VIVisita á la Sra. Godoy.—Sus hijos.—Casa de Moneda.— Album.ENTRE las personas que nos favorecieron con sus atenciones, debo mencionar al jóven abogado Godoy, hijo del Sr. D. José Antonio Godoy, periodista notable en México, con cuya suerte se identificó cuando la invasion francesa, siguiendo al Gobierno de la nacion, y despues nombrado cónsul mexicano en California.El jóven á quien me refiero es de selecta instruccion y su primer deseo fué presentarnos á su familia.Habita la distinguida familia Godoy una modesta casita en la calle de Sutter, con su escalerilla al frente, sus enredaderas colgando del airoso pórtico y las conveniencias de una decente medianía.Tocamos la puerta, depositamos en la antesala en un mueblead hocque existe en todas las casas de los Estados-Unidos, sombrero y paraguas, y penetramos al salon, casi á oscuras, porque eran más de las seis de la tarde.La Sra. Godoy, que aunque no es como sus hijos nativa de México tiene verdadera pasion por nuestro país, nos recibió al Sr. Gomez del Palacio y á mí con finas atenciones y con la dulzura seductora de las señoras de nuestro país. La Sra. Godoy trabaja á la par de su hijo, dando lecciones de música é idiomas.Como he dicho, al entrar estaba el salon casi á oscuras: á poco de estar en él se encendió el gas y vimos una reducida estancia adornada con exquisito gusto; alfombras, espejos y cuadros, un buen piano en el fondo de la pieza; pero yo apénas me fijé en esos accesorios, porque la luz bañó la cabecera de la sala y me conmovió lo que ví.Cruzadas dos banderas mexicanas formaban pabellon á tres hermosos cuadros con los retratos de Juarez, Zaragoza y Ocampo: al pié de Juarez está otro cuadrito con Degollado y fotografías de mexicanos ilustres.El conjunto forma una especie de altar en que hay acomodadas chucherías de México, muñequitos de barro de Guadalajara, figuritas de alabastro de Celaya, con tal amor, con tan voluptuoso esmero, como puede arreglar una madre el tocador de una hija adorada.Respirábamos mexicano, teniamos inesperadamente una entrevista con la patria: la señora recordaba todas las calles, todos los paseos y á todas las personas notables. Atropellábanse preguntas y respuestas, se encendían los ánimos: nos entregamos al culto de la patria.La señora se colocó frente al piano: el saludo era de rigor,el Himno nacional, que escuchamos con íntima emocion y recogimiento; despues.... ya conocen mis lectores mis flaquezas, me atreví á solicitar un recuerdo para los sonecitos del país, que como es de suponerse, pusieron como almíbar mis labios y armaron fandango dentro de mi corazon.La conversacion se animó extraordinariamente.—No vaya vd. á pensar, me decia la Sra. Godoy, aquí en muchas casas se tiene este fanatismo por nuestra patria. Hay un barrio mexicano, en que las tiendas, las fondas, los guisos, son al estilo de México.... Vd. verá: nuestro templo mexicano es provisional, porque la iglesia grande está en obra. El templo está dedicado á la Vírgen de Guadalupe, se predica en castellano y hace los oficios el señor obispo, que ahora se encuentra aquí.En los dias de gloriosos recuerdos para nuestros hijos, reunidos ó aislados, pero todos tributamos á México nuestros homenajes. El 16 de Setiembre, el 5 de Mayo, el 2 de Abril, no faltan sus diversiones, porque al fin la sangre habla, y habla muy alto, en aquella patria de mis hijos.Yo me contenia; estaba al cometer una barbaridad, mandando traer Champaña ó pidiéndolo; pero me volvia serio este Pancho Gomez, que no olvida jamás los reglamentos de la circunspeccion.El jóven abogado se ofreció á ser miciceroneen las excursiones que le anuncié para conocer algo de California.La visita de la familia Godoy ha sido de las impresiones más agradables que yo tuve en California: es una familia modelo de finura y honra de México.Al despedirnos me anunció la Srita. Godoy que me remitiriasu Album para que escribiera yo cuatro palabras; y aunque me vinieron ímpetus de ponerme de rodillas para que olvidase mi manía aquella que en el buque me dió tanto en qué pensar, no hubo remedio.... el álbum aquel fué motivo para que me llovieranAlbumspor todas partes y yo soltara granizadas de versos á troche moche, como un espirituado.A los dos dias de esta visita, el jóven Godoy, con exquisita cortesía y despues de invitar al Sr. Iglesias, pasó á mi cuarto para que fuésemos á laCasa de Moneda.Copiaré mis apuntaciones hechas al paso y á pulso en aquella excursion.“Estamos al frente del edificio de la Casa de Moneda, y no le doy epíteto alguno, porque lo colosal y lo gigantesco son términos vulgares, aquí donde lo titánico y estupendo sustituye muchas veces á lo grande y á lo bello.Amplio y tendido pórtico de correcto estilo griego y robustas columnas de cantería, reciben que no sorprenden al viajero.Está el edificio situado en la 5.ª calle y Mission, y se penetra por una corrida escalera de granito.A un empleado que parece tener el exclusivo objeto de recibir á los viajeros, hicimos los saludos oficiales.Miéntras se daba parte al superintendente de nuestra llegada, descansamos en un salon calentado por una gran chimenea, al frente de la cual ungentlemanen cuclillas y poniendo el reverso al fuego, apénas se apercibió de nuestra llegada.Al entrar al salon nos presentaron un gran libro para que escribiésemos en él nuestros nombres, como es la costumbre.El superintendente ó director del establecimiento es el capitan Lagrange, jóven robusto, desembarazado, rubio, de nariz roma y de amabilidad extrema.Materialmente nos colocó el director nuestro guía en la locomotora de su voluntad, y comenzamos un viaje de huracan recorriendo la Casa de Moneda.Imposible me será dejar aquí en claro mis impresiones recogidas al vuelo. Es un laberinto de salones inmensos, en los que el ruido ejercita todos los tonos, la máquina todas las actitudes, la ciencia todo su poder y el oro y la plata toda su fascinacion deslumbradora.Volaba que no corria el inteligente conductor; seguíale el Sr. Iglesias, imponiéndose sesudo de sus explicaciones y yo las asgaba jadeando y á pedazos, entendiendo algo que me trasmitia el Sr. Godoy, lleno de deferencia y bondad para conmigo.Va diciendo me hacia notar mi guía que siempre hay aquí gran depósito de plata y oro procedente del Oregon.—Aunque está vd. mirando, continuaba el guía, tan multiplicadas operaciones, solo hay empleados en él ciento veinte hombres y sesenta mujeres.Siempre corriendo, me decia al oido Sr. Godoy:—El gobierno nombra cuatro empleados de categoría, de los que uno de ellos es el director; estos cuatro forman Consejo para decidir de los asuntos árduos y cada uno preside un departamento, siendo libre en su esfera de accion.—Ande vd. más vivo.—Esas galerías espaciosas que vd. está viendo, son pertenecientes á la fundicion.—Inclínese vd.—¿Ve vd. ese chorro líquido que flamea? Es el oro. Esas son oficinas de refinacion.—Ande vd. aprisa que están nuestrosamigos frente á la maquinaria.—Yo me limpiaba el sudor, y seguia.—Esas máquinas, decia yo, merecian ponerse bajo un capelo: ¡qué limpieza! ¡qué finura de piezas!—Esa máquina grande tiene una fuerza de ciento veinte caballos.—Allí se verifica el apartado.—Advierta vd., me decia sin detenerse mi guía, que estos salones tienen doble piso: uno terso, compacto, de fierro, como una sola lámina; otro de fierro dividido en fracciones y compuesto de agujeros como de celosía, que se quitan para barrer, y con las que no se pierde ni la más leve partícula de metal, recogiéndose fácilmente y con seguridad las monedas que caen al suelo, sin que los vigilantes lo perciban. Más adelante se hacen los rieles.—Dése vd. prisa: Sr. Iglesias va muy léjos.—Estamos donde se opera la acuñacion, y no me fijo en detalles porque todas estas operaciones se hacen en México con mejor órden y más perfeccion que aquí.—Un poquito más ligero.—Caballero, me estoy ahogando: ese director es un torbellino.Sin oirme, me siguió diciendo Sr. Godoicito:—Esta casa acuña cincuenta millones de pesos anualmente.En todos los Estados-Unidos solo hay tres Casas de Moneda, que dan perfectamente abasto: ésta, la de Filadelfia y la de Nevada, que es la verdaderamente opulenta.—Le dan á vd., me hizo advertir Sr. Godoy.—Tiene vd. en la mano el famosoTrade dollar(peso de tráfico).—Yo no estoy cierto, añadió mi guía, pero diré á vd. su orígen. En el tráfico con China, compitiendo con los pesos mexicanos, perdian los Estados-Unidos el 8%. El cambio que hicieronen México de tipo, abatió su precio en el Japon y China: entónces se inventó aquí el peso de tráfico con su águila á la mexicana, para el comercio chino.... Vd. lo está viendo: este peso, así como está, pesa ahora más que el mexicano. Con este peso se hace un tráfico con China calculado en treinta millones.En solo el mes pasado (Enero de 77) se enviaron á China ocho millones!!—¡Hermoso salon! dije á mi compañero, sin alcanzar resuello, y lo que es más, lindísimas muchachas.—Esasladies, continuó mi buen guía, están haciendo el pulimento de los pesos; cada una tiene su balanza al frente y su lima en la mano: ¡qué silencio! ¡cuánta decencia y compostura!—Aquí, me dijo deteniéndome Sr. Godoy, se cuenta. Vea vd.En efecto, sobre un tablon dividido en pequeños carriles formados de rieles paralelos de laton, ví llover como al acaso una granizada de pesetas. Un empleado cernia el tablon, las pesetas se acomodaban como por sí mismas en los rieles, y en un abrir y cerrar de ojos, con exactitud infalible, se habian contado doscientos cincuenta pesos.Existe en otras partes otro mecanismo para contar los pesos.Es una especie de tolva en que se depositan los pesos. Estos caen sobre un plano inclinado dividido por rieles pequeños de laton y cerrados por una faja. Al caer se acomodan, se levanta la compuerta y se precipitan en un talego; así se cuentan en minutos miles de pesos.La maquinita para contar monedas en otras partes, de cincoy diez centavos, tiene la hechura de un molinito de café, cuyos dientes tienen el hueco para contener la monedita; se llena de pequeñas monedas la taza, se agita el manubrio y caen contadas las monedas, señalándose la cantidad en una especie de reloj que está en el tornillo que afianza el manubrio.—Entre vd. á esos pequeños cuartitos de fierro, me dijo mi guía.Estaban casi oscuros; pero la luz del gas alumbró á nuestra entrada y me ví cercado de pilas de barras de plata y oro y algunas tortas de cobre, que reverberaban como espuma de oro salpicada de esmeraldas.—Habrá aquí, me dijo mi guía, tres millones que están á disposicion del gobierno federal. El mes pasado dispuso de ocho millones.Al decir esto iba descendiendo las escaleras mi guía, como arrebatado por una máquina de vapor, y nos detuvimos en el primer piso del edificio, en los grandes almacenes de leña y de todos los útiles de la negociacion.Hay allí extensos talleres en que se fabrica y repara la maquinaria: hicimos parada al frente de un inmenso pozo artesiano, de donde manan cada veinticuatro horas 25,000 galones de agua.El pozo costó á la negociacion 1,600 pesos, y produce un ahorro de 8,000 pesos al año.Pero nuestras observaciones se hacian por vapor: de trecho en trecho estábamos al dejarnos caer de fatiga; al fin nos derribamos en unas muelles poltronas en el despacho del director.Amplio salon con grandes ventanas rasgadas á todos losvientos, larga y despejada mesa en el centro con recado de escribir, lujo espléndido con el dejo y el buen tono de sencillez admirable.Ardia la chimenea. El director puso el dedo sobre un timbre que resonó obediente y apareció como brotando de la pared un negro vestido elegantemente, conduciendo en una charola de plata espumosas copas de Champaña helado.Bebimos á la salud del director, y éste, en los términos más corteses, correspondió al bríndis, apurando su copa por México y por el Sr. Iglesias.Despues se nos repartieron unos cuadernos, que son las Memorias anuales del estado que guarda la casa.Nos despedimos llenos de gratitud y prendados de la finura y complacencia de los Sres. Lagrange y Godoy. Al volvernos, como para despedirnos del grandioso edificio, pregunté su costo y me dijo un empleado que habia sido de 1.600,000 pesos, y que todo él era de bóveda y estaba á prueba de fuego.Al volver de la expedicion de la Casa de Moneda, y como por vía de descanso, escribí en el Album de la Srita. Godoy lo siguiente:EN EL ALBUM DE LA SEÑORITA MEXICANA ADELA GODOY.Tú tienes una patria, niña graciosa,Que pisa siempre alfombras de frescas flores,En donde el aura pura cruza amorosa,Cantando amores.——Tú tienes una patria, que como una HadaHechiza la existencia con sus halagos;Que cual á cisne mecen limpios cristalesDe mansos lagos.——Le rinde el liquidámbar dulces aromas,Sombra dan á su frente verdes manglares,Y se miran los nidos de sus palomasDesde sus mares.——Las aves á sus aires les dan conciertos,Y pompa del espacio son sus volcanes,Sublimes atraviesan los huracanesPor sus desiertos.——Da el trigal á sus campos matices de oro,Y el algodon vellones de blanca espuma,El árbol de sus frutos con el tesoro,Cruge y se abruma.——Las montañas desparecen en el vacíoCabelleras inmensas de humo y de llama,A sus plantas torrente se torna el rioQue ronco brama.——Cuando Vieron absortos tanta grandeza,De la tierra se hundieron en las entrañasLos metales, que buscan patrias extrañas,Como riqueza.——Y son sombra de sueño tantos primores,Y recuerdo de un sueño tantos placeres,Comparado al encanto de los amoresDe sus mujeres.——Ellas son luz de aurora de nuestra cuna,Alivio, encanto, hechizo de nuestra suerte;Ellas son en las ondas de duelo y muerteRayo de luna.——Ellas la aura perfuman cuando suspiran;Ellas nos acarician con sus desvelos;Infiernos de dolores tornan en cielos,Cuando nos miran.——Y porque no me digas que por galanteTrovador mexicano, te forjo un cuento,Frente á imparcial espejo puesto el semblante,Dime si miento.San Francisco California, Febrero 5 de 1877.Guillermo Prieto.
VIVisita á la Sra. Godoy.—Sus hijos.—Casa de Moneda.— Album.ENTRE las personas que nos favorecieron con sus atenciones, debo mencionar al jóven abogado Godoy, hijo del Sr. D. José Antonio Godoy, periodista notable en México, con cuya suerte se identificó cuando la invasion francesa, siguiendo al Gobierno de la nacion, y despues nombrado cónsul mexicano en California.El jóven á quien me refiero es de selecta instruccion y su primer deseo fué presentarnos á su familia.Habita la distinguida familia Godoy una modesta casita en la calle de Sutter, con su escalerilla al frente, sus enredaderas colgando del airoso pórtico y las conveniencias de una decente medianía.Tocamos la puerta, depositamos en la antesala en un mueblead hocque existe en todas las casas de los Estados-Unidos, sombrero y paraguas, y penetramos al salon, casi á oscuras, porque eran más de las seis de la tarde.La Sra. Godoy, que aunque no es como sus hijos nativa de México tiene verdadera pasion por nuestro país, nos recibió al Sr. Gomez del Palacio y á mí con finas atenciones y con la dulzura seductora de las señoras de nuestro país. La Sra. Godoy trabaja á la par de su hijo, dando lecciones de música é idiomas.Como he dicho, al entrar estaba el salon casi á oscuras: á poco de estar en él se encendió el gas y vimos una reducida estancia adornada con exquisito gusto; alfombras, espejos y cuadros, un buen piano en el fondo de la pieza; pero yo apénas me fijé en esos accesorios, porque la luz bañó la cabecera de la sala y me conmovió lo que ví.Cruzadas dos banderas mexicanas formaban pabellon á tres hermosos cuadros con los retratos de Juarez, Zaragoza y Ocampo: al pié de Juarez está otro cuadrito con Degollado y fotografías de mexicanos ilustres.El conjunto forma una especie de altar en que hay acomodadas chucherías de México, muñequitos de barro de Guadalajara, figuritas de alabastro de Celaya, con tal amor, con tan voluptuoso esmero, como puede arreglar una madre el tocador de una hija adorada.Respirábamos mexicano, teniamos inesperadamente una entrevista con la patria: la señora recordaba todas las calles, todos los paseos y á todas las personas notables. Atropellábanse preguntas y respuestas, se encendían los ánimos: nos entregamos al culto de la patria.La señora se colocó frente al piano: el saludo era de rigor,el Himno nacional, que escuchamos con íntima emocion y recogimiento; despues.... ya conocen mis lectores mis flaquezas, me atreví á solicitar un recuerdo para los sonecitos del país, que como es de suponerse, pusieron como almíbar mis labios y armaron fandango dentro de mi corazon.La conversacion se animó extraordinariamente.—No vaya vd. á pensar, me decia la Sra. Godoy, aquí en muchas casas se tiene este fanatismo por nuestra patria. Hay un barrio mexicano, en que las tiendas, las fondas, los guisos, son al estilo de México.... Vd. verá: nuestro templo mexicano es provisional, porque la iglesia grande está en obra. El templo está dedicado á la Vírgen de Guadalupe, se predica en castellano y hace los oficios el señor obispo, que ahora se encuentra aquí.En los dias de gloriosos recuerdos para nuestros hijos, reunidos ó aislados, pero todos tributamos á México nuestros homenajes. El 16 de Setiembre, el 5 de Mayo, el 2 de Abril, no faltan sus diversiones, porque al fin la sangre habla, y habla muy alto, en aquella patria de mis hijos.Yo me contenia; estaba al cometer una barbaridad, mandando traer Champaña ó pidiéndolo; pero me volvia serio este Pancho Gomez, que no olvida jamás los reglamentos de la circunspeccion.El jóven abogado se ofreció á ser miciceroneen las excursiones que le anuncié para conocer algo de California.La visita de la familia Godoy ha sido de las impresiones más agradables que yo tuve en California: es una familia modelo de finura y honra de México.Al despedirnos me anunció la Srita. Godoy que me remitiriasu Album para que escribiera yo cuatro palabras; y aunque me vinieron ímpetus de ponerme de rodillas para que olvidase mi manía aquella que en el buque me dió tanto en qué pensar, no hubo remedio.... el álbum aquel fué motivo para que me llovieranAlbumspor todas partes y yo soltara granizadas de versos á troche moche, como un espirituado.A los dos dias de esta visita, el jóven Godoy, con exquisita cortesía y despues de invitar al Sr. Iglesias, pasó á mi cuarto para que fuésemos á laCasa de Moneda.Copiaré mis apuntaciones hechas al paso y á pulso en aquella excursion.“Estamos al frente del edificio de la Casa de Moneda, y no le doy epíteto alguno, porque lo colosal y lo gigantesco son términos vulgares, aquí donde lo titánico y estupendo sustituye muchas veces á lo grande y á lo bello.Amplio y tendido pórtico de correcto estilo griego y robustas columnas de cantería, reciben que no sorprenden al viajero.Está el edificio situado en la 5.ª calle y Mission, y se penetra por una corrida escalera de granito.A un empleado que parece tener el exclusivo objeto de recibir á los viajeros, hicimos los saludos oficiales.Miéntras se daba parte al superintendente de nuestra llegada, descansamos en un salon calentado por una gran chimenea, al frente de la cual ungentlemanen cuclillas y poniendo el reverso al fuego, apénas se apercibió de nuestra llegada.Al entrar al salon nos presentaron un gran libro para que escribiésemos en él nuestros nombres, como es la costumbre.El superintendente ó director del establecimiento es el capitan Lagrange, jóven robusto, desembarazado, rubio, de nariz roma y de amabilidad extrema.Materialmente nos colocó el director nuestro guía en la locomotora de su voluntad, y comenzamos un viaje de huracan recorriendo la Casa de Moneda.Imposible me será dejar aquí en claro mis impresiones recogidas al vuelo. Es un laberinto de salones inmensos, en los que el ruido ejercita todos los tonos, la máquina todas las actitudes, la ciencia todo su poder y el oro y la plata toda su fascinacion deslumbradora.Volaba que no corria el inteligente conductor; seguíale el Sr. Iglesias, imponiéndose sesudo de sus explicaciones y yo las asgaba jadeando y á pedazos, entendiendo algo que me trasmitia el Sr. Godoy, lleno de deferencia y bondad para conmigo.Va diciendo me hacia notar mi guía que siempre hay aquí gran depósito de plata y oro procedente del Oregon.—Aunque está vd. mirando, continuaba el guía, tan multiplicadas operaciones, solo hay empleados en él ciento veinte hombres y sesenta mujeres.Siempre corriendo, me decia al oido Sr. Godoy:—El gobierno nombra cuatro empleados de categoría, de los que uno de ellos es el director; estos cuatro forman Consejo para decidir de los asuntos árduos y cada uno preside un departamento, siendo libre en su esfera de accion.—Ande vd. más vivo.—Esas galerías espaciosas que vd. está viendo, son pertenecientes á la fundicion.—Inclínese vd.—¿Ve vd. ese chorro líquido que flamea? Es el oro. Esas son oficinas de refinacion.—Ande vd. aprisa que están nuestrosamigos frente á la maquinaria.—Yo me limpiaba el sudor, y seguia.—Esas máquinas, decia yo, merecian ponerse bajo un capelo: ¡qué limpieza! ¡qué finura de piezas!—Esa máquina grande tiene una fuerza de ciento veinte caballos.—Allí se verifica el apartado.—Advierta vd., me decia sin detenerse mi guía, que estos salones tienen doble piso: uno terso, compacto, de fierro, como una sola lámina; otro de fierro dividido en fracciones y compuesto de agujeros como de celosía, que se quitan para barrer, y con las que no se pierde ni la más leve partícula de metal, recogiéndose fácilmente y con seguridad las monedas que caen al suelo, sin que los vigilantes lo perciban. Más adelante se hacen los rieles.—Dése vd. prisa: Sr. Iglesias va muy léjos.—Estamos donde se opera la acuñacion, y no me fijo en detalles porque todas estas operaciones se hacen en México con mejor órden y más perfeccion que aquí.—Un poquito más ligero.—Caballero, me estoy ahogando: ese director es un torbellino.Sin oirme, me siguió diciendo Sr. Godoicito:—Esta casa acuña cincuenta millones de pesos anualmente.En todos los Estados-Unidos solo hay tres Casas de Moneda, que dan perfectamente abasto: ésta, la de Filadelfia y la de Nevada, que es la verdaderamente opulenta.—Le dan á vd., me hizo advertir Sr. Godoy.—Tiene vd. en la mano el famosoTrade dollar(peso de tráfico).—Yo no estoy cierto, añadió mi guía, pero diré á vd. su orígen. En el tráfico con China, compitiendo con los pesos mexicanos, perdian los Estados-Unidos el 8%. El cambio que hicieronen México de tipo, abatió su precio en el Japon y China: entónces se inventó aquí el peso de tráfico con su águila á la mexicana, para el comercio chino.... Vd. lo está viendo: este peso, así como está, pesa ahora más que el mexicano. Con este peso se hace un tráfico con China calculado en treinta millones.En solo el mes pasado (Enero de 77) se enviaron á China ocho millones!!—¡Hermoso salon! dije á mi compañero, sin alcanzar resuello, y lo que es más, lindísimas muchachas.—Esasladies, continuó mi buen guía, están haciendo el pulimento de los pesos; cada una tiene su balanza al frente y su lima en la mano: ¡qué silencio! ¡cuánta decencia y compostura!—Aquí, me dijo deteniéndome Sr. Godoy, se cuenta. Vea vd.En efecto, sobre un tablon dividido en pequeños carriles formados de rieles paralelos de laton, ví llover como al acaso una granizada de pesetas. Un empleado cernia el tablon, las pesetas se acomodaban como por sí mismas en los rieles, y en un abrir y cerrar de ojos, con exactitud infalible, se habian contado doscientos cincuenta pesos.Existe en otras partes otro mecanismo para contar los pesos.Es una especie de tolva en que se depositan los pesos. Estos caen sobre un plano inclinado dividido por rieles pequeños de laton y cerrados por una faja. Al caer se acomodan, se levanta la compuerta y se precipitan en un talego; así se cuentan en minutos miles de pesos.La maquinita para contar monedas en otras partes, de cincoy diez centavos, tiene la hechura de un molinito de café, cuyos dientes tienen el hueco para contener la monedita; se llena de pequeñas monedas la taza, se agita el manubrio y caen contadas las monedas, señalándose la cantidad en una especie de reloj que está en el tornillo que afianza el manubrio.—Entre vd. á esos pequeños cuartitos de fierro, me dijo mi guía.Estaban casi oscuros; pero la luz del gas alumbró á nuestra entrada y me ví cercado de pilas de barras de plata y oro y algunas tortas de cobre, que reverberaban como espuma de oro salpicada de esmeraldas.—Habrá aquí, me dijo mi guía, tres millones que están á disposicion del gobierno federal. El mes pasado dispuso de ocho millones.Al decir esto iba descendiendo las escaleras mi guía, como arrebatado por una máquina de vapor, y nos detuvimos en el primer piso del edificio, en los grandes almacenes de leña y de todos los útiles de la negociacion.Hay allí extensos talleres en que se fabrica y repara la maquinaria: hicimos parada al frente de un inmenso pozo artesiano, de donde manan cada veinticuatro horas 25,000 galones de agua.El pozo costó á la negociacion 1,600 pesos, y produce un ahorro de 8,000 pesos al año.Pero nuestras observaciones se hacian por vapor: de trecho en trecho estábamos al dejarnos caer de fatiga; al fin nos derribamos en unas muelles poltronas en el despacho del director.Amplio salon con grandes ventanas rasgadas á todos losvientos, larga y despejada mesa en el centro con recado de escribir, lujo espléndido con el dejo y el buen tono de sencillez admirable.Ardia la chimenea. El director puso el dedo sobre un timbre que resonó obediente y apareció como brotando de la pared un negro vestido elegantemente, conduciendo en una charola de plata espumosas copas de Champaña helado.Bebimos á la salud del director, y éste, en los términos más corteses, correspondió al bríndis, apurando su copa por México y por el Sr. Iglesias.Despues se nos repartieron unos cuadernos, que son las Memorias anuales del estado que guarda la casa.Nos despedimos llenos de gratitud y prendados de la finura y complacencia de los Sres. Lagrange y Godoy. Al volvernos, como para despedirnos del grandioso edificio, pregunté su costo y me dijo un empleado que habia sido de 1.600,000 pesos, y que todo él era de bóveda y estaba á prueba de fuego.Al volver de la expedicion de la Casa de Moneda, y como por vía de descanso, escribí en el Album de la Srita. Godoy lo siguiente:EN EL ALBUM DE LA SEÑORITA MEXICANA ADELA GODOY.Tú tienes una patria, niña graciosa,Que pisa siempre alfombras de frescas flores,En donde el aura pura cruza amorosa,Cantando amores.——Tú tienes una patria, que como una HadaHechiza la existencia con sus halagos;Que cual á cisne mecen limpios cristalesDe mansos lagos.——Le rinde el liquidámbar dulces aromas,Sombra dan á su frente verdes manglares,Y se miran los nidos de sus palomasDesde sus mares.——Las aves á sus aires les dan conciertos,Y pompa del espacio son sus volcanes,Sublimes atraviesan los huracanesPor sus desiertos.——Da el trigal á sus campos matices de oro,Y el algodon vellones de blanca espuma,El árbol de sus frutos con el tesoro,Cruge y se abruma.——Las montañas desparecen en el vacíoCabelleras inmensas de humo y de llama,A sus plantas torrente se torna el rioQue ronco brama.——Cuando Vieron absortos tanta grandeza,De la tierra se hundieron en las entrañasLos metales, que buscan patrias extrañas,Como riqueza.——Y son sombra de sueño tantos primores,Y recuerdo de un sueño tantos placeres,Comparado al encanto de los amoresDe sus mujeres.——Ellas son luz de aurora de nuestra cuna,Alivio, encanto, hechizo de nuestra suerte;Ellas son en las ondas de duelo y muerteRayo de luna.——Ellas la aura perfuman cuando suspiran;Ellas nos acarician con sus desvelos;Infiernos de dolores tornan en cielos,Cuando nos miran.——Y porque no me digas que por galanteTrovador mexicano, te forjo un cuento,Frente á imparcial espejo puesto el semblante,Dime si miento.San Francisco California, Febrero 5 de 1877.Guillermo Prieto.
Visita á la Sra. Godoy.—Sus hijos.—Casa de Moneda.— Album.
ENTRE las personas que nos favorecieron con sus atenciones, debo mencionar al jóven abogado Godoy, hijo del Sr. D. José Antonio Godoy, periodista notable en México, con cuya suerte se identificó cuando la invasion francesa, siguiendo al Gobierno de la nacion, y despues nombrado cónsul mexicano en California.
El jóven á quien me refiero es de selecta instruccion y su primer deseo fué presentarnos á su familia.
Habita la distinguida familia Godoy una modesta casita en la calle de Sutter, con su escalerilla al frente, sus enredaderas colgando del airoso pórtico y las conveniencias de una decente medianía.
Tocamos la puerta, depositamos en la antesala en un mueblead hocque existe en todas las casas de los Estados-Unidos, sombrero y paraguas, y penetramos al salon, casi á oscuras, porque eran más de las seis de la tarde.
La Sra. Godoy, que aunque no es como sus hijos nativa de México tiene verdadera pasion por nuestro país, nos recibió al Sr. Gomez del Palacio y á mí con finas atenciones y con la dulzura seductora de las señoras de nuestro país. La Sra. Godoy trabaja á la par de su hijo, dando lecciones de música é idiomas.
Como he dicho, al entrar estaba el salon casi á oscuras: á poco de estar en él se encendió el gas y vimos una reducida estancia adornada con exquisito gusto; alfombras, espejos y cuadros, un buen piano en el fondo de la pieza; pero yo apénas me fijé en esos accesorios, porque la luz bañó la cabecera de la sala y me conmovió lo que ví.
Cruzadas dos banderas mexicanas formaban pabellon á tres hermosos cuadros con los retratos de Juarez, Zaragoza y Ocampo: al pié de Juarez está otro cuadrito con Degollado y fotografías de mexicanos ilustres.
El conjunto forma una especie de altar en que hay acomodadas chucherías de México, muñequitos de barro de Guadalajara, figuritas de alabastro de Celaya, con tal amor, con tan voluptuoso esmero, como puede arreglar una madre el tocador de una hija adorada.
Respirábamos mexicano, teniamos inesperadamente una entrevista con la patria: la señora recordaba todas las calles, todos los paseos y á todas las personas notables. Atropellábanse preguntas y respuestas, se encendían los ánimos: nos entregamos al culto de la patria.
La señora se colocó frente al piano: el saludo era de rigor,el Himno nacional, que escuchamos con íntima emocion y recogimiento; despues.... ya conocen mis lectores mis flaquezas, me atreví á solicitar un recuerdo para los sonecitos del país, que como es de suponerse, pusieron como almíbar mis labios y armaron fandango dentro de mi corazon.
La conversacion se animó extraordinariamente.
—No vaya vd. á pensar, me decia la Sra. Godoy, aquí en muchas casas se tiene este fanatismo por nuestra patria. Hay un barrio mexicano, en que las tiendas, las fondas, los guisos, son al estilo de México.... Vd. verá: nuestro templo mexicano es provisional, porque la iglesia grande está en obra. El templo está dedicado á la Vírgen de Guadalupe, se predica en castellano y hace los oficios el señor obispo, que ahora se encuentra aquí.
En los dias de gloriosos recuerdos para nuestros hijos, reunidos ó aislados, pero todos tributamos á México nuestros homenajes. El 16 de Setiembre, el 5 de Mayo, el 2 de Abril, no faltan sus diversiones, porque al fin la sangre habla, y habla muy alto, en aquella patria de mis hijos.
Yo me contenia; estaba al cometer una barbaridad, mandando traer Champaña ó pidiéndolo; pero me volvia serio este Pancho Gomez, que no olvida jamás los reglamentos de la circunspeccion.
El jóven abogado se ofreció á ser miciceroneen las excursiones que le anuncié para conocer algo de California.
La visita de la familia Godoy ha sido de las impresiones más agradables que yo tuve en California: es una familia modelo de finura y honra de México.
Al despedirnos me anunció la Srita. Godoy que me remitiriasu Album para que escribiera yo cuatro palabras; y aunque me vinieron ímpetus de ponerme de rodillas para que olvidase mi manía aquella que en el buque me dió tanto en qué pensar, no hubo remedio.... el álbum aquel fué motivo para que me llovieranAlbumspor todas partes y yo soltara granizadas de versos á troche moche, como un espirituado.
A los dos dias de esta visita, el jóven Godoy, con exquisita cortesía y despues de invitar al Sr. Iglesias, pasó á mi cuarto para que fuésemos á laCasa de Moneda.
Copiaré mis apuntaciones hechas al paso y á pulso en aquella excursion.
“Estamos al frente del edificio de la Casa de Moneda, y no le doy epíteto alguno, porque lo colosal y lo gigantesco son términos vulgares, aquí donde lo titánico y estupendo sustituye muchas veces á lo grande y á lo bello.
Amplio y tendido pórtico de correcto estilo griego y robustas columnas de cantería, reciben que no sorprenden al viajero.
Está el edificio situado en la 5.ª calle y Mission, y se penetra por una corrida escalera de granito.
A un empleado que parece tener el exclusivo objeto de recibir á los viajeros, hicimos los saludos oficiales.
Miéntras se daba parte al superintendente de nuestra llegada, descansamos en un salon calentado por una gran chimenea, al frente de la cual ungentlemanen cuclillas y poniendo el reverso al fuego, apénas se apercibió de nuestra llegada.
Al entrar al salon nos presentaron un gran libro para que escribiésemos en él nuestros nombres, como es la costumbre.
El superintendente ó director del establecimiento es el capitan Lagrange, jóven robusto, desembarazado, rubio, de nariz roma y de amabilidad extrema.
Materialmente nos colocó el director nuestro guía en la locomotora de su voluntad, y comenzamos un viaje de huracan recorriendo la Casa de Moneda.
Imposible me será dejar aquí en claro mis impresiones recogidas al vuelo. Es un laberinto de salones inmensos, en los que el ruido ejercita todos los tonos, la máquina todas las actitudes, la ciencia todo su poder y el oro y la plata toda su fascinacion deslumbradora.
Volaba que no corria el inteligente conductor; seguíale el Sr. Iglesias, imponiéndose sesudo de sus explicaciones y yo las asgaba jadeando y á pedazos, entendiendo algo que me trasmitia el Sr. Godoy, lleno de deferencia y bondad para conmigo.
Va diciendo me hacia notar mi guía que siempre hay aquí gran depósito de plata y oro procedente del Oregon.
—Aunque está vd. mirando, continuaba el guía, tan multiplicadas operaciones, solo hay empleados en él ciento veinte hombres y sesenta mujeres.
Siempre corriendo, me decia al oido Sr. Godoy:
—El gobierno nombra cuatro empleados de categoría, de los que uno de ellos es el director; estos cuatro forman Consejo para decidir de los asuntos árduos y cada uno preside un departamento, siendo libre en su esfera de accion.—Ande vd. más vivo.—Esas galerías espaciosas que vd. está viendo, son pertenecientes á la fundicion.—Inclínese vd.—¿Ve vd. ese chorro líquido que flamea? Es el oro. Esas son oficinas de refinacion.—Ande vd. aprisa que están nuestrosamigos frente á la maquinaria.—Yo me limpiaba el sudor, y seguia.—Esas máquinas, decia yo, merecian ponerse bajo un capelo: ¡qué limpieza! ¡qué finura de piezas!—Esa máquina grande tiene una fuerza de ciento veinte caballos.—Allí se verifica el apartado.
—Advierta vd., me decia sin detenerse mi guía, que estos salones tienen doble piso: uno terso, compacto, de fierro, como una sola lámina; otro de fierro dividido en fracciones y compuesto de agujeros como de celosía, que se quitan para barrer, y con las que no se pierde ni la más leve partícula de metal, recogiéndose fácilmente y con seguridad las monedas que caen al suelo, sin que los vigilantes lo perciban. Más adelante se hacen los rieles.—Dése vd. prisa: Sr. Iglesias va muy léjos.
—Estamos donde se opera la acuñacion, y no me fijo en detalles porque todas estas operaciones se hacen en México con mejor órden y más perfeccion que aquí.
—Un poquito más ligero.—Caballero, me estoy ahogando: ese director es un torbellino.
Sin oirme, me siguió diciendo Sr. Godoicito:
—Esta casa acuña cincuenta millones de pesos anualmente.
En todos los Estados-Unidos solo hay tres Casas de Moneda, que dan perfectamente abasto: ésta, la de Filadelfia y la de Nevada, que es la verdaderamente opulenta.
—Le dan á vd., me hizo advertir Sr. Godoy.—Tiene vd. en la mano el famosoTrade dollar(peso de tráfico).—Yo no estoy cierto, añadió mi guía, pero diré á vd. su orígen. En el tráfico con China, compitiendo con los pesos mexicanos, perdian los Estados-Unidos el 8%. El cambio que hicieronen México de tipo, abatió su precio en el Japon y China: entónces se inventó aquí el peso de tráfico con su águila á la mexicana, para el comercio chino.... Vd. lo está viendo: este peso, así como está, pesa ahora más que el mexicano. Con este peso se hace un tráfico con China calculado en treinta millones.
En solo el mes pasado (Enero de 77) se enviaron á China ocho millones!!
—¡Hermoso salon! dije á mi compañero, sin alcanzar resuello, y lo que es más, lindísimas muchachas.
—Esasladies, continuó mi buen guía, están haciendo el pulimento de los pesos; cada una tiene su balanza al frente y su lima en la mano: ¡qué silencio! ¡cuánta decencia y compostura!
—Aquí, me dijo deteniéndome Sr. Godoy, se cuenta. Vea vd.
En efecto, sobre un tablon dividido en pequeños carriles formados de rieles paralelos de laton, ví llover como al acaso una granizada de pesetas. Un empleado cernia el tablon, las pesetas se acomodaban como por sí mismas en los rieles, y en un abrir y cerrar de ojos, con exactitud infalible, se habian contado doscientos cincuenta pesos.
Existe en otras partes otro mecanismo para contar los pesos.
Es una especie de tolva en que se depositan los pesos. Estos caen sobre un plano inclinado dividido por rieles pequeños de laton y cerrados por una faja. Al caer se acomodan, se levanta la compuerta y se precipitan en un talego; así se cuentan en minutos miles de pesos.
La maquinita para contar monedas en otras partes, de cincoy diez centavos, tiene la hechura de un molinito de café, cuyos dientes tienen el hueco para contener la monedita; se llena de pequeñas monedas la taza, se agita el manubrio y caen contadas las monedas, señalándose la cantidad en una especie de reloj que está en el tornillo que afianza el manubrio.
—Entre vd. á esos pequeños cuartitos de fierro, me dijo mi guía.
Estaban casi oscuros; pero la luz del gas alumbró á nuestra entrada y me ví cercado de pilas de barras de plata y oro y algunas tortas de cobre, que reverberaban como espuma de oro salpicada de esmeraldas.
—Habrá aquí, me dijo mi guía, tres millones que están á disposicion del gobierno federal. El mes pasado dispuso de ocho millones.
Al decir esto iba descendiendo las escaleras mi guía, como arrebatado por una máquina de vapor, y nos detuvimos en el primer piso del edificio, en los grandes almacenes de leña y de todos los útiles de la negociacion.
Hay allí extensos talleres en que se fabrica y repara la maquinaria: hicimos parada al frente de un inmenso pozo artesiano, de donde manan cada veinticuatro horas 25,000 galones de agua.
El pozo costó á la negociacion 1,600 pesos, y produce un ahorro de 8,000 pesos al año.
Pero nuestras observaciones se hacian por vapor: de trecho en trecho estábamos al dejarnos caer de fatiga; al fin nos derribamos en unas muelles poltronas en el despacho del director.
Amplio salon con grandes ventanas rasgadas á todos losvientos, larga y despejada mesa en el centro con recado de escribir, lujo espléndido con el dejo y el buen tono de sencillez admirable.
Ardia la chimenea. El director puso el dedo sobre un timbre que resonó obediente y apareció como brotando de la pared un negro vestido elegantemente, conduciendo en una charola de plata espumosas copas de Champaña helado.
Bebimos á la salud del director, y éste, en los términos más corteses, correspondió al bríndis, apurando su copa por México y por el Sr. Iglesias.
Despues se nos repartieron unos cuadernos, que son las Memorias anuales del estado que guarda la casa.
Nos despedimos llenos de gratitud y prendados de la finura y complacencia de los Sres. Lagrange y Godoy. Al volvernos, como para despedirnos del grandioso edificio, pregunté su costo y me dijo un empleado que habia sido de 1.600,000 pesos, y que todo él era de bóveda y estaba á prueba de fuego.
Al volver de la expedicion de la Casa de Moneda, y como por vía de descanso, escribí en el Album de la Srita. Godoy lo siguiente:
EN EL ALBUM DE LA SEÑORITA MEXICANA ADELA GODOY.
Tú tienes una patria, niña graciosa,Que pisa siempre alfombras de frescas flores,En donde el aura pura cruza amorosa,Cantando amores.
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Tú tienes una patria, que como una HadaHechiza la existencia con sus halagos;Que cual á cisne mecen limpios cristalesDe mansos lagos.
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Le rinde el liquidámbar dulces aromas,Sombra dan á su frente verdes manglares,Y se miran los nidos de sus palomasDesde sus mares.
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Las aves á sus aires les dan conciertos,Y pompa del espacio son sus volcanes,Sublimes atraviesan los huracanesPor sus desiertos.
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Da el trigal á sus campos matices de oro,Y el algodon vellones de blanca espuma,El árbol de sus frutos con el tesoro,Cruge y se abruma.
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Las montañas desparecen en el vacíoCabelleras inmensas de humo y de llama,A sus plantas torrente se torna el rioQue ronco brama.
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Cuando Vieron absortos tanta grandeza,De la tierra se hundieron en las entrañasLos metales, que buscan patrias extrañas,Como riqueza.
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Y son sombra de sueño tantos primores,Y recuerdo de un sueño tantos placeres,Comparado al encanto de los amoresDe sus mujeres.
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Ellas son luz de aurora de nuestra cuna,Alivio, encanto, hechizo de nuestra suerte;Ellas son en las ondas de duelo y muerteRayo de luna.
——
Ellas la aura perfuman cuando suspiran;Ellas nos acarician con sus desvelos;Infiernos de dolores tornan en cielos,Cuando nos miran.
——
Y porque no me digas que por galanteTrovador mexicano, te forjo un cuento,Frente á imparcial espejo puesto el semblante,Dime si miento.
San Francisco California, Febrero 5 de 1877.
Guillermo Prieto.