CUADRO SEGUNDO
Gabinete humildÃsimo en casa del señor Bernabé.
En la pared del foro dos balconcitos con puertas vidrieras y cortinas por dentro. A la izquierda la puerta de entrada al piso con mirilla, cerradura y llamador de hierro que sonará cuando se indique.
En los laterales derecha dos puertas que dan acceso a habitaciones interiores. Entre ambas, una silla con el chaleco, chaquetilla, montera y capote de paseo de Paco.
Mobiliario: un sofá foro izquierda y unas cuantas sillas de anea. Una cómoda vieja entre los dos balcones y sobre ella varios retratos deslucidos. En la pared una cabeza de toro disecada. Números de «La Lidia» pegados por distintos sitios.
En el centro de la habitación hacia la izquierda una camilla con un tapete de hule. Encima una botella de barro y un vaso. Es de dÃa.
LaRita.EltÃo Pelele.
Al levantarse el telón nadie en escena. Sale Rita segunda derecha, con un lÃo de capotes y dos estoques de matar, que deja sobre el sofá. Llaman a la puerta.
Rita.—Ya voy, ya voy. (Abre.) Alante.
Pelele(Con traje de fiesta.)—Buenas las tenga usté, señá Rita.
Rita(De mal talante.)—Regulares las quisiera, hijo.
Pelele(Quitándose el sombrero.)—Yo, como esla costumbre... ¿Y su hermano de usté y su sobrino?
Rita.—Ahà están, empezando a vestirse pa la corrida.
Pelele.—Pos un servidor, como le ofrecà a Paco de hacerle de mozo de estoques, pos venÃa pa ello.
Rita.—¡Usté de mozo!... Bueno, asiéntese usté. (Le da una silla.)
Pelele.—S’agradece. (Se sienta a la izquierda de la camilla. Con gran interés y bajando un poco la voz.) ¿Y qué, los ánimos andarán mu caÃdos por esta casa?
Rita.—Ni quiá usté saber; con eso de no haber sabÃo de la Encarna en tres dÃas que van del desgusto, pos el chico está que su alma se la arrancan. (Queda de pie a la derecha.)
Pelele.—¡Con tantas ilusiones y tóo pol suelo en media hora!
Rita.—Un asco de mundo. ¡Pos la señá Valentina, la pobre, también estará pa que la pidan una fábula!
Pelele.—¿La señá Valentina?... Más serena que usté y que yo. ¡Eso es una mujer! Delsesofemenino no se encorambra con más agallas.
Rita.—¿Pero no se l’ha venÃo el mundo encima?
Pelele.—Se le ha venÃo el mundo encima, pero ella lo ha apartao y ha seguido pa alante. Amos, eso hay que verlo. Misté, de que supo por boca del mismo señor Hilario que estaba acusá de mantener relacionesinlÃcitascon su hermano de usté, que fué y no le dijo más que esta cosa lacónica: “Ah, ¿pero era eso?—Eso.—¿Y has dudao de mÃ?—Y dudoâ€, le refutó él. Y fué ella, se quedó un poco amarilla, levantó asà la cabeza con orgullo, miró al señor Hilario de hito en hito, prorrumpió en una carcajada consistente en ¡ja, ja, ja! agarró sus cuatro trapitos y echó a andar calle alante, tranquila y serena.
Rita.—Amos, miá que ese tÃo está loco. ¡Dejarse marchar a una mujer como la Valentina!
Pelele(Dando un puñetazo en la mesa y poniéndose de pie.)—Y quedarse con la perra de la Josefa, que dende el desgusto es la que lleva el remo de lacasa. Y pa mà que ella es la del anónimo... y la causanta de tóo...
Rita.—Pero qué me va usté a contar, hijo, si la tengo conocida de chica, que Ãbamos juntas a la escuela y siempre estaba castigá de envidiosa que era. Que, vamos, un dÃa—pa que se vea lo que son las presonas,—fué y tenÃa yo una berruga aquÃ, mal señalao, (En la mejilla.) que decÃan tóos que me hacÃa muchisma gracia, y fué ella y pa que no la tuviese, me la quemó con una cosa negra que le dicen nitrato, que me hizo de ver las estrellas; que yo no la he vuelto a tratar en mi vida desde entonces.
Pelele.—Pero señora, si su segundo marido tuvo que retirarse de con ella y se fué a Buenos Aires por no matarla. Y su primer marido no digamos, que ahà lo tié usté vivo y sano, que es el señor Antonio el cañamonero, que cuando habla de ella hay que taparse los oÃdos con hidrófilo.
Rita.—Pero oiga usté, ¿cuántos maridos le viven?
Pelele.—Bueno, digo maridos, porque de alguna manera hay que llamarle en sociedad a cierta clase de ñudos.
Rita.—SÃ, ñudos, ñudos... corredizos. (Llaman.)
Pelele.—¿Quién será?
Rita.—Voy a ver. (Abre.)
Dichos, señor TobÃas.Es un tipo de tabernero rico, vestido de fiesta. Cadena de oro muy gruesa, sombrero ancho, puro en la boca y un palasán muy gordo, con bola de hierro.
Rita.—Pasa, TobÃas.
TobÃas(Entra y da un golpe en el suelo con el bastón.)—¡La panocha, qué cochino mundo! Amos, que si no lo viese uno...
Rita.—¿Qué te pasa?
TobÃas.—Dile a Bernabé que salga, maldita sea laliendre, que un asesinato de esa forma no lo consiente mi cuerpo.
Rita.—¿Pero qué estás diciendo?
TobÃas.—Que a ese tÃo le pego yo un tiro en la sien, apuntarlo. Que cuando se es amigo de un diestro se es amigo y no se debe consentir que se le menoscabe ni se le atropelle.
Rita.—Bueno, pero...
TobÃas.—¡Ladrones!... ¡Qué proceder con un debutante! Ahora, que no se han fijao en mi punto de apoyo y yo escalabro a uno. (Mirando a la garrota.) Hoy ejerces.
Rita.—Pero...
TobÃas.—Que salga tu hermanito, hale...
Rita.—Es que está en calzoncillos.
TobÃas.—Mejor. Pa lo que le voy a decir, sobra; porque Paco no torea esta tarde. Eso firmao.
Rita.—¿Qué dices?
TobÃas.—Lo dicho. Hale, que es urgente.
Rita.—Voy, voy. (Vase primera derecha.)
Pelele.—¿Pero es que ocurre algo?
TobÃas(Que pasea agitado.)—¡Qué granujá! ¡Maldita sea la liendre!
Pelele.—Tome usted asiento.
TobÃas.—No quiero. (A Pelele.) No es a usté. No quiero, no quiero y no quiero consentir una infamia como esa. ¡Abortarnos un torero de esta manitú! ¡Canallas!... ¿De dónde?... Aquà está mi cuerpo pa que no. Hoy ejerces. (Blande la estaca.)
Dichos, Bernabé.Sale primera derecha con el calzón ya puesto y una americana de casa.
Bernabé.—Hombre, TobÃas.
TobÃas.—Hola. Hagan el favor. (Indica que se vayan Rita y Pelele.)
Bernabé.—Chico, dispensa, pero nos estamos vistiendo porque son las dos, y la cuadrilla... (Vanse Rita y Pelele segunda derecha.)
TobÃas(Con misterio.)—Pues no sigas vistiéndote, Bernabé.
Bernabé(Asustado.)—¿Qué pasa?
TobÃas.—Que tú no sabes lo que os han fraguao pa esta tarde.
Bernabé.—¿Qué nos han fraguao?
TobÃas.—¡Una infamia horrible!
Bernabé.—¿Qué dices?
TobÃas.—Que quién machacarle a tu hijo el porvenir, pero eso no será... mientras a TobÃas Peñasco le quede (Accionando conforme habla.) un dedo de vergüenza, un palmo de dinidá y una vara de acebuche. (Por el bastón.) ¡Hoy ejerces!
Bernabé.—Bueno, pero dime pronto...
TobÃas.—Agárrate, que de pie no lo aguantas.
Bernabé.—Venga.
TobÃas.—Bueno, pues que Hilario, que desde el desgusto que tuvÃsteis, está ciego contra vosotros, ha ido a decirle a don Isidro Solano, el empresario de Tetuán, que ya no tiene interés por Paco; y ese tÃo asqueroso que le debe más de nueve mil pesetas, oliéndose que si tu hijo queda mal esta tarde, el señor Hilario tendrá una gran alegrÃa, ¿qué dirás que ha hecho el muy granuja?
Bernabé.—¿Qué ha hecho, TobÃas? porque yo ya estoy con un sobresalto en el corazón, que tóo me lo espero.
TobÃas.—Pues que a última hora, ha fijao un anuncio en el cartel diciendo que se le han estropeao tres toros y en vez de los seis Bobadillas que tenÃa preparaos para Paco y el Herrerito y que eran seis merengues de fresa, los ha sustituÃdo por seis marrajos... agárrate... de Pérez Labulla.
Bernabé(Aterrado.)—¡¡Labullas!! ¡Mi madre!
TobÃas.—Vengo de los corrales. Son seis mansos pregonaos, con más poder que un mercancÃas, y con unos cuernos, que ¿tú has visto el palo ese de la telegrafÃa sin hilos, que hay en San Fernando el Jarama? pos un mondadientes en parangón.
Bernabé.—¡Pero eso es un asesinato!... ¡Labullas pa un prencipiante!... ¡y en el estao de ánimo de ese chico!... (Con indignación.) ¡canallas!... ¡asesinos!
TobÃas.—Bernabé; Paco no debe torear esta tarde.
Bernabé.—Pero si no torea, ¿cómo queda, TobÃas?
TobÃas.—Entero; pero como toree te lo traes en un pañuelo de hierbas, que tú no has visto el ganao.
Bernabé.—¡Calla, por Dios!... ¡Ladrones!... ¡Infames! ¿Qué hago, qué hago, TobÃas, qué hago?... Si torea, tal como está Paco, un bueyacón de esos me lo pué mandar al hospital. Ya lo sé; pero si pone una excusa y no torea, pos se ve el miedo... y vienen el descrédito, la burla y la miseria... ¿Qué hago, TobÃas? ¿Qué hago?
TobÃas.—¡Qué sé yo, Bernabé, si tampoco sé qué decirte!... Ahora, que esta infamia que os hacen no la aguanta mi cuerpo, y yo te garantizo que esta tarde va a haber una de cabezas vendás en la plaza e toros que va a parecer que la corrida se está dando en Aragón. (A la estaca.) Hoy ejerces. (Se oye ruido de cascabeles. Sale por la segunda derecha el tÃo Pelele y va a abrir.)
Bernabé.—Calla, que ha parao un coche. (Se asoma al balcón.) Es la cuadrilla.
TobÃas.—Buenos vendrán los pobres chicos si han visto el ganado. (Llaman.)
Pelele(Abriendo.)—Yo me voy a decÃrselo tóo a la señá Valentina. (Entran los toreros y sale él, dejando la puerta abierta.)
Dichos.ElZipilÃn,elVigudÃy elTelaraña,con trajes de luces, capotes de paseo. Todo muy pobre y viejo. Entran con cara de pánico, temblorosos.
Los tres.—Buenas tardes.
Bernabé.—¡Hola, jóvenes!
ZipilÃn.—¿Ya sabrá usté el cambiazo?
Bernabé.—SÃ, hijo, sÃ. Me lo ha dicho, aquÃ, el señor TobÃas.
VigudÃ.—¡Nos echan Labullas!
Bernabé.—¿Y habéis visto el ganao?
VigudÃ.—¿Que si le hemos visto? Seis enormidades corniveletas, señor Bernabé.
ZipilÃn.—Esos bichos no se le echan a una cuadrilla debutanta, a menos que se esté conchavao con el trus funerario...
Bernabé.—Hombre, no será tanto...
Telaraña.—Ya los verá usté. ¡Qué cuernos!... Tiran un viaje y es con kilométrico. (Indicando la dimensión del cuerno.)
TobÃas.—¿Y cómo os habéis vestÃo tan pronto?
ZipilÃn.—Por disfrutar un rato más de la ropa.
VigudÃ.—¡Nos van a desnudar en seguida!...
Telaraña.—Darme un cigarro... yo no hago más que fumar. (Bernabé le da un pitillo.)
ZipilÃn.—Con permiso... (Se sirve agua. Tiembla la botella sobre el vaso.) ¡Tengo una sequedá de boca!...
TobÃas.—¿Pero es que tiemblas?...
ZipilÃn.—¿Pos qué creÃa usté, que repiqueteaba el tango argentino?
Bernabé.—¡Bueno, hijos; hay que tener ánimos!
VigudÃ.—No, si después de tóo qué me pué pasar a mÃ, que R. I. P... Bueno, pero tengo una satisfación, que no se alegrará nadie. No tengo amigos.
Paco(Dentro.)—Padre...
Bernabé.—Por Dios santo, que no os vea Paco acoquinaos.
ZipilÃn.—SÃ; pero la verdá hay que decÃrsela.
TobÃas.—Bueno; pero de cierta manera.
DichosyPaco,primera derecha. Sale con la taleguilla puesta y la faja en la mano.
Paco.—Padre, hágame usté el favor de ayudarme a la faja.
Bernabé.—SÃ, hijo mÃo.
TobÃas.—Hola, Paquillo.
Paco.—Adiós, señor TobÃas. (A la cuadrilla.) Y vosotros, qué pronto...
ZipilÃn(Esforzándose por sonreir.)—Las ganas que tié uno de salir de...
TobÃas.—¿Y qué, hay muchos ánimos, pollo?
Paco.—Pos ya ve usté; a cumplir. Ilusión... alegrÃa... Eso ya, después de lo pasao... Agarre usté, padre... (Afectado.)
TobÃas.—(¡Se le nublan los ojos!)
Bernabé.—(¡Pobre hijo mÃo!) (Paco empieza a ajustarse la faja que el señor Bernabé sostiene en sus manos por el otro extremo.) Pues náa, Paco, aquà los chicos, venÃan, sabes, a decirnos que... vamos... que hay unas pequeñas variantes en el cartel.
ZipilÃn.—No tan pequeñas.
Paco(Que ha dado dos vueltas liándose la faja, se detiene.)—¿Qué variantes?
Bernabé.—Pos náa, que ya no toreas esta tarde seis Bobadillas.
Paco(Sorprendido.)—¿Que no toreo Bobadillas?
Bernabé.—No; los han sustituÃdo por seis bichos de...
Paco.—¿De quién?
Bernabé.—De Pérez Labulla.
Paco(Con terror.)—¿Labulla?... ¿Yo Labullas?
Bernabé(Con amargura.)—¡Labullas!
Paco(Se deslÃa.)—¡Ay, padre!... ¿Labullas a mÃ?...
ZipilÃn.—¡A nosotros!... ¡Una infamia, Paco!
Paco.—¿Esa corrida que no ha querÃo torear nadie?
VigudÃ.—¡Lamismisma!
Paco.—¿Esa que le llaman la del pa... pa... la del papánico?...
Telaraña.—La propia.
Paco.—¡Pero, padre, echarme Labullas!... ¡Eso es darme una puñalá trapera!...
Bernabé.—SÃ, hijo; es una infamia la que te hacen. No sirve negártelo... pero es que quién machacarte el porvenir. Reirse de nosotros... vernos en la miseria, y eso, Paco, eso...
Paco.—Es verdá, es verdá, padre... Tié usté razón. ¡Pos no!... ¡Maldita sea! ¡No se rÃen! (Da tres vueltas en la faja y se detiene de pronto.) ¿Y vosotros habéis visto el ganao?
ZipilÃn.—Lo hemos visto.
Paco.—¿Y qué?
ZipilÃn.—Que ajustamos el árnica en mil pesetas y pierde el farmacéutico.
Paco.—¿Que pierde?... (Desliándose de la faja.) ¡Ay, padre, que dice que pierde!...
Bernabé.—No te apures, que allà estaré yo, apretando en lo alto; echando el corazón pa quitarles poder a esos bueyes ladrones...
TobÃas.—Piensa en tu pundonor, en el pan de este viejo.
Paco.—SÃ, señor, sÃ; es verdá. (Da dos vueltas.) Sea lo que Dios quiera.
ZipilÃn.—Lo malo es el primero que te echan. Un jabonero sucio.
Paco.—¿Sucio? (Se detiene.)
VigudÃ.—¡Una asquerosidad!
Telaraña.—Y disforme.
Paco.—¿Grande?
VigudÃ.—Un automóvil con dos chuzos.
Paco.—¿Dos chuzos? (Se deslÃa.) ¡Dice que dos chuzos, padre!...
TobÃas.—Paco, hay que estar sereno.
Paco.—¿Sereno con dos chuzos?... Es demasiado,señor TobÃas... ¡Qué infamia!... El dÃa de mi debut, a última hora echarme Labullas... y sabiendo cómo estoy... ¿Qué hago, padre, qué hago?...
Bernabé.—¡Qué voy a decirte, Paco!... Haz lo que quieras... Si fuera yo, yo ya sé lo que harÃa, pero yo no soy nada mÃo... ¡tú, tú eres mi hijo!
Paco.—¡Pues no, no se rÃen!... ¡no!... ¡Quedaré como usté quedarÃa, (Dando vueltas rápidamente.) como usté quedarÃa!... (Al dar la última vuelta a la faja cae en brazos de Bernabé.) ¡SÃ... sÃ, señor!... y si me matan, que me maten... que me maten...
Bernabé.—¡Hijo mÃo!
Paco.—¡Padre!... (Quedan abrazados.)
VigudÃ.—¡Nos están dando el vermú! (Conmovido.)
Telaraña.—¡Pos sà que es un cuadrito!
ZipilÃn.—¡Se me está poniendo el corazón que hoy no le pongo yo banderillas ni a un caracol! ¡Maldita sea!
Dichos. Valentina.DetrásPelele.Al finalRitayAmigos1.º, 2.ºy3.º,puerta izquierda.Valentina viene con mantón de Manila y un manojo de claveles en el pecho.
Valentina.—Buenas tardes.
Paco(Asombrado.)—¿Usté?
Valentina.—Servidora.
Bernabé.—¿Tú aqu�
Valentina.—Yo aquà a daros ánimos, y luego a la corrida a aplaudiros. Sé lo que os han hecho. Me lo ha venÃo a decir el tÃo Pelele.
Bernabé.—¿Sabes la infamia?
Valentina.—Lo sé todo.
Paco(Casi llorando.)—¡Me echan Labullas señá Valentina, Labullas a mÃ!...
Valentina.—No le hace. Que te echen lo que quieran. Tú eres un hombre y quedarás como un hombre.
Bernabé.—¡Pero Valentina, qué has hecho!... ¿No tiés miedo de lo que digan si saben que has venÃo a esta casa?
Valentina.—Déjalo... Si cuando hablan mal no dicen la verdá, que digan lo que quieran. ¿Pos qué, os iba yo a dejar solos, acoquinaos en una tarde como la de hoy, vÃctimas de una venganza asquerosa?... ¡En jamás! ¿No nos ha unÃo la infamia? Pos siquiera que nos sirva esta unión pa darnos alientos unos a otros y pelear juntos contra ella. ¡Conque arriba el ánimo!...
Bernabé.—¡Valentina!
Valentina.—¿Pero qué pasa aqu�... ¿A qué vienen esas caras de pánico?...
Paco.—Es que creo, señá Valentina, que los toros...
Valentina.—No hagas caso... ¿Que salen toros que pegan? Ese es el oficio. ¡Más grande el triunfo! Levanta el corazón pa que no te den en él y fe en Dios y en las agallas de cáa uno. ¿No se juega esta tarde tu porvenir?... Pos a jugarlo.
ZipilÃn.—Señora, usté no ha visto cuernos como los que...
Valentina.—Yo he visto cuernos de todas clases, pollo. Hombres es lo que quiero ver ahora.
VigudÃ.—¿Pero no los querrá usté ver por el aire?...
Valentina.—Por donde sea menester... ¡Pero a qué viene ese canguelo!... ¡Pero esto es cuadrilla u un pin, pan, pún!... Ãnimo los valientes, que paecéis ahà cuatro gelatinas... Y tú, Bernabé, dales el ejemplo, levanta esa cara, vengan los arrestos de otros dÃas, y tú que lo sabes diles cómo se pelea y cómo se ganan las palmas... ¡Mirarme a mÃ, me he quedao sola, calumniá, en metá e la calle; pos como no lo merezco lo desprecio y aquà me tenéis, tan conforme y tan compuesta, de cara a la vida, y alante siempre! ¡Conque si os faltan agallas, decÃrmelo, porque yo, una pobre mujer, soy capaz de irme a la plaza y matarme los seis toros! (Todos han cobrado ánimos ysus caras tristes van tomando expresión de valor y confianza.)
VigudÃ(Con entusiasmo.)—¡Señora, es usté mejor que tila!
TobÃas.—¡Tié razón!
Bernabé.—¡Valentina, eres como un rayo de sol que tóo lo llena de alegrÃa y de ánimo!
Paco.—¡SÃ, señora, ya soy otro!... ¡Que me echen Labullas!... ¡El tifus va a ser una ligera indisposición compará conmigo! (Se pone chaleco y chaquetilla.)
Bernabé.—Rita, Pelele... Las chaquetillas, mi sombrero...
Paco.—Venga todo... Elefantes voy a matar yo esta tarde.
ZipilÃn.—¡Ahà los hombres! (Sale Rita. Unos a otros se ayudan llenos de entusiasmo, nerviosos... beben, fuman, se mueven. Se oyen en la calle los sones alegres de una charanga que se aleja tocando un pasodoble torero. Se escucha el ruido de los coches, sonar de cascabeles. Voces de gente alegre. Gritos de “¡Eh, a la plaza, a la plaza!â€. Restallar de látigos. Mucho bullicio y animación. Bernabé hace mutis primera derecha. Entran los Amigos 1.º, 2.º y 3.º por la izquierda.)
Amigo 1.º—Hola, Paco, aquà venimos a saludarte.
Paco.—¡Hola, señores! (Coge el capote.)
Amigo 2.º—¡Toma un puro!
Amigo 3.º—¡Amos, que ya es hora!
Amigo 1.º—¡A ver cómo queda Madrid!
TobÃas.—¡Amos allá, señores!
Paco.—La montera...
Amigo 1.º—Si la llevas puesta...
Paco.—¡Ah, sÃ, es verdá!... Vaya adiós... Hasta luego, señá Valentina. (Le da la mano.)
Valentina.—Ahora voy yo. ¡Buena suerte, Paco! (Salen todos en un tropel bullicioso. Pausa. Valentina coge de Rita, que lo saca de la segunda derecha, un cuadro de la Virgen de la Paloma, pone el mantón de Manila sobre la cómoda, coloca el cuadro en ellay ante él dos velas encendidas y un vaso con los claveles que se quita del pecho.) ¡Virgen de la Paloma, una mirá de compasión pa esos pobres hombres que van a jugarse la vida por un cacho de pan!... (Se arrodilla; se limpia una lágrima. Asoma por la puerta derecha el señor Bernabé, se quita el castoreño y dice:)
Bernabé.—¡Bendita seas! (Pausa; pasa hacia la puerta de la calle. Mutis al buen juicio del actor. Se escuchan ya muy lejanos los alegres sones de la charanga y el bullicio de la gente. Telón de cuadro. Música en la orquesta.)
Mutación