VIIILas religiones.—Los templos.—Los clubs.—La asociacion.YA hemos indicado cuánta es la libertad religiosa que se practica en California, los muchos y benéficos templos y la generosa emulacion que mueve á los sacerdotes de los diferentes cultos para acreditar sus creencias, difundiendo la instruccion, procurando el alivio y derramando beneficios en la sociedad en que viven.En California, cinco familias promovieron, en 1849, la ereccion de un templo protestante, y despues se multiplicaron sus subdivisiones de Episcopales, Metodistas, Evangelistas, Presbiterianos, etc.La religion protestante puede dividirse en dos grandes categorías. La primera contiene el Episcopalismo, el Congregacionalismo, el Presbiteranismo. En la segunda, el Metodismo y el Bautismo.La primera categoría es la de los viejos creyentes, la de la tradicion y la preeminencia; las segundas se dirigen á las masas. Cuentan los metodistas con la simpatía de las mujeres del pueblo, y en la cruzada que formaron contra la embriaguez, tuvieron ocasion de ostentar su prestigio. Entre los medios de accion de que se sirven los metodistas, están losrewals(despertadores religiosos), y loscamp meetings(asambleas al aire libre).Se entiende porrewalsuna visita de la gracia divina, un despertar á los afectos santos, una resurreccion de la fé en el alma, segun la voluntad de los confidentes del Señor y acaso conforme á las necesidades del presupuestodel cielo.Entónces es cuando estallan en los templos esos gritos, esas convulsiones, esos escándalos, que determinan en poblaciones enteras mil casos de locura y de suicidio.Elcamp meeting, nacido tal vez de la necesidad de dirigirse á los peones del campo ó á los habitantes de pequeñas aldeas, hace sentir á los creyentes el soplo divino, cantando y bailando, y tienen la analogía, con las antiguas misiones, en que el enemigo malo no suelta sus presas y suele colocar su copita de ambrosía, como si dijéramos, entre la calavera y la disciplina.Pero en California, por lo que ví, está en completo descrédito el martirio. Pasaron para siempre en esos lugares felices las lides religiosas; y si hay algo característico, es la indiferencia de las masas á esas cuestiones que no dan pesetas sino á reducido número.Los creyentes tienen sus círculos y sus influencias, sus caballeros de industria y sus especulaciones; pero el comercio no puede compararse á ninguno de los ramos favoritos de especulacion.LIT. DE H. IRIARTE MEXICO.Cliff House.En cuanto á los católicos, más compactos, con mejor disciplina, mucho más ilustrado y tolerante que el nuestro, su crédito, ha sabido aprovechar la emigracion europea, sobre todo la irlandesa, y puede asegurarse que seis millones de habitantes de la Union son católicos.En uno de los dias en que los recuerdos caian como sombras en mi espíritu, busqué el apartamiento de la ciudad, encumbrando una de las calles centrales.Llamó mi atencion un templo con su torre en el centro, y el aspecto de una extensa galera descansando en groseros estribos de cal y canto, rodeada de un bello jardin circundado por un barandal de fierro.Espié hácia el templo; estaba completamente solo, se oian mis pisadas resonar en el pavimento de madera, y el eco de mi tos moria en la altísima bóveda.Volví el rostro á todos lados: dominaba en el altar la Vírgen María; al lado del altar ardia la lámpara; era un templo cristiano con todos los adornos, accidentes y particularidades que un templo de México.Tal vez la disposicion de mi alma, acaso la soledad y el silencio, que es una solemnidad para el espíritu, no sé, pero el conjunto me produjo intensa conmocion.Sentia en mi oido el acento de mi Santa Madre como encaminando mis pasos al cielo por la senda misteriosa de la oracion, poblaban mis recuerdos los altares, algo de la blanca luz de mi risueña infancia coronaba las simas negras de mis desengaños y de mis dolores.Yo dudo de todo lo que puede haber inventado el ingeniohumano para hacer de Dios un objeto de tráfico; mi razon protesta contra esa fé que consiste en volar en el caos como los arcángeles malditos de Milton; pero yo siento á Dios y él da luz á mis fibras y canta mi sangre dentro de mi corazon sus alabanzas.Yo estaba prosternado: mi patria descendió á mí en espíritu, en recuerdo, con los afectos de los que amo, con las memorias de los que esperan mi regreso sobre sus lechos de piedra.Algun rayo de sol que reverberó en el oro de las molduras del altar, el gorgear de alguna ave que cantó en las ventanas del templo, huyéndose alegre, me volvió de mi arrobamiento.... y me dispuse á salir.... en la puerta del templo habia una mujer anciana que pedia limosna en español.... vestida como las mujeres pobres de nuestra clase media, de mi clase.... no sé lo que pasó por mí.... se me figuró que era nuestra raza entera refugiada cerca de los altares, como una barca náufraga tras una roca bienhechora.Voy ahora á dar cuenta á mis lectores de mis impresiones en la Sinagoga.A gran distancia percibimos la Sinagoga Emmanuel; brillaban al sol las voluptas de oro colosales en que terminan sus dos torres ó almimbares. El templo levanta su pórtico como un nicho sobre dos elevadas escaleras, y ostenta el arco de su pórtico sostenido por macizas columnas del órden compuesto.Sobre el arco se ve uno como segundo pórtico formado por tres arcos ó nichos, y coronado por una gran cornisa saliente de la que parecen arrancar las torres hasta su mitad, cubiertas en el interior por espesas celosías.La parte exterior del templo puede dividirse en tres cuerpos: el primero, compuesto de grandes ventanas coronadas de respiradores ó tragaluces circulares de gran tamaño; el segundo lo compone una colosal arquería con vidrios de colores, como los tragaluces, pero de forma gótica los bastidores, y el tercer cuerpo, el techo en declive por ambos lados, como un caballete cercado de pilares de tamaño proporcional á la mole estupenda del edificio.Al penetrar al templo nos hallamos casi á oscuras; la luz se modifica en sus rasgadas ventanas por los vidrios de colores, arabescos de exquisito primor en que el nácar, el azul y el naranjado, sobresalen y se combinan con deliciosa belleza.El templo es como un gran salon; componen su techumbre grupos de bóvedas, recogidas como un cortinaje azul, sembrado de estrellas.Sobre el pavimento de madera hay tres hileras de lujosas bancas, separadas por cómodos pasillos para que la concurrencia transite con holgura.En las bancas, de madera fina, con muelles cojines, se encontraban con sus adornos variados, sus gorros, chales y mantillas, las hijas de Abigael y de Ruth, que son morenas, de ojos negros, nariz aguileña; en una palabra, de una hermosura que rinde el alma.Los caballeros estaban sentados con sus sombreros puestos, lo mismo los niños; pero todos leyendo en el mayor silencio y guardando la más reverente compostura.En el fondo del templo, de sobre el presbiterio arranca un arco gigantesco que casi toca el techo: en su clave está colocado el órgano, y á los lados, tras balaustrada riquísima, cantores y cantoras.Debajo del órgano se desplega un segundo arco y penetra la vista en una especie de capilla interior, á cuya entrada cuelga una profusa cortina de color oscuro.En el centro de la capilla se alza una especie de plataforma, á la que se asciende por dos amplias escaleras. En medio de la plataforma se ve un gran bulto de figura cilíndrica, cubierto de terciopelo carmesí.A los dos lados del arco del presbiterio estaban dos hombres de pié con sus sombreros puestos.En la barandilla que limita el presbiterio, que está en alto, se veia un gran atril y en él varios libros.Frente al atril, y á uno de sus lados, se percibian dos sacerdotes; el uno leia, el otro escuchaba atento; ambos vestian ropas talares, percibiéndose sus camisas, corbatas y trages de caballeros. Cubrian sus cabezas unos como gorrillos griegos.El sacerdote, que leia en hebreo, es de arrogante figura, como de treinta y cinco años, alto, blanco, de negra y espesa barba y de un metal de voz sonoro y dulcísimo.Leia con gran fervor el Rabino ó Doctor de la ley y escuchaba el auditorio conmovido. A veces se ponia de pié el concurso y como que pasaba invisible sobre él el espíritu de Dios.El aura recogia el acento melodioso del Rabino, y entónces, léjos, muy léjos, entre los rayos trémulos de aquella luz crepuscular, se oia una música de notas celestiales.Fuese como acercando aquella música que descendia, como gotas de lluvia heridas por el sol, de regiones sublimes, y entónces, voces de arcángeles, que no de mujeres, se desataron en cantos dulcísimos empapados en ternura infinita.El sacerdote que estaba de pié, al acercarse el canto, abrió sus labios y escuché la voz de barítono más grandiosa, más augusta y más tierna de que puede tener idea el sentimiento humano.Era un idioma extraño, un canto que no tiene analogía con la música religiosa que prestó sus alas á mi espíritu cuando niño, y que sabe trasparentar la queja y el ruego; no, era el canto que nos conduce en la arrobacion del éxtasis, á las contemplaciones de lo infinito y de lo eterno.Me sentí conmovido en lo más hondo de mi alma; fué aquella para mi espíritu una aparicion de la inmortalidad en su más esplendente seduccion.La lectura, la deprecacion y el canto, se siguieron alternando entre los sacerdotes, el auditorio y las melodías en las alturas.Unas hermosas judías que estaban frente á mí, lloraban, y se limpiaba sus ojos y su barba blanca un caballero que estaba á mi lado.De pronto se rasgó el velo que oculta dentro de la capilla elSancta Sanctorum: los torrentes de armonías del órgano descienden como en cascadas sonoras. En los cielos, en la tierra, en todas partes resuenan cánticos sagrados. El auditorio entero hacia vibrar como una sola voz el himno triunfal del Dios de Jacob.Los sacerdotes ascendieron por las dos escaleras del fondo de la capilla que conducen al tabernáculo, y uno de ellos colocó en sus brazos el bulto forrado en terciopelo carmesí, de que hemos hablado.Descendieron del tabernáculo los sacerdotes: lo que conducian eran las Tablas de la Ley.“¡Aleluya! ¡Aleluya!” clamaba el acento henchido de acentos de la multitud, entre las vibraciones metálicas del órgano.Se hizo ascender á un niño al presbiterio, repitiendo como una leccion la voz del sacerdote la lectura del Decálogo.Moisés, los Profetas, los truenos y relámpagos del Sinaí, los tiempos bíblicos de la comunion íntima del hombre con su Dios, palpitaban, irradiaban en mi alma.Al Dios de Sabahot, honor y gloria;Cantemos su poder y su bondad, etc.,repetia yo maquinalmente con la voz trémula y los ojos llenos de lágrimas.He asistido á los templos cristianos y á los protestantes, he escuchado la voz de las catedrales y los cantos rústicos de la iglesia de la aldea ensalzando al Dios de mis padres; y jamás mi alma ha sentido una impresion más intensa, con ciencia más patente de la Divinidad, que la que me poseyó en la Sinagoga Emmanuel de California.Fuí invitado y concurrí á otro templo en ciernes, dedicado á la Vírgen de Guadalupe, favorecido por las familias mexicanas.En efecto, el domingo que yo asistí la concurrencia era numerosa. El templo es casi subterráneo, oficiaba el señor obispo de la Baja California, al que escuché una plática doctrinal dicha con pretenciosa prosopopeya y muy vacía de sentido.El templo presenta el aspecto de cualquiera de nuestras parroquias de pueblo, con la sola diferencia de las hileras de bancas, lo que siempre da á la concurrencia cierto aspecto de formalidad y compostura, que una vez vista, se echa mucho de ménos en nuestras iglesias.Aquella anciana oronda que hace plaza y ocupa los tránsitos; aquella madre de familia que se aplasta, recoge los sombreros de sus hijos y los deja retozar sin cuidado, distrayendo y molestando á los circunstantes; aquellos devotos que atraviesan como haciendo equilibrio para llegar al altar mayor, y aquellos sacristanes cuchicheadores, entrometidos y diestros para cruzar entre los ruedos de los túnicos y de las enaguas que tapizan el suelo; aquellos grupos de hombres recargados en las puertas, brujuleando y formando biombo á los que de rodillas ven á su espalda, eso no se conoce en ningun templo de aquí, por infeliz que sea.Respecto al servicio de la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, aunque el templo tiene un carácter de muy provisional, deja mucho que desear.—Y qué, ¿no ha oido vd. predicar, me decia un paisano, á un padre G*** que se chupa el dedo para eso de la elocuencia? Hace dos domingos nos predicó un sermon, poco más ó ménos en estos términos. Se hablaba de lo efímero de la felicidad mundana:“Dios Nuestro Señor es muy bueno: no seré yo quien hable mal de Su Divina Majestad, ni quien le ponga tacha; pero no lo vayan vdes. á creer, un Juan de buena alma, que aguanta carros y carretas.“Ve, por ejemplo, á un ladron, y haciéndose disimulado, dice: “Buen provecho, tú las pagarás todas juntas.”“Se le pasea por los bigotes un borrachin, que le hace tanto caso como si estuviera pintado, y él dice para sus adentros: “Goza, borrachito, goza, que no me la has de ir á penar.”“Se pavonea con su madama uno de estos amancebados que parece que no lo merece la tierra, y el Señor se está como si tal cosa, ya clavado en su cruz, ya recibiendo azotes en la columna, ya con la mano en la mejilla, como quien dice: “Véamos hasta cuándo se hartan estos pecadores.”“Pero un dia se levanta con todo lo Dios en la cabeza y dice: “Ahora se hizo la mia,” y entónces, allá va una tempestad, allá va un temblor, allá una epidemia, por aquí suelta una apoplegía, por allá un insulto, por acullá una peritonitis de momento, y entónces todos aquellos pecadorcitos que hemos visto, van sin zumba, sin alcanzar resuello, á los apretados infiernos.“Amados fieles: no hay que andarse con chiquillas ni que aturdirse: amar á Dios sobre todas las cosas y á tu prójimo como á tí mismo: así se gana la gloria, que os deseo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amen.”Mucho me temo que el sermon del padre G*** sea invencion de mi amigo; pero sí me consta que por el estilo son los rasgos de elocuencia que me han referido personas muy sensatas.Insistiendo en la importancia del culto católico, se calcula que la iglesia de Santa María, de que hablamos al principio, y es considerada como la Catedral, San Patricio y San Ignacio, han costado 175,000 pesos la primera, 100,000 la segunda y 160,000 la tercera.Son más de cuarenta los establecimientos que subsisten de la caridad cristiana, como conventos, colegios, escuelas y hospitales.El colegio de San Ignacio, para niños exclusivamente, es un establecimiento de educacion de primer órden. El número de alumnos que tiene la escuela es de seiscientos.El sentimiento práctico de igualdad, el respeto á lo ajeno, y sobre todo, cierta altura de civilizacion, provocan en este país á las asociaciones, que centuplican la valía del hombre, aumentan su inteligencia, procuran su perfeccionamiento y combaten enérgicamente el socialismo, porque la libertad es el vínculo de esos empeños fraternales.La asociacion cria el capital, emancipa el trabajo, funda bajo sólidas bases el crédito y prepara al obrero solaz y consuelos en las enfermedades y la vejez.Uno de los resortes más poderosos de la grandeza de los Estados-Unidos, acaso el mayor, son esas asociaciones que en lo científico, en lo industrial, y de todas maneras, impulsan el inmenso desarrollo de los elementos de prosperidad de los pueblos.La civilizacion ilustra al hombre y duplica su importancia, luego que otro hombre, que á la vez es un capital, se une á él: la moralidad mantiene la balanza de los intereses entre los asociados: el espíritu de igualdad impide las explotaciones ventajosas y embota los avances de la mala fé y de la especulacion vedada. Cuando un pueblo ó una reunion de hombres no pueden armonizar sus intereses, búsquese lacausa en cualquiera de los motivos que dejamos anunciados, y no culpemos exclusivamente á la educacion y á la raza, como solemos hacerlo.El mal radical de nuestra sociedad mexicana está en que no es armónica. Piénsese mucho en esto.Favorece en gran parte en los Estados-Unidos la asociacion, que no hay cuestiones religiosas, ni se indaga para favorecer á un hombre cuáles son sus creencias. Se ven frecuentemente tan felices enlaces entre protestantes y judíos, entre cristianos y turcos, que es un hábito respetar el ajeno sentir en estas materias.La política, por otra parte, á nadie divide; el país está constituido y se desconoce el terreno de la conspiracion: lospolyticiansse ocupan de intrigas y de aspiraciones; pero esto es aparte, es como lo poco que se cuida el público de que haya maromas por San Pablo y ejercicios en la Villa de Guadalupe: maromeros y devotos hacen su negocio; pero á la masa del público no le afecta ni le conmueve que un maromero se descoyunte, ó que un devoto gane con una salve ochenta años de perdon de sus culpas.Pero no solo en lo científico ó en lo literario, en las grandes empresas industriales y en la beneficencia y caridad la asociacion opera sus milagros, sino en reuniones de puro contentamiento y distraccion: elClubestrecha las voluntades y calienta los corazones extendiendo la órbita de las relaciones y los placeres.Hay, no obstante, quien asigne al Club influencia perniciosa, diciendo que enfrian los afectos de familia, arrancando á los esposos del hogar y encendiendo en su corazon las propensiones á la soltería, la intemperancia y el despilfarro.Acaso sea cierto; acaso sea uno de los motivos del apartamiento del hombre de negocios del bello sexo, haciendo insustancial á la mujer y amiga de las aventuras: yo no sé, ni es mi objeto entrar en semejante análisis; el hecho es que el Club tiene vida activísima, y los de California son centros en que se disfrutan las delicias de la buena sociedad.Los más selectos Clubs son la Union, el Pacífico, y el Club de California: tiene merecida estimacion el Club aleman, la asociacion y el Club Hispano-Americano, de que hablaré despues.El Club se instituye á expensas de los socios y se rige por sus reglamentos particulares.Dispone el Club en general de grandes y elegantísimos salones en que hay su cantina con exquisitos vinos, sus mesas de billar en salas separadas, mesillas para jugar ajedrez y departamentos para los aficionados á la música y á las conferencias científicas y literarias.Los amigos se agrupan ó se aislan acompañados de aquellos con quienes tienen mayores simpatías, se congregan los artistas, los dados á la lectura encuentran selectas bibliotecas y periódicos de todo el mundo, y muchas veces, sin pretenderse, se ajustan entre dos copas negocios, y se celebran transacciones que tal vez habrian sido difíciles fuera de aquel lugar.Yo asistí al “Bohemian Club” (Club de los Bohemios).Su reglamento particular acoge periodistas, artistas y gente de todas las naciones, con tal de que las aliente el espíritu de confraternidad y el buen humor.Tiene mil prácticas extravagantes dirigidas á hacer más cordiales que lo comun las relaciones de los socios y quitarleá la reunion la tiesura y las etiquetas, que son á veces incompatibles con la franca alegría.Cada vez que se renuevan los oficios, el presidente pronuncia un discurso al frente de una enorme tetera que se pasea en procesion, y se rinden honores á un buho que se mantiene vivo y lleno de atenciones en uno de los salones del Club.Pero en medio de esta gresca se verifican interesantísimas lecturas y conferencias que honrarian á los más encopetados cuerpos científicos y literarios.Aunque el Club tiene el nombre de aleman, en el vulgo, hay socios de todas las naciones, y cuando la caldera de la cantina eleva el vapor, se produce en miniatura una torre de Babel, que no hay más que pedir.Mi compañero en esas excursiones era el Lic. Pablo Newman, aleman al decir; pero que pertenece á la alta aristocracia del universo que se llama del talento y la virtud.M. Newman habla español como Fígaro y conoce los modismos de México como el Pensador, tararea en francés un M. de Framboisy como pudiera hacerlo la Aimé, y se da ciertochicy sazona con su sal y pimienta las canciones de la Estudiantina Alemana.En los negocios nadie es más grave y sesudo que M. Newman; pero luego que encuentra un resquicio para dar un puntapié á los códigos y á los comentadores taciturnos, desplega un carácter franco, jugueton, y es el bebedor más alegre y divertido, sin dejar nunca la finura de cumplido caballero.Rubio; con unos desordenados rizos que se columpian sobre su ancha frente, nariz chata, boca grande, con dentaduratemeraria de blancura y de fuerza, regordete y de movimientos listos: tal es M. Newman.Le veia una noche hacer más piruetas que de costumbre.—Muy alegre está vd., le dije....—¡Oh amigo, eso no es de mi cuenta! Es esta pierna (mostrándome una de sus piernas) que se acuerda de su orígen campestre....En efecto, era una pierna de palo la que se regocijaba, con total independencia de su humanidad.El Bohemian Club hizo al Sr. Iglesias la acogida á que es acreedor por su sabiduría y finura, distinguiéndose entre otras personas el Sr. Lohse, amigo entusiasta de México, que es uno de los ornamentos más preciados del Club de los Bohemios.Pero lo que ha dejado en mi alma más vivos recuerdos, es nuestra visita al Club Hispano-Americano.Es una preciosa estancia compuesta de cuatro salones y dos pasadizos, en uno de los cuales está como en modesto retiro una muy bien surtida cantina.En el centro está el salon de tertulia.A un lado se extiende la sala de billares, y al opuesto uno en que se suelen ajustar juegos de cartas, y el contiguo que funge de gabinete de lectura.Españoles, hijos de las Américas hermanas y mexicanos, formaban la animada reunion.Un jóven español, cuyo nombre, si mal no recuerdo, es Arrillaga, y un aleman, ambos eminentes profesores, hacian cantar divinidades al piano que adornaba la sala.En la aurora del entusiasmo, llegaron dos caballeros vestidos de negro, que parecian retraidos.Al rincon en que estaban llegó una arpa, y en pos de ella una guitarra, con cuyos instrumentos hicieron conocimiento los recien llegados.A poco se oyó el cuchicheo de la arpa y el primer carcajeo de la guitarra: M. Newman estaba en medio de la pieza radiante de alegría.Aquellos eran eminentes artistas; sus instrumentos expresaron el requiebro y la zandunga, y el clamoreo sentimental, y el suspirar apasionado por la patria ausente.Apareció el Champaña desbordándose, como tendiéndonos los brazos, escoltado por M. Newman, los Gaxiolas, Pepe Shleidem, Andrade y no sé cuántos más.Nos rodeamos á una mesilla que estaba en el centro de la sala, donde se colocó el Champaña, y un caballero nombrado por todos los socios del Club, nos dió la bienvenida en los términos más elocuentes y sentidos.Habló el Sr. Iglesias con la correccion y elegancia con que sabe hacerlo, hablaron Gomez del Palacio y Velasco, y yo dije cuatro atrocidades de piés cortos, que se publicaron en los periódicos.Estaba en su colmo el contento: Labiaga queria torrentes de Champaña hasta para los que paseaban en la calle.Nuestros amigos Salvatierra y Ferrer, que eran los artistas de arpa y guitarra, nos convertian en armoniosos y divinos los recuerdos de México; Benitez con sus modales finísimos se aislaba con unos amigos, formaban grupos, enlazados de los brazos, americanos, mexicanos y españoles, y Carrascosa me llamaba aparte para echar un trago entre carcajadas y palabras extra-diccionario, por nuestras memorias juveniles, como Cleto y Venancio en la Gallina Ciega.—¿Te acuerdas de aquellas costurerillas de que éramos los Tenorios?—¡Cállate! ¡cállate!Despertóse á varios la impaciencia de que yo hiciese versos sin cesar: en medio de aquel barullo, yo comencé el que sigue, apuntándolo con un lápiz sobre la rodilla y arrebatándomelo de las manos sin concluir para darle lectura, porque lo que importaba era dar pábulo á la comun alegría, y allá va:Más vino á mí: que mi razon se finjaEl ruido atronador de los festines:Que mujeres de faz de querubinesMe den sonriendo el tósigo á beber.Que produzcan los ecos del contento,Ráfagas de huracan, notas extrañas:Bebed! bebed, que se arden mis entrañasY tiene el labio inextinguible sed.——Bebed! bebed; pero á la vez ansiosos,Vosotros ilusiones, yo el olvido,Bebed, para que apague mi gemido,El ruidoso tumulto del gozar.Y en esas olas en que envuelve el írisEntre el oro del ópalo, la llama,No mireis que furtivo se derramaCon llanto acerbo de mi pena el mar.——¿Dónde estoy? Esas calles, esos ecos,Esas bellas.... sus gracias y su lloro,No son tuyos ¡oh patria á quien adoro!Nada me dicen, para mi alma á mí.¿Dó están las hadas que en mis negros sueñosFúlgidas pasan, mis dolores viendo,Y á mí sus brazos, con amor tendiendo,Porque tal vez por siempre las perdí?——Que alce el Yankee palacios en los mares;Que de férreo tendon doten al viento,Para que tenga cuerpo el pensamiento,Rieles el éter, el espacio voz.Que entre el triunfal hosanna del trabajoLevanten los alcázares su frente;Que pase sobre el cuello del torrenteEnvuelto en humo rápido el vapor....——Todo lo pueden ellos; ellos puedenConvertir en espléndidas nacionesDe mi patria infelice los girones,Botin de engaño, presa de baldon.Todo lo pueden ellos; mas no puedenArrancar á mi patria su nobleza:Ni robar á su espléndida bellezaSu heróico, su divino corazon.——Más vino á mí, ¡bebamos! á la patria,Que más se adora, cuánto más ausente....Que disipen las sombras de mi frenteSus recuerdos dulcísimos de amor....Que se desplegue el lábaro latinoRefulgente en los cielos del progreso....Copa de mis amigos.... en mi besoRecoge con ternura.... mi ovacion......——No estoy cierto si he descifrado con fidelidad los garabatos medio borrados del lápiz, pero ellos alentaron el contento; Carrascosa me los aprobó sorbiendo sin tiquis ni miquis, como él dice, una copa en que se podia bañar un cristiano.Hemos visto, bajo el aspecto que parece más trascendental y frívolo, la asociacion; pero si la consideramos con sus verdaderos caractéres, veremos que ella realiza esas obras gigantescas, esas empresas titánicas que como que borran en la historia los recuerdos de Egipto y Babilonia.Surcan los vientos, comunican los mares, taladran las montañas, encadenan el desierto, ahogan la distancia entre los dos brazos de los rieles.En la ciudad, la asociacion derrama sobre la cabeza del pueblo las aguas puras de la instruccion, recogen al huérfano, alivian los dolores del enfermo, ofrecen apoyo al anciano, desposan en alianza bienhechora al capital con el trabajo, y decoran como morada del placer, el triste asilo de la muerte.En San Francisco hay más de cien sociedades de beneficencia, excluyendo las sociedades masónicas, que son muchas, y de que no pude tener conocimiento.Los caballeros de Pitias tienen una firme organizacion, con doce logias que le están subordinadas (1869).El antiguo órden de los Hibernianos que cuenta nueve (1869).Asociacion de socorros mútuos de los hombres de color (Reed Men).Idem de la Grande Armada, organizada en 1867 para socorro de soldados y marineros.Antigua órden de Druidas, para socorro de forasteros desvalidos.Casi todas las congregaciones religiosas sostienen instituciones de beneficencia, generosamente dotadas por los creyentes.La Sociedad de Jóvenes Cristianos es una de las que procuran mayores beneficios á California: cuenta con una magnífica librería.La asociacion para alivio de muchachos y muchachas desamparados, ha contribuido muy eficazmente á mejorar la condicion de la juventud en San Francisco.Para no cansar al lector copiando la larga lista de los establecimientos de caridad, de educacion y de mejora, diré que casi no se ha manifestado una necesidad que no haya procurado socorrer la asociacion, desde la casa en que el niño se inicia en la vida, hasta la tumba en que descansan los restos de los mortales.
VIIILas religiones.—Los templos.—Los clubs.—La asociacion.YA hemos indicado cuánta es la libertad religiosa que se practica en California, los muchos y benéficos templos y la generosa emulacion que mueve á los sacerdotes de los diferentes cultos para acreditar sus creencias, difundiendo la instruccion, procurando el alivio y derramando beneficios en la sociedad en que viven.En California, cinco familias promovieron, en 1849, la ereccion de un templo protestante, y despues se multiplicaron sus subdivisiones de Episcopales, Metodistas, Evangelistas, Presbiterianos, etc.La religion protestante puede dividirse en dos grandes categorías. La primera contiene el Episcopalismo, el Congregacionalismo, el Presbiteranismo. En la segunda, el Metodismo y el Bautismo.La primera categoría es la de los viejos creyentes, la de la tradicion y la preeminencia; las segundas se dirigen á las masas. Cuentan los metodistas con la simpatía de las mujeres del pueblo, y en la cruzada que formaron contra la embriaguez, tuvieron ocasion de ostentar su prestigio. Entre los medios de accion de que se sirven los metodistas, están losrewals(despertadores religiosos), y loscamp meetings(asambleas al aire libre).Se entiende porrewalsuna visita de la gracia divina, un despertar á los afectos santos, una resurreccion de la fé en el alma, segun la voluntad de los confidentes del Señor y acaso conforme á las necesidades del presupuestodel cielo.Entónces es cuando estallan en los templos esos gritos, esas convulsiones, esos escándalos, que determinan en poblaciones enteras mil casos de locura y de suicidio.Elcamp meeting, nacido tal vez de la necesidad de dirigirse á los peones del campo ó á los habitantes de pequeñas aldeas, hace sentir á los creyentes el soplo divino, cantando y bailando, y tienen la analogía, con las antiguas misiones, en que el enemigo malo no suelta sus presas y suele colocar su copita de ambrosía, como si dijéramos, entre la calavera y la disciplina.Pero en California, por lo que ví, está en completo descrédito el martirio. Pasaron para siempre en esos lugares felices las lides religiosas; y si hay algo característico, es la indiferencia de las masas á esas cuestiones que no dan pesetas sino á reducido número.Los creyentes tienen sus círculos y sus influencias, sus caballeros de industria y sus especulaciones; pero el comercio no puede compararse á ninguno de los ramos favoritos de especulacion.LIT. DE H. IRIARTE MEXICO.Cliff House.En cuanto á los católicos, más compactos, con mejor disciplina, mucho más ilustrado y tolerante que el nuestro, su crédito, ha sabido aprovechar la emigracion europea, sobre todo la irlandesa, y puede asegurarse que seis millones de habitantes de la Union son católicos.En uno de los dias en que los recuerdos caian como sombras en mi espíritu, busqué el apartamiento de la ciudad, encumbrando una de las calles centrales.Llamó mi atencion un templo con su torre en el centro, y el aspecto de una extensa galera descansando en groseros estribos de cal y canto, rodeada de un bello jardin circundado por un barandal de fierro.Espié hácia el templo; estaba completamente solo, se oian mis pisadas resonar en el pavimento de madera, y el eco de mi tos moria en la altísima bóveda.Volví el rostro á todos lados: dominaba en el altar la Vírgen María; al lado del altar ardia la lámpara; era un templo cristiano con todos los adornos, accidentes y particularidades que un templo de México.Tal vez la disposicion de mi alma, acaso la soledad y el silencio, que es una solemnidad para el espíritu, no sé, pero el conjunto me produjo intensa conmocion.Sentia en mi oido el acento de mi Santa Madre como encaminando mis pasos al cielo por la senda misteriosa de la oracion, poblaban mis recuerdos los altares, algo de la blanca luz de mi risueña infancia coronaba las simas negras de mis desengaños y de mis dolores.Yo dudo de todo lo que puede haber inventado el ingeniohumano para hacer de Dios un objeto de tráfico; mi razon protesta contra esa fé que consiste en volar en el caos como los arcángeles malditos de Milton; pero yo siento á Dios y él da luz á mis fibras y canta mi sangre dentro de mi corazon sus alabanzas.Yo estaba prosternado: mi patria descendió á mí en espíritu, en recuerdo, con los afectos de los que amo, con las memorias de los que esperan mi regreso sobre sus lechos de piedra.Algun rayo de sol que reverberó en el oro de las molduras del altar, el gorgear de alguna ave que cantó en las ventanas del templo, huyéndose alegre, me volvió de mi arrobamiento.... y me dispuse á salir.... en la puerta del templo habia una mujer anciana que pedia limosna en español.... vestida como las mujeres pobres de nuestra clase media, de mi clase.... no sé lo que pasó por mí.... se me figuró que era nuestra raza entera refugiada cerca de los altares, como una barca náufraga tras una roca bienhechora.Voy ahora á dar cuenta á mis lectores de mis impresiones en la Sinagoga.A gran distancia percibimos la Sinagoga Emmanuel; brillaban al sol las voluptas de oro colosales en que terminan sus dos torres ó almimbares. El templo levanta su pórtico como un nicho sobre dos elevadas escaleras, y ostenta el arco de su pórtico sostenido por macizas columnas del órden compuesto.Sobre el arco se ve uno como segundo pórtico formado por tres arcos ó nichos, y coronado por una gran cornisa saliente de la que parecen arrancar las torres hasta su mitad, cubiertas en el interior por espesas celosías.La parte exterior del templo puede dividirse en tres cuerpos: el primero, compuesto de grandes ventanas coronadas de respiradores ó tragaluces circulares de gran tamaño; el segundo lo compone una colosal arquería con vidrios de colores, como los tragaluces, pero de forma gótica los bastidores, y el tercer cuerpo, el techo en declive por ambos lados, como un caballete cercado de pilares de tamaño proporcional á la mole estupenda del edificio.Al penetrar al templo nos hallamos casi á oscuras; la luz se modifica en sus rasgadas ventanas por los vidrios de colores, arabescos de exquisito primor en que el nácar, el azul y el naranjado, sobresalen y se combinan con deliciosa belleza.El templo es como un gran salon; componen su techumbre grupos de bóvedas, recogidas como un cortinaje azul, sembrado de estrellas.Sobre el pavimento de madera hay tres hileras de lujosas bancas, separadas por cómodos pasillos para que la concurrencia transite con holgura.En las bancas, de madera fina, con muelles cojines, se encontraban con sus adornos variados, sus gorros, chales y mantillas, las hijas de Abigael y de Ruth, que son morenas, de ojos negros, nariz aguileña; en una palabra, de una hermosura que rinde el alma.Los caballeros estaban sentados con sus sombreros puestos, lo mismo los niños; pero todos leyendo en el mayor silencio y guardando la más reverente compostura.En el fondo del templo, de sobre el presbiterio arranca un arco gigantesco que casi toca el techo: en su clave está colocado el órgano, y á los lados, tras balaustrada riquísima, cantores y cantoras.Debajo del órgano se desplega un segundo arco y penetra la vista en una especie de capilla interior, á cuya entrada cuelga una profusa cortina de color oscuro.En el centro de la capilla se alza una especie de plataforma, á la que se asciende por dos amplias escaleras. En medio de la plataforma se ve un gran bulto de figura cilíndrica, cubierto de terciopelo carmesí.A los dos lados del arco del presbiterio estaban dos hombres de pié con sus sombreros puestos.En la barandilla que limita el presbiterio, que está en alto, se veia un gran atril y en él varios libros.Frente al atril, y á uno de sus lados, se percibian dos sacerdotes; el uno leia, el otro escuchaba atento; ambos vestian ropas talares, percibiéndose sus camisas, corbatas y trages de caballeros. Cubrian sus cabezas unos como gorrillos griegos.El sacerdote, que leia en hebreo, es de arrogante figura, como de treinta y cinco años, alto, blanco, de negra y espesa barba y de un metal de voz sonoro y dulcísimo.Leia con gran fervor el Rabino ó Doctor de la ley y escuchaba el auditorio conmovido. A veces se ponia de pié el concurso y como que pasaba invisible sobre él el espíritu de Dios.El aura recogia el acento melodioso del Rabino, y entónces, léjos, muy léjos, entre los rayos trémulos de aquella luz crepuscular, se oia una música de notas celestiales.Fuese como acercando aquella música que descendia, como gotas de lluvia heridas por el sol, de regiones sublimes, y entónces, voces de arcángeles, que no de mujeres, se desataron en cantos dulcísimos empapados en ternura infinita.El sacerdote que estaba de pié, al acercarse el canto, abrió sus labios y escuché la voz de barítono más grandiosa, más augusta y más tierna de que puede tener idea el sentimiento humano.Era un idioma extraño, un canto que no tiene analogía con la música religiosa que prestó sus alas á mi espíritu cuando niño, y que sabe trasparentar la queja y el ruego; no, era el canto que nos conduce en la arrobacion del éxtasis, á las contemplaciones de lo infinito y de lo eterno.Me sentí conmovido en lo más hondo de mi alma; fué aquella para mi espíritu una aparicion de la inmortalidad en su más esplendente seduccion.La lectura, la deprecacion y el canto, se siguieron alternando entre los sacerdotes, el auditorio y las melodías en las alturas.Unas hermosas judías que estaban frente á mí, lloraban, y se limpiaba sus ojos y su barba blanca un caballero que estaba á mi lado.De pronto se rasgó el velo que oculta dentro de la capilla elSancta Sanctorum: los torrentes de armonías del órgano descienden como en cascadas sonoras. En los cielos, en la tierra, en todas partes resuenan cánticos sagrados. El auditorio entero hacia vibrar como una sola voz el himno triunfal del Dios de Jacob.Los sacerdotes ascendieron por las dos escaleras del fondo de la capilla que conducen al tabernáculo, y uno de ellos colocó en sus brazos el bulto forrado en terciopelo carmesí, de que hemos hablado.Descendieron del tabernáculo los sacerdotes: lo que conducian eran las Tablas de la Ley.“¡Aleluya! ¡Aleluya!” clamaba el acento henchido de acentos de la multitud, entre las vibraciones metálicas del órgano.Se hizo ascender á un niño al presbiterio, repitiendo como una leccion la voz del sacerdote la lectura del Decálogo.Moisés, los Profetas, los truenos y relámpagos del Sinaí, los tiempos bíblicos de la comunion íntima del hombre con su Dios, palpitaban, irradiaban en mi alma.Al Dios de Sabahot, honor y gloria;Cantemos su poder y su bondad, etc.,repetia yo maquinalmente con la voz trémula y los ojos llenos de lágrimas.He asistido á los templos cristianos y á los protestantes, he escuchado la voz de las catedrales y los cantos rústicos de la iglesia de la aldea ensalzando al Dios de mis padres; y jamás mi alma ha sentido una impresion más intensa, con ciencia más patente de la Divinidad, que la que me poseyó en la Sinagoga Emmanuel de California.Fuí invitado y concurrí á otro templo en ciernes, dedicado á la Vírgen de Guadalupe, favorecido por las familias mexicanas.En efecto, el domingo que yo asistí la concurrencia era numerosa. El templo es casi subterráneo, oficiaba el señor obispo de la Baja California, al que escuché una plática doctrinal dicha con pretenciosa prosopopeya y muy vacía de sentido.El templo presenta el aspecto de cualquiera de nuestras parroquias de pueblo, con la sola diferencia de las hileras de bancas, lo que siempre da á la concurrencia cierto aspecto de formalidad y compostura, que una vez vista, se echa mucho de ménos en nuestras iglesias.Aquella anciana oronda que hace plaza y ocupa los tránsitos; aquella madre de familia que se aplasta, recoge los sombreros de sus hijos y los deja retozar sin cuidado, distrayendo y molestando á los circunstantes; aquellos devotos que atraviesan como haciendo equilibrio para llegar al altar mayor, y aquellos sacristanes cuchicheadores, entrometidos y diestros para cruzar entre los ruedos de los túnicos y de las enaguas que tapizan el suelo; aquellos grupos de hombres recargados en las puertas, brujuleando y formando biombo á los que de rodillas ven á su espalda, eso no se conoce en ningun templo de aquí, por infeliz que sea.Respecto al servicio de la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, aunque el templo tiene un carácter de muy provisional, deja mucho que desear.—Y qué, ¿no ha oido vd. predicar, me decia un paisano, á un padre G*** que se chupa el dedo para eso de la elocuencia? Hace dos domingos nos predicó un sermon, poco más ó ménos en estos términos. Se hablaba de lo efímero de la felicidad mundana:“Dios Nuestro Señor es muy bueno: no seré yo quien hable mal de Su Divina Majestad, ni quien le ponga tacha; pero no lo vayan vdes. á creer, un Juan de buena alma, que aguanta carros y carretas.“Ve, por ejemplo, á un ladron, y haciéndose disimulado, dice: “Buen provecho, tú las pagarás todas juntas.”“Se le pasea por los bigotes un borrachin, que le hace tanto caso como si estuviera pintado, y él dice para sus adentros: “Goza, borrachito, goza, que no me la has de ir á penar.”“Se pavonea con su madama uno de estos amancebados que parece que no lo merece la tierra, y el Señor se está como si tal cosa, ya clavado en su cruz, ya recibiendo azotes en la columna, ya con la mano en la mejilla, como quien dice: “Véamos hasta cuándo se hartan estos pecadores.”“Pero un dia se levanta con todo lo Dios en la cabeza y dice: “Ahora se hizo la mia,” y entónces, allá va una tempestad, allá va un temblor, allá una epidemia, por aquí suelta una apoplegía, por allá un insulto, por acullá una peritonitis de momento, y entónces todos aquellos pecadorcitos que hemos visto, van sin zumba, sin alcanzar resuello, á los apretados infiernos.“Amados fieles: no hay que andarse con chiquillas ni que aturdirse: amar á Dios sobre todas las cosas y á tu prójimo como á tí mismo: así se gana la gloria, que os deseo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amen.”Mucho me temo que el sermon del padre G*** sea invencion de mi amigo; pero sí me consta que por el estilo son los rasgos de elocuencia que me han referido personas muy sensatas.Insistiendo en la importancia del culto católico, se calcula que la iglesia de Santa María, de que hablamos al principio, y es considerada como la Catedral, San Patricio y San Ignacio, han costado 175,000 pesos la primera, 100,000 la segunda y 160,000 la tercera.Son más de cuarenta los establecimientos que subsisten de la caridad cristiana, como conventos, colegios, escuelas y hospitales.El colegio de San Ignacio, para niños exclusivamente, es un establecimiento de educacion de primer órden. El número de alumnos que tiene la escuela es de seiscientos.El sentimiento práctico de igualdad, el respeto á lo ajeno, y sobre todo, cierta altura de civilizacion, provocan en este país á las asociaciones, que centuplican la valía del hombre, aumentan su inteligencia, procuran su perfeccionamiento y combaten enérgicamente el socialismo, porque la libertad es el vínculo de esos empeños fraternales.La asociacion cria el capital, emancipa el trabajo, funda bajo sólidas bases el crédito y prepara al obrero solaz y consuelos en las enfermedades y la vejez.Uno de los resortes más poderosos de la grandeza de los Estados-Unidos, acaso el mayor, son esas asociaciones que en lo científico, en lo industrial, y de todas maneras, impulsan el inmenso desarrollo de los elementos de prosperidad de los pueblos.La civilizacion ilustra al hombre y duplica su importancia, luego que otro hombre, que á la vez es un capital, se une á él: la moralidad mantiene la balanza de los intereses entre los asociados: el espíritu de igualdad impide las explotaciones ventajosas y embota los avances de la mala fé y de la especulacion vedada. Cuando un pueblo ó una reunion de hombres no pueden armonizar sus intereses, búsquese lacausa en cualquiera de los motivos que dejamos anunciados, y no culpemos exclusivamente á la educacion y á la raza, como solemos hacerlo.El mal radical de nuestra sociedad mexicana está en que no es armónica. Piénsese mucho en esto.Favorece en gran parte en los Estados-Unidos la asociacion, que no hay cuestiones religiosas, ni se indaga para favorecer á un hombre cuáles son sus creencias. Se ven frecuentemente tan felices enlaces entre protestantes y judíos, entre cristianos y turcos, que es un hábito respetar el ajeno sentir en estas materias.La política, por otra parte, á nadie divide; el país está constituido y se desconoce el terreno de la conspiracion: lospolyticiansse ocupan de intrigas y de aspiraciones; pero esto es aparte, es como lo poco que se cuida el público de que haya maromas por San Pablo y ejercicios en la Villa de Guadalupe: maromeros y devotos hacen su negocio; pero á la masa del público no le afecta ni le conmueve que un maromero se descoyunte, ó que un devoto gane con una salve ochenta años de perdon de sus culpas.Pero no solo en lo científico ó en lo literario, en las grandes empresas industriales y en la beneficencia y caridad la asociacion opera sus milagros, sino en reuniones de puro contentamiento y distraccion: elClubestrecha las voluntades y calienta los corazones extendiendo la órbita de las relaciones y los placeres.Hay, no obstante, quien asigne al Club influencia perniciosa, diciendo que enfrian los afectos de familia, arrancando á los esposos del hogar y encendiendo en su corazon las propensiones á la soltería, la intemperancia y el despilfarro.Acaso sea cierto; acaso sea uno de los motivos del apartamiento del hombre de negocios del bello sexo, haciendo insustancial á la mujer y amiga de las aventuras: yo no sé, ni es mi objeto entrar en semejante análisis; el hecho es que el Club tiene vida activísima, y los de California son centros en que se disfrutan las delicias de la buena sociedad.Los más selectos Clubs son la Union, el Pacífico, y el Club de California: tiene merecida estimacion el Club aleman, la asociacion y el Club Hispano-Americano, de que hablaré despues.El Club se instituye á expensas de los socios y se rige por sus reglamentos particulares.Dispone el Club en general de grandes y elegantísimos salones en que hay su cantina con exquisitos vinos, sus mesas de billar en salas separadas, mesillas para jugar ajedrez y departamentos para los aficionados á la música y á las conferencias científicas y literarias.Los amigos se agrupan ó se aislan acompañados de aquellos con quienes tienen mayores simpatías, se congregan los artistas, los dados á la lectura encuentran selectas bibliotecas y periódicos de todo el mundo, y muchas veces, sin pretenderse, se ajustan entre dos copas negocios, y se celebran transacciones que tal vez habrian sido difíciles fuera de aquel lugar.Yo asistí al “Bohemian Club” (Club de los Bohemios).Su reglamento particular acoge periodistas, artistas y gente de todas las naciones, con tal de que las aliente el espíritu de confraternidad y el buen humor.Tiene mil prácticas extravagantes dirigidas á hacer más cordiales que lo comun las relaciones de los socios y quitarleá la reunion la tiesura y las etiquetas, que son á veces incompatibles con la franca alegría.Cada vez que se renuevan los oficios, el presidente pronuncia un discurso al frente de una enorme tetera que se pasea en procesion, y se rinden honores á un buho que se mantiene vivo y lleno de atenciones en uno de los salones del Club.Pero en medio de esta gresca se verifican interesantísimas lecturas y conferencias que honrarian á los más encopetados cuerpos científicos y literarios.Aunque el Club tiene el nombre de aleman, en el vulgo, hay socios de todas las naciones, y cuando la caldera de la cantina eleva el vapor, se produce en miniatura una torre de Babel, que no hay más que pedir.Mi compañero en esas excursiones era el Lic. Pablo Newman, aleman al decir; pero que pertenece á la alta aristocracia del universo que se llama del talento y la virtud.M. Newman habla español como Fígaro y conoce los modismos de México como el Pensador, tararea en francés un M. de Framboisy como pudiera hacerlo la Aimé, y se da ciertochicy sazona con su sal y pimienta las canciones de la Estudiantina Alemana.En los negocios nadie es más grave y sesudo que M. Newman; pero luego que encuentra un resquicio para dar un puntapié á los códigos y á los comentadores taciturnos, desplega un carácter franco, jugueton, y es el bebedor más alegre y divertido, sin dejar nunca la finura de cumplido caballero.Rubio; con unos desordenados rizos que se columpian sobre su ancha frente, nariz chata, boca grande, con dentaduratemeraria de blancura y de fuerza, regordete y de movimientos listos: tal es M. Newman.Le veia una noche hacer más piruetas que de costumbre.—Muy alegre está vd., le dije....—¡Oh amigo, eso no es de mi cuenta! Es esta pierna (mostrándome una de sus piernas) que se acuerda de su orígen campestre....En efecto, era una pierna de palo la que se regocijaba, con total independencia de su humanidad.El Bohemian Club hizo al Sr. Iglesias la acogida á que es acreedor por su sabiduría y finura, distinguiéndose entre otras personas el Sr. Lohse, amigo entusiasta de México, que es uno de los ornamentos más preciados del Club de los Bohemios.Pero lo que ha dejado en mi alma más vivos recuerdos, es nuestra visita al Club Hispano-Americano.Es una preciosa estancia compuesta de cuatro salones y dos pasadizos, en uno de los cuales está como en modesto retiro una muy bien surtida cantina.En el centro está el salon de tertulia.A un lado se extiende la sala de billares, y al opuesto uno en que se suelen ajustar juegos de cartas, y el contiguo que funge de gabinete de lectura.Españoles, hijos de las Américas hermanas y mexicanos, formaban la animada reunion.Un jóven español, cuyo nombre, si mal no recuerdo, es Arrillaga, y un aleman, ambos eminentes profesores, hacian cantar divinidades al piano que adornaba la sala.En la aurora del entusiasmo, llegaron dos caballeros vestidos de negro, que parecian retraidos.Al rincon en que estaban llegó una arpa, y en pos de ella una guitarra, con cuyos instrumentos hicieron conocimiento los recien llegados.A poco se oyó el cuchicheo de la arpa y el primer carcajeo de la guitarra: M. Newman estaba en medio de la pieza radiante de alegría.Aquellos eran eminentes artistas; sus instrumentos expresaron el requiebro y la zandunga, y el clamoreo sentimental, y el suspirar apasionado por la patria ausente.Apareció el Champaña desbordándose, como tendiéndonos los brazos, escoltado por M. Newman, los Gaxiolas, Pepe Shleidem, Andrade y no sé cuántos más.Nos rodeamos á una mesilla que estaba en el centro de la sala, donde se colocó el Champaña, y un caballero nombrado por todos los socios del Club, nos dió la bienvenida en los términos más elocuentes y sentidos.Habló el Sr. Iglesias con la correccion y elegancia con que sabe hacerlo, hablaron Gomez del Palacio y Velasco, y yo dije cuatro atrocidades de piés cortos, que se publicaron en los periódicos.Estaba en su colmo el contento: Labiaga queria torrentes de Champaña hasta para los que paseaban en la calle.Nuestros amigos Salvatierra y Ferrer, que eran los artistas de arpa y guitarra, nos convertian en armoniosos y divinos los recuerdos de México; Benitez con sus modales finísimos se aislaba con unos amigos, formaban grupos, enlazados de los brazos, americanos, mexicanos y españoles, y Carrascosa me llamaba aparte para echar un trago entre carcajadas y palabras extra-diccionario, por nuestras memorias juveniles, como Cleto y Venancio en la Gallina Ciega.—¿Te acuerdas de aquellas costurerillas de que éramos los Tenorios?—¡Cállate! ¡cállate!Despertóse á varios la impaciencia de que yo hiciese versos sin cesar: en medio de aquel barullo, yo comencé el que sigue, apuntándolo con un lápiz sobre la rodilla y arrebatándomelo de las manos sin concluir para darle lectura, porque lo que importaba era dar pábulo á la comun alegría, y allá va:Más vino á mí: que mi razon se finjaEl ruido atronador de los festines:Que mujeres de faz de querubinesMe den sonriendo el tósigo á beber.Que produzcan los ecos del contento,Ráfagas de huracan, notas extrañas:Bebed! bebed, que se arden mis entrañasY tiene el labio inextinguible sed.——Bebed! bebed; pero á la vez ansiosos,Vosotros ilusiones, yo el olvido,Bebed, para que apague mi gemido,El ruidoso tumulto del gozar.Y en esas olas en que envuelve el írisEntre el oro del ópalo, la llama,No mireis que furtivo se derramaCon llanto acerbo de mi pena el mar.——¿Dónde estoy? Esas calles, esos ecos,Esas bellas.... sus gracias y su lloro,No son tuyos ¡oh patria á quien adoro!Nada me dicen, para mi alma á mí.¿Dó están las hadas que en mis negros sueñosFúlgidas pasan, mis dolores viendo,Y á mí sus brazos, con amor tendiendo,Porque tal vez por siempre las perdí?——Que alce el Yankee palacios en los mares;Que de férreo tendon doten al viento,Para que tenga cuerpo el pensamiento,Rieles el éter, el espacio voz.Que entre el triunfal hosanna del trabajoLevanten los alcázares su frente;Que pase sobre el cuello del torrenteEnvuelto en humo rápido el vapor....——Todo lo pueden ellos; ellos puedenConvertir en espléndidas nacionesDe mi patria infelice los girones,Botin de engaño, presa de baldon.Todo lo pueden ellos; mas no puedenArrancar á mi patria su nobleza:Ni robar á su espléndida bellezaSu heróico, su divino corazon.——Más vino á mí, ¡bebamos! á la patria,Que más se adora, cuánto más ausente....Que disipen las sombras de mi frenteSus recuerdos dulcísimos de amor....Que se desplegue el lábaro latinoRefulgente en los cielos del progreso....Copa de mis amigos.... en mi besoRecoge con ternura.... mi ovacion......——No estoy cierto si he descifrado con fidelidad los garabatos medio borrados del lápiz, pero ellos alentaron el contento; Carrascosa me los aprobó sorbiendo sin tiquis ni miquis, como él dice, una copa en que se podia bañar un cristiano.Hemos visto, bajo el aspecto que parece más trascendental y frívolo, la asociacion; pero si la consideramos con sus verdaderos caractéres, veremos que ella realiza esas obras gigantescas, esas empresas titánicas que como que borran en la historia los recuerdos de Egipto y Babilonia.Surcan los vientos, comunican los mares, taladran las montañas, encadenan el desierto, ahogan la distancia entre los dos brazos de los rieles.En la ciudad, la asociacion derrama sobre la cabeza del pueblo las aguas puras de la instruccion, recogen al huérfano, alivian los dolores del enfermo, ofrecen apoyo al anciano, desposan en alianza bienhechora al capital con el trabajo, y decoran como morada del placer, el triste asilo de la muerte.En San Francisco hay más de cien sociedades de beneficencia, excluyendo las sociedades masónicas, que son muchas, y de que no pude tener conocimiento.Los caballeros de Pitias tienen una firme organizacion, con doce logias que le están subordinadas (1869).El antiguo órden de los Hibernianos que cuenta nueve (1869).Asociacion de socorros mútuos de los hombres de color (Reed Men).Idem de la Grande Armada, organizada en 1867 para socorro de soldados y marineros.Antigua órden de Druidas, para socorro de forasteros desvalidos.Casi todas las congregaciones religiosas sostienen instituciones de beneficencia, generosamente dotadas por los creyentes.La Sociedad de Jóvenes Cristianos es una de las que procuran mayores beneficios á California: cuenta con una magnífica librería.La asociacion para alivio de muchachos y muchachas desamparados, ha contribuido muy eficazmente á mejorar la condicion de la juventud en San Francisco.Para no cansar al lector copiando la larga lista de los establecimientos de caridad, de educacion y de mejora, diré que casi no se ha manifestado una necesidad que no haya procurado socorrer la asociacion, desde la casa en que el niño se inicia en la vida, hasta la tumba en que descansan los restos de los mortales.
Las religiones.—Los templos.—Los clubs.—La asociacion.
YA hemos indicado cuánta es la libertad religiosa que se practica en California, los muchos y benéficos templos y la generosa emulacion que mueve á los sacerdotes de los diferentes cultos para acreditar sus creencias, difundiendo la instruccion, procurando el alivio y derramando beneficios en la sociedad en que viven.
En California, cinco familias promovieron, en 1849, la ereccion de un templo protestante, y despues se multiplicaron sus subdivisiones de Episcopales, Metodistas, Evangelistas, Presbiterianos, etc.
La religion protestante puede dividirse en dos grandes categorías. La primera contiene el Episcopalismo, el Congregacionalismo, el Presbiteranismo. En la segunda, el Metodismo y el Bautismo.
La primera categoría es la de los viejos creyentes, la de la tradicion y la preeminencia; las segundas se dirigen á las masas. Cuentan los metodistas con la simpatía de las mujeres del pueblo, y en la cruzada que formaron contra la embriaguez, tuvieron ocasion de ostentar su prestigio. Entre los medios de accion de que se sirven los metodistas, están losrewals(despertadores religiosos), y loscamp meetings(asambleas al aire libre).
Se entiende porrewalsuna visita de la gracia divina, un despertar á los afectos santos, una resurreccion de la fé en el alma, segun la voluntad de los confidentes del Señor y acaso conforme á las necesidades del presupuestodel cielo.
Entónces es cuando estallan en los templos esos gritos, esas convulsiones, esos escándalos, que determinan en poblaciones enteras mil casos de locura y de suicidio.
Elcamp meeting, nacido tal vez de la necesidad de dirigirse á los peones del campo ó á los habitantes de pequeñas aldeas, hace sentir á los creyentes el soplo divino, cantando y bailando, y tienen la analogía, con las antiguas misiones, en que el enemigo malo no suelta sus presas y suele colocar su copita de ambrosía, como si dijéramos, entre la calavera y la disciplina.
Pero en California, por lo que ví, está en completo descrédito el martirio. Pasaron para siempre en esos lugares felices las lides religiosas; y si hay algo característico, es la indiferencia de las masas á esas cuestiones que no dan pesetas sino á reducido número.
Los creyentes tienen sus círculos y sus influencias, sus caballeros de industria y sus especulaciones; pero el comercio no puede compararse á ninguno de los ramos favoritos de especulacion.
LIT. DE H. IRIARTE MEXICO.Cliff House.
LIT. DE H. IRIARTE MEXICO.Cliff House.
LIT. DE H. IRIARTE MEXICO.
Cliff House.
En cuanto á los católicos, más compactos, con mejor disciplina, mucho más ilustrado y tolerante que el nuestro, su crédito, ha sabido aprovechar la emigracion europea, sobre todo la irlandesa, y puede asegurarse que seis millones de habitantes de la Union son católicos.
En uno de los dias en que los recuerdos caian como sombras en mi espíritu, busqué el apartamiento de la ciudad, encumbrando una de las calles centrales.
Llamó mi atencion un templo con su torre en el centro, y el aspecto de una extensa galera descansando en groseros estribos de cal y canto, rodeada de un bello jardin circundado por un barandal de fierro.
Espié hácia el templo; estaba completamente solo, se oian mis pisadas resonar en el pavimento de madera, y el eco de mi tos moria en la altísima bóveda.
Volví el rostro á todos lados: dominaba en el altar la Vírgen María; al lado del altar ardia la lámpara; era un templo cristiano con todos los adornos, accidentes y particularidades que un templo de México.
Tal vez la disposicion de mi alma, acaso la soledad y el silencio, que es una solemnidad para el espíritu, no sé, pero el conjunto me produjo intensa conmocion.
Sentia en mi oido el acento de mi Santa Madre como encaminando mis pasos al cielo por la senda misteriosa de la oracion, poblaban mis recuerdos los altares, algo de la blanca luz de mi risueña infancia coronaba las simas negras de mis desengaños y de mis dolores.
Yo dudo de todo lo que puede haber inventado el ingeniohumano para hacer de Dios un objeto de tráfico; mi razon protesta contra esa fé que consiste en volar en el caos como los arcángeles malditos de Milton; pero yo siento á Dios y él da luz á mis fibras y canta mi sangre dentro de mi corazon sus alabanzas.
Yo estaba prosternado: mi patria descendió á mí en espíritu, en recuerdo, con los afectos de los que amo, con las memorias de los que esperan mi regreso sobre sus lechos de piedra.
Algun rayo de sol que reverberó en el oro de las molduras del altar, el gorgear de alguna ave que cantó en las ventanas del templo, huyéndose alegre, me volvió de mi arrobamiento.... y me dispuse á salir.... en la puerta del templo habia una mujer anciana que pedia limosna en español.... vestida como las mujeres pobres de nuestra clase media, de mi clase.... no sé lo que pasó por mí.... se me figuró que era nuestra raza entera refugiada cerca de los altares, como una barca náufraga tras una roca bienhechora.
Voy ahora á dar cuenta á mis lectores de mis impresiones en la Sinagoga.
A gran distancia percibimos la Sinagoga Emmanuel; brillaban al sol las voluptas de oro colosales en que terminan sus dos torres ó almimbares. El templo levanta su pórtico como un nicho sobre dos elevadas escaleras, y ostenta el arco de su pórtico sostenido por macizas columnas del órden compuesto.
Sobre el arco se ve uno como segundo pórtico formado por tres arcos ó nichos, y coronado por una gran cornisa saliente de la que parecen arrancar las torres hasta su mitad, cubiertas en el interior por espesas celosías.
La parte exterior del templo puede dividirse en tres cuerpos: el primero, compuesto de grandes ventanas coronadas de respiradores ó tragaluces circulares de gran tamaño; el segundo lo compone una colosal arquería con vidrios de colores, como los tragaluces, pero de forma gótica los bastidores, y el tercer cuerpo, el techo en declive por ambos lados, como un caballete cercado de pilares de tamaño proporcional á la mole estupenda del edificio.
Al penetrar al templo nos hallamos casi á oscuras; la luz se modifica en sus rasgadas ventanas por los vidrios de colores, arabescos de exquisito primor en que el nácar, el azul y el naranjado, sobresalen y se combinan con deliciosa belleza.
El templo es como un gran salon; componen su techumbre grupos de bóvedas, recogidas como un cortinaje azul, sembrado de estrellas.
Sobre el pavimento de madera hay tres hileras de lujosas bancas, separadas por cómodos pasillos para que la concurrencia transite con holgura.
En las bancas, de madera fina, con muelles cojines, se encontraban con sus adornos variados, sus gorros, chales y mantillas, las hijas de Abigael y de Ruth, que son morenas, de ojos negros, nariz aguileña; en una palabra, de una hermosura que rinde el alma.
Los caballeros estaban sentados con sus sombreros puestos, lo mismo los niños; pero todos leyendo en el mayor silencio y guardando la más reverente compostura.
En el fondo del templo, de sobre el presbiterio arranca un arco gigantesco que casi toca el techo: en su clave está colocado el órgano, y á los lados, tras balaustrada riquísima, cantores y cantoras.
Debajo del órgano se desplega un segundo arco y penetra la vista en una especie de capilla interior, á cuya entrada cuelga una profusa cortina de color oscuro.
En el centro de la capilla se alza una especie de plataforma, á la que se asciende por dos amplias escaleras. En medio de la plataforma se ve un gran bulto de figura cilíndrica, cubierto de terciopelo carmesí.
A los dos lados del arco del presbiterio estaban dos hombres de pié con sus sombreros puestos.
En la barandilla que limita el presbiterio, que está en alto, se veia un gran atril y en él varios libros.
Frente al atril, y á uno de sus lados, se percibian dos sacerdotes; el uno leia, el otro escuchaba atento; ambos vestian ropas talares, percibiéndose sus camisas, corbatas y trages de caballeros. Cubrian sus cabezas unos como gorrillos griegos.
El sacerdote, que leia en hebreo, es de arrogante figura, como de treinta y cinco años, alto, blanco, de negra y espesa barba y de un metal de voz sonoro y dulcísimo.
Leia con gran fervor el Rabino ó Doctor de la ley y escuchaba el auditorio conmovido. A veces se ponia de pié el concurso y como que pasaba invisible sobre él el espíritu de Dios.
El aura recogia el acento melodioso del Rabino, y entónces, léjos, muy léjos, entre los rayos trémulos de aquella luz crepuscular, se oia una música de notas celestiales.
Fuese como acercando aquella música que descendia, como gotas de lluvia heridas por el sol, de regiones sublimes, y entónces, voces de arcángeles, que no de mujeres, se desataron en cantos dulcísimos empapados en ternura infinita.
El sacerdote que estaba de pié, al acercarse el canto, abrió sus labios y escuché la voz de barítono más grandiosa, más augusta y más tierna de que puede tener idea el sentimiento humano.
Era un idioma extraño, un canto que no tiene analogía con la música religiosa que prestó sus alas á mi espíritu cuando niño, y que sabe trasparentar la queja y el ruego; no, era el canto que nos conduce en la arrobacion del éxtasis, á las contemplaciones de lo infinito y de lo eterno.
Me sentí conmovido en lo más hondo de mi alma; fué aquella para mi espíritu una aparicion de la inmortalidad en su más esplendente seduccion.
La lectura, la deprecacion y el canto, se siguieron alternando entre los sacerdotes, el auditorio y las melodías en las alturas.
Unas hermosas judías que estaban frente á mí, lloraban, y se limpiaba sus ojos y su barba blanca un caballero que estaba á mi lado.
De pronto se rasgó el velo que oculta dentro de la capilla elSancta Sanctorum: los torrentes de armonías del órgano descienden como en cascadas sonoras. En los cielos, en la tierra, en todas partes resuenan cánticos sagrados. El auditorio entero hacia vibrar como una sola voz el himno triunfal del Dios de Jacob.
Los sacerdotes ascendieron por las dos escaleras del fondo de la capilla que conducen al tabernáculo, y uno de ellos colocó en sus brazos el bulto forrado en terciopelo carmesí, de que hemos hablado.
Descendieron del tabernáculo los sacerdotes: lo que conducian eran las Tablas de la Ley.
“¡Aleluya! ¡Aleluya!” clamaba el acento henchido de acentos de la multitud, entre las vibraciones metálicas del órgano.
Se hizo ascender á un niño al presbiterio, repitiendo como una leccion la voz del sacerdote la lectura del Decálogo.
Moisés, los Profetas, los truenos y relámpagos del Sinaí, los tiempos bíblicos de la comunion íntima del hombre con su Dios, palpitaban, irradiaban en mi alma.
Al Dios de Sabahot, honor y gloria;Cantemos su poder y su bondad, etc.,
repetia yo maquinalmente con la voz trémula y los ojos llenos de lágrimas.
He asistido á los templos cristianos y á los protestantes, he escuchado la voz de las catedrales y los cantos rústicos de la iglesia de la aldea ensalzando al Dios de mis padres; y jamás mi alma ha sentido una impresion más intensa, con ciencia más patente de la Divinidad, que la que me poseyó en la Sinagoga Emmanuel de California.
Fuí invitado y concurrí á otro templo en ciernes, dedicado á la Vírgen de Guadalupe, favorecido por las familias mexicanas.
En efecto, el domingo que yo asistí la concurrencia era numerosa. El templo es casi subterráneo, oficiaba el señor obispo de la Baja California, al que escuché una plática doctrinal dicha con pretenciosa prosopopeya y muy vacía de sentido.
El templo presenta el aspecto de cualquiera de nuestras parroquias de pueblo, con la sola diferencia de las hileras de bancas, lo que siempre da á la concurrencia cierto aspecto de formalidad y compostura, que una vez vista, se echa mucho de ménos en nuestras iglesias.
Aquella anciana oronda que hace plaza y ocupa los tránsitos; aquella madre de familia que se aplasta, recoge los sombreros de sus hijos y los deja retozar sin cuidado, distrayendo y molestando á los circunstantes; aquellos devotos que atraviesan como haciendo equilibrio para llegar al altar mayor, y aquellos sacristanes cuchicheadores, entrometidos y diestros para cruzar entre los ruedos de los túnicos y de las enaguas que tapizan el suelo; aquellos grupos de hombres recargados en las puertas, brujuleando y formando biombo á los que de rodillas ven á su espalda, eso no se conoce en ningun templo de aquí, por infeliz que sea.
Respecto al servicio de la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, aunque el templo tiene un carácter de muy provisional, deja mucho que desear.
—Y qué, ¿no ha oido vd. predicar, me decia un paisano, á un padre G*** que se chupa el dedo para eso de la elocuencia? Hace dos domingos nos predicó un sermon, poco más ó ménos en estos términos. Se hablaba de lo efímero de la felicidad mundana:
“Dios Nuestro Señor es muy bueno: no seré yo quien hable mal de Su Divina Majestad, ni quien le ponga tacha; pero no lo vayan vdes. á creer, un Juan de buena alma, que aguanta carros y carretas.
“Ve, por ejemplo, á un ladron, y haciéndose disimulado, dice: “Buen provecho, tú las pagarás todas juntas.”
“Se le pasea por los bigotes un borrachin, que le hace tanto caso como si estuviera pintado, y él dice para sus adentros: “Goza, borrachito, goza, que no me la has de ir á penar.”
“Se pavonea con su madama uno de estos amancebados que parece que no lo merece la tierra, y el Señor se está como si tal cosa, ya clavado en su cruz, ya recibiendo azotes en la columna, ya con la mano en la mejilla, como quien dice: “Véamos hasta cuándo se hartan estos pecadores.”
“Pero un dia se levanta con todo lo Dios en la cabeza y dice: “Ahora se hizo la mia,” y entónces, allá va una tempestad, allá va un temblor, allá una epidemia, por aquí suelta una apoplegía, por allá un insulto, por acullá una peritonitis de momento, y entónces todos aquellos pecadorcitos que hemos visto, van sin zumba, sin alcanzar resuello, á los apretados infiernos.
“Amados fieles: no hay que andarse con chiquillas ni que aturdirse: amar á Dios sobre todas las cosas y á tu prójimo como á tí mismo: así se gana la gloria, que os deseo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amen.”
Mucho me temo que el sermon del padre G*** sea invencion de mi amigo; pero sí me consta que por el estilo son los rasgos de elocuencia que me han referido personas muy sensatas.
Insistiendo en la importancia del culto católico, se calcula que la iglesia de Santa María, de que hablamos al principio, y es considerada como la Catedral, San Patricio y San Ignacio, han costado 175,000 pesos la primera, 100,000 la segunda y 160,000 la tercera.
Son más de cuarenta los establecimientos que subsisten de la caridad cristiana, como conventos, colegios, escuelas y hospitales.
El colegio de San Ignacio, para niños exclusivamente, es un establecimiento de educacion de primer órden. El número de alumnos que tiene la escuela es de seiscientos.
El sentimiento práctico de igualdad, el respeto á lo ajeno, y sobre todo, cierta altura de civilizacion, provocan en este país á las asociaciones, que centuplican la valía del hombre, aumentan su inteligencia, procuran su perfeccionamiento y combaten enérgicamente el socialismo, porque la libertad es el vínculo de esos empeños fraternales.
La asociacion cria el capital, emancipa el trabajo, funda bajo sólidas bases el crédito y prepara al obrero solaz y consuelos en las enfermedades y la vejez.
Uno de los resortes más poderosos de la grandeza de los Estados-Unidos, acaso el mayor, son esas asociaciones que en lo científico, en lo industrial, y de todas maneras, impulsan el inmenso desarrollo de los elementos de prosperidad de los pueblos.
La civilizacion ilustra al hombre y duplica su importancia, luego que otro hombre, que á la vez es un capital, se une á él: la moralidad mantiene la balanza de los intereses entre los asociados: el espíritu de igualdad impide las explotaciones ventajosas y embota los avances de la mala fé y de la especulacion vedada. Cuando un pueblo ó una reunion de hombres no pueden armonizar sus intereses, búsquese lacausa en cualquiera de los motivos que dejamos anunciados, y no culpemos exclusivamente á la educacion y á la raza, como solemos hacerlo.El mal radical de nuestra sociedad mexicana está en que no es armónica. Piénsese mucho en esto.
Favorece en gran parte en los Estados-Unidos la asociacion, que no hay cuestiones religiosas, ni se indaga para favorecer á un hombre cuáles son sus creencias. Se ven frecuentemente tan felices enlaces entre protestantes y judíos, entre cristianos y turcos, que es un hábito respetar el ajeno sentir en estas materias.
La política, por otra parte, á nadie divide; el país está constituido y se desconoce el terreno de la conspiracion: lospolyticiansse ocupan de intrigas y de aspiraciones; pero esto es aparte, es como lo poco que se cuida el público de que haya maromas por San Pablo y ejercicios en la Villa de Guadalupe: maromeros y devotos hacen su negocio; pero á la masa del público no le afecta ni le conmueve que un maromero se descoyunte, ó que un devoto gane con una salve ochenta años de perdon de sus culpas.
Pero no solo en lo científico ó en lo literario, en las grandes empresas industriales y en la beneficencia y caridad la asociacion opera sus milagros, sino en reuniones de puro contentamiento y distraccion: elClubestrecha las voluntades y calienta los corazones extendiendo la órbita de las relaciones y los placeres.
Hay, no obstante, quien asigne al Club influencia perniciosa, diciendo que enfrian los afectos de familia, arrancando á los esposos del hogar y encendiendo en su corazon las propensiones á la soltería, la intemperancia y el despilfarro.Acaso sea cierto; acaso sea uno de los motivos del apartamiento del hombre de negocios del bello sexo, haciendo insustancial á la mujer y amiga de las aventuras: yo no sé, ni es mi objeto entrar en semejante análisis; el hecho es que el Club tiene vida activísima, y los de California son centros en que se disfrutan las delicias de la buena sociedad.
Los más selectos Clubs son la Union, el Pacífico, y el Club de California: tiene merecida estimacion el Club aleman, la asociacion y el Club Hispano-Americano, de que hablaré despues.
El Club se instituye á expensas de los socios y se rige por sus reglamentos particulares.
Dispone el Club en general de grandes y elegantísimos salones en que hay su cantina con exquisitos vinos, sus mesas de billar en salas separadas, mesillas para jugar ajedrez y departamentos para los aficionados á la música y á las conferencias científicas y literarias.
Los amigos se agrupan ó se aislan acompañados de aquellos con quienes tienen mayores simpatías, se congregan los artistas, los dados á la lectura encuentran selectas bibliotecas y periódicos de todo el mundo, y muchas veces, sin pretenderse, se ajustan entre dos copas negocios, y se celebran transacciones que tal vez habrian sido difíciles fuera de aquel lugar.
Yo asistí al “Bohemian Club” (Club de los Bohemios).
Su reglamento particular acoge periodistas, artistas y gente de todas las naciones, con tal de que las aliente el espíritu de confraternidad y el buen humor.
Tiene mil prácticas extravagantes dirigidas á hacer más cordiales que lo comun las relaciones de los socios y quitarleá la reunion la tiesura y las etiquetas, que son á veces incompatibles con la franca alegría.
Cada vez que se renuevan los oficios, el presidente pronuncia un discurso al frente de una enorme tetera que se pasea en procesion, y se rinden honores á un buho que se mantiene vivo y lleno de atenciones en uno de los salones del Club.
Pero en medio de esta gresca se verifican interesantísimas lecturas y conferencias que honrarian á los más encopetados cuerpos científicos y literarios.
Aunque el Club tiene el nombre de aleman, en el vulgo, hay socios de todas las naciones, y cuando la caldera de la cantina eleva el vapor, se produce en miniatura una torre de Babel, que no hay más que pedir.
Mi compañero en esas excursiones era el Lic. Pablo Newman, aleman al decir; pero que pertenece á la alta aristocracia del universo que se llama del talento y la virtud.
M. Newman habla español como Fígaro y conoce los modismos de México como el Pensador, tararea en francés un M. de Framboisy como pudiera hacerlo la Aimé, y se da ciertochicy sazona con su sal y pimienta las canciones de la Estudiantina Alemana.
En los negocios nadie es más grave y sesudo que M. Newman; pero luego que encuentra un resquicio para dar un puntapié á los códigos y á los comentadores taciturnos, desplega un carácter franco, jugueton, y es el bebedor más alegre y divertido, sin dejar nunca la finura de cumplido caballero.
Rubio; con unos desordenados rizos que se columpian sobre su ancha frente, nariz chata, boca grande, con dentaduratemeraria de blancura y de fuerza, regordete y de movimientos listos: tal es M. Newman.
Le veia una noche hacer más piruetas que de costumbre.
—Muy alegre está vd., le dije....
—¡Oh amigo, eso no es de mi cuenta! Es esta pierna (mostrándome una de sus piernas) que se acuerda de su orígen campestre....
En efecto, era una pierna de palo la que se regocijaba, con total independencia de su humanidad.
El Bohemian Club hizo al Sr. Iglesias la acogida á que es acreedor por su sabiduría y finura, distinguiéndose entre otras personas el Sr. Lohse, amigo entusiasta de México, que es uno de los ornamentos más preciados del Club de los Bohemios.
Pero lo que ha dejado en mi alma más vivos recuerdos, es nuestra visita al Club Hispano-Americano.
Es una preciosa estancia compuesta de cuatro salones y dos pasadizos, en uno de los cuales está como en modesto retiro una muy bien surtida cantina.
En el centro está el salon de tertulia.
A un lado se extiende la sala de billares, y al opuesto uno en que se suelen ajustar juegos de cartas, y el contiguo que funge de gabinete de lectura.
Españoles, hijos de las Américas hermanas y mexicanos, formaban la animada reunion.
Un jóven español, cuyo nombre, si mal no recuerdo, es Arrillaga, y un aleman, ambos eminentes profesores, hacian cantar divinidades al piano que adornaba la sala.
En la aurora del entusiasmo, llegaron dos caballeros vestidos de negro, que parecian retraidos.
Al rincon en que estaban llegó una arpa, y en pos de ella una guitarra, con cuyos instrumentos hicieron conocimiento los recien llegados.
A poco se oyó el cuchicheo de la arpa y el primer carcajeo de la guitarra: M. Newman estaba en medio de la pieza radiante de alegría.
Aquellos eran eminentes artistas; sus instrumentos expresaron el requiebro y la zandunga, y el clamoreo sentimental, y el suspirar apasionado por la patria ausente.
Apareció el Champaña desbordándose, como tendiéndonos los brazos, escoltado por M. Newman, los Gaxiolas, Pepe Shleidem, Andrade y no sé cuántos más.
Nos rodeamos á una mesilla que estaba en el centro de la sala, donde se colocó el Champaña, y un caballero nombrado por todos los socios del Club, nos dió la bienvenida en los términos más elocuentes y sentidos.
Habló el Sr. Iglesias con la correccion y elegancia con que sabe hacerlo, hablaron Gomez del Palacio y Velasco, y yo dije cuatro atrocidades de piés cortos, que se publicaron en los periódicos.
Estaba en su colmo el contento: Labiaga queria torrentes de Champaña hasta para los que paseaban en la calle.
Nuestros amigos Salvatierra y Ferrer, que eran los artistas de arpa y guitarra, nos convertian en armoniosos y divinos los recuerdos de México; Benitez con sus modales finísimos se aislaba con unos amigos, formaban grupos, enlazados de los brazos, americanos, mexicanos y españoles, y Carrascosa me llamaba aparte para echar un trago entre carcajadas y palabras extra-diccionario, por nuestras memorias juveniles, como Cleto y Venancio en la Gallina Ciega.
—¿Te acuerdas de aquellas costurerillas de que éramos los Tenorios?
—¡Cállate! ¡cállate!
Despertóse á varios la impaciencia de que yo hiciese versos sin cesar: en medio de aquel barullo, yo comencé el que sigue, apuntándolo con un lápiz sobre la rodilla y arrebatándomelo de las manos sin concluir para darle lectura, porque lo que importaba era dar pábulo á la comun alegría, y allá va:
Más vino á mí: que mi razon se finjaEl ruido atronador de los festines:Que mujeres de faz de querubinesMe den sonriendo el tósigo á beber.
Que produzcan los ecos del contento,Ráfagas de huracan, notas extrañas:Bebed! bebed, que se arden mis entrañasY tiene el labio inextinguible sed.
——
Bebed! bebed; pero á la vez ansiosos,Vosotros ilusiones, yo el olvido,Bebed, para que apague mi gemido,El ruidoso tumulto del gozar.
Y en esas olas en que envuelve el írisEntre el oro del ópalo, la llama,No mireis que furtivo se derramaCon llanto acerbo de mi pena el mar.
——
¿Dónde estoy? Esas calles, esos ecos,Esas bellas.... sus gracias y su lloro,No son tuyos ¡oh patria á quien adoro!Nada me dicen, para mi alma á mí.
¿Dó están las hadas que en mis negros sueñosFúlgidas pasan, mis dolores viendo,Y á mí sus brazos, con amor tendiendo,Porque tal vez por siempre las perdí?
——
Que alce el Yankee palacios en los mares;Que de férreo tendon doten al viento,Para que tenga cuerpo el pensamiento,Rieles el éter, el espacio voz.
Que entre el triunfal hosanna del trabajoLevanten los alcázares su frente;Que pase sobre el cuello del torrenteEnvuelto en humo rápido el vapor....
——
Todo lo pueden ellos; ellos puedenConvertir en espléndidas nacionesDe mi patria infelice los girones,Botin de engaño, presa de baldon.
Todo lo pueden ellos; mas no puedenArrancar á mi patria su nobleza:Ni robar á su espléndida bellezaSu heróico, su divino corazon.
——
Más vino á mí, ¡bebamos! á la patria,Que más se adora, cuánto más ausente....Que disipen las sombras de mi frenteSus recuerdos dulcísimos de amor....
Que se desplegue el lábaro latinoRefulgente en los cielos del progreso....Copa de mis amigos.... en mi besoRecoge con ternura.... mi ovacion......
——
No estoy cierto si he descifrado con fidelidad los garabatos medio borrados del lápiz, pero ellos alentaron el contento; Carrascosa me los aprobó sorbiendo sin tiquis ni miquis, como él dice, una copa en que se podia bañar un cristiano.
Hemos visto, bajo el aspecto que parece más trascendental y frívolo, la asociacion; pero si la consideramos con sus verdaderos caractéres, veremos que ella realiza esas obras gigantescas, esas empresas titánicas que como que borran en la historia los recuerdos de Egipto y Babilonia.
Surcan los vientos, comunican los mares, taladran las montañas, encadenan el desierto, ahogan la distancia entre los dos brazos de los rieles.
En la ciudad, la asociacion derrama sobre la cabeza del pueblo las aguas puras de la instruccion, recogen al huérfano, alivian los dolores del enfermo, ofrecen apoyo al anciano, desposan en alianza bienhechora al capital con el trabajo, y decoran como morada del placer, el triste asilo de la muerte.
En San Francisco hay más de cien sociedades de beneficencia, excluyendo las sociedades masónicas, que son muchas, y de que no pude tener conocimiento.
Los caballeros de Pitias tienen una firme organizacion, con doce logias que le están subordinadas (1869).
El antiguo órden de los Hibernianos que cuenta nueve (1869).
Asociacion de socorros mútuos de los hombres de color (Reed Men).
Idem de la Grande Armada, organizada en 1867 para socorro de soldados y marineros.
Antigua órden de Druidas, para socorro de forasteros desvalidos.
Casi todas las congregaciones religiosas sostienen instituciones de beneficencia, generosamente dotadas por los creyentes.
La Sociedad de Jóvenes Cristianos es una de las que procuran mayores beneficios á California: cuenta con una magnífica librería.
La asociacion para alivio de muchachos y muchachas desamparados, ha contribuido muy eficazmente á mejorar la condicion de la juventud en San Francisco.
Para no cansar al lector copiando la larga lista de los establecimientos de caridad, de educacion y de mejora, diré que casi no se ha manifestado una necesidad que no haya procurado socorrer la asociacion, desde la casa en que el niño se inicia en la vida, hasta la tumba en que descansan los restos de los mortales.