Ilustración de cabeza de capítuloEL CONDENADOPOR DESCONFIADOJORNADA PRIMERA
Ilustración de cabeza de capítulo
(SalePaulode ermitaño.)
Paulo.¡Dichoso albergue mío!¡Soledad apacible y deleitosa,que en el calor y el fríome dais posada en esta selva umbrosa,donde el huésped se llamao verde hierba o pálida retama!Agora, cuando el albacubre las esmeraldas de cristales,haciendo al sol la salva,que de su coche sale por jarales,con manos de luz puraquitando sombras de la noche oscura,salgo de aquesta cuevaque en pirámides altos de estas peñasnaturaleza eleva,y a las errantes nubes hace señaspara que noche y día,ya que no hay otra, le haga compañía.Salgo a ver este cielo,alfombra azul de aquellos pies hermosos.¿Quién, ¡oh celestes cielos!aquesos tafetanes luminososrasgar pudiera un pocopara ver...? ¡Ay de mí! Vuélvome loco.Mas ya que es imposible,y sé cierto, Señor, que me estáis viendodesde ese inaccesibletrono de luz hermoso, a quien sirviendoestán ángeles bellos,más que la luz del sol hermosos ellos,mil glorias quiero darospor las mercedes que me estáis haciendosin saber obligaros.¿Cuándo yo merecí que del estruendome sacarais del mundo,que es umbral de las puertas del profundo?¿Cuándo, Señor divino,podrá mi indignidad agradecerosel volverme al camino,que, si yo lo conozco, es fuerza el veros,y tras esta victoria,darme en aquestas selvas tanta gloria?Aquí los pajarillos,amorosas canciones repitiendopor juncos y tomillos,de Vos me acuerdan, y yo estoy diciendo:“Si esta gloria da el suelo,¿qué gloria será aquella que da el Cielo?”Aquí estos arroyuelos,jirones de cristal en campo verde,me quitan mis desvelos,y son causa a que de Vos me acuerde;¡tal es el gran contentoque infunde al alma su sonoro acento!Aquí silvestres floresel fugitivo tiempo aromatizan,y de varios coloresaquesta vega humilde fertilizan.Su belleza me asombra:calle el tapete y berberisca alfombra.Pues con estos regalos,con aquestos contentos y alegrías,¡bendito seas mil veces,inmenso Dios, que tanto bien me ofreces!Aquí pienso seguirte,ya que el mundo dejé para bien mío;aquí pienso servirte,sin que jamás humano desvarío,por más que abra la puertael mundo a sus engaños, me divierta.Quiero, Señor divino,pediros de rodillas húmilmenteque en aqueste caminosiempre me conservéis piadosamente.Ved que el hombre se hizode barrovil, de barroquebradizo.
Paulo.
¡Dichoso albergue mío!
¡Soledad apacible y deleitosa,
que en el calor y el frío
me dais posada en esta selva umbrosa,
donde el huésped se llama
o verde hierba o pálida retama!
Agora, cuando el alba
cubre las esmeraldas de cristales,
haciendo al sol la salva,
que de su coche sale por jarales,
con manos de luz pura
quitando sombras de la noche oscura,
salgo de aquesta cueva
que en pirámides altos de estas peñas
naturaleza eleva,
y a las errantes nubes hace señas
para que noche y día,
ya que no hay otra, le haga compañía.
Salgo a ver este cielo,
alfombra azul de aquellos pies hermosos.
¿Quién, ¡oh celestes cielos!
aquesos tafetanes luminosos
rasgar pudiera un poco
para ver...? ¡Ay de mí! Vuélvome loco.
Mas ya que es imposible,
y sé cierto, Señor, que me estáis viendo
desde ese inaccesible
trono de luz hermoso, a quien sirviendo
están ángeles bellos,
más que la luz del sol hermosos ellos,
mil glorias quiero daros
por las mercedes que me estáis haciendo
sin saber obligaros.
¿Cuándo yo merecí que del estruendo
me sacarais del mundo,
que es umbral de las puertas del profundo?
¿Cuándo, Señor divino,
podrá mi indignidad agradeceros
el volverme al camino,
que, si yo lo conozco, es fuerza el veros,
y tras esta victoria,
darme en aquestas selvas tanta gloria?
Aquí los pajarillos,
amorosas canciones repitiendo
por juncos y tomillos,
de Vos me acuerdan, y yo estoy diciendo:
“Si esta gloria da el suelo,
¿qué gloria será aquella que da el Cielo?”
Aquí estos arroyuelos,
jirones de cristal en campo verde,
me quitan mis desvelos,
y son causa a que de Vos me acuerde;
¡tal es el gran contento
que infunde al alma su sonoro acento!
Aquí silvestres flores
el fugitivo tiempo aromatizan,
y de varios colores
aquesta vega humilde fertilizan.
Su belleza me asombra:
calle el tapete y berberisca alfombra.
Pues con estos regalos,
con aquestos contentos y alegrías,
¡bendito seas mil veces,
inmenso Dios, que tanto bien me ofreces!
Aquí pienso seguirte,
ya que el mundo dejé para bien mío;
aquí pienso servirte,
sin que jamás humano desvarío,
por más que abra la puerta
el mundo a sus engaños, me divierta.
Quiero, Señor divino,
pediros de rodillas húmilmente
que en aqueste camino
siempre me conservéis piadosamente.
Ved que el hombre se hizo
de barrovil, de barroquebradizo.
(SalePedriscocon un haz de hierba. PónesePaulode rodillas, y elévase.)
Pedrisco.Como si fuera borricovengo de hierba cargado,de quien el monte está rico:si esto como, ¡desdichado!,triste fin me pronostico.···············De mi tierra me sacóPaulo, diez años habrá,y a aqueste monte apartó;él en una cueva está,y en otra cueva estoy yo.Aquí penitencia hacemos,y sólo hierbas comemos,y a veces nos acordamosde lo mucho que dejamospor lo poco que tenemos.Aquí al sonoro raudalde un despeñado cristal,digo a estos olmos sombríos:“¿Dónde estáis, jamones míos,que no os doléis de mi mal?Cuando yo solía cursarla ciudad y no las peñas(¡memorias me hacen llorar!),de las hambres más pequeñasgran pesar solíais tomar.Erais, jamones, leales:bien os puedo así llamar,pues merecéis nombres tales,aunque ya de las mortalesno tengáis ningún pesar.”···············
Pedrisco.
Como si fuera borrico
vengo de hierba cargado,
de quien el monte está rico:
si esto como, ¡desdichado!,
triste fin me pronostico.
···············
De mi tierra me sacó
Paulo, diez años habrá,
y a aqueste monte apartó;
él en una cueva está,
y en otra cueva estoy yo.
Aquí penitencia hacemos,
y sólo hierbas comemos,
y a veces nos acordamos
de lo mucho que dejamos
por lo poco que tenemos.
Aquí al sonoro raudal
de un despeñado cristal,
digo a estos olmos sombríos:
“¿Dónde estáis, jamones míos,
que no os doléis de mi mal?
Cuando yo solía cursar
la ciudad y no las peñas
(¡memorias me hacen llorar!),
de las hambres más pequeñas
gran pesar solíais tomar.
Erais, jamones, leales:
bien os puedo así llamar,
pues merecéis nombres tales,
aunque ya de las mortales
no tengáis ningún pesar.”
···············
[Paulosueña que la muerte le hiere en el corazón, y al quedar su cuerpo “como despojo de la madre tierra”, el alma libertada se presenta ante el Tribunal de Dios, donde ve con espanto que sus culpas pesan más que sus buenas obras en la balanza del Justicia mayor del Cielo; el Juez santo le condena al Infierno.]
Paulo.Con aquella fatiga y aquel miedodesperté, aunque temblando, y no vi nadasi no es mi culpa, y tan confuso quedo,que si no es a mi suerte desdichada,o traza del contrario, ardid o enredo,que vibra contra mí su ardiente espada,no sé a qué lo atribuya. Vos, Dios santo,me declarad la causa de este espanto.¿Heme de condenar, mi Dios divino,como este sueño dice, o he de vermeen el sagrado alcázar cristalino?Aqueste bien, Señor, habéis de hacerme.¿Qué fin he de tener? Pues un caminosigo tan bueno, no queráis tenermeen esta confusión, Señor eterno.¿He de ir a vuestro Cielo, o al Infierno?Treinta años de edad tengo, Señor mío,y los diez he gastado en el desierto,y si viviera un siglo, un siglo fíoque lo mismo ha de ser: esto os advierto.Si esto cumplo, Señor, con fuerza y brío,¿qué fin he de tener? Lágrimas vierto.Respondedme, Señor; Señor eterno,¿he de ir a vuestro Cielo, o al Infierno?
Paulo.
Con aquella fatiga y aquel miedo
desperté, aunque temblando, y no vi nada
si no es mi culpa, y tan confuso quedo,
que si no es a mi suerte desdichada,
o traza del contrario, ardid o enredo,
que vibra contra mí su ardiente espada,
no sé a qué lo atribuya. Vos, Dios santo,
me declarad la causa de este espanto.
¿Heme de condenar, mi Dios divino,
como este sueño dice, o he de verme
en el sagrado alcázar cristalino?
Aqueste bien, Señor, habéis de hacerme.
¿Qué fin he de tener? Pues un camino
sigo tan bueno, no queráis tenerme
en esta confusión, Señor eterno.
¿He de ir a vuestro Cielo, o al Infierno?
Treinta años de edad tengo, Señor mío,
y los diez he gastado en el desierto,
y si viviera un siglo, un siglo fío
que lo mismo ha de ser: esto os advierto.
Si esto cumplo, Señor, con fuerza y brío,
¿qué fin he de tener? Lágrimas vierto.
Respondedme, Señor; Señor eterno,
¿he de ir a vuestro Cielo, o al Infierno?
(Aparece elDemonioen lo alto de una peña.)
Demonio.Diez años ha que persigoa este monje en el desierto,recordándole memoriasy pasados pensamientos;siempre le he hallado firme,como un gran peñasco opuesto.Hoy duda en su fe, que es dudade la fe lo que hoy ha hecho,porque es la fe en el cristianoque sirviendo a Dios y haciendobuenas obras, ha de ira gozar de Él en muriendo.Este, aunque ha sido tan santo,duda de la fe, pues vemosque quiere del mismo Dios,estando en duda, saberlo.En la soberbia tambiénha pecado: caso es cierto.Nadie como yo lo sabe,pues por soberbio padezco.Y con la desconfianzale ha ofendido, pues es ciertoque desconfía de Diosel que a su fe no da crédito.Un sueño la causa ha sido;y el anteponer un sueñoa la fe de Dios, ¿quién dudaque es pecado manifiesto?Y así me ha dado licenciael Juez más supremo y rectopara que con más engañosle incite agora de nuevo.Sepa resistir valientelos combates que le ofrezco,pues supo desconfiary ser, como yo, soberbio.···············De ángel tomaré la forma,y responderé a su intentocosas que le han de costarsu condenación, si puedo.
Demonio.
Diez años ha que persigo
a este monje en el desierto,
recordándole memorias
y pasados pensamientos;
siempre le he hallado firme,
como un gran peñasco opuesto.
Hoy duda en su fe, que es duda
de la fe lo que hoy ha hecho,
porque es la fe en el cristiano
que sirviendo a Dios y haciendo
buenas obras, ha de ir
a gozar de Él en muriendo.
Este, aunque ha sido tan santo,
duda de la fe, pues vemos
que quiere del mismo Dios,
estando en duda, saberlo.
En la soberbia también
ha pecado: caso es cierto.
Nadie como yo lo sabe,
pues por soberbio padezco.
Y con la desconfianza
le ha ofendido, pues es cierto
que desconfía de Dios
el que a su fe no da crédito.
Un sueño la causa ha sido;
y el anteponer un sueño
a la fe de Dios, ¿quién duda
que es pecado manifiesto?
Y así me ha dado licencia
el Juez más supremo y recto
para que con más engaños
le incite agora de nuevo.
Sepa resistir valiente
los combates que le ofrezco,
pues supo desconfiar
y ser, como yo, soberbio.
···············
De ángel tomaré la forma,
y responderé a su intento
cosas que le han de costar
su condenación, si puedo.
(Quítase elDemoniola túnica y queda de ángel.)
Paulo.¡Dios mío! Aquesto os suplico.¿Salvaréme, Dios inmenso?¿Iré a gozar vuestra gloria?Que me respondáis espero.Demonio.Dios, Paulo, te ha escuchado,y tus lágrimas ha visto.Paulo.¡Qué mal el temor resisto! (Aparte.)Ciego en mirarlo he quedado.Demonio.Me ha mandado que te saquede esa ciega confusión,porque esa vana ilusiónde tu contrario se aplaque.Ve a Nápoles, y a la puertaque llaman allá del Mar,que es por donde tú has de entrara ver tu ventura ciertao tu desdicha, veráscerca de allá (estáme atento)un hombre...Paulo.¡Qué gran contentocon tus razones me das!Demonio....que Enrico tiene por nombre,hijo del noble Anareto.Conocerásle, en efeto,por señas que es gentilhombre,alto de cuerpo y gallardo.No quiero decirte más,porque apenas llegaráscuando le veas.Paulo.Aguardolo que le he de preguntarcuando le llegare a ver.Demonio.Sólo una cosa has de hacer.Paulo.¿Qué he de hacer?Demonio.Verle y callar,contemplando sus acciones,sus obras y sus palabras.Paulo.En mi pecho ciego labrasquimeras y confusiones.¿Sólo eso tengo de hacer?Demonio.Dios que en él repares quiere,porque el fin que aquél tuviereese fin has de tener. (Desaparece.)Paulo.¡Oh misterio soberano!¿Quién este Enrico será?Por verle me muero ya.¡Qué contento estoy! ¡qué ufano!
Paulo.
¡Dios mío! Aquesto os suplico.
¿Salvaréme, Dios inmenso?
¿Iré a gozar vuestra gloria?
Que me respondáis espero.
Demonio.
Dios, Paulo, te ha escuchado,
y tus lágrimas ha visto.
Paulo.
¡Qué mal el temor resisto! (Aparte.)
Ciego en mirarlo he quedado.
Demonio.
Me ha mandado que te saque
de esa ciega confusión,
porque esa vana ilusión
de tu contrario se aplaque.
Ve a Nápoles, y a la puerta
que llaman allá del Mar,
que es por donde tú has de entrar
a ver tu ventura cierta
o tu desdicha, verás
cerca de allá (estáme atento)
un hombre...
Paulo.
¡Qué gran contento
con tus razones me das!
Demonio.
...que Enrico tiene por nombre,
hijo del noble Anareto.
Conocerásle, en efeto,
por señas que es gentilhombre,
alto de cuerpo y gallardo.
No quiero decirte más,
porque apenas llegarás
cuando le veas.
Paulo.
Aguardo
lo que le he de preguntar
cuando le llegare a ver.
Demonio.
Sólo una cosa has de hacer.
Paulo.
¿Qué he de hacer?
Demonio.
Verle y callar,
contemplando sus acciones,
sus obras y sus palabras.
Paulo.
En mi pecho ciego labras
quimeras y confusiones.
¿Sólo eso tengo de hacer?
Demonio.
Dios que en él repares quiere,
porque el fin que aquél tuviere
ese fin has de tener. (Desaparece.)
Paulo.
¡Oh misterio soberano!
¿Quién este Enrico será?
Por verle me muero ya.
¡Qué contento estoy! ¡qué ufano!
[Paulo,acompañado dePedrisco,se dispone a ir a Nápoles. ElDemonioha logrado su plan, pues ha infundido la duda en el espíritu del ermitaño.]
Demonio.Bien mi engaño va trazado.Hoy verá el desconfiadode Dios y de su poderel fin que viene a tener,pues él propio lo ha buscado.
Demonio.
Bien mi engaño va trazado.
Hoy verá el desconfiado
de Dios y de su poder
el fin que viene a tener,
pues él propio lo ha buscado.
[PauloyPedriscollegan a la Puerta del Mar, en Nápoles, sitio designado por el Demonio para que conozcan a Enrico.]
Pedrisco.Maravillado estoy de tal suceso.Paulo.Secretos son de Dios.Pedrisco.¿De modo, padre,que el fin que ha de tener aqueste Enrico,ha de tener también?Paulo.Faltar no puedela palabra de Dios: el ángel suyome dijo que si Enrico se condena,me he de condenar; y si él se salva,también me he de salvar.Pedrisco.Sin duda, padre,que es un santo varón aqueste Enrico.Paulo.Eso mismo imagino.Pedrisco.Esta es la puertaque llaman de la Mar.Paulo.Aquí me mandael ángel que le aguarde.
Pedrisco.
Maravillado estoy de tal suceso.
Paulo.
Secretos son de Dios.
Pedrisco.
¿De modo, padre,
que el fin que ha de tener aqueste Enrico,
ha de tener también?
Paulo.
Faltar no puede
la palabra de Dios: el ángel suyo
me dijo que si Enrico se condena,
me he de condenar; y si él se salva,
también me he de salvar.
Pedrisco.
Sin duda, padre,
que es un santo varón aqueste Enrico.
Paulo.
Eso mismo imagino.
Pedrisco.
Esta es la puerta
que llaman de la Mar.
Paulo.
Aquí me manda
el ángel que le aguarde.
(ApareceEnricocon sus compañeros.)
Roldán.Deteneos, Enrico.Enrico.Al mar he de arrojalle, vive el cielo.Paulo.A Enrico oí nombrar.Enrico.¿Gente mendigaha de haber en el mundo?Cherinos.Deteneos.Enrico.Podrásme detener en arrojándole.Celia.¿Dónde vas? Detente.Enrico.No hay remedio:harta merced te hago, pues te sacode tan grande miseria.Roldán.¡Qué habéis hecho!
Roldán.
Deteneos, Enrico.
Enrico.
Al mar he de arrojalle, vive el cielo.
Paulo.
A Enrico oí nombrar.
Enrico.
¿Gente mendiga
ha de haber en el mundo?
Cherinos.
Deteneos.
Enrico.
Podrásme detener en arrojándole.
Celia.
¿Dónde vas? Detente.
Enrico.
No hay remedio:
harta merced te hago, pues te saco
de tan grande miseria.
Roldán.
¡Qué habéis hecho!
(Salen todos.)
Enrico.Llegóme a pedir un pobre una limosna;dolióme el verle con tan gran miseria;y por que no llegase a avergonzarseotro desde hoy, cogíle en brazosy le arrojé en el mar.Paulo.¡Delito inmenso!Enrico.Ya no será más pobre, según pienso.Pedrisco.¡Algún diablo limosna te pidiera!Celia.¡Siempre has de ser cruel!Enrico.No me repliques,que haré contigo y los demás lo mismo.Escalant.Dejemos eso agora, por tu vida.Sentémonos los dos, Enrico amigo.Paulo(aPedrisco).A éste han llamado Enrico.Pedrisco.Será otro.¿Querías tú que fuese este mal hombre,que en vida está ya ardiendo en los infiernos?Aguardemos a ver en lo que para.Enrico.Pues siéntense voarcedes, porque quierohaya conversación.Escalant.Muy bien ha dicho.Enrico.Siéntese Celia aquí.Celia.Ya estoy sentada.Escalant.Tú, conmigo, Lidora.Lidora.Lo mismo digo yo, seor Escalante.Cherinos.Siéntese aquí, Roldán.Roldán.Ya voy, CherinosPedrisco.¡Mire qué buenas almas, padre mío!Lléguese más, verá de lo que tratan.Paulo.¡Que no viene mi Enrico!Pedrisco.Mire y calle,que somos pobres, y este desalmadono nos eche en la mar.Enrico.Agora quieroque cuente cada uno de vuarcedeslas hazañas que ha hecho en esta vida.Quiero decir... hazañas... latrocinios,cuchilladas, heridas, robos, muertes,salteamientos y cosas de este modo.Escalant.Muy bien ha dicho Enrico.Enrico.Y al que hubierehecho mayores males, al momentouna corona de laurel le pongan,cantándole alabanzas y motetes.Escalant.Soy contento.Enrico.Comience, seo Escalante.Paulo.¡Que esto sufre el Señor!Pedrisco.Nada le espante.Escalant.Yo digo ansí.Pedrisco.¡Qué alegre y satisfecho!Escalant.Veinticinco pobretes tengo muertos,seis casas he escalado, y treinta heridashe dado con la chica.Pedrisco.¡Quién te vierahacer en una horca cabriolas!Enrico.Diga, Cherinos.Pedrisco.¡Qué ruin nombre tiene!¡Cherinos! Cosa poca.
Enrico.
Llegóme a pedir un pobre una limosna;
dolióme el verle con tan gran miseria;
y por que no llegase a avergonzarse
otro desde hoy, cogíle en brazos
y le arrojé en el mar.
Paulo.
¡Delito inmenso!
Enrico.
Ya no será más pobre, según pienso.
Pedrisco.
¡Algún diablo limosna te pidiera!
Celia.
¡Siempre has de ser cruel!
Enrico.
No me repliques,
que haré contigo y los demás lo mismo.
Escalant.
Dejemos eso agora, por tu vida.
Sentémonos los dos, Enrico amigo.
Paulo
(aPedrisco).
A éste han llamado Enrico.
Pedrisco.
Será otro.
¿Querías tú que fuese este mal hombre,
que en vida está ya ardiendo en los infiernos?
Aguardemos a ver en lo que para.
Enrico.
Pues siéntense voarcedes, porque quiero
haya conversación.
Escalant.
Muy bien ha dicho.
Enrico.
Siéntese Celia aquí.
Celia.
Ya estoy sentada.
Escalant.
Tú, conmigo, Lidora.
Lidora.
Lo mismo digo yo, seor Escalante.
Cherinos.
Siéntese aquí, Roldán.
Roldán.
Ya voy, Cherinos
Pedrisco.
¡Mire qué buenas almas, padre mío!
Lléguese más, verá de lo que tratan.
Paulo.
¡Que no viene mi Enrico!
Pedrisco.
Mire y calle,
que somos pobres, y este desalmado
no nos eche en la mar.
Enrico.
Agora quiero
que cuente cada uno de vuarcedes
las hazañas que ha hecho en esta vida.
Quiero decir... hazañas... latrocinios,
cuchilladas, heridas, robos, muertes,
salteamientos y cosas de este modo.
Escalant.
Muy bien ha dicho Enrico.
Enrico.
Y al que hubiere
hecho mayores males, al momento
una corona de laurel le pongan,
cantándole alabanzas y motetes.
Escalant.
Soy contento.
Enrico.
Comience, seo Escalante.
Paulo.
¡Que esto sufre el Señor!
Pedrisco.
Nada le espante.
Escalant.
Yo digo ansí.
Pedrisco.
¡Qué alegre y satisfecho!
Escalant.
Veinticinco pobretes tengo muertos,
seis casas he escalado, y treinta heridas
he dado con la chica.
Pedrisco.
¡Quién te viera
hacer en una horca cabriolas!
Enrico.
Diga, Cherinos.
Pedrisco.
¡Qué ruin nombre tiene!
¡Cherinos! Cosa poca.
De capas que he quitado en esta viday he vendido a un ropero, está ya rico.
De capas que he quitado en esta viday he vendido a un ropero, está ya rico.
Cherinos.Yo comienzo:No he muerto a ningún hombre; pero he dadomás de cien puñaladas.Enrico.¿Y ningunafué mortal?Cherinos.Amparóles la fortuna.De capas que he quitado en esta viday he vendido a un ropero, está ya rico.Enrico.¿Véndelas él?Cherinos.¿Pues no?Enrico.¿No las conocen?Cherinos.Por quitarse de aquestas ocasioneslas convierte en ropillas y calzones.Enrico.¿Habéis hecho otra cosa?Cherinos.No me acuerdo.Pedrisco.¿Mas que le absuelve ahora el ladronazo?Celia.Y tú, ¿qué has hecho, Enrico?Enrico.Oigan voarcedes.Escalant.Nadie cuente mentiras.Enrico.Yo soy hombreque en mi vida las dije.Galván.Tal se entiende.Pedrisco.¿No escucha, padre mío, estas razones?Paulo.Estoy mirando a ver si viene Enrico.Enrico.Haya, pues, atención.Celia.Nadie te impide.Pedrisco.¡Miren a qué sermón atención pide!Enrico.Yo nací mal inclinado,como se ve en los efectosdel discurso de mi vidaque referiros pretendo.Con regalos me criéen Nápoles, que ya piensoque conocéis a mi padre,que aunque no fué caballeroni de sangre generosa,era muy rico, y yo entiendoque es la mayor calidadel tener, en este tiempo.···············Hurtaba a mi viejo padre,arcas y cofres abriendo,los vestidos que tenía,las joyas y los dineros.Jugaba, y digo jugabapara que sepáis con estoque de cuantos vicios hayes el primer padre el juego.Quedé pobre y sin hacienda,y yo —me he enseñado a hacerlo—,di en robar de casa en casacosas de pequeño precio.Iba a jugar, y perdía;mis vicios iban creciendo.Di luego en acompañarmecon otros del arte mesmo:escalamos siete casas,dimos la muerte a sus dueños;lo robado repartimospara dar caudal al juego.De cinco que éramos todos,sólo los cuatro prendieron,y nadie me descubrió,aunque les dieron tormento.Pagaron en una plazasu delito, y yo con esto,de escarmentado, acogímea hacer a solas mis hechos.···············A treinta desventuradosyo solo y aqueste acero,que es de la muerte ministro,del mundo sacado habemos:los diez, muertos por mi gusto,y los veinte me salieron,uno con otro, a doblón.Diréis que es pequeño precio:es verdad; mas, voto a Dios,que en faltándome el dinero,que mate por un doblóna cuantos me están oyendo.···············No respeto a religiosos:de sus iglesias y templosseis cálices he robadoy diversos ornamentosque sus altares adornan.Ni a la justicia respeto:mil veces me he resistidoy a sus ministros he muerto;tanto, que para prendermeno tienen ya atrevimiento.Y, finalmente, yo estoypreso por los ojos bellosde Celia, que está presente:todos la tienen respetopor mí, que la adoro; y cuandosé que la sobran dineros,con lo que me da, aunque poco,mi viejo padre sustento,que ya le conoceréispor el nombre de Anareto.Cinco años ha que tullidoen una cama le tengo,y tengo piedad con élpor estar pobre el buen viejo;y como soy causa al finde ponelle en tal extremo,por jugarle yo su haciendael tiempo que fuí mancebo.Todo es verdad lo que he dicho,voto a Dios, y que no miento.Juzgad ahora vosotroscuál merece mayor premio.Pedrisco.Cierto, padre de mi vida,que con servicios tan buenos,que puede ir a pretenderéste a la corte.Escalant.Confiesoque tú el lauro has merecido.Roldán.Y yo confieso lo mesmo.Cherinos.Todos lo mesmo decimos.Celia.El laurel darte pretendo.Enrico.Vivas, Celia, muchos años.Celia.Toma, mi bien; y con esto,pues que la merienda aguarda,nos vamos.Galván.Muy bien has hecho.Celia.Digan todos: “¡Viva Enrico!”Todos.¡Viva el hijo de Anareto!Enrico.Al punto todos nos vamosa holgarnos y entretenernos.
Cherinos.
Yo comienzo:
No he muerto a ningún hombre; pero he dado
más de cien puñaladas.
Enrico.
¿Y ninguna
fué mortal?
Cherinos.
Amparóles la fortuna.
De capas que he quitado en esta vida
y he vendido a un ropero, está ya rico.
Enrico.
¿Véndelas él?
Cherinos.
¿Pues no?
Enrico.
¿No las conocen?
Cherinos.
Por quitarse de aquestas ocasiones
las convierte en ropillas y calzones.
Enrico.
¿Habéis hecho otra cosa?
Cherinos.
No me acuerdo.
Pedrisco.
¿Mas que le absuelve ahora el ladronazo?
Celia.
Y tú, ¿qué has hecho, Enrico?
Enrico.
Oigan voarcedes.
Escalant.
Nadie cuente mentiras.
Enrico.
Yo soy hombre
que en mi vida las dije.
Galván.
Tal se entiende.
Pedrisco.
¿No escucha, padre mío, estas razones?
Paulo.
Estoy mirando a ver si viene Enrico.
Enrico.
Haya, pues, atención.
Celia.
Nadie te impide.
Pedrisco.
¡Miren a qué sermón atención pide!
Enrico.
Yo nací mal inclinado,
como se ve en los efectos
del discurso de mi vida
que referiros pretendo.
Con regalos me crié
en Nápoles, que ya pienso
que conocéis a mi padre,
que aunque no fué caballero
ni de sangre generosa,
era muy rico, y yo entiendo
que es la mayor calidad
el tener, en este tiempo.
···············
Hurtaba a mi viejo padre,
arcas y cofres abriendo,
los vestidos que tenía,
las joyas y los dineros.
Jugaba, y digo jugaba
para que sepáis con esto
que de cuantos vicios hay
es el primer padre el juego.
Quedé pobre y sin hacienda,
y yo —me he enseñado a hacerlo—,
di en robar de casa en casa
cosas de pequeño precio.
Iba a jugar, y perdía;
mis vicios iban creciendo.
Di luego en acompañarme
con otros del arte mesmo:
escalamos siete casas,
dimos la muerte a sus dueños;
lo robado repartimos
para dar caudal al juego.
De cinco que éramos todos,
sólo los cuatro prendieron,
y nadie me descubrió,
aunque les dieron tormento.
Pagaron en una plaza
su delito, y yo con esto,
de escarmentado, acogíme
a hacer a solas mis hechos.
···············
A treinta desventurados
yo solo y aqueste acero,
que es de la muerte ministro,
del mundo sacado habemos:
los diez, muertos por mi gusto,
y los veinte me salieron,
uno con otro, a doblón.
Diréis que es pequeño precio:
es verdad; mas, voto a Dios,
que en faltándome el dinero,
que mate por un doblón
a cuantos me están oyendo.
···············
No respeto a religiosos:
de sus iglesias y templos
seis cálices he robado
y diversos ornamentos
que sus altares adornan.
Ni a la justicia respeto:
mil veces me he resistido
y a sus ministros he muerto;
tanto, que para prenderme
no tienen ya atrevimiento.
Y, finalmente, yo estoy
preso por los ojos bellos
de Celia, que está presente:
todos la tienen respeto
por mí, que la adoro; y cuando
sé que la sobran dineros,
con lo que me da, aunque poco,
mi viejo padre sustento,
que ya le conoceréis
por el nombre de Anareto.
Cinco años ha que tullido
en una cama le tengo,
y tengo piedad con él
por estar pobre el buen viejo;
y como soy causa al fin
de ponelle en tal extremo,
por jugarle yo su hacienda
el tiempo que fuí mancebo.
Todo es verdad lo que he dicho,
voto a Dios, y que no miento.
Juzgad ahora vosotros
cuál merece mayor premio.
Pedrisco.
Cierto, padre de mi vida,
que con servicios tan buenos,
que puede ir a pretender
éste a la corte.
Escalant.
Confieso
que tú el lauro has merecido.
Roldán.
Y yo confieso lo mesmo.
Cherinos.
Todos lo mesmo decimos.
Celia.
El laurel darte pretendo.
Enrico.
Vivas, Celia, muchos años.
Celia.
Toma, mi bien; y con esto,
pues que la merienda aguarda,
nos vamos.
Galván.
Muy bien has hecho.
Celia.
Digan todos: “¡Viva Enrico!”
Todos.
¡Viva el hijo de Anareto!
Enrico.
Al punto todos nos vamos
a holgarnos y entretenernos.
(Vanse.)
Paulo.Salid, lágrimas; salid,salid apriesa del pecho,no lo dejéis de vergüenza.¡Qué lastimoso suceso!Pedrisco.¿Qué tiene, padre?Paulo.¡Ay, hermano!Penas y desdichas tengo.Este mal hombre que he vistoes Enrico.Pedrisco.¿Cómo es eso?Paulo.Las señas que me dió el ángelson suyas.Pedrisco.¿Es eso cierto?Paulo.Sí, hermano, porque me dijoque era hijo de Anareto,y aquéste también lo ha dicho.Pedrisco.Pues aquéste ya está ardiendoen los infiernos.Paulo.Eso sólo es lo que temo.El ángel de Dios me dijoque si éste se va al Infierno,que al Infierno tengo de ir,y al Cielo, si éste va al Cielo.Pues al Cielo, hermano mío,¿cómo ha de ir éste, si vemostantas maldades en él,tantos robos manifiestos,crueldades y latrociniosy tan viles pensamientos?Pedrisco.En eso, ¿quién pone duda?Tan cierto se irá al infiernocomo el despensero Judas.Paulo.¡Gran Señor! ¡Señor eterno!¿Por qué me habéis castigadocon castigo tan inmenso?Diez años y más, Señor,ha que vivo en el desiertocomiendo hierbas amargas,salobres aguas bebiendo,sólo porque Vos, Señor,Juez piadoso, sabio, recto,perdonarais mis pecados.¡Cuán diferente lo veo!Al Infierno tengo de ir.¡Ya me parece que sientoque aquellas voraces llamasvan abrasando mi cuerpo!¡Ay! ¡Qué rigor!Pedrisco.Ten paciencia.Paulo.¿Qué paciencia o sufrimientoha de tener el que sabeque se ha de ir a los Infiernos?¡Al Infierno!, centro obscuro,donde ha de ser el tormentoeterno y ha de durarlo que Dios durare. ¡Ah, Cielo!¡Que nunca se ha de acabar!¡Que siempre han de estar ardiendolas almas! ¡Siempre! ¡Ay de mí!Pedrisco.Sólo oírle me da miedo.Padre, volvamos al monte.Paulo.Que allá volvamos pretendo;pero no a hacer penitencia,pues que ya no es de provecho.Dios me dijo que si aquéstese iba al Cielo, me iría al Cielo,y al profundo, si al profundo.Pues es ansí, seguir quierosu misma vida; perdoneDios aqueste atrevimiento:si su fin he de tener,tenga su vida y sus hechos;que no es bien que yo en el mundoesté penitencia haciendo,y que él viva en la ciudadcon gustos y con contentos,y que a la muerte tengamosun fin.Pedrisco.Es discreto acuerdo.Bien has dicho, padre mío.Paulo.En el monte hay bandoleros:bandolero quiero ser,porque así igualar pretendomi vida con la de Enrico,pues un mismo fin tenemos.Tan malo tengo de sercomo él, y peor si puedo;que pues ya los dos estamoscondenados al Infierno,bien es que antes de ir alláen el mundo nos venguemos.
Paulo.
Salid, lágrimas; salid,
salid apriesa del pecho,
no lo dejéis de vergüenza.
¡Qué lastimoso suceso!
Pedrisco.
¿Qué tiene, padre?
Paulo.
¡Ay, hermano!
Penas y desdichas tengo.
Este mal hombre que he visto
es Enrico.
Pedrisco.
¿Cómo es eso?
Paulo.
Las señas que me dió el ángel
son suyas.
Pedrisco.
¿Es eso cierto?
Paulo.
Sí, hermano, porque me dijo
que era hijo de Anareto,
y aquéste también lo ha dicho.
Pedrisco.
Pues aquéste ya está ardiendo
en los infiernos.
Paulo.
Eso sólo es lo que temo.
El ángel de Dios me dijo
que si éste se va al Infierno,
que al Infierno tengo de ir,
y al Cielo, si éste va al Cielo.
Pues al Cielo, hermano mío,
¿cómo ha de ir éste, si vemos
tantas maldades en él,
tantos robos manifiestos,
crueldades y latrocinios
y tan viles pensamientos?
Pedrisco.
En eso, ¿quién pone duda?
Tan cierto se irá al infierno
como el despensero Judas.
Paulo.
¡Gran Señor! ¡Señor eterno!
¿Por qué me habéis castigado
con castigo tan inmenso?
Diez años y más, Señor,
ha que vivo en el desierto
comiendo hierbas amargas,
salobres aguas bebiendo,
sólo porque Vos, Señor,
Juez piadoso, sabio, recto,
perdonarais mis pecados.
¡Cuán diferente lo veo!
Al Infierno tengo de ir.
¡Ya me parece que siento
que aquellas voraces llamas
van abrasando mi cuerpo!
¡Ay! ¡Qué rigor!
Pedrisco.
Ten paciencia.
Paulo.
¿Qué paciencia o sufrimiento
ha de tener el que sabe
que se ha de ir a los Infiernos?
¡Al Infierno!, centro obscuro,
donde ha de ser el tormento
eterno y ha de durar
lo que Dios durare. ¡Ah, Cielo!
¡Que nunca se ha de acabar!
¡Que siempre han de estar ardiendo
las almas! ¡Siempre! ¡Ay de mí!
Pedrisco.
Sólo oírle me da miedo.
Padre, volvamos al monte.
Paulo.
Que allá volvamos pretendo;
pero no a hacer penitencia,
pues que ya no es de provecho.
Dios me dijo que si aquéste
se iba al Cielo, me iría al Cielo,
y al profundo, si al profundo.
Pues es ansí, seguir quiero
su misma vida; perdone
Dios aqueste atrevimiento:
si su fin he de tener,
tenga su vida y sus hechos;
que no es bien que yo en el mundo
esté penitencia haciendo,
y que él viva en la ciudad
con gustos y con contentos,
y que a la muerte tengamos
un fin.
Pedrisco.
Es discreto acuerdo.
Bien has dicho, padre mío.
Paulo.
En el monte hay bandoleros:
bandolero quiero ser,
porque así igualar pretendo
mi vida con la de Enrico,
pues un mismo fin tenemos.
Tan malo tengo de ser
como él, y peor si puedo;
que pues ya los dos estamos
condenados al Infierno,
bien es que antes de ir allá
en el mundo nos venguemos.