III

IIIVisitas.—Los reporters.—La poblacion.—Los mexicanos.EL arribo del grupo de mexicanos que aventaba la fortuna á California, produjo alguna sensacion. Losreportersó noticieros de periódicos nos asediaban desde el buque, cercando al Sr. Iglesias que era nuestro compañero de viaje, y el nombre más proeminente entre nosotros.Este tipo delreportermerece una descripcion especial: es la parte activa, el resorte del escándalo, lo más importante acaso de un periódico.Es un sér curioso y acomodaticio, sagaz como la zorra, escurridizo como el viento, movible como el azogue.... rastrea como el perdiguero, se lanza sobre el rumor, el chisme ó la noticia, con la avidez del gavilan sobre su presa, y salta del duelo al baile, del baile al teatro, ó á la tertulia literaria,ó al banquete, ó á las carreras de caballos, ó á la riña de la calle, con sorprendente facilidad.La prensa anunció con sus cien trompetas la llegada de los mexicanos, las autoridades locales visitaron al Sr. Iglesias, dándole testimonios de sincera simpatía y estimacion.Algunas coplas habian llevado mi nombre por aquellas regiones, y á poco me encontré rodeado de personas generosísimas, que me colmaron de agasajos y finezas.Entre las personas que nos visitaron y se particularizaron más especialmente conmigo, debo mencionar al general D. Mariano Guadalupe Vallejo.El general Vallejo es un hombre de más de setenta años; pero tan expedito y robusto, como si estuviera en la flor de la vida.Ancho de espaldas, firme de piernas y de andar desembarazado y ligero, tez morena, ojos negros, ardientes y atrevidos, pelo negro sin una sola cana, patilla negra y borrascosa como de curro andaluz, y una boca que ríe oportuna, y suelta sabrosa la palabra.Vallejo nació mexicano y se distinguió en las armas; dueño de varias propiedades en California y partícipe en el descubrimiento del oro, tendria colosal fortuna; pero es hombre de singular desinteres y ha gastado parte de ese caudal en buenas obras y en que se le ponga su nombre á una calle, á un templo y no sé á qué otros lugares.El general reside enSonoma, cerca de San Francisco; antigua mision de ese punto, es hoy poblacion risueña, rodeada de fértiles campos y llamada á un opulento porvenir.Al general suelen darle sus visitadas las musas retozonas, y con ese motivo me declaró su compañero de armas poéticas,iniciándome en excelentes relaciones y llenándome de elogios cada vez que se mencionaba mi nombre.Vallejo ha visto nacer, por decirlo así, á California, conoce los accidentes todos de su fortuna, se recrea en sus recuerdos, es su historia viva, se enorgullece con sus gracias, le lisonjea que la llamen bella y se extasía de júbilo considerando en su porvenir.El general Vallejo ha escrito en elegante y castizo estilo la historia de California y enriquecido con preciosos manuscritos y curiosísimas noticias la librería de Banckroff, la más numerosa y rica en documentos de México, de cuantas tienen los Estados-Unidos y tal vez México mismo.Aunque entrado en la nacionalidad americana el general Vallejo, la sangre hace su oficio, defiende á su patria natal, habla de sus glorias con entusiasmo, conserva sus costumbres y se interesa vivamente en cuanto corresponde á México.Un compañero suyo á quien llamaré D. Vicente, quien aferrado á su nacionalidad mexicana hace de ella alarde, renegando de los americanos y exagerando sus defectos, me decia:—Aunque le cuenten á vd., California es cierto que ya no es México, pero es California; estos no son los Estados-Unidos: en cualquier mostrador en que se venden ostiones, le preguntan á vd.: ¿de los Estados-Unidos ó de California? Al partir un buque, decimos todos, si toma aquel rumbo, va á los Estados-Unidos.El pueblo será americano por nacimiento ó por conquista; pero aquí hay multitud de ingleses, irlandeses, franceses, alemanes, italianos, españoles, mexicanos, hispano-americanos,escandinavos, dálmatas y chinos. Tiene vd. periódicos, franceses, alemanes y españoles. Teatros é iglesias pertenecientes á los mismos diversos inmigrantes. La ciudad da abrigo á veintiocho iglesias protestantes, diez católicas, dos judías y varias buddistas.Hay muchas asociaciones de placer, de beneficencia y comercio, así como logias masónicas en que entran y se estrechan los vínculos sociales en el sentido de la confraternidad.De las conversaciones del general Vallejo y de otras personas pensadoras y atentas al desenvolvimiento de la California, pude colegir lo siguiente.Cuando la fiebre del oro (1848), es decir, despues que la noticia de su prodigioso descubrimiento se propagó como el relámpago, produciendo ese delirio universal, esa rabia provocada por la sed de improvisar opulentas fortunas, el desquiciamento social fué completo; apareció activa y omnipotente la idea de que el oro es la riqueza por excelencia y se desencadenaron en breve tiempo y en un corto espacio, los tremendos resultados de ese absurdo.Abandonaban los padres de familia sus hogares, sin cuidarse de sus hijos, los labradores huian de los campos, los soldados desertaban de sus cuarteles, los marinos saltaban á tierra, quedando las embarcaciones á merced de los vientos, y todos acudian en tropel, hostilizándose, abriéndose paso con los puños ó con las armas, á los campos de Sacramento, en donde manaba entre las aguas, en partículas de rayos de sol, ese metal con que creian forjar la llave para abrir de par en par las puertas de la felicidad.En aquel sentimiento comun de enriquecerse, se confundian los sexos, las edades, las religiones, las nacionalidades;se forjaban instantáneas alianzas, repulsiones tremendas, colisiones y complicidades de los hombres de todas las regiones del globo.Entre tanto estrépito, entre tan inaudito tumulto, las leyes inmutables de la economía enarbolaban su cetro de bronce, haciendo sucumbir y plegando todos los ensueños y todas las aspiraciones, á la necesidad. Cobraron valor fabuloso los artículos de preciso consumo; se daban puñados de oro por los comestibles, por los abrigos, por los zapatos y por los instrumentos de trabajo.Me ha dicho el general Vallejo que un zarape del Saltillo se vendió por valor decatorce mil pesos, libra de abalorio por libra de oro, un espejillo ordinario de pacotilla por diez pesos, por más de veinticinco, unas pinzas.—Yo he visto, me decia mi amigo Escalante, el encuentro de un negro y un buscador de oro.El segundo traia un mal fieltro escondido casi bajo del arca derecha, lleno de onzas de oro. El primero llevaba en la mano una botella dewiskey.—¿Cuánto quieres por esa botella?—No la vendo, es muy cara.—¿Cuánto quieres?—Lo que pueda tomar con esta mano, de su sombrero.—Trato hecho.El negro metió su manaza en el sombrero y la retiró llena de oro.El buscador se fué muy contento con su botella, y los dos vieron el trato como la cosa más natural del mundo.Ningun barbero hacia la barba por ménos de una onza de oro.Cuando una camisa se ensuciaba, no habia más que tirarla, porque tenia mayor costo la lavandera que el de una camisa nueva.Un intérprete exigia cantidades enormes por poner en inteligencia dos personas prontas á devorarse por no entenderse; el pintor, el carrero, la servidumbre, se solicitaba en vano muchas veces con el oro en las manos.La violencia y el crímen despues, llegaron á imperar despóticamente: el que atesoraba tenia en espectativa y como que soñaba en las delicias de Paris y de Italia; pero le acompañaba su revólver, en la mesa, en el lecho y en todas partes, como si temiera encontrarse momento á momento con la muerte.Al potentado se dirigian envidiosas miradas; el asesinato, el envenenamiento, la traicion y el robo le seguian como su sombra.Valia una vaca 400 pesos, un barril de aguardiente 700, la libra de carne 3 pesos; un comerciante llamado Jhones, compró millon y medio de pesos á razon de seis pesos la onza de oro.Los improvisados millonarios se tenian que dar bola á sus botas, que lavarse la ropa y que hacerse la comida, por falta de criados.Cuando estaban en todo su auge el desórden y la matanza, roto todo freno, desconocida toda autoridad, asentada la orgía en medio de ese tumulto de codicia y locura, se anunció la llegada de un cargamento de carne salada de cerdo.Acude en tropel la multitud con el oro en las manos para calmar el hambre, rómpense algunos barriles, y la gente espantadareconoce miembros humanos despedazados, para servirse en aquel banquete de furias infernales.Hechos como este despiertan los sentimientos de órden y de bien, dormidos en todos los corazones; se lanza una convocacion á los hombres honrados, sin distinguir colores ni castas, ni nacionalidades, y se forma la santa alianza del bien, contra aquel desencadenamiento de maldades.Los tumultos se sucedian, las olas desencadenadas que formaban los malvados, se estrellaban en la leylinchey en elcomité de vigilancia, que amontonaba y suspendia ajusticiados para escarmientos.El desórden se apacigua, y de aquel caos surge como un sol el derecho, con el prestigio y con las bendiciones de todos los buenos.A la luz de esa victoria del bien, se encontraron en la noble confraternidad de la revindicacion de la ley, unidos con vínculos estrechos, el inglés, el ruso, el italiano, el chino, el hispano-americano, el aleman, los hombres todos, la gran familia humana, en la cuna de la regeneracion y el progreso.En San Francisco no avanza un pueblo, es la humanidad la que marcha; no es el francés, ni el inglés los que fundaron la sociedad; es el hombre, y el hombre invocando el derecho como primer elemento de salvacion y de vida.Esta circunstancia hace esencialmente variar en su fondo y esencia, los puntos de vista sociales y económicos y hace que la libertad sea una condicion de existencia, que en vano las leyes convencionales y los intereses del Norte pretenden embarazar y restringir.Antes de que la transfiguracion de que hemos hablado severificase en 1849, se citó una convencion y se adoptó de pronto en Sonoma la constitucion del Missouri, reuniéndose la convencion en Monterey, y señalándose allí á San José como capital del Estado.San Francisco se vió como un puntode depósitoy centro del tráfico, y de ahí su inverosímil importancia y desarrollo.En San Francisco tenian varias posesiones los mexicanos.El lugar donde está ahora la ciudad era como una sucesion de médanos; sin embargo, M. John S. Hittel, que es en mi juicio de los escritores más eminentes de aquella region, dice en un momento de exaltacion patriótica: “Roma tenia siete colinas: la metrópoli de California tiene muchas más.”La península se forma de tres anfiteatros enlazados entre sí y á cual más bello, encerrándose cada uno en su cordillera de hermosas colinas. La Yerbabuena, que dió su nombre á todo el distrito, al Este, rodeada de lo que llamamos Montañas Rusas: el anfiteatro de Spring Valley (Valle de Primavera), al Poniente, y el anfiteatro de la Mision, al Sur, á donde desemboca la calle dePine. Nada más poético que esos valles, esas colinas invadidas por palacios, sombreadas por árboles y arrulladas por las blandas olas de la bahía magnífica.Esos accidentes del terreno se prestan á mil inesperadas bellezas: la quinta opulenta, la humilde cabaña, el paseo espléndido, el cementerio melancólico, todo se realza y arrebata al alma á los espacios del ideal y del ensueño. Yo querria escribir como mi querido M. Hittel, que con la pluma de Hugo Foscolo, pinta estos cuadros; pero cabalgando en mi humilde prosa, diré que en la época del sistema colonial,casi á la orilla del mar, se encontraba el Presidio ó puerto militar, instituido para la defensa contra los gentiles ó indios bárbaros, conforme á los sabios reglamentos de D. José de Galvez. A corta distancia del Presidio, y á la orilla de la playa desierta, se hallaba la mision de Dolores, servida por frailes franciscanos, y á su lado, en una corta extension, la ranchería.El presidio no pudo establecerse sino hasta 1822.Verificada la independencia de México, y en las épocas en que rigió la federacion, figuró la Alta California como territorio.Los lotes que se enajenaban ántes del descubrimiento del oro en los arenales en que hoy está construida la ciudad, valiannueve pesos cinco reales, inclusives los costos del documento de venta. Ahora esos mismos lotes se han dado porsetenta y ochenta mil pesos.Los mexicanos poseedores de esos lotes se encontraron fácil y legítimamente dueños de opulentas fortunas y en elevada posicion social, atrayendo así otros paisanos y formando la unidad de la raza más poderosa que cualquiera otra nacionalidad.El idioma, la religion, las costumbres, el recuerdo de la patria perdida, creó un ideal que embellecia México, fanatizando á sus hijos por él, creando patria en aquella trasformacion del suelo.Las familias mexicanas, sin perder su fisonomía, se enlazaban con americanos, franceses, rusos y alemanes, y los hijos que nacian y nacen de esos enlaces, cobran un tipo especial; tienen culto por México, sus héroes, su idioma y costumbres, y visten como americanos, y comen como alemanesó franceses, y se expancen y florecen al soplo vivificante de la libertad.Este espectáculo ha formado contraste con las mezquindades económicas de nuestra patria, sus aduanas interiores, sus levas, su persecucion al capital, los odios de algunos militares contra todo lo que es razon y derecho, sus contribuciones excesivas, su desierto, sus malos caminos y sus ladrones.Multitud de sinaloenses, sonorenses é individuos de la Baja California emigran dia á dia á California, donde el lujo, la seguridad y todos los goces, los esperan; y lo sorprendente es que esos hombres ansíen por volver á nuestra patria y se consideren como desterrados en aquel país que realmente suele servir á muchos de refugio.Los hijos de estos mexicanos adoptan la leyenda de los poéticos sentimientos de sus padres; pero su idioma, su creencia, su trage y su espíritu son de California, haciéndose esfuerzo por tener afinidades con sus paisanos, que verdaderamente no admitirian como sus padres ni en su servidumbre.De aquellos mexicanos distinguidísimos por su patriotismo, por sus talentos y por su caballerosidad, son los Sres. Gaxiolas, D. Guillermo Andrade, Shleidem, Loaiza, y otras familias como la de Cima y Concepcion Ramirez, Godoy, Gutte Lhose, Labiaga, José Carrascosa y otras muchas que nos colmaron de atenciones y empeñaron viva y profundamente mi gratitud.De José Carrascosa quiero hacer mencion particular.Hallábame mústio y cabizbajo en una casa, en espera de Gomez del Palacio que iba á un negocio particular.Desconocido, en espantosa inopia, cuellicaido y mal pergeñadode vestido, esperaba en una pieza solitaria cercana al lugar en que hablaba mi amigo.De repente paróse frente á mí un chico con una fisonomía rubicunda como un sol y alegre como un fandango.Ancho de carrillos, blanca dentadura, ojos pequeños y retozones.... Robusto pecho, pronunciado abdómen.—Hombre, con un diantre, me dijo, toma ese trago de coñac.—Para servir á vd....—Qué tiquis, ni qué miquis; tú estás cabizbajo, hombre; tú no tienes un cuarto, Fidel mio, dame como cinco ó diez abrazos; pero menudealos, pedazo de tarugo.—Pero ¿quién es vd.? á quién tengo el honor....—¡Cáspita! siempre el mismo: ¿no te acuerdas de cuando eras escribiente en la aduana, de aquel gachupincillo de abarrotes que partia contigo sus almuerzos....—¡Pepe de mi corazon! vengan cien abrazos. Echaremos el primer trago.—Pues así como así, prosiguió Pepe radiante de bondad y satisfaccion: dicen que yo tengo mis cuartos: se acabaron tus penas; mis criados, mi casa, lo poco que valgo, todo es para tí, hombre.... pero echa otro trago.Ese hombre y esa familia fueron mi familia y el consuelo de mis penas; al rendirles, así como á Concha Ramirez, Shleidem y Cima, mi gratitud, pago un tributo lleno de espontaneidad y de ternura.Las familias que he mencionado llenaron á los mexicanos de obsequios y atenciones; nos crearon una atmósfera de patria y familia y nos hicieron olvidar las penas consiguientes á nuestra situacion.

IIIVisitas.—Los reporters.—La poblacion.—Los mexicanos.EL arribo del grupo de mexicanos que aventaba la fortuna á California, produjo alguna sensacion. Losreportersó noticieros de periódicos nos asediaban desde el buque, cercando al Sr. Iglesias que era nuestro compañero de viaje, y el nombre más proeminente entre nosotros.Este tipo delreportermerece una descripcion especial: es la parte activa, el resorte del escándalo, lo más importante acaso de un periódico.Es un sér curioso y acomodaticio, sagaz como la zorra, escurridizo como el viento, movible como el azogue.... rastrea como el perdiguero, se lanza sobre el rumor, el chisme ó la noticia, con la avidez del gavilan sobre su presa, y salta del duelo al baile, del baile al teatro, ó á la tertulia literaria,ó al banquete, ó á las carreras de caballos, ó á la riña de la calle, con sorprendente facilidad.La prensa anunció con sus cien trompetas la llegada de los mexicanos, las autoridades locales visitaron al Sr. Iglesias, dándole testimonios de sincera simpatía y estimacion.Algunas coplas habian llevado mi nombre por aquellas regiones, y á poco me encontré rodeado de personas generosísimas, que me colmaron de agasajos y finezas.Entre las personas que nos visitaron y se particularizaron más especialmente conmigo, debo mencionar al general D. Mariano Guadalupe Vallejo.El general Vallejo es un hombre de más de setenta años; pero tan expedito y robusto, como si estuviera en la flor de la vida.Ancho de espaldas, firme de piernas y de andar desembarazado y ligero, tez morena, ojos negros, ardientes y atrevidos, pelo negro sin una sola cana, patilla negra y borrascosa como de curro andaluz, y una boca que ríe oportuna, y suelta sabrosa la palabra.Vallejo nació mexicano y se distinguió en las armas; dueño de varias propiedades en California y partícipe en el descubrimiento del oro, tendria colosal fortuna; pero es hombre de singular desinteres y ha gastado parte de ese caudal en buenas obras y en que se le ponga su nombre á una calle, á un templo y no sé á qué otros lugares.El general reside enSonoma, cerca de San Francisco; antigua mision de ese punto, es hoy poblacion risueña, rodeada de fértiles campos y llamada á un opulento porvenir.Al general suelen darle sus visitadas las musas retozonas, y con ese motivo me declaró su compañero de armas poéticas,iniciándome en excelentes relaciones y llenándome de elogios cada vez que se mencionaba mi nombre.Vallejo ha visto nacer, por decirlo así, á California, conoce los accidentes todos de su fortuna, se recrea en sus recuerdos, es su historia viva, se enorgullece con sus gracias, le lisonjea que la llamen bella y se extasía de júbilo considerando en su porvenir.El general Vallejo ha escrito en elegante y castizo estilo la historia de California y enriquecido con preciosos manuscritos y curiosísimas noticias la librería de Banckroff, la más numerosa y rica en documentos de México, de cuantas tienen los Estados-Unidos y tal vez México mismo.Aunque entrado en la nacionalidad americana el general Vallejo, la sangre hace su oficio, defiende á su patria natal, habla de sus glorias con entusiasmo, conserva sus costumbres y se interesa vivamente en cuanto corresponde á México.Un compañero suyo á quien llamaré D. Vicente, quien aferrado á su nacionalidad mexicana hace de ella alarde, renegando de los americanos y exagerando sus defectos, me decia:—Aunque le cuenten á vd., California es cierto que ya no es México, pero es California; estos no son los Estados-Unidos: en cualquier mostrador en que se venden ostiones, le preguntan á vd.: ¿de los Estados-Unidos ó de California? Al partir un buque, decimos todos, si toma aquel rumbo, va á los Estados-Unidos.El pueblo será americano por nacimiento ó por conquista; pero aquí hay multitud de ingleses, irlandeses, franceses, alemanes, italianos, españoles, mexicanos, hispano-americanos,escandinavos, dálmatas y chinos. Tiene vd. periódicos, franceses, alemanes y españoles. Teatros é iglesias pertenecientes á los mismos diversos inmigrantes. La ciudad da abrigo á veintiocho iglesias protestantes, diez católicas, dos judías y varias buddistas.Hay muchas asociaciones de placer, de beneficencia y comercio, así como logias masónicas en que entran y se estrechan los vínculos sociales en el sentido de la confraternidad.De las conversaciones del general Vallejo y de otras personas pensadoras y atentas al desenvolvimiento de la California, pude colegir lo siguiente.Cuando la fiebre del oro (1848), es decir, despues que la noticia de su prodigioso descubrimiento se propagó como el relámpago, produciendo ese delirio universal, esa rabia provocada por la sed de improvisar opulentas fortunas, el desquiciamento social fué completo; apareció activa y omnipotente la idea de que el oro es la riqueza por excelencia y se desencadenaron en breve tiempo y en un corto espacio, los tremendos resultados de ese absurdo.Abandonaban los padres de familia sus hogares, sin cuidarse de sus hijos, los labradores huian de los campos, los soldados desertaban de sus cuarteles, los marinos saltaban á tierra, quedando las embarcaciones á merced de los vientos, y todos acudian en tropel, hostilizándose, abriéndose paso con los puños ó con las armas, á los campos de Sacramento, en donde manaba entre las aguas, en partículas de rayos de sol, ese metal con que creian forjar la llave para abrir de par en par las puertas de la felicidad.En aquel sentimiento comun de enriquecerse, se confundian los sexos, las edades, las religiones, las nacionalidades;se forjaban instantáneas alianzas, repulsiones tremendas, colisiones y complicidades de los hombres de todas las regiones del globo.Entre tanto estrépito, entre tan inaudito tumulto, las leyes inmutables de la economía enarbolaban su cetro de bronce, haciendo sucumbir y plegando todos los ensueños y todas las aspiraciones, á la necesidad. Cobraron valor fabuloso los artículos de preciso consumo; se daban puñados de oro por los comestibles, por los abrigos, por los zapatos y por los instrumentos de trabajo.Me ha dicho el general Vallejo que un zarape del Saltillo se vendió por valor decatorce mil pesos, libra de abalorio por libra de oro, un espejillo ordinario de pacotilla por diez pesos, por más de veinticinco, unas pinzas.—Yo he visto, me decia mi amigo Escalante, el encuentro de un negro y un buscador de oro.El segundo traia un mal fieltro escondido casi bajo del arca derecha, lleno de onzas de oro. El primero llevaba en la mano una botella dewiskey.—¿Cuánto quieres por esa botella?—No la vendo, es muy cara.—¿Cuánto quieres?—Lo que pueda tomar con esta mano, de su sombrero.—Trato hecho.El negro metió su manaza en el sombrero y la retiró llena de oro.El buscador se fué muy contento con su botella, y los dos vieron el trato como la cosa más natural del mundo.Ningun barbero hacia la barba por ménos de una onza de oro.Cuando una camisa se ensuciaba, no habia más que tirarla, porque tenia mayor costo la lavandera que el de una camisa nueva.Un intérprete exigia cantidades enormes por poner en inteligencia dos personas prontas á devorarse por no entenderse; el pintor, el carrero, la servidumbre, se solicitaba en vano muchas veces con el oro en las manos.La violencia y el crímen despues, llegaron á imperar despóticamente: el que atesoraba tenia en espectativa y como que soñaba en las delicias de Paris y de Italia; pero le acompañaba su revólver, en la mesa, en el lecho y en todas partes, como si temiera encontrarse momento á momento con la muerte.Al potentado se dirigian envidiosas miradas; el asesinato, el envenenamiento, la traicion y el robo le seguian como su sombra.Valia una vaca 400 pesos, un barril de aguardiente 700, la libra de carne 3 pesos; un comerciante llamado Jhones, compró millon y medio de pesos á razon de seis pesos la onza de oro.Los improvisados millonarios se tenian que dar bola á sus botas, que lavarse la ropa y que hacerse la comida, por falta de criados.Cuando estaban en todo su auge el desórden y la matanza, roto todo freno, desconocida toda autoridad, asentada la orgía en medio de ese tumulto de codicia y locura, se anunció la llegada de un cargamento de carne salada de cerdo.Acude en tropel la multitud con el oro en las manos para calmar el hambre, rómpense algunos barriles, y la gente espantadareconoce miembros humanos despedazados, para servirse en aquel banquete de furias infernales.Hechos como este despiertan los sentimientos de órden y de bien, dormidos en todos los corazones; se lanza una convocacion á los hombres honrados, sin distinguir colores ni castas, ni nacionalidades, y se forma la santa alianza del bien, contra aquel desencadenamiento de maldades.Los tumultos se sucedian, las olas desencadenadas que formaban los malvados, se estrellaban en la leylinchey en elcomité de vigilancia, que amontonaba y suspendia ajusticiados para escarmientos.El desórden se apacigua, y de aquel caos surge como un sol el derecho, con el prestigio y con las bendiciones de todos los buenos.A la luz de esa victoria del bien, se encontraron en la noble confraternidad de la revindicacion de la ley, unidos con vínculos estrechos, el inglés, el ruso, el italiano, el chino, el hispano-americano, el aleman, los hombres todos, la gran familia humana, en la cuna de la regeneracion y el progreso.En San Francisco no avanza un pueblo, es la humanidad la que marcha; no es el francés, ni el inglés los que fundaron la sociedad; es el hombre, y el hombre invocando el derecho como primer elemento de salvacion y de vida.Esta circunstancia hace esencialmente variar en su fondo y esencia, los puntos de vista sociales y económicos y hace que la libertad sea una condicion de existencia, que en vano las leyes convencionales y los intereses del Norte pretenden embarazar y restringir.Antes de que la transfiguracion de que hemos hablado severificase en 1849, se citó una convencion y se adoptó de pronto en Sonoma la constitucion del Missouri, reuniéndose la convencion en Monterey, y señalándose allí á San José como capital del Estado.San Francisco se vió como un puntode depósitoy centro del tráfico, y de ahí su inverosímil importancia y desarrollo.En San Francisco tenian varias posesiones los mexicanos.El lugar donde está ahora la ciudad era como una sucesion de médanos; sin embargo, M. John S. Hittel, que es en mi juicio de los escritores más eminentes de aquella region, dice en un momento de exaltacion patriótica: “Roma tenia siete colinas: la metrópoli de California tiene muchas más.”La península se forma de tres anfiteatros enlazados entre sí y á cual más bello, encerrándose cada uno en su cordillera de hermosas colinas. La Yerbabuena, que dió su nombre á todo el distrito, al Este, rodeada de lo que llamamos Montañas Rusas: el anfiteatro de Spring Valley (Valle de Primavera), al Poniente, y el anfiteatro de la Mision, al Sur, á donde desemboca la calle dePine. Nada más poético que esos valles, esas colinas invadidas por palacios, sombreadas por árboles y arrulladas por las blandas olas de la bahía magnífica.Esos accidentes del terreno se prestan á mil inesperadas bellezas: la quinta opulenta, la humilde cabaña, el paseo espléndido, el cementerio melancólico, todo se realza y arrebata al alma á los espacios del ideal y del ensueño. Yo querria escribir como mi querido M. Hittel, que con la pluma de Hugo Foscolo, pinta estos cuadros; pero cabalgando en mi humilde prosa, diré que en la época del sistema colonial,casi á la orilla del mar, se encontraba el Presidio ó puerto militar, instituido para la defensa contra los gentiles ó indios bárbaros, conforme á los sabios reglamentos de D. José de Galvez. A corta distancia del Presidio, y á la orilla de la playa desierta, se hallaba la mision de Dolores, servida por frailes franciscanos, y á su lado, en una corta extension, la ranchería.El presidio no pudo establecerse sino hasta 1822.Verificada la independencia de México, y en las épocas en que rigió la federacion, figuró la Alta California como territorio.Los lotes que se enajenaban ántes del descubrimiento del oro en los arenales en que hoy está construida la ciudad, valiannueve pesos cinco reales, inclusives los costos del documento de venta. Ahora esos mismos lotes se han dado porsetenta y ochenta mil pesos.Los mexicanos poseedores de esos lotes se encontraron fácil y legítimamente dueños de opulentas fortunas y en elevada posicion social, atrayendo así otros paisanos y formando la unidad de la raza más poderosa que cualquiera otra nacionalidad.El idioma, la religion, las costumbres, el recuerdo de la patria perdida, creó un ideal que embellecia México, fanatizando á sus hijos por él, creando patria en aquella trasformacion del suelo.Las familias mexicanas, sin perder su fisonomía, se enlazaban con americanos, franceses, rusos y alemanes, y los hijos que nacian y nacen de esos enlaces, cobran un tipo especial; tienen culto por México, sus héroes, su idioma y costumbres, y visten como americanos, y comen como alemanesó franceses, y se expancen y florecen al soplo vivificante de la libertad.Este espectáculo ha formado contraste con las mezquindades económicas de nuestra patria, sus aduanas interiores, sus levas, su persecucion al capital, los odios de algunos militares contra todo lo que es razon y derecho, sus contribuciones excesivas, su desierto, sus malos caminos y sus ladrones.Multitud de sinaloenses, sonorenses é individuos de la Baja California emigran dia á dia á California, donde el lujo, la seguridad y todos los goces, los esperan; y lo sorprendente es que esos hombres ansíen por volver á nuestra patria y se consideren como desterrados en aquel país que realmente suele servir á muchos de refugio.Los hijos de estos mexicanos adoptan la leyenda de los poéticos sentimientos de sus padres; pero su idioma, su creencia, su trage y su espíritu son de California, haciéndose esfuerzo por tener afinidades con sus paisanos, que verdaderamente no admitirian como sus padres ni en su servidumbre.De aquellos mexicanos distinguidísimos por su patriotismo, por sus talentos y por su caballerosidad, son los Sres. Gaxiolas, D. Guillermo Andrade, Shleidem, Loaiza, y otras familias como la de Cima y Concepcion Ramirez, Godoy, Gutte Lhose, Labiaga, José Carrascosa y otras muchas que nos colmaron de atenciones y empeñaron viva y profundamente mi gratitud.De José Carrascosa quiero hacer mencion particular.Hallábame mústio y cabizbajo en una casa, en espera de Gomez del Palacio que iba á un negocio particular.Desconocido, en espantosa inopia, cuellicaido y mal pergeñadode vestido, esperaba en una pieza solitaria cercana al lugar en que hablaba mi amigo.De repente paróse frente á mí un chico con una fisonomía rubicunda como un sol y alegre como un fandango.Ancho de carrillos, blanca dentadura, ojos pequeños y retozones.... Robusto pecho, pronunciado abdómen.—Hombre, con un diantre, me dijo, toma ese trago de coñac.—Para servir á vd....—Qué tiquis, ni qué miquis; tú estás cabizbajo, hombre; tú no tienes un cuarto, Fidel mio, dame como cinco ó diez abrazos; pero menudealos, pedazo de tarugo.—Pero ¿quién es vd.? á quién tengo el honor....—¡Cáspita! siempre el mismo: ¿no te acuerdas de cuando eras escribiente en la aduana, de aquel gachupincillo de abarrotes que partia contigo sus almuerzos....—¡Pepe de mi corazon! vengan cien abrazos. Echaremos el primer trago.—Pues así como así, prosiguió Pepe radiante de bondad y satisfaccion: dicen que yo tengo mis cuartos: se acabaron tus penas; mis criados, mi casa, lo poco que valgo, todo es para tí, hombre.... pero echa otro trago.Ese hombre y esa familia fueron mi familia y el consuelo de mis penas; al rendirles, así como á Concha Ramirez, Shleidem y Cima, mi gratitud, pago un tributo lleno de espontaneidad y de ternura.Las familias que he mencionado llenaron á los mexicanos de obsequios y atenciones; nos crearon una atmósfera de patria y familia y nos hicieron olvidar las penas consiguientes á nuestra situacion.

Visitas.—Los reporters.—La poblacion.—Los mexicanos.

EL arribo del grupo de mexicanos que aventaba la fortuna á California, produjo alguna sensacion. Losreportersó noticieros de periódicos nos asediaban desde el buque, cercando al Sr. Iglesias que era nuestro compañero de viaje, y el nombre más proeminente entre nosotros.

Este tipo delreportermerece una descripcion especial: es la parte activa, el resorte del escándalo, lo más importante acaso de un periódico.

Es un sér curioso y acomodaticio, sagaz como la zorra, escurridizo como el viento, movible como el azogue.... rastrea como el perdiguero, se lanza sobre el rumor, el chisme ó la noticia, con la avidez del gavilan sobre su presa, y salta del duelo al baile, del baile al teatro, ó á la tertulia literaria,ó al banquete, ó á las carreras de caballos, ó á la riña de la calle, con sorprendente facilidad.

La prensa anunció con sus cien trompetas la llegada de los mexicanos, las autoridades locales visitaron al Sr. Iglesias, dándole testimonios de sincera simpatía y estimacion.

Algunas coplas habian llevado mi nombre por aquellas regiones, y á poco me encontré rodeado de personas generosísimas, que me colmaron de agasajos y finezas.

Entre las personas que nos visitaron y se particularizaron más especialmente conmigo, debo mencionar al general D. Mariano Guadalupe Vallejo.

El general Vallejo es un hombre de más de setenta años; pero tan expedito y robusto, como si estuviera en la flor de la vida.

Ancho de espaldas, firme de piernas y de andar desembarazado y ligero, tez morena, ojos negros, ardientes y atrevidos, pelo negro sin una sola cana, patilla negra y borrascosa como de curro andaluz, y una boca que ríe oportuna, y suelta sabrosa la palabra.

Vallejo nació mexicano y se distinguió en las armas; dueño de varias propiedades en California y partícipe en el descubrimiento del oro, tendria colosal fortuna; pero es hombre de singular desinteres y ha gastado parte de ese caudal en buenas obras y en que se le ponga su nombre á una calle, á un templo y no sé á qué otros lugares.

El general reside enSonoma, cerca de San Francisco; antigua mision de ese punto, es hoy poblacion risueña, rodeada de fértiles campos y llamada á un opulento porvenir.

Al general suelen darle sus visitadas las musas retozonas, y con ese motivo me declaró su compañero de armas poéticas,iniciándome en excelentes relaciones y llenándome de elogios cada vez que se mencionaba mi nombre.

Vallejo ha visto nacer, por decirlo así, á California, conoce los accidentes todos de su fortuna, se recrea en sus recuerdos, es su historia viva, se enorgullece con sus gracias, le lisonjea que la llamen bella y se extasía de júbilo considerando en su porvenir.

El general Vallejo ha escrito en elegante y castizo estilo la historia de California y enriquecido con preciosos manuscritos y curiosísimas noticias la librería de Banckroff, la más numerosa y rica en documentos de México, de cuantas tienen los Estados-Unidos y tal vez México mismo.

Aunque entrado en la nacionalidad americana el general Vallejo, la sangre hace su oficio, defiende á su patria natal, habla de sus glorias con entusiasmo, conserva sus costumbres y se interesa vivamente en cuanto corresponde á México.

Un compañero suyo á quien llamaré D. Vicente, quien aferrado á su nacionalidad mexicana hace de ella alarde, renegando de los americanos y exagerando sus defectos, me decia:

—Aunque le cuenten á vd., California es cierto que ya no es México, pero es California; estos no son los Estados-Unidos: en cualquier mostrador en que se venden ostiones, le preguntan á vd.: ¿de los Estados-Unidos ó de California? Al partir un buque, decimos todos, si toma aquel rumbo, va á los Estados-Unidos.

El pueblo será americano por nacimiento ó por conquista; pero aquí hay multitud de ingleses, irlandeses, franceses, alemanes, italianos, españoles, mexicanos, hispano-americanos,escandinavos, dálmatas y chinos. Tiene vd. periódicos, franceses, alemanes y españoles. Teatros é iglesias pertenecientes á los mismos diversos inmigrantes. La ciudad da abrigo á veintiocho iglesias protestantes, diez católicas, dos judías y varias buddistas.

Hay muchas asociaciones de placer, de beneficencia y comercio, así como logias masónicas en que entran y se estrechan los vínculos sociales en el sentido de la confraternidad.

De las conversaciones del general Vallejo y de otras personas pensadoras y atentas al desenvolvimiento de la California, pude colegir lo siguiente.

Cuando la fiebre del oro (1848), es decir, despues que la noticia de su prodigioso descubrimiento se propagó como el relámpago, produciendo ese delirio universal, esa rabia provocada por la sed de improvisar opulentas fortunas, el desquiciamento social fué completo; apareció activa y omnipotente la idea de que el oro es la riqueza por excelencia y se desencadenaron en breve tiempo y en un corto espacio, los tremendos resultados de ese absurdo.

Abandonaban los padres de familia sus hogares, sin cuidarse de sus hijos, los labradores huian de los campos, los soldados desertaban de sus cuarteles, los marinos saltaban á tierra, quedando las embarcaciones á merced de los vientos, y todos acudian en tropel, hostilizándose, abriéndose paso con los puños ó con las armas, á los campos de Sacramento, en donde manaba entre las aguas, en partículas de rayos de sol, ese metal con que creian forjar la llave para abrir de par en par las puertas de la felicidad.

En aquel sentimiento comun de enriquecerse, se confundian los sexos, las edades, las religiones, las nacionalidades;se forjaban instantáneas alianzas, repulsiones tremendas, colisiones y complicidades de los hombres de todas las regiones del globo.

Entre tanto estrépito, entre tan inaudito tumulto, las leyes inmutables de la economía enarbolaban su cetro de bronce, haciendo sucumbir y plegando todos los ensueños y todas las aspiraciones, á la necesidad. Cobraron valor fabuloso los artículos de preciso consumo; se daban puñados de oro por los comestibles, por los abrigos, por los zapatos y por los instrumentos de trabajo.

Me ha dicho el general Vallejo que un zarape del Saltillo se vendió por valor decatorce mil pesos, libra de abalorio por libra de oro, un espejillo ordinario de pacotilla por diez pesos, por más de veinticinco, unas pinzas.

—Yo he visto, me decia mi amigo Escalante, el encuentro de un negro y un buscador de oro.

El segundo traia un mal fieltro escondido casi bajo del arca derecha, lleno de onzas de oro. El primero llevaba en la mano una botella dewiskey.

—¿Cuánto quieres por esa botella?

—No la vendo, es muy cara.

—¿Cuánto quieres?

—Lo que pueda tomar con esta mano, de su sombrero.

—Trato hecho.

El negro metió su manaza en el sombrero y la retiró llena de oro.

El buscador se fué muy contento con su botella, y los dos vieron el trato como la cosa más natural del mundo.

Ningun barbero hacia la barba por ménos de una onza de oro.

Cuando una camisa se ensuciaba, no habia más que tirarla, porque tenia mayor costo la lavandera que el de una camisa nueva.

Un intérprete exigia cantidades enormes por poner en inteligencia dos personas prontas á devorarse por no entenderse; el pintor, el carrero, la servidumbre, se solicitaba en vano muchas veces con el oro en las manos.

La violencia y el crímen despues, llegaron á imperar despóticamente: el que atesoraba tenia en espectativa y como que soñaba en las delicias de Paris y de Italia; pero le acompañaba su revólver, en la mesa, en el lecho y en todas partes, como si temiera encontrarse momento á momento con la muerte.

Al potentado se dirigian envidiosas miradas; el asesinato, el envenenamiento, la traicion y el robo le seguian como su sombra.

Valia una vaca 400 pesos, un barril de aguardiente 700, la libra de carne 3 pesos; un comerciante llamado Jhones, compró millon y medio de pesos á razon de seis pesos la onza de oro.

Los improvisados millonarios se tenian que dar bola á sus botas, que lavarse la ropa y que hacerse la comida, por falta de criados.

Cuando estaban en todo su auge el desórden y la matanza, roto todo freno, desconocida toda autoridad, asentada la orgía en medio de ese tumulto de codicia y locura, se anunció la llegada de un cargamento de carne salada de cerdo.

Acude en tropel la multitud con el oro en las manos para calmar el hambre, rómpense algunos barriles, y la gente espantadareconoce miembros humanos despedazados, para servirse en aquel banquete de furias infernales.

Hechos como este despiertan los sentimientos de órden y de bien, dormidos en todos los corazones; se lanza una convocacion á los hombres honrados, sin distinguir colores ni castas, ni nacionalidades, y se forma la santa alianza del bien, contra aquel desencadenamiento de maldades.

Los tumultos se sucedian, las olas desencadenadas que formaban los malvados, se estrellaban en la leylinchey en elcomité de vigilancia, que amontonaba y suspendia ajusticiados para escarmientos.

El desórden se apacigua, y de aquel caos surge como un sol el derecho, con el prestigio y con las bendiciones de todos los buenos.

A la luz de esa victoria del bien, se encontraron en la noble confraternidad de la revindicacion de la ley, unidos con vínculos estrechos, el inglés, el ruso, el italiano, el chino, el hispano-americano, el aleman, los hombres todos, la gran familia humana, en la cuna de la regeneracion y el progreso.

En San Francisco no avanza un pueblo, es la humanidad la que marcha; no es el francés, ni el inglés los que fundaron la sociedad; es el hombre, y el hombre invocando el derecho como primer elemento de salvacion y de vida.

Esta circunstancia hace esencialmente variar en su fondo y esencia, los puntos de vista sociales y económicos y hace que la libertad sea una condicion de existencia, que en vano las leyes convencionales y los intereses del Norte pretenden embarazar y restringir.

Antes de que la transfiguracion de que hemos hablado severificase en 1849, se citó una convencion y se adoptó de pronto en Sonoma la constitucion del Missouri, reuniéndose la convencion en Monterey, y señalándose allí á San José como capital del Estado.

San Francisco se vió como un puntode depósitoy centro del tráfico, y de ahí su inverosímil importancia y desarrollo.

En San Francisco tenian varias posesiones los mexicanos.

El lugar donde está ahora la ciudad era como una sucesion de médanos; sin embargo, M. John S. Hittel, que es en mi juicio de los escritores más eminentes de aquella region, dice en un momento de exaltacion patriótica: “Roma tenia siete colinas: la metrópoli de California tiene muchas más.”

La península se forma de tres anfiteatros enlazados entre sí y á cual más bello, encerrándose cada uno en su cordillera de hermosas colinas. La Yerbabuena, que dió su nombre á todo el distrito, al Este, rodeada de lo que llamamos Montañas Rusas: el anfiteatro de Spring Valley (Valle de Primavera), al Poniente, y el anfiteatro de la Mision, al Sur, á donde desemboca la calle dePine. Nada más poético que esos valles, esas colinas invadidas por palacios, sombreadas por árboles y arrulladas por las blandas olas de la bahía magnífica.

Esos accidentes del terreno se prestan á mil inesperadas bellezas: la quinta opulenta, la humilde cabaña, el paseo espléndido, el cementerio melancólico, todo se realza y arrebata al alma á los espacios del ideal y del ensueño. Yo querria escribir como mi querido M. Hittel, que con la pluma de Hugo Foscolo, pinta estos cuadros; pero cabalgando en mi humilde prosa, diré que en la época del sistema colonial,casi á la orilla del mar, se encontraba el Presidio ó puerto militar, instituido para la defensa contra los gentiles ó indios bárbaros, conforme á los sabios reglamentos de D. José de Galvez. A corta distancia del Presidio, y á la orilla de la playa desierta, se hallaba la mision de Dolores, servida por frailes franciscanos, y á su lado, en una corta extension, la ranchería.

El presidio no pudo establecerse sino hasta 1822.

Verificada la independencia de México, y en las épocas en que rigió la federacion, figuró la Alta California como territorio.

Los lotes que se enajenaban ántes del descubrimiento del oro en los arenales en que hoy está construida la ciudad, valiannueve pesos cinco reales, inclusives los costos del documento de venta. Ahora esos mismos lotes se han dado porsetenta y ochenta mil pesos.

Los mexicanos poseedores de esos lotes se encontraron fácil y legítimamente dueños de opulentas fortunas y en elevada posicion social, atrayendo así otros paisanos y formando la unidad de la raza más poderosa que cualquiera otra nacionalidad.

El idioma, la religion, las costumbres, el recuerdo de la patria perdida, creó un ideal que embellecia México, fanatizando á sus hijos por él, creando patria en aquella trasformacion del suelo.

Las familias mexicanas, sin perder su fisonomía, se enlazaban con americanos, franceses, rusos y alemanes, y los hijos que nacian y nacen de esos enlaces, cobran un tipo especial; tienen culto por México, sus héroes, su idioma y costumbres, y visten como americanos, y comen como alemanesó franceses, y se expancen y florecen al soplo vivificante de la libertad.

Este espectáculo ha formado contraste con las mezquindades económicas de nuestra patria, sus aduanas interiores, sus levas, su persecucion al capital, los odios de algunos militares contra todo lo que es razon y derecho, sus contribuciones excesivas, su desierto, sus malos caminos y sus ladrones.

Multitud de sinaloenses, sonorenses é individuos de la Baja California emigran dia á dia á California, donde el lujo, la seguridad y todos los goces, los esperan; y lo sorprendente es que esos hombres ansíen por volver á nuestra patria y se consideren como desterrados en aquel país que realmente suele servir á muchos de refugio.

Los hijos de estos mexicanos adoptan la leyenda de los poéticos sentimientos de sus padres; pero su idioma, su creencia, su trage y su espíritu son de California, haciéndose esfuerzo por tener afinidades con sus paisanos, que verdaderamente no admitirian como sus padres ni en su servidumbre.

De aquellos mexicanos distinguidísimos por su patriotismo, por sus talentos y por su caballerosidad, son los Sres. Gaxiolas, D. Guillermo Andrade, Shleidem, Loaiza, y otras familias como la de Cima y Concepcion Ramirez, Godoy, Gutte Lhose, Labiaga, José Carrascosa y otras muchas que nos colmaron de atenciones y empeñaron viva y profundamente mi gratitud.

De José Carrascosa quiero hacer mencion particular.

Hallábame mústio y cabizbajo en una casa, en espera de Gomez del Palacio que iba á un negocio particular.

Desconocido, en espantosa inopia, cuellicaido y mal pergeñadode vestido, esperaba en una pieza solitaria cercana al lugar en que hablaba mi amigo.

De repente paróse frente á mí un chico con una fisonomía rubicunda como un sol y alegre como un fandango.

Ancho de carrillos, blanca dentadura, ojos pequeños y retozones.... Robusto pecho, pronunciado abdómen.

—Hombre, con un diantre, me dijo, toma ese trago de coñac.

—Para servir á vd....

—Qué tiquis, ni qué miquis; tú estás cabizbajo, hombre; tú no tienes un cuarto, Fidel mio, dame como cinco ó diez abrazos; pero menudealos, pedazo de tarugo.

—Pero ¿quién es vd.? á quién tengo el honor....

—¡Cáspita! siempre el mismo: ¿no te acuerdas de cuando eras escribiente en la aduana, de aquel gachupincillo de abarrotes que partia contigo sus almuerzos....

—¡Pepe de mi corazon! vengan cien abrazos. Echaremos el primer trago.

—Pues así como así, prosiguió Pepe radiante de bondad y satisfaccion: dicen que yo tengo mis cuartos: se acabaron tus penas; mis criados, mi casa, lo poco que valgo, todo es para tí, hombre.... pero echa otro trago.

Ese hombre y esa familia fueron mi familia y el consuelo de mis penas; al rendirles, así como á Concha Ramirez, Shleidem y Cima, mi gratitud, pago un tributo lleno de espontaneidad y de ternura.

Las familias que he mencionado llenaron á los mexicanos de obsequios y atenciones; nos crearon una atmósfera de patria y familia y nos hicieron olvidar las penas consiguientes á nuestra situacion.


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