ICity-Hotel.—Primeras impresiones.—Primer romance á Carrascosa.
City-Hotel.—Primeras impresiones.—Primer romance á Carrascosa.
Perezosa y malmodienta me saludó la aurora del 13, que 13 habia de ser para anunciarme duelos y quebrantos; y fué el saludo entre tales lloriqueos de lluvia, que realmente me partieron el corazon.
La gran distancia á que me encontraba de mis compañeros, porque realmente estaba habitando entre las nubes, la estrechez del cuarto, el amontonamiento de paredes y tejados, cucuruchos de palo y tejavanas, me tenian como preso.
No obstante lo reducido del cuarto, era por demás sombrío: prendí un cerillo, extrayéndolo de un zoquete de madera que tiene, en figura de peine, divididos los palillos que se van arrancando á medida que la necesidad obliga. La pestilencia á azufre de los tales fosforitos, es intolerable.
La lluvia me redujo á prision.
En el primer piso, en vecindad armónica con el comedor y el salon de lectura, está la barbería, servida por unos negros de greña canosa, corbatas azules y desgobernada chancla, que deja percibir talones como matatenas. Habia tambien unos baños dispuestos, por la pulmonía y el desaseo, á las mil maravillas.
Para distraer mi tristeza, tomé la pluma y escribí á San Francisco á José Carrascosa, dándole cuenta de mis primeras impresiones. Suena la música:
Adorado San Francisco,Padre y consuelo del pobre,Tú que á la Alta CaliforniaDiste tu divino nombre,Para gloria de los pueblos,Para encanto de los hombres,Sabe que miéntras fuí tu hijoTodo eran dichas y goces:Mar tranquilo, hermoso cielo,Dulces frutas, lindas flores,Mujeres como deidades,Caballeros los varones....Tú me fingiste á mi patria,Y lo diré con mil voces,Donde en medio á los ensueñosOlvidaba los dolores,Y no me sentí extranjero,Mudo, estúpido, alcornoque,Ludibrio de la fortuna,Y ya orangutan, ya poste,Hasta que dejé tus playas,Y viendo otros horizontes,La humanidad se jaspeabaDe razas y de colores,Y se acercaba laIrlandaPara darme vil garrote.Llegamos entre las sombrasArañando media noche,Que es hora de los espantosY de los hechos atroces:Sumidos entre envoltoriosNaufragamos dentro un coche,Más brincador que un becerro,Más estirado que un Dómine,Y con más inconvenientesQue una junta de acreedores.En un hotel no hay posada,En otro, faltan colchones,Y por fin, aquí paramosCansados de ver visiones,Y conforme á un presupuestoEn que cada cual disponeEl hasta aquí, si se alarga,Y el hasta aquí, si se encoge....Eso fué trepar, amigo;No era un piso, eran catorce;Era un ascenso á la luna;Era romperse los goznes;Eran el asma y la asfixiaEn competencias atroces;Eran del aire y del truenoLos oscuros horizontes,Sin escuchar de la gloriaNi el tambor ni los violones.Despues de cien escaleras,Puentes, trampas y recortes,De atravesar por cañutosQue atrás dejan, no te asombres,La cueva de MontecinosQue describe el Don Quijote,Entramos por laberintosQue los de palacio peores.Es maraña endemoniadaDe trapos y de tablones,Con entradas de gatera,Con puertas como de coche,Con ventanas como ojales,Con suelos como disponenLas soletas los dulceros,Su sardina el abarrote....Este no es cuarto, es cuartillo,Es una tira, un recorteDe madera que ha sobradoDe uno de féretros molde;Si no cabe ni un pujido,Si es de prensa el picaporte.Pues no, señor.... hay dos camas,Un tocador, dos jarrones,Y chimenea.... y su cómoda,Y un ropero como un monte,Y ni un resquicio en que quepaLa pajuela de un chicote.Si te encierras, te da asfixia;Si abres, al asma te expones;Si enciendes el gas, te abrasas;Si no, las sombras te comen.Y qué cama ¡santo cielo!¡Qué colchon! ¡eternos Dioses!Dormir sobre una tamboraFueran deliciosos goces;Acostarse sobre el vientreDe un gordo con convulsiones,Fuera mejor.... ¡huy, qué cama!Ni una hora dormí en la noche;Por aquí me voy de bruces,Por allá, salto y doy voces;Quiero dar vuelta, y me ruedo,Quiero avanzar, y atrás vóime.Yo era un corcho que flotabaEn sábanas y jergones;Era columpio, maroma,Gimnasia, danza yScotisch,Todo, pero ménos sueñoLo que el diablo preparóme.Antes del alba estoy listoPara hacer mis excursiones;Y como nadie me entiendeY todos me desconocen,Uno suelta una risada,Otro frente á mí se pone,Y hay una vieja sospechoQue me requiere de amores.Entónces emprendo la marchaPor pisos y callejones,Y por aquí se emborrachan,Por el otro lado comen;Yo estoy por dar cien mil gritosY por loco me apercollen;Estoy dado á cien mil diablos,Estoy por fin, y por postre,Llorando por San Francisco,Por sus cien mil carretones,Sus carreros y sus chinosY su lodo y suspic-poques,Pero donde tengo amigosQue yo amo, que me conocen,Donde no se vive fritoBajo de un cielo de bronce;Donde no vive esta viejaToda arrugas y frunzones,Que me alborota los nervios,Que me asquea con sus toses,Y que reclama imperiosaDe furias el uniforme....Ténme piedad, Carrascosa,Y á recibirme disponte,Porque si sigo sufriendoDel destino los horrores,Monto un dia en el dePulman,Y me escapo á troche moche,Hasta no dar en tus brazosQue son puerto á mis dolores,Y no temo que las penasMiéntras tú vivas, me agobien.
Adorado San Francisco,Padre y consuelo del pobre,Tú que á la Alta CaliforniaDiste tu divino nombre,Para gloria de los pueblos,Para encanto de los hombres,Sabe que miéntras fuí tu hijoTodo eran dichas y goces:Mar tranquilo, hermoso cielo,Dulces frutas, lindas flores,Mujeres como deidades,Caballeros los varones....Tú me fingiste á mi patria,Y lo diré con mil voces,Donde en medio á los ensueñosOlvidaba los dolores,Y no me sentí extranjero,Mudo, estúpido, alcornoque,Ludibrio de la fortuna,Y ya orangutan, ya poste,Hasta que dejé tus playas,Y viendo otros horizontes,La humanidad se jaspeabaDe razas y de colores,Y se acercaba laIrlandaPara darme vil garrote.Llegamos entre las sombrasArañando media noche,Que es hora de los espantosY de los hechos atroces:Sumidos entre envoltoriosNaufragamos dentro un coche,Más brincador que un becerro,Más estirado que un Dómine,Y con más inconvenientesQue una junta de acreedores.En un hotel no hay posada,En otro, faltan colchones,Y por fin, aquí paramosCansados de ver visiones,Y conforme á un presupuestoEn que cada cual disponeEl hasta aquí, si se alarga,Y el hasta aquí, si se encoge....Eso fué trepar, amigo;No era un piso, eran catorce;Era un ascenso á la luna;Era romperse los goznes;Eran el asma y la asfixiaEn competencias atroces;Eran del aire y del truenoLos oscuros horizontes,Sin escuchar de la gloriaNi el tambor ni los violones.Despues de cien escaleras,Puentes, trampas y recortes,De atravesar por cañutosQue atrás dejan, no te asombres,La cueva de MontecinosQue describe el Don Quijote,Entramos por laberintosQue los de palacio peores.Es maraña endemoniadaDe trapos y de tablones,Con entradas de gatera,Con puertas como de coche,Con ventanas como ojales,Con suelos como disponenLas soletas los dulceros,Su sardina el abarrote....Este no es cuarto, es cuartillo,Es una tira, un recorteDe madera que ha sobradoDe uno de féretros molde;Si no cabe ni un pujido,Si es de prensa el picaporte.Pues no, señor.... hay dos camas,Un tocador, dos jarrones,Y chimenea.... y su cómoda,Y un ropero como un monte,Y ni un resquicio en que quepaLa pajuela de un chicote.Si te encierras, te da asfixia;Si abres, al asma te expones;Si enciendes el gas, te abrasas;Si no, las sombras te comen.Y qué cama ¡santo cielo!¡Qué colchon! ¡eternos Dioses!Dormir sobre una tamboraFueran deliciosos goces;Acostarse sobre el vientreDe un gordo con convulsiones,Fuera mejor.... ¡huy, qué cama!Ni una hora dormí en la noche;Por aquí me voy de bruces,Por allá, salto y doy voces;Quiero dar vuelta, y me ruedo,Quiero avanzar, y atrás vóime.Yo era un corcho que flotabaEn sábanas y jergones;Era columpio, maroma,Gimnasia, danza yScotisch,Todo, pero ménos sueñoLo que el diablo preparóme.Antes del alba estoy listoPara hacer mis excursiones;Y como nadie me entiendeY todos me desconocen,Uno suelta una risada,Otro frente á mí se pone,Y hay una vieja sospechoQue me requiere de amores.Entónces emprendo la marchaPor pisos y callejones,Y por aquí se emborrachan,Por el otro lado comen;Yo estoy por dar cien mil gritosY por loco me apercollen;Estoy dado á cien mil diablos,Estoy por fin, y por postre,Llorando por San Francisco,Por sus cien mil carretones,Sus carreros y sus chinosY su lodo y suspic-poques,Pero donde tengo amigosQue yo amo, que me conocen,Donde no se vive fritoBajo de un cielo de bronce;Donde no vive esta viejaToda arrugas y frunzones,Que me alborota los nervios,Que me asquea con sus toses,Y que reclama imperiosaDe furias el uniforme....Ténme piedad, Carrascosa,Y á recibirme disponte,Porque si sigo sufriendoDel destino los horrores,Monto un dia en el dePulman,Y me escapo á troche moche,Hasta no dar en tus brazosQue son puerto á mis dolores,Y no temo que las penasMiéntras tú vivas, me agobien.
Adorado San Francisco,Padre y consuelo del pobre,Tú que á la Alta CaliforniaDiste tu divino nombre,Para gloria de los pueblos,Para encanto de los hombres,Sabe que miéntras fuí tu hijoTodo eran dichas y goces:Mar tranquilo, hermoso cielo,Dulces frutas, lindas flores,Mujeres como deidades,Caballeros los varones....Tú me fingiste á mi patria,Y lo diré con mil voces,Donde en medio á los ensueñosOlvidaba los dolores,Y no me sentí extranjero,Mudo, estúpido, alcornoque,Ludibrio de la fortuna,Y ya orangutan, ya poste,Hasta que dejé tus playas,Y viendo otros horizontes,La humanidad se jaspeabaDe razas y de colores,Y se acercaba laIrlandaPara darme vil garrote.Llegamos entre las sombrasArañando media noche,Que es hora de los espantosY de los hechos atroces:Sumidos entre envoltoriosNaufragamos dentro un coche,Más brincador que un becerro,Más estirado que un Dómine,Y con más inconvenientesQue una junta de acreedores.En un hotel no hay posada,En otro, faltan colchones,Y por fin, aquí paramosCansados de ver visiones,Y conforme á un presupuestoEn que cada cual disponeEl hasta aquí, si se alarga,Y el hasta aquí, si se encoge....Eso fué trepar, amigo;No era un piso, eran catorce;Era un ascenso á la luna;Era romperse los goznes;Eran el asma y la asfixiaEn competencias atroces;Eran del aire y del truenoLos oscuros horizontes,Sin escuchar de la gloriaNi el tambor ni los violones.Despues de cien escaleras,Puentes, trampas y recortes,De atravesar por cañutosQue atrás dejan, no te asombres,La cueva de MontecinosQue describe el Don Quijote,Entramos por laberintosQue los de palacio peores.Es maraña endemoniadaDe trapos y de tablones,Con entradas de gatera,Con puertas como de coche,Con ventanas como ojales,Con suelos como disponenLas soletas los dulceros,Su sardina el abarrote....Este no es cuarto, es cuartillo,Es una tira, un recorteDe madera que ha sobradoDe uno de féretros molde;Si no cabe ni un pujido,Si es de prensa el picaporte.Pues no, señor.... hay dos camas,Un tocador, dos jarrones,Y chimenea.... y su cómoda,Y un ropero como un monte,Y ni un resquicio en que quepaLa pajuela de un chicote.Si te encierras, te da asfixia;Si abres, al asma te expones;Si enciendes el gas, te abrasas;Si no, las sombras te comen.Y qué cama ¡santo cielo!¡Qué colchon! ¡eternos Dioses!Dormir sobre una tamboraFueran deliciosos goces;Acostarse sobre el vientreDe un gordo con convulsiones,Fuera mejor.... ¡huy, qué cama!Ni una hora dormí en la noche;Por aquí me voy de bruces,Por allá, salto y doy voces;Quiero dar vuelta, y me ruedo,Quiero avanzar, y atrás vóime.Yo era un corcho que flotabaEn sábanas y jergones;Era columpio, maroma,Gimnasia, danza yScotisch,Todo, pero ménos sueñoLo que el diablo preparóme.Antes del alba estoy listoPara hacer mis excursiones;Y como nadie me entiendeY todos me desconocen,Uno suelta una risada,Otro frente á mí se pone,Y hay una vieja sospechoQue me requiere de amores.Entónces emprendo la marchaPor pisos y callejones,Y por aquí se emborrachan,Por el otro lado comen;Yo estoy por dar cien mil gritosY por loco me apercollen;Estoy dado á cien mil diablos,Estoy por fin, y por postre,Llorando por San Francisco,Por sus cien mil carretones,Sus carreros y sus chinosY su lodo y suspic-poques,Pero donde tengo amigosQue yo amo, que me conocen,Donde no se vive fritoBajo de un cielo de bronce;Donde no vive esta viejaToda arrugas y frunzones,Que me alborota los nervios,Que me asquea con sus toses,Y que reclama imperiosaDe furias el uniforme....Ténme piedad, Carrascosa,Y á recibirme disponte,Porque si sigo sufriendoDel destino los horrores,Monto un dia en el dePulman,Y me escapo á troche moche,Hasta no dar en tus brazosQue son puerto á mis dolores,Y no temo que las penasMiéntras tú vivas, me agobien.
Adorado San Francisco,
Padre y consuelo del pobre,
Tú que á la Alta California
Diste tu divino nombre,
Para gloria de los pueblos,
Para encanto de los hombres,
Sabe que miéntras fuí tu hijo
Todo eran dichas y goces:
Mar tranquilo, hermoso cielo,
Dulces frutas, lindas flores,
Mujeres como deidades,
Caballeros los varones....
Tú me fingiste á mi patria,
Y lo diré con mil voces,
Donde en medio á los ensueños
Olvidaba los dolores,
Y no me sentí extranjero,
Mudo, estúpido, alcornoque,
Ludibrio de la fortuna,
Y ya orangutan, ya poste,
Hasta que dejé tus playas,
Y viendo otros horizontes,
La humanidad se jaspeaba
De razas y de colores,
Y se acercaba laIrlanda
Para darme vil garrote.
Llegamos entre las sombras
Arañando media noche,
Que es hora de los espantos
Y de los hechos atroces:
Sumidos entre envoltorios
Naufragamos dentro un coche,
Más brincador que un becerro,
Más estirado que un Dómine,
Y con más inconvenientes
Que una junta de acreedores.
En un hotel no hay posada,
En otro, faltan colchones,
Y por fin, aquí paramos
Cansados de ver visiones,
Y conforme á un presupuesto
En que cada cual dispone
El hasta aquí, si se alarga,
Y el hasta aquí, si se encoge....
Eso fué trepar, amigo;
No era un piso, eran catorce;
Era un ascenso á la luna;
Era romperse los goznes;
Eran el asma y la asfixia
En competencias atroces;
Eran del aire y del trueno
Los oscuros horizontes,
Sin escuchar de la gloria
Ni el tambor ni los violones.
Despues de cien escaleras,
Puentes, trampas y recortes,
De atravesar por cañutos
Que atrás dejan, no te asombres,
La cueva de Montecinos
Que describe el Don Quijote,
Entramos por laberintos
Que los de palacio peores.
Es maraña endemoniada
De trapos y de tablones,
Con entradas de gatera,
Con puertas como de coche,
Con ventanas como ojales,
Con suelos como disponen
Las soletas los dulceros,
Su sardina el abarrote....
Este no es cuarto, es cuartillo,
Es una tira, un recorte
De madera que ha sobrado
De uno de féretros molde;
Si no cabe ni un pujido,
Si es de prensa el picaporte.
Pues no, señor.... hay dos camas,
Un tocador, dos jarrones,
Y chimenea.... y su cómoda,
Y un ropero como un monte,
Y ni un resquicio en que quepa
La pajuela de un chicote.
Si te encierras, te da asfixia;
Si abres, al asma te expones;
Si enciendes el gas, te abrasas;
Si no, las sombras te comen.
Y qué cama ¡santo cielo!
¡Qué colchon! ¡eternos Dioses!
Dormir sobre una tambora
Fueran deliciosos goces;
Acostarse sobre el vientre
De un gordo con convulsiones,
Fuera mejor.... ¡huy, qué cama!
Ni una hora dormí en la noche;
Por aquí me voy de bruces,
Por allá, salto y doy voces;
Quiero dar vuelta, y me ruedo,
Quiero avanzar, y atrás vóime.
Yo era un corcho que flotaba
En sábanas y jergones;
Era columpio, maroma,
Gimnasia, danza yScotisch,
Todo, pero ménos sueño
Lo que el diablo preparóme.
Antes del alba estoy listo
Para hacer mis excursiones;
Y como nadie me entiende
Y todos me desconocen,
Uno suelta una risada,
Otro frente á mí se pone,
Y hay una vieja sospecho
Que me requiere de amores.
Entónces emprendo la marcha
Por pisos y callejones,
Y por aquí se emborrachan,
Por el otro lado comen;
Yo estoy por dar cien mil gritos
Y por loco me apercollen;
Estoy dado á cien mil diablos,
Estoy por fin, y por postre,
Llorando por San Francisco,
Por sus cien mil carretones,
Sus carreros y sus chinos
Y su lodo y suspic-poques,
Pero donde tengo amigos
Que yo amo, que me conocen,
Donde no se vive frito
Bajo de un cielo de bronce;
Donde no vive esta vieja
Toda arrugas y frunzones,
Que me alborota los nervios,
Que me asquea con sus toses,
Y que reclama imperiosa
De furias el uniforme....
Ténme piedad, Carrascosa,
Y á recibirme disponte,
Porque si sigo sufriendo
Del destino los horrores,
Monto un dia en el dePulman,
Y me escapo á troche moche,
Hasta no dar en tus brazos
Que son puerto á mis dolores,
Y no temo que las penas
Miéntras tú vivas, me agobien.
Positivamente, despues de haber vivido en San Francisco, las primeras impresiones de Orleans no podian serme tan agradables como á otros viajeros.
Yo habia conocido á Orleans en 1858; me llevaba de la mano la plenitud de la vida, y aunque mis circunstancias no eran mejores que ahora, me sonreia el sacrificio mismo, la vanidad me mostraba coronas de mirto y de laurel en las manos del sufrimiento. Me parecia que al través de los rayos de gloria que circundaban á Juarez, mi patria distinguia á su coplero, y estas extravagantes alucinaciones me hacian feliz.
Y sin embargo, entónces la miseria nos guiaba, la incertidumbre del futuro hacia inseguros y peligrosos nuestros pasos; pero la estrella de Juarez reverberaba en nuestro horizonte con nítidos fulgores, y dentro de mi alma escuchaba yo en mis horas de abatimiento, los preludios del himno triunfal de la Reforma....
¿Dónde están los actores de aquel drama de audacia, de sacrificio y de gloria? ¿dónde aquel ideal que todo lo embellecia cuando cruzaba sobre las alas blancas de la esperanza y se inclinaba para derramar flores en mi camino?.... Todo habia desaparecido.
Me encontraba en la calle del Canal, es decir, en el corazon de la ciudad; tenia á mi espalda el gran rio Mississippí, que la limita y la ciñe como un poderoso brazo, motivo por el cual algunos le han llamado la Ciudad semicircular.
La calle en que estoy, tendrá cerca de sesenta varas de ancho, y se descubre á lo largo poco más de una milla. El centro de la calle tiene una calzada amplia, con árboles sembrados de trecho en trecho. En la calzada están tendidos los wagones tirados por mulas, que cruzan la ciudad en todas direcciones, por el precio de cinco centavos. Hay un tren de vapor.... la locomotora reducida, pero primorosa, va dentro de un wagon, y corre con la mayor presteza y seguridad.
En medio de la amplia calle hay un extenso cuadrado con enverjado de fierro, sus altos y hermosos faroles y su escalinata, de donde parten las líneas todas de ferrocarriles. Delcentro de ese cuadro se levanta la estatua colosal de Henry Clay, ardiente amigo de México, hermosa y dominadora.
El aspecto de la calle que describo, sin ser hermoso, tiene cierta grandiosidad por su amplitud, por la vista en sus extremos: del uno, risueñas y frondosas arboledas; del otro, el rio con sus aguas turbias, sus bosques de mástiles, sus ferris, lanzando plumeros de humo, y sus barcas con sus blancas velas tendidas, como grandes alas que brillan con el sol.
Las aceras de esta calle presentan un aspecto extraño y poco artístico: tendrán diez varas de extension las banquetas, y sobre ellas corre con interrupciones, un tejado que las sombrea y se apoya en morillos, en vigas ó columnas.
En la parte superior del tejado se ven, ya ventanas simétricas con sus persianas verdes, del estilo americano, ya balcones á la española, ya extensos terrados descubiertos, ceñidos con desairados barandales.
Unas casas son altas y escurridas, las otras chatas y amplias, interrumpiéndose este pandemonium y este desórden con edificios verdaderamente suntuosos de cantería y granito, con pórticos y columnas soberbias ó templos góticos con sus altas torres, sus ventanas ojivas, sus barandales de fierro, árboles y jardines.
Las azoteas de esas desordenadas casas, se empinan, se cuelgan, se arrastran, hacen maroma, se despatarran, y como que trepan, descienden y se bambolean: añádase á todo esto que no hay dos casas seguidas de un color, sino que son escarlatas, verdes, amarillas, azules, blancas y de color de cantería, y se tendrá el conjunto más carnavalesco del mundo.
Debajo del portal hay los mismos accidentes que en la parte superior.
Un tramo lo ocupan vendedores de fruta con sus vestidos de lienzo rayado y su sombrero de jipijapa.... á dos pasos se ostentan almacenes lujosísimos de ropa hecha, con sus hileras de figurines en las puertas, con sus ojos de esmalte y sus brazos agarrotados.... Otro paso más, y se halla embarazado por cestos, trastos, canastos, juguetes, huevos de porcelana para coser los puntos de las medias, etc.
Al salir de aquel laberinto, detiene nuestra marcha un hombre que en una mesilla vende tintas y moldes para marcar la ropa, y un vendedor de pegamento que enseña como muestra un plato ó un vidrio rotos y restaurados con el pegamento, suspendidos á ellos enormes pesos para probar su eficacia.
En los suelos, en los postes, en todas las paredes, hay letreros, almireces indicantes de las boticas, anteojos, y en losbar-rooms, exagerados toneles, polichinelas abiertos de piernas, y una cafetera arrojando humo, que es una preciosa ostentacion del vapor (esquina de Canal y Camp).
Las joyerías, las sombrererías, los almacenes de ropa hecha abundan, y ya en las boticas, ya aislados, se ven expendios de agua de Soda, de Vichi, de Saratoga, con sus preciosos aparatos como en San Francisco, y su escolta tambien de sabrosos jarabes.
El conjunto, como hemos dicho, es al extremo desigual, porque si nos hemos detenido complacidos frente á la aduana y el correo, que es un suntuoso edificio de granito, casi no hemos podido dar paso en las cercanías del rio y la estacion del ferrocarril, con jacales por habitaciones, con banquetas sucias, descuidadas, obstruidas por tercios y llenas de charcos y de hoyancos.
Si hemos sentido una impresion de repugnancia frente al cementerio, en cambio el cementerio mismo es de extraordinaria belleza.
Por poco observativo que sea el viajero, encuentra en conjunto y como sin clasificacion, americanos, franceses, alemanes, cubanos en gran número y algunos mexicanos, procedentes de nuestros puertos y fronteras, muy característicos.
La calle del Canal divide la ciudad en dos secciones, teniendo por frontera cada una la acera correspondiente.
La parte que mira al Oriente es el barrio frances, la del Occidente el americano; son las dos razas que se contemplan y como que ponen de manifiesto sus virtudes y defectos; pero no chocan, rivalizan, sí; suelen ponerse en caricatura, pero muy frecuentemente se tienden la mano y hacen efectiva la dulce confraternidad.
El viajero, recorriendo cada una de las aceras, va percibiendo, del lado frances, angostas calles con balcones, tejados, antepechos y estorbos: las casas, son de tres, cuatro y cinco pisos, y abren campo irregularmente á fachadas de suntuosos templos, á pórticos de los hoteles y edificios notables, y á plazas con arboledas frondosas y esmeradamente cuidadas.
No obstante, las calles tienden á la curva, y esto depende, segun la guía que tengo á la vista, de que la ciudad antigua se fué extendiendo, siguiendo la curvatura del rio.
En la parte americana, esas calles angostas, advenedizas, como intrusas y desordenadas, hacen campo y como que sedetienen á observar el paso de amplísimas calzadas, de prados sembrados de verde césped y rodeados de elegantes asientos, convertidas en lugares de recreo.
Claiborne,Rampart,San Charles,Explanada, se pueden considerar como los paseos principales.
Las casas de estas nuevas calles dan con sus escalinatas á las banquetas, y están adornadas de pórticos graciosos, jardines risueños y praditos pintorescos.
Las casas de las calzadas blanquean, escondiéndose entre los árboles; de las columnas de sus pórticos y del tímpano que corona su frente, cuelgan enredaderas profusas, y saltan entre sus ondas de esmeralda, la llama del clavel y de la rosa, la espuma de las camelias y azucenas, el zafiro de las violetas y de la pasionaria, y los rubíes de la alfombrilla pomposa.
Entre esas enramadas se distinguen las aves del hogar, las fuentes bullidoras de chorros elevados, los niños juguetones, y cuadros, envidia del viajero, y tal vez recuerdo de una felicidad perdida.
Con el nombre de cada calle del lado derecho, parece que nos sale al encuentro un conocido. Calle de Chartes, de Borbon, de San Luis, de San Felipe, las Ursulinas, como que nos presentan cartas de recomendacion y nos traen recuerdos.
Advierte Molinari, que algun ingeniero que hacia sus delicias de lasCartas de Emilia, puso sus nombres á las calles de las Dryadas, de Erato y de Clio, y este es otro conocimiento que no desagrada á los extranjeros que no son del todo adversos á las reminiscencias mitológicas.
Pero como para acentuar más las diferencias de las dos razas cuyas corrientes se perciben sin confundirse en la calledel Canal, del lado frances se marca la concurrencia con modistas de grandes fallas, viejas devotas, sastres sentados en los mostradores, pasteleros petulantes, barberos charlatanes, cafés cantantes yrestaurantsá lacarte; miéntras en el barrio inglés abundan losbar-rooms, cruzan tercios y carruajes y es más notable el aseo, la amplitud, la grandeza y la luz.
Cuando desde una altura se abraza el conjunto de la ciudad semicircular, aparece con singular belleza.
El inmenso rio Mississippí, como que se detiene enamorado en la fértil llanura que lo descarría.
Los bosques de mástiles, los palacios flotantes, las chimeneas, las velas, las banderas, los borbotones de humo, los pitos de los vapores y el movimiento, forman espectáculo delicioso.
El lago Ponchartrain, que se abre y muestra sus márgenes sembradas de tupidas arboledas, entre las que blanquean hermosas quintas, pastan los ganados y cruzan fantásticos carros y carruajes por entre los troncos de los árboles.
En el centro de la calle, y en carril elevado, corren los wagones; á los lados, carros de todos tamaños, que donde quiera declaran almacen y donde quiera descargan, y pegados á las banquetas, al aire libre, de una y otra acera, corren caños asquerosos, que no recomiendan por cierto el aseo y cultura de la policía de Orleans.
En el City Hotel se multiplican las comidas, lo propio que en un buque, y con toda la pícara persecucion del estómago delplan americano.
El comedor es chaparro; mesas pequeñas con sus carpetas, que fungen á veces de mantel, de damasco, de algodonencarnado y blanco: allí los lagos de las sopas, las petrificaciones de las carnes, los incendios de las salsas ypikles, el ágrio de los budruz calumniados con el nombre de conservas y los envenenamientosal pasteló por medio de pasteles, como diria un escritorcillo de esos que todo lo echan á perder por hablar claro.
El aspecto del comedor, sin ser alegre ni animado, esencialmente del lado yankee, era bastante agradable.
Las señoras penetraban al salon por escaleras y puertas conexas con su departamento especial, y se presentaban al lado de sus caballeros y rodeadas de sus preciosos y elegantes niños, con señorío y compostura.
Elyankeepenetra, deposita su sombrero, reconoce el campo, se arma de trinche y cuchillo, cuida de que no esté léjos una fila de platos como una torre, y aquello es hacer surcos en la mantequilla, desparecer las papas, trozar las carnes, llover las salsas y armar San Quintin con el convoy; pero no es comer, no es engullir, no es tragar: son absorciones rápidas, ataques rudos y ejercicios de celeridad inconcebibles: llegar, toser, sorber, pararse y desparecer, es cosa de decir "Jesus"......
La raza latina, más expansiva, se congrega y se busca; la conversacion sazona los platos, y no faltan convidados, ó por lo ménos, platicadores afectuosos.
Por nuestra fortuna, se nos proveyó de un criado llamádose Morales, delgado, de chaqueta azul, listo, con el cabello bien peinado, color moreno, tipo mexicano, despierto como un tendero de Atzcapotzalco ó de Tacuba....
Morales, en dos por tres, se ofreció á nuestras órdenes, nos habló de sus padres, de la guerra del Sur, de los negrosmañosos, de las lavanderas dignas de confianza, de los dias de entradas y salidas de buques....
Morales era discreto como un buen cochero del sitio, y más que cualquiera de nuestros ministros diplomáticos.
Morales era agente, secretario, cónsul de la familia mexicana, próvido y despierto, atento, sin encogimiento, leal, y sobre todo, alegre y sufrido.
Por la mediacion de Morales conseguimos arreglar nuestras comidas á hora distinta que la ordinaria, y á esa hora, que era del aseo de las piezas y del descanso de los sirvientes, pudimos observar á irlandesas y negros.
Esta irlandesa es una mujeraza recia de carnes, de andar firme y de una imponderable tenacidad para el trabajo: ella asea las piezas, lava la ropa, limpia los suelos, trasporta tercios y olvida su sexo para entregarse á las más duras fatigas, por lo ménos durante el dia.
El negro semi-civilizado es el pretensioso y altivo; se alisa el pelo, deja motas de barba como moscas ó como moras pegadas con goma á su barba, ve altanero á sus iguales, y hace las cabriolas de un D. Agapito á sus superiores, gasta corbata azul ó roja, tirantes y chancla con calcetin muy limpio.
El negro es como el burro: en su niñez todo viveza, retozo y gracia; en la edad madura, es sombrío y taciturno.
En todo es estrepitoso el negro: en los mostradores bota á distancia vasos y charolas, de modo que se arrastren y patinen; así avienta las sillas, y así arma ruido estupendo con los platos, botándolos como si fueran de hojadelata ó gutta perca: tose como si aullase, se ríe como quien relincha y baila como quien apisona el suelo.
El negro, si está serio, hace la caricatura del prócer; si festivo, parece que dan suelta á un demonio; tiene la fisonomía como en un cuarto oscuro; cuando se baña, le seguimos con la vista como esperando que se destiña.
La esclavitud ha hecho del negro un sér malicioso y sarcástico; y solo cuando se persuade de una afeccion, la corresponde con verdadera lealtad y nobleza.
La riqueza de los hacendados del Sur consistia en los negros; libres éstos, los antiguos capitalistas quedaron en la miseria: son dueños del terreno, pero el agio les suministra capitales de los hombres del Norte.
Por su parte los negros, con propensiones á la educacion y elementos para aprovechar la libertad, han emigrado; otros, en pequeño número, se educan y cultivan sus campos, y otros han quedado como heces, como resíduos, como asientos y despojos que aletarga el ócio, que degrada y pudre el vicio, y que se revuelven como gusanos entre las ruinas, los harapos, los lodazales y las cenizas del incendio de la pasada lucha.
A la proclamacion de la igualdad, los elementos que surgian de la nueva posicion del negro, eran más bien nocivos al progreso y eficaces para el fomento de la anarquía.
Le eran desconocidos el amor á la familia y del hogar: la propiedad, uno de los más grandes elementos de moralizacion, le era desconocido tambien; la pereza habia sido para él como una protesta contra la tiranía del amo y como una resistencia á la explotacion; de la mentira habia hecho su defensa; del disimulo su virtud; del robo casi un recurso, porque era como la restitucion que hacian de lo que les robaban.
Esto lo comprendió el Norte, y al convencimiento siguió inmediatamente la práctica de la doctrina de regeneracion.
La oficina de emancipadostomó la iniciativa del movimiento civilizador; las diferentes religiones entraron en la competencia del bien; las sociedades de beneficencia se esforzaron por asimilar al conjunto social, y los mismos hombres del Sur encubrieron sus celos y dominaron sus recuerdos, para seguir la tarea de reconstruccion.
Fué tan eficaz el impulso, que sacerdotes, preceptores, sabios, y útiles trabajadores, salieron de entre los negros, incorporándose á la masa comun y resolviendo dificultades.
Ahora se ocupan los hombres pensadores de esa reconstruccion, haciendo efectiva la igualdad por los intereses, y esa es la cuestion económica y de tarifas sembrada de dificultades y peligros.
La llegada de nuestros compañeros, que habian ido á visitar el Niágara y Nueva-York, nos distrajo de aquellas reflexiones, objeto frecuente de nuestra conversacion.
Llegaban, entre otros, Joaquin Alcalde, mi hijo Francisco, Cárlos Alvarez Rul y José Iglesias Calderon.
Nuestro gozo fué extremo: Alcalde hablaba de la grandiosidad del Niágara, su aspecto sublime cubierto de nieve, y las peligrosas excursiones sobre el hielo, con sus largos bastones, sus capotes de hule y sus espigas en el calzado.
Francisco me hizo muy buenas reflexiones sobre ferrocarriles de vía ancha y angosta, los puentes colgantes, telégrafos y otras cosas conexas con sus estudios favoritos; José Iglesias traia vistas y apuntaciones del acueducto de Chicago y del Lago de Michigan, y Cárlos Alvarez Rul, que se habia captado nuestras simpatías por su finura, su valor y sualegría en medio de los trabajos, además de observaciones curiosas sobre el servicio de las postas y telégrafos, charlaba de lo lindo sobre costumbres,restaurantsyladies, á las que no sé á punto fijo si es afecto, pero sí me consta que ve con particular atencion.
Aquel encuentro fué como un relámpago de contento: nos dispersábamos en la mañana en todas direcciones y despues, muchachos y viejos, venian á mi cuarto, donde se bebia siempre y siempre imperaba el buen humor.
—Apunte vd., me decia Alcalde, lo que dice este libro, que es curioso: "Cartas sobre los Estados-Unidos y el Canadá." Aquí, pág. 240, lea vd.
"El comercio del algodon, el grande artículo de riqueza de Orleans, del que exporta un millon quinientas ó seiscientas mil balas, está concentrado en la calle de Carondelet, donde se encuentra elCotton Exchange, propiedad privada de una asociacion. Hora por hora se inscriben con gis en grandes tablas negras, todas las noticias concernientes á la cosecha, estado de los mercados en los Estados-Unidos y en Europa, etc., etc.
"Más léjos se encuentra el cuartel, especialmente dedicado al comercio de los productos del Oeste, lardo, carnes saladas, maíces y harinas."
Otros me hablaban de los edificios, los otros de los paseos......
—Piano.... piano.... chicos, les decia yo á todos, que no se ganó Zamora en una hora.