XIVLa librería de Bancroft.—Las escuelas.—La alta sociedad.ENTRE las personas distinguidas con quienes nos dió conocimiento el Sr. general Vallejo, fué de las más agradables el de M. H. H. Bancroft.Los hombres estudiosos de México tienen conocimiento de este literato eminente, por la publicacion de su obra monumental titulada: “Sobre el orígen de las razas, etc.”En efecto, tal obra es por su profundidad de miras, por su correccion y elegancia y por la vastísima erudicion que encierra, una de las más preciadas joyas de la literatura americana.Antes de pasar adelante, diré que es necesario no confundir á M. H. H. Bancroft con M. Jorge Bancroft, nacido en 1800 en el Estado de Masachutes, autor de la excelenteHistoria de los Estados-Unidos, desde el descubrimiento de América hasta nuestros dias, impresa en Boston en seis volúmenes, desde 1844 á 1855, y uno de los principales redactores de laNorthon American Review.La publicacion de la obra de M. H. H. Bancroft da idea de la magnitud de sus empresas.En el quinto piso de la librería que lleva su nombre, está instalado el sabio escritor.La Biblioteca, de que hablaré despues, tendrá cincuenta varas de extension, dividiéndose en secciones abiertas que la comparten en varios salones, y dos departamentos privados para copistas de ambos sexos y para el Sr. Bancroft.En la Biblioteca existe una oficina en forma, con empleados superiores y escribientes, ocupados en hacer extractos de las obras que tiene el sabio en estudio; éste forma el conjunto del estudio y escribe, alcanzando así una suma maravillosa de datos.Además, tiene secciones de correspondencia con varias naciones, y caballeros especialmente expensados en Europa y América para que registren los archivos y le comuniquen noticias.Es el Sr. Bancroft un hombre de cuarenta y cinco á cincuenta años, perfectamente conservado, y de notable gallardía y finura de maneras.Alto, rubio, de frente despejada y ojos claros, de una profusa barba como de oro, que se abre bajo su labio inferior y cae sobre su pecho en dos raudales luminosos.La esposa del Sr. Bancroft es muy jóven y habla perfectamente español, así como su hija, ideal de perfecciones y de gracias.Presentónos el Sr. Vallejo á M. Bancroft: nos embarcamos en un elegante elevador, y surcando el viento, nos encontramos en dos minutos en los espléndidos salones de la Biblioteca.M. Bancroft da animacion y como que comunica luz á aquel establecimiento magnífico. Grandes y numerosas ventanas dan luz á los salones: por todas partes se ven atriles con libros, bastidores con mapas, de mecanismo sencillísimo, copiadores y útiles de toda clase, para economía de trabajo y celeridad de todas las operaciones.Lápices con gutta perca en el extremo opuesto, para borrar; libros en los que se escribe, sacándose dos y tres copias á la vez; reglas, broches, tintas, pinceles y papel de todas clases y tamaños.Tragaluces, cortinas para modificar la luz, veladores, y no sé cuántas cosas más, para que el pensamiento gire libre y la parte mecánica no lo distraiga ni entorpezca.Mostrónos el Sr. Bancroft diez y ocho tomos de apuntaciones curiosísimas de solo California, con multitud de anotaciones, hijas de una inverosímil erudicion.Yo escuchaba con orgullo y con admiracion al Sr. Iglesias y á Gomez del Palacio, ampliar las notas, apuntar las incorrecciones, y verter, sin pretensiones y con la mayor modestia, raudales de erudicion que sorprendian al auditorio, dejando complacido al extremo á nuestro sabiocicerone.Con especial agrado, y haciéndonos notar mil particularidades y bellezas, hojeó M. Bancroft á nuestra vista la historia inédita de California, escrita por el Sr. general Vallejo, y que es un tesoro de curiosidades científicas y literarias.¡Qué claridad de estilo! ¡qué sencillez tan limpia y tan llena de verdad!Vimos muchas preciosidades bibliográficas, entresacadas de cerca de veinte mil volúmenes.Al fin, nos detuvimos en un saloncito muy esmeradamente cuidado y en el que existirán como cuatro mil tomos, y allí, con la mayor sencillez, nos dijo M. Bancroft: “Examinen vdes. con atencion: todo lo que vdes. ven, habla de México.”Iglesias, Gomez del Palacio, Alcalde y yo hicimos el registro más minucioso de aquella Biblioteca Mexicana, sin duda la primera en su género en los Estados-Unidos, y acaso, con vergüenza lo confieso, del mismo México.Autores ignorados; otros apénas conocidos de nombre; ediciones rarísimas, desde la época de Juan Pablos; crónicas de conventos; colecciones de periódicos, desde las primeras Gacetas; folletos; relaciones de viaje manuscritas; diarios curiosos de individuos particulares; autógrafos, y todos los historiadores, desde Alva Yxtlatxochil, hasta nuestros dias.En cuanto á biografías de mexicanos, el número de las que posee el Sr. Bancroft me sorprendió. No mencionábamos ninguno de nuestros hombres célebres, del que no nos diese detalles, siendo en general rectas y justas sus apreciaciones.Por halagarnos, y con exquisita galantería, nos mostró el Sr. Bancroft la historia de la guerra americana, en que el Sr. Iglesias y yo escribimos bastante, misIndicaciones sobre las rentas generales, y misViajes de Orden Suprema, diciéndome paraFidel, cariñosos cumplimientos. Es de advertir que yo hace tiempo busco esa obrita para tenerla y no la he podido conseguir.Dió el Sr. Bancroft al Sr. Iglesias mil testimonios de estimacion, haciendo la justicia que se merecen, su vastísima erudicion, su claro talento y su recto juicio.Aquella visita fué una aparicion en espíritu de nuestros amigos más queridos; era la asistencia al juicio de la posteridad que les fingia la distancia.Es dulce encomiar el bello clima y los claros cielos en que vimos la luz; nos enorgullece y como que se citan timbres de nobleza, cuando maravillas de la creacion se ostentan en la patria; pero nada enaltece ni ilumina al alma, como el elogio á nuestros compatriotas eminentes.Se siente uno bañado en los rayos de sus altas inteligencias, les rinde espontánea admiracion, como que los vemos vengados del desden y de la mala suerte que frecuentemente los aflige.Sin sombra de envidia; sin las reticencias con que suele el celo amenguar el elogio; sin la realidad de los defectos que suele exagerar nuestra pequeñez; sin los cambiantes colores con que el prisma político nos hace contemplar los objetos, se goza del astro el brillo, de la flor el perfume, del sér sublime la esencia inmortal, vencedora del tiempo; nos hacemos el grandioso apoteósis de esos obreros del Progreso, que son al fin los más grandes blasones de gloria de los pueblos.Despues de examinar á nuestro sabor la librería, nos invitó el Sr. Bancroft á que por vía de paseo, en nuestro descenso, viéramos el establecimiento de librería que contiene el edificio, uno de los más grandiosos de la calle del Mercado (Market Street).La librería y sus dependencias, de que nos vamos á ocupar,está situada en la calle de Montgomery, y cuando se proyectó trasladarla á la calle del Mercado, entre la tercera y cuarta calle, en 1869, estaba de tal manera despoblado aquel rumbo, que los burlones decian con cierto chiste: “Bancroft se lleva sus almacenes al campo.”En ménos de seis años, la humilde calle del Mercado es una avenida de palacios.El edificio ocupa 170 piés de frente entre las calles del Mercado y la de Steveson.Los negocios que comprende la librería son por mayor y por menor. Leyes, educacion, billetes de banco, impresiones, música, litografía, etc.Hay más de doscientas personas empleadas en las diversas oficinas.El subterráneo óbassement, contiene local para las manipulaciones estereotípicas, y un gran pozo artesiano relacionado con todos los pisos para caso de incendio.El salon del primer piso, que está al ras de la calle y al que se entra por arcos con cristales de cerca de siete varas de largo, y tan trasparentes que chocaria uno con ellos si no viera á su través papeles suspendidos de sus marcos, tiene 170 piés de largo (56⅔ varas), por 35 piés de ancho (11⅔ varas).Están las paredes completamente tapizadas de libros, y en el centro forman calle dilatadísimos mostradores con libros y curiosidades para escritorio. Este piso es el destinado á la comunicacion con el público, y al comercio por mayor y al menudeo.El segundo piso se ha reservado á la fabricacion de libros en blanco, siendo extraordinario el número de máquinas,rayadores, etc., y forjándose por cientos esos libros de baratura extrema y de inmenso consumo. En ese mismo departamento existen las oficinas relativas á la impresion de música.Ocupan el tercer piso la imprenta y la litografía, y en esto hay tales adelantamientos y se ha llegado á tal perfeccion, que me aseguraron los conocedores, que despues de haber recorrido aquellas oficinas, no me sorprenderian, en cuanto á los prodigios de la mecánica, las grandes oficinas delHeraldde New-York, ni la misma casa de Appleton, que disfruta de nombradía universal.Todo lo relativo á encuadernacion existe en el cuarto piso, que es un salon lleno de preciosasladiesocupadas en sus labores, y en cuyo local reinan el aseo, el silencio y la decencia.El quinto piso es en el que nos recibió el Sr. Bancroft y donde tuvimos nuestra agradable entrevista con nuestra patria.En toda esta dilatada excursion, en que nos llenó de atenciones nuestrocicerone, no dejamos de admirar su erudicion inmensa, su talento perspicaz y una dulzura y sencillez de carácter que cautivan tanto ó más que su inteligencia.Un amigo nuestro de Sonora nos decia al salir de la librería de Bancroft: “Ya vdes. verán otras librerías y otras imprentas, y se formarán idea del movimiento intelectual de California.”—¿Se han fijado vdes., continuó, en un edificio ancho, macizo, que se encuentra en la calle de Bush, entre Montgomery y Samsone?Forman la fachada nueve elevadísimos arcos superpuestos,que tienen otros arcos laterales en intercolumnios, coronando el todo del edificio un bastion de zinc, circundado con su barandal de fierro.Esa es la que se llama la Librería Mercantil: contienen sus salones, librería, gabinetes de lectura para damas y caballeros con separacion, cuartos para escribir, para platicar y fumar, y un riquísimo museo.Una asociacion de negociantes fundó este establecimiento por suscricion, que llegó en su principio á la suma de dos mil quinientos pesos. Esto pasaba en 1868.La asociacion, aunque con nombre mercantil, está al servicio de toda clase de personas, sin distincion de nacionalidades, ni de edad, ni de sexo.Los socios se han aumentado al número de 2,135, que por medio de muy módica suscricion, sostienen aquel establecimiento, honra del pueblo de California.Hoy cuenta la Librería Mercantil cincuenta mil volúmenes en los departamentos de ciencias y literatura.La mayor parte de las obras son en inglés; pero hay muchos libros franceses, alemanes, españoles y de todos los idiomas conocidos.No me fué dado calcular siquiera en aquel gran número los volúmenes de periódicos políticos, científicos, etc., que á más de los cincuenta mil volúmenes, están á disposicion de los concurrentes á la librería.La Sociedad de Particulares de San Francisco, costea una librería que tiene treinta y dos mil volúmenes.Hay otras muchas librerías que tienen objetos especiales, del peculio de las asociaciones privadas, como la librería de Obreros, la de la Academia de ciencias, de Jóvenes cristianos,la librería Militar y la de la Asociacion de los Abogados, que es muy numerosa y escogida.Además, casi no hay una calle en que no haya una librería, y en puntos de educacion, puede decirse que los libros se esparcen en los vientos y se riegan en las calles.Los libros usados y los de educacion primaria, abundan á dos y tres centavos, y el zapatero, el sastre, el boticario, dan por vía de halago á sus marchantes, una guía, una historia, un almanaque, cualquier libro curioso, sin contar con los itinerarios de ferrocarriles, que se dan grátis, y con los que se podrian formar cursos completos de historia y geografía.A pesar de lo expuesto, el espíritu fiscal, siempre mezquino, y el sistema prohibitivo, siempre salvaje, tienen impuestos á los libros que no son americanos tan altos derechos, que hacen su circulacion difícil é influyen no poco en cierto atraso en materias literarias y teorías.Las personas estudiosas siempre compran los libros extranjeros; pero la misma carestía impide el empleo de sumas en los libros nacionales, resultando que sin beneficiarse esa industria, se perjudican los adelantos.De ahí es que en lo práctico, mejor dicho, en lo mecánico, los avances son asombrosos; no así en los demás ramos en que se conoce el orígen europeo, dándole cada dia más aprecio la prohibicion, que llama en su auxilio al contrabando, contra esa estúpida legislacion.—Vdes. no imponen derechos á los libros, me decian los americanos ilustrados; basta ese rasgo para vindicar á vdes. del atraso en que tan injustamente se les supone.Extractamos por vía de complemento de este capítulo, algunasnoticias tomadas delEvening Post, y que se refieren á la suntuosa librería de Bancroft:“Desde 1868, dice el periódico á que hacemos referencia, se hallaba M. Bancroft en posesion de cinco mil volúmenes, incluyendo los panfletos.“En ese año recorrió Madrid, Roma y Viena, aumentando su coleccion.“En 1869, dejó los negocios mercantiles bajo la direccion de su hermano, y se entregó de todo punto á las tareas literarias, atesorando dia á dia preciosidades bibliográficas.“Despues de ese tiempo tuvo noticia M. Bancroft, de que en Lepsik se encontraba la Biblioteca del Emperador Maximiliano, formada por el Sr. D. José María Andrade, en un período de más de cuarenta años. Bancroft escribió á Lóndres, puso en juego sus relaciones y recursos, y adquirió más de tres mil volúmenes de curiosidades bibliográficas sobre México, raras y altamente apreciadas en aquella nacion. Entre estos libros hay preciosísimos autógrafos de mexicanos ilustres.“La librería, de resultas de las nuevas adquisiciones, contaba diez y seis mil volúmenes, en fines de 1869, sin entrar en este cálculo, folletos, periódicos, manuscritos y autográficos de todos los hombres notables de América.“La librería consta ahora de veinte mil volúmenes, habiéndolos entre ellos de mucho costo: un solo tomo titulado: “Exploracion de las Costas de los Estados-Unidos,” ha tenido de costo 1,000 pesos. La librería se ha valuado, tal como se encuentra, en 60,000 pesos (1872).“La mayor parte de las obras están escritas en inglés; pero hay como una tercera parte de libros españoles, franceses,latinos, portugueses, alemanes, rusos, aztecas y de varias lenguas indígenas.“Los libros españoles, las crónicas de los conventos mexicanos, y los manuscritos, forman sin duda la parte más valiosa de la coleccion; entre esos libros se encuentran las “Noticias de las Californias,” del V. P. Francisco Palau, tan codiciadas de los hombres estudiosos.“Las ediciones más raras de todas las obras sobre California, de Clavijero, Ugarte, Venegas, Gomara y otras, se encuentran en esa librería.“Hemos visto allí la obra titulada: “Navegacion especulativa y práctica del Almirante Cabrena,” así como los “Viajes de Navarrete y Fages,” y es de muy alto precio sin duda la “Coleccion completa de todos los Concilios Mexicanos.”“En cuanto á manuscritos, nada tiene tanto valor en la librería de M. Bancroft, como los recuerdos históricos y personales del Sr. general Vallejo.”Joaquin Alcalde, que es en su trato íntimo, amabilísimo, condescendente y servicial, me acompañaba frecuentemente en mis estudios sobre instruccion pública, que durante mi viaje fueron ocupacion á que me entregaba con particular placer, con la esperanza de sacar de mis tareas algun provecho para mi país.Antes de tocar materia tan delicada, diré las ideas que yo tenia en general, y que he podido ratificar despues sobre la instruccion pública en los Estados-Unidos. Y advertiré de paso, que estas son muy superficiales apuntaciones, pues mepropongo escribir sobre esta materia un libro especial, con el detenimiento que merece.Para la nacion americana, la libre escuela ó la escuela comun, es el asunto de todos los ciudadanos, como si se tratara de empeño personal; cuidar la escuela es proveer á la subsistencia de la patria y del suelo en que se vive: por esto el americano no hace distincion marcada en este punto, entre lo que debe á sus hijos y lo que debe á los demás; el niño es la semilla comun; el cuidado es de todos, porque ese niño ignorante podria producir el mal de muchos: esta aspiracion en comun me parece á mí que es el elemento fundamental de la grandeza de la escuela, aunque en esto no hayan pensado escritores eminentes, dedicados al estudio de la instruccion pública en los Estados-Unidos.Las escuelas se sostienen de los productos de las tierras afectas á esa obligacion, de las contribuciones que se imponen entre sí los ciudadanos y de los donativos de ricos particulares.La instruccion y la educacion se confunden en la escuela, y se confunden para servir de sávia á las instituciones políticas en que descansa la sociedad.En la escuela está la patria; allí se identifica el niño con ella, se amamanta á su seno, hace indivisible su vida del bien y la prosperidad de aquella.La escuela tiene de dar ciudadanos aptos para entender en sus destinos; en la escuela se produce el hombre y sale de ella como armado de todos sus derechos.Esta materia prima de la sociedad se elabora en la escuela; de ahí los cuidados físicos; de ahí la escrupulosidad moral.Antes que sabios se quiere que sean honrados; aspiraciondistinta de la nuestra, en que no nos detenemos en que se corrompa el niño, con tal de que se distinga en el púlpito, en la tribuna, ó en el foro.Los españoles que perseguian en la Nueva España el trabajo, lo primero que instituyeron fuéuna Real y Pontificia Universidad.La instruccion tiene por objeto en los Estados-Unidos procurar á todos los discípulos, indistintamente, arbitrio para que al salir de las escuelas se puedan aplicar á lasdiversasprofesiones de la vida, dando lleno á sus deberes de ciudadanos y ciudadanas de la República.El depósito general á que todos los niños tienen accion en las escuelas, es el conocido con los nombres de Instruccion Primaria y Superior, con solo una parte de la enseñanza clásica, que más bien se dirige á las literaturas griega y latina.De este modo la instruccion es la gran toma de aguas del saber, en que cada cual se provee de lo que necesita, sin coto para tomar ménos que cualquier otro; no hay distincion social, la masa es una y para todos.La enseñanza, que en España, que en Francia, y en general, en todos los países latinos, era de la gente decente; esa enseñanza á que los hijos de los pobres no podian llegar sino por favor, esa, está en este gran surtidor para todo el mundo, y esta es una peculiaridad esencialísima.Así, lasgrammar schoolsy laalta escuelason pocas, á las que llegan todos los que tienen fuerzas para ello, sin que la autoridad los detenga en su camino.Es la instruccion primaria como un paradero de ferrocarril, á donde pueden llegar todos, grátis, y tomar despues elderrotero que le parece, á cada uno, segun sus personales aspiraciones. La democracia, en su expresion más íntima, involucrada en el entendimiento y la conciencia, está en la escuela.Se calculaba en 1868, que se empleaban 450 millones de pesos en el sostenimiento de los establecimientos de enseñanza, en todos los Estados-Unidos; que habia una escuela por cada 180 habitantes; que el número de preceptores y preceptoras era de 350,000, sobrevigilados por más de 500,000 ciudadanos elegidos por el pueblo.La escuela tiene por objeto apoderarse de los niños, de las mujeres y de los hombres que ingresan de nuevo á aquella sociedad, y asimilarlos á ella, confundiendo sus intereses con el interes comun. Es como un molde en que cobran formas semejantes las masas que se depositan en él, aplanando y borrando las desigualdades, para que no opongan obstáculos á la felicidad comun.El negocio de instruccion pública, legalmente es del municipio, bajo la vigilancia del gobierno general: el municipio tiene el deber de que se mantenga un número de escuelas proporcional á los niños de la Comuna; este deber es tan estricto, que si fuera posible que se rehusara á un niño la enseñanza, el padre de familia tendria derecho á demandar daños y perjuicios al ayuntamiento por semejante falta.Pero en este punto la accion del pueblo es tan poderosa, que el propio municipio no hace sino seguir el impulso de los padres de familia, y el cuerpo de enseñanza no es sino una asociacion popular con funciones determinadas, para el objeto exclusivo de la instruccion.La enseñanza, como se ha visto, es gratuita, y en cuantoá la obligatoria, nadie pone en duda que se trata de los derechos del niño, sin que pueda existir entre las prerogativas paternales el hacer de un niño un bruto; por el contrario, el deber del Estado es hacer de un niño, no solo un hombre, sino un buen ciudadano.Por esta razon, el cuidado del Estado, en su calidad de tal, es la instruccion primaria yno otra, porque las carreras profesionales no pueden considerarse como elemento fundamental para la prosperidad pública; mejor dicho, no pueden incluirse entre los deberes del Estado.Como hemos dicho, las escuelas se dividen en tres clases:primary schools,grammar schools,high schools: estas escuelas se recorren en doce años, y en ellas se aprende:—Lectura, escritura, dibujo, música, gimnasia, gramática, lengua materna, lenguas extranjeras, geografía, historia, aritmética, álgebra, geometría, trigonometría, física, química, historia natural.... Este es el conjunto de conocimientos puestos al alcance de todo el mundo, y que sirven á su vez para entrar á cualquiera de las carreras profesionales.Además de estas escuelas, las hay nocturnas, dominicales, y con determinados objetos, entrando en esto la competencia de las sociedades de beneficencia, corporaciones religiosas y aun asociaciones mercantiles é industriales.Siempre el local en que se sitúa la escuela es un localad hoc, bien ventilado, y en que se atiende á la vez á las condiciones físicas y morales de los niños.El presupuesto de la ciudad de New-York para la conservacion y mejora de las escuelas, se eleva algunas veces hasta tres millones de pesos.Hé ahí mis ideas mal expresadas sobre la instruccionpública, es decir, los conocimientos que tenia á mi llegada á California; faltábame ver la práctica, y con este motivo me acompañé de Joaquin Alcalde para visitar la escuela de Lincoln, á cuya visita fuimos invitados por el caballeroso jóven Godoy.La escuela de Lincoln es un grandioso edificio de dos pisos, coronado por extensa cornisa y rematando en almenas airosas.El primer piso se compone de una série de salones para las distintas clases, divididos por amplios corredores que reciben las escaleras del primer piso, que es exactamente igual.La fachada es maciza y severa; pero la alegran vistosos árboles y plantas, y la circunda un elegante barandal de fierro.A la derecha del espectador, al pié de la ancha escalera del pórtico, se levanta dulce y llena de majestad la estatua de Lincoln, en ademan de invitar á que pasen al establecimiento.Cuando nosotros entramos eran las nueve y media de la mañana: la persona que nos iba á mostrar la escuela, y es uno de los maestros de mayor categoría, cuyo nombre siento no recordar, se ocupaba en un pequeño despacho en que está la portería, en preparar una leccion sobre objetos.Abandonó el preceptor su ocupacion, y nos dijo:—Falta poco ménos de media hora para que los niños tengan sus ejercicios gimnásticos; pero les llamaremos como alarma de fuego, para que vdes. vean á los niños reunidos y juzguen en parte de la disciplina del establecimiento.Subimos al primer piso y se dió la señal de alarma; oimos al instante un ruido tremendo sobre nuestras cabezas y en el primer piso; pero no desordenado, no tumultuoso, sin que á nadie se escapase un grito, ni hubiera señal del más leve desórden.Sonaron dos golpes precipitados; entónces, por todas las escaleras que de distintos puntos se desprenden y vienen á convergir al lugar en que nos hallábamos, para derramarse y salir á distintas puertas, salieron rios de muchachos que se precipitaban; pero en hileras, en marcha uniforme, viendo á todos lados, como inquiriendo el lugar del incendio.Eran cerca de mil los niños que, como raudales, veiamos descender de las alturas; niños desde ocho hasta doce años, perfectamente aseados y peinados, con sus amplias chaquetas, sus holgados pantalones y su lustroso calzado.La marcha continuó acelerada, porque todas las operaciones se habian verificado en instantes, hasta tocar los niños en las puertas, sin ningun accidente.—Vea vd. lo que es el órden: bajando en peloton estos niños por las escaleras de madera, me decia Alcalde, habria habido lastimados y atropellados, y habrian tardado doble tiempo.—Nosotros, dije á Alcalde, en odio al militarismo, vemos de reojo estas formaciones dentro de las escuelas: ellas se prestan á las monerías, empujones y juegos de los niños; pero no tenemos razon: basta solo con la ordenacion de los movimientos, la compostura en el andar, el brío y el despejo de la marcha, para recomendar tal sistema.Impacientes esperaban los chicos en las puertas, tal vez el toque de salida y dispersion, cuando la campana, porque concampana se daban las señales, llamó á la turba á los patios del gimnasio.Cesó la alarma, en la misma formacion; pero con la alegría en todos los semblantes, volvieron los jóvenes á los patios, en donde entraron despues de ciertos toques, saltando, gritando, confundiéndose, llenos de contento.El gran patio del gimnasio se divide en dos secciones, por un gran jacalon central que forma caballete á la altura de las ventanas del primer piso.Por una de esas ventanas saltó el preceptor, y en pos de él, un ágil muchacho que se terció al hombro la correa de que pendia un tambor, y tocó llamada desde el caballete.Los chicos se formaron en hileras y por tallas, en ambas secciones del patio, y á los toques comenzaron en un lugar, distintos ejercicios de cabezas, de piés, de manos, de inflexiones y escorzos violentísimos.Ya corria la luz en los movimientos de los piés, como haciendo olas en los claros que les dejaban los pasos; ya se veian las manos en alto como que aleteaban palomas blancas en tumulto singular; ya parecian los brazos partes componentes de una maquinaria que se estiraba y se encogia; ya los movimientos de las fisonomías centuplicaban las caras y habia como naufragios de ojos, de sonrisas, en mares de cabellos negros y rubios.Alcalde se habia encaramado á la ventana contigua al caballete, y con su fisonomía animadísima y con sus movimientos, seguia los de los niños, haciendo yo acaso lo mismo, porque el Sr. Godoy nos advirtió á ambos que no nos cayésemos de la ventana.A un toque, volvieron los niños á ordenarse y entraron en sus clases.La escuela de Lincoln esgrammar schools, es decir, escuela de perfeccionamiento de la instruccion primaria.Los departamentos son varios, y en todos ellos hay un preceptor particular, combinándose para cada seccion de enseñanza, niños más y ménos adelantados.En las paredes de todos esos departamentos, hay cuadros con dibujos de ornamentacion, figuras geométricas y retratos de los hombres eminentes de los Estados-Unidos.La clase de deletreo es muy escrupulosa, porque no pronunciándose el inglés segun se escribe, para escribir propiamente se necesita un muy perfecto conocimiento de las letras con que cada palabra se escribe, y este ejercicio es aun de las clases que pudieran llamarse superiores.Para la lectura se acostumbra mucho que todos los niños atiendan al mismo texto; uno lee en voz alta, y el maestro interrumpe, cerciorándose así de que los niños prestan la debida atencion.En varias clases de aritmética está abolido el pizarron: con una pasta adecuada, se forma al rededor del cuarto una especie de guardapolvo (como de hormigon), á la altura de los niños, y esto permite que muchos á la vez hagan la misma operacion. Este pizarron no estorba á la vista y facilita mucho la enseñanza de la lectura, haciendo que los niños escriban letras, sílabas y palabras.En cada departamento, la preceptora ó preceptor están en una plataforma que domina, tras un barandal de madera semicircular. Al entrar los niños, se ponian de pié: se nos presentaba á la preceptora ó preceptor, éstos hacian que losniños mostraran sus conocimientos y despues nos invitaban á que les dirigiésemos la palabra, á lo que accediamos alternativamente Alcalde, ó yo, sirviéndonos de intérprete el Sr. Godoy.Despues de recorrer varias clases, descansamos en el cuarto del profesor, á quien agobiamos á preguntas, lo mismo que al Sr. Godoy. De esto, y de algunas lecturas, formé las ligeras apuntaciones que van á ver mis lectores, siempre que Dios les dé paciencia para ello:El número total de niños registrados en las escuelas del Estado de California, de 5 á 17 años, es de130,930Asistencia constante, término medio78,027Niños que no asisten á las escuelas39,646———————Ingreso anual para la instruccion pública$3.390,35900Egresos”2.701,86334———————Número total de escuelas en el Estado2,190———————Valor de la propiedad de las escuelas de San Francisco$5.068,67830La administracion de la instruccion pública en San Francisco se compone de doce miembros, de los que se cambia un tercio cada año, con un superintendente de escuelas, un diputado, un secretario, un escribiente, un copista y un mandadero.La poblacion total en la ciudad de California se estimaba, en 1875, en 234,000 habitantes, y niños aptos para concurrirá las escuelas, 41,029. De éstos habia registrados en las escuelas públicas, 32,175, y en las privadas, 6,094.Los sueldos de preceptores y preceptoras son, desde seiscientos ácuatro mil pesos, permitiendo estas altas dotaciones el ingreso al profesorado de la primera enseñanza, de personas altamente notables. En California hay la profunda conviccion de que sin decentes dotaciones á los maestros, es imposible la buena enseñanza. Nosotros solemos dotar maestros, sirviéndonos de norma el salario de los cocheros.Hay escuelas conocidas con el nombre de Cosmopolitas, en que se da la instruccion á un tiempo, en francés y aleman.Las escuelas nocturnas, en que se admiten, sin distincion toda clase de personas, sea el sexo, la edad y la procedencia la que fuere, hacen mucho bien. Hay maestros de dibujo y de música, para los que da el Estado 10,500 pesos.El costo del edificio de la escuela de Lincoln en las calles 5.ª y Mercado, cerca del edificio de la casa de Moneda, fué de 125,000 pesos.—Bueno será que deje vd. sus apuntaciones, me dijo un polluelo alegre que habia ido en nuestra busca; eso, continuó señalando mi escrito, para tratado es muy diminuto, y para apuntaciones al correr la pluma, dan sueño.El chico tenia razon: despedímonos del preceptor que nos habia guiado, significándole nuestro profundo reconocimiento, y quedando realmente admirados y envidiosos de la grandeza y de la importancia que da California á la instruccion pública.—No todo ha de ser Valle de lágrimas, ni todoFidel, estar como un santo de piedra sin despegar los ojos del libro: ¿no sabes tú que hay máscaras? ¿no sabes que el dios de la locura agita su sonaja y hace repicar los cascabeles de su cucurucho? Disponte, que esta noche se arde el teatro y la vida es bastante amarga, para desperdiciar la ocasion de echarle unas gotitas de miel.—¿Con esas á mí, eh? ¿con esas? Pues voy al baile, y llevando esta mismísima cara, hago un máscara á pedir de boca: cuenten vdes. conmigo.Esto dije á mis amigos, Lorenzo, Manuel y Pablo.Ocupado con tan sério compromiso, me dirigí á la casa de las Sritas. S. y C., como lo tenia pensado; ardia el mundo de entusiasmo, y los preparativos estaban en todo su ardor.En general, los saloncitos de recepcion de las casas tienen como pared, bajo un elegante arco, dos lienzos corredizos de tablas, que retirándose, se convierten en un salon elegante en las circunstancias graves, y para el ordinario servicio, uno de los saloncitos funge de comedor, asistencia ó gabinete.Las piezas estaban de telon corrido, viéndose por un extremo, mesa, aparadores, cuadros y muebles de un comedor elegante, y por el otro, piano, sofaes, espejos, consolas, cuadros, candelabros y floreros para salon.La juventud y la hermosura reinaban: veíanse por aquí afanosas costureras pegando listones y sembrando flores en los trages, que en abultadas ondas caian de los sofaes á la alfombra; por el otro extremo, chicos de buen carácter arreglando sobre la mesa del comedor, cascos y plumeros, mantos de templarios y luengas cabelleras.Las señoras en un rincon preparaban, para las niñas, peinados, joyas, guantes y cuanto su vanidad maternal les sugeria, para la compostura de las hijas.Ya se deja entender la animacion de los diálogos, las monerías de las presumidas, que con todo les parecia estar mal y ponerse en ridículo: los recuerdos de las ancianas, los planes de los primitos y los amigos íntimos.Y al pedirse del hilo, y al valuar el colorete, y al dame ese carrete, y dónde están las tijeras, se interponia una copita dechericordialó de rompope, ó circulaba un vaso decoptailentre los polacos, ingleses, italianos y mexicanos, que formábamos el grupo masculino.Es de advertir que por aquellos dias estaban en toda su boga losValentines: estosValentinesson obsequios de principio de año, por todo el mundo hechos, y recibidos por los papás y mamás más cerriles.El obsequio delValentinó cortejo consiste en cajitas, cuadros y chucherías, envueltas en papeles picados, y llevando en su centro sentencias, versos, ardientes declaraciones de amor y sátiras más ó ménos picantes.La gracia delValentines conservar el más riguroso anónimo, y esto da lugar á chanzas y pesquisas, de que sacan inmenso partido, el amor, el placer y la inocente amistad.Como es de suponerse, hayValentinesintencionales, y entónces son valiosas cajitas con dulces y alhajas,porta-bouquetsde concha, caracoles, nueces y huevos con ricas joyas, ó por el contrario, algun chistoso envía un rizo de canas, una disciplina, ó una caricatura que hace ver estrellas á la obsequiada.Por supuesto, á las muchachas en cuya casa estaba leshabian llovidoValentines. A Ernestina le enviaron una cajita deliciosa, con unos versos ingleses lindísimos, pegados á una áncora de oro (sospecho que era un marino elValentin); á Virginia, que es como un dulce de agradable, le dirigieron, entre otrosValentines, un guante trunco y un letrero que decia: “Busca el compañero,” y una judía, Raquel, seductora como la beldad bíblica de quien lleva el nombre, recibió en una cajita de ébano unpensamiento, y en el centro un riquísimo diamante, figurando una gota de rocío. En la cajita estaba incrustado, en menudísimas perlas, este nombre: “México.”Y á la muy linda muchacha Mery le dispararon una caricatura en que acariciaba á un vejete su galan, á quien la preciosa niña profesaba especial antipatía, por meloso y farsante.La niña lloraba de cólera y se hacia mil conjeturas.LosValentinesdaban especial atractivo á las máscaras.A las diez de la noche la comparsa estaba lista.Pusiéronse en marcha los disfrazados, y las mamás y yo tomamos rumbo diferente para no denunciar á nuestras amigas.El baile se verificó en el gran salon de Platt, calle de Montgomery: brillaba el edificio como un incendio, formaba ráfagas y labores el gas en la techumbre, y reverberaba en globos de cristal apagado y en lámparas y vasos de colores.La orquesta, desde el palco escénico, derramaba á torrentes la armonía. En un extremo del proscenio se veia un dosel magnífico: bajo él habia majestuosos asientos.Aquel lugar debian ocuparlo, á cierta hora, los jueces ya nombrados, que debian adjudicar premio á la dama mejorvestida, al máscara que mejor caracterizase su papel y al bailarin ó bailarina que más se hubiera distinguido en el arte de Terpsícore.A la entrada del teatro se encontraban los que recibian los boletos, los que recogian sombreros y abrigos, y los comisionados del buen órden del baile, con luengos listones con flecos de canutillos pendientes del ojal del frac.En el fondo del salon y en uno de los costados, se veian grandes cuartos con cantinas y espléndido servicio de licores, refrescos y cenas.El conjunto de la concurrencia era espléndido, los corredores y galerías estaban llenos de gente, que no se mezclaba con las máscaras, y sí en las bancas que rodeaban el salon.Odaliscas, rusas, gitanas, garbosas andaluzas, druidas y hadas vaporosas, cruzaban por aquella atmósfera de luz, armonías y perfumes, entre guerreros, sacerdotes, caballeros de la edad média y figurones grotescos, con caras de perros, de patos y de leones.Pero no habia bromas de carnaval; tal cual francés, vestido de mujer, con insolente descoco daba patadas y hacia cabriolas; el yankee se ahogaba, tiraba la careta y seguia andando con su vestido carnavalesco, como si estuviera en sus negocios.Un vejete de calzon corto y sombrero de tres picos, con un farolillo en la mano, iba, como Diógenes, en busca de un hombre.Lasladiesprovocaban con sus llamamientos á verdaderos autómatas, y no ví nada de más soso ni de más desgarbado que aquel baile de máscaras.Iban á dar las doce de la noche, las cantinas estaban llenasy el salon vacío. Se anunció la marcha de los premios; tomaron sus asientos los jueces; los máscaras, con gravedad oficial, emprendieron su paseo.¡Qué magnificencia de trages! ¡qué lujo de atavíos! ¡qué esplendor de formas en las damas! ¡qué indiferencia y qué frialdad en la mayor parte de los machos!Cesó la música, y se proclamaron los nombres de los premiados.Una bella italiana vestida de reina, obtuvo el premio de la elegancia; premio que consistia en unschalde seda y una bandeja de plata.Se escuchó caluroso aplauso de parte de los hombres; un rumor sordo de descontento contra la parcialidad de los jueces.Al viejo del farol, modelo de sandez y de tiesura insulsa, le adjudicaron como recompensa, un reloj de oro. Y el premio lo recibió en medio de aplausos irónicos, que contribuyeron no poco á extender el buen humor.Por último, el lauro del baile lo otorgaron á unaladysacudida y despierta, que fué resultando hombre al recibir un precioso anillo con un zafiro.Dispersóse la concurrencia; pero se dispersó para agolparse al rededor de un máscara que concentraba la atencion universal y merecia unánimes aplausos.Tenia el máscara bien asentado sobre la espaciosa frente, un sombrero blanco, ancho, con gruesas toquillas y flecos de oro. Chapetas de diamantes que figuraban águilas, y ribetes de galon de oro.Caia sobre sus hombros finísima chaqueta de ante, con botonadura y agujetas de plata, llena de bordados y alamarescomodolman, y unapantalonerade casimir café, con botoncitos de filigrana de oro, de los que cada uno podia pasar por una joya.La camisa, las alhajas, el calzado, y sobre todo, las maneras, decian que aquelpayoera un distinguido caballero mexicano.Elranchero mexicanohablaba inglés, francés, italiano y español perfectamente, sin serle desconocido el aleman, aunque no hablaba en ese idioma. Era elmexicanochancero y alegre; pero encerrándose en la más delicada finura, usaba de chanzas discretas con los jóvenes, á los viejos decia palabras sesudas, y era tan galante con las damas, que le hicieron su favorito y fué el rey de la fiesta.Yo estaba encantado: lo inesperado de la aparicion me tenia lelo y orgulloso; el jóven era mexicano, conocia nuestra vida en lo más íntimo; pero no sospeché siquiera quién fué quien nos dió aquella sorpresa de carnaval.Entónces tuve motivo de conocer á la multitud de gente de California que ha estado en México, que ha hecho en él su fortuna y que ha dejado en todos recuerdos agradables.Elmexicanofué conducido en triunfo á la cantina, se destapó Champaña, se dijeron bríndis, se vitoreó á México, y no lograron, ni la cortesía, ni la hermosura, ni la confianza loca, alzar el velo del extraordinario personaje.Despues de mucho tiempo, en una tertulia privada, invitaron á la linda judía Raquel á que tocase el piano.... cuando lo estaba pulsando, reconocí en uno de sus dedos de marfil, hecho anillo, un botoncito defiligranacon una piedrecita preciosa en el centro, y tal me pareció que pertenecia al equipo delrancherito mexicano.En cambio, otro de mis compañeros se empeñó en seguir á una circasiana espléndida; salió con ella del baile.... y en los extremos de la ciudad.... se quitó la deslumbradora vision la careta, y era.... una negra, feroz, desastrada, amenazadora, hombruna, ronca, que le hizo correr á todo escape hasta el hotel, donde llegó como quien se ha salido de las garras de un tigre.
XIVLa librería de Bancroft.—Las escuelas.—La alta sociedad.ENTRE las personas distinguidas con quienes nos dió conocimiento el Sr. general Vallejo, fué de las más agradables el de M. H. H. Bancroft.Los hombres estudiosos de México tienen conocimiento de este literato eminente, por la publicacion de su obra monumental titulada: “Sobre el orígen de las razas, etc.”En efecto, tal obra es por su profundidad de miras, por su correccion y elegancia y por la vastísima erudicion que encierra, una de las más preciadas joyas de la literatura americana.Antes de pasar adelante, diré que es necesario no confundir á M. H. H. Bancroft con M. Jorge Bancroft, nacido en 1800 en el Estado de Masachutes, autor de la excelenteHistoria de los Estados-Unidos, desde el descubrimiento de América hasta nuestros dias, impresa en Boston en seis volúmenes, desde 1844 á 1855, y uno de los principales redactores de laNorthon American Review.La publicacion de la obra de M. H. H. Bancroft da idea de la magnitud de sus empresas.En el quinto piso de la librería que lleva su nombre, está instalado el sabio escritor.La Biblioteca, de que hablaré despues, tendrá cincuenta varas de extension, dividiéndose en secciones abiertas que la comparten en varios salones, y dos departamentos privados para copistas de ambos sexos y para el Sr. Bancroft.En la Biblioteca existe una oficina en forma, con empleados superiores y escribientes, ocupados en hacer extractos de las obras que tiene el sabio en estudio; éste forma el conjunto del estudio y escribe, alcanzando así una suma maravillosa de datos.Además, tiene secciones de correspondencia con varias naciones, y caballeros especialmente expensados en Europa y América para que registren los archivos y le comuniquen noticias.Es el Sr. Bancroft un hombre de cuarenta y cinco á cincuenta años, perfectamente conservado, y de notable gallardía y finura de maneras.Alto, rubio, de frente despejada y ojos claros, de una profusa barba como de oro, que se abre bajo su labio inferior y cae sobre su pecho en dos raudales luminosos.La esposa del Sr. Bancroft es muy jóven y habla perfectamente español, así como su hija, ideal de perfecciones y de gracias.Presentónos el Sr. Vallejo á M. Bancroft: nos embarcamos en un elegante elevador, y surcando el viento, nos encontramos en dos minutos en los espléndidos salones de la Biblioteca.M. Bancroft da animacion y como que comunica luz á aquel establecimiento magnífico. Grandes y numerosas ventanas dan luz á los salones: por todas partes se ven atriles con libros, bastidores con mapas, de mecanismo sencillísimo, copiadores y útiles de toda clase, para economía de trabajo y celeridad de todas las operaciones.Lápices con gutta perca en el extremo opuesto, para borrar; libros en los que se escribe, sacándose dos y tres copias á la vez; reglas, broches, tintas, pinceles y papel de todas clases y tamaños.Tragaluces, cortinas para modificar la luz, veladores, y no sé cuántas cosas más, para que el pensamiento gire libre y la parte mecánica no lo distraiga ni entorpezca.Mostrónos el Sr. Bancroft diez y ocho tomos de apuntaciones curiosísimas de solo California, con multitud de anotaciones, hijas de una inverosímil erudicion.Yo escuchaba con orgullo y con admiracion al Sr. Iglesias y á Gomez del Palacio, ampliar las notas, apuntar las incorrecciones, y verter, sin pretensiones y con la mayor modestia, raudales de erudicion que sorprendian al auditorio, dejando complacido al extremo á nuestro sabiocicerone.Con especial agrado, y haciéndonos notar mil particularidades y bellezas, hojeó M. Bancroft á nuestra vista la historia inédita de California, escrita por el Sr. general Vallejo, y que es un tesoro de curiosidades científicas y literarias.¡Qué claridad de estilo! ¡qué sencillez tan limpia y tan llena de verdad!Vimos muchas preciosidades bibliográficas, entresacadas de cerca de veinte mil volúmenes.Al fin, nos detuvimos en un saloncito muy esmeradamente cuidado y en el que existirán como cuatro mil tomos, y allí, con la mayor sencillez, nos dijo M. Bancroft: “Examinen vdes. con atencion: todo lo que vdes. ven, habla de México.”Iglesias, Gomez del Palacio, Alcalde y yo hicimos el registro más minucioso de aquella Biblioteca Mexicana, sin duda la primera en su género en los Estados-Unidos, y acaso, con vergüenza lo confieso, del mismo México.Autores ignorados; otros apénas conocidos de nombre; ediciones rarísimas, desde la época de Juan Pablos; crónicas de conventos; colecciones de periódicos, desde las primeras Gacetas; folletos; relaciones de viaje manuscritas; diarios curiosos de individuos particulares; autógrafos, y todos los historiadores, desde Alva Yxtlatxochil, hasta nuestros dias.En cuanto á biografías de mexicanos, el número de las que posee el Sr. Bancroft me sorprendió. No mencionábamos ninguno de nuestros hombres célebres, del que no nos diese detalles, siendo en general rectas y justas sus apreciaciones.Por halagarnos, y con exquisita galantería, nos mostró el Sr. Bancroft la historia de la guerra americana, en que el Sr. Iglesias y yo escribimos bastante, misIndicaciones sobre las rentas generales, y misViajes de Orden Suprema, diciéndome paraFidel, cariñosos cumplimientos. Es de advertir que yo hace tiempo busco esa obrita para tenerla y no la he podido conseguir.Dió el Sr. Bancroft al Sr. Iglesias mil testimonios de estimacion, haciendo la justicia que se merecen, su vastísima erudicion, su claro talento y su recto juicio.Aquella visita fué una aparicion en espíritu de nuestros amigos más queridos; era la asistencia al juicio de la posteridad que les fingia la distancia.Es dulce encomiar el bello clima y los claros cielos en que vimos la luz; nos enorgullece y como que se citan timbres de nobleza, cuando maravillas de la creacion se ostentan en la patria; pero nada enaltece ni ilumina al alma, como el elogio á nuestros compatriotas eminentes.Se siente uno bañado en los rayos de sus altas inteligencias, les rinde espontánea admiracion, como que los vemos vengados del desden y de la mala suerte que frecuentemente los aflige.Sin sombra de envidia; sin las reticencias con que suele el celo amenguar el elogio; sin la realidad de los defectos que suele exagerar nuestra pequeñez; sin los cambiantes colores con que el prisma político nos hace contemplar los objetos, se goza del astro el brillo, de la flor el perfume, del sér sublime la esencia inmortal, vencedora del tiempo; nos hacemos el grandioso apoteósis de esos obreros del Progreso, que son al fin los más grandes blasones de gloria de los pueblos.Despues de examinar á nuestro sabor la librería, nos invitó el Sr. Bancroft á que por vía de paseo, en nuestro descenso, viéramos el establecimiento de librería que contiene el edificio, uno de los más grandiosos de la calle del Mercado (Market Street).La librería y sus dependencias, de que nos vamos á ocupar,está situada en la calle de Montgomery, y cuando se proyectó trasladarla á la calle del Mercado, entre la tercera y cuarta calle, en 1869, estaba de tal manera despoblado aquel rumbo, que los burlones decian con cierto chiste: “Bancroft se lleva sus almacenes al campo.”En ménos de seis años, la humilde calle del Mercado es una avenida de palacios.El edificio ocupa 170 piés de frente entre las calles del Mercado y la de Steveson.Los negocios que comprende la librería son por mayor y por menor. Leyes, educacion, billetes de banco, impresiones, música, litografía, etc.Hay más de doscientas personas empleadas en las diversas oficinas.El subterráneo óbassement, contiene local para las manipulaciones estereotípicas, y un gran pozo artesiano relacionado con todos los pisos para caso de incendio.El salon del primer piso, que está al ras de la calle y al que se entra por arcos con cristales de cerca de siete varas de largo, y tan trasparentes que chocaria uno con ellos si no viera á su través papeles suspendidos de sus marcos, tiene 170 piés de largo (56⅔ varas), por 35 piés de ancho (11⅔ varas).Están las paredes completamente tapizadas de libros, y en el centro forman calle dilatadísimos mostradores con libros y curiosidades para escritorio. Este piso es el destinado á la comunicacion con el público, y al comercio por mayor y al menudeo.El segundo piso se ha reservado á la fabricacion de libros en blanco, siendo extraordinario el número de máquinas,rayadores, etc., y forjándose por cientos esos libros de baratura extrema y de inmenso consumo. En ese mismo departamento existen las oficinas relativas á la impresion de música.Ocupan el tercer piso la imprenta y la litografía, y en esto hay tales adelantamientos y se ha llegado á tal perfeccion, que me aseguraron los conocedores, que despues de haber recorrido aquellas oficinas, no me sorprenderian, en cuanto á los prodigios de la mecánica, las grandes oficinas delHeraldde New-York, ni la misma casa de Appleton, que disfruta de nombradía universal.Todo lo relativo á encuadernacion existe en el cuarto piso, que es un salon lleno de preciosasladiesocupadas en sus labores, y en cuyo local reinan el aseo, el silencio y la decencia.El quinto piso es en el que nos recibió el Sr. Bancroft y donde tuvimos nuestra agradable entrevista con nuestra patria.En toda esta dilatada excursion, en que nos llenó de atenciones nuestrocicerone, no dejamos de admirar su erudicion inmensa, su talento perspicaz y una dulzura y sencillez de carácter que cautivan tanto ó más que su inteligencia.Un amigo nuestro de Sonora nos decia al salir de la librería de Bancroft: “Ya vdes. verán otras librerías y otras imprentas, y se formarán idea del movimiento intelectual de California.”—¿Se han fijado vdes., continuó, en un edificio ancho, macizo, que se encuentra en la calle de Bush, entre Montgomery y Samsone?Forman la fachada nueve elevadísimos arcos superpuestos,que tienen otros arcos laterales en intercolumnios, coronando el todo del edificio un bastion de zinc, circundado con su barandal de fierro.Esa es la que se llama la Librería Mercantil: contienen sus salones, librería, gabinetes de lectura para damas y caballeros con separacion, cuartos para escribir, para platicar y fumar, y un riquísimo museo.Una asociacion de negociantes fundó este establecimiento por suscricion, que llegó en su principio á la suma de dos mil quinientos pesos. Esto pasaba en 1868.La asociacion, aunque con nombre mercantil, está al servicio de toda clase de personas, sin distincion de nacionalidades, ni de edad, ni de sexo.Los socios se han aumentado al número de 2,135, que por medio de muy módica suscricion, sostienen aquel establecimiento, honra del pueblo de California.Hoy cuenta la Librería Mercantil cincuenta mil volúmenes en los departamentos de ciencias y literatura.La mayor parte de las obras son en inglés; pero hay muchos libros franceses, alemanes, españoles y de todos los idiomas conocidos.No me fué dado calcular siquiera en aquel gran número los volúmenes de periódicos políticos, científicos, etc., que á más de los cincuenta mil volúmenes, están á disposicion de los concurrentes á la librería.La Sociedad de Particulares de San Francisco, costea una librería que tiene treinta y dos mil volúmenes.Hay otras muchas librerías que tienen objetos especiales, del peculio de las asociaciones privadas, como la librería de Obreros, la de la Academia de ciencias, de Jóvenes cristianos,la librería Militar y la de la Asociacion de los Abogados, que es muy numerosa y escogida.Además, casi no hay una calle en que no haya una librería, y en puntos de educacion, puede decirse que los libros se esparcen en los vientos y se riegan en las calles.Los libros usados y los de educacion primaria, abundan á dos y tres centavos, y el zapatero, el sastre, el boticario, dan por vía de halago á sus marchantes, una guía, una historia, un almanaque, cualquier libro curioso, sin contar con los itinerarios de ferrocarriles, que se dan grátis, y con los que se podrian formar cursos completos de historia y geografía.A pesar de lo expuesto, el espíritu fiscal, siempre mezquino, y el sistema prohibitivo, siempre salvaje, tienen impuestos á los libros que no son americanos tan altos derechos, que hacen su circulacion difícil é influyen no poco en cierto atraso en materias literarias y teorías.Las personas estudiosas siempre compran los libros extranjeros; pero la misma carestía impide el empleo de sumas en los libros nacionales, resultando que sin beneficiarse esa industria, se perjudican los adelantos.De ahí es que en lo práctico, mejor dicho, en lo mecánico, los avances son asombrosos; no así en los demás ramos en que se conoce el orígen europeo, dándole cada dia más aprecio la prohibicion, que llama en su auxilio al contrabando, contra esa estúpida legislacion.—Vdes. no imponen derechos á los libros, me decian los americanos ilustrados; basta ese rasgo para vindicar á vdes. del atraso en que tan injustamente se les supone.Extractamos por vía de complemento de este capítulo, algunasnoticias tomadas delEvening Post, y que se refieren á la suntuosa librería de Bancroft:“Desde 1868, dice el periódico á que hacemos referencia, se hallaba M. Bancroft en posesion de cinco mil volúmenes, incluyendo los panfletos.“En ese año recorrió Madrid, Roma y Viena, aumentando su coleccion.“En 1869, dejó los negocios mercantiles bajo la direccion de su hermano, y se entregó de todo punto á las tareas literarias, atesorando dia á dia preciosidades bibliográficas.“Despues de ese tiempo tuvo noticia M. Bancroft, de que en Lepsik se encontraba la Biblioteca del Emperador Maximiliano, formada por el Sr. D. José María Andrade, en un período de más de cuarenta años. Bancroft escribió á Lóndres, puso en juego sus relaciones y recursos, y adquirió más de tres mil volúmenes de curiosidades bibliográficas sobre México, raras y altamente apreciadas en aquella nacion. Entre estos libros hay preciosísimos autógrafos de mexicanos ilustres.“La librería, de resultas de las nuevas adquisiciones, contaba diez y seis mil volúmenes, en fines de 1869, sin entrar en este cálculo, folletos, periódicos, manuscritos y autográficos de todos los hombres notables de América.“La librería consta ahora de veinte mil volúmenes, habiéndolos entre ellos de mucho costo: un solo tomo titulado: “Exploracion de las Costas de los Estados-Unidos,” ha tenido de costo 1,000 pesos. La librería se ha valuado, tal como se encuentra, en 60,000 pesos (1872).“La mayor parte de las obras están escritas en inglés; pero hay como una tercera parte de libros españoles, franceses,latinos, portugueses, alemanes, rusos, aztecas y de varias lenguas indígenas.“Los libros españoles, las crónicas de los conventos mexicanos, y los manuscritos, forman sin duda la parte más valiosa de la coleccion; entre esos libros se encuentran las “Noticias de las Californias,” del V. P. Francisco Palau, tan codiciadas de los hombres estudiosos.“Las ediciones más raras de todas las obras sobre California, de Clavijero, Ugarte, Venegas, Gomara y otras, se encuentran en esa librería.“Hemos visto allí la obra titulada: “Navegacion especulativa y práctica del Almirante Cabrena,” así como los “Viajes de Navarrete y Fages,” y es de muy alto precio sin duda la “Coleccion completa de todos los Concilios Mexicanos.”“En cuanto á manuscritos, nada tiene tanto valor en la librería de M. Bancroft, como los recuerdos históricos y personales del Sr. general Vallejo.”Joaquin Alcalde, que es en su trato íntimo, amabilísimo, condescendente y servicial, me acompañaba frecuentemente en mis estudios sobre instruccion pública, que durante mi viaje fueron ocupacion á que me entregaba con particular placer, con la esperanza de sacar de mis tareas algun provecho para mi país.Antes de tocar materia tan delicada, diré las ideas que yo tenia en general, y que he podido ratificar despues sobre la instruccion pública en los Estados-Unidos. Y advertiré de paso, que estas son muy superficiales apuntaciones, pues mepropongo escribir sobre esta materia un libro especial, con el detenimiento que merece.Para la nacion americana, la libre escuela ó la escuela comun, es el asunto de todos los ciudadanos, como si se tratara de empeño personal; cuidar la escuela es proveer á la subsistencia de la patria y del suelo en que se vive: por esto el americano no hace distincion marcada en este punto, entre lo que debe á sus hijos y lo que debe á los demás; el niño es la semilla comun; el cuidado es de todos, porque ese niño ignorante podria producir el mal de muchos: esta aspiracion en comun me parece á mí que es el elemento fundamental de la grandeza de la escuela, aunque en esto no hayan pensado escritores eminentes, dedicados al estudio de la instruccion pública en los Estados-Unidos.Las escuelas se sostienen de los productos de las tierras afectas á esa obligacion, de las contribuciones que se imponen entre sí los ciudadanos y de los donativos de ricos particulares.La instruccion y la educacion se confunden en la escuela, y se confunden para servir de sávia á las instituciones políticas en que descansa la sociedad.En la escuela está la patria; allí se identifica el niño con ella, se amamanta á su seno, hace indivisible su vida del bien y la prosperidad de aquella.La escuela tiene de dar ciudadanos aptos para entender en sus destinos; en la escuela se produce el hombre y sale de ella como armado de todos sus derechos.Esta materia prima de la sociedad se elabora en la escuela; de ahí los cuidados físicos; de ahí la escrupulosidad moral.Antes que sabios se quiere que sean honrados; aspiraciondistinta de la nuestra, en que no nos detenemos en que se corrompa el niño, con tal de que se distinga en el púlpito, en la tribuna, ó en el foro.Los españoles que perseguian en la Nueva España el trabajo, lo primero que instituyeron fuéuna Real y Pontificia Universidad.La instruccion tiene por objeto en los Estados-Unidos procurar á todos los discípulos, indistintamente, arbitrio para que al salir de las escuelas se puedan aplicar á lasdiversasprofesiones de la vida, dando lleno á sus deberes de ciudadanos y ciudadanas de la República.El depósito general á que todos los niños tienen accion en las escuelas, es el conocido con los nombres de Instruccion Primaria y Superior, con solo una parte de la enseñanza clásica, que más bien se dirige á las literaturas griega y latina.De este modo la instruccion es la gran toma de aguas del saber, en que cada cual se provee de lo que necesita, sin coto para tomar ménos que cualquier otro; no hay distincion social, la masa es una y para todos.La enseñanza, que en España, que en Francia, y en general, en todos los países latinos, era de la gente decente; esa enseñanza á que los hijos de los pobres no podian llegar sino por favor, esa, está en este gran surtidor para todo el mundo, y esta es una peculiaridad esencialísima.Así, lasgrammar schoolsy laalta escuelason pocas, á las que llegan todos los que tienen fuerzas para ello, sin que la autoridad los detenga en su camino.Es la instruccion primaria como un paradero de ferrocarril, á donde pueden llegar todos, grátis, y tomar despues elderrotero que le parece, á cada uno, segun sus personales aspiraciones. La democracia, en su expresion más íntima, involucrada en el entendimiento y la conciencia, está en la escuela.Se calculaba en 1868, que se empleaban 450 millones de pesos en el sostenimiento de los establecimientos de enseñanza, en todos los Estados-Unidos; que habia una escuela por cada 180 habitantes; que el número de preceptores y preceptoras era de 350,000, sobrevigilados por más de 500,000 ciudadanos elegidos por el pueblo.La escuela tiene por objeto apoderarse de los niños, de las mujeres y de los hombres que ingresan de nuevo á aquella sociedad, y asimilarlos á ella, confundiendo sus intereses con el interes comun. Es como un molde en que cobran formas semejantes las masas que se depositan en él, aplanando y borrando las desigualdades, para que no opongan obstáculos á la felicidad comun.El negocio de instruccion pública, legalmente es del municipio, bajo la vigilancia del gobierno general: el municipio tiene el deber de que se mantenga un número de escuelas proporcional á los niños de la Comuna; este deber es tan estricto, que si fuera posible que se rehusara á un niño la enseñanza, el padre de familia tendria derecho á demandar daños y perjuicios al ayuntamiento por semejante falta.Pero en este punto la accion del pueblo es tan poderosa, que el propio municipio no hace sino seguir el impulso de los padres de familia, y el cuerpo de enseñanza no es sino una asociacion popular con funciones determinadas, para el objeto exclusivo de la instruccion.La enseñanza, como se ha visto, es gratuita, y en cuantoá la obligatoria, nadie pone en duda que se trata de los derechos del niño, sin que pueda existir entre las prerogativas paternales el hacer de un niño un bruto; por el contrario, el deber del Estado es hacer de un niño, no solo un hombre, sino un buen ciudadano.Por esta razon, el cuidado del Estado, en su calidad de tal, es la instruccion primaria yno otra, porque las carreras profesionales no pueden considerarse como elemento fundamental para la prosperidad pública; mejor dicho, no pueden incluirse entre los deberes del Estado.Como hemos dicho, las escuelas se dividen en tres clases:primary schools,grammar schools,high schools: estas escuelas se recorren en doce años, y en ellas se aprende:—Lectura, escritura, dibujo, música, gimnasia, gramática, lengua materna, lenguas extranjeras, geografía, historia, aritmética, álgebra, geometría, trigonometría, física, química, historia natural.... Este es el conjunto de conocimientos puestos al alcance de todo el mundo, y que sirven á su vez para entrar á cualquiera de las carreras profesionales.Además de estas escuelas, las hay nocturnas, dominicales, y con determinados objetos, entrando en esto la competencia de las sociedades de beneficencia, corporaciones religiosas y aun asociaciones mercantiles é industriales.Siempre el local en que se sitúa la escuela es un localad hoc, bien ventilado, y en que se atiende á la vez á las condiciones físicas y morales de los niños.El presupuesto de la ciudad de New-York para la conservacion y mejora de las escuelas, se eleva algunas veces hasta tres millones de pesos.Hé ahí mis ideas mal expresadas sobre la instruccionpública, es decir, los conocimientos que tenia á mi llegada á California; faltábame ver la práctica, y con este motivo me acompañé de Joaquin Alcalde para visitar la escuela de Lincoln, á cuya visita fuimos invitados por el caballeroso jóven Godoy.La escuela de Lincoln es un grandioso edificio de dos pisos, coronado por extensa cornisa y rematando en almenas airosas.El primer piso se compone de una série de salones para las distintas clases, divididos por amplios corredores que reciben las escaleras del primer piso, que es exactamente igual.La fachada es maciza y severa; pero la alegran vistosos árboles y plantas, y la circunda un elegante barandal de fierro.A la derecha del espectador, al pié de la ancha escalera del pórtico, se levanta dulce y llena de majestad la estatua de Lincoln, en ademan de invitar á que pasen al establecimiento.Cuando nosotros entramos eran las nueve y media de la mañana: la persona que nos iba á mostrar la escuela, y es uno de los maestros de mayor categoría, cuyo nombre siento no recordar, se ocupaba en un pequeño despacho en que está la portería, en preparar una leccion sobre objetos.Abandonó el preceptor su ocupacion, y nos dijo:—Falta poco ménos de media hora para que los niños tengan sus ejercicios gimnásticos; pero les llamaremos como alarma de fuego, para que vdes. vean á los niños reunidos y juzguen en parte de la disciplina del establecimiento.Subimos al primer piso y se dió la señal de alarma; oimos al instante un ruido tremendo sobre nuestras cabezas y en el primer piso; pero no desordenado, no tumultuoso, sin que á nadie se escapase un grito, ni hubiera señal del más leve desórden.Sonaron dos golpes precipitados; entónces, por todas las escaleras que de distintos puntos se desprenden y vienen á convergir al lugar en que nos hallábamos, para derramarse y salir á distintas puertas, salieron rios de muchachos que se precipitaban; pero en hileras, en marcha uniforme, viendo á todos lados, como inquiriendo el lugar del incendio.Eran cerca de mil los niños que, como raudales, veiamos descender de las alturas; niños desde ocho hasta doce años, perfectamente aseados y peinados, con sus amplias chaquetas, sus holgados pantalones y su lustroso calzado.La marcha continuó acelerada, porque todas las operaciones se habian verificado en instantes, hasta tocar los niños en las puertas, sin ningun accidente.—Vea vd. lo que es el órden: bajando en peloton estos niños por las escaleras de madera, me decia Alcalde, habria habido lastimados y atropellados, y habrian tardado doble tiempo.—Nosotros, dije á Alcalde, en odio al militarismo, vemos de reojo estas formaciones dentro de las escuelas: ellas se prestan á las monerías, empujones y juegos de los niños; pero no tenemos razon: basta solo con la ordenacion de los movimientos, la compostura en el andar, el brío y el despejo de la marcha, para recomendar tal sistema.Impacientes esperaban los chicos en las puertas, tal vez el toque de salida y dispersion, cuando la campana, porque concampana se daban las señales, llamó á la turba á los patios del gimnasio.Cesó la alarma, en la misma formacion; pero con la alegría en todos los semblantes, volvieron los jóvenes á los patios, en donde entraron despues de ciertos toques, saltando, gritando, confundiéndose, llenos de contento.El gran patio del gimnasio se divide en dos secciones, por un gran jacalon central que forma caballete á la altura de las ventanas del primer piso.Por una de esas ventanas saltó el preceptor, y en pos de él, un ágil muchacho que se terció al hombro la correa de que pendia un tambor, y tocó llamada desde el caballete.Los chicos se formaron en hileras y por tallas, en ambas secciones del patio, y á los toques comenzaron en un lugar, distintos ejercicios de cabezas, de piés, de manos, de inflexiones y escorzos violentísimos.Ya corria la luz en los movimientos de los piés, como haciendo olas en los claros que les dejaban los pasos; ya se veian las manos en alto como que aleteaban palomas blancas en tumulto singular; ya parecian los brazos partes componentes de una maquinaria que se estiraba y se encogia; ya los movimientos de las fisonomías centuplicaban las caras y habia como naufragios de ojos, de sonrisas, en mares de cabellos negros y rubios.Alcalde se habia encaramado á la ventana contigua al caballete, y con su fisonomía animadísima y con sus movimientos, seguia los de los niños, haciendo yo acaso lo mismo, porque el Sr. Godoy nos advirtió á ambos que no nos cayésemos de la ventana.A un toque, volvieron los niños á ordenarse y entraron en sus clases.La escuela de Lincoln esgrammar schools, es decir, escuela de perfeccionamiento de la instruccion primaria.Los departamentos son varios, y en todos ellos hay un preceptor particular, combinándose para cada seccion de enseñanza, niños más y ménos adelantados.En las paredes de todos esos departamentos, hay cuadros con dibujos de ornamentacion, figuras geométricas y retratos de los hombres eminentes de los Estados-Unidos.La clase de deletreo es muy escrupulosa, porque no pronunciándose el inglés segun se escribe, para escribir propiamente se necesita un muy perfecto conocimiento de las letras con que cada palabra se escribe, y este ejercicio es aun de las clases que pudieran llamarse superiores.Para la lectura se acostumbra mucho que todos los niños atiendan al mismo texto; uno lee en voz alta, y el maestro interrumpe, cerciorándose así de que los niños prestan la debida atencion.En varias clases de aritmética está abolido el pizarron: con una pasta adecuada, se forma al rededor del cuarto una especie de guardapolvo (como de hormigon), á la altura de los niños, y esto permite que muchos á la vez hagan la misma operacion. Este pizarron no estorba á la vista y facilita mucho la enseñanza de la lectura, haciendo que los niños escriban letras, sílabas y palabras.En cada departamento, la preceptora ó preceptor están en una plataforma que domina, tras un barandal de madera semicircular. Al entrar los niños, se ponian de pié: se nos presentaba á la preceptora ó preceptor, éstos hacian que losniños mostraran sus conocimientos y despues nos invitaban á que les dirigiésemos la palabra, á lo que accediamos alternativamente Alcalde, ó yo, sirviéndonos de intérprete el Sr. Godoy.Despues de recorrer varias clases, descansamos en el cuarto del profesor, á quien agobiamos á preguntas, lo mismo que al Sr. Godoy. De esto, y de algunas lecturas, formé las ligeras apuntaciones que van á ver mis lectores, siempre que Dios les dé paciencia para ello:El número total de niños registrados en las escuelas del Estado de California, de 5 á 17 años, es de130,930Asistencia constante, término medio78,027Niños que no asisten á las escuelas39,646———————Ingreso anual para la instruccion pública$3.390,35900Egresos”2.701,86334———————Número total de escuelas en el Estado2,190———————Valor de la propiedad de las escuelas de San Francisco$5.068,67830La administracion de la instruccion pública en San Francisco se compone de doce miembros, de los que se cambia un tercio cada año, con un superintendente de escuelas, un diputado, un secretario, un escribiente, un copista y un mandadero.La poblacion total en la ciudad de California se estimaba, en 1875, en 234,000 habitantes, y niños aptos para concurrirá las escuelas, 41,029. De éstos habia registrados en las escuelas públicas, 32,175, y en las privadas, 6,094.Los sueldos de preceptores y preceptoras son, desde seiscientos ácuatro mil pesos, permitiendo estas altas dotaciones el ingreso al profesorado de la primera enseñanza, de personas altamente notables. En California hay la profunda conviccion de que sin decentes dotaciones á los maestros, es imposible la buena enseñanza. Nosotros solemos dotar maestros, sirviéndonos de norma el salario de los cocheros.Hay escuelas conocidas con el nombre de Cosmopolitas, en que se da la instruccion á un tiempo, en francés y aleman.Las escuelas nocturnas, en que se admiten, sin distincion toda clase de personas, sea el sexo, la edad y la procedencia la que fuere, hacen mucho bien. Hay maestros de dibujo y de música, para los que da el Estado 10,500 pesos.El costo del edificio de la escuela de Lincoln en las calles 5.ª y Mercado, cerca del edificio de la casa de Moneda, fué de 125,000 pesos.—Bueno será que deje vd. sus apuntaciones, me dijo un polluelo alegre que habia ido en nuestra busca; eso, continuó señalando mi escrito, para tratado es muy diminuto, y para apuntaciones al correr la pluma, dan sueño.El chico tenia razon: despedímonos del preceptor que nos habia guiado, significándole nuestro profundo reconocimiento, y quedando realmente admirados y envidiosos de la grandeza y de la importancia que da California á la instruccion pública.—No todo ha de ser Valle de lágrimas, ni todoFidel, estar como un santo de piedra sin despegar los ojos del libro: ¿no sabes tú que hay máscaras? ¿no sabes que el dios de la locura agita su sonaja y hace repicar los cascabeles de su cucurucho? Disponte, que esta noche se arde el teatro y la vida es bastante amarga, para desperdiciar la ocasion de echarle unas gotitas de miel.—¿Con esas á mí, eh? ¿con esas? Pues voy al baile, y llevando esta mismísima cara, hago un máscara á pedir de boca: cuenten vdes. conmigo.Esto dije á mis amigos, Lorenzo, Manuel y Pablo.Ocupado con tan sério compromiso, me dirigí á la casa de las Sritas. S. y C., como lo tenia pensado; ardia el mundo de entusiasmo, y los preparativos estaban en todo su ardor.En general, los saloncitos de recepcion de las casas tienen como pared, bajo un elegante arco, dos lienzos corredizos de tablas, que retirándose, se convierten en un salon elegante en las circunstancias graves, y para el ordinario servicio, uno de los saloncitos funge de comedor, asistencia ó gabinete.Las piezas estaban de telon corrido, viéndose por un extremo, mesa, aparadores, cuadros y muebles de un comedor elegante, y por el otro, piano, sofaes, espejos, consolas, cuadros, candelabros y floreros para salon.La juventud y la hermosura reinaban: veíanse por aquí afanosas costureras pegando listones y sembrando flores en los trages, que en abultadas ondas caian de los sofaes á la alfombra; por el otro extremo, chicos de buen carácter arreglando sobre la mesa del comedor, cascos y plumeros, mantos de templarios y luengas cabelleras.Las señoras en un rincon preparaban, para las niñas, peinados, joyas, guantes y cuanto su vanidad maternal les sugeria, para la compostura de las hijas.Ya se deja entender la animacion de los diálogos, las monerías de las presumidas, que con todo les parecia estar mal y ponerse en ridículo: los recuerdos de las ancianas, los planes de los primitos y los amigos íntimos.Y al pedirse del hilo, y al valuar el colorete, y al dame ese carrete, y dónde están las tijeras, se interponia una copita dechericordialó de rompope, ó circulaba un vaso decoptailentre los polacos, ingleses, italianos y mexicanos, que formábamos el grupo masculino.Es de advertir que por aquellos dias estaban en toda su boga losValentines: estosValentinesson obsequios de principio de año, por todo el mundo hechos, y recibidos por los papás y mamás más cerriles.El obsequio delValentinó cortejo consiste en cajitas, cuadros y chucherías, envueltas en papeles picados, y llevando en su centro sentencias, versos, ardientes declaraciones de amor y sátiras más ó ménos picantes.La gracia delValentines conservar el más riguroso anónimo, y esto da lugar á chanzas y pesquisas, de que sacan inmenso partido, el amor, el placer y la inocente amistad.Como es de suponerse, hayValentinesintencionales, y entónces son valiosas cajitas con dulces y alhajas,porta-bouquetsde concha, caracoles, nueces y huevos con ricas joyas, ó por el contrario, algun chistoso envía un rizo de canas, una disciplina, ó una caricatura que hace ver estrellas á la obsequiada.Por supuesto, á las muchachas en cuya casa estaba leshabian llovidoValentines. A Ernestina le enviaron una cajita deliciosa, con unos versos ingleses lindísimos, pegados á una áncora de oro (sospecho que era un marino elValentin); á Virginia, que es como un dulce de agradable, le dirigieron, entre otrosValentines, un guante trunco y un letrero que decia: “Busca el compañero,” y una judía, Raquel, seductora como la beldad bíblica de quien lleva el nombre, recibió en una cajita de ébano unpensamiento, y en el centro un riquísimo diamante, figurando una gota de rocío. En la cajita estaba incrustado, en menudísimas perlas, este nombre: “México.”Y á la muy linda muchacha Mery le dispararon una caricatura en que acariciaba á un vejete su galan, á quien la preciosa niña profesaba especial antipatía, por meloso y farsante.La niña lloraba de cólera y se hacia mil conjeturas.LosValentinesdaban especial atractivo á las máscaras.A las diez de la noche la comparsa estaba lista.Pusiéronse en marcha los disfrazados, y las mamás y yo tomamos rumbo diferente para no denunciar á nuestras amigas.El baile se verificó en el gran salon de Platt, calle de Montgomery: brillaba el edificio como un incendio, formaba ráfagas y labores el gas en la techumbre, y reverberaba en globos de cristal apagado y en lámparas y vasos de colores.La orquesta, desde el palco escénico, derramaba á torrentes la armonía. En un extremo del proscenio se veia un dosel magnífico: bajo él habia majestuosos asientos.Aquel lugar debian ocuparlo, á cierta hora, los jueces ya nombrados, que debian adjudicar premio á la dama mejorvestida, al máscara que mejor caracterizase su papel y al bailarin ó bailarina que más se hubiera distinguido en el arte de Terpsícore.A la entrada del teatro se encontraban los que recibian los boletos, los que recogian sombreros y abrigos, y los comisionados del buen órden del baile, con luengos listones con flecos de canutillos pendientes del ojal del frac.En el fondo del salon y en uno de los costados, se veian grandes cuartos con cantinas y espléndido servicio de licores, refrescos y cenas.El conjunto de la concurrencia era espléndido, los corredores y galerías estaban llenos de gente, que no se mezclaba con las máscaras, y sí en las bancas que rodeaban el salon.Odaliscas, rusas, gitanas, garbosas andaluzas, druidas y hadas vaporosas, cruzaban por aquella atmósfera de luz, armonías y perfumes, entre guerreros, sacerdotes, caballeros de la edad média y figurones grotescos, con caras de perros, de patos y de leones.Pero no habia bromas de carnaval; tal cual francés, vestido de mujer, con insolente descoco daba patadas y hacia cabriolas; el yankee se ahogaba, tiraba la careta y seguia andando con su vestido carnavalesco, como si estuviera en sus negocios.Un vejete de calzon corto y sombrero de tres picos, con un farolillo en la mano, iba, como Diógenes, en busca de un hombre.Lasladiesprovocaban con sus llamamientos á verdaderos autómatas, y no ví nada de más soso ni de más desgarbado que aquel baile de máscaras.Iban á dar las doce de la noche, las cantinas estaban llenasy el salon vacío. Se anunció la marcha de los premios; tomaron sus asientos los jueces; los máscaras, con gravedad oficial, emprendieron su paseo.¡Qué magnificencia de trages! ¡qué lujo de atavíos! ¡qué esplendor de formas en las damas! ¡qué indiferencia y qué frialdad en la mayor parte de los machos!Cesó la música, y se proclamaron los nombres de los premiados.Una bella italiana vestida de reina, obtuvo el premio de la elegancia; premio que consistia en unschalde seda y una bandeja de plata.Se escuchó caluroso aplauso de parte de los hombres; un rumor sordo de descontento contra la parcialidad de los jueces.Al viejo del farol, modelo de sandez y de tiesura insulsa, le adjudicaron como recompensa, un reloj de oro. Y el premio lo recibió en medio de aplausos irónicos, que contribuyeron no poco á extender el buen humor.Por último, el lauro del baile lo otorgaron á unaladysacudida y despierta, que fué resultando hombre al recibir un precioso anillo con un zafiro.Dispersóse la concurrencia; pero se dispersó para agolparse al rededor de un máscara que concentraba la atencion universal y merecia unánimes aplausos.Tenia el máscara bien asentado sobre la espaciosa frente, un sombrero blanco, ancho, con gruesas toquillas y flecos de oro. Chapetas de diamantes que figuraban águilas, y ribetes de galon de oro.Caia sobre sus hombros finísima chaqueta de ante, con botonadura y agujetas de plata, llena de bordados y alamarescomodolman, y unapantalonerade casimir café, con botoncitos de filigrana de oro, de los que cada uno podia pasar por una joya.La camisa, las alhajas, el calzado, y sobre todo, las maneras, decian que aquelpayoera un distinguido caballero mexicano.Elranchero mexicanohablaba inglés, francés, italiano y español perfectamente, sin serle desconocido el aleman, aunque no hablaba en ese idioma. Era elmexicanochancero y alegre; pero encerrándose en la más delicada finura, usaba de chanzas discretas con los jóvenes, á los viejos decia palabras sesudas, y era tan galante con las damas, que le hicieron su favorito y fué el rey de la fiesta.Yo estaba encantado: lo inesperado de la aparicion me tenia lelo y orgulloso; el jóven era mexicano, conocia nuestra vida en lo más íntimo; pero no sospeché siquiera quién fué quien nos dió aquella sorpresa de carnaval.Entónces tuve motivo de conocer á la multitud de gente de California que ha estado en México, que ha hecho en él su fortuna y que ha dejado en todos recuerdos agradables.Elmexicanofué conducido en triunfo á la cantina, se destapó Champaña, se dijeron bríndis, se vitoreó á México, y no lograron, ni la cortesía, ni la hermosura, ni la confianza loca, alzar el velo del extraordinario personaje.Despues de mucho tiempo, en una tertulia privada, invitaron á la linda judía Raquel á que tocase el piano.... cuando lo estaba pulsando, reconocí en uno de sus dedos de marfil, hecho anillo, un botoncito defiligranacon una piedrecita preciosa en el centro, y tal me pareció que pertenecia al equipo delrancherito mexicano.En cambio, otro de mis compañeros se empeñó en seguir á una circasiana espléndida; salió con ella del baile.... y en los extremos de la ciudad.... se quitó la deslumbradora vision la careta, y era.... una negra, feroz, desastrada, amenazadora, hombruna, ronca, que le hizo correr á todo escape hasta el hotel, donde llegó como quien se ha salido de las garras de un tigre.
La librería de Bancroft.—Las escuelas.—La alta sociedad.
ENTRE las personas distinguidas con quienes nos dió conocimiento el Sr. general Vallejo, fué de las más agradables el de M. H. H. Bancroft.
Los hombres estudiosos de México tienen conocimiento de este literato eminente, por la publicacion de su obra monumental titulada: “Sobre el orígen de las razas, etc.”
En efecto, tal obra es por su profundidad de miras, por su correccion y elegancia y por la vastísima erudicion que encierra, una de las más preciadas joyas de la literatura americana.
Antes de pasar adelante, diré que es necesario no confundir á M. H. H. Bancroft con M. Jorge Bancroft, nacido en 1800 en el Estado de Masachutes, autor de la excelenteHistoria de los Estados-Unidos, desde el descubrimiento de América hasta nuestros dias, impresa en Boston en seis volúmenes, desde 1844 á 1855, y uno de los principales redactores de laNorthon American Review.
La publicacion de la obra de M. H. H. Bancroft da idea de la magnitud de sus empresas.
En el quinto piso de la librería que lleva su nombre, está instalado el sabio escritor.
La Biblioteca, de que hablaré despues, tendrá cincuenta varas de extension, dividiéndose en secciones abiertas que la comparten en varios salones, y dos departamentos privados para copistas de ambos sexos y para el Sr. Bancroft.
En la Biblioteca existe una oficina en forma, con empleados superiores y escribientes, ocupados en hacer extractos de las obras que tiene el sabio en estudio; éste forma el conjunto del estudio y escribe, alcanzando así una suma maravillosa de datos.
Además, tiene secciones de correspondencia con varias naciones, y caballeros especialmente expensados en Europa y América para que registren los archivos y le comuniquen noticias.
Es el Sr. Bancroft un hombre de cuarenta y cinco á cincuenta años, perfectamente conservado, y de notable gallardía y finura de maneras.
Alto, rubio, de frente despejada y ojos claros, de una profusa barba como de oro, que se abre bajo su labio inferior y cae sobre su pecho en dos raudales luminosos.
La esposa del Sr. Bancroft es muy jóven y habla perfectamente español, así como su hija, ideal de perfecciones y de gracias.
Presentónos el Sr. Vallejo á M. Bancroft: nos embarcamos en un elegante elevador, y surcando el viento, nos encontramos en dos minutos en los espléndidos salones de la Biblioteca.
M. Bancroft da animacion y como que comunica luz á aquel establecimiento magnífico. Grandes y numerosas ventanas dan luz á los salones: por todas partes se ven atriles con libros, bastidores con mapas, de mecanismo sencillísimo, copiadores y útiles de toda clase, para economía de trabajo y celeridad de todas las operaciones.
Lápices con gutta perca en el extremo opuesto, para borrar; libros en los que se escribe, sacándose dos y tres copias á la vez; reglas, broches, tintas, pinceles y papel de todas clases y tamaños.
Tragaluces, cortinas para modificar la luz, veladores, y no sé cuántas cosas más, para que el pensamiento gire libre y la parte mecánica no lo distraiga ni entorpezca.
Mostrónos el Sr. Bancroft diez y ocho tomos de apuntaciones curiosísimas de solo California, con multitud de anotaciones, hijas de una inverosímil erudicion.
Yo escuchaba con orgullo y con admiracion al Sr. Iglesias y á Gomez del Palacio, ampliar las notas, apuntar las incorrecciones, y verter, sin pretensiones y con la mayor modestia, raudales de erudicion que sorprendian al auditorio, dejando complacido al extremo á nuestro sabiocicerone.
Con especial agrado, y haciéndonos notar mil particularidades y bellezas, hojeó M. Bancroft á nuestra vista la historia inédita de California, escrita por el Sr. general Vallejo, y que es un tesoro de curiosidades científicas y literarias.
¡Qué claridad de estilo! ¡qué sencillez tan limpia y tan llena de verdad!
Vimos muchas preciosidades bibliográficas, entresacadas de cerca de veinte mil volúmenes.
Al fin, nos detuvimos en un saloncito muy esmeradamente cuidado y en el que existirán como cuatro mil tomos, y allí, con la mayor sencillez, nos dijo M. Bancroft: “Examinen vdes. con atencion: todo lo que vdes. ven, habla de México.”
Iglesias, Gomez del Palacio, Alcalde y yo hicimos el registro más minucioso de aquella Biblioteca Mexicana, sin duda la primera en su género en los Estados-Unidos, y acaso, con vergüenza lo confieso, del mismo México.
Autores ignorados; otros apénas conocidos de nombre; ediciones rarísimas, desde la época de Juan Pablos; crónicas de conventos; colecciones de periódicos, desde las primeras Gacetas; folletos; relaciones de viaje manuscritas; diarios curiosos de individuos particulares; autógrafos, y todos los historiadores, desde Alva Yxtlatxochil, hasta nuestros dias.
En cuanto á biografías de mexicanos, el número de las que posee el Sr. Bancroft me sorprendió. No mencionábamos ninguno de nuestros hombres célebres, del que no nos diese detalles, siendo en general rectas y justas sus apreciaciones.
Por halagarnos, y con exquisita galantería, nos mostró el Sr. Bancroft la historia de la guerra americana, en que el Sr. Iglesias y yo escribimos bastante, misIndicaciones sobre las rentas generales, y misViajes de Orden Suprema, diciéndome paraFidel, cariñosos cumplimientos. Es de advertir que yo hace tiempo busco esa obrita para tenerla y no la he podido conseguir.
Dió el Sr. Bancroft al Sr. Iglesias mil testimonios de estimacion, haciendo la justicia que se merecen, su vastísima erudicion, su claro talento y su recto juicio.
Aquella visita fué una aparicion en espíritu de nuestros amigos más queridos; era la asistencia al juicio de la posteridad que les fingia la distancia.
Es dulce encomiar el bello clima y los claros cielos en que vimos la luz; nos enorgullece y como que se citan timbres de nobleza, cuando maravillas de la creacion se ostentan en la patria; pero nada enaltece ni ilumina al alma, como el elogio á nuestros compatriotas eminentes.
Se siente uno bañado en los rayos de sus altas inteligencias, les rinde espontánea admiracion, como que los vemos vengados del desden y de la mala suerte que frecuentemente los aflige.
Sin sombra de envidia; sin las reticencias con que suele el celo amenguar el elogio; sin la realidad de los defectos que suele exagerar nuestra pequeñez; sin los cambiantes colores con que el prisma político nos hace contemplar los objetos, se goza del astro el brillo, de la flor el perfume, del sér sublime la esencia inmortal, vencedora del tiempo; nos hacemos el grandioso apoteósis de esos obreros del Progreso, que son al fin los más grandes blasones de gloria de los pueblos.
Despues de examinar á nuestro sabor la librería, nos invitó el Sr. Bancroft á que por vía de paseo, en nuestro descenso, viéramos el establecimiento de librería que contiene el edificio, uno de los más grandiosos de la calle del Mercado (Market Street).
La librería y sus dependencias, de que nos vamos á ocupar,está situada en la calle de Montgomery, y cuando se proyectó trasladarla á la calle del Mercado, entre la tercera y cuarta calle, en 1869, estaba de tal manera despoblado aquel rumbo, que los burlones decian con cierto chiste: “Bancroft se lleva sus almacenes al campo.”
En ménos de seis años, la humilde calle del Mercado es una avenida de palacios.
El edificio ocupa 170 piés de frente entre las calles del Mercado y la de Steveson.
Los negocios que comprende la librería son por mayor y por menor. Leyes, educacion, billetes de banco, impresiones, música, litografía, etc.
Hay más de doscientas personas empleadas en las diversas oficinas.
El subterráneo óbassement, contiene local para las manipulaciones estereotípicas, y un gran pozo artesiano relacionado con todos los pisos para caso de incendio.
El salon del primer piso, que está al ras de la calle y al que se entra por arcos con cristales de cerca de siete varas de largo, y tan trasparentes que chocaria uno con ellos si no viera á su través papeles suspendidos de sus marcos, tiene 170 piés de largo (56⅔ varas), por 35 piés de ancho (11⅔ varas).
Están las paredes completamente tapizadas de libros, y en el centro forman calle dilatadísimos mostradores con libros y curiosidades para escritorio. Este piso es el destinado á la comunicacion con el público, y al comercio por mayor y al menudeo.
El segundo piso se ha reservado á la fabricacion de libros en blanco, siendo extraordinario el número de máquinas,rayadores, etc., y forjándose por cientos esos libros de baratura extrema y de inmenso consumo. En ese mismo departamento existen las oficinas relativas á la impresion de música.
Ocupan el tercer piso la imprenta y la litografía, y en esto hay tales adelantamientos y se ha llegado á tal perfeccion, que me aseguraron los conocedores, que despues de haber recorrido aquellas oficinas, no me sorprenderian, en cuanto á los prodigios de la mecánica, las grandes oficinas delHeraldde New-York, ni la misma casa de Appleton, que disfruta de nombradía universal.
Todo lo relativo á encuadernacion existe en el cuarto piso, que es un salon lleno de preciosasladiesocupadas en sus labores, y en cuyo local reinan el aseo, el silencio y la decencia.
El quinto piso es en el que nos recibió el Sr. Bancroft y donde tuvimos nuestra agradable entrevista con nuestra patria.
En toda esta dilatada excursion, en que nos llenó de atenciones nuestrocicerone, no dejamos de admirar su erudicion inmensa, su talento perspicaz y una dulzura y sencillez de carácter que cautivan tanto ó más que su inteligencia.
Un amigo nuestro de Sonora nos decia al salir de la librería de Bancroft: “Ya vdes. verán otras librerías y otras imprentas, y se formarán idea del movimiento intelectual de California.”
—¿Se han fijado vdes., continuó, en un edificio ancho, macizo, que se encuentra en la calle de Bush, entre Montgomery y Samsone?
Forman la fachada nueve elevadísimos arcos superpuestos,que tienen otros arcos laterales en intercolumnios, coronando el todo del edificio un bastion de zinc, circundado con su barandal de fierro.
Esa es la que se llama la Librería Mercantil: contienen sus salones, librería, gabinetes de lectura para damas y caballeros con separacion, cuartos para escribir, para platicar y fumar, y un riquísimo museo.
Una asociacion de negociantes fundó este establecimiento por suscricion, que llegó en su principio á la suma de dos mil quinientos pesos. Esto pasaba en 1868.
La asociacion, aunque con nombre mercantil, está al servicio de toda clase de personas, sin distincion de nacionalidades, ni de edad, ni de sexo.
Los socios se han aumentado al número de 2,135, que por medio de muy módica suscricion, sostienen aquel establecimiento, honra del pueblo de California.
Hoy cuenta la Librería Mercantil cincuenta mil volúmenes en los departamentos de ciencias y literatura.
La mayor parte de las obras son en inglés; pero hay muchos libros franceses, alemanes, españoles y de todos los idiomas conocidos.
No me fué dado calcular siquiera en aquel gran número los volúmenes de periódicos políticos, científicos, etc., que á más de los cincuenta mil volúmenes, están á disposicion de los concurrentes á la librería.
La Sociedad de Particulares de San Francisco, costea una librería que tiene treinta y dos mil volúmenes.
Hay otras muchas librerías que tienen objetos especiales, del peculio de las asociaciones privadas, como la librería de Obreros, la de la Academia de ciencias, de Jóvenes cristianos,la librería Militar y la de la Asociacion de los Abogados, que es muy numerosa y escogida.
Además, casi no hay una calle en que no haya una librería, y en puntos de educacion, puede decirse que los libros se esparcen en los vientos y se riegan en las calles.
Los libros usados y los de educacion primaria, abundan á dos y tres centavos, y el zapatero, el sastre, el boticario, dan por vía de halago á sus marchantes, una guía, una historia, un almanaque, cualquier libro curioso, sin contar con los itinerarios de ferrocarriles, que se dan grátis, y con los que se podrian formar cursos completos de historia y geografía.
A pesar de lo expuesto, el espíritu fiscal, siempre mezquino, y el sistema prohibitivo, siempre salvaje, tienen impuestos á los libros que no son americanos tan altos derechos, que hacen su circulacion difícil é influyen no poco en cierto atraso en materias literarias y teorías.
Las personas estudiosas siempre compran los libros extranjeros; pero la misma carestía impide el empleo de sumas en los libros nacionales, resultando que sin beneficiarse esa industria, se perjudican los adelantos.
De ahí es que en lo práctico, mejor dicho, en lo mecánico, los avances son asombrosos; no así en los demás ramos en que se conoce el orígen europeo, dándole cada dia más aprecio la prohibicion, que llama en su auxilio al contrabando, contra esa estúpida legislacion.
—Vdes. no imponen derechos á los libros, me decian los americanos ilustrados; basta ese rasgo para vindicar á vdes. del atraso en que tan injustamente se les supone.
Extractamos por vía de complemento de este capítulo, algunasnoticias tomadas delEvening Post, y que se refieren á la suntuosa librería de Bancroft:
“Desde 1868, dice el periódico á que hacemos referencia, se hallaba M. Bancroft en posesion de cinco mil volúmenes, incluyendo los panfletos.
“En ese año recorrió Madrid, Roma y Viena, aumentando su coleccion.
“En 1869, dejó los negocios mercantiles bajo la direccion de su hermano, y se entregó de todo punto á las tareas literarias, atesorando dia á dia preciosidades bibliográficas.
“Despues de ese tiempo tuvo noticia M. Bancroft, de que en Lepsik se encontraba la Biblioteca del Emperador Maximiliano, formada por el Sr. D. José María Andrade, en un período de más de cuarenta años. Bancroft escribió á Lóndres, puso en juego sus relaciones y recursos, y adquirió más de tres mil volúmenes de curiosidades bibliográficas sobre México, raras y altamente apreciadas en aquella nacion. Entre estos libros hay preciosísimos autógrafos de mexicanos ilustres.
“La librería, de resultas de las nuevas adquisiciones, contaba diez y seis mil volúmenes, en fines de 1869, sin entrar en este cálculo, folletos, periódicos, manuscritos y autográficos de todos los hombres notables de América.
“La librería consta ahora de veinte mil volúmenes, habiéndolos entre ellos de mucho costo: un solo tomo titulado: “Exploracion de las Costas de los Estados-Unidos,” ha tenido de costo 1,000 pesos. La librería se ha valuado, tal como se encuentra, en 60,000 pesos (1872).
“La mayor parte de las obras están escritas en inglés; pero hay como una tercera parte de libros españoles, franceses,latinos, portugueses, alemanes, rusos, aztecas y de varias lenguas indígenas.
“Los libros españoles, las crónicas de los conventos mexicanos, y los manuscritos, forman sin duda la parte más valiosa de la coleccion; entre esos libros se encuentran las “Noticias de las Californias,” del V. P. Francisco Palau, tan codiciadas de los hombres estudiosos.
“Las ediciones más raras de todas las obras sobre California, de Clavijero, Ugarte, Venegas, Gomara y otras, se encuentran en esa librería.
“Hemos visto allí la obra titulada: “Navegacion especulativa y práctica del Almirante Cabrena,” así como los “Viajes de Navarrete y Fages,” y es de muy alto precio sin duda la “Coleccion completa de todos los Concilios Mexicanos.”
“En cuanto á manuscritos, nada tiene tanto valor en la librería de M. Bancroft, como los recuerdos históricos y personales del Sr. general Vallejo.”
Joaquin Alcalde, que es en su trato íntimo, amabilísimo, condescendente y servicial, me acompañaba frecuentemente en mis estudios sobre instruccion pública, que durante mi viaje fueron ocupacion á que me entregaba con particular placer, con la esperanza de sacar de mis tareas algun provecho para mi país.
Antes de tocar materia tan delicada, diré las ideas que yo tenia en general, y que he podido ratificar despues sobre la instruccion pública en los Estados-Unidos. Y advertiré de paso, que estas son muy superficiales apuntaciones, pues mepropongo escribir sobre esta materia un libro especial, con el detenimiento que merece.
Para la nacion americana, la libre escuela ó la escuela comun, es el asunto de todos los ciudadanos, como si se tratara de empeño personal; cuidar la escuela es proveer á la subsistencia de la patria y del suelo en que se vive: por esto el americano no hace distincion marcada en este punto, entre lo que debe á sus hijos y lo que debe á los demás; el niño es la semilla comun; el cuidado es de todos, porque ese niño ignorante podria producir el mal de muchos: esta aspiracion en comun me parece á mí que es el elemento fundamental de la grandeza de la escuela, aunque en esto no hayan pensado escritores eminentes, dedicados al estudio de la instruccion pública en los Estados-Unidos.
Las escuelas se sostienen de los productos de las tierras afectas á esa obligacion, de las contribuciones que se imponen entre sí los ciudadanos y de los donativos de ricos particulares.
La instruccion y la educacion se confunden en la escuela, y se confunden para servir de sávia á las instituciones políticas en que descansa la sociedad.
En la escuela está la patria; allí se identifica el niño con ella, se amamanta á su seno, hace indivisible su vida del bien y la prosperidad de aquella.
La escuela tiene de dar ciudadanos aptos para entender en sus destinos; en la escuela se produce el hombre y sale de ella como armado de todos sus derechos.
Esta materia prima de la sociedad se elabora en la escuela; de ahí los cuidados físicos; de ahí la escrupulosidad moral.
Antes que sabios se quiere que sean honrados; aspiraciondistinta de la nuestra, en que no nos detenemos en que se corrompa el niño, con tal de que se distinga en el púlpito, en la tribuna, ó en el foro.
Los españoles que perseguian en la Nueva España el trabajo, lo primero que instituyeron fuéuna Real y Pontificia Universidad.
La instruccion tiene por objeto en los Estados-Unidos procurar á todos los discípulos, indistintamente, arbitrio para que al salir de las escuelas se puedan aplicar á lasdiversasprofesiones de la vida, dando lleno á sus deberes de ciudadanos y ciudadanas de la República.
El depósito general á que todos los niños tienen accion en las escuelas, es el conocido con los nombres de Instruccion Primaria y Superior, con solo una parte de la enseñanza clásica, que más bien se dirige á las literaturas griega y latina.
De este modo la instruccion es la gran toma de aguas del saber, en que cada cual se provee de lo que necesita, sin coto para tomar ménos que cualquier otro; no hay distincion social, la masa es una y para todos.
La enseñanza, que en España, que en Francia, y en general, en todos los países latinos, era de la gente decente; esa enseñanza á que los hijos de los pobres no podian llegar sino por favor, esa, está en este gran surtidor para todo el mundo, y esta es una peculiaridad esencialísima.
Así, lasgrammar schoolsy laalta escuelason pocas, á las que llegan todos los que tienen fuerzas para ello, sin que la autoridad los detenga en su camino.
Es la instruccion primaria como un paradero de ferrocarril, á donde pueden llegar todos, grátis, y tomar despues elderrotero que le parece, á cada uno, segun sus personales aspiraciones. La democracia, en su expresion más íntima, involucrada en el entendimiento y la conciencia, está en la escuela.
Se calculaba en 1868, que se empleaban 450 millones de pesos en el sostenimiento de los establecimientos de enseñanza, en todos los Estados-Unidos; que habia una escuela por cada 180 habitantes; que el número de preceptores y preceptoras era de 350,000, sobrevigilados por más de 500,000 ciudadanos elegidos por el pueblo.
La escuela tiene por objeto apoderarse de los niños, de las mujeres y de los hombres que ingresan de nuevo á aquella sociedad, y asimilarlos á ella, confundiendo sus intereses con el interes comun. Es como un molde en que cobran formas semejantes las masas que se depositan en él, aplanando y borrando las desigualdades, para que no opongan obstáculos á la felicidad comun.
El negocio de instruccion pública, legalmente es del municipio, bajo la vigilancia del gobierno general: el municipio tiene el deber de que se mantenga un número de escuelas proporcional á los niños de la Comuna; este deber es tan estricto, que si fuera posible que se rehusara á un niño la enseñanza, el padre de familia tendria derecho á demandar daños y perjuicios al ayuntamiento por semejante falta.
Pero en este punto la accion del pueblo es tan poderosa, que el propio municipio no hace sino seguir el impulso de los padres de familia, y el cuerpo de enseñanza no es sino una asociacion popular con funciones determinadas, para el objeto exclusivo de la instruccion.
La enseñanza, como se ha visto, es gratuita, y en cuantoá la obligatoria, nadie pone en duda que se trata de los derechos del niño, sin que pueda existir entre las prerogativas paternales el hacer de un niño un bruto; por el contrario, el deber del Estado es hacer de un niño, no solo un hombre, sino un buen ciudadano.
Por esta razon, el cuidado del Estado, en su calidad de tal, es la instruccion primaria yno otra, porque las carreras profesionales no pueden considerarse como elemento fundamental para la prosperidad pública; mejor dicho, no pueden incluirse entre los deberes del Estado.
Como hemos dicho, las escuelas se dividen en tres clases:primary schools,grammar schools,high schools: estas escuelas se recorren en doce años, y en ellas se aprende:—
Lectura, escritura, dibujo, música, gimnasia, gramática, lengua materna, lenguas extranjeras, geografía, historia, aritmética, álgebra, geometría, trigonometría, física, química, historia natural.... Este es el conjunto de conocimientos puestos al alcance de todo el mundo, y que sirven á su vez para entrar á cualquiera de las carreras profesionales.
Además de estas escuelas, las hay nocturnas, dominicales, y con determinados objetos, entrando en esto la competencia de las sociedades de beneficencia, corporaciones religiosas y aun asociaciones mercantiles é industriales.
Siempre el local en que se sitúa la escuela es un localad hoc, bien ventilado, y en que se atiende á la vez á las condiciones físicas y morales de los niños.
El presupuesto de la ciudad de New-York para la conservacion y mejora de las escuelas, se eleva algunas veces hasta tres millones de pesos.
Hé ahí mis ideas mal expresadas sobre la instruccionpública, es decir, los conocimientos que tenia á mi llegada á California; faltábame ver la práctica, y con este motivo me acompañé de Joaquin Alcalde para visitar la escuela de Lincoln, á cuya visita fuimos invitados por el caballeroso jóven Godoy.
La escuela de Lincoln es un grandioso edificio de dos pisos, coronado por extensa cornisa y rematando en almenas airosas.
El primer piso se compone de una série de salones para las distintas clases, divididos por amplios corredores que reciben las escaleras del primer piso, que es exactamente igual.
La fachada es maciza y severa; pero la alegran vistosos árboles y plantas, y la circunda un elegante barandal de fierro.
A la derecha del espectador, al pié de la ancha escalera del pórtico, se levanta dulce y llena de majestad la estatua de Lincoln, en ademan de invitar á que pasen al establecimiento.
Cuando nosotros entramos eran las nueve y media de la mañana: la persona que nos iba á mostrar la escuela, y es uno de los maestros de mayor categoría, cuyo nombre siento no recordar, se ocupaba en un pequeño despacho en que está la portería, en preparar una leccion sobre objetos.
Abandonó el preceptor su ocupacion, y nos dijo:
—Falta poco ménos de media hora para que los niños tengan sus ejercicios gimnásticos; pero les llamaremos como alarma de fuego, para que vdes. vean á los niños reunidos y juzguen en parte de la disciplina del establecimiento.
Subimos al primer piso y se dió la señal de alarma; oimos al instante un ruido tremendo sobre nuestras cabezas y en el primer piso; pero no desordenado, no tumultuoso, sin que á nadie se escapase un grito, ni hubiera señal del más leve desórden.
Sonaron dos golpes precipitados; entónces, por todas las escaleras que de distintos puntos se desprenden y vienen á convergir al lugar en que nos hallábamos, para derramarse y salir á distintas puertas, salieron rios de muchachos que se precipitaban; pero en hileras, en marcha uniforme, viendo á todos lados, como inquiriendo el lugar del incendio.
Eran cerca de mil los niños que, como raudales, veiamos descender de las alturas; niños desde ocho hasta doce años, perfectamente aseados y peinados, con sus amplias chaquetas, sus holgados pantalones y su lustroso calzado.
La marcha continuó acelerada, porque todas las operaciones se habian verificado en instantes, hasta tocar los niños en las puertas, sin ningun accidente.
—Vea vd. lo que es el órden: bajando en peloton estos niños por las escaleras de madera, me decia Alcalde, habria habido lastimados y atropellados, y habrian tardado doble tiempo.
—Nosotros, dije á Alcalde, en odio al militarismo, vemos de reojo estas formaciones dentro de las escuelas: ellas se prestan á las monerías, empujones y juegos de los niños; pero no tenemos razon: basta solo con la ordenacion de los movimientos, la compostura en el andar, el brío y el despejo de la marcha, para recomendar tal sistema.
Impacientes esperaban los chicos en las puertas, tal vez el toque de salida y dispersion, cuando la campana, porque concampana se daban las señales, llamó á la turba á los patios del gimnasio.
Cesó la alarma, en la misma formacion; pero con la alegría en todos los semblantes, volvieron los jóvenes á los patios, en donde entraron despues de ciertos toques, saltando, gritando, confundiéndose, llenos de contento.
El gran patio del gimnasio se divide en dos secciones, por un gran jacalon central que forma caballete á la altura de las ventanas del primer piso.
Por una de esas ventanas saltó el preceptor, y en pos de él, un ágil muchacho que se terció al hombro la correa de que pendia un tambor, y tocó llamada desde el caballete.
Los chicos se formaron en hileras y por tallas, en ambas secciones del patio, y á los toques comenzaron en un lugar, distintos ejercicios de cabezas, de piés, de manos, de inflexiones y escorzos violentísimos.
Ya corria la luz en los movimientos de los piés, como haciendo olas en los claros que les dejaban los pasos; ya se veian las manos en alto como que aleteaban palomas blancas en tumulto singular; ya parecian los brazos partes componentes de una maquinaria que se estiraba y se encogia; ya los movimientos de las fisonomías centuplicaban las caras y habia como naufragios de ojos, de sonrisas, en mares de cabellos negros y rubios.
Alcalde se habia encaramado á la ventana contigua al caballete, y con su fisonomía animadísima y con sus movimientos, seguia los de los niños, haciendo yo acaso lo mismo, porque el Sr. Godoy nos advirtió á ambos que no nos cayésemos de la ventana.
A un toque, volvieron los niños á ordenarse y entraron en sus clases.
La escuela de Lincoln esgrammar schools, es decir, escuela de perfeccionamiento de la instruccion primaria.
Los departamentos son varios, y en todos ellos hay un preceptor particular, combinándose para cada seccion de enseñanza, niños más y ménos adelantados.
En las paredes de todos esos departamentos, hay cuadros con dibujos de ornamentacion, figuras geométricas y retratos de los hombres eminentes de los Estados-Unidos.
La clase de deletreo es muy escrupulosa, porque no pronunciándose el inglés segun se escribe, para escribir propiamente se necesita un muy perfecto conocimiento de las letras con que cada palabra se escribe, y este ejercicio es aun de las clases que pudieran llamarse superiores.
Para la lectura se acostumbra mucho que todos los niños atiendan al mismo texto; uno lee en voz alta, y el maestro interrumpe, cerciorándose así de que los niños prestan la debida atencion.
En varias clases de aritmética está abolido el pizarron: con una pasta adecuada, se forma al rededor del cuarto una especie de guardapolvo (como de hormigon), á la altura de los niños, y esto permite que muchos á la vez hagan la misma operacion. Este pizarron no estorba á la vista y facilita mucho la enseñanza de la lectura, haciendo que los niños escriban letras, sílabas y palabras.
En cada departamento, la preceptora ó preceptor están en una plataforma que domina, tras un barandal de madera semicircular. Al entrar los niños, se ponian de pié: se nos presentaba á la preceptora ó preceptor, éstos hacian que losniños mostraran sus conocimientos y despues nos invitaban á que les dirigiésemos la palabra, á lo que accediamos alternativamente Alcalde, ó yo, sirviéndonos de intérprete el Sr. Godoy.
Despues de recorrer varias clases, descansamos en el cuarto del profesor, á quien agobiamos á preguntas, lo mismo que al Sr. Godoy. De esto, y de algunas lecturas, formé las ligeras apuntaciones que van á ver mis lectores, siempre que Dios les dé paciencia para ello:
La administracion de la instruccion pública en San Francisco se compone de doce miembros, de los que se cambia un tercio cada año, con un superintendente de escuelas, un diputado, un secretario, un escribiente, un copista y un mandadero.
La poblacion total en la ciudad de California se estimaba, en 1875, en 234,000 habitantes, y niños aptos para concurrirá las escuelas, 41,029. De éstos habia registrados en las escuelas públicas, 32,175, y en las privadas, 6,094.
Los sueldos de preceptores y preceptoras son, desde seiscientos ácuatro mil pesos, permitiendo estas altas dotaciones el ingreso al profesorado de la primera enseñanza, de personas altamente notables. En California hay la profunda conviccion de que sin decentes dotaciones á los maestros, es imposible la buena enseñanza. Nosotros solemos dotar maestros, sirviéndonos de norma el salario de los cocheros.
Hay escuelas conocidas con el nombre de Cosmopolitas, en que se da la instruccion á un tiempo, en francés y aleman.
Las escuelas nocturnas, en que se admiten, sin distincion toda clase de personas, sea el sexo, la edad y la procedencia la que fuere, hacen mucho bien. Hay maestros de dibujo y de música, para los que da el Estado 10,500 pesos.
El costo del edificio de la escuela de Lincoln en las calles 5.ª y Mercado, cerca del edificio de la casa de Moneda, fué de 125,000 pesos.
—Bueno será que deje vd. sus apuntaciones, me dijo un polluelo alegre que habia ido en nuestra busca; eso, continuó señalando mi escrito, para tratado es muy diminuto, y para apuntaciones al correr la pluma, dan sueño.
El chico tenia razon: despedímonos del preceptor que nos habia guiado, significándole nuestro profundo reconocimiento, y quedando realmente admirados y envidiosos de la grandeza y de la importancia que da California á la instruccion pública.
—No todo ha de ser Valle de lágrimas, ni todoFidel, estar como un santo de piedra sin despegar los ojos del libro: ¿no sabes tú que hay máscaras? ¿no sabes que el dios de la locura agita su sonaja y hace repicar los cascabeles de su cucurucho? Disponte, que esta noche se arde el teatro y la vida es bastante amarga, para desperdiciar la ocasion de echarle unas gotitas de miel.
—¿Con esas á mí, eh? ¿con esas? Pues voy al baile, y llevando esta mismísima cara, hago un máscara á pedir de boca: cuenten vdes. conmigo.
Esto dije á mis amigos, Lorenzo, Manuel y Pablo.
Ocupado con tan sério compromiso, me dirigí á la casa de las Sritas. S. y C., como lo tenia pensado; ardia el mundo de entusiasmo, y los preparativos estaban en todo su ardor.
En general, los saloncitos de recepcion de las casas tienen como pared, bajo un elegante arco, dos lienzos corredizos de tablas, que retirándose, se convierten en un salon elegante en las circunstancias graves, y para el ordinario servicio, uno de los saloncitos funge de comedor, asistencia ó gabinete.
Las piezas estaban de telon corrido, viéndose por un extremo, mesa, aparadores, cuadros y muebles de un comedor elegante, y por el otro, piano, sofaes, espejos, consolas, cuadros, candelabros y floreros para salon.
La juventud y la hermosura reinaban: veíanse por aquí afanosas costureras pegando listones y sembrando flores en los trages, que en abultadas ondas caian de los sofaes á la alfombra; por el otro extremo, chicos de buen carácter arreglando sobre la mesa del comedor, cascos y plumeros, mantos de templarios y luengas cabelleras.
Las señoras en un rincon preparaban, para las niñas, peinados, joyas, guantes y cuanto su vanidad maternal les sugeria, para la compostura de las hijas.
Ya se deja entender la animacion de los diálogos, las monerías de las presumidas, que con todo les parecia estar mal y ponerse en ridículo: los recuerdos de las ancianas, los planes de los primitos y los amigos íntimos.
Y al pedirse del hilo, y al valuar el colorete, y al dame ese carrete, y dónde están las tijeras, se interponia una copita dechericordialó de rompope, ó circulaba un vaso decoptailentre los polacos, ingleses, italianos y mexicanos, que formábamos el grupo masculino.
Es de advertir que por aquellos dias estaban en toda su boga losValentines: estosValentinesson obsequios de principio de año, por todo el mundo hechos, y recibidos por los papás y mamás más cerriles.
El obsequio delValentinó cortejo consiste en cajitas, cuadros y chucherías, envueltas en papeles picados, y llevando en su centro sentencias, versos, ardientes declaraciones de amor y sátiras más ó ménos picantes.
La gracia delValentines conservar el más riguroso anónimo, y esto da lugar á chanzas y pesquisas, de que sacan inmenso partido, el amor, el placer y la inocente amistad.
Como es de suponerse, hayValentinesintencionales, y entónces son valiosas cajitas con dulces y alhajas,porta-bouquetsde concha, caracoles, nueces y huevos con ricas joyas, ó por el contrario, algun chistoso envía un rizo de canas, una disciplina, ó una caricatura que hace ver estrellas á la obsequiada.
Por supuesto, á las muchachas en cuya casa estaba leshabian llovidoValentines. A Ernestina le enviaron una cajita deliciosa, con unos versos ingleses lindísimos, pegados á una áncora de oro (sospecho que era un marino elValentin); á Virginia, que es como un dulce de agradable, le dirigieron, entre otrosValentines, un guante trunco y un letrero que decia: “Busca el compañero,” y una judía, Raquel, seductora como la beldad bíblica de quien lleva el nombre, recibió en una cajita de ébano unpensamiento, y en el centro un riquísimo diamante, figurando una gota de rocío. En la cajita estaba incrustado, en menudísimas perlas, este nombre: “México.”
Y á la muy linda muchacha Mery le dispararon una caricatura en que acariciaba á un vejete su galan, á quien la preciosa niña profesaba especial antipatía, por meloso y farsante.
La niña lloraba de cólera y se hacia mil conjeturas.
LosValentinesdaban especial atractivo á las máscaras.
A las diez de la noche la comparsa estaba lista.
Pusiéronse en marcha los disfrazados, y las mamás y yo tomamos rumbo diferente para no denunciar á nuestras amigas.
El baile se verificó en el gran salon de Platt, calle de Montgomery: brillaba el edificio como un incendio, formaba ráfagas y labores el gas en la techumbre, y reverberaba en globos de cristal apagado y en lámparas y vasos de colores.
La orquesta, desde el palco escénico, derramaba á torrentes la armonía. En un extremo del proscenio se veia un dosel magnífico: bajo él habia majestuosos asientos.
Aquel lugar debian ocuparlo, á cierta hora, los jueces ya nombrados, que debian adjudicar premio á la dama mejorvestida, al máscara que mejor caracterizase su papel y al bailarin ó bailarina que más se hubiera distinguido en el arte de Terpsícore.
A la entrada del teatro se encontraban los que recibian los boletos, los que recogian sombreros y abrigos, y los comisionados del buen órden del baile, con luengos listones con flecos de canutillos pendientes del ojal del frac.
En el fondo del salon y en uno de los costados, se veian grandes cuartos con cantinas y espléndido servicio de licores, refrescos y cenas.
El conjunto de la concurrencia era espléndido, los corredores y galerías estaban llenos de gente, que no se mezclaba con las máscaras, y sí en las bancas que rodeaban el salon.
Odaliscas, rusas, gitanas, garbosas andaluzas, druidas y hadas vaporosas, cruzaban por aquella atmósfera de luz, armonías y perfumes, entre guerreros, sacerdotes, caballeros de la edad média y figurones grotescos, con caras de perros, de patos y de leones.
Pero no habia bromas de carnaval; tal cual francés, vestido de mujer, con insolente descoco daba patadas y hacia cabriolas; el yankee se ahogaba, tiraba la careta y seguia andando con su vestido carnavalesco, como si estuviera en sus negocios.
Un vejete de calzon corto y sombrero de tres picos, con un farolillo en la mano, iba, como Diógenes, en busca de un hombre.
Lasladiesprovocaban con sus llamamientos á verdaderos autómatas, y no ví nada de más soso ni de más desgarbado que aquel baile de máscaras.
Iban á dar las doce de la noche, las cantinas estaban llenasy el salon vacío. Se anunció la marcha de los premios; tomaron sus asientos los jueces; los máscaras, con gravedad oficial, emprendieron su paseo.
¡Qué magnificencia de trages! ¡qué lujo de atavíos! ¡qué esplendor de formas en las damas! ¡qué indiferencia y qué frialdad en la mayor parte de los machos!
Cesó la música, y se proclamaron los nombres de los premiados.
Una bella italiana vestida de reina, obtuvo el premio de la elegancia; premio que consistia en unschalde seda y una bandeja de plata.
Se escuchó caluroso aplauso de parte de los hombres; un rumor sordo de descontento contra la parcialidad de los jueces.
Al viejo del farol, modelo de sandez y de tiesura insulsa, le adjudicaron como recompensa, un reloj de oro. Y el premio lo recibió en medio de aplausos irónicos, que contribuyeron no poco á extender el buen humor.
Por último, el lauro del baile lo otorgaron á unaladysacudida y despierta, que fué resultando hombre al recibir un precioso anillo con un zafiro.
Dispersóse la concurrencia; pero se dispersó para agolparse al rededor de un máscara que concentraba la atencion universal y merecia unánimes aplausos.
Tenia el máscara bien asentado sobre la espaciosa frente, un sombrero blanco, ancho, con gruesas toquillas y flecos de oro. Chapetas de diamantes que figuraban águilas, y ribetes de galon de oro.
Caia sobre sus hombros finísima chaqueta de ante, con botonadura y agujetas de plata, llena de bordados y alamarescomodolman, y unapantalonerade casimir café, con botoncitos de filigrana de oro, de los que cada uno podia pasar por una joya.
La camisa, las alhajas, el calzado, y sobre todo, las maneras, decian que aquelpayoera un distinguido caballero mexicano.
Elranchero mexicanohablaba inglés, francés, italiano y español perfectamente, sin serle desconocido el aleman, aunque no hablaba en ese idioma. Era elmexicanochancero y alegre; pero encerrándose en la más delicada finura, usaba de chanzas discretas con los jóvenes, á los viejos decia palabras sesudas, y era tan galante con las damas, que le hicieron su favorito y fué el rey de la fiesta.
Yo estaba encantado: lo inesperado de la aparicion me tenia lelo y orgulloso; el jóven era mexicano, conocia nuestra vida en lo más íntimo; pero no sospeché siquiera quién fué quien nos dió aquella sorpresa de carnaval.
Entónces tuve motivo de conocer á la multitud de gente de California que ha estado en México, que ha hecho en él su fortuna y que ha dejado en todos recuerdos agradables.
Elmexicanofué conducido en triunfo á la cantina, se destapó Champaña, se dijeron bríndis, se vitoreó á México, y no lograron, ni la cortesía, ni la hermosura, ni la confianza loca, alzar el velo del extraordinario personaje.
Despues de mucho tiempo, en una tertulia privada, invitaron á la linda judía Raquel á que tocase el piano.... cuando lo estaba pulsando, reconocí en uno de sus dedos de marfil, hecho anillo, un botoncito defiligranacon una piedrecita preciosa en el centro, y tal me pareció que pertenecia al equipo delrancherito mexicano.
En cambio, otro de mis compañeros se empeñó en seguir á una circasiana espléndida; salió con ella del baile.... y en los extremos de la ciudad.... se quitó la deslumbradora vision la careta, y era.... una negra, feroz, desastrada, amenazadora, hombruna, ronca, que le hizo correr á todo escape hasta el hotel, donde llegó como quien se ha salido de las garras de un tigre.