(Desde dentro). Hasta mañana.
ALICIA
Hasta mañana.
(Detrás de Roberto salen Elena y Victoria.)
ÁNGELES
(Besando á Alicia). Hasta mañana. Diviértete mucho.
ALICIA
Adiós, Ángeles. Te deseo una buena noche.
(Un momento la escena queda sola.)
¡Se marcharon, al fin!... ¡Oh!... ¡Cuánta conversación, cuánto hablar de frivolidades que á una no le interesan! ¡Cuánto fingir!... (Coge un periódico y se sienta delante de la chimenea. Atiza la lumbre. Mira el reloj de su pulsera.) Las ocho y media dadas. ¡Que tarde!... ¿No vendrá? (Lee.) Esperemos. (Dentro y lejos, como en la calle, resuena un recio estrépito de zambombas, tambores, panderetas y almireces. Algarabía desacorde y sin ritmo, como de gentes que van borrachas.)
UNA VOZ CANTA:
¡Ande, ande, andela marimorena!¡Ande, ancle, andeque hoy es Nochebuena!...
¡Ande, ande, andela marimorena!¡Ande, ancle, andeque hoy es Nochebuena!...
¡Ande, ande, andela marimorena!¡Ande, ancle, andeque hoy es Nochebuena!...
OTRA VOZ:
En la garganta tienesun lunarcito,en la garganta quierodarte un besito[B].
En la garganta tienesun lunarcito,en la garganta quierodarte un besito[B].
En la garganta tienesun lunarcito,en la garganta quierodarte un besito[B].
[B]Conviene que esta Voz sea de mujer. La actriz encargada de cantar puede elegir la copla y la tonadilla que guste.
[B]Conviene que esta Voz sea de mujer. La actriz encargada de cantar puede elegir la copla y la tonadilla que guste.
Y el coro repetirá, á modo de estribillo:
¡Ande, ande, andela marimorena!¡Ande, ande, andeque hoy es Nochebuena!...
¡Ande, ande, andela marimorena!¡Ande, ande, andeque hoy es Nochebuena!...
¡Ande, ande, andela marimorena!¡Ande, ande, andeque hoy es Nochebuena!...
(Luego las voces cesan y el ruido de los instrumentos va debilitándose, cual si se alejase por la calle. Ensáyese bien esto, por que de ello depende el encanto melancólico de la escena.)
ALICIA
Noche triste, noche maldita... maldita, porque es de recuerdos... ¡Ay, mi madre!... Y mis veinte años... mis años de ilusión... ¿dóndefueron?... (Exaltándose.) Daría... ¡oh!... No sé qué daría por no estar sola... (Pausa. Suena el timbre del teléfono.) ¡Ah! Una voz que viene de lejos, un consuelo... (Maneja el aparato.) ¿Quién?... ¿Quién?... Perdone, Central. ¡Ah!... ¿Casino de Madrid?... Ya... ¿Cómo?... Más alto... ¡No se oye!... ¿Qué dice? Las portadas del periódico... ¿Eh?... ¿Pero usted cree que esto es una redacción?... ¡Oiga usted, Central! Central... Central... (Apoyando el timbre. El timbre del teléfono vibra otra vez.) ¡Central!... ¡Ah! ¿Es el Casino de Madrid? A ver si ahora nos entendemos... Bueno, bueno... bien... usted perdone, Central, usted perdone... ¡Casino de Madrid! Sí, aquí es... ¿Con quién hablo?... ¡Ah, eres tú, Luisito?... ¿Cómo estás?... Yo, muy guapa... ¡Ja, ja, ja!... ¡No seas bruto!... ¿Eh?... Digo que no seas bruto. Bien. (Ríe.) Sí, recibí las botellas... muy buena marca... no lo he probado aún, pero supongo que será excelente. Oye... oye... te advierto que te espero, tengo un apetito horrible... ¿Cómo? ¿Que no puedes venir á cenar conmigo?... ¿Cenas en tu casa?... Ya podías habérmelo dicho antes... ¡Evidentemente!... Eso no se hace... ¿eh? No, señor; no se hace, porque si tú tienes compromisos, yo también los tengo... Si viene alguien, le recibiré... ¡No faltaba más! No admito explicaciones, no las admito... Te vas al infierno... Ni quiero reñir ni dejo de querer; hazlo que gustes... No sé si podré... ¡que no sé si podré!... No, mañana no, y menos por la tarde... Sí... Adiós... (Separándose del teléfono.) ¡Maldita sea!... (Apoya un timbre. Pausa.)
CONSUELO
¿Llama usted?
ALICIA
Dame de cenar.
CONSUELO
¿Cena usted sola?
ALICIA
Sola.
CONSUELO
¿No viene el señor marqués?
ALICIA
No.
CONSUELO
¿Y el señorito Roberto?
ALICIA
Tampoco.
CONSUELO
¿Cómo? ¿Ha reñido usted con ellos?
ALICIA
No.
CONSUELO
Entonces...
ALICIA
¿Qué quieres?... El marqués está casado, Roberto también está casado... y los «señores» tienen que cumplir con la familia. ¿Sabes? ¡Ironías de la suerte!... Esta noche, la más triste de todas las del año, es precisamente la única noche en que la Fatalidad, que tiene cara de clown, nos obliga á dormir solas.
CONSUELO
Es verdad... sí...
ALICIA
(Con gran apasionamiento). Ya sabes cómonosotrasllamamos á los hombres que nos pagan... Siempre les desprecié con toda mi alma, siempre... Jamás comprendí quehombres discretos, hombres de mundo, pudiesen hallar contentamiento en la comedia de amor que nosotras, en su obsequio y por su dinero, representábamos. ¡Les creía imbéciles!... Pero, no, no lo son; ahora les comprendo, y como les comprendo, les disculpo... ¡hasta piedad me inspiran!... Es que los infelices, en medio de su vivir ordenado, se aburren, y sus pobres almas tiemblan de frío. No, ellos no creen en nosotras, pero lo fingen... y su propio fingimiento les distrae con el espejismo de un amor real... ¡Oh! Ahora como nunca comprendo su fastidio, su fastidio mortal... su miedo á estar solos. (Pausa. Consuelo permanecerá de pie, en actitud resignada. Alicia se dispone á leer el periódico.)
CONSUELO
Entonces... ¿quiere usted cenar ahora?
ALICIA
Sí... sí... no tengo ganas, pero, en fin, cenaré... ¡Sola, qué rabia!
CONSUELO
¿Quiere usted ostras?
ALICIA
Sí. ¿Hay langostinos?
CONSUELO
También.
ALICIA
Bueno; pues, de todo un poco. Hay que vivir...
CONSUELO
Los bocadillos de langosta tienen muy buena cara.
ALICIA
¡Vengan los bocadillos de langosta!
(Se levanta y se sienta á la mesa. Suena un timbre.)
CONSUELO
¿Será el señorito Ricardo?
ALICIA
No le espero ahora. Que pase quien sea.
CONSUELO
¿Si es un hombre?
ALICIA
Como si es mujer.
CONSUELO
(Risueña). Con tal que no sea un acreedor...
ALICIA
(Impacientándose). ¡Aunque sea un acreedor! No importa. ¡Aunque sea el verdugo!...
(Pausa. Consuelo sale y vuelve con una carta.)
CONSUELO
Tome usted.
ALICIA
(Rompe el sobre). ¡Oh!... ¡No viene!... ¡Oh! No viene... (Pausa.)
CONSUELO
¿Una mala noticia?
ALICIA
¡Bah!... Sí... ¡No viene! (Aparte.)
CONSUELO
Presumo de quién es.
ALICIA
Del señorito Ricardo.
CONSUELO
Del mismo. ¿No puede venir?
ALICIA
No.
CONSUELO
Cena con sus padres, ¿verdad usted?
ALICIA
Con sus padres. ¡Mala sombra!...
CONSUELO
¡Es natural, señorita! En una noche como esta, ya se sabe; la familia...
ALICIA
¡Claro! La familia... Y los que, como yo, rompieron con la familia para ser libres, cenan solos...
(Pausa. Alicia permanece absorta.)
CONSUELO
(Suspirando con disimulo). ¡Ay!...
(Pausa larga.)
ALICIA
Consuelo...
CONSUELO
Señorita.
ALICIA
¿Tú también tienes familia?
CONSUELO
Sí, señorita.
ALICIA
¿Padre y madre?
CONSUELO
Madre, nada más.
ALICIA
¿Y hermanos?
CONSUELO
Tres, más pequeños que yo.
ALICIA
Les querrás mucho...
CONSUELO
Mucho, sí, señorita; ¡figúrese usted!
ALICIA
¡Claro!... Como yo querría á los míos... sino se avergonzasen de que yo les quisiera... (Pausa. Vuelve á leer la carta de Ricardo.) ¿No puede venir! ¡Qué fatalidad!... (Pausa.) ¿Y tú, Consuelo, vas á cenar conmigo?
CONSUELO
Como la señorita disponga.
ALICIA
No; ¿para qué sacrificarte?... Tú también tendrás gusto en cenar con los tuyos, ¿verdad?
CONSUELO
Antes iba á decírselo á usted: puesto que ni el marqués, ni don Roberto, ni el señorito Ricardo vienen... si no le hago á la señorita mucha falta...
ALICIA
Ni poca ni mucha. ¡Para lo que he de comer!
CONSUELO
Puedo irme más tarde.
ALICIA
(Levantándose). No, tonta, vete ahora. Es igual... yo me serviré. Toma diez pesetas,para que les compres algún juguete á tus hermanos.
CONSUELO
¡Ay, muchas gracias, señorita!
ALICIA
Llévate, además, todo el turrón que quieras.
CONSUELO
Muchas gracias.
ALICIA
Llévate también la llave, para que yo, mañana, no tenga que levantarme á abrirte. Anda, date prisa, que van á dar las nueve.
CONSUELO
Como usted quiera.
ALICIA
Anda, anda...
(Un momento permanece indecisa. Luego hace mutis y reaparece con dos platos que coloca sobre la mesa). Cenemos. (Vuelve áresonar en la calle estrépido de tambores, de panderetas y de voces.)
VOCES
Esta noche es Nochebuenay no es noche de dormir;vente conmigo, serrana,que me quiero divertir...
Esta noche es Nochebuenay no es noche de dormir;vente conmigo, serrana,que me quiero divertir...
Esta noche es Nochebuenay no es noche de dormir;vente conmigo, serrana,que me quiero divertir...
UNA VOZ
La niña que yo quierotiene una cama,más blanca que las nievesdel Guadarrama...
La niña que yo quierotiene una cama,más blanca que las nievesdel Guadarrama...
La niña que yo quierotiene una cama,más blanca que las nievesdel Guadarrama...
CORO
¡Ande, ande, andela marimorena!...¡Ande, ande, andeque hoy es Nochebuena!...[C].
¡Ande, ande, andela marimorena!...¡Ande, ande, andeque hoy es Nochebuena!...[C].
¡Ande, ande, andela marimorena!...¡Ande, ande, andeque hoy es Nochebuena!...[C].
[C]Nota importante.—Como el autor reconoce que la melancolía suprema de esta ultima escena es para «sentida» más que para «dicha», propone á la actriz encargada del papel de «Alicia» dos desenlaces: Uno, representar la comedia según aparece escrita; otro, no bien el coro acabe de cantar, dejar la copa de champagne que iba á llevarse á los labios y, sin decir palabra, como quien no puede reprimir más tiempo su dolor, romper á llorar desoladamente, mientras el telón cae lento.
[C]Nota importante.—Como el autor reconoce que la melancolía suprema de esta ultima escena es para «sentida» más que para «dicha», propone á la actriz encargada del papel de «Alicia» dos desenlaces: Uno, representar la comedia según aparece escrita; otro, no bien el coro acabe de cantar, dejar la copa de champagne que iba á llevarse á los labios y, sin decir palabra, como quien no puede reprimir más tiempo su dolor, romper á llorar desoladamente, mientras el telón cae lento.
ALICIA
¡Qué estrépito! Si parece que va á hundirsela casa... ¡En fin!... Una noche en que no necesito inventar conversaciones espirituales, ni fingir caricias, ni reirme sin ganas... ¡Nochebuena!... ¡Qué diablos! No sé de qué me quejo... Y en mi pueblo, los que se acuerden de mí dirán: «¿Qué hará esa?...» ¡Si me vieran!... (Descorcha una botella de champagne.) Bueno; bebamos; me emborracharé. El vino se lleva los recuerdos, y una noche sin recuerdos... ¡Nochebuena!... (Bebe. Otra vez resuenan tambores y almireces.)
TELON LENTO
PERSONAJES
ACTORES
Ramona(veinticinco años.Hetera de mucho rumbo ydistinción)
Srta. Valdivia.
Gabriela(ídem, íd. Viste trajede viaje)
Sra. Ezquerra.
Joaquín Cervera(cuarentaaños. Tipo artista, desembarazadode ademanes y elegantesin atildamiento. Másque un viejo es un hombreenvejecido, usado por lavida. Creo que, para caracterizareste personaje, elactor no necesita ponersepeluca; le bastará con empolvarseun poco los cabellos)
Sr. Palacios.
Don Pablo(cincuenta años.Aristócrata alegre y mundano.Lo que nosotros llamamosun desaprensivo, ylos francesesun bon vivant)
» Castilla.
Santiago(treinta años. Carácterregocijado y frívolo)
» Sampayo.
Un camarero
» Palacios (A.).
La acción se desarrolla en verano y en una playa de moda.—Epoca actual.
Derecha é izquierda, las del actor.
EL PASADO VUELVE
EL PASADO VUELVE
Gabinete lujoso en un Hotel de viajeros: un armario, un lavabo con espejo, etc. Al fondo y á la izquierda, una ventana abierta sobre un jardín y que, desde el primer momento, aparecerá bañada en luna. Muy cerca de la ventana, un diván. Al fondo y á la derecha, una puerta. A la derecha, otra. En un ángulo cualquiera, y colocados uno encima de otro, dos baúles. Detalle es éste que dará á la escena una gran expresión de gabinete alquilado y provisional. Arrojado de cualquier modo sobre un mueble, habrá un traje de mujer vistoso y llamativo.
Al levantarse el telón se hallan en escena Ramona y don Pablo. Ella asomada á la ventana, como quien espera. Viste bata blanca. El, en mangas de camisa, aparece abrochándose las botas, ó peinándose, etc., con mucha calma.
Es de noche.
RAMONA
Acaban de sonar las nueve. Ya no puede tardar. ¿A qué hora dijeron que llegaba el expreso?
DON PABLO
A las nueve menos cinco.
RAMONA
Ya ves.
DON PABLO
Pero no hay que fiarse. En Portugal, como en España, los trenes caminan á paso de camello. ¡No podemos negar nuestro abolengo africano!
RAMONA
Sentiría que Gabriela no viniese hoy; lo sentiría de veras; más que nunca. (Nerviosa.)
DON PABLO
¿Pues?
RAMONA
Entre otras razones, porque adivino que esta noche voy á fastidiarme horrorosamente.
DON PABLO
Será porque te da la gana.
RAMONA
O porque tú no me dejas divertir.
DON PABLO
(Incomodado momentáneamente.) ¡Y vuelta con la misma! ¿No te dije que te llevaba á lakermesse?
RAMONA
¿Y qué?
DON PABLO
¿Entonces?...
RAMONA
Que si voy, será con el vestido que yo quiera. (Aludiendo al que habrá sobre un mueble.)
DON PABLO
¡Ah! Lo que es eso, de ningún modo. ¡Un traje con el que, á cien leguas, vas oliendo ácocota!
RAMONA
¿Y no lo soy?
DON PABLO
Pero, yendo conmigo, no hace falta que lo recuerdes. ¡Bueno fuera!...
RAMONA
Terminemos la conversación, ¿quieres?...Terminemos la conversación. ¡Eres un estúpido!
DON PABLO
Y tú una poca vergüenza.
RAMONA
Tal para cual.
DON PABLO
Verdaderamente. (Recobrando su buen humor.)
RAMONA
(Con ira reconcentrada). ¡Necio! Si no fuera por...
DON PABLO
Sí, por... porque mi cartera nunca está vacía, ¿eh?...
RAMONA
¡Eso!
DON PABLO
Me es igual; cada uno de nosotros dispone de una fuerza, de un arma. Tú tienes belleza, es cierto, pero yo tengo dinero.
RAMONA
La belleza vale más que el dinero.
DON PABLO
Según. A la hora del amor, sí. Pero á la hora de almorzar, desengáñate: ¡oros son triunfos!...
(Ella vuelve á asomarse á la ventana. El, para demostrarla que no está enfadado, empieza á silbar una canción. Pausa.)
RAMONA
¡Por fin!
DON PABLO
¿Eh?
RAMONA
¡Ahí está, ahí viene! (Palmoteando de alegría.) ¡Gabriela... Gabriela! ¡Sube!... Por ahí...
DON PABLO
¿Es guapa?
RAMONA
Bastante más que tú. (Rencorosa.)
DON PABLO
Ya lo veremos.
RAMONA
¡Pero, hombre de Dios! ¿No acabas de vestirte?
DON PABLO
Voy, mujer... voy.
RAMONA
¡Me desesperas!... ¿O es que no te importa que Gabriela te vea así?
DON PABLO
¡Bah!... Siendo amiga tuya, supongo que no será esta la primera vez que ve á un hombre en mangas de camisa. (Con alegría irónica.) ¿O es que empiezas á tener celos de mí? (Hace ademán de abrazarla.)
RAMONA
¡Quita! (Sale precipitadamente por la puerta del fondo. Ramona, desde dentro.) ¡Gabriela, chiquilla! ¡Bienvenida!...
GABRIELA
(A don Pablo). Buenas noches.
DON PABLO
(Inclinándose cómica y ceremoniosamente). A los pies de usted.
CAMARERO
(A Gabriela). Voy á preparar á usted su habitación.
GABRIELA
Muy bien.
CAMARERO
¿Puedo dejar esto aquí un momento?
RAMONA
Sí, sí.
GABRIELA
(A Ramona). Gracias. (Al camarero.) Tome usted, tome usted... para el cochero... una propinilla.
CAMARERO
Gracias, señorita. (Vase.)
RAMONA
(A Gabriela). Ahora voy á presentaros. He esperado á que el camarero se marchase para hacerlo con cierta solemnidad.
GABRIELA
¡Qué graciosa! (Las dos ríen y se abrazan.)
RAMONA
Gabriela, mi amiga... casi mi hermana. Pablito... (enfática) ó, mejor dicho, don Pablo; mi esposo en Portugal.
DON PABLO
Como si dijésemos, un esposo para quince días.
GABRIELA
¿Nada más? (Riendo.)
DON PABLO
Nada más. Ser amanteoficialde una mujer bonita y no ser engañado, es muy difícil, Hay, por consiguiente, que retirarse antes de que el dulce peligro asome.
GABRIELA
Es usted encantador.
DON PABLO
Muchas gracias. Usted me permitirá que continúe embelleciéndome.
RAMONA
¡Dos horas hace que está así!
DON PABLO
Hija mía... á mi edad, todas las precauciones son pocas. (Vuelve al tocador.)
GABRIELA
Está usted en su casa. (A Ramona y bajando un poco la voz.) ¿Sabes quién ha venido conmigo en el tren?
RAMONA
¿Quién?
GABRIELA
Joaquín Cervera.
RAMONA
¿Es posible? (Con alegría vivísima.)
GABRIELA
Nos encontramos en la estación de Madrid y hemos hecho el viaje juntos.
RAMONA
(Pensativa). ¡Qué casualidad!
GABRIELA
¿Hace mucho tiempo que no le ves?
RAMONA
Mucho, mucho. Años...
DON PABLO
(Sin mirarlas). Ese Joaquín Cervera es el escultor... ¿verdad?
GABRIELA
El mismo.
DON PABLO
Ya decía yo que el apellido me «sonaba».
GABRIELA
¿Le conoce usted?
DON PABLO
De nombre, nada más.
RAMONA
(A Gabriela y con tristeza). ¡Qué casualidad!
GABRIELA
¡Si vieras qué cambiado está el pobre!
RAMONA
¿Sí?
GABRIELA
No es ni la sombra de lo que fué. Pálido, triste... Tiene los cabellos casi blancos...
RAMONA
¡Pobre Joaquín! Nos conocimos hace diez años, ya sabes... cuando yo todavía era una niña. Luego emigró á Londres y no hemos vuelto á vernos.
GABRIELA
Pues si le vieses ahora, no le conocerías.
DON PABLO
(Pavoneándose). Los buenos mozos duramos poco. ¡Es una lástima!
RAMONA
¿Y ha venido aquí por muchos días?
GABRIELA
A pasar el verano.
DON PABLO
¿Supongo que no pensarás engañarme?
RAMONA
¡No seas necio! (Aparte á Gabriela.) Ya hablaremos. (Alto.) Ven, te enseñaré mi mirador. (Se acercan á la ventana.)
GABRIELA
¡Pero esto es delicioso!
RAMONA
Admirable. Lo mejor de la colonia veraniega se hospeda aquí.
GABRIELA
Y mujeres... ¿hay muchas?
RAMONA
Pocas. ¿Vienes sola?
GABRIELA
Sola; á probar fortuna.
DON PABLO
Hará usted fortuna. Yo, á la edad de usted, siempre iba solo, y me llovían lospedidos.
RAMONA
Aquí tenemos diversiones de todas clases:patines, teatro de fantoches, tómbola, columpios, Tío-Vivo y una orquesta de cíngaros quesuenade media en media hora.
GABRIELA
Magnífico.
RAMONA
¡Mira quién va por allí!
GABRIELA
¡Chica! ¡El marquesito!
RAMONA
Y á ella también la conoces. (Dentro suena un vals, pero muy «piano», para que no interrumpa el diálogo.)
GABRIELA
Creo que sí...
RAMONA
Sí... es la de González, aquella francesa rubia que Antonio Buendía y el duque Martín dejaron desnuda en un merendero.
GABRIELA
¡Ya recuerdo! (Ríe.)
RAMONA
¿Y la cara que puso don Cleto cuando lo supo?
GABRIELA
¡Sí, mujer!... ¿No he de acordarme? (Ríen como locas.)
DON PABLO
(Que habrá acabado de vestirse). ¡Pobre don Cleto!
GABRIELA
(Sin dejar de reir). ¿También le conoce usted de nombre?
DON PABLO
A ese, ni de nombre.
GABRIELA
Como le compadece usted...
DON PABLO
Por espíritu de clase.
RAMONA
(A Gabriela). ¡Vamos á bailar!
GABRIELA
¿Y si rompemos algún mueble?
RAMONA
Lo paga Pablito.
GABRIELA
Entonces, vamos. ¡Cuidado, don Cleto!... Digo... ¡Don Pablo!
(Bailan sin dejar de reir.)
DON PABLO
¡Es igual!
RAMONA
Eso creo yo...
CAMARERO
¿Puedo pasar?
RAMONA
Adelante. (Dejan de bailar.)
DON PABLO
(A Gabriela). En una habitación donde hay un hombre con dos mujeres, se puede entrar siempre, ¿verdad?
GABRIELA
¿Está usted seguro?
DON PABLO
Cuando el hombre tiene mi edad...
GABRIELA
También tiene usted razón. (Cesa la música.)
CAMARERO
(Que habrá recogido el equipaje de Gabriela). La señorita puede pasar cuando guste á su habitación.
GABRIELA
Perfectamente.
CAMARERO
Es la de aquí al lado. El número seis. (Señala á la derecha.)
GABRIELA
Bien.
RAMONA
¡Me alegro! Así estaremos más juntas.
CAMARERO
¿La señorita va á cenar aquí?
GABRIELA
Sí. Es decir... espere usted. No sé qué hacer... ¿Tú has cenado ya?
RAMONA
Sí, pero no te importe. ¿Estás cansada del viaje?
GABRIELA
No.
RAMONA
Entonces te aconsejo que vayas áPum-Pum; un café-concierto. Se come muy bien.
GABRIELA
El caso es...
RAMONA
¿Qué?
GABRIELA
Que necesitaría cambiarme de traje.
RAMONA
¡Ah, naturalmente! Allí va un público muy selecto.
DON PABLO
De traje y de ropa interior.
GABRIELA
Por eso... ¡qué fastidio! (Al camarero.) No, no; mire usted, no salgo: cenaré aquí.
CAMARERO
Pues, cuando quiera.
GABRIELA
En seguida. ¡Ah! Oiga usted: un caballero vendrá preguntando por mí. Hágale usted subir.
CAMARERO
Será usted servida. (Vase.)
DON PABLO
(Consultando su reloj). Me parece que no voy á esperar á Santiago.
RAMONA
Créeme que si no volvieses á verle en toda tu vida, no perdías nada.
GABRIELA
¿Quién es ese Santiago?
RAMONA
Un niño rico, un pisaverde que le trae sorbido el seso á éste. (Por don Pablo.) ¡Hija mía! En cuanto ve á Santiago, Pablo se transforma; diríase que le quitan veinte años de encima. Las consecuencias luego, las pago yo. Porque, donde le ves, tiene mal vino.
GABRIELA
¿Hola... sí?
RAMONA
Le da por reñir y por no darme dinero.
DON PABLO
¡Como que los borrachos nunca pierden el tino!
GABRIELA
Hace usted mal, Pablo, en disgustar á Ramona, que es tan buena.
DON PABLO
¡Pero si no la doy disgustos!
RAMONA
Todos los que puede; y como los días, en verano, son tan largos...
GABRIELA
Te da muchos. Veamos: ¿por qué esta noche, en lugar de irse con su amigo, no sale usted con Ramoncita?
DON PABLO
Porque ella no quiere.
RAMONA
Porque no quieres tú.
DON PABLO
¡No empecemos!... Gabriela: sea usted imparcialy juzgue por sí misma. La manzana de nuestra discordia es ésta. (Coge el vestido de que se hizo mención en otro lugar.) La niña... se ha empeñado en ir á lakermessecon este traje.
RAMONA
Un traje precioso, que lo firmaría Paquín.
DON PABLO
Un traje de titiritera, un semidesnudo que llamaría la atención de todo el mundo y me pondría en berlina.
GABRIELA
(Conciliadora). Pues, mujer... ponte otro vestido.
RAMONA
¿Yo?... ¡Está fresco!
DON PABLO
No la conoce usted.
GABRIELA
Tiene la cabeza dura...
DON PABLO
Como la de un martillo.
RAMONA
No, te equivocas; yo no soy testaruda por temperamento, sino por cálculo. Hay que saber entender á estos caballeros ricos que «nos entretienen». Si te blandeas con ellos, te comen por los pies.
DON PABLO
¿Qué tiene que ver el dinero con lo que aquí discutimos?
RAMONA
Mucho. Porque el dinero siempre es mal educado, grosero. Tú, á pesar de tu buena crianza, no puedes olvidar que eres el amo.
DON PABLO
¡Naturalmente!
RAMONA
El que paga.
DON PABLO
¡Naturalmente!...
GABRIELA
Bien, basta... No hay motivos para reñir. ¡Qué atrocidad! ¡Ni que estuvieseis casados!...
DON PABLO
Así es. Pero de cuándo en cuándo necesito recordar á Ramoncita que yo no sirvo a nadie de juguete.
RAMONA
Lo mismo digo.
GABRIELA
¡Demonio! Bastante habéis hablado ya.
DON PABLO
Por mi parte...
RAMONA
¡Y se queda tan fresco! ¡Hipócrita!... ¿Pero ves qué tíos estos?... (Furiosa.)
DON PABLO
Bonita palabra.
RAMONA
Sí, sois unos tíos.
DON PABLO
Ramona...
RAMONA
¡Unos tíos!...
DON PABLO
Calla... calla... ¡Si no puedes negar lo que eres, si no puedes negarlo!... A la lengua se te sube el barro que llevas en el alma, y, sin querer, lo escupes...
RAMONA
Sí, barro escupo: el que tú... y otros como tú echasteis sobre mí: fango de egoísmos, fango de traiciones. Buena y limpia, como hecha de luz, era yo cuando niña. La suciedad que ahora hay en mí, ¿de quién la recibí, si no de vosotros? Vosotros me enseñasteis el lenguaje de la plazuela. ¿No sabías que, como el trueno sigue á la luz, así la primera blasfemia responde al primer desengaño?... ¡Y aún crees que voy á ser juguete vuestro... tuyo!... ¡Imbécil, imbécil, imbécil!... (Llora.)
GABRIELA
Ramona... Ramoncita...
DON PABLO
(Correcto). ¡Muy bonito! El relámpago, el trueno... y ahora la lluvia. ¡Mejor es callar!
RAMONA
(A Gabriela). Creen que á nosotras se nos conquista con dinero... ¿Qué te parece?... ¡Ja, ja!... ¡Con dinero!
DON PABLO
¿No?
RAMONA
¡No! Se nos conquista con delicadezas... ¿te enteras?... Con delicadezas... con palabras... Y para jugar con una mujer, ¡desengáñate!, es preciso cogerla por el corazón.
DON PABLO
(Ya de buen humor). Voy creyendo que las mujeres agradecéis más una bofetada á tiempo que una orla de brillantes.
RAMONA
¡Qué lástima de tiro, hijo mío!...
DON PABLO
¡Y los billetes de Banco que me ha costado aprender una lección tan sencilla! Bueno;au revoir; me marcho. Gabriela, perdone usted el mal rato que acabamos de darla...
GABRIELA
¿Se va usted sin hacer las paces con Ramona?
DON PABLO
Por hechas. ¿Usted cree que yo tomo estas cosas en serio?... ¡Quiá!
RAMONA
Yo, felizmente, hago lo mismo.
DON PABLO
(A Gabriela). Las mujeres sois siempre menores de edad.
GABRIELA
¿A dónde va usted ahora?
DON PABLO
Al Casino.
GABRIELA
¿A jugar?
DON PABLO
Y á perder.
RAMONA
¿Llevas mucho dinero?
DON PABLO
El suficiente para que el banquero no cese de bendecirme en toda la noche.
GABRIELA
Prefiere usted los juegos de azar á los juegos de amor. ¡Hace usted mal, don Pablo!
DON PABLO
Achaques de la edad. Yo soy muy positivista.
RAMONA
¿Pero tú creías que éste se ocupa en hacer el amor?
DON PABLO
Lo compro hecho. Es más cómodo.
GABRIELA
Pero menos poético.
DON PABLO
Pero más cómodo.
RAMONA
Y para ti la comodidad...
DON PABLO
Sobre todas las cosas. (A Gabriela.) Repito... (A Ramona.) Fierecilla... ¡Ah! Si viene Santiago le dices...
RAMONA
No te molestes; me parece que le tienes ahí.
SANTIAGO
(Ya dentro). ¿Se puede?
RAMONA
¡Hola!... ¿Y lo pregunta usted desde dentro?
SANTIAGO
Adiós, Pablito... Ramona...
RAMONA
(A Gabriela). Santiago Rivas, uno de nuestros primeros... desocupados. Mi amiguita Gabriela Rey, que acaba de llegar...
SANTIAGO
¿De Madrid?
GABRIELA
De Madrid.
SANTIAGO
Encantadora... sí, señor... encantadora...
GABRIELA
Muy amable...
SANTIAGO
Es una de las manos más bonitas que han pasado por la mía. Permítame usted... (La besa.)
RAMONA y GABRIELA
¡Santiago!
SANTIAGO
(A Gabriela.) No me guarde usted rencor; en mis labios no hay veneno. Además, vengo medio loco.
DON PABLO
¿Pues qué sucede?
SANTIAGO
Ya te contaré.
GABRIELA
(A Ramona). Es simpático.
SANTIAGO
Aquí no puede ser. Es una historia para hombres solos.
RAMONA
¿Una nueva conquista?
SANTIAGO
Un proyecto de conquista.
RAMONA
¿Joven?
SANTIAGO
Veinte años.
RAMONA
¿Rica?
SANTIAGO
Rica.
DON PABLO
¿No se tratará de Victoria?
SANTIAGO
¡Quiá! Esa, pasó. Anoche quise verla y anduve rondando su calle, y como había luz en su cuarto, empecé á llamarla á gritos: «¡Victoria... Victoria!...» Y en la quietud de la calle, ancha y silenciosa, el eco respondía: «¡Victoria... Victoria!» Hasta que llegó un guardia y me dijo: «Caballero, por bien que le hayan salido á usted sus asuntos, hágame el favor de callar. Son las dos de la madrugada.»
GABRIELA y RAMONA
¡Tiene gracia!
SANTIAGO
Y me fuí. Pero la de ahora sí que es guapa... ¡Oh!...
DON PABLO
Ya me contarás...
GABRIELA
¿Conque esas tenemos? Una mujer joven, rica... ¡muy bien!
RAMONA
Una verdadera novia, por lo visto; una muchacha decentita....
SANTIAGO
¿Decente?... ¡Quiá!... ¿Pero usted me cree capaz de enamorarme «de eso» que llaman una mujer decente?...
RAMONA
¡Hombre!
SANTIAGO
¡No las quiero! Una mujer así es una cadena metida en un corsé.
RAMONA y GABRIELA
¡Qué disparates dice! (Horrorizadas.)
DON PABLO
¡Tiene razón! (Riendo.) ¡Tiene razón!
SANTIAGO
¡Claro es!... Para los incasables como yo, las solteritas que buscan marido, no sirven, y las casadas fieles, tampoco. Yo, en cuestiones de amor, soy mariposa, soy anarquista. ¡Viva la anarquía! Ea, tú, Pablo... ¡hale! Paso de camino...
DON PABLO
Andando.
SANTIAGO
A no ser que estas señoritas... A Ramona la veo en traje de casa.
RAMONA
Yo no salgo.
SANTIAGO
¿Y usted?
GABRIELA
Acompaño á Ramona.
SANTIAGO
Tiene usted ojos apasionados, ojos italianos... ojos de ensueño... ¡Eh, tú, Pablito!... ¿No te parece?... Ojos de ensueño. Usted debe de ser un alma errante, un alma viajera...
GABRIELA
(Riendo). Sí, sí... ¡Pero ya no viajo!...
SANTIAGO
¿Ha descarrilado usted alguna vez?
GABRIELA
Muchas.
SANTIAGO
También yo.
GABRIELA
Y esos viajes sentimentales suelen costar á las mujeres muchas lágrimas.
SANTIAGO
Y á los hombres mucho dinero. Estamos de acuerdo. (Se dan las manos riendo.)
DON PABLO
¿Acabarás de charlar?
RAMONA
¿A dónde van ustedes, por fin?
DON PABLO
Desde aquí al Casino.
SANTIAGO
Nos esperan. Luego iremos áPum-Pum.
DON PABLO
¡Es un programa!
SANTIAGO
Luego... ¡quién sabe!... Misterio. Pero,¿qué importa, cuando en el misterio está la poesía?
DON PABLO
(Que habrá estado frotándose las sortijas con su pañuelo). ¡Por vida de los moros!...
SANTIAGO
¿Qué es?
DON PABLO
Que se me ha caído el brillante del solitario.
RAMONA, GABRIELA
A ver, á ver... (Todos rodean á don Pablo. Los artistas cuidarán de dar á esta escena la mayor animación posible.)
DON PABLO
Menos mal que no fue en la calle.
RAMONA
¡Qué lástima!
GABRIELA
¡Hermosa piedra!
DON PABLO
Vale dos mil francos.
SANTIAGO
¿A ver? Trae acá. Yo entiendo mucho de estas cosas. ¡Sí, en efecto; hermoso ejemplar! ¡Qué oriente! ¡Me conviene! (Se la traga.)
RAMONA, DON PABLO
¡¡Qué haces!!
GABRIELA
¡Este hombre tiene los demonios en el cuerpo!
SANTIAGO
¡Ya pasó!...
DON PABLO
¿Pero estás en tu juicio? (Todos ríen.)
SANTIAGO
¡Llevo dos mil francos en las entrañas! ¡Dos mil francos!... Bien podéis decir ahora que «en el fondo», á pesar de mi frivolidad aparente, valgo mucho.
RAMONA
¡Qué trasto de hombre!
GABRIELA
¡Es divino!...
SANTIAGO
Ahora es cuando me voy. (A don Pablo.) Te advierto que no tengo el menor interés en que me acompañes.
DON PABLO
¡Ah, pero yo sí! No te dejo en toda la noche.
SANTIAGO
¿No quieres separarte de tu solitario?
DON PABLO
Ni un momento.
SANTIAGO
¡Pues ya está la fiesta armada!
GABRIELA
Será buena.
SANTIAGO
¡Oh, dejará memoria! Porque os advierto que la digestión de una piedra preciosa exige...
RAMONA, GABRIELA
¿Qué?
SANTIAGO
Mucho vino de Oporto.
DON PABLO
Te pago el digestivo.
SANTIAGO
Vamos. Gabriela... ¿irá usted áPum-Pum? ¡No deje usted de ir!...
GABRIELA
Quién sabe... probablemente.
SANTIAGO
Porque he de confesarla á usted...
DON PABLO
(Empujándole). ¡Que van á dar las diez!...
SANTIAGO
¡Huyamos!... Ya sabes que los digestivos hechos á base de vino de Oporto, se toman por botellas y de media en media hora... (Salen riendo.)
RAMONA
Andad, andad...
GABRIELA
¡Qué par! ¡Como pellejos se van á poner!
RAMONA
¡Por fin! (Cierra la puerta.)
GABRIELA
Tu don Pablo es notable: es el tipo delbon vivant, del desaprensivo.
RAMONA
¡Vaya, bendito de Dios! ¡Me aburre!... Como me aburren todos...
GABRIELA
Reconoce, al menos, que es uno de esos hombres excepcionales que, por intuición, sin duda, saben retirarse un momento antes de empezar á estorbar.
RAMONA
Razón tienes. Porque deseosa estaba de quedarme á solas contigo para hablar de Joaquín.
GABRIELA
¿Pero, le quieres todavía?
RAMONA
Todavía. Siempre...
GABRIELA
¡Qué buena eres!
RAMONA
Le quiero como tú quisiste á Leonardo. (Besándola.) ¿Verdad? En vano tú, como yo, hemos pasado de unos brazos á otros; el recuerdo del primer hombre, del único hombre que quisimos, persiste en nosotras triunfador, imborrable.
GABRIELA
Es como un perfume.
RAMONA
Como una luz.
GABRIELA
Otros hombres hemos conocido más graciosos, más elegantes, más ricos... peroAquél, el amado, se sobrepone á todos.
RAMONA
A todos.
GABRIELA
Es la magia del pasado, la fuerza del recuerdo... Y es que una sola idea, cuando es grande, basta para llenar toda una vida.
RAMONA
Es cierto. Háblame de Joaquín.
GABRIELA
Pregunta.
RAMONA
¿Vendrá?
GABRIELA
Esperándole estoy, y el camarero lo sabe. Joaquín te quiere mucho; durante todo el viaje me ha hablado de ti.
RAMONA
¿Por qué no se ha hospedado aquí?
GABRIELA
Porque su familia le esperaba.
RAMONA
¿Pero, se ha casado? (Con asombro y dolor.)
GABRIELA
¿No lo sabías?
RAMONA
¡No! ¡Oh! ¡Casado! ¿Y tiene hijos?
GABRIELA
También.
RAMONA
¡No sabía nada! ¡Qué dolor!... ¡Oh! Ya, entre él y yo, ¡qué abismo!...
GABRIELA
Y todo eso le ha envejecido, le ha puesto triste...
RAMONA
(Hablando consigo misma). ¡Casado! ¡Qué abismo!... (Pausa.)
GABRIELA
¡Y Joaquín llega á tiempo! (Riendo.)
RAMONA
¿Cómo?
GABRIELA
Yo me entiendo...
RAMONA
¿Lo dices porque acabo de reñir con Pablo?... ¡Tonta! ¡Era igual!... Demasiado sabes que, lo que amamos mucho, siempre llega á nosotras á tiempo. (Pausa.)
GABRIELA
Oye... Alguien viene.
RAMONA
Sí...
GABRIELA
Me parece que han llamado en mi cuarto. Sí... No te emociones demasiado, porque es él. (Se dirige á la puerta.)
RAMONA
¡Él!...
GABRIELA
(Abriendo la puerta). El mismo. Entra, Joaquín.
JOAQUÍN
¡Ramona!
RAMONA
¡Joaquín de mi alma! (Se abrazan con efusión vivísima. Ella llora.)
GABRIELA
¡Nada! ¡Lo mismo que en las comedias!
JOAQUÍN
Antes de venir á verte he vacilado mucho.
RAMONA
¿Por qué?
JOAQUÍN
Por coquetería.
RAMONA
No comprendo.
GABRIELA
¡Mujer, qué torpe eres!... Porque temía que le hallases demasiado viejo.
JOAQUÍN
Sí, demasiado viejo.
RAMONA
¡Qué tontería!... Joaquín, mi Joaquín, tú, para mí, siempre serás el mismo... el mismo...
JOAQUÍN
Con diez años más. Cuando nos conocimos, ¿verdad?, yo era casi un real mozo. Ahora, confiésalo, soy un amante bueno para visto de noche ó entre dos luces.
RAMONA
Bobo, bobito...
JOAQUÍN
Tengo cuarenta años.
RAMONA
Ya lo sé.
JOAQUÍN
Soy lo que la gente llama «un hombre de cierta edad».
GABRIELA
O, como si dijésemos,de la Edad Media.
RAMONA
¿Qué me importan tus años?
JOAQUÍN
Pero... ¿y mi cara?
RAMONA
Tampoco. ¡No, hijo mío! No era una belleza, era un alma lo que yo amé en ti. (A Gabriela y bromeando.) Sin embargo, sí... tenías razón: ha cambiado mucho.
GABRIELA
¡Y tanto! Tiene el pelo gris.
RAMONA
Y la frente más grande.
GABRIELA
Y los ojos más tristes.
RAMONA
Sí, ¡y más pequeños!
JOAQUÍN
¡Pues sí que estáis cortándome un trajecito!
GABRIELA
¡Y eso que te queremos!
JOAQUÍN
Que si me odiaseis...
RAMONA
¿Y los dientes? (Haciendo ademán de tocarle la boca.) ¿No te falta ninguno?
JOAQUÍN