.
1 Canción de las gradas. Cuando el SEÑOR hiciere tornar la cautividad de Sion, seremos como los que sueñan.
2 Entonces nuestra boca se llenará de risa, y nuestra lengua de alabanza; entonces dirán entre los gentiles: Grandes cosas ha hecho el SEÑOR con éstos.
3 Grandes cosas ha hecho el SEÑOR con nosotros; estaremos alegres.
4 Haz volver nuestra cautividad oh SEÑOR, como los arroyos en el austro.
5 Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán.
6 Irá andando y llorando el que lleva la preciosa simiente; [mas] volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas.
1 Canción de las gradas: para Salomón. Si el SEÑOR no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; si el SEÑOR no guardare la ciudad, en vano vela la guardia.
2 Por demás os [es] el madrugar a levantaros, el veniros tarde a reposar, el comer pan de dolores; pues que a su amado dará [Dios] el sueño.
3 He aquí, heredad del SEÑOR [son] los hijos; cosa de estima el fruto del vientre.
4 Como saetas en mano del valiente, así [son] los hijos mancebos.
5 Dichoso el varón que llenó su aljaba de ellos; no será avergonzado cuando hablare con los enemigos en la puerta.
1 Canción de las gradas. Bienaventurado todo aquel que teme al SEÑOR, que anda en sus caminos.
2 Cuando comieres el trabajo de tus manos, dichoso tú, y tendrás bien.
3 Tu mujer [será] como la vid que lleva fruto a los lados de tu casa; tus hijos como plantas de olivas alrededor de tu mesa.
4 He aquí que así será bendito el varón que teme al SEÑOR.
5 Bendígate el SEÑOR desde Sion, y veas el bien de Jerusalén todos los días de tu vida.
6 Y veas [a] los hijos de tus hijos, [y] la paz sobre Israel.
1 Canción de las gradas. Mucho me han angustiado desde mi juventud, diga ahora Israel:
2 Mucho me han angustiado desde mi juventud; mas no prevalecieron contra mí.
3 Sobre mis espaldas araron los aradores; hicieron largos surcos.
4 El SEÑOR es justo; cortó las coyundas de los impíos.
5 Serán avergonzados y vueltos atrás todos los que aborrecen a Sion.
6 Serán como la hierba de los tejados, que se seca antes que crezca;
7 de la cual no llenó el segador su mano, ni sus brazos el que hace gavillas.
8 Ni dijeron los que pasaban: [La] bendición del SEÑOR [sea] sobre vosotros; os bendecimos en [el] Nombre del SEÑOR.
1 Canción de las gradas. De lo profundo te llamo, oh SEÑOR.
2 Señor, oye mi voz; estén atentos tus oídos a la voz de mi oración.
3 JAH, si retuvieres a los pecados, ¿Señor quién persistirá?
4 Por lo cual [hay] perdón cerca de ti, para que seas temido.
5 Esperé [yo] al SEÑOR, esperó mi alma; a su palabra he esperado.
6 Mi alma [esperó] al SEÑOR más que los centinelas [esperan] a la mañana, [más] que los centinelas a la mañana.
7 Espere Israel al SEÑOR; porque con el SEÑOR [hay] misericordia; y abundante redención cerca de él.
8 Y él redimirá a Israel de todos sus pecados.
1 Canción de las gradas: de David. SEÑOR, mi corazón no se ha envanecido, ni mis ojos se enaltecieron; ni anduve en grandezas, ni en cosas maravillosas más de lo que me pertenecía.
2 Sino [que me] puse [en silencio], e hice callar mi alma, [sea yo] como el destetado de su madre; como el destetado de mi [propia] vida.
3 Espera, oh Israel, al SEÑOR desde ahora y para siempre.
1 Canción de las gradas. Acuérdate, oh SEÑOR, de David, de toda su aflicción;
2 de cómo juró al SEÑOR, prometió al Fuerte de Jacob:
3 No entraré en la morada de mi casa, ni subiré sobre el lecho de mi estrado;
4 no daré sueño a mis ojos, ni a mis párpados adormecimiento,
5 hasta que halle lugar para el SEÑOR, moradas para el Fuerte de Jacob.
6 He aquí, en Efrata oímos de ella; la hallamos en los campos del bosque.
7 Entraremos en sus tiendas; adoremos al estrado de sus pies.
8 Levántate, oh SEÑOR, a tu reposo; tú y el arca de tu fortaleza.
9 Tus sacerdotes se vistan de justicia, y se regocijen tus misericordiosos.
10 Por amor de David tu siervo no vuelvas de tu ungido el rostro.
11 Juró el SEÑOR verdad a David, no se apartará de ella; del fruto de tu vientre pondré sobre tu trono.
12 Si tus hijos guardaren mi alianza, y mi testimonio que yo les enseñaré; sus hijos también se sentarán sobre tu trono para siempre.
13 Porque el SEÑOR ha elegido a Sion; la deseó por habitación para sí.
14 Este [será] mi reposo para siempre; aquí habitaré, porque la he deseado.
15 Bendeciré abundantemente su provisión; [a] sus pobres saciaré de pan.
16 Y a sus sacerdotes vestiré de salud, y sus misericordiosos exultarán de gozo.
17 Allí haré reverdecer el cuerno de David; [yo] he aparejado lámpara a mi ungido.
18 A sus enemigos vestiré de confusión; y sobre él florecerá su corona.
1 Canción de las gradas: de David. ¡Mirad cuán bueno y cuán suave [es] habitar los hermanos igualmente en uno!
2 [Es] como el buen óleo sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, que desciende sobre el borde de sus vestiduras;
3 como el rocío de Hermón, que desciende sobre los montes de Sion. Porque allí envía el SEÑOR bendición, y vida eterna.
1 Canción de las gradas. Mirad, bendecid al SEÑOR, [vosotros] todos los siervos del SEÑOR, los que en la Casa del SEÑOR estáis por las noches.
2 Alzad vuestras manos al santuario, y bendecid al SEÑOR.
3 Bendígate el SEÑOR desde Sion, el que hizo los cielos y la tierra.
1 Alelu-JAH. Alabad el Nombre del SEÑOR; Alabadle, siervos del SEÑOR;
2 los que estáis en la Casa del SEÑOR, en los atrios de la Casa de nuestro Dios.
3 Alabad a JAH, porque [es] bueno el SEÑOR; cantad salmos a su Nombre, porque [es] suave.
4 Porque JAH ha escogido a Jacob para sí, a Israel por posesión suya.
5 Porque yo sé que el SEÑOR [es] grande, y el Señor nuestro, mayor que todos los dioses.
6 Todo lo que quiso el SEÑOR, hizo en los cielos y en la tierra; en los mares, y en todos los abismos.
7 El que hace subir las nubes del cabo de la tierra; hizo los relámpagos en la lluvia; el que saca los vientos de sus tesoros.
8 El que hirió los primogénitos de Egipto, desde el hombre hasta la bestia.
9 Envió señales y prodigios en medio de ti, oh Egipto, sobre [el] Faraón, y sobre todos sus siervos.
10 El que hirió muchos gentiles, y mató reyes poderosos:
11 A Sehón rey amorreo, y a Og rey de Basán, y a todos los reinos de Canaán.
12 Y dio la tierra de ellos en heredad, en heredad a Israel su pueblo.
13 Oh SEÑOR, tu Nombre [es] eterno; tu memoria, oh SEÑOR para generación y generación.
14 Porque juzgará el SEÑOR su pueblo, y sobre sus siervos se arrepentirá.
15 Los ídolos de los gentiles [son] plata y oro, obra de manos de hombres.
16 Tienen boca, y no hablan; tienen ojos, y no ven;
17 tienen orejas, y no oyen; tampoco hay espíritu en sus bocas.
18 Como ellos sean los que los hacen; y todos los que en ellos confían.
19 Casa de Israel, bendecid al SEÑOR; casa de Aarón, bendecid al SEÑOR; 20 casa de Leví, bendecid al SEÑOR; los que teméis al SEÑOR, bendecid al SEÑOR.
21 Bendito el SEÑOR de Sion, el que mora en Jerusalén. Alelu-JAH.
1 Alabad al SEÑOR, porque [es] bueno; porque para siempre [es] su misericordia.
2 Alabad al Dios de dioses, porque para siempre [es] su misericordia.
3 Alabad al Señor de señores, porque para siempre [es] su misericordia.
4 Al único que hace grandes maravillas, porque para siempre [es] su misericordia.
5 Al que hizo los cielos con entendimiento, porque para siempre [es] su misericordia.
6 Al que tendió la tierra sobre las aguas, porque para siempre [es] su misericordia;
7 al que hizo las grandes luminarias, porque para siempre [es] su misericordia;
8 el sol para que dominase en el día, porque para siempre [es] su misericordia;
9 la luna y las estrellas para que dominasen en la noche, porque para siempre [es] su misericordia.
10 Al que hirió a Egipto en sus primogénitos, porque para siempre [es] su misericordia.
11 Al que sacó a Israel de en medio de ellos, porque para siempre [es] su misericordia;
12 con mano fuerte, y brazo extendido, porque para siempre [es] su misericordia.
13 Al que dividió el mar Bermejo en partes, porque para siempre [es] su misericordia;
14 e hizo pasar a Israel por [en] medio de él, porque para siempre [es] su misericordia;
15 y sacudió al Faraón y a su ejército en el mar Bermejo, porque para siempre [es] su misericordia.
16 Al que pastoreó a su pueblo por el desierto, porque para siempre [es] su misericordia.
17 Al que hirió grandes reyes, porque para siempre [es] su misericordia;
18 y mató reyes poderosos, porque para siempre [es] su misericordia;
19 a Sehón rey amorreo, porque para siempre [es] su misericordia, 20 Y a Og rey de Basán, porque para siempre [es] su misericordia.
21 Y dio la tierra de ellos en heredad, porque para siempre [es] su misericordia;
22 En heredad a Israel su siervo, porque para siempre [es] su misericordia.
23 El es el que en nuestro abatimiento se acordó de nosotros, porque para siempre [es] su misericordia;
24 y nos rescató de nuestros enemigos, porque para siempre [es] su misericordia.
25 El que da sustento a toda carne, porque para siempre [es] su misericordia.
26 Alabad al Dios de los cielos; porque para siempre [es] su misericordia.
1 Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos, y aun llorábamos, acordándonos de Sion.
2 Sobre los sauces [que están] en medio de ella colgamos nuestras arpas;
3 cuando nos pedían allí, los que nos cautivaron, las palabras de la canción, (colgadas nuestras arpas de alegría) [diciendo]: Cantadnos de las canciones de Sion.
4 ¿Cómo cantaremos canción del SEÑOR en tierra de extraños?
5 Si me olvidare de ti, oh Jerusalén, mi diestra sea olvidada.
6 Mi lengua se pegue a mi paladar, si de ti no me acordare; si no ensalzare a Jerusalén como preferente asunto de mi alegría.
7 Acuérdate, oh SEÑOR, de los hijos de Edom en el día de Jerusalén; quienes decían: Arrasadla, arrasadla hasta los cimientos.
8 Hija de Babilonia destruida, dichoso el que te diere tu pago, que nos pagaste a nosotros.
9 Dichoso el que tomará y estrellará tus niños a las piedras.
1 De David. Te Alabaré con todo mi corazón; delante de los dioses te cantaré salmos.
2 Adoraré al templo de tu santidad, y alabaré tu Nombre sobre tu misericordia y tu verdad; porque has hecho magnífico tu Nombre, [y has engrandecido] tu dicho sobre todas las cosas.
3 El día que llamé, me respondiste; me fortaleciste con fortaleza en mi alma.
4 Te confesarán, oh SEÑOR, todos los reyes de la tierra, cuando oigan los dichos de tu boca.
5 Y cantarán en los caminos del SEÑOR, que la gloria del SEÑOR es grande.
6 Porque el alto SEÑOR mira al humilde; y al altivo no lo conoce.
7 Si anduviere [yo] por medio de la angustia, [tú] me vivificarás; contra la ira de mis enemigos extenderás tu mano, y tu diestra me salvará.
8 El SEÑOR cumplirá por mí; tu misericordia, oh SEÑOR, [es] para siempre; no dejarás la obra de tus manos.
1 Al Vencedor: de David: Salmo. SEÑOR, [tú] me has examinado y conocido.
2 Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme, has entendido desde lejos mis pensamientos.
3 Mi andar y mi reposo has ceñido, y todos mis caminos has aparejado.
4 Pues aun no [está] la palabra en mi lengua, [y] he aquí, oh SEÑOR, tú la supiste toda.
5 Rostro y envés [tú] me formaste, y sobre mí pusiste tu mano.
6 Más maravillosa es [su] ciencia que mi capacidad; alta es, no puedo comprenderla.
7 ¿Adónde [me] iré de tu Espíritu? ¿Y adónde huiré de tu presencia?
8 Si subiere a los cielos, allí [estás] tú; y si hiciere mi estrado en el infierno, hete allí.
9 Si tomare las alas del alba, y habitare en el extremo del mar,
10 aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra.
11 Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; aun la noche resplandecerá por causa de mí.
12 Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día; las tinieblas [son] como la luz.
13 Porque tú poseíste mis riñones; me cubriste en el vientre de mi madre.
14 Te alabaré; porque me formaste [de una manera] formidable y maravillosa; y [ésto] mi alma conoce en gran manera.
15 No fue encubierto mi cuerpo de ti, aunque [yo] fui hecho en secreto, y entretejido en lo profundo de la tierra.
16 Tus ojos vieron mi cuerpo aun imperfecto, y en tu libro todos [mis miembros] estaban escritos; que fueron luego formados, sin [faltar] uno de ellos.
17 Así que ¡cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán multiplicadas son sus cuentas!
18 Si los cuento, se multiplican más que la arena; despierto, y aún estoy contigo.
19 De cierto, oh Dios, matarás al impío; apartaos, pues, de mí, los varones sanguinarios, 20 que te dicen blasfemias; se ensoberbecen en vano tus enemigos.
21 ¿No tuve en odio, oh SEÑOR, a los que te aborrecen, y peleo contra tus enemigos?
22 De entero odio los aborrecí; los tuve por enemigos.
23 Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos;
24 y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno.
1 Al Vencedor: Salmo de David. Líbrame, oh SEÑOR, del hombre malo; de varón de violencia me guarde.
2 Los cuales pensaron males en el corazón, cada día urden contiendas.
3 Aguzaron su lengua como la serpiente; veneno de áspid [hay] debajo de sus labios. (Selah.)
4 Guárdame, oh SEÑOR, de manos del impío, del varón de violencia me guarde; que han pensado trastornar mis pasos.
5 Me han escondido lazo y cuerdas los soberbios; han tendido red; en el lugar de la senda me han puesto lazos. (Selah.)
6 He dicho al SEÑOR: Dios mío [eres] tú; escucha, oh SEÑOR, la voz de mis ruegos.
7 [Oh] DIOS el Señor, fortaleza de mi salud, cubre mi cabeza el día de las armas.
8 No des, oh SEÑOR, al impío sus deseos; no saques [adelante] su pensamiento, [para] que no se ensoberbezca. (Selah.)
9 [En cuanto a] la cabeza de los que me cercan, la perversidad de sus labios la cubra.
10 Caigan sobre ellos brasas; en el fuego los haga caer, en profundos hoyos de donde no salgan.
11 El varón de lengua [maligna] no será firme en la tierra; el mal cazará al varón de violencia para derribarle.
12 [Yo] sé que hará el SEÑOR el juicio del pobre, el juicio de los menesterosos.
13 Ciertamente los justos alabarán tu Nombre; los rectos morarán en tu presencia.
1 Salmo de David. SEÑOR, a ti he llamado; apresúrate a mí; escucha mi voz, cuando te llamare.
2 Sea enderezada mi oración delante de ti [como] incienso, el don de mis manos [como el] sacrificio de la tarde.
3 Pon, oh SEÑOR, guarda a mi boca; guarda la puerta de mis labios.
4 No inclines mi corazón a cosa mala, a hacer obras con impiedad con los varones que obran iniquidad; y no coma [yo] de sus deleites.
5 Que me hiera el justo con misericordia, y que me reprenda; y halago de príncipe [inicuo] no unte mi cabeza; porque aun mi oración [será] contra sus males.
6 Serán derribados de lugares fuertes sus jueces, y oirán mis palabras, que son suaves.
7 Como quien hiende y rompe [leños] en tierra, son esparcidos nuestros huesos a la boca de la sepultura.
8 Por tanto a ti, oh DIOS el Señor, [miran] mis ojos; en ti he confiado, no desampares mi alma.
9 Guárdame de las manos del lazo [que] me han tendido, y de los lazos de los que obran iniquidad.
10 Caigan los impíos a una en sus redes, mientras yo pasaré [adelante] para siempre.
1 Masquil de David: Oración que hizo cuando estaba en la cueva. Con mi voz clamaré al SEÑOR, con mi voz pediré misericordia al SEÑOR.
2 Delante de él derramaré mi querella; delante de él denunciaré mi angustia.
3 Cuando mi espíritu se angustiaba dentro de mí, tú conociste mi senda. En el camino en que andaba, me escondieron lazo.
4 Miraba a la mano derecha, y observaba; mas no [había] quién me conociese; no tuve refugio, no [había] quién volviese por mi vida.
5 Clamé a ti, oh SEÑOR, Dije: Tú [eres] mi esperanza, [y] mi porción en la tierra de los vivientes.
6 Escucha mi clamor, que estoy muy afligido; líbrame de los que me persiguen, porque son más fuertes que yo.
7 Saca mi alma de la cárcel para que alabe tu Nombre; conmigo harán fiesta los justos, cuando me hubieras destetado.
1 Salmo de David. Oh SEÑOR, oye mi oración, escucha mis ruegos por tu verdad; respóndeme por tu justicia.
2 Y no entres en juicio con tu siervo; porque no se justificará delante de ti ningún viviente.
3 Porque ha perseguido el enemigo mi alma; ha quebrantado en tierra mi vida; me ha hecho habitar en tinieblas como los ya muertos.
4 Y mi espíritu se angustió dentro de mí; se pasmó mi corazón.
5 Me acordé de los días antiguos; meditaba en todas tus obras, meditaba en las obras de tus manos.
6 Extendí mis manos a ti; mi alma a ti como la tierra sedienta. (Selah.)
7 Respóndeme pronto, oh SEÑOR que desmaya mi espíritu; no escondas de mí tu rostro, y [venga yo a] ser semejante a los que descienden a la sepultura.
8 Hazme oír por la mañana tu misericordia, porque en ti he confiado; hazme saber el camino por donde ande, porque a ti he alzado mi alma.
9 Líbrame de mis enemigos, oh SEÑOR; a ti me acojo.
10 Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú [eres] mi Dios. Tu buen Espíritu me guíe a tierra de rectitud.
11 Por tu Nombre, oh SEÑOR me vivificarás; por tu justicia, sacarás mi alma de angustia.
12 Y por tu misericordia disiparás mis enemigos, y destruirás todos los adversarios de mi alma; porque yo soy tu siervo.
1 Salmo de David. Bendito [sea] el SEÑOR, mi roca, que enseña mis manos a la batalla, y mis dedos a la guerra.
2 Misericordia mía y mi castillo, altura mía y mi libertador, escudo mío, en quien he confiado; el que allana mi pueblo delante de mí.
3 Oh SEÑOR, ¿qué es el hombre, que lo conoces? ¿O el hijo del hombre, para que lo estimes?
4 El hombre es semejante a la vanidad; sus días [son] como la sombra que pasa.
5 Oh SEÑOR, abaja tus cielos y desciende; toca los montes, y humeen.
6 Despide relámpagos, y disípalos, envía tus saetas, y contúrbalos.
7 Envía tu mano desde lo alto; redímeme, y sácame de las muchas aguas, de la mano de los hijos extraños;
8 cuya boca habla vanidad, y su diestra [es] diestra de mentira.
9 Oh Dios, a ti cantaré canción nueva; con salterio, con decacordio cantaré a ti.
10 [Tú], el que da salud a los reyes, el que redime a David su siervo de maligna espada.
11 Redímeme, y sálvame de mano de los hijos extraños, cuya boca habla vanidad, y su diestra [es] diestra de mentira.
12 Que nuestros hijos [sean] como plantas crecidas en su juventud; nuestras hijas como las esquinas labradas a manera de [las de un] palacio;
13 nuestros graneros llenos, provistos de toda suerte [de grano]; nuestros ganados, que paran a millares y diez millares en nuestras plazas;
14 [que] nuestros bueyes estén fuertes para el trabajo; que no tengamos asalto, ni que hacer salida, ni grito [de alarma] en nuestras plazas.
15 Bienaventurado el pueblo que tiene esto; bienaventurado el pueblo cuyo Dios [es] el SEÑOR.
1 Salmo de alabanza: de David. [Alef] Te ensalzaré, mi Dios, mi Rey; [y] bendeciré tu Nombre por el siglo y para siempre.
2 [Bet] Cada día te bendeciré, y alabaré tu Nombre por siglo y para siempre.
3 [Guímel] Grande [es] el SEÑOR y digno de suprema alabanza; y su grandeza es inescrutable.
4 [Dálet] Generación a generación narrará tus obras, y anunciarán tus valentías.
5 [He] [De] la hermosura de la gloria de tu magnificencia, y tus hechos maravillosos, hablaré.
6 [Vau] Y la terribilidad de tus valentías dirán los hombres; y [yo] recontaré tu grandeza.
7 [Zain] Proclamarán la memoria de tu inmensa bondad, y cantarán tu justicia.
8 [Chet] Clemente y misericordioso [es] el SEÑOR, lento para la ira, y grande en misericordia.
9 [Tet] Bueno es el SEÑOR para con todos; y sus misericordias [resplandecen] sobre todas sus obras.
10 [Yod] Alábente, oh SEÑOR, todas tus obras; y tus misericordiosos te bendigan.
11 [Caf] La gloria de tu reino digan, y hablen de tu fortaleza;
12 [Lámed] para notificar a los hijos de Adán sus valentías, y la gloria de la magnificencia de su reino.
13 [Mem] Tu reino [es] reino de todos los siglos, y tu señorío en todas generaciones.
14 [Sámec] Sostiene el SEÑOR a todos los que caen, y levanta a todos los oprimidos.
15 [Ayin] Los ojos de todos las cosas esperan a ti, y tú les das su comida en su tiempo.
16 [Pe] Abres tu mano, y sacias el deseo [de] todo viviente.
17 [Tsade] Justo [es] el SEÑOR en todos sus caminos, y misericordioso en todas sus obras.
18 [Cof] Cercano [está] el SEÑOR a todos los que le invocan, a todos los que le invocan con verdad.
19 [Resh] Cumplirá el deseo de los que le temen; y su clamor oirá, y los salvará. 20 [Sin] El SEÑOR guarda a todos los que le aman; pero destruirá a todos los impíos.
21 [Tau] La alabanza del SEÑOR hablará mi boca; y bendiga toda carne su santo Nombre, por el siglo y para siempre.
1 Alelu-JAH Alaba, oh alma mía, al SEÑOR.
2 Alabaré al SEÑOR en mi vida; diré salmos a mi Dios mientras viviere.
3 No confiéis en los príncipes, [ni] en hijo de hombre, porque no [hay] en él salud.
4 Saldrá su espíritu, se volverá en su tierra; en aquel día perecerán todos sus pensamientos.
5 Dichoso aquel en cuya ayuda [es] el Dios de Jacob, cuya esperanza [es] en el SEÑOR su Dios;
6 el cual hizo los cielos y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos [hay]; el que guarda verdad para siempre;
7 el que hace derecho a los agraviados; el que da pan a los hambrientos; el SEÑOR, el que suelta a los aprisionados;
8 el SEÑOR [es] el que abre [los ojos] a los ciegos; el SEÑOR, el que endereza a los agobiados; el SEÑOR, el que ama a los justos.
9 El SEÑOR, el que guarda a los extranjeros; al huérfano y a la viuda levanta; y el camino de los impíos trastorna.
10 Reinará el SEÑOR para siempre; tu Dios, oh Sion, por generación y generación. Alelu-JAH.
1 Alelu-JAH, porque [es] bueno cantar salmos a nuestro Dios; porque suave y hermosa es la alabanza.
2 El SEÑOR, el que edifica a Jerusalén; [a] los echados de Israel recogerá.
3 El que sana a los quebrantados de corazón, y el que liga sus heridas.
4 El que cuenta el número de las estrellas; a todas ellas llama por [sus] nombres.
5 Grande [es] el Señor nuestro, y de mucha potencia; y su entendimiento es infinito.
6 El SEÑOR, el que ensalza [a] los humildes; el que humilla [a] los impíos hasta la tierra.
7 Cantad al SEÑOR con alabanza, cantad con arpa a nuestro Dios.
8 El que cubre los cielos de nubes, el que prepara la lluvia para la tierra, el que hace a los montes producir hierba.
9 El que da a la bestia su mantenimiento, [y] a los hijos de los cuervos que claman [a él].
10 No toma contentamiento en la fortaleza del caballo, ni se complace en las piernas del varón.
11 El SEÑOR ama a los que le temen; a los que esperan en su misericordia.
12 Alaba al SEÑOR, Jerusalén; alaba a tu Dios, Sion.
13 Porque fortificó los cerrojos de tus puertas; bendijo a tus hijos dentro de ti.
14 El que pone [por] tu término la paz; te hará saciar de grosura de trigo.
15 El que envía su palabra a la tierra; muy presto corre su palabra.
16 El que da la nieve como lana, derrama la escarcha como ceniza.
17 El que echa su hielo como [en] pedacitos; delante de su frío ¿quién estará?
18 Enviará su palabra, y los derretirá; soplará su viento, y fluirán las aguas.
19 El que denuncia sus palabras a Jacob, sus estatutos y sus juicios a Israel. 20 No ha hecho esto con las otras naciones; [las cuales] no conocieron [sus] juicios. Alelu-JAH.
1 Alelu-JAH Alabad a Dios desde los cielos; alabadle en las alturas.
2 Alabadle, [vosotros] todos sus ángeles; alabadle, [vosotros] todos sus ejércitos.
3 Alabadle, el sol y la luna: alabadle, todas las estrellas de luz.
4 Alabadle, los cielos de los cielos; y las aguas que [están] sobre los cielos.
5 Alaben el Nombre del SEÑOR; porque él mandó, y fueron creados.
6 Y los hizo ser para siempre por el siglo; [les] puso ley que no será quebrantada.
7 Alabad al SEÑOR, desde la tierra, los dragones y todos los abismos;
8 el fuego y el granizo, la nieve y el vapor, el viento de tempestad que ejecuta su palabra;
9 los montes y todos los collados; el árbol de fruto, y todos los cedros;
10 la bestia, y todo animal; el que va arrastrando, y el ave que vuela;
11 los reyes de la tierra, y todos los pueblos; los príncipes, y todos los jueces de la tierra;
12 los jóvenes, y también las doncellas; los viejos con los niños,
13 alaben el Nombre del SEÑOR, porque sólo su Nombre [es] elevado; su gloria [es] sobre tierra y cielos.
14 [El] ensalzó el cuerno de su pueblo; alábenle todos sus misericordiosos, los hijos de Israel, el pueblo a él cercano. Alelu-JAH.
1 Alelu-JAH. Cantad al SEÑOR canción nueva; su alabanza [sea] en la congregación de los misericordiosos.
2 Alégrese Israel con su Hacedor; los hijos de Sion se gocen con su Rey.
3 Alaben su Nombre con baile; con adufe y arpa canten a él.
4 Porque el SEÑOR toma contentamiento con su pueblo; hermoseará a los humildes con salud.
5 Se gozarán los misericordiosos con gloria; cantarán sobre sus camas.
6 Ensalzamientos de Dios [modularán] en sus gargantas; y espadas de dos filos [habrá] en sus manos;
7 para hacer venganza de los gentiles, castigos en los pueblos;
8 para aprisionar sus reyes en grillos, y sus nobles en cadenas de hierro;
9 para ejecutar en ellos el juicio escrito; gloria será esto para todos sus misericordiosos. Alelu-JAH.
1 Alelu-JAH. Alabad a Dios en su santuario; alabadle en el extendimiento de su fortaleza.
2 Alabadle por sus proezas; alabadle conforme a la muchedumbre de su grandeza.
3 Alabadle a son de shofar; alabadle con salterio y arpa.
4 Alabadle con adufe y flauta; alabadle con cuerdas y órgano.
5 Alabadle con címbalos resonantes; alabadle con címbalos de júbilo.
6 Todo lo que respira alabe a JAH. Alelu-JAH.
1 Los proverbios de Salomón, hijo de David, rey de Israel:
2 Para conocer sabiduría y castigo; para entender las razones prudentes;
3 para recibir el castigo de prudencia, justicia, juicio y equidad;
4 para dar prudencia a los simples, y a los jóvenes inteligencia y consejo.
5 Si el sabio [los] oyere, aumentará la doctrina; y el entendido adquirirá consejo;
6 para entender parábola y declaración; palabras de sabios, y sus enigmas.
7 El principio del conocimiento [es] el temor del SEÑOR; los locos despreciaron la sabiduría y el castigo.
8 Oye, hijo mío, el castigo de tu padre, y no deseches la ley de tu madre;
9 porque aumento de gracia serán a tu cabeza, y protección a tu cuello.
10 Hijo mío, si los pecadores te quisieren engañar, no consientas.
11 Si dijeren: Ven con nosotros, espiemos a alguno para matarle, acechemos al inocente sin razón;
12 los tragaremos vivos como el sepulcro, y enteros, como los que caen en [un] abismo;
13 hallaremos riquezas de toda clase, llenaremos nuestras casas de despojos;
14 echa tu suerte entre nosotros; tengamos todos una bolsa,
15 hijo mío, no andes en camino con ellos; aparta tu pie de sus veredas;
16 porque sus pies correrán al mal, e irán presurosos a derramar sangre.
17 Porque en vano se tenderá la red ante los ojos de toda ave;
18 mas ellos a su [propia] sangre espían, y a sus [propias] almas [ponen] asechanza.
19 Tales son las sendas de todo el que codicia la ganancia, [la cual] prenderá la vida de sus poseedores. 20 La sabiduría clama de fuera; en las plazas da su voz;
21 clama en los principales lugares de concurso; en las entradas de las puertas de la ciudad dice sus razones:
22 ¿Hasta cuándo, oh simples, amaréis la simpleza, y los burladores desearán el burlar, y los locos aborrecerán la ciencia?
23 Volveos a mi reprensión; he aquí yo os derramaré mi espíritu, y os haré saber mis palabras.
24 Por cuanto llamé, y no quisisteis; extendí mi mano, y no hubo quien escuchase;
25 [antes] desechasteis todo consejo mío, y no quisisteis mi reprensión;
26 también yo me reiré en vuestra calamidad, y me burlaré cuando [os] viniere lo que teméis;
27 cuando viniere como [una] destrucción lo que teméis, y vuestra calamidad llegare como [un] torbellino; cuando sobre vosotros viniere tribulación y angustia.
28 Entonces me llamarán, y no responderé; me buscarán de mañana, y no me hallarán;
29 por cuanto aborrecieron el conocimiento, y no escogieron el temor del SEÑOR,
30 ni quisieron mi consejo, y menospreciaron toda reprensión mía.
31 Comerán, pues, del fruto de su camino, y de sus consejos se hartarán.
32 Porque el reposo de los ignorantes los matará, y la prosperidad de los locos los echará a perder.
33 Mas el que me oyere, habitará confiadamente, y vivirá reposado del temor del mal.
1 Hijo mío, si tomares mis palabras, y mis mandamientos guardares dentro de ti,
2 haciendo estar atento tu oído a la sabiduría; [si] inclinares tu corazón a la prudencia;
3 si clamares a la inteligencia, [y] a la prudencia dieres tu voz;
4 si como a la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros;
5 entonces entenderás el temor del SEÑOR, y hallarás el conocimiento de Dios.
6 Porque el SEÑOR da la sabiduría, y de su boca [viene] el conocimiento y la inteligencia.
7 El guarda el ser a los rectos; [es] escudo a los que caminan perfectamente,
8 guardando las veredas del juicio, y el camino de sus misericordiosos.
9 Entonces entenderás justicia, juicio, y equidad, y todo buen camino.
10 Cuando la sabiduría entrare en tu corazón, y la ciencia fuere dulce a tu alma,
11 [el] consejo te guardará, te preservará la inteligencia,
12 para librarte del mal camino, del hombre que habla perversidades;
13 que dejan las veredas derechas, por andar por caminos tenebrosos;
14 que se alegran haciendo mal, que se huelgan en malas perversidades;
15 cuyas veredas son torcidas, y [ellos] torcidos en sus caminos.
16 Para librarte de la mujer extraña, de la ajena que halaga con sus palabras;
17 que desampara el príncipe de su juventud, y se olvida del pacto de su Dios.
18 Por lo cual su casa está inclinada a la muerte, y sus veredas [van] hacia los muertos.
19 Todos los que a ella entraren, no volverán, ni tomarán las veredas de la vida. 20 Para que andes por el camino de los buenos, y guardes las veredas de los justos.
21 Porque los rectos habitarán la tierra, y los perfectos permanecerán en ella;
22 mas los impíos serán cortados de la tierra, y los prevaricadores serán de ella desarraigados.
1 Hijo mío, no te olvides de mi ley; y tu corazón guarde mis mandamientos;
2 porque largura de días y años de vida y paz te aumentarán.
3 Misericordia y verdad no te desamparen; átalas a tu cuello, escríbelas en la tabla de tu corazón;
4 y hallarás gracia y buena opinión en los ojos de Dios y de los hombres.
5 Fíate del SEÑOR de todo tu corazón, y no estribes en tu [propia] prudencia.
6 Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.
7 No seas sabio en tu [propia] opinión; teme al SEÑOR, y apártate del mal;
8 porque será medicina a tu ombligo, y tuétano a tus huesos.
9 Honra al SEÑOR de tu sustancia, y de las primicias de todos tus frutos;
10 y serán llenos tus alfolíes con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto.
11 No deseches, hijo mío, el castigo del SEÑOR; ni te fatigues de su corrección;
12 porque el SEÑOR castiga al que ama y quiere, como el padre al hijo.
13 Bienaventurado el hombre que halló la sabiduría, y que saca [a luz] la inteligencia;
14 porque su mercadería [es] mejor que la mercadería de la plata, y sus frutos más que el oro fino.
15 Más preciosa es que las piedras preciosas; y todo lo que puedes desear, no se puede comparar a ella.
16 Largura de días [trae] en su mano derecha; en su izquierda riquezas y honra.
17 Sus caminos [son] caminos deleitosos, y todas sus veredas paz.
18 Ella [es] árbol de vida a los que de ella echan mano; y bienaventurados son los que la mantienen.
19 El SEÑOR con sabiduría fundó la tierra; afirmó los cielos con inteligencia. 20 Con su ciencia se partieron los abismos, y destilan el rocío los cielos.
21 Hijo mío, no se aparten de tus ojos; guarda la sabiduría y el consejo;
22 y serán vida a tu alma, y gracia a tu cuello.
23 Entonces andarás por tu camino confiadamente, y tu pie no tropezará.
24 Cuando te acostares, no tendrás temor; [antes] te acostarás, y tu sueño será suave.
25 No tendrás temor del pavor repentino, ni de la ruina de los impíos cuando viniere;
26 porque el SEÑOR será tu confianza, y él guardará tu pie para que no seas tomado.
27 No detengas el bien de sus dueños, cuando tuvieres poder para hacerlo.
28 No digas a tu prójimo: Ve, y vuelve, y mañana [te] daré; cuando tienes contigo [qué darle].
29 No pienses mal contra tu prójimo, estando él confiado de ti.
30 No pleitees con alguno sin razón, si él no te ha hecho agravio.
31 No envidies al hombre injusto, ni escojas alguno de sus caminos.
32 Porque el perverso es abominado del SEÑOR; mas su secreto es con los rectos.
33 [La] maldición del SEÑOR [está] en la casa del impío; mas [él] bendecirá la morada de los justos.
34 Ciertamente él escarnecerá a los escarnecedores, y a los humildes dará gracia.
35 Los sabios heredarán la honra; mas los locos sostendrán deshonra.
1 Oíd, hijos, el castigo del padre; y estad atentos para que sepáis inteligencia.
2 Porque os doy buena enseñanza; no desamparéis mi ley.
3 Porque yo fui hijo de mi padre, delicado y único delante de mi madre.
4 Y [él] me enseñaba, y me decía: Sustente tu corazón mis razones, guarda mis mandamientos, y vivirás.
5 Adquiere sabiduría, adquiere inteligencia; no te olvides ni te apartes de las razones de mi boca;
6 no la dejes, y ella te guardará; ámala, y te conservará.
7 Sabiduría primero que todo; adquiere sabiduría; y ante toda tu posesión adquiere inteligencia.
8 Crece en ella, y ella te engrandecerá; ella te honrará, cuando tú la hubieres abrazado.
9 Dará a tu cabeza aumento de gracia; corona de hermosura te entregará.
10 Oye, hijo mío, y recibe mis razones; y se te multiplicarán años de vida.
11 Por el camino de la sabiduría te he encaminado, y por veredas derechas te he hecho andar.
12 Cuando anduvieres [por ellas] no se estrecharán tus pasos; y si corrieres, no tropezarás.
13 Ten el castigo, no lo dejes; guárdalo, porque eso [es] tu vida.
14 No entres por la vereda de los impíos, ni vayas por el camino de los malos.
15 Desampárala, no pases por ella; apártate de ella, y pasa.
16 Porque no duermen [ellos], si no hicieren mal; y pierden su sueño, si no han hecho caer.
17 Porque comen pan de maldad, y beben vino de violencia.
18 Mas la vereda de los justos [es] como la luz del lucero, que va en aumento hasta que el día es perfecto.
19 El camino de los impíos [es] como la oscuridad; no saben en qué tropiezan. 20 Hijo mío, está atento a mis palabras; inclina tu oído a mis razones.
21 No se aparten de tus ojos; guárdalas en medio de tu corazón.
22 Porque son vida a los que las hallan, y medicina a toda su carne.
23 Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.
24 Aparta de ti la perversidad de la boca, y aleja de ti la iniquidad de labios.
25 Tus ojos miren lo recto, y tus párpados enderecen [tu camino] delante de ti.
26 Pesa la vereda de tus pies, y todos tus caminos sean ordenados.
27 No te desvíes a diestra, ni a siniestra; aparta tu pie del mal.
1 Hijo mío, está atento a mi sabiduría, y a mi inteligencia inclina tu oído;
2 para que guardes consejo, y tus labios conserven la ciencia.
3 Porque los labios de la [mujer] extraña destilan miel, y su paladar es más blando que el aceite;
4 mas su fin es amargo como el ajenjo, agudo como cuchillo de dos filos.
5 Sus pies descienden a la muerte; sus pasos sustentan el sepulcro;
6 si no pesares el camino de vida, sus caminos son inestables; no [los] conocerás.
7 Ahora pues, hijos, oídme, y no os apartéis de las razones de mi boca.
8 Aleja de ella tu camino, y no te acerques a la puerta de su casa;
9 para que no des a los extraños tu honor, y tus años al cruel;
10 para que no se harten los extraños de tu fuerza, y tus trabajos estén en casa del extraño;
11 y gimas en tus postrimerías, cuando se consumiere tu carne y tu cuerpo,
12 y digas: ¡Cómo aborrecí el castigo, y mi corazón menospreció la reprensión;
13 y no oí la voz de los que me castigaban; y a los que me enseñaban no incliné mi oído!
14 Casi en todo mal he estado, en medio de la sociedad y de la congregación.
15 Bebe el agua de tu propia cisterna, y las corrientes de tu propio pozo.
16 Rebosan por de fuera tus fuentes, en las plazas los ríos de [tus] aguas.
17 Sean para ti solo, y no para los extraños contigo.
18 Será bendito tu manantial; y alégrate de la mujer de tu juventud.
19 Como cierva de amores y graciosa gacela, sus pechos te satisfagan en todo tiempo; y en su amor andarás ciego de continuo, [sin fijar tus ojos en nadie más]. 20 ¿Y por qué, hijo mío, andarás ciego con la ajena, y abrazarás el seno de la extraña?
21 Pues que los caminos del hombre están ante los ojos del SEÑOR, ¡y él pesa todas sus veredas!
22 Sus [propias] iniquidades prenderán al impío, y con las cuerdas de su pecado será detenido.
23 El morirá por no haberse [sometido al] castigo; y por la grandeza de su locura, errará.
1 Hijo mío, si salieres fiador por tu amigo, si prometiste al extraño,
2 enlazado eres con las palabras de tu boca, y preso con las razones de tu boca.
3 Haz esto ahora, hijo mío, y líbrate, porque has caído en la mano de tu prójimo; ve, humíllate, y esfuerza tu prójimo.
4 No des sueño a tus ojos, ni a tus párpados adormecimiento.
5 Escápate como la gacela de la mano [del cazador], y como el ave de la mano del parancero.
6 Ve a la hormiga, oh perezoso, mira sus caminos, y sé sabio;
7 la cual no teniendo capitán, ni gobernador, ni señor,
8 prepara en el verano su comida y en el tiempo de la siega allega su mantenimiento.
9 Perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño?
10 [Tomando] un poco de sueño, cabeceando otro poco, y cruzado los brazos otro poco para [volver] a dormir;
11 [así] vendrá tu necesidad como caminante, y tu pobreza como hombre de escudo.
12 El hombre perverso es varón inicuo, anda en perversidad de boca;
13 guiña con sus ojos, habla con sus pies, enseña con sus dedos;
14 perversidades hay en su corazón, anda pensando mal en todo tiempo; enciende rencillas.
15 Por tanto su calamidad vendrá de repente; súbitamente será quebrantado, y no [habrá] remedio.
16 Seis cosas aborrece el SEÑOR, y [aun] siete abomina su alma:
17 Los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos derramadoras de sangre inocente,
18 el corazón que maquina pensamientos inicuos, los pies presurosos para correr al mal,
19 el testigo falso que habla mentiras, y el que enciende rencillas entre los hermanos. 20 Guarda, hijo mío, el mandamiento de tu padre, y no dejes la ley de tu madre;
21 átala siempre en tu corazón, enlázala a tu cuello.
22 Te guiará cuando anduvieres; cuando durmieres te guardará; hablará contigo cuando despertares.
23 Porque el mandamiento es candela, y la enseñanza luz; y camino de vida las reprensiones del castigo;
24 para que te guarden de la mala mujer, de la blandura de la lengua de la extraña.
25 No codicies su hermosura en tu corazón, ni [ella] te prenda con sus ojos;
26 porque a causa de la mujer ramera [es reducido el hombre] a un bocado de pan; y la mujer caza la preciosa alma del varón.
27 ¿Tomará el hombre fuego en su seno, [sin] que sus vestidos se quemen?
28 ¿Andará el hombre sobre las brasas, [sin] que sus pies se quemen?
29 Así el que entrare a la mujer de su prójimo; no será sin culpa cualquiera que la tocare.
30 No tienen en poco al ladrón, aún cuando hurtare para saciar su alma teniendo hambre;
31 tomado, paga siete veces; da toda la sustancia de su casa.
32 Mas el que comete adulterio con la mujer, [es] falto de corazón; corrompe su alma el que tal hace.
33 Plaga y vergüenza hallará; y su afrenta nunca será raída.
34 Porque el celo sañudo del varón no perdonará en el día de la venganza;
35 no tendrá respeto a ninguna redención; ni querrá perdonar, aunque multipliques el cohecho.
1 Hijo mío, guarda mis razones, y encierra contigo mis mandamientos.
2 Guarda mis mandamientos, y vivirás; y mi ley como las niñas de tus ojos.
3 Lígalos a tus dedos; escríbelos en la tabla de tu corazón.
4 Di a la sabiduría: Tú [eres] mi hermana; y a la inteligencia llama parienta,
5 para que te guarden de la mujer ajena, y de la extraña que ablanda sus palabras.
6 Porque mirando yo por la ventana de mi casa, por mi celosía,
7 vi entre los simples, consideré entre los jóvenes, [un] joven falto de entendimiento,
8 el cual pasaba por la calle, junto a la esquina de aquella, e iba camino de su casa;
9 a la tarde del día, ya que oscurecía; en la oscuridad y tiniebla de la noche.
10 Y he aquí, [una] mujer que le sale al encuentro con atavío de ramera, guardada de corazón,
11 alborotadora y rencillosa, sus pies no pueden estar en casa;
12 unas veces de fuera, o bien por las plazas, acechando por todas las esquinas.
13 Y traba de él, y lo besa; desvergonzó su rostro, y le dijo:
14 Sacrificios de paz había prometido, hoy he pagado mis votos;
15 por tanto he salido a encontrarte, buscando tu rostro, y te he hallado.
16 Con paramentos he ataviado mi cama, recamados con cordoncillo de Egipto.
17 He sahumado mi cámara con mirra, áloes, y canela.
18 Ven, embriaguémonos de amores hasta la mañana; alegrémonos en amores.
19 Porque el marido no está en casa, se ha ido a un largo viaje; 20 el saco de dinero llevó en su mano, el día de la fiesta volverá a su casa.
21 Lo derribó con la mucha suavidad de sus palabras, con la blandura de sus labios lo persuadió.
22 Se va en pos de ella luego, como va el buey al degolladero, y como el loco a las prisiones para ser castigado;
23 de tal manera que la saeta traspasó su hígado; como el ave que se apresura al lazo, y no sabe que es contra su vida.
24 Ahora pues, hijos, oídme, y estad atentos a las razones de mi boca.
25 No se aparte a sus caminos tu corazón; no yerres en sus veredas.
26 Porque a muchos ha hecho caer muertos; y todos los fuertes han sido muertos por ella.
27 Caminos del sepulcro son su casa, que descienden a las cámaras de la muerte.
1 ¿No clama la sabiduría, y da su voz la inteligencia?
2 En los altos cabezos, junto al camino, a las encrucijadas de las veredas se para;
3 en el lugar de las puertas, a la entrada de la ciudad, a la entrada de las puertas da voces:
4 Oh hombres, a vosotros clamo; y mi voz [es] a los hijos de los hombres.
5 Entended, simples, la astucia; y [vosotros], locos, tomad entendimiento.
6 Oíd, porque hablaré cosas excelentes; y abriré mis labios para cosas rectas.
7 Porque mi paladar hablará verdad, y mis labios abominan la impiedad.
8 En justicia son todas las razones de mi boca; no hay en ellas cosa perversa ni torcida.
9 Todas ellas [son] rectas al que entiende; rectas a los que han hallado sabiduría.
10 Recibid mi castigo, y no plata; y ciencia más que el oro escogido.
11 Porque mejor es la sabiduría que las piedras preciosas; y todas las cosas que se pueden desear, no son de comparar con ella.
12 Yo, la sabiduría, moré con la prudencia; y [yo] invento la ciencia de los consejos.
13 El temor del SEÑOR [es] aborrecer el mal; la soberbia, la arrogancia, el mal camino, y la boca perversa, aborrezco.
14 Conmigo está el consejo y el ser; yo soy la inteligencia; mía es la fortaleza.
15 Por mí reinan los reyes, y los príncipes determinan justicia.
16 Por mí dominan los príncipes, y todos los gobernadores juzgan la tierra.
17 Yo amo a los que me aman; y los que me buscan me hallan.
18 Las riquezas y la honra están conmigo; sólidas riquezas, y justicia.
19 Mejor es mi fruto que el oro, y que la piedra preciosa; y mi rédito [mejor] que la plata escogida. 20 Por vereda de justicia guiaré, por [en] medio de veredas de juicio;
21 para hacer heredar a mis amigos el ser, y que yo llene sus tesoros.
22 El SEÑOR me poseyó en el principio de su camino, desde entonces, antes de sus obras.
23 Eternalmente tuve el principado, desde el principio, antes de la tierra.
24 Antes de los abismos fui engendrada; antes que fuesen las fuentes de las muchas aguas.
25 Antes que los montes fuesen fundados, antes de los collados, era yo engendrada;
26 no había aún hecho la tierra, ni las campiñas, ni el principio del polvo del mundo.
27 Cuando componía los cielos, allí estaba yo; cuando señalaba por compás la sobrefaz del abismo;
28 cuando afirmaba los cielos arriba, cuando afirmaba las fuentes del abismo;
29 cuando ponía al mar su estatuto, y a las aguas, que no pasasen su mandamiento; cuando señalaba los fundamentos de la tierra;
30 con él estaba yo ordenándolo todo; y fui su delicia todos los días, teniendo solaz delante de él en todo tiempo.
31 Tengo solaz en la redondez de su tierra; y mis solaces son con los hijos de los hombres.
32 Ahora, pues, hijos, oídme; y bienaventurados los que guardaren mis caminos.
33 Escuchad al castigo, y sed sabios; y no lo menospreciéis.
34 Bienaventurado el hombre que me oye, trasnochando a mis puertas cada día, guardando los umbrales de mis entradas.
35 Porque el que me hallare, hallará la vida; y alcanzará la voluntad del SEÑOR.
36 Mas el que peca contra mí, defrauda su alma; todos los que me aborrecen, aman la muerte.
1 La sabiduría edificó su casa, labró sus siete columnas;
2 mató su víctima, templó su vino, y puso su mesa.
3 Envió sus criadas; sobre lo más alto de la ciudad clamó:
4 cualquier simple, venga acá. A los faltos de entendimiento ([o de corazón]) dijo:
5 Venid, comed mi pan, y bebed del vino que yo he templado.
6 Dejad las simplezas, y vivid; y andad por el camino de la inteligencia.
7 El que castiga al burlador, afrenta se acarrea; el que reprende al impío, [se atrae] mancha.
8 No castigues al burlador, para que no te aborrezca; castiga al sabio, y te amará.