CUADRO SEGUNDO
La Glorieta de la Ronda de Valencia frente a la calle de Embajadores, entre la Veterinaria y la Fábrica de Tabacos.
El lugar está desierto; anochece. Pasa un farolero encendiendo los faroles; a poco, a lo largo de la calle, brillan las lucecitas del alumbrado público. Se escucha el pregón, muy lejano, de un vendedor ambulante, y, mucho más lejana, la música, casi imperceptible de un organillo. En una taberna próxima, en cuyos cristales resplandece una luz rojiza, se oye un desacordado guitarreo. Un borracho, con su voz incierta y ronca canta dentro:
Eche usté cuatro botellasy aquí me dejo la capa,que aluego vendrán por ella.
Eche usté cuatro botellasy aquí me dejo la capa,que aluego vendrán por ella.
Eche usté cuatro botellasy aquí me dejo la capa,que aluego vendrán por ella.
Eche usté cuatro botellas
y aquí me dejo la capa,
que aluego vendrán por ella.
(Un coro de voces infantiles canta lejísimo como un eco perdido:)
Ramón del alma mía:del alma mía, Ramón;si te hubieras casadocuando te lo dije yo.
Ramón del alma mía:del alma mía, Ramón;si te hubieras casadocuando te lo dije yo.
Ramón del alma mía:del alma mía, Ramón;si te hubieras casadocuando te lo dije yo.
Ramón del alma mía:
del alma mía, Ramón;
si te hubieras casado
cuando te lo dije yo.
(Vuelve a quedar todo en silencio. Se acentúa la obscuridad; en las fachadas de las casas lejanas, van brillando tenues lucecitas. Aparecen por el primer término izquierda,Nieves,envuelta en un mantoncito de crespón negro, muy repeinada, con su faldita estrecha y sus zapatitos de charol, acompañada de unaVieja, astrosa, con cara de bruja, encorvada, que lleva mantón raído y un pañuelo viejo a la cabeza.)
Nieves(Con inquietud.)
¡Virgen de la Paloma,me salta el corazón!
¡Virgen de la Paloma,
me salta el corazón!
Vieja(Con voz cascada.)
Mujer, ni que viniesespor una malaación.
Mujer, ni que vinieses
por una malaación.
Nieves
No puedo remediarlo;estoy muyasustá.
No puedo remediarlo;
estoy muyasustá.
Vieja
El sitio está muy soloy nadie nos verá.
El sitio está muy solo
y nadie nos verá.
Nieves
Me ahoga la angustia.
Me ahoga la angustia.
Vieja
Deja ya ese apuroy siéntate un pocoaquí que está oscuro.
Deja ya ese apuro
y siéntate un poco
aquí que está oscuro.
(Nieves se sienta en un banco de la Glorieta. La Vieja queda en pie a su lado. Dan ocho campanadas en el reloj de una iglesia distante. Vuelve el guitarreo en la taberna. Canta una voz de hombre.)
Hay que querer a las hembrascon los pensamientos malos,que al que no lo hiciese así,ellas le darán el pago.
Hay que querer a las hembras
con los pensamientos malos,
que al que no lo hiciese así,
ellas le darán el pago.
Hablando sobre la música.
Vieja(A Nieves.)
¿Oyes? Las ocho.
¿Oyes? Las ocho.
Nieves
¡Las ocho! (Pausa.)
¡Las ocho! (Pausa.)
Vieja
Cantan bien en la taberna. (Pausa.)
Cantan bien en la taberna. (Pausa.)
Nieves
¿Tardará mucho su hermana?
¿Tardará mucho su hermana?
Vieja
¡Qué ha de tardar! ¡Buena es ella!
¡Qué ha de tardar! ¡Buena es ella!
Nieves
¿La dijo usté lo que quiero?
¿La dijo usté lo que quiero?
Vieja
Que te eche las cartas, prenda,que tú no vas a su casaporque no quiés que te vean,y que viniese a las ochoa un banco de la Glorieta.
Que te eche las cartas, prenda,
que tú no vas a su casa
porque no quiés que te vean,
y que viniese a las ocho
a un banco de la Glorieta.
Nieves
¡Cuánto tarda!
¡Cuánto tarda!
Vieja
Estás nerviosa.
Estás nerviosa.
Nieves(Levantándose.)
¿No viene allí?
¿No viene allí?
Vieja
Sí; es aquella.
Sí; es aquella.
(Sale fondo derecha laseñá Celes,otra vieja, echadora de cartas, más bruja que la anterior. Esta viste de obscuro. Lleva un gabán cortito y un manto negro raído. Se apoya en una muletilla.)
Nieves(Yendo a su encuentro.)
¡Señá Celes!
¡Señá Celes!
Celes
¡Hija mía!¡Cuánta gana que teníade verte! ¡Qué hermosa estás!¿Qué te pasa?
¡Hija mía!
¡Cuánta gana que tenía
de verte! ¡Qué hermosa estás!
¿Qué te pasa?
Vieja
No habléis fuerte.
No habléis fuerte.
Nieves
Que quiero saber mi suerte,señá Celes.
Que quiero saber mi suerte,
señá Celes.
Celes
La sabrás.
La sabrás.
Cantando.
Nieves
Que mi vida ya no es vida;que tiran de mí, a la vez,de un lao mi casa y mis padres;del otro lao mi querer.Que Serafín me ha exigidoque vaya a vivir con él,y yo quiero y no quisiera,y lucho y no sé qué hacer.
Que mi vida ya no es vida;
que tiran de mí, a la vez,
de un lao mi casa y mis padres;
del otro lao mi querer.
Que Serafín me ha exigido
que vaya a vivir con él,
y yo quiero y no quisiera,
y lucho y no sé qué hacer.
Celes
Ven, que a la luz del farollas cartas te voy a echar;que tóo lo que te convenga,las cartas te lo dirán.
Ven, que a la luz del farol
las cartas te voy a echar;
que tóo lo que te convenga,
las cartas te lo dirán.
Vieja
Siéntate. (Se sienta.)
Siéntate. (Se sienta.)
Celes
Persígnate.
Persígnate.
Vieja
Reza una oración.Corta con la izquierda.En el nombre de Dios.
Reza una oración.
Corta con la izquierda.
En el nombre de Dios.
(Celes saca la baraja, la remueve. Nieves hace cuanto la dice. La bruja echa las cartas sobre el banco. Se ven en el horizonte obscuro, relámpagos lejanos. Nieves, de pronto, da un grito de terror.)
Nieves
¡Jesús!
¡Jesús!
Celes
¿Qué ha pasao?
¿Qué ha pasao?
Vieja(Ríe con su boca sin dientes.)
¡Que ha visto un murciélagoy que se ha asustao!
¡Que ha visto un murciélago
y que se ha asustao!
Celes
Aquí te salen dos hombres:uno, perdido por ti;otro, que te trae dinero:mira los oros aquí.
Aquí te salen dos hombres:
uno, perdido por ti;
otro, que te trae dinero:
mira los oros aquí.
(SaleSerafínforo derecha, sigilosamente, sin ser visto. Se coloca detrás de las mujeres, oye y sonríe.)
Bastos; te sale un disgusto,pero al cabo triunfarás.Copas, y un hombre morenorica y dichosa te hará.
Bastos; te sale un disgusto,
pero al cabo triunfarás.
Copas, y un hombre moreno
rica y dichosa te hará.
Serafín
Lo que las cartas te dicen,esa es la pura verdá.
Lo que las cartas te dicen,
esa es la pura verdá.
Nieves(Con asombro y alegría.)
¡Serafín! (Levantándose.)
¡Serafín! (Levantándose.)
Serafín
Y ese morenoaquí esperándote está.
Y ese moreno
aquí esperándote está.
(Muy meloso, ofreciéndola el brazo al que ella se coge.)
Vámonos, chula mía;vámonos, negra;vámonos del bracerodonde nos vean.
Vámonos, chula mía;
vámonos, negra;
vámonos del bracero
donde nos vean.
Nieves(Rendida.)
Donde quieras llevarlase va tu negra,que al fin, será mi vida,lo que tú quieras.
Donde quieras llevarla
se va tu negra,
que al fin, será mi vida,
lo que tú quieras.
(Se van del brazo muy juntos por la izquierda, con las caras casi pegadas; caminan lentamente.Higiniosale por la derecha, vacilante, lívido, como un loco; los ve alejarse.)
Higinio
¡Juntos! ¡Se van! ¡De agoníase me salta el corazón!¡Malhaya la suerte mía,si no los mato a traición!
¡Juntos! ¡Se van! ¡De agonía
se me salta el corazón!
¡Malhaya la suerte mía,
si no los mato a traición!
(Se va tras ellos. Las dos brujas, que han recogido la baraja y que observan lo que sucede, al desaparecer Higinio, siguen riendo.)
Viejas
Ya lo ves.¡Ja, ja, ja!Siempre asípasará.Detrás del amor los celossiempre irán.Ya lo ves.¡Ja, ja, ja!Siempre asípasará.¡Ja, ja, ja!
Ya lo ves.
¡Ja, ja, ja!
Siempre así
pasará.
Detrás del amor los celos
siempre irán.
Ya lo ves.
¡Ja, ja, ja!
Siempre así
pasará.
¡Ja, ja, ja!
(Vanse por primera izquierda. Sigue relampagueando en el horizonte obscuro. Cesa la música.)
Benita, AvelinoeHiginio
Benita trae a Higinio casi a rastras, porque él forcejea por soltarse. Avelino lleva una blusa larga y una cesta a la cabeza de las que usan los ultramarinos para servir los pedidos, llena de comestibles y bebestibles, la cual deja en el suelo para ayudar a Benita.
Hablado
Benita.—¡Quieto, por Dios! ¡Silencio!
Higinio.—No, si contra ella no es; soltarme.
Avelino.—Efusión de sangre, no, joven.
Higinio.—Si al que quiero matar es a él; a él, que sé que no la quiere más que para perderla. ¡Suéltame!
Benita.—Que te he dicho que no.
Avelino.—Hágala usté caso, hombre.
Benita.—¡Ten calma y óyeme lo que te digo, ¡caray!, que la volvéis a una más tonta de lo que es! Si esta noche no aparto a ese hombre del camino de mi hermana, mañana te lo desayunas si quieres. (Soltándole.)
Higinio(Abrumado.)—¡Se pierde esa loca! ¡Se pierde sin remedio! ¡Se van juntos!... ¡juntos! ¡Dios sabe dónde!
Benita.—Y nosotros también lo sabemos, tonto; si no, ¿crees tú que los hubiera dejao yo irse?
Avelino.—Van al baile de Provisiones; un baile titulaoEl Vaivén, de ahí orilla a la fábrica de Tabacos. Precisamente a la casa de al lao voy yo a llevar este pedido.
Benita.—Pues allí, en ese bailecito, es donde una servidora lo va a arreglar tóo esta noche.
Higinio.—Pero ¿cómo vas a evitar que tu hermana...?
Benita.—Muy sencillo. ¿Tú no te acuerdas del señor Melquiades? ¿Aquel tío que me hizo el amor pa tomarme el pelo?
Higinio.—Sí.
Avelino.—Pues lo haenagenao.
Higinio.—¿Qué?
Benita.—Que con mis tontunas le he vueltomochalesy ahí lo tengo, al principio de la Ronda, aguardándome sentao en un banco, con dos sacas de ropa que me ha subido del río.
Avelino.—Don Juan Tenorio de mozo de chapa.
Higinio.—Pero, ¿es posible?
Benita.—Pues ese tío bocón es el que me ha contaoen secreto que Serafín hace catorce años que está liao con una verdulera que le mantiene el pico.
Avelino.—De manera que tóo el lujo de ese pollo, lechugas.
Benita.—Tiene cinco hijos con ella; y a esa mujer, que la llaman Paca “La Fiera”, por el mal genio, se lo he ido a contar tóo; la he suplicao que me ayude a salvar a mi hermana y me ha dicho que a las nueve estaría aquí con los cinco vástagos, medio litro de vitriolo y un vergajo.
Avelino.—¡Que es un equipo! Ahora calcúlese usté elAgarren-Partique se va a armar en ese bailecito esta noche.
Higinio.—Yo la ayudaré a esa mujer.
Benita(Mirando por la segunda izquierda.)—Callarse, que me parece que ya está ahí esa fiera. (Mira.) Sí; ella es.
Avelino(A Higinio.)—Agárrese usté, que es un huracán. (Se echa la cesta a la cabeza.)
DichosyPaca“La Fiera” segunda izquierda. Es una mujer algo desastrada; viene a medio peinar. Lleva delantal, mantón atado atrás y el pañuelo de la cabeza caído sobre los hombros.
Paca(Saliendo y pasando entre Avelino e Higinio.)—¡Pero que muy buenas!
Benita(Dejándola libre el paso.)—¡Señá Paca!
Paca.—Aquí estoy. He tardao, porque he ido a dejar los chicos en casa mi prima pa cuando sea menester.
Avelino.—¿Y qué tal?
Paca.—Vengo que muerdo. Y a mí no me sujetéis de que vea a ese chulo, que por la papilla que me han dao, ¡maldita sea la leña!, que le hago trizas.
Avelino.—¿Quié usté sentarse?
Paca.—¿Yo sentarme? Muerta descansaría yo, ¡miperra vida! (Al hablar zarandea a Avelino, produciéndose en la cesta que lleva en la cabeza un gran ruido de cacharros que chocan entre sí.) Si no puedo parar, hijo; si no puedo. Si dende que vino aquí la joven y me contó lo que me contó, que me ha entrao una desazón que... vamos; si hasta creo que me han crecío las uñas. (Le zarandea más.)
Avelino(Sujetando el cesto con ambas manos.)—¡Mi madre!
Paca.—¿Usté ha visto pelar un pollo, pollo?
Avelino.—¡Por Dios, señora: el pedido!
Paca.—Pues menos tardo yo en desollar a ese ladrón, ladrón, más que ladrón. (Asombrada ante el creciente ruido de la cesta.) ¡Caray! pero ¿qué le suena a este hombre?
Avelino.—El pedido, señora; si se lo estoy a usté diciendo.
Benita.—¡Pero cálmese usté, por Dios!
Paca.—¿Que me calme? ¡Cuando le machaque los sesos a ese golfo! ¡Engañarme a mí!... ¡su sangre ladrona! Si son cinco hijos los que tengo: ¡cinco! ¿Por qué no le habré matao ya? ¡Maldita sea la leña! Tóo el santo día vendiendo repollos pa que el zanguango ese venga a hacer elpintacon las chuletas de aquí bajo. (Volviendo a zarandear a Avelino.) ¿De dónde lo voy a consentir yo; de dónde? ¡Antes voy a la cárcel, a la cárcel y a la cárcel! (A Benita.) Bueno; y este sonajero, ¿quién es?
Benita.—El joven que nos va a acompañar.
Paca.—¿Este? Pues vámonos pal Vaivén. Usté me entra y me suelta en metá del baile, yo saco este vergajo que llevo debajo del delantal (Levantándoselo y enseñando uno.) y ¿ustedes se acuerdan de hace catorce años que cayó una granizá que asoló medio Madrid? Pues fué un estornudo comparao con la que les preparo.
Benita.—Que se le cae a usté el moño.
Paca.—Y me se caerá el alma. ¡Maldita sea! ¡Si me arde la sangre! ¡Si quería yo cogerle en una! ¡Si lo estaba deseandito! ¡Si de éstas me ha hecho cuarenta y cinco! ¡Si es un loco! ¡Si no hay año que no tengamos seis juicios!
Avelino.—¡Un loco y tanto juicio!
Paca.—¡Pero de ésta le pierde, palabra!; porque yo le juro a usté, que a él lo mato, al Vaivén le pego fuego y yo voy a la cárcel y ese ladrón al Hospital. ¡Palabra! ¡Que le digo a usté que mi venganza va a ser soná; (Llevándose a Avelino a empellones por el fondo izquierda.) pero que muy soná! (Le zarandea para que suenen los cacharros de la cesta.)
Avelino.—¡El pedido, señora; el pedido!
Benita.—¡Cálmese! ¡Cálmese usté! (Siguiéndoles.)
Higinio(Ídem.)—¡Pues sí que es un huracán! (Vanse.)
Melquiades
Melquiades(Sale por la primera derecha con dos sacas grandes de ropa, una debajo de cada brazo y silbando como quien llama a una persona.)—Náa; que no se la vislumbra por parte ninguna. ¡Camará! ¡Hora y media esperando! ¿Dónde se habrá metido esa hija de Eva? (Silba.) Cuando vuelva, la ropita esta ya se ha pasao de moda. (Silba.) ¡Que si quieres! (Deja las sacas encima del banco y se sienta entre las dos, dejando el sombrero sobre una de ellas.) Bueno, esa niña, me tié ya un poquito escamao, eso es aparte; porque cáa día es una cosa. Unos días, como hoy, pongo porverbi gracia, me hace que la acompañe a recoger la ropa, y así de que la cosa va pesando, me la trasmite, me pone un pretexto pa largarse y me deja sentadito en un banco y de cara al talego como puede comprobarse por la lámina azjunta. Pues otras noches, otras noches es peor, porque me hace que la entre en un café, me se toma una ración de riñones a labroche, me dice luego que va a un recao, y me da otro solo de hora y pico. Y es lo que yo ladigo: Señor, no es que me duelan los riñones, pero hazte cargo que ante los ojos del camarero, estoy haciendo un papelito de esos de rollo. Y luego, que no me prueba la cerveza y no sé qué tomar. (Pausa.) Náa, que esa niña abusa de que la he tomao una miaja de ley y tiene conmigo acciones que no son pa un hombre formal. Sobre todo, las que más me cargan, son estas acciones del banco.
MelquiadesyBenita,foro izquierda
Benita(Acercándose.)—Buenas noches, chacho. ¡Ay, rico mío! Estarás aburrido, ¿verdá? ¡Qué lástima!
Melquiades(Levantándose malhumorado.)—¡Gracias a Dios! Pero ¿qué te ha pasao, nena? Creí que no venías.
Benita.—Dispénsame este ratito de hora y media que es que me ha cogido la señá Dionisia, que habla más que un loro borracho, y conque si patatín, si patatán, no me soltaba.
Melquiades.—Sí, pero hazte cargo, que uno tié sus quehaceres. (Se aparta del banco, dejando en él las sacas.)
Benita.—¿Y qué tiés tú que hacer que no sea con tu morucha, tunarra? (Dándole una bofetada de cariño.)
Melquiades.—Sí, pero es que abusas de una forma, que...
Benita.—Amos, calla, tirano; después de que dice tóo el mundo que he adelgazao desde que te hablo.
Melquiades.—¿Qué has adelgazao? Pues que te lleven al café y verán.
Benita.—Si tú me quisiás a mí la metá na más de lo que yo... Pero, ¡claro!, acostumbrao a tantas quiero tantas tengo... (Coge la saca de la derecha y vienepor el mismo lado a entregársela a Melquiades para que la coja.) Anda; coge la saca, cariño.
Melquiades.—¡Yo! Pero no querrás que yo...
Benita.—Anda, mala sangre; coge.
Melquiades(Resistiéndose.)—Mujer, por Dios, ¡que si me viese alguien!...
Benita.—Amos, ladrón; carga. Si es de aquí a casa; media horita na más.
Melquiades(Cogiendo la saca con el brazo derecho.)—Bueno. Que a uno le gusta condescender, que si no...
Benita(Cogiendo la otra saca y pasando al lado izquierdo.)—Dí que una no fuera tonta, pero sabes que me tiés loquita y por eso abusas. (Al volver hacia la izquierda Melquiades, se encuentra con que le presenta la otra saca.) Toma la otra.
Melquiades.—Pero oye; ¿yo con las dos?
Benita(Haciendo que cargue con ella también.)—Tira pa alante, asesino. ¡Si no fuera una tan tonta! ¡Soy más tonta! ¿qué tonta soy, verdá? (Haciéndole caricias.)
Melquiades(Resignándose.)—¡Ay, Melquiades! ¡Veinticinco años haciéndote el Tenorio, y ya ves qué sacas; que te las echen a cuestas! (Inicia el mutis por la izquierda.)
Benita(Se va dándole empujones.)—¡Amos, tira, cariño! (Música en la orquesta.)
Mutación