JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA

[Galván, Escalantey otros rufianes compañeros de Enrico tienen concertado para aquella noche un robo en la casa de Octavio el Genovés. Mientras aquéllos hacen los preparativos,Enricova a cuidar de su padreAnareto.]

Enrico.Pues mientras ellos se tardan,y el manto lóbrego aguardanque su remedio ha de ser,quiero un viejo padre verque aquestas paredes guardan.Cinco años ha que le tengoen una cama tullido,y tanto a estimarle vengo,que, con andar tan perdido,a mi costa le mantengo.···············De lo que de noche puedo,varias casas escalando,robar con cuidado o miedo,voy su sustento aumentando,y a veces sin él me quedo.Que esta virtud solamenteen mi virtud distraídaconservo piadosamente:que es deuda al padre debidael serle el hijo obediente.···············(Descubre su padre en una silla.)Aquí está; quiérole ver.Durmiendo está, al parecer.¿Padre?Anareto.¡Mi Enrico querido!Enrico.Del descuido que he tenidoperdón espero tenerde vos, padre de mis ojos.¿Heme tardado?Anareto.No, hijo.Enrico.No os quisiera dar enojos.Anareto.En verte me regocijo.Enrico.No el sol por celajes rojossaliendo a dar resplandora la tiniebla mayorque espera tan alto bienparece al día tan biencomo vos a mí, señor.Que vos para mí sois sol,y los rayos que arrojáisdese divino arrebol,son las canas con que honráiseste reino.Anareto.Eres crisoldonde la virtud se apura.Enrico.¿Habéis comido?Anareto.Yo, no.Enrico.Hambre tendréis.Anareto.La venturade mirarte me quitóla hambre.Enrico.No me asegura,padre mío, esa razón,nacida de la aficióntan grande que me tenéis;pero agora comeréis,que las dos pienso que sonde la tarde. Ya la mesaos quiero, padre, poner.Anareto.De tu cuidado me pesa.Enrico.Todo esto y más ha de hacerel que obediencia profesa.(Del dinero que jugué [Aparte.]un escudo reservépara comprar qué comiese;porque, aunque al juego le pese,no ha de faltar esta fe.)Aquí traigo en el lenzuelo,padre mío, qué comáis.Estimad mi justo celo.Anareto.Bendito, mi Dios, seáisen la tierra y en el cielo,pues que tal hijo me distes,cuando tullido me vistes,que mis pies y manos sea.Enrico.Comed, por que yo lo vea.Anareto.Miembros cansados y tristes,ayudadme a levantar.Enrico.Yo, padre, os quiero ayudar.Anareto.Fuerza me infunden tus brazos.Enrico.Quisiera en estos abrazosla vida poderos dar.Y digo, padre, la vida,porque tanta enfermedades ya muerte conocida.Anareto.La divina voluntadse cumpla.Enrico.Ya la comidaos espera. ¿Llegaréla mesa?Anareto.No, hijo mío,que el sueño me vence.Enrico.¿A fe?Pues dormid.Anareto.Dádome ha un fríomuy grande.Enrico.Yo os llegaréla ropa.···············Vencióle el sueño,que es de los sentidos dueño,a dar la mejor lición.Quiero la ropa llegalle,y de esta suerte dejalle.

Enrico.

Pues mientras ellos se tardan,

y el manto lóbrego aguardan

que su remedio ha de ser,

quiero un viejo padre ver

que aquestas paredes guardan.

Cinco años ha que le tengo

en una cama tullido,

y tanto a estimarle vengo,

que, con andar tan perdido,

a mi costa le mantengo.

···············

De lo que de noche puedo,

varias casas escalando,

robar con cuidado o miedo,

voy su sustento aumentando,

y a veces sin él me quedo.

Que esta virtud solamente

en mi virtud distraída

conservo piadosamente:

que es deuda al padre debida

el serle el hijo obediente.

···············

(Descubre su padre en una silla.)

Aquí está; quiérole ver.

Durmiendo está, al parecer.

¿Padre?

Anareto.

¡Mi Enrico querido!

Enrico.

Del descuido que he tenido

perdón espero tener

de vos, padre de mis ojos.

¿Heme tardado?

Anareto.

No, hijo.

Enrico.

No os quisiera dar enojos.

Anareto.

En verte me regocijo.

Enrico.

No el sol por celajes rojos

saliendo a dar resplandor

a la tiniebla mayor

que espera tan alto bien

parece al día tan bien

como vos a mí, señor.

Que vos para mí sois sol,

y los rayos que arrojáis

dese divino arrebol,

son las canas con que honráis

este reino.

Anareto.

Eres crisol

donde la virtud se apura.

Enrico.

¿Habéis comido?

Anareto.

Yo, no.

Enrico.

Hambre tendréis.

Anareto.

La ventura

de mirarte me quitó

la hambre.

Enrico.

No me asegura,

padre mío, esa razón,

nacida de la afición

tan grande que me tenéis;

pero agora comeréis,

que las dos pienso que son

de la tarde. Ya la mesa

os quiero, padre, poner.

Anareto.

De tu cuidado me pesa.

Enrico.

Todo esto y más ha de hacer

el que obediencia profesa.

(Del dinero que jugué [Aparte.]

un escudo reservé

para comprar qué comiese;

porque, aunque al juego le pese,

no ha de faltar esta fe.)

Aquí traigo en el lenzuelo,

padre mío, qué comáis.

Estimad mi justo celo.

Anareto.

Bendito, mi Dios, seáis

en la tierra y en el cielo,

pues que tal hijo me distes,

cuando tullido me vistes,

que mis pies y manos sea.

Enrico.

Comed, por que yo lo vea.

Anareto.

Miembros cansados y tristes,

ayudadme a levantar.

Enrico.

Yo, padre, os quiero ayudar.

Anareto.

Fuerza me infunden tus brazos.

Enrico.

Quisiera en estos abrazos

la vida poderos dar.

Y digo, padre, la vida,

porque tanta enfermedad

es ya muerte conocida.

Anareto.

La divina voluntad

se cumpla.

Enrico.

Ya la comida

os espera. ¿Llegaré

la mesa?

Anareto.

No, hijo mío,

que el sueño me vence.

Enrico.

¿A fe?

Pues dormid.

Anareto.

Dádome ha un frío

muy grande.

Enrico.

Yo os llegaré

la ropa.

···············

Vencióle el sueño,

que es de los sentidos dueño,

a dar la mejor lición.

Quiero la ropa llegalle,

y de esta suerte dejalle.

[Sale a la calle, dondeGalvánle recuerda que tiene que asesinar aAlbano,pues ha recibido ya la mitad de la paga por el crimen.Enricose dispone a cometer el asesinato; pero al ver que su víctima es un pobre anciano, el recuerdo de su padre le hace desistir de tal propósito. El que le había pagado el crimen se presenta a reclamar aEnricoel dinero por no haber cumplido su compromiso, yEnrico,indignado, lo acuchilla sin piedad. En aquel momento, elGobernador,con la gente a sus órdenes, se presenta para prender aEnrico;éste yGalvánse defienden y matan alGobernador;pero, al fin, viéndose acosados, se arrojan al mar. Entre tanto,Paulo,en compañía dePedrisco,se había convertido en capitán de una cuadrilla de bandoleros, que tenía aterrorizada a la comarca por la crueldad de sus crímenes. De vez en cuando tiene algún remordimiento de conciencia.]

(Pauloen el campo.)Músicos.No desconfíe ninguno,aunque grande pecador,de aquella misericordiade que más se precia Dios.Paulo.¿Qué voz es esta que suena?Bandol.La gran multitud, señor,desos robles nos impidever dónde viene la voz.Músicos.Con firme arrepentimientode no ofender al Señorllegue el pecador humilde,que Dios le dará perdón.Paulo.Subid los dos por el monte,y ved si es algún pastorel que canta este romance.Bandol.A verlo vamos los dos.Músicos.Su Majestad soberanada voces al pecadorporque le llegue a pedirlo que a ninguno negó.

(Pauloen el campo.)

Músicos.

No desconfíe ninguno,

aunque grande pecador,

de aquella misericordia

de que más se precia Dios.

Paulo.

¿Qué voz es esta que suena?

Bandol.

La gran multitud, señor,

desos robles nos impide

ver dónde viene la voz.

Músicos.

Con firme arrepentimiento

de no ofender al Señor

llegue el pecador humilde,

que Dios le dará perdón.

Paulo.

Subid los dos por el monte,

y ved si es algún pastor

el que canta este romance.

Bandol.

A verlo vamos los dos.

Músicos.

Su Majestad soberana

da voces al pecador

porque le llegue a pedir

lo que a ninguno negó.

(Sale por el monte unPastorcillo,tejiendo una corona de flores.)

Paulo.Baja, baja, pastorcillo;que ya estaba, vive Dios,confuso con tus razones,admirado con tu voz.¿Quién te enseñó ese romance,que le escucho con temor,pues parece que en ti hablami propia imaginación?Pastorc.Este romance que he dichoDios, señor, me le enseñó;o la Iglesia, su Esposa,a quien en la tierra diópoder suyo.Paulo.Bien dijiste.Pastorc.Advierte que creo en Dios.···············Paulo.¿Y Dios ha de perdonara un hombre que le ofendiócon obras y con palabrasy pensamientos?Pastorc.¿Pues no?Aunque sus ofensas seanmás que átomos del sol,y que estrellas tiene el cielo,y rayos la luna dió,y peces el mar saladoen sus cóncavos guardó.Esta es su misericordia;que con decirle al Señor:Pequé,pequé, muchas veces,le recibe al pecadoren sus amorosos brazos;que, en fin, hace como Dios.Porque si no fuera aquesto,cuando a los hombres crió,no los criara sujetosa su frágil condición.Porque si Dios, Sumo Bien,de nada al hombre formópara ofrecerle su gloria,no fuera ningún blasónen su majestad divinadalle aquella imperfección.Dióle Dios libre albedrío,y fragilidad le dióal cuerpo y al alma; luegodió potestad con acciónde pedir misericordia,que a ninguno le negó.De modo que, si en pecandoel hombre, el justo rigorprocediera contra él,fuera el número menorde los que en el sacro alcázarestán contemplando a Dios.···············Mas mi ganado me aguarda,y ha mucho que ausente estoy.Paulo.Tente, pastor, no te vayas.Pastorc.No puedo tenerme, no,que ando por aquestos vallesrecogiendo con amoruna ovejuela perdidaque del rebaño huyó;y esta corona que veishacerme con tanto amor,es para ella, si parece,porque hacérmela mandóel mayoral, que la estimadel modo que le costó.El que a Dios tiene ofendidopídale perdón a Dios,porque es Señor tan piadoso,que a ninguno le negó.Paulo.Aguarda, pastor.Pastorc.No puedo.Paulo.Por fuerza te tendré yo.Pastorc.Será detenerme a míparar en su curso al sol.

Paulo.

Baja, baja, pastorcillo;

que ya estaba, vive Dios,

confuso con tus razones,

admirado con tu voz.

¿Quién te enseñó ese romance,

que le escucho con temor,

pues parece que en ti habla

mi propia imaginación?

Pastorc.

Este romance que he dicho

Dios, señor, me le enseñó;

o la Iglesia, su Esposa,

a quien en la tierra dió

poder suyo.

Paulo.

Bien dijiste.

Pastorc.

Advierte que creo en Dios.

···············

Paulo.

¿Y Dios ha de perdonar

a un hombre que le ofendió

con obras y con palabras

y pensamientos?

Pastorc.

¿Pues no?

Aunque sus ofensas sean

más que átomos del sol,

y que estrellas tiene el cielo,

y rayos la luna dió,

y peces el mar salado

en sus cóncavos guardó.

Esta es su misericordia;

que con decirle al Señor:

Pequé,pequé, muchas veces,

le recibe al pecador

en sus amorosos brazos;

que, en fin, hace como Dios.

Porque si no fuera aquesto,

cuando a los hombres crió,

no los criara sujetos

a su frágil condición.

Porque si Dios, Sumo Bien,

de nada al hombre formó

para ofrecerle su gloria,

no fuera ningún blasón

en su majestad divina

dalle aquella imperfección.

Dióle Dios libre albedrío,

y fragilidad le dió

al cuerpo y al alma; luego

dió potestad con acción

de pedir misericordia,

que a ninguno le negó.

De modo que, si en pecando

el hombre, el justo rigor

procediera contra él,

fuera el número menor

de los que en el sacro alcázar

están contemplando a Dios.

···············

Mas mi ganado me aguarda,

y ha mucho que ausente estoy.

Paulo.

Tente, pastor, no te vayas.

Pastorc.

No puedo tenerme, no,

que ando por aquestos valles

recogiendo con amor

una ovejuela perdida

que del rebaño huyó;

y esta corona que veis

hacerme con tanto amor,

es para ella, si parece,

porque hacérmela mandó

el mayoral, que la estima

del modo que le costó.

El que a Dios tiene ofendido

pídale perdón a Dios,

porque es Señor tan piadoso,

que a ninguno le negó.

Paulo.

Aguarda, pastor.

Pastorc.

No puedo.

Paulo.

Por fuerza te tendré yo.

Pastorc.

Será detenerme a mí

parar en su curso al sol.

[Paulocree ver en ello un aviso de la Providencia; pero al pensar que su suerte ha de ser la misma que la deEnrico,la duda y la desconfianza le impulsan a persistir en sus maldades.EnricoyGalvánhan llegado nadando a las cercanías del sitio en que está acampada la cuadrilla dePaulo,y caen en poder dePedriscoy sus compañeros.Paulomanda que los aten a un árbol para ejecutarlos; pero antes quiere probar siEnricoes impenitente para saber con certeza cuál es el fin que Dios ha reservado a ambos. Para ello se viste de ermitaño y se presenta anteEnricopara inducirle a confesar sus pecados.]


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