XXIXEspíritu de asociacion.—La Sociedad para prevenir las crueldades contra los animales.—El Dr. Valentin.—El Sr. Bergh.—Un sermon elocuente en favor de los animales (nada de materias).—Sérias meditaciones por encontrarme hecho un animal en el inglés.—Una lavandera como una Lucrecia.—Varias equivocaciones.
Espíritu de asociacion.—La Sociedad para prevenir las crueldades contra los animales.—El Dr. Valentin.—El Sr. Bergh.—Un sermon elocuente en favor de los animales (nada de materias).—Sérias meditaciones por encontrarme hecho un animal en el inglés.—Una lavandera como una Lucrecia.—Varias equivocaciones.
La asociacion, esa faz de la confraternidad humana, ese medio de multiplicar la luz y la fuerza, tiene en este país su más sorprendente desarrollo; es el contraveneno del socialismo, cria toda una política y una manera de ser de este pueblo admirable. Establece el nivel, no poniendo en accion la envidia y las malas pasiones para abatir al que sobresale, no; sino haciendo funcionar la inteligencia por agregaciones armónicas y encendida la noble emulacion, sobrepujar á los que van delante y están delante. ¡Cuán fecunda es en consideraciones esta simple manera de comprender las cosas del pueblo americano!
Entre las sociedades que florecen en esta tierra, la que se titulaSociedad Americana para prevenir las crueldades contra los animales, era objeto de mi constante curiosidad.
El infatigable D. Andrés tiene amistad con el Dr. Valentin, aleman de nacimiento, sabio arqueólogo, profundo en el conocimiento de las lenguas, modesto y afable, un caballero tal como podia apetecerse para hacer una visita á la Sociedad de que es presidente M. Henry Bergh, amigo de nuestro doctor.
Está situado el despacho de la Sociedad en la esquina de la calle 22 de la Cuarta Avenida; sobre el pórtico, de construccion árabe, se ve un caballo que parece hacer muy formal centinela al establecimiento de beneficencia.
Hay un letrero en la puerta que dice: "Remember that He who made thee made the brute."
Confieso mi pecado; aunque tenia idea de estos establecimientos en Europa, no les daba la formalidad que en sí tienen y que aquí comprendí; me parecia que era bastante ocuparse de las gentes para descender á los caballos, declarándolos punto ménos que nuestros semejantes.
Presentamos en un escritorio nuestras tarjetas para que se diera parte al director.
Varios empleados estaban ocupados en afanosos trabajos. Nosotros recorrimos los cuadros que adornan la pieza.
Los cuadros son recuerdos del martirologio de los animales. Vese por allí un perro sangrando, vencido en el combate á que lo azuzaron por especulacion; más adelante un gato gesticula atormentado por los chicos; como que implora piedad un rocin flaco y lleno de mataduras, tirando de un carro con un peso enorme.... Interrumpió nuestrarevista el criado, que anunció que nos esperaba el Sr. Bergh.
Representa el estimable presidente de la Sociedad que visitamos, unos cuarenta y cinco años. Es pálido y de apergaminadas carnes, ojos claros y lacio cabello, que cae sobre su frente.
El Sr. Bergh ha viajado mucho, hizo su carrera en el cuerpo diplomático, conoce varios idiomas y posee conocimientos no vulgares en ciencias y en literatura.
Recibiónos con suma afabilidad en un precioso saloncito, lleno de libros, de periódicos, de instrumentos y de frenos, herraduras, collares y lo conducente al alivio de los animales.
Cuelgan de las paredes, con sus notas explicativas, varias tijeras, punzones, ganchos, espuelas y otros objetos de martirio, recogidos de manos de verdugos.
Bergh es un fanático penetrado de su alta mision; y como los hombres de su clase y de su temple, descubre con penetracion microscópica, tintas, delicadezas, relaciones y empleos de su mision que se escapan á la vista comun. Habla mesurado; pero una vez en posesion de la verdad que pretende demostrar, su voz se entona, adquiere verba fecunda y caen sobre sus palabras fervorosas, centellas de apasionada elocuencia.
—La existencia de los animales, me decia, es el complemento de la vida del hombre. Luego que un animal aparece acompañando al hombre, se mira la civilizacion.
Por otra parte, en la organizacion animal, el dolor existe con los mismos caractéres que en nosotros. Aliviar el dolor, procurar el placer á los séres inferiores al nuestro, nos mejorará por reaccion; cuidando á los animales, mejoramos á los hombres.
Si se fuera á analizar la fortuna del agricultor; si la sociedad tuviera en cuenta la estrechez de sus relaciones; si valuase su seguridad y sus placeres, hallaria en los animales, lealtad, arrimo, sufrimiento y ternura.
Vea vd. la escala de la ferocidad; y diciendo y haciendo, nos puso al frente de magníficos cuadros.
Aquí tiene vd. los combates de gallos; aquí las luchas de perros; aquí los gladiadores; aquí las corridas de toros; (aquí los héroes militares que coronan el clímax, le faltó decir)......
Yo me sentí humillado.... recordaba nuestra conducta con los animales; me veia tentado de pedir perdon, en nombre de mi país, al primer caballo que topase en la calle.
Para terminar su alocucion, que nos dejó perfectamente convencidos de la utilidad de la Sociedad, nos leyó trozos de un elocuentísimo sermon predicado en la Iglesia de San Juan, el 15 de Agosto de 1875, por el R. Edwin B. Rossell, bajo el siguiente tema:
"Nada es grande ni pequeño, para el Grande Espíritu que anima el Universo."
"Nada es grande ni pequeño, para el Grande Espíritu que anima el Universo."
Despues de su peroracion, nos dió cuenta de la aprobacion de la Sociedad por la legislatura del Estado: las leyes que ésta habia dictado, la cooperacion de la policía en sus trabajos y la vasta ramificacion que ahora tiene y que consta pormenorizada en su Memoria anual, de que me regaló un ejemplar, así como otros varios cuadernos y periódicos que se publican á expensas de la Sociedad, y que ven la luz en Lóndres y otros puntos.
Más y más complaciente el Sr. Bergh, nos mostró invenciones de bozales para que los perros, sin dañar, tengan mayor holgura que con los bozales comunes, frenos de hechuras cómodas y herraduras en que se mejora en mucho el método comun.
Hablando nosotros del sistema que se sigue de herraderos en nuestro país, herraderos ó marcas que se hacen con un fierro candente, nos dijo que en las dependencias de la Sociedad, las marcas se hacen con pintura adecuada que jamás se borra y liberta de ese suplicio á los animales.
Por último, nos mostró la ambulancia, en que se trasportan al hospital á los animales enfermos.
Es un gran carro de muelles de cuatro ruedas; el cajon ó cavidad del carro tiene un doble fondo; el primero lo constituye un tablon que gira sobre rodillos, y al movimiento de una cigüeña se arrastra hasta levantar del suelo al animal y colocarlo en la tabla. La cigüeña se mueve, y con el mayor tiento y blandura queda colocado el animal y es trasportable cómodamente á grandes distancias.
La vida del Sr. Bergh es una consagracion casi religiosa á dar lleno á los objetos de la Sociedad; él es el más activo policía, está en todas partes, se aparece donde se apalea un caballo, donde se atormenta un gato, donde se hacen degollinas impías de pollos y gallinas; en las casas de matanza, en donde se sujetan á martirios inútiles á los animales, y todo con celo tan ardiente, que produce una especie de veneracion.
A la Sociedad que preside Mr. Bergh se deben las preciosas fuentes que adornan la ciudad, que constan de un tazon cómodo en que beben los caballos, una llave económicacon su receptáculo y su vaso para que apaguen su sed las personas, y una taza al pié de la misma columna que forma la fuente, al alcance y para solaz de los perros. En el remate de la fuente hay una tacita con agua para los pájaros.
Por última, en el cuarto del Sr. Bergh, en que descansamos, habia retratos de los bienhechores de los animales.
La Sociedad, aprobada por la Legislatura del Estado en Abril de 1866, consta ahora de un presidente, diez vice-presidentes, quince socios de la comision ejecutiva, un tesorero, un consejero y varios veterinarios.
Al separarnos, el Sr. Bergh nos regaló unos libros publicados por la Sociedad conforme á su instituto, de los que algunos de ellos son preciosos, como el que trata de la manera de servirse ventajosamente del caballo.
La visita del Sr. Bergh me dejó complacido al extremo, y con el vivo deseo de ver introducida en mi país esa institucion, lo que facilitará el Sr. Bergh luego que se dirija á él cualquiera persona de buena voluntad.
Estas sérias meditaciones despues de tratarse de animales, es porque me encuentro más animal que nunca en materia de inglés. Ya están al tanto mis lectores de mis primeras campañas de San Francisco; ya les puse de manifiesto mis extravíos en una banqueta, en una mesa de billar, hasta hacerme popular con los vendedores de papeles á quienes en dia claro daba una peseta porque me llevaran á mi domicilio; ya hice patente las luchas entre mi audacia y mi ignorancia: pues, señores, aquí, en esta gran ciudad,se ha agravado mi mal hasta hacerme creer á veces que estoy siendo presa de una séria afeccion mental. ¿En qué consiste que miéntras más brutos sean los individuos aprendan mejor el inglés? Cualquiera de estos negros que merecen un bozal; cualquiera de estas arpías que vomita la Italia y que expele la Francia; cualquiera de estos chinos que parecen de masa cruda, en dos por tres se ponen al corriente y se incorporan á la humanidad: yo estoy cada vez más bruto, y cada dia me siento más extranjero.
Yo estudio, consulto, me rompo los cascos, y nada me vale.
Apénas llegué, fuí á la barbería. La barbería tiene sus botes en una armazon como de tienda, cada uno con su brocha: los barberos estaban en pechos de camisa, eran como unos gigantes; me tocó el más bárbaro y colosal, colorado como un rábano, puntiagudo como un caballo de Frisia.
Al entrar me echó una arenga; yo le contesté, á mi juicio, en un inglés que llevaba preparado; aquella plática era feroz: él comenzó á untarme de jabon y siempre que hablaba él, yo contestaba acorde: de repente se me nubló el cuarto; era que tenia la cara y la cabeza debajo del arca del barbero; no tenia escapatoria, no quise hacer movimiento: cuando saqué la cabeza de aquel cepo, tenia la cara como una bola de billar; todo pelo que topó al paso aquel caribe, habia caido bajo su navaja: bigote, piocha, todo. Cuando me presenté á mis compañeros, soltaron la carcajada.
¿Vdes. creerán que me enmendé? Pues no, señores.... fuí á la zapatería con el mismo desenfado.... hablamos el zapatero y yo.... á un signo de cabeza, botó los zapatos mios y me dejó preso en unos zapaticos que me hacian bramar.... quise reclamar.... se reian y me daban palmadas en el hombro.... Si hubiera tenido unrevolver, le vuelo á uno de aquellos tunos la tapa de los sesos. Para no cansar á vdes., los zapatos que tengo puestos, y en los que ando como sobre alfileres, me han costado treinta y tres pesos; once vale el par, resultado de mis altercados en las zapaterías.
Pero semejantesex abruptossolo me caracterizan de pollino; lo que sí compromete y escuece y puede convertirse en trascendental, es lo que me pasó con mi lavandera.
Es el caso que la lavandera es una inglesa grave, angosta y larga como una asta bandera, con sus bucles canos y sus pretensiones juveniles: el Caballo de Troya puede ser su nieto.
Yo vivo con Francisco en piezas separadas que se comunican. Francisco es naturalmente grave, melancólico y retraido: se levanta mucho despues que yo.
Mi lavandera madruga; cuando ménos lo pienso, se cuela en mi aposento un fantasma envuelto en un negro manteo, con un sombrero como de tres picos y su canasto bajo el brazo.
La lavandera se habia ausentado hacia dias, de modo que carecia yo de camisas....
En el inglés de mi uso le dije, poniendo el continente más grave que pude:
—Es necesario que venga vd. más seguido: saque vd. la ropa.... quítela de ahí y vuelva dos veces por semana.
A medida que yo hablaba, la arpía aquella se enseriaba, me veia fosca, se acercaba á la puerta, y desde allí me hablaba....
—Está bien, le decia, creyendo yo que ella se excusaba;si no puede hacerlo llamaré otra mujer; pero no es mucho pedir que me cambie ropa seguido....
La mujer tenia los ojos como ascuas y me hablaba incómoda.
Yo le decia en castellano: "No hay nada perdido; si vd. no lava, vendrá otra...." La mujer hacia seña de llevarse las camisas.... yo la contenia hasta que no me hablase claro, como si yo entendiera las claridades en inglés.... la reyerta era espantosa.
Francisco sacó la cabeza y me dijo:
—¿Qué estás altercando, hombre de Dios?
—¿Cómo qué? que el dia ménos pensado me deja esta anciana sin salir á la calle....
Ella habló con Francisco en inglés, y volviéndose á mí me preguntó:
—¿Pues tú que has dicho á esa mujer? repítemelo,
Repetí muy formal lo que habia dicho.
Francisco reia.
—¡Bárbaro! ¿sabes lo que le estás diciendo á esa mujer?
—¡Cómo que lo sé!
—Le estás diciendo que se quite su ropa, que se desnude....
—Hombre, por María Santísima, ¡que no sigas!.... Vea vd., señora.... véase vd. en ese espejo: yo no puedo decirle semejante cosa....
La tempestad se apaciguó, y las risas de la desdentada lavandera me ardieron como azotes con ortiga.
Añadan vdes. á esto mis distracciones: el primero, y el segundo, y el tercer piso de este hotel, son exactamenteiguales.... los mismos pasadizos, los mismos quinqués, las propias ventanas con sus cortinitas, idénticos botones para abrir y cerrar.
En el piso tercero vive Facundo; unas puertas ántes, un señor que ó se corta los callos ó se tiñe el bigote.... del otro lado un elefante femenino, que ó se aprieta el corsé ó engulle fruta como una ardilla.
Yo voy á buscar á Facundo.... por supuesto que me entro de rondon con el del bigote.... y le digo:Excúseme, y él me despide con un resoplido.... entónces corro avergonzado.... y ¡zas!.... con la anciana del corsé.... La cosa hubiera tenido consecuencias, si no fueran conocidas mis distracciones y si no fueran tan comunes estas equivocaciones por la uniformidad en todo.... ya he dicho que todo parece hecho con molde.
Cuando en los carros de dormir tenia en las noches que abandonar mi lecho, dejaba en él por la parte exterior mi levita, mi sombrero, ó me acercaba gritando; porque ahí las equivocaciones traen aparejadas, palizas y quebrantamientos de huesos.
Algunos dias ántes de nuestro viaje, con persona despierta y despabilada, habia acontecido lo que van vdes. á oir.
Viajaba un matrimonio: tomó una seccion ó sean dos nichos, el de arriba y el de abajo, porque son nichos como los cajones de una cómoda.
El nicho de arriba se dedicó, como siempre, á la señora, por estar ménos en contacto con los transeuntes; el de abajo lo ocupó el marido.
Las señoras y señoritas americanas hacen esas ascensiones con sorprendente habilidad; entran elegantemente vestidas, con su gorrillo, su abanico, su saco de viaje.... apénas desparecen bajo la cortina, cuando al alzar los ojos se ve en la altura el túnico deshuesado, el gorrillo colgado y la sombrilla suspendida de la cadenilla del puño: la dulce mitad del género humano se desenvaina en el aire y se pone en instantes bajo las sábanas. Es cosa de mágia.
Todo estaba tranquilo en el carro; los tabiques de cortinas, débilmente alumbrados por unquinquésoñoliento, no se movian.
A cierta hora el marido comenzó á quejarse en voz baja de un dolor agudo en el vientre, de que padecia. La señora se levantó y fué al extremo del carro á preparar una cataplasma, cuya confeccion llevaba á prevencion; calentó la cataplasma en una linterna y la trajo hecha ascua, porque así se la habia ordenado el médico á su doliente esposo.
Volvió á oscuras casi, levantó la cortina, alzó la camisa al paciente y le dejó ir la cataplasma ardiendo.... oyó entónces un bufido atroz.... corrió espantada.... se desató bajo la cortina una tempestad de picardías.... La pobre señora se habia equivocado, y á un yankee que dormia tranquilo, le habia tostado la boca del estómago con la cataplasma, con lo que estaba frenético; la señora permaneció retraída no sé cuántas horas miéntras pasó la tempestad....
Es comun en uno de esos carros, y aun en los hoteles, que se encuentre uno en su cama un adjunto que le resuelle al oido.... Vd. se pone en guardia.... el invasor le calma, y hay escenas en paños menores, de lo más divertidas.
De los carros no se cuente: su parecido es tan perfecto y á veces se apiñan en un solo lugar tantos, que va vd. alNorte y resulta en el Sur; quiere vd. visitar un teatro y se encuentra plantado á la orilla de un rio.
—Pero le avisa uno al conductor.
—Sí, señor; pero yo que soy un asno en inglés, por decir: "la calle 15," digo: "la calle 55," y me empujan y me abandonan en un despoblado, en que aseguro á vdes. que estoy en mis glorias.
Toda esta charla debió haber sido una disertacion sobre la importancia de aprender idiomas; pero me he perdido en divagaciones, y hé ahí.... que tocan á mi puerta recordándome que tengo que estar á las nueve en punto en la Escuela Normal de Profesores, que está situada entre las calles 68 y 69, es decir, á más de una legua de este hotel.