XVEl correo.—La aduana.—El Hipódromo.—Caballos trotadores.ENTRE las calles deBatteryy de Washington está colocado el correo, en conyugal armonía con la aduana, lo que no concuerda con la grandeza que tienen en general las construcciones de California.Es un edificio aislado con avenidas á los cuatro vientos, con escalinatas y columnas á cada frente, y que pasaria por un bello edificio si no estuviera en California.Poco tiene que ver el edificio en los corredores que sirven de despacho, porque formándole altas paredes los cajoncitos de apartado, la comunicacion entre el público y los empleados, ó son buzones con las diversas carreras de correspondencia, ó son postigos en los que se venden estampas,se requisitan certificados y se dan las poquísimas cartas que se ponen en lista.Las operaciones de cambio y situacion de dinero están en otra oficina separada, aunque conexa y en el mismo edificio del correo.Pero si es cierto que no llamó mi atencion el edificio, sí me pareció muy digno de atencion y de alabanza el servicio postal, por más que se noten grandes abusos.En la conciencia del gobierno y en la del último de los ciudadanos está que la comunicacion es la respiracion, que el servicio postal debe estar al alcance, no de la última aldea ni de la última choza, sino del último de los ciudadanos.Despues de levantada del suelo la colonia naciente, entre la primera y segunda casa, hay una lata, una piedra, una carreta, en que está escritoPost office, y no importa que no haya comunicacion ni que se derroche en el aprovechamiento de los especuladores: la balija lleva el hilo misterioso que une todos los vínculos sociales con aquel ó aquellos hombres que parecen olvidados en los desiertos.Se cree que donde está un hombre asiste la patria entera, para darle á entender que pertenece á la gran comunidad social.La bondad del servicio del correo se mide por la extension, la regularidad, la seguridad y la violencia de los servicios que presta, no por sus rendimientos.En México tuvimos un administrador de correos, que formó á su antecesor una reputacion de despilfarrado, porque extendió varias líneas de comunicacion, y el muy bárbaro se jactaba de tener catorce mil pesos en caja, sin pensar en crear una sola vía nueva para la correspondencia. Losingular es que el gobierno y el público aplaudian á dos manos al inservible pero honradísimo administrador.El solo condado de California tiene más de mil administraciones de correos, y Nuevo-México más de cien, con todo y ser un país casi desierto.En la naciente ciudad de San Francisco se distribuyen de cuatro á seis mil cartas diarias, y veinticinco mil, tambien diariamente, en todo el Estado. Además, mensualmente se dirigen á China y al Japon seis mil cartas, cinco mil á Australia, á la América central cuatro mil, y sobre seis mil se reparten entre las islas de Sandwich, Alasca y otros puntos.Para la proteccion de carreras extraordinarias, se gastan veinticinco mil pesos por semana.El número de periódicos que se reciben es enorme, y se calculan por toneladas para la valuacion de los fletes.Un pequeño ejército de empleados da cumplido lleno á las diferentes labores del correo: cincuenta y cinco se emplean en lo que se llama servicio de puertas, es decir, recibir y repartir la correspondencia en el interior de la oficina, treinta fungen como agentes y escribientes, y cuarenta trabajan con la denominacion de mensajeros ó colectores (carteros).El servicio de la ciudad se hace por pequeñas cajas de fierro, fijas en las columnas que sostienen los faroles del gas. Tres veces al dia recogen la correspondencia de esos buzones los carteros, y tres veces reparten las cartas con la mayor puntualidad.El cartero deja las cartas á los porteros, y cuando no hay porteros, usa un silbato para avisar su llegada á una casa, y que estén pendientes los que en ello tengan interes.La proteccion al correo es decidida; no hay circunstancia alguna, por grave que sea, que embarace su tránsito, y cuando el cerco es más riguroso, por ejemplo, en un incendio, el correo se abre paso con solo anunciarse.A veces, mejor dicho, con mucha frecuencia, se llenan las cajas ó buzones de la correspondencia que están en las calles; el público no se detiene por eso, continúa poniendo cartas y periódicos sobre la tapa de la caja, á la vista y al alcance de todo el mundo, sin que se dé el caso de que se pierda una carta, ni de que nadie se atreva á tocar aquellos papeles, puestos bajo el sagrado de la confianza pública. Este solo rasgo hace la apología de un pueblo.Ya hemos indicado que del edificio de la aduana no se puede hacer una descripcion especial, confundida, como está, con el correo, y teniendo las oficinas un carácter provisional y una adicion en otro edificio que está á la espalda del correo.Por lo demás, la aduana de San Francisco se considera que ocupa el cuarto lugar en importancia entre los Estados-Unidos, siendo solo inferior á New-York, Boston y Baltimore, pero superior á Filadelfia y Nueva-Orleans.Las embarcaciones que entran en el puerto anualmente, son 45,000, que miden más de millon y medio de toneladas anualmente.Las embarcaciones proceden de Europa y los mismos Estados-Unidos, China, Japon, Indias Occidentales, Polinesia, Sur América y casi todos los puntos del globo.Se calcula el importe de los derechos aduanales solo en San Francisco, en ocho millones de pesos anualmente, y el valor de las exportaciones es de veinticinco millones por dicho puerto, y las extracciones de todo el Estado cerca de sesenta.Por supuesto que en esa suma están incluidos los productos minerales. Pero la sorprendente grandeza de California se debe en gran manera á su puerto de depósito, del que no me ocupo, porque ya ven mis lectores que voy con la maleta debajo del brazo y escribo mis apuntaciones sobre la rodilla. Por lo demás, en mi obrita de economía política he tratado con la extension debida esta materia, repitiendo hasta el fastidio que los puertos de depósito son una necesidad imperiosa para todo el país, y para los pueblos de Occidente una tabla de salvacion......—¿Y qué me quieren vdes.? dije á mis amigos que entraban por mi puerta, dejando libros y poniendo á un lado los números que tenia en rigurosa formacion para escribir sobre la aduana.—Queremos, me dijo Pablo, con su hosquedad que no lo abandona jamás, que cumplas tu palabra á los amigos á quienes tenemos esperando en el Hipódromo.—Te sobra la razon; van á ser las doce y á las once fué la cita: si de que me veo con ciertos librejos delante, me pongo cerrado de mollera, como guarda de garita ó lector apasionado deEl Flos Santorum. Allá voy.Y diciendo y haciendo, zambullí la cabeza en el agua, mepasé los dedos por entre los cabellos, que es en lo que consiste mitoillet, y fuí á acabarme de vestir y á ponerme la corbata á la puerta de la calle, como lo tengo de costumbre, cuando no se me olvida la tal corbata.Instaléme con mis tres compañeros en un carruaje abierto, cubriéndonos muslos y rodillas con voluptuosas pieles de lobo marino, y partimos para el Hipódromo, que se halla á un lado del Parque, por donde hemos paseado ántes de hacer conocimiento conCliff-House.El Hipódromo es de la propiedad y está bajo la direccion delJockey Club, asociacion instituida para el desarrollo y mejoramiento de la raza caballar.La parte exterior del Hipódromo es un segmento de círculo, en donde se ven tránsitos, corredores y escaleras para distintos departamentos.La entrada es como la de nuestras plazas de toros.El segmento de círculo que hemos visto exteriormente, está ocupado por cuádruple galería de amplios tránsitos comunes, asientos ó bancos, y lumbreras con asientos para señoras.Corona el lugar que describimos una amplísima galería llena de sillas, y en el extremo derecho lujosos asientos y privilegiados lugares para los individuos del Club, porque aquel es su departamento especial.Limitando la galería se perciben ricos salones, cantina bien surtida y gabinetitos para comidas y refrescos.Casi en la base de la gradería, y de uno y otro extremo, se encuentran situados los departamentos para caballos y ginetes, teniendo la preferencia los primeros, porque se trata de verdaderas alcobas, perfectamente entablonadas, consus lechos de paja, sus mantas, sus cortinas, sus útiles de aseo, su cuarto para el veterinario, y sus remedios para los casos que puedan ocurrir.El Hipódromo tiene figura elíptica y su extension es de una milla, de amplia calzada, perfectamente terraplenada de arena menuda, y corriendo entre dos cercas de tabla que forman valla. El ancho del carril serán diez varas.En la elipse interior que forma la valla, se levanta el tablado de los jueces, con vista á todos lados, y bajo su techo una mesa, reloj, ampolleta y recado de escribir.Al rededor del tablado, y en el amplio espacio que deja la cerca del Hipódromo, discurren los facultativos, los íntimos y los que ensayan sus caballos y ajustan sus partidos.Al dirigirnos al Hipódromo, en competencia con multitud de carruajes y caballos, distinguiamos á lo léjos, en todas las alturas que rodean el circo, un gentío inmenso, que realmente hacia desaparecer lomas y colinas, sobresaliendo en la figura de las eminencias, y siguiendo su forma, lujosas calesas, ágilestilburis, arrogantes faetones y caballos lindísimos.En la parte interior del Hipódromo formaba masa compacta la concurrencia: los hombres permanecian de pié en las gradas. Las damas formaban orlas encantadoras entre sus trages de pieles, flores y plumas, y la luz jugaba en las sombrillas, en los velos y en los rizos de las hermosas.No habia carreras; la competencia se habia anunciado con caballos trotadores, con tales particularidades y con circunstancias tales, como si se tratara de los héroes de la Iliada.El orígen de caballos y yeguas, sus retratos, los caballos históricos que habian ilustrado la genealogía de cada corredor, con altas proezas y referencias á sus títulos de nobleza ó blasones escrupulosamente registrados.El programa de la funcion á que asistiamos era igualmente minucioso. El peso de losvogues, el de los aurigas, el nombre y color de cada cuadrúpedo, la cantidad de las apuestas, los nombres de vedores, de jueces y de árbitros, todo se contaba en el programa, con especiales detalles y con una formalidad, como en el negocio público de mayor trascendencia.Reinaba la confusion: á nuestra entrada, la concurrencia vagaba de los establos á los lugares de las apuestas, al tablado de los jueces, á las lumbreras y las gradas: de pronto se presentaron en la escena los primeros lidiadores.Elvoguees un quitrin de dos ó cuatro ruedas y caja de dos asientos; pero la diferencia entre elvoguecomun y los corredores, consiste en que está suprimida la caja y hay en su lugar uno como asiento de albardon que sirve al conductor. La construccion de estosvogueses tan leve, las varillas del juego tan delgadas y ligeras, que parecen de alambre ó de hilo; se le figura á uno que desenredándose, se podian contener en un carrete. Hayvogueque pesa únicamente setenta y cinco libras; el peso comun son noventa libras.Aparecieron, como digo, los campeones con sus cachuchas de prolongada visera, sus chaquetillas de seda, coloradas, verdes, azules, amarillas y otros colores, pantalon blanco de casimir ó punto, y borceguí á la pantorrilla, cubriendo el pantalon.ElJockey, ó corredor, se sienta en la uña central del juego, abre de par en par sus piernas, las apoya en las varas que carga el caballo, é inclina su cuerpo hácia adelante; la figura que forma el conjunto, es grotesca, es como un pinacate cabalgando en una araña.Los caballos eran lindísimos: cuello tendido, leve cintura, anca redonda; las piernas delgadas y ligeras como cañas de la India, el ojo ardiente, la nariz abierta, y las crines tendidas.Cinco eran los adalides, sobre cinco rúbricas de fierro, moviéndose con tal ligereza y haciendo giros tan vistosos, que con razon animaban la concurrencia.Los conocedores saltaron cerca de la valla; veian si el caballo metia el pié; si tenia puesto el forro para no chocar con la tierra dura el pié ó la mano; si el arnés estaba seguro; si el freno era adecuado, y entónces llovian las apuestas y tenian expansion las simpatías.Fueron á las voces de mando encarrilándose los cinco campeones; los caballos, inteligentes, se observaban, husmeaban, inquirian con inteligencia suma el sonido de la campana, piafando, conteniéndose apénas.... en un momento inesperado, sonó la campana.... la concurrencia toda se puso en pié.... al fin partieron....Confundiéronse los carruajes: en las sinuosidades del terreno, muy calculadas, aparecian los competidores para perderse y reaparecer de nuevo: los espectadores seguian con inquietud extrema la competencia.... un caballo negro hacia punta, seguíale un alazan.... despues un bayo; los otros caballos quedaban muy atrás.... se acercan.... se oye golpear la tierra con las herraduras de los corceles.... yallegan.... se duda si el alazan ó el prieto pisará la línea; al fin, el prieto cruza.... desembarazado, arrogante, victorioso.... la concurrencia aplaude con entusiasmo, las damas agitan sus pañuelos, el nombre delJockeyafortunado se proclama entre vivas y bravos!Así se entablaron varias competencias hasta anunciarse la última, en que una yegua, cuyo retrato y biografía circulaban con profusion, saltó á la arena.A la presencia de la yegua, abandonaron sus asientos losamatteursy fueron á cortejarla como á una reina; la veian, la acariciaban, le prodigaban elogios, le decian: “encantadora señorita.”El hermoso animal parecia comprender y se mostraba contenta de sus adoradores.Se anunció la carrera, se cruzaron las apuestas, y casi sin esfuerzo venció la gran señora de las yeguas, marcando con un nuevo lauro su alta posicion.Al terminar esta carrera, algunos de los individuos del Club nos invitaron á tomar una copa, y penetramos en los grandes salones, en donde habia distinguidas señoritas.Yo no sé por qué singularidad de mi fortuna, uno de los más afamados conocedores me creyó inteligente, y por más que le protesté mi ignorancia, y no obstante llamar testigos para probar mi inutilidad, luego que concluyó la carrera, me llevó á la caballeriza de la yegua, donde recibia como una prima donna en su cuarto.La yegua estaba arropada con una rica manta, se le daban paseos cortos, despues se le sirvió agua con los tragos contados.El amigo accidental que me deparó la fortuna, se empeñóen instruirme en lo que él creyó á pié juntillas mi especialidad.—Hasta 1852, me decia, no se pensó en California en introducir caballos de raza pura procedentes del Ohio y el Kentucky; á la vez que llegaron los primeros caballos, tuvimos el gusto de recibir aquí á la famosa yegua llamadaBlak Swan(cisne negro.) Estadamacorrió una carrera de diez mil pesos, pagaderos en ganado, contra un caballo mexicano cuyo nombre eraZarco, por cierto, soberbio animal.Al comodoro Stockton somos deudores del primer caballo de las grandes razas inglesas, llamadoLongfelow, porque ya vd. sabe que los caballos célebres tienen nombres de personajes célebres; un potrillo, su hijo, le acompañaba como si fuera príncipe heredero.Ashlan, caballo finísimo, vino á vivir entre nosotros: los caballos de esas razas se vendian á diez mil pesos en el Sacramento, y llegaron á alcanzar de velocidad en la carrera, cuatro millas en 7 minutos y 30 segundos.En 1864, M. Alexandre pagó quince mil pesos porLexington, que era un caballo ilustre y ciego como Milton; cuando le burlaban decia que los hijos deLexingtonvaldrian tanto como sus hijos del comprador.Por aquellos tiempos se verificó la famosa carrera deNorfolkyLodi: corrieron esos caballos tres millas; el primero, en 5 minutos 27½ segundos; el segundo, en 5-29½: el vencido siguió disfrutando la consideracion que se habia sabido conquistar.—Muchos progresos han hecho, continuó mi instructor, en cuanto al desarrollo de las más escogidas razas de los Estados-Unidos y Australia. Hoy por hoy, podemos lisonjearnosde que la raza de California es de las más sobresalientes. Pero en lo que sí podemos tener ventajosa competencia con cualquier país del mundo, es en cuanto á los caballos trotadores. ElOccidente, que es el primero de nuestros caballos de este género, trota una milla en 2 minutos 16¾ de segundo, y en tres millas, un caballo de carrera no le sacará de ventaja dos minutos.
XVEl correo.—La aduana.—El Hipódromo.—Caballos trotadores.ENTRE las calles deBatteryy de Washington está colocado el correo, en conyugal armonía con la aduana, lo que no concuerda con la grandeza que tienen en general las construcciones de California.Es un edificio aislado con avenidas á los cuatro vientos, con escalinatas y columnas á cada frente, y que pasaria por un bello edificio si no estuviera en California.Poco tiene que ver el edificio en los corredores que sirven de despacho, porque formándole altas paredes los cajoncitos de apartado, la comunicacion entre el público y los empleados, ó son buzones con las diversas carreras de correspondencia, ó son postigos en los que se venden estampas,se requisitan certificados y se dan las poquísimas cartas que se ponen en lista.Las operaciones de cambio y situacion de dinero están en otra oficina separada, aunque conexa y en el mismo edificio del correo.Pero si es cierto que no llamó mi atencion el edificio, sí me pareció muy digno de atencion y de alabanza el servicio postal, por más que se noten grandes abusos.En la conciencia del gobierno y en la del último de los ciudadanos está que la comunicacion es la respiracion, que el servicio postal debe estar al alcance, no de la última aldea ni de la última choza, sino del último de los ciudadanos.Despues de levantada del suelo la colonia naciente, entre la primera y segunda casa, hay una lata, una piedra, una carreta, en que está escritoPost office, y no importa que no haya comunicacion ni que se derroche en el aprovechamiento de los especuladores: la balija lleva el hilo misterioso que une todos los vínculos sociales con aquel ó aquellos hombres que parecen olvidados en los desiertos.Se cree que donde está un hombre asiste la patria entera, para darle á entender que pertenece á la gran comunidad social.La bondad del servicio del correo se mide por la extension, la regularidad, la seguridad y la violencia de los servicios que presta, no por sus rendimientos.En México tuvimos un administrador de correos, que formó á su antecesor una reputacion de despilfarrado, porque extendió varias líneas de comunicacion, y el muy bárbaro se jactaba de tener catorce mil pesos en caja, sin pensar en crear una sola vía nueva para la correspondencia. Losingular es que el gobierno y el público aplaudian á dos manos al inservible pero honradísimo administrador.El solo condado de California tiene más de mil administraciones de correos, y Nuevo-México más de cien, con todo y ser un país casi desierto.En la naciente ciudad de San Francisco se distribuyen de cuatro á seis mil cartas diarias, y veinticinco mil, tambien diariamente, en todo el Estado. Además, mensualmente se dirigen á China y al Japon seis mil cartas, cinco mil á Australia, á la América central cuatro mil, y sobre seis mil se reparten entre las islas de Sandwich, Alasca y otros puntos.Para la proteccion de carreras extraordinarias, se gastan veinticinco mil pesos por semana.El número de periódicos que se reciben es enorme, y se calculan por toneladas para la valuacion de los fletes.Un pequeño ejército de empleados da cumplido lleno á las diferentes labores del correo: cincuenta y cinco se emplean en lo que se llama servicio de puertas, es decir, recibir y repartir la correspondencia en el interior de la oficina, treinta fungen como agentes y escribientes, y cuarenta trabajan con la denominacion de mensajeros ó colectores (carteros).El servicio de la ciudad se hace por pequeñas cajas de fierro, fijas en las columnas que sostienen los faroles del gas. Tres veces al dia recogen la correspondencia de esos buzones los carteros, y tres veces reparten las cartas con la mayor puntualidad.El cartero deja las cartas á los porteros, y cuando no hay porteros, usa un silbato para avisar su llegada á una casa, y que estén pendientes los que en ello tengan interes.La proteccion al correo es decidida; no hay circunstancia alguna, por grave que sea, que embarace su tránsito, y cuando el cerco es más riguroso, por ejemplo, en un incendio, el correo se abre paso con solo anunciarse.A veces, mejor dicho, con mucha frecuencia, se llenan las cajas ó buzones de la correspondencia que están en las calles; el público no se detiene por eso, continúa poniendo cartas y periódicos sobre la tapa de la caja, á la vista y al alcance de todo el mundo, sin que se dé el caso de que se pierda una carta, ni de que nadie se atreva á tocar aquellos papeles, puestos bajo el sagrado de la confianza pública. Este solo rasgo hace la apología de un pueblo.Ya hemos indicado que del edificio de la aduana no se puede hacer una descripcion especial, confundida, como está, con el correo, y teniendo las oficinas un carácter provisional y una adicion en otro edificio que está á la espalda del correo.Por lo demás, la aduana de San Francisco se considera que ocupa el cuarto lugar en importancia entre los Estados-Unidos, siendo solo inferior á New-York, Boston y Baltimore, pero superior á Filadelfia y Nueva-Orleans.Las embarcaciones que entran en el puerto anualmente, son 45,000, que miden más de millon y medio de toneladas anualmente.Las embarcaciones proceden de Europa y los mismos Estados-Unidos, China, Japon, Indias Occidentales, Polinesia, Sur América y casi todos los puntos del globo.Se calcula el importe de los derechos aduanales solo en San Francisco, en ocho millones de pesos anualmente, y el valor de las exportaciones es de veinticinco millones por dicho puerto, y las extracciones de todo el Estado cerca de sesenta.Por supuesto que en esa suma están incluidos los productos minerales. Pero la sorprendente grandeza de California se debe en gran manera á su puerto de depósito, del que no me ocupo, porque ya ven mis lectores que voy con la maleta debajo del brazo y escribo mis apuntaciones sobre la rodilla. Por lo demás, en mi obrita de economía política he tratado con la extension debida esta materia, repitiendo hasta el fastidio que los puertos de depósito son una necesidad imperiosa para todo el país, y para los pueblos de Occidente una tabla de salvacion......—¿Y qué me quieren vdes.? dije á mis amigos que entraban por mi puerta, dejando libros y poniendo á un lado los números que tenia en rigurosa formacion para escribir sobre la aduana.—Queremos, me dijo Pablo, con su hosquedad que no lo abandona jamás, que cumplas tu palabra á los amigos á quienes tenemos esperando en el Hipódromo.—Te sobra la razon; van á ser las doce y á las once fué la cita: si de que me veo con ciertos librejos delante, me pongo cerrado de mollera, como guarda de garita ó lector apasionado deEl Flos Santorum. Allá voy.Y diciendo y haciendo, zambullí la cabeza en el agua, mepasé los dedos por entre los cabellos, que es en lo que consiste mitoillet, y fuí á acabarme de vestir y á ponerme la corbata á la puerta de la calle, como lo tengo de costumbre, cuando no se me olvida la tal corbata.Instaléme con mis tres compañeros en un carruaje abierto, cubriéndonos muslos y rodillas con voluptuosas pieles de lobo marino, y partimos para el Hipódromo, que se halla á un lado del Parque, por donde hemos paseado ántes de hacer conocimiento conCliff-House.El Hipódromo es de la propiedad y está bajo la direccion delJockey Club, asociacion instituida para el desarrollo y mejoramiento de la raza caballar.La parte exterior del Hipódromo es un segmento de círculo, en donde se ven tránsitos, corredores y escaleras para distintos departamentos.La entrada es como la de nuestras plazas de toros.El segmento de círculo que hemos visto exteriormente, está ocupado por cuádruple galería de amplios tránsitos comunes, asientos ó bancos, y lumbreras con asientos para señoras.Corona el lugar que describimos una amplísima galería llena de sillas, y en el extremo derecho lujosos asientos y privilegiados lugares para los individuos del Club, porque aquel es su departamento especial.Limitando la galería se perciben ricos salones, cantina bien surtida y gabinetitos para comidas y refrescos.Casi en la base de la gradería, y de uno y otro extremo, se encuentran situados los departamentos para caballos y ginetes, teniendo la preferencia los primeros, porque se trata de verdaderas alcobas, perfectamente entablonadas, consus lechos de paja, sus mantas, sus cortinas, sus útiles de aseo, su cuarto para el veterinario, y sus remedios para los casos que puedan ocurrir.El Hipódromo tiene figura elíptica y su extension es de una milla, de amplia calzada, perfectamente terraplenada de arena menuda, y corriendo entre dos cercas de tabla que forman valla. El ancho del carril serán diez varas.En la elipse interior que forma la valla, se levanta el tablado de los jueces, con vista á todos lados, y bajo su techo una mesa, reloj, ampolleta y recado de escribir.Al rededor del tablado, y en el amplio espacio que deja la cerca del Hipódromo, discurren los facultativos, los íntimos y los que ensayan sus caballos y ajustan sus partidos.Al dirigirnos al Hipódromo, en competencia con multitud de carruajes y caballos, distinguiamos á lo léjos, en todas las alturas que rodean el circo, un gentío inmenso, que realmente hacia desaparecer lomas y colinas, sobresaliendo en la figura de las eminencias, y siguiendo su forma, lujosas calesas, ágilestilburis, arrogantes faetones y caballos lindísimos.En la parte interior del Hipódromo formaba masa compacta la concurrencia: los hombres permanecian de pié en las gradas. Las damas formaban orlas encantadoras entre sus trages de pieles, flores y plumas, y la luz jugaba en las sombrillas, en los velos y en los rizos de las hermosas.No habia carreras; la competencia se habia anunciado con caballos trotadores, con tales particularidades y con circunstancias tales, como si se tratara de los héroes de la Iliada.El orígen de caballos y yeguas, sus retratos, los caballos históricos que habian ilustrado la genealogía de cada corredor, con altas proezas y referencias á sus títulos de nobleza ó blasones escrupulosamente registrados.El programa de la funcion á que asistiamos era igualmente minucioso. El peso de losvogues, el de los aurigas, el nombre y color de cada cuadrúpedo, la cantidad de las apuestas, los nombres de vedores, de jueces y de árbitros, todo se contaba en el programa, con especiales detalles y con una formalidad, como en el negocio público de mayor trascendencia.Reinaba la confusion: á nuestra entrada, la concurrencia vagaba de los establos á los lugares de las apuestas, al tablado de los jueces, á las lumbreras y las gradas: de pronto se presentaron en la escena los primeros lidiadores.Elvoguees un quitrin de dos ó cuatro ruedas y caja de dos asientos; pero la diferencia entre elvoguecomun y los corredores, consiste en que está suprimida la caja y hay en su lugar uno como asiento de albardon que sirve al conductor. La construccion de estosvogueses tan leve, las varillas del juego tan delgadas y ligeras, que parecen de alambre ó de hilo; se le figura á uno que desenredándose, se podian contener en un carrete. Hayvogueque pesa únicamente setenta y cinco libras; el peso comun son noventa libras.Aparecieron, como digo, los campeones con sus cachuchas de prolongada visera, sus chaquetillas de seda, coloradas, verdes, azules, amarillas y otros colores, pantalon blanco de casimir ó punto, y borceguí á la pantorrilla, cubriendo el pantalon.ElJockey, ó corredor, se sienta en la uña central del juego, abre de par en par sus piernas, las apoya en las varas que carga el caballo, é inclina su cuerpo hácia adelante; la figura que forma el conjunto, es grotesca, es como un pinacate cabalgando en una araña.Los caballos eran lindísimos: cuello tendido, leve cintura, anca redonda; las piernas delgadas y ligeras como cañas de la India, el ojo ardiente, la nariz abierta, y las crines tendidas.Cinco eran los adalides, sobre cinco rúbricas de fierro, moviéndose con tal ligereza y haciendo giros tan vistosos, que con razon animaban la concurrencia.Los conocedores saltaron cerca de la valla; veian si el caballo metia el pié; si tenia puesto el forro para no chocar con la tierra dura el pié ó la mano; si el arnés estaba seguro; si el freno era adecuado, y entónces llovian las apuestas y tenian expansion las simpatías.Fueron á las voces de mando encarrilándose los cinco campeones; los caballos, inteligentes, se observaban, husmeaban, inquirian con inteligencia suma el sonido de la campana, piafando, conteniéndose apénas.... en un momento inesperado, sonó la campana.... la concurrencia toda se puso en pié.... al fin partieron....Confundiéronse los carruajes: en las sinuosidades del terreno, muy calculadas, aparecian los competidores para perderse y reaparecer de nuevo: los espectadores seguian con inquietud extrema la competencia.... un caballo negro hacia punta, seguíale un alazan.... despues un bayo; los otros caballos quedaban muy atrás.... se acercan.... se oye golpear la tierra con las herraduras de los corceles.... yallegan.... se duda si el alazan ó el prieto pisará la línea; al fin, el prieto cruza.... desembarazado, arrogante, victorioso.... la concurrencia aplaude con entusiasmo, las damas agitan sus pañuelos, el nombre delJockeyafortunado se proclama entre vivas y bravos!Así se entablaron varias competencias hasta anunciarse la última, en que una yegua, cuyo retrato y biografía circulaban con profusion, saltó á la arena.A la presencia de la yegua, abandonaron sus asientos losamatteursy fueron á cortejarla como á una reina; la veian, la acariciaban, le prodigaban elogios, le decian: “encantadora señorita.”El hermoso animal parecia comprender y se mostraba contenta de sus adoradores.Se anunció la carrera, se cruzaron las apuestas, y casi sin esfuerzo venció la gran señora de las yeguas, marcando con un nuevo lauro su alta posicion.Al terminar esta carrera, algunos de los individuos del Club nos invitaron á tomar una copa, y penetramos en los grandes salones, en donde habia distinguidas señoritas.Yo no sé por qué singularidad de mi fortuna, uno de los más afamados conocedores me creyó inteligente, y por más que le protesté mi ignorancia, y no obstante llamar testigos para probar mi inutilidad, luego que concluyó la carrera, me llevó á la caballeriza de la yegua, donde recibia como una prima donna en su cuarto.La yegua estaba arropada con una rica manta, se le daban paseos cortos, despues se le sirvió agua con los tragos contados.El amigo accidental que me deparó la fortuna, se empeñóen instruirme en lo que él creyó á pié juntillas mi especialidad.—Hasta 1852, me decia, no se pensó en California en introducir caballos de raza pura procedentes del Ohio y el Kentucky; á la vez que llegaron los primeros caballos, tuvimos el gusto de recibir aquí á la famosa yegua llamadaBlak Swan(cisne negro.) Estadamacorrió una carrera de diez mil pesos, pagaderos en ganado, contra un caballo mexicano cuyo nombre eraZarco, por cierto, soberbio animal.Al comodoro Stockton somos deudores del primer caballo de las grandes razas inglesas, llamadoLongfelow, porque ya vd. sabe que los caballos célebres tienen nombres de personajes célebres; un potrillo, su hijo, le acompañaba como si fuera príncipe heredero.Ashlan, caballo finísimo, vino á vivir entre nosotros: los caballos de esas razas se vendian á diez mil pesos en el Sacramento, y llegaron á alcanzar de velocidad en la carrera, cuatro millas en 7 minutos y 30 segundos.En 1864, M. Alexandre pagó quince mil pesos porLexington, que era un caballo ilustre y ciego como Milton; cuando le burlaban decia que los hijos deLexingtonvaldrian tanto como sus hijos del comprador.Por aquellos tiempos se verificó la famosa carrera deNorfolkyLodi: corrieron esos caballos tres millas; el primero, en 5 minutos 27½ segundos; el segundo, en 5-29½: el vencido siguió disfrutando la consideracion que se habia sabido conquistar.—Muchos progresos han hecho, continuó mi instructor, en cuanto al desarrollo de las más escogidas razas de los Estados-Unidos y Australia. Hoy por hoy, podemos lisonjearnosde que la raza de California es de las más sobresalientes. Pero en lo que sí podemos tener ventajosa competencia con cualquier país del mundo, es en cuanto á los caballos trotadores. ElOccidente, que es el primero de nuestros caballos de este género, trota una milla en 2 minutos 16¾ de segundo, y en tres millas, un caballo de carrera no le sacará de ventaja dos minutos.
El correo.—La aduana.—El Hipódromo.—Caballos trotadores.
ENTRE las calles deBatteryy de Washington está colocado el correo, en conyugal armonía con la aduana, lo que no concuerda con la grandeza que tienen en general las construcciones de California.
Es un edificio aislado con avenidas á los cuatro vientos, con escalinatas y columnas á cada frente, y que pasaria por un bello edificio si no estuviera en California.
Poco tiene que ver el edificio en los corredores que sirven de despacho, porque formándole altas paredes los cajoncitos de apartado, la comunicacion entre el público y los empleados, ó son buzones con las diversas carreras de correspondencia, ó son postigos en los que se venden estampas,se requisitan certificados y se dan las poquísimas cartas que se ponen en lista.
Las operaciones de cambio y situacion de dinero están en otra oficina separada, aunque conexa y en el mismo edificio del correo.
Pero si es cierto que no llamó mi atencion el edificio, sí me pareció muy digno de atencion y de alabanza el servicio postal, por más que se noten grandes abusos.
En la conciencia del gobierno y en la del último de los ciudadanos está que la comunicacion es la respiracion, que el servicio postal debe estar al alcance, no de la última aldea ni de la última choza, sino del último de los ciudadanos.
Despues de levantada del suelo la colonia naciente, entre la primera y segunda casa, hay una lata, una piedra, una carreta, en que está escritoPost office, y no importa que no haya comunicacion ni que se derroche en el aprovechamiento de los especuladores: la balija lleva el hilo misterioso que une todos los vínculos sociales con aquel ó aquellos hombres que parecen olvidados en los desiertos.
Se cree que donde está un hombre asiste la patria entera, para darle á entender que pertenece á la gran comunidad social.
La bondad del servicio del correo se mide por la extension, la regularidad, la seguridad y la violencia de los servicios que presta, no por sus rendimientos.
En México tuvimos un administrador de correos, que formó á su antecesor una reputacion de despilfarrado, porque extendió varias líneas de comunicacion, y el muy bárbaro se jactaba de tener catorce mil pesos en caja, sin pensar en crear una sola vía nueva para la correspondencia. Losingular es que el gobierno y el público aplaudian á dos manos al inservible pero honradísimo administrador.
El solo condado de California tiene más de mil administraciones de correos, y Nuevo-México más de cien, con todo y ser un país casi desierto.
En la naciente ciudad de San Francisco se distribuyen de cuatro á seis mil cartas diarias, y veinticinco mil, tambien diariamente, en todo el Estado. Además, mensualmente se dirigen á China y al Japon seis mil cartas, cinco mil á Australia, á la América central cuatro mil, y sobre seis mil se reparten entre las islas de Sandwich, Alasca y otros puntos.
Para la proteccion de carreras extraordinarias, se gastan veinticinco mil pesos por semana.
El número de periódicos que se reciben es enorme, y se calculan por toneladas para la valuacion de los fletes.
Un pequeño ejército de empleados da cumplido lleno á las diferentes labores del correo: cincuenta y cinco se emplean en lo que se llama servicio de puertas, es decir, recibir y repartir la correspondencia en el interior de la oficina, treinta fungen como agentes y escribientes, y cuarenta trabajan con la denominacion de mensajeros ó colectores (carteros).
El servicio de la ciudad se hace por pequeñas cajas de fierro, fijas en las columnas que sostienen los faroles del gas. Tres veces al dia recogen la correspondencia de esos buzones los carteros, y tres veces reparten las cartas con la mayor puntualidad.
El cartero deja las cartas á los porteros, y cuando no hay porteros, usa un silbato para avisar su llegada á una casa, y que estén pendientes los que en ello tengan interes.
La proteccion al correo es decidida; no hay circunstancia alguna, por grave que sea, que embarace su tránsito, y cuando el cerco es más riguroso, por ejemplo, en un incendio, el correo se abre paso con solo anunciarse.
A veces, mejor dicho, con mucha frecuencia, se llenan las cajas ó buzones de la correspondencia que están en las calles; el público no se detiene por eso, continúa poniendo cartas y periódicos sobre la tapa de la caja, á la vista y al alcance de todo el mundo, sin que se dé el caso de que se pierda una carta, ni de que nadie se atreva á tocar aquellos papeles, puestos bajo el sagrado de la confianza pública. Este solo rasgo hace la apología de un pueblo.
Ya hemos indicado que del edificio de la aduana no se puede hacer una descripcion especial, confundida, como está, con el correo, y teniendo las oficinas un carácter provisional y una adicion en otro edificio que está á la espalda del correo.
Por lo demás, la aduana de San Francisco se considera que ocupa el cuarto lugar en importancia entre los Estados-Unidos, siendo solo inferior á New-York, Boston y Baltimore, pero superior á Filadelfia y Nueva-Orleans.
Las embarcaciones que entran en el puerto anualmente, son 45,000, que miden más de millon y medio de toneladas anualmente.
Las embarcaciones proceden de Europa y los mismos Estados-Unidos, China, Japon, Indias Occidentales, Polinesia, Sur América y casi todos los puntos del globo.
Se calcula el importe de los derechos aduanales solo en San Francisco, en ocho millones de pesos anualmente, y el valor de las exportaciones es de veinticinco millones por dicho puerto, y las extracciones de todo el Estado cerca de sesenta.
Por supuesto que en esa suma están incluidos los productos minerales. Pero la sorprendente grandeza de California se debe en gran manera á su puerto de depósito, del que no me ocupo, porque ya ven mis lectores que voy con la maleta debajo del brazo y escribo mis apuntaciones sobre la rodilla. Por lo demás, en mi obrita de economía política he tratado con la extension debida esta materia, repitiendo hasta el fastidio que los puertos de depósito son una necesidad imperiosa para todo el país, y para los pueblos de Occidente una tabla de salvacion......
—¿Y qué me quieren vdes.? dije á mis amigos que entraban por mi puerta, dejando libros y poniendo á un lado los números que tenia en rigurosa formacion para escribir sobre la aduana.
—Queremos, me dijo Pablo, con su hosquedad que no lo abandona jamás, que cumplas tu palabra á los amigos á quienes tenemos esperando en el Hipódromo.
—Te sobra la razon; van á ser las doce y á las once fué la cita: si de que me veo con ciertos librejos delante, me pongo cerrado de mollera, como guarda de garita ó lector apasionado deEl Flos Santorum. Allá voy.
Y diciendo y haciendo, zambullí la cabeza en el agua, mepasé los dedos por entre los cabellos, que es en lo que consiste mitoillet, y fuí á acabarme de vestir y á ponerme la corbata á la puerta de la calle, como lo tengo de costumbre, cuando no se me olvida la tal corbata.
Instaléme con mis tres compañeros en un carruaje abierto, cubriéndonos muslos y rodillas con voluptuosas pieles de lobo marino, y partimos para el Hipódromo, que se halla á un lado del Parque, por donde hemos paseado ántes de hacer conocimiento conCliff-House.
El Hipódromo es de la propiedad y está bajo la direccion delJockey Club, asociacion instituida para el desarrollo y mejoramiento de la raza caballar.
La parte exterior del Hipódromo es un segmento de círculo, en donde se ven tránsitos, corredores y escaleras para distintos departamentos.
La entrada es como la de nuestras plazas de toros.
El segmento de círculo que hemos visto exteriormente, está ocupado por cuádruple galería de amplios tránsitos comunes, asientos ó bancos, y lumbreras con asientos para señoras.
Corona el lugar que describimos una amplísima galería llena de sillas, y en el extremo derecho lujosos asientos y privilegiados lugares para los individuos del Club, porque aquel es su departamento especial.
Limitando la galería se perciben ricos salones, cantina bien surtida y gabinetitos para comidas y refrescos.
Casi en la base de la gradería, y de uno y otro extremo, se encuentran situados los departamentos para caballos y ginetes, teniendo la preferencia los primeros, porque se trata de verdaderas alcobas, perfectamente entablonadas, consus lechos de paja, sus mantas, sus cortinas, sus útiles de aseo, su cuarto para el veterinario, y sus remedios para los casos que puedan ocurrir.
El Hipódromo tiene figura elíptica y su extension es de una milla, de amplia calzada, perfectamente terraplenada de arena menuda, y corriendo entre dos cercas de tabla que forman valla. El ancho del carril serán diez varas.
En la elipse interior que forma la valla, se levanta el tablado de los jueces, con vista á todos lados, y bajo su techo una mesa, reloj, ampolleta y recado de escribir.
Al rededor del tablado, y en el amplio espacio que deja la cerca del Hipódromo, discurren los facultativos, los íntimos y los que ensayan sus caballos y ajustan sus partidos.
Al dirigirnos al Hipódromo, en competencia con multitud de carruajes y caballos, distinguiamos á lo léjos, en todas las alturas que rodean el circo, un gentío inmenso, que realmente hacia desaparecer lomas y colinas, sobresaliendo en la figura de las eminencias, y siguiendo su forma, lujosas calesas, ágilestilburis, arrogantes faetones y caballos lindísimos.
En la parte interior del Hipódromo formaba masa compacta la concurrencia: los hombres permanecian de pié en las gradas. Las damas formaban orlas encantadoras entre sus trages de pieles, flores y plumas, y la luz jugaba en las sombrillas, en los velos y en los rizos de las hermosas.
No habia carreras; la competencia se habia anunciado con caballos trotadores, con tales particularidades y con circunstancias tales, como si se tratara de los héroes de la Iliada.
El orígen de caballos y yeguas, sus retratos, los caballos históricos que habian ilustrado la genealogía de cada corredor, con altas proezas y referencias á sus títulos de nobleza ó blasones escrupulosamente registrados.
El programa de la funcion á que asistiamos era igualmente minucioso. El peso de losvogues, el de los aurigas, el nombre y color de cada cuadrúpedo, la cantidad de las apuestas, los nombres de vedores, de jueces y de árbitros, todo se contaba en el programa, con especiales detalles y con una formalidad, como en el negocio público de mayor trascendencia.
Reinaba la confusion: á nuestra entrada, la concurrencia vagaba de los establos á los lugares de las apuestas, al tablado de los jueces, á las lumbreras y las gradas: de pronto se presentaron en la escena los primeros lidiadores.
Elvoguees un quitrin de dos ó cuatro ruedas y caja de dos asientos; pero la diferencia entre elvoguecomun y los corredores, consiste en que está suprimida la caja y hay en su lugar uno como asiento de albardon que sirve al conductor. La construccion de estosvogueses tan leve, las varillas del juego tan delgadas y ligeras, que parecen de alambre ó de hilo; se le figura á uno que desenredándose, se podian contener en un carrete. Hayvogueque pesa únicamente setenta y cinco libras; el peso comun son noventa libras.
Aparecieron, como digo, los campeones con sus cachuchas de prolongada visera, sus chaquetillas de seda, coloradas, verdes, azules, amarillas y otros colores, pantalon blanco de casimir ó punto, y borceguí á la pantorrilla, cubriendo el pantalon.
ElJockey, ó corredor, se sienta en la uña central del juego, abre de par en par sus piernas, las apoya en las varas que carga el caballo, é inclina su cuerpo hácia adelante; la figura que forma el conjunto, es grotesca, es como un pinacate cabalgando en una araña.
Los caballos eran lindísimos: cuello tendido, leve cintura, anca redonda; las piernas delgadas y ligeras como cañas de la India, el ojo ardiente, la nariz abierta, y las crines tendidas.
Cinco eran los adalides, sobre cinco rúbricas de fierro, moviéndose con tal ligereza y haciendo giros tan vistosos, que con razon animaban la concurrencia.
Los conocedores saltaron cerca de la valla; veian si el caballo metia el pié; si tenia puesto el forro para no chocar con la tierra dura el pié ó la mano; si el arnés estaba seguro; si el freno era adecuado, y entónces llovian las apuestas y tenian expansion las simpatías.
Fueron á las voces de mando encarrilándose los cinco campeones; los caballos, inteligentes, se observaban, husmeaban, inquirian con inteligencia suma el sonido de la campana, piafando, conteniéndose apénas.... en un momento inesperado, sonó la campana.... la concurrencia toda se puso en pié.... al fin partieron....
Confundiéronse los carruajes: en las sinuosidades del terreno, muy calculadas, aparecian los competidores para perderse y reaparecer de nuevo: los espectadores seguian con inquietud extrema la competencia.... un caballo negro hacia punta, seguíale un alazan.... despues un bayo; los otros caballos quedaban muy atrás.... se acercan.... se oye golpear la tierra con las herraduras de los corceles.... yallegan.... se duda si el alazan ó el prieto pisará la línea; al fin, el prieto cruza.... desembarazado, arrogante, victorioso.... la concurrencia aplaude con entusiasmo, las damas agitan sus pañuelos, el nombre delJockeyafortunado se proclama entre vivas y bravos!
Así se entablaron varias competencias hasta anunciarse la última, en que una yegua, cuyo retrato y biografía circulaban con profusion, saltó á la arena.
A la presencia de la yegua, abandonaron sus asientos losamatteursy fueron á cortejarla como á una reina; la veian, la acariciaban, le prodigaban elogios, le decian: “encantadora señorita.”
El hermoso animal parecia comprender y se mostraba contenta de sus adoradores.
Se anunció la carrera, se cruzaron las apuestas, y casi sin esfuerzo venció la gran señora de las yeguas, marcando con un nuevo lauro su alta posicion.
Al terminar esta carrera, algunos de los individuos del Club nos invitaron á tomar una copa, y penetramos en los grandes salones, en donde habia distinguidas señoritas.
Yo no sé por qué singularidad de mi fortuna, uno de los más afamados conocedores me creyó inteligente, y por más que le protesté mi ignorancia, y no obstante llamar testigos para probar mi inutilidad, luego que concluyó la carrera, me llevó á la caballeriza de la yegua, donde recibia como una prima donna en su cuarto.
La yegua estaba arropada con una rica manta, se le daban paseos cortos, despues se le sirvió agua con los tragos contados.
El amigo accidental que me deparó la fortuna, se empeñóen instruirme en lo que él creyó á pié juntillas mi especialidad.
—Hasta 1852, me decia, no se pensó en California en introducir caballos de raza pura procedentes del Ohio y el Kentucky; á la vez que llegaron los primeros caballos, tuvimos el gusto de recibir aquí á la famosa yegua llamadaBlak Swan(cisne negro.) Estadamacorrió una carrera de diez mil pesos, pagaderos en ganado, contra un caballo mexicano cuyo nombre eraZarco, por cierto, soberbio animal.
Al comodoro Stockton somos deudores del primer caballo de las grandes razas inglesas, llamadoLongfelow, porque ya vd. sabe que los caballos célebres tienen nombres de personajes célebres; un potrillo, su hijo, le acompañaba como si fuera príncipe heredero.
Ashlan, caballo finísimo, vino á vivir entre nosotros: los caballos de esas razas se vendian á diez mil pesos en el Sacramento, y llegaron á alcanzar de velocidad en la carrera, cuatro millas en 7 minutos y 30 segundos.
En 1864, M. Alexandre pagó quince mil pesos porLexington, que era un caballo ilustre y ciego como Milton; cuando le burlaban decia que los hijos deLexingtonvaldrian tanto como sus hijos del comprador.
Por aquellos tiempos se verificó la famosa carrera deNorfolkyLodi: corrieron esos caballos tres millas; el primero, en 5 minutos 27½ segundos; el segundo, en 5-29½: el vencido siguió disfrutando la consideracion que se habia sabido conquistar.
—Muchos progresos han hecho, continuó mi instructor, en cuanto al desarrollo de las más escogidas razas de los Estados-Unidos y Australia. Hoy por hoy, podemos lisonjearnosde que la raza de California es de las más sobresalientes. Pero en lo que sí podemos tener ventajosa competencia con cualquier país del mundo, es en cuanto á los caballos trotadores. ElOccidente, que es el primero de nuestros caballos de este género, trota una milla en 2 minutos 16¾ de segundo, y en tres millas, un caballo de carrera no le sacará de ventaja dos minutos.