IXEl Parque.—Cliff House.—El Woodward’s Garden.APROVECHANDO los accidentes del terreno, las hondas cuencas, las empinadas lomas que corren desde el centro de la ciudad, como los pliegues caprichosos de una lona mal desdoblada, hasta la orilla del mar, se ha formado el Parque, sembrando de árboles las sinuosidades y laderas, convirtiendo las hondonadas en jardines y cruzando con amplias calzadas de menuda arena el recinto bastante espacioso, que remeda un laberinto de árboles y flores limitado por el mar, que se rompe en la orilla á veces, y á veces como que se retira para que transiten en la playa carruajes y caballos. El conjunto de la perspectiva es de una belleza superior á todo encarecimiento.Al caminar por las cañadas que forma el terreno, flotan sobre nuestras cabezas las copas de los árboles, y vamosadmirando su relieve en el cielo azul. Al ascender, como que avasallamos á nuestros piés aquella naturaleza fecunda, y al recorrer los tendidos horizontes que nos cercan, vemos en las lomas distantes casas como rostros alegres que nos espían, apoyándose unos edificios como en los hombros de los otros, y es un tumulto de árboles, estatuas, flores, balcones, ventanas y azoteas que siempre nos sorprenden, y percibimos en las llanuras casas que como que van corriendo entre los árboles, ya aisladas, ya en grupos, á unirse al conjunto que primero deslumbró nuestros sentidos.Ya hemos hablado de la importancia del carruaje en su más humilde acepcion. Digamos algo del carruaje aristocrático.La calesa abierta, el landó, eltroiquart, el faeton, son comunes y abundan; pero elvoguees lo característico.Elvoguees un quitrin de dos ruedas, ligero como pluma y más barato que un saludo; elvoguees como complemento delpolloque algo se respeta y del hombre de negocios. Es una adicion á la personalidad del yankee, que lo convierte en más movible y ligero. De ahí la predileccion extraordinaria.Por otra parte, unvoguedecente con su caballo bien guarnecido, podrá tener de costo doscientos ó doscientos cincuenta pesos, nuevo, y de segunda mano mucho ménos. Elvoguetiene dos asientos, y como el propietario arrienda, el asiento sobrante es del amigo íntimo ó la querida.Para el aislamiento con esta última es admirable, por la estrechez de la distancia, por la independencia que se disfruta y porque en las cuestiones de seguridad, un brazo amigo es siempre un delicioso respaldo.Es de advertir que en casas de recreo y particulares, así como en fondas yrestaurants, hay columnillas con sus argollas para asegurar los caballos, y escalones para que las señoras desciendan, sin distraer al encargado de las riendas.Pero elvogue, en su acepcion más poética, es cuando funge como relicario, como nido, como la concha en que brillan dos deidades como dos perlas.Seavogue, ó sea calesa, la señorita es quien maneja las riendas casi siempre, con rara destreza, y parece que el frison galante se somete humilde á la mano encantadora que le guía.Nada más bello que ver dos gentiles damas envueltas en sus capotas de pieles, con sus gorrillos, dejando flotar al viento las blancas gasas del tocado, festivas, alegres, atravesar hasta perderse en la playa, en la bruma del mar.Allí, con temerario arrojo, azotan al corcel, compiten con otras amigas, entretanto que enfurecido el mar, se rompe en tumbos estrepitosos contra las ruedas del carruaje, pareciendo que éste levanta las olas en su vertiginosa carrera.Nada más bello que el correr de los ginetes, entre cientos de veloces carruajes, como en vuelo fantástico, y verse esa hilera ó cordon de paseantes al través, de la bruma, tomando algo de aéreo, de sobrenatural, ese capricho en que el amor y el placer cierran con besos los ojos de la temeridad.El gentío se agolpa, y carruajes y ginetes, ya aparecen en las alturas, ya se precipitan en los bajíos, ya tascando los frenos los caballos en competencia, los aurigas se persiguen en las alturas, compiten en las curvas, y buscando la arena endurecida por las aguas, hacen gala de despreciar el peligro,como las deidades fabulosas que pasaban sobre las olas sin hundirse.En las quiebras del Parque hay casas de recreo yrestaurantsen que está previsto el aislamiento, porque nada más típico en la naturaleza de unyankeeque asumir su soberanía y emanciparse.... Ya me dirán los lectores que tengan pizca de vergüenza, si en esto tienen razon....El término del Paseo del Parque esCliff House, que con ayuda de Dios voy á describir.Desde lo alto de una elevada montaña cuya base bañan las olas del mar, se ha precipitado una vereda tan pendiente, que parece, culebreando, que es el surco que abrió un rayo: despues de descender la vereda se pierde en una ciudadela natural, saliente sobre el mar, y se abren al abandonarla dos caminos: uno que sube en cómodo terraplen al Parque, que está á un costado de la montaña; el otro que, separando las peñas y apoyado en un borde salvaje, parece caer en el mar.En la plataforma ó ciudadela saliente, está construido lo que se llamaCliff House.Es un vasto edificio de fierro y madera apoyado en piés derechos que entran en las aguas.El edificio, que es un cuadrilongo imperfecto, consta de tres secciones.La primera es un amplísimo corredor techado, del ancho de diez varas, y su airoso balaustrado guarnecido con lujosa sillería, que da sobre las aguas del mar.La seccion intermedia se compone de lujosísimos gabinetes privados, con sus persianas, en que se aislan parejas y familias.La tercera seccion es el paradero de carruajes y caballos, en donde hay abundantes criados para recibir y despedir á los viajeros.A los lados del edificio hay dos extensos salones. Uno con grandes espejos, pianos, candelabros, estatuas, sofaes y sillones, para tertulias, conciertos y bailes, y en el opuesto extremo, están la cantina que por sí constituye una negociacion cuantiosa, la opulentísima fonda y mesillas para refrescos y licores.En este departamento existe un órgano valioso en veinte ó treinta mil pesos, movido por una cigüeña que comunica accion á un cilindro, y cuyo órgano hace los oficios y remeda los instrumentos de una orquesta completa.Extraordinario es el gentío elegante y el movimiento que se nota enCliff House; lo que tiene de más espléndido la moda, de más seductor la hermosura, de más lujoso los grandes trenes de la riqueza, todo se da cita para concurrir determinados dias á aquel sitio encantador.Una de las particularidades que distinguen áCliff House, es que al frente del tendido balcon, que ve al mar, se levanta entre el choque de las aguas un promontorio de rocas, nido, estancia y palacio de los leones marinos.Estos animales monstruosos, con su piel lisa y reluciente como de tafilete pardo, sus cabezas como cabezas humanas, sin pelo, sus ojos redondos, y sus labios partidos, cayendo en arco á los lados de la enorme boca, se arrastran sobre las rocas, descienden y como que ladran, aullando de un modo espantoso. Esta es la diversion. La ciudad ha tomado bajo su proteccion á los monstruos, y ha dictado penas severas á los que los molesten ó persigan.El edificio lo construyó en 1863 el capitan Foster.El paisaje que se admira desde la balaustrada saliente deCliff House, haria la reputacion del pintor ó del poeta que lograran trasladarlo al lienzo ó al papel. Por una parte la bahía con su animacion sorprendente; por el otro, el mar con su majestad augusta; al frente las islas, las alegres sementeras, los ganados y las montañas.En los barandales que rodean el edificio, en los corredores, en los salones, sombrillas, gorros, paraguas, mujeres como arcángeles, caballeros y niños, dan al conjunto un aire de fiesta indescribible....Yo todo lo queria ver, queria fijarme en todo y sacar las consecuencias más absurdas de mis primeras impresiones.Mis amigos, que sabian que acumulaba datos y hacia apuntaciones, me procuraban medios para que hiciese á cada instante nuevos conocimientos.—No deje vd. de apuntar en su cartera que en esta tierra se come sin cesar un instante, y que se podria navegar en la cerveza que se consume aquí diariamente.—Hombre, ponga vd. que estas judías con su tez apiñonada, sus ojos negros, su nariz aguileña, fueron las que realmente crucificaron á Nuestro Señor, que los usureros de los judíos estaban demasiado ocupados en sus negocios, para andarse de Herodes á Pilatos.—¿No ha visto vd. al médico espiritista? ¿ni al frenólogo? La charla de los franceses es una reputacion usurpada;los verdaderos saltimbanquis y charlatanes, aquí los tiene vd.—Hombre, dí que aquí todas las mujeres son divinas y amigables: las ves, y te ven más; sonríes, y ellas se desmorecen; les tiras un beso.... y mete la mano en el bolsillo, porque te enganchan á su brazo y te meten á tomar ostiones, que tú pagas por supuesto, y te despabilan los pesos con una habilidad extraordinaria.—Ahora me perteneces, decia uno; vas á saber lo que son lasMatinés.—Yo estoy comprometido á que vaya, clamaba otro, á ver el barrio de California.—¡Eh, Fidel! gritaba Carrascosa cuando me asomaba á la ventana. Hoy es la cita para ver el Depósito.—Toma tu sombrero, replicó al fin Francisco, que esos señores esperan á la puerta para llevarnos á Woodward’s Garden, y con esta son tres veces que los dejamos plantados.Me separé de los amigos colaboradores, y cátennos vdes. en marcha para el Célebre Jardin, ornamento de San Francisco.Como ya tengo dicho, despues de las calles principales se halla uno entre iniciativas de calles figuradas con latas, en las que hay, sin embargo, régias mansiones, falta de banquetas, tablazon y escombros, y parques, y jardines encantadores, solares abandonados, con montones de arena, en que los muchachos juegan á la pelota, con sendos garrotes en vez dechacuales; yladiespreciosas con sus botes de hoja de lata, que fungen de cestos, y sus libros debajo del brazo, marchan solitarias á su negocio, ni más ni ménos que un corredor de número.Ocupa el Gran Jardin que visitamos un terreno espacioso sembrado de árboles y de exquisitas flores, entre las que las enredaderas envuelven profusas los muros de los varios edificios que contiene el Jardin, de formas gótica, arabesca, china y judía.Sobre cada pabellon,kioskoó galería, flotan banderas, sobresaliendo y prodigándose la americana, con vanidosa ostentacion.Frente á la entrada del edificio, nos llamó la atencion un arco dentado de figura extraña: me dijeron que era una quijada de ballena ó monstruo marino.... Yo abrí tantos ojos, y no dije oste ni moste.Lo primero que recorrimos fué lo que llaman el Museo, formado de varios estantes incrustados en la pared y cubiertos de grandes cristales.Las colecciones geológica y mineralógica son extensas y variadas, pero muy léjos de competir en riqueza con las de nuestro museo.Las cristalizaciones y petrificaciones son muchas, colocadas con esmero; pero sin gusto, ni grande escrupulosidad científica, segun algunos observaron.En una seccion de ese departamento existe una coleccion de minerales del Japon, formada por el japonés Jacques Kaderly, bastante conocido en el mundo científico.Los gabinetes que forman el Museo que da al jardin, circuyen lo que se llama el pabellon y elrestaurant.El primero es un salon elíptico con su valla y sus gradas capaces de contener como mil personas. Allí se dan bailes públicos esplendidos; en el pavimento de madera, terso como el acero, patinan en invierno las hermosas, y cuando yolo visité habia en el centro una orquesta alemana, de gran reputacion y nombradía.Contiguo al salon se ve elrestaurant, con su armazon, su mostrador, sus mesillas, sus bebedores y sus periódicos, distinguiéndose entre espesas nubes de tabaco.El departamento zoológico lo forma un inmenso patio, en que se ven por una parte jaulas para fieras y para aves; por otra, establos; por otra, largos corredores con jaulas, como celdillas con rejas, residencia de los monos, y en el centro un pozo en cuyo fondo se solazan los osos, teniendo la facultad de ascender á una plataforma bastante distante en el brocal del pozo, cuando se quieren dar en espectáculo.La multitud recorre aquel lugar para conocer al tigre feroz, á la pantera inquieta y alevosa, al gato montés amenazador, al leopardo ágil y atrevido.En el establo se examinan búfalos, camellos, bisontes, llamas, zebras, caballos de diferentes razas y algunos burros indiferentes á cuanto les rodea, como cualquier filósofo de primer órden.El lugar más concurrido de lamenajeríaes el de las jaulas de los monos, y confieso que yo disentí del general parecer.Ese plagio carnavalesco de la figura humana; ese juego grotesco de la fisonomía del hombre; esa especie de demente ó de idiota que nos provoca con su semejanza y humilla nuestro orgullo con el miedo de la certeza de su paternidad; ese parecido á personas que tienen rango social y á las que tendemos la mano de amigo ó llamamos parientes, todo eso, lo confieso, me mortifica, me horripila, me hace estar inquieto y humillado frente á un mono.Hay monos de todos tamaños, glotones, atrevidos, impúdicos, que nos interrogan con la mirada y quieren establecer inteligencia con la accion; los muchachos se perecen de gusto con estos borradores de hombrecillos; les pinchan, les tiran frutas, les azuzan y les irritan.El pozo de los osos es sombrío, está coronado de gente. Los animales, cabizbajos y taciturnos como un juez íntegro, suben á la plataforma, hacen sus maromas y suelen presentar espectáculos poco adecuados para las señoras y para los niños.—De todo esto ha visto vd. mucho en México, me decia un amigo: lo que puede que le ofrezca algun interes es elacuario; pase vd. por este costado.Atravesamos el primer patio, en que nos detuvimos á ver un leon marino, con el que se entretenia la gente arrojándole sendos trozos de carne que devoraba, y nos detuvimos al frente de una cueva oscurísima.La cueva parecia abierta en la roca viva: es bastante extensa, y á algunos pasos del cañon de la entrada, se abre una especie de salon circular de bastante amplitud.En ese punto, habituados los ojos á la oscuridad, comienzan á percibir como lampos de luz en las paredes, hasta aparecer del todo iluminadas, y cercándonos por todas partes.Entónces, recuperados de la sorpresa, á nuestros lados y sobre nuestra cabeza, como si estuviéramos sumergidos en el agua, vemos pasar pescados de todas formas y colores, con sus caras de sordo, sus hocicos aguzados ó redondos, conservando abiertos sus ojos saltones é inmóviles.Van, vienen, ascienden, se precipitan, se agrupan, riñen y se separan.El cangrejo despatarrado y torpe, la anguila escurridiza, el pez espada bélico, el tiburon con su aspecto de sargento serrano hecho general de brigada, y todo como se palpa a través de los cristales, y como que se abre para el hombre el misterio de los mares y completa su señorío del universo.... Esta iniciacion en la vida íntima de los peces me agradó infinito, y es uno de los espectáculos que más llamó mi atencion en San Francisco.
IXEl Parque.—Cliff House.—El Woodward’s Garden.APROVECHANDO los accidentes del terreno, las hondas cuencas, las empinadas lomas que corren desde el centro de la ciudad, como los pliegues caprichosos de una lona mal desdoblada, hasta la orilla del mar, se ha formado el Parque, sembrando de árboles las sinuosidades y laderas, convirtiendo las hondonadas en jardines y cruzando con amplias calzadas de menuda arena el recinto bastante espacioso, que remeda un laberinto de árboles y flores limitado por el mar, que se rompe en la orilla á veces, y á veces como que se retira para que transiten en la playa carruajes y caballos. El conjunto de la perspectiva es de una belleza superior á todo encarecimiento.Al caminar por las cañadas que forma el terreno, flotan sobre nuestras cabezas las copas de los árboles, y vamosadmirando su relieve en el cielo azul. Al ascender, como que avasallamos á nuestros piés aquella naturaleza fecunda, y al recorrer los tendidos horizontes que nos cercan, vemos en las lomas distantes casas como rostros alegres que nos espían, apoyándose unos edificios como en los hombros de los otros, y es un tumulto de árboles, estatuas, flores, balcones, ventanas y azoteas que siempre nos sorprenden, y percibimos en las llanuras casas que como que van corriendo entre los árboles, ya aisladas, ya en grupos, á unirse al conjunto que primero deslumbró nuestros sentidos.Ya hemos hablado de la importancia del carruaje en su más humilde acepcion. Digamos algo del carruaje aristocrático.La calesa abierta, el landó, eltroiquart, el faeton, son comunes y abundan; pero elvoguees lo característico.Elvoguees un quitrin de dos ruedas, ligero como pluma y más barato que un saludo; elvoguees como complemento delpolloque algo se respeta y del hombre de negocios. Es una adicion á la personalidad del yankee, que lo convierte en más movible y ligero. De ahí la predileccion extraordinaria.Por otra parte, unvoguedecente con su caballo bien guarnecido, podrá tener de costo doscientos ó doscientos cincuenta pesos, nuevo, y de segunda mano mucho ménos. Elvoguetiene dos asientos, y como el propietario arrienda, el asiento sobrante es del amigo íntimo ó la querida.Para el aislamiento con esta última es admirable, por la estrechez de la distancia, por la independencia que se disfruta y porque en las cuestiones de seguridad, un brazo amigo es siempre un delicioso respaldo.Es de advertir que en casas de recreo y particulares, así como en fondas yrestaurants, hay columnillas con sus argollas para asegurar los caballos, y escalones para que las señoras desciendan, sin distraer al encargado de las riendas.Pero elvogue, en su acepcion más poética, es cuando funge como relicario, como nido, como la concha en que brillan dos deidades como dos perlas.Seavogue, ó sea calesa, la señorita es quien maneja las riendas casi siempre, con rara destreza, y parece que el frison galante se somete humilde á la mano encantadora que le guía.Nada más bello que ver dos gentiles damas envueltas en sus capotas de pieles, con sus gorrillos, dejando flotar al viento las blancas gasas del tocado, festivas, alegres, atravesar hasta perderse en la playa, en la bruma del mar.Allí, con temerario arrojo, azotan al corcel, compiten con otras amigas, entretanto que enfurecido el mar, se rompe en tumbos estrepitosos contra las ruedas del carruaje, pareciendo que éste levanta las olas en su vertiginosa carrera.Nada más bello que el correr de los ginetes, entre cientos de veloces carruajes, como en vuelo fantástico, y verse esa hilera ó cordon de paseantes al través, de la bruma, tomando algo de aéreo, de sobrenatural, ese capricho en que el amor y el placer cierran con besos los ojos de la temeridad.El gentío se agolpa, y carruajes y ginetes, ya aparecen en las alturas, ya se precipitan en los bajíos, ya tascando los frenos los caballos en competencia, los aurigas se persiguen en las alturas, compiten en las curvas, y buscando la arena endurecida por las aguas, hacen gala de despreciar el peligro,como las deidades fabulosas que pasaban sobre las olas sin hundirse.En las quiebras del Parque hay casas de recreo yrestaurantsen que está previsto el aislamiento, porque nada más típico en la naturaleza de unyankeeque asumir su soberanía y emanciparse.... Ya me dirán los lectores que tengan pizca de vergüenza, si en esto tienen razon....El término del Paseo del Parque esCliff House, que con ayuda de Dios voy á describir.Desde lo alto de una elevada montaña cuya base bañan las olas del mar, se ha precipitado una vereda tan pendiente, que parece, culebreando, que es el surco que abrió un rayo: despues de descender la vereda se pierde en una ciudadela natural, saliente sobre el mar, y se abren al abandonarla dos caminos: uno que sube en cómodo terraplen al Parque, que está á un costado de la montaña; el otro que, separando las peñas y apoyado en un borde salvaje, parece caer en el mar.En la plataforma ó ciudadela saliente, está construido lo que se llamaCliff House.Es un vasto edificio de fierro y madera apoyado en piés derechos que entran en las aguas.El edificio, que es un cuadrilongo imperfecto, consta de tres secciones.La primera es un amplísimo corredor techado, del ancho de diez varas, y su airoso balaustrado guarnecido con lujosa sillería, que da sobre las aguas del mar.La seccion intermedia se compone de lujosísimos gabinetes privados, con sus persianas, en que se aislan parejas y familias.La tercera seccion es el paradero de carruajes y caballos, en donde hay abundantes criados para recibir y despedir á los viajeros.A los lados del edificio hay dos extensos salones. Uno con grandes espejos, pianos, candelabros, estatuas, sofaes y sillones, para tertulias, conciertos y bailes, y en el opuesto extremo, están la cantina que por sí constituye una negociacion cuantiosa, la opulentísima fonda y mesillas para refrescos y licores.En este departamento existe un órgano valioso en veinte ó treinta mil pesos, movido por una cigüeña que comunica accion á un cilindro, y cuyo órgano hace los oficios y remeda los instrumentos de una orquesta completa.Extraordinario es el gentío elegante y el movimiento que se nota enCliff House; lo que tiene de más espléndido la moda, de más seductor la hermosura, de más lujoso los grandes trenes de la riqueza, todo se da cita para concurrir determinados dias á aquel sitio encantador.Una de las particularidades que distinguen áCliff House, es que al frente del tendido balcon, que ve al mar, se levanta entre el choque de las aguas un promontorio de rocas, nido, estancia y palacio de los leones marinos.Estos animales monstruosos, con su piel lisa y reluciente como de tafilete pardo, sus cabezas como cabezas humanas, sin pelo, sus ojos redondos, y sus labios partidos, cayendo en arco á los lados de la enorme boca, se arrastran sobre las rocas, descienden y como que ladran, aullando de un modo espantoso. Esta es la diversion. La ciudad ha tomado bajo su proteccion á los monstruos, y ha dictado penas severas á los que los molesten ó persigan.El edificio lo construyó en 1863 el capitan Foster.El paisaje que se admira desde la balaustrada saliente deCliff House, haria la reputacion del pintor ó del poeta que lograran trasladarlo al lienzo ó al papel. Por una parte la bahía con su animacion sorprendente; por el otro, el mar con su majestad augusta; al frente las islas, las alegres sementeras, los ganados y las montañas.En los barandales que rodean el edificio, en los corredores, en los salones, sombrillas, gorros, paraguas, mujeres como arcángeles, caballeros y niños, dan al conjunto un aire de fiesta indescribible....Yo todo lo queria ver, queria fijarme en todo y sacar las consecuencias más absurdas de mis primeras impresiones.Mis amigos, que sabian que acumulaba datos y hacia apuntaciones, me procuraban medios para que hiciese á cada instante nuevos conocimientos.—No deje vd. de apuntar en su cartera que en esta tierra se come sin cesar un instante, y que se podria navegar en la cerveza que se consume aquí diariamente.—Hombre, ponga vd. que estas judías con su tez apiñonada, sus ojos negros, su nariz aguileña, fueron las que realmente crucificaron á Nuestro Señor, que los usureros de los judíos estaban demasiado ocupados en sus negocios, para andarse de Herodes á Pilatos.—¿No ha visto vd. al médico espiritista? ¿ni al frenólogo? La charla de los franceses es una reputacion usurpada;los verdaderos saltimbanquis y charlatanes, aquí los tiene vd.—Hombre, dí que aquí todas las mujeres son divinas y amigables: las ves, y te ven más; sonríes, y ellas se desmorecen; les tiras un beso.... y mete la mano en el bolsillo, porque te enganchan á su brazo y te meten á tomar ostiones, que tú pagas por supuesto, y te despabilan los pesos con una habilidad extraordinaria.—Ahora me perteneces, decia uno; vas á saber lo que son lasMatinés.—Yo estoy comprometido á que vaya, clamaba otro, á ver el barrio de California.—¡Eh, Fidel! gritaba Carrascosa cuando me asomaba á la ventana. Hoy es la cita para ver el Depósito.—Toma tu sombrero, replicó al fin Francisco, que esos señores esperan á la puerta para llevarnos á Woodward’s Garden, y con esta son tres veces que los dejamos plantados.Me separé de los amigos colaboradores, y cátennos vdes. en marcha para el Célebre Jardin, ornamento de San Francisco.Como ya tengo dicho, despues de las calles principales se halla uno entre iniciativas de calles figuradas con latas, en las que hay, sin embargo, régias mansiones, falta de banquetas, tablazon y escombros, y parques, y jardines encantadores, solares abandonados, con montones de arena, en que los muchachos juegan á la pelota, con sendos garrotes en vez dechacuales; yladiespreciosas con sus botes de hoja de lata, que fungen de cestos, y sus libros debajo del brazo, marchan solitarias á su negocio, ni más ni ménos que un corredor de número.Ocupa el Gran Jardin que visitamos un terreno espacioso sembrado de árboles y de exquisitas flores, entre las que las enredaderas envuelven profusas los muros de los varios edificios que contiene el Jardin, de formas gótica, arabesca, china y judía.Sobre cada pabellon,kioskoó galería, flotan banderas, sobresaliendo y prodigándose la americana, con vanidosa ostentacion.Frente á la entrada del edificio, nos llamó la atencion un arco dentado de figura extraña: me dijeron que era una quijada de ballena ó monstruo marino.... Yo abrí tantos ojos, y no dije oste ni moste.Lo primero que recorrimos fué lo que llaman el Museo, formado de varios estantes incrustados en la pared y cubiertos de grandes cristales.Las colecciones geológica y mineralógica son extensas y variadas, pero muy léjos de competir en riqueza con las de nuestro museo.Las cristalizaciones y petrificaciones son muchas, colocadas con esmero; pero sin gusto, ni grande escrupulosidad científica, segun algunos observaron.En una seccion de ese departamento existe una coleccion de minerales del Japon, formada por el japonés Jacques Kaderly, bastante conocido en el mundo científico.Los gabinetes que forman el Museo que da al jardin, circuyen lo que se llama el pabellon y elrestaurant.El primero es un salon elíptico con su valla y sus gradas capaces de contener como mil personas. Allí se dan bailes públicos esplendidos; en el pavimento de madera, terso como el acero, patinan en invierno las hermosas, y cuando yolo visité habia en el centro una orquesta alemana, de gran reputacion y nombradía.Contiguo al salon se ve elrestaurant, con su armazon, su mostrador, sus mesillas, sus bebedores y sus periódicos, distinguiéndose entre espesas nubes de tabaco.El departamento zoológico lo forma un inmenso patio, en que se ven por una parte jaulas para fieras y para aves; por otra, establos; por otra, largos corredores con jaulas, como celdillas con rejas, residencia de los monos, y en el centro un pozo en cuyo fondo se solazan los osos, teniendo la facultad de ascender á una plataforma bastante distante en el brocal del pozo, cuando se quieren dar en espectáculo.La multitud recorre aquel lugar para conocer al tigre feroz, á la pantera inquieta y alevosa, al gato montés amenazador, al leopardo ágil y atrevido.En el establo se examinan búfalos, camellos, bisontes, llamas, zebras, caballos de diferentes razas y algunos burros indiferentes á cuanto les rodea, como cualquier filósofo de primer órden.El lugar más concurrido de lamenajeríaes el de las jaulas de los monos, y confieso que yo disentí del general parecer.Ese plagio carnavalesco de la figura humana; ese juego grotesco de la fisonomía del hombre; esa especie de demente ó de idiota que nos provoca con su semejanza y humilla nuestro orgullo con el miedo de la certeza de su paternidad; ese parecido á personas que tienen rango social y á las que tendemos la mano de amigo ó llamamos parientes, todo eso, lo confieso, me mortifica, me horripila, me hace estar inquieto y humillado frente á un mono.Hay monos de todos tamaños, glotones, atrevidos, impúdicos, que nos interrogan con la mirada y quieren establecer inteligencia con la accion; los muchachos se perecen de gusto con estos borradores de hombrecillos; les pinchan, les tiran frutas, les azuzan y les irritan.El pozo de los osos es sombrío, está coronado de gente. Los animales, cabizbajos y taciturnos como un juez íntegro, suben á la plataforma, hacen sus maromas y suelen presentar espectáculos poco adecuados para las señoras y para los niños.—De todo esto ha visto vd. mucho en México, me decia un amigo: lo que puede que le ofrezca algun interes es elacuario; pase vd. por este costado.Atravesamos el primer patio, en que nos detuvimos á ver un leon marino, con el que se entretenia la gente arrojándole sendos trozos de carne que devoraba, y nos detuvimos al frente de una cueva oscurísima.La cueva parecia abierta en la roca viva: es bastante extensa, y á algunos pasos del cañon de la entrada, se abre una especie de salon circular de bastante amplitud.En ese punto, habituados los ojos á la oscuridad, comienzan á percibir como lampos de luz en las paredes, hasta aparecer del todo iluminadas, y cercándonos por todas partes.Entónces, recuperados de la sorpresa, á nuestros lados y sobre nuestra cabeza, como si estuviéramos sumergidos en el agua, vemos pasar pescados de todas formas y colores, con sus caras de sordo, sus hocicos aguzados ó redondos, conservando abiertos sus ojos saltones é inmóviles.Van, vienen, ascienden, se precipitan, se agrupan, riñen y se separan.El cangrejo despatarrado y torpe, la anguila escurridiza, el pez espada bélico, el tiburon con su aspecto de sargento serrano hecho general de brigada, y todo como se palpa a través de los cristales, y como que se abre para el hombre el misterio de los mares y completa su señorío del universo.... Esta iniciacion en la vida íntima de los peces me agradó infinito, y es uno de los espectáculos que más llamó mi atencion en San Francisco.
El Parque.—Cliff House.—El Woodward’s Garden.
APROVECHANDO los accidentes del terreno, las hondas cuencas, las empinadas lomas que corren desde el centro de la ciudad, como los pliegues caprichosos de una lona mal desdoblada, hasta la orilla del mar, se ha formado el Parque, sembrando de árboles las sinuosidades y laderas, convirtiendo las hondonadas en jardines y cruzando con amplias calzadas de menuda arena el recinto bastante espacioso, que remeda un laberinto de árboles y flores limitado por el mar, que se rompe en la orilla á veces, y á veces como que se retira para que transiten en la playa carruajes y caballos. El conjunto de la perspectiva es de una belleza superior á todo encarecimiento.
Al caminar por las cañadas que forma el terreno, flotan sobre nuestras cabezas las copas de los árboles, y vamosadmirando su relieve en el cielo azul. Al ascender, como que avasallamos á nuestros piés aquella naturaleza fecunda, y al recorrer los tendidos horizontes que nos cercan, vemos en las lomas distantes casas como rostros alegres que nos espían, apoyándose unos edificios como en los hombros de los otros, y es un tumulto de árboles, estatuas, flores, balcones, ventanas y azoteas que siempre nos sorprenden, y percibimos en las llanuras casas que como que van corriendo entre los árboles, ya aisladas, ya en grupos, á unirse al conjunto que primero deslumbró nuestros sentidos.
Ya hemos hablado de la importancia del carruaje en su más humilde acepcion. Digamos algo del carruaje aristocrático.
La calesa abierta, el landó, eltroiquart, el faeton, son comunes y abundan; pero elvoguees lo característico.
Elvoguees un quitrin de dos ruedas, ligero como pluma y más barato que un saludo; elvoguees como complemento delpolloque algo se respeta y del hombre de negocios. Es una adicion á la personalidad del yankee, que lo convierte en más movible y ligero. De ahí la predileccion extraordinaria.
Por otra parte, unvoguedecente con su caballo bien guarnecido, podrá tener de costo doscientos ó doscientos cincuenta pesos, nuevo, y de segunda mano mucho ménos. Elvoguetiene dos asientos, y como el propietario arrienda, el asiento sobrante es del amigo íntimo ó la querida.
Para el aislamiento con esta última es admirable, por la estrechez de la distancia, por la independencia que se disfruta y porque en las cuestiones de seguridad, un brazo amigo es siempre un delicioso respaldo.
Es de advertir que en casas de recreo y particulares, así como en fondas yrestaurants, hay columnillas con sus argollas para asegurar los caballos, y escalones para que las señoras desciendan, sin distraer al encargado de las riendas.
Pero elvogue, en su acepcion más poética, es cuando funge como relicario, como nido, como la concha en que brillan dos deidades como dos perlas.
Seavogue, ó sea calesa, la señorita es quien maneja las riendas casi siempre, con rara destreza, y parece que el frison galante se somete humilde á la mano encantadora que le guía.
Nada más bello que ver dos gentiles damas envueltas en sus capotas de pieles, con sus gorrillos, dejando flotar al viento las blancas gasas del tocado, festivas, alegres, atravesar hasta perderse en la playa, en la bruma del mar.
Allí, con temerario arrojo, azotan al corcel, compiten con otras amigas, entretanto que enfurecido el mar, se rompe en tumbos estrepitosos contra las ruedas del carruaje, pareciendo que éste levanta las olas en su vertiginosa carrera.
Nada más bello que el correr de los ginetes, entre cientos de veloces carruajes, como en vuelo fantástico, y verse esa hilera ó cordon de paseantes al través, de la bruma, tomando algo de aéreo, de sobrenatural, ese capricho en que el amor y el placer cierran con besos los ojos de la temeridad.
El gentío se agolpa, y carruajes y ginetes, ya aparecen en las alturas, ya se precipitan en los bajíos, ya tascando los frenos los caballos en competencia, los aurigas se persiguen en las alturas, compiten en las curvas, y buscando la arena endurecida por las aguas, hacen gala de despreciar el peligro,como las deidades fabulosas que pasaban sobre las olas sin hundirse.
En las quiebras del Parque hay casas de recreo yrestaurantsen que está previsto el aislamiento, porque nada más típico en la naturaleza de unyankeeque asumir su soberanía y emanciparse.... Ya me dirán los lectores que tengan pizca de vergüenza, si en esto tienen razon....
El término del Paseo del Parque esCliff House, que con ayuda de Dios voy á describir.
Desde lo alto de una elevada montaña cuya base bañan las olas del mar, se ha precipitado una vereda tan pendiente, que parece, culebreando, que es el surco que abrió un rayo: despues de descender la vereda se pierde en una ciudadela natural, saliente sobre el mar, y se abren al abandonarla dos caminos: uno que sube en cómodo terraplen al Parque, que está á un costado de la montaña; el otro que, separando las peñas y apoyado en un borde salvaje, parece caer en el mar.
En la plataforma ó ciudadela saliente, está construido lo que se llamaCliff House.
Es un vasto edificio de fierro y madera apoyado en piés derechos que entran en las aguas.
El edificio, que es un cuadrilongo imperfecto, consta de tres secciones.
La primera es un amplísimo corredor techado, del ancho de diez varas, y su airoso balaustrado guarnecido con lujosa sillería, que da sobre las aguas del mar.
La seccion intermedia se compone de lujosísimos gabinetes privados, con sus persianas, en que se aislan parejas y familias.
La tercera seccion es el paradero de carruajes y caballos, en donde hay abundantes criados para recibir y despedir á los viajeros.
A los lados del edificio hay dos extensos salones. Uno con grandes espejos, pianos, candelabros, estatuas, sofaes y sillones, para tertulias, conciertos y bailes, y en el opuesto extremo, están la cantina que por sí constituye una negociacion cuantiosa, la opulentísima fonda y mesillas para refrescos y licores.
En este departamento existe un órgano valioso en veinte ó treinta mil pesos, movido por una cigüeña que comunica accion á un cilindro, y cuyo órgano hace los oficios y remeda los instrumentos de una orquesta completa.
Extraordinario es el gentío elegante y el movimiento que se nota enCliff House; lo que tiene de más espléndido la moda, de más seductor la hermosura, de más lujoso los grandes trenes de la riqueza, todo se da cita para concurrir determinados dias á aquel sitio encantador.
Una de las particularidades que distinguen áCliff House, es que al frente del tendido balcon, que ve al mar, se levanta entre el choque de las aguas un promontorio de rocas, nido, estancia y palacio de los leones marinos.
Estos animales monstruosos, con su piel lisa y reluciente como de tafilete pardo, sus cabezas como cabezas humanas, sin pelo, sus ojos redondos, y sus labios partidos, cayendo en arco á los lados de la enorme boca, se arrastran sobre las rocas, descienden y como que ladran, aullando de un modo espantoso. Esta es la diversion. La ciudad ha tomado bajo su proteccion á los monstruos, y ha dictado penas severas á los que los molesten ó persigan.
El edificio lo construyó en 1863 el capitan Foster.
El paisaje que se admira desde la balaustrada saliente deCliff House, haria la reputacion del pintor ó del poeta que lograran trasladarlo al lienzo ó al papel. Por una parte la bahía con su animacion sorprendente; por el otro, el mar con su majestad augusta; al frente las islas, las alegres sementeras, los ganados y las montañas.
En los barandales que rodean el edificio, en los corredores, en los salones, sombrillas, gorros, paraguas, mujeres como arcángeles, caballeros y niños, dan al conjunto un aire de fiesta indescribible....
Yo todo lo queria ver, queria fijarme en todo y sacar las consecuencias más absurdas de mis primeras impresiones.
Mis amigos, que sabian que acumulaba datos y hacia apuntaciones, me procuraban medios para que hiciese á cada instante nuevos conocimientos.
—No deje vd. de apuntar en su cartera que en esta tierra se come sin cesar un instante, y que se podria navegar en la cerveza que se consume aquí diariamente.
—Hombre, ponga vd. que estas judías con su tez apiñonada, sus ojos negros, su nariz aguileña, fueron las que realmente crucificaron á Nuestro Señor, que los usureros de los judíos estaban demasiado ocupados en sus negocios, para andarse de Herodes á Pilatos.
—¿No ha visto vd. al médico espiritista? ¿ni al frenólogo? La charla de los franceses es una reputacion usurpada;los verdaderos saltimbanquis y charlatanes, aquí los tiene vd.
—Hombre, dí que aquí todas las mujeres son divinas y amigables: las ves, y te ven más; sonríes, y ellas se desmorecen; les tiras un beso.... y mete la mano en el bolsillo, porque te enganchan á su brazo y te meten á tomar ostiones, que tú pagas por supuesto, y te despabilan los pesos con una habilidad extraordinaria.
—Ahora me perteneces, decia uno; vas á saber lo que son lasMatinés.
—Yo estoy comprometido á que vaya, clamaba otro, á ver el barrio de California.
—¡Eh, Fidel! gritaba Carrascosa cuando me asomaba á la ventana. Hoy es la cita para ver el Depósito.
—Toma tu sombrero, replicó al fin Francisco, que esos señores esperan á la puerta para llevarnos á Woodward’s Garden, y con esta son tres veces que los dejamos plantados.
Me separé de los amigos colaboradores, y cátennos vdes. en marcha para el Célebre Jardin, ornamento de San Francisco.
Como ya tengo dicho, despues de las calles principales se halla uno entre iniciativas de calles figuradas con latas, en las que hay, sin embargo, régias mansiones, falta de banquetas, tablazon y escombros, y parques, y jardines encantadores, solares abandonados, con montones de arena, en que los muchachos juegan á la pelota, con sendos garrotes en vez dechacuales; yladiespreciosas con sus botes de hoja de lata, que fungen de cestos, y sus libros debajo del brazo, marchan solitarias á su negocio, ni más ni ménos que un corredor de número.
Ocupa el Gran Jardin que visitamos un terreno espacioso sembrado de árboles y de exquisitas flores, entre las que las enredaderas envuelven profusas los muros de los varios edificios que contiene el Jardin, de formas gótica, arabesca, china y judía.
Sobre cada pabellon,kioskoó galería, flotan banderas, sobresaliendo y prodigándose la americana, con vanidosa ostentacion.
Frente á la entrada del edificio, nos llamó la atencion un arco dentado de figura extraña: me dijeron que era una quijada de ballena ó monstruo marino.... Yo abrí tantos ojos, y no dije oste ni moste.
Lo primero que recorrimos fué lo que llaman el Museo, formado de varios estantes incrustados en la pared y cubiertos de grandes cristales.
Las colecciones geológica y mineralógica son extensas y variadas, pero muy léjos de competir en riqueza con las de nuestro museo.
Las cristalizaciones y petrificaciones son muchas, colocadas con esmero; pero sin gusto, ni grande escrupulosidad científica, segun algunos observaron.
En una seccion de ese departamento existe una coleccion de minerales del Japon, formada por el japonés Jacques Kaderly, bastante conocido en el mundo científico.
Los gabinetes que forman el Museo que da al jardin, circuyen lo que se llama el pabellon y elrestaurant.
El primero es un salon elíptico con su valla y sus gradas capaces de contener como mil personas. Allí se dan bailes públicos esplendidos; en el pavimento de madera, terso como el acero, patinan en invierno las hermosas, y cuando yolo visité habia en el centro una orquesta alemana, de gran reputacion y nombradía.
Contiguo al salon se ve elrestaurant, con su armazon, su mostrador, sus mesillas, sus bebedores y sus periódicos, distinguiéndose entre espesas nubes de tabaco.
El departamento zoológico lo forma un inmenso patio, en que se ven por una parte jaulas para fieras y para aves; por otra, establos; por otra, largos corredores con jaulas, como celdillas con rejas, residencia de los monos, y en el centro un pozo en cuyo fondo se solazan los osos, teniendo la facultad de ascender á una plataforma bastante distante en el brocal del pozo, cuando se quieren dar en espectáculo.
La multitud recorre aquel lugar para conocer al tigre feroz, á la pantera inquieta y alevosa, al gato montés amenazador, al leopardo ágil y atrevido.
En el establo se examinan búfalos, camellos, bisontes, llamas, zebras, caballos de diferentes razas y algunos burros indiferentes á cuanto les rodea, como cualquier filósofo de primer órden.
El lugar más concurrido de lamenajeríaes el de las jaulas de los monos, y confieso que yo disentí del general parecer.
Ese plagio carnavalesco de la figura humana; ese juego grotesco de la fisonomía del hombre; esa especie de demente ó de idiota que nos provoca con su semejanza y humilla nuestro orgullo con el miedo de la certeza de su paternidad; ese parecido á personas que tienen rango social y á las que tendemos la mano de amigo ó llamamos parientes, todo eso, lo confieso, me mortifica, me horripila, me hace estar inquieto y humillado frente á un mono.
Hay monos de todos tamaños, glotones, atrevidos, impúdicos, que nos interrogan con la mirada y quieren establecer inteligencia con la accion; los muchachos se perecen de gusto con estos borradores de hombrecillos; les pinchan, les tiran frutas, les azuzan y les irritan.
El pozo de los osos es sombrío, está coronado de gente. Los animales, cabizbajos y taciturnos como un juez íntegro, suben á la plataforma, hacen sus maromas y suelen presentar espectáculos poco adecuados para las señoras y para los niños.
—De todo esto ha visto vd. mucho en México, me decia un amigo: lo que puede que le ofrezca algun interes es elacuario; pase vd. por este costado.
Atravesamos el primer patio, en que nos detuvimos á ver un leon marino, con el que se entretenia la gente arrojándole sendos trozos de carne que devoraba, y nos detuvimos al frente de una cueva oscurísima.
La cueva parecia abierta en la roca viva: es bastante extensa, y á algunos pasos del cañon de la entrada, se abre una especie de salon circular de bastante amplitud.
En ese punto, habituados los ojos á la oscuridad, comienzan á percibir como lampos de luz en las paredes, hasta aparecer del todo iluminadas, y cercándonos por todas partes.
Entónces, recuperados de la sorpresa, á nuestros lados y sobre nuestra cabeza, como si estuviéramos sumergidos en el agua, vemos pasar pescados de todas formas y colores, con sus caras de sordo, sus hocicos aguzados ó redondos, conservando abiertos sus ojos saltones é inmóviles.
Van, vienen, ascienden, se precipitan, se agrupan, riñen y se separan.
El cangrejo despatarrado y torpe, la anguila escurridiza, el pez espada bélico, el tiburon con su aspecto de sargento serrano hecho general de brigada, y todo como se palpa a través de los cristales, y como que se abre para el hombre el misterio de los mares y completa su señorío del universo.... Esta iniciacion en la vida íntima de los peces me agradó infinito, y es uno de los espectáculos que más llamó mi atencion en San Francisco.