CUADRO SEGUNDO
Telón corto. Un lugar de las afueras de Madrid. En el telón, a la izquierda, se verá pintado un merendero cuya puerta es practicable. Sobre la puerta un emparrado, y debajo de él dos o tres mesas y algunas sillas de anea y banquetas. Es de día.
Dueñodel merendero y elChico
El Dueño retira el servicio de una mesa que acaba de ser abandonada por algunos parroquianos.
Chico(Sale por la derecha mirando hacia atrás con cara de asustado.)—¡Anda diez!
Dueño.—¿Qué te pasa?
Chico.—Náa... dos que se están pegando ahí en un desmonte.
Dueño.—¿Por qué?
Chico.—No sé; se conoce que venían desafiaos. Y uno le ha dao al más joven una de tortas que lo ha vuelto loco... (Mirando.) ¡Calle!... Sí... ya han acabao de pegarse... y vienen pa acá.
Dueño.—Pues silencio. Nosotrosandenos llamen. (Entran los dos en el merendero.)
Serafínyseñor Valeriano
Salen por la derecha, revelando cierta agitación en sus semblantes, y con los trajes algo descompuestos. Serafín viene sacudiéndose la ropa, sucia de tierra, oprimiéndose los labios con un pañuelo, y mirando a ver si tiene sangre. De vez en cuando escupe. Trae un carrillo muy colorado.
Valeriano(Con su habitual tranquilidad.)—Bueno, yo, salvando su parecer, creo que las bofetás tienen un límite, pollo.
Serafín(Secamente.)—Lo que a usté le parezca. (Se toca las narices con un pañuelo.)
Valeriano.—Lo de las narices es una ligera erosión. Tengo una mano... ¡que estoy más disgustao!... ¡paece una piedra! ¿Conque me guarda usté rencor por los cachetes?
Serafín.—A usté, no.
Valeriano.—Pues entonces, después de la refriega yo opino que debíamos darnos las manitas, como hacen los hombres.
Serafín.—Me es igual. (Se dan la mano.)
Valeriano.—Sí, señor; en medio de su desgracia, me ha sido usté simpático, joven. Es usté un hombrito de corazón, aunque no le acompañen las fuerzas; y ¡qué caramba! Eso no es náa; a su edad de usté me las han arreao a mí, que durante ocho días tenía que llevar las narices en equilibrio. Siéntese usté ahí. (Señalando una mesa.)
Serafín.—No, gracias.
Valeriano.—Que se siente usté, digo.
Serafín.—Bueno. (Se sientan los dos. Valeriano llama dando dos palmadas.)
Dueño(Sale.)—¿Qué desean?
Valeriano.—Dos quinces y un botijo.
Dueño.—En seguida. (Vase al merendero.)
Valeriano.—Y ahora cuando la traigan, se lava usted el carrillo con un poco de agua fresca; es mejor que el árnica.
Serafín.—No, si no tengo náa.
Valeriano.—Bueno, hombre, pero por si se inflaespontaniamente. (El dueño sirve el vino y el botijo y vase.) Beba usté. (Ofreciendo un vaso de vino a Serafín. Beben unos sorbos.)
Serafín.—Gracias.
Valeriano.—Y ahora, joven, aquí de sobremesa y antes de separarnos, quiero darle a usté como compensación de los mamporros, cuatro consejos.
Serafín.—Usté dirá.
Valeriano(Bebe un trago.)—Discreto pollo: es usté un chavalillo inesperto con el atolondro propio de lajuventúy debe usté apuntarse esta máxima pa el resto de su vida: La mujer, es como un sorbete, cuando se toma con mucho calor hace daño. Tóquese usté las narices y me dará la razón; y crea usté a un zorro viejo: no desafíe usté a nadie sin motivo, porque acalorao no mira usté el rótulo y, creyendo meterse en una confitería, a lo mejor le resulta a usté una tahona. Llueven las tortas. Y no canso más. Respective a lo de la Carmen, no sea usté niño. Yo, como caquisque, poseo el espejuelo de mis atraztivos y lo manejo con la contumelia propia de una pestaña experimentada. ¿Que cae una alondra? No la voy a hacer ascos por miramientos al cazador vecino. Sería majadero. (Se levanta.) Conque cuatro cosas en total, joven; pacencia, serenidaz, agua fresca y... pague usté esas dos copas, que no lo voy yo a poner todo. Y venga esa mano. Sé que se queda usté amargao por dentro y por fuera; pero así he aprendido yo, y como el tiempodesinflay tranquiliza, cuando pasen algunos días, pué que no tenga usté una mano más amiga que la que hoy le ha hecho a usté daño, bien a su pesar. Salú. (Vase por la izquierda.)
Serafín;luegoLadislao.El Dueñodel merendero durante la escena.
Serafín(Casi llorando.)—¡Sí! ¡Me comen la vergüenza y la rabia!... ¡pero ese tío tié razón! ¡No tié él la culpa; es ella!... ¡ella!
Ladislao(Sale por la derecha azorado y jadeante.)—¡Gracias a Dios! ¡Por fin doy contigo! (Mira a todos lados.) ¿Pero qué es esto?... (Con burlona sorpresa.) ¡Tú solo! ¡Solo con dos copas! ¡Túmeditamundo! ¿Y ese hombre, que no lo veo? (Mira por debajo de las mesas y las banquetas y luego dice a Serafín con voz siniestra y casi al oído.) Serafín, ¿ande has echao los pedazos?
Serafín(Con desprecio.)—¡Déjame en paz!
Ladislao.—Oye, ¿pero qué tiés en la cara?... ¿Tú no habías pasao el sarampión?
Serafín(Llama y sale el dueño del merendero.)—¿Qué se debe?
Dueño.—Treinta céntimos.
Serafín.—Ahí van. (Paga y se levanta. Vase el dueño llevándose las copas.)
Ladislao.—¡Recontra! De modo, que tras...ecétera, apaleao y encima pagano.
Serafín(Furioso.)—¡Cállate, o por mi salú que te dejo seco!
Ladislao(Aterrado.)—Oye, tú...
Serafín(Separándose dominado por una gran excitación.)—¡Sí! ¡No tengo cara pa vivir mal mirao! Ahora irá ese tío, lo contará todo y se reirán de mí... Y se reirá ella... ¡ella más que nadie! Y luego, por donde voy, la burla y la chirigota... ¡No, no lo resisto; ella me ha engañao, pues contra ella! ¡La mataré! ¡Tengo derecho! ¡Hay que ser hombres! Adiós, Ladislao; voy a dar gusto a todos, a ti y a mí, y a los compañeros de taller y a las vecinas y al mundo entero.
Ladislao.—Pero, ¿qué dices?
Serafín.—¡Adiós! (Vase por la izquierda.)
Ladislao.—Oye, tú, y de paso dile a tu tío Balbino, que ya lo cogeré yo a solas, que lo de esta mañana no me s’ha olvidao. (Se sienta y da dos palmadas.) ¡Merenderero!
LadislaoyBalbino
Balbino(Que sale por la derecha, se acerca a la mesa.)—¡Va!
Ladislao(Sorprendido y temeroso.)—¡Caray!
Balbino.—¿Qué desea el gorrión?
Ladislao.—¿Usté? ¡Hombre, m’alegro! (Levantándose, al mismo tiempo se sienta Balbino.)
Balbino.—No; que he venido, he visto la solfa que le han dao a tu amigo por seguir tus consejos, he visto que la cosa no pasaba a mayores, he permanecidonutraly aquí me tiés pa servirte.
Ladislao.—Pues m’alegro, porque quería yo que arreglásemos la cuentecita de esta mañana.
Balbino.—¿Tiés prisa en cobrar?
Ladislao(Amenazador.)—¡Lo que tengo prisa es en mascarle la nuez a los que me faltan, eso!
Balbino(Fingiendo miedo.)—¡Oye, tú, Ladisladito, por Dios, que yo creo... (Solloza.) que no debías ensañarte con un pobre viejo!
Ladislao(Envalentonado.)—Y si tié usté miedo, ¿pa qué insulta usté, so maula?
Balbino(Llorando.)—¡Hombre, no te enfades... yo, ha sío en un pronto; y piensa que si a mis añosme haces así, (Le da un pescozón.) me tiras al suelo!... ¡Tenme lástima!
Ladislao.—Oiga usté... (Cogiendo el sombrero.)
Balbino.—No sabes el miedo que he pasao dende esta mañana... porque yo decía, si esa fiera me encuentra, con el genio que tiene, y me da así na más... (Le da un puñetazo.) ¡me atonta!
Ladislao.—Oiga usté, haga el favor de poner los ejemplos de palabra, ¿eh?
Balbino.—Los viejos, hijo, ya no valemos pa náa... Figúrate si con tu fuerza levantas el pie y me das de esta manera... (Le da un puntapié.) pues me amargas.
Ladislao(Asustado.)—¿Pero quiere usté hablar sin acionar?
Balbino.—¡Yo es pa que me comprendas, hijo! De manera que tenme lástima y que no te se ocurra darme dos chuletas así... (Le pega dos bofetadas.) ni tirarme encima de una silla, como un pingajo indecente... (Lo tira al suelo.)
Ladislao.—¡Pero qué es esto!
Balbino(Llorando.)—Ten lástima de un pobrecito anciano, hijo...
Ladislao(Furioso.)—¡Eso le vale a usté, que es un viejo!
Balbino.—¡Dios te lo pague, hijo! ¡Adiós, rico! (Vase llorando.)
Mutación