V

VBar-rooms.—Salones en que se venden ostiones.—Salones de baile.—Aguas minerales.—Dulcerías.EN San Francisco no hay cafés á nuestra usanza, es decir, salones en que se sirve café, chocolate, helados, refrescos y comidas, cuando están en punible ayuntamiento el café y la fonda.Estancias de vagamundos, residencia de politicastros, alfolies de chismes, fábricas de crónica escandalosa, centro de novelerías, desahogo de vejetes verdes y de beodos de levita, reinado del periódico y teatro de las primeras hazañas del calavera temeron y del pollo capense ó subteniente. Eso no lo hay. Tampoco hay expendios exclusivos de licores, á la manera de nuestras vinaterías.Elbar-room pur sanges una pieza con su celosía ó alambrado á la calle, su mostrador con su indispensable pico degas para que enciendan dia y noche sus tabacos los bebedores, ó su fosforero, y su botecito con limpiadientes de palo.Contra la pared, y á espalda del mostrador, corre una repisa con vasos y botellas, y sobre ella su espejo y su reloj de madera, teniendo á los lados un cuadrito que señala la fecha y un calendario ó directorio de viajeros.Debajo del mostrador se encuentra listo un enorme barril de cerveza.Entra el marchante, suelta sus cinco centavos y se marcha en un abrir y cerrar de ojos, no sin visitar la oficina tributaria de que está provisto indispensablemente todobar-room.En estos establecimientos hay, sin embargo, su variedad; ya estimulan á la detencion órganos, valiosos algunos de ellos en veinticinco ó treinta mil pesos, á los cuales se les da cuerda y tocan oberturas, marchas y variaciones preciosas; ya una música de la murga ó un piano, halagan á los devotos de Baco, y ya unido á la murga se tiene una servidumbre femenina capaz de despertar la sed en una piedra.En las casas citadas, hay sus mesas, se destapan botellas á montones y se estacionan los borrachines armando gresca y fumando sus pipas, que nublan la atmósfera de humo pestilente.Cuando las damas intervienen, es otra cosa; la servidora se sienta bonitamente junto al forastero ó forasteros, llama á sus amigas para que no haya nones y se aumentan prodigiosamente los consumos.Cuando los marchantes son caprichosos y quieren aislarse, no faltan sus piececitas en alto,up-stair, en que se bebe y se conversa con mayor holgura.Hay sitios, sin embargo, como el deLa Fuente, que essubterráneo y elegantísimo, que tienen bastante semejanza con nuestros cafés; se toman ostiones, licores ó helados y se goza de la compañía de personas distinguidas.Elrestaurant mencionado, que toma su nombre de una lindísima fuente con peces de colores que tiene en su centro, es el punto de cita de los banqueros.En una de las paredes del edificio, como si un delgado chorro de agua cayese, se desprende una tira de papel que culebrea y se asienta en un canasto que está en el suelo: mucho llamó mi atencion que multitud de personas llegasen á consultar la tirita de papel. Esa tirita para mí fué un prodigio: contiene noticias de todo el mundo, llegadas momento á momento y sirviendo como de resorte para todas las grandes transacciones mercantiles: es el cable submarino. No sé por qué aquella servidumbre del rayo, su objeto, sus consecuencias, el modo sencillo con que sin aparato se verificaban confidencias hasta el otro lado del mar, me produjeron tanta impresion. La unificacion de todos los intereses del globo, fiados con seguridad á una tira un poco más ancha que una canal de cigarro.Abundan losbar-roomscantantes y los salones de danza; pero esos generalmente se instalan en calles poco frecuentadas y en subterráneos.Para comprender el subterráneo es forzoso tener presente que lo primero que se hace en una fábrica es un salon subterráneo, al que se comunica con la calle por una escalera cuyo último escalon es la banqueta.Así es que el primer piso óbassementfigura en la calle asomándose á la banqueta; esos subterráneos tienen sus tragaluces incrustados y cubiertos como de celosías de fierro yrueditas gruesas de cristal; tendidos en las banquetas con la luz artificial, se ven como pozos de llama por esas celosías; se pasa sobre ellos y dan á las banquetas cierta originalidad.En cuanto á los salones de danza, el pretexto son las damas para encarecer los licores; por lo demás, los cantos son desaforados, los bailes tienen mucho del tropel y el tumulto, y á veces la policía desciende á poner en paz esos con tan justa razon llamados losinfiernos. El café ó salon danzante es eltrait d’uniondelrestaurantsde baja clase y el teatro deMinistrilsó negros falsificados.Hacen contraste con estos pecaminosos comercios, las dulcerías, pastelerías, á la vez expendios de aguas, deVichyy deSoda, y las casas en que se venden ostiones que constituyen una especialidad de San Francisco.El amor y la gula están siempre de gorja en la capital del Pacífico.

VBar-rooms.—Salones en que se venden ostiones.—Salones de baile.—Aguas minerales.—Dulcerías.EN San Francisco no hay cafés á nuestra usanza, es decir, salones en que se sirve café, chocolate, helados, refrescos y comidas, cuando están en punible ayuntamiento el café y la fonda.Estancias de vagamundos, residencia de politicastros, alfolies de chismes, fábricas de crónica escandalosa, centro de novelerías, desahogo de vejetes verdes y de beodos de levita, reinado del periódico y teatro de las primeras hazañas del calavera temeron y del pollo capense ó subteniente. Eso no lo hay. Tampoco hay expendios exclusivos de licores, á la manera de nuestras vinaterías.Elbar-room pur sanges una pieza con su celosía ó alambrado á la calle, su mostrador con su indispensable pico degas para que enciendan dia y noche sus tabacos los bebedores, ó su fosforero, y su botecito con limpiadientes de palo.Contra la pared, y á espalda del mostrador, corre una repisa con vasos y botellas, y sobre ella su espejo y su reloj de madera, teniendo á los lados un cuadrito que señala la fecha y un calendario ó directorio de viajeros.Debajo del mostrador se encuentra listo un enorme barril de cerveza.Entra el marchante, suelta sus cinco centavos y se marcha en un abrir y cerrar de ojos, no sin visitar la oficina tributaria de que está provisto indispensablemente todobar-room.En estos establecimientos hay, sin embargo, su variedad; ya estimulan á la detencion órganos, valiosos algunos de ellos en veinticinco ó treinta mil pesos, á los cuales se les da cuerda y tocan oberturas, marchas y variaciones preciosas; ya una música de la murga ó un piano, halagan á los devotos de Baco, y ya unido á la murga se tiene una servidumbre femenina capaz de despertar la sed en una piedra.En las casas citadas, hay sus mesas, se destapan botellas á montones y se estacionan los borrachines armando gresca y fumando sus pipas, que nublan la atmósfera de humo pestilente.Cuando las damas intervienen, es otra cosa; la servidora se sienta bonitamente junto al forastero ó forasteros, llama á sus amigas para que no haya nones y se aumentan prodigiosamente los consumos.Cuando los marchantes son caprichosos y quieren aislarse, no faltan sus piececitas en alto,up-stair, en que se bebe y se conversa con mayor holgura.Hay sitios, sin embargo, como el deLa Fuente, que essubterráneo y elegantísimo, que tienen bastante semejanza con nuestros cafés; se toman ostiones, licores ó helados y se goza de la compañía de personas distinguidas.Elrestaurant mencionado, que toma su nombre de una lindísima fuente con peces de colores que tiene en su centro, es el punto de cita de los banqueros.En una de las paredes del edificio, como si un delgado chorro de agua cayese, se desprende una tira de papel que culebrea y se asienta en un canasto que está en el suelo: mucho llamó mi atencion que multitud de personas llegasen á consultar la tirita de papel. Esa tirita para mí fué un prodigio: contiene noticias de todo el mundo, llegadas momento á momento y sirviendo como de resorte para todas las grandes transacciones mercantiles: es el cable submarino. No sé por qué aquella servidumbre del rayo, su objeto, sus consecuencias, el modo sencillo con que sin aparato se verificaban confidencias hasta el otro lado del mar, me produjeron tanta impresion. La unificacion de todos los intereses del globo, fiados con seguridad á una tira un poco más ancha que una canal de cigarro.Abundan losbar-roomscantantes y los salones de danza; pero esos generalmente se instalan en calles poco frecuentadas y en subterráneos.Para comprender el subterráneo es forzoso tener presente que lo primero que se hace en una fábrica es un salon subterráneo, al que se comunica con la calle por una escalera cuyo último escalon es la banqueta.Así es que el primer piso óbassementfigura en la calle asomándose á la banqueta; esos subterráneos tienen sus tragaluces incrustados y cubiertos como de celosías de fierro yrueditas gruesas de cristal; tendidos en las banquetas con la luz artificial, se ven como pozos de llama por esas celosías; se pasa sobre ellos y dan á las banquetas cierta originalidad.En cuanto á los salones de danza, el pretexto son las damas para encarecer los licores; por lo demás, los cantos son desaforados, los bailes tienen mucho del tropel y el tumulto, y á veces la policía desciende á poner en paz esos con tan justa razon llamados losinfiernos. El café ó salon danzante es eltrait d’uniondelrestaurantsde baja clase y el teatro deMinistrilsó negros falsificados.Hacen contraste con estos pecaminosos comercios, las dulcerías, pastelerías, á la vez expendios de aguas, deVichyy deSoda, y las casas en que se venden ostiones que constituyen una especialidad de San Francisco.El amor y la gula están siempre de gorja en la capital del Pacífico.

Bar-rooms.—Salones en que se venden ostiones.—Salones de baile.—Aguas minerales.—Dulcerías.

EN San Francisco no hay cafés á nuestra usanza, es decir, salones en que se sirve café, chocolate, helados, refrescos y comidas, cuando están en punible ayuntamiento el café y la fonda.

Estancias de vagamundos, residencia de politicastros, alfolies de chismes, fábricas de crónica escandalosa, centro de novelerías, desahogo de vejetes verdes y de beodos de levita, reinado del periódico y teatro de las primeras hazañas del calavera temeron y del pollo capense ó subteniente. Eso no lo hay. Tampoco hay expendios exclusivos de licores, á la manera de nuestras vinaterías.

Elbar-room pur sanges una pieza con su celosía ó alambrado á la calle, su mostrador con su indispensable pico degas para que enciendan dia y noche sus tabacos los bebedores, ó su fosforero, y su botecito con limpiadientes de palo.

Contra la pared, y á espalda del mostrador, corre una repisa con vasos y botellas, y sobre ella su espejo y su reloj de madera, teniendo á los lados un cuadrito que señala la fecha y un calendario ó directorio de viajeros.

Debajo del mostrador se encuentra listo un enorme barril de cerveza.

Entra el marchante, suelta sus cinco centavos y se marcha en un abrir y cerrar de ojos, no sin visitar la oficina tributaria de que está provisto indispensablemente todobar-room.

En estos establecimientos hay, sin embargo, su variedad; ya estimulan á la detencion órganos, valiosos algunos de ellos en veinticinco ó treinta mil pesos, á los cuales se les da cuerda y tocan oberturas, marchas y variaciones preciosas; ya una música de la murga ó un piano, halagan á los devotos de Baco, y ya unido á la murga se tiene una servidumbre femenina capaz de despertar la sed en una piedra.

En las casas citadas, hay sus mesas, se destapan botellas á montones y se estacionan los borrachines armando gresca y fumando sus pipas, que nublan la atmósfera de humo pestilente.

Cuando las damas intervienen, es otra cosa; la servidora se sienta bonitamente junto al forastero ó forasteros, llama á sus amigas para que no haya nones y se aumentan prodigiosamente los consumos.

Cuando los marchantes son caprichosos y quieren aislarse, no faltan sus piececitas en alto,up-stair, en que se bebe y se conversa con mayor holgura.

Hay sitios, sin embargo, como el deLa Fuente, que essubterráneo y elegantísimo, que tienen bastante semejanza con nuestros cafés; se toman ostiones, licores ó helados y se goza de la compañía de personas distinguidas.

Elrestaurant mencionado, que toma su nombre de una lindísima fuente con peces de colores que tiene en su centro, es el punto de cita de los banqueros.

En una de las paredes del edificio, como si un delgado chorro de agua cayese, se desprende una tira de papel que culebrea y se asienta en un canasto que está en el suelo: mucho llamó mi atencion que multitud de personas llegasen á consultar la tirita de papel. Esa tirita para mí fué un prodigio: contiene noticias de todo el mundo, llegadas momento á momento y sirviendo como de resorte para todas las grandes transacciones mercantiles: es el cable submarino. No sé por qué aquella servidumbre del rayo, su objeto, sus consecuencias, el modo sencillo con que sin aparato se verificaban confidencias hasta el otro lado del mar, me produjeron tanta impresion. La unificacion de todos los intereses del globo, fiados con seguridad á una tira un poco más ancha que una canal de cigarro.

Abundan losbar-roomscantantes y los salones de danza; pero esos generalmente se instalan en calles poco frecuentadas y en subterráneos.

Para comprender el subterráneo es forzoso tener presente que lo primero que se hace en una fábrica es un salon subterráneo, al que se comunica con la calle por una escalera cuyo último escalon es la banqueta.

Así es que el primer piso óbassementfigura en la calle asomándose á la banqueta; esos subterráneos tienen sus tragaluces incrustados y cubiertos como de celosías de fierro yrueditas gruesas de cristal; tendidos en las banquetas con la luz artificial, se ven como pozos de llama por esas celosías; se pasa sobre ellos y dan á las banquetas cierta originalidad.

En cuanto á los salones de danza, el pretexto son las damas para encarecer los licores; por lo demás, los cantos son desaforados, los bailes tienen mucho del tropel y el tumulto, y á veces la policía desciende á poner en paz esos con tan justa razon llamados losinfiernos. El café ó salon danzante es eltrait d’uniondelrestaurantsde baja clase y el teatro deMinistrilsó negros falsificados.

Hacen contraste con estos pecaminosos comercios, las dulcerías, pastelerías, á la vez expendios de aguas, deVichyy deSoda, y las casas en que se venden ostiones que constituyen una especialidad de San Francisco.

El amor y la gula están siempre de gorja en la capital del Pacífico.


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