LA CARIDAD.

LA CARIDAD.

I.

I.

I.

Hay un consuelo para todas las penas de la vida: un bálsamo para todos los dolores: un rayo de sol que disipa todas las tinieblas que incesantemente oscurecen el horizonte de nuestra existencia: la caridad.

Se han visto personas cuyo corazon se hallaba yerto y marchito á fuerza de sentir amargos sinsabores, que en el ejercicio de esta virtud han hallado un consuelo supremo é inagotable, y que en pos de la caridad ha venido á visitarles la esperanza, esa hermosa mensajera del Dios de las misericordias.

La caridad es un beneficio para el que la ejerce, porque nada es tan consolador como el espectáculo del bien que se ha hecho, de la felicidad que es obra nuestra y que ha reemplazado al llanto de la desesperacion.

La caridad lleva en su manto el consuelo y la alegría. El que la ejerce ama á Jesucristo en el mendigo andrajoso y macilento, en la enferma anciana y desvalida, en el niño lloroso y abandonado.

¡Oh caridad! la pureza inmaculada de tu ropaje y la blancura de tus alas toman nueva brillantez al rozarse con la miseria que procuras y consigues aliviar. ¡Tú extiendes tanto tus beneficios que es imposible señalarles un término! ¡No te contentas con dar pan al hambriento, con vestir al desnudo y con prestar consuelo á todos los dolores! ¡Perdonas ademas todas las penas, y no hay injuria que no haga olvidar tu plácida dulzura!

II.

II.

II.

La caridad es un deber para todos, pero este deber se convierte en una satisfaccion muy dulce para la mujer, porque es innegable que la mujer ha nacido con un caudal más rico de sentimiento que el que ha sido otorgado al hombre.

El destino, la principal ocupacion de la mujer, es el amor. ¿Y qué otra cosa es la caridad que un amor grande, generoso y purificado?

El cálculo y el trabajo constituyen la vida del hombre: la de la mujer está consagrada, como ya dije, al amor.

La caridad debe ser, pues, una ocupacion en la mujer, por avenirse mejor con su organismo y con el destino que el cielo la ha deparado sobre la tierra.

Á la mujer que reciba en su pecho á esa bella hija de la religion, Dios la colmará de dicha y de prosperidades: con la caridad vendrán la esperanza y la fe, y su vida será feliz y estará exenta de pesares, pues no hay dolor que no endulcen esas hijas del cielo.

¡Feliz aquélla que las abriga bajo su techo!

¡Feliz la que consiga que se reclinen en las cunas de sus hijos!

¡Feliz la que les rinde el amoroso culto que merecen!

Las malas pasiones no desgarrarán jamas su seno; la felicidad no se apartará de su hogar, porque la felicidad reside en nosotros mismos, y sólo una conciencia pura puede darla.

III.

III.

III.

Si por vuestro daño habeis nacido con una imaginacion ardiente, no la atormenteis con sueños vanos, lectoras mias.

El poder y la gloria no se han hecho para la mujer; su poder está en el ascendiente que pueden darle su dulzura y el exacto cumplimiento de sus deberes; su gloria en la práctica de las virtudes, y su felicidad depende en gran parte de las dulces emociones de la caridad.

Siembre la mujer beneficios en derredor suyo, y los desgraciados á quienes consuele implorarán para ella las bendiciones del cielo; cuide del huérfano, y el Señor de todo lo creado conservará la hermosura y la salud de sus hijos.

Practicad segun vuestro estado la santa caridad, y las lágrimas que enjugueis serán recogidas en una copa de oro por el ángel de vuestra guarda, y se convertirán en perlas que servirán para tejeros una corona en el cielo.

La caridad extenderá su manto sobre vuestras cabezas para protegeros contra la desgracia, y despues que hayais pasado á una vida mejor, cubrirá con él vuestros sepulcros y hará brotar en ellos flores hermosas, imágen de vuestras virtudes.


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