II

IIPreparativos de partida.—La partida.—Procesion de San Patricio.—Quintero.—Romance á la Sra. Townsed.—Xarifa.

Preparativos de partida.—La partida.—Procesion de San Patricio.—Quintero.—Romance á la Sra. Townsed.—Xarifa.

Tal vez, ó sin tal vez, voy á decir una cosa impertinente (¡qué modesto!) una cosa impertinente á mis lectores; pero estoy tan acostumbrado á platicar con ellos cuanto se me ocurre, que son como de casa, como que vivo entre ellos, y maldita la vergüenza que me da recibirlos de bata y en pantuflas, artículos que desconozco, ó de guante blanco y frac de etiqueta; por supuesto, equipo que.... no me pega.

La cosita que tengo que decir es, que cuando estando en la patria se me ausenta una persona querida, se me figura que él es quien va al peligro y la muerte.... el que se va se pierde en la sombra, y me parece que asume la responsabilidad de su resurreccion; creo que me queda en custodia su vida y siento en mis manos el hilo frágil que me lo puede devolver; pero cuando yo estoy en el extranjero y álguien que posee mis afectos marcha á la patria, siento como que cierra tras sí las puertas de mi prision; me siento enterrado vivo; se lleva mis esperanzas el ausente.... marcha á la region de la luz; se queda conmigo mi cadáver......

Así sentia, así me atormentaba la próxima partida de mi hijo.... mi patria, mi fuerza, mi corazon, se iban con él....

Por otra parte, es tal la fuerza vivífica de la juventud, que á su paso, la novedad, la miseria, el peligro mismo se revisten de los arreos del romance: un viaje es una leyenda en accion, y sus peripecias, como estrofas del poema de nuestros sentimientos.

Pero el viaje del viejo es el descarrío de su camino de muerte; es sentir el frio del desamparo cuando necesitan nuestros miembros el calor del hogar; es el troncharse la rama en que el ave, fatigada de la existencia, debia posar su planta y esconder su cabeza bajo el ala inerte......

La vejez en el extranjero es la rama caida en la playa; es el anacronismo y casi el absurdo.... Los envenenadores de las almas, que decretan la expatriacion como medida clemente, son los verdugos de peor ralea.... ponen sobre la hiena la sotana de Rodin....

Era la mañana nublada y triste; mi cama estaba en desórden; ardia la luz amarilla, compañera de mi desvelo y como materializacion de mi alma.... el amago de muerte estaba como un cadáver entre mi hijo y yo..............

Cuando alcé los ojos.... estaba en los brazos de José Iglesias Calderon, jóven lleno de virtudes, y á quien, como á todos los hijos de Iglesias, amo como á mis hijos......

El primer dia negro de mi residencia en la expatriacion, cayó sobre mí; la soledad se me apareció en el extranjero; la luz era como un inmenso paño mortuorio; el sol como un cráneo.... mi alma quedó como velando, en la solemnidad del abandono, mi cadáver..........

A los pocos dias de la partida de mi amado hijo Francisco, de José Iglesias Calderon y de Alvarez, la bulla y la algazara de la calle me hicieron trepar á las altas regiones de mi ventana, desde donde distinguia obtuso y sesgo un lienzo de la calle del Canal.

Gentío inmenso, tropas vestidas de un verde chillante, músicas militares, caballos, estandartes, ramos, listones y banderas verdes.... Era el 18 de Marzo: los irlandeses celebraban á San Patricio, su Santo Apóstol, el iniciador de su civilizacion; hacian patria y daban rienda suelta á las más puras reminiscencias de sus corazones.

La procesion fué larguísima: caballeros de sombreros montados, formando descubierta; carruajes y caballos en interminables hileras, y en alto banderas verdes con las estrellas de plata y los ocho rayos simbólicos, arpas bordadas y borlas y cordones lujosísimos. Verdegueaba como un campo fértil andando, aquella procesion.

Segun me pareció, dividíase en secciones la procesion: cada una de ellas con su música y sus distintivos especiales, para distintas compañías de beneficencia, socorro, apagar incendios, etc., etc.

En varios estandartes brillaba el nombre de O'Cononell, el hombre eminente, el ciudadano ilustre, el orador elocuentísimo, el defensor de los derechos de la Irlanda.

En todas las casas de los irlandeses habia cortinas, gallardetes y señales de regocijo. La cerveza corria á torrentes, en honra y gloria de la verde Erin, y en la tarde y noche hubo su iluminacion, y San Patricio, sin trabajo, hubiera podido distinguir á sus amados hijos entre las sombras de la noche, solo en el trastrabillar de sus paseos y en aquella facundia y en aquel meneo que produce el alcohol.

Las maritornes del hotel estaban como unas aleluyas; yo les mostré mi decidida devocion por San Patricio, y les dí unas monedillas para que las preces que le dirigiesen no fuesen del todo desairadas.

Al fin, no me pude contener, y como un bobo, me mezclé en la procesion y me dejé flotar entre empellones, trompetazos y ¡hurras! desaforados.

Aunque se trataba de una fiesta cristiana y muy popular, dominaba el colorido yankee, y los regocijos hicieron toda su explosion en el barrio americano.

Iba de lo más distraido y embullangado por la calle de Camp, cuando sentí á álguien enganchado á mi brazo con la mayor confianza.

Volví la cara: era el pelo rubio, la nariz larga, los ojos pequeños, y el empinado pescuezo de uno de los millones de ejemplares del yankee neto.

—Don Guillermo, ¿va bien? ¿no quiere un traguito? yo soy como mexicano, allá estoy y mi muchacha está muy bonita mexicana.

—Venga el traguito, sin más averiguacion.

El rubio aquel, cuyo nombre jamás he podido pronunciar, ni escribir, ni retener en la memoria, es dependiente principal de un granrestaurantde la calle del Canal, en que se venden pasteles, aguas minerales, riquísimos helados y licores exquisitos.

No he tratado carácter más jovial ni hombre más afecto á México; sobre todo, más enamorado de las mexicanas.

Tomamos una sola copa.... una sola, no hay que alarmarse, y fuimos siguiendo la procesion por el barrio americano.

Parecíanme angostas las calles, poco ménos que las nuestras; amplias banquetas bajo tendidos tejados, tiendas y cafés con profusion; de vez en cuando altos y elegantes edificios; pero las calles como enmarañadas y sin perspectiva.

A medida que se avanza, las calles se amplían, las casas se extienden en alegres hileras; en vez de los tejados, descubren sus frentes los pórticos americanos, descienden de ellos escalerillas cómodas, aparecen y se multiplican los pequeños jardines y tapizan las paredes colgaduras de caprichosas enredaderas, salpicadas de vistosas flores.

Se avanza más y se espacía la vista en calzadas frondosísimas, en grupos de árboles y en laberintos de flores, sembrados de casas risueñas en que parece residir la luz, la riqueza y la alegría.

Por las bocacalles de esas mismas avenidas alegres, verdeguean los campos, clarean tramos sin habitantes, y se aislan, ya fincas opulentas, ya humildísimas chozas, entre cuyas mal ajustadas latas brillan los ojos, blanquean los dientes y se distinguen las tenebrosas fisonomías de los negros.

Mi amable compañero, á quien llamaremos Trik, respondia á todas mis preguntas, deshacia mis equivocaciones.

—Tiene vd. razon, me decia; aquella tupida arboleda es un delicioso paseo que se llama elDique; ese dique ó borde que enfrena al rio, tiene quince piés de ancho y cuatro de alto: el paseo es muy concurrido en otoño y en invierno; aquellos elegantes carruajes, aquellos ginetes que ve vd. entre esos árboles, van alDique.

A nuestro regreso del paseo, me dió M. Trik una preciosa guía de Orleans, y de ella, por primer envite, traduje lo siguiente:

"El sitio en que está Nueva-Orleans fué medido en 1717 por De la Tour: se pretendió fundar la ciudad en 1718; pero se abandonó por las inundaciones y las enfermedades, entre las que imperaba la fiebre.

"En 1723 se restableció el proyecto de fundacion, y la poseyeron los franceses hasta 1729. Los españoles la quitaron á los franceses y dominaron hasta 1801, volviendo al mando de los franceses hasta 1803, que con la provincia de la Louisiana, se cedió á los Estados-Unidos: fué erigida ciudad en 1804, y en 1868 se declaró capital del Estado.

"Los sucesos más memorables de la historia de Nueva-Orleans, son: la batalla de 8 de Enero de 1815, en que los ingleses fueron derrotados por Andrew-Jackson, y la toma de la ciudad por el Almirante Farragust, en 24 de Abril de 1862. En 1810, siete años despues de la cesion á los Estados-Unidos, la poblacion de Nueva-Orleans era de 17,243 personas. En 1850, habia aumentado hasta 116,375; en 1860, á 168,675; y en 1870, á 191,418. En 1875, las autoridades locales computaban la poblacion en 210,000 almas."

Desde que se decidió nuestra marcha á Orleans, tres propósitos empezaron á bullir en mi cerebro con más fuerza que otros: uno, dar quinientos abrazos y solazar mi espíritu charlando á velas desplegadas con J. A. Quintero, mi amigo, mi hermano, uno de esos caractéres que son mi delicia, á quienes sus detractores llaman atrabancados y locos, por más que en sus acciones graves se revele el caballero, el hombre de estudio y la persona de noble corazon, sin monerías y sin comedias.

El segundo de mis propósitos era visitar á la Sra. Ashley de Townsed, eminente poetisa y escritora de sobresaliente mérito.

A. Xarifa, es el seudónimo con que se firma la señora: la conocí en México, donde tuve ocasion de admirar su finura y talento: me distinguió con sus bondades y siguió conmigo una correspondencia, que es una joya en el tesoro de mis recuerdos.

Por último, mi tercer propósito era visitar con reverente ternura los lugares en que viví la vida de Juarez, cuando en 1858 tocamos en Orleans los asendereados personajes dela familia enferma.

¡Qué bella es la plenitud de la vida y qué paraíso de ilusiones es el alma! ¡qué extendidos y qué color de rosa se perciben los horizontes del porvenir!

In illo tempora, otros compañeros y yo, salimos del Manzanillo, atravesamos el Istmo de Panamá, desafiamos las tormentas del Cabo de San Antonio, vimos á vuelo de pájaro la Habana, respirando sus auras perfumadas y recreándonos con su gentil hermosura, y en Abril, despues de cortar las aguas barrosas y tranquilas del Mississippí, nos detuvimosen Orleans, los que fuimos conocidos en la República con el nombre dela familia enferma.

El Sr. Juarez, por un sentimiento de gratitud, lo mismo que Ocampo, quisieron alojarse en la calle deBaranda Conty, en un hotelito de mala muerte, donde en 1854, cuando la persecucion de Santa Ana y misviajes de órden suprema, estuvieron alojados.

El cólera dominaba, lachilla, como llaman en mi tierra á la pobreza, me tenia cogido el cuello con las dos manos; y sin embargo, ¡cuánta alegría en el alma y cuánta sed de aventuras! Con candor realmente infantil le decia yo á Dios: "Por vida de vd., que me pasen muchas aventuras muy curiosas y muy bonitas, para tener que contar."

En efecto, del hotel desmantelado, del servicio pésimo de la patrona formidable de gordura, con su falla como un biombo y su delantal azul, de todo aquello brotaban leyendas y poemas.

Me acuerdo que fuí confinado á una buhardilla ocupada casi exclusivamente por una cama cuya altura apénas me dejaba percibir la sima: fué un escalamiento mi ascenso á ella; apénas la ocupé, me hundí; el colchon era de hoja de maíz y armaba una ruidera, como repique á vuelo, como carreton en empedrado. Las grandes almohadas como cojines cuadrados, no permitian postura á mi cabeza: bogué, nadé, naufragué y amanecí como sentado en el borde de una azotea.... con mis ropas como en un pozo, en una silla cercana á mi lecho.

Sin que se borrara de mi imaginacion una sola línea, tenia frente de mí la fisonomía como de marfil de Domingo Goycoiria; su nariz afilada, sus ojos de llama, enjuto, resuelto, con su barba blanca, cayendo borrascosa sobre su pecho, y meciéndose como una nube cargada de tempestades: este patriota cubano llegó en union de Pedro Santacilia á servirnos, á prestarnos auxilios generosos para la causa de México, y á participar de nuestra suerte cuando no habia halago alguno ni esperanza de recompensa.

Aquella novedad de calles, aquel tráfico, aquellascuarteronasde renombre provocativo y nervioso, todo volvia en tropel á mi mente, sacudia el polvo de mis años y dejaba aletear mi corazon para entonar, dulce como un jilguero, los cantos siempre hermosos de la primavera de la vida.

Tomé apuntaciones sobre la vida y milagros de mi querido poeta Agustin Quintero: vivia en la calle de Dumain y se vivia en la redaccion delPicayune, periódico importantísimo del que es uno de los redactores principales.

En cuanto á Xarifa, no habia sino mandar mi carta al correo; así lo hice, dirigiéndole la siguiente misiva. EseTodel principio vale por un poema:

Ni el golfo con sus encantosY sus tormentas, señora,Ni ver del comercio el carro,Triunfal y lleno de pompaEn estas extrañas playasEn que da luz nuestra historia;Ni las galas de la industria,Ni los primores de Europa,Mi ambicion estimularonComo verte á todas horas,Y soñar cual dizque sueñanLos que tan solo atesoranDe las riquezas del almaLas inestimables joyas;Y con esto delirabaAl venir de California,Cruzando mares de nieveY trepando por las rocas....Pero es el caso que llego,Que la lluvia me aprisiona,Y me trasladan á un cuarto,En una region ignota,Tan vecino de las nubesY en posicion tan exótica,Que estoy esperando un globo,Una cuerda, una maroma,Para volver á la tierraA tratar con las personas.Por aquí nada sabemosDe las mundanales cosas,Ni si los republicanosTriunfaron ó los demócratas;De si Bismark está buenoO si murió de la gota;De si vive el Santo PadreO Víctor Manuel le llora....Por aquí cantan pericosY andan negras como monas;Hay chimeneas á puños,Hollin, humo y tablas rotas,Que explican de los incendiosLas furias devoradoras;Pero nada dePost-Ofice,Ni de correos-palomas,Ni de tubos como en Lóndres,Ni de trompetas de goma....Por esta causa, al acaso,Te dirijo mis memorias;Porque estoy en otro mundo,Porque estoy como en la gloria.Recibe, pues, mis saludosTierna, afable, cariñosa,Como en México lo hiciste,Cuando á tu vista, señora,Mi patria tendió sus lagos,Brotaron sus campos rosas,Para contemplar tu rostroY ofrecerte sus coronas.Fidel.

Ni el golfo con sus encantosY sus tormentas, señora,Ni ver del comercio el carro,Triunfal y lleno de pompaEn estas extrañas playasEn que da luz nuestra historia;Ni las galas de la industria,Ni los primores de Europa,Mi ambicion estimularonComo verte á todas horas,Y soñar cual dizque sueñanLos que tan solo atesoranDe las riquezas del almaLas inestimables joyas;Y con esto delirabaAl venir de California,Cruzando mares de nieveY trepando por las rocas....Pero es el caso que llego,Que la lluvia me aprisiona,Y me trasladan á un cuarto,En una region ignota,Tan vecino de las nubesY en posicion tan exótica,Que estoy esperando un globo,Una cuerda, una maroma,Para volver á la tierraA tratar con las personas.Por aquí nada sabemosDe las mundanales cosas,Ni si los republicanosTriunfaron ó los demócratas;De si Bismark está buenoO si murió de la gota;De si vive el Santo PadreO Víctor Manuel le llora....Por aquí cantan pericosY andan negras como monas;Hay chimeneas á puños,Hollin, humo y tablas rotas,Que explican de los incendiosLas furias devoradoras;Pero nada dePost-Ofice,Ni de correos-palomas,Ni de tubos como en Lóndres,Ni de trompetas de goma....Por esta causa, al acaso,Te dirijo mis memorias;Porque estoy en otro mundo,Porque estoy como en la gloria.Recibe, pues, mis saludosTierna, afable, cariñosa,Como en México lo hiciste,Cuando á tu vista, señora,Mi patria tendió sus lagos,Brotaron sus campos rosas,Para contemplar tu rostroY ofrecerte sus coronas.Fidel.

Ni el golfo con sus encantosY sus tormentas, señora,Ni ver del comercio el carro,Triunfal y lleno de pompaEn estas extrañas playasEn que da luz nuestra historia;Ni las galas de la industria,Ni los primores de Europa,Mi ambicion estimularonComo verte á todas horas,Y soñar cual dizque sueñanLos que tan solo atesoranDe las riquezas del almaLas inestimables joyas;Y con esto delirabaAl venir de California,Cruzando mares de nieveY trepando por las rocas....Pero es el caso que llego,Que la lluvia me aprisiona,Y me trasladan á un cuarto,En una region ignota,Tan vecino de las nubesY en posicion tan exótica,Que estoy esperando un globo,Una cuerda, una maroma,Para volver á la tierraA tratar con las personas.Por aquí nada sabemosDe las mundanales cosas,Ni si los republicanosTriunfaron ó los demócratas;De si Bismark está buenoO si murió de la gota;De si vive el Santo PadreO Víctor Manuel le llora....Por aquí cantan pericosY andan negras como monas;Hay chimeneas á puños,Hollin, humo y tablas rotas,Que explican de los incendiosLas furias devoradoras;Pero nada dePost-Ofice,Ni de correos-palomas,Ni de tubos como en Lóndres,Ni de trompetas de goma....Por esta causa, al acaso,Te dirijo mis memorias;Porque estoy en otro mundo,Porque estoy como en la gloria.Recibe, pues, mis saludosTierna, afable, cariñosa,Como en México lo hiciste,Cuando á tu vista, señora,Mi patria tendió sus lagos,Brotaron sus campos rosas,Para contemplar tu rostroY ofrecerte sus coronas.Fidel.

Ni el golfo con sus encantos

Y sus tormentas, señora,

Ni ver del comercio el carro,

Triunfal y lleno de pompa

En estas extrañas playas

En que da luz nuestra historia;

Ni las galas de la industria,

Ni los primores de Europa,

Mi ambicion estimularon

Como verte á todas horas,

Y soñar cual dizque sueñan

Los que tan solo atesoran

De las riquezas del alma

Las inestimables joyas;

Y con esto deliraba

Al venir de California,

Cruzando mares de nieve

Y trepando por las rocas....

Pero es el caso que llego,

Que la lluvia me aprisiona,

Y me trasladan á un cuarto,

En una region ignota,

Tan vecino de las nubes

Y en posicion tan exótica,

Que estoy esperando un globo,

Una cuerda, una maroma,

Para volver á la tierra

A tratar con las personas.

Por aquí nada sabemos

De las mundanales cosas,

Ni si los republicanos

Triunfaron ó los demócratas;

De si Bismark está bueno

O si murió de la gota;

De si vive el Santo Padre

O Víctor Manuel le llora....

Por aquí cantan pericos

Y andan negras como monas;

Hay chimeneas á puños,

Hollin, humo y tablas rotas,

Que explican de los incendios

Las furias devoradoras;

Pero nada dePost-Ofice,

Ni de correos-palomas,

Ni de tubos como en Lóndres,

Ni de trompetas de goma....

Por esta causa, al acaso,

Te dirijo mis memorias;

Porque estoy en otro mundo,

Porque estoy como en la gloria.

Recibe, pues, mis saludos

Tierna, afable, cariñosa,

Como en México lo hiciste,

Cuando á tu vista, señora,

Mi patria tendió sus lagos,

Brotaron sus campos rosas,

Para contemplar tu rostro

Y ofrecerte sus coronas.

Fidel.

Lo primero que me preocupa cuando se trata de una visita ó cosa semejante, es la revista de mi equipo y, cosa rara, mi cuerpo tiene una semejanza perfecta con los cuerpos del ejército de mi país; gasta sumas fabulosas en su equipo y arreos, y apénas se exige de él cualquier servicio formal, carece de todo y descubre poridades no para escuchadas. A la más leve medicina, descubre, como las viejas, una complicacion de enfermedades que espanta al médico....

Pues como iba yo diciendo, pasaba revista á mi equipo.

Mi camisa estaba como sentada en una silla, con la corbata lista y los brazos cruzados con extraña circunspeccion.

Mis pantalones sobre una silla y con sus piernas medio encogidas, los botines como si fueran á dar su paseo por su cuenta y riesgo, la levita ceremoniosa y echada hácia adelante en el perchero, y el desgoznado sombrero ladeado, picaresco, sobre la bombilla del quinqué.... cuando prévio unrecio toque se entró en mi cuarto M. Trick, y no hubo remedio, fuimos á dar un paseo.

En el conjunto de la ciudad se observa que convalece de un mal que ha puesto en peligro su vida, y que la reaparicion de la existencia se verifica entre los estragos de la pasada lucha con la muerte.

Se me figuraba ver un campo con troncos de árbol desnudos de sus hojas, y otros rajados por el rayo, que sin descuajarse la nieve del riguroso invierno, deja ver naciente la verde sementera y como en promesa la abundante cosecha.

Así, en las calles en que el esfuerzo verifica agradables resurecciones, se ve el edificio desmantelado con las puertas y ventanas sin hojas ni cubiertas, con las vigas en que deberian descansar los suelos, como un costillar, y con las paredes con los rastros negros, fantásticos, que ha dejado la llama que expiró sobre aquellos muros, retorciéndose sin alimento.

Se alza una morada voluptuosa como una bailarina de Canova, junto á una ruina, y en el campo contiguo en que crece la yerba, se perciben restos de una opulenta mansion, y pastan los animales con la tranquilidad que en un desierto.

A dos pasos corre una calle magnífica entre los árboles, con todo el bullicio y la alegría de un tráfico fecundo.

Al recorrer la calle del Canal por la frontera del barrio frances, yo sospechaba toda la postracion y decadencia de ese barrio.

Con excepcion de la avenida de la Levé, es decir, la orilla del rio y las tiendas y mercados de ese rumbo, las bocacalles parecian conducir á encrucijadas y vericuetos maltratados.

Como algunos elegantes de aparato, que hacen alarde de compostura y hasta de riqueza, cuando están en contacto con gente fina, y al alejarse del centro se calan su sombrero ancho, se cantean su jorongo y se confunden con lapelusa, como ellos suelen llamar al populacho.

La avenida de la Levé da idea del poderoso tráfico de esa ciudad riquísima.

Las calles son séries de opulentos almacenes en las cercanías del canal; pero á medida que avanzan, es el barrilaje, y son los fardos, las churlas y botijas, las botas de grasas y las salazones y pescados, oscuridad en que naufraga un pico de gas, luz de dia que muere pálida, entre cajones, pipotes y carnazas, y hombres de cachuchas de pico sesgado, grandes pipas, camisas bambochas, pantalones abajo de los cuadriles y chancletas como hechas de la piel de un sapo despatarrado.

Wagones, ómnibus, carros, plataformas, todo lo rodante, todo lo pujante, todo lo que va y viene, y se vierte, se escurre, se carga ó se rueda, pasa por aquel esófago que absorbe en el rio y sus cercanías, y se desahoga en la calle del Canal.

La avenida de que hablamos, tiene á la derecha casas; á la izquierda, los almacenes descritos, con las puertas bajo un corrido tejado y su banqueta de asfalto eternamente obstruida por tercios, cargadores, vendedores y mujeres destartaladas y elásticas, que ya se embuten, ya se escurren y ya flotan con canastos, pollos y verduras entre el gentío.

La calle, angosta en su principio, con tiendas de modas, almacenes de ropa, sombrererías, zapaterías, etc., se abre y deja ver el rio, con esa ciudad flotante en donde las aguasson calles, los navíos palacios movedizos, los botes como wagones, y que entre un bosque de mástiles y banderas de todas las naciones del globo, hierve, se afana y trabaja, como compendiándose, la humanidad entera, como para dar una muestra de la confraternidad de los mundos antiguo y moderno.

En esa desviacion de la calle, y siguiendo la curva del rio magnífico, que tiene cerca de una legua de anchura en algunos puntos, se extiende un envigado fuerte y compacto de más de cincuenta varas de extension: en varias partes, aquella calzada de madera está amplia y despejada por la parte que da á tierra, y penetran á ella transeuntes, carros y carruajes; del lado del rio toca á las embarcaciones, que á veces llegan á mil ó mil quinientas, y que dejan sospechar el aturdidor, el estupendo movimiento de aquel puerto.

Nueva-Orleans es el emporio del comercio de algodon en el mundo, y además del algodon, exporta azúcar, tabaco, harina, carne de cerdo y algunas insignificantes manufacturas, todo por valor de 93.715,710 pesos.

Las importaciones de café, azúcar, sal, fierro, tejidos y licores, llegaron en 1874, que fueron los datos más recientes que pude procurarme del momento, á 14.533,864 pesos.

Es decir, más de ciento ocho millones de pesos dan aliento y aseguran la vida y la opulencia de Orleans.

En ese lado del rio, en contacto con el buque, se afianzan las ramblas para la carga y descarga, se inspecciona, se pesa, se mide, se contrata y tienen sus divisiones los muelles, que perciben los comerciantes con tino certero.

Todos los trages, todos los idiomas, todos los gestos, todoslos aciertos y los disparates de la conformacion humana, se encuentran en aquellos lugares; venciendo á la máquina del bote, y á la locomotora, y á la tempestad, la algazara del negro que parece que se va á desgajar en canal, al estallido de sus desvergüenzas y de sus carcajadas.

Siguiendo la frontera de la calle del Canal, nos espía la calle Chartres, la de Royal con mayor compostura, con sus frecuentesbar-rooms, los morillos de las barberías pintados con listas blancas, azules y encarnadas, los escaparates de las floristas y los grandes cristales en que librerías, dulcerías, yrestaurants, exponen, ya los primores literarios, ya las golosinas más provocativas, ya jamones suculentos, con su azúcar quemada como maque, ya pavos ceremoniosos, como cualquier enviado diplomático, con su cogollo de lechuga en el pico, y su polvo de yema de huevo tendido á su espalda, como un manto de oro.

En lontananza, bajo sombríos tejados, se ven charcos y hundiciones, suciedad y destruccion, en medio de casas elegantes, de templos magníficos y bellísimos jardines. Lo que para mí era insoportable, era ese caño al descubierto que corre pegado á las banquetas, de uno y otro lado de las calles. En el barrio frances, esas fajas inmundas son pestilentes y asquerosas sobre toda ponderacion.

Yendo por toda la calle de la Levé, en dificilísimo tránsito, me llevó mi amigo al centro de un extenso cuadrado limitado por altas rejas de fierro, encerrando un bonito jardin con sus calles bien compartidas y delineadas, de menuda arena, y sus árboles formando afectada simetría. Con los ramajes de esos árboles se han formado como toneles, como canastos y otras figuras, recortándolos con tan exquisitocuidado, que más parecen muebles que árboles los que constituyen el ornato de la plaza.

Yo no sé por qué me parece una degradacion de la naturaleza semejante afectacion; se me figuran esos árboles los sopranos de la vegetacion; creo que se les condena á un afeite; como cuando se atusa á un caballo las crines; cuando se rapa medio cuerpo de un perrillo; cuando se ciega á un pato para hacer más sabrosa la carne. Detesto la moda, abomino ese afeminamiento del arbolado, me repugna, me endiabla.

Bajo tales auspicios ví esa plaza, que está como embutida en el cuadrado que forman mercado y almacenes, la Levé y la antigua Catedral: para que fuese ménos grata mi impresion, la estatua de Jackson, que domina la plaza, dista mucho de merecer los parabienes del arte.

Conoció mi querido Trik mi disgusto y me colocó frente á la Catedral, cuyo tipo, netamente español, cuya semejanza con muchas de nuestras iglesias de segundo órden, despertaba mis recuerdos alentando mi curiosidad.

La arquitectura de la Catedral es irregular; se semeja á la fachada de la Piedad ó Atzcapotzalco, pero más ancha y chaparra: tiene dos torres como dos orejas de liebre; en medio un retablo ó campanario, como varias de nuestras iglesias de pueblo; á los lados de la Catedral hay dos alas de edificios con cierto tipo conventual.

—Este edificio, me decia M. Trik, que tenia en las uñas la Guía de Orleans y la magnífica historia de la Luisiana de Mr. Gayllaré, este edificio es el tercero que se edifica en este lugar: el primero era de madera y adobe, tosco y primitivo puede decirse; se concluyó en 1728, y era tan feo,que cuando el huracan de 1733 lo destruyó, la gente se consolaba de muchas pérdidas con la desaparicion de aquel Cuasimodo de la arquitectura.

Armada de punta en blanco, apareció en el mismo lugar la segunda Catedral, más elegante, más coqueta, de madera y ladrillo, é hizo las reverencias de su estreno por los años de 1734 ó de 1735.

Luego que los señores obispos vieron el buen continente de esa Catedral, la ocuparon y cobró alto rango. Pero cate vd. que en 1788, Viérnes Santo por más señas, estalla en las inmediaciones de la Catedral el incendio, se levantan devoradoras olas de llama, la poblacion se llena de terror, como novecientas casas se hunden en aquel piélago de destruccion, y confunde sus restos la Catedral, y vuela en cenizas como las opulentas casas y las risueñas residencias víctimas del incendio.

El terreno en que estuvo la iglesia quedó abandonado; los cristianos que habian orado en aquel templo, se descubrian frente al manchon negro que formaba la tierra, con las cenizas de los altares y los huesos calcinados de los sepulcros.

Por aquellos tiempos era regidor perpétuo de Orleans el Sr. D. Andrés Almonaster, quien, escuchando las sugestiones de su corazon piadoso, emprendió, costeando de su peculio, la Catedral existente que se fundó en 1792 y se concluyó en 1794.

Las alas del edificio, que mucho tiempo ocuparon los Padres de San Luis, como se ve de su arquitectura, las rejas de sus puertas y la conformacion en general, sirven hoy para el despacho de los tribunales.

La arquitectura irregular de la iglesia desaparece luego que se entra al templo.

Se encuentra uno en un vestíbulo interior de altas y gruesas columnas, y desde él se percibe en su conjunto el templo, que se semeja un tanto á la Profesa de México, aunque le es inferior bajo muchos aspectos.

Tiene el templo tres amplias naves: la central, del todo descubierta, y en las laterales esos tapancos ó corredores con bancas y sillas comunes á los templos de los Estados-Unidos, y que le dan aspecto de teatro. Sobre la puerta de la entrada, en extenso cuadrado, en un barandal volado sobre la iglesia, están el órgano, que es magnífico, lugar para la orquesta y espacio competente para el coro y los cantores.

Dos grandes altares llamaron desde luego mi atencion: el mayor, dedicado á Nuestra Señora de Lourdes; el de San Francisco de Asis, cuya imágen me pareció hermosa y de correcto dibujo.

Cerca del altar de San Francisco se levanta severo y majestuoso el sepulcro del ilustre fundador de la Catedral, y se lee en una gran lápida la siguiente inscripcion medio borrada:

Aquí reposa el cadáver del Sr. D. Andrés Almonaster de Rojas, natural de Mayrena, en Andalucía, que falleció en Nueva-Orleans el dia 26 de Abril de 1798, á los setenta y cuatro años de su edad. Fué caballero de la Orden de Cárlos III, Coronel de Milicias, fundador de los Hospitales de San Cárlos y San Lázaro, así como del Convento de Ursulinas. Fundó la escuela de niñas Girlls Shool y de la Presbiteriana, cuyos edificios se hicieron en esta ciudad á sus expensas.—R. I. P.

Las pinturas que ví en el templo, aunque me las elogiaron de sobresalientes, encareciéndome la de la Transfiguracion, la Sacra Familia y San Luis, no las pude examinar.

A la salida del templo ví de nuevo el jardin.

No es posible describir la impresion de disgusto que se apodera de mí con la vista, muy comun por cierto en los Estados-Unidos, de los árboles recortados, que á fuerza de artificios se les cambia de figuras, y ya son como macetones, ya como barriles, ya tienen aun tendencias á remedar la figura humana!

¿Habrá vd. visto adefecio?

A mí me parece la tortura del árbol; me parece como á esos niños de los saltimbanquis que quebrantan y descoyuntan para especular con ellos: es tan repugnante, como la gorda presumida que hace del corsé un cincho tiránico; se semeja á las que se sahuman para estar pálidas. Cuando un estúpido pinta su sombrero de verde y á su perro de azul ó colorado, simplemente viste de fantasía al perro y él se pone en ridículo; el que á fuerza de adherencias de carton y de pinturas diera á una mula el aspecto de una choza y á un caballo el de una carretela, podia reclamar la atencion por la originalidad de su capricho; pero desnaturalizar al árbol mutilándolo, no puede ser bello, como no es bello que atusen á un caballo sus hermosas crines para convertirlo en caballo de ajedrez. Y lleven mis lectores por partida doble mis diatribas sobre los árboles.

M. Trik no estaba muy de acuerdo con mis observaciones, y me citaba los muros de verde de algunas calles y jardines.

Para completar nuestro paseo, supliqué á mi complacienteamigo me condujese al grande edificio de la calle del Canal, que contiene á la vez, en sus bajos, la oficina de correos, y en los altos, el despacho de la aduana.

Cuando en 1858 visité la obra que estaba para concluirse, en compañía de M. La Serre y de M. Benjamin, eminente orador de los Estados-Unidos, confieso que me sorprendió la magnificencia del edificio.

Entónces parecian tres edificios: el que formaban de madera, andamios y tránsitos, el de granitos y un último que era como una incrustacion hermosísima de mármol con todas las galas de la arquitectura y los primores del bajo relieve.

Recordaba, aunque muy confusamente, una máquina colocada en el que deberia ser patio del edificio, como una asta robustísima de fierro; la máquina tenia sus coyunturas, como un brazo y una mano: cuando era conveniente, se inclinaba la mano desde una inmensa altura, agarraba la piedra enorme ó el objeto, por pesado que fuese, en que se colocaba, y lo subia á la azotea, girando y poniéndola á discrecion del operario.

Recuerdo tambien que no pude contener la manifestacion de mi asombro cuando ví funcionar un ferrocarril cuyos rieles estaban enclavados en la anchura del muro exterior, y que conducia al rededor de él los materiales de la obra. Los conductores corrian muy frescos al borde de aquel precipicio espantoso.

Me parecia que recordaba, del otro lado del rio, fertilísimos campos, alegres y vistosos jardines, y que me repugnó ver á las mujeres con la azada en la mano, espectáculo que al grande Juarez le fué insoportable.

Recuerdo que desde aquella inmensa altura seguí las sinuosidades del rio y me parecia como una C mayúscula colocada así, ∪ con dos cintas en sus extremos, como el ruedo de una gola sobre el pecho de una dama, con los broches sueltos; pero estos recuerdos eran tan confusos, tan mezclados á las fisonomías de Ocampo, de Juarez, de Leon Guzman, Manuel Ruiz y otros, que me parecia que todo lo estaba viendo en un sueño.

M. Trik me habia colocado á la entrada del edificio.

La parte que da al canal está obstruida por piedras y escombros; cuando volví la cara, M. Trik estaba con su "Guía de Nueva-Orleans" abierta, leyéndome:

"La aduana (Custom house).

"El año de 1845, la municipalidad de Nueva-Orleans ofreció á los Estados-Unidos diversos sitios para establecer una aduana digna del comercio floreciente de aquella ciudad.

"Los Estados-Unidos aceptaron la proposicion, y el secretario del Tesoro eligió el lugar en que hoy está la aduana como el más conveniente.

"En 22 de Noviembre de 1847, se adoptaron los planos de A. J. Wood, y comenzó la obra en 23 de Octubre de 1848.

"Los trabajos continuaron con más ó ménos actividad, segun lo permitian los recursos, suspendiéndose cuando estalló la guerra.

"Concluida la guerra, se emprendieron de nuevo bajo la direccion del coronel Morse.

"El edificio estaba materialmente lleno de escombros, yel primer trabajo fué limpiar el local que sirve actualmente como oficina de correos.

"En el edificio de que nos ocupamos está elBusiness Room.

"Es el despacho más elegante del mundo; tiene de superficie 125 piés de largo por 95 de ancho, y su altura es de 44 piés.

"Catorce elegantes y esbeltas columnas están colocadas con objeto de dar á la parte central destinada al público, un espacio de 65 piés de largo por 45 de ancho: en la parte que lo circunda están colocados empleados y dependientes.

"Las columnas son de órden corintio con bases áticas, pulida la parte baja de los capiteles, que en cada una de sus fases tiene distintas alegorías con bajos relieves, representando unas á Juno, otras á Mercurio, entre plantas de algodon y de tabaco.

"El pavimento es de mármol blanco y negro, con cenefas de negro entre columna y columna. Tiene diez y seis tragaluces para comunicar luz al piso inferior, y son planchas que remedan mármol verde incrustado en el mármol blanco, formando cada una el centro de una estrella.

"Las estufas son de mármol, de figura hexágona, y se calienta el despacho por vapor.

"El conjunto de este departamento es un triunfo maravilloso del arte y del génio del hombre, que es necesario ver para poder apreciar.

"El habilísimo superintendente, Mr. Jhon J. Hannan, merece los más entusiastas elogios por haber dirigido y concluido la oficina de correos y muy especialmente el departamento que se acaba de bosquejar."

—En esta Guía del Viajero que ve vd. aquí, dije interrumpiendo á Mr. Trik, hay otros detalles curiosos sobre la aduana. Es evidentemente una exageracion, añadí, ponerla en segundo lugar del Capitolio de Washington. Lo que sigue sí me parece exacto:

"El edificio de la aduana es de granito de Quincy, traido aquí de Massachussets. Su frente principal es de ciento once varas por la calle del Canal; por la calle que se llama de la Aduana, poco más de ochenta varas; el del nuevo dique, de ciento tres varas, y el del antiguo, cerca de cien.

"La altura es de treinta varas."

El conjunto del edificio es imponente y severo, sirviendo con toda holgura para sus objetos.

Como se ha dicho, la parte baja del edificio está destinada al correo: por amplias y altas puertas se penetra á un corredor interior con pavimento de mármol azul y blanco.

Limita el corredor un alto cancel con sus ventanillas de trecho en trecho, para venta de sellos, franqueo de la correspondencia y direccion por buzones separados, siendo el público mismo el distribuidor de su correspondencia y teniendo al recogerse, por la parte interior, una nueva y eficaz revision.

Las paredes del edificio ó cancel interior están formadas por cajitas pequeñas de los apartados, con sus puertecitas que se abren hácia afuera y de las que cada abonado ó alquilador tiene su llave, con la que abre cuando le parece, sin necesidad de importunar á los dependientes del despacho.

Aunque la correspondencia la distribuyen los carteros,porque nunca el americano falta á la costumbre de poner el nombre de la calle y número de la carta que dirige, hay extranjeros que faltan á la costumbre y personas que anotan que quedan en la oficina las cartas; para éstas y para las cartas rezagadas se ponen listas, tomadas de los periódicos, que se fijan por determinado tiempo en las paredes.

En un lugar adecuado están en carteles expuestos al público, los dias de entrada y salida de vapores, así como de los buques que arriban al puerto y todas las noticias conducentes á las comunicaciones.

Al regresar á mi alojamiento con Mr. Trik, de mi primera estacion, me fijé en los ferrocarriles urbanos que tienen su punto de partida y de regreso al pié de la estatua de Clay. Son muchas las vías férreas, los wagones están tirados por caballos y mulas, á las que les atusan las colas, que se ven como chicotes de carrero.

Entre las líneas de trenes urbanos se distingue una conducida por vapor; la máquina va dentro un wagon y camina muy aceleradamente y con toda seguridad. El precio comun son cinco centavos.

Circulan además numerosos ómnibus, que esperan á los pasajeros á la llegada de los trenes: hay carruajes elegantes tirados por caballos, que se alquilan á dos pesos por hora: varias líneas férreas unen la ciudad con Algiers, Magdonal y Gritroi, y otros preciosos pueblecitos situados del otro lado del rio.

Mr. Trik no quiso que nos despidiésemos sin visitar un elegantebar-roomen que se bebe deliciosa cerveza y se escucha uno de esos órganos estupendos como el deClif-Housede San Francisco.

Al separarnos me encareció Mr. Trik las ventajas de la vida en una casa de huéspedes, ó con alguna de las muchas familias que viven fuera del centro de la poblacion, en esas casitas pintorescas y poéticas de la Explanada, Rampart ó Carrondelet.

—Verá vd., me decia con su carácter movedizo y alegre, verá vd., lo presento á vd. en muchas casas.... y vd. estudia y elige.

Aquella era una espectativa de excursiones, que bien necesitaba yo para conocer en lo posible una poblacion, que aunque con el prestigio de mil recuerdos, la veia bajo auspicios de profunda tristeza.


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