EL VERDADERO TALENTO.

EL VERDADERO TALENTO.

I.

I.

I.

Entre las infinitas cosas que se confunden en el mundo, hay dos que lo están casi siempre, y que difieren tanto entre sí, como una malva loca de un hermoso rosal, esmaltado de sus incomparables flores.

Estas dos cosas son la osadía y el talento.

El talento es bello y luminoso: hijo del alma, ni grita, ni hace ruido, ni rivaliza, ni lo necesita.

La osadía no va jamas solitaria por el mundo: le acompañan el charlatanismo, la vanidad, el afan de figurar, el lujo y lo que se llama en lenguaje gráfico, aunque no sea muy castellano, la cursilería, que es el empeño de aparecer, en primer término.

Nada hay más cándido, más noble, más leal, que el verdadero talento: la osadía le engaña con su malicia siempre que quiere, porque el talento se mece en regiones ideales y no entiende nada de las miserias y pequeñeces de la vida; vuela y no rastrea; da y no calcula; sufre y no se queja. No conoce la envidia, porque, grande por sí mismo, se basta para abrirse ancho y hermoso camino, que al cabo le ceden las medianías que han querido cerrarle el paso.

Como se da el nombre deamor, profanándolo, á muchos sentimientos que nada de semejante tienen con aquél, se da tambien el nombre detalentoá muchas cosas que, como la osadía, son graves defectos de carácter y de educacion.

De una mujer habladora, sin saber lo que decia, he oido asegurarque tenía mucho talento; he oido aclamarel talentode otra mujer cáustica, burlona y maldiciente, y bautizar tambien con el nombre detalentola manía de intriga, la tenacidad para conseguir sus fines y la falta de dignidad de muchas otras.

--Concha tienemareadoal señor de Castro,--decia hace pocos dias una amiga mia á otra señora,--se casará, y hará de él lo que quiera. ¡Qué talento tiene esamuchacha!

--Los hombres que se dejanmarearóengañar, que es la misma cosa,--repuso su interlocutora,--son tontos, y no es gran hazaña el aturdirlos, ni cuesta gran trabajo.

En efecto, no hay en el mundo un marido peor que un hombre engañado, de cuyos ojos ha caido la venda.

II.

II.

II.

Hay dos clases de talento, aunque ambas forman un todo que, cuando alguna mujer lo llega á poseer, constituye el bello ideal de nuestro sexo: mas aunque sólo posea una de estas dos clases, puede ya ser amada y estimada en alto grado.

Aparte deltalento artístico, que es el primero y más brillante, aparte del talento que crea y embellece, del talento literario, en fin, está el talento de la vida, el talento de saber llevar una existencia decorosa y honrada, de cuidar su casa y sus intereses.

Este talento hace tomar el lado bueno en todas las cosas de la vida y huir el malo; enseña el modo de unir la exquisita distincion á la prudente economía; la dignidad á la bondad; el órden, que es la gracia, con la amable libertad del espíritu, que no conocen los caractéres sistemáticos y meticulosos.

Este talento es el que más conviene á la mujer; el artístico no se elige. Dios lo da ó lo niega, segun sus altos designios; pero el talento de la vida puede adquirirse, y es indudable que se adquiere con la reflexion y hasta con la práctica del mundo.

Ya la educacion de la mujer se ha hecho más extensa, y su ilustracion va tomando cada dia más rápido vuelo: ya la mujer lee, y, como consecuencia natural, comprende muchas cuestiones sociales, puede reflexionar acerca de ellas, y puede ser la compañera y la amiga del hombre y el primer Mentor de sus hijos.

La vida tiene una doble fase: el lado serio (y éste es el más importante) y el lado frívolo, ligero y agradable. El verdadero talento de la mujer consiste en llenar los deberes que los dos imponen; consiste en cuidar del gobierno interior de su casa, de la dicha de su marido, de la educacion y bienestar de sus hijos: mision que no puede llenarse sin una razon clara y sin una tranquila fortaleza de espíritu.

En el terreno práctico de la vida, la cólera y los arrebatos que ésta produce no sirven para nada; son precisas la prudencia, la calma, la reflexion, gran suma de dulzura y de paciencia, y no menor de fortaleza y dignidad de carácter: con la diplomacia se consigue mucho: con la fuerza no se alcanza nada.

III.

III.

III.

La parte más frívola de la vida es quizá la que hace más agradable á la mujer, y áun añadiré, sin temor de equivocarme, que es lo que la hace más amada.

Porque, fuerza es confesarlo en detrimento de la fortaleza humana, la virtud desnuda de atractivos seduce poco, generalmente hablando, y una mujer agradable obtiene tantas simpatías, por lo ménos, como una mujer buena.

La elegancia es uno de los mayores atractivos de la mujer, y es desde luégo un atractivo mucho más poderoso y durable que el de la hermosura.

Para ser elegante una mujer no debe nuncacompetir, sinodistinguirse; la competencia es un escollo odioso; la distincion es una gracia y una gran prueba de talento. La competencia provoca enemistades; la distincion atrae el afecto y hasta la admiracion.

Así, pues, mis queridas señoras, no imiteis nada; inventad, y si teneis un poco de buen tacto y de buen gusto, seréis vosotras las imitadas.

Si teneis pocos medios de fortuna, el sistema de no imitar os librará de muchos sinsabores; y desde luégo os impedirá el sentir los dolores intolerables de la envidia, madre infernal de la competencia; en vez de caer en el génerocursi, que es el querer aparentar lo que no se tiene, arreglad vuestra casa de un modo que esté en relacion con vuestros medios, y vestid con arreglo á los mismos; el aseo y la elegancia se hallan al alcance de todos.

Cuando una mujer debe asistir á una reunion de personas donde se sabe de antemano que el lujo ha de ser espléndido, dará una gran prueba de talento vistiendo con una sencillez tal, que haga contraste con todas las maravillas adonde no puede ni debe llegar; la sencillez en ese caso será una gran distincion.

Lo que no puede suprimirse jamas es el decoro, la gracia y la modestia, que es el adorno más bello de la mujer y la hija encantadora del verdadero talento.

IV.

IV.

IV.

El verdadero talento tiene una magia que no posee el talento sólo de apariencia: todo lo ilumina, todo lo embellece, todo lo suaviza, y puede decirse que lo alcanza todo.

No es sólo una gran penetracion y un entendimiento extraordinario lo que lleva á cabo grandes obras morales, empresas difíciles ó negocios arriesgados; es preciso utilizar todos estos recursos en tiempo y ocasion oportunos; es preciso no malgastar las fuerzas, cuando hay que reservarlas para ocasiones más importantes ó más decisivas.

Esto es lo que adivina el talento, porque su intuicion es maravillosa; sabe hacer tres cosas que parecen insignificantes y que tienen, sin embargo, importancia suma en la vida y en el logro de todas las empresas.

Estas tres cosas son:callar,escucharyesperar.

¡Callar! ¿qué elocuencia hay en algunas ocasiones, comparable á la dignidad, al dolor ó al desden del silencio?

¡Escuchar! ¿dónde hay complacencia más amable que la de oir pacientemente los proyectos de un sabio, las esperanzas de un poeta, ó las quejas de un desgraciado?

¡Esperar! ¡cuántas dulzuras encierra esta palabra! ¡qué consuelo para las penas! ¡qué grato y poderoso antídoto para la impaciencia!

Estos tres grandes recursos los posee el verdadero talento; se doblega sin humillacion, acaricia para conseguir, y le sirven, no sólo para las cosas grandes, sino tambien para lo que se llamapequeñeces, y que en la vida de la mujer ocupan tan gran lugar.

El verdadero talento se aviene á todo, se doblega á todas las situaciones, y pone constantemente en práctica esta gran verdad de un gran escritor.

«Se debe aceptar de buen grado todo aquello que es irremediable.»

La familia, la amistad, el hogar doméstico, la fortuna, todo gana, todo está bien conducido, todo está floreciente, todo está bien y bellamente ordenado, cuando la mujer posee, no el talento que brilla, que deslumbra y que se agita, sino el bello, el grato, el tranquilo y modesto, en fin, el verdadero talento.


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